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Full text of "Boletín - Real Academia de la Historia"

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n 


boletín 


REAL    ACADEMIA    DE    LA     HISTORIA 


BOLETÍN 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA 


TOMO     III      iVL 


MADRID 

IMPRENTA    DE    FORTANET 

CALLE  DE  LA  LIBERTAD,  XÚM.  2Í' 

-1883    -S"^ 


''  En  las  obras  que  la  Academia  adopte  y  publique,  cada  autor  será  responsable  de 
sus  asertos  y  opiniones:  el  Cuerpo  lo  será  solamente  de  que  las  obras  sean  acreedoras 
K  la  luz  pública.» 

Estatuto  XXV. 


t>P 


A-. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO   III.  Julio,    1883.  CUADERNO   I. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

La  Academia  acordó  insertar  en  el  tomo  x  de  sus  Memorias  la  que 
ha  escrito  el  Sr.  D.  Cesáreo  Fernández  Duro,,  acerca  de  los  viajes 
de  Cristóbal  Colón,  después  de  haber  compulsado  las  piezas  autén- 
ticas del  pleito  seguido  entre  la  casa  de  Colón  y  el  fiscal  de  S.  M. 
Estos  documentos,  á  petición  de  la  Academia,  vinieron  del  Ar- 
chivo general  de  Indias,  y  fueron  estudiados  por  una  comisión 
que  la  Academia  nombró  con  este  motivo. 


Han  sido  delegados  por  la  Academia  los  Sres.  D.  Juan  de  la 
Rada-y  D.  Antonio  María  Fabié,  para  que  la  representen  en  el 
Congreso  de  Americanistas  que  ha  de  celebrarse  en  Copenhague 
durante  la  última  quincena  de  Agosto  próximo. 


El  académico  correspondiente,  D.  Pedro  Novo  y  Colson,  lia 
ofrecido  á  la  Academia  un  ejemplar  de  su  obra  Historia  de  la  úl- 
tima guerra  del  Pacífico^  donativo  que  la  Corporación  ha  recibi- 
do con  singular  aprecio. 


I)  UOLETi.N    DL'    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    UISTORLA. 

El  Sr.  Fernández  Duro  ha  ofrecido  á  la  Academia  un  ejemplar 
del  tomo  III  de  su  Historia  de  Zamora,  donde,  por  primera  vez, 
han  visto  la  luz  [jiiblifa  los  fueros  de  aquella  nobilísima  ciudad. 


El  Sr.  JL).  Vicenle  Lafuente  ha  hecho  asimismo  un  donativo  de 
un  ejemplar  para  la  biblioteca  de  la  Academia  y  otro  á  cada  uno 
de  sus  individuos  de  su  folleto  en  contestación  al  publicado  por  el 
I'.  Minguella  sobre  la  patria  y  vida  de  San  Millán  de  la  Gogolla. 
El  ilustre  académico  toma  en  consideración  y  mantiene  los  pun- 
ios esenciales  que  había  sentado  al  escribir  sobre  esta  materia 
en  el  tomo  l  de  la  España  Sagrada. 


VA  Sr.  Fita  leyó  en  la  íiltima  sesión  celebrada  por  la  Academia 
una  comunicación  del  príncipe  Luis  Luciano  Bonaparte,  relativa 
al  famoso  himno  de  los  peregrinos,  registrado  por  el  códice  de 
Calixto,  que  se  conserva  en  el  archivo  de  la  catedral  de  Gompos- 
tela.  El  príncipe,  cuya  competencia  en  todos  los  ramos  de  la 
liencia  lingüística  es  notoria,  da  la  razón  á  dicho  señor  académi- 
co en  lo  tocante  á  los  vocablos  ilamencos  que  ¿iquel  himno  en- 
cierra; y  consigna  de  paso  un  rasgo  muy  característico  del  idio- 
ma anglosajón,  que  ilustra  las  pinturas  <)  imágenes  del  Apóstol 
en  los  si^-'los  medios. 


La  .\cademia  en  su  iiltima  sesión  ordinaria  celebrada  el  mar- 
tes ;'  del  actual,  acordó  reanudarlas  el  28  de  Setiembre  próximo. 


INFORMES. 


ESCRITURA  HIERÁTICA  DE  LA  AMÉRICA  CENTRAL. 

Excmo.  Si'.:  El  siglo,  que  ha  visto  descifradas  las  inscripciones 
del  Oriente  antiguo,  mudas  esfinges  que  por  tantas  y  tan  varia- 
das épocas  de  progreso  intelectual  desafiaron  la  sagacidad  y  la 
perseverancia  de  los  sabios,  no  podía  contemplar  con  indiferen- 
cia los  monumentos  de  arcana  literatura,  preciosísimos,  que  bro- 
taron al  calor  de  la  civilización  reinante  en  el  centro  de  América, 
mucho  antes  de  que  las  naves  de  Pinzón  revelasen  al  antiguo  el 
nuevo  mundo.  Aun  cuando  el  P.  Diego  de  Landa  en  su  Relación 
de  las  cosas  de  Yucatán  había  dado  ya  los  rudimentos  de  una  cla- 
ve para  la  explicación  de  la  escritura  maya,  es  lo  cierto  que  hasta 
ahora  han  sido  inútiles  todas  las  tentativas  enderezadas  á  expli- 
car los  pocos  manuscritos  que  se  conservan  de  ese  género,  sin 
que  puedan  exceptuarse  de  esta  afirmación  los  estudios,  dignos 
por  otra  parte  de  gran  respeto,  del  célebre  abate  francés  Brasseur 
de  Bourbourg,  altamente  protegidos  por  el  gobierno  de  Francia. 
M.  de  Rosny,  correspondiente  de  nuestra  Real  Academia,  bien 
conocido  por  sus  estudios  acerca  de  las  lenguas  y  antigüedades 
del  extremo  Oriente,  ha  emprendido  con  decisión  valerosa,  pero 
con  ánimo  prudente,  un  nuevo  análisis  de  la  escritura  hierática 
de  la  América  Central;  y  adoptando  nuevos  caminos  de  severa  crí- 


S  UOLETÍN    DE    LA    REAI.    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

tica,  ha  intentado,  no  la  traducción  completa  y  absoluta  de  los 
códices  que  ha  visto,  sino  un  avance  hipotético  sobre  el  valor  y 
significación  posibles  de  gran  número  de  los  signos  allí  estampa- 
dos. Tal  método,  si  bien  hace  concebir  menos  esperanzas  á  los 
partidarios  do  soluciones  deíinitivas  y  sorprendentes,  satisfará 
mucho  mejor,  á  quienes,  avezados  á  las  dificultades  de  asuntos 
parecidos,  juzgan  atinadamente  que  no  es  firme  el  paso  que  no  se 
da  sobre  terreno  bien  sondado  y  conocido. 

El  Sr.  Rada  y  Delgado,  individuo  de  número  de  nuestra  Real 
Academia  y  de  la  de  Bellas  Artes  de  San  Fernando,  después  de 
haber  prestado  al  autor  no  pequeña  ayuda  en  nuestros  archivos  y 
museos,  ha  emprendido,  de  acuerdo  con  él,  una  traducción  de  la 
obra  que  nos  ocupa,  con  el  título  de  Ensayo  sobre  la  interpre- 
tación de  la  escritura  hierática  de  la  América  Central,  no  sin 
hacerla  preceder  de  un  prólogo  ó  introducción  suya  propia,  y  so- 
licita del  Gobierno  la  protección  que  los  derechos  vigentes  conce- 
den para  las  versiones  de  obras  importantes  ó  de  inteligencia  di- 
fícil. En  tal  concepto  viene  á  informe  de  esta  Corporación;  y  aun- 
que el  original  esté  redactado  en  francés,  lengua  hoy  al  alcance 
de  la  mayoría  de  los  lectores  españoles,  la  importancia  suma  del 
trabajo,  enlazado  con  nuestra  gloriosa  historia  colonial,  le  hace 
merecedor  de  especial  distinción  y  colmados  plácemes.  Por  lo  que 
toca  al  desempeño  del  traslado  á  nuestro  idioma,  no  sólo  hay  que 
decir  que  está  hecho  con  el  acierto  propio  de  un  literato  de 
fama  tan  conocida,  sino  que  la  importancia  del  original  ha  sido 
acrecentada  por  el  traductor  con  importantes  notas  é  ilustracio- 
nes, debidas  ;il  conocimiento  de  piezas  exactísimas,  que  el  autor, 
ó  bien  no  lia  llegado  á  ver,  ó  bien  ha  poseído  en  malas  copias. 

Todas  las  circunstancias  referidas,  unidas  al  gran  dispendio 
<iue  han  de  ocasionar  así  las  numerosas  láminas  coloridas,  hechas 
con  todo  primor  y  exactitud,  ,y  necesarias  para  ilustrar  debida- 
mente el  texto,  como  Umibién  los  numerosos  y  complicados  sig- 
nos hioráticos  que  esmaltan  en  grabado  correcto  gran  parte  del 
volumen,  inclinan  á  los  que  suscriben  á  proponer  á  la  Academia, 
soliriiuila  por  el  (lobierno  en  consulta,  responda  que  la  obra,  cu- 
yos primeros  pliegos  y  láminas  ha  examinado,  es  ciertamente 
merercdorn  de  la  protección  oficial  con  arreglo  ala  Real  orden 


ESCRITURA    HIERÁ.TICA   DE    LA   AMÉRICA    CENTRAL.  í) 

del  23  de  Junio  de  1876.  La  Academia,  como  siempre,  resolverá  lo 
más  acertado. 

Madrid  15  de  Junio  de  188:i. 


Eduardo  Saavedra.  Antonio  María  Fabié. 

Fidel  Fita. 


II. 


biografías  de  tres  ilustres  misioneros  en  AMERICA  Y  ÁFRICA 
POR  EL  P.  FR.  SERVÁIS  DIRKS. 


Los  opúsculos  enviados  por  su  autor  el  P.  Dirks,  á  nuestra  Aca- 
demia, son  de  verdadero  interés,  porque  contienen  las  biografías 
de  tres  sujetos  pertenecientes  á  la  orden  seráfica,  cuyos  hechos 
tuvieron  lugar  en  países  y  en  épocas  en  que  España  tenía,  y  aún 
tiene,  una  iuüuencia  que  no  ha  podido  destruir  nuestra  dolorosa 
decadencia:  todos  tres  son  naturales  de  los  Países  Bajos  que  for- 
maron en  tiempos,  para  nosotros  más  felices,  parte  de  nuestra 
gran  monarquía,  y  dos  de  ellos  ejercitaron  sus  virtudes  en  el  con- 
tinente americano  á  poco  de  ser  descubierto  y  conquistado  por 
nuestros  heroicos  predecesores,  de  tal  manera,  que  así  el  inolvi- 
dable Fr.  Pedro  de  Gante  como  el  activo  Fr.  Josse  de  Rycke,  pue- 
den considerarse  como  españoles. 

Aunque  no  ruidosa,  porque  no  se  mezcló  en  los  sucesos  que 
por  aquel  tiempo  acaecieron  en  Europa,  la  vida  de  estos  varones 
apostólicos  es  digna  de  estudio,  sin  que  basten  á  satisfacer  nues- 
tra justa  curiosidad  las  noticias  que  de  ellos  tenemos;  ambos  na- 
cieron con  corta  diferencia  en  una  misma  época,  en  el  mismo  país, 
y  hay  muchos  motivos  para  sospechar  que  corría  por  las  venas 
de  uno  y  otro  la  ilustre  sangre  de  los  Haspsburgos,  siendo  harto 


10       HUI-I.TIN  ÜE  I.A  nCAL  ACADEMIA  DE  LA  HlSTOKlA. 

probable  que  ambos  fuesen  hijos  bastardos  de  Felipe  I  el  Hermo- 
so, (¡ue  tantos  motivos  dio  á  los  celos  que  perturbaron  la  razón  de 
sil  esposa  Doña  Juana.  Estos  indicios  producen  casi  completa  evi- 
dencia por  lo  que  se  refiere  á  Fr.  Pedro  de.  Gante,  reuniendo  los 
que  ya  descubrió  el  Si-.  D.  Francisco  González  Vera,  con  los  que 
resultan  de  las  dos  cartas  de  aquel  venerable  publicadas  en  la  lu- 
josa colección  de  las  de  Indias,  hechas  á  expensas  del  Ministerio 
de  Fomento  eii  1878.  Ya  es  de  notar  la  circunstancia  de  que 
Fr.  Pedro  acompañase  á  Carlos  I  cuando  vino  á  España,  como 
rlarameute  se  infiere  de  la  carta  que  escribió  á  Felipe  II,  fechada 
fAi  San  Francisco  de  Méjico  el  13  de  Junio  de  1558;  en  la  cual  se 
lee  lo  siguiente:  «Y  es  el  caso  que  yo  vine  con  S.  M.  el  Empera- 
ndor  nuestro  señor,  cuando  vino  á  España  y  desembarcó  en  San- 
..lander  con  otros  dos  religiosos  en  compañía  de  Glapión,  su  con- 
r-fesor;  el  uno  se  llamaba  Fray  Juan  de  Tecto,  Guardián  de  Gan- 
óte, y  el  segundo  se  llamaba  Fray  Juan  también.»  Sabido  es  que 
aunque  el  entonces  rey  Garlos  arribó  á  Villaviciosa  de  Asturias 
el  17  de  Setiembre  de  1517  por  la  escasez  de  la  tierra,  siguió  por 
mar  á  Santander,  donde  desembarcó  yendo  después  por  tierra  á 
San  Vicente  de  la  Barquera.  Cinco  años  hubo  de,estar  Fr.  Pedro 
de  (iante  en  España,  sin  que  sepamos  nada  de  este  periodo  de  su 
vida;  pues,  según  consta,  no  llegó  á  Nueva  España  hasta  15-23; 
de  donde  se  infiere  claramente  contra  lo  que  dicen  sus  biógrafos 
que  no  salió  de  Gante  para  ir  al  Nuevo  Mundo,  sino  que  así  él 
como  los  dos  religiosos  flamencos  que  en  su  compañía  fueron  á 
Méjico,  vinieron  primero  á  España  con  la  corte  del  Rey,  y  al 
•■abo  de  algunos  años  emprendieron  su  apostólico  viaje. 

Por  lo  que  se  refiere  al  parentesco  de  Fr.  Pedro  con  el  Rey, 
resulta  claro  que  no  podía  ser  hijo  de  éste,  como  algún  historia- 
dor ha  dicho;  [luos  habiendo  venido  en  calidad  de  religioso  el  año 
1517  ;í  p].sptiMa,  debía  ser  do  mayor  edad  que  Garlos  I,  que  como 
so  sabe,  nació  el  primer  año  del  siglo  décimo  sexto.  Confírmase 
•'sto  adefnás,  teniendo  en  cuenta  que  todos  los  biógrafos  de  Fray 
I'edro  de  Gante  dicen. que  al  morir  en  1572  era  octogenario,  y 
siendo  así,  hubo  de  nacer  en  los  últimos  años  del  siglo  xv,  en 
los  cuales  residía  de  ordinario  en  Flandes,  llevando  vida  alegre 
y  p(KO  edificanlí;  I).  Felipe  el  Hermoso.. 


biografías  D1-:  Tr.iis  ilustres  misioneros.  11 

Sabía  de  cierlo  Fr.  Pedro  su  origen,  y  por  eso  en  la  carta  que 
escribió  al  Emperador  el  15  de  Febrero  de  1552  pidiendo,  no  me- 
nos calurosamente  y  en  el  mismo  sentido  que  lo  había  hecho  an- 
tes y  lo  seguía  haciendo  por  entonces  el  P.  Las  Gasas,  que  se  ali- 
viaran los  tributos  y  servicio  personal  de  los  indios,  y  se  les 
librara  de  la  insoportable  tiranía  de  que  eran  víctimas,  alegaba 
por  título  y  razón  de  su  demanda  lo  siguiente:  «Justa  cosa  es  que 
»se  me  conceda,  atento  lo  mucho  ijue  he  trabajado  con  ellos  y  que 
«tengo  intención  de  acabar  mi  vida  en  su  doctrina.  Y  dame  atre- 
«vimiento  el  ser  tan  allegado  á  V.  M.  y  ser  de  su  tierra.»  Mas  ex- 
plícito todavía  en  una  breve  relación  de  varios  sucesos,  dirigida 
al  Emperador,  le  dice:  «Pues  que  V.  M.  é  yo  sabemos  lo  cercanos 
»é  propinquos  (jue  somos  é  tanto  que  nos  corre  lamesma  sangre, 
))le  diré  la  verdad  en  todo  para  descargo  de  mi  conciencia  y 
«que  V.  M.  pueda  descargar  la  suya.» 

No  era  ignorado  de  los  demás  este  parentesco,  y  por  eso  los 
frailes  franciscanos  le  exigían  que  escribiera  al  Emperador  y  ú 
su  hijo  D.  Felipe  síibiendo  lo  que  su  intercesión  con  ellos  valía;  y 
al  dar  cuenta  á  este  íiltimo  de  la  muerte  de  Fr.  Pedro,  el  célebre 
Fr.  Alonso  de  Escalona,  provincial  de  la  orden  en  Nueva  España 
dice  de  él:  «Mucho  agradecimiento  le  deben  estos  indios  y  nos- 
«otros  los  religiosos,  pues  que  le  daba  brios  el  ser  deudo  tan  alle- 
«í/ado  del  cristianísimo  Padre  de  V.  M.,  que  por  su  medio  nos 
«era  gran  favorecedor  y  nos  otorgaba  muchas  de  las  mercedes 
«que  todos  habíamos  menester.»  Tan  ilustre  y  elevado  origen,  á 
que  no  era  por  entonces  grave  inconveniente  la  bastardía  ni  aun 
el  sacrilegio,  como  lo  demuestran  D.  Juan  de  Austria  y  el  Conde 
de  Tendilla,  para  llegar  á  ocupar  las  más  altas  categorías  socia- 
les, no  fué  parte  á  que  Fr,  Pedro  dejase  de  ser  un  verdadero  hijo 
do  San  Francisco,  que  practicó  la  humildad  de  tal  modo,  que  vi- 
vió- y  murió  siendo  lego  en  su  orden,  negándose  á  recibir  las  ór- 
denes sagradas,  y  oponiéndose  resueltamente  á  aceptar  el  arzo- 
bispado de  México  que  el  Emperador  le  ofreció  con  vivas  instan- 
cias, después  de  la  muerte  del  insigne  Fr.  Juan  de  Zumárraga. 
Su  celo  apostólico  empleado  principalmente  en  la  educación  de 
los  niños  indios  era  infatigable,  y  dio  los  más  copiosos  frutos, 
siendo  uno  de  los  primeros  españoles  que  aprendieron  la  lengua 


\:  HOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

mexicana  durante  su  residencia  en  Tezcoco  y  Tlascala ,  algunos 
años  antes  de  establecer  en  México  el  famoso  colegio  de  San  Fran- 
cisco, donde  se  enseñaba  y  doctrinaba  de  continuo  más  de  seiscien- 
tos nuichadios,  hijos  de  los  principales  de  la  tierra,  que  esparcian 
luego  por  ella  los  principios  de  la  civilización  cristiana.  Entre  otros 
leslimonios  de  tan  señalados  servicios,  es  do  notar  el  que  dio  el 
obispo  Zumárraga  en  carta  dirigida  al  capítulo  general  de  la  orden 
de  San  Francisco,  celebrado  en  Tolosa  de  Francia  el  año  1532,  en 
la  cual  dice:  «Entre  los  frailes  que  están  bien  enseñados  en  la  len- 
>.-iia  índica  es  uno  que  se  llama  Fr.  Pedro  de  Gante,  y  es  lego;  el 
>'Cual  habla  aquella  lengua  facundísima  y  copiosamente,  y  tiene 
«solícito  y  diligentísimo  cuidado  de  seiscientos  mozos,  ó  más,  etc.» 
Y  el  maestro  Gil  González  Dávila,  que  inserta  esta  carta  en  su 
Teatro  eclesiástico  de  las  Indias,  afirma  que  Fr.  Pedro  de  Gante 
fué  el  mayor  ministro  que  en  aquella  edad  y  tiempo  tuvo  la  Nue- 
va España.  Como  ya  he  dicho,  tan  insigne  varón  falleció  en  Mé- 
xico el  año  de  1572,  y  se  le  dio  sepultura  en  la  capilla  de  San 
José  construida  i)or  su  celo  para  servicio  del  colegio  de  indios.  El 
cual  colegio  se  estableció  en  el  patio  del  convento  de  San  Fran- 
cisco, y  fué  fundado  y  dirigido  hasta  su  muerte  por  el  ilustre  y 
bienaventurado  lego. 

Habiéndome  extendido  más  de  lo  ordinario  en  estas  noticias, 
soré  muy  breve  en  las  que  se  refieren  al  P.  Rycke,  narradas  ex- 
tensamente en  el  opúsculo  del  P.  Dirks.  Fué  natural  de  Malinas; 
y  debió  nacer,  como  Fr.  Pedro,  hacia  1495  de  ilustre  familia,  es- 
perialmcntc  por  su  madre  Juana  de  Marselaer,  cuyo  padre  llegó 
á  srr  señor  de  Pare,  Eleuyt,  Borre  y  otros  lugares,  y  desempeñó 
siete  veces  el  cargo  de  Burgomaestre  de  Bruselas.  Por  esto,  sin 
'huía,  debió  la  nol)le  Marselaer  asistir  á  la  corte  de  D.  Felipe  el 
Hermoso  con  frecuencia  y  ser  una  de  las  que  inspiraron  los  jus- 
tos celos  de  Doña  Juana;  tal  debió  ser  el  fundamento  que  tuvo 
el  V.  Córdoba  para  decir  en  su  Crónica  de  la  religiosísima  pro- 
vincia d^'los  doce  apóstoles  del  Perú  (libro  rarísimo,  aunque  im- 
preso, que  .se  custodia  en  nuestra  biblioteca):  «Hay  quienes  pien- 
.san  que  era  deudo  muy  cercano  del  Emperador  Carlos  V.»  El  Pa- 
dre Ryrko,  que  murió  como  Gante  octogenario,  fundó  varios  con- 
venlfts  (Ir  l:i  or.bn  ,1.'  <^.n  Francisco,  y  fué  el  primer  custodio  de 


ItlOGRAFÍAS    DE    TRES    ILUSTRES    MISIONEROS.  13 

ella,  cuando  aiur  no  se  había  elevado  á  provincia  con  el  título  de 
los  doce  Apóstoles  en  el  vireinato  del  Perú.  Durante  las  gueri-as, 
á  que  puso  término  con  su  prudencia  y  energía  el  Licenciado  La 
Gasea,  hizo  el  P.  Rycke  gran  papel,  no  siempre  favorable  á  los 
representantes  de  la  autoridad  del  Emperador,  pues  como  la  ma- 
yor parte  del  clero  secular  y  regular  siguió  á  los  principios  y  fa- 
voreció la  causa  de  Gonzalo  Pizarro.  El  autor  de  esta  biografía, 
bajo  muchos  conceptos  interesante,  se  ha  servido  para  escribirla 
de  los  curiosísimos  documentos  que  le  ha  facilitado  nuestro  Aca- 
démico electo  el  Sr.  Jiménez  de  la  Espada,  tan  versado  en  las  co- 
sas de  América  y  singularmente  en  las  del  Perú. 

No  menos  interesantes,  aunque  para  nosotros  de  menos  impor- 
tancia y  curiosidad,  son  los  viajes  y  aventuras  de  Fr.  Pedro  Far- 
dé, que  recorrió  el  interior  de  África  en  el  siglo  xvii.  Así  éste, 
como  los  otros  dos  opúsculos,  escritos  gallardamente  en  lengua 
francesa,  demuestran  el  amor  del  P.  Dirks  á  los  estudios  his- 
tóricos; por  lo  cual,  y  porque  al  consagrarse  á  los  de  la  orden 
seráfica  en  que  tantas  glorias  españolas  brillan,  lo  mismo  en  el 
antiguo  que  en  el  nuevo  mundo,  trabaja  en  beneficio  de  nuestra 
historia  nacional,  me  atrevo  á  proponer  á  la  Academia  premie  y 
estimule  al  autor  nombrándole  su  correspondiente  extranjero. 

Madrid  22  de  Junio  de  1883. 

Antonio  María  Fabié. 


IlL 


RUDIMENTOS  DE  ÁRABE  VULGAR.  POR  EL  PADRE  LERCHUNDL 


La  Academia  se  sirvió  encomendar  al  individuo  que  suscribe 
el  examen  de  un  libro  titulado  Rudimentos  de  árabe  vulgar, 
escrito  por  el  P.  Fr.  José  Lerchundi,  misionero  franciscano  oh- 


14  boli;tín  de  la  uv.m.  academia  de  (a  hístoria. 

servaule  en  África,  el  cual  había  tenido  á  bien  presentarlo  á  este 
cuerpo  cionlífico  por  mediación  de  D.  Juan  Antonio  Disdier, 
vicecónsul  de  España  en  Tetuan,  correspondiente  nuestro,  y 
aíirionadísimo  ('  eslos  ])uenos  estudios  de  las  lenguas  orientales. 

Pocos  meses  li;í,  sj  daba  cuenta  en  estas  sesiones  del  contenido  de 
otra  obra,  que  con  el  título  de  Gramática  árabe  había  visto  la  luz 
pública  en  Madrid,  durante  el  pasado  año  de  1871.  Era  un  libro 
pequeño  como  de  13G  páginas  no  cabales  en  octavo  menor,  con 
honores  y  mucha  apariencia  de  dozavo,  y  á  juzgar  por  sus  condi- 
ciones extrínsecas  más  se  le  hubiera  creido  opúsculo  ó  programa 
compendiado  de  curso  elemental,  que  libro  formal  de  enseñanza. 
En  la  portada,  sin  embargo,  leíanse  en  grandes  letras  en  son  de 
reclamo  para  mover  voluntades,  tan  significativas  palabras.  «Esta 
excelente  gramática  árabe  la  primera  publicada  en  España  en  lo 
que  va  de  siglo,  .so  vende  á  pesetas.»  Publicada  la  de  Ya- 
cas Merino  en  el  año  18U7,  el  llamamiento  mercantil  contenía  un 
error  de  á  folio  que  descubría  la  redacción  del  librero,  á  mí  me 
cumple  decir  tan  solo  que  la  obra  dejaba  que  desear  algo,  en 
lo  locante  á  la  exactitud  de  la  doctrina,  y  mucho  por  el  método 
que  recomendaba,  ó  inoportunamente  seguía. 

Proponíase  el  autor  de  aquel  trabajo  gramatical  aplicar  de  plano 
el  método  práctico,  llamado  de  Ollendorf,  al  estudio  del  árabe 
lilerario  ó  erudito,  procedimiento  que  si  no  debiera  diputarse  por 
absolutamente  absurdo,  ha  sido  desechado  con  no  escasa  copia  gle 
razones,  por  maestros  muy  insignes  y  verdaderamente  doctos. 
Porque  dejadas  aparte  razones  de  mucho  peso  que  tienen  aplica- 
ción j)rivativa  al  estudio  del  arábigo,  ello  es,  que  si,  merced  al 
método  Ollcndoríiano,  pudiera  lograrse  respecto  de  los  idiomas 
vulgares,  la  facilidad  de  elocución  necesaria  para  los  usos  más 
indispensables  de  la  vida,  en  el  trato  común  y  en  la  correspon- 
dencia comercial,  el  pretender,  que  por^us  mecánicas  repeticio- 
nes so  aprenda  á  practicar  y  á  entender  el  lenguaje  de  los  Ilero- 
dolos.  Cicerones,  Virgilios,  Antares,  Hariris  y  Den  Al-jatibes, 
cuyo  verso  y  pro.sa  en  ellos  eran  igualmente  fruto  de  detenidos  y 
concienzudos  estudios;  cosa  es  que  no  cabe  se  reciba,  con  arreglo 
á  discurso  natural,  por  razonable  entendimiento.  Pero  el  autor,  que 
por  lo  visto  no  lo  apreciaba  así  á  vuelta  de  varias  consideracio- 


RUDIMENTOS    UE    ÁRAHIi    Vt  LGAIl.  15 

nes  en  la  prefación  puesta  al  frente  del  texto  confesaba  candida- 
mente que,  al  abandonar  la  Universidad  alemana,  donde  había 
pasado  varios  semestres  al  objeto  de  estudiar  el  sánscrito,  el  zen- 
do,  el  asirlo  de  las  inscripciones  cuneiformes  y  el  árabe  por  in- 
cidencia, pensó  en  publicar  un  estudio  sobre  la  filología,  en  sus 
relaciones  con  la  lengua  de  Pánini;  aunque,  vista  la  falta  abso- 
luta que  tenía  el  público  español  de  gramáticas  arábigas,  se  ha- 
bía anticipado  á  satisfacer  necesidad  tan  perentoria.  El  resultado 
de  aquel  trabajo  prematuro  fué  un  texto  afeado  con  erratas  en  su 
redacción  más  sencilla,  con  algún  error  en  sus  prescripciones  y  ad- 
vertencias y  tan  poco  adecuado  á  satisfacer  las  necesidades  cuya 
urgencia  encarecía,  que  estimando  la  pronunciación  castellana 
poco  á  propósito  para  imitar,  y  reproducir  los  sonidos  líquidos  y 
guturales  de  la  lengua  arábiga ,  propinaba  al  maestro  y  al  auto- 
didacto que  se  aparejase  con  el  pertrecho  de  los  sonidos  france- 
ses, acompañados  de  larga  secuela  de  zetas  y  haches. 

Ahora,  si  hubiera  de  resumir  el  juicio  que  me  sugiere  la  lectura 
del  libfo,  cuyo  examen  me  ha  encomendado  novísimamente  la 
Academia, 'entiendo  que  podría  formularlo  con  precisión  y  exac- 
titud, señalando  que  sus  calidades,  si  no  tan  aventajadas  y  exce- 
lentes como  las  que  es  de  justicia  reconocer  en  la  obra  magistral 
de  nuestro  cempañero  don  José  Moreno  Nieto,  son  verdadera- 
mente opuestas  á  las  que  se  advierten  en  el  brevísimo  opúsculo 
tenido  presente  en  las  precedentes  observaciones. 

Sólo  en  una  cosa  convienen  el  libro  del  modesto  franciscano  y 
la  primera  edición  de  la  obra  gramatical  del  estudiante  de  zendo 
y  de  asirlo  (1),  por  cuanto  en  ambos  trabajos,  aunque  con  dis- 
tinta razón  y  eficacia,  se  procura  aplicar  el  método  ollendor- 
ñano.  Porque  prescindiendo  de  la  materia  tratada  por  el  P.  Ler- 
chundi,  circunscrita  á  la  conversación  en  el  idioma  árabe  vulgar, 
se  a\^ntaja  sin  duda,  en  la  relación  del  método  que  sigue,  por  la 
abundancia  de  ejercicios  que  avaloran  su  obra,  en  las  426  páginas 
de  su  texto,  no  contadas  las  70  empleadas  en  sabrosísimo  apéndice. 


(1)  En  el  tiempo  trascurrido,  desde  que  se  leyó  el  informe  en  la  Academia,  ha  apa- 
recido una  segunda  edición  de  esta  obra,  mejorada  en  su  conjunto,  y  el  estudiante  de 
otro  tiempo  ha  granjeado  reputación  de  profesor  distinguido. 


l(j  IJOLKTIN    di:    la    real    aCADKMIA    nií    LA    HISTORL\. 

Pero  lo  <jue  más  la  recomienda  y  encarece,  á  mi  juicio,  es  el 
estudio  del  valor  en  sonido  de  cada  cual  de  las  letras  árabes,  com- 
parado directamente  con  las  del  abecedario  castellano  y  comproba- 
do con  originalidad,  sin  el  recurso  ni  mediación  de  otros  idiomas 
.'Xtranjeros,  como  se  ha  practicado  con  frecuencia  casi  increible 
por  los  autores  de  obras  españolas,  en  otro  concepto  muy  aprecia- 
das. La  porvorsirjn  ha  llegado  al  punto  de  que,  desatendiendo  nues- 
tros escritores  las  gcnuinas  tradiciones  del  árabe  literal,  según 
se  conservaban  en  nombres  de  objetos  particulares,  de  pueblos  y 
de  hombres  á  que  se  referían  nuestras  crónicas  y  libros  latinos, 
i"oetáneos  de  las  épocas  en  que  alcanzó  su  apogeo  la  cultura  ará- 
biga, han  aceptado  de  buen  grado  transcripciones  extranjeras 
plagadas  de  incorrección  y  de  barbarismos.  Provinieron  de  aquí 
hómonimias  y  degeneraciones  donosísimas  sobremanera  curiosas. 
Con  recordar  que  la  representación  del  j  arábigo  por  la  doble  W 
de  los  ingleses,  ha  convertido  la  palabrp,  alguacir  ó  alguacil  caste- 
llana y  árabe  en  el  Wisir  de  novelas  y  periódicos,  y  que  por  el 
pedantismo  en  distinguir  la  :>  fdh)  de  la  d  han  convertido  los 
hispano-franccses  en  muezzin  lo  que  en  castellano  se  llamó  al- 
muédano, y  pronuncian  Ahiiondzir  con  z,  donde  los  nuestros  di- 
jeron Almondir;  no  es  menester  insistir  sobre  el  provecho  de 
leer  en  una  gramática  como  la  del  P.  Lerchundi  domiciliado  en 
Tcluán  desde  hace  doce  años,  aquella  purísima  reproducción  cas- 
tellana, que  se  muestra  en  los  libros  españoles  de  la  Edad  Me- 
dia íl).  Por  todas  estas  razones,  el  que  suscribe  estima  como 
digno  de  encomio  el  esfuerzo  del  sabio  franciscano,  por  dotar  la 
literatura  y  patria  de  una  obra  digna  de  estima,  y  propone  que  se 
lo  galardone,  en  algiíii  modo,  nombrándole  nuestro  correspon- 
dieuto.  I.a  Academia  resolverá  como  siempre  lo  más  oportuno. 

M8(1ri>l  2í  .lo  Muyo  fl.>  |K7V». 

Francisco  Fernández  v  González. 


1)    No  pronuncia  el  P.  Lcrchumli  A**js-1  alrJtama  sesrún  el  vulgo  délos  arabistas 
Bino  aliama,  romo  lo  usa  nerceo.  El  ^  árabe,  como  la  g  castellana  en  la  Edad  Media, 

i|pn«  Mir^in  iHcbo  autor  nn  Marruecos  doble  sonido,  ora  pronunciándose  como  ¿latina, 
orw  romo  /;  Mtinvc 


EL    RIO    SAI.OM    DK    I.A    CRÓNICA    DEL    MOR'»    flASIS.  17 


IV. 


EL  RIO  XALOM  DE  LA  CRÓNICA" DEL  MORO  RASIS. 
APUNTE  PARA  UN  ESTUDIO  SOBRE  LA  TOPOGRAFÍA  DE   GRANADA. 


Desde  que  nuestro  erudito  compañero  D.  Pascual  de  Gayangos 
probó  con  datos  irrecusables  (1)  la  genuina  fuente  de  que  pro- 
cede el  texto  hoy  corrupto  de  una  traducción  castellana,  que  los 
nuestros  llamaron  Crónica  del  Moro  Rasis,  deber  parecía  de  los 
orientalistas  españoles,  el  quilatar  y  poner  en  su  punto  la  exac- 
titud de  las  noticias  contenidas  en  ella,  con  el  buen  propósito  de 
restaurar  en  lo  posible  el  fondo  histórico  de  uno  de  los  monumen- 
tos más  interesantes  de  la  historiografía  arábiga.  Estimándolo  de 
tal  suerte,  tiempo  há  que  consagra  el  académico  que  suscribe 
algunas  investigaciones  á  dicho  asunto,  no  extraño  por  cierto  á  la 
materia  de  otros  doctísimos  estudios  que  han  ocupado  ya  las  se- 
siones de  esta  Corporación ,  y  de  que  ha  dado  más  de  una  mues- 
tra notabilísima  su  inteligente  y  activo  anticuario. 

Al  ordenar  algunas  noticias  sacadas  á  este  fin  de  los  historia- 
dores árabes,  ha  creído  que  la  Academia  vería  sifl  disgusto  las 
referentes  á  un  pasaje  de  la  topografía  de  Granada,  por  el  men- 
cionado Rasis,  cuyo  texto  (2)  es  como  sigue:  «Et  en  su  término 
ha  villas  que  le  obedescen ,  de  las  quales  es  una  Cazalla,  que  en 
el  mundo  non  ha  quien  la  semeje  si  non  Damasco,  no  es  tan 
buena  como  ella,  et  en  su  término  ha  pedreras  de  marmoles 
mui  buenas  et  mui  blancas,  et  non  mui  fuertes;  e  facen  ende 
muchas  ollas,  et  alúdanse  del  en  muchas  cosas,  et  de  muchas 
guisas,  et  facen  del  mui  fermosas  imágenes.  Et  el  otro  es  el 
castillo  de  Granada,  al  que  llaman  villa  de  los  judíos,  et  esta 


(1)  Memorias  de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  t.  vin,  ^lailrid,  1852. 

(2)  Página  37  en  la  Memoria  del  Sr.  Gayang-os. 


jy  boletín  de  la  keal  academia  de  la  historia. 

es  la  mas  antigua  villa  que  eu  término  de  Elvira  ha,  et  poblá- 
ronla los  judios.  Et  por  medio  de  la  villa  de  Granada,  va  un 
rio  que  avia  nombre  Salom  et  agora  es  llamado  Guada-Xenil, 
et  uasce  de  un  monte  que  ha  en  termino  de  Elvira,  que  ha 
nombre  Dayna.  Et  en  este  rio  cojen  las  alimadui-as  del  oro 
uno,  et  entra  en  el  rio  que  sale  del  monte  de  la  Elada.»  De- 
jada á  los  arqueólogos  la  interpretación  de  las  frases,  que  ofrecen 
caltal  sentido,  ora  puntualicen  si  el  Gazalla  eu  árabe  ¿JlLj  (cas- 
tela  ó  castellaj  es  la  alcazaba  Cádima,  conservada  en  el  Albaicin 
con  sus  fábricas  de  alfarería,  sucesoras  quizá  de  los  talleres  de 
escultores  que  en  la  época  romana  labraron  algunas  de  las  esta- 
tuas descubiertas  en  su  recinto,  durando  tal  vez  en  los  períodos 
visigodo  y  mozárabe,  ora  deba  tenerse  ó  reputarse  cual  población 
enteramente  distinta;  ya  concierten  aquella  opinión  con  el  nom- 
bre de  la  puerta  Bib-Gastro  que  menciona  la  Grónica  arábiga 
de  la  caida  de  los  Nazaríes,  ya  pretendan  robustecer  ésta  con 
la  descripción  de  la  mezquita  Iliberitana  dada  por  Ben-Aljatib, 
ó  con  la  dirección  de  Gastaras  á  que  podía  encaminar  Bib-Gas- 
tro; cumple  cuando  menos  al  arabista  el  reconocer  con  cuidado 
las  lagunas  observadas  en  el  contexto  del  discurso.  Anotando  el 
último  i)asaje  (1)  nuestro  insigne  compañero  se  expresaba  de  esta 
manera:  «Aquí  debe  faltar  algo,  ó  los  traductores  confundieron 
el  Genil  con  el  Darro.  Este  ultimo  río,  y  no  el  Genil,  es  el  que 
tiene  su  nacimiento  en  la  sierra  de  Elbira,  próxima  á  Granada.» 
No  erró  en  afirmarlo  así  el  Señor  de  Gayaugos ,  antes  bien  me 
atrevo  á  añadir  por  mi  cuenta,  que  lo  que  falta  y  se  ha  alterado 
es  tan  importante,  cuanto  de  las  reliquias  parece  que  con  ello  se 
eiduzau  cuestiones  capitalísimas  de  la  topografía  de  Granada.  En 
primer  término  se  habla  de  un  río  que  se  dice  haberse  llamado 
tan)l)ién  Guada-Xenil,  el  cual  naciendo  de  un  monte  en  tierra  de 
Elbira  entra  eu  el  río  que  sale  del  monte  de  la  «Elada  ó  Sierra 
Nevada»  esto  es,  en  el  verdadero  Genil.  Se  expresa  asimismo  que 


(1)  "Kl  por  medio  de  la  viUa  de  Granada  va  un  rio  que  avia  nombre  Sáloin,  et  agora 
••s  UaniRdo  Ouada-Xenil,  el  nasre  de  un  monte  que  ha  en  término  de  Elbira,  que  ha 
nombre  de  Doyna.  E  en  este  rio  cojen  las  altmaduras  de  oro  fiao,  et  entra  en  el  rio  que 
sale  del  mi)ute  de  la  EÍada.» 


EL    RÍO    SALOM    UE    LA    CRÓNICA    DEL    íMORO    RASIS.  19 

se  llama  Salom,  en  algunos  manuscritos  Calom,  nombre  que 
dista  bastante  de  la  combinación  fonética  Daharro  ó  Eladarro,  y 
que  (á  la  manera  del  Darro  en  Granada  la  moderna),  pasaba  por 
la  antigua.  ¿Entiéndese  que  dicha  ciudad  ocupaba  en  el  siglo  x, 
en  que  la  crónica  se  escribe,  el  mismo  emplazamiento  que  en 
la  época  de  la  reconquista?  Pues  no'ha  lugar  á  duda  de  nin- 
guna especie.  El  Calom  ó  Calom  de  Rasis  es  el  río  llamado  pos- 
teriormente por  los  árabes  el  torrente  SjJ^  (Hadarro).  Mas  si 
atendidas  no  despreciables  tradiciones,  se  coloca  la  antigua  ciu- 
dad de  los  judíos  á  los  pies  de  las  Torres  Bermejas,  extendién- 
dose desde  el  campo  llamado  hoy  del  Príncipe  á  la  otra  parte 
del  Xenil  (1),  no  faltaría  quien  creyese  que  dada  la  ordinaria 
disposición  de  los  edificios  en  las  antiguas  poblaciones  agrícolas 
llegasen  algunas  de  sus  alquerías  hasta  más  allá  del  río  Falom  ó 
Calom,  que  pasa  por  Armilla,  no  de  otra  suerte  que  las  alquerías 
y  suburbios  de  Castella,  la  capital  y  fortaleza  de  Iliberis,  empla- 
zados en  ambas  márgenes  del  Beiro  pudieran  llegar  hasta  el 
Atarfe.  Ha  sugerido  tan  infundada  hipótesi  un  lugar  de  la  citada 
crónica  arábiga  publicada  por  MüUer  (Munich  1803)  donde  se  lla- 
man A  falom  pJit  al  río  de  Armilla,  transcripción  arábiga  de  Flum, 
nombre  con  que  designaron,  según  Marmol,  el  río  de  la  Mona- 
chil  los  antiguos,  coadyuvando  no  poco  á  presentarla  como  pro- 
bable la  forma  árabe  del  nombre  de  Monachil  Jlir.--  montecil, 
ó  montecillo ,  la  cual  conviene  con  el  nacimiento  que  asigna  á 
su  río  la  descripción  del  Moro  Rasis,  sin  contar  con  que  no  se- 
ría imposible  se  hubiese  confundido  el  Guada-Xenil  con  uno  de 
sus  afluentes.  De  cualquier  modo  que  sea,  y  aunque  esta  hipótesi 
se  muestre  equivocada,  lo  que  parece  definitivamente  averiguado 


(1)  Esta  opinión,  que  es  de  Mármol,  no  se  compadece  ciertamente  con  la  afirmación 
expuesta  por  dicho  historiador  ilustre,  acerca  de  la  situación  de  i'-jJ)  j-msss. 
Hizn-arromman  ó  Castillo  de  la  Granada,  que  dio  el  nombre  á  Granada  en  la  llamada 
Alcazaba  Cádima,  la  cual  llegaba  hasta  cerca  de  la  parroquia  de  San  Miguel,  en  cuyas 
inmediaciones  se  labró  la  Alcazaba  Qidida  ó  nueva,  continuada  hasta  el  rio.  Tam- 
poco concierta  con  la  designación  usada  desde  antiguo  por  los  judíos  españoles,  quie- 
nes llamaban  á  Granada  JJa-rimmon ,  esto  es  la  Granada,  según  la  significación  hebrea 
de  dicho  nombre,  que  aparece  va  en  Palestina,  como  propio  de  dos  ciudades  del  reino 
de  Israel. 


•JU  ItOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA.    DE    LA    HISTORIA. 

es  que  el  nombre  de  Flum  corrompido  en  Galom,  Galom  ó  Sa- 
lom,  dado  como  propio  al  río  Darro,  y  que  en  la  España  árabe 
debió  servir  para  designar  varios  ríos,  proviene  del  latín  flumen, 
el  cual  por  la  confusión  de  la  /"  (^)  con  la  c  (^J)  frecuentísima 
en  el  arábigo,  donde  sólo  se  distinguen,  ha  dado  origen  á  las 
formas  ^J^  Falom  ^Jó  Calom  y  ^j^  Colzom  con  que  según  Dozy 
fRecherches,  t.  I,  pág.  338)  aparece  aquel  alterado  en  los  histo- 
riadores árabes.  ' 

Madrid  31  de  Mayo  de  1872. 

Francl«co  Fernández  y  (tOnzález. 


V. 


OBJETOS  ROMANOS  Y  ÁRABES  HALLADOS  CERCA   DE  LA   CIUDAD 
DE  MURCIA. 


Excnio.  Sr. :  Don  Javier  Fuentes  y  Ponte,  correspondiente 
nuestro  en  Murcia,  da  noticia  de  un  descubrimiento  de  objetos 
romanos  y  árabes,  hecho  en  16  de  Mayo  último,  en  la  falda  bo- 
real de  la  sierra  de  la  Fuensanta,  que  dista  casi  una  legua  de  la 
ciudad  de  Murcia.  El  sitio  y  hacienda  donde  han  parecido,  se 
llama  Heredad  de  Tinosa  ;  y  allí  cerca  se  encuentra  una  boquera 
para  aguas  torrenciales  que  se  llama  Partidor  y  Riego  de  Gañida. 
En  alguna  parle  de  la  ladera,  que  hoy  está  plantada  de  viñas,  há- 
llansc  vcsiigios  de  edificios  antiguos  y  pequeñas  balsas  construi- 
das con  hormigón.  Es  fama  que,  en  el  año  de  1857,  dieron  allí 
unos  cavadores  con  riquísimos  objetos  de  oro  y  plata  esmaltados 
que  hicieron  ricos  á  los  descubridores,  despertándose  con  ello  la 
codicia  dolos  vccinos.y  colonos  y  despertándose  las  artes  y  su- 
percherías do  estafadores  y  adivinos. 

El  objeto  do  la  excavación  de  ahora  ha  sido  labrar  un  aljibe. 
Como  á  profundidad  de  poco  más  de  una  vara,  entre  cenizas  y 


ÜHJKTOS    HUMANOS    V    ÁllAUES.  21 

tierra  movida  y  bajo  una  losa  ruda,  se  encontró  el  esqueleto  de 
un  niño,  trozos  de  vasijas  de  varias  clases  y  formas  y  cuatro  pie- 
dras antiguas  de  molino,  que  se  han  depositado  en  el  Museo  pro- 
vincial de  Murcia,  reservando  nuestro  correspondiente  para  la 
Academia  y  remitiéndole,  un  peso  de  barro,  dos  vasijas  (una  de 
ellas  mutilada),  un  estilo  de  hueso,  un  fragmento  como  de  mango 
de  un  puñal  y  varios  restos  de  vasijas  pintadas,  algunas  con  la- 
bores árabes. 

De  aquí  .el  Sr.  Fuentes  pasa  á  inferir  haber  estado  en  aquel  si- 
tio una  villa  romana  llamada  Nossia,  conservada  en  tiempo  de  los 
árabes  con  el  nombre  de  Gomila. 

En  honor  de  la  verdad,  prueba  el  descubrimiento  haber  existido 
algún  género  de  población  en  aquel  paraje,  porque  efectivamente, 
en  la  edad  romana,  las  ciudades  grandes  eran  muy  contadas,  y 
aun  en  estas,  la  parte  cercada  y  murada  harto  pequeña. 

En  cambio,  infinitas  alquerías,  pagos,  castillos  y  pequeños  gru- 
pos de  cortijadas,  daban  animación  á  todo  el  territorio :  á  la  ma- 
nera que  en  nuestras  provincias  del  Norte,  con  especialidad  las 
Vascongadas.  Las  familias  ricas  tenían  suntuosas  casas  de  campo, 
con  toda  clase  de  comodidades  y  oficinas:  y,  por  lo  tanto,  á  cada 
paso  tropieza  hoy  el  arado  ola  azada  con  vestigios  ibero-romanos. 
Las  ruinas  de  ciudades  ofrecen  aspecto  distinto,  como  que  esta- 
ban colocadas  en  alto,  con  su  acrópolis  ó  fortaleza,  estrechas  calles 
y  escalonadas  las  casas  en  la  ladera  y  uniendo  edificios  públicos, 
ya  religiosos,  ya  civiles,  de  los  cuales  rara  vez  dejan  de  parecer 
señales. 

Ninguna  de  estas  vemos  en  la  Heredad  de  Tinosa  por  el  relato 
de  nuestro  correspondiente  de  Murcia;  ni  tampoco  bastante  fun- 
damento para  suponer  allí  una  granja  llamada  Nossia  ó  una  ciu- 
dad con  este  nombre,  como  soñó  el  buen  canónigo  de  Cartagena 
D.  Juan  Lozano,  en  su  Bastitania  y  Contestania,  libro  más  con- 
fuso y  caprichoso  que  el  laberinto  de  Greta  y  de  estilo  más  enre- 
vesado que  el  de  Feliciano  de  Silva.  ¡Lástima  que  su  sistema  de 
dar  por  cierto,  firme  y  seguro,  así  la  verdad  demostrada,  como  lo 
dudoso,  lo  probable,  lo  verosímil,  lo  posible  y  lo  conjetural,  venga 
á  descaminar  á  nuestro  celoso  y  digno  correspondiente,  que  ya  ve 
en  aquel  sitio  una  Nossia  romana  y  una  Gomila  árabe.  No  acá- 


22  boletín  de  la  real  academla.  de  la  historla. 

bamos  los  hombres  de  aprender  el  arte  de  saber  ignorar,  que  es 
de  suyo  bienhechor  y  fecundo. 

Nada  de  esto  quita  para  que  la  Academia  dé  las  más  expresivas 
"racias  por  su  regalo  al  Sr.  Fuentes  y  Ponte,  supuesto  que  toda 
antigüedad  es  digna  de  estimación  y  estudio  y  contribuye  para  el 
conocimiento  exacto  de  los  tiempos  pasados,  y  es  de  gran  auxilio 
el  exacto  conocimiento  de  los  parajes  con  antigüedades,  para  el 
progreso  de  la  geografía  que  es  uno  de  los  dos  ojos  de  la  Historia. 
Los  objetos  ahora  remitidos,  deben  guardarse  oportunamente  cla- 
áiíicados  en  nuestro  pequeño  Museo.  E  importa,  en  fin,  estimular 
á  nuestro  correspondiente  murciano  para  que  continúe  remitien- 
do á  la  Academia,  oportunas  y  exactas  noticias,  así  de  todo  hallaz- 
go de  antigüedades,  como  de  las  circunstancias  de  las  ruinas  y 
despoblados  que  por  razón  de  su  empleo  en  el  Cuerpo  de  Caminos 
pueda  hallar  recorriendo  la  provincia  de  Murcia.  Breves  descrip- 
ciones de  estos  sitios,  expresión  de  los  nombres  que  entre  el  vulgo 
conservan;  y  por  último,  calcos  en  papel,  de  toda  inscripción 
romana  ó  árabe  que  se  descubra,  sería  un  buen  servicio  que  per. 
sona  tan  estudiosa  y  activa  como  ésta,  podrá  prestar  al  instituto 
de  nuestra  Corporación. 

Madrid  <j  de  Junio  de  18^3. 

El  Anticuario, 

Aureliano  Fernández  Guerra. 


VI. 

GEOGRAFÍA  ROMANA  DE  LA  PROVINCIA  DE  ÁLAVA. 

Exorno.  Sr.;  Al  lomar  posesión  de  su  plaza  de  número  nuestra 
compañero  el  Sr.  Cocllo  y  Quesada  en  27  de  Diciembre  de  1874, 
eligió  por  materia  de  su  discurso  las  antiguas  vías  de  comunica- 
ción en  nuestra  Península,  especialmente  de  la  época  romana, 


geografía  komana  de  la  provincia  de  Álava.  23 

como  sinopsis  de  un  trabajo  importante  en  que  hace  largo  tiem- 
po se  ocupa.  Rechícese  á  ofrecer  por  provincias  é  ilustrar  por  ma- 
pas exactos  las  noticias  de  vías,  poblaciones  y  ruinas  antiguas  de 
cada  territorio.  Y  ligera  pero  excelente  muestra  de  su  laudable 
y  útilísima  tarea,  dio  uniendo  á  los  discursos  de  recepción  algo 
de  la  parte  relativa  á  la  provincia  de  Álava. 

Meses  después  se  animó  á  publicar  entera  esta  misnja  parte, 
acompañada  de  un  mapa  lindísimo;  ofreció  el  primer  ejemplar  á 
la  Academia;  y  su  digno  Director  me  honró  sobre  todo  encareci- 
miento pidiéndome  informe  acerca  de  su  estudio. 

Reconcentrada  mi  pobre  imaginación  en  otro  perentorio,  obe- 
dezco tarde  el  mandato;  pero  la  obra  del  Sr.  Goello,  es  tal,  que 
siempre  se  llega  á  tiempo  de  hablar  de  ella,  de  examinarla,  de  es- 
tudiarla y  de  aplaudirla. 

El  folleto  se  intitula:  Noticia  sphre  las  vias,  poblaciones  y  rui- 
nas antiguas,  especialmente  de  la  época  romana^  en  la  provincia 
de  Álava;  y  su  mapa  viene  á  compendiar  el  discurso  literario, 
ofreciéndolo  todo  á  un  solo  punto  de  vista,  Señálanse  allí  con  la 
distinción  debida  los  caminos  romanos  indudables,  los  probables 
y  los  conjeturables;  y  se  traza  con  peculiar  atención  el  de  Anto- 
nino  Pío  Garacalla,  como  que  es  la  clave  segura  de  muy  difíciles 
problemas  geográficos. 

Bien  observa  el  Sr.  Goello  que  las  poblaciones  ibéricas  más  fa- 
mosas, y  las  colonias  romanas  y  las  sillas  episcopales,  no  habían 
de  estar  incomunicadas  entre  sí  ni  con  las  de  su  dependencia  y 
sujeción;  y  sienta  discretamente  el  principio  de  que  estudiados 
y  conocidos  los  antiguos  caminos  españoles  hemos  de  tropezar 
con  ciudades  sobre  cuya  situación  se  disputa  acaloradamente. 

Indicando,  pues,  en  sus  excelentes  mapas  los  vestigios  indubi- 
tables de  antiguos  caminos,  los  villares  y  poblaciones  desiertas  y 
despedazadas,  los  castillos  y  torreones,  los  campamentos  roma- 
nos, los  sitios  donde  hay  epígrafes,  y  sobre  todo  piedras  milia- 
rias (según  lo  hace  ya  en  el  mapa  de  Álava),  el  Sr.  Goello  ha  co- 
menzado á  prestar  servicio  inmenso  á  nuestra  historia  y  geogra- 
fía, y  por  ello  al  instituto  de  la  Academia.  Bastaba  por  sí  solo  esta 
fiel  y  exacta  investigación,  este  inventario  precioso,  esta  puntua- 
lidad gráfica,  para  conquistar  envidiable  renombre. 


'24  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl^. 

Con  razón  da  preferencia  al  itinerario  de  Antonino,  siguiendo 
su  dirección  y  los  vestigios  de  ella  paso  á  paso,  y  confirmando  y 
sacando  verdadero  lo  que  dijo  nuestra  Academia  en  su  intere- 
santísimo Diccionario  de  Navarra  y  Provincias  Vascongadas,  y 
la  mayor  parte  de  lo  que  sostuvo  el  Sr.  Saavedra  en  su  inapre- 
ciable discurso  de  recepción. 

Al  lijar  cada  una  de  las  mansiones  itinerarias,  no  olvida  el  se- 
ñor Coello  los  recuerdos  históricos  del  paraje,  los  nombres  de  lu- 
gares que  los  comprueban,  las  antiguallas  y  curiosidades  que 
existen  por  allí.  Cuando  hay  varios  sitios  del  mismo  nombre,  y 
reduce  determinada  población  á  uno  de  ellos,  lo  advierte  al  lec- 
tor, dando  prueba  de  buena  fe  como  sucede  respecto  de  la  man- 
sión de  SuESSATiuM,  que  identifica  nuestro  amigo  con  el  Zuazo  de 
entre  Iruña  y  Vitoria,  pues  suben  á  siete  ü  ocho  los  Zuazo,  Zua- 
za  y  Zuazu  en  Álava  y  Navarra.  Hé  aquí  donde  coloca  las  man- 
siones que  tuvo  la  Viapopuli  romani  de  Astorga  al  atravesar  por 
el  territorio  Alavés: 


VlBOVESCA 

» 

Briviesca. 

Deobrioa 

26  millas . 

Pueatelarrá. 

Beleia 

lo 

Estavillo. 

SUESSATIO 

\:í 

Zuazo. 

TüLLONIO 

7 

Al  E.  y  cerca  de  Ascarza. 

Alba 

\2 

Salvatierra. 

Araceli 

21 

Arbizu. 

PaM PELÓN E 

24 

Pamplona. 

I*oco,  muy  poco  difieren  de  estas  las  reducciones  del  Sr.  Saave» 
dra  en  su  discurso  de  recepción,  fundadas  en  los  planos  del  mis- 
mo Sr.  Coello  y  de  varios  ingenieros,  y  en  los  datos  de  nuestro 
Diccionario  y  del  de  Madoz;  pero  el  Sr.  Coello  circunscribe  y 
piuitualiza  más  algunas  de  ellas. 

El  nuevo  mapa  que  avalora  el  folleto,  señala  hasta  trece  cami- 
nos y  cuatro  ramales  más,  romanos  quizá  todos  ellos  ó  la  mayor 
parte,  en  ia  provincia  de  Álava  y  extremo  boreal  de  la  de  Burgos; 
prueba  insigne  de  la  gran  red  de  bien  trazadas  carreteras  que  en 
remotos  siglos  envolvíala  Península.  A  la  comarca  Alavesa  única- 
mente corresponden  387  kilómetros,  ó  si  quier  70  leguas,  de  an- 
tignns  vías,  socún  publicnn  elocuentes  vestigios. 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  2í) 

Desde  luego  llama  la  atención  en  el  mapa  (fuera  de  la  exactitud 
en  la  determinación  de  cada  lugar),  la  claridad  y  belleza  con  que 
ha  sido  trazado.  Los  ríos  y  arroyos,  las  cordilleras  y  montañas, 
los  límites  de  estados,  provincias  y  partidos  judiciales,  el  ferro- 
carril, las  carreteras,  los  canales  de  navegación;  y  las  marcas  y 
letreros  de  las  capitales,  cabezas  de  partido  judicial,  ciudades,  vi- 
llas y  aldeas,  todo  aparece  agradablemente  armonioso,  claro  y 
distinto,  sin  confusión  ni  embrollo,  sin  causar  la  menor  fatiga  á 
quien  pretende  hacer  valer  su  tiempo,  y  que  no  se  le  malogre  el 
calor  natural. 

Una  suave  línea  azulada  indica  la  frontera  Alavesa  y  el  Conda- 
do de  Treviño,  incrustado  en  la  provincia.  Líneas  de  media  tinta 
encarnada  figuran  los  caminos  romanos,  bien  diferenciados  los 
ciertos  de  los  probables;  y  del  propio  color  son  los  letreros  de  las 
mansiones  itinerarias,  y  las  señales  de  lápidas  miliarias,  ruinas, 
castros  y  torres. 

Y  acerca  de  los  nombres  de  las  mansiones  y  ciudades  antiguas, 
como  también  de  pueblos  actuales  que  significan  límite,  permíta- 
me la  Academia  que  emita  una  opinión  y  manifieste  un  deseo. 

Las  mansiones  itinerarias  se  nombran  en  el  registro  de  Anto- 
nino  Pío  Garacalla  (216),  y  en  los  cuatro  Vasos  Apolinarios  ó  de 
Vicarello  (30-300),  indistintamente  y  sin  sujeción  á  regla  fija,  ya 
en  ablativo,  por  lo  general  como  Barcinone,  Tarracone,  Bessippo- 
ne,  Portu  Gaditano^  Viniolis,  Aquis  Voconis,  Aquis  Querquernis: 
ya  en  acusativo,  ahora  con  la  preposición  ad,  v.  g.  ad  Adrum. 
flumen^ad  Aquas,  ad  Dúos  pontes,  ad  Turres,  ad  Statuas,  ad  Her- 
culem;  ahora  sin  preposición,  como  Titulciam,  Raudam,  Cluniam^ 
Ang ellas ^  Secerras,  Turmulos;  y  por  último,  las  menos  veces  eu 
nominativo,  como  Aquae  Bühilitanorum,  Caputfluminis  Anae, 
y  los  nombres  ibéricos  de  índole  diversa  de  la  latina  Acci,  Basti, 
lliturgis^  Stiel,  etc. 

Voces  geográficas  ibéricas  terminadas  en  ns,  confieso  que  nc» 
recuerdo  sino  tres,  á  saber  la  de  Ibiza,  Ebusus;  y  las  no  muy  se- 
guras de  Tolous  y  Manzellus  (Monzón  y  Medinaceli),  conocida 
aquella  "únicamente  por  el  Itinerario  Antoniniano,  y  ésta  por  el 
Ravenate.  Añádanse  los  pueblos  que  se  apellidaban  de  un  bosque 
sagrado ,  que  en  latín  se  dice  Lucxis,  tales  como  Lucus  Augustí 


l?t)  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

(Lugo),  Luctis  AsUinim  (Santa  María  de  Lugo),  Liicus  Eporae  (á 
1.000  metros  hacia  el  oriente  de  Montoro);  y  finalmente  los  sitios 
en  que  había  el  simulacro  de  una  deidad,  v.  g.  Janus  Augustas 
ad  Baetem,  el  arco  de  Jano  cuadrifronte  en  la  orilla  derecha  del 
Guadalquivir,  más  de  dos  leguas  antes  de  llegar  á  Andújar. 

Fuera  ile  estos  casos,  que  marco  taxativamente,  parece  no  po- 
der finalizar  en  iis  pueblos  ibéricos  tales  como  Suessatium  y  Tul- 
LONiUM,  peculiares  de  la  primitiva  lengua  española,  y  cuya  sig- 
nificación es  desconocida  ó  dudosa. 

Respecto  de  la  del  último,  convengamos  en  que  era  nombre  de 
una  deidad  ibérica,  de  un  semidiós,  de  un  monte,  de  una  fueute 
salutífera,  y  que  tuvo  quizá  su  principal  santuario  en  la  sierra  de 
Toleño,  entre  el  condado  de  Treviño  y  el  Ebro;  y  digamos  que  le 
rindió  preferentemente  culto  la  ciudad  de  Álava,  que  al  oriente 
de  Vitoria  se  nos  sale  al  encuentro  en  la  romana  vía.  Si  quiso 
mostrarse  devotísima  de  aquel  numen,  y  de  él  tomar  su  nombre, 
entonces  la  voz  Tullon'ms  deus  vino  ideológicamente  como  á  adje- 
tivarse y  concertar  con  la  de  oppidum,  alcázar,  cindadela,  fortale- 
za; y  el  ópido  se  denominó  Tullonium. — Que  hubo  deidad  llama- 
da Tnlonio,  consta  de  una  lápida  descubierta  en  Alegría  el  año 
1799,  y  publicada  por  nuestro  Diccionario  (I,  61).  Tenía  esta  ins- 
cripción: 

S  •  S  E  \'  E  R 

tvllonio 

V  •  S  •  L  •  AY 

•iSrm/n'onio  Severo  cumplió  gustosísimo  el  voto  que  fundada- 
mente hahia  Iteclio  ñ  Tnlonio.» 

La  deidad  ilecíase  Tnlíonius;  el  ópido  Tidlonium.  Esto  no  se  de- 
muestra por  el  Itinerario  de  Antonino,  el  cual,  de  las  veinte  man- 
siones del  trigésimo  cuarto  camino  español,  sólo  trae  una  en  acu- 
sativo, y  en  ablativo  las  demás,  siendo  de  estas  la  de  Tullonio; 
pero  sí  se  evidencia  por  Tolomeo,  cuyas  tablas  nos  la  ofrecen  en 
nominativo,  cual  vocablo  neutro:  Toi/X^vcy.  En  Plinio,  en  Tolomeo 
y  en  las  inscripciones  son  neutros  los  más  de  nuestros  nombres 
}:POpTáílrns. 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  27 

En  resolución,  al  estamparlos  sobre  los  mapas  se  puede  seguir 
uno  de  dos  sistemas:  ó  tratándose  de  cualquier  estudio  especial, 
V.  gr.,  de  los  vasos  apolinarios,  ó  del  Ravenate,  ó  de  Tolomeo, 
Plinio,  Mela  ó  Es  trabón,  etc.,  se  escriben  tales  cuales  aparecen 
en  el  autor  ó  documento  que  se  ilustra,  y  así  lo  hizo  sabiamente 
en  su  mapa  el  Sr,  Saavedra;  ó  cuando  no  está  ceñida  la  materia  á 
determinado  autor  ó  monumento  antiguo,  se  toman  en  absoluto 
los  nombres,  expresándose  estos  en  nominativo,  cual  atinada- 
mente lo  hacen  los  Sres.  Ilübner,  Kieppert  y  Goello.  Este  último 
sistema  exige,  para  fijar  en  casos  dudosos  el  nominativo,  que  se 
atiendan  y  combinen  cuantos  elementos  de  diversa  índole  nos 
pueden  conducir  al  acierto. 

Cúmpleme  ahora  explicar  el  deseo  que  indiqué,  dirigiendo  so- 
bre este  punto  súplica  á  nuestro  sabio  compañero  y  mi  cariñoso 
amigo.  Si  aún  no  tiene  grabados  sus  preciosos  mapas,  había  de 
ser  muy  útil  procurara  presentar  á  la  vista  los  nombres  de  pue- 
blos y  sitios  que  á  través  de  los  siglos  nos  recuerdan  haber  sido 
término  ó  principio  de  región,  ó  límite  ó  frontera  de  una  ciudad 
con  otra,  en  lejanas  edades.  La  voz  Torre,  por  ejemplo,  es  de  ellas 
no  pocas  veces;  y  creo  ser  el  primero  en  notar  que  el  Turres  Sae- 
TABiTANAE  del  cuarto  de  los  vasos  Apolinarios,  indicaba  el  límite 
de  Saétahis  (Játiva)  con  Ello  (Monte  Arabí);  de  igual  suerte  que 
el  Turres  del  Itinerario  de  Antonino  dividía  de  los  Mentesanos  á 
los  Oretanos;  así  como  las  dos  mansiones  llamadas  Fines  en  el 
propio  Itinerario  publicaban  la  frontera  de  los  Ilergetes  y  Laceta- 
710S,  y  la  de  los  Turdetanos  y  Celtas,  mientras  que  la  villa  que 
aún  se  llama  Fines,  en  la  provincia  de  Almería,  separaba  el  te- 
rritorio de  la  ciudad  de  Vrci  (El  Chuche)  del  de  la  de  Basti 
(Baeza) . 

La  actual  guipuzcoana  Villafranca  (esto  es,  población  donde 
no  se.  cobraba  portazgo),  Segura,  Arrondoa,  Araya,  Aranache, 
Arenaza,  Arraya,  Torralba,  Aguilar,  Aras,  Armañanzas,  Torres 
y  La  Guardia,  bastarían  con  sólo  su  nombre,  si  no  hubiera  mu- 
cho más  en  su  apoyo,  á  conjeturar  que  por  estos  pueblos  iba 
la  linde  de  Vascones  y  Várdulos.  Mondragón,  Arechavaleta, 
Arsarasú,  Arlaban,  Arroyabe,  Arzubiaga,  Arlante,  Ariaya, 
Armientia,   Ariñez,   Subiyana,  Arrieta,   Armiento,    Pedruzco, 


28  boletín  de  la  real  academía  de  la  historl\. 

Arana  y  Portillo,  dicen  haber  sido  frontera  de  Várdulos  y  Ca~ 
vistos.  Y  por  último,  van  marcando  la  de  los  Caristos  y  Au- 
trigones  los  pueblos  de  Arrigorriaga,  Arilsa,  Areta,  Aracaldo,  Ar- 
cinicga,  Artieta,  Peña  de  Haro,  Artomaña,  Arrastaria,  Arriauo, 
Sierra  de  Ariamo,  Artaza,  Morillas,  Subijana,  Arbígemo,  Arreo 
y  Molenilla. 

Si  la  colina  que  ocupo  el  Príncipe  Negro  en  la  guerra  del  Rey 
D.  Pedro  y  D.  Enrique  el  Bastardo,  se  llama  todavía  Inglesmen- 
di^  monte  del  inglés,  ¿cómo  no  han  de  retener  su  antiquísima  de- 
nominación lugares  que  por  siglos  y  siglos  representaron  los  más 
gi'andes  intereses  de  los  pueblos  ? 

Ara,  vocablo  antiquísimo,  que  en  lenguas  semíticas  y  aun  ja- 
féticas  valía  u  monte,  cumbre,  peñasco,  y>  y  que  para  los  italianos 
significaba  escollo,  según  Alrgilio  (Aen.  I,  109). 

Saxavocant  ItuU,  mediisque  in  fluctibus,  ARAS, 

fué  escogido  por  los  primitivos  españoles  para  denominar  la  cum- 
bre sagrada  que  dividía  una  región  ó  una  ciudad  de  otra.  Dígalo 
si  no  Lara,  en  Burgos,  distinguiendo  Turmódigos  y  Berones;  Pe- 
ñalara,  sobre  el  famoso  Paular  de  Segovia,  separando  á  Carpe- 
tunos  y  Arévacos.  Pero  de  voces  terminales  harto  discurrí  cuando 
ocupó  su  bien  ganada  silla  nuestro  docto  compañero  el  Sr.  Saa- 
vedra. 

Tomando  ese  mapa  de  voces  terminales  (uno  tengo,  imperfec- 
tísirno,  bosíjuejado  por  mí,  como  de  quien  no  posee  los  apetecibles 
y  necesarios  elementos)  y  trazado  con  el  esmero,  claridad  y  exac- 
titud reservadas  al  Sr.  D.  Francisco,  vendría  á  suceder  que  nos 
encontrásemos  con  infinitas  circunscripciones,  y  dudaríamos,  y 
no  supiéramos  á  (]ué  región  ó  ciudad  atribuirlas.  ¿Y  qué  impor- 
ta? ¿Lo  hemos  de  hacer  nosotros  todo?  ¿No  servirán  para  estudio 
provechoso  de  quien  nos  suceda?  Facilitemos  datos  á  la  bien  in- 
Icncionaia  investigación,  averigüe  la  verdad  el  afortunado,  y 
contribuyamos  lodos  nosotros  á  ello.  Esto  cumplo  á  los  que  aman 
la  ciencia  por  la  ciencia  misma  y  no  por  estéril  vanidad. 

Hágase  on  punto  á  fronteras  y  límites  lo  mismo  que  acaba  de 
hacer  con  los  caniiuos  el  Sr.  Goello,  y  el  fruto  colmará  nuestras 


geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava.  19 

esperanzas.  De  17  caminos  antiguos  alaveses  somos  deudores  al 
ilustre  autor  del  ^<¿as  de  EspaPia,  cuando  hasta  aquí  sólo  uno 
habíamos  estudiado.  Pues  ellos,  como  era  de  esperar,  nos  han 
patentizado  que  la  Uxama  Barga  de  los  Autrígones  (Osma  de  Val- 
degovia)  se  alzaba  en  la  calzada  romana  de  Pancorvo  á  Bilbao, 
cruzada  por  muchos  caminos  trasversales;  que  en  otra,  desde  Ci- 
llaperlata  tí  la  capital  de  Vizcaya,  fué  Vallispósita  (Valpuesta), 
silla  episcopal  de  los  mismos  Autrígones  en  el  siglo  viii,  y  que 
en  la  vía  romana  de  Salvatierra  á  Gastro-Urdiales  estuvo  Sanda- 
QUiTUM,  de  quien  sólo  se  acuerda  el  anónimo  de  Ravenna,  y  que 
por  un  mármol  digno  de  atento  examen  supongo  en  Arciniega. 

Debemos,  pues,  al  Sr.  Coello,  además  del  nuevo  estudio  y  com- 
probación sobre  esta  parte  del  Itinerario,  haber  descubierto  la  red 
de  antiguas  comunicaciones  regionales  y  municipales  en  la  pro- 
vincia de  Álava. 

Debemos  también  á  nuestro  compañero  los  datos  que  son  me- 
nester para  formar  la  red  de  límites  y  fronteras;  y  con  tan  buena 
cuadrícula  deslindaremos  fácilmente  la  circunscripción  de  las  an- 
tiguas ciudades,  regiones,  obispados  y  provincias,  disipando  las 
tinieblas  que  oscurecen  nuestra  geografía,  sin  la  cual,  sin  la  cro- 
nología, no  puede  haber  historia. 

Tales  circunstancias  son  guía  no  menos  segura  que  la  de  los 
caminos  para  rastrear  el  sitio  de  olvidadas  ciudades.  Quede  al 
vulgo  de  los  escritores  dejarse  alucinar  por  las  identidades  ó  pa- 
rentesco de  voces  antiguas  y  modernas,  y  sin  más  apoyo  decidir 
sobre  un  problema  geográfico.  La  crítica  sabia  echa  mano  de  se- 
mejante auxilio  cuando  no  existe  otro  ü  otros  más  eficaces.  Harto 
escarmentada  ha  de  mostrarse  recordando,  v.  gr,,  que  la  Junga- 
ría de  los  Indígetes  no  es  la  actual  Junquera,  sino  Figueras;  ni 
Asso,  en  los  Deitanos,  es  Isso,  á  la  izquierda  del  río  Mundo,  sino 
Las  Cuevas,  al  Sur  de  Caravaca;  ni  la  episcopal  Conímbriga  es  la 
célebre  Coimhra,  sino  Condeixa  a  Velha. 

Con  razón  se  ostenta  sabiamente  receloso  y  comedido  nuestro 
colega  al  llevar  nombres  tolemaicos  ó  plinianos  á  su  mapa,  que 
no  se  afianzan  en  pruebas  decisivas.  Hace  muy  bien  en  poner  in- 
terrogante á  las  voces  Gebala  y  Gebalaega,  aplicados  por  la  sino- 
nimia á  Guevara  y  Galarreta.  La  primera  reducción  es,  á  mi  en- 


30       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

tender,  felicísima;  la  segunda  se  apoya  en  la  congruencia  del  si- 
tio, ya  que  no  en  la  del  nombre.  Pero  Guevara  y  Galarreta  salen 
al  encuentro  en  el  camino  tolemaico  donde  debían  estar  Gebala 
y  Gehalaeca,  reconocido  é  inventariado  hasta  la  Sierra  de  San 
Adrián  por  el  Sr,  Coello.  Este  camino  arrancaba  de  Tüllonium, 
buscaba  primero  la  cuenca  del  Oria  y  en  seguida  la  del  Urola, 
V  terminaba  en  Zumaya,  población  adonde  yo  reduzco  la  Mexos- 
CA  de  Tolomeo. 

Permítame  con  este  motivo  mi  afectuoso  compañero  que  le  ad- 
vierla  un  olvido  del  grabador  en  el  mapa.  Fáltale  interrogante  al 
nombre  Yennia,  escrito  sobre  el  despoblado  de  I  ruña,  cuando  el 
Sr.  Coello,  en  la  página  111  de  su  discurso,  califica  de  muy  du- 
dosa semejante  reducción  en  que  formó  empeño  D.  Miguel  Cor- 
tés y  López.  Ningún  autor,  fuera  de  Plinio,  cita  á  los  Yennenses 
ó  Venüesi,  como  hallo  en  un  antiguo  códice  no  explorado  toda- 
vía. Pero  veamos  qué  dice  Plinio.  Dice:  «Al  convento  de  Clunia 
(Córuna  del  Conde)  los  Várdulos  envían  á  litigar  catorce  pue- 
blos, de  los  que  no  quiero  nombrar  sino  el  de  Álava  (Salvatie- 
rra); y  los  TuRMÓDiGOS  (Burgaleses)  mandan  cuatro,  siendo  de 
ellos  Segisamox  y  Segisama-iulia.  Al  mismo  convento  van  los 
Carietes  y  Yennenses  con  cinco  ciudades,  entre  los  cuales  se 
cuenta  Yelia  (EstavilloJ.  Los  Pelendones,  gente  celtíbera,  acu- 
den con  cuatro  pueblos. >^ 

Entiendo  ser  la  mente  de  Plinio  citar  á  los  Yennenses  como 
región,  puesto  que  enviaban  ciudades  á  la  Ghancillería  de  Gllnia. 
Y  es  indudable  para  mí  que  así  como  en  los  Carieles  alude  á  los 
Caristos,  en  los  Yennenses  se  refiere  Plinio  á  los  Yerones;  los 
rúales  jnnlamcnle  con  los  Caristos  y  Yárdulos  formaban  en  el 
siglo  VI I  i  ol  obispado  de  Alisanco,  hoy  Alesanco  en  la  Rioja. 
Estoy,  pues,  muy  lejos  de  fantasear  con  el  nombre  pliniano  una 
región  Yennira,  aunque  sí  pudo  existir  una  gente  en  aquella  co- 
marca donde  están  enclavados  Rioberca,  Santovenia,  Montes  de 
Oca  (Ai:cÁ)  y  Tampuerca;  ó  sea  desde  la  margen  izquierda  del 
río  Oca  y  los  pueblos  terminales  de  Piedrahita,  Villaescusa,  la 
Solana  y  Villaescusa  la  Soinl»ría,  hasta  el  río  Yona,  al  Nordeste 
do  Htirgos.  Ya  ve  la  Academia  que  hasta  en  el  olvido  de  un  in- 
forrng;mio  paro  l;i  .itención  para  demostrar  con  cuánta  he  exa- 


geografía  romana  de  la  províncía  be  Álava  31. 

minado  el  trabajo  de  nuestro  dignísimo  compañero;  y  que  á 
falta  de  otra  cosa  reparo  en  los  tildes  más  insiguiñcautes. 

Procediendo  con  el  pulso  que  le  distingue,  se  abstiene  de  lle- 
var al  plano  topográfico  la  oportuna  y  en  mi  juicio  feliz  reduc- 
ción de  la  tolemaica  Thábuga  ó  la  moderna  Avalos;  y  estampa 
con  interrogante  el  nombre  de  Túlliga  sobre  el  moderno  lugar 
de  Tuyo,  frente  á  la  Puebla  de  Arganzón,  á  pesar  de  no  ser  con- 
jetura infundada.  Tanto  cuidado  pone,  á  ley  de  excelente  crítico, 
en  deslindar  bien  lo  escrito,  lo  dudoso,  lo  conjetural  y  vero- 
símil. 

Voy  á  concluir,  no  sin  pediros  antes  indulgencia  por  lo  difuso 
y  desaliñado  de  este  informe,  haciéndome  cargo  de  tres  puntos 
en  que  descubre  cierta  vacilación  nuestro  colega,  no  omite  opi- 
nión decisiva,  aplazándola  para  la  provincia  que  les  corresponde; 
pero  sobre  los  cuales  hace  tiempo  que  tengo  escrito  y  publicado 
algo. 

Primero;  ¿Dónde  estuvo  la  ciudad  Várdula  Tritium  Tobolicum? 
Veíase  enclavada  en  la  provincia  de  Guipúzcoa.  Mela,  que  reco- 
rre los  lugares  próximos  á  las  costas,  da  seguras  señas  de  esta 
población,  diciendo  que  el  río  Deva  la  ciñe.  <íDeva  Tritium  To- 
BOLicuM  attingit.y>  Con  efecto,  el  Deva,  una  legua  antes  de  per- 
derse en  el  mar,  ciñe  á  Mendaro,  cuyo  elevado  monte  de  Santa 
Cruz  y  Santa  Ana,  con  Mendaro  el  viejo  ó  su  falda,  viene  á  for- 
mar una  península;  y  une  allí  ambas  orillas  un  puente  levantado 
sobre  los  muros  de  otro  romano  tendido  en  mitad  del  cauce. 
Vestigios  patentes  de.romana  vía  siguen  por  la  falda  de  la  mon- 
taña sobre  el  arroyo  de  Quilimón,  famoso  por  su  fuente  interca- 
dente; y  no  se  interrumpen  en  dirección  de  Cestona.  Yo  los  he 
recorrido  también  por  cima  de  los  baños  de  esta  villa,  de  la  cual 
se  acuerda  el  Ravenate,  en  un  camino  costeño,  nombrándola 
Cestonia. 

Tricio  Tubórigo  estuvo  en  Mendaro  el  viejo;  su  puerto  quizá 
en  la  actualidad  villa  de  Deva;  y  Motrico,  al  Noroeste  (Menstri' 
tius)  debió  ser  su  límite  en  los  Caristos,  como  lo  es  hoy  de  Gui- 
púzcoa con  Vizcaya. 

Segundo  punto.  En  mi  Libro  de  Sardoña  fijo  en  Castro  Morca 
la  Móreca  de  los  Cántabros  que  los.  vascongados  han  querido 


:i-J  HOI.ETIN    DE    LA    REAL    ACADE.NHA    DE    LA    HIST0RL4, 

traer  al  confiado  de  Treviño,  identificándole  con  Moraza.  Castro- 
Morca  retiene  casi  intacto  el  nombre  de  Móreca;  allí  existen  ro^ 
manas  antigüedades,  y  el  sitio  es  el  mismo  que  determina  Tolo- 
meo,  en  lo  más  meridional  de  la  Cantabria,  vecino  á  los  Turmó- 
digos  de  Sasamon.  La  hispana  Segisamon  partía  lindes  con  la 
Legión  Cuarta  Macedónica,  como  expresa  una  piedra  terminal 
¡nt''dila.  hallada  al  Noroeste  y  no  lejos  de  aquel  pueblo.  Legio  iiii 
se  lia  reducido  al  sitio  de  las  Finestrosas,  sin  otro  motivo  que  el 
de  haber  por  su  término  diez  ó  doce  piedras  divisorias  del  prado 
de  la  Legión  cuarta  y  del  campo  Julio  hrigense.  Para  mí,  después 
de  nuevo  y  detenido  estudio,  es  casi  indudable  que  un  golpe  de 
soldados  de  esta  Legión  {la  cual  permaneció  en  España  desde 
Octaviano,  hasta  que  el  Emperador  Claudio  César  la  hizo  trasla- 
dar á  las  márgenes  del  Rhin),  estuvieron  acuartelados  en  Vellica 
lElecha)  y  en  Amaga,  dándole  su  nombre  de  Legio  Quarta  y  te- 
niendo por  suyos  como  jurisdicción  propia  desde  las  Finestrosas 
hasta  Santamaría  de  Aranuñez,  desde  Aguilar  de  Gampoó  á  Pie- 
dra, y  Villanueva  de  Puerta,  y  desde  Sobrepenilla  á  la  Dehesa  de 
Romanos.  Aparece  en  seguida  perfectamente  circunscrito  el  terri- 
torio de  Morca,  desde  Villadiego  al  confín  occidental  de  los  Au- 

TR  ICONES. 

Ultimo  punto:  ¿Dónde  fué  Secontia  Parámica?  Dice  Plinio 
III-3-27),  que  los  nombres  de  Sigi'ienza  y  de  Osma  se  hallaban 
repelidos  en  diversas  regiones:  aSecontia  et  IJxama,  quae  nomina 
rrebro  aliis  in  locis  usurpantur.o  Con  esto  no  extrañaríamos  ha- 
llar varias  Sigüenzas  en  Tolomeo,  si  dos  de  ellas  no  llevasen  la 
misma  calificación  de  Parámicas  ó  del  Páramo,  colocando  la  una 
••n  los  VÁnnuLOs  y  la  otra  cu  los  Vacgéos,  sin  que  cite  la  que  debió 
o.x¡stir  seguramente  en  los  Autrigones,  supifesto  que  allí  tenemos 
hoy  ol  lugar  de  Sigfienza  del  Páramo  cerca  de  Villarcayo.  ¿Pu- 
dieron coexistir  nada  menos  que  tres  con  el  mismo  apodo?  En  lo 
posible  cabe;  pero  yo  lo  dudo.  No  sería  este  el  caso  único  de  sa- 
••ar  Tolonieo  do  su  propia  región  una  ciudad,  y  llevarla  á  territo- 
rio diferente.  Dien  recordáis  que  de  ello  ofrece  repetidos  ejem- 
plares. Si  en  .Vlava  y  Guipúzcoa  hubo  una  Secontia  Parámica, 
biisijueítc  en  un  páramo,  esto  es,  en  un  campo  desierto,  desnudo, 
riho  y  frió.  Mionlras  parece,  satisfagamos  la  identidad  de  los  dos 


GEOíVRAFÍA   llOMANA    DE    LA    PROVINCIA   DE   ÁLAVA.  33 

nombres  iguales  citados  por  Tolomeo,  y  la  del  pueblecillo  húr- 
gales; y  téngase  presente  que  Sigüenza  del  Páramo  está  en  el 
confín  de  los  Autrigones  con  los  Cántabros  en  dirección  de  Ju- 

LIOBRIGA. 

He  concluido.  El  Sr.  Goello  insta  ú  sus  compañeros  porque  le 
dirijan  observaciones  sobre  un  nuevo  estudio;  y  asi  se  me  ad- 
vierte en  la  comunicación  de  Secretaria.  Yo,  el  menos  compe- 
tente, el  último  de  todos,  hago  lo  poquísimo  que  en  mí  es.  Su- 
plan mis  excelentes  colegas  lo  que  me  falta;  y  todos  á  una  esti- 
mulen al  Sr.  D.  Francisco  á  dar  cima  á  esta  empresa  que  ha  de 
realzar  tanto  el  buen  nombre  de  España. 

Madrid  16  de  Febrero  de  1876. 

AuRELiANO  Fernandez  Guerra  y  Orbe. 


Vil. 


CORRESPONDENCIA  AUTÓGRAFA  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA. 

El  que  suscribe  ha  examinado  la  obra  que  con  el  título  de 
Eigenhandige  Correspondenz  des  Konigs  Karl  III  von  Spanien, 
ha  publicado  en  Viena,  y  presenta  hoy  á  nuestra  Academia  el 
consejero  áulico,  caballero  Alfredo  Von  Arneh,  Director  de  los 
Archivos  Imperiales  de  aquella  capital. 

Comprende  dicha  obra,  según  lo  declara  su  título,  la  corres- 
pondencia original  y  autógrafa  del  archiduque  Carlos,  hijo  se- 
gundo del  Emperador  Leopoldo  I,  con  el  gran  canciller  del  rei- 
no de  Bohemia  el  conde  .fiian  Wenzel  Wratislaw,  abrazando  un 
período  de  dos  años  y  siete  meses,  desde  el  17  de  Enero  de  1705 
hasta  el  8  de  Octubre  de  1711  en  que  murió  el  citado  canciller. 
Y  como  quiera  que  este  archiduque  Carlos  es  el  mismo  que 
habiéndose  dos  años  antes  hecho  proclamar  en  Viena  «Rey  de 


34  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

España  y  de  las  Indias,»  desembarcó  primeramente  en  Lisboa  y 
más  tarde  en  Barcelona,  y  sostuvo  con  las  armas  sus  pretendidos 
derechos  al  trono  español,  es  evidente  que  su  correspondencia 
epistolar,  nunca  antes  impresa,  había  de  arrojar  nueva  luz,  no 
sólo  sobre  la  historia  de  la  casa  de  Austria,  sino  también  sobre 
la  de  nuestra  Península,  donde  aclamado  j  reconocido  por  las 
provincias  del  antiguo  reino  de  Aragón,  hubo  de  encenderse  la 
civil  contienda  conocida  bajo  el  nombre  de  «Guerra  de  sucesión.» 

Da  principio  á  la  correspondencia  una  carta  autógrafa  del  Ar- 
chiduque para  el  citado  canciller,  en  que  se  da  cuenta  de  los 
preparativos  que  en  Inglaterra  y  Holanda  se  estaban  haciendo, 
así  como  del  apresto  de  una  gruesa  armada  que  debía  traerle  á  la 
costa  de  la  Península;  y  concluye  con  otra,  fecha  á  bordo  del  na- 
vio Blenhesin  el  8  de  Octubre  de  1711,  cuando  desesperado  el  Ar- 
chiduque de  afianzar  en  sus  sienes  la  corona  de  España  se  dispo- 
nía ya  á  darse  á  la  vela,  de  vuelta  á  sus  dominios,  habiendo  poco 
antes  heredado  el  Imperio  por  muerte  de  su  hermano  mayor,  el 
Emperador  de  Alemania,  José  I. 

Son  todas  ellas  de  carácter  privado  y  confidencial  y  están  en 
su  mayor  parte  dirigidas  al  conde  Wratislaw,  según  arriba  que- 
da dicho;  pero,  aunque  escritas  desde  Valencia,  Barcelona,  el 
campo  de  Villa  verde,  Daroca,  etc.,  son  escasas  las  noticias  que 
contienen  de  la  guerra  entre  imperiales  y  ñlipistas,  limitándose 
el  archiduque  á  recomendar  el  pronto  despacho  de  sus  negocios 
particulares  en  Alemania  y  procurar  por  todos  los  medios  posi- 
bles el  triunfo  de  sus  armas,  gobernadas  á  la  sazón  por  el  prín- 
cipe Eugenio  de  Saboya  y  el  inglés  Marlborough;  como  si  las 
bi-illantes  campañas  de  estos  ilustres  generales  hubieran  de  influir 
en  el  éxito  de  su  propia  causa  y  sentarle  en  el  trono  español. 

Era  el  conde  de  Wratislaw  uno  de  los  principales  ministros 
de  Leopoldo  I.  Nacido  en  1670  de  una  familia  ilustre,  fué  nom- 
brado asesor  de  la  Cancillería  Bohemia,  cuando  contaba  apenas 
25  años,  y  do  tal  manera  supo  granjearse  el  aprecio  y  confianza 
de  aquel  monarca,  padre  del  archiduque,  que  después  de  la  ab- 
dicación (le  Jacobo  II  de  Inglaterra,  y  advenimiento  al  trono  de 
<luill(^rmodeOrange,  se  le  confió  la  difícil  misión  de  procurar 
una  liga  ofensiva  y  defensiva  entre  Inglaterra,  Holanda,  Austria 


CORRESPONDENCIA   AUTÓGRAFA    DE    CARLOS    VI    DE    AUSTRIA.        35 

y  Saboya  contra  Luis  XIY  de  Francia,  liga  cimentada  con  15 
años  de  guerra  y  que  termino  con  la  paz  de  Utrecht  en  1713. 
Nombrado  sucesivamente  para  los  más  altos  cargos  del  imperio, 
y  últimamente  gran  canciller  de  Bohemia  en  1705  el  conde 
hubo  de  acompañar  al  archiduque  en  su  navegación  desde  uno 
de  los  puertos  de  Holanda  hasta  Lisboa,  formando  parte  de  su 
consejo  privado  durante  su  permanencia  en  aquella  capital,  si 
bien  no  pudo  por  su  falta  de  salud  seguirle  hasta  Barcelona. 

Este  es  el  personaje  á  quien  el  Archiduque  dirige  sus  cartas, 
en  las  cuales,  según  arriba  queda  enunciado,  hay  pocos  detalles 
de  la  guerra  llamada  «de  sucesión,»  si  bien  los  hay,  y  muy  inte- 
resantes, de  las  negociaciones  secretas  entre  Austria  y  Holanda, 
juntamente  con  Inglaterra,  interesadas  como  lo  estaban  en  arran- 
car á  la  Francia  el  País  Bajo  y  el  ducado  de  Milán,  de  que 
Luis  XIV  se  había  apoderado. 

La  publicación  de  esta  correspondencia  está  hecha  con  el  es- 
mero que  debía  esperarse  del  caballero  Von  Arneh,  autor  de  otras 
varias  obras  históricas,  vicepresidente  de  la  Academia  Imperial  de 
Ciencias  de  Viena,  y  Director  del  Archivo  Cesáreo;  archivo,  en  que 
sea  dicho  de  paso,  se  custodia  aparte  de  muchos  papeles  originales 
del  reinado  de  Carlos  V,  toda  la  correspondencia  de  Luis  Praet, 
D.  íñigo  de  Mendoza,  Eustaquio  Chappuys,  E.  Vandervyst  y  otros 
embajadores  de  aquel  monarca  en  Inglaterra,  Francia  y  Saboya. 

Ofrece  el  autor  dar  á  luz  en  breve  plazo  otra  correspondencia 
del  mismo  Archiduque,  con  su  padre  y  hermano,  en  que  más  de 
lleno  se  tratan  los  asuntos  de  la  Península,  y  el  que  suscribe  tie- 
ne la  seguridad  de  que  siempre  que  nuestra  Academia  necesite 
noticias  del  Archivo  Imperial,  le  hallará  dispuesto  á  comunicar- 
las. Por  cuya  razón,  y  la  de  no  haber  en  él  día  ningún  corres- 
pondiente en  la  capital  del  imperio  austríaco,  el  informante  se 
atreve  á  proponer  que  se  le  nombre,  confiriéndole  así  el  honor  de 
pertenecer  á  nuestra  Academia,  como  en  carta  particular  lo  soli- 
cita. La  Academia  en  su  mejor  acuerdo  decidirá  lo  que  sea  más 
conveniente. 

Madrid  15  de  Junio  de  1871. 

Pascual  de  Gayangos. 


3ü  holetín  de  la  rkal  academia  de  la  historia. 

VTII. 

CARTAS  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA  AL  BARÓN  DE  FREISHEIM. 


Excrao.  Sr.:  He  examinado  detenidamente  las  copias  de  las 
doce  cartas  relativas  á  la  guerra  de  sucesión  que  remitió  á  la  Aca- 
demia el  Sr.  Pietter  Arend  Seuppe,  correspondiente  en  Utrecht; 
y  al  devolvérselas  tengo  el  honor  de  exponer  mi  parecer  sobre  di- 
chos documentos. 

Aunque  las  copias  que  los  reproducen  no  vengan  debidamente 
certificadas  con  la  firma  del  señor  remitente,  como  la  Academia 
tendrá  la  debida  confianza  en  su  veracidad,  bastará  para  probar 
que  son  auténticas  la  misma  comunicación  firmada  con  que  las 
ha  remitido,  procediendo  indudablemente  los  originales  de  la  fa- 
milia ó  herederos  del  teniente  general  barón  de  Freisheim,  jefe 
superior  que  fué  en  España  del  cuerpo  de  tropas  holandesas  que 
auxilió  al  archiduque  Garlos  en  sus  campañas  contra  Felipe  V  en 
170G  y  1707. 

De  las  doce  copias  de  cartas  antedichas,  nueve  lo  son  de  las  que 
escribió  el  Archiduque  á  aquel  personaje  cuando  era  gobernador 
en  Lérida  y  comandante  general  de  toda  la  ribera  catalana  del 
Ebro.  Están  fechadas  en  Barcelona  entre  el  19  de  Mayo  y  el  l4  de 
Noviembre  de  1707.  Aunque  se  refieren  á  disposiciones  del  Archi- 
duque para  la  defensa  de  aquel  principado  cuando  después  de  per- 
dida por  sus  tropas  la  batalla  de  Almansa  le  invadieron  las  de  su 
contrario,  sitiando  ytomando  á  Lérida  y  á  Tortosa  luego,  no  ex- 
plican ningún  hecho  de  la  campaña  de  aquel  año,  y  así  resulta 
mucho  menor  el  interés  que  inspiran  estos  documentos,  en  uno 
de  los  cuales  anuncia  el  príncipe  austríaco  al  general  holandés, 
su  enlace  con  Isabel  Cristina  Brawuswick  VolíTens-buttel.  Son, 
sin  embargo,  de  importancia  como  precedentes  de  un  pretendiente 
á  la  corona,  que  dejó  muy  pocas  huellas  en  España,  y  de  una 
épora  en  que,  más  que  ninguna  otra  de  las  modernas,  escasean 
originales  en  nuestros  archivos  hasta  el  punto  de  no  haber  en- 


CARTAS  DE  CARLOS  VI  DE  AUSTRIA  AL  BARÜX  DE  FREISHEIM.        ^37 

centrado  el  que  suscribe  en  el  de  Simancas,  las  relaciones  oficia- 
les de  las  batallas  de  la  Gudiña,  Almausa,  Almenara,  Zaragoza  y 
Villa  viciosa,  las  de  mayores  resultados  en  la  larga  guerra  de  su- 
cesión. Las  nueve  cartas  del  Archiduque  á  que  me  refiero,  como 
redactadas  por  un  secretario  español,  lo  están  en  bastante  buen 
castellano,  aunque  con  el  modismo  austríaco  reemplaza  algunas 
veces  el  sentimiento  á  la  persona,  como  por  ejemplo:  mi  amor  os 
recomienda:  mi  confianza  en  vos  espera,  etc. 

Las  otras  tres  cartas  no  son  del  Archiduque  pretendiente,  sino 
escritas  de  orden  suya  al  mismo  Freisheim  por  sus  ministros  ó 
secretarios  D.  Antonio  Borneo  Anderas,  y  D.  Ramón  del  Llano 
Perlas,  en  Setiembre  del  mismo  año  de  1707,  y  sólo  comunican 
avisos  y  ligeras  instrucciones. 

La  remisión  de  las  doce  copias  de  todos  modos  es  muy  de  agra- 
decer al  señor  correspondiente  Leuppe,  y  sometiendo  mi  juicio 
al  superior  de  la  Academia,  opino  que  se  le  conteste  por  la  secre- 
taría, agradeciéndole  la  prueba  que  con  ella  ha  dado  de  su  inte- 
rés por  nuestras  averiguaciones  históricas. 

Madrid  10  de  Mayo  de  1872. 

Jacobo  de  LA  Pezuela. 


IX. 


TRATADO  ELEMENTAL  JE  DESECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO, 
POR  D.  IGNACIO  DE  NEGRÍN. 


En  desempeño  de  la  comisión  de  examinar  la  obra  intitulada 
Tratado  elemental  de  derecho  internacional  marítimo,  por  D.  Ig- 
nacio de  Negrín,  y  de  informar  á  la  Academia  lo  que  se  ofreciese 
y  me  pareciese  acerca  de  ella,  cumplo  el  grato  deber  de  emitir  mi 
dictamen  favorable  á  su  autor,  con  tanta  más  seguridad  cuanto 
mi  juicio  viene  después  del  formado  en  igual  sentido  por  una 
Corporación  docta  y  conipetente. 


38  boletín  de  la  real  academlv  de  la  historia. 

Es  tan  manifiesta  la  necesidad  de  que  los  oficiales  de  nuestra 
Marina  militar  posean  cierta  suma  de  conocimientos  relativos  al 
derecho  internacional,  así  en  tiempo  de  paz  como  de  guerra, 
cuanto  que  allí  está  la  patria  donde  está  el  pabellón  que  acredita 
la  existencia  de  un  Estado  soberano,  ya  se  arbole  en  las  inmen- 
sas soledades  del  Océano,  ya  en  las  playas  más  remotas  del  globo. 
El  oficial  de  la  Armada  á  quien  se  confía  el  mando  de  un  buque, 
es  á  veces  el  único  representante  del  Gobierno  supremo  de  la  na- 
ción cerca  do  una  potencia  situada  á  millares  de  leguas  de  su  pa- 
tria, y  á  veces  el  centinela  avanzado  que  protege  la  persona  y  la 
propiedad  de  sus  conciudadanos  en  momentos  de  conflicto,  de  que 
sólo  puede  salvarlas  la  firme  resolución  de  exigir  el  respeto  de- 
bido á  la  bandera. 

Así,  pues,  el  oficial  de  marina,  llegado  el  caso,  negocia  y  com- 
bate, invoca  el  derecho  ó  usa  de  la  fuerza.  Si  para  bien  emplear 
las  armas  recibe  una  educación  militar,  para  Lien  conducirse  en 
sus  relaciones  de  un  Estado  con  otro  necesita  conocer  los  princi- 
pios y  reglas  del  derecho  internacional  marítimo,  y  muy  particu- 
larmente los  tratados  y  convenios  ajustados  entre  el  Gobierno  de 
su  nación  y  las  potencias  extranjeras  en  cuanto  al  derecho  inter- 
nacional marítimo  se  refiera. 

No  acertamos  á  explicar  cómo  no  se  comprendió  así  desde  hace 
mucho  tiempo,  y  por  qué  en  nuestras  escuelas  navales  no  fué 
hasta  poco  há  semejante  estudio  obligatorio.  Debemos  aplaudir 
esta  reforma  sobre  seguro,  considerando  que  son  pocos  los  libros 
(le  derecho  internacional  que  poseemos  en  España,  habiéndonos 
quedado  muy  rezagados  do  Europa,  donde  abundan.  En  el  siglo  xvi 
florecieron  Vitoria,  Soto  y  el  famoso  jesuíta  Suarez,  bien  cono- 
cido do  los  filósofos,  teólogos  y  jurisconsultos  por  su  tratado  De 
legibui  ac  Deo  legislatore.  En  nuestros  días,  sin  negar  el  mérito 
de  algunos  libros  elementales,  como  los  que  publicaron  Pando, 
Ui(iuelme  y  otros  varios  autores  que,  si  no  de  propósito,  por  in- 
«•idencia  discurrieron  sobre  varias  materias  relativas  al  derecho 
inleniarional,  ó  siguiendo  como  Castillo  las  huellas  de  Abreu  y 
Mcrtodano,  formaron  colecciones  de  tratados  y  convenios  celebra- 
dos por  los  monarcas  españoles  con  diversas  potencias,  es  lo  cierto 
(|U(>  su<  iionilires,  no  sólo  no  pueden  ponerse  en  parangón  con  los 


TRATADO  DE  DERECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO.       39 

ilustres  que  hemos  citado,  pero  ni  tampoco  llegan  al  nivel  de 
Gauchy,  Wlieaton,  Klüber,  Heífter  y  otros  que  honran  á  Fran- 
cia, Alemania  y  los  Estados-Unidos,  y  gozan  hoy  de  grande  auto- 
ridad en  el  mundo. 

Persuadido  el  Sr,  Negrín  de  que  podía  prestar  un  importante 
servicio  al  Cuerpo  de  la  Armada,  acaba  de  publicar  el  libro  de  que 
damos  cuenta,  el  cual  en  corto  volumen  encierra  excelente  doc- 
trina tocante  al  derecho  internacional  marítimo,  que  nos  ofrece 
una  agradable  ocasión  de  examinarlo  y  juzgarlo  iitil  á  la  ense- 
ñanza. 

Empieza  el  autor  con  un  bosquejo  histórico  del  derech'o  inter- 
nacional en  los  tiempos  antiguos,  en  la  Edad  Media  y  en  la  mo- 
derna. En  breves  páginas  condensa  lo  sustancial  del  asunto,  sin 
detenerse  en  ninguno  para  ilustrarlo,  como  seguramente  lo  hu- 
biera hecho  si  al  descender  á  pormenores  no  estuviese  reñido  con 
el  plan  de  su  obra.  Entonces  se  le  hubiera  ocurrido  probar  loque 
presume,  esto  es,  que  los  pueblos  de  la  antigüedad  celebraron 
pactos  ó  tratados  internacionales,  dando  origen  al  derecho  de  las 
gentes  secundario  ó  positivo.  Sin  referir  los  diversos  tratados  de 
alianza  y  navegación  que,  según  el  testimonio  de  Tucídides,  ajus- 
taron las  ciudades  de  la  Grecia  con  motivo  de  la  guerra  del  Pelo- 
poneso,  en  las  cuales  no  se  olvidaban  los  intereses  del  comercio 
ni  los  de  la  política,  tan  enlazados  con  la  dominación  de  los  ma- 
res, consta  por  el  texto  de  Polibio  que  los  hubo  de  comercio  y  na- 
vegación entre  Roma  y  Gartago  desde  una  época  no  muy  poste- 
rior á  la  expulsión  de  los  Tarquines. 

Estipularon  estas  dos  repúblicas  rivales  que  los  romanos  nave- 
garían dentro  de  ciertos  límites;  que  sólo  en  caso  de  peligro  to- 
marían puerto  fuera  de  ellos  por  cinco  días;  que  los  mercaderes 
que  fuesen  á  Gartago  no  pagarían  ningún  tributo;  que  la  fe  pú- 
blica.protegería  al  vendedor,  y  que  todos  serían  juzgados  con  equi- 
dad en  sus  causas  y  negocios.  En  otro  se  obligaron  los  romanos  á 
no  trancar,  piratear  y  formar  colonias  más  allá  de  tales  cabos  ó 
promontorios;  á  no  entrar  en  ningún  puerto  del  África  ó  la  Ger- 
deña,  sino  el  tiempo  necesario  á  reparar  sus  naves  ó  proveerse  de 
víveres;  y  convinieron  que  en  la  Sicilia  Cartaginesa,  lo  mismo 
que  en  Gartago,  gozasen  los  romanos  de  la  libertad  de  negociar  y 


40  boletín   t)E    LA   REAL   ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

disfrutasen  de  iguales  beneficios  que  los  cartagineses,  á  cambio 
de  que  estos  fuesen  considerados  en  Roma  como  romanos.  Véa- 
se (1),  pues,  cómo  no  es  del  todo  exacto  decir  con  el  Sr.  Negrín 
que  el  derecho  internacional  en  la  primera  época  de  su  historia 
se  resume  en  la  legislación  interior  de  cada  país. 

Tampoco  hay  completa  exactitud  en  afirmar  que  el  pueblo  ro- 
mano hubiese  continuado  siempre  despreciando  el  comercio  ma- 
rítimo, aunque  tal  sea  la  opinión  generalmente  recibida.  Estima- 
ba en  poco  la  profesión  de  los  vendedores  á  la  menuda,  regatones 
y  mercaderes  de  drogas,  perfumes,  artículos  de  primera  necesi- 
dad y  bagatelas  para  el  uso  del  sexo  femenino,  pero  no  tenía  por 
deshonrosas  las  grandes  especulaciones  mercantiles  por  mar  y 
tierra.  Cicerón,  en  su  libro  De  officiis^  dice:  Mercatura...  magna 
et  copiosa...  non  est  admodum  vitupera^ida.  Ciertos  Emperadores 
mostraron  empeño  en  favorecer  el  comercio  y  la  navegación.  De 
Alejandro  Severo  cuenta  Elio  Lampridio  que  negotiatoríbus^  ut 
Romam  volentes  concurrerent^  maximam  immunitatern  dedit.  La 
incorporación  de  las  leyes  rodias  al  derecho  común,  las  estaciones 
navales  en  diversos  mares,  la  guerra  continua  á  los  piratas  que 
los  infestaban,  la  construcción  de  puertos  y  las  obras  que  acome- 
tían para  facilitar  la  navegación  de  los  ríos,  muestran  que  los  ro- 
manos, si  no  estuvieron  poseídos  del  espíritu  mercantil  de  los  ti- 
rios, los  rodios  y  los  cartagineses,  tuvieron  al  fin  una  política  co- 
mercial (¡ue  Constantino  llevó  á  Bizaucio,  ala  entrada  del  Ponto, 
cuya  admirable  situación  la  hizo  emporio  de  todas  las  riquezas' de 
Europa  y  del  Asia. 

Son  estos  toques  dedicados  al  cuadro  de  la  historia  delineado 
por  el  Sr.  Negrín,  que  no  afectan  á  la  ciencia;  y  volviendo  á  su 
libro,  entra  el  autor  en  materia  exponiendo  los  principios  del  de- 
recho internacional,  preliminares  necesarios  á  la  inteligencia  del 
marítimo,  objeto  de  la  obra. 

Divide  el  asunto  en  dos  partes  principales,  á  saber:  derecho in- 
tcrnacioiUi-1  marítimo  en  tiempo  de  paz  y  en  estado  de  guerra; 
consagra  un  título  especial  A  las  presas  marítimas  y  concluye 


(1)    Tliucydides,  De  Mío  Pelop.,  lib.  i;  Polyb.,  fíist.,  lib.  iii,  22,  23,  24;  Hist.  de  la 
tconomia  potitica  en  España,  cap.  a,  1. 1,  pág.  12. 


TRATADO  DE  DERECHO  INTERNACIONAL  MARÍTIMO.       41 

con  un  apéndice  en  el  cual  extracta  los  tratados,  ordenanzas  y 
disposiciones  dictadas  por  el  Gobierno  de  España  de  más  frecuen- 
te uso  y  aplicación  á  las  cuestiones  que  se  ventilan  en  el  texto. 

Recomiendan  el  libro  del  Sr.  Negrín  el  método  verdaderamente 
didáctico  que  observa  el  autor  al  desarrollar  el  plan  de  la  obra, 
la  claridad  en  la  exposición  de  la  doctrina  y  el  buen  criterio  en 
los  casos  dudosos,  y  como  tales  sujetos  á  controversia. 

En  resolución,  es  el  libro  que  analizamos  un  excelente  Tratado 
elemental  de  derecho  internacional  marítimo,  que  si  no  satisface 
por  su  brevedad  á  quien  desea  profundizar  la  materia,  puede  y 
debe  contentar  al  lector  más  modesto  que  sólo  aspira  á  conocer 
los  principios  en  que  descansa. 

No  pretende  el  Sr.  Negrín  el  mérito  de  la  originalidad  ó  de  la 
profundidad,  como  autor  de  una  obra  de  derecho  internacional. 
Su  ambición  se  limita  á  ser  ütil  á  la  juventud  que  aspira  á  servir 
al  Estado  en  la  marina  de  guerra;  y  en  efecto,  el  Gobierno  le  hizo 
justicia  al  escogerla  para  texto  délas  escuelas  naval  y  flotante  y 
las  Academias  del  cuerpo  administrativo  de  la  Armada. 

Madrid  16  de  Mayo  de  1873. 

Manuel  Colmeiro. 


HISTORIA  ECLESIÁSTICA  Y  CIVIL  BE  NUEVA-GRANADA, 
POR  D.  JOSÉ  MANUEL  GROOT. 


Con  el  título  de  Historia  eclesiástica  y  civil  de  Nueva- Granada 
ha  escrito  el  Sr.  D.  José  Manuel  Groot,  ciudadano  de  aquella  Re- 
pública, una  preciosa  obra,  digna  de  atención  y  estudio,  y  que  ha 
publicado  en  los  tiempos  que  median  del  69  al  71.  Consta  la  His- 
toria  de  Nueva- Granada,  de  tres  tomos  gruesos  en  4.°,  de  impre- 
sión compacta  y  de  unas  600  páginas  cada  uno,  que  dan  de  sí  una 


42  BOLETÍN   DE   LA   REAL   AGADEMLA    DE    LA    HISTORL\. 

cantidad  enorme  de  lectura,  y  desde  luego  acredita  eii  esta  condi- 
ción extensa  de  su  entidad,  como  decimos  eii  la  moderna  jerga 
escolástica,  que  es  un  trabajo  prolijo  y  concienzudamente  elabo- 
rado. 

Principia  la  Historia  de  la  Nueva-Granada  desde  el  año  de  1514, 
en  que  el  activo  y  valiente  descubridor  Vasco  Nuñez  de  Balboa, 
envió  ;í  pedir  se  le  nombrase  Gobernador  del  país  que  dominaba 
Castillo  del  Oro,  y  se  vio  malamente  suplantado  por  Pedrarias 
Dávila,  de  funesto  recuerdo.  Avanza  el  tomo  i  hasta  el  año  1780, 
siendo  todo  el  libro  parte  de  nuestra  historia  nacional,  pues  vi- 
vían aquellos  países  con  la  vida  de  la  Madre  patria. 

La  rapacidad  é  inicuas  exacciones  de  las  autoridades,  dieron 
motivo  en  aquel  país  á  la  sublevación  de  los  Comuneros  del  So- 
corro que  secundaron  los  movimientos  insurreccionales  de  los 
indios  del  Perú,  acaudillados  por  Tupac- Amaro.  Así  que  el  tomo  ii 
principia  en  el  capítulo  73  (pues  el  autor  no  divide  en  épocas  ni 
en  libros)  el  movimiento  insurreccional  de  aquellos  países,  que 
coincidió  con  la  revolución  francesa  y  la  independencia  norte- 
americana; y  avanza  hasta  fines  de  1819  en  que  la  torpeza  de  las 
autoridades  españolas  por  una  parte,  la  destreza  de  Bolívar  por 
otra  y  la  sublevación  de  Riego  sobre  todo,  concluyeron  con  la 
dominación  española  en  aquel  país.  Así  que  el  tomo  iir  contiene 
ya  solamente  la  historia  del  establecimiento  de  la  República  por 
Bolívar,  después  de  la  derrota  de  Boyacá  y  entrada  de  éste  en 
Santa  Fe. 

El  tomo  III  de  cerca  de  700  páginas,  contiene  en  los  capítulos  68 
á  lOG  la  iiistoria  délos  diez  años  de  Ja  República  Colombiana, 
que  puede  decirse  murió  con  Bolívar  al  espirar  éste  en  1830. 

Tal  es  el  conjunto  y  la  parte  externa  de  la  Historia  de  Nueva- 
(iranada,  por  elSr.  Groot:  Tomo  i. — Los  tres  siglos  de  la  domina- 
c'u'm  española  (1514-1780);  Tomo  ii. — Período  insurreccional  ó  de 
transición  (1780-1820);  Tomo  iii.— República  Colombiana  en  los 
diez  años  Áltimos  do  la  vida  de  Bolívar  (1820-1830).  Resulta,  pues, 
que  lo  más  interesante  para  nosotros  es  el  tomo  i,  algo  el  ii  y  poco 
el  III.  En  esta  suposición,  el  juicio  crítico  debe  recaer  principal- 
mente sobre  el  primero.  El  Sr.  Groot,  Tjue  en  el  tomo  iii  se  mues- 
tra onlusiaslay  admirmlor  rio  Bolívar,  y  en  el  ii  aparece  partida- 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    Y    CIVIL    DE   NLEVA-GRANADA.  43 

rio  enérgico  de  la  independencia;  con  todo,  en  el  i  no  se  muestra 
hostil  á  España  ni  á  la  dominación  española;  y  si  nada  calla 
acerca  de  las  extorsiones,  ruindades,  atropellos  y  delitos  de  los 
conquistadores,  tampoco  deja  de  referir,  y  con  cierta  fruición,  lo 
que  halla  digno  de  elogio  y  de  alabar  los  nombres  y  los  hechos 
que  lo  merecen;  que  no  es  poco,  ni  se  encuentra  siempre  en  los 
historiadores  de  aquel  país,  instintivamente  dispuestos  siempre  á 
zaherir  á  España,  puesto  que  desde  niños  han  aprendido  á  mal- 
decir y  mirar  á  los  antiguos  españoles  como  unos  monstruos,  ó 
como  ellos  dicen  Godos. 

De  las  opiniones  del  autor  en  estaparte,  se  puede  juzgar  por 
el  siguiente  edificante  párrafo  que  por  sí  sólo  se  recomienda  al  cu- 
rioso lector.  Pregunta  el  autor  al  fin  del  capítulo  17,  ¿si  han  me- 
jorado los  indios  de  condición  en  la  República?  y  responde  así 
(pág.  228  del  tomo  i): 

«Al  proclamar  la  Soberanía  nacional  americana,  los  naturales 
de  América  debían  haber  mejorado  de  condición  bajo  un  gobier- 
no propio  y  liberal;  pero  ha  sido  todo  al  revés.  Aquí  no  abogamos 
por  la  causa  de  los  españoles,  sino  de  los  genuinos  americanos. 

»E1  gobierno  del  Rey  al  hacer  á  los  naturales  subditos  suyos, 
trató  de  conservarles  hasta  donde  era  posible  su  carácter  de  dig- 
nidad nacional,  y  por  eso  trató  de  mantener  los  caciques  y  la 
aristocracia  indígena  con  preeminencias  de  autoridad  entre  los 
naturales,  y  para  dar  más  lustre  á  esa  nacionalidad,  proveyó  á  la 
educación  de  los  hijos  de  sus  grandes,  á  fin  de  que  estos,  bien 
formados,  difundiesen  entre  sus  subditos  con  más  ventajas  que 
los  españoles  las  luces  del  Evangelio  y  las  costumbres  sociales. 
Con  tal  fin  se  dictó  la  Real  cédula  de  27  de  Abril  de  1554,  por  la 
cual  se  mandaba  establecer,  como  en  Méjico,  un  colegio  para 
educar  en  las  letras  y  costumbres  cristianas  á  los  hijos  de  los  in- 
dios.principales. 

» Hoy  los  indios  son  los  seres  más  miserables  y  desgraciados 
del  país,  con  la  notable  circunstancia  de  que  los  más  abyectos  y 
pobres,  son  los  moradores  de  los  pueblos  inmediatos  á  la  capital 
de  la  República. 

»Se  ha  hablado  mucho  sobre  que  los  indios  pagaban  un  tributo 
en  plata  al  Rey:  sí,  pero  ahora  lo  pagan  en  sangre... 


44  bolltín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

))E1  repartimiento  que  en  nuestros  tiempos  se  ha  hecho  á  estos 
infelices,  dignos  de  mejor  suerte  en  la  República,  ha  sido  el  de 
lo?  resguardos  con  libertad  para  poderlos  vender.  Los  españoles 
fueron  los  primeros  que  les  repartieron  resguardos,  pero  sin  li- 
bertad para  venderlos.  Se  les  repartieron  de  los  mejores  terrenos 
y  más  bien  situados.  La  prohibición  de  enajenarlos  correspondía 
con  el  nombre  puesto  á  la  cosa,  porque  conociendo  la  imbecilidad 
de  los  indios,  susceptibles  de  ser  engañados,  su  inclinación  á  la 
holganza  y  á  la  chicha,  se  vio  que  necesitaban  de  un  resguardo 
para  que  sus  familias  tuvieran  resguardada  la  subsistencia.  Guan- 
do les  ha  faltado  este  resguardo  con  la  libertad  de  contratar,  aún 
ha  quedado  á  las  tierras  el  nombre  de  resguardo,  con  la  misma 
impropiedad  con  que  ha  quedado  á  la  República  el  nombre  de 
federación,  después  de  haber  desligado  sus  provincias.  ¡Todo  se 
entiende  al  revés  entre  nosotros ! » 

En  otro  pasaje  del  mismo  tomo  (pág.  373),  vindica  al  Gobierno 
español  por  haber  reincorporado  á  la  Gorona  el  derecho  de  acu- 
ñar moneda,  que  había  enajenado  Felipe  Y,  ó  mejor  dicho  el  far- 
sante Alberoni,  gran  explotador  de  los  filones  argentíferos  de 
América.  Garlos  III  señalo  ¿í  la  familia  de  Prieto,,  que  había  ex- 
plotado ya  el  privilegio  por  espacio  de  medio  siglo  una  indemni- 
zación de  8.000  pesos  de  renta  perpetua,  por  los  85.000  pesos  en- 
i regados  á  Felipe  V.  Con  este  motivo,  comparando  el  Sr.  Groot 
tiempos  con  tiempos,  y  los  de  la  monarquía  que  indemnizaba  con 
los  de  la  República  que  se  incauta  á  su  antojo  y  sin  indemnizar, 
dice  en  una  nota: 

«El  mismo  que  esto  escribe  fué  víctima  de  esa  medida  por  ha- 
l)érsele  despojado  sin  indemnización  alguna,  aunque  reclamada, 
del  empleo  de  Regidor  fiel  ejecutor  del  cabildo  de  Santa  Fe,  oficio 
que  su  abuelo  D.  José  Groot  había  comprado  al  Rey.» 

Y  es  lo  bueno  que  el  gobierno  republicano  echó  á  pique  las  in- 
demnizaciones de  la  familia  Prieto,  que  de  seguro  tampoco  le 
luil)iera  dejado  el  derecho  de  batir  moneda.  Gon  este  motivo  el 
Sr.  Groot  censura  al  Doctor  Plaza,  que  al  hablar  de  este  asunto 
considera  la  expropiación  ó  reivindicación  hecha  por  Garlos  III 
romo  una  villanía  y  exclama  dolorido:  o  ¡  Ojalá  que  el  Gongreso 
de  Colombia  so  hubiera  portado  como  el  Rey  de  España  al  in- 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    Y    CIVIL    DE    NUEVA-GRANADA.  45 

corporareii  el  Cabildo  ciertos  empleos,  que  por  compra  hecha  al 
Rey  poseían  algunos  individuos!» 

No  siempre  suele  ser  este  el  tono  del  Sr.  Groot  en  el  resto  de  su 
obra.  Si  en  el  tomo  i  se  ve  al  descendiente  de  España,  católico 
fervoroso,  tradicionalista,  amante  de  las  antigüedades  de  su  país, 
que  defiende  á  España  en  gracia  de  lo  que  allí  hizo  por  la  Reli- 
gión y  la  colonización  intelectual  y  moral  de  su  país,  en  el  tomo  ii 
al  describir  el  período  de  transición  y  levantamiento  de  1780 
á  1820,  se  pone  al  lado  de  los  insurgentes  y  combate  á  los  espa- 
ñoles con  la  pluma,  como  sus  padres  los  combatieron,  que  tal  es 
la  triste  ley  de  las  colonias.  El  Sr.  Groot  podría  decir  á  esto  en- 
tre otras  muchas  cosas  que  los  españoles  de  aquel  período  no  eran 
lo  que  habían  sido  los  de  los  tres  siglos  anteriores,  que  no  es  ex- 
traño que  los  americanos  no  quisieran  al  Rey  de  España,  cuando 
los  españoles  en  la  Península  no  dejaban  títere  con  cabeza,  como 
el  retablo  de  D.  Gaiferos  y  Melisendra,  y  que  detestasen  cordial- 
mente  á  los  españoles,  cuando  nosotros  les  damos  el  espectáculo 
de  odiarnos  de  muerte  convirtiendo  la  Península  en  un  extrapa- 
raíso  de  Caínes,  los  unos  por  amor  de  Dios  y  los  otros  por  amor 
de  libertad. 

El  Sr.  Groot  desengañado  á  vista  de  las  chanzas  pesadas  que 
los  amigos  de  esta  señora  han  jugado  al  país  y  que  refiere  en  el 
tomo  III,  concluye  su  obra  con  estas  sentidas  frases.  « ¡Qué  faces 
(fases  debía  decir)  tan  tristes  presenta  la  historia  de  Colombia!... 
La  República  de  Colombia,  creación  de  Bolívar,  que  por  esfuerzos 
de  tantos  patriotas  se  alzó  con  tanto  brío,  cayó  muy  pronto  pu- 
diendo  haber  sido  una  gran  nación !» 

Cabalmente  es  lo  mismo  que  decimos  por  aquí. 

El  mismo  Sr.  Groot  describe  las  horribles  escenas  del  28  de  Se- 
tiembre de  1828  cuando  los  individuos  de  una  sociedad  secreta 
estuvieron  para  asesinar  á  Bolívar,  que  hubo  de  tirarse  por  un 
balcón. 

¡Qué  escenas  tan  edificantes  presenta  en  sus  últimos  capítulos 
la  historia  escrita  j)or  el  Sr.  Groot!  Una  mayoría  parlamentaria 
pretende  lanzar  al  país  á  una  serie  de  aventuras  por  medio  de  una 
Constitución  disparatada.  Bolívar  acude  al  remedio  heroico  de 
hacerse  dictador,  y  los  convencionales  al  de  asesinarle.  Formóse 


4G  boletín  de  la  real  academia  de  la   HíSTOHIA. 

para  ello  una  sociedad  secreta  con  los  elementos  integrantes  de 
todas  ellas,  abogados  sin  pleitos,  oficiales  expulsados  del  ejército, 
generales  ambiciosos,  frailes  apóstatas  y  estudiantes  que  habla- 
ban mucho  y  estudiaban  poco.  Es  notable  esta  cláusula  á  la  pá- 
gina 502  del  tomo  ni.  «Esta  sociedad  secreta,  dice  Groot,  dirigía 
otra  que  se  formó  denominada  Filológica,  compuesta  de  jóvenes 
bajo  pretexto  de  perfeccionarse  en  el  estudio  de  las  ciencias,  y  al 
efecto  asistían  á  ella  algunos  catedráticos.» 

Es  lo  bueno,  según  nota  el  historiador,  que  estos  catedráticos 
eran  partidarios  de  Bsntham  y  explicaban  las  teorías  de  éste  en 
sentido  liberal,  y  eso  que  ya  hoy  día  se  las  considera  como  de 
puro  absolutismo,  y  de  sensualismo  con  sus  puntas  de  egoísmo. 

Librado  Bolívar  casi  milagrosamente  del  puñal  de  los  Scévolas 
americanos,  ninguno  de  los  cuales  puso  la  mano  en  el  fuego,  se 
dedicó  en  los  dos  últimos  años  de  su  vida  á  destejer  lo  hecho  tra- 
bajando algo  por  el  orden,  y  diciendo  de  su  tierra  lo  que  de  la 
nuestra  dicen  los  arrepentidos. — El  país  no  está  todavía  bien  pre- 
parado. 

Tal  es  á  grandes  rasgos  el  carácter  ó  parte-  interna  de  esa  his- 
toria de  Nueva  Granada.  El  autor  en  el  tomo  i  narra  mucho  y 
aprecia  poco  el  estilo  antiguo:  en  la  parte  moderna  sigue  el  gusto 
moderno,  dando  dos  historias,  la  de  los  sucesos  y  la  de  sus  apre- 
ciaciones. Indudablemente  es  más  animada  y  entretenida  la  pri- 
mera á  pesar  de  esa  circunstancia.  El  historiador  ameniza  la  na- 
rración descendiendo  á  pormenores  literarios,  jurídicos,  anecdó- 
ticos, arqueológicos  y  etnográficos  que  hacenla  lectura  interesante. 
La  historia  dr  aquel  país  sin  historia  como  todas  nuestras  colo- 
nias, está  reducida  en  su  parte  antigua  á  describir  el  valor  y  la 
crueldad  de  los  conquistadores  con  ciertos  rasgos  de  caballerosi- 
dad, las  virtudes  apostólicas  de  sus  primeros  misioneros,  las  ri- 
ñas de  los  encomenderos  y  sus  nuevas  empresas  y  rebeliones. 

Viene  luego  la  fundación  de  chancillerías  y  obispados,  y  en  pos 
de  estos,  coiíventos,  universidades  y  colegios.  Hechas  estas,  prin- 
cipian las  sempiternas  luchas  de  los  virreyes  con  las  audiencias, 
de  estas  con  los  obispos,  de  los  obispos  ton  los  cabildos,  de  los  ca- 
bildos con  los  frailes,  de  los  frailes  con  otros  frailes,  con  los  cu- 
ras y  <oti  los  jesuítas ,  vejaciones  á  los  jndios,  órdenes  para  no 


HISTORIA    ECLESIÁSTICA    V    CIVIL    DE    NUEVA-GRANADA.  47 

vejarlos,  expediciones  piráticas  val  fin  creación  de  establecimien- 
tos industriales  y  científicos.  Por  este  patrón  están  corladas  todas 
las  historias  de  Indias,  y  no  desmiente  el  corte  la  de  Nueva-Gra- 
nada. 

En  esta  abundan  las  biografías  de  personajes  de  alto  renombre 
como  fray  Bartolomé  de  las  Gasas  y  San  Luis  Beltrán  que  por  ' 
allí  estuvieron;  las  anécdotas  chispeantes  de  interés  de  escritores 
de  cosas  del  país  apenas  conocidos  por  acá,  poetas  y  guerreros. 

Tampoco  fallan  etopeyas  curiosas  de  personajes  modernos  ó  de 
la  época  revolucionaria.  Si  es  que  allí  la  época  revolucionaria  no 
cuenta  ya  cerca  de  un  siglo,  y  todavía  no  ha  terminado,  como  tam- 
poco por  acá. 

Es  delicioso  el  retrato  del  P.  Manuel,  6  sea  D.  Manuel  Benito 
de  Castro,  que  en  1812  compartía  el  poder  ejecutivo  con  D.  Luís 
de  Ayala  en  los  azarosos  momentos  en  que  se  disputaban  el  poder 
los  pateadores  y  carracos,  ó  sean  centralistas  j  federalistas,  y  ¡coin- 
cidencia notable !  también  allí  los  carracos  contaban  con  Carta- 
gena. 

Había  sido  el  Sr.  Gastro  novicio  de  los  jesuítas  por  lo  que  le 
llamaban  el  P.  Manuel.  Parece  que  está  uno  viendo  un  personaje 
de  los  que  pintaba  en  sus  sainetes  D.  Ramón  déla  Gruz.  Todavía 
en  1812  el  poder  ejecutivo  gastaba  en  Nueva-Granada  capa  en- 
carnada con  galón  de  plata.  Tenía  el  vicio  de  la  puntualidad, 
siendo  eso  que  llamamos  un  reló  de  carne ,  uno  de  esos  hombres 
automáticos  que  tienen  señalados  los  minutos  para  cada  cosa  y 
no  salen  de  su  hora  aunque  se  hunda  el  mundo.  Tenía  horas  fijas 
hasta  para  la  asistencia  de  los  animales  domésticos.  «Se  dijo,  ha- 
bla el  historiador ,  que  en  un  día  de  aquellos  de  borrasca  fueron 
á  llamarlo  del  Consejo  y  que  mandó  á  decir  que  en  acabando  de 
espulgar  á  la  perrita  iría.»  «Bastó  esto,  añade,  para  dar  á  cono- 
cer el  genio  del  poder  ejecutivo  que  dejó  Nariño  en  Santafé  en  el 
año  12  para  lidiar  con  los  chisperos,  carracos  y  pateadores.» 

Resultó  lo  que  era  de  esperar:  los  pateadores  fueron  pateados 
por  los  carracos  ó  federales,  y  entre  los  pateados  lo  fué  D.  Pedro 
Groot,  tío  de  nuestro  historiador,  que  al  decir  de  su  sobrino,  al- 
guna vez  acaudilló  á  los  pateadores. 

Digamos  ya  algo  acerca  del  historiador  antes  de  concluir  este 


48  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

prolijo  informe.  Por  lo  que  se  acaba  de  decir,  y  por  lo  que  antes 
se  manifestó  acerca  del  abolengo  de  nuestro  D.  José  Manuel  se 
echa  de  ver  que  es  de  pura  raza  española ,  que  su  familia  tenía 
cargos  honoríficos  hace  más  de  un  siglo  en  aquel  país  y  compra- 
dos á  la  corona,  aunque  el  apellido  á  primera  vista  pudiera  creerse 
extranjero. 

De  sus  opiniones  se  puede  formar  concepto  por  lo  que  ya  queda 
dicho.  Pecadores  arrepentidos  quiere  Dios.  Sus  ideas  son  de  fer- 
voroso y  puro  católico:  las  caricaturas  que  traza  de  los  jansenis- 
tas y  de  los  frailes  mal  hallados  con  su  hábito  lo  indican  bien 
claramente,  y  también  sus  clamores  contra  las  medidas  cismáti- 
cas de  los  revolucionarios.  Su  estilo  es  sencillo  y  sin  pretensio- 
nes. El  lenguaje  llano  y  IMido,  pero  poco  correcto,  mezclado  con 
algunos  americanismos,  lo  cual  no  es  de  extrañar.  Para  la  Aca- 
demia de  la  Lengua  quizá  no  valiera  gran  cosa :  para  la  nuestra 
puede  ser  mucho.  En  este  concepto,  y  pidiendo  antes  perdón  á  la 
Academia  por  la  tardanza  del  informe  y  por  pesadez  y  desaliño 
hijos  de  la  premura  con  que  está  redactado ,  me  tomo  la  libertad 
de  indicar  que  creo  convendría  nombrarle  académico  honorario 
de  la  Historia  en  la  república  de  Nueva-Granada,  donde  no  tiene 
ninguna  persona  con  quien  entenderse. 

La  Academia,  sin  embargo,  acordará  como  siempre  lo  más  con- 
veniente. 

Madrid  30  de  Enero  de  1874. 

Vicente  de  la  Fuente. 


XI. 

INSCRIPCIÓN  ARÁBIGA  DE  CASTELLÓN  DE  LA  PLANA. 

Esta  inscripción  cuyo  vaciado  en  yeso  nos  ha  regalado  D.  An- 
tonio Francisco  Ruiz  y  presentado  el  Sr.  Codera,  está  grabada 


50  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

con  trazos  muy  fiaos  en  una  piedra  de  29  por  15  centímetros  alto, 
algo  desportillada  en  el  ángulo  inferior  de  la  izquierda.  Su  lectura 
es  como  sigue: 


En  el  nombre  de  A.lláh,  clemente,  misericordioso.  O  gentes,  sabed  que  las  promesas 
de  AUáh  son  ciertas;  no  os  dejéis  seducir  por  los  halagos  del  mundo  y  no  os  aparten  de 
Allih  loa  eneraúos  (del  Demonio).  Aquí  yace  Aafrá,  hija  de  Farach,  la  cual  murió  miér- 
coles, á  seis  diaa  andados  de  la  luna  de  Xauel  del  año  tres  }'  cincuenta  j'  cuatrocientos. 
AUáh  se  eompadt^zca  de  los  que  oraren  pflr  ella  implorando  su  misericordia.  Amen. 
¡Alláh.  señor  de  las  criaturas  su  bendición  sea  sobre  Mohámmad! 

La  [echa  citada  en  la  inscripción,  cayó  en  9  de  Noviembre  de 
lOGl.  Las  líneas  2.%  3.'.  y  4.*,  con  la  primera  letra  déla  5.»,  con- 
tienen el  versículo  5."  de  la  sura  35  del  alcorán,  titulada  Los 
Ángeles;  y  en  ellas  se  encuentran  las  .variantes  1§j'j  por  'w^t  b,  y 
í'.-jw  por  s-^i-a»,  cosa  que  no  es  nueva  en  esta  clase  de  ins- 
cripciones . 

Pascual  -de  Gayangos. 


ANTÍGÜBDADES   RdMANAS    DE   VALENCIA. 


XIÍ. 


ANTIGÜEDADES  ROMANAS  DE  VALENCIA. 

En  1766,  salió  á  luz  en  Valencia  del  Cid  y  en  la  imprenta  de 
Benito  Monfort,  un  folleto  en  8.°,  cuya  pérdida  ó  extravío  lamen- 
ta el  sabio  epigrafista  D.  Emilio  Hübner  (1),  como  de  inaprecia- 
ble valor  para  la  colección  de  inscripciones  romanas  propias  de 
aquella  ciudad.  Y  en  efecto,  encierra  tres  epígrafes  itinerarios  y 
uno  sepulcral,  de  los  cuales,  uno  tan  solamente  (4949)  se  halla 
incluido  en  la  obra  monumental  del  Corpus  inscriptionum  lati- 
narum ,  sin  que  los  demás  hayan  comparecido  todavía  en  la 
Ephemeris  epigraphica.  Por  esta  razón,  creo  que  nuestra  Acade- 
mia verá  con  agrado  un  ejemplar  del  folleto.  Me  lo  ha  prestado 
D.  José  María  Settier,  director  de  la  Ilustración  popular  econó- 
mica de  Valencia;  y  estimo  que  tan  interesante  opúsculo,  raro 
ya  y  casi  perdido,  merece  reproducirse  en  las  páginas  de  nuestro 
Boletín. 

Dice  así : 

«DECLARACIÓN  ||  DE  UNA  ||  COLUNA  |!  DEL  EMPERA- 
DOR II  HADRIANO;  ||  DESCUBIERTA  EN  LA  VEGA  ||  DE 
VALENCIA.  II  SU  AUTOR,  ||  AGUSTÍN  SALES  ||  PRESBÍTE- 
RO DE  LAIGLESIA  DE  SAN  ||  Bartolomé  del  Sepulcro;  Dotor 
Theologo  por  la  Universidad  de  Valencia;  Real  administrador  de 
lo  destinado  por  Su  Magestad  para  los  pobres  de  Cárceles  de  Corte; 
i  Chronista  de  la  misma  Ciudad  y  Reino. — En  Valencia:  Por  Be- 
nito Montfort,  año  1766. 

Cliristianorum  Doctrina,  vel  Romanorum  Senattis,  Imperaíorumq'U'e,  ut  quisque  succes- 
serat,  &  PoptdisticcnOnisset  insidiis,  ni  Divina  virtute  emergens,  superior  adeo  evasisset, 
nt  terrarum  Orbem  etsi  insidias  moUentem  pervicerit.  (Origrenes.  Hadriano  coevus, 
lib.  t.  coatra  Celsum  Epicuraeum.¡ 


(1)    InscriptionesJUsponiae  lnUnae,  pág.  5ül  y  655. 


52  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

(iuid  ingrati  sumusf  si  veritat  Dicinitatis  ^uam  nos  eonsteutos ffloriamw,  nostri  ttmpo- 
ris  attatt  tnaturttt?  Pruamur  bono  nostro,  cohibeatur  superstitie,  impietas  txpittur,  vera 
Stliffif)  rtservetur.  (Mimitius  Félix,  in  Ortavio  circa  finem,) 


DECLARACIÓN  II  DE  LA   COLUNA    DE  ||  HADRIANO 
EN  ESTA  II  CARTA. 


Muí  Sr.  mió:  Deviendo  á  Vm.  la  noticia  de  la  Coluna  millar 
descubierta  en  10.  del  presente  á  un  lado  del  Camino  Real  que 
guia  de  Valencia  por  la  Puerta  de  San  Vicente  Mártir,  á  San  Fe- 
lipe &c.  es  mui  puesto  en  razón,  que  en  prueva  de  mi  agradeci- 
miento, diga  á  Vm.  con  certidumbre,  lo  que  ella  significó  en 
tiempo  de  los  Romanos.  Esta  pues,  Coluna,  ó  Piedra  redon- 
da tiene  gravada  la  Inscripción  siguiente  que  copié  dia  12.  ape- 
nas Vm.  me  dio  la  noticia: 

IMP'CAESAR 
DI- VL'TRAIANI 
PARTHICI    FIL' 
DlVl  •  NERVAE  • 
NEPO'TRAIANVS 
HADRIANVS'AVG- 
POSSSiS    E  «MAXIM  • 
TRSSS=IC«POTESTATE 


Esto  es:  hnperator  Caesar^  Divi  Vlpii  Trajani  Parthici  filhis,  Divi 
Nervae  Nepos;  Trajanus  Hadrianus  Augustus,  Póntifex  Matimus, 
Tribunicia  potestate,  ¿ce.  &c.  En  efecto  no  fué  Hijo,  sino  reputado 
por  tal;  pro  Filio  hahitus,  como  notó  Sparciano.  Los  Rústicos 
Peones  lapicidas,  al  sacarla,  rompieron  con  el  pedestral,  parte  de 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE   VALENCIA.  53 

la  Inscripción,  en  que  en  semejantes  monumentos  ponian  el  vía 
AUGVSTA,  ó  hasta  donde  Uegava  la  calzada,  i  á  costas  de  quien  se 
hacia,  si  impensa  sva,  ó  por  mandato;  i  nos  han  privado  de  la  luz 
Topográfica,  ó  noticia  de  los  Lugares.  Las  Caízadas  que  llamavan 
Strata,  i  eran  Vias  Militares,  ó  Consulares,  ó  Pretorias  á  que  el 
Emperador  Justiniano  llamó  Caminos  públicos,  eran  Caminos 
empedrados,  ó  arenados,  llenando  las  cavidades  hasta  hacerlos 
llanos  para  mayor  comodidad  de  los  Egercitos  Romanos.  Las  in- 
ventó C.  Graco,  como  escrive  Plutarco  en  su  vida:  In  Viarum  re- 
fectione  praecipuam  adhihuit  solertiam,  cum  utilitatis,  tum  pul' 
cliritudinis  rationem  habens.  Ducebantur  eae  rectae  per  Regio- 
?ie§,  &  partim  lapide  ad  hoc  caeso,  &  dolato,  partim  congestis 
arenarum  cumulis  ::  cavitates  implebantur  :::  Porro  singula  Mi- 
lliaria,  dimensa  diligenter  lapidéis  Columnis  distinxit.  S.  Isidoro, 
señaló  el  motivo  de  hacerse  estas  Calzadas:  Strata  Romani  per 
omnem  pené   Orbern   disposuerunt,  propter  rectitiidinem  Itine- 
rum,  &ne  Plebs  esset  otiosa.  (Originum,  1.  15.  o.  16.)  Desde  Bra- 
ga, á  Orense,  aun  se  ve  la  Calzada  de  quince  leguas.  En  Merida 
ai  grandes  rastros  de  las  suyas;  i  se  observan  assi  mismo  en  mu- 
chas partes  de  España.  Sobresale  á  todos  el  famoso  Camino  de  la 
Plata.  De  casi  todas  ellas,  se  compuso  el  Rinerario  de  Antonino, 
que  yo  tengo  de  la  mejor  edición.  Después  de  los  Emperadores 
Augusto,  Vespasiano,  Domiciano,  i  Trajano,  que  procuraron  re- 
parar los  Caminos  en  varias  Provincias  de  España,  como  mani- 
fiestan sus  Marmoles,  el  Emperador  Hadriano,  hizo  el  favor  á 
nuestra  Valencia,  Población  mui  distinguida  por  ser  Colonia  ju* 
ris  Ralici,  de  aderezar  este  Camino,  que  guiava  á  las  principales 
Ciudades  de  la  Contestania:  I  después  el  Emperador  Decio  hizo 
lo  mismo  con  el  que  encaminava  de  Valencia  por  Sagunto,  á  las 
■de  la  lUercaonia,  i  mas  allá,  como  diré..  Por  estas  Calzadas,  cami- 
navan.los  Legados,  i  Pretores,  que  visitábanlas  Provincias,  i 
también  los  Egercitos  conducidos  á  varios  parages.  Esta  Coluna 
que  ponian  á  cada  milla,  ó  á  mil  passos  de  la  Puerta,  ó. Muro  de 
la  Ciudad  álos  lados  déla  Via  Pretoria,  sellamava  Coluna  millar^ 
como  vemos  en  Suetonio,  (in  Othone,  cap.  VI.)  También  la  ila- 
mavan  Lapide,  contando  las  distancias  por  millas,  como  Cice- 
rón, 6.  Att.  I.  Accepi  tuas  litteras  ad  quintum  milliare  Laodiceae; 


54  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

ó  Lapides;  I  assi  dijo  Marcial,  que  Torquato  tenia  su  Casa  de  cam- 
po distante  de  Roma  quatro  Lapides : 

Ad  Lapidem  Torquatus  hahet  Praetoria  quartum.  (Epigr.  lib.  X. 
cap  79.)  Cada  tres  millas  forraavan  una  legua  Española:  bien  que 
por  Provisión  de  la  Ciudad  de  Valencia,  hecha  en  19.  de  Junio  1556. 
quedó  resuelto,  consultado  primero  Pedro  Juan  Nuñez,  Varón  el 
mas  juicioso  de  la  Nación,  que  cada  legua  tuviera  quatro  millas, 
i  cada  milla,  mil  passos  geométricos. 

A  las  Puertas  de  la  Ciudad  que  era  Colonia,  tenian  los  Roma- 
nos gravado  el  Itinerario,  que  guiava  al  Egercito  por  el  Camina 
Pretorio  á  las  Ciudades  de  la  mansión.  Un  Itinerario  de  estos  se 
encontró  por  Junio  de  1727.  en  una  Puerta  de  Valencia  antigua, 
donde  ahora  la  Iglesia  nueva  de  la  Congregación  del  Oratorio, 
que  guiava  al  Egercito  por  Sagunto,  á  la  Illercaonia,  i  mas  allá. 
Antes  que  mandara  quitar  las  letras  un  Anciano  imperitissimo, 
las  copió  el  erudito  Padre  Felipe  Seguér,  quien  andando  los  tiem- 
pos, me  permitió  copia,  i  decian: 

AB    valentía    SAGVNT 

AB    SAGVNTO    DERTOS 

AB    DERTOSA    TARRAGONA 

AB     TARRACONASSSSSSSS 

AB=SS====2S=S====SSSS 
AB5==S==SSSS====2SSS= 

Hizo  perpetuo  el  sentimiento  de  la  perdida  de  este  Itinerario,  el 
que  es  Maestro  de  la  Nación,  i  mi  singular  amigo,  el  Cl.  Don 
Gregorio  Mayáns,  i  Sisear,  en  sus  Epistolas.  (lib.  IIL  Epist.  XXVII. 
ad  Baronem  Schomhergium)  El  Camino  militar  que  guiava  á 
estas  Poblaciones,  todavia  está  mui  patente,  i  es  el  Camino  de 
Barcelona.  Quedan  rastros  de  averio  mandado  reparar  el  Empe- 
rador Decio,  en  una  Coluna  millar,  consagrada  á  este  Cesar,  i  á 
Q.  llcrenio  Mesio  su  Hijo  por  los  que  procuraron  la  obra;  i  está 
hechada  en  cl  suelo  delante  la  Hermita  de  S.  Vicente  de  Borriol, 
á  once  leguas  de  Valencia,  que  yo  descubri,  i  copié  en  25.  de  Sep- 
tiembre 1753.  i  bolvi  á  registrar  en  7  de  Junio  1756.  i  tiene  gra- 
vada e.«5ta  ine;cripcion: 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  55 

IMP-CAES'C-MESIO 
CL'TRAIANO-DECIO 
INVICTO  •  Pío  •  FELICI  •  AVG  • 
DACICO  •  MÁXIMO  •  PONTIFIC  • 
MÁXIMO  •  TRIBVNICIA 
POTESTATE'ñ'COS' 
fl  .  p  .  p  .  PROCOS  •  ET  •  Q_-  HERENNIO 
ETRVSCIO  •  MESIO-NNOBILIS  • 
CAES-  VIA*  AVG* 

CXIX. 

Esto  es:  Imperaiori,  Caesari  Caio  Mesio  Quinto  Trajano  Decio^  In- 
victo, Pío,  Felici,  Augusto,  Dacico,  Máximo ¡  Pontifici  Máximo, 
Trihunicia  potestate  secundum:  Co7isuli  secundum.  Patriae  Patri, 
Proconsuli;  &  Quinto  Herennio  Etrusco  Mesio,  Nohilissim,is  Caesa- 
rihus.  Via  Augusta.  Centum  novemdecim  milliaria.  Manifiesta  la 
Jnscripcion,  que  este  Camino  Pretorio,  mandaron  aderezar  Caio 
Mesio  DECIO,  i  su  Hijo  Quinto  Herenio  Etrusco  Mesio,  ambos 
Emperadores  á  un  tiempo,  á  quienes  los  Questores  consagraron 
la  Coluna.  Fue  DEGIO,  el  que  poco  después  de  lograr  el  Imperio, 
en  que  entró  con  benignidad,  movió  la  séptima  persecución  de  la 
Iglesia.  De  él  no  hai  otra  memoria  en  Valencia:  pero  la  de  su  mu- 
ger,  Gnea,  Seta,  Herenia,  Salustia,  Barhia,  Orbiana,  permanece 
aun,  en  la  Basa  de  Estatua  (que  le  dedicaron  los  Valencianos  ju- 
bilados de  la  milicia,  i  los  Viejos  descendientes  de  los  que  vinie- 
ron aqui  á  formar  la  Colonia)  que  está  en  la  esquina  de  la  Casa 
de  la  Ciudad,  á  vista  de  todos.  De  este  cruel  Emperador,  escrivie- 
ron  Trebelio  Polion,  Eusebio  Cesariense,  i  otros.  Su  primer  Hijo 
Q.  Herenio  Etrusco  Mesio  Decio  corregnante,  que  insinúa  la  Co- 
luna, fué  marido  de  Santa  Trifonía  Romana,  de  que  hace  memo- 
ria el  Martirologio  Romano  en  18.  de  Octubre.  Juicios  de  Dios 
adorables,  mantener  en  el  mismo  Palacio  esta  Santa,  la  luz  de  la 
Fe,  para  crédito  de  su  poder,  i  misericordia,  i  que  no  tuvieran  es- 
cusa los  que  la  perseguían.  Fué  también  Hijo  de  Decio,  Cayo  Va-, 
lente  Hostiliano  Mesio,  Quinto:  i  á  cada  uno  de  estos  Hermanos, 


.".tí 


HOLETIN    DE    LA.    REAI.    A.(;A0EMIA    DE    LA    HiaTuiUA. 


los  mismos  Soldados  Valencianos  consagraron  Estatua,  cuyas  Ins- 
cripciones, se  pusieron  en  la  Gapillita  de  S.  Benito  en  la  Seo,  las 
quales  no  copio,  porgúelas  trae  Gaspar  Escolano,  (tom.  i.  col.  115. 
118.  i  787.  á-c.l  i  otros  antes  de  el.  Pero  mandando  justissima- 
niente  el  Concilio  Provincial  Valentino  del  año  1565.  Nein  Chris- 
tianorinn  Templis  aliquid  Spectari  possit,  quod  Gentililios  ritus 
sapere  videatur,  (Sess.  4,  cap.  IX.)  el  Ilustrissimo  Señor  Don  Fr. 
Isidoro  Aliaga,  honor  de  la  Religión  de  Predicadores,  i  Arzobispo 
de  Valencia,  á  quien  no  puedo  nombrar  sin  veneración,  i  ternura, 
mandó  picar  estas  dos  Piedras;  (Olmo,  Litholog.  pag.  63.)  porque 
en  la  Gasa  de  Dios,  solo  puede  caber  la  Santidad,  i  la  verdadera 
victima  del  Cielo,  que  con  su  Cruz  triunfó  de  la  superstición,  i  su- 
getó  á  sus  pies  todo  el  poder  de  las  tinieblas.  Pero  bolvamos  yá  á 
la  Coluna  millar  de  Decio.  Denotan  los  últimos  números,  que 
desde  Tarragona  Cabeza  de  la  Provincia,  hasta  aqui,  avia  119. 
millas.  No  se  ha  descubierto  aun,  el  Itinerario  Romano,  que  por 
este  Camino  Pretorio  que  aderezó  nuestro  Hadriano  Augusto,  i 
aora  va  reparando  nuestro  Monarca,  i  Señor  Don  Carlos  III.  guia- 
va  á  la  Contestania,  i  mas  allá.  Pero  están  bien  patentes  las  Po- 
blaciones, i  distancias  desde  Valencia,  en  el  Itinerario  de  Antoni- 
no,  que  las  pone  assi,  notando  las  millas,  ó  quantas  veces  mil 
passos. 


valentía, 
svcronem. 
ad  statvas. 
ad  tvrres. 

ADELLO. 

ASPIS, 

ILICI. 

THIAR. 

CARTriAG.   SPARTARIA. 

ELIOCROCA. 


M.   P.   XVI. 
M.   P.   XX. 
M.   P.   XXII. 
M.   P.  VIIII. 
M.   P.  XXIIII. 
M.   P.   XXIIII. 
M.   P.   XXIIII. 
M..   P.   XXVII. 
M.   P.   XXV. 
M.   P.  XLIIII. 


^•011  »ist;is  Poblaciones  desde  Valencia,  Cullera,  Oliva,  Alcacer, 
(se  ignora  Adello)  Aspe,  Elche,  (no  se  sabe  la  de  Thiar)  Gariage- 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS   DE    VALENCIA.  57 

na,  Lorca.  Por  la  misma  Via,  se  salla  á  las  Vecinales,  para  eatrar 
en  Saetabi,  (Jativa)  en  Laurona,  ^Llauri  *)  enl.ucentum  (es  Ali- 
cante) &c.  (5cc.  Hizo  el  Emperador  Hadriano  este  Camino  á  los  Va- 
lencianos, para  manifestarles  su  afecto  visitándoles  desde  Tarra- 
gona, en  donde  passó  el  Invierno  quando  vino  de  Francia,  como 
escrive  Sparciano;  i  rodeó  á  pie  todas  las  Provincias,  para  mejo- 
rar las  Ciudades,  i  aumentar  las  Tropas,  como  dice  Aurelio  Vic- 
tor:  Provincias  otnnes  pedibus  circiímivit ::  cum  Oppida  universa 
restitueret,  augeret  ordinibus.  Hizo  siempre  gran  aprecio  de  las 
Ciudades,  i  de  los  Vassallos,  como  notó  Dion  Cassio;  en  especial 
amó  mucho  á  la  Plebe,  dice  Sparciano.  I  siendo  propenso  á  assis- 
tir  á  los  misterios  de  la  Diosa  Ceres,  que  es  ISIS,  para  los  quales 
se  habilitó  en  la  Grecia,  como  se  explicó  Dion :  Sacris  initiatus 
mysteria  Cereris  specta7^e  voluit,  puede  inferirse  el  placer  que  ten- 
dria  en  nuestra  Valencia,  en  que  estos  misterios  se  celebravan 
con  la  mayor  solemnidad,  como  lo  convenci  plenamente  en  mi 
Dissertacion  latina,  de  Valentmo  Sodalicio  Vernarum  colentium 
ISIDEM,  que  publiqué  por  Febrero  de  1760,  comentando  una 
bella  Inscripción  de  dentro  el  Turia,  que  el  año  antes  se  des- 
cubrió. 

La  quarta  parte  de  esta  Via  Pretoria,  (hasta  el  millar  descubier- 
to, que  empieza  en  la  Puerta  Sucronense,  que  los  Moros  llamaron 
Boatella,  i  eslava  á  las  quatro  esquinas  de  la  Calle  de  Cerrajeros 
donde  ai  un  Horno,  derribada  año  1383.)  se  incluye  dentro  de 
Valencia  Moderna,  i  llamamos  Calle  de  San  Vicente  Mártir. 

Entre  otras  medallas  que  se  hallaron  al  desenterrar  este  Millar 
Romano,  fué  una  grande  de  metal  Corintio,  que  me  permitió  con 
su  acostumbrada  humanidad,  i  confianza  Don  Simón  Desnaux, 
Ingeniero  peretissimo,  i  mui  instruida  en  todas  Artes  liberales, 
que  cuida  va  por  orden  superior  de  la  reparación  de  este  Camino. 


*    Quedavaa  ea  este  Pueblo  las  ruinas  de  Laurona  en  1543.  como  asseguró  el  V.  P. 
Juao  Bautista  Agnesio  en  su  Apolog.pro  Avibns,  pues  dice  hablando  de  Cvllera: 

Cid  denvm  ad  stadium  dinita  Lavron  abest. 
Qriondam  ubi  Pompeius  Sertoria  castra  svbegit. 

Conque  Laurona  junto  al  Jucar,  no  puede  ser  Liria. 


58  BOLETÍN    DE    LA    IlEAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Es  del  Emperador  Domiciano;  al  rededor  de  su  Efigie  se  lee:  Imp. 
CAES.  DOMiT.  AVG.  GERM.  p.  M.  ======  Su  rcverso,  contiene  un 

Templo  sobre  quatro  Colunas,  i  una  figura  en  pie  estendiendo  la 
mano;  i  enfrente  de  ella,  tres  figurillas  arrodilladas,  que  la  ado- 
ran con  gran  reverencia:  las  letras  de  la  circumferencia  no  se  per- 
ciben; pero  en  otra  que  he  visto  del  mismo  cuño,  son:  eos.  xiv. 
LVD.  SAEC.  FEC.  S.  C.  esto  es :  Cónsul  quartum  decimum^  Ludos 
Saeculares  fecit^  Senatus  Consulto.  Celebró  Domiciano  estos  jue- 
gos, quando  distribuyó  entre  el  Pueblo  Romano,  en  una  gran 
necessidad,  i  carestía,  pan,  i  trigo  en  abundancia,  como  lo  expre- 
ssa  otra  medalla  del  mismo  Emperador,  i  Consulado,  que  tengo. 
Esta  medalla  es  por  las  circunstancias  apreciable;  pero  es  mas  aun 
el  Millar,  por  ser  la  única  memoria  que  logra  Valencia  del  Empe- 
rador Hadriano;  i  por  ser  Inscripción  erudita,  que  nos  enseña  la 
verdadera  Ortografía  en  diftongar  sin  enlaces,  i  en  escrivir  con 
acierto  el  nombre  de  Hadriano.  Huviera  sido  cabal  este  Principe, 
si  por  continuar  con  furia  contra  los  Ghristianos  la  persecución 
que  movió  Trajano,  no  huviera  sido  Autor  de  la  gwaría,  que  des- 
pués mandó  suprimir,  como  escrive  Sulpicio  Severo  en  su  Histo- 
lia:  Quarta  suh  Hadriano  persecutionumeratur,  quam  tamen  post 
exerceri  prohihuit,  iniustum  esse  pronuncians^  ut  quisquam  sine 
crimine  reus  constitueretur.  (lib.  2.  c.  31.)  I  reconocido  por  las 
Apologías  de  Quadrato,  i  Aristides,  i  informes  de  Sereno  Grato 
su  Legado,  favoreció  ocultamente  á  los  Christianos;  i  aun  quiso 
levantar  Templo  á  JESU-CHRISTO,  imitando  á  Alejandro  Se- 
vero, como  escrivió  Elio  Lampridio:  Christo  Templum  faceré  vo- 
/uíí,  eumque  inter  Déos  recipere;  quod  &  Hadrianus  cogitasse  fer- 
tur::  sed  prohihitus  est  áb  his,  qui  consulentes  sacra,  repererant 
ornnes  Christianos  futuros  si  id optato  evetiisset ,  ¿c  Templa  reliqua 
deferenda.  Infeliz  Principe,  que  huviera  sido  perfecto,  sino  se  hu» 
viera  dejado  dominar! 

Publiqué  Yo  primero  el  Itinerario  encontrado  en  el  sitio  de  la 
Congregación,  en- mi  Historia  de  la  Aparición  de  S.  Pablo  Após- 
tol, en  Albocacer,  Villa  del  Reino,  Patria  de  mi  Padre,  impressa 
eu  1752.  La  Inscripción  áe  Decio,  de  tanto  honor  para  este  Reino, 
aun  eslava  sin  imprimir.  Soi  siempre  de  Vm.  cuya  vida  guarde 
Dios  muchos  años.  Valencia  i  Abril,  14.  de  17GG.  B.  L.  M.  de  Vm. 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS   DE   VALENCIA.  59 

SU  afecto  Servidor. =Dr.  Agustín  Sales  Presbítero,  Chronista  de 
Valencia. =Sr.  Dr.  Joaquín  Gibertó,  Retor  de  S.  Bartholomé. 


NUEVO  DESCUBRIMIENTO. 

Después  que  esta  Carta  se  leyó  día  16  de  Abril,  en  una  ilustre, 
í  autorizada  Tertulia,  al  hacerse  las  diligencias  para  imprimirla, 
se  descubrió  cerca  del  sitio  de  la  Goluna,  (todo  en  Heredad,  i  Vín- 
culo del  celebre  Jurisconsulto  Don  Salvador  Martin  Lop,  i  Bor- 
rúl,  á  quien  mi  gratitud  nombrará  siempre  con  veneración)  lo 
que  yo  me  prometí.  Sabia,  que  los  antiguos,  junto  á  esas  Calza- 
das á  la  entrada  de  las  Ciudades  ponían  los  Cippos,  que  eran  Se- 
pulturas, ó  piedras  quadradas  de  los  Entierros,  con  Letras  en  la 
Via  Publica.  I  aunque  no  se  han  encontrado  tales  Inscripciones 
Sepulcrales,  porque  se  devieron  sacar  en  otros  tiempos,  ó  no  se 
han  descubierto  aun,  pero  si,  indicios  de  ellas.  Pues  continuando 
en  cavar,  se  halló  otro  Medalla  de  Domíciano,  i  una  de  nuestra 
Hadriano;  i  también  un  jarro  de  barro  con  cenizas,  que  rompie- 
ron los  Peones  al  sacarlo,  i  dentro  de  el,  dos  Redomitas  pirami- 
dales mui  angostas  de  vidrio,  la  una  de  cerca  de  un  palmo  de  ele- 
vación, la  otra  de  medio,  que  eran  Lacrimatorios;  i  asimismo 
otra  pieza  de  vidrio,  como  frasquitó,  que  por  su  forma  irregular, 
i  el  barniz  de  su  interior,  no  me  pareció  Lacrimatorio,  sino  Lam- 
para que  llaman  inextinguible.  Lo  vi,  i  observé  todo,  dia  24.  en 
Casa  de  Don  Vicente  Sassús,  Arcediano  de  Alzira,  Dignidad  de 
esta  Santa  Metropolitana,  que  por  su  liberalidad,  i  afición  á  las 
antigüedades,  logró  estos  monumentos  apenas  se  descubrieron.- 

Que  los  Cippos  fueran  Sepulcros,  consta  de  Persio.  Sat.  r. 

Assensere  viri,  nunc  non  cinis  Ule  Poetae 

Félix?  non  levior  Cippus  nunc  imprimit  ossa. 

Los  Gentiles  quemavan  los  cuerpos:  entretanto  lloravan  al  di- 
funto los  Parientes  mas  cercanos,  como  escrivió  Ovidio.  Pont.  i.  9. 

Illíim  ego  non  aliter  flentem  mea  fuñera  vidi, 

Ponendus  quam  si  frater  in  igne  foret. 

Los  ungian  antes  de  quemar.  Apagadas  por  si  las  llamas,  re- 
cogían los  fragmentos  de  Huessos,  i  las  Cenizas,  i.  lo  encerravan 
todo  en  una  Urna,  Olla,  ó  Jarro  de  barro,  en  que  ponían  rosas, 


GO  BOLETÍN    UE    LA   REAL    AGADEMLA    DE    LA    HISTORLA. 

ungüentos,  varios  aromas,  Lacrimatorios  de  vidrio,  en  que  esta- 
van  recogidas  las  lagrimas  de  los  Parientes,  i  amigos  mas  Ínti- 
mos; i  esto  para  manifestar  la  estimación  al  difunto;  i  ponian  tam- 
bién su  Lampara  inextingible  en  obsequio  de  Pluton;  todo  esto, 
imediato  al  Cippo  de  piedra,  en  que  gravavan  el  nombre  del  di-" 
funto.  I  tal  significan  las  Inscripciones  en  que  leemos:  Cum  la- 
crymis  posuere.  Estos  Gippos  se  hallan  con  frecuencia.  En  el  cau- 
ce del  Turia,  mui  cerca  de  la.  ISIS,  que  yo  comenté,  se  encontró 
en  20.  de  Mayo  1760.  la  Inscripción  siguiente,  quebrada: 

AlARlTvMO 
LAE • VXOrI 
ARlTvMA 
A'VATRI 


Expressa,  que  una  Hija,  puso  esta  memoria  á  su  Madre,  rauger 
de  Maritumo.  Tiene  de  raro,  la  noticia  de  la  Gente  Marituma  esta- 
blecida en  Valencia;  i  que  se  puso  quando  era  vía  Publica,  parte 
de  lo  que  aora  es  Rio;  cuya  corriente  passava  entonces  por  en 
frente  de  la  Puerta  Sucronense,  dejando  los  muros  de  la  ciudad 
á  mano  izquierda,  como  dijo  Salustio.  (in  Fragment.  lib.  2".)  Des- 
pués de  este  Historiador,  los  Valencianos  comprando  el  sitio,  i 
trayendo  el  agua  desde  la  Puerta  del  Suero,  encaminaron  el  Rio, 
dejando  los  muros  á  mano  derecha  como  le  vemos.  De  esta  mu- 
danza, nos  queda  una  Inscripción  en  la  Puerta  de  la  Trinidad, 
assi  llamada  por  el  Monasterio  de  en  frente,  cuya  Historia  publi- 
qué en  1761.  De  algunos  puntos,  se  acaba  de  resintir  un  Regular, 
á  quien  espero,  para  confirmarme  en  las  verdades  que  expressé  en 
ella.  Cornelio  Sila,  fué  el  primero  que  mandó  ser  quemado  des- 
pués de  su  muerte:  de  el  tuvo  principio  el  quemar  los  cuerpos  di- 
funtos antes  de  ponerlos  en  el  Sepulcro,  como  notó  Cicerón,  lib.  2. 
de  legib.  I  esta  costumbre  duró  hasta  la  edad  de  los  Emperadores 
Antoniuos.  Por  especial  virtud  tuvo  en  algunos  excepción,  como 
alli  expressó  el  mismo  Cicerón:  i  el  sin  duda  la  logró  para  su  tan 
querida  hija  Tuliola,  cuyo  Cuerpo,  en  el  Pontificado  de  Alejan- 
<lro  VI.  (no  en  el  de  Sixto  IV.  ni  Paulo  ílLl  se  halló  en  la  famo- 


ANTIGÜEDADES    KOMANAS    DE    VALENCIA.  61 

sa  Via  Apia,  cerca  de  la  sepultura  de  su  Padre,  entero,  siu  lesión, 
con  sus  cabellos  embueltos  en  red  de  oro,  todo  el  lleno  de  licores, 
dentro  de  una  Arca  de  Marmol,  con  la  Inscripción:  Tulliolae  fi- 
liae  meae;  i  á  cuyos  pies  ardia  una  Lampara  inextinguible,  que 
se  apagó  al  abrir  el  Sepulcro.  (Rhodigin.  Lect.  antiq.  lib.  3.  c.  24. 
Casal,  de  Vrhis  splendor.  part.  ii.  pag.  352.)  Aunqne  en  nuestros 
tiempos  ai  tanto  descubierto,  aun  no  han  encontrado  los  moder- 
nos aquellos  aromas  conque  los  antiguos  preservavan  los  cuerpos 
tantos  años.  La  lei  de  las  XII.  Tablas  disponía  assi:  Hominem 
mortuum,  in  Vrbe  ne  sepelito,  nevé  vrito :  no  obstante  á  veces 
prevaleció  la  costumbre  de  enterrarse  en  la  Ciudad,  i  aun  en 
Casa,  de  que  habló  Virgilio:  Sedihus  hunc  refer  ante  suis,  <fc 
conde  Sepulcro.  I  en  prueva,  en  la  Ciudad  de  Padua,  en  un 
ángulo  exterior  del  Monasterio  de  Santa  Justina ,  se  encontra- 
ron los  Huessos  de  Tito  Livio,  con  su  Inscripción,  dentro  de  un 
Arca  de  plomo,  en  Tiempo  de  Andrés  Dándolo,  Gran  Dux  de 
Venecia,  por  los  años  1350.  Después  Don  Alonso  V.  Rei  de 
Aragón,  i  Conquistador  de  Ñapóles,  pidió  á  Padua  un  Brazo, 
para  memoria  de  tan  gran  Historiador  de  la  edad  de  Augusto, 
que  la  Ciudad  entregó  á  su  Legado  Antonio  Panormitano,  Poeta 
insigne.  (Thess.  Bollaiid.  in  Cletn.  X.  tom.  2.  Dissert.  49.  de 
Epikia,  seu  discretione,  pag.  521.)  Avia  sido  grande  la  inclina- 
ción de  este  Principe  á  la  Historia  de  Livio:  tanto  que  Lorenzo 
Vala,  no  la  dissimuló  al  dirigirle  la  Carta  que  empieza:  Cum 
Titum  Livium,  quotidie  Romanoruní  Historicorum  eloquentissi- 
rmim,  aut  audias,  aut  legas  &.  Plinio  el  Menor,  assegura,  que  un 
Español  de  Cádiz,  llevado  de  la  gran  fama  de  Livio,  se  encaminó 
á  Roina  por  solo  verle,  i  apenas  lo  consiguió,  se  bolvió  á  su  tier- 
ra: (Epistol.  lib.  2,  Epist.  3.)  lo  que  repitió  San  Gerónimo,  Epist. 
103.  á  Paulino.  San  Basilio  el  Grande,  San  Gregorio  Nazianceno, 
i  San  Agustín,  no  condenaron  la  inclinación  á  estas  antigüeda- 
des, antes,  la  dieron  por  mui  útil,  i  inocente.  I  en  efeto,  Jesu- 
Christo,  no  se  desdeñó  de  mirar  el  Denario  Romano,  en  que  esla- 
va la  Efigie  del  Cesar,  Idolatra:  ni  San  Pablo,  de  ver  las  E'síaíMas, 
i  Aras  Gentilicias  de  los  Athenienses,  para  demostrarles  su  enga- 
ño, que  llanamente  confessamos,  diciendo  con  el  Salmista:  Con- 
fundantur  omnes,  qui  adorant  Sculptilia;  &  qui  gloriantur  in  Si- 


í)2  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACaDE.VÍL\    DE    LA    HISTORIA. 

mulacris  suis.  De  mi  Librería,  Valencia -26  de  Abril  1766.  ídem 
qui  superius,  Aiigustinus  Salesius. 

Jhs.  Imprimatur:  Imprimase: 

Mayoral,  Vic.  Gen.  Caro.y> 

Tal  es  la  mejor  Monografía  del  Sr.  Sales ,  escritor  fecundísi- 
mo y  honra  de  su  patria  Yaljunquera  de  Aragón,  villa  poco 
distante  de  Alcañíz  en  la  provincia  de  Teruel.  Allí  nació  en  21 
de  Diciembre  de  1707.  Ocho  años  después  pasó  á  Valencia,  ea 
cuya  Universidad  perfeccionó  sus  estudios,  con  tanta  maestría, 
como  lo  dan  á  entender  los  trabajos  eruditos  que  publicó  en  1734-, 
y  singularmente  el  que  intituló:  Scekel  et  Middak  Israelis;  seu  de 
Veterum  Hebraeorwn  ponderihrts  et  mensuris,  cum  nostris  His- 
pajiicis  collatis  comparatisque.  Sacó  á  luz  en  174G  las  Memorias 
históricas  del  antiguo  santuario  del  Santo  Sepulcro  de  Valencia, 
donde  (1)  estampa  el  dibujo  de  una  inscripción  arábiga,  grabada 
en  el  frontispicio  de  aquel  Monumento  insigne.  Para  mejor  des- 
cifrarla se  puso  en  correspondencia  con  el  célebre  benedictino 
Montfaucon,  cuya  carta  escrita  desdé  Orleans  en  12  de  Julio 
de  1739,  y  la  que  obtuvo  del  P.  Alejandro  Brehón,  fechada  en 
San  Sebastián,  á  20  de  Agosto  de  1736,  diéroule  ocasión  ó  pre- 
texto de  imaginar  que  la  inscripción,  para  ellos  indescifrable^  se 
remontaba  á  la  época  de  Constantino. 

Lo  cual  aviso  con  el  objeto  de  asegurar  la  validez  de  su  testi- 
monio acerca  de  la  tabla  marmórea  (laterculum),  que  llama  iti- 
nerario, y  dice  haberse  mostrado  por  Junio  de  1727  en  la  puerta 
de  la  Xerca;  donde  asimismo  apareció  la  inscripción  (3732)  dedi- 
cada á  Tito  Vespasiano,  y  alusiva  al  culto  ferviente  y  pecu- 
liar ({ue  tributaba  el  Emperador  á  la  Paz  Augusta. 

En  25  de  Setiembre  de  1753  encontró  y  copió  el  Dr.  Sales  la 
preciosa  inscripción  miliaria  de  San  Vicente  de  Borriol,  ratifi- 
cándose de  nuevo  V  sin  vacilación,  tres  años  después,  en  el  nú- 
mero do  ciento  diez  y  mijeve  millas  que  la  piedra  marcaba,  segu- 


(IJ     l'áKia:.  I 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  63 

raméate  en  armonía  ó  de  acuerdo  con  la  distancia  contada  desde 
Tarragona.  Este  punto  es  capital,  ya  se  considere  como  atendible 
para  fijar  la  copia  del  epígrafe,  sacada  por  Laborde,  que  aceptó 
Hübner  (4949),  ya  para  restaurar  los  números  de  las  millas,  ó 
descabalados  ó  erróneos  en  los  miliarios  de  Gabanes  (4951),  Al- 
dea cerca  de  Tortosa  (4952),  Cambrils  (4954)  y  Vilaseca  (4953). 

Á  20  de  Mayo  de  1760  se  descubrió  en  el  moderno  cauce  del 
Turia  la  piedra  funeral,  que  tampoco  ha  sido  registrada  por 
Hübner.  Esta  piedra  era  quebrada.  El  Dr.  Sales  interpretó  mal 
la  inscripción,  no  advirtiendo  que  le  falta  el  nombre  del  dedi- 
cante. Suplo  y  traduzco : 


MARlTvMO 

LAE  •  VXORI 

mAKlTvMAe 

MATR! 


Á  3u  esposa  Maritúmola  y  á  su  madre  Marituma 


En  Baeza  (3311)  ocurre  otra  Marituma  y  en  Itálica  (1133,  5039) 
dos  Marítimas.  Reservado  estaba  á  Valencia  el  ofrecernos  un 
ejemplar  del  gracioso  diminutivo  Maritúmola. 

Finalmente,  el  miliario  Hadrianéo  se  descubrió  á  10  de  Abril 
de  1766,  cerca  de  Valencia,  en  la  heredad  de  D.  Salvador  Martin 
Lop  y  Borrull,  á  un  lado  del  camino  real,  que  guia  desde  la  ciu- 
dad del  Cid  hasta  Játiva.  Tiene  su  complemento  este  epígrafe  en 
otro  de  Agreda  (4892) ;  y  ojalá  no  sea  el  último  que  se  encuentre 
en  el  corto  trecho  de  la  vía  Augusta  que  iba  desde  Valencia  hasta 
el  remate  occidental  del  convento  jurídico  Tarraconense.  El  cual 
espiraba  en  Alcira  (Sucronem);  variándose  allí,  simétrica,  por  el 
lado  opuesto  la  numeración  de  los  miliarios,  que  venían  alinea- 
dos desde  Cartagena. 

El  Dr.  Sales  murió  en  Valencia  el  día  4  de  Enero  de  1774.  Han 
dado  noticia  de  sus  obras,  aunque  no   de   todas,  el  laborioso 


f»4  boletín  de  la  keal  acaeemia  de  la  historia. 

D.  Vicente  Ximeno  ( 1 )  y  el  no  menos  diligente  D.  Justo  Pastor 
Fuster  (2).  «Son  muchísimas,  dice  Fuster,  las  obras  que  este  in- 
cAnsable  escritor  tiene  trabajadas;  porque  solo  un  índice  de  letra 
suya,  que  he  visto,  ocupa  seis  hojas,  que  no  copio  por  no  ser  di- 
fuso.» No  le  agradecerán  por  de  contado  la  omisión  los  biblió- 
filos, ni  los  verdaderos  amigos  de  nuestra  Historia  y  Literatura. 
Lamenta  Hübner  (3730)  el  extravio  de  otra  Monografía  que 
cita  Sales  en  la  que  acabáis  deoir:  «.Turiae  marrnor  nuper  effos- 
9um,  sive  Dissertatio  critica  de  Valentino  sodalitio  vernarum  co- 
lentinm  Isidem;  Valentiae,  apud  Jos.  Thom.  Lucam;  1760.»  Es- 
pero que  no  podrá  ese  folleto,  por  más  que  se  esconda,  ocultarse 
á  la  sagacidad  é  inteligencia  del  Sr.  Settier,  quien  acaba  de  favo- 
recernos tan  oportuna  como  útilmente  con  el  ejemplar  del  relati- 
vo á  la  coluna  Hadrianéa,  sacándolo  del  polvo  del  olvido. 

Madrid  3  de  Julio  de  1883, 

Fidel  Fita. 


(1)  Escritores  del  Reyno  de  Valencta;  t.  i:,  pág.  ;}04  y  305;  "Valencia,  l'J'iS. 

(2)  Biblioteca  valenciana  con  adiciones  y  enmiendas  a  ia  de  Z>.  Vicente  limeño:  t.  lu 
pip.  72  y  :.3;  Valencia,  1830. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  III.  Agosto,  1883.  cuaderno  li. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA, 


NOTICIAS. 

Nuestro  sabio  socio  correspondiente  D.  Pablo  Ewaid,  en  unión 
con  D.  Gustavo  Loewe,  ha  publicado  en  Heidelberg  la  preciosa 
monografía  en  folio  «  Exempla  scripturce  visigoticx  xl  tábulis  ex- 
pressa^n  la  cual  ofrece  cuarenta  láminas  fotográficas  sacadas  de 
nuestros  mejores  códices,  y  dispuestas  por  orden  cronológico  para 
dar  idea  exacta  de  la  variación  sucesiva  que  tuvo  nuestra  paleo- 
grafía latina  desde  el  siglo  vi  hasta  el  año  1171.  Entre  estos  ejem- 
plares figura  la  noticia  délas  sedes  episcopales  de  España,  tomada 
de  un  códice  escurialense  del  siglo  viii,  y  la  vida  de  San  Ildefonso, 
arzobispo  de  Toledo,  conservada  por  otro  códice  de  nuestra  Aca- 
demia, procedente  del  Monasterio  de  San  Millán.  También  es  por 
todo  extremo  notable  la  lámina  musical  que  lleva  el  núm.  xxx  y 
procede  del  Breviario  gótico  toledano  que  se  conserva  en  la  Bi- 
blioteca Nacional,  y  fué  escrito  en  el  año  1006;  y  no  lo  es  menos 
el  ejemplar  de  la  versión  árabe  de  la  colección  de  cánones  de  la 
Iglesia  española,  que  fué  copiada  en  el  año  1049,  y  enriquece  la 
Biblioteca  del  Escorial.  Para  dar  á  luz  una  obra  de  tanto  valor  á 
,  precio  baratísimo,  los  Sres.  Ewald  y  Loewe  han  obtenido  sub- 
vención del  Gobierno  de  Prusia.  Las  fotografías  han  sido  confia- 
das al  distinguido  artista  Sr.  Selfa,  ya  conocido  en  el  mundo  li- 

•TOMO  III.  5 


66  boletín  de  la  real  academia  de  la  historlv. 

terario  por  las  que  sacó  del  Lapidario  de  D.  Alfonso  X ,  y  de  las 
obras  autógrafas  de  Santa  Teresa. 

Los  editores  reconocen,  como  es  justo ,  el  generoso  apoyo  que 
les  han  prestado  los  jefes  y  principales  empleados  de  los  archivos 
V  bibliotecas  de  donde  han  reunido  la  colección  de  los  cuarenta 
ejemplares;  como  son  el  difunto  D.  Cayetano  Rosell,  D.  Octavio 
Toledo,  D.  Antonio  Paz  y  Mella,  D.  Manuel  R.  Zarco  del  Valle, 
D.  Manuel  de  Goicoechea,  D.  Félix  Rozanski  y  D.  Francisco  Bux 
y  Loras.  También  hacen  singular  elogio  del  profesor  de  la  Escuela 
de  Diplomática  D.  Eduardo  de  Hinojosa  y  del  fotógrafo  toledano 
D.  Casiano  Alguacil.  Finalmente  mencionan  la  Paleografía  visi- 
goda de  D.  Jesús  Muñoz  y  Rivero,  comprensiva  de  los  siglos  v  al  xii. 

La  colección  fotográfica  va  precedida  de  una  introducción  donde , 
además  del  texto  de  cada  lámina,  cuidadosamente  expuesto  y  ano- 
tado, se  da  por  los  editores  un  trasunto  crítico  del  códice  respec- 
tivo que  ha  servido  de  original. 

Trabajos  de  esta  índole  se  recomiendan  por  su  importancia  ma- 
nifiesta; y  es  de  creer  que  después  de  tan  feliz  comienzo,  no  tar- 
dará en  llegar  el  turno  á  los  códices  tan  ricos  y  variados  de  nues- 
tras primeras  catedrales  de  la  Reconquista,  como  las  de  Lugo, 
Astorga,  Oviedo,  León,  Pamplona,  Gerona,  Yich,  Urgel,  Barce- 
lona, etc. 

La  Revue  des  Études  juives,  en  su  último  número  (Abril-Junio 
1883),  página  278,  ha  publicado  un  excelente  artículo  de  nuestro 
socio  correspondiente  en  Paris,  Mr.  Isidore  Loeb,  quien  ha  fijado 
definitivamente  la  forma  y  color  de  las  famosas  ruedas  ó  marcas 
que  estaban  obligados  los  hebreos  de  la  Edad  Media  á  llevar, 
como  insignia  distintiva  de  su  religión  y  prosapia.  Tomándola 
de  un  códice  de  Manresa,  escrito  en  1347,  este  artículo  estampa 
la  figura  ó  retrato  del  judío  manresano  Rovén  Salamó,  del  cual 
hace  mención  el  códice;  y  asimismo  lá  figura  de  otro  hebreo  que 
se  halla  en  el  Livrc  vcrt  del  municipio  de  Barcelona,  comenzado 
á  escribir  en  1335.  Mr.  Loeb  elogia  dignamente  á  nuestros  socios 
correspondientes  D.  José  Puggarí  y  D.  Andrés  Balaguer  Merino, 
que  han  contribuido  á  facilitarle  dibujos  y  noticias  de  tanto  precio. 


INFORMES. 


MONEDAS  INÉDITAS  DE  TIPO  IBÉRICO. 


No  se  os  oculta,  Señores,  el  interés  científico  que  encierra  la 
■publicación  de  cuantas  especies  inéditas  se  vayan  descubriendo  de 
monedas  autónomas  con  tipo  ibérico.  Nuevo  campo  abren  á  estu- 
dios filológicos,  étnicos  y  geográficos;  sirven  con  su  copioso  nú- 
mero, jamás  agotado,  para  concertar,  sin  soluciones  de  continui- 
dad, en  rigorosa  escala  cronológica,  los  ya  conocidos;  identifican 
las  más  de  las  veces  con  la  repetición  de  los  hallazgos,  nuestros 
antiguos  despoblados,  cuyos  despojos  yacen  sin  nombre;  y  de- 
rraman en  fin  copiosa  luz  sobre  los  arcanos  de  nuestra  Historia 
antigua.  Las  monedas  ibéricas  constituirán  siempre  un  raudal  se- 
guro y  purísimo,  de  fuentes  no  adulteradas  por  copistas,  que  no 
entienden  lo  que  transcriben,  ó  por  geógrafos  é  historiadores  mal 
informados:  sus  caracteres  gráficos  no  serán  nunca  desatendidos 
,por  quien  ambicione  el  lauro  de  hallar  ó  difundir  lo  que  hay  de 
cierto  sobre  las  variedades  de  escritura  y  de  lenguaje  que  usaron 
nuestros  mayores.  No  es  tiempo  aún  de  labrar,  sino  de  allegar 
materiales. 

Concretando  mi  estudio  á  las  leyendas  numismáticas  de  la  Es- 
paña Citerior,  no  acierto  á  decir  si  unas  mismas  letras  tuvieron 
igual  valor  fonético  en  los  distintos  períodos  históricos  en  que  las 
vemos  usadas,  y  hasta  me  asalta  la  sospecha  de  que  no  guardan 
identidad  de  lenguaje  entre  las  apartadas  regiones  del  Este  y  del 


(j8  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

centro  de  Iberia.  La  unidad  política  no  mancomunaba  tan  múlti- 
ple enjambre  de  tribus,  y  la  de  la  sangre  mucho  menos:  nómadas 
unos,  como  los  Berybraces  que  describe  Avieno,  sedentarios  otros 
como  los  Vacceos,  solían  vivir  aislados  casi  todos,  encastillándose 
en  sus  breñas,  tan  ásperas  como  su  trato,  y  ajenos  de  consiguiente 
á  la  civilizadora  influencia  de  fenicios,  cartagineses  y  griegos  que 
modiücaran  sus  hábitos,  sus  costumbres,  y  pulieran  sus  briosos 
idiomas,  oscuros  por  una  parte  como  el  céltico,  y  por  otra  como 
el  vascuence  muy  claros. 

Pero  los  fundamentos  en  que  pudiera  hacer  estribar  mis  pre- 
sunciones no  son  de  este  lugar:  voy  á  cumplir  la  obligación  que 
contraje  con  esta  Real  Academia  y  que  os  dignasteis  aceptar,  li- 
mitándome hoy  á  presentaros  las  variedades  de  monedas  ibéricas 
que  he  logrado  reunir  de  algunos  años  acá  en  mis  viajes  de  ex- 
ploración y  que  no  veo  grabadas  en  la  obra  de  Medallas  autóno- 
mas de  mi  eminente  maestro  D.  Antonio  Delgado,  de  grata  memo- 
i'ia,  ni  tampoco  en  las  láminas  del  Estudio  histórico  de  la  moneda 
antigua  española  de  mi  querido  amigo  el  concienzudo  numismá- 
tico Sr.  Zobcl  de  Zangroniz.  Estos  dos  libros  serán  el  punto  de 
partida  de  mi  trabajo. 

lie  aquí  las  monedas: 

LÁMINA     1.» 

Guissona,  Delgado  (lám.  145) .  — lessonenses,  Zobel 
(pág.  39,  tom.  ii). 

1.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  con  torques  en  el  cuello,  mi- 
rando hacia  la  derecha;  detrás  espiga  ó  palma. 
Rev.  Jinete  en  el  aire,  con  palma  al  hombro,  corriendo  á  la 
derecha;  debajo  f*}^lA\r\- 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 

Curiosa  es  esta* variedad  por  la  disposición  en  forma  de  arca 
de  su  leyenda,  sin  línea  sobre  la  que  descanse,  careciendo 
al  propio  tiempo  su  anverso  de  indicaciones  omonóicas. 


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MONEDAS   INÉDITAS    DE   TIPO    IBÉRICO.  69 

Ildera,    Delgado  (h'im.  148) .  —  Ilduroneuses,   Zol)cl 
(pág.  55,  tom.  ii). 

Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  con  torques  en  el  cuello  mi- 

raiido  hacia  la  derecha. 
Rev.  Caballo  suelto  galopando  á  la  derecha  sobre  una  linea; 

encima  de  ella  r^hA^H. 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 


La  bella  fábrica  helénica  y  el  gran  diií  metro  de  este  semis, 
son  los  que  nos  han  aconsejado  publicarlo. 


Masenesa,  Delgado  (lám.  155).— Masonenses,  Zobel 
(pág.  39,  tom.  II ). 

:3.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 
detrás  símbolo  de  dudosa  clasificación;  á  nosotros  nos 
parece  un  strigUiim. 
Rev.  Jinete  con  palma  al  hombro  corriendo  hacia  la  dere- 
cha y  apoyado  sobre  una  línea;   debajo  de  ella 

D.  Mariano  la  Hoz,  Calatayud. 

Gomo  quiera  que  nuestra  misión  en  este  trabajo  se  con- 
trae simplemente  á  dar  á  conocer  variedades  de  monedas, 
nos  abstenemos  de  discurrir  acerca  la  región  donde  existió 
la  Masenesa  de  Delgado,  ó  sea,  los  Masonenses  de  Zobel; 
guardando  en  este  punto  igual  silencio  que  el  que  man- 
tendremos al  describir  las  monedas  de  Segisa.  Más  adelante, 
nos  cabrá  la  honra  de  ofrecer  á  la  consideración  de  la  Aca- 
demia las  apuntaciones  que  tenemos  hechas  acerca  del 
.particular,  no  aceptando  los  pareceres  de  los  Sres.  Delgado 
y  Zobel, . 


70  boletín   de   la   real   ACADENHA   de   la   HlSTOrJA. 

oíais,  Delgado  (lám.  155).  — Galsesenses,  Zobel  (pá- 
gina 83,  tom.  ii). 

4.      Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  con  torques  en  el  cuello,  mi- 
rando á  la  derecha;  delante  aspergilo,  detrás  ^. 
Rev.  Jinete  en  el  aire  y  lanza  en  ristre  corriendo  hacia  la 
derecha;  debajo  y  en  dos  líneas  ^h^l^ — f^XT. 

Gato  de  Lema,  Madrid. 

En  monedas  de  esta  leyenda  no  era  conocido  el  símbolo 
que  campea  en  el  anverso  de  este  precioso  ejemplar. 


Iloqith,  Delgado   (lám.   153).  —  Ildugoitanos,   Zobel, 
(pág.  45,  tom.  II ). 

5.      Aiiv.  Basto  varonil  imberbe,  con  peinado  do  bucles  y  tor- 
ques en  el  cuello;  mirando  hacia  la  derecha  y  ro- 
deada de  tres  delfines. 
Rev.  Caballo  corriendo  sobre  una  línea  y  con  brida  volante; 
encima  medialuna;  debajo  f^A  AXr^0- 

DoMiNfrO  Bazáx,  Barcelona. 

Delgado  no  conoció  el  semis  de  las  monedas  en  que  lee 
ILOQVITh ,  publicado  solamente  el  as ,  y  copiándolo 
de  un  ejemplar  con  reverso  tan  borroso,  que  nos  obligará 
más  adelante  á  grabar  el  que  figura  en  nuestro  monetario, 
el  cual  es  excelente  muestra  de  dibujo  helénico,  coetánea 
de  las  más  bellas  acufiaciones  ilerdenses.  El  semis  inédita 
(jue  acabamos  de  describir,  puede  relacionarse  con  otro  no 
menos  curioso  que  dio  á  conocer  nuestro  amigo  Sr.  Zobel 
(lám.  iii-l?,  lom.  II.) 

Saetabi,  Delgado  (lám.   162).  — Saetabitanos,   Zobel 
(pág.  55,  tom.  II ). 


MONEDAS   INÉDITAS   DE   TIPO   inÉRICO.  71 

6.  Anv.  Pectén  presentado  por  su  cara  convexa. 

Rev.  Delfín;  encima  media  luna  con  un  punto  en  su  centro; 
debajo  y  sobre  una  linea  M^r^H'. 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

Inédita  por  completo  es  esta  interesante  moneda:  en  ella 
se  nos  presenta  el  pectén  y  delfín  saguntinos,  combinados 
con  la  leyenda  ibérica  de  Játiva. 

Ildera,  Delgado  (lám.   148) .  —  Ilduronenses,   Zobel 
(pág.  55,  tom.  II ). 

7.  Ativ.  Cabeza   varonil  imberbe  á  la  derecha;   detríís  de 

ella  •  •  • 
Rev.  Caballo  suelto;  encima  y  escrita  de  dentro  á  fuera  la 
leyenda  I^AA- 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 

.  Aumenta  este  quadrante  en  una  variedad  los  heterogéneos 
tipos  que  presentan  las  monedas  de  Ildera,  ofreciendo  el  que 
acabamos  de  describir,  por  la  situación  y  desusadp  trazado  de 
su  leyenda,  alguna  semejanza  con  los  pequeños  bronces  con 
epígrafe  I^'l^rAAA- 

Segea,  Delgado  (lám.   167).— Segienses,  Zobel  (pá- 
gina 61,  tom.  II ). 

8.  Ánv.  Cabeza  varonil  imberbe;  detrás  delfín. 

Rev.  Caballo  suelto,  corriendo  hacia  la  derecha  sobre  una  lí- 
nea; encima  media  luna;  debajo  h}^'XP''. 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

9.  Anv.  Cabeza  barbuda  con  íorgues  en  el  cuello,  mirando  hacia 

la  derecha;  detrás  Hl*** 
Rev.  Como  el  de  la  moneda  anterior. 

Constantino  Bazán,  Barcelona. 


72  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Inéditos  eran  los  divisores  de  los  ases  cou  leyenda  ^^h^ 
y  Zobel,  tom.  ii,  lám.  v,  nüm.  3  y  4  fué  el  primero  que  los 
publicó  grabando  un  semis  y  un  triens,  siendo  común  el  pri- 
mero y  tomando  el  segundo  de  la  colección  Rais,  de  Zara- 
goza, en  cuya  capital  existe  otro  ejemplar  que  pertenece  al 
Sr.  Gil.  Con  dos  divisores  más  aumentamos  la  serie,  siendo 
semises  lo  que  acabamos  de  describir,  variante  el  de  nues- 
tro núm.  8.°  por  el  delfín  de  su  anverso  y  constituyendo 
el  9.°  una  importante  especie,  ya  que  en  la  moneda  aparece 
la  leyenda  Hr*  propia  de  los  ases  y  denaríos. 

40  y  11.  As  bilingüe  de  Saetahis  y  mediano  bronce  de  Julia 
Traducía  contrasellados  con  el  monograma  S^E  de  la 
primera  de  dichas  poblaciones. 

Museo  Arqueológico  Nacional. 

No  me  ha  parecido  inoportuno  dar  d  conocer  desde  luego 
estas  dos  monedas  de  necesidad.  Sus  resellos  acusan  al- 
guna perturbación  económica  que  obligase  á  estampar  en 
ellas  la  marca  setabense,  á  fin  de  asegurar  áu  circulación, 
dándolps  valor  legal. 

No  es  este  un  caso  nuevo  en  la  numismática  autónoma 
española.  Ya  lo  demostré  en  la  obra  del  Sr.  Delgado,  expo- 
niendo la  contramarca  DD  (decreto  decurionum)  de  los  me- 
dianos bronces  latinos  emporitanos.  En  dicha  obra  de  Me- 
dallas autónomas  aparece  un  Segobriga  con  el  sello  SE.  y 
un  as  de  Ileresi  marcado  con  una  H;  y  no  es  menos  no- 
table el  resello  de  Gili  puesto  en  un  as  de  Bilbilis  que  pu- 
bliqué en  la  Revista  de  Ciencias  Históricas,  tom.  iii,  pág.  1 69. 

LÁMIXA     2.». 

Segisa-Sethisa,  Delgado  (lám.  168).— Sethianos,  Zo- 
bel tpág.  101 ,  tom.  II ). 

i 2.    Ánv.  Gai)cza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha;  do- 
lante, lobo  I?)  corriendo. 


MONEDAS    INÉDITAS    DE    TIPO    IBÉRICO.  73 

Rev.  Jinete  con  enseña  militar  al  hombro,  galopando  ha- 
cia la  derecha;  un  ave  posada  sobre  las  manos 
del  caballo,  que  asienta  sus  pies,  sobre  la  línea 
superior  del  marco,  dentro  del  cual  campea  la  le- 
yenda /^lüfir^i^. 

La  Hoz,  Calatayud. 

Entre  los  ases  y  semises  que  llevan  la  leyenda  transcrita 
anteriormente,  conocida  era  la  emisión  que  se  diferencia 
de  sus  congéneres,  por  el  cuadrúpedo  que  se  distingue  en 
el  anverso  y  el  ave  que  en  el  reverso  dé  los  ases  remata  la 
enseña  militar  que  al  hombro  lleva  el  jinete.  El  sitio  en 
que  figura  el  ave  en  las  monedas,  aconsejó  á  los  autores  que 
me  han  precedido,  á  clasificarla  de  águila  legionaria;  así 
como  el  Sr.  Delgado  llama  león,  y  leona  el  Sr.  Zobel,  al  cua- 
drúpedo de  que  acabamos  de  hacer  mención.  En  el  rarísimo 
ejemplar  que  publicamos,  los  dos  indicados  símbolos  no  apa- 
recen en  su  sitio  normal;  el  ave  no  es  complemento  de  la  en- 
seña militar,  ya  que  está  sobre  las  manos  del  caballo,  y  en 
cuanto  al  cuadrúpedo  que  vemos  campear  delante  de  la  efi- 
gie del  anverso,  por  su  cabeza  prolongada  y  puntiagudo  ho- 
cico, más  que  leona  debe  parecemos  lobo. 

13.    Anv.  Cabeza  varonil,  imberbe,  con  cabello  crespo  entre  dos 
delfines  y  mirando  hacia  la  derecha. 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  apoyado  sobre  una  línea  corta; 
debajo  y  en  arco,  la  leyenda  MI^Rr^T^* 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

La  fábrica  tosca  de  esta  moneda,  nos  ha  aconsejado  repro- 
-ducirla,  para  auxiliar  los  estudios  comparativos  con  las 
acuñaciones  de  otros  pueblos. 

44.    Anv.  Cabeza  varonil  imberbe;  delante  M- 

Rev.     Caballo  suelto,  en  el  aire,  y  con  brida  volante;  debajo 

y  en  arco  MlS^ñ^^F^. 

Domingo  Bazán,  Barcelona. 


74  boletín  de  la  real  academla  de  la  historia. 

Este  hermoso  semis  que  se  encuentra  á  llor  de  cuño,  justi- 
fica el  as  núm.  9  publicado  por  Delgado,  del  cual  es  divisor, 
y  cuya  moneda  debió  considerar  el  Sr.  Zobei  que  había  sido 
copiada  de  un  ejemplar  incompleto,  cuando  no  la  incluye 
en  su  concienzudo  cuadro  de  la  pág.  291,  tom.  ii  de  su  obra. 

15.  Anv.  Cabeza  varonil  mirando  hacia  la  derecha. 

Rev.  Caballo  suelto,  con  brida  volante,  corriendo  á  la  dere- 
cha sobre  una  línea;  debajo  ÍA^  encima  •••• 
Domingo  Bazán,  Barcelona. 

Titia,   Delgado    (lám.    179).  —  Titios,   Zobcl   (pág.   79, 
tom.  ii). 

16,  Anv.   Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha: 

detrás  y  escrita  de  fuera  adentro,  la  letra  "+*. 
Rev.  Parte  anterior  de  un  Pegaso;  debajo  •••• 

La  Hoz,  Calatayud. 

En  una  excursión  por  la  comarca  bilbilitana,  pudimos 
estudiar  con  todo  detenimiento  la  estimable  colección  nu- 
mismática, extraordinaria  en  especies  de  Bilbilis,  que  posee 
Uuistro  buen  amigo  D.  Mariano  La  Hoz.  En  ella  vimos  el 
ejemplar  que  acabamos  de  describir,  único  en  nuestra  noti- 
cia y  cuyo  anepígrafo  reverso,  haría  difícil  su  clasilicación 
á  pueblo  determinado,  á  no  contar  con  la  letra  (jue  rotula  el 
anverso,  y  que  nos  lleva  á  considerar  tan  precioso  qua- 
drantc  como  divisor  de  los  ases  con  leyenda  TH^^X/^. 
La  clasiílcaci(')n  nos  parece  indicada,  desde  el  momento  que 
lio  sólo  en  las  monedas  de  dicha  leyenda  aparece  la  4^  en 
los  anve.'sos,  sino  (juc,  aun  cuando  así  no  aconteciera,  es 
bien  sabido  que  buen  número  de  acuñaciones  ibéricas,  figu- 
ran cu  sus  anversos  la  letra  inicial  de  su  epígrafe  étnico, 
como  se  observa  por  ejemplo  en  las  leyendas  que  el  Sr.  Del- 
gado interpreta  Orsao,  Oláis,  Nertóbriga,  Gonlrebia,  Vire- 
bia,  Oligam,  Segobriga,  etc.,  etc.  . 


MONEDAS    INÉDITAS    DE    TIPO    IBÉRICO.  75 

Setisacum,  Delgado  (l;ím.  171)  .—Sethit anos,  Zobel 
(pág.  45,  tom.  II ). 

17.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  á  la  derecha. 

Rev.  Caballo  suelto  corriendo  sobre  una  línea;  encima  tres 

glóbulos;  debajo  ^1^0l^t*<^- 

Gato  de  Lema,  Madrid. 

El  Sr.  Zobel  conoció  esta  moneda  pues  dice  de  ella:  «De 
estequadrante  publicó  Heiss  en  su  lám.  12,5,  sólo  el  reverso, 
porque  el  modelo  que  estaba  en  su  propia  colección,  carecía 
de  auverso.  El  Sr.  Gato  de  Lema,  vecino  de  Madrid,  posee  en 
su  monetario  otro  ejemplar  á  flor  de  cuño,  que  senl  publi- 
cado en  nuestras  láminas.  (Estudio  histórico,  tom.  ii,  página 
247-275).  Interrumpida  la  continuación  déla  obra  del  se- 
ñor Zobel,  damos  á  conocer  la  moneda,  advirtiendo,  que  ade- 
más del  hermoso  ejemplar  del  Sr.  Gato  de  Lema  que  figura 
en  nuestra  lámina,  conocemos  otro  en  la  colección  zarago- 
zana de  D.  Pablo  Gil. 

18.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha. 
Rev.  Caballo  suelto  corriendo  á  la  derecha  sobre  una  línea; 

encima  •••;  debajo  ^l^0r^^<--- 

D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

El  quadrante  de  Sethísacmn,  no  figura  en  las  láminas  de 
la  obra  Delgado,  pues  sin  duda  no  creyó  conveniente  repro- 
ducir el  ejemplar  incompleto  grabado  por  Heiss,  cuya  moneda 
había  perdido  el  anverso.  (Heiss  mon.  auton. ,\íim.  12-5).  Zo- 
■  bel,  ofrece  corregir  esta  laguna  y  tomándolo  de  la  colección 
Gato  de  Lema,  cita  (pág.  244,  núm.  275,  tom.  ii  de  su  Es- 
tudio) un  quadrante  completo  de  Sethisacum,  con  cabeza 
imberbe  y  rodeada  de  tres  delfines.  (Ibid.  pág.  447.) — Po- 
demos, pues,  ofrecer  al  estudio  de  la  Academia,  una  varie- 
dad inédita  de  la  dicha  especie,  cuyo  anverso  carece  de 
delfines. 


7G  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

19.  Anv.  Cabeza  varonil  é  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  media  luna. 
Rev.  Jinete  corriendo  á  la  derecha  y  en  el  aire;  con  enseña 
mihtar  ?  al  hombro;  debajo  frl^OTfr<r'- 
D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

Gomo  esta  hermosa  moneda  está  perfectamente  conservada, 
se  observa  en  ella  á  la  par  que  la  carencia  de  línea  sobre  que 
se  apoye  el  caballo,  la  forma  de  la  llamada  enseña  militar, 
que  soliendo  ser  un  tridente  en  ases  de  este  género,  en  el 
ejemplar  que  describimos,  dudo  mucho  que  pueda  verse  en 
ella  un  emblema  marcial.  Simplemente  es  un  caduceo  lo 
que  lleva  el  jinete. 

Orsao,  Delgado  (lám.  156) .  — Bursavonenses,  Zobel 
(pág.  79,  tom.  ii). 

20.  Anv.  Cabeza  barbuda  mirando  á  la  derecha;  detrás  D- 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  en  el  aire  hacia  la  de- 
recha; debajo  y  sobre  una  línea  n^'t^'^* 

D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

No  puede  justificarse  si  existió  el  delfín  delante  de  la  ca- 
ra del  anverso .  La  efigie  se  nos  presenta  con  barbas  y  di- 
bujo bárbaro  y  el  jinete  sin  línea,  constituyendo  una  varie- 
dad apreciable  en  las  monedas  que  el  Sr.  Delgado  llama  de 
Orsao. 

21.  A)iv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  D- 
Rev.  Caballo  suelto  con  brida  volante,  corriendo  sobre  una 

línea  Hacia  la  derecha;  encima  de  ella  DO^^"^- 
D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

Delgado  no  conoció  este  semis  que  no  ha  sido  grabado 
aiíii.  Además  del  que  describimos,  conocemos  dosejempla- 


MONEDAS    INÉDITAS    DE   TIPO    IBÉRICO.  77 

* 

res  más  en  las  colecciones  de  los  Sres.  Sisear  de  Barcelona 
y  Gato  de  Lema  en  Madrid.  Zobel  cita  otro  desconocido  para 
nosotros,  que  se  encuentra  en  el  monetario  del  Sr.  Marques 
de  Molins,  que  en  breve  podremos  estudiar,  merced  ú  la  ga- 
lantería de  su  ilustre  propietario. 

22.    Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha;  de- 
lante, delfín;  detrás  □• 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  hacia  la  derecha  sobre 

una  línea;  detrás  media  luna;  debajo  OO^^^* 
Museo  Arqueológico,  Madrid. 

Delgado  no  conoció,  entre  los  ases  en  que  lee  Orsao,  la 
variante  con  la  media  luna  en  el  reverso,  la  cual  cita  Zobel 
en  la  especie  nüm.  498,  pág.  277,  del  tomo  ii  de  su  Estudio, 
tomándolo  de  una  moneda  con  la  cabeza  barbuda,  que  en- 
contró en  el  monetario  de  esta  Academia;  mas  no  publicó  el 
ejemplar  que  apunto,  y  que  posee  el  Museo  arqueológico 
nacional. 

Madrid,  3  de  Julio,  1883. 

Celestino  Pujol  y  Camps. 


II. 


HISTORIA  DE  VALLADOLID,  POR  D.  JUAN  ORTEGA. 

El  que  suscribe,  designado  por  acuerdo  de  la  Academia  para 
informar  sobre  el  libro  titulado  Historia  de  Valladolid,  por  don 
Juan  Ortega  y  Rubio,  obra  remitida  á  este  cuerpo  literario  por  el 
Excmo.  señor  ministro  de  Ultramar  á  los  efectos  de  la  Real  or- 
den de  19  de  Abril  de  1881,  habiendo  leido  con  atención  el  texto 


78  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

<lc  la  historia  expresada,  expone  su  dictamen  en  los  términos  si- 
j.'^uientes. 

Defecto  es  que  deslustra  los  merecimientos  granjeados  por  no 
l)0C0s  historiadores  el  frecuente  prurito  de  anteponerlas  glorias  y 
excelencias  peculiares,  ora  del  suelo  natal,  ora  de  aquel  que  apa- 
rece como  teatro  de  los  sucesos  que  refieren  á  las  más  calificadas 
de  otras  comarcas  ilustres;  inconveniente  de  importancia  para  la 
averiguación  de  la  verdad,  si  no  hallase  remedio  en  el  concurso 
apetecible  de  escritores  de  diferentes  lugares,  cuyas  relaciones, 
atentas  á  encarecer  y  recordar  hechos  olvidados  fuera  desús  res- 
pectivas patrias,  muestran  el  interés  de  recíprocos  correctivos,  al 
propio  tiempo  que  acaudalan  la  masa  general  de  acontecimientos 
narrados,  que  influyen  en  el  carácter  de  la  historia  general  de  los 
pueblos.  Con  razón  dirigen  sus  aficiones  varones  muy  doctos  de 
nuestra  edad  al  cultivo  de  la  monografía  histórica,  en  cuyo  campo 
han  granjeado  laureles  inmarcesibles  algunos  de  nuestros  antece- 
sores en  esta  Academia.  Extreman  su  fuerza  tales  consideraciones, 
si  la  monografía  se  aplica  á  una  localidad  tan  interesante  como 
Valladolid,  preferida  para  corte  por  muchos  antiguos  monarcas 
de  Castilla  y  por  algunos  de  la  casa  de  Austria;  cuna  y  morada 
de  varones  sobremanera  ilustres  en  la  época  en  que  España  los 
tuvo  muy  señalados,  y  teatro  de  acontecimientos  memorables  en 
las  edades  Media  y  Moderna.  Pues  con  todo  esto,  es  notorio  que 
el  olvido  lamentado  en  este  punto  un  siglo  há,  por  el  benemérito 
académico  don  Rafael  de  Floranes,  ha  tardado  mucho  tiempo  en 
subsanarse,  ofreciéndose  manifiesto  y  muy  de  resalto  hasta  nues- 
tros días.  Cierto  es  que  el  interés  del  asunto  ha  puesto  deseos  en 
más  de  un  curioso  para  llenar  este  vacío,  y  que  los  que  lo  son 
pueden  encontrar  en  nuestras  bibliotecas  documentos  y  antece- 
dentes estimables,  ya  en  la  Historia  ilustrada  de  Valladolid,  es- 
crita por  Martín  Anlolinez  de  Burgos,  continuada  por  don  Gaspar 
Uriarte  y  conservada  manuscrita  en  las  bibliotecas  de  Osuna  y 
de  la  Real  Academia,  ya  en  los  seis  volúmenes  consagrados  á  la 
historia  de  Valladolid  por  don  Manuel  Conesi,  escritor  del  pasado 
siglo,  y  cuya  obra,  probablemente  autógrafa,  disfrutó  Floranes, 
así  en  los  tratados  impresos  y  manuscritos  de  este  académico  in- 
signe, como  en  his  historias  manuscritas  de  los  monasterios  de 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  79 

San  Francisco  y  Real  de  San  Benito  de  Valladolid,  sin  contar  las 
noticias  que  avaloran  algunas  obras  impresas,  como  la.?,  Excelen- 
cias de  la  ciudad  de  Valladolid,  por  Antonio  Daca  (Valladolid, 
1617),  la  Relación  de  lo  sucedido  en  Valladolid,  desde  el  punto  del 
nacimiento  del  principe  Don  Felipe,  por  Domingo  Víctor  (1G07), 
libro  que  Pellicer  atribuye  sin  suficiente  fandamenio  á  Cervan- 
tes; la  parte  relativa  á  Valladolid  en  el  tomo  i  del  Teatro  de  las 
iglesias  de  España,  por  Gil  González  Dávila;  el  Viaje  de  España, 
por  don  Antonio  Ponz;  las  Memorias  políticas  y  económicas  de 
Larruga,  Madrid,  1792  y  1793;  los  Recuerdos  de  España,  por  Cua- 
drado; el  Compendio  Jiistórico  y  descriptivo,  de  Valladolid,  im- 
preso en  1849;  la  Historia  de  la  M.  N.  ij  M.  L.  ciudad  de  Valla- 
dolid, por  don  Matías  Sangrador  y  Vítores,  y  hasta  en  el  Manual 
histórico  y  descriptivo  de  la  misma  ciudad,  impreso  por  los  seño- 
res Rodríguez.  La  falta  de  una  buena  historia  de  Valladolid  se 
dejaba  sentir,  sin  embargo,  antes  de  que  con  buen  acuerdo  y  re- 
sultado muy  apreciable,  se  consagrara  á  escribirla  don  Juan 
Ortega  y  Rubio.  No  es  el  nombre  de  este  escritor  desconocido 
para  la  Academia,  ni  peregrino  en  la  república  literaria.  Anti- 
guo correspondiente  de  este  cuerpo  literario,  catedrático  de  His- 
toria por  oposición  en  la  Universidad  de  Valladolid  y  autor 
de  obras  históricas  muy  reputadas,  ha  sido  laureado  varias  ve- 
ces en  concursos  literarios  y  científicos  por  trabajos  históricos  de 
Valladolid  y  su  provincia.  Recientemente  ha  consagrado  su  ac- 
tividad á  allegar  datos  y  noticias  sobre  escritores  vallisoletanos 
ilustres,  luciendo  sus  condiciones  de  escritor  galano  en  una 
concienzuda  biografía  que  acaba  de  ver  la  luz,  acerca  del  in- 
signe jurisconsulto  don  Manuel  Silvela  y  Aragón,  abuelo  de  los 
distinguidos  hombres  de  Estado  que  llevan  este  apellido,  y  el 
cual,  á  principios  de  este  siglo,  acertó  á  ilustrar  con  su  ingenio  y 
sus  fructuosos  estudios,  hechos  en  la  Universidad  vallisoletana, 
el  foro,  el  Parnaso  y  la  cátedra. 

No  es  en  verdad  el  trabajo  histórico  que  examinamos  indigno 
de  la  reputación  del  autor,  ni  del  asunto  importante  en  que  ha 
empleado  sus  fuerzas,  según  demostrará  un  breve  análisis  del 
libro. 

Después  de  algunas  páginas  consagradas  á  las  antigüedades  ro- 


80  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

manas  de  Valladolid,  reducida?  hasta  lo  presente  á  cierto  número 
de  sepulcros  descubiertos  en  el  siglo  pasado,  tanto  al  construir  el 
nuevo  claustro  de  la  Universidad  literaria  como  al  ahondar  unas 
lioyas  para  la  formación  de  un  laberinto  en  el  paseo  del  Campo 
(jrande;  á  cierta  arqueta  con  monedas  de  los  emperadores  romanos 
ijue  se  hallaron  bajo  tierra  en  la  calle  de  la  Parra;  á  una  urna 
con  inscripción  latina  que  apareció  al  cavar  en  un  cimiento  de  la 
iglesia  de  San  Esteban,  y,  en  fin,  á  dos  restos  de  edificios  anti- 
guos descubiertos,  uno  al  derribar  el  trozo  de  muralla  inmediata 
á  la  puerta  del  Campo,  hoy  calle  de  Doña  María  de  Molina,  y  otro 
al  abrir  los  cimientos  de  la  catedral,  se  discuten  los  orígenes  de 
la  población  antigua  asentada  en  las  inmediaciones  de  la  moderna 
'Mudad,  con  grande  copia  de  estudios  y  autoridades,  atentas  las 
luces  que  han  arrojado  sobre  materia  tan  difícil  las  concienzudas 
investigaciones  de  Hernán  Nuñez  de  Toledo,  apellidado  el  Pin- 
<-iano,  las  de  nuestros  doctos  compañeros  los  Sres.  Fernández- 
(luerra  y  Saavedra,  y  la  del  sabio  profesor  berlinés  y  distinguido 
epigrafista  Dr.  Emilio  Hübner. 

Al  llegar  á  la  Edad  Media  controvierte  el  autor  doctamente  la 
opinión  expuesta  por  Ponz  que  sobre  el  nombre  de  Vallisoletum, 
con  que  se  ofrece  en  antiguos  documentos,  sea  una  contracción  de 
Vallis  olivetum  «valle  de  olivos, «  así  como  la  de  Floranes  en  lo 
tocante  á  que  valga  y  signifique  tanto  como  «valle  para  oler;w  y 
aunque  no  acoge  la  especie  divulgada  por  Antolinez  do  que  pro- 
reda  de  un  moro  llamado  Ulid,  ü  Olid,  que  vino  con  Abdalaziz  á 
la  conquista  de  España,  ni  la  de  Masdcu,  respecto  de  que  su  ori- 
gen sea  Medina-Guali,  ciudad  del  guali  ó  asiento  del  guaaliato, 
expone,  cómo  varios  geógrafos  árabes,  entre  ellos  Abulfeda,  de- 
signan esta  ciudad  con  el  nombre  de  Medina- Gualid,  ciudad  de 
(lualid  ú  Olid,  y  Bilad-Gualid,  tierras  ó  comarcas  de  Gualid,  no 
sin  recordar  ;í  este  propósito  que  Gualid  era  el  califa  de  Damasco 
en  el  momento  de  la  conquista  de  España.  Agrega  á  esta  especie 
las  do  que  los  visigodos,  al  decir  de  Dahn,  conforme  en  esto  con 
Morales  y  otros  historiadores,  hicieron  las  primeras  conquistas 
jior  su  niciita  on  territorio  español  sin  tenencia  de  los  emperado- 
res romanos  on  las  tierras  que  se  extienden  á  la  derecha  del 
Duoro,  ontre  el  Pisucrga  y  el  Órbigo,  ganadas  por  Toodorico  á 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  81 

]o5  suevos,  y  que  en  ellas  debieron  heredarse  pingüemente  el 
monarca  y  sus  capitanes,  según  parecen  acreditar  las  memorias 
góticas  de  aquel  territorio  en  San  Juan  de  Baños,  obra  de  Re- 
cesvinto  en  San  Román  de  Hormigausgo,  donde  fué  sepultado 
este  Rey,  en  Gcrticos  ó  Yamba,  etc.,  conjeturando  con  buen 
indicio  de  que  mucha  parte  del  Patrimonio  Real  se  hallaba 
en  tierra  de  Campos;  que  Cabezón,  nombrado  en  muy  antiguos 
documentos  de  la  Reconquista,  y  que  por  algún  tiempo  parece 
como  cabeza  de  Valladolid,  era  verosímilmente  el  centro  de  ex- 
plotaciones agrícolas  que  se  extendían  hasta  la  confluencia  del 
Esgucva  con  el  Pisuerga,  y  que  en  las  tierras  y  términos  de 
la  hermosa  ciudad  de  Doña  María  de  Molina  sólo  había  al  veri- 
ficarse la  invasión  de  los  muslimes  villas  y  tierras  del  Patrimo- 
nio Re¿il  visigodo,  las  cuales,  al  pasar  al  patrimonio  de  los  cali- 
fas, señalaban  el  principio  por  aquella  parte  de  las  posesiones  y 
territorio  realengo  de  Gualid  ú  Olid.  Eran  sus  vastas  llanu- 
ras y  risueños  campos,  en  concepto  del  moderno  historiador, 
luíís  á  propósito  para  el  culto  pacífico  de  Ceres  y  para  el  recreo 
y  comodidad  de  sus  moradores,  que  para  su  defensa  y  reparo  en 
época  de  guerra,  con  lo  cual  se  entiende  bien  que  no  debió  exis- 
tir allí  población  murada  importante,  mientras  el  teatro  de  la 
guerra  entre  cristianos  y  muslimes  permaneció  en  las  márgenes 
del  Duero,  sino  que  sus  moradores  pasarían  alternativamente 
de  la  dominación  sarracena  á  la  de  los  monarcas  cristianos,  limi- 
tándose estos  á  procurar  la  dependencia  de  ellos  respecto  de  los 
magistrados  y  de  la  iglesia  de  León  á  principios  del  siglo  xi  (se- 
gún indica  el  testamento  de  Don  Ordoño  II),  y  á  establecer  al- 
guna defensa  en  Simancas,  que  llegó  á  tener  también  su  obispo 
con  granada  importancia  en  959  ó  9G0;  pero  que  hubo  de  decaer 
algunos  años  adelante,  expugnada  su  fortaleza  y  entregados  sus 
baluartes,  como  todos  los  de  aquel  territorio,  á  un  Sahih  Axxorta 
ó  gobernador  militar  y  político  de  los  que  acostumbraban  á  po- 
ner los  muslimes.  La  conquista  de  Toledo,  que  trasladó  definiti- 
vamente el  teatro  de  la  guerra  á  la  margen  izquierda  del  Tajo, 
brindando  seguridad  á  los  trabajadores,  industriales  y  traficantes 
que  se  estableciesen  en  aquellas  llanuras  libres  ya  de  las  inva- 
siones, es  el  principio  de  generosa  grandeza  para  Valladolid,  se- 

TOMO  ni.  6 


82  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

giíii  se  muestra  en  la  creciente  extensión  de  sus  alfozes  declara- 
dos en  la  carta  de  donación  otorgada  por  don  Pedro  Ansurez  y 
su  mujer  á  la  iglesia  de  Valladolid  en  1098,  y  en  el  considerable 
número  de  Concilios,  Cortes,  bodas  reales  y  solemnidades  cele- 
bradas en  su  recinto  durante  el  siglo  xii.  Sería  prolijo  el  enume- 
rar las  investigaciones  nuevas  debidas  al  autor,  así  sobre  los  orí- 
genes del  escudo  de  Valladolid,  como  relativas  á  los  orígenes 
de  su  Estudio  general  que  aparece  con  importancia  antes  del  si- 
glo XIII,  y  en  particular  sobre  la  habilidad  política  mostrada  por 
la  insigne  Reina  madre  doña  María  de  Molina,  no  siendo  para 
olvidados  tampoco  los  estudios  sobre  los  privilegios  concedidos  á 
la  ciudad  por  don  Alfonso  XI,  don  Pedro  I  y  don  Enrique  II,  ni 
los  concernientes  al  establecimiento  de  la  corte  en  Valladolid  du- 
rante el  reinado  de  don  .fuan  II  y  al  casamiento  de  los  Reyes 
Católicos,  puesto  que  ofrezca  aún  más  granado  y  privatísimo  in- 
terés el  cuadro  del  movimiento  industrial,  comercial,  científico, 
religioso  y  literario  en  Valladolid  durante  los  siglos  xvi  y  xvii. 
Al  tratar  de  esta  materia,  como  asimismo  de  los  acontecimientos 
que  se  desarrollan  en  los  siglos  xviii  y  xix,  el  Sr.  Ortega  escribe 
guiado  casi  siempre  por  indagaciones  propias. 

Considerado  el  vasto  conjunto  de  hechos  que  comprende  la 
Historia  de  Valladolid,  el  largo  período  de  años  á  que  se  ex- 
tiende, y  los  múltiples  y  varios  elementos  sociales  con  que  se 
muestra  su  relación,  no  sería  de  extrañar  por  ventura  que  una 
crítica  muy  minuciosa  pudiera  encontrar  en  ella  noticias  que 
añadir  ó  alguna  opinión  motivada  á  controversia;  pero  en  rigor 
de  verdad  nadie  podrá  negar,  sin  evidente  injusticia,  el  mereci- 
miento contraído  por  el  autor,  quien  ha  prestado  con  su  obra 
un  servicio  de  importancia  para  el  cultivo  de  los  estudios  his- 
tóricos. 

En  atención  á  las  consideraciones  precedentes ,  el  académico 
que  firma  este  dictamen  opina  que  la  obra  examinada  es  de  mé- 
rito relevante  y  de  utilidad  para  las  bibliotecas,  hallándose  com- 
prendida, á  su  juicio,  en  la  prescripción  tercera  que  establece  la 
Real  orden  de  19  de  Abril  de  1881.  Propone,  por  tanto,  que  se 
informe  al  Excmo'.  señor  ministro  de  Ultramar  en  el  sentido  de 
que  otorgue  al  autor  la  protección  justa  á  que  se  ha  hecho  aeree- 


HISTORIA    DE    VALLADOLID.  83 

dor  por  su  recomendable  trabajo.  La  Academia  acordará,  como 
siempre,  lo  más  oportuno. 

Madrid  22  de  Junio  de  1883. 

Francisco  «Fernández  y  Go.nzález. 


III. 


INFORME  ACERCA  DEL  LIBRO  TITULADO  RELACIÓN  HISTÓRICA  DE  LA 
ÚLTIMA  CAMPAÑA  DEL  MAR(iUÉS  DEL  DUERO.  ESCRITA  POR  LOS  SEÑO- 
RES DON  MIGUEL  DE  LA  VEGA  INCLÁN,  DON  JOSÉ  DE  CASTRO  Y  LÓPEZ 
Y  DON  MANUEL  DE  ASTORGA,  CON  UNA  INTRODUCCIÓN  ESCRITA  POR 
DON  JOSÉ  GÓMEZ  DE  ARTECHE. 


En  cumplimiento  de  la  orden  que  en  sesión  del  viernes  19  del 
mes  último  se  sirvió  dictar  el  Sr.  Presidente,  Director  accidental 
de  esta  Real  Academia,  voy  á  presentar  un  ligero  extracto  del  li- 
bro que,  con  el  título  de  Relación  histórica  de  la  última  campaña 
del  Marqués  del  Duero,  tuve  el  honor  de  ofrecerla  en  nombre  del 
Fixcmo.  Sr.  D.  Juan  Gutiérrez  de  la  Concha,  hermano  de  aquel 
general  insigne. 

Forma  un  volumen  de  225  páginas  en  cuarto,  délas  que  30  sir- 
ven para  la  introducción,  dirigida,  como  en  ella  misma  aparece, 
á  presentar  á  grandes  rasgos  la  personalidad  militar  del  general 
Coucha;  150,  que  constituyen  el  cuerpo  de  la  obra,  con  la  descrip- 
ción de  la  campaña  que  comenzó  por  el  levantamiento  del  sitio 
de  Bilbao  y  terminó  al  frente  de  Estella,  y  45  más  de  apéndice 
que  los  autores  han  creido  deber  estampar  como  pruebas  de  sus 
asertos  y  observaciones.  Para  mayor  ilustración  de  su  trabajo 
han  añadido  hasta  diez  láminas  con  el  retrato  del  Manjués  del 
Duero,  vistas  de  los  teatros  principales  de  su  acción  militar,  y  los 
planos  de  los  combates  principales  reñidos  por  las  tropas  de  su 
mando,  láminas  ejecutadas  por  los  mejores  artistas  ó  por  la  sec- 
ción geográfica  del  Depósito  de  la  Guerra,  único  establecimiento 


84  BOLETÍN   DE    LA   BEAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

en  Madrid  donde  puedan  darse  á  luz  con  la  inteligencia,  la  exac- 
titud y  el  esmero  con  que  están  dibujadas  y  grabadas. 

Aun  cuando  no  lo  dijese  la  portada,  con  solo  hojear  el  libro,  se 
comprende  qnc  sus  autores, ^1  general  D.  Miguel  de  la  Vega  In- 
clán,  jefe  de  E.  M.  G.  que  fué  del  Ejército  del  Norte,  D.  José  de 
Castro  y  López,  coronel  encargado  de  la  sección  topográfica  del 
mismo,  y  D.  Manuel  Astorga,  ayudante  de  campo  del  general 
Concha,  han  tenido  por  principal  objeto,  al  escribirlo,  el  de  ofre- 
cer á  la  memoria  de  su  malogrado  jefe  el  homenaje  de  honor  mi- 
litar que  les  merecía  y  merecerá  seguramente  á  todo  imparcial 
conocedor  de  las  cosas  de  la  guerra.  La  época  en  que  se  escribió 
y  comenzó  á  escribirse,  muy  próxima,  de  un  lado,  á  los  sucesos 
que  relata  el  libro,  y  en  que,  de  otro,  ni  era  permitido  dar  á  la 
estampa  noticia  alguna  de  la  guerra  que  revelara  operaciones  ó 
proyectos  todavía  utilizables,  ni  había  de  consentirse  el  examen 
de  los  que  se  habían  llevado  á  práctica  por  quienes  ocupaban  una 
posición  eminente  en  la  dictadura  á  que  se  hallaba  sometida  la 
nación,  impedia  la  empresa  de  escribir  la  relación  íntegra  de  la 
primera  parte,  la  más  interesante  quizá,  de  la  campaña,  la  que- 
dio  por  resultado,  después  de  los  todavía  no  juzgados  combates^ 
de  SomoiTOStro,  el  levantamiento  del  sitio  de  Bilbao,  exclusiva- 
mente debido,  sin  duda  alguna,  á  la  pericia  y  al  valor  y  la  ener- 
gía del  Marqués  del  Duero.  De  ahí  el  que,  como  relación  histó- 
rica, aparezca  la  de  la  última  campaña  del  general  Concha  sin  la; 
conexión  ó  enlace  que  en  un  trabajo  general  hubiera  exigido  la 
circunstancia  de  operar  las  tropas  del  tercer  cuerpo  de  ejército  á" 
la  inmediación  y  combinando  sus  movimientos  con  los  dos  pri- 
meros en  el  del  Norte. 

Los  autores,  sin  embargo,  y  comprendiendo  seguramente  que 
podría  hacérseles  esa  objeción,  principian  por  manifestar  que 
saben  la  dificultad  de  escribir  su  libro  en  tales  momentos,  «que 
«no  se  nos  esconde,  dicen,  que  en  historia  como  en  perspectiva- 
«convienen  las  distancias;  pero  como  en  nuestro  propósito  no  en- 
ntra  sino  el  de  reseñar  los  acontecimientos  en  que  personalmente 
«influyera  el  general  Concha,  esperamos  realizarlo  sin  tropezar 
■ncn  los  obstáculos  que  se  nos  presentarían  en  camino  tan  áspero,. 
»dc  otro  uso  y  escabroso.» 


RELACIÓN  DE  LA  ÚLTLMA  CAMPANA  DEL  MARQUÉS  DEL  DUERO.   «3 

No  puede,  pues,  acusárseles  de  falta  de  unidad  ui  de  extensióu 
^n  su  trabajo. 

De  la  introducción  no  toca  hablar  al  que  en  estos  momentos 
está  ocupando  la  atención  de  los  señores  académicos,  que  es  obra, 
y  bien  iniperfecta,  suya,  en  la  que  sólo  se  propuso  dar  idea  á  sus 
-lectores  de  las  prendas  de  carácter  y  de  talento  que  atesoraba  eu 
su  persona  el  soldado  valeroso  ó  insigne  capitán  que  llora  y  cada 
di:i  llorará  más  la  patria.  Y  no  teme  haber  pecado  de  exageración, 
aún  habiéndole  consagrado  en  vida  la  amistad  más  tierna  y  la 
adhesión  más  calurosa,  que  las  .hazañas  que  ejecutara  el  general 
JGoncha,  los  conocimientos  militares  que  en  ella  reveló,  su  apli- 
cación constante  para  extenderlos  más  y  más,  y  aquel  patriotis- 
mo que  en  su  alma  sofocaba  todo  otro  sentimiento,  por  elevado 
que  fuera,  hacían  de  él  un  personaje  verdaderamente  excepcional 
que  ha  de  hacer  resaltar  el  tiempo  en  el  espacioso  campo  de  nues- 
Ira  hisioria  contemporánea. 

Cual  cumplimiento  de  ese  ligerísimo  trabajo  y  escrito  por  la 
misma  inexperta  y  torpe  mano,  se  presenta  en  el  libro  á  que  se 
va  refiriendo  este  resumen  el  epílogo,  dirigido,'  cuando  ya  las  cir- 
cunstancias habían  tan  venturosamente  cambiado  en  nuestro 
país,  á  poner  de  manifiesto  los  pensamientos  políticos  que  abri- 
gaba el  Marqués  del  Duero  al  emprender  su  última  campaña. 
Ellos  eran  nobles  y  generosos,  'dignos  de  su  posición  y  su  carácter; 
pero  su  examen  y  su  juicio  ni  son  de  este  lugar  ni  estarían  bien 
en  quien  esto  escribe  que  los  ha  revelado,  aunque  someramente 
en  la  relación  histórica. 

Con  leer  el  índice  se  comprende  al  momento  la  extensión  dada 
ipor  los  autores  á  su  importante  trabajo.  El  capítulo  I  contiene 
la  reseña,  de  todo  punto  necesaria,  del  estado  de  la  guerra  ea 
el  país  vasco-navarro  al  ser  llamado  el  Marqués  del  Duero  al 
mando  del  tercer  cuerpo  en  el  ejército  del  Norte.  En  esa  reseña 
se  apuntan  las  causas  del  incremento  que  desgraciadamente  ha 
tomado  la  guerra  y  la  marcha  de  las  operaciones  ejecutadas  por 
los  diferentes  generales  que  tomaron  á  su  cargo  el  de  sofocarla  en 
un  principio,  ó  el  de  contener,  después,  sus  progresos. 

El  capítulo  II  describe  la  organización  de  ese  tercer  cuerpo, 
para  en  el  siguiente  presentarlo  combatiendo  bizarramente  en 


86  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA   HIST0RL4. 

las  Muñecas  y  Galdámes,  las  dos  posiciones  más  importantes  áe 
la  línea  carlista  en  su  extrema  izquierda;  la  primera,  amenazan- 
do la  comunicación  del  ejércitoliberal  en  Somorrostro con  Castro 
Urdiales,  su  plaza  de  depósito  y  puerto  de  embarque,  y  la  segun- 
da, cubriendo  por  aquel  lado  el  campamento  carlista  de  Abanto 
y  asegurando  la  retirada  de  su  ejército,  si  era  en  él  vencido  y 
arrollado.  Tomadas  aquellas  posiciones,  el  levantamiento  del  si- 
lio  de  Bilbao  era  inmediato;  y  así  se  vio  cómo  á  los  dos  días  pe- 
netraba el  ejército  en  la  invicta  villa,  librándola  de  la  presión,  ya 
inmediata,  de  sus  implacables  enemigos. 

Ejecutada  tan  feliz  como  rápidamente  una  operación  de  que  no 
sólo  pendía  la  salvación  de  Bilbao  sino  la  suerte  de  las  armas  li- 
berales en  la  izquierda  del  Ebro  que  se  hubieran  visto  obligadas 
á  evacuar  desde  Santander  hasta  el  Aragón,  el  general  Concha 
obtuvo  el  mando  en  jefe  del  ejército  del  Norte,  de  cuya  organi- 
zación trata  el  capítulo  IV,  así  como  de  la  entrada  en  Orduña  du- 
rante la  marcha  que  hubo  de  emprender  á  Vitoria  para  cambiar 
la  base  de  operaciones.  La  expedición  á  Villareal,  así  como  la  de 
Salvatierra,  ejecutadas,  más  que  con  un  objeto  ofensivo,  con  el 
de  probar  al  país  que  ninguna  de  sus  poblaciones  debía  conside- 
rarse como  exenta  de  una  invasión  del  ejército,  el  establecimien- 
to de  telégrafos  en  la  línea  de  comunicación  de  Vitoria  con  Mi- 
randa, cortada  hasta  entonces,  y  en  la  general  de  ocupación  por 
todo  el  curso  superior  del  Ebro,  y  la  marcha,  por  fin,  á  Logroño 
por  Peñacerrada  y  la  Guardia,  son  objeto  del  capítulo  V  en  el  que 
se  revelan  ideas  y  proyectos  militares  que  hacen  grande  honor  al 
Marqués  del  Duero  como  general  entendido  y  previsor. 

Los  dos  capítulos  siguientes  se  refieren  ya  á  las  operaciones 
sobre  Estella;  el  VI  abrazando  los  preparativos  indispensables 
para  la  reunión  de  cuantos  elementos  habían  de  ser  necesarios 
para  obtener  un  éxito  completo;  el  VII  y  iiltimo  dedicado  á  la 
descripción  de  los  movimientos  y  los  combates  que  tuvieran  lu- 
gar al  frente  de  aquella  población  donde  terminó  la  campaña  con 
la  muerte  del  general  Concha,  causa,  después,  de  la  retirada  del 
ejercito  á  la  izquierda  del  Arga. 

Tal  es  la  que  bien  puede  llamarse  trama  del  trabajo  que  á  los 
poros  días  de  tan  sentida  é  irreparable  pérdida  se  impusieron  los 


RELACIÓN  DE  LA  ÚLTIMA  CAMPANA  DEL  MAnQUÉS  DEL  DUERO.   87 

autores  de  la  Relación  histórica,  ejecutándolo  inmediatamente  con 
todos  los  datos  que  nadie  como  ellos  podía  reunir  y  ornándolo 
con  una  serie  de  observaciones,  cuya  oportunidad  y  exactitud  re- 
salta al  primer  golpe  de  vista  que  se  arroje  sobre  sus  páginas  y 
especialmente  sobre  los  excelentes  planos  que  las  acompañan  é 
ilustran. 

Que  ese  trabajo  es  apreciable  lo  dice,  mejor  que  estos  renglo- 
nes, la  aceptación  qne  ha  tenido  de  parte  de  la  prensa  periódica  á 
que  ha  podido  llegar;  y  es  de  presumir  que  servirá  más  adelante 
como  dato  de  gran  interés  para  la  redacción  de  la  historia  de  la 
guerra  civil  actual,  más  fecunda  acaso,  que  la  de  siete  años  en 
acontecimientos  de  importancia  por  la  distinta  índole  de  las  cau- 
sas que  la  han  promovido,  la  diferencia  de  los  elementos  milita- 
res con  que  ahora  se  cuenta  y  la  diversidad  de  los  procedimien- 
tos políticos  que  han  debido  emplearse  en  su  remedio. 

El  que  suscribe  cree,  de  consiguiente,  que  podría  acusarse  el 
recibo  del  libro  al  Excmo.  Sr.  D.  Juan  Gutiérrez  de  I9,  Concha,  y 
darle  las  gracias  por  su  atención  al  enviarlo,  con  algunas  frases 
que  demuestren,  á  la  vez,  la  parte  que  esta  Real  Academia  ha 
tomado  en  el  duelo  general  causado  en  la  nación  por  la  muerte 
de  su  ilustre  y  malogrado  hermano,  el  capitán  general  Marqués 
del  Duero. 

La  Academia,  sin  embargo,  resolverá  lo  que  considere  como 
más  conveniente  que,  de  seguro,  será  lo  mejor. 

Madrid  9  de  Abril  de  1875. 

José  Gómez  de  Arteche. 


IV. 

LA  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DE  GERONA. 

La  Academia  de  la  Historia  ha  recibido  de  su  amable  y  la- 
borioso correspondiente  el  P.  Fidel  Fita,  y   por  conducto  del 


88  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Sr.  D.  Eduardo  Saavedra,  un  ejemplar  de  la  obra  escrita  por  ei 
abogado  M.  Garlos  Rocher,  titulada  Les  rapports  de  VEglüe  du 
Pwj  avec  la  Villede  Girone  enEspagneetle  Comté  deBigorre.  Es 
un  tomo  en  4."  de  286  páginas  y  contiene  una  serie  de  observacio- 
nes y  artículos  publicados  en  la  Revista  titulada  TahleUes  histori- 
ques  du  Velay  de  1873.  En  las  notas  y  apéndices  se  ve  citado  con 
frecuencia  el  nombre  de  nuestro  correspondiente  el  P.  Fita,  y  desde 
luego  se  podría  conjeturar  que  á  él  le  corresponde  en  gran  parte 
el  origen  del  libro,  si  el  autor  mismo  no  nos  absolviese  de  este 
juicio  en  el  párrafo  último  y  adicional  diciendo  en  sustancia  que 
si  el  libro  vale  algo  es  por  el  P.  Fita.  Si  le  petit  essai  qu'on  vient 
de  lire  en  valait  la  peine  nous  en  ferions  la  dédicace  au  P,  Fita. 
Cette  ceuvre  modeste  n'est  pas  nutre;  elle  est  sienne,  elle  lui  appar- 
tient  toui  entiere. 

Tiene  el  libro  como  de  su  mismo  título  se  colige,  dos  partes,  la 
primera  de  relaciones  de  la  iglesia  de  Puy  con  la  de  Gerona,  la 
segunda  de  relaciones  entre  aquella  misma  iglesia  y  el  condado 
de  Bigorra.  La  primera  es  la  que  hace  más  al  caso  á  la  institu- 
ción de  la  Academia,  pues  la  segunda  tiene  menos  conexión  con 
nuestra  historia  patria,  si  bien  sería  muy  aventurado  el  suponer 
que  no  tiene  alguna. 

Redúcese  la  primera  parte  en  sus  62  páginas  á  probar  que  ha- 
bía hermandad  inmemorial  entre  las  iglesias  de  Puy  y  de  Ge- 
rona, pues  aunque  el  autor  dice  la  Ville  de  Girone  las  investiga- 
ciones acreditan  que  las  relaciones  eran  eclesiásticas  y  no  civiles, 
ni  municipales. 

El  asunto  como  se  ve  no  es  de  primera  magnitud,  y  con  todo 
no  deja  de  ofrecer  interés.  Ojalá  que  todas  la  revistas  provinciales 
y  locales  comprendieran  de  ese  modo  su  misión,  y  dirigieran  sus 
conatos  á  la  publicación  de  documentos  inéditos,  ó  poco  conoci- 
dos, procedentes  de  sus  olvidados  é  inexplorados  archivos,  á  in- 
vestigaciones científicas  sobre  su  terreno,  y  á  la  discusión  de  in- 
tereses locales. 

El  asunto  pues  do  nuestro  libro  es  de  un  interés  local  y  parti- 
cular, sobre  un  asunto  diminuto;  y  con  todo  ofrece  tal  interés. 
tal  cúmulo  de  datos,  que  se  lee  con  gusto  y  ofrece  no  poca  uti- 
lidad. 


{.A  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DIC  GERONA.  89 

Algo  se  exalta  el  autor  al  principio  hablando  de  la  epopeya 
francesa  y  de  la  poesía  Garlovingiana,  ó  Carolina ,  sintetizada  en 
el  canto  de  Roldan  (La  Chanson  de  Roland),  la  cual  es  el  resul- 
tado de  una  vasta  superposici(3n  de  edades,  como  la  Iliada  y  el 
Niebelungen.  ¡La  poesía  francesa,  exclama  el  autor,  es  la.  jwesia 
de  la  humanidad!  ¡Raro  privilegio  del  genio  francés  (¡ue  sola- 
mente Grecia  nos  disputa!  Esta  noticia  de  seguro  que  no  es  del 
P.  Fita.  Además  que  la.  poesía  de  la  liumanidad  sería  en  tal  caso 
bastante  pesada. 

Viene  esto  á  propósito  de  que  Garlo  Magno  conquistó  á  Gerona 
y  que  allí  tuvo  culto  como  santo  (1).  No  es  el  tal  culto  lo  que  más 
honra  á  nuestra  catedral.  Precisamente  es  uno  de  los  ejemplos 
que  tenemos  á  mano,  en  las  cátedras  de  derecho  canónico ,"  para 
probar  la  necesidad  de  que  la  Santa  Sede  se  reservara  el  derecho 
do  beatificar  á  los  santos  por  los  abusos  que  los  obispos  y  los 
concilios  particulares  cometían  con  este  motivo.  Porque  el  bueno 
de  Garlo  Magno,  aunque  gran  defensor  de  la  Iglesia  y  del  Pontifi- 
cado, dejó  bastante  que  desear  en  materia  de  moralidad,  y  su  fa- 
milia todavía  más.  Y  por  lo  que  hace  á  España  nunca  fué  popu- 
lar el  buen  señor,  y  antes  bien  los  vascos  fueron  muy  ingratos 
con  él,  pues  le  dieron  un  mal  rato,  á  él  y  á  Roldan,  el  de  la  can- 
ción, allá  en  Roncesvalles,  nada  más  que  por  la  pequenez  de  ha- 
berles derribado  los  muros  de  Pamplona. 

En  vano  quisieron  los  galicanos  en  el  siglo  xii  rehabilitar  la 
memoria  de  Garlo  Magno.  Las  tradiciones  Garlovingias  no  lo- 
graron aclimatarse  del  Ebro  aquende.  Las  fábulas  de  D.  Pelayo 
fueron  conocidas;  los  palacios  de  Galiana  en  Toledo  y  sus*  amo- 
res carlovingianos  no  prosperaron  tampoco;  quedaron  por  casti- 
llos en  España  fcháteaux  en  Espagne)  que  dicen  nuestros  ve- 
cinos. 

En  Gerona  mismo  hubieron  de  tomar  por  armas  para  el  sello 
diocesano  las  célebres  moscas  de  San  Narciso  ,  verdadero  santo 
español  que  en  aquella  iglesia  no  estaba  de  acuerdo  con  San  Garlo 
Magno  en  materia  de  invasiones. 

Las  e.xageraciones  del  escritor  francés  acerca  de  la  epopeya 


(1 '    Véase  el  t.  43  de  la  España  Sagrada. 


90  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

francesa,  á  propósito  del  culto  de  Cario  Magno  en  Gerona  y  de 
las  relaciones  entre  esta  iglesia  y  la  de  Puy  me  han  hecho  divagar 
fuera  del  tema.  Mas  no  se  pierde  el  tiempo  en  ver  cómo  escriben 
nuestros  vecinos  aun  á  propósito  de  pequeños  asuntos.  Además 
que  unas  divagaciones  traen  otras. 

En  el  §  3."  y  á  la  página  17,  entra  ya  el  autor  en  historia  y  crí- 
tica, dejando  á  un  lado  la  lira;  y  pregunta: — ¿Es  cierta  la  famosa 
carta  de  los  canónigos  pobres  de  Puy,  ó  es  una  de  esas  superche- 
rías tan  comunes  en  la  Edad  Media? 

Volvamos  aquí  la  hoja  antes  de  entrar  en  esta  materia,  dema- 
siado ocasionada  para  mí,  y  en  la  cual  es  uno  dueño  de  su  pluma 
mientras  no  se  la  deja  entrar  en  materia,  pues  en  acometiéndola, 
tan  fácil  es  detenerse,  como  contener  el  torrente  que  principia  á 
despeñarse  por  la  montaña. 

Prueba  el  autor  que  Garlo  Magno  tuvo  gran  afecto  á  la  iglesia 
de  Puy,  pues  según  consta  de  una  carta  de  San  Gregorio  VII,  era 
una  de  las  tres  iglesias  que  señaló  aquél  para  recoger  el  denario 
anual,  que  hacía  pagar  á  todas  las  iglesias  para  San  Pedro,  y  que 
se  llamó  el  dinero  de  San  Pedro;  debiéndose  llamar  el  denario 
de  San  Pedro.  Es  verdad  que  en  Aragón  todavía  llaman  dinero  al 
ochavo. 

A  la  página  20  entra  en  materia  más  de  lleno  hablando  de  las 
cartas  de  hermandad  que  había  entonces  en  los  monasterios  y 
que  todavía  duran.  El  autor  las  hace  derivar  del  siglo  viii  y  trae 
una  carta  curiosa  de  confraternidad  monástica  en  el  siglo  xi.  Pero 
los  antecedentes  canónicos  son  mucho  más  antiguos,  y  se  remon- 
tan al  siglo  v,  y  aun  á  épocas  anteriores,  pues  se  relacionan  con 
las  cartas  formadas  ó  pasaportes  cristianos,  con  la  comimión  pe- 
regrina, como  honor  prestado  á  los  forasteros,  y  la  incomunión  ó 
incomunicación  con  los  díscolos  y  malos,  confundida  con  la  ex- 
comunión y  no  siempre  bien  comprendida  por  los  comentaristas 
del  derecho  canónico. 

Que  los  canónigos  de  Gerona  tenían  hermandad  con  los  de 
Puy  aparece  probado,  gracias  á  las  diligencias  del  P.  Fita  y  del 
secretario  del  Cabildo  de  Gerona  D.  Francisco  Aznar  y  Pueyo(l); 

(1)    Obispo  (le  Tortosa,  desde  ^1  dia  28  de  Febrero  de  1879. 


LA  CATEDRAL  DEL  TUY  Y  LA  DE  OEnONA.  9| 

que  trascribe  un  suceso  de  1470,  con  motivo  de  li.ilicr  ido  á  Ge- 
rona Pedro  Rouvier,  canónigo  de  Nuestra  Señora  de  Puy;  con 
cuyo  motivo  se  describen  todos  los  obsequios  que  al  canónigo 
francés  dispensaron  los  de  Gerona. 

Mas  estas  hermandades  no  eran  solamente  entre  cabildos,  cole- 
giatas, monasterios  y  conventos.  Las  había  entre  ayuntamientos 
y  cabildos,  entre  cabildos  y  universidades,  y  entre  universidades 
y  universidades.  La  Universidad  de  Salamanca  tiene  todavía  her- 
mandad con  el  cabildo.  Los  prebendados  se  sientan  entre  los  doc- 
tores y  los  canónigos  do  oficio  y  dignidades  entre  los  caled  raucos 
y  viceversa,  cuando  estos  van  al  cabildo  si  van  de  toga  ó  manteo. 

Cuando  hay  oposiciones  se  da  propina  á  los  catedráticos  que 
asisten  como  si  fueran  canónigos.  La  Universidad  de  Huesca  te- 
uía  hermandad  con  el  cabildo  y  el  ayuntamiento.  Los  grados  ma- 
yores se  conferían  en  la  catedral  y  cobraban  propina  los  canóni- 
gos y  concejales,  y  hasta  los  bachilleres.  A  todo  bachiller  que  se 
sentaba  en  el  coro  se  le  daba  un  real. 

La  Universidad  de  Alcalá  tenía  hermandad  con  la  Sorbona. 
Cuando  pasaba  por  Alcalá  un  doctor  parisiense  se  le  invitaba  á 
todos  los  actos  de  Universidad  y  se  le  ofrecía  el  segundo  argu- 
mento, ó  sea  de  doctor,  pues  la  costumbre  era  dar  á  un  bachiller 
el  primero,  el  segundo  á  un  doctor  y  el  tercero  á  un  catedrático 
como  más  difícil.  En  la  Universidad  había  noticias  y  tradiciones 
de  doctores  complutenses  á  quienes  en  Paris  se  hicieron  iguales 
obsequios. 

Es  más,  cuando  la  Sorbona  se  negó  á  aceptar  la  bula  Unigeni' 
tus  rompió  la  Universidad  con  la  hermandad  en  1718,  pero  la  re- 
novó cuando  fué  aceptada  la  bula  en  1737.  Se  ve,  pues,  que  estas 
hermandades  fundadas  en  la  participación  de  sufragios,  de  hos- 
pitalidad y  cortesía  son  antiquísimas  y  de  mil  especies,  y  que  du- 
ran hoy  día. 

Aun  pudiera  hablarse  aquí  de  los  decantados  Jesuítas  de  ropa 
corta.  Después  de  hablar  lanto  de  ellos  al  tiempo  de  la  expulsión, 
apenas  si  se  halló  alguna  carta  de  hermandad  dada  por  la  Com- 
pañía, cuando  los  otros  institutos  religiosos  los  prodigaban  á  mi- 
llones. Se  ve,  pues,  que  la  hermandad  de  los  canónigos  de  Puy 
y  de  Gerona  era  una  cosa  bien  común  y  sencilla.  Pero  estos  obsc- 


92  boletín  ue  la.  real  academia  de  la  historia. 

qüios,  era  ni  más  ni  menos,  que  los  que  se  prestan  hoy  día  los 
frailes  cuando  se  hospedan  en  conventos  de  otra  orden.  La  vida 
de  San  Antonio  Abad  recuerda  ya  esto.  Unos  monjes  orientales 
vienen  al  convento  de  San  Antonio  á  la  hora  de  trabajar,  les  alar- 
gan una  azada:  poco  aficionados  los  monjes  orientales  á  este 
género  de  cruz,  sin  inri,  hi  rechazan,  alegando  que  ellos  son  con- 
templativos.  San  Antonio  los  deja  que  estén  contemplando  no  sólo 
durante  el  trabajo,  sino  luego  durante  la  cena.  Quéjanselos  con- 
templativos y  el  santo  bendito  les  dice  estas  palabras,  que  debie- 
ron escribirse  en  letras  de  oro  en  todos  los  conventos,  en  todas 
las  oñcinas...  y,  para  que  no  lo  lleven  á  mal  los  frailes  y  los  em- 
pleados, «en  todas  las  Universidades  de  España.» 

— En  esta  casa  el  que  no  trabaja  no  come.  ¡  Ah,  santo  bendito, 
y  que  bien  entendíais  de  hacer  los  honores  de  vuestra  casa ! 

Las  hermandades  eran  unas  veces  para  la  participación  de  su- 
fragios: lioy  las  tenemos  ni  más  ni  menos  que  entonces. 

El  P.  Briz  Martínez  habla  largamente  de  los  donados  de  San 
Juan  de  la  Peña,  que  supone  eran  caballeros,  y  que  Masdeu,  cu 
su  aversión  á  todo  lo  de  San  Juan  de  la  Peña  opina  que  no  pasaban 
de  legos  motilones.  Yo  creo  que  ni  era.n  caballeros  religiosos,  aun- 
que fueran  caballeros,  ni  tampoco  legos  religiosos,  sino  meros  de- 
votos del  santo  y  de  su  monasterio. 

Hoy  día  los  hermanos  de  los  franciscanos  y  capuchinos  alber- 
gan á  estos  en  sus  casas  y  se  albergan  en  sus  conventos  cuando 
van  de  viaje  ¿qué  tiene  CFto  de  particular?  Petimusque ,  damus^ 
que,  vicissim. 

Esas  hermandades  entre  iglesias  eran  tan  comunes  en  España 
que  apenas  había  iglesia  que  no  hubiese  hermandad  con  dos  ó 
tres  catedrales,  y  á  veces  con  colegiatas  y  monasterios.  Toledo 
tenía  hermandad  con  Sahagún;  Falencia  con  Osma;  y  Pamiers  y 
Osma  con  la  colegiata  de  Soria;  Zaragoza  con  Santiago,  Santiago 
con  Córdoba,  la  de  Orense  con  la  de  Tours;  y  así  otras  mil  que 
sería  prolijo  referir  y  que,  si  fueran  á  enumerarse  darían  por  re- 
sultado un  libro.  La  hermandad  de  Osma  con  Soria  le  salió  cara 
al  obispo,  según  cuenta  Loperraez.  En  el  tomo  l  de  la  España 
Sagrada  he  manifestado  lo  cara  que  le  salió  también  al  obispo  de 
Tarazona  la  bermandad  con  la  colegiata  de  Tudela,  pues  cuando 


LA    CATEDRAL    DEL    PL'Y    Y    LA    ÜK    GlünONA.  93 

iba  allí  el  obispo  le  querían  tratar  como  mero  canónigo,  y  no  como 
obispo.  Este  debió  hallar  poco  grato  el  trato  demasiado  íntimo  y 
fraternal  que  le  propinaban  los  hermanos  de  Tudela,  á  título  de 
libertady  igualdad  y  fraternidad,  pues  desconocían  su  autoridad. 

Sanjnrjo  en  la  historia  de  los  obispos  de  Mcndoñcdo,  p:íg.  líO, 
copia  la  escritura  de  hermandad  que  hicieron  en  lóSG  los  canó- 
nigos de  Lugo  con  los  de  Mondoñedo.  Lugo  tenía  además  her- 
mandad con  Oviedo  y  Orense. 

Por  lo  que  hace  á  la  confraternidad  entre  (ierona  y  Puy,  el  pa- 
dre Villanueva  habló  ya  de  ella  como  de  cosa  corriente  y  sencilla, 
en  el  tomo  xiii  de  un  viaje  literario,  y  aun  más  en  el  tomo  xii,  pá- 
gina 159  y  siguientes.  Si  el  señor  abogado  Rochcr  hubiese  visto 
este  tomo,  que  la  Academia  tiene  impreso  desde  el  año  1830,  hu- 
biera podido  simplificar  mucho  su  trabajo.  «Tenía  esta  Iglesia 
hasta  nuestros  días,  dice  Yillanueva,  hermandad  con  la  de  Puy 
de  Francia,  y  de  ello  hay  muestras  en  las  ocurrencias  de  ir  y  ve- 
nir canónigos,  los  cuales  mutuamente  percibían  la  porción  cano- 
nical, y  eran  tratados  como  tales.  Quedan  además  desde  el  siglo  xv 
varias  cartas  de  un  capítulo,  algunas  de  lascuales  están  copiadas 
en  el  Gartoral,  fol.  310.  Mas  esto  no  nace  de  lo  que  dicen  co- 
munmente los  escritores  que  cuando  Garlo  Magno  conquistó  esta 
ciudad  en  785  puso  en  ella  por  obispo  un  canónigo  de  la  de  Puy, 
cuyo  nombre  se  ignora.  En  el  episcopologio  verás  cuan  fuera  va 
esto  de  camino,  y  como  verisímilmente,  en  785  era  ya  obispo  de 
esta  silla  Adaulfo.» 

Hasta  aquí  Villanueva ;  y  aquí  principia  ahora  lo  más  recio  c 
importante  de  la  pelea,  cual  es  el  saber  quién  fué  el  primer  obispo 
de  Gerona.  La  aserción  de  Villanueva  parece  rotunda,  también 
lo  es  la  de  La  Ganal  y  Merino;  estos  y  aquel  ponen  por  primer 
obispo  á  Adulfo  ó  Adaulfo,  y  desechan  á  Pedro  el  canóniga 
de  Puy. 

Mas  el  abogado  M.  Rocher  vuelve  á  la  carga  y  quiere  reponer 
á  Pedro,  desechando  á  Adulfo,  ó,  en  todo  caso,  dejar  á  los  dos,  á 
Pedro  y  Adulfo.  Con  gran  aplomo  dice,  que  Balucio  y  el  P.  Pagi 
han  probado  hasta  la  evidencia,  que  el  Goncilio  de  Narbona  era 
apócrifo  y  mutilado,  y  que  los  nombres  de  los  obispos  se  habíaii 
adicionado  para  dar  apariencias  de  autenticidad  al  Goncilio  dé- 


94  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

montreiit  jusqu'ü  Vévidence  que  ceprétendu  Concile  de  Narbonne... 

(pág.  55). 

No  debe  ser  tan  grande  la  evidencia  cuando  á  pesar  de  las  ad- 
vertencias de  Pagi  muchos  críticos  posteriores  que  citan  Merino 
y  La  Canal  han  insistido  en  ellas,  y  lo  mismo  Villanueva,  que 
no  ignoraba  lo  que  habían  dicho  Balucio  y  Pagi.  Este  rebate 
principalmente  las  inscripciones  de  tres  obispos,  entre  ellos  el  de 
Barcelona,  que  entonces  no  podía  tener  obispos  por  estar  en  po- 
der de  infieles,  que  este  es  un  error  de  Pagi,  pues  entonces  ha- 
bía obispos  en  muchos  pueblos  ocupados  por  los  musulma- 
nes, como  el  obispo  Sénior  en  Zaragoza,  y  otros  varios  á  este 
tenor. 

Los  galicanos  y  los  falsarios  del  siglo  xii  hicieron  creer  por 
Europa,  y  desgraciadamente  hasta  en  Roma,  que  donde  había 
sarracenos  no  había  obispos,  y  que  España  era  un  país  perdido; 
y  todavía  Pagi,  á  pesar  de  escribir  en  época  en  que  ya  se 
habían  descubierto  aquellos  fraudes,  padeció  algo  de  error  en 
ese  concepto. 

Triste  es,  señores,  que  siempre  que  tenga  que  emitir  algún 
dictamen  haya  de  ser  sobre  el  triste  y  obligado  tema  de  las  falsi- 
ficaciones. Pero  en  verdad  que  la  ocasión  no  la  he  buscado  yo,  y 
el  libro  que  examino  habla  de  tres  falsificaciones,  sino  bien, 
siempre  con  igual  criterio. 

Falsificación  del  diploma  de  la  canónica  pobre  de  Puy  en 
Francia. 

Falsificación  del  Concilio  de  Narbona  en  Francia. 

Falsificación  de  las  lecciones  del  rezo  de  San  Carlo-Magno,  en 
que  tienen  parte,  España,  Francia  y  Alemania. 

M.  Rocher,  que  considera  evidentemente  apócrifo  el  Concilio 
de  Narbona  y  sus  suscriciones,  que  no  parecieron  tan  evidentes 
á  otros  escritores  españoles,  ni  aun  al  mismo  Pagi,  quiere  soste- 
ner y  dar  importancia  á  la  legendaria  narración  del  rezo  de  San 
Carlo-Magno.  El  siglo  xii,  en  que  se  introduce  ese  rezo,  justa- 
nienlc  prohiiñdo  por  la  Iglesia  y  anticatólicamente  continuado, 
es  la  época  de  las  ficciones  más  absurdas.  Es  la  época  en  que 
D.  Pelayo  fingia  carias  de  D.  Alfonso  el  Casto  á  Carlo-Magno  y 
de  Carlo-Magno  á  éste,  diciéndole  sandeces  acerca  de  la  exten- 


LA  CATEDRAL  DEL  PUY  Y  LA  DE  GERONA.  95 

sión  de  Asturias,  y  que  bien  podía  tener  doce  obispos,  puesto 
que  no  se  le  pedia  dar  vuelta  en  veinte  dias  de  jornada.  Es  ver- 
dad que  Garlo-Magno  no  expresaba  cuánto  se  había  de  andar  en 
cada  jornada. 

Las  alusiones  á  la  fundación  de  la  catedral  de  Tarragona  y  á 
los  monjes  negros,  indican  que  la  leyenda  no  corresponde  á  me- 
diados del  siglo  XII,  sino  á  fines  de  aquel  siglo,  (3  más  tarde,  que 
fué  cuando  principiaron  á  llamar  monjes  negros  á  los  benedicti- 
nos, en  contraposición  á  los  blancos  ó  cistercienses,  por  lo  que 
dice  el  P.  Manrique  en  sus  Anales.  «De  cómo  muchos  monjes 
negros  se  hicieron  blancos,-/)  esto  es,  cistercienses. 

Ahora  bien,  por  dudoso  que  sea  Adulfo  como  primer  obispo 
de  Gerona,  es  todavía  más  dudoso  Pedro,  el  supuesto  canónigo 
de  Puy,  citado  en  la  lecci'ón  ix,  que  ya  se  dio  por  apócrifo 
en  el  tomo  xliii  de  la  España  Sagrada.  Si  pues  el  docu- 
mento en  que  se  cita  al  obispo  Pedro  es  apócrifo,  el  obispo  lo  es 
también. 

El  decir  que  ese  documento  disparatado  de  fines  del  siglo  xii 
vale  para  probar  cosas  de  fines  del  siglo  viii,  y  de  400  años  an- 
tes, porque  está  calcado  sobre  reminiscencias  y  tradiciones  anti- 
guas, es  una  cantinela  alegada  por  todos  los  defensores  de  estas 
supercherías,  y  que  la  sana  crítica  no  puede  admitir.  Dado  el 
pase  á  ese  principio  no  hay  falsificación  histórica  que  no  se  pue- 
da sostener. 

Probado  por  el  crítico  que  un  documento  es  apócrifo,  vendrán 
el  novelista,  el  romancero,  el  legendista,  el  poeta,  el  krauseador 
de  historia,  el  fantaseador  calenturiento  y  hasta  el  forjador  pre- 
histórico, y  nos  dirán  con  mucho  aplomo. — Es  verdad  que  ese 
documento  es  legendario,  es  apócrifo,  es  una  patraña,  pero, 
amigo  mió,  es  una  reminiscencia  de  una  tradición  de  generación 
en  generación  por  espacio  de  400  ó  500  años,  y  quien  dice  400 
puede  decir  4.000. 

A  la  verdad,  si  el  racionalismo  tiene  exageración  y  errores,  el 
tradicionalismo  los  tiene  también,  y  ni  la  religión,  ni  la  razón 
quieren  exageraciones.  Hace  muy  bien  el  abogado  M.  Rocheren 
burlarse  de  los  alemanes,  que  han  escrito  que  Garlo-Magno  fué 
luterano,  ó  según  otros  calvinista,  pero  hay  que  reirse  tambiéu 


06  boletín  de  la  real  acade^ha  de  la  HIST0RL\. 

(le  los  alemanes  que  le  hicieron  Santo,  y  de  aquel  otro  Santo 
bendito,  Luis  XI,  que  mandó  darle  culto. 

Los  franceses  tienen  manía  por  hacer  santos  á  todos  los  perso- 
najes célebres,  sin  tener  en  cuenta  que,  para  ser  santo,  no  basta 
ser  hombre  de  bien,  ni  estar  en  el  cielo,  sino  que  se  necesitan 
virtudes  heroicas,  mihigros  indudables  y  declaración  pontificia. 
Hace  poco  se  pidió  por  uu  prelado  francés  la  canonización  de 
Colón;  ahora  piden  la  de  Juana  de  Arco,  y  al  paso  que  van  por 
allá  el  culto  y  la  devoción  á  la  bandera  blanca,  creo  que  no  tar- 
darán en  pedir  la  canonización  de  Enrique  IV.  Todo  será  que  un 
escritor  lo  sueñe. 

M.  Rocher  para  dar  cierto  colorido  al  libro  lo  ha  adornado 
con  sellos,  uno  de  la  Iglesia  de  Gerona  y  otro  de  la  de  Puy.  El 
de  Gerona  es  de  Pedro  de  Gastcln'ou,  á  mediados  del  siglo  xiii: 
iguales  y  parecidos  á  ese  los  hay  en  nuestros  archivos  de  otras 
muchas  iglesias,  pues  por  entonces  todos  eran  así.  El  que  la  Vir- 
gen esté  sentada  importa  muy  poco,  pues  hay  sellos  en  que  se 
la  ve  lo  mismo.  Los  visigodos,  según  dicen,  i-epresentaban  á  la 
Virgen  sentada:  las  efigies  antiguas  de  la  Virgen,  desde  el  si- 
glo X  al  XV  suelen  estar  también  en  esa  actitud  de  majestad  y  re- 
poso. Algo  más  pudiera  haber  investigado  si  hubiese  tenido  no- 
ticia de  una  virgen  «donada  por  lo  Sant  Rey  Carlos^»  la  cual  fué 
sacada  en  procesión  en  1434  con  motivo  de  los  horribles  terre- 
motos que  hubo  en  aquel  año,  según  refiere  Villánueva  en  su 
Viaje  literario,  tomo  xiv,  pág,  33. 

Pudiera  citar  más  de  veinte  que  recuerdo.  Por  desgracia  la 
manía  de  vestir  esas  antiguas  efigies  con  una  devoción  de  pési- 
mo gusto,  y  aun  poco  canónica,  y  á  veces  irreverente,  hace  que 
no  se  las  vea  como  debieran  estar.  Así  que  el  ser  parecido  un 
sello  de  Gerona  al  de  Puy  en  estar  la  Virgen  sentada,  prueba 
poco  ó  casi  nada. 

En  resumen,  M.  Rocher  al  combatir  la  prelacia  de  Adulfo 
para  sustituirle  con  su  paisano  Pedro,  ha  pretendido  quitar  un 
obispo  que  consta  en  un  documento  dudoso,  para  sustituirle  con 
otro  que  consta  en  un  documento  descabellado  y  notoriamente 
apócrifo.  La  Academia  no  puede  admitir  esto  criterio. 

Por  lo  demás,  así  y  todo,  el  libro  es  apreciable  y  deben  darse  las 


LA    CATEDRAL    DE    PLY    V    LA    DE    r.ERONA.  97 

gracias  al  P.  Fidel  Fita  (1),  por  haber  honrado  con  él  los  estantes 
de  nuestra  Academia,  tanto  más  cuauloque  lioy  no  son  muchos 
los  que  se  dedican  á  reñir  estas  pacíficas  batallas.  La  Academia, 
sin  embargo,  acordará  lo  más  conveniente. 

Madrid  20  de  Junio  de  1874. 

Vicente  de  la  Fíente. 


DICTAMEN  ACERCA  DE  LOS  LIBROS  SOBRE  INSTRUCCIÓN  PÚBLICA 
EN  PORTUGAL,  ESCRITO  POR  D,  ANTONIO  DA  COSTA. 


Hace  algún  tiempo  que  esta  Real  Academia  tuvo  á  ]jicn  comi- 
sionarme para  informar  acerca  de  dos  libros  presentados  á  ella 
con  dedicatoria  de  su  autor  el  Sr.  D.  Antonio  Da  Costa.  Titúlase 
el  primero:  A  instruccao  nacional;  Lisboa,  Imprenta  nacional, 
Í870.  El  segundo  tiene  por  epígrafe:  Historia  da  inslrucQao  po- 
pular em  Portugal  desde  a  fundacao  da  monarchia  até  aos  nossos 
días;  Lisboa,  Imprenta  nacional,  1871.» 

Creo  que  debe  alterarse  el  orden  de  antigüedad  para  el  e.xamen 
de  estos  dos  libros.  El  titulado  de  la  Instrucción  'popular  es  hislú- 
rico,  y  su  examen  corresponde  á  la  especialidad  de  nuestra  Aca- 
demia. El  titulado  de  la  Instrucción  nacional  es  más  bien  político 
y  administrativo,  y  sería  más  bien  objeto  de  estudio  para  la  Aca- 
demia de  Ciencias  morales  y  políticas.  Al  analizar  su  contenido 
la  Academia,  podrá  observar  que  los  títulos  de  los  libros  parecen 
trocados,  según  veremos  luego.  Y  al  hacer  esta  advertencia  acerca 
del  uso  poco  afortunado  de  los  títulos  de  ambos  libros,  y  después 


(1)  En  la  obra  titulada  Los  Reys  fVAragó  y  la  Scu  de  ffi/wa (Barcelona,  1873),  ar- 
tículo ex,  ha  publicado  el  P.  Fita  grau  copia  de  nuevos  datos  relativos  al  mismo 
asunto. 


98  UOLETÍN    DE    LA.   IlEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

(le  pedir  perdón  á  la  Academia  por  el  retraso  de  este  informe,  mo- 
tivado por  mis  ocupaciones  profesorales  y  el  deseo  de  hacer  un 
examen  más  detenido  y  concienzudo  aprovechándolas  vacaciones 
de  verano,  tengo  que  deplorar  también  con  ingenuidad  el  haber 
sido  comisionado  para  informar  acerca  de  estos  dos  libros.  Las 
ideas  del  autor,  en  su  mayor  parte,  son  tan  diametralmente 
opuestas  á  las  mías  en  casi  todos  conceptos  que  no  me  es  dado 
transigir  con  ellas  sin  faltar  á  mi  conciencia  moral  y  literaria. 
Tentado  estuve  de  solicitar  se  designase  para  este  encargo  á  otro 
señor  académico,  que  pudiera  ser  más  benigno  con  las  aprecia- 
ciones críticas  del  Sr.  Da  Costa ;  pero  ya  era  tarde  cuando  conocí 
la  mala  posición  en  que  me  hallaba,  y  como  ningún  señor  aca- 
démico podría  ser  más  indulgente  que  yo,  creí  un  deber  ahorrar  á 
otros  ese  disgusto,  ya  que  mi  negra  estrella  me  lo  había  deparado. 
Considero,  pues,  como  un  deber,  advertir  esto  mismo  á  los  se- 
ñores académicos,  á  fin  de  que  oigan  mi  informe  con  alguna  pre- 
vención, que  es  el  último  extremo  adonde  puede  llevarse  la  fran- 
queza. 

Consta  la  Historia  de  la  Instrucción  popular  en  Portugal  de  un 
tomo  en  4."  menor  de  320  páginas,  incluyendo  en  ellas  portada  é 
índices,  impreso  en  riquísimo  papel,  con  hermosos  y  espaciados 
tipos  y  grandes  márgenes,  que  dejan  reducido  su  tamaño,  en  ri- 
gor á  lo  que  llamamos  comunmente  un  8,"  marquilla. 

De  las  oÜO  páginas  útiles  consagra  el  autor  unas  ciento  escasa- 
jnenle  á  narrar  la  historia  pedagógica  de  Portugal  en  los  GOO  pri- 
meros años  de  su  existencia  desde  1 130  á  1750,  lo  cual,  de  seguro, 
á  nadie  parecerá  excesivo.  Las  40  páginas  siguientes  se  refieren  á 
las  reformas  hechas  por  el  marqués  de  Pombal ,  y  las  vicisitudes 
<le  estas.  A  la  narración  de  las  reformas  y  sucesos  de  este  siglo  se 
da  una  latitud  de  110  páginas,  es  decir,  casi  tanto  espacio  como 
el  que  se  dio  á  todo  el  período  no  coetáneo,  ó  sea  verdaderamente 
histórico.  Las  00  páginas  últimas  están  dedicadas  á  muy  breves 
apéndices,  entre  los  cuales  descuella  por  su  extensión  de  44  pági- 
nas la  reforma  de  estudios  hecha  en  1870  por  el  Ministerio  Sal- 
danha.  Como  este  documento  se  halla  firrtiado  por  D.  Antonio  Da 
Costa  de  Sonsa  de  Macedo,  supongo  que  este  señor  ministro  es  el 
jnismo  autor  del  libro. 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHKE    INSTRUCCIÓN    PÚlíLlCA.  *>'.» 

Al  ver  copiado  este  largo  docuniouto  en  un  libro  hislórico.  que 
no  copia  ningún  olro,  ni  aun  en  compendio,  creo  que  este  bos- 
quejo ó  esbozo  de  historia  [shozo  lo  llama  su  autor)  puede  consi- 
-derarse  como  el  pedestal  sobre  que  descansa  la  estatua  de  la  re- 
forma de  estudios  intentada  en  Portugal  en  1870. 

Tal  es  la  descripción  del  libro  en  su  parte  material  y  externa. 
Entremos  ya  en  su  parte  formal  é  interna,  principalmente  en  lo 
relativo  á  historia  y  crítica,  objeto  preferente  del  informe,  como 
que  lo  es  del  instituto  de  nuestra  Academia. 

Prescinde  el  autor  completamente  de  toda  la  historia,  rc!ativ;i 
á  la  enseñanza  en  los  tiempos  de  la  Unidad  Ibérica,  á  la  cual  por 
cierto  no  es  aficionado.  Omite  igualmente  lo  que  pudiera  haber 
en  tiempo  de  D.  Enrique  de  Borgoña  y  de  la  infeudación  de  Por- 
tugal, y  principia  con  el  reinado  de  D.  Alfonso  I,  que  se  fija  en 
1139,  aunque  el  autor  hasta  la  fecha  omite  por  demasiado  sa- 
bida. Cumple  en  esto,  demasiado  á  la  letra,  el  precepto  de  Ho- 
racio: «semper  ad  eventum  festinat.^^  Todas  las  noticias  que  nos 
da  acerca  del  siglo  xi  están  reducidas  á  decir,  que  las  letras  esla- 
"ijan  reservadas  «ágarnacha  da  cathedral,  oupara  o  habito  do  mos- 
leiro.»  No  nos  hubiera  venido  mal,  si  el  trabajo  hubiera  sido  más 
serio  y  completo,  el  saber  qué  catedrales  y  qué  monasteiios  eran 
esos  donde  se  guarecían  las  letras.  La  razón  que  da  el  autor  para 
ese  retraimiento  es  que  «o  empenho  de  arrancar  aos  infieles  as 
térras  do  christianismo  era  moda  do  tempo.»  A  la  verdad  en  esa 
moda  tuvo  que  entrar  Garlos  Martel  cuando  los  musulmanes  se 
le  metieron  en  Francia,  y  en  la  Península  llevaba  ya  esa  mod;i 
más  de  400  años;  que  para  moda  fué  mucho  durar. 

Una  contradicción  notable  ofrece  el  autor  en  estos  primeros  y 
vacilantes  pasos  con  que  entra  en  el  campo  de  la  historia.  Com- 
bate al  erudito  Andrés  de  Resende;  el  cual  dice  que  fray  Gil,  coe- 
táneo de  D.  Sancho  I  (1185-1211)  estudió  en  Coimbra,  suponiendo 
allí  una  especie  de  Universidad  ó  estudios  mayores.  Xiégalo  el  se- 
ñor Da  Costa,  asegurando  que  allí  no  había  escuela  superior  por 
cuenta  del  Estado,  sino  solamente  algunas  enseñanzas  en  el  con- 
vento de  Santa  Cruz,  que  llama  escola  dos  frades  Crudos.  Mas  á 
la  página  siguiente  nos  habla  de  un  Seminario  en  1073,  esto  es, 
mandando  los  revés  de  León ;  y  que  en  el  Monasterio  de  Santa 


100  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLV    DE    LA    HISTORIA. 

Cruz  había  enseñanzas  de  liumanidades,  teología  y  medicina. 
Luego  el  origen  de  la  Universidad  de  Goimbra  (1)  data  de  los  tiem- 
pos españoles  de  la  dominación  leonesa.  El  que  no  las  sostuviera 
el  Estado  importa  poco,  pues  á  la  verdad  hasta  nuestro  siglo,  y  hace- 
pocos  años,  casi  ninguna  Universidad  la  ha  sostenido  el  Estado; 
y  los  estudios  que  había  allí  bastaban  para  merecer  entonces  el 
dictado  de  estudio  general,  que  era  como  se  llamaba  entonces  á  las 
Universidades,  no  estudio  superior  como  dice  el  Sr.  Da  Costa, 
pues  tal  nomenclatura  no  se  usaba.  Universidades  eran  en  España 
las  de  Avila,  Almagro  é  Irache,  siquiera  estuvieran  en  monaste- 
rios, y  tuviesen  apenas  poco  más  que  aquellas  enseñanzas.  El  his- 
toriador debe  apreciar  las  cosas  por  lo  que  eran  en  su  siglo,  no 
por  el  valor  actual  de  las  cosas  y  los  nombres  que  se  usan  en 
nuestros  días. 

El  mismo  Sr.  Da  Costa  dice  que  D.  Sancho  favorecía  algún 
tanto  aquellos  estudios,  costeando  los  grados  de  algunos  discípu- 
los aventajados  que,  como  el  citado  Fr.  Gil,  iban  á  graduarse  á 
París;  y  consta  que  los  costeó  á  D.  Mendo  Diaz,  que  se  graduó  en 
medicina  en  1199,  y  de  regreso  puso  cátedra  para  enseñarla  en  el 
citado  monasterio  de  Santa  Cruz.  Constan  igualmenle  los  nom- 
bres de  otros  clérigos  no  menos  doctos  que  hubieron  de  señalarse 
allí  como  profesores,  tales  como  el  prior  D.  Juan,  el  maestro  Rai- 
mundo, D.  Pedro  Pires  y  otros,  hasta  D.  Pedro  Julián,  que  llegó 
d  ser  Papa  con  el  nombre  de  Juan  XXI. 

El  autor,  por  desvirtuar  estas  noticias,  de  que  pudiera  resultar 
tal  cual  gloria  al  clero,  asegura,  sin  probarlo,  que  aquellos  estu- 
dios  eran  cerrados,  que  la  enseñanza  no  alcanzaba  á  los  seglares, 
y  que  los  clérigos  se  arrogaban  de  esa  manera  el  ejercicio  de  la 
medicina.  Mal  se  avienen  estas  noticias  con  las  que  tenemos  acer- 
ca del  ejercicio  déla  medicina  por  los  judíos.  Perdone  el  Sr.  Costa 
que  no  crea  ninguna  de  esas  gratuitas  aserciones:  la  Historia  an- 
tigua no  se  escribe  bajo  palabra  de  honor.  Y  aun  en  todo  caso, 
esos  clérigos  y  monjes,  ¿de  dónde  procedían  sino  del  pueblo,  y  en 


(1)  E  lionra  seja  a  ciudade  de  Coimbra,  onde  tendo  ja  o  conde  Sisnando  instituido 
em  10~:t  un  Seminario,  teve  tambem,  desde  os  primeiros  dias  da  monarcliia  no  mostsiro 
de  Santa  Cruz,  o  casino  das  liumanidades  de  theologia  e  medicina  (pá?.  U).» 


DICTAMEN    DE    LOS    I.IUROS    SOlUíE    INSTH  UCCIÚX    PÚHLIC.V.        1()1 

beneficio  de  quién  aprendían,  enseñaban  y  ojercíau  sino  del 
pueblo? 

El  autor  desprecia  todos  estos  elementos  de  enseñanza,  y  lam- 
bién  las  escuelas  parroquiales,  mandadas  crear,  según  aparece, 
por  las  Decretales  del  Papa  Gregorio  IX,  en  lo  que  cabe  su  parle 
de  gloria  á  nuestro  compatriota  San  Raimundo  de  Peñafort,  pro- 
fesor de  Derecho  canónico,  capellán  del  Papa  y  compilador  de 
aquel  Código.  Los  primeros  que  tenían  que  aprender  en  muchos 
casos,  dice  el  Sr.  Da  Costa,  eran  el  propio  piírroco  y  el  propio 
clero.  (Pág.  19.) 

Pues  qué,  ¿había  en  el  siglo  xiii  en  Portugal  algún  clérigo  que 
no  supiese  siquiera  leer  y  escribir?  Pues  qué  ¿en  el  siglo  ix,  en 
la  época  de  mayor  rudeza  y  grosería,  se  ordenaba  á  ningún  clé- 
rigo sin  saber  leer  y  escribir,  cuando  el  saber  esto  se  llamaba  cle- 
recía? Pues  qué,  aun  cuando  hubiese  alguno  que  otro  por  caso 
raro,  ¿es  lícito  al  historiador  generalizar  sobre  hechos  particula- 
res y  aislados,  erigir  las  excepciones  desgraciadas  en  casos  comu- 
nes y  reglas  corrientes,  y  todo  ello  por  privar  á  un  Papa  generoso 
del  justísimo  elogio  que  se  le  debe  por  aquel  mandato  en  benefi- 
cio de  la  educación  popular?  Sabido  es  que  todavía  en  algunos 
parajes  de  Francia  llaman  le  parvis  al  atrio  ó  pórtico  de  la  iglesia, 
pronunciando  con  mal  acento  la  palabra  parvis,  porque  era  el  si- 
tio donde  el  cura,  y  á  veces  el  sacristán,  reunían  á  los  niños  para 
enseñarles  en  aquel  paraje,  á  falta  de  mejor  local. 

Los  pórticos  de  muchas  de  nuestras  iglesias  rurales,  con  sus 
bancos  sumamente  bajos,  recuerdan  esto,  y  yo  sé  de  más  de  una 
escuela  que  no  tenía  otro  local  todavía  en  este  siglo,  ni  más  maes- 
tro que  el  anciano  y  honrado  sacristán.  ¿Pero  qué  extraño  es  esto, 
si  todavía  he  visto  una  escuela  rur.al  al  aire  libre,  porque  la  pobre 
capilla  ni  aun  pórtico  tenía? 

Estas  y  otras  aserciones  por  el  estilo  nos  dan  la  medida  del  cri- 
terio del  Sr.  Da  Costa  y  de  su  calidad.  Su  talento,  lúcido  y  claro 
en  muchos  conceptos,  se  halla  vejado  por  la  politico-manía  y  el 
fanatismo  de  nuestra  época;  pues  si  la  credulidad  y  la  supersti- 
ción tienen  sus  fanáticos,  también  los  tienen  la  incredulidad  y  el 
anticlericalismo,  y  hoy  en  día  este  es  el  género  que  abunda. 

A  fines  de  aquel  mismo  siglo  xiii  el  Rey  D.  Dionisio  de  Porta- 


102  UOLETÍN    Dli    LA    REAL    ACADEML^    DE    LA    HISTOIUA. 

gal  funda  la  Universidad  de  Lisboa  en  1-289,  sin  que  le  arredrase- 
el  tener  estudiantes  en  la  capital  de  la  monarquía;  que  no  le  arre- 
draban los  estudios  ;í  quien  amaba  las  letras.  El  Rey  galante  y 
literato,  el  fiel  retrato  de  D.  Alfonso  el  Sabio,  desgraciado  como' 
éste  en  tener  un  hijo  ambicioso  y  con  excesivos  deseos  de  suplan- 
tarle en  el  trono;  el  marido  de  la  bella  y  simpática  Isabel  de  Ara- 
g(3n,  pacitlcadora  de  civiles  discordias,  á  quien  la  Iglesia  poste- 
riormenlc  apellidó  Santa;  aquel  Rey  tan  noble  como  caballero, 
fuó  quien  llevó  á  cabo  el  pensamiento  de  dotar  á  la  capital  de  su 
reino  con  un  estudio  general,  que  se  apellidara  la  primera  Uni- 
versidad de  Portugal,  como  era  Lisboa  el  primer  pueblo  de  su 
monarquía;  y  el  Papa  debió  hallar  muy  racional  este  pensamiento 
cuando  confirmó  en  1290  la  Universidad  naciente. 

;.Qnó  razones  pudo  tener  el  Rey  D.  Dionís  para  sacar  la  Uni- 
versidad de  la  capital  y  llevarla  pocos  años  después  á  Goimbra, 
precisamente  á  la  ciudad  desde  donde  después  hizo  guerra  su  hija 
D.  Alfonso  el  Fuerte?  El  Sr.  Da  Costa  no  lo  dice;  consigna  sólo 
que  la  traslación  se  hizo  en  1307,  y  confirmó  esta  traslación  el 
Papa  por  Bula  dada  en  26  de  Febrero  de  1308,  llevando  desde 
entonces  el  título  de  Universidad,  ó  estudio  general.,  cuya  realidad 
tenía  desde  siglos  antes,  como  arriba  queda  dicho.  En  tal  concep- 
to, la  Universidad  de  Coimbra  aparece  coetíínea  á  la  de  Vallado- 
lid  y  aun  posterior  á  ésta,  y  la  de  Salamanca  la  precede  con  anti- 
güedad de  un  siglo.  La  Universidad  de  Coimbra  tenía  estudio  de 
Derecho  canónico  y  romano,  medicina,  gramática,  filosofía  y  mú- 
sica. D.  Dionisio  hizo  traducir  las  leyes  de  Partida  como  libro  de 
texto  para  sus  es<íuelas.  Quizá  este  mismo  pensamiento  había  te- 
nido el  Rey  Sabio;  y  esto  robustecería  la  conjetura  de  que  el  pro- 
fesorado de  Salamanca  tuviera  mano  en  la  redacción  de  aquel 
importante  Código,  mejor  acogido  en  Portugal  que  en  Castilla, 
donde  le  perjudic(')  la  politico-nianía,  la  cual,  entonces  como  aho- 
ra, enconaba  todo  cuanto  llegaba  á  tocar  con  sus  manos  de 
arpía. 

Echase  de  menos  la  teología  entre  lasasignatui-as  de  la  Univer- 
sidad naciente;  pero  como  esta  enseñanza,  y  algunas  otras  asimi- 
ladas á  ella,  estaban  en  los  conventos  de  San  Francisco  y  Santo- 
Domingo,  no  fué  necesario  crearlas  en  la  Universidad.  Lo  mismo 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHIIE    INSTRUCCIÓN    IM  lU.ICA.        HV.l 

sucedía  en  Salamanca,  donde  la  teología  no  entró  .í  formar  facnl- 
tad  hasta  principios  del  siglo  xv,  ó  sea  el  año  I  i  10.  Pregunta  el 
Sr.  Da  Costa:  ¿cómo  no  se  opuso  el  clero  ;l  que  se  llevase  á  cabo 
aquella  secularización  de  la  enseñanza  cu  Goim])ra,  y  autos  I.- 
prestó  su  auxilio? 

Lo  primero  sería  saber  si  hubo  tal  secularización^  y  eso  depen- 
derá de  la  significación  que  se  dé  á  esa  palabra.  El  Sr.  Da  Costa 
supone,  pero  no  prueba,  que  los  estudios  monásticos  anteriores 
eran  cerrados;  y  llama  secularización,  no  al  alejamiento  completo 
del  clero  y  de  su  inüuencia  en  la  enseñanza,  sino  sólo  al  hecho 
de  ser  públicos  los  estudios  fuera  de  conventos,  y  no  para  clérigos 
solamente.  Aun  cuando  fuesen  cerrados  los  estudios,  ¿cómo  el 
clero  se  había  de  oponer  á  que  estos  fueran  públicos,  cuando  1<> 
eran  en  Salamanca  y  Valladolid,  á  las  puertas  de  Coimbra,  y  pú- 
blicos igualmente  en  Lérida  para  la  Corona  de  Aragón?  ¿No  eran 
piíblicos  en  París  y  Bolonia,  modelos  entonces  de  estudios  gene- 
rales? El  clero  vio  en  ello  una  cosa  buena  y  íitil,  y  lo  apoyó,  como 
apoyaba  entonces  todo  lo  bueno.  Pero  elSr.  Da  Costa  no  ve  siem- 
pre en  el  clero  más  que  lo  que  veía  D.  Quijote  en  los  monjes  be- 
nitos, encantadores  malignos,  endriagos,  malandrines  y  robadores 
de  doncellas  andantes.  El  clero,  para  el  Sr.  Da  Costa  y  todos  los 
de  su  escuela,  ó  mejor  dicho  secta,  es  siempre  el  astuto  y  rapaz 
leopardo,  adversario  de  la  humanidad,  que  describe  San  Pedro: 
tamqiiam  leo  riigiens  circuit  quxrens  quem  devoret.  El  Quijote 
moderno  que  llega  á  infatuarse  coa  esa  idea  fija,  hará  siempre  de 
las  suyas;  y  bien  sea  que  tope  con  unas  señoras  que  van  en  coche 
por  un  camino,  ó  con  la  comitiva  de  un  cuerpo  muerto,  ó  con  una 
rogativa  piadosa  que  llevare  en  andas  á  la  Virgen  de  los  Dolores, 
siempre  hallará  á  mano  un  fraile  á  quien  tirar  una  lanzada,  un 
bachiller  ordenado  de  menores  á  quien  derribar  de  su  muía,  ó  un 
cofrade  disciplinante  á  quien  romper  la  cabeza  si  no  enarbola  ;i 
tiempo  la  horquilla.  Y  no  servirá  gritarle  como  Sancho— «  ¿Ad<3n- 
de  va,  señor?  ¿qué  demonios  lleva  en  el  pecho  que  le  incitan  á  ir 
contra  nuestra  fe  católica?»  porque  el  fanático  moderno  respon- 
derá al  punto— «¡Para  conmigo  no  hay  palabras  blandas,  que  yo 
ya  os  conozco,  fementida  canalla!» 

Si  el  historiador  no  respeta  las  intenciones  ajenas  en  casos  don- 


104      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEML\  DE  LA  HISTORIA. 

de  no  consta  que  obrara  mal,  y  antes  aparece  que  se  obró  bien, 
¿tendrá  derecho  á  reclamar  que  se  le  respete  á  él? 

Cita  luego  el  Sr.  Da  Costa  las  prohibiciones  de  estudiar  Dere- 
cho y  Medicina  impuestas  á  los  clérigos  en  el  Concilio  de  Reim? 
(1131),  de  Letran  (1139,  fecha  de  la  inauguración  de  la  monarquía 
portuguesa),  de  Tours  (11G3),  la  Decretal  de  Honorio  III  (1211),  y 
la  de  Honorio  lY.en  1285.  Acumula  á  Inocencio  IV  haber  in- 
tentado prohilür  el  estudio  del  Derecho  romano  (1245),  vulgari- 
dad tomada  de  Savigny  (1),  pues  el  querer  cohibir  el  abuso  y  exa- 
geración de  una  cosa,  ó  de  una  institución,  no  es  prohibir  el  buen 
uso  de  ella. 

Para  disculpar  que  no  hubiese  matemáticas  en  Coimbra,  no  pu- 
diendo  echar  la  culpa  de  esto  al  clero,  dice  el  Sr.  Da  Costa  «que 
estaban  as  sciencias  mathematicas  ainda  entenebradas  na  Euro- 
pa.» No  estaban  muy  lejos  de  Portugal  los  autores  de  las  tablas 
Alfonsinas,  que  no  se  redactaron  sin  grandes  conocimientos  ma- 
temáticos. Y  en  tal  caso  ¿á  qué  queda  reducida  la  ampulosa  frase 
con  que  principia  el  capítulo  hablando  la  moderna  jerga  periodís- 
tica? «Fundouse  a  Uuiversidade;  respondendo  assim  ao  apello  da 
Europa  (la  de  las  tinieblas  'parciales),  mostramos  que  perteniamos 
ao  progreso,  e  que  tomavamos  o  nosso  logar  no  banquete  da  ci- 
vilisacao  contemporánea.»    • 

No  quisiera  ver  la  figura  retórica  y  positivista  del  banquete 
unida  á  la  idea  nominal  del  progreso,  y  más  tratándose  del  si- 
glo XIV,  en  que  se  degeneró  de  los  grandes  adelantos  del  siglo  ante- 
rior. A  pesar  de  eso  insiste  el  Sr.  Da  Costa  en  la  idea  progresiva 
del  siglo  XIV,  dando  como  tal  la  introducción  de  la  escuela  de  los 
glosistas  acaudillados  por  Bartolo,  cuyas  elucubraciones  introdu- 
jo en  la  nueva  Universidad  el  jurisconsulto  Juan  de  las  Reglas 
(.Toaó  das  Regras);  pero  no  es  de  extrañar  que  en  Portugal  sepro- 
gi'esara  entonces,  pues  al  fin  D.  Juan  I  era  un  rey  popular.  Ex- 
cusado es  decir  que  el  autor  que  miró  como  moda  del  siglo  xii 
combatir  á  los  musulmanes  y  revindicar  el  territorio  usurpado, 
hal)la  aquí  con  énfasis  de  la  batalla  de  Aljubarrota, 

En  cambio  apenas  da  ul  autor  dalo  alguno  sobre  el  estado  de  la 

(1)    Savigny,  Tlist»i,r  dvdroit  roniain  au  mayen  óge;  t.  1..  cap.  21. 


DIGlAMIiN    DE    LOS    LIBROS    SOBUE    INSTiaCClÚN    PLIM.ICA.        105 

instrucción  popular  ni  nacional  en  los  siglos  xv  y  primera  mitad 
del  xvi;  y  no  porque  Portugal  no  pueda  figurar  dignamente  eii  la 
historia  del  renacimiento  literario  y  del  desarrollo  de  la  instruc- 
ción en  aquel  tiempo.  Pero  en  cambio  no  escasea  las  vulgarida- 
des que  se  dicen  á  cada  paso  sobre  el  Santo  Oficio,  expulsión  de 
los  judíos,  inutilidad  de  los  descubrimientos  marítimos  y  esteri- 
lidad do  sus  hazañas,  deplorando  que  los  portugueses,  tan  gran- 
des mareantes,  no  supieran  ser  buenos  mercaderes.  Podrán  estas 
cosas  ser  más  ó  menos  ciertas,  pero  no  vienen  al  caso,  ó  llegan 
traídas  por  los  cabellos. 

De  pronto,  a  mediados  del  siglo  xvi,  anúblase  el  sol  de  ¡Portu- 
gal. Preséntase  una  nube  en'el  horizonte  (pág.  79i;  y  aumino  al 
pronto  parece  nube,  luego  se  ve  que  es  «un  bulto  sombrío  fon 
pasos  firmes  e  vagorosos.»  Lo  de  siempre:  ¡qmerens  quetu  devoren 
El  buli.o  sombrío,  cuyos  pasos  son  firmes,  y  á  pesar  de  eso  vago- 
rosos,  ya  se  deja  comprender  quien  es.  Ya  no  es  el  gigante  bene- 
dictino: ya  pasó  también  la  batalla  délos  carneros.  Es  el  Bachiller 
Alonso  Lo])ez  de  Alcobendas,  que  viene  de  Baeza  con  otros  once 
curas  enlutados,  murmurando  una  salmodia  en  voz  baja  y  com- 
pasiva, y  acompañando  un  cuerpo  muerto;  y,  sino  es  el  Bachiller 
Alonso  López  de  Alcobendas,  es  el  Padre  Simón  Rodríguez,  com- 
pañero de  San  ígnacio  de  Loyola.  El  bulto  sombrío  es...  digá- 
moslo de  una  vez...  ¡el  jesuíta! 

Los  jesuitas  cometieron  desde  mediados  del  siglo  xvi,  el  crimen 
imperdonable  de  dedicarse  á  la  segunda  enseñanza,  en  la  que  ha- 
bía poco  que  usurpar,  pues  si  había  en  Salamanca  un  Brócense, 
en  Alcalá  un  Fernán  Nuñez  el  Pinciano,  y  en  Evora  un  Andrés 
Resende,  en  cambio  de  estos  genios  felices,  y  esplendentes  excep- 
ciones, pululaban  por  todas  partíis  los  dómines,  como  el  licencia- 
do Cabra  y  otros  de  menguado  recuerdo,  contra  quienes  se  dio  la 
pragmática  de  Garlos  V  prohibiendo  establecer  estudios  de  latini- 
dad sino  en  las  grandes  poblaciones.  • 

Don  Juan  III  comete  la  torpeza  de  entregar  á  los  jesuitas  la 
dirección  del  Colegio  de  Artes  y  de  las  escuelas  de  Humanidades 
en  Goimbra,  año  de  1555.  Convendrá  saber  si  esta  herencia  fué 
cedida,  como  dicen  los  juristas,  á  beneficio  de  inventario,  y  en 
todo  caso  convendría  conocer  éste  para  saber  lo  que  heredaron. 


106  boletín  de  la  re¿l  academia  de  la  historia. 

pues  si  el  derecho  da  en  tales  casos  la  acción  expilatx  hcereditatis 
también  hay  casos  de  solutio  indebiti,  cuando  el  heredero  tiene 
que  pagar  más  que  lo  que  recibió  oh  Jatitans  xs  alienum,  en 
cuyo  caso  la  herencia  deja  arruinado  al  pobre  heredero. 

Convendría  pues  saber  qué  tal  estuvo  el  Colegio  de  Artistas  en 
Goimbra,  y  sí  éste  ganó  ó  perdió  bajo  la  mano  de  los  jesuítas.  El 
Sr.  Da  Costa  no  se  molesta  en  darnos  estos  pormenores,  sin  los 
cuales  no  se  puede  fallar  esa  causa  con  acierto.  Pero  no  debia  ser 
mucha  la  concurrencia,  cuando,  por  sugestiones  de  la  reina  Doña 
Catalina,  se  mandó  en  13  de  Agosto  de  1561,  que  no  pudieran  los 
estudiantes  matrií^ularse  en  las  facultades  de  Leyes  y  Cánones  sin 
presentar  certificación  de  haber  cursado  Artes  y  en  aquel  Colegio. 
Esta  picardía  tenía  por  objeto  someter  los  estudiantes  á  los  profe- 
sores del  Colegio  y  la  Universidad  «ficava  enfeudada  aos  jesuí- 
tas.» ¡Mal  pecado!  y  lo  peor  es  que  esa  picardía  continúa  aún  ejer- 
ciendo su  maléfica  influencia,  pues  hoy  es  el  día  en  que  en  Espa- 
ña no  se  permite  á  ningún  estudiante  matricularse  en  Leyes  sin 
presentar  certificaciones  de  haber  cursado  Artes  en  un  Instituto, 
porque  siendo  las  nociones  que  aquí  se  aprenden  fundamentales 
deben  preceder  al  estudio  de  las  ciencias,  por  la  misma  razón  por 
la  que  los  arquitectos  echan  los  cimientos  antes  de  hacer  el  tejado. 

El  Cardenal  Regente  D.  Enrique  creó  el  Colegvp  de  Evora  en 
1.554  (pág.  75,  línea  segunda),  si  bien  luego  (á  la  pág.  79),  se  da  el 
año  1551  por  fecha  de  su  creación:  puso  el  fundador  su  colegio 
en  manos  de  los  jesuítas,  creando  así  una  Universidad  «que  po- 
desse  competir  com  a  de  Coimbra,»  como  dice  el  P.  Baltasar  Te- 
llez.  Si  no  mediaran  los  jesuítas,  esta  emulación  y  rivalidad  litera- 
ria hubieran  parecido  una  cosa  muy  notable  y  sencilla.  Cisneros 
había  creado  en  Alcalá  una  rival  á  la  de  Salamanca,  y  nadie  le 
ha  echado  esto  en  cara  como  una  picardía  usurpadora.  Según 
las  leyes  de  la  economía  el  crear  una  competencia,  ó  si  se  quiere 
(ipncurrencia,  es  siempre  útil  al  público;  y  por  lo  tanto  el  que- 
brantar el  monopolio  universitario  de  Coimbra  se  hubiera  mirado 
siempre  como  un  beneficio,  á  no  mediar  el  instituto  de  la  Com- 
pañía. 

I*ara  mayor  dolor  el  Papa  Paulo  IV,  confirmó  la  Universidad 
de  Evora  en  18  de  Setiembre  de  1558.  La  reina  Regente  Doña  Ca- 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN    PLULICA.         107 

talina  cometió  lambióii  la  torpeza  de  coulinnarla  en  I55>,  y  en  -21 
do  Julio  la  equiparó  ú  la  de  Goimbra.  San  Pío  V,  ¡<inó  horror! 
le  concedió  fuero  académico,  pues  así  llamahan  las  ^'.Mites  esa 
exención  de  la  jurisdicción  ordinaria  y  de  la  jurisdicción  Real 
que  tanto  asusta  al  Sr.  Da  Costa,  hasta  el  punto  de  obligarle  ;í 
exclamar:  «¡Dito  esto,  está  dito  todo!') 

Y  en  efecto,  por  parte  del  autor  no  queda  más  que  decir.  Ksi 
invasión  que  tanto  asusta  al  historiador  portugués,  pasaba  enton- 
ces en  unas  diez  y  seis  universidiides  nuevas  fundadas  en  Es[»a- 
ña:  En  Alcalá,  Toledo,  Sevilla,  Santiago,  Oviedo  Granada,  Gan- 
día, Baeza,  Pamplona,  Almagro,  Osuna,  Ávila,  Zaragoza  y  hasta 
en  Méjico,  Lima  y  Manila;  y  los  españoles,  gente  de  suyo  asusta- 
diza en  materia  de  fueros  y  exenciones,  no  se  alarmaban  por  se- 
mejante acuerdo. 

Además,  si  la  Universidad  de  Goimbra  gozaba  del  fuero  aca- 
démico, una  vez  creada  la  de  Evora,  la  igualdad  legal  exigía  que 
se  diese  á  ésta,  ó  se  le  quitase  á  aquélla. 

Entra  luego  el  Sr.  Da  Costa  á  tratar  de  la  perniciosa  intluencia 
de  la  Universidad  de  Evora,  mostrándose  muy  poco  partidario  de 
la  libertad  de  enseñanza  en  nombre  de  la  libertad;  y  pretende 
que  todo  lo  malo  que  sucede  entonces  y  la  decadencia  de  todos 
los  elementos  sociales  en  el  siglo  xvii  se  deben  á  esta  causa.  Es 
más,  los  reyes  Felipes  sostuvieron  la  Universidad  de  Evora,  y 
f/!/a  se  ve.' j  lo  hicieron  con  el  mal  tin  de  avasallar  á  los  por- 
tugueses y  esclavizarlos  por  medio  de  la  Compañía  de  Jesús. 
¿Tendría  también  la  Universidad  de  Evora  la  culpa  de  la  gran 
postración  en  que  cayó  España  en  aquel  desdichadísimo  si.í^loy 

Los  grados  eran  más  baratos  en  Evora  ijue  en  Coimbra:  y 
esta  mala  maña  jesuítica  aumentó,  dice,  los  estudiantes  y  gra- 
duados en  Évora.  A  la  verdad,  en  un  país  donde  hay  dos  Uni- 
versidades, por  fuerza  se  habían  de  robar  estudiantes  la  unaá  la 
otra;  y  si  obtenían  destino  los  graduados  de  un  claustro  los  iia- 
bían  de  quitar  á  los  del  otro,  á  no  ser  que  se  graduaran  con  el 
santo  fin  de  morirse  de  hambre,  ó  hacer  el  cuarto  voto,  como  los 
jesuítas,  votum  non  amhiendi. 

Las  pruebas  de  que  con  el  método  de  enseñanza  de  los  jesuí- 
tas no  se  puede  educar  bien,  están,  según  Da  Costa,  en  la  regla 


108  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia, 

misma  de  los  jesuítas;  y  con  tolo,  los  jesuítas  con  ese  perverso 
método  sacaron  discípulos  eminentes  en  todas  partes  del  mundo; 
y  hoy  es  el  día  en  que  la  gente  tiene  la  manía  de  llenar  sus  co- 
legios, siendo  preciso  cerrárselos  á  la  fuerza,  y  atropellarlos  en 
nombre  de  la  libertad  de  enseñanza,  y  hasta  expulsarlos  de  algu- 
nos países,  bien  sea  en  nombre  del  orden  y  de  la  monarquía 
como  en  España,  ó  bien  de  la  libertad  y  la  república  como  en 
Suiza,  yes  más,  aplaudiendo  estas  expulsiones,  como  las  aplaude 
el  Sr.  Da  Costa,  que  deploró  algunas  páginas  antes  la  expulsión 
de  los  judíos  de  Portugal.  ¡Cuan  mezquinos  han  de  encontrar- 
nos en  nuestras  apreciaciones  políticas  los  críticos  de  las  gene- 
raciones que  vendrán  en  pos  de  nosotros,  y  cuan  inconsecuentes 
á  cada  paso! 

Acusa  el  Sr.  Da  Costa  á  los  jesuítas  de  haber  rebajado  el  estu- 
dio de  la  Teología  en  Portugal,  barajando  el  estudio  de  los  esco- 
lásticos con  el  de  los  Santos  Padres.  Pero  entonces  ¿qué  alega  con- 
tra Santo  Tomás  y  su  guía  Pedro  Lombardo,  también  adicto  á  los 
Padres?  ¿Y  quién  le  ha  dicho  al  Sr.  Da  Costa  que  la  Teología  es- 
colástica y  la  patrística  se  estorban  mutuamente?  Lo  contrario 
es  lo  verdadero;  ni  la  una  ha  de  andar  sin  la  otra. 

Por  de  contado  que  la  ida  del  célebre  Suarez  á  Coimbra  para 
reformar  y  levantar  aquella  Universidad  no  le  merece  ni  un  re- 
cuerdo: mejor  es,  pues  con  eso  economiza  una  diatriba  contra 
aquel  sabio  y  eminente  personaje. 

Los  jesuítas,  dice,  tuvieron  también  la  culpa  de  la  decadencia 
de  las  ciencias  exactas  y  matemáticas  en  Portugal.  De  lo  mismo 
se  les  acusa  neciamente  en  España.  La  creación  de  los  estudios 
de  San  Isidro  en  Madrid  tuvo  por  objeto  fomentarlas,  por  lo  mal 
que  estaban  en  las  universidades  mayores  y  menores,  en  algu- 
nas délas  cuales  ni  había  jesuítas  ni  tenían  estos  las  cátedras  de 
ciencias,  ni  gozaban  de  gran  influencia,  como  sucedía  en  Alcalá 
y  Salamanca,  donde  los  dominicos,  agustinos  y  franciscanos  neu- 
tralizaban la  influencia  de  aquellos  en  todos  conceptos.  El  estu- 
diar la  historia  de  un  país,  ó  de  una  institución  de  un  modo  ce- 
rrado, y  sin  mirar  á  la  historia  general  y  á  los  países  é  institu- 
ciones afines,  expone  siempre  á  estas  apreciaciones  inexactas. 

A  la  página  82  parece  inclinarse  el  Sr.  Da  Costa  á  la  libertad 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBUK    INSTll  i;c.CIÚN    PÚPLICv.         ln'.l 

de  enseñanza  al  vituperar  el  monopolio  de  la  uiiivcrsid.id  d.; 
Évora.  Pero  ^;no  había  aplaudido  antes  el  de  Goimhra  y  acusado 
á  los  jesuítas  por  querer  eximirse  de  él?  Al  decidirse  por  un 
sistema  hay  que  aceptarlo  con  todas  sus  consecuencias,  con  sus 
ventajas  y  sus  inconvenientes. 

El  llamado  monopolio  universitario  tiene  muchas  de  aquellas 
y  no  poco  de  estos,  como  sucede  con  todas  las  cosas  humanas. 
En  él  se  resumen  las  teorías  del  individuo  y  do  la  colectividad, 
del  copiante  y  de  la  imprenta.  El  individuo  har;í  una  cosa  pri- 
morosa y  rara,  pero  cara  como  los  trabajos  de  copia  y  miniatura 
de  la  Edad  Media;  pero  la  máquina  la  reproducirá  por  milla- 
res en  menos  tiempo  y  la  pondrá  al  alcance  de  todas  las  foi- 
tunas. 

La  Universidad  eS  la  máquina,  es  la  compañía  de  muchos  y 
variados  enseñantes.  El  privatim  docens  es  el  brazo,  el  individuo, 
el  capital  aislado,  el  copiante  de  la  Edad  Media.  Si  es  hombre  d(^ 
mérito,  en  tres  ó  seis  años  sacará  media  docena  de  discípulos 
aventajados,  pero  estos  no  serán  los  pobres,  no  serán  los  hijos 
del  pueblo:  serán  ricos  que  les  paguen  8.000  ál  2.000  reales  cada 
uno:  el  hijo  del  pobre,  del  comerciante,  del  hombre  de  la  clase 
media,  encontrará  por  una  onza  de  oro  al  año  doce  profesores 
que  le  enseñarán  mucho  más.  A  esto  se  llama  á  veces  monopolio 
universitario. 

Lamenta  el  Sr.  Da  Costa  que  Andrés  Resende  tuviera  que  ceri-ar 
su  escuela  de  Humanidades  en  Evora.  Pero  aquel  célebre  huma- 
nista la  cerró  porque  quiso,  pues  se  hizo  en  su  obsequio  una  ex- 
cepción honrosa.  ¿Y  cuántos  Resendes  había  entonces?  La  ense- 
ñanza del  colegio  no  se  da  bien  sino  por  comunidades  y  compa- 
ñías, ora  las  guíe  la  caridad,  ora  las  impulse  el  interés,  los  dos 
grandes  motores  de  las  empresas  colosales  ó  arriesgadas.  La  glo- 
ria, fuera  de  la  del  cielo,  hay  que  admitirla  en  las  empresas  con 
cuenta  y  razón,  y  á  cargo  y  data. 

Entre  tanto  el  Sr.  Da  Costa  al  escribir  su  historia  de  la  ins- 
trucción popwíar  nada  nos  ha  dicho  del  pueblo  ni  de  su  instruc- 
ción y  cultura.  El  mismo  se  reconviene  por  ello  al  concluir  el 
período  que  podemos  llamar  de  historia  antigua  en  su  libro  (pá- 
gina 91.)  «¿E  o  povo  preguntarao?  A  educa(;aü  nacional  é  do  que 


lio       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

principalmente  nos  occupamos.»  Con  perdón  del  autor,  la  nacio- 
nal es  del  otro  libro  de  que  hablaremos  luego. 

Es  lo  cierto  que  en  las  90  páginas  primeras  dedicadas  á  estu- 
diar el  desarrollo  de  la  instrucción  popular  de  Portugal  desde  prin- 
cipios del  siglo  XII  á  mediados  del  siglo  xvni  nada  se  nos  ha  di- 
cho de  escuelas  populares,  sino  solo  dos  líneas  para  rebajar  la 
importancia  de  las  parroquiales  en  el  siglo  xiii  y  de  la  piadosa 
solicitud  de  Gregorio  IX.  La  historia  se  ha  reducido  en  su  mayor 
parte  á  combatir  á  los  jesuitas.  Mas,  ¿cómo  estos,  que  lo  monopo- 
lizaban todo  en  Portugal  á  pesar  de  la  terrible  influencia  inglesa, 
necesaria  allí  para  sostener  la  independencia  contra  Castilla,  no 
cuidaron  de  aiJoderarse  de  la  enseñanza  de  las  turbas  populares? 
«A  Companhia  que,  nfio  se  esquecia  de  elemento  algún,  deslem- 
brarse  ha  do  ensino  das  turbas?^)  El  autor  responde  categórica- 
mente: «As  turbas  n5o  forem  esquicidas.» 

La  respuesta  es  terminante:  los  jesuitas  descuidaron  en  Portu- 
gal la  enseñanza  del  pueblo.  Eso  no  libra  de  cargos  al  Estado,  ó 
mejor  dicho  al  Gobierno,  pues  la  enseñanza  del  pueblo  no  es  un 
derecho,  sino  es  un  deber  que  tiene  éste  que  atender,  si  no  lo  sa- 
tisfacen la  caridad  cristiana  ó  el  interés  particular,  relevándole  del 
cumplimiento  de  esta  obligación  sagrada.  Pero  la  solución  del 
Sr.  Da  Costa  para  poner  en  relieve  esta  falta  jesuítica  es  peregri- 
na. Los  jesuitas,  dice,  absorbían  también  la  predicación  en  Por- 
tugal, y  por  medio  de  jubileos  especiales  y  funciones  de  cuarenta 
horas,  atraían  la  gente  más  que  los  otros  frailes,  y  de  ese  modo 
lograban  atraerse  las  turbas  y  educarlas  á  su  modo. 

¿Pero  qué?  ¿Aprendía  la  gente  en  Portugal  á  leer  y  escribir  en 
los  jubileos  y  en  las  cuarenta  horas?  Por  lo  visto  los  jesuitas  de 
ahora  han  perdido  el  secreto.  Es  preciso  leerlo  en  el  original 
para  dar  crédito  á  tan  estupenda  noticia.  «O  sistema  assim  reali- 
zado (el  de  los  sermones)  absorbía  por  una  especie  de  insiruccao 
primaria  (nota  henej  as  classes  populares,  abrangendo  todo  o 
circulo  da  instruccflo.  Era  a  dominacao  sobre  o  paiz»  (pág.  91'. 

Ya  lo  oye  la  Academia:  el  sermoneo  jesuítico  en  Portugal  era 
una  especie  de  instrucción  popular  que  abrazaba,  no  como  quiera 
la  educación  moral  y  la  religiosa  del  pueblo,  efectos  naturales  de 
la  predicación,  sino  algo  más,  mucho  más  que  esta  educación,  la 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS   SOBRE    INSTRUCCIÓN    PÚBLICA.        lii 

instrucción  del  pueblo  en  su  parte  intelectual  y  todo  el  círculo 
de  la  instrucción  primaria:  aAhrangendo  todo  o  circulo  da  ins- 
trucao.y>  Son  palabras  textuales  ala  pág.  91  del  libro;  y  es  más. 
esto  venía  í\  instituir  una  dominación  universal. 

¿Pero  no  predicaban  los  otros  curas  ó  frailes?  ¿O  era  que  estos 
no  estaban  en  el  secreto  de  enseñar  el  deletreo,  cuentas  y  jtalotes 
en  las  cuarenta  horas':*  Según  eso,  en  los  siglos  xvii  y  .wiii  no 
había  absolutamente  en  Portugal  escuelas  de  instrucción  prima- 
ria. Una  de  dos;  ó  las  había  ó  no:  si  las  había  ¿porqué  no  lo  dicei' 
Si  no  las  había,  el  Gobierno  faltaba  á  uno  de  sus  deberes  más  sa- 
grados é  indeclinables. 

Excusado  es  decir  que  el  Sr.  Da  Costa  toma  cslfl  noticia  dema- 
siado candorosamente  de  los  escritos  con  que  algunos  frailes  eii 
el  siglo  pasado  daban  á  los  jesuítas  la  coz  del  asno.  Sucedía  en- 
tonces, y  aun  sucede  ahora,  que  los  holgazanes  encubren  su  in- 
dolencia llamando  intrigas,  osadía  y  petulancia  á  la  actividad  de 
los  que  trabajan.  Un  jesuíta  da  misiones  en  un  pueblo;  logra 
reanimar  su  fe  y  la  frecuencia  de  Sacramentos,  la  desaparición 
de  la  blasfemia,  y  encarga  el  sostenimiento  de  este  fervor  á  los  que 
deben  procurarlo  de  continuo  y  por  obUgación:  á  los  tres  meses 
se  ha  perdido  todo  el  fruto,  y  para  disculparlo  nunca  falta  quien 
llame  al  jesuíta  entremetido,  intrigante  y  declamador  importuno. 
En  fuentes  por  ese  estilo  ha  bebido  el  Sr.  Da  Costa. 

Si  las  noticias  que  nos  da  son  exactas  y  lo  que  calla  es  porque 
no  existía,  resulta  que  en  Portugal  no  había  escuelas  donde  edu- 
car, no  como  quiera  al  pueblo,  pero  ni  aun  á  la  clase  media;  y 
que  los  portugueses  eran  entonces  de  peor  condición  y  más  atra- 
sados que  nuestros  indios.  La  demostración  es  evidente.  A  estos 
les  enseñaban  á  leer  y  escribir,  sin  perjuicio  de  sermonearles  los 
misioneros,  no  solamente  jesuítas,  sino  frailes  de  otros  institutos. 

Hace  pocos  años  que  ha  sido  demolido  por  la  revolución  en 
Méjico  el  local  donde  estuvo  la  primera  escuela  que  bulto  en 
América,  y  eso  á  los  pocos  años  de  la  conquista,  en  el  convento 
de  San  Francisco,  regida  por  Fr.  Pedro  de  Gante.  Allí  fué  donde 
se  dieron  las  primeras  lecciones  de  leer  y  escribir  en  el  conti- 
nente americano. 

El  Sr.  D.  Manuel  Castellanos  trituró  en  18G5  las  calumnias 


112  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA   HISTORLA. 

que  contra  la  dominación  española  en  Méjico  había  vertido  el 
Ministro  D.  Manuel  Silicéo,  acusando  á  los  españoles  de  haber 
descuidado  en  Méjico  la  educación  de  los  indios  y  la  instrucción 
pública,  favoreciendo  intencionalmente  la  ignorancia.  Asombra 
lo  que  allí  hicieron  los  españoles  por  la  instrucción  pública.  Con- 
cluida la  conquista  en  1521,  ya  había  algún  colegio  en  1525,  el 
de  San  Juan  de  Letrán  en  1529,  y  el  de  San  Pablo  para  indios  e» 
1533.  El  Sr.  Castellanos  prueba  hasta  qué  punto  son  todavía  los 
aborígenes  del  país  refractarios  á  todo  progreso;  y  que  si  los  in* 
dios  no  aprendieron  más  fué  porque  no  quisieron,  y  porque  harto 
les  costaba  íi  los  españoles  lo  que  aprendieron. 

El  Sr.  Barrantes,  en  su  discurso  de  recepción  en  esta  Academia 
nos  ha  pintado  á  nuestros  piadosos  misioneros  en  Filipinas  en- 
señando á  los  indios  desde  los  primeros  días,  y  por  métodos  tan 
sencillos,  que  les  hemos  visto  con  asombro  adelantarse  al  decan- 
tado sistema  Lancasteriano. 

¡Y  cuánto  trabajo,  y  cuántos  halagos  y  amenazas  no  tienen 
que  emplear  hoy  todavía  nuestros  misioneros  para  obligar  á  los 
tagalos  á  frecuentar  las  escuelas!  ¿Se  culpará  por  ello  algún  día 
á  los  frailes  españoles?  Es  muy  posible. 

Buenas  ó  malas  teníamos  en  España  multitud  de  escuelas  de 
instrucción  primaria  en  casi  todos  los  pueblos.  Los  escritores  de 
los  siglos  XVI  y  svii  hablan  siempre  del  maestro  de  aldea  como 
de  una  persona  que  no  puede  menos  de  haber  en  el  pueblo. 

En  los  conventos  de  Agustinos  y  Franciscanos  solía  haber 
escuelas  de  instrucción  primaria  y  de  latinidad:  de  filosofía  y 
teología  solían  tener,  no  solamente  estos  sino  también  los  Domi- 
nicos, Mercenarios  y  Carmelitas. 

Sabida  es  la  pregunta  del  Emperador  Garlos  V.  Cuando  quería 
saber  el  estado  intelectual,  moral  y  económico  de  un  pueblo; 
preguntaba  por  los  que  llamaba  los  tres  Pres.  «¿Qualis  prcetor? 
¿Qualis  prxceptor?  ¿Qualis  preshyter?» — ¿Qué  tales  son  el  alcal- 
de, el  maestro  y  el  cura?  El  Emperador  no  calculaba  que  pudiese 
haber  pueblo  sin  maestro,  como  sin  cura;  señal  cierta  de  que  lo 
común,  lo  general,  lo  corriente,  era  que  lo  hubiese  en  todos  los 
pueblos  de  España. 

Es  más,  la  exuberancia  de  escuelas  de  latinidad  supone  una 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        113 

multitud  de  escuelas  de  instrucción  primaria,  pues  ¿cómo  apren- 
dería latin  en  España  el  que  no  supiese  leer  y  escribir?  Pues  bien, 
la  multitud  de  establecimientos  literarios  y  de  latinidad  se  llegó 
á  considerar  como  perjudicial  al  Estado,  y  como  tal  la  denunció 
el  canónigo  Navarrete  en  sus  discursos  políticos  ;í  Felipe  III, 
donde  dice:  «Débese  ponderar  que  en  tan  corta  latitud  como  la 
que  tiene  España,  hay  32  universidades  y  más  de  4.000  estudios 
de  gramática,  daño  que  va  cada  dia  cundiendo  más,  habiéndose 
varias  veces  pedido  el  remedio  y  últimamente  en  las  Cortes  de 
Madrid  del  año  1616». 

Hay,  pues,  un  contraste  terrible  entre  la  exuberancia  de  Espa- 
ña y  la  penuria  de  Portugal  según  el  Sr.  Da  Costa. 

Pero  es  mayor  el  contraste  si  se  tiene  en  cuenta  que  España 
tuvo  el  honor  de  haber  dado  á  Italia  uno  do  sus  hijos  predilectos, 
noble  por  su  casa  y  aun  más  por  sus  hechos,  que  se  dedicó  en  la 
misma  ciudad  de  Roma  á  educar  é  instruirá  los  niños,  y  no  como 
quiera,  sino  á  los  niños  del  pueblo,  pobres,  perdidos  y  andrajosos; 
y  él  mismo,  dejando  su  prebenda  y  su  pingüe  patrimonio,  se  li- 
tuló,  é  hizo  á  sus  hijos  titularse  clérigos  pobres  de  la  Madre  de 
Dios;  y  pobres  han  sido  y  pobres  son,  en  términos  que  al  ocu- 
parles todos  los  bienes  fructíferos  que  poseían  en  España,  el  año 
1855^,  ascendían  á  la  mezquina  cantidad  de  40.000  duros,  según 
declaró  en  las  Cortes  el  Sr.  Madoz,  que,  con  todo,  opinó  que  no 
se  hiciese  excepción  á  favor  de  ellos,  como  no  se  hizo. 

Lo  que  hacían  los  escolapios  de  España,  lo  hacían  los  betlemi- 
tas  en  Méjico.  Si  en  España  se  fundaban  por  Felipe  II  los  cole- 
gios de  Loreto  y  Santa  Isabel,  para  educación  de  niñas,  y  el  de 
doncellas  en  Toledo  por  el  cardenal  Silíceo,  y  á  su  imitación  sur- 
gían en  Madrid  los  de  San  Antonio  y  de  Leganés  por  la  caridad 
de  las  corporaciones  ó  de  la  aristocracia,  y  otros  muchos  aunque 
menos  conocidos  por  toda  España;  en  Méjico  la  cofradía  de  la  ca- 
ridad creaba  en  1538  un  colegio  para  niñas,  que  duró  hasta  1862, 
en  que  fué  despoblado  y  vendido  á  nombre  de  la  libertad  y  del 
amor.al  pueblo.  No  era  este  colegio  el  único  para  niñas,  pues 
había  otro  para  niñas  pobres  en  Salto  del  Agua,  otro  fundado  por 
los  jesuítas  en  1633,  otro  por  los  betlemilas  para  la  educación  de 
niñas  indias,  el  de  las  vizcaínas  fundado  por  tres  vascongados,  y 


114  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

otros  varios  en  conventos  de  monjas,  que  sería  prolijo  citar,  y  que 
acreditan  la  piadosa  é  inteligente  solicitud  de  los  españoles  para 
la  educación  no  sólo  de  los  niños  sino  también  de  las  niñas  del 
pueblo  y  de  la  clase  media,  tanto  en  la  Península  como  en  sus  co- 
lonias. A  vista  de  estos  datos  acerca  de  la  cultura  ó  instrucción  de 
los  indios  españoles  y  del  rebajamiento  intelectual  de  Portugal, 
que  resulta  de  la  obra  del  Sr.  Da  Costa  ¿es  ó  no  es  cierto  que  el 
pueblo  portugués  se  hallaba  en  el  siglo  xvii  por  bajo  del  nivel  de 
los  indios  de  Nueva  España? 

Si  esto  no  es  cierto,  como  no  creo  que  lo  sea,  si  esto  lastima  el 
orgullo  nacional  del  noble  pueblo  portugués,  ¿tendrá  la  culpa  de 
ello  ningún  extranjero,  ni  la  tendré  yo  al  decirlo  y  probarlo  i* 
Repito  que  no  lo  creo,  pero  vuelvo  á  mi  dilema  irrecusable  y 
contundente.  Si  había  más  ¿por  qué  lo  oculta  el  Sr.  Da  Costa  en 
perjuicio  de  su  patria  á  trueque  de  maltratar  á  los  jesuitas?  sino 
había  más  que  lo  dicho  por  el  Sr.  Da  Costa,  ese  rebajamiento 
moral  será  doloroso,  pero  será  cierto. 

Tres  páginas  dedica  éste  á  tratar  de  la  reacción  literaria  obrada 
en  la  primera  mitad  del  siglo  pasado  y  en  contra  de  los  jesuitas; 
y  todo  ello  se  reduce  á  hablar  acerca  de  las  cartas  del  Barbadiño 
sobre  el  método  de  estudiar,  cartas  que  aplaude  el  Sr.  Da  Costa 
por  estar  escritas  en  contra  de  los  jesuitas,  y  que  rebatió  nuestro 
festivo  P.  Isla  en  su  Gerundio.  Preciso  es  confesar  que  las  cartas 
del  Barbadiño  eran  un  adelanto  para  su  tiempo,  pero  también 
debe  advertirse  que,  al  lado  de  esos  adelantos,  había  errores  tras- 
cendentales. Más  importante  fué  la  creación  de  estudios  de  se- 
gunda enseñanza,  por  D.  Juan  V,  en  el  hospicio  de  las  Necesi- 
dades, por  decreto  de  25  de  Enero  de  \~i2o,  y  á  cargo  de  los  pa- 
dres del  Oratorio  de  Jesús. 

Desde  los  tiempos  de  Pascal,  Quesnel  y  otros  corifeos  del  jan- 
senismo en  Francia,  los  oratorianos  pasaban  por  ser  enemigos 
capitales  de  los  jesuitas.  ¡Cosa  rara!  El  P.  Daubentou,  jesuíta  y 
confesor  de  Felipe  V,  obtenía  de  este  por  entonces  los  fondos 
para  construir  el  Noviciado  de  la  Compañía  en  Madrid.  A  la  ex- 
pulsión de  ésta  en  1767,  se  dio  á  los  padres  del  Oratorio,  y  an- 
dando el  tiempolia  venido  á  erigirse  allí  la  Universidad  Central 
d3  E?paüa. 


DinXAMEN   DE   LOS    LIBROS   SOBRE   INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        115 

Los  oratorianos  no  obtuvieron  por  entonces  que  se  diese  eu 
Portugal  valor  académico  á  sus  certificaciones  de  estudios,  \nivo 
sin  embargo,  lo  consiguieron,  por  decreto  de  3  de  Setiembre 
de  1747. 

Con  esto  concluye  en  cien  páginas  la  Historia  de  la  Instruc- 
ción popular  de  Portugal  en  el  período  de  GOO  años;  reducido  casi 
todo  ello  á  una  diatriba  tardía  contra  los  jesuítas  y  nada  de  las 
escuelas  en  que  se  educaba  el  pueblo,  ora  ponjuc  uo  las  hubiese, 
ora  porque  no  se  haya  investigado  su  existencia.  Con  razón  llama 
á  esto  su  autor  un  bosquejo  ú  esbozo.  «No  presente  esbozo  de  cii- 
íiino  público,  nao  é  intencSo  nossa  julgar  á  Gompanhia  de  Je- 
sús... encontrárnosla  no  nosso  camino.»  Es  lo  que  le  sucede  á  un 
vapor  de  guerra  que  pasa  de  ojo  á  un  buque  mercante:  enconti'ó- 
iselo  en  su  camino. 

A  la  escasez  de  datos  respecto  de  los  tiempos  antiguos,  sucede 
la  abundancia  respecto  de  los  modernos,  y  á  las  diatribas  contra 
ios  jesuítas,  los  elogios  hiperbólicos  del  marqués  de  Pombal,  que 
los  expulsó  de  los  dominios  portugueses.  Esto  era  consiguiente: 
« A  uacao  sa  dar  exemplo  do  que  é  o  corpo  de  un  pigmeo  com 
a  alma  de  un  gigante.»  Muy  bien  dicho  en  lo  del  alma  de  la  na- 
ción portuguesa.  Mas,  ¿porqué  el  cuerpo  ha  de  ser  el  de  un 
pigmeo?  Eso  sería  bueno  á  lo  más  para  las  repúblicas  de  San 
Marín  y  Andorra. 

Cuarenta  páginas  dedica  á  las  reformas  ejecutadas  por  el  mar- 
qués de  Pombal:  no  todo  ello  es  relativo  á  la  enseñanza.  Negar 
que  por  entonces  se  hicieron  cosas  buenas,  se  reformaron  abusos 
y  se  mejoró  mucho  la  enseñanza,  sería  faltar  á  la  verdad  y  cerrar 
los  ojos  á  la  luz.  De  la  reforma  universitaria  de  Portugal  pode- 
mos juzgar  por  las  que  entonces  se  hicieron  en  España,  las  cuales 
fueron  coleccionadas  en  tres  tomos  en  folio  por  las  universidades 
de  Alcalá  y  Salamanca. 

Aparte  de  las  noticias  políticas  contenidas  en  a(]uellas  40  pági- 
nas y  de  lo  relativo  al  absolutismo  ilustrado  de  Pombal,  los  da- 
los que  encontramos  relativos  á  la  educación  popular  son  tan 
escasos  que  están  comprendidos  en  dos  páginas:  las  mejoras  in- 
troducidas en  ésta,  se  reducen  al  establecimiento  de  una  mesa 
censoria  para  los  maestros,  provisión  de  escuelas  por  concurso, 


116  boletín  de  la  real  agadExMia  de  la  historia. 

establecimiento  de  una  escuela  en  cada  centro  local,  y  de  una 
contribución  para  sostenerla. 

La  mesa  censoria  matando  el  monopolio  jesuítico,  organizaba 
en  esta  parte  por  primera  vez  el  elemento  fundamental  del  Esta- 
do (pág.  105). 

Por  los  concursos  los  maestros  iban  á  ser  en  adelante  maestros 
reales  (mestres  regios)^  dejando  de  estar  ligados  á  una  profesión 
que  se  miraba  como  mechanica,  ¿será  esto  cierto? 

Para  el  sostenimiento  de  las  escuelas,  imponía  el  marqués  de 
Pombal,  por  un  albalá  de  6  de  Noviembre  de  1772,  una  contribu- 
ción sobre  el  vino,  aguardiente  y  vinagre.  Era  el  modo  de  que 
los  sobrios  educasen  á  sus  hijos  gratis,  y  los  borrachos  cogieran 
aún  más  horror  á  las  escuelas. 

Fundábase  la  nueva  reforma  de  la  enseñanza  en  la  convenien- 
cia de  aprovechar  las  primeras  edades  para  inspirar  en  ellas  prin- 
cipios morales  y  sociales.  Supongo  que  el  Sr.  Da  Costa  no  preten- 
derá pasar  esa  vulgaridad  por  un  descubrimiento  portentoso  del 
marqués  de  Pombal,  aunque  los  términos  en  que  lo  indica  pare- 
cen suponer  que,  al  fundar  sobre  él,  era  como  quien  edifica  de 
nuevo. 

La  idea  de  instituir  el  catecismo  de  Montpeller  como  libro  para 
enseñar  á  leer  en  vez  de  los  procesos  judiciales  que  se  usaban  en 
las  escuelas  primarias,  no  da  idea  del  estado  de  estas.  ¿Quién 
creería  que  los  jesuítas  enseñasen  á  leer  por  medio  de  la  enreve- 
sada letra  procesal?  En  España,  no  há  muchos  años,  que  en  al- 
gunos rincones  apartados  y  pobres  montañas  se  aprendía  á  leer 
con  procesos,  pero  esto  era  una  ridicula  excepción  y  agraviaría 
á  nuestro  país  quien  lo  mirase  como  regla,  pues  cuesta  más,  y 
costaba  en  el  siglo  pasado,  encontrar  un  proceso  que  encontrar 
un  libro.  Además,  los  procesos  se  daban  á  los  niños  que  ya  de- 
letreaban y  leían  algo  en  letra  de  molde.  De  lo  que  sucedía  en 
España  todavía  en  algún  lugar  á  mediados  del  siglo  xix,  podre- 
mos inferir  lo  de  Portugal  hace  cien  años. 

Los  jesuítas  portugueses,  nada  inferiores  á  los  de  España  en 
saber  y  riqueza,  ¿  habían  de  carecer  de  libros  para  enseñar  á  los 
niños,  dado  caso  que  ejercieran  ese  monopolio,  que  afirma  el 
Sr.  Da  Costa,  pero  que  no  prueba  ni  yo  creo? 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOBRE    INSTRUCCIÓN    PÚBLICA.        117 

Viene  también  en  1772  la  creación  de  las  facultades  de  mate- 
máticas y  filosofía  en  Goirabra  por  los  estatutos  de  aquel  año,  y 
t¿mibién  la  creación  de  Museo,  Observatorio,  Jardín  Botánico  y 
otros  establecimientos  análogos  en  la  famosa  «cidade  do  Modego,» 
y  estos  estatutos  son  mirados  como  «a  primitiva  constitucao  libe- 
ral de  este  paiz.»  Mucho  decir  es  para  unos  estatutos  universita- 
rios y  mucha  influencia  sobre  la  organización  política  del  país. 
De  temer  es  que  esta  hipérbole,  figura  usual  en  la  parte  meri- 
dional del  país,  como  aquel  nuestro,  haya  que  juntarla  con  el  no 
menos  exagerado  desprecio  del  derecho  patrio  portugués,  que  ca- 
lifica desdeñosamente  Da  Costa  de  legislacao  harharisada,  sobre 
cuyas  cenizas  vino  á  sentarse  el  principio  de  la  equidad  y  de  la 
razón  por  la  ley  de  18  de  Agosto  de  17G9. 

También  á  nuestro  derecho  antiguo,  y  sobre  todo  al  foral,  se  le 
ha  considerado  por  algunos  como  bárbaro,  al  paso  que  otros  prin- 
cipian á  dar  en  la  manía  de  enarnorarse  de  su  profundo  saber  y 
cultura.  Es  cuestión  de  gustos  y  de  opiniones. 

Para  sacar  do  su  postración  á  las  ciencias  naturales  y  matemá- 
ticas, tuvo  el  marqués  de  Pombal  que  enviar  á  buscar  á  Italia 
profesores,  viniendo  al  efecto  Fransini,  el  abate  Branelli  y  otros 
que  cita  el  Sr.  Da  Costa  (pág.  111).  Y  aquí  me  ocurre  una  obser- 
vación. En  Italia  brillaban  por  entonces  muchos  jesuítas  expul- 
sados de  España,  despreciados  aquí  y  apreciados  allá,  escarneci- 
dos por  los  gobiernos  católicos,  y  acogidos  y  llamados  por  el  es- 
céptico  Rey  de  Prusia  y  la  nada  piadosa  Czarina  de  Rusia.  Entre 
ellos  había  también  matemáticos  y  hombres  sumamente  eruditos. 
Nuestro  compañero  el  Sr.  D.  Fermín  Caballero,  nos  ha  dado  una 
preciosa  biografía  del  expulso  Hervas.  Pero  ¿era  éste  sóloí' 

Los  monasterios  y  conventos  secundaron  este  impulso  según 
lo  describe  el  Sr.  Da  Costa.  ¿Qué  indica  esto?  ¿La  presión  jesuí- 
tica anterior? 

En  mi  juicio  indica  sólo  la  falta  de  aptitud,  energía,  moralidad 
y  talento  en  los  gobiernos.  Si  el  Gobierno  portugués  hubiera  sa- 
bido cumplir  con  su  deber  cien  años  antes,  hubiera  sucedido 
en  1672  lo  que  en  1772;  y  frailes  y  curas  y  jesuítas,  hubieran  fo- 
mentado en  alto  grado  las  ciencias  de  experimentación  natural; 
pero  con  Reyes  haraganes  ó  imbéciles,  y  ministros  malos  como 


118      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Olivares  y  D.  Juan  el  de  la  Galderona,  es  imposible  que  se  des- 
arrolle en  un  país  ningún  elemento  de  grandeza  estable  y  positi- 
va. Sucede  lo  que  en  las  casas  ricas,  donde  el  marido  es  tonto,  la 
mujer  picara,  y  el  mayordomo  ladrón.  Echar  la  culpa  de  los  ma- 
les del  Estado  á  los  jesuítas,  es  lo  mismo  que  culpar  al  confesor 
de  que  el  mayorazgo  sea  tonto  y  duerma,  de  que  su  mujer  derro- 
che y  de  que  el  mayordomo  robe  y  no  se  confiese.  Este  ejemplo 
de  la  vida  doméstica  da  la  medida  de  las  acusaciones  políticas  con- 
tra los  jesuítas  en  España  y  Portugal.  Los  Reyes  portugueses  de 
los  siglos  XVII  y  XVIII,  no  supieron  ni  quisieron.  Pombal  supo, 
quiso  y  logró.  No  le  quitemos  el  mérito  en  lo  que  hizo,  pero  re- 
duzcámoslo á  debidas  proporciones.  Si  le  aplaudimos  por  lo  bue- 
no y  laudable,  no  le  adulemos  en  todo  elogiando  ni  aun  ocul- 
tando lo  malo;  y  con  respecto  á  sus  diatribas  contra  los  jesuí- 
tas, recordamos  la  frase  del  cáustico  ministro  francés,  Choiseul, 
que  decía:  El  marqués  de  Pomhal  lleva  siempre  en  vez  de  anteojos, 
un  jesuíta  montado  en  las  narices.  El  que  cabalgaba  en  las  de 
Pombal,  debe  haber  transmigrado  á  las  del  Sr.  Da  Costa;  y  e& 
lástima. 

Con  la  escasez  de  datos  y  carencia  completa  de  documentos, 
respecto  á  lo  antiguo,  contrasta  la  prodigalidad  de  los  primeros 
en  lo  que  concierne  al  siglo  xrx:  mezclados  vienen  aquellos  coa 
no  pocas  noticias  y  observaciones  acerca  de  las  vicisitudes  políti-, 
cas  de  Portugal  en  estos  últimos  tiempcs,  y  á  la  verdad,  satura- 
dos como  estamos  los  españoles  de  pronunciamientos,  crisis, 
acciones,  reacciones  y  otros  excesos,  no  me  he  sentido  con  fuer- 
zas para  arrostrar  esas  ciento  diez  páginas,  en  que  el  Sr.  Da  Costa 
hace  la  oración  pro  domo  sua,  con  cierta  fruición  bien  disculpable. 
Yo  por  mi  parte,  después  de  haber  hojeado  esas  páginas,  he  crei- 
do,  y  Dios  me  lo  perdone  si  me  equivoco,  que  podía  calcular  las 
lindezas  de  los  pronunciamientos  de  Portugal  por  la  desenvoltura 
sin  par  de  los  nuestros.  Si  esto  tiene  poco  que  ver  con  la  instruc- 
ción popular,  en  verdad  que  tampoco  estos  acontecimientos,  ade- 
más muy  sabidos,  merecían  ocupar  lugar  en  el  libro  que  pu- 
diera pasar  muy  íAen  sin  ellos. 

No  debo  dejar  de  consignar  que  el  autor  concluye  su  libro  y 
apéndices  con  la  cuestión  ruidosa  de  la  expulsión  de  las  herma- 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOURE    INSTRUCCIÓN   PÚBLICA.        119 

ñas  de  la  Caridad,  á  las  cuales  el  populacho  apedreó  c^i  Lisboa, 
en  1862.  El  Sr.  Da  Costa,  dice  que  la  cuestión  fué  política  m.ls 
■  que  de  instrucción.  Claro  está  que  fué  política,  pero  eso  no  quita 
que  fuese  un  acto  indigno  de  un  pueblo  que  hace  alardes  de  cul* 
tura  y  amor  á  la  libertad.  Cuando  los  salvajes  se  comen  .1  los 
misioneros  obran  también  por  política,  puc3  al  fin  esa  es  la  polí- 
tica tradicional  de  su  tribu;  sobre  que  así  se  nutren. 

Las  Cámaras  con  políticos  no  menos  atrasados,  propusieron  y 
votaron  una  ley  para  que  no  se  admitiesen  más  fundaciones  que 
las  de  los  institutos  existentes  en  1834.  Aprobada  en  la  Cámara 
electiva  no  llegó  á  sancionarse  en  la  de  los  Pares,  porque  el  Supe- 
rior francés  de  aquellas  religiosas  hizo  que  se  embarcaran  á  bordo 
de  un  buque  de  su  nación. 

En  nuestro  país,  que  se  quiere  pintar  como  más  atrasado,  las 
hermanas  de  la  Caridad  francesas  no  han  recibido  insulto  nin- 
guno, á  pesar  de  haber  otras  españolas,  y  en  sus  dos  colegios  de 
Santa  Isabel  y  San  Alfonso  tienen  aquellas  en  Madrid  á  su  cargo 
más  de  800  párvulos  y  niñas.  Como  en  este  juicio  crítico  me  pro- 
puse no  solamente  examinar  la  obra  del  Sr.  Da  Costa,  sino  for- 
mar en  lo  que  cabe  un  juicio  comparativo  entre  la  instrucción 
pública  de  aquel  país,  según  la  pinta  este  señor,  y  la  del  nuestro, 
á  fin  de  tener  útiles  enseñanzas  en  esta  materia,  no  he  querido 
dejar  de  parangonar  lo  que  sucede  en  ambos  países  al  referirme 
á  ese  dato  final  de  la  historia  portuguesa  sobre  la  instrucción 
popular. 

Esta  es,  en  resumen,  y  según  habrán  podido  juzgar  los  señores 
académicos  muy  escasa  y  diminuta  en  la  parte  antigua,  pro- 
lija en  la  contemporánea,  carece  de  imparcialidad  y  elevación  de 
miras,  tiene  casi  por  único  objeto  rebajar" en  todo  y  por  todo  al 
clero  y  á  los  jesuítas;  pero,  con  tan  poco  acierto,  que,  al  rebajar  á 
estos,  rebaja  la  cultura  general  y  social  de  su  país,  poniendo  á 
éste  por  bajo  de  nuestros  indios  de  América  y  Filipinas,  según 
queda  probado.  Si  esta  pintura  no  es  cierta,  la  culpa  no  es  mía. 
Triste  consecuencia  es  de  la  político-manía,  que  aqueja  actual- 
mente á  todos  los  escritores  contemporáneos,  con  muy  pocas  ex- 
cepciones, haciéndoles  llevar  al  campo  de  las  letras  y  de  la  His- 
toria sus  rivalidades  y  sus  odios  de  secta  y  de  partido. 


120  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

Se  podrá  quejar  el  autor  de  que  se  le  trate  con  poca  tolerancia 
ó  con  rigor  excesivo.  No  hay  justicia  como  la  justicia  de  Dios,  y 
esta  dice;  «Con  la  vara  con  que  midiereis  seréis  medidos.y> 

Tiempo  es  ya  de  pasar  á  decir  algo  acerca  del  otro  libro  del  se- 
ñor Da  Costa,  que  trata  de  la  instrucción  nacional,  más  política 
que  histórica,  y  publicado  anteriormente,  ó  sea  en  1870.  El  au- 
tor ha  querido  consignar  en  este  libro  todas  las  ideas  económi- 
cas, políticas  y  filosóficas  que  hizo  bullir  en  su  mente,  ó  compiló 
con  su  estudio,  para  elaborar  su  reglamento  de  estudios,  ó  refor- 
ma con  aquella  fecha;  así  como  el  de  la  popular,  consigna  los 
datos  históricos  que  tuvo  en  cuenta  con  igual  objeto.  Por  ese  mo- 
tivo dije  que  ese  libro  no  era  más  que  la  base  del  reglamento  de 
estudios  que  dio  el  Sr.  Da  Costa  por  extenso  en  los  apéndices. 

Y  vuelve  con  este  motivo  la  cuestión  antes  iniciada.  ¿Por  qué 
el  Sr.  Da  Costa  tituló  Instrucción  nacional  á  ese  libro,  en  que  se 
trata  de  apreciaciones  generales  sobre  la  enseñanza,  comunes  á 
todos  los  países  y  naciones,  y  que  por  tanto  no  son  nacionales  de 
ningún  país,  sino  generales  y  comunes  á  todos?  ¿Por  qué  llamó 
popular  al  liljro  que  trata  de  la  historia  de  las  universidades  y 
colegios,  en  los  que  apenas  se  ha  dado  cabida  á  lo  que  más  ó 
menos  propiamente  se  llamó  pueblo?  ¿Por  qué  se  ha  dado  este 
nombre  al  libro  que  apenas  habla  de  la  instrucción  primaria, 
única  que  logra  penetrar  más  ó  menos  en  esas  capas  sociales  in- 
feriores, que  si  no  constituyen  ellas  solas  el  pueblo^  forman  la 
casi  totalidad  de  las  masas  populares?.  No  lo  adivino.  En  todo 
caso,  mejor  pudiera  llamarse  nacional  la  historia  que  habla  de 
las  universidades,  colegios  y  otros  establecimientos  públicos  y 
de  todas  las  enseñanzas,  en  todos  los  puntos  y  en  todos  los  dife- 
rentes períodos  hislóiiccrs  de  la  nación,  y  dejar  el  título  de  Ins- 
trucción popular  al  libro  que  trata  principalmente  de  la  instruc- 
ción primaria  y  de  los  modos  y  medios  de  mejorar  la  cultura, 
educación  é  instrucción  del  pueblo  en  los  diferentes  aspectos  so- 
ciales y  de  la  acción  ó  gestión  de  los  gobiernos  con  tal  objeto. 

Hoy,  señores,  la  palabra  2>ueblo,  y  el  adjetivo  popular^  como 
de  moda,  se  aplican  á  todo:  Patria,  Nación,  Constitución;  y  sus 
adjetivos  patriota,  patriótico,  nacional,  constitucional,  quedan 
eclipsados  y  supeditados  ,por  la  palabra  pueblo.  ¿Qué  más?  La 


DICTAMEN   DE    LOS    LIHROS   SOBIIE    INSTRUCCIÓN    PÚHLICA.        121 

Internacional,  ese  gran  corredor,  que  viene  ahora  azotando  y  ha- 
ciendo ir  de  prisa  á  todos  los  que  hacían  alarde  hasta  el  preseutr 
de  avanzar  mucho  y  de  ejecutar  evoKiciones  y  inovimieiitos  rá- 
pidos, maldice  ya  de  la  patria  y  de  las  naciones,  como  de  la  fa- 
milia, de  la  honradez  y  de  la  propiedad;  se  propone  quitar  todas 
las  fronteras,  aspirando  á  un  quimérico  y  grotesco  cosmopolitis- 
mo, que  en  resumen  no  será  sino  un  pasajero  vandalismo,  llov 
todos  hablan  del  pueblo,  y  nadie  sabe  lo  que  es  el  pueblo:  la  de- 
finición que  da  el  sabio  de  levita  no  le  gusta  al  sabio  de  cha- 
queta. 

Pero  veamos  ya  el  libro  del  Sr.  Da  Costa  sobre  lo  que  llama 
instrucción  nacional. 

Las  ideas  del  autor  en  este  libro  son  algo  avanzadas,  y  aun  á 
veces  pasau  de  positivistas  á  parecer  algo  materialistas.  Creo  que 
se  ha  dejado  llevar  mucho  de  las  ideas  del  ministro  francés 
M.  Duruy,  algunas  de  las  cuales  han  hecho  fortuna  por  su  mis- 
ma extravagancia.  Gomo  este  asunto  más  bien  corresponde  al 
instituto  de  la  Academia  de  Ciencias  Morales  y  Políticas  que  al 
nuestro  de  la  Historia,  poco  será  lo  que  me  detenga  en  su  exa- 
men, reduciendo  éste  á  pocas  y  ligeras  ideas,  pues  tampoco  la 
Historia  puede  prescindir  por  completo  de  la  Moral  y  la  Política, 
como  no  pueden  estas  prescindir  á  veces  de  lo  que  enseñan  la  ex- 
periencia, el  derecho  y  el  elemento  histórico. 

En  esta  obra  acerca  de  la  instrucción  nacional,  el  Sr.  Da  Costa 
adolece  de  los  defectos  ya  indicados  en  el  otro  libro  que  tiene  por 
objeto  la  popular.  Para  él  todo  lo  antiguo  en  general  es  malo, 
todo  lo  nuevo  en  general  es  bueno.  Yo  creo  que  antes  había 
maestros  buenos  y  malos,  así  como  ahora  los  hay  malos  y  bue- 
nos, apreciados  y  despreciables,  famélicos  y  bien  retribuidos. 

El  Sr.  Da  Costa  no  es  partidario  del  Iberismo,  y  antes  previe- 
ne á  los  portugueses  contra  sus  blandicias  engannosas  (pág.  28). 
Pero  ¿cómo  se  aviene  esto  con  sus  ideas  cosmopolitas  manifesta- 
das pocas  páginas  antes  (pág.  15)  contra  las  fronteras  y  barreras 
iüternacionales?  Para  lograr  que  se  despedacen  las  fronteras  de 
los  pueblos  (así  habla),  el  autor  confía  poco  en  las  formas  repu- 
blicanas y  en  el  sufragio  universal.  Oigámosle. 

aA  república  ignorante  proclamase,  sí,  uin  dia;  e  morrc  no  día 


122  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

¡seguinte.  N5o  é  urna  aurora,  mas  urna  noite.  Davos  un  Juárez 
ou  um  López,  sempre  um  despotismo  de  tyrannos  ou  de  be- 
Ihacos.»  Muy  bien  dicho:  estoy  por  esta  vez  con  el  Sr.  Da  Costa: 
no  saldremos  de  tiranos  ó  de  bellacos.  La  maula  será  si  alguno 
reúne  las  dos  cualidades. 

¿Pero  qué  remedio  nos  propone  para  ello  el  Sr.  Ministro  por- 
tugués? Oigámosle  también,  pues  al  fin  es  la  síntesis  de  su  libro, 
el  misterioso  Abracadabra  y  la  panacea  universal,  que  andamos 
buscando. 

— «¿Queréis  a  liberdade  consubstanciada  no  sangue  nacional?» 
¿Queréis,  añade,  una  libertad  que  no  dependa  de  fórmulas  para 
vivir,  ni  os  recete  fórmulas  que  os  maten  en  vez  de  curaros?  pues 
bien,  yo  os  la  daré 

¡IJniversalicade  a  inüruccáo! 

Generalizad,  difundid  por  todas  partes,  extended  la  instrucción. 

Paréceme  soberbia  la  receta.  ¿  Cómo  no,  si  toda  mi  vida  he 
sido  profesor  y  fabricado  ese  específico  en  cuanto  ha  estado  á  mis 
alcances?  ¿Cómo  no,  si  por  años  enteros  he  llevado  al  pecho, 
como  parte  de  la  que  se'  llamaba  en  1868  librea  del  profesorado 
la  medalla  del  Perfundet  omnia  luce^  con  el  sol  mitológico,  con  el 
Apolo  rutilante  de  los  poetas  paganos? 

Sólo  me  queda  un  escrúpulo,  ligero  como  todos  los  escrúpulos, 
y  que  no  puedo  menos  de  consignar  aquí  antes  de  concluir  este 
ya  pesado  informe.  Porque  á  la  verdad  en  las  boticas  existen 
también  muchas  recetas  eficaces,  las  cuales  á  pesar  de  su  eficacia 
eficacísima,  si  no  curan,  abrevian  mucho  los  dolores  de  los  pa- 
cientes y  á  veces  abrevian  su  agonía.  Todos  los  tiranos  antiguos 
y  modernos  han  sido  gente  instruida  por  lo  común,  á  contar 
desde  Dionisio  el  de  Siracusa  hasta  los  más  modernos.  «Mas 
ese  título  de  tirano,  á  pesar  de  sus  dulzuras  pasajeras,  tiene  y  ha 
tenido  siempre  muchas  quiebras;»  y  un  tirano  podría  decir  como 
el  loco  de  Cervantes  para  acreditar  su  talento:  «¡Ustedes  creen 
que  no  hay  más  qw^  hinchar  á  iin  puehlo!y> 

Calomarde,  por  ejemplo,  que  fué  citado  por  algunos  años  como 
editor  responsable  de  la -tiranía  en  nombre  del  orden,  siquiera 


DICTAMEN    DE    LOS    LIBROS    SOHHE    INSTHUCCKKN    PLIJLICA.         1-^3 

Otros  después  hayan  perfeccionado  la  industria  en  nombre  de  la 
libertad,  Calomarde  era  hombre  instruido,  y  tanto  él  como  Ama- 
ble Juárez," eran  abogados,  y  por  tanto  tenían  generalizada  la 
instrucción,  pues  no  creo  yo  que  el  Sr.  Da  Costa  pretenda  quo 
todos,  hasta  los  labradores  y  zapateros,  lleguen  á  ser  abogados. 
Es  más,  la  sociedad  de  Amigos  del  País  de  Zaragoza  premió  una 
memoria  de  Calomarde,  sobre  economía  política,  fuera  ó  no  fuera 
del  todo  suya.  Pues  bien,  á  pesar  de  su  saber,  fué  tirano,  segiín 
dicen,  y  los  primeros  tiranizados  por  él  fueron  los  literatos,  pues 
no  hay  gente  más  tiranizable  ni  más  propensa  á  tiranizar  que  el 
geyíns  irritahile  vaUím.  Estudiad  el  desarrollo  de  las  letras  en  el 
Egipto,  Grecia  y  Roma:  los  siglos  de  oro  de  su  gran  saber  lo  son 
de  todas  las  tiranías.  El  mismo  Horacio  adula  á  los  tiranos  de  su 
tiempo  á  copa  por  estrofa.  ¿Cómo  habrá,  pues,  quien  trague  ese 
específico  que  no  nos  sirve  á  los  mismos  que  lo  tomamos  en  do- 
sis alopáticas? 

El  Sr.  Da  Costa  canta  las  glorias  de  Suiza  y  Prusia  en  materia 
de  instrucción  primaria,  y  esto  en  los  momentos  en  que  el  des- 
potismo cesáreo  y  el  despotismo  democrático  expulsan  de  sus  te- 
rritorios á  corporaciones  docentes,  renovando  las  hazañas  de 
Pombal  y  Aranda,  los  unos  en  nombre  del  orden,  los  otros  en 
nombre  de  la  libertad,  los  unos  en  nombre  del  César,  los  otros 
en  nombre  del  pueblo.  Y  mientras  se  habla  de  libertad  de  ense- 
ñanza se  cierran  las  escuelas  católicas,  se  usurpa  sus  bienes  y  se 
les  obliga  á  los  padres  á  que  envien  sus  hijos  á  escuelas  por  ellos 
aborrecidas,  renovando  las  escenas  feroces  ya  vistas  en  Irlan- 
da en  los  pasados  siglos.  Esperemos  un  poco:  esperemos  dos, 
cuatro  años,  á  ver  los  frutos  de  esas  dos  distintas  é  iguales  tira- 
nías. ¿Qué  son  dos  ni  cuatro  años  en  la  vida  de  la  humanidad? 

No  es  la  instrucción,  no,  por  mucho  que  se  generalice,  la  que 
curará  las  llagas  que  corroen  á  nuestra  civilización,  hoy  terrible- 
mente amenazada  y  aun  comprometida.  La  instrucción  sin  la 
educación,  sin  la  educación  sobre  todo  religiosa  y  moral,  escomo 
esa  quimera  que  se  llama  fe  sin  caridad,  creencia  sin  obras  bue- 
nas, cabeza  sin  corazón,  talento  sin  amor,  talento  frío,  egoisla 
calculador,  avaro,  como  la  ciencia  del  Yo,  con  la  adoración  de  sí 
mismo,  con  la  Egolatría. 


124  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Hace  cien  años,  señores,  que  se  habla  mucho  de  letras  y  ape- 
nas habla  nadie  de  virtudes.  Parece  que,  sin  ser  Catones  ni  Esci- 
piones,  estaraos  diciendo  con  glacial  sarcasmo  ¡Vaniím  virtutis 
nomen!  Se  ha  querido  sublimar  la  ilustración  y  se  ha  matado  la 
instrucción. 

f<Hoc  fonte  derivata  clades 

In  patriam  populumque  fluxit.» 

Nunca  se  pudo  repetir  mejor  que  ahora  este  manoseado  apo- 
tegma. 

Con  instrucción  y  sin  educación  sólida,  que  dé  no  solamente 
savia  sino  verdaderos  sabios  y  hombres  de  bien,  el  vir  homis  an- 
tes que  el  dicendi  peritus,  tendréis...  lo  mismo  con  que  antes  os 
amenazó  el  Sr.  Da  Costa,  «sempre  um  despotismo  de  tyrannos 
ou  de  velhacos». 

La  receta  del  Ministro  portugués  desleida  en  todo  su  libro  de 
la  educación  nacional,  no  nos  librará  de  esa  terrible  epidemia. 
Tal  es  mi  opinión  sobre  esta  materia,  sintiendo  de  veras  no  po- 
der convenir  con  la  suya,  ni  ser  más  indulgente,  ni  transigir  con 
mi  conciencia. 

Madrid  3  de  Noviembre  de  1872. 

Vigente  de  la  Fuente. 


VI. 

TEMPLO  DE  SÉRAPIS  EN  AMPURIAS. 


La  Noticia  histórica  y  arqueológica  de  la  antigua  ciudad  de 
Eviporion,  por  D.  Joaquín  Botel  y  Sisó,  justamente  premiada  en 
el  concui'so  de  1875  y  publicada  cuatro  años  después  por  nuestra 
Real  Academia,  ofrece  una.  colección  de  25  lápidas,  cuya  mayor 


TEMPLO    DE    SÉRAPIS   EN    AMPURIAS.  125 

parte  di  á  conocer  en  la  Revista  Hispano-Americana  (1),  y  de  las 
cuales,  sin  duda  alguna,  la  que  más  interesa  á  la  Historia  es  al 
ara  de  Júpiter  (2). 

I  •  o  •  M 

VEXILLATO 
lEG  •  vil  •  &  .  F 
SVB  .  CVRA 
i  V  N  I  •  VICTO 
»'1S  •  D  LEG  •  El 
2iSD  •  OB  •  NA 
TALEM' AQjyiLAE 

J(ovi)  o(ptimo)  m(aximo)  vexillatio  leg(ionis)  vn  g(era¡nae)  f(elicis)  sub  cura  Juui 
Victoris  c(eiituriünis)  leg(ionis)  eiusdem  ob  natalem  aquilae. 

La  fecha  de  la  dedicación  hecha  por  Junio  Victor  se  concreta  á 
fines  del  siglo  ii,  en  atención  al  carácter  paleográfico  de  la  le- 
yenda y  cá  la  circunstancia  de  no  tomar  la  legión  el  sobrenombre 
de  Pia,  que  le  fué  otorgada  por  el  emperador  Aurelio  Cómodo. 
Al  otro  extremo  de  la  España  tarraconense^  en  San  Cristóbal  de 
Castro,  provincia  de  Lugo,  otro  destacamento  de  la  legión  vii 
gemina  felix,  erigía  en  la  propia  época  y  por  igual  motivo  «ob 
natalem  aquilaen  cinco  aras  (3)  del  mismo  género.  Sabido  es  que 
el  águila  legionaria  era  venerada  como  numen  divino.  Simboli- 
zaba el  Genio  militar  de  Roma,  Jovis  armiger  ales. 

Con  la  conquista  del  Egipto  y  de  todo  el  Oriente  el  sincretismo 
religioso  tuvo  abierta  la  puerta,  si  no  para  trastornar,  al  menos 
para  trastrocar  la  faz  del  panteón  romano.  Júpiter  recibe  en  Va- 
lencia (3729)  el  nombre  de  Amon,  y  en  mil  parajes  el  de  Sé- 
rapis.  Una  inscripción  de  Beja  (46)  se  consagró  á  Serapi  pantheo; 
y  en  otra  de  Astorga,  cuyo  diseño  publiqué  (4),  suena  ztüs  2£>»7n5. 


(1)  Año  1871,  núm.  xn;  en  el  artículo  tiiulado  Inscripciones  inéditas  de  Ampurias. 

(2)  Hübner  la  reprodujo  en  la  Epheineris  epigraphica,  tomo  ii,  pág.  4S;  Berlín,  1872. 

(3)  Hübn.  2552-2556,  Las  tres  primeras  están  fechadas  respectivamente  en  loa  años 
163,  167  y  184;  y  en  días  distintos  (10  Junio,  15  Octubre)  las  dos  primeras. 

(4)  En  la  Revista  madrileña  La  Academia,  tomo  ii,  pá¿-.  3C6;  año  1877. 


luscripcióu  de  Sérapis  en  Ampurias  (laiiiaúü  natural,. 


TEMPLO    DE   SÉRAPIS   EN   AMPURIAS.  1^7 

No  se  libró  de  ese  movimiento  Ampurias.  En  las  iumediacio- 
nes  del  ex-convento  de  Nuestra  Señora  de  Gracia  (1)  y  á  pocos 
pasos  del  lienzo  de  muralla  ibérica,  que  subsiste  aún  como  el 
mejor  comentario  á  la  descripción  que  hace  Pliuio  de  la  estruc- 
tura de  tapial,  ó  formácea  [2],  encontró,  no  ha  mucho,  nuestro  an- 
tiguo correspondiente  D.  Joaquín  Pujol  y  Santo,  ese  fragmento 
de  inscripción  marmórea,  que  tenéis  á  la  vista  y  nos  envía  como 
dádiva,  por  cierto  muy  generosa: 

seraví  •   aEDEM 

serftYiA'PORTICVS 

c/yMEN!  •  F 

IVS 

Serapi  aedem  sedilia  porticus  Clymeni  f(ieri)  ius(sit). 

Á  Sérapis  mandó  Clímeue  que  se  le  labrase  este  santuario  con  sus  ¿gradas  y  pór- 
ticos. 

La  tabla  es  de  mármol  blanco,  oscurecido  por  las  huellas  de 
diez  y  siete  siglos,  rota  en  sus  bordes  inferior  é  izquierdo.  Mide 
5  centímetros  de  profundidad  por  13  de  latitud  y  11  de  alto. 

Para  restituir  á  la  inscripción  el  nombre  de  la  persona  que 
mandó  construir  el  templo,  hay  que  buscar  con  un  compás  sobre 
el  eje  de  la  línea  tercera  un  principio  simétrico  ásu  remate.  Este 
nombre  era  griego;  y  no  debía  prolongarse  más  que  el  de  Clij- 
mene,  que  se  lee  en  una  inscripción  (1996)  de  Adra.  Estaba  en 
nominativo;  y  de  consiguiente  sale  escrito  como  se  pronunciaba 
KAuu.c'vn :  ejemplo  de  iotacismo  que  se  manifiesta  igualmente  en 
la  inscripción  de  Voconia  <iProculi  et  Clymenis  liberta,»  hallada 
en  Gandía  (3605).  Para  restaurar  la  línea  segunda  me  sirve,  en- 
tre otros  epígrafes,  uno  muy  precioso  de  Vich  (4618);   y  final- 


di  Véase  el  plano  de  las  ruinas  de  la  ciudad  eu  la  mencionada  obra  del  Sr.  BoteU 
pág.  29. 

(2)  ftQuid?  non  in  África  Hispaniaque  ex  térra  parietes,  quos  appellant  formii- 
ceós,  quoniam  in  forma,  circumdatis  utrinque  duabus  tabulis,  inferciuntur  veriu» 
quam  instruuntur,  aevis  durant,  incorrupti  irabribus,  ventis,  ignibus,  omaique  cae- 
mento  firmiores?  Spectat  etiam  nunc  speculas  Hannibalis  Hispania,terrenasque  turres 
jugis  montium  impositas.v  xxxv,  tí. 


1-28  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMLA    DE    LA   HISTORIA. 

mente,  para  no  dar  paso  preferente  al  genitivo  Asclepi  en  concu- 
rrencia con  el  dativo  Serapi,  atiendo  al  buen  gusto  y  giro  ele- 
gante que  toda  la  inscripción  manifiesta. 

Por  ventura  con  este  fragmento  compaginaba  otro,  extraviado 
hace  largo  tiempo.  Fué  recogido  en  el  mismo  lugar  por  el  padre 
Fr.  Manuel  Romeu,  quien  regaló  el  original  á  D.  Mariano  Pou, 
de  Mataró,  y  puso  en  manos  del  P.  Villanueva  una  copia  tan  in- 
fiel como  desdichada,  que  decía  (i): 

PORCIA  •  ME  •  FECIT 

SEVERA  •  GERVNDENSIS  •  REFECIT 

A  •  VI  •  A  •  IX 

La  primera  línea  trae  suplementos  impropios  del  estilo  lapida- 
rio. Menos  inexacto  el  P.  Rius,  teniendo  probablemente  á  la  vista 
el  original  (2),  estampó: 

PORCIA     •     M    •    F    •    SEVERA 
GERVNDENSIS  •  REFECIT  •  A  •  IX 

Suprime  tres  letras  del  remate,  que  pudieron  quizá  gastarse 
en  la  piedra  que  las  contenía.  Y  no  es  extraño;  toda  vez  que  el 
traslado  hecho  por  mano  del  P.  Rius,  en  Mataró,  fué  muy  poste- 
rior al  del  P.  Romeu,  en  Ampurias.  Tampoco  el  número  de  las 
líneas  coincide  en  ambas  copias,  ni  el  de  las  palabras  en  cada  lí- 
nea. Si  después  de  refecit,  como  en  otras  inscripciones  de  la 
misma  índole,  leyéremos  a  •  fvndamentis,  fácilmente  se  ex- 
plican las  variantes  dichas  anteriormente.  Así  que,  la  restitución 
más  plausible,  me  parece  ha  de  ser 

PORCIA  •  M  •  F  •  SEVERA 

GERVNDENSIS  •  REFECIT 

A  •  /VNC?AMen¿iS 

Porcia  Severa,  hija  de  Marco,  natural  de  Gerona,  lo  rehizo  desde  los  fundamentos. 


(1)  Villanueva,  Viaje  epigráfico,  xv,  2{». 

(2)  llübner,  IGáG. 


TEMPLO    DE    SÉRAPIS    EN    AMPI'RIAS.  129 

Si  es  dable  conjeturar  la  destinación  que  tuvo  este  edificio,  no 
es  para  olvidado  el  epígrafe,  descubierto  en  paraje  no  muy  dis- 
tante de  Ampurias,  que  ahora  se  conserva  en  el  Musco  provin- 
cial de  Gerona.  Hallóse  en  Caldas  de  Malavella  (Aquis  Voconh 
del  itinerario  de  Antonino),  y  lo  saqué  á  luz  por  Enero  de  1872 
en  la  Ilustración  Hispano- Americana.  Dice  así: 

A  p  o  L  L  I  N  I 
A  V  &  .  H  o 
N  o  R  I  •  M  E  M 
O  R  I  A  E  Q^V  E  •  L  • 
AEMILI  •  L  •  FIL  • 
QJVIR  .  CE  latí 
A  N I  •  PORCIA 
FESTA  •  FILIÍWI 
K  A  R  I  S  S  I  M  I 
L     •     D     •     D     •    D 

Al  augusto  Apolo,  para  honor  y  memoria  de  fu  hijo  queridísimo  Lucio  Emilio 
Celaciano,  hijo  de  Lucio,  de  la  tribu  Quirina,  su  madre  Porcia  Festa  lo  mandó 
construir.  T.up-nr  dado  por  decreto  de  los  Decuriones. 

Gomo  esta  se  han  visto  en  Tarragona  é  Isona  (4080,  4081 ,  4087, 
4458)  lápidas  de  templetes,  erigidos  por  padres  y  esposos  in- 
consolables, en  memoria  y  honor  de  Manes  queridos:  á  Isis,  por 
Sempronia  Lijnis;  á  Juno,  por  Gecilio  Epitínjano;  á  Neptuno, 
por  Emilia  Ninfódote;  y  á  la  Luna  augusta  (Diana),  por  Lucio 
Emilio  Materno  y  por  Fabia  Fusca.  También  se  hallan  en  la  Lu- 
sitania,  como  el  dedicado  á  Sérapis  en  Beja  por  Stelina  Frisca, 
de  cuya  lápida  (46)  hice  arriba  mención.  No  creo  tuviese  otro 
destino  el  de  Sérapis,  en  Ampurias,  que  mandó  hacer  Glímene, 
y  quizá  rehacer  Porcia  Severa. 

Madrid,  19  de  Enero,  1883. 

Fidel  Fita. 


Í3ÍI  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 


VIL 


LÁPIDAS  ROMANAS,  DESCUBIERTAS   EN  LOS  VALLES  DE  SAN  MILLÁN 

Y  DE  ARAN. 


Gampliendo  con  el  encargo  que  me  ha  hecho  nuestro  dignísi- 
mo Sr.  Director;,  emitiré  breve  informe  sobre  el  libro  escrito  y 
publicado  recientemente  por  el  sabio  P.  Minguella  (1). 

La  obra  tiene  por  objeto,  como  lo  anuncia  su  portada,  discutir 
las  cuestiones  históricas  que  se  refieren  á  la  patria,  estado  y  vida 
de  San  Millán.  Fina  crítica,  erudición  selecta,  buena  fe  de  áni- 
mo imparcial,  claridad  y  amenidad  de  estilo,  son  dotes  aprecia- 
bles  que  acompañan  á  la  principal  del  autor,  esto  es,  su  talento 
de  penetración  y  de  análisis,  acudiendo  á  las  fuentes.  Ha  res- 
tituido al  texto  de  la  vida  de  San  Millán,  escrita  por  San  Braulio, 
aquella  precisión  bella  y  pura  que  dan  los  códices  más  anti- 
guos. Al  exponer,  discutir  y  combatir  en  todo  el  cuerpo  de  la 
obra  las  opiniones  respetabilísimas  de  un  muy  docto  compañero 
nuestro,  lo  hace  el  P.  Minguella  con  sobriedad  y  modestia;  y 
puesto  caso  que  el  Sr.  La  Fuente  nos  anunció,  que  iba  con  este 
motivo  á  responder  en  público  (2),  séame  lícito  aguardar  que  de 
tan  rico  manantial  brote  espléndida  la  luz,  que  no  debo  prevenir, 
y  mucho  menos  prejuzgar,  con  mi  somero  dictamen. 

Todavía  en  cuestión  que,  á  la  sustancial  del  libro  afecta  muy 
poco,  mas  que  os  parecerá,  si  mal  no  veo,  muy  digna  de  vuestra 
atención  benévola,  no  dejaré  de  hablaros  de  dos  lápidas  ro- 
manas, inéditas,  halladas  en  el  valle  de  San  Millán,  cuyas  copias, 
en  tamaño  natural,  me  ha  franqueado  el  P.  Minguella,  con  los 
datos  que  hacen  al  caso,  para  que  no  se  le  crea  por  sola  su  pala- 
bra. La  comunicación  que  me  ha  dirigido  y  firmado,  dice  así : 


(1)  Estudios  histórico-religiosos  acerca  de  la  patria^  estado  y  vida  de  San  Millán, 
por  Fr.  Toribio  MinRuella,  de  la  Merced,  agustino  recoleto  de  las  misiones  de  Fili- 
pinas. Mailrid,  imprenta  de  A.  Pérez  Dubrull,  1883.  Un  tomo  de  280  pégs.  en  S." 

('¿)    Asi  lo  hn  lipfho.  Véase  Ifl  pág.  G  en  el  tomo  presente  del   Bot.KTÍN. 


LÁPIDAS    HUMANAS.  )    ¡) 

"Por  los  años  1«48  al  52,  estando  aiaiido  .luán  Gañas,  vcriiio 
de  San  Andrés,  en  una  finca  de  su  propiedad,  notó  (juc  la  roja 
del  arado  había  tropezado  en  una  piedra;  y  en  deseos  que  no  If 
volviese  ;í  suceder,  tomó  el  azadón  y  se  puso  á  sacarla.  Induda- 
blemente la  hubiera  abandonado  por  crecida  y  costosa  de  extraer, 
á  no  haber  notado  en  su  parte  superior  una  circunferencia  per- 
fectamente labrada  en  forma  de  cordoncillo,  que  encerraba  un 
círculo,  como  dispuesto  á  sostener  una  columna.  De  pronto  la 
curiosidad,  y  después,  vista  su  forma,  la  idea  de  que  pudiei-a 
servirle  como  sostén  de  un  pié  derecho  de  fábrica,  le  animaron  á 
terminar  su  obra,  que  dio  por  resultado  una  piedra  como  hasta 
seis  pies  de  altura,  perfectamente  labrada,  con  zócalo  y  cornisa, 
y  entre  ambos  una  inscripción,  que  entonces,  á  pesar  de  hallarse 
completas  en  sus  letras  y  forma  de  estas,  nadie  se  cuidó  de  tra- 
ducir; pero  ni  aun  de  conservar.  Esta  piedra,  aunque  por  de  fuera 
parece  ser  de  las  siliceo-molares,  según  el  aspecto  que  presenta, 
es  de  las  que  en  el  país  llaman  simplemente  arenosas.  El  término 
donde  se  encontró  se  denomina  San  Cristóhaly  en  una  especie  de 
cañada  que  baja  desde  el  monte  Castillo  hacia  el  río  Cárd-enas, 
como  á  2  kilómetros  Sur  de  Bercéo  y  Sudeste  de  San  Millán  y 
1  kilómetro  Sudeste  de  Estollo;  siendo  de  advertir  que,  el  monte 
dicho,  parece  tomar  su  nombre  de  un  castillo  antiguo,  cuyos  fo- 
sos aún  se  conocen;  en  donde  varias  yeces  han  encontrado  sa- 
bles cortos  y  corvos;  especie  de  cimitarras,  y  herraduras  de  ta- 
maño más  que  regular. 

Por  los  mismos  años  un  boyero,  llamado  Gregorio  Matute, 
hizo  unas  excavaciones  en  un  término  llamado  Socastillo,  al  Sur 
de  una  gran  roca  de  piedra  caliza,  á  cuyo  pié,  por  la  parte  Norte, 
se  halla  el  Barranco  de  los  Moros.  En  dichas  excavaciones  en- 
contró gran  cantidad  de  ladrillos  y  la  piedra  que  se  halla  en  Es- 
tollo,  en  casa  de  Clemente  Urcey,  de  la  misma  clase  que  la  ante- 
riormente mencionada.  El  término  de  Socastillo  se  encuentra  al 
Sudoeste  de  Bercéo,  unos  4  kilómetros,  y  otros  4  al  Sur  de  San 
Millán.» 

Estos  datos  son  importantes.  El  monte  Caslillo  con  su  término 
de  San  Cristóbal,  donde  apareció  su  primera  lápida,  lo  mismo  que 
San  Cristóbal  de  Castro  cerca  del  Miño,  pudo  contener  un  cabtro 


132  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

romano.  Cieiiamcntc  hay  que  buscar  por  aquella  parto  la  inscrip- 
ción (Hübner,  2901),  hoy  perdida,  cuya  copia  hizo  Basiano  á  me- 
diados del  siglo  XVI,  y  que  describió  como  situada  «en  San  Millán 
de  la  Gogolla,  dos  leguas  de  Náxera,  á  la  subida  del  monte,  que 
los  antiguos  llaman  Jubeda,  en  un  valle  apacible.  » 


D'M'S 
AVRO     CAPITÓN 
M  1  L  í>  L 1 1  &  •  V II  •  &  •  F 
ORESTITVTI    ^^^° 

R. XXVIII 

LVSiIa'HER'FA'CVR 


D(is)  M(anibus)  s(acrum).  Aur[elio)  Capiton(i)miI(iti)leg¡ionis)  vii  g(em¡nae)  f(eliciB) 
[j]  Restituti  anno(rum)  xxviii.  Luseia  her(es)  fa(ciendum)cur(avit). 

Consagrado  á  los  dioses  Manes.  A  la  memoria  de  Aurelio  Capitón,  de  28  años  de  edad 
soldado  de  la  legión  vii  gemina  feliz,  de  la  centuria  de  Restituto.  Luseya,  su  heredera 
lo  mandó  hacer. 


El  epígrafe  es  anterior  al  siglo  in  y  posterior  al  regreso  pri- 
mero de  la  legión  á  España,  acontecido  en  el  año  70  del  primer 
siglo.  Al  indicio  de  antigüedad,  suministrado  por  el  hecho  de  no 
llamarse  aún  pia  la  legión,  se  añade  el  de  la  forma  ii  que  toma 
la  E,  como  en  varias  lápidas  de  Talavera  (1). 

A  la  misma  época  pertenecen  las  dos  inscripciones  romanas, 
inéditas,  del  valle  de  San  Millán,  de  que  arriba  llevo  apuntado  el 
mérito.  Las  copias  que  me  ha  facilitado  el  P.  Minguella  se  han 
hecho,  no  ha  muchos  días,  siguiendo  con  lápiz  los  huecos  de  las 
letras  en  las  piedras  originales.  Su  forma  es  la  del  primer  ó  se- 
gundo siglo. 

1. — Lápida  del  monte  Castillo,  conservada  en  el  pueblo  de  San 
Andrés;  y  en  un  corral  de  la  casa,  propia  de  D.  Cándido  Cañas, 
á  la  entrada  del  pueblo  que  mira  hacia  San  Millán.  Mide  la  cara 
del  epígrafe  unos  24  centímetros  en  cuadro. 


(l)    Boletín  di.  la  iikal  acadlmia  de  la  uistouia,  tomo  ii,  pág.  284. 


LÁPIDAS   ROMANAS.  l;j;} 

DERCETIO 
C...A...  S.O- 

M S 

S AC 

M 

Dercetio,  tiene,  sin  duda,  relación  con  el  del  monte  Dircecin, 
conocido  por  la  biografía  de  San  Millán  ( 1 ) . 

Desgraciadamente  las  cuatro  líneas  siguientes  resultan  en  ].i 
copia  tan  incompletas  é  inseguVas,  que  sin  un  buen  calco,  ó  foto- 
grafía, que  me  ha  prometido  el  P.  Minguella,  no  acierto  á  tan- 
tear la  restauración,  ni  me  resuelvo  á  decidir  si  fue  ara  sepulcral 
ó  votiva.  Acerca  del  vocablo  indubitable,  Dercetio,  que  la  inscrip- 
ción guarda  intacta,  solo  me  cumple  hacer  observar  que  en  toda 
la  comarca  septentrional  de  nuestra  Península  son  muy  comunes 
los  nombres  de  persona  y  divinidades  tomados  de  los  geográficos. 
Asi  en  Elizmendi  vemos  el  epitafio  de  Cantaber  (2953),  y  en  Ale- 
gría de  la  sierra  de  Toleña  el  ara  que  Sempronio  Severo  dedicó 
al  dios  Tullonio  (2939).  La  penúltima  línea  cerrada  por  ag  y  la 
iiltima  terminada  en  m,  tanto  se  acomodan  á  la  formula  sepulcral 
fKG(iendum)  ciirfavitj  ex  testaufento),  como  á  la  votiva  prosalute 
sua  AC  suorum  omniíiM. 

2. — Hallada  en  Socastillo.  Poséela  en  su  casa  de  EstoUo, 
calle  de  la  Solana,  núm.  101,  D.  Clemente  Urcey.  Mide  48  por  60 
centímetros  y  está  coronada  por  dos  dobles  círculos,  tocándose 
los  de  mayor  diámetro  en  el  eje  vertical  y  céntrico  de  la  piedra. 
La  inscripción  es  del  primer  siglo;  y  ha  perdido  algo,  que  el  sen- 
tido cabal  exige,  y  que  restituyo  por  vía  de  conjetura.  Carece  de 
puntos  y  de  separación  de  palabras.  Es  geográfica. 


(V)  Párrafo  iv.  El  P.  Minguella  en  su  obra  (pág.  223),  valiéndose  del  códice  Escu- 
rialense  del  siglo  x  y  del  Emilianense  del  siglo  xii  ha  restituido  en  este  punto  al  texto 
Brauliano  su  pureza,  eliminando  la  falsa  lección  Distertii  vulgarmente  admitida.  La 
cual  aparece  en  un  diploma  de  Alfonso  VI  (Yepes,  25),  fechado  en  1092,  que  pone 
el  santuario  de  la  Virgen  de  Valvanera  «¿«  inontem  qui  vocatur  Distercii.» 


134  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

secontivs 

OBlONESISAAl 
bati.  f.  ann..,. 

h.  s.  e.  s.  t.  t.  I 

Secontius  Obionesis  Ambati  f(Uius)  ann(orum)...;  h(i3)  s(itus)  e[st);  s(it)  t(ibi)  tier- 
ra) l(evis). 

Seconcio  Obionense,  hijo  de  Ambato,  de  edad  de  (?)  años  yace  aquí.  Séate  la  tie- 
rra liíjera. 

El  uoiiibrc  del  diiuutu  sale  y  se  repite  en  diferentes  lápidas  de 
la  comarca  riojana  (Hübiier  818,  2942,  2946,  2956).  Conlirma, 
como  geográfico  aplicado  á  persona,  lo  que  llevo  sentado  al  tra- 
tar de  averiguar  la  significación  de  Dercetio.  Más  nos  importa, 
por  indicar  una  localidad  (Baños  de  Tohia?)  hasta  hoy  descono- 
cida en  el  mapa  romano  de  la  región  del  Ebro,  el  étnico  Obionesis, 
con  desinencia  propia  del  habla  celto-hispana,  como  Cauriesis 
(168),Saldaniesis  (2670). 

Y  á  la  verdad,  ninguna  de  las  lápidas  encontradas  en  el  valle 
de  San  Millán  descubre  indicios  indubitables  de  la  lengua  eus- 
kara,  ó  del  vascuence;  pero  su  corto  número  no  debe  constituir 
una  base  ó  argumento  exclusivo  en  este  concepto.  Ya  fuese  celti- 
bérico el  territorio,  ya  de  los  Berones,  gente  céltica,  según  Es- 
trabón  (1),  como  sus  vecinos  los  Cántabros,  poco  distaba  del  valle 
de  San  Millán  la  Euskalerria,  propiamente  dicha,  comprensiva 
de  Várdulos  y  Vascones.  En  el  riñon  de  la  Beronia,  y  en  una 
colina  cerca  de  Herramélluri ,  nuestro  doctísimo  compañero  el 
Sr.  Saavedra,  guiado  por  el  compás  de  las  medidas  itinerarias 
ha  fijado  la  situación  de  la  antigua  Libia,  hoy  Leiba,  ú  'oxípa. 
de  Ptolomeo.  Pues  bien,  Herramélluri  es  nombre  puramente 
vascongado,  y  significa  «tierra  yerma  ó  de  páramo.» 

Al  otro  extremo  de  la  Vasconia  primitiva  y  en  su  línea  meri- 
dional, sobre  la  cordillera  pirenaica  se  tiende  el  valle  de  Aran, 
en  que  nace  y  corre  el  Garona,  que  al  decir  de  Estrabón,  fué, 

(1)  « Kavrá^poís  cpiOfo.^  Toís  KoviVko/s  ,  xaí  cívtoi  tou  KíXtihov  (TtÓXou 
yíyovoTíc,,...  (j\jví')(/i<;  í'íiVi  toÍ;  BapS'üiíraís,  ous  oi  vuv  Bap^üXofS  y.aKov<yiy.y> 
¡II,  4,  12. 


LAPIDAS    RONfANAS.  í;^-, 

como  el  Ródano,  linde  de  Iberia.  Allí  también,  las  inscripciones 
romanas  comienzan  á  derramar  viva  luz  sobre  la  religión  y  ar- 
cano idioma  del  pueblo  vascongado.  Conocíanse  las  lápidas  vo- 
tivas al  dios  Lex  (Lexi  deoj,  halladas  en  la  villa  de  Lez,  famosa 
por  sus  baños  termales  y  última  de  las  del  valle  de  Aran,  que 
atraviesa  el  Garona.  Creo  que  Lez  no  es  numen  distinto  por  su 
significado  del  que  presidió  á  las  no  menos  famosas  y  cercanas  ter- 
mas de  Luchon ,  y  en  sus  aras  votivas  toma  el  nombre  de  Lixo  6 
Ilixo;  y  tengo  para  mí  que  la  raíz  del  vocablo  es  la  céltica  leski, 
(quemar,  abrasar)  que  apunté  (!)  como  propia  del  nombre  de 
otras  fuentes  termales,  divinizadas,  en  Brozas  de  Extremadura  y 
en  Castro  Caldelas,  provincia  de  Orense.  El  elemento  romano 
puro  se  ostenta  dentro  del  valle  de  Aran,  en  la  inscripción  votiva 
del  pueblo  de  Gesa : 

L  .  POM 
P  A  V  L  I  N   1  A 

NVS  •  V  •  S  •  L  •  M 

La  descubrió  por  Diciembre  del  año  pasado,  y  acaba  de  publi- 
carla mi  docto  amigo  M.  Maurice  Gourdon  ;  quien  además  de 
enviarme  su  noticia  impresa  (2),  ha  tenido  la  bondad  de  remi- 
tirme por  medio  de  D.  Ramón  Arabia  y  Solanas,  presidente  de 
la  Associació  d'excursions  catalana .  la  fotografía  de  otro  mármol 
insigne  que  halló  en  la  iglesia  del  pueblo  de  Escuñau.  Por  des- 
gracia no  está  completa  la  inscripción,  como  lo  hace  ver  la  rotui-a 
de  la  piedra;  bien  que  sus  dos  palabras 

ILVRBERRiXO 
A  NDE  R  EX  C 

compensan  asaz  ese  defecto,  por  ser  enteramente  vascongadas. 
La  segunda  es  nombre  de  mujer,  derivado,  de  Ajidere  (señora 


(1)    Restos  de  la  declinación  céltica  y  celtibérica  en  algunas  lápidas  espaTioJas.  Madrid. 
1878;  pág.  12-15. 
(•2)    Note  snr  deux  inscñptions  inédites  dn  val  d'A ran:  sin  pié  de  imprenta. 


1.%  BOLETÍX   DF,    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

ama  de  casa),  conforme  lo  ha  demostrado  M.  Luchaire  (I),  va- 
liéndose de  otras  inscripciones  romanas  y  de  códices  qne  ha 
compulsado  y  sabiamente  expuesto,  procedentes  del  territorio 
que  fué  dominio  del  vascuence,  al  uno  y  al  otro  lado  del  Pirineo. 
Yo  sólo  añadiré  á  las  observaciones  de  autor  tan  ilustre,  la  de 
que  el  vocablo  v Andrea  (domina)»  se  halla  registrado  por  el  glo- 
sario del  vascuence  escrito  en  la  primera  mitad  del  siglo  xii  y  en 
el  libro  final  del  códice  Calixlino  (2).  En  cnanto  á  la  primera  pa- 
labra del  epígrafe  llnrhprrixo  que  al  parecer  concierta  con  la  se- 


gunda, tiene  íisonomía  vascongada  lan  evidente  como  la  de  IlihC' 
rri  (villa  nueva),  del  cual  Jhirherri  me  parece  sinónimo.  La  raíz 
llttr  con  significación  de  ciudad  ó  villa,  se  deslaca  innegable  en 
lluro  (Oleron)  y  en  otras  varias  homónimas  de  la  antigua  Es- 
paña; así  como  en  Ilurre,  llnrdoz  de  Navarra,  ó  Ilnrmendieta  de 
Guipúzcoa.  Ni  hay  que  extrañarse  de  ver  que  en  el  valle  de  Aran 
•  nos  viene  saliendo  al  paso  el  nombre  de  una  persona,  ó  tal  vez 
divinidad,  sacado  de  otro  geográfico;  pues  eso  mismo  hemos  visto 
en  el  valle  de  San  Millán  hablando  de  la  inscripción  de  Dercetio. 

Madrid,  1."  de  Junio  1^83. 

Fidel  Fita. 


(1)  Eludes  sur  les  idionics  Pyrénéens  de  la  Tcgion  Francaise,  Paris  1879;  pég.  53, 89.— 
Hevue  de  Lingrdstique  ef  de  P?iilologie  comparc'e,  Paris,  1881;  pág-.  150,  ICO. 

(2)  Publiqué  su  grabado  ó  interpretación  en  la  Revuede  Lingvistiíjveetde  Philologie. 
Paria  1882;  pág.  ic. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLV, 


TOMO  iir.  Setiembre,  1883.  cuaderno  iii. 


NOTICIAS. 

El  quinto  Congreso  internacional  de  americanistas,  al  que 
han  asistido  en  representación  de  nuestra  Academia  los  Señores 
Fabió  y  Rada,  se  inauguró  en  Copenhague,  como  estaba  anua- 
-ciado,  el  martes  21  de  Agosto  último  á  la  una  de  la  tarde,  en  pre- 
sencia del  Rey  y  de  la  familia  real  de  Dinamarca.  El  Señor 
Worsaae,  Chambelán  de  Su  Majestad,  abrió,  el  Congreso  dedi- 
<iando  nobles  y  galanas  frases  á  las  tareas  iniciadas  y  llevadas  ;í 
cabo  por  el  de  Madrid,  y  encareciendo  la  parte  que  corresponde- 
á  la  patria  de  Nordenskiold  en  el  primer  descubrimiento  y  ve- 
tusta civilización  del  suelo  americano.  La  Groenlandia — dijo, — 
poblada  de  escandinavos  en  98G,  es  el  más  bello  florón  de  la  Co- 
rona dinamarquesa.  Acto  continuo  subió  íi  la  tribuna  el  Señor 
Fabié.  Hízose  intérprete  de  la  profunda  gratitud  que  inspiraba  á 
todos  los  extranjeros  de  ambos  mundos  allí  reunidos,  la  cordial 
acogida  y  la  generosa  munificencia  del  pueblo  y  del  Gobierno 
dinamarqués  y  del  excelso  Cristian  IX  que,  como  Alfonso  XII. 
tiene  á  gloria  el  cultivar  y  proteger  con  toda  eficacia  este  linaje 
de  esludios.  Los  discursos  de  M.  Bamps,  comisionado  del  Go- 
bierno belga,  y  de  M.  L.  Adam,  ilustre  sabio  francés,  cerraron 
dignamente  la  sesión  regia. 

Presidió  la  primera  científica  el  Sr.  Rada;  y  la  segunda  el  Se- 
ñor Fabié.  En  ésta,  M.  Beauvois  desarrolló  con- nuevos  datos  sus 
favoritos  estudios  sobre  el  cristianismo,  llevado  á  la  América  por 
los  misioneros  irlandeses  de  lengua  gaül,  desde  el  siglo  ix.  Su 

Trwrn    itt  ^" 


138  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEML4   DE    LA    HIST0RL4.. 

tema  dio  lugar  á  discusión,  en  que  tomaron  parte  los  Sres.  Bamps^ 
Vinson  y  Fabié,  sobre  el  signo  de  la  cruz  rodante  ó  svástika,  que 
no  es  ciertamente  emblema  característico  de  la  religión  cristiana, 
sino  muy  conocido  y  usado  en  las  regiones  boreales  de  Europa, 
antes  de  que  se  convirtiesen  á  Cristo.  En  aquella,  ó  en  la  presi- 
dida por  el  Sr.  Rada,  leyó  el  Sr.  Herrera  nutrida  Memoria,  dando 
cuenta  de  la  del  Sr.  Fernández  Duro,  acerca  de  los  primeros  via- 
jes de  Colón,  que  fué  vivamente  aplaudida  (1).  También  usaron 
la  palabra  los  Sres.  Lütken,  Reiss,  Thomsen  y  Steenstrup,  ilus- 
trando la  arqueología  histórica  y  prehistórica  de  las  Pampas, 
Brasil,  Virginia,  Tierra  del  Labrador,  Nueva  Escocia  y  Groen- 
landia. 

Las  discusiones  suscitadas  en  los  dias  23  y  24  de  Agosto,  últi- 
mos del  Congreso,  no  excitaron  menos  interés.  Tal  fué,  por 
ejemplo,  la  que  entabló  el  Sr.  Barón  de  Baye,  sobro  los  hechos 
de  trepanación  observados  en  las  estaciones  de  la  edad  de  la  pie- 
dra, tanto  en  el  antiguo  como  en  el  nuevo  mundo.  Acaso  estos- 
hechos,  andando  el  tiempo,  arrojen  gran  luz  sobre  el  rito,  ex- 
traño por  todo  extremo,  que  nuestro  docto  correspondiente  Don 
Román  Andrés  de  la  Pastora,  ha  notado  en  el  cementerio  anti- 
quísimo de  Pedregal  (partido  de  Molina  de  Aragón),  y  en  otros 
parajes  del  centro  y  sur  de  España.  El  Sr.  Vera,  discurrió  sobre- 
las  variaciones  ocurridas  en  la  Geografía  física  del  continente 
americano,  desde  la  época  del  descubrimiento  hasta  nuestros 
dias;  y,  además,  sobre  las  materias  colorantes  empleadas  por  los 
indios  americanos.  El  Sr.  Fabié  trató  de  los  reinos  de  Gibóla, 
(^)uivira  y  Teguayo,  con  ocasión  de  presentar  la  erudita  obra  del 
Sr.  Fernández  Duro,  relativa  á  D.  Diego  de  Peñalosa.  Final- 
mente, el  Sr.  Rada,  pronunció  dos  discursos  que,  atendida  su 
importancia  excepcional,  reproducimos  al  pié  de  este  número  del 
Boletín  en  la  sección  de  Variedades. 

(1)    Se  anunció  en  la  página  5  del  tomo  presente  del  Boletín. 


INFORMES. 


ALTABISKARCO  CANTUA. 


Tributando  á  la  poesía  vascongada  la  brillante  consideración 
y  el  puesto  de  honor  que  le  corresponde,  los  elocuentes  Discursos 
leidos  ante  la  Real  Academia  Española  en  la  recepción  pública 
del  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Balaguer,  el  domingo  '25  de  Febrero 
de  1883,  han  tocado  una  cuestión  histórica  de  interés  muy  vivo. 
í]l  gran  poeta  é  historiador  de  Cataluña  la  plantea,  mas  no  la  re- 
suelve, atento,  á  lo  que  parece,  á  descargar  su  plan  literario  de 
arideces  críticas  que  poco  montan  para  juzgar  de  lo  bello.  «Xo 
lilasona,  dice  (pág.  G.),  de  remota  antigüedad  la  poesía  euskara: 
moderna  es,  de  nuestros  dias;  pero  sus  poetas  están  cortados  á  la 
antigua;  nacen  formados  y  adultos,  con  los  bríos  mismos  y  des- 
fogues que  pudieron  tener  los  autores  de  aquel  famoso  Canto  de 
Altabiscar^  que  podrá  ser  más  ó  menos  antiguo,  lo  cual  no  es 
])ara  debatir  en  este  instante;  pero  que,  más  antiguo  ó  más  mo- 
derno, es  un  monumento  de  gloria,  con  sobra  de  esta,  para  enri- 
quecer á  toda  una  serie  de  generaciones  literarias.»  Y  en  las 
notas,  que  cierran  el  discurso,  donde  el  texto  del  Altábiskarco 
cantad  sale  avalorado  con  la  preciosa  traducción  castellana,  hecha 
l)or  D.  José  Manterola  (1),  habíanos  de  nuevo  el  Sr.  Balaguer  de 


(1)  Autor  de  la  obra  El  cancionero  xasco  y  director  de  la  excelente  RevisU  La  Eiis- 
halerria,  que  contribuye  eficazmente  á  desarrollar  los  verdaderos  gérmenes  y  adelan- 
tos de  la  literatura  vascongada. 


140  BOLETÍN    DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

ese  amoiiumentalé  imperecedero  Ca.nto  de  Altahiscar,  sobre  cuya 
antigüedad  más  ó  menos  remota,  aún  no  se  ha  dicho  la  úUinia 
palabra.» 

Para  bien  juzgar  de  la  cuestión,  expondré  ante  todas  cosas  su 
marcha  histórica. 

El  Canto  de  Altabiscar  salió  al  público  por  primera  vez  en 
1834,  dentro  dO  un  largo  artículo  que  su  autor  M.  Garay  de 
Monglave,  fundador  y  secretario  perpetuo  de  L'Institut  Historique, 
compuso  y  estampó  en  el  Journal  (tomo  i,  año  i)  de  dicho  insti- 
tuto histórico  ó  asociación  literaria.  Después  de  trazar  á  grandes 
rasgos  el  cuadro  de  la  importancia  del  vascuence  por  razón  de  su 
antigüedad,  belleza  eufónica  y  estructura  gramatical  (páginas 
174-176),  introduce  y  expone  la  cuestión  en  los  siguientes  tér- 
minos (1): 

Pág.  17G,  lín.  2. — ttParmi  les  poésies,  qui  se  sont  ainsi  con- 
servées  de  génération  en  génération,  on  cite  un  poeme  assez 
étendu  sur  la  religión  des  cantabres,  des  chants  guerriers  et  allé- 
goriques,  quelques  chansonnettes  inférieures  peut-etreen  naivé- 
té  á  celle  de  Métastase,  et  de  romances  populaires  qui  datent, 
d'aprí'S  M.  Humboldt,  de  l'invasion  des  Romains,  et  qui  ne  sont 
pas  inférieures  aux  plus  beaux  chants  nationaux  des  Grecs  mo- 
dernes.  Yiendra  peut-étre  un  MacPherson  qui  les  recucillera.  Le 
souvenir  des  preux  de  Ghaiiemagne  est  présent  a  l'imagination 
des  bergers  pyrénéens :  toutes  les  ballades  du  pays  sont  em- 
preintes  de  leurs  vaillants  exploits:  on  montre  ici  au  voyageur 
les  jardius  enchantés  d'Armide,  la  plus  de  vingt  rochers  que  le 
fabuleux  lloland  a  fendus  de  sa  Durandal;  et  pourtant  personne 
dans  CCS  vallées  n'a  lu  ni  le  faux  archevCNjue  Turpin,  ni  Boyar- 
do, ni  Arioste  dont  on  ignore  mrme  les  noms. 

Parini  ees  romances  chevaleresques  des  Escualdiinac,  une  des 
plus  connucs  est  celle  qui  a  pour  titre  le  chant  d'Altabicar,  Alta- 
bicaren  cantua.  G'est  la  fameuse  bataille  de  Roncevaux,  racontée 
par  les  descendants  des  vainqueurs.  Tout  le  monde   sait  que 


(1)  Los  extractos  del  .rticuloque  traslado,  me  han  sido  facilitados  por  M.  Julián 
Vinson,  profesor  eu  Paris  de  la  escuela  de  lenguas  orientales  y  correspondiente  extran- 
jero de  nuestra  Real  Academia. 


ALTABISKAllCO    CANTUÁ.  |4| 

C'narlemagne  étant  alié  par  dola  les  Navarrais  (on  ignore  si 
c'était  pour  les  Mores,  ou  pour  les  Ghrc(iens)  rentrait  vainqucm- 
011  P>ance,  lorsquc  les  Sarrazins  seloa  les  uns,  les  Escucdíhmac 
ou  les  Vascons  selon  les  autres,  ct  peut-rtrc  les  troís  peuples  á  la 
{'oís,  passórent  au  sommct  des  moat¿ignes,  firent  rouler  sur  les 
troupes  des  fragmcuts  de  rochcrs,  obscurcirent  l'air  de  leurs  (lo- 
ches, et  malgré  les  prouesses  des  Paladins,  mirent  de  toufes 
parts  les  Francs  en  dósordre  et  en  fircnt  un  ópouvanlable  car- 
nage. 

Ge  chaut  comme  tout  ce  qul  n'est  pas  écrit,  a  sans  doule  chan- 
gó enpassant  de  bouche  en  bouche,  et  je  Tai  retrouvó  avec  de 
nombreuses  variantes  sur  plusieurs  points  des  deux  vcrsants. 
lia  des  rédacteurs  du  Díctionnaire  de  la  Gonversation  ct  de  la 
Lectura,  M.  G.  OUivier,  en  parle  dans  un  articlo  fort  curieux  sur 
les  chants  populaires  de  différents  peuples  (tome  mii,  pag.  25). 
Malheureusement  il  paraít  u'avoir  connuc  que  la  fin  des  troisié- 
me  et  septieme  versets,  c'cst-a-dire  les  noms  de  nombre  declines 
depuis  un  jusqu'á  vingt,  ct  puis  en  sens  inverse.  Gherchant  quel 
scns  caché  pouvait  couver  sous  ce  titre  bizarre,  il  y  a  vu,  dit-il 
les  Escualdunacs  (qu'il  nomme  a  tort  Vascons)  designan t  par  leur 
simple  dénomination  numérique  les  dures  années  de  Téxil  et  ap- 
pelant  ensuite  une  á  une  par  une  sorte  de  progression  (sic)  dé- 
croissaute,  celle  de  la  vengeance;  chant  cabalistique,  ajoutait-il 
qui  n'est  pkis  maintenant  qu'une  musique  denuée  de  signifi- 
ca tion.» 

Pág.  177. — «Si  M.  Ollivier  eut  connu  la  romance  cntiore  il  nc 
serait  pas  tombé  dans  cette  spirituelle  errour:  tout  s'explique  na- 
turellement  des  qu'on  rétablit  les  huit  versets.  La  progression  as- 
cendante,  c'est  la  marche  d'une  armée  qui  s'avance;  la  progres- 
sion descendante,  c'est  la  fuite  de  cette  armée  vaincue. 

J'ai  vu  autrefois  une  copie  du  chant  d'Altabicar  chez  le  Gomtc 
Garat,  ancien  ministre,  anclen  sénateur  et  membre  de  l'Institut 
do  France,  un  des  philosophes  les  plus  célebres  de  notre  pays, 
nn  des  hommes  dont  le  talent  honore  le  plus  les  Esciialdunac  ses 
compatriotas.  II  la  tenait  du  famcux  la  Tour  d'Auvergnc,  le  pre- 
mier grenadier  de  France,  lequei  pendan t  les  guerres  de  la  Ré- 
publique,  se  délassait  de  ses  fatigues  en  travaillant  á  un  glossairo 


142  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTOllIA. 

en  quarante-ciiiq  laiigues.  La  Tour  d'Auvergue  avait  étú  chargó 
de  traiter  de  la  capitulation  de  Saint-Sébastien,  le  5  aout  1794; 
et  c'etait  au  prieur  d'un  de  ees  couvents  de  la  ville  qu'il  étail  re- 
devable  de  ce  précieux  document,  écrit  en  deux  colonnes  surpar- 
chemin,  et  dont  les  caracteres  peuvent  remonter  a  la  ñn  du  dou- 
ziéme  ou  au  commencement  du  treizieme  siecle,  date  évidem- 
meut  poslérieure  de  beaucoup  a  celle  de  ce  chaul  populaire. 

Le  texte  qui  je  donne  ici  n'est  pas  exactement  le  meme  que 
celui  qu'on  a  dú  trouver  dans  les  papiers  de  M.  le  Gomte  Garat. 
II  se  compose  du  rapprochement  des  diverses  variantes  que  j"ai 
pu  recueillir.  Ges  différences  sont,  au  reste,  purement  gramma- 
ticales:  elles  u'affectent  en  rien  le  sens  des  mots  ni  des  phrases. 

Puisse  cette  exhumation  nouvelle  ne  pas  déplaire  aux  lecteurs 
du  Journal  de  l'Institut  Historique! 

Pág.  175-176, — En  notas. — «Mots  et  étymologies':  ees  notes 
nous  ont  été  communiquées  par  M.  Duhaldc,  jeune  philologue 
Escualdunac,  aussi  modeste  que  savant.  Nous  lui  devons  en 
grande  partie  ,  le  rapprochement  des  diverses  variantes  du  texte 
du  Ghaut  d'Altahizar.i^ 

El  Dictionnaire  Universel  des  Contemporains  (par  G.  Vaque- 
rean,  París,  1861),  nos  da  el  siguiente  informe  sobre  M.  dv 
Monglave : 

«MoxGLAVE  ( Francois-Eugene  Garay,  dit  de)  littérateur  Fran- 

cois  ué  á  Bayonne,  5  Mars,   1796. — il  se  jeta  dans  la  petite 

presse,  fonda  en  1823  le  Diahle  Boiteux,  journal  qu'il  íit  revivre 
■en  1832  et  enl857,  et  fit  par  ses  articles  et  par  ses  livres  une 
guerre  continuelle  á  la  Restauratiou.  II  fut  obligó  de  se  cacher 
sous  divers  pseudouymes En  1833,  il  fonda  Tlnstitut  histori- 
que, société  dont  la  cróalion  fut  autorisée  l'année  suivante,  et  en 
fut  élu  le  Secrétaire  perpctuel.» 

No  se  requiere  mucha  perspicacia  para  demostrar  que  las  ideas, 
expuestas  por  M.  Monglave  en  los  extractos  que  he  recogido, 
adolecen  de  inexactitud  y  de  escasa  atención  á  la  verdad  de  los 
hechos.  Ni  negaré  que  «íe  souvenir  des  preux  de  Charlemagne  est 
2)résent  á  l'imaginalion  des  hergers  Pyrénéensy>\  pero  es  falso  que 
i  toldes  les  hallades  áu  pays  sont  empreintes  de  leurs  vaillants  ex- 
ploits.i)  Ni  una  siquiera  de  las  baladas  víiscongadas ,  que  han  lie- 


ALTABISKARCO    CANTCÁ.  l'i.'"; 

gado  á  mi  conocimiento  ,  versa  sobre  Carlomagno  y  sus  doce 
Pares.  Por  lo  tocante  á  los  veinte  y  pico  de  urochers  que  le  falu- 
leux  Roland  a  fendus  de  sa  Diwandal» ^  casi  todos  son  puro  i)arto 
de  la  imaginación  de  M.  Monglave.  La  Brcdie  de  Roland  encima 
de  Gavarnie  en  el  departamento  de  los  Altos  Pirineos  está  fuera 
del  país  vascongado.  El  nombre  Pas  de  Roland  cerca  de  Gambo 
no  cuenta  mucho  más  de  un  siglo  de  antigüedad ;  anteriormente, 
el  desfiladero  se  liabia  llamado  siempre  en  vascuence  (1)  Atheca- 
gaüz  (puerta  mala).  Mayores  recuerdos  de  Roldan  aw  la  nomen- 
clatura del  país  vascongado  y  aledaños  no  sé  que  existan.  Es  ver- 
dad que  el  país  conserva  la  memoria  de  Carlomagno  y  de  sus 
Pares;  el  conductor  vascongado  ,  que  me  guió  desde  los  Alduides 
á  Pioncesvalles,  me  contó  la  historia  de  Rolando  que  anda  por 
allí  conocida;  mas  no  es  la  del  Canto  de  Altabiscar,  sino  la  del 
romance  popular,  atribuido  al  falso  Turpin  ,  que  á  principios  del 
siglo  XIII  fué  justamente  censurado  de  apócrifo  por  un  ingenio 
ilustre  de  Navarra  (2).  La  indignación  de  mi  guía  se  desbordaba 
contra  el  traidor  Canelón,  de  quien  el  Canto  de  Altabiscar  nada 
recuerda.  Buen  golpe  de  las  Pastorales  ó  Tragedles,  que  todavía 
salen  á  la  escena  en  el  territorio  de  La  Soule,  y  suelen  ser  las 
más  agradables  al  público,  brotan  de  la  leyenda  Carlovingia,  y 
so  titulan  Charlemagne;  Roland;  Les  Douze  Pairs  de  France;  Les 
qiiatre  fils  Aymon;  Richard  sans  Peur,  Duc  deNormandie;  etc. 
De  estos  dramas  he  visto  representados  Richard  sans  Peur ,  Duc 
de  Normandie  en  Larrau  (24  Junio  1864),  y  Les  quatre  Fils  Ay- 
mon  en  Tardetz  (19  Abril  1879 ).  No  están  basados  en  tradiciones 
privativas  y  propias  del  pueblo  vasco ;  antes  bien  por  poco  que  se 
examinasen,  descubrirían  su  asiento  reciente.  Se  han  sacado  y  se 
toman  de  los  Livres  ¡wpulaires  de  colportage  que  en  los  mercados 
y  ferias  de  aldeas  y  villas  distribuyen  y  expenden  los  buhoneros 


(1)  El  tipo  original  de  «Les  échos  ñu  Pas  de  Roland  por  J.  B.  Dasconaguerre  (Bayona, 
1868)»,  así  como  el  de  los  «Atheka-Gaitzeko  oiharttunak  (Bayona,  1870)»,  se  escribió  en 
francés,  y  no  en  vascuence.  El  autor  mismo  en  persona  me  lo  atestiguó  positivamente. 

(2)  Rodrigo  Jiménez  de  Rada,  arzobispo  de  Toledo,  De  rebus  fíispaniie,  libro  iv, 
capítulos  10  y  IL.  El  calificativo  «histrioHt'.m  fahuUe»,  de  que  se  vale  D.  Rodrigo,  me 
hace  abrazar  la  idea  del  P.  Fita,  esto  es,  que  las  pastorales  tuvieron  un  dechado  anti- 
quísimo, que,  sin  embargo,  no  ha  ejercido  influjo  inmediato  en  ellas. 


144      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORL\. 

con  SUS  agujas  por  toda  Francia.  El  autor  de  la  Pastoral  Les^ 
quatre  fus  Aijmon,  conviene  á  saber  el  Sieur  Fierre  Irigarez,  de 
Laguinge,  me  mostró  en  Junio  de  1875  el  libro  ,  de  que  se  valió 
para  componerla  ,  titulado  vHistoire  des  Quatre  Fus  Aymon,  tres- 
nobles  ,  tres-hardis  ,  et  tres-vaillants  chevaliers.  Nouvelle  édition 
ornee  de  huit  gravures,  a  Epinal,  chez  Pellerin,  imprimeur- 
libraire.  Sin  data,  en  4."  á  dos  columnas,  9G  páginas.))  Ante  mis 
ojos  tengo  otra  edición  de  este  libro ,  comprada  en  país  vasco  por 
30  céntimos,  también  sin  data ,  pero  impresa  en  Limoges  chez 
Eugene  Ardant  et  C.  Thihaut.  De  estos  y  semejantes  opúsculos- 
puede  verse  una  excelente  enumeración  y  descripción  en  la«fíis- 
toire  des  Livres  Populaires  ou  de  la  Littérature  de  Colportage, 
depuis  le  xV  siecle,  par  M.  Charles  Nisard;  2  tomos,  Paris,  1854.» 
Estos  libros  y  las  Pastorales  (1)  á  que  han  dado  margen  son  las 
únicas  fuentes  del  conocimiento  que  el  moderno  pueblo  vascon- 
gado alcanza  acerca  de  la  persona  de  Garlomagno  y  sus  doce 
Pares.  No  hay  tradición  fundada  en  canlarcs  populares  de  remota 
antigüedad  conocida. 

Absurda  es  además  la  frase ,  que  emplea  Monglave  para  com- 
probar su  tentativa,  diciendo  que  acaso  concurrieron  á  la  em- 
presa contra  Garlomagno  tres  gentes  á  una,  Sarracenos  ,  Vascos 
y  Escualdunac.  Para  la  historia  no  es  un  misterio  la  acción  de 
Roncesvalles.  Einhard  en  su  Vita  Kavoli  imperataris  y  en  sus 


(1)    Hé  aquí  las  que  están  sacadas  de  libros  iiue  enumera  Jíisard,  tomo  n  : 

rág.  217 Prodiga. 

—  226..' Abi-aham. 

—  435 Charlemagne, 

—  » Jtan  (le  Paris, 

—  436 Oídipa. 

—  » A  lexandre. 

—  » Godefroi  de  Bouillon, 

—  450 Jean  de  Calais. 

—  459 i  Sainte  Hélaine, 

—  469 Sainte  Geneviéte. 

—  489 Richard  sans  Peur. 

—  500. .......  Les  quatre  fils  Aymon. 

.\  estas  y  demis  Pastorales,  M.  Julien  Vinson,  dedica  largo  espacio  eu  la  obra  Zes 
I.itt&atures populaires  de  toutes  les-natiotis  (París,  Maisonneuve). 


ALTAHISKAIIGO    CANTL'Á.  lí.", 

Annalcs  ,  tan  verídico  como  que  es  autor  grave  y  coulemporáuoo 
del  hecho,  rcíicre  sencillamente  la  batalla  y  ía  muerte  de  Ilriiot- 
landus  (Rolando),  sobrino  de  Garlomagno  y  prefecto  de  Hritania. 
Describe  el  combate  como  un  ataque  ó  acometimiento  (¡ue  los 
Vascones^  y  ninguna  otra  gente  más  ,  hicieron  en  la  retaguardia, 
al  que  se  siguió  el  saqueo  de  los  bagajes.  La  distinción  que  pro- 
pone M.  Monglave  entre  Vascones  y  Escmddunac  se  desvanece  ni 
menor  soplo  de  atento  examen. 

M.  Monglave  pretende  que  un  manuscrito  del  Canto  estuvo  cu 
posesión  del  conde  Garat.  Algunos  descendientes  de  este  lionibrc 
ilustre,  aprovechándose  de  sus  manuscritos,  han  publicado  libros 
n  obras  literarias  acerca  de  los  vascongados;  pero  el  manuscrito 
aludido  por  M.  Monglave  no  lo  lian  hallado ,  ó  por  lo  menos  no 
lo  mencionan.  A  este  propósito  no  he  de  pasar  por  alto  la  obser- 
vación de  M.  Fr.  Michel,  el  cual  en  1857  dio  en  creer  que  era 
auténtico  el  Canto  de  Altabiscar  (1) :  «A  ce  sujet  je  ne  sais  trop 
ce  qu'il  faut  croire  des  assertions  de  M.  Garay ,  qui  parle  d'nn 
anclen  manuscrit  oú  le  fameux  la  Tour  d'Auvergne  aurait  ren- 
contré  ce  morceau  á  Saint  Sebastian  en  170  í.»  Paréceme  extraño 
que  M.  Michel  no  cayese  en  la  cuenta  de  que  no  hay  más  prueba 
respecto  de  la  existencia  del  manuscrito ,  que  la  palabra  harto 
sospechosa  do  M.  Garay  de  Monglave;  y  si  bien  este  asegura  que 
en  otro  tiempo  vio  una  copia  del  Canto  de  Altabiscar  en  casa  del 
conde  Garat,  y  que  además  recogió  muchas  y  diversas  variantes 
de  aquella  copia,  ello  es  cierto,  que  ni  otros  ojos  han  visto,  ni 
otras  manos  que  las  de  M.  Monglave  se  han  encontrado  que  toca- 
sen aquel  manuscrito,  ni  sus  variantes;  por  manera  que  seme- 
jante testimonio  aislado  y  sujeto  a  la  ilusión  de  un  falso  recuerdo 
no  hace  fe  ni  merece  crédito  razonable.  El  puesto  de  secretario 
perpetuo  que  ocupaba  M.  Monglave  en  el  Institut  Historique, 
fundado'por  él,  le  dispensó  y  proporcionó  ventajas  singulares 
para  dar  curso  á  una  triquiñuela  poco  plausible.  Si  hubiese  escrito 
en  otra  publicación  periódica,  el  jefe  de  redacción  le  habría  pe- 
dida alguna  prueba  de  lo  que  asegura,  por  ejemplo,  alguna  de 
las  nomhreiises  variantes  retrouvées  sur  plusieurs  points  des  deux 


(1)    Le  Pays Basque.  Paris,  1817,  pág.  231. 


14G  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

versants,  toda  vez  que  no  pudiese  demostrar  la  existencia  de  la 
copia  del  Canto  en  casa  del  conde  Garat;  mas  M.  Monglavecomo 
dueño  de  la  situación,  pudo  imprimir  sin  ningún  inconveniente 
lo  que  le  plugo. 

Tan  pronto  como  se  publicó  el  canto,  su  autenticidad  halló  con- 
tradictores. Lo  aceptó  Fauriel;  pero  lo  reusó  Du  Mege.  Recibié- 
ronlo á  título  de  canción  antigua  Ghaho,  Cenac-Moncaut,  Fr.  Mi- 
cliel,  Louis  Laude;  pero  le  han  opuesto  serias  objeciones 
M.  M.  Barry  de  Tolosa,  Gastón  Paris,  J.  F.  Bladé,  Julián  Yin- 
son  y  otros  críticos  eminentes.  Una  disertación  excelente  de 
M.  Alexandre  Dihinx  salió  á  luz  en  el  Impartial  des  Pyrénées 
■(  10-12  Setiembre  1873i.  Reprodujo  estos  artículos  M.  Yinson  en 
el  Avenir  de  Bayonne  (1,  3,  6,  Mayo  1878)  y  los  ha  insertado 
igualmente  en  la  obra  titulada  Mélanges  de  Linguislique  et  d'An- 
tliropoloijie  (1),  pág.  161.  Con  fina  crítica  y  rara  sagacidad,  apun- 
ta M.  Dihinx  que  «l'auteur  du  Chant  d' Altahiscar  savait  mieux 
le  franrais  que  le  basque,  ct  qu'iiécrivait  en  basque  cequ'il  avait 
conru  en  francais.»  Sol)reel  uso  constante  de  los  diminutivos  que 
no  escasean  en  la  canción,  observa  que  son  indicios  de  una  mano 
de  autor  joven  y  poco  diestra  en  los  primores  del  vascuence: 
«Pour  l'enfant  la  langue  basque  n'est,  pour  ainsi  diré,  composée 
que  des  diminutifs;  c'est  un  langage  a  part,  qui  n'cst  pascelui  de 
l'homme  fort;  l'enfant  s'en  débarrasse  péu  á  peu,  en  passant  de 
l'enfance  h  l'adolescence,  et  ne  parle  le  basque  franc  et  noble  que 
lorsqu'il  dcvient  liomme.  Faut-ii  déduire  de  ees  observations  que 
rauleur  du  chanl  d'Altal)izcar  était  encoré  jcune  quand  il  fit 
celle  composition?); 

En  España,  por  lo  que  puedo  apreciar,  el  Altabizkarco  cantuá 
ha  corrido  menos  percances  do  contradicción  que  en  Francia.  Lo 
celebran  D.  Yicente  de  la  Fuente,  Amador  de  los  Rios,  D.  Miguel 
Rodríguez  Ferrer,  Araquislain,  los  editores  de  la  Revista  Eus- 
kara  y  I).  José  Mantcrola  en  el  Cancionero  Vasco.  Por  primera 
vez  pasó  como  auténtico  al  otro  lado  del  Canal  de  la  Mancha  con 
el  artículo  que  le  dedicó  M.  Fr.  Michel  en  el  Gentleman's  Maga- 
zine  iLóndres  Octubre  de  1858);  mas  en  las  columnas  de  la  misma 

(1)    I'aris,  diez  Leroux,  ISSo. 


ALTAIJISKAUCO    CANTL'Á.  147 

publicación  (Marzo  1859,  pág.  220),  obtuvo  lu  rectificación  siguien- 
te, firmada  por  M.  Antoine  d'Abbadie  (1);  «Pena  mu  da  ver  anun- 
ciado el  Altahiscarraco  Cantuñ  como  perla  de  antigua  poesía,  en 
uno  de  los  números  de  esa  ilustrada  publicaciini.  La  verdad  me 
obliga  á  protestar  contra  la  pretensión  de  (jue  universalmenle 
esté  así  reconocido,  pues  en  efecto  uno  de  mis  paisanos  vascon- 
gados ha  designado  repetidas  veces  por  su  propio-  nombre  tanto 
al  sujeto  que  hace  24  años  compuso  en  francés  la  pieza  original, 
como  al  que  la  tradujo  en  vascuence  moderno  ó  impertincntL',» 
A  lo  cual  M.  Michel  defirió,  como  era  razón,  en  el  número  del 
siguiente  Abril  (2):  «M.  d'Abbadie,  siendo  como  es  vascongado, 
conoce  mejor  que  yo  el  fondo  de  la  cuestión.  No  rehuso  confesar 
y  de  hoy  en  adelante  me  inclinaré  á  creer  que  las  piezas  llamadas 
Abarcara  Cantua  y  Altahiscarraco  Canina  son  imposturas.»  Esta 
correspondencia  reproduje  yo  mismo  en  el  apéndice  á  la  segunda 
edición  de  mis  Basque  Legends  (Londres,  1879,  pág.  258.) 

También  la  cita  M.  Vinson  en  los  artículos  de  que  arriba  hice 
mérito.  M.  d'Abbadie  en  conversaciones  privadas  rae  ha  ratili- 
cado  eso  mismo  no  una  sola  vez  y  me  ha  dado  pormenores  que 
no  dejan  lugar  á  ninguna  duda.  El  valor  de  su  autoridad  es  tan 
grande  y  su  testimonio  de  tanto  peso  en  las  balanzas  de  la  crítica, 
como  lo  saben  los  que  no  han  olvidado  que  este  ilustre  socio  del 
Instituto  de  Francia,  renombrado  por  sus  estudios  y  obras  en  los 
varios  ramos  de  las  Ciencias  exactas  y  en  el  cultivo  de  la  Geo- 
grafía y  de  la  lingüística,  es  de  abolengo  vascongado  y  figura  en- 
tre los  escritores  que  más  han  promovido  con  toda  eficacia  desde 
su  principio  el  natural  desarrollo  científico  á  que  ha  llegado  el 
estudio  del  vascuence  (3).  Con  ser  esto  así,  no  parece  sin  embar- 


(i;  «[  am  sorry  that  tlie  Altabiscarraco  Cantua  mentioued  in  your  same  nuraber  is 
ücknowledg-ed  as  a  gem  of  ancient  poetry.  Trutli  compels  me  to  deny  that  it  i.«  nnirer- 
í^ally  admitted  as  such,  for  one  of  my  Basque  neiglibours  has  oftea  uamed  the  person 
who,  about  twenty  four  years  a^'o,  composed  it  in  Freuch,  and  the  olher  person  who 
translated  it  into  modern  but  indifferent  lJasque.>> 

(2).  «That  Mr.  d'Abbadie  being  Basque,  knows  the  thiiig  niuch  better  Iban  I  do. 
I  feel  by  no  means  reluctant  to  confess,  and  hencefortli  I  will  believe  that  the  souíí.s 
called  Abarcaren  Cantua  anJ  Altabiscarraco  Cantua  are  for)?eries.v 

(3)  En  1836,  nada  menos,  ya  iiublicó  M.  d'Abbadie  teniendo  por  colaborador  ni  doctj 
A.  Chaho  sus  Etv/les  Grammaticaks  sur  la  lan¡/ue  Ei(shar tenue. 


Ii8  boletín  de  la  real  academl\  de  la  HISTOIíLA. 

go  que  la  noticia  de  la  verdad  se  haya  extendido  ó  impuesto  cuan- 
to sería  justo  apetecer;  no  faltan,  aún  ahora,  escritores  que  llaman 
antiguo  el  AUabiskarco  Cantua.  En  ííxSaturday  Review  (17  Agos- 
to 1878)  se  nos  presenta  como  históricamente  genuino;  y  en  el 
Blackwood's  Magazine  (Noviembre  1881)  un  escritor,  que  expone 
todo  el  canto  en  inglés,  lo  coloca  por  encima  del  mérito  de  La 
Chanson  de  Roland,  y  se  escandaliza  de  los  críticos  que  afirman 
(jue  ese  noble  canto  es  moderno. 

Tan  luego  como  leí  lo  que  el  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Balaguer 
afirma  en  los  pasajes  de  su  discurso  de  recepción  en  la  Real  Aca- 
demia Española,  que  llevo  copiados  arriba,  escribí  á  M.  d'Abba- 
die  á  fin  de  que  con  la  verdad  de  su  declaración  reiterada  se  ata- 
jase la  corriente  de  incertidumbre  que  asoma  en  la  culta  palabra 
del  nuevo  académico  de  la  Real  Española.  M,  d'Abbadie  ha  teni- 
do la  bondad  de  enviarme  su  declaración,  que  he  recibido  con 
algún  retraso  motivado  por  la  enfermedad  de  M.  Duvoisin,  parte 
integrante  de  la  misma  declaración,  que  es  como  sigue: 

Le  chant  d'Altahiscar  ou  Altabisar'  (on  a  écrit  ce  mot  des  deux 
manieres)  que  M.  Garay  de  Monglave  a  inséré,  en  1834,  dans  le 
Journal  de  l'Inslitut  historique  (r.  176)... 

«Les  jeunes  Basques,  et  notamment  les  eleves  des  universités, 
les  étudiants  en  droit  et  en  médecine,  faisant  leurs  cours  a  Paris, 
aiment  a  chanter  en  chceur,  pour  le  plaisir  de  former  des  accords, 
un  air  aconmiodé  sur  les  noms  de  nombres  Basques,  un,  deux, 
trois,  etc.  jusqu'a  vingt,  rebroussant  de  vingt  á  un»  (1). 


(1)  En  una  carta  adjunta  M.  d'Abbadie  escribe:  «Un  paisano  de  las  cercanías  de 
Baygori  cantaba  la  serie  de  ios  números  en  un  zorzico  de  ocho  versos.  La  primera  es- 
tancia es  progresiva  de  uno  hasta  veinte,  y  la  segunda  viceversa,  retrógrada : 

( 1  -  4  )  Bat ,  biga ,  Jiirn)\  latir, 

(  5  -  8  )  Boi'ti ,  sei ,  zazpi,  cortzi  ,* 

(9,  10)  Bcderatzi.  Jtamar, 

(11,  ]'2)  Ilameika.,  Jiamahi; 

(13,  11)  I/amairtir,  /lamalaiir , 

(15,  IG)  //amaiortz,  kamasei , 

(17,  18)  Hemezaipi,  kemezorlti, 

np,  20)  flemeretzi ,  Itogoi. 

El  aire  de  la  canción  ,  según  me  dijo  un  amigo  que  me  lo  cantó  y  lo  había  oido  e;i 
Paris  y  en  San  Juan  de  Luz ,  no  tiepe  nada  de  belicoso.* 


AI/rAHISlvAUCÜ    CANTUÁ.  l4'J 

«M.  Garay  de  Monglave  fréquenlait  ses  compairioles.  II  élait 
Bayonnais.  Gel  air,  ce  soiivcnii-  attrayant  du  pays,  loin  du  pays, 
lui  inspira  l'idée  du  Ghanl  d'Altabiscar.  II  le  coinposa  cu  frail- 
eáis. Un  de  mes  cousins,  M.  Louis  Diihaldcd'Espeloüu,  «jiii  dou- 
uait  des  répétilions  aux  jeuiies  -cus  óludiaiil  a  París  poar  ciilrcr 
ñTEcole  Politechnique,  traduisit  en  bastiuel'cj'uvre  de  M.  de  Mon- 
glave. Louis  Duhalde  ne  s'étaiL  jamáis  oceupé  de  sa  langue  inater- 
nclle;  s'il  n'en  savait  que  ce  qu'il  av¿iit  appris  daus  l'enfance, 
aussi  sa  versión  trahil-ello  une  main  inexperle.  II  a  Iraduil  sim- 
piement  en  prose,  sans  mesure  et  sans  rime;  le  morceau  nc  peut- 
élre  que  recité;  on  chante  seulement  la  nomenclature  un,  deiix, 
trois,  ele,  sur  un  air  qui  n'a  certes  rien  de  guerrier;  ai-je  besoíii 
d'ajouter  que  les  prétendues  copies  a  variantes,  conservces  dans 
la  montagne,  n'ont  jamáis  existe?» 

aUne  simple  reflexión  aurait  dú  faire  comprendre  á  la  foule, 
qui  si  un  chant  peut  se  conserver  par  tradilion  órale,  un  récitalif 
indiantable  n'aurait  pas  eu  de  lendcmain.  M.  Duhalde  lui-mémc 
a  bien  ri  avec  moi  de  la  méprise  de  tant  dVjcrivains.» 

L'original  de  la  note  ci-dessus  est  signé  Düvoisin  et  accompa- 
gnait  une  lelre  du  méme  littéraieur  Basque,  datée  Giboure,  30 
Mai,  1883  ou  il  m'autorise  á  faire  desadéclarationl'usagequime 
conviendra. — Signée — Antoine  d'Abbadie  (de  rinstiluti — Paris, 
Juin,  I,  1883. 

De  esta  carta  de  M.  d'Abbadie  que  incluye  la  terminante  decla- 
i-ación  de  M.  Düvoisin,  resulla. 

I.''  Que  el  original  del  canto  de  Altahiscar,  es  francés  y  no 
vascongado. 

2.°  Que  la  versión  vascongada  está  en  .prosa  moderna;  y  no 
en  verso,  que  autorice  la  presunción  de  haberse  cantado  y  con- 
servado en  boca  del  pueblo. 

3.°  Que  un  solo  fragmento  de  la  canción  ó  la  lista  de  les  nú- 
meros en  aumento  y  disminución  hasta  veinte,  tiene  ó  puede  te- 
ner tipo  vascongado  independientemente  de  la  car.ción  original 
ó  composición  francesa. 

El  autor  de  la  declaración  es  el  célebre  capitán  Düvoisin,  que 
trasladó  la  Biblia  en  dialecto  Labortano  bajo  los  auspicios  del 
príncipe  Luis  Luciano  Bonaparte,  y  ha  publicado  asimismo  va- 


150  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

rias  memorias  y  artículos  sobre  cuestiones  gramaticales  del  vas- 
cuence. Fácil  es  observar  que  la  declaración  confirma  de  lleno 
en  lleno  la  fina  crítica  de  M.  A.  Dihinx,  el  cual,  entre  otras 
palabras  del  canto  que  censura  y  señala  como  impropias ,  dice  lo 
siguiente  sobre  el  vocablo  bota:  «Le  mot  propre  a  fait  défaut,  et 
l'auteur  peut-otre  encoré  jeune,  a  employé,  sans  y  réfléchir  cette 
expression  dont  11  s'est  serví  bien  souvent  dans  les  jeux  de  son 
enfance.» 

La  idea  de  la  canción  fué  evidentemente  sugerida  á  M.  Mongla- 
ve  por  el  canto  de  los  números  y  por  lo  que  sobre  ellos  le  apuntó 
M.  Ollivier. 

Lejos,  pues,  de  ser  contemporáneo  á  la  época  de  Carlomagno,  ó 
de  remontarse  en  su  redacción  escrita  cuando  menos  al  siglo  xii, 
el  canto  de  Altahiscares  modernísimo.  Para  echar  por  tierra  esta 
proposición  que  estimo  evidente,  no  queda  más  partido  que  el  de 
presentarnos  el  manuscrito  que  dicen  pertenecer  ala  centuria  xii 
y  haber  estado  en  poder  del  conde  Garat,  ó  siquiera  algunas  de 
las  numerosas  variantes  que  se  pretenden  encontradas  en  dife- 
rentes parajes  del  país  vascongado.  No  es  necesario  ailadir  que 
los  vascófilos  verían  con  mucho  placer  ese  manuscrito  del  siglo  xii 
para  que  sirviese  de  inapreciable  aumento  al  descubrimiento  no- 
tabilísimo del  glosario  vascongado  que  ha  hecho  el  R.  P.  Fidel 
Fita  en  el  códice  Galixtino  propio  de  aquella  centuria.  Mas  ¿po- 
drán presentarlo  quienes  tienen  contra  sí  las  improbabilidades 
que  la  crítica  ha  señalado,  y  sólo  pueden  alegar  en  favor  suyo  un 
vago  decir  de  la  ilusión  temeraria? 

Réstame  demostrar,  en  comprobación  de  cuanto  llevo  manifes- 
tado á  la  Real  Academia,  las  correcciones  y  transformaciones  que 
ha  ido  gradualmente  sufriendo  bajo  sucesivas  ediciones  el  texto 
primitivo  que  M.  Duvoisin  señalaba  como  obra  de  una  mano  in- 
experta, y  que  M,  d'Abbadie  apuntaba  en  1859  como  coloreado 
de  modernismo  en  su  vascuence.  Anotaré  en  especial  las  variantes 
introducidas  por  el  texto  que  el  Cancionero  vasco  del  Sr.  Mante- 
rola  (serie  2.*,  tomo  iii,  páginas  44-4G;  San  Sebastián,  1878)  ha 
proporcionado  al  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Baíaguer;  y  por  de  pronto 
no  será  difícil  notar  que  los  conatos  del  autor  del  Cancionero 
para  obtener  el  metro  de  la  versificación  han  salido  casi  comple- 


ALTAHISKARCO    CANTIÁ.  jj] 

tamcnte  inútiles.  El  texto  que  adopto  como  tipo  de  comparación 
puede  verse  cu  la  obra  de  M.  Frnncisquc  Micliel,  Le  Pays  Basque 

(páginas  230  y  237),  publicada  en  1S57, 


ALTABISCARRACO  CAXTUA  (I). 

Oyhu  bat  aditua  izan  da 

Escualdnnen  mendien  artetic , 

Eta  etcheco  jaunac,  bere  athearen  aintcinean  (2)  chutic 

Ideki  tu  beharriac,  eta  erran  du  :  «Nor  da  hor?  Cer  nabi  dautet?» 

Eta  chacurra  (3),  bere  nausiaren  oinetan  lo  zaguena, 

Alchatu  da,  eta  karrasiz  Altabiscarren  inguruac  bethe  ditu. 

Ibañetaren  lepoan  harabotz  bat  aghertcen  da, 
Urbiitcen  da  ,  arrokac  esker  eta  escun  (i)  jeteen  dituelan'c  ; 
Hori  da  urruntic  heldu  den  armadabaten  (5)  burruma. 
Mendien  capetetaric  (6)  guriec  erepuesta  (7)  eman  diote ; 
Berec  (8)  tuten  seinua  (9)  adiarazi  dute, 
Eta  etcheco  jaunac  bere  dardac  zorrozten  tu. 

Heldu  dirá!  Heldu  dirá!  cer  lanzazco  (10)  Basia! 
Ñola  cer  nahi  colorezco  banderac  heien  erdian  aghertcen  direa ! 
Cer  simiztac  (II)  atheratcen  diren  hein  arraetaric! 

Cémbat  dirá?  Haurra,  condatzac  (12)  onghi.  [hamabi, 

Bat,  biga,  hirur,  laur,  bortz,  sei,  zazpi,  zortzi,  bederatzi ,  hamar,  liameca. 
Hamahirur,   hamalaur,  hamabortz ,   hamasein,   hamazazpi ,   hemezortzi, 

[hemeretzi,  hogoi. 


(1)  Monglave,  «Altabicaren  cantua»;  Manterola,  «Altahiskarco  cantiia». 

(2)  Manterola  «aiteinean  ». 

(3)  Este  diminutivo  ha  sido  censurado  por  Dihinx,  asi  como  los  otros  dos,  l/oí/u 
r/titmitan,  de  las  estrofas  iv  y  v.  El  vocablo  apto  á  la  composición  es  takhnrra. 

(I)  Mant.  «escuin». 

(5)    Mant.  «armadabaten». 
(C)    Mant.  «copetetaric». 

(7)  Mant.  «errespuesta»;  palabra  de  cuño  moderno,  así  como  arpiada  y  otras. 

(8)  Mant,  «Beren». 

(9)  Mant.  «soinua». 

(10)  Mant.  «lantzazco». 

(II)  Mant.  «simistac». 
(12)    Mant.  «condatzic». 


152  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

Hogoi  eta  millaca  (1)  oraino, 

Hein  (2)  condatcea  demboraren  galtcea  Hteke  (3). 

ürbilt  ditzagun  (4j  gure  beso  zailac,  errotic  atliera  ditzagun  arroca  horiec. 

Botlia  ditzagun  mendiaren  patarra  beberá 

Heiu  burueu  gaineraiuo; 

Leber  ditzagun,  berioaz  (o)  jo  ditzagun. 

Cer  nabi  zuten  gure  meudietaric  Norteco  gbizon  (6)  boriec? 

Certaco  jin  dirá  gure  bakearen  nabastera? 

Jaungoicoac  mendiac  in  (7)  dituenean  nabi  izan  du  bec  gbizonec  ez  pasatcea. 

Bainan  arrokac  biribilcolica  erortcen  dirá,  tropac  lebertcen  dituzte. 

Odola  cburrutan  badoa,  baragbi  puscac  dardaran  daude. 

Ob!  cembat  liezurr  carrascatuac!  cer  odolezco  itsasoa! 

Escapa!  escapa!  indar  eta  zaldi  dituzuenac.  [gorriarekin  ; 

Escapa   badi  ,    Carloniano   erregbe ,   bire   luma   beltzekin    eta   bire   capa 

Hire  iloba  raaitea,  Errolan  zangarra,  bantcbet  bila  dago; 

Bere  zangarrtassua  (8)  beretaco  ez  du  (9)  izan. 

Eta  orai,  Escualdunac,  utz  ditzagun  arroca  boriec; 

Jauts  gbiten  fite,  igor  ditzagun  gure  dardac  (10)  escapatcen  direueu  contra. 

Badoadi!  badoadi !  (11)  non  da  bada  lantzezco  (12)  sasi  bura? 
Non  dirá  beieu  erdian  aglierri  (13)  cireu  cer  nahi  colorezco  bandera  bec? 
Ez  da gbebiago  (I  4)  simiztaric  (lo)  atberatcen  beien  arma  odolez  betbetaric. 
Cembat  dirá?  Haurra,  condatzac  ongbi.  [bamabirur, 

Hogoi,  bemeretzi,  bemezortzi,  hamazazpi,  bamasei,  bamabertz,  bamalaur, 


(I)  Mant.  «milaca^.. 
(■2)    Maní.  «Heien». 

(3)  Mant.  «lilequew. 

(4)  Mant. «  urbilditzaguu  ». 
<5)    Mant.  «lierioz». 

(G)    Mant.  «guizon». 

(7)  Mant.  «eguin». 

(8)  Mant.  «zangartasuna». 

(9)  Mant.  «tu». 

(10)  Mant.  «dad ac». 

(II)  Mant.  «Bailoazi !  Badoazi 

(12)  Mant.  «lantzazco». 

(13)  Mant.  «aírlieri  >a 

(14)  Mant.  <<gheiago».' 

(15)  Mant.  «simiztari   >> 


ALTADISKARCO   CANTUA.  t53 

Hamabi,  hameca,  liamar,  bederatzi,  zortzi,  zazpi,  eei,  bortz,  laur,  hirur 

[biga,  bat. 
Bat!  ez  da  bihiric  agliertcen  gchiago  (1). 

Akhabo  da  (2).  Etcheco  jauna,  joaiten  ahalzira  (3)  zuro  chacurrarekiu 
Zure  emaztearen  eta  zure  haurren  besarkatcera , 

Zure  darden  garbitcera  eta  alchatcera  zuro  tutekin  (i),  eta  ghero  heien 

[gainean  etzatera  eta  lo  itera  (5). 
Gabaz,  arranoac  joanea  dirá  ha[r]aghi  pusca  lebertu  horien  jatera, 
Eta  hezurr  (6)  horiec  oro  churituco  dirá  eternitatean  (7). 

La  piGza  es  hermosísima,  demasiado  bella  para  el  tiempo  íi  que 
se  atribuye.  Drama  de  acción  sublime,  que  prescinde  de  las  galas 
de  la  versificación;  y  hace  casi  olvidar,  en  el  entusiasmo  que  des- 
piertan las  escenas  simétrica  y  gradualmente  encadenadas,  que 
tanto  merece  el  nombre  de  hojarasca  de  neologismos  por  su  leu- 
guaje,  como  de  tallo  romántico  por  sus  ideas  ingerto  en  puro  cla- 
sicismo. Su  remate,  cuyo  brío  tanto  se  encomia,  está  calcado  (8) 
en  la  Eneida  (xii,  34-36): 

«Bis  magna  victi  pugna,  vix  urbe  tuemur 
Spes  ítalas ;  recalent  nostro  Tiberina  fluenta 
Sanguina  adhuc,  campiqíie  ingentes  ossibus  albent.T> 

Sare  (Basses-Pyrénées)  15  de  Julio,  1883. 

Wentworth  Webster, 

correspondiente  extranjero 
de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


(1)  Mant.  «gheiago». 

(2)  Con  ebtas  dos  palabras  Manterola  da  remate  á  la  línea  precedente. 

(3)  Mant.  «ahal  zira». 

(4)  Aquí  Manterola  da  fin  á  una  línea  y  comienzo  á  otra;  y  de  consiguiente  siete, 
lineas  á  toda  la  estrofa. 

(ü)  Mant.  «giterav. 

(6)  Mant.  «hezur. » 

(7}  El  texto  que  adoptó  Dihinx  en  1873  difiere  muy  poco  ó  casi  nada  del  de  MiclieL 

(8)  Esta  observación,  la  debo  al  P.  Fita. 


154  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA   HISTORIA. 

II. 

ANTIGÜEDADES  PREHISTÓRICAS  DEL  PARTIDO  DE  MOLINA   DE  ARAGÓN. 

Hallándome  por  temporada  los  meses  del  estío  de  este  presente 
año  de  1882  en  la  ciudad  de  Molina  de  Aragón,  provincia  de 
Guadalajara,  fui  noticioso  que  en  el  pueblo  de  El  Pedregal,  uno 
del  partido  judicial  de  la  referida  ciudad  de  Molina,  situado  en 
la  margen  izquierda  de  la  carretera  que  conduce  á  Teruel ,  como 
á  unos  25  cá  30  kilómetros  al  oriente  de  la  cabeza  del  juzgado, 
habían  sido  descubiertos  algunos  objetos  antiguos,  y  que  aún  se 
abrigaban  fundadas  esperanzas  de  que  pudiesen  aparecer  más. 
La  singular  predilección  que  desde  mi  juventud  he  sentido  por 
todo  género  de  antigüedades,  por  lo  que  nos  enseña  respecto  del 
modo  de  ser,  vida  íntima,  usos  y  costumbres  de  nuestros  mayo- 
res, me  hizo  concebir  el  designio  de  pasar  á  aquella  población, 
tan  luego  como  ocupaciones  del  momento  me  lo  permitiesen,  y 
averiguar  personalmente  lo  que  hubiere  de  verdad  en  este  asun- 
to. Por  fortuna  mía,  cuando  más  vivamente  acariciaba  este  para 
mí  lisongero  proyecto,  merecí  una  honrosa  visita  del  Sr.  B.  Ra- 
món Malo,  celoso  cura  propio  de  El  Pedregal,  quien,  al  certifi- 
carme de  la  realidad  del  hallazgo  de  objetos  antiguos  en  el  terri- 
torio y  jurisdicción  de  su  pueblo,  me  hizo  el  obsequio  y  presen- 
tación de  tres  acicates,  al  parecer  moriscos,  de  una  saeta  de 
hierro  y  de  una  especie  de  dedal  de  bronce,  hallados  en  el  sitio 
denominado  El  Hostal  de  Mañas  ,  contiguo  á  una  espaciosa  lla- 
nura, á  la  izquierda  de  la  mencionada  carretera  á  Teruel,  dis- 
tante como  unos  dos  kilómetros,  poco  más  ó  menos,  antes  de 
llegar  á  la  población. 

También  me  insinuó  el  expresado  Sr.  D.  Ramón  Malo  la  noti- 
cia de  que  en  otro  sitio ,  dentro  del  término  del  lugar  llamado 
La  Jaquesa,  situado  á  la  derecha  de  la  expresada  carretera,  con- 
finando con  la  línea  divisoria  de  Aragón,  fué  descubierta  por  un 
lal)rador  en  el  año  pasado  una  lápida  de  figura  irregular,  en  la 


ANTIGÜEDADES    DEL    PARTIDO    DE    MOLINA    DE   AIIAOÚN.  15 j 

cual  se  notaban  clara  y  disliatamentc  esculpidos  ciertos  caracte- 
res, que  por  extraños  no  pudieron  ser  leidos,  razón  por  la  cual 
se  abandonó  en  el  mismo  sitio.  Esta  noticia,  más  fuertementu 
íiguzando  mi  curiosidad,  fué  motivo  de  que  en  27  de  Agosto, 
aunque  no  del  todo  desocupado  de  negocios,  apresurase  mi  de- 
seado viaje  al  mencionado  pueblo  de  El  Pedregal. 

Grandemente  preocupado  con  la  idea  del  liallazgo  de  la  citada 
lápida,  mi  primer  cuidado  cu  llegando  á  la  poblaci<')U  fué  el  po- 
nerme en  relación  con  el  dueño  de  la  heredad  en  que  apareció  la 
piedra,  quien  con  la  mejor  voluntad  desde  luego  se  me  ofreció, 
no  sólo  á  indicarme  el  sitio  donde  debía  hallarse,  sino  que  tam- 
bién á  no  poner  la  más  pequeña  dificultad  ni  el  menor  obstáculo 
á  las  excavaciones  que  fueran  precisas  para  encontrarla ;  y  efec- 
tivamente, con  poco  trabajo  se  ofreció  el  objeto  apetecido. 

Excuso  hacer  la  descripción  de  su  figura  ni  la  de  los  caracte- 
res, puesto  que  el  mismo  original  acompaña  á  este  escrito,  jun- 
tamente con  otro  fragmento  de  piedra  que  conserva  también  in- 
dicios de  inscripción,  hallado  allí  mismo,  todo  sobre  un  sepul- 
cro, que  además  de  los  restos  deshechos  de  ün  cadáver  contenía 
dos  pequeñas  esferas,  una  como  de  vidrio  y  otra  de  metal. 

Otro  resultado  igualmente  notable,  si  bien  en  mi  humilde  jui- 
cio más  sorprendente,  se  ofreció  á  la  vista,  con  ocasión  del  des- 
cubrimiento de  este  sepulcro,  puesto  que  continuando  la  excava- 
ción á  la  profundidad  de  unos  70  centímetros,  poco  más  ó  menos, 
apareció  un  grande  enterramiento ,  cuyas  osamentas ,  por  su  fra- 
gilidad y  poca  consistencia,  en  un  sitio  seco  por  su  elevación 
respecto  del  valle  inmediato,  parecían  acusar  mucha  antigüedad. 
Los  cadáveres,  por  lo  general,  yacían  con  la  cabeza  mirando  al 
Oriente,  los  brazos  extendidos  en  toda  la  longitud  pegados  á  los 
costados,  rodeados  de  unas  pequeñas  losas;  entre  las  cuales  y  los 
huesos  de  los  esqueletos  aparecieron  gran  porción  de  clavos,  que 
parecían  indicar  haber  estado  como  hundidos  en  las  partes  blan- 
das y  carnosas  del  sepultado,  por  cuanto  algunos,  redoblados  por 
ambas  partes  en  figura  de  asa,  fueron  extraídos  de  la  parte  que 
correspondía  ó  pudiera  corresponder  al  vientre,  otros  hacia  las 
orejas  y  cuello;  y  lo  más  singular  y  pasmoso  de  todo  es  que  en 
este  enterramiento  pavoroso  aparecen  en  su  mayor  parte  los  crá- 


156  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMLA.    DE    LA    HISTORLA.. 

neos  penetrados  perpendicularmente  por  un  más  largo  clavo 
que,  vivo  ó  muerto  el  allí  sepultado,  debió  atravesarle  toda  la 
masa  cerebral. 

Sin  duda  que  estos  cadáveres  debieron  ser  sepultados  con  sus 
ropas,  vestiduras  y  adornos  usuales,  puesto  que  sobre  uno  de 
ellos  se  hallaron  las  dos  lindas  hebillas  mayores  que  se  acompa- 
ñan y  un  anillo,  todo  de  metal,  en  buen  estado  de  conservación 
y  algunos  con  dibujos  de  relieve  que  parecen  indicar  gusto  de 
una  sociedad  bastante  adelantada.  Otras  dos  anillas  también  apa- 
recieron en  otra  sepultura,  pero  que  por  su  mayor  delicadeza  no 
pudieron  resistir  la  acción  del  tiempo,  y  se  deshicieron  al  inten- 
tar extraerlas  de  las  falanjes  que  algún  día  adornaron. 

En  otra  sepultura  de  reducidas  proporciones  fueron  halladas 
dos  vasijas  de  arcilla  de  figuras  distintas:  una  de  ancha  base  y 
cuello  prolongado  en  ^toda  su  integridad;  la  otra  se  fracturó  en 
menudos  pedazos  al  extraerla.  Debía  afectar  figura  más  abierta  y 
ancha. 

En  medio  de  este  vasto  cementerio,  del  cual  sólo  una  pequeña 
parte  me  fue  dado  reconocer,  llamó  mi  atención  una  singular  se- 
pultura de  mayores  dimensiones  que  las  demás,  en  la  cual  se 
notaron  mezclados  y  confundidos  osamentas  de  dos  ó  tres  ó  más 
cadáveres  completamente  dislocados  y  en  informe  aglomeración. 
Sus  cráneos,  en  número  de  tres,  se  hallaron  boca  abajo  y  con  su 
correspondiente  clavo  cada  uno,  como  los  descubiertos  anterior- 
mente, pero  separados  de  los  troncos  unos  50  ó  más  centímetros, 
como  si'  esto  quisiera  indicar  si  tal  vez  estos  esqueletos  hubieran 
sido  arrojados  á  una  fosa  común  después  de  trasportados  de  otra 
parte,  así  como  sucede  hoy  en  los  huesarios  de  nuestros  cemen- 
terios y  antes  en  nuestras  iglesias. 

No  pudiendo  disponer  de  más  tiempo,  porque  obligaciones 
imprescindibles  me  llamaban  ;i  otro  lado,  y  en  la  persuasión  de 
que  los  hechos  consignados,  juntos  con  los  efectos  recogidos, 
que  con  la  debida  separación  tengo  la  honra  de  presentar  á  la 
Real  Academia,  pudieran  ser  suficientes  para  que  la  sabiduría  de 
sus  individuos  tal  vez  halle  la  explicación  de  las  raras  costum- 
bres, no  solo  de  los  r.-ntiguos  habitantes  de  este  fértil  valle  sobre 
el  que  descansa  la  descrita  necrópolis,  mas  también  los  de  una 


ANTIGÜEDADES   DEL    PARTIDO    DE   MOLINA   DE   ARAGÓN.  157 

vasta  circunscripción,  suspendí  las  excavaciones.  Retiróme  del 
fúnebre  asilo  de  la  muerte  al  anochecer  de  ardoroso  día,  pensa- 
tivo y  un  tanto  exaltada  la  imaginación  con  la  lúgubre  aparición 
de  tantos  cadáveres,  sin  acertar  á  explicarme  si  fueron  inmolados 
por  bárbara  é  inexorable  ley,  ó  por  la  fiera  venganza  de  algún 
implacable  vencedor,  ó  tal  vez  en  holocausto  voluntario  ó  forzoso 
en  las  pomposas  exequias  de  algún  valeroso  caudillo. 

Paréceme  que  los  mencionados  enterramientos,  llevados  á 
cabo  en  la  forma  rarísima  que  queda  consignada,  no  deben  te- 
nerse como  un  hecho  aislado  y  casual  en  aquella  localidad,  sino 
más  bien  como  una  práctica,  como  prescripción  constante  de  una 
ley,  costumbre  ó  ceremonia  religiosa,  observada  en  una  muy 
■extensa  y  dilatada  comarca  y  vasto  territorio,  habitado  por  gente 
de  un  origen  común,  de  unos  mismos  habitantes  y  de  unos  mis- 
mos hábitos  y  de  unas  mismas  creencias. 

He  calificado  antes  de  raros  estos  enterramientos ,  concretán- 
dome á  los  de  El  Pedregal ,  y  así  es  la  verdad ,  pero  no  pueden 
tenerse  por  únicos. 

Las  escasas  noticias  que  he  podido  descubrir  durante  los  mu- 
chos años  que  vengo  preocupado  con  la  idea,  de  otros  semejantes, 
de  que  después  haré  mención,  me  inducen  á  creer  que  ellos,  con 
las  horripilantes  circunstancias  que  revisten,  han  debido  ser  en 
lo  antiguo  de  uso  general,  si  no  en  toda  la  Península  Ibérica, 
cuando  menos  en  el  territorio  que  actualmente  ocupa  Castilla  la 
Nueva. 

Las  eruditas  Memorias  de  ese  ilustre  Cuerpo,  al  folio  225  del 
tomo  III,  ya  nos  guardan  la  noticia  del  hallazgo  de  10  cadáveres, 
•cuyos  cráneos,  perforados  cada  uno  por  un  gran  clavo,  fueron 
descubiertos  en  el  último  tercio  del  siglo  pasado  eu  la  Mancha 
Alta,  con  otra  porción  de  objetos  antiguos,  por  los  señores  her- 
manos Zamora  al  abrir  los  cimientos  para  ciertos  edificios.  Tam- 
bién el  diligente  historiador  de  Osma,  Sr.  Loperraez ,  nos  refiere 
el  hallazgo  de  otro  sepulcro  que  contenía  un  esqueleto  con  todo 
ol .cráneo  empedrado  de  clavos,  según  su  expresión,  del  tamaño 
de  tachuelas.  Todavía  recuerda  la  ciudad  de  Sigüenza,  no  sin 
cierta  especie  de  terror,  el  descubrimiento  en  el  año  1826  de  un 
cementerio  con  ocasión  de  hacer  una  era  el  padre  del  que  estas 


158  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

líneas  escribe,  los  cuales  esqueletos  en  gran  número  y  cada  uno 
en  sepulcro  separado ,  y  alguno  de  ellos  empezado  en  tierra  y 
continuado  en  piedra  arenisca,  aparecían  no  solamente  con  el 
cráneo  empedrado  de  pequeños  clavos  como  el  referido  por  el 
Sr.  Loperraez,  sino  lo  que  es  más  de  admirar,  penetrados  de 
ellos  y  en  toda  su  longitud  las  tibias,  fémures  y  huesos  de  am- 
bos brazos,  siendo  de  notar  que  el  sitio  del  singular  enterra- 
miento, conocido  con  el  nombre  de  Cuesta  del  Huesario,  lo  fué 
ya  en  el  año  de  1519  con  poca  variación  material  con  el  de  Hon- 
sario.  Por  último,  según  noticias  que  acabo  de  recibir  de  un  sa- 
cerdote de  la  villa  de  Medinaceli,  en  el  término  de  ella  llamado 
Ven-Alcalde  han  sido  descubiertos  muy  recientemente  porción 
considerable  de  sepulturas,  cuyos  cadáveres  todos  han  aparecido 
con  sus  respectivos  cráneos  atravesados  por  sendas  escarpias, 
introducidas,  no  perpendicularmente  como  en  los  cadáveres  de 
El  Pedregal  y  alguno  de  Si^üenza,  sino  en  dirección  horizontal, 
es  decir,  de  la  frente  una  y  las  dos  restantes  desde  los  huesos 
temporales  hacia  el  interior  del  cerebro. 

Razones  son  estas  que,  en  mi  humilde  juicio  ,  persuaden  que 
nuestra  España  ha  pasado  por  una  época  en  la  cual  debió  estar 
bastante  extendida  y  generalizada  la  práctica  que  en  materia  de 
enterramientos  cjueda  manifestada,  sin  que  ni  la  historia  ni  la 
tradición  nos  hayan  dejado  rastro  alguno  ni  la  menor  luz  para 
poder  vislumbrar  el  origen  de  tan  rara  como  repugnante  cos- 
tumbre. 

No  obstante,  en  medio  de  las  no  pequeñas  dificultades  que  pa- 
rece llevar  consigo  el  esclarecimiento  de  los  referidos  hechos,  si 
fuera  cierto  el  dicho  de  nn  venerable  y  muy  calificado  sacerdote 
que  yo  traté  y  ya  dejó  de  existir,  de  haber  visto  algún  antiguo- 
documento  en  el  cual  haciendo  memoria  del  sitio  de  Sigüenza, 
en  que  fueron  descubiertos  los  enterramientos  antes  citados,  se 
le  daba  la  denominación  de  Osario  de  los  Judíos ,  tendríamos  na 
poco  adelantado  en  la  investigación  do  estos  oscuros  misterios;  y 
si  al  propio  tiempo  pudiera  justificarse  el  informe  que  nos  sumi- 
nistró otra  persona  fidedigua  de  que  en  el  reino  de  Aragón  toda- 
vía es  frecuente  entre  el  pueblo  la  imprecación  de  clavado  te  veas 
como  judio,  también  esto  pudiera  excitar  la  sospecha  de  si  entre 


ANTIGÜEDADES  DKL  PARTIDO  DK  MOLINA  DE  ARAGÓN.     150 

aquella  raza  hubiese  existido  en  lo  antiguo  alguna  práctica  pú- 
blica ó  secreta  de  aquella  manera  de  sepultar  ciertos  cadáveres, 
en  la  época  en  que  vivía  entre  nosotros  tolerada  y  se  le  permitía 
gobernarse  por  su  legislación  particular. 

Como  quiera  que  ello  sea,  deseoso  yo  de  contribuir  con  mi 
granito  de  arena  al  levantamiento  de  la  grandiosa  obra  de  la 
reconstrucción  de  nuestra  historia  patria,  confiado  tan  digna- 
mente á  la  sabiduría  de  esta  ilustre  Academia,  me  permito  darla 
cuenta  de  los  descubrimientos  que  quedan  consignados. 

Madrid  4  de  Noviembre  de  188"2. 

Román  Andrés  de  la  Pastora, 

Presbitero, 
Correspondiente  de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


III. 


EXPEDICIÓN   científica   Y  ARTÍSTICA   A   LA   SIERRA   DE    FRANCIA, 
PROVINCIA  DE  SALAMANCA,  EN  EL  MES  DE  JULIO  AÑO  DE  1857. 


Parte  arqueológica. 

Aprovechando  la  ocasión  de  salir  los  catedráticos  de  Historia 
Natural  y  Física  experimental  de  esta  Universidad,  para  una 
expedición  científica  á  la  Sierra  de  Francia ,  el  que  suscribe ,  ca- 
tedrático de  Jurisprudencia  de  esta  Universidad  y  secretario  de 
la  Comisión  de  monumentos  de  esta  provincia,  tuvo  la  satisfac- 
ción de  unirse  á  sus  comprofesores,  para  hacer  por  su  parte  ob- 
servaciones arqueológicas  en  algunos  de  los  pueblos  que  la  expe- 
dición debía  recorrer. 

Al  efecto  salimos  de  Salamanca  en  la  tarde  del  dia  7  de  Julio 
para  pernoctar  en  Villalba  de  los  Llanos.  El  objeto  de  visitar  este 
pueblo  era  para  averiguar  el  paradero  de  los  restos  mortales  de 


160  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

célebre  D.°  María  de  Monrroy  (a)  la  Brava  Sahnantina,  la  que 
vengó  el  asesinato  de  sus  hijos  cortando  la  cabeza  á  los  jóvenes 
de  la  familia  de  Manzano,  que  los  había  asesinado  y  viniendo 
desde  Portugal  con  ellas  puestas  en  la  punta  de  dos  picas,  á  de- 
positarlas sobre  el  sepulcro  de  sus  hijos  en  la  parroquia  de  Santo 
Tomó  de  los  Caballeros,  que  actualmente  se  está  demoliendo  por 
amenazar  inminente  ruina.  Esta  venganza  dio  ocasión  á  los  san- 
grientos bandos  que  inundaron  de  sangre  las  calles  de  Salaman- 
ca á  mediados  del  siglo  xv,  hasta  que  logró  calmar  á  los  conten- 
dientes el  célebre  San  Juan  de  Sahagun,  llamado  por  este  motivo 
el  Apóstol  de  Salamanca. 

La  tradición  vulgar  aseguraba  que  el  sepulcro  de  dicha  señora 
se  hallaba  también  en  la  misma  parroquia  de  Santo  Tomé,  cerca 
del  de  sus  malogrados  hijos,  y  aun  designaba  como  tal  uno  de 
los  sepulcros  próximos  á  desaparecer.  Con  este  motivo  el  secre- 
tario de  la  Comisión  de  monumentos  que  suscribe  y  los  apode- 
rados de  las  casas  de  Abrantes,  Gor  y  la  Roca,  emparentados  con 
dicha  señora,  procedieron  á  reconocer  el  sepulcro  previa  la  auto- 
rización del  ordinario  y  á  presencia  del  señor  cura  párroco. 
Dudábase  que  pudiera  estar  el  sepulcro  de  D.*  María  la  Brava 
en  la  parroquia  de  Santo  Tomé,  á  pesar  de  lo  que  la  tradición 
aseguraba,  por  constar  en  el  archivo  del  Excmo.  Sr.  Duque  de 
Abrantes,  que  aquella  señora  se  hallaba,  enterrada  en  Yillalba  de 
los  Llanos,  según  había  mandado  en  vida. 

El  sepulcro  estaba  en  un  arco  cerrado  de  la  parroquia  de  Santo 
Tomé:  caido  el  tabique  se  halló  una  hermosa  figura  yacente  de 
mujer  con  un  elegante  traje  del  tiempo  de  D.  Juan  II,  plegado 
con  mucha  gracia  y  hasta  coquetería.  El  tocado  de  la  figura  es 
digno  de  estudio ,  y  la  Comisión  de  monumentos  ha  reclamado 
por  esto  motivo  la  dicha  figura  yacente  para  su  museo. 

El  esqueleto  de  la  señora  enterrada  en  la  urna  de  piedra,  tenía 
aún  adherida  al  cráneo  una  redecilla  igual  á  la  que  tenía  la  figu- 
ra yacente.  Mas  al  momento  se  conoció  que  aquel  esqueleto  no 
podía  ser  el  de  D."  María  la  Brava,  sino  de  persona  mucho  más 
joven.  Así  lo  certificó  en  el  acto  el  Sr.  D.  Andrés  La  Orden,  de- 
cano de  la  facultad  de  medicina  de  la  Universidad ,  que  se  halló 
presente  al  reconocimiento,  asegurando ,  que  la  edad  de  aquella 


EXPEDICIÓN   científica    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  101 

persona  cuyos  fueron  los  restos  debía  de  ser  de  unos  24  años  al 
tiempo  de  morir. 

La  siguiente  inscripción  hecha  en  la  iglesia  de  Villalba  do  los 
Llanos  pone  ya  fuera  de  toda  duda  que  el  entierro  de  D.^  María 
la  Brava  se  verificó  en  este  pueblo  y  no  en  la  parroquia  de  Santo 
Tomé  de  Salamanca.  En  el  centro  de  la  capilla  mayor  y  al  pié 
de  las  gradas  para  subir  al  pequeño  presbiterio,  hay  una  lápida 
de  unas  cinco  cuartas  de  largo  por  tres  de  ancho  en  cuyo  centro 
se  ven  las  armas  de  los  Enriquez  de  Sevilla,  que  consisten  en  un 
escudo  acuartelado ,  con  dos  castillos  y  dos  ci-uces  negras  y  al- 
rededor esta  leyenda: 

Aquí  yace  D.  Enrique  Enriquez  viznieto  del  ynfante  Don 
Enrique  que  Dios  perdone  y  de  D.'*  María  de  Monroy  la  Brava, 
fundadores  del  mayorazgo  de  Villalba  y  de  esta  santa  capilla. 

La  redacción  de  esta  inscripción  es  muy  defectuosa,  pero  se  ha 
copiado  tal  cual  se  puede  leer.  Debía  decir:  este  es  el  sepulcro 
de,  etc. 

Sin  duda  gastada  la  primera  lápida  del  siglo  xv,  se  repuso  ésta 
en  el  xvii,  de  cuya  época  parecen  las  letras  y  abreviaturas,  las 
-cuales  están  ya  muy  gastadas  y  especialm.ente  por  la  parte  donde 
fistán  las  letras  relativas  á  D.^  María  la  Brava. 

El  palacio  que  allí  había,  y  en  que  habitaría  aquella  señora, 
fué  destruido  por  los  franceses  y  sólo  se  ha  podido  rehabilitar 
una  pequeña  parte  que  nada  ofrece  de  notable. 

Las  armas  de  los  Enriquez  de  Sevilla,  muy  comunes  en  Sala- 
manca, son  escudo  acuartekido  con  dos  castillos  de  oro  aclarados 
de  azul  en  campo  de  gules  (rojo)  y  dos  cruces  de  sable  (negro)  en 
campo  de  oro. 

Tamames. 

De  Villalba  de  los  Llanos  á  Tamames  el  terreno  es  quebrado  y 
ofrece  una  serie  continua  de  montes  y  valles  con  cierta  unifor- 
midad. De  esta  manera  se  hallan  los  pueblos  de  Carrascal  del 
Obispo,  Sanchon  de  la  Sagrada  y  Garrascalejo.  No  así  Tamames, 
villa  grande  é  importante  situada  á  la  cabeza  de  un  hermoso  y 
nncho  valle  por  el  que  se  dilata  la  vista  con  mucho  gusto  cansada 


162  boletín  de  la  real  acade.mla  de  la  historl\. 

de  la  monotonía  y  estrechez  de  los  anteriores  montes  y  vallecitos. 
Su  anchura  es  como  de  media  legua  y  la  vista  alcanza  A  descu- 
brir una  longitud  de  unas  dos  leguas,  hasta  más  allá  de  Tejada, 
pueblo  situado  al  otro  extremo  de  aquel  hermoso  valle,  en  el  que 
se  echa  de  menos  el  arbolado,  cuya  falta  es  casi  general  en  toda 
la  provincia  de  Salamanca. 

Por  lo  demás  la  villa  de  Tamames  poco  ofrece  de  notable  para 
el  artista.  La  iglesia,  que  no  se  pudo  visitar,  parece  en  su  exte- 
rior espaciosa  y  sólida  y  tiene  un  ábside  elíptico ,  sostenido  por 
sólidos  contrafuertes,  como  casi  todos  los  de  las  iglesias  grandes 
de  la  provincia. 

Tamames  es  célebre  en  nuestra  historia  contemporánea  por  la 
batalla  que  allí  perdieron  los  franceses.  Todavía  se  enseña  el 
anchuroso  anfiteatro  donde  tuvo  lugar  aquella  sangrienta  escena, 
en  Octubre  de  1809,  cruzándose  por  cada  parte  más  de  12.000' 
hombres  de  todas  armas. 

A  la  salida  misma  de  Tamames  y  cruzando  el  campo  de  batalla 
se  principia  á  cubrir  la  pendiente  para  trasponer  la  sierra  á  que 
da  nombre  el  mismo  pueblo.  Arranca  ésta  de  la  de  Béjar,  de  E. 
á  O.,  y  tiene  nueve  leguas  de  extensión  á  contar  desde  San  Este- 
ban á  San  Muñoz,  que  está  dos  leguas  al  O.  de  Tamames. 

Traspuesta  aquella  pequeña  sierra  se  cruza  un  hermoso  valle 
en  que  está  el  pueblo  de  Aldeanueva,  por  donde  atraviesa  un 
caudaloso  arroyo,  sobre  el  que  se  ha  construido  en  estos  últimos 
años  un  lindo  puentecillo. 

Monasterio  de  Zarzoso. 

A  la  falda  de  un  monte  poblado  de  espesos  robles  se  halla  el 
convento  de  monjas  del  Zarzoso,  que  en  otro  tiempo  fué  villa  del 
señorío  de  la  Abadesa  y  ahora  es  despoblado.  Ignórase  el  origen 
del  monasterio,  pero  debe  ser  del  siglo  xiv  al  xv,  pues  en  28  de 
Mayo  de  1455  el  mariscal  D.  Gómez  de  Benavides,  hizo  al  mo- 
nasterio de  Nuestra  Señora  de  Portaceli  del  Zarzoso,  una  dona- 
ción muy  pingüe  cuyo  trasumpto  nos  enseñó  el  capellán. 

La  iglesia  es  gótica,  muy  linda  y  digna  de  ser  conservada  con 
todo  esmero:  tiene  26  pies  de  latitud  por  24  de  longitud.  Es  pa- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA   A    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  1  Piíl 

rccida  á  la  de  Santa  Úrsula  do  Salamanca.  El  presbilerio  es  es- 
pacioso y  tiene  cuatro  capillas  adornadas  de  una  preciosa  greca 
muy  bien  conservada.  Estas  capillas  tienen  sus  agujas  y  remates 
de  alcachofa  por  el  estilo  de  las  de  la  Catedral,  Santa  Úrsula  y 
San  Adrián,  por  las  que  se  viene  en  conocimiento  de  la  época  de 
construcción  de  la  iglesia,  á  principio  del  siglo  xvi. 

El  altar  mayor  es  todo  de  mármoles  y  de  gusto  greco-romano 
pero  no  de  los  más  recargados,  y  en  cualquiera  otra  iglesia  esta- 
ría muy  bien.  En  el  centro  so  ve  una  escultura  bastante  regular 
de  Nuestra  Señora  de  la  Asunción. 

El  edificio  es  espacioso  y  lüen  conservado,  sólido  y  simétrico; 
es  muy  á  propósito  para  la  contemplación,  por  su  situación  y 
alejamiento  del  mundo.  Las  once  religiosas  que  allí  hay,  viven 
muy  unidas,  contentas  y  gozan  de  reputación  de  austeridad  y  de 
recogimiento. 

Plácia  el  año  de  1830  sufrieron  un  robo  por  rumores  de  que  los 
frailes  habían  hecho  enterrar  varias  cargas  de  dinero  en  la  bo- 
dega del  convento.  Los  ladrones  no  hallaron  dinero  alguno  des- 
pués de  cavar  en  muchos  parajes,  y  aun  lo  que  llevaron  del  con- 
vento fué  muy  poco. 

La  Alberca. 

Desde  el  Zarzoso  á  la  Alberca  se  cruza  un  valle  frondoso  y  pin- 
toresco, que  quizás  sea  el  mí'is  ameno  que  hay  en  la  árida  pro- 
vincia de  Salamanca.  Contrasta  esta  vegetación  vigorosa  con  la 
enana  y  raquítica  de  los  valles  que  se  cruzan  desde  Salamanca 
hasta  el  pié  de  la  Sierra  de  Francia,  término  oriental  de  la  pro- 
vincia. 

Hállanse  arroyos  de  cristalinas  aguas,  que  bajan  de  las  inme- 
diatas sierras  y  amenizan  el  valle  por  do  quiera.  El  principal  es 
el  Yeltes,  que  pasa  por  bajo  del  Zarzoso  y  al  cual  vierten  otros 
varios  que  cruzan  el  bosque  del  Cavaco. 

Siguiendo  por  la  falda  septentrional  de  la  Peña  de  Francia,  se 
halla  el  pueblo  llamado  el  Cavaco,  de  donde  toma  aquel  su  nom- 
bre. Más  al  poniente  y  <:asi  frente  al  Zarzoso  estaba  el  otro  con- 
vento en  que  habitaban  los  frailes  de  la  Peña  de  Francia,  duraute 


164  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

el  invierno,  y  al  lado  opuesto  el  lugar  llamado  el  Gaserito,  que 
fué  arruinado  por  los  franceses,  y  que  está  al  pié  mismo  del 
cerro  de  la  Peña  de  Francia. 

Éntrase  luego  en  un  terreno  fragoso  para  subir  al  pueblo  de  la 
Alborea.  Antes  de  llegar  á  éste,  se  atraviesa  el  río  Francia  que 
corre  por  un  barranco  hondo  y  escarpado  y  en  el  que  hay  un 
sólido  puente. 

La  posición  de  la  Alberca,  aunque  agreste,  es  sumamente  pin- 
toresca, rodeada  por  todas  partes  de  altos  y  frondosos  nogales, 
manzanos  y  castaños,  que  por  desgracia  están  padeciendo  de 
algunos  años  á  esta  parte  una  enfermedad  desconocida  queUos  va 
destruyendo  lentamente,  privando  de  amenidad  al  paisaje  y  de 
su  principal  riqueza  al  pueblo,  que  á  principios  de  este  siglo  era 
sumamente  rico. 

Tenía  entonces  este  pueblo  sujetos  muy  ilustres  que  honrá- 
banle en  la  catedral  y  Universidad  de  Salamanca.  En  lo  espiri- 
tual pertenece  la  Alberca  al  obispado  de  Coria.  Es  probable  que 
en  la  nueva  demarcación  eclesiástica  desaparezca  esta  deformidad 
y  se  agregue  la  Alberca  al  obispado  de  Salamanca,  al  que  por  su 
topografía  corresponde,  estando  á  la  parte  septentrional  de  la 
Sierra  de  Francia,  que  es  el  limite  natural  de  los  dos  obispados 
de  Coria  y  Salamanca,  como  también  de  las  provincias  de  Casti- 
lla la  Vieja  y  Extremadura. 

El  pueblo  está  situado  al  pié  de  dos  altos  cerros  que  lo  circun- 
dan por  Oriente  y  Mediodía.  El  primero  es  el  puerto  por  donde 
se  pasa  á  las  Batuecas  y  Extremadura.  El  otro  se  reconoce  por 
una  gran  mole  redonda  de  granito  que  se  distingue  desde  Sala- 
manca. La  iglesia  y  los  principales  edificios  son  de  aquella  pie- 
dra. Algunas  casas  están  construidas  sobre  grandes  masas  de 
granito,  lo  cual  le  da  cierto  aire  de  construcciones  ciclópeas. 

Iglesia  de  la  Alberca. 

La  iglesia  es  sencilla  y  espaciosa,  toda  de  piedra,  de  tres  naves 
y  el  conjunto  que  ofrece  es  agradable. 

Hay  en  ella  muciías  cosas  notables,  tal  como  el  Santísimo  Cristo 
del  Sudor,  el  cual  se  dice  que  sudó  sangre  el  1."  de  Setiembre  de 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA   SIERRA    DE    FRANCIA.  105 

1655,  entre  tres  y  cinco  de  la  tarde  y  al  día  signiente  por  la  ma- 
ñana, de  lo  cual  hay  testimonio  auténtico  en  la  catedral  de  Coria, 
donde  se  conservan  unos  corporales  teñidos  en  sangre. 

La  capilla  de  los  Dolores  es  bastante  espaciosa  y  linda,  y  fué 
construida  á  expensas  del  presbítero  D.  Antonio  González  Pavón, 
sujeto  muy  caritativo  y  que  á  pesar  de  haber  estado  en  Indias, 
de  donde  vino  muy  rico ,  dio  todo  á  la  iglesia  y  á  los  pobres;  en 
términos  que  cuando  murió  no  tenía  ni  aun  cama,  pues  quiso 
como  Santo  Tomás  de  Yillanueva,  dar  en  vida  hasta  el  último 
maravedí  y  la  cama  en  que  murió.  Hay  todavía  sujetos  en  la  Al- 
herca  que  alcanzaron  á  conocerle. 

Las  alhajas  que  ha  podido  conservar  la  iglesia  son  bastante 
curiosas,  á  pesar  de  que  les  quitaron  45  libras  de  plata:  hay  un 
cáliz  gótico  del  siglo  xvi  muy  lindo  y  también  lo  es  el  pié  de  la 
cruz  parroquial. 

El  pendón  de  las  mujeres. 

De  resultas  de  las  guerras  de  Portugal  en  1475,  atacaron  á  l;i 
Alberca  de  rebato  500  portugueses.  Las  mujeres  de  la  Alberca 
tomaron  parte  en  aquel  rebato  con  tanto  denuedo ,  que  saliendo 
contra  los  invasores  les  quitaron  el  pendón  que  llevaban ,  y  que 
en  memoria  de  aquel  hecho  se  guarda  todavía  en  la  sacristía  de 
la  iglesia. 

Es  de  antiguo  damasco  carmesí  de  44  pulgadas  de  ancho  y 
58  de  largo.  El  asta  tiene  143  pulgadas  de  largo  hasta  el  boi'- 
lón,  y  desde  éste  al  remate  de  la  pica  17  X;  el  hierro  tiene  ñ}{ 
pulgadas  de  alto  por  2)4  de  ancho  en  su  base. 

Este  pendón  (1)  se  saca  procesionalmente  el  día  segundo  de 
Pascua  de  Resurrección  hasta  las  eras  en  donde  la  justicia  hace 
algún  corto  agasajo  á  los  concurrentes. 


(1)  La  historia  de  la  Alberca  dice  que  las  tropas  que  perdieron  esta  banrlera' perte- 
necían al  Prior  de  Ocrato,  y  que  andaban  saqueando  por  las  inmediaciones  de  Ciudad 
Rodrigo.  La  cruz  blanca  del  pendón  y  la  peque-ia  dentro  de  la  media  luna  pajiza  eran 
de  la  orden  de  San  Juan  ó  por  lo  menos  parecidas  á  ellas,  aunque  no  del  todo.  No  es 
fácil  avenir  entre  sí  estas  noticias  que  corresponden  á  la  época  de  Felipe  II,  con  la 
fecha  que  es  la  de  las  guerras  con  motivo  de  la  sucesión  de  la  Beltraneja. 


166  boletín  de  la  real  academla  de  la  histopja. 

Armas  y  medidas. 

También  se  guardan  en  el  archivo  de  la  Alberca  las  antiguas 
medidas  para  áridos,  y  unos  chuzos  ó  venablos,  que  dicen  se  cus- 
todiaban allí  para  armarse  los  vecinos  cuando  necesitaban  salir 
á  caza  de  fieras.  Hé  aquí  las  dimensiones  de  unos  y  otros. 

La  saeta  es  do  forma  piramidal  y  construida  de  acero  templa- 
do. Lleva  dos  aletas  de  chapa  de  hierro  templado.  El  asta  está 
pintada  de  un  color  oscuro. 

Las  medidas  son  tres  y  servían  de  tipo  para  aforar  las  que  se 
construían  en  el  pueblo  para  medir  áridos.  La  mayor  tiene  una 
capacidad  de  2,66  litros,  siendo,  por  tanto,  superior  al  medio  ce- 
lemín de  Castilla. 

La  segunda  tiene  una  capacidad  de  2,14  litros,  siendo,  por 
tanto,  menor  que  el  medio  celemín  de  Castilla. 

La  tercera  tiene  de  calñda  1,15  litros,  exactamente  igual  á  la 
del  cuartillo  de  Castilla.  Las  tres  medidas  son  de  madera. 

El  gabán  de  D.  Juan  II. 

Habiendo  venido  D.  Juan  II  á  la  Alberca  el  año  de  1455,  com- 
padecido de  la  pobreza  de  la  iglesia  y  del  mal  estado  de  las  ropas, 
dejó  su  propio  gabán,  para  que  se  hiciera  alguna  vestidura  sa- 
grada. Hízose  con  61  una  casulla  y  antes  solamente  se  decía  misa 
con  ella  en  la  Noche  Buena  para  la  llamada  del  Gallo. 

La  casulla  es  de  raso  carmesí  bordado  de  oro  con  grandes  cua- 
dros y  está  aún  bastante  bien  conservada  en  la  sacristía  de  la 
iglesia. 

Archivo  de  la  Alberca. 

En  el  presbiterio  mismo  de  la  iglesia  al  lado  de  la  epístola  está 
el  archivo  de  la  villa,  que  se  abre  con  muchas  formalidades,  des- 
pués de  reunir  las  tres  llaves. 

Consérvansc  en  él  varios  privilegios  y  pergaminos  antiguos. 
Por  ellos  se  viene  en  conocimiento  de  que  este  pueblo  era  del 
señorío  de  la  casa  de  Alba  dependiente  de  la  jurisdicción  de  la 


EXPEDICIÓN    científica   Á    LA    SIERDA    DE   FRANCIA.  107 

villa  de  Granada;  que  ahora  habiendo  venido  á  menos  se  llama 
Granadilla  y  está  al  otro  lado  de  la  sierra  de  Extremadura. 

Los  privilegios  más  notables  son  los  siguientes: 

Uno  original  del  rey  D.  Pedro  el  Cruel,  dado  en  la  Era  130.'] 
(año  1355),  estando  en  el  Real  sobre  Toro,  confirmando  dos  cé- 
dulas del  infante  D.  Juan ,  señor  de  la  villa  de  Granada,  dadas 
la  una  en  el  Zarzoso  á  25  de  Marzo  de  la  Era  1390,  y  la  otra  en 
Montemayor  en  29  de  Marzo  de  la  Era  1391. 

En  la  primera  se  concede  á  este  lugar  de  la  AlJjerca  por  el  co- 
lodrazgo,  vueltas  de  las  armas  y  demás  rentas  y  pechos,  que  no 
se  apremie  á  ninguno  de  la  Alberca  por  vecino  de  Granada  sin 
ser  oído  en  juicio;  que  si  alguno  de  este  lugar  quisiere  hacer  tre- 
guas en  él,  se  lo  reciban  los  jurados  ante  su  notario,  y  sino  qui- 
siere hacerlas,  los  jurados  le  prendan  hasta  que  las  hagan,  y  no 
le  suelten,  ni  lleven  tampoco  preso  á  Granada.  Si  algún  vecino 
de  Granada  demandase  á  otro  de  la  Alberca  hasta  70  maravedís, 
si  este  no  quisiese  responder  en  la  villa,  pueda  litigar  ante  los 
jurados  de  la  Alberca.  Que  los  alcaldes  de  Granada,  cuando  ven- 
gan á  este  lugar,  coman  por  cuenta  de  ellos,  y  los  fieles  de  esta 
villa  prendan  y  quiten  las  medidas  que  no  estuvieren  selladas 
por  su  concejo. 

En  la  segunda  manda  que  en  los  repartimientos  que  se  hicie- 
ren en  Granada  asistan  dos  personas  de  este  lugar  y  que  la  co- 
branza la  hagan  los  regidores  de  la  Alberca. 

Por  estas  cédulas  se  ve  que  la  jurisdicción  de  Granada  era  bas- 
tante pesada  y  por  tanto  los  de  la  Alberca  habiendo  adquirido 
alguna  importancia  y  aprovechando  la  buena  proporción  de  las 
guerras  civiles,  que  suele  ser  la  mejor  coyuntura  para  obtener 
gracias,  trataron  de  irse  eximiendo  poco  á  poco  de  aquella  gra- 
vosa sujeción. 

Otra  de  D.  Fernando  de  Aragón  estando  en  gu  Real  sobre  Ba- 
laguer  á  9  de  Setiembre  de  1413,  mandando  que  sus  60  monteros 
de  los  pueblos  de  Salvatierra,  Granada,  Galisteo,  Montemayor  y 
Miranda  del  Castañar,  fuesen  libres  de  pechos  en  Granada  y  en 
su  tierra.  Todos  estos  pueblos  eran  las  villas  más  importantes 
que  entonces  había  en  la  Sierra  de  Francia  y  sus  inmediaciones. 

Algunos  de  estos  privilegios  ya  están  publicados  en  una  cu- 


168  BOLETÍN   DE   LA   REAL  ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

riosa  obrita  titulada  Verdadera  relación  y  manifestó  apologética 
de  la  antigiiedad  de  las  Batuecas  u  su  descubrimiento,  por  el  ba- 
chiller D.  Tomás  González  de  Manuel,  presbítero  del  lugar  de  la 
Alberca,  dedicado  al  duque  de  Alba  en  1693. 

En  el  archivo  se  guarda  un  ejemplar  de  la  obra,  y  también  lo 
hay  en  la  biblioteca  de  la  Universidad  de  Salamanca.  Hay  ade- 
más otra  edición  más  moderna  y  correcta  en  un  tomo  en  8."  que 
nos  enseñaron  en  la  Alberca;  mas  por  desgracia  estaba  muy  de- 
teriorado y  le  faltaba  la  portada. 


Las  Batuecas. 

Para  ir  á  las  Batuecas  desde  la  Alberca,  á  cuyo  término  perte- 
necen, se  necesita  subir  una  alta  y  enriscada  sierra,  que  cierra 
el  horizonte  de  la  provincia  de  Salamanca  por  aquella  parte;  y  es 
también  el  lindero  natural  de  las  provincias  de  Castilla  y  Extre- 
madura. Al  llegar  al  encumbrado  sitio  llamado  el  Portillo ,  se 
descubre  un  paisaje  montuoso  y  agreste  de  escasa  vegetación. 
Una  multitud  de  montañas  agrupadas  unas  en  pos  de  otras  y 
asomando  sus  peladas  cimas,  en  todo  lo  que  se  alcanza  á  ver,  y 
en  la  parte  inferior  un  estrecho  valle  que  muy  poco  promete. 

Hasta  haber  llegado  á  la  mitad  de  la  montaña  no  se  descubre 
el  empizarrado  techo  de  la  iglesia:  allí  el  espectáculo  cambia  de 
repente,  presentándose  en  el  fondo  del  valle  que  se  domina  á 
vista  de  pájaro,  una  vegetación  lozana  y  vigorosa,  pero  á  la  par 
sombría  y  agreste.  Mas  para  llegar  hasta  allí  hay  que  dar  23 
vueltas  y  revueltas  por  el  costado  de  la  montaña,  no  sin  peligro 
por  algunos  parajes. 

Veamos  rápidamente  lo  que  fueron  las  Batuecas,  lo  que  eran 
y  lo  que  son. 

A  fines  del  siglo  svi  era  el  desierto  do  las  Batuecas  una  dehesa, 
cruzada  por  dos  arroyos  y  poblada  de  jarales,  encinas,  enebros  y 
otros  árboles  silvestres.  Los  vecinos  de  la  Alberca  llevaban  allí 
sus  ganados  en  invierno;  pues  en  el  fondo  del  valle  rara  vez  llega 
á  cuajar  la  nieve  á  pesar  de  la  mucha  que  suele  haber  en  los 
montes  inmediatos.  Puede  formarse  idea  de  lo  que  eran  las  Ba- 
tuecas antes  del  siglo  svii,  por  lo  que  es  ahora  aquel  sitio  fuera 


EXPEDICIÓN   científica   Á    LA    SIERR.V  DE    FRANCIA.  1 G9 

(le  la  cerca  del  convento.  La  dehesa  tenía  una  legua  escasa  do 
longitud  y  un  cuarto  de  legua  en  su  mayor  anchura,  si  hien  por 
algunos  parajes,  juntándose  demasiado  los  cerros  que  forman  el 
valle,  dejan  apenas  un  estrecho  tránsito  á  las  aguas:  tal  sucede 
por  detrás  del  monasterio,  en  donde  los  cerros  están  tan  juntos, 
que  parecen  terminar  allí  completamente  el  valle. 

Los  padres  Carmelitas  descalzos  se  hallaban  por  aquel  tiempo 
á  los  principios  de  su  reforma.  Prendados  de  lo  solitario  y  agres- 
te de  aquel  sitio,  retirado  de  todo  comercio  humano,  y  á  propó- 
sito para  la  contemplación ,  se  decidieron  á  fundar  allí  un  mo- 
nasterio de  los  que  solían  tener  para  su  retiro,  como  era  en  Cas- 
tilla la  Nueva  el  desierto  de  Balargue  á  las  inmediaciones  de 
Pastrana.  En  ellos  procuraban  los  religiosos  del  Carmen  vivir, 
no  como  cenobitas,  sino  como  anacoretas,  en  continua  contem- 
plación y  silencio,  sin  trato  alguno  exterior,  ni  aun  de  predica- 
ción y  confesonario,  como  tenían  en  los  conventos. 

Negábanse  los  vecinos  de  la  Alberca  á  vender  la  dehesa,  que 
les  era  muy  útil  en  invierno,  pero  atentos  á  la  indicación  del 
duque  de  Alba,  señor  del  pueblo  y  cuya  casa  siempre  fué  muy 
afecta  á  Santa  Teresa,  hubieron  de  vender  una  parte  de  ella. 

Los  tasadores  del  pueblo  fueron  á  designar  el  sitio  por  orden 
del  Concejo.  Habíase  instalado  allí  un  religioso  en  una  ermita 
donde  dijo  misa.  Tasaron  en  800  ducados  el  sitio  acotado,  precio 
muy  inferior  al  de  su  valor  real,  y  eso  que  alguno  de  los  tasado- 
res tenía  que  desalojar  de  allí  su  ganado.  Reconvenidos  por  ello, 
no  supieron  decir  sino  que  después  de  oir  misa  no  se  habían 
sentido  con  fuerzas  para  pedir  más. 

Por  aquel  mismo  tiempo  la  fábula  vino  á  dar  más  interés  al 
sitio  de  las  Batuecas.  Suponíase  que  este  valle  se  acababa  de  des- 
cubrir; ni  más  ni  menos  que  Colón  había  descubierto  el  Nuevo 
Mundo;  que  el  valle  estaba  todavía  poblado  de  Alarbes,  sin  ves- 
tigio alguno  de  religión  cristiana,  más  que  algunas  cruces  toscas 
y  contrahechas.  Principióse  á  hablar  de  las  Batuecas  como  de  un 
país  imaginario  y  desconocido ,  y  se  hizo  proverbio  en  España 
para' llamar  á  un  hombre  distraído,  el  decir,  está  ¡censando  en 
Babia  ó  está  pensando  en  las  Batuecas.  Las  Batuecas,  pues,  que- 
daban igualadas  con  los  países  do  Babia  y  Jauja.  Esta  patraña 

TOMO  IJI.  12 


170  BOLETÍN   DE   LA   REAL   AGADEMLA.   DE    LA    HISTORLA., 

pasó  tan  adelante,  que  el  maestro  Alonso  Sánchez  en  un  libro 
latino  impreso  en  AlcaLá  en  1632  y  titulado  de  rehiis  Hispanice 
\\ih.  1,  cap.  5."  de  Batuecis  al  folio  368),  incurrió  en  la  torpeza  de 
apadrinar  esta  fábula,  dándole  cierto  colorido  romántico.  Un 
paje  del  duque  de  Alba  se  fugó  (según  se  refiere)  del  castillo  de 
Alba  de  Tormes  con  una  joven  doncella,  de  quien  andaba  ena- 
morado. Temiendo  la  ira  del  duque,  y  que  sus  escuderos  fueran 
á  su  alcance,  anduvieron  ocultos  por  los  montes  hasta  que  al 
cabo  de  dos  tres  días  llegaron  á  un  valle  sumamente  agreste  é 
inaccesible,  donde  se  hubieran  fijado  sin  temor  alguno.  Mas  por 
desgracia  encontraron  allí  unos  hombres  bravios  y  feroces,  que 
andaban  sin  aliño  alguno,  hablaban  un  idioma  desconocido  y 
parecían  indios  bravos.  Asustados  con  aquel  descubrimiento, 
habían  avisado  á  los  pueblos  inmediatos,  (|ue  por  lo  visto  nada 
sabían,  y  reuniéndose  alguna  gente  de  ellos  y  los  escuderos  del 
duque  de  Alba,  penetraron  en  aquellas  sierras  y  exterminaron 
aquellos  idólatras. 

Mas  no  debieron  exterminarlos  por  completo ,  pues  el  P.  Nie- 
remberg  refería  que  dos  colegiales  de  Alcalá  que  se  habían  atre- 
vido á  penetrar  hasta  allá  (largo  viaje  era,  si  lo  echaron  desde 
Alcalá),  habían  tenido  que  huir  á  uña  de  caballo  de  los  Alarbes 
que  poblaban  aquellos  valles.  A  la  verdad,  el  terreno  es  á  propó- 
sito pard,  correr  caballos! 

Sobre  estos  fundamentos  vinieron  los  autores  dramáticos  á 
propagar  más  aquella  vulgaridad.  El  Dr.  Juan  Pérez  de  Montal- 
fcán  compuso  una  comedia  titulada  Nuevo  mundo  en  España: 
también  Lope  de  Vega  manoseó  este  asunto,  y  últimamente  don 
Juan  Eugenio  Hartzenbusch  tuvo  la  ocurrencia  de  escribir  una 
comedia  de  magia  titulada  Las  Batueeas,  hará  como  cosa  de  unos 
15  años. 

El  P.  Feijóo  escribió  también  sobre  la  fábula  do  las  Batuecas, 
combatiéndola  como  una  preocupación  ridicula,  (jue  aún  duraba 
en  su  tiempo.  Antes  lo  haJjía  hecho  ya  el  citado  bachiller  don 
Tomás  González  de  Manuel,  cuya  apología  de  las  Batuecas  tiene 
por  objeto  desmentir  aquellos  dislates,  que  tuvieron  su  origen  á 
principios  del  siglb  xvii,  época  en  que  inundó  á  España  un  dilu- 
vio de  mentiras ,  ridiculas  patrañas ,  falsos  cronicones ,  plomos 


EXPEDICIÓN   CIENTÍFICA    A    L.\    SIERUA    DE    FRANCIA.  171 

apostólicos,  reliquias  apócrifas,  revoluciones  fingidas,  milagros 
tontos;  santas  que  parecían  caballeros  andantes,  que  hacían  más 
milagros  que  las  santas.  Pero  la  mentira  siempre  es  hija  de  algo. 
Es  indudable  que  la  sencillez  de  los  pobres  jurdanos,  su  atraso, 
incultura,  rusticidad,  la  miseria  con  que  aún  en  el  día  viven  y  su 
escaso  trato  de  gentes,  timidez  y  encogimiento,  dieron  lugar  á 
que  se  les  considerase  como  una  especie  de  salvajes.  No  sería 
extraño  que  si  alguno  oyó  caliíicar  en  tono  de  broma  á  los  veci- 
nos de  las  Jurdes  llamándoles  indios  bravos,  tomase  la  burla  por 
realidad  en  un  siglo  de  tanto  embuste  y  tan  poco  criterio.  Lo  ex- 
traño es  que  fuera  á  nacer  precisamente  cuando  en  las  Batuecas 
se  acababa  de  establecer  un  instituto  de  tanta  nombradía  en  Es- 
paña como  el  de  religiosos  carmelitas  descalzos,  y  cuando  algu- 
nos de  los  sabios  que  aquel  instituto  tuvo  siempre,  solían  pasar 
allá  desde  Salamanca  á  retirarse  por  algún  tiempo  para  la  con- 
templación y  ejercicios  espirituales. 

Veamos,  pues,  lo  que  era  aquel  desierto  antes  de  la  exclaustra- 
ción de  sus  ascéticos  pobladores. 

Desierto  de  las  Batuecas. 

En  el  convento  de  las  Batuecas  se  daba  franca  hospitalidad 
durante  el  día  á  los  que  llamaban  á  la  puerta  del  convento.  Cer- 
rado éste  por  una  alta  cerca,  solamente  se  entraba  por  el  lado  que 
mira  al  Norie.  Un  hermoso  y  cristalino  arroyo  que  sale  por 
junto  á  la  puerta  del  monasterio  y  el  puente  que  se  atraviesa 
para  entrar  en  él,  dan  cierto  airo  de  fortaleza  á  este  recinto  reli- 
gioso adonde  llega  anhelante  el  viajero,  que  por  espacio  de  me- 
dia hora  ha  estado  girando  por  los  costados  de  la  montaña  pedre- 
gosa, sin  ver  más  que  el  agudo  techo  de  la  iglesia  y  su  blanco 
campanario  descollando  entre  los  cedros,  cipreses  y  otros  árboles 
frondosos. 

Un  ancho  zaguán,  ó  portal,  permitía  esperar  al  viajero  al  abrigo 
de  la  intemperie,  ínterin  que  llegaba  el  lego  avisado  por  la  cam- 
pana. Hasta  en  esto  creía  el  viajero  hallarse  trasportado  á  los 
•antiguos  tiempos  al  llegar  á  una  fortaleza. 

Abierta  la  puerta  por  el  silencioso  lego  ó  interrogados  los  via- 


172      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

jeros  acerca  de  su  venida  al  desierto,  eran  conducidos  á  la  hos- 
pedería. Si  querían  confesarse,  ó  hacer  ejercicios,  se  les  desig- 
naba director  espiritual. 

Los  religiosos  de  las  Batuecas  guardaban  siempre  silencio^ 
como  los  cartujos:  al  encontrarse  proferían  el  fatídico  Morir  /e- 
nemos.  Una  ó  dos  veces  en  semana  hablaban  por  poco  tiempo  y 
eii  comunidad. 

Durante  el  adviento  y  cuaresma  se  retiraban  á  las  ermitas,  y 
aun  algunas  veces  entre  el  año. 

De  trecho  en  trecho  sobre  los  riscos,  en  las  quebradas  del  valle 
y  aun  alrededor  de  la  cerca  se  ven  diseminadas  ermitas.  Cada 
una  de  ellas  tiene  su  cuartito  desahogado  para  dormitorio,  un 
pequeño  oratorio  para  decir  misa,  un  corredorcito  y  aun  una 
pequeña  cueva  para  tener  agua  y  provisiones.  Uno  ó  más  cipre- 
ses  marcan  desde  luego  el  sitio  de  la  ermita,  cual  si  aquel  árbol 
funerario  quisiera  indicar  que  allí  había  una  sepultura  para 
vivir. 

Entre  todas  las  ermitas  la  principal  y  más  contigua  al  convento 
es  la  de  Santa  Teresa,  situada  al  par  de  los  más  altos  y  hermosos 
cedros  de  aquel  valle,  pasado  un  puentecillo  y  en  un  paraje  su- 
mamente fresco  y  ameno  en  verano.  Allí  solía  situarse  el  prior 
cuando  la  comunidad  se  retiraba  á  las  demás  ermitas.  Cada  una 
de  estas  solía  estar  bajo  el  patronato  de  alguna  casa  ilustre  que 
la  costeaba,  y  la  de  Santa  Teresa  lo  era  de  la  casa  de  Abrantcs. 
Esta  ermita  aún  se  halla  bastante  bien  conservada.  Las  demás 
están  en  su  mayor  parte  ruinosas  ó  arruinadas.  Cada  una  de 
ellas  tenía  su  campana.  El  tocarla  á  deshora  indicaba  que  el  er- 
mitaño se  hallaba  enfermo  ó  aquejado  de  alguna  grave  necesidad, 
en  cuyo  caso  pasaba  un  lego  á  visitarlo.  Para  decir  misa  ayudá- 
banse mutuamente  los  de  las  más  inmediatas.  Al  dar  el  reloj  las 
doce  de  la  noche  el  prior  tocaba  la  campana,  y  lo  mismo  para 
todas  las  demás  horas  del  oficio  divino,  y  los  ermitaños  iban  res- 
pondiendo con  las  suyas  cada  uno  por  su  orden.  El  no  responder 
con  su  campanil  indicaba  que  el  ermitaño  estaba  enfermo. 

Mas  no  eran  solamente  los  religiosos  los  que  en  el  desierto  de 
las  Batuecas  se  albergaban.  Nuestras  discordias  políticas  habían  ■ 
llegado  á  profanar  aquel  recinto,  como  profanaban  todo  en  Es- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  173 

paña.  Priacipióse  por  enviar  allí  algunos  clérigos  díscolos  y  liber- 
tinos, para  que  en  el  retiro  y  la  oración,  y  á  vista  de  la  austeri- 
dad de  aquellos  piadosos  cenobitas,  reformasen  su  conduela.  Des- 
pués se  envió  allá  por  vía  de  reclusión  á  varios  clérigos  compli- 
cados en  causas  políticas  ,  y  últimamente  hasta  seglares.  A  pesar 
de  que  los  carmelitas  descalzos  vivían  en  todas  parles,  y  con  po- 
cas excepciones^  alejados  de  la  política,  la  disciplina  que  con  ellos 
se  observaba  en  las  Batuecas  con  los  reclusos  era  bastante  rígida, 
como  no  podía  menos  de  acontecer.  Mas  como  las  prácticas  de 
penitencia  y  devoción  son  muy  oportunas  cuando  voluntaria- 
mente se  ejecutan,  y  rara  vez  se  ejecutan  bien  cuando  se  hacen  á 
la  fuerza,  creo  que  las  reclusiones  forzadas  en  las  Batuecas  habían 
producido  más  hipócritas  que  santos. 

Con  todo,  no  pocos  solían  ir  allí,  pero  en  verano,  para  dedicarse 
algún  tiempo  á  la  contemplación  y  al  retiro. 

La  amenidad  y  soledad  del  sitio  convidaban  á  ello.  Efectiva- 
mente, un  hombre  envuelto  en  negocios  y  agitado  de  continuo 
por  el  trabajo  del  mundo,  difícilmente  ve  una  de  aquellas  solita- 
rias ermitas  sin  dejar  de  sentir  vivos  deseos  de  pasar  una  semana 
en  una  de  ellas  para  reconcentrarse  dentro  de  sí  mismo  por  algún 
tiempo. 

Mas  es  de  notar  que  nadie  visita  generalmente  las  Batuecas 
sino  en  verano.  Pero  cuando  la  nieve  cubre  por  todas  partes  las 
contiguas  sierras j,  y  los  árboles  se  hallan  deshojados,  y  el  cierzo 
sopla  por  entre  las  anchurosas  grietas  de  las  desguarnecidas  ven- 
tanas ,  y  la  naturaleza  aparece  por  do  quiera  como  muerta ,  y  el 
jabalí  hambriento  corre  por  dentro  de  la  cerca ,  creo  que  ha  de 
haber  muy  pocos  contemplativos  que  deseen  trepar  hasta  una 
ermita  y  remedar  la  vida  de  aquellos  anacoretas ,  aun  sin  contar 
sus  rezos,  vigilias,  ayunos  y  privaciones. 

El  convento  de  las  Batuecas. 

Aquel  cúmulo  de  edificios  toscos  y  sombríos  ofrece  mucho  para 
el  hombre  religioso,  no  poco  para  el  filósofo  y  pensador,  pero 
absolutamente  nada  para  el  artista.  Consiste  todo  ello  en  un 
gran  paralelógrarao  en  cuyo  centro  está  la  iglesia.  Circunda  por 


174      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

la  parte  interior  aquel  vasto  patio  un  largo  pórtico  sobre  toscos 
postes  construido,  que  sirve  para  comunicarse  por  todo  el  edi- 
ficio y  con  la  iglesia,  á  cubierto  del  agua  y  do  la  nieve,  y  para 
dar  paso  á.  todas  las  celdas  y  oficinas  del  convento.  Nada  de  ele- 
gancia y  de  hermosura  en  el  todo,  ni  en  las  partes  del  edificio; 
cruces  de  corcho  por  do  quiera  constituyen  su  único  ornato.  Allí 
es  todo  aún  más  que  sencillo ;  pobre ,  cual  correspondía  al  insti- 
tuto, al  sitio  y  al  objeto. 

El  único  sitio  que  tiene  algún  ornato  es  el  refectorio,  y  aquel 
consiste  en  los  monogramas  de  Jesús  y  María,  y  algunos  otros 
objetos  religiosos  hechos  con  tiras  de  corcho  sobrepuestas  en  el 
techo  de  madera. 

Las  celdas,  iguales  todas,  sombrías  y  estrechas,  no  ofrecen  co- 
modidad alguna,  sino  un  pequeño  huertecito  con  su  ¿irroyo,  pues 
el  agua  corre  allí  libre  y  abundantemente  por  todas  partes. 

Los  adornos  de  la  naturaleza  suplen  allí  por  los  del  arte  :  pre- 
ciosos cuadros  de  boj  recortado  adornan  los  contornos  de  la  igle- 
sia ,  delante  de  cuya  sencilla  fachada  corría  una  fuente  copiosa 
con  varios  juegos  de  agua. 

En  la  misma  galería  que  circunda  la  iglesia  llaman  la  atención 
cuatro  capillas,  correspondientes  cada  una  aun  ángulo  de  la  igle- 
sia» Las  cuatro  son  exactamente  iguales  y  simétricas;  las  piedras 
sin  pulir  y  adornadas  de  conchas  y  mariscos  por  el  estilo  grotes- 
co. En  efecto,  cada  una  de  las  capillas  representa  una  gruta  en 
que  se  ve  un  santo  anacoreta ,  y  á  cada  lado  otros  dos  que  con  él 
tienen  analogía,  situados  en  otras  dos  grutas  más  pequeñas. 

Las  cuatro  capillas  ó  grutas  estaban  dedicadas  á  San  Pablo, 
primer  ermitaño,  San  Elias,  San  Juan  Bautista  y  San  Jerónimo. 
Al  lado  de  cada  gruta  unos  sencillos  azulejos  contienen  dos  quin- 
tillas á  cada  santo  en  versos  conceptuosos  y  altamente  gongo- 
rinos. 

Fié  aquí  una  muestra  tomada  de  la  gruta  de  San  Elias  : 

Del  duro  suelo  hace  cama 
Elias,  por  divertir 
lazos  que  Jezabel  trama; ' 
quo  pues  cobró  buena  fama, 
bien  puede  echarse  á  dormir. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á   LA   SIERRA    DE    FRANCIA.  175 

No  se  copiaron  más,  pues  todas  las  veinticuatro  quintillas  son 
por  el  estilo. 

La  iglesia  de  las  Batuecas. 

El  desierto  de  las  Batuecas  podía  mirarse  como  una  continua 
iglesia,  pero  el  centro  de  aquel  desierto  era  la  iglesia  del  con- 
vento. Una  cerca  rodea  las  ermitas,  las  ermitas  al  convento, 
el  convento  á  la  galería,  la  galería  al  jardín,  el  jardín  ;í  la 
iglesia. 

Esta  es  sencilla,  pero  espaciosa,  en  figura  de  cruz  latina.  No 
tiene  coro;  pues  como  sólo  era  para  el  uso  de  los  cenobitas,  ser- 
víales de  coro  toda  la  iglesia.  Las  efigies  que  decoraban  los  tres 
altares  son  bastante  lindas,  en  especial  las  de  San  José  y  Virgen 
del  Carmen. 

Detrás  del  altar  mayor  hay  una  espaciosa  capilla  llamada  de 
los  Entierros^  porque  allí  eran  enterrados  los  religiosos  que  falle- 
cían en  el  convento.  Tanto  la  iglesia  como  esta  capilla  eran  sen- 
cillas y  de  escaso  ornato,  aunque  no  les  falta  cierta  severa  majes- 
tad en  armonía  con  el  desierto. 

Afortunadamente  se  hallan  habilitados  para  el  culto,  y  aún 
subsisten  los  altares ,  los  cuadros  y  las  efigies ,  inventariadas  por 
la  Comisión  de  monumentos  artísticos,  y  que  no  se  extrajeron  á 
la  exclaustración  de  los  religiosos  por  no  tener  la  Comisión  fondos 
para  costear  los  gastos.  En  el  día,  habiendo  hecho  desembolsos 
el  dueño  del  desierto  para  habilitar  la  iglesia  al  culto,  sería  ya 
inconveniente  y  mal  visto  el  sacarlos  de  allí,  aun  cuando  conser- 
ve  la  Comisión  los  inventarios  para  evitar  cualquier  enajenación 
ó  extravío. 

La  fachada  nada  ofrece  de  particular;  y  según  una  fecha  que 
en  ella  se  lee,  fué  restaurada  á  mediados  del  siglo  pasado.  Con- 
cluye con  una  doble  espadaña  ó  campanario  para  cuatro  cam- 
panas. 

Contigua  á  la  sacristía  estaba  una  capilla  linda,  pero  ya  en  su 
mayor  parte  desmantelada,  que  se  llamaba  de  la  Reina,  porque 
era  de  patronato  real ,  á  la  manera  que  lo  eran  otras  ermitas  de 
varias  casas  ilustres. 


176  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

La  ermita  del  Alcornoque. 

Entre  todas  las  ermitas  goza  de'  nombradla  la  llamada  del  Al- 
cornoque. Redúcese  al  tronco  de  un  árbol ,  dentro  del  cual  se  re- 
cogía el  ermitaño.  Para  conservarlo  se  le  revistió  por  fuera  de 
una  tapia,  y  por  delante  tiene  un  cobertizo  forrado  de  corcho. 
Una  tosca  puerta  cubre  la  entrada  del  tronco,  al  que  no  se  puede 
penetrar  sin  agacharse,  ni  se  puede  estar  con  comodidad  sino  sen- 
tado ó  de  rodillas.  Sobre  la  puerta  la  triste  calavera  con  los  hue- 
sos, puestos  en  aspa,  aumenta  el  religioso  pavor  que  inspira  aquel 
penitente  asilo;  y  si  esto  no  bastara,  una  tablilla  pendiente  sobre 
la  puerta  dice  en  toscas  pero  en  claras  letras: 

Morituro  satis. 

Todos  los  viajeros  se  apresuran  á  poner  su  nombre  en  el  cor- 
cho del  pórtico ,  sin  que  baste  la  prohibición  expresa  del  dueño 
actual  de  la  finca. 

Con  todo,  alií  no  suena  más  que  un  nombre,  y  nombre  que  sin 
estar  grabado  en  ninguna  parte  durará  cuanto  dure  la  ermita  del 
Alcornoque ,  y  cuanto  dure  quizá  el  monasterio  de  las  Batuecas. 

Pocos  años  antes  de  la  exclaustración  vivía  allí  un  religioso 
llamado  el  P.  Acebedo,  más  comunmente  el  P.  Cadete,  pues  lo 
haln'a  sido  en  el  ejército  por  algún  tiempo.  Era  además  hijo  de 
una  familia  noble  de  Asturias.  Amargas  decepciones  y  los  remor- 
dimientos de  juveniles  extravíos  le  llevaron  al  claustro  al  P.  Ace- 
bedo, y  del  claustro  al  desierto  de  las  Batuecas.  Su  silencio  era 
profundo,  su  oración  continua  y  su  sitio  predilecto  la  ermita  del 
Alcornoque,  en  donde  se  le  veía  casi  de  continuo  de  rodillas,  ó 
echado ,  con  la  frente  hundida  en  el  polvo  y  cubiertos  los  oídos 
con  las  manos.  Los  que  alcanzaron  á  conocerle  hacen  un  retrato 
de  él  como  el  que  hacía  Santa  Teresa  de  San  Pedro  Alcántara; 
<'Era  tan  extrema  su  flaqueza,  que  no  parecía  sino  hecho  de  raíces 
de  árboles;  con  toda  esta  santidad  era  muy  afable,  aunque  de  po- 
cas palabras,  si  no  era  preguntado .y>  También  lo  era  el  P.  Cadete 
con  los  queacudíaii  á  confesarse  con  él,  que  solían  levantarse  de 
sus  pies  tan  compungidos  como  consolados.  Después  de  impo- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    A    LA    SIERRA    DE    FRANXIA.  177 

uerle  al  penitente  una  severa  que  le  aterrorizaba ,  parcciéndole 
imposible  de  cumplir,  encargábale  cjccutai-a  una  peijueña  parle, 
ofreciéndole  él  cumplir  la  restante;  y  no  era  el  P.  xVcebedo  quien 
estas  ofertas  hiciera  en  vano. 

Su  tono  de  voz  era  siempre  pausado  y  grave;  hablaba  como  un 
hombre  inspirado.  Una  palabra  suya  bastó  para  que  el  P.  La 
Calle  dejase  su  canongía  de  Palencia  y  entrase  jesuíta. 

El  P.  Cadete,  en  unión  de  otros  pocos  religiosos,  logró  perma- 
necer en  las  Batuecas  por  algún  tiempo  aún  después  de  la  ex- 
claustración. Allí  murió  poco  después ,  y  allí  yace  en  la  capilla 
délos  Entierros,  detrás  del  altar  mayor,  en  el  número  2.  Su  nom- 
bre es  todavía  popular  en  la  Sierra  de  Francia,  donde  siempre  so 
oye  con  respeto. 

Las  Batuecas  en  su  estado  actual. 

El  arrendador  del  sitio  presenta  á  los  visitadores  un  álbum  eu 
que  están  las  prescripciones  á  que  estos  deben  atenerse,  y  en  que 
se  les  suplica  consignen  allí  sus  pensamientos  y  observaciones. 

No  pocos  de  los  que  allí  iban  se  consideraban  autorizados  para 
cazar  á  su  arbitrio,  talarlo  y  destrozarlo  todo,  ó  profanar  aquel 
sitio  con  inmundas  bacanales.  Fué  preciso  se  advirtiera  en  el  ál- 
bum á  estos  sujetos  lo  jue  la  buena  educación  hubiera  hecho  in- 
necesario se  tuviera  que  advertir. 

No  ha  faltado  tampoco  quien  al  estampar  sus  observaciones  en 
el  álbum  ha  prorrumpido  en  invectivas  contra  el  estéril  misti- 
cismo. 

Hé  aquí  las  ideas  que  sobre  poco  más  ó  menos,  y  por  lo  que 
recuerda,  estampó  en  el  álbum  el  autor  de  esta  Memoria: 

«Dos  sitios  me  han  impresionado  fuertemente  en  este  desierto; 
la  ermita  del  Alcornoque,  donde  todavía  parece  presidir  la  som- 
bra del  P.,  Acebedo  como  reina  allí  su  memoria.  ¡  Cuan  terrible 
es  aquel  morituro  satis  en  lo  que  fué  su  ermita!  ¿Cómo  hay  ne- 
cios que  se  atreven  á  estampar  allí  su  nombre?  ¿•Quiénes  son 
estos  entes  obscuros  que  allí  han  dejado  sus  obscuros  nombres?... 
El  otro  sitio  que  me  causó  viva  impresión  fué  el  refectorio ;  l.-i 
obscuridad  que  allí  reina,  aquella  cruz  junto  á  la  entrada  y  li 


178  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

Otra  en  el  testero,  la  calavera  en  el  pulpito,  los  nichos  vacíos  de 
los  libros,  el  artesonado  de  corcho,  son  emblemas  que  hablan  al 
alma  religiosa  mucho  más  fuertemente  que  la  momia  que  los 
egipcios  paseaban  alrededor  de  la  mesa  del  festín.  ¡Oh  qué  dife- 
rencia entre  unos  y  otros  símbolos,  y  entre  sus  tendencias  y  sig- 
nificaciones ! 

Más  de  una  hora  pasé  allí  en  silencioso  recogimiento,  y  mi 
mente  penetraba  en  lo  pasado  y  evocaba  los  tiempos  que  fueron 
nara  no  volver,  y  creí  distinguir  aún  las  som.bras  de  los  piadosos 
ascetas  que  ]Doblaron  aquellos  sombríos  recintos,  desengañados 
de  la  vanidad  del  mundo  y  dirigiendo  á  Dios  sus  fervorosas  prc- 
rcs.  Y  esta  noble  misión  de  rogar  por  los  pecados  de  sus  herma- 
nos y  expiar  los  propios,  calmar  la  cólera  divina,  elevar  su  pen- 
samiento á  Dios,  autor  de  todo  bien,  criador  de  la  naturaleza  vi- 
vificadora de  estas  sombrías  soledades,  y  que  algún  día  las  redu- 
cirá á  la  nada,  ¿se  llama  contemplación  estéril?  Consagrar  el 
recogimiento  en  el  otoño  de  la  vida,  manchada  quizá  con  extra- 
víos, ó  lacerada  con  amargas  decepciones,  ¿será  faltar  á  su  mi- 
sión ?  ¡  Oh,  el  materialismo  en  todas  sus  partes  ha  de  ser  estúpido, 
avaro,  egoísta,  ridículo  y  ramplón! 

¿Querrá  negarse  la  verdad  de  la  palabra  de  Cristo,  que  man- 
daba orar  y  lo  enseñaba  con  su  ejemplo  retirándose  él  mismo  al 
desierto  por  largos  períodos?  Quien  tal  hiciere  no  es  católico,  ni 
español,  ó  lo  será,  cuando  más,  espúreo  y  degenerado. 

¿Qué  eran  estas  rocas  y  estas  breñas  antes  que  la  religión  las 
fecundara?  ¿Qué  son  hoy  en  día  respecto  de  lo  que  fueron?  ¿Qué 
serán  quizá  dentro  de  pocos  años,  si  les  falta  la  generosidad  del 
dueño  que  aún  las  sostiene,  pasando  á  manos  de  avaros  especu- 
ladores ó  de  administradores  negligentes?  ¡Oh,  tú  que  vienes  á 
visitar  esta  agreste  é  imponente  soledad :  si  eres  católico,  contem- 
pla; si  eres  protestante,  admira;  si  eres  necio,  calla;  si  eres  impío, 
puesto  que  eres  dos  veces  necio,  calla  y  vete  luego!» 

■•  Las  Jurdes. 

Ya  se  dijo  algo  acerca  de  las  Jurdes  y  de  los  j úrdanos  al  ha- 
blar del  fabuloso  descubrimiento  de  las  Batuecas.  Dase  el  nom- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIEURA    DE    FRANCIA.  179 

Lre  de  Jurdes  á  unas  dehesas  que  hay  en  el  valle  mismo  de  las 
Batuecas  y  á  poca  distancia  de  estas.  El  terreno  es  agrio  y  pobre 
en  su  vegetación;  lo  hace  aún  más  ingrato  la  liahilual  indolencia 
y  flojedad  de  sus  habitantes  y  el  gran  atraso  do  civilización  en 
(jue  viven.  Apenas  tienen  trato  alguno  y  no  pocas  veces  al  ver  un 
forastero  huyeu  y  se  esconden  en  sus  casas.  Xo  tienen  médicos 
ni  menestrales  para  los  oficios  más  precisos  de  la  vida;  ellos  se 
curan  eutre  sí  y  á  su  modo  con  plantas  cuyas  virtudes  conservan 
tradicioualmente  como  los  salvajes.  Su  alimento  es,  más  que  te- 
nue y  parco,  pobrísimo,  pues  su  habitual  miseria  no  les  permite 
otra  cosa  que  algunos  fréjoles  y  patatas;  pan  y  leche  muy  raras 
veces  y  éste  de  ínfima  calidad  cuando  lo  comen.  Algnnosde  ellos 
apenas  tienen  idea  de  haber  comido  carne  alguna  vez,  y  ni  aun 
suelen  llevarla  sus  empobrecidos  estómagos. 

En  el  invierno  pasado  han  sufrido  muy  cruel  hambre,  mu- 
riendo muchos  de  miseria  dentro  de  sus  chozas,  pues  no  merecen 
otro  nombre  las  casas  en  que  viven. 

El  primer  pueblo  que  se  encuentra  en  el  valle  siguiendo  el  río 
que  baja  de  las  Batuecas  so  llama  las  Mestasy  es  lo  más  princi- 
pal de  las  Jurdes.  Tiene  una  iglesia  bastante  regular.  Parte  de  la 
expedición  llegó  hasta  allí.  El  catedrático  de  Física  D.  Dionisio 
Barreda,  en  la  memoria  que  acompañó  á  sus  observaciones  baro- 
métricas é  hipsométricas,  recogidas  en  esta  expedición,  hace  esta 
descripción  del  valle  de  las  Jurdes  y  de  sus  habitantes. 

Extiéndese  este  valle  en  la  dirección  de  N.  á  S.  y  siguiendo  la 
corriente  de  las  aguas,  no  lejos  del  arroyo  de  las  Viñas  se  halla 
el  puente  primero  que  conduce  hacia  las  Mestas,  por  el  cual  se 
pasa  á  la  orilla  derecha  del  río,  y  faldeando  la  vertiente  oriental 
del  valle  se  vuelve  á  pasar  aquél  por  el  puente  segundo  con  el  fin 
de  tomar  la  vertiente  occidental,  siendo  acaso  el  desnivel  que  so 
halle  entre  ambos  puentes  y  caminando  á  corta  distancia  de  las 
aguas  que  recorren  el  fondo  del  valle.  Estréchase  éste  sobre  ma- 
nera en  el  trayecto  anterior  empezando  á  ensancharse  desde  el 
segundo  puente  hasta  las  Mestas.  Para  llegar  hasta  este  punto 
hay  que  ascender  bastante  sobre  la  vertiente  occidental,  bajando 
en  seguida  proporcionalmente.  Descúbrense  desde  el  camino  los 
variados  accidentes  del  terreno  y  la  carencia  del  cultivo.  Algunas 


480  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORLA.. 

descuidadas  praderas,  algunos  olivos  casi  abandonados  á  sí  mis- 
mos, y  pocas  castañas  raquíticas  forman  su  vegetación.  La  sole- 
dad de  los  áridos  desiertos  es  la  que  allí  reina,  y  hasta  las  aves 
parécenos  han  huido  de  aquellos  sitios,  no  habiendo  escuchado  el 
menor  trino  ni  visto  pájaro  alguno  en  todo  el  espacio  que  media 
desde  el  puente  primero  hasta  las  Mestas. 

Es  "el  pueblo  de  bis  Mestas  el  primero  que  se  encuentra  en 
aquella  dirección  y  pertenece  ya  á  la  provincia  de  Cáceres,  cuyos 
h'mites  con  la  de  Salamanca  se  hallan  en  el  puente  segundo  ya 
mencionado.  Sus  habitantes,  lo  mismo  que  los  que  se  hallan  es- 
parcidos por  aquellas  montañas,  son  los  conocidos  por  los  Jur- 
danos,  sobre  cuya  educación  atrasada  y  sus  costumbres  se  cuen- 
tan tantas  consejas,  verdaderas  algunas  y  supuestas  la  mayor 
parte.  Dedicados  á  la  vida  pastoril  no  se  ocupan  en  el  cultivo  de 
la  tierra,  y  sus  ganados  y  colmenas  forman  toda  su  riqueza.  Estas 
ocupaciones  y  las  pocas  necesidades  que  se  crean  y  su  falta  de 
comunicación  con  los  habitantes  de  los  valles  circunvecinos  les 
dan  un  carácter  tosco,  rudo  y  semi-idiota  y  hasta  enfermizo  y  de- 
gradado por  su  falta  de  higiene. 

Ocupa  el  pueblo  una  corta  meseta  que  se  eleva  á  la  orilla  dere- 
cha del  río,  y  el  poco  terreno  cultivado  que  se  observa  en  sus 
contornos  revela  lo  que  pudieran  ser  si  la  mano  inerte  hoy  de 
sus  habitantes  le  trabajase  como  trabajan  otros  más  ingratos,  de 
peores  condiciones  y  clima,  los  montañeses  de  Asturias,  de  Gali- 
cia, de  Cataluña  y  Vizcaya.  No  será  fácil  que  se  borre  tan  pronto 
de  mi  memoria  el  triste  cuadro  que  á  las  inmediaciones  de  la 
iglesia  formaban  en  torno  nuestrO;  aquellos  famélicos  habitantes 
andrajosos,  sucios,  enfermos  y  semi-idiotas. 

La  Peña  de  Francia. 

Dase  es  le  nombre  á  un  elevado  cerro  á  distancia  de  doce  leguas 
de  Salamanca  y  una  de  Alborea. 

Su  elevación  es  de  1.482, 4  metros,  según  las  alturas  que  lomó 
y  experimentos  que  hizo  el  catedrático  de  Física  D.  Dionisio  Ba- 
rreda. Descúbrese  desde  muy  lejos,  y  domina  con  su  elevación  á 
la  serranía  de  Francia  á  la  que  da  nombre.  Cuál  fuera  la  etimolo- 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIEHRA    DE    FRANCIA.  181 

gía  de  éste  se  ignora.  Dícese,  no  se  sabe  con  qué  fundamento, 
que  habiendo  poblado  por  allí  algunos  franceses  de  los  que  vi- 
nieron con  D.  Ramón  de  Borgoña,  á  cuya  mujer  D."  Urraca  ?<? 
dio  el  señorío  de  Salamanca  y  su  país,  dieron  á  esla  sierra  y  peña 
el  nombre  de  su  país  natal. 

La  cima  de  esta  montaña  se  halla  la  mitad  del  año  cubierta  de 
nieve.  El  aire  es  muy  raso  y  sutil,  y  los  vecinos  de  los  pueblos 
inmediatos  decían  que  los  frailes  no  podían  criar  gallinas  en  el 
convento  porque  morían  al  poco  tiempo  de  estar  en  él.  Desde  su 
alta  cumbre  se  descubre  toda  la  provincia  de  Salamanca  y  aun 
las  entradas  de  Zamora,  Ávila,  Burgos  y  Portugal. 

Por  la  parte  de  Oriente  y  en  el  sitio  donde  se  descubri(3  la  ima- 
gen de  la  Virgen,  la  peña  eslá  tajada  en  una  elevación  de  200 
varas  no  pudiendo  asomarse  sin  horror  á  tal  precipicio. 

No  pocas  veces  mientras  las  nubes  descargan  las  lluvias  sobre 
los  campos  á  la  falda  de  la  montaña,  gózase  en  ésta  del  sol  y  se- 
renidad, viéndose  desde  el  convento  los  relámpagos  y  exhalacio- 
nes que  rasgan  las  nubes,  y  oyéndose  las  detonaciones  á  la  parte 
de  abajo. 

Mas  otras  veces  los  vapores  circundan  el  monasterio  y  la  cima 
de  la  montaña,  y  el  espectáculo  en  tales  casos  solía  ser  muy  poco 
halagüeño,  rodeados  los  habitantes  de  electricidad. 

En  1827  una  espesa  y  amenazadora  nube  circundó  el  monaste- 
rio el  día  7  de  Setiembre,  á  la  sazón  que  la  gran  plaza  del  con- 
vento se  hallaba  llena  de  la  mucha  gente  que  á  la  feria  había 
concurrido.  Desde  los  pueblos  inmediatos  vieron  con  terror  aque- 
lla negra  nube  envolver  á  la  blanca  masa  del  convento,  que  se 
destacaba  en  la  cima.  El  relámpago  hendió  el  aire,  y  sin  inter- 
misión apenas  retumbó  el  trueno  y  la  campana  del  convento  sonó 
cual  si  pidiera  socorro.  Acudieron  de  los  pueblos  inmediatos  y 
hallaron  un  espectáculo  horroroso;  la  descarga  eléctrica  había 
matado  siete  personas  y  varios  animales,  otras  se  hallaban  heri- 
das ó  medio  asfixiadas:  ninguno  de  cuantos  había  en  la  feria  y 
en  el  convento  habían  dejado  de  sentir  el  sacudimiento  eicctrico. 

"Un  sujeto  que  se  hallaba  allí  me  refirió  que  tres  minutos  an- 
tes acababa  de  oir  una  blasfemia  en  boca  de  uno  de  los  muertos 
por  el  rayo,  quejándose  de  lo  poco  que  vendía. 


182      BOLETÍN'  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORIA. 

La  Virgen  de  la  Peña  de  Francia. 

La  Sierra  de  Fnuicia  era  uno  de  los  distritos  más  monástica- 
mente poblados  de  España. 

Al  Mediodía  tenía  las  Batuecas,  al  Poniente' la  Peña  de  Fran- 
cia con  SQS  dos  conventos;  más  allá,  y  al  frente  en  la  opuesta  cor- 
dillera el  monasterio  del  Zarzoso  y  el  convento  de  franciscos  de 
Nuestra  Señora  de  Gracia;  estos  cuatro  conventos  estaban  en  un 
cuadro  de  unas  cuatro  leguas  escasas. 

Entre  todos  ellos  sobresalía  el  convento  de  la  Peña  de  Francia, 
por  su  nombradla,  su  riqueza,  su  antigüedad,  elevación  y  tradi- 
ciones. Hé  aquí  su  origen,  según  estas  refieren  copiándola  al 
efecto  de  una  obra  que  relata  el  nuevo  en  pocas  palabras,  con  la 
candorosa  sencillez  con  que  escribían  acerca  de  estas  cosas  nues- 
tros antepasados  (1).. 

Hacia  el  año  1434  se  presentó  en  Salamanca  un  extranjero  lla- 
mado Simón  Vela.  Llamóse  así  porque  estando  en  Paris  se  le 
apareció  tres  veces  c?.  sueños  la  Virgen  diciéndole  que  velase,  y 
como  la  Virgen  le  decía  :  Simón  vela,  de  ahí  le  quedó  el  nombre 
de  Simón  Vela.  Díjole  la  gran  Reina  que  buscase  la  Peña  de 
Francia,  que  en  ella  haría  su  santa  imagen.  Salióse  de  Paris  y 
fuese  en  busca  de  la  Peña,  en  cuya  empresa  empleó  más  de  siete 
años,  hasta  que  encontrando  unos  carboneros  que  decían  iban  á 
hacer  carbón  á  la  Peña  de  Francia,  siguiólos,  y  llegando  á  la  Peña 
se  quedó  una  noche  allí,  donde  le  cayó  una  piedra  en  la  cabeza, 
que  hiriéndole  le  maltrató  no  poco  y  oyó  una  voz  que  decía: 
«Donde  vieres  la  piedra  teñida  con  tu  propia  sangre,  cava  y  allí 
hallarás  lo  que  buscas. «  Así  faé  que  halló  una  imagen  hermosí- 
sima, y  aunque  Simón  curó  de  la  herida,  queda  hoy  en  el  día  en 
la  calavera  un  grande  hueco. 

Hasta  aquí  la  piadosa  tradición.  La  crítica  tiene  que  mostrarse 
algo  benigna  con  estas  sencillas  nai-raciones  de  nuestros  padres, 
con  que  se  vestía  á  veces  el  origen  de  ciertas  cosas,  cuya  verda- 


(I)  Ano  virgíneo.  Tom.  ir.,  pág.  309.— Había  además  una  historia  de  la  Virgen  de  la 
Peña  que  refería  su  desculjrimiento  y  milagros.  Esta  obra  es  ya  muy  rara  hoy  en  día. 
Fué  escrita  por  Fr.  Juan  Telilla  y  aumentada  por  Fr.  Juan  Gil  Godoy. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA   Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  18.5 

dera  procedencia  ya  no  es  fácil  averiguar;  y  como  por  o  Ira  parte 
son  de  poca  trascendencia  histórica,  á  nadie  perjudican,  y  aun  el 
analizarlas  pudiera  causar  escándalo  entre  la  gente  sencilla,  pre- 
ciso es  contentarse  con  narrar  sin  discutir. 

Mas  con  lo  que  no  se  puede  convenir,  es  con  lo  que  asegura 
el' piadoso  morador  de  ser  una  hermosísima  imagen.  Claro  es  que 
al  hombre  piadoso  y  al  católico  ilustrado,  poco  le  importan  la  ma- 
yor ó  menor  belleza  y  perfección  de  la  escultura.  Gomo  no  ter- 
mina su  culto  en  la  materia,  sino  en  otra  más  elevada  idea  que 
aquella  representa  á  los  sentidos,  poco  le  importan  la  calidad  y 
precio  de  la  materia  ni  la  mayor  ó  menor  belleza  de  su  forma, 
pues  á  través  de  ella  distingue  su  mente  otras  más  perfectas  y  ce- 
lestes. 

Mas  el  artista  no  transige  fácilmente  con  estas  apreciaciones, 
y  en  efecto,  la  efigie  hallada  por  Simón  Vela,  no  pasado  ser  una 
escultura  tosca  del  sig-lo  x  al  xiii,  con  la  cara  aplastada,  las 
narices  postizas  y  casi  triangulares;  y  como  por  otra  parte  el 
bermellón  con  que  estuvo  abundantemente  confeccionada  la  en- 
carnación, se  ha  oxidado,  resulta  un  color-  negruzco  y  de  mal 
efecto,  como  en  otras  muchas  efigies  antiguas. 

Su  escultura  es  coetánea  del  Cristo  de  las  Batallas,  que  fué  del 
Cid,  y  que  hoy  en  día  se  venera  en  la  catedral  de  Salamanca. 
Aún  tiene  algo  de  parecido  á  la  otra  efigie  de  bronce  de  Nuestra 
Señora  de  la  Vega  la  patrona  de  Salamanca,  que  hoy  en  día  se 
halla  colocada  en  el  camarín  del  altar  mayor  de  la  iglesia  de  San 
Esteban, 

Yo  creo  que  tanto  la  efigie  de  Nuestra  Señora  de  la  Peña  de 
Francia,  como  las  otras  que  Simón  Vela  encontró  en  aquel  sitio, 
fueron  conducidas  allí  por  los  cristianos  del  país,  durante  la  in- 
vasión de  Almanzor,  ó  algunas  otras  de  aquellas  en  que  los  ára- 
bes talaron  con  harta  frecuencia  las  comarcas  de  Zamora  y  Sala- 
manca. Es  de  presumir  que  los  cristianos  del  país  tratasen  de 
aprovechar  aquella  eminencia  donde  fácilmente  podían  guaj-darse 
y  encastillarse  contra  los  árabes  ,  defendiéndose  pocos  contra 
muchos,  y  que  al  trasladarse  allá  con  sus  lares ,  no  olvidaran 
tampoco  sus  penates,  ó  hablando  cristianamente  las  efigies  de  su 
devoción.  Quizá  próximos  á  sucumbir  en  aquellas  enriscadas  for- 


184  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORL-V. 

talezas  t)ajo  el  alfanje  agai-eno  escondieran  aquellas  en  la  Sierra, 
para  evitar  su  profanación,  dejando  á  cargo  de  la  Providencia  el 
descubrirlas  si  ellos  morían. 

Esto  no  pasa  de  una  conjetura,  pero  harto  verosímil;  y  que  es 
la  clave  de  tantas  efigies  antiguas,  descubiertas,  ó  aparecidas  en 
España.  Ello  es  que  no  lejos  del  sitio  donde  hallara  aquella  efigie 
Simón  Vela,  encontró  también  otra  de  Cristo  crucificado  y  otras 
de  Santiago  y  San  Andrés,  que  en  sus  correspondientes  ermitas 
se  veneraban,  cabe  el  convento,  en  los  sitios  que  la  tradición  de- 
signaba como  puntos  de  su  hallazgo  respectivo. 

Ermita  de  Nuestra  Señora  la  Blanca. 

Cuatro  son  los  edificios  principales  que  coronan  la  cúspide  de 
la  Peña  de  Francia,  á  saber:  la  iglesia  de  Nuestra  Señora  la 
Blanca,  la  iglesia,  el  convento  y  la  hospedería:  hállanse  estos 
unidos  por  medio  de  un  pórtico  sostenido  sobre  esbeltas  colum- 
nas de  piedra  berroqueña  que  forman  con  los  citados  cuatro 
edificios  una  plaza  anchurosa,  aunque  irregular. 

El  primero  que  se  encuentra  en  ella  es  la  iglesia  de  Nuestra 
Señora  la  Blanca.  Es  una  linda  iglesia  gótica  plateresca,  sencilla, 
pero  elegante  y  sólida.  Construyóse  sobre  el  mismo  sitio  donde 
se  encontró  la  Virgen.  Bájase,  á  esta  por  una  angosta  escalera, 
(jue  termina  en  una  covacha  cavada  en  la  peña,  y  cuyo  único 
adorno  es  el  de  un  altar  sencillo  de  piedra  berroqueña  con  un 
bajo  relieve  de  lo  mismo. 

Esta  iglesia  se  está  habilitando  ahora  para  volver  la  Virgen  al 
sitio  de  su  aparición,  por  Real  orden  de  10  de  Abril  de  185G,  para 
cortar  de  este  modo  las  rencillas  de  los  pueblos  comarcanos  qne 
en  estos  últimos  años  pasaron  ya  á  vías  de  hecho,  en  medio  de  los 
disturbios  políticos. 

Las  bóvedas  de  la  iglesia  han  resistido  á  la  acción  del  tiempo 
y  de  las  nieves,  á  pesar  de  haberlas  tenido  sin  techo  por  espacio 
de  más  de  veinte  años.  Son  todas  de  piedra  berroqueña,  y  en  las 
claves  de  sus  arcos  se  ve  el  monograma  de  Simón  Vela  (S.  cru- 
zado con  V.]  altcrnaado  con  las  armas  de  Castilla  y  León. 


EXPEDICIÓN   CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE   FRANCIA.  185 

Iglesia  y  convento  de  dominicos  de  la  Peña  de  Francia. 

* 
No  era  en  el  sitio  de  su  aparición  donde  se  colocó  á  la  Virgen, 

sino  en  la  grandiosa  iglesia  que  al  efecto  erigieron  los  frailes  de 

Santo  Domingo. 

Al  verificarse  aquella,  los  obispos  de  Salamanca,  Ciudad- Ro- 
drigo y  Coria  se  disputaron  la  posesión  de  la  ermita  construida 
por  Simón  Vela.  En  efecto,  la  Peña  de  Francia  está  enclavada  en 
el  punto  de  convergencia  de  los  tres  obispados. 

Para  evitar  disputas  D.  Juan  II  dio  la  Virgen  al  orden  de  Pre- 
dicadores, de  que  era  muy  devoto,  por  contar  á  Santo  Domingo 
de  Guzman  entre  sus  ascendientes.  Al  mismo  tiempo  dio  al  Prior 
el  señorío  temporal  de  toda  la  cúspide  de  aquella  montaña,  vi- 
niendo de  este  modo  á  formarse  allí  por  privilegio  y  Bulas  Pon- 
tificias un  Priorato  exento  y  veré  nullius  con  jurisdicción  espiri- 
tual y  temporal,  que  ejerció  el  Prior  hasta  el  tiempo  de  la  ex- 
claustración. Esto  contribuyó  á  dar  gran  importancia  al  convento, 
priorato  é  iglesia,  á  la  que  la  devoción  hizo  afluir  on  breve  gran- 
des riquezas  y  no  pocos  privilegios. 

La  iglesia  es  gótica  y  de  tres  naves  espaciosas,  cada  una  de 
ellas  de  cinco  arcos  por  lado.  La  longitud  de  la  iglesia  es  de  140 
pasos  por  70  de  ancho.  La  capilla  mayor  tenía  una  imperfección 
notable,  pues  el  arco  toral  que  la  daba  entrada  se  hallaba  refor- 
mado con  un  machón,  ó  contrafuerte  que  desfiguraba  la  capilla 
mayor  haciendo  que  ésta  no  correspondiese  exactamente  al  centro 
de  la  nave. 

Fuera  destrozo  causado  por  el  rayo,  ó  por  la  acción  incesante 
del  tiempo,  ello  es  que  el  remiendo  echado  á  la  capilla  mayor  la 
afea  extraordinariamente.  Por  otra  parte  el  coro,  el  pulpito  y 
otros  varios  adornos  eran  de  gusto  m^oderno  y  desdecían  del  resto 
de  la  iglesia.  Este  se  halla  tan  destrozado  en  todos  conceptos,  que 
es  ya  casi  imposible  su  reparación.  No  se  comprende  cómo  á  tal 
altura,  y  con  la  devoción  que  inspiraba  aquel  recinto  en  los  pue- 
blos haya  hecho  allí  tantos  estragos  el  vandalismo  impío. 

Otro  tanto  sucede  en  el  convento  del  cual  apenas  quedan  las 
paredes  y  una  puerta  gótica  del  tiempo  de  su  fundación,  á  me- 
diados del  siglo  XV.  Del  mismo  tiempo  es  la  hospedería  sobre  cuya 

TnyfO  ni.  13 


18G      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA.  DE  LA  HISTORIA. 

puerta  campea  el  escudo  de  D.  Juan  11.  Allí  encontraban  franca, 
gratuita  y  generosa  acogida  cuantos  peregrinos,  devotos  y  viaje- 
ros concurrían  á  visitar  la  Virgen.  Más  de  cuarenta  personas  se 
refugiaron  allí  durante  el  cólera  de  1834  por  espacio  de  cuatro 
meses  y  se  vieron  libres  de  aquel  azote.  Una  de  ellas  era  D.  Juan 
Nicasio  Gallego. 

Poco  tiempo  después,  estando  los  religiosos  cantando  vísperas, 
llegaron  sesenta  nacionales  de  Sequeros,  y  apoderándose  de  la 
iglesia  cargaron  la  Virgen  y  sus  alhajas  en  unas  cestas  y  la  ba- 
jaron á  su  puelDlo.  Los  religiosos  quedaron  llorando  su  desampa- 
ro. Al  saberlo  los  de  la  Alberca  tocaron  á  somatén  y  se  armaron 
más  de  300  hombres  para  salir  á  quitarles  la  Virgen.  A  duras 
penas  logró  el  párroco  contenerlos  ofreciendo  que  se  remediaría 
todo  por  medios  legales,  ello  es  que  la  Virgen  de  la  Peña  quedó 
encerrada  y  casi  oculta  por  muchos  años  en  el  camarín  de  la  Vir- 
gen del  Robledo,  con  harto  disgusto  de  los  pueblos  inmediatos, 
que  por  estas  y  otras  causas  se  declararon  en  hostilidad  abierta 
contra  Sequeros. 

Las  cosas  llegaron  á  tal  extremo  que  en  1854  más  de  500  hom- 
bres de  la  Alberca  marcharon  armados  contra  Sequeros,  dispues- 
tos á  entrar  á  viva  fuerza  en  el  pueblo  y  arrancarles  la  efigie  de 
la  Virgen  si  buenamente  no  la  querían  entregar. 

De  allí  fué  conducida  á  la  Alberca,  donde  actualmente  está.  El 
dia  13  de  Agosto  de  este  año  se  principió  la  obra  para  la  rehabili- 
tación de  la  linda  iglesia  de  Nuestra  Señora  la  Blanca,  donde  se 
la  va  á  colocar  de  Real  orden  para  evitar  las  rencillas  entre  los 
pueblos  comarcanos.  Al  mismo  tiempo  se  le  habilitará  una  parte 
de  la  hospedería  á  fin  de  que  sirva  para  habitación  del  capellán  y 
dos  ermitaños,  á  quienes  se  permitirá  pedir  limosna  para  el  culto 
de  la  Virgen  y  manutención  de  ellos. 

Cuando  los  frailes  ocupaban  el  convento,  en  llegando  á  Todos 
Santos,  dejaban  allí  dos  ó  tres  individuos,  para  custodiar  la  Vir- 
gen, y  el  resto  de  la  comunidad  se  bajaba  á  otro  monasterio,  que 
tenía  poco  separado  de  las  faldas  de  la  Peña  donde  se  subían  pe- 
riódicamente algunas  provisiones  álos  que  habían  quedado  arri- 
ba reclusos  y  casi  en  tinieblas  entre  la  uieve  que  durante  muchos 
meses  euvuelve  totalmente  el  monasterio. 


EXPEDICIÓN    CIENTÍFICA    Á    LA    SIERRA    DE    FRANCIA.  187 

Sequeros. 

Salimos  de  la  Al])erca  el  domingo  por  la  tarde  para  Sequeros. 
El  camino  para  esta  villa  es  agrio,  pero  pintoresco,  principal- 
mente antes  de  llegar  á  Mogarraz  y  en  la  hondonada  de  un  valle 
que  hay  entre  este  pueblo  y  el  de  las  Gasas  del  Conde.  Este  se 
halla  situado  en  un  cerro  de  bastante  elevación.  A  la  salida  del 
pueblo  que  está  á  la  mitad  de  la  cuesta,  hay  una  subida  suma- 
mente agria  y  pendiente,  donde  las  caballerías  resbalan  con 
facilidad. 

En  lo  más  alto  del  cerro  está  Sequeros  en  una  planicie  muy  pin- 
toresca, y  domina  todo  el  país  circunvecino,  como  en  un  vasto 
panorama.  El  nombre  se  deriva,  según  dicen,  de  los  secaderos  ó 
sequeros,  de  castaña  que  en  él  había. 

Esta  villa  fué  hasta  1756  dependiente  de  Miranda  del  Castañar, 
cabeza  del  coudado  de  Miranda  y  de  toda  aquella  tierra.  A  fin  de 
emanciparse  de  aquella  acudieron  al  Consejo  de  Castilla  donde 
se  siguió  un  expediente  ruidoso,  en  que  probaron  que  los  de  Mi- 
randa los  tenían  tiranizados,  que  les  exigian  tributos  indebidos, 
les  llevaban  las  mieses  y  no  se  las  pagaban  á  los  del  pueblo,  y 
les  hacían  otros  muchos  desafueros.  Con  esta  prueba,  y  el  pago 
de  23.823  reales  20  maravedises  y  de  otros  muchos  gastos  y  gajes 
lograron  que  se  declarase  á  Sequeros  villa  por  si  y  sobre  sí  al  te- 
nor de  la  administración  de  entonces  con  alcaldes  y  ayuntamien- 
tos propios  y  derecho  de  llevar  varas  levantadas  que  vino  á  traer- 
las desde  Madrid  un  alcalde  enviado  por  el  Consejo. 

El  expediente  es  muy  curioso,  y  se  conserva  original  en  el  pue- 
blo. El  Consejo  al  motivar  la  sentencia  dice  que  lo  hace  para  ma- 
yor prosperidad,  aumento  y  población  de  la  villa,  y  en  efecto, 
desde  entonces  ha  prosperado  tanto  que  en  el  día  es  cabeza  de 
partido  y  juzgado  de  primera  instancia,  y  uno  de  los  pueblos  im- 
portantes de  la  provincia  de  Salamanca. 

La  Virgen  del  Robledo. 

Al  llegar  á  Sequeros  descúbrese  lo  primero  la  Virgen  del  Ro- 
bledo, ó  del  Robledal,  en  una  posición  muy  pintoresca,  rodeada 


188  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

de  robles  y  cipreses,  y  desde  la  cual  se  descubre  una  hermosa 
perspectiva  por  toda  la  extensión  de  las  faldas  de  la  sierra. 

Aparecióse  esta  Virgen  á  una  joven  de  Sequeros  llamada  Juana 
Hernández,  hija  de  Santos  Hernández,  arriero,  doncella  suma- 
mente piadosa  que  vivia  á  principios  del  siglo  xv  y  es  teñida  con 
veneración  en  aquella  villa.  Murió  diez  años  antes  de  la  venida 
de  Simón  Vela,  siendo  de  edad  de  unos  30  años.  Al  irla  á  ente- 
rrar, se  incorporó  en  el  ataúd  y  para  consolar  á  sus  padres,  que 
según  la  costumbre  de  entonces,  acompañaban  al  funeral,  les  va- 
ticinó que  dentro  de  pocos  años  se  hallaría  una  efigie  que  seria 
el  consuelo  de  aquel  país. 

Este  milagro  estaba  pintado  en  uno  de  los  cuadros  que  decora- 
ban el  altar  mayor  de  la  Peña  de  Francia.  La  calavera  de  la  pro- 
fetisa Juana  (que  así  la  llamaban  en  el  pueblo]  se  enseña  en  la 
iglesia  del  Robledo  en  una  caja  de  cristal,  y  los  documentos  rela- 
tivos á  este  prodigio,  se  conservan  en  un  arca  de  la  sacristía. 

En  la  misma  sacristía  se  enseñan  también  en  otra  urna  de  cris- 
tal los  huesos  y  calavera  de  Simón  Vela.  Esta  conserva  todavía  un 
agujero  en  el  ocipucio  que  dicen  le  hizo  la  Virgen  con  la  piedra 
que  le  cayó  encima  de  la  cabeza  cuando  estaba  durmiendo.  No 
se  concibe  cómo  pudiera  vivir  con  tal  rotura,  y  es  seguro  que 
nadie  se  condenará  aunque  no  lo  crea. 

La  iglesia  del  Robledar  es  linda  y  espaciosa  y  aunque  está  faera 
del  pueblo,  es  la  matriz,  y  en  ella  se  hacen  las  principales  fiestas 
y  solemnidades  religiosas.  Para  la  administración  de  sacramentos 
y  demás,  hay  otra  iglesia  en  paraje  más  céntrico  de  la  villa. 

En  esta  además  se  han  construido  últimamente  otros  paseos, 
además  del  ya  citado  de  Robledo,  y  uno  de  ellos  cubierto  y  sirve 
para  las  ferias  y  mercados. 

Convento  de  Santa  María  de  Gracia. 

Al  hablar  de  la  población  monástica  de  la  Peña  de  Francia  se 
citó  ya  el  convento  franciscano  de  Santa  María  de  Gracia.  Este 
se  halla  á  una  legua  al  SE.  de  Sequeros  hacia  la  parte  de  Miran- 
da. En  el  día  no  existe:  su  mérito  artístico  era  nulo,  según 
noticias. 


EXPEDICIÓN   científica    k    LA   SIEllIlA   DE    FRANCIA.  189 

Convento  de  Nuestra  Señora  de  Gracia  en  Tejeda.— Regre- 
so á  Salamanca. 

A  la  salida  de  Sequeros  continúa  presentando  un  aspecto  bas- 
tante ameno  y  halagüeño,  merced  á  las  aguas  que  se  desprenden 
de  las  sierras  inmediatas.  En  el  camino  encontramos  los  pueblc- 
citos  de  Cilleros,  el  Parral,  y  otros  de  muy  poca  importancia. 

Al  traspasar  la  sierra  de  la  Quilama  vuelve  á  encontrarse  el 
anchuroso  valle  de  Tamames.  Al  pió  de  ella  está  el  pueblo  de  Te- 
jeda, en  el  que  había  un  pequeño  y  pobre  convento  de  francis- 
cos cuyo  exterior  promete  harto  poco.  La  suerte  fué  iguala  la  del 
otro  de  Nuestra  Señora  de  Gracia.  Ni  un  libro,  ni  un  papel,  ni 
un  cuadro,  llegó  á  la  Comisión  de  monumentos.  En  Tejeda  había 
un  hermoso  y  fuerte  castillo,  cuyos  ángulos  volaron  los  franceses 
en  la  guerra  de  la  Independencia.  De  Tejeda  en  adelante  se  atra- 
viesan los  pueblos  de  la  Moraleja,  Peralejos,  Vecinos,  Sanchiri- 
cones  y  Aldea  Tejada  vecino  á  Salamanca. 

En  todos  ellos  el  terreno  es  árido  y  sin  verdura  alguna,  des- 
aprovechado en  gran  parte  y  reducido  únicamente  á  tierras  de 
pan  llevar,  medianamente  cultivadas,  y  montes  de  encinas  con 
grandes  claros  en  su  escaso  arbolado. 

Salamanca  1.'  de  Setiembre  de  1857. 

Vicente  de  la  Fuente. 


VARIEDADES. 


DISCUESOS 


PRONUNCIADOS  POR  EL  SR.  RADA  Y  DELGADO  EN  EL  CONGRESO 
INTERNACIONAL  DE  COPENHAGUE. 


Vasos  peruanos. 

Sesión  del  23  de  Agosto. 


Señores: 


He  tenido  el  atrevimieato  de  pedir  la  palabra  en  este  día,  para 
presentar  al  Congreso  diversas  fotografías  de  la  riquísima  y  aca- 
so única  colección  por  su  importancia  y  su  número  de  vasos  pe- 
ruanos que  se  conservan  en  nuestro  Museo  Arqueológico  Nacio- 
nal, pues  aunque  estuvieran  expuestos  al  celebrarse  la  reunión 
anterior  de  este  Congreso,  en  que  mi  querida  patria  tuvo  la  dicha 
de  ver  reunidos  bajo  su  hermoso  cielo  á  los  dignísimos  represen- 
tantes de  las  ciencias  americanistas  en  ambos  hemisferios,  no 
creo  inoportuno  traer  á  este  Congreso  las  reproducciones  fotográfi- 
cas de  algunos  de  los  vasos  más  importantes  de  aquella  colección, 
aunque  no  todos  los  que  yo  hubiera  deseado,  pues  mi  propósito 
ora,  y  espero  que  Dios  me  permitirá  realizarlo,  sacar  reproduc- 
ciones fotográficas  de  todos  ellos  y  enviarlas  á  todos  los  centros 
donde  se  cultiven  estos  importantes  estudios,  para  que  á  manera 
de  próvida  semilla,  esparcida  por  los  vientos  de  la  Providencia, 
haga  brotar  por  lodaá  partes  los  fecundos  y  hermosos  frutos  de 
la  í'ioiicia  V  del  arte. 


VASOS   PERUANOS.  191 

Y  como  la  procedencia  de  los  objetos  antiguos  es  uno  de  los 
más  interesantes  datos  que  puedan  consultar  el  erudito  y  el  ar- 
queólogo para  encontrar  la  verdad,  objeto  supremo  de  toda  inves- 
tigación humana,  comenzaré  por  consignar  la  de  estos  curiosísi- 
mos objetos  que  nos  revelan  un  grado  de  cultura  y  adelanto,  su- 
perior al  que  generalmente  se  ha  concedido  ;t  los  antiguos  ame- 
ricanos. 

Esta  colección  fue  remitida  á  España  en  Noviembre  del  año 
1788,  por  D.  Baltasar  Jaime,  obispo  de  Trujillo;  y  consta  de  más 
de  600  ejemplares,  todos  en  hermoso  estado  de  conservación, 
habiendo  sido  encontrados  en  los  sepulcros  ó  huacas  délos  indios 
gentiles  del  Perú,  siendo  estas  las  únicas  noticias  que  de  su  épo- 
ca y  procedencia  se  conservan;  noticias  que  constan  en  el  archi- 
vo del  antiguo  gabinete  de  Historia  Natural  y  de  antigüedades 
de  Madrid,  creado  en  17  de  Octubre  de  1771,  para  donde  los  re- 
mitió después  de  haberlos  encontrado  y  reunido  con  ilustrado 
celo  el  digno  prelado  español. 

Que  estas  huacas,  y  por  consiguiente  los  vasos  en  ellas  encon- 
trados fueron  anteriores  á  la  conquista  no  puede  ponerse  en  duda. 
La  frase  de  indios  gentiles,  prueba  su  antigüedad,  porque  desde 
los  primeros  tiempos  de  la  conquista  hasta  la  época  en  que  el 
obispo  de  Trujillo  los  remitió  á  España,  se  bautizaban  los  indios 
y  no  se  enterraban  según  sus  antiguos  ritos,  sino  con  arreglo  á 
las  prácticas  de  sus  conquistadores.  Las  relaciones  ó  historias  de 
aquel  período,  siempre  que  se  refieren  á  hechos  anteriores  á  la 
conquista,  dicen:  cuando  vivían  los  naturales  en  su  gentilidad. 
Además  con  la  conquista  decayó  rápidamente  la  civilización  pro- 
pia y  peculiar  de  los  indios,  y  no  era  posible,  ni  lo  atestigua  dato 
alguno,  que  después  de  la  ruina  de  los  imperios  peruano  y  meji- 
cano continuase  la  cerámica  en  el  mismo  grado  de  esplendor  que 
tenían  las  artes  americanas,  cuando  llegaron  al  Nuevo  Mundo  los 
españoles.  Ahora,  fijar  la  época  determinada  á  que  estos  vasos 
pertenecen  dentro  del  período  en  que  gobernaron  las  comarcas 
peruanas  los  descendientes  de  Manco  Gapac  es  en  extremo  difícil, 
y  en  mi  juicio  no  tenemos  datos  bastantes  para  poder  hacerlo. 
Lo  que  sí  pufede  asegurarse  es  que  los  numerosos  vasos  peruanos 
que  nos  ocupan,  dan  elocuente  testimonio  del  estado  de  perfección 


192      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

á  que  habían  llegado  las  artes  plásticas  en  ciertos  pueblos  de 
América,  así  en  la  parte  industrial  como  también  en  la  artística. 
La  finura  del  barro  y  de  las  delicadas  arcillas  bucarinas  de  que 
están  formados,  revelan  el  esmero,  perfección  é  inteligencia  en 
el  molido  de  tierras  cerámicas,  que  es  una  de  las  principales 
partes  de  esta  artística  industria,  así  como  el  verdadero  gusto 
artístico  de  sus  autores,  la  copia  de  seres  animales  y  vegetales, 
tan  perfectamente  caracterizados  que  no  puede  caber  duda  algu- 
na acerca  del  animal  ó  planta  qae  quisieron  representar. 

Con  razón  se  ha  dicho  que  podrían  estudiarse  la  Zoología  y 
Botánica  peruanas  por  estos  interesantes  productos  de  su  antigua 
cerámica.  Así  vemos  entre  estos  vasos  reproducidos  cuadrúpe- 
dos como  el  mono  (BatzJ^  la  ardilla  (Cuz),  la  zorra  fParJ,  el 
zorro  ó  venado  (QuechJ  j  el  perro  (TziJ,  siendo  muchas  las  va- 
riedades de  reptiles  y  peces,  de  camarones  fOtz),  de  que  conocían 
varias  especies,  y  la  culebra  (Kau).  Entre  las  varias  aves  repro- 
ducidas se  ve  el  (Luch)  ó  águila  negra,  el  (Pich)  ó  mochuelo,  el 
(Tzotz)  ó  murciélago,  el  (üt)  ó  paloma,  el  (Vac)  ó  gavilán  ,  el 
fXoch)  ó  lechuza,  el  (Butz)  ó  tordo,  y  otras  diversas  aves.  Pero 
entre  todas  las  representaciones  de  seres  zoológicos  la  más  intere- 
sante que  aparece  en  estos  vasos,  es  la  del  hombre,  que  se  ve  en 
diversas  actitudes,  revelándonos  diversos  usos  y  costumbres, 
algunas  de  las  cuales  habían  sido  negadas  por  partidarios  enco- 
miásticos de  los  indios,  en  contra  del  testimonio  de  otros  verídicos 
escritores  también  españoles  que  florecieron  en  la  época  de  la 
conquista. 

Así  vemos  en  estos  vasos  representaciones  de  guerreros  y  de 
sacerdotes,  y  de  indios  que  marchan  al  trabajo  llevando  al  hom- 
bro los  instrumentos  necesarios  para  el  mismo;  entre  los  cuales 
llama  extraordinariamente  la  atención  uno  en  que  el  indio  lleva 
al  hombro  un  hacha  de  piedra,  exactamente  igual  á  las  que  de 
aquella  misma  procedencia  se  conservan  en  nuestro  Museo,  y  en 
una  especie  de  zurrón  otras  varias  y  azuelas  de  la  misma  clase. 
Este  curiosísimo  vaso,  que  he  publicado  en  la  obra  que  fundé  y 
dirijo  con  el  título  de  uMuseo  Español  de  antigüedades^)^  demues- 
tra una  vez  más  qué  la  llamada  aEdad  de  Piedra»,  no  marca  una 
época  cronológica  cu  la  historia  de  la  humanidad,  sino  un  perío- 


VASOS   PERUANOS.  l'J'A 

do  de  la  vida  de  los  pueblos,  un  estado  más  ó  menos  primilivu 
de  su  civilización,  período  que  en  unos  se  remonta  á  tiempos  le- 
janos y  en  otros  llega  hasta  la  misma  edad  moderna. 

Otros  vasos  hay  en  que  se  ve  á  un  hombre  conduciendo  á  la  es- 
palda un  gran  búcaro,  igual  á  los  que  se  hacían  en  la  llamada 
Cartagena  de  Indias,  que  también  tenemos  en  nuestro  Museo,  y 
no  faltan  algunos  que  representan  escenas  eróticas  entre  hombres 
y  mujeres  representadas  en  diversas  actitudes,  nada  edificantes 
por  cierto;  y  lo  que  es  peor,  otras  no  ya  eróticas,  sino  de  asqueroso 
vicio  en  que  dos  hombres  están  cometiendo  el  pecado  nefando, 
vasos  que  demuestran  con  cuánta  razón  un  antiguo  escritor  espa- 
ñol de  aquella  época  acusaba  á  los  indios  de  tal  pecado ,  y  cuan 
poco  tenían  los  que  llevados  de  su  irreflexiva  afición  á  los  indios 
negaron  que  entre  ellos  se  conociera  tan  inmundo  vicio. 

Hay  otros,  de  los  que  pueden  llamarse  gemelos  unidos  por  un 
asa  donde  claramente  se  ve  quiso  el  artista  representar  una  mo- 
mia. Este  vaso,  aludiendo  tal  vez  á  su  funerario  destino,  produce 
un  gemido  lastimero  por  la  presión  del  aire  sobre  el  agua  al  co- 
locarle en  determinada  posición.  No  puede  oírse  aquella  especie 
de  doliente  queja,  mirando  al  mismo  tiempo  la  bien  modelada 
cabeza  que  representa  un  difunto  momificado,  sin  que  acuda  al 
instante  ala  memoria  la  idea  del  fúnebre  destino  de  aquel  vaso 
que  probablemente  se  liaría,  como  otros  de  la  misma  clase,  para 
ser  depositado  en  las  huacas  á  manera  de  funeraria  ofrenda  á 
los  manes  queridos,  de  suerte  que  en  todo  tiempo  al  menearse 
repitiese  los  tristes  ayes  que  el  dolor  arranca  por  los  seres  per- 
didos para  siempre  en  la  humana  vida. 

Molestaría  demasiado  la  atención  del  Congreso  si  entrase  á 
descri])ir  las  grandes  variedades  que  en  la  representación  de  la 
figura  humana  se  encuentran  en  estos  vasos,  los  cuales,  como  ya 
he  indicado,  en  la  parte  artística  revelan  notables  adelantos,  pues 
si  bien  es  verdad  que  hay  unos  de  mal  dibujo,  en  cambio  hay 
otros  modelados  hasta  con  perfección,  sobre  todo  en  las  cabezas, 
que  es  la  parte  más  importante  de  la  figura,  cabezas  que  ofrecen 
gran  interés  para  el  estudio  etnográfico,  pues  en  todas  ellas  pueden 
estudiarse  perfectamente  los  rasgos  fisionómicos,  característicos 
de  aquella  raza. 


194  BOLETÍN    DE   LA    REAL   AGADEXUA    DE    LA    HIST0RL4. 

También  hay  vasos,  como  el  primero  de  los  que  figuran  en  la 
adjunta  lámina,  que  parecen  representar  luchas  de  razas.  Vese 
en  el  una  especie  de  jaguar  fantástico,  cuya  cola  remata  en  una 
serpiente;  jaguar  que  sujeta  entre  sus  garras  una  cabeza  de  tipo 
distinto  que  las  expresadas  en  otros  vasos,  y  teniendo  presente 
que  el  jaguar  es  un  animal  con  el  que  se  simbolizan  divinidades 
americanas  y  aun  la  América  misma,  no  sería  aventurado  suponer 
que  el  autor  de  este  vaso  al  presentar  al  jaguar  devorando  entre 
sus  garras  una  cabeza  humana,  hubiera  querido  referirse  al 
triunfo  de  la  raza  indígena  sobre  otras  razas  extranjeras,  ó  acaso 
también  á  los  sacrificios  humanos  ofrecidos  á  ciertas  divini- 
dades. 

También  para  el  estudio  de  las  enfermedades  ofrece  curiosos 
datos  alguno  de  estos  vasos,  pues  los  hay  que  figuran  una  pierna 
completamente  hinchada  casi  hasta  los  dedos,  presentando  el 
mismo  repugnante  aspecto  que  exhiben  las  piernas  de  los  que 
padecen  la  elefantiasis,  enfermedad  terrible  que  he  podido  apre- 
ciar con  frecuencia  en  las  comarcas  de  Oriente  que  he  recorrido. 
Acaso  no  faltará  un  fisiólogo  que  verá  en  esto  un  dato  para 
resolver  que  los  antiguos  americanos  padecieron  tan  terrible 
enfermedad,  producida  por  el  constante  uso,  como  principal  ali- 
mento, del  maíz. 

Dije  que  estos  vasos  se  distinguen  no  solo  por  la  perfección  de 
los  procedimientos  industriales  que  en  los  mismos  se  advierte, 
sino  también  por  la  perfección  que  se  nota  en  el  modelado  de 
algunos  de  ellos;  y  en  efecto,  no  hay  más  que  fijarse  en  las  foto- 
grafías que  acompaño  y  en  la  lámina  del  Museo  que  también 
presento,  para  ver  el  intencionado  estudio  del  natural  que  hacían 
aquellos  artistas. 

Una  circunstancia  he  notado  en  estos  vasos,  digna  de  tenerse 
en  cuenta,  porque  constituye  en  el  día  el  mérito  mayor  en  obras 
de  cerámica  artística,  como  en  otros  muchos  productos  del  arte; 
y  es,  que  no  se  encuentran  dos  idénticos  ni  que  revelen  habe? 
sido  moldeados  ó  repetidos  por  medio  del  molde;  todos  son  ejem- 
plares únicos,  porque  aunque  haya  otros  parecidos,  ninguno 
puede  considerarse  como  repetición  de  su  compañero;  todo  lo 
cual  revela  la  riqueza  de  imaginación  de  aquellos  artistas  y  la 


VASOS  PEiiuANOs.  i;ir> 

facilidad  de  ejecución  que  les  distinguíci,  cuando  no  se  les  ocu- 
rría moldear  los  producios  de  su  arle,  para  repetirlos  con  más 
facilidad. 

En  los  vasos  de  colores  claros  ya  varía  el  sistema  de  ornamen- 
tación, siendo  más  pictórico  que  escultural,  pues  mientras  culos 
negros  predominan  las  figuras  tomadas  del  reino  animal  y  del 
reino  vegetal,  en  estos  el  adorno  lo  forman  zonas,  con  variadas 
formas  geométricas,  siendo  el  color  más  comunmente  empleado 
el  rojizo,  debido  en  mi  juicio  á  óxidos  de  hierro.  Estos  vasos,  como 
dije  en  una  de  las  sesiones  del  Congreso  anterior  de  Madrid,  re- 
cuerdan mucho  los  griegos  del  grupo  que  llaman  unos  oriental  y 
otros  corintio,  y  sobre  todo  por  su  forma  y  por  la  cualidad  de  ge- 
melos que  los  distingue  de  los  chipriotas.  ¿Indicará  esto  anti- 
guas relaciones  ó  mejor  orígenes  griegos, y  fenicios  entre  los 
americanos?  No  es  imposibje  que  existieran;  pero  no  hay  dalos 
bastantes  para  asegurarlo;  y  repito  como  dije  entonces,  que  la 
igualdad  en  los  productos  del  ingenio  humano  no  prueba  rela- 
ciones directas  de  unos  pueblos  con  otros,  sino  que  el  hombre 
colocado  en  la  superficie  de  la  tierra,  en  análogas  condiciones  y 
con  los  mismos  medios  de  acción,  produce  también  de  análoga 
manera.  Gomo  el  castor  y  la  abeja  no  necesitan  que  otros  castores 
ü  otras  abejas  les  enseñen  á  construir  sus  maravillosas  moradas, 
así  también  á  sus  obras  el  espíritu  del  hombre  en  cada  región,  les 
da  sello  especial  y  característico  dependiente  de  mil  causas  que 
no  son  del  momento  examinar,  pero  en  el  fondo  de  las  cuales  se 
ve  siempre  un  foco  de  numen  inteligente,  que  revela  la  indiscu- 
tible unidad  de  la  raza  humana.  El  arte  es  uno  en  la  esencia  y 
múltiple  en  la  forma;  y  como  la  forma  es  la  que  aspira  á  realizar  la 
belleza,  ideal  y  aspiración  de  todo  arte,  el  hombre  la  busca  en  lo 
que  le  rodea,  en  sus  creencias,  en  su  inspiración  interior;  pero 
como  hombre  al  fin  viene  á  coincidir  siempre  en  un  putito,  como 
coinciden  las  fuerzas  todas  de  los  diversos  y  varios  mundos  que 
pueblan  el  espacio  en  un  centro  único  cuyo  nombre  ni  cuya  esen- 
cia es  conocida  todavía,  ni  acaso  lo  sea  nunca ,  pero  de  la  que 
irradian  como  rayos  todos  de  un  mismo  foco  y  con  análogas  con- 
diciones las  invariables  esferas  del  Universo. 

El  estudio  de  los  vasos  de  nuestra  colección,  revela  un  estilo  de 


196  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla.. 

civilización  y  de  cultura,  que  indudablemente  corresponde  al 
apogeo  del  imperio  peruano ,  aquel  imperio  que  tanto  amó  las 
artes  del  lujo,  á  que  corresponde  á  no  dudarlo  la  cerámica  artís- 
tica, artes  suntuarias  que  causaban  la  admiración  de  los  mismos 
conquistadores,  como  lo  demuestra  entre  otros  importantes  testi- 
monios la  Crónica  del  Perú  escrita  á  vista  de  ojos  por  Pedro  Cie- 
za  de  León. 

Difícil  sería  después  de  lo  que  llevo  dicho  entrar  en  la  espinosa 
y,  en  mi  juicio^  no  muy  necesaria  investigación  acerca  de  cuáles 
de  estos  vasos  son  más  antiguos:  si  los  negros  representando 
figuras  diversas  ó  los  de  color  claro  con  diversos  adornos  pintados. 
Si  en  estas  investigaciones  fuera  lícito  presentar  opiniones  sin 
datos  positivos  en  que  apoyarlas,  diría  que,  á  semejanza  de  lo 
que  sucede  con  los  vasos  griegos,  yo  creo  más  antiguos  estos  úl- 
timos que  los  que  representan  figuras;  pero  sí  repito  que  no  me 
atrevo  á  presentar  acerca  de  ello  ni  de  la  verdadera  época  de  estos 
vasos,  conclusión  alguna  absoluta;  pues  siempre  tengo  por  norma 
en  estas  difíciles  investigaciones,  que  vale  más  detenerse  en  una 
prudente  reserva,  é  ir  paso  á  paso  abriendo  la  cerrada  senda  de 
la  investigación,  que  lanzarse  á  afirmaciones  atrevidas  destinadas 
á  verse  desvanecidas  como  el  humo  á  los  primeros  resplandores 
de  severa  crítica. 

Concluyo  rogando  al  Congreso  me  perdone  si  anduve  desacor- 
tado, y  tal  vez  difuso,  y  que  me  juzgue  no  con  la  rigidez  de  la  jus- 
ticia sino  con  la  bondad  de  la  indulgencia,  distintivo  inseparable 
de  la  sabiduría. 


11. 
,  Escritura  maya. 

(Sesión  del  2 i  de  Agosto.) 

Señores: 

Mi  ol)jeto  es  presentar  al  Congreso  terminada  la  traducción, 
que  he  hecho  y  anotado,  de  la  notabilísima  obra  de  M.  Rosny 


ESCRITORA    MAVA.  107 

sobre  la  interpretación  de  los  caracteres  hicráticos  do  Yucatán, 
traducci(3n  cuyos  primeros  pliegos  exhibí  en  el  seno  del  Congreso 
anterior,  y  que  causas  ajenas  á  mi  voluntad  me  han  impedido 
terminar  antes  de  ahora.  No  viene  el  libro  encuadernado,  porque 
no  me  ha  alcanzado  el  tiempo  para  imprimir  el  pnjlogo  que  tengo 
escrito  y  el  primer  apéndice  con  que  adiciono  mi  traducciíjn, 
apéndice  que  contiene,  tomado  directamente  del  original,  el  ma- 
nuscrito de  Diego  de  Lauda,  que  conservamos  cu  nuestra  Real 
Academia  de  la  Historia,  expurgado  de  los  trascendentales  errores 
con  que  lo  dio  ú  luz  Brasscur  de  Bourbourg.  A  los  pocos  días  de 
haber  regresado  á  mi  patria  estará  terminada,  así  lo  espero,  la 
impresión  de  dicho  apéndice  y  del  prólogo,  y  remitiré  ambas  cosas 
al  Sr.  Secretario  general  para  que  complete  esta  obra. 

En  cambio  presento  el  apéndice  II,  que  contiene  un  importan- 
tísimo documento,  hasta  ahora  no  publicado;  el  cual  demuestra 
cómo  los  españoles  usaron  en  los  días  de  la  conquista  la  escritura 
figurativa,  á  la  vez  que  reproducían  en  caracteres  españoles  el 
idioma  del  país  formando  una  especie  de  aljamiado,  con  lo  cual 
conseguían  irse  haciendo  entender  de  los  indios,  y  que  se  fuese 
verificando  lentamente  la  fusión  de  las  dos  razas  por  medio  de 
la  fusión  del  lenguaje  y  de  la  escritura;  lo  cual  demuestra, 
contra  el  común  sentir  de  los  que  calumnian  á  los  españoles,  que 
no  fueron  allá  solamente  en  son  de  destructora  conquista,  sino 
valiéndose  de  medios  profundamente  civilizadores. 

Me  ha  animado  á  emprender  la  difícil  traducción  de  la  obra 
de  M.  Rosny,  el  deseo  de  popularizar  en  mi  patria  los  elementos 
para  la  interpretación  de  los  caracteres  katúnicos,  por  el  único 
racional  y  acertado  que  en  mi  juicio  puede  llevarnos  al  fin  apete- 
cido. Querer  traducir  desdo  luego,  considerando  estos  caracteres 
como  los  rehus  de  nuestros  días,  es  prescindir  de  todo  procedi- 
miento científico  y  exponerse  á  caer  en  los  errores  que  tanto  han 
perjudicado  á  la  fama  tan  justamente  adquirida  por  otros  tra- 
bajos de  M,  Brasseur  y  sus  imitadores.  Para  interpretar  una  es- 
critura desconocida,  hay  que  descubrir  primero  el  sistema  segui- 
do en  la  escritura  misma,  y  después  el  idioma  que  bajo  ella  se 
oculta.  Lo  primero  es  saber  si  hay  en  la  escritura  desconocida 
ideografismo,  simbolismo  ó  fonetismo;  y  hasta  tener  sobre  esta 


198  boletín  de  la  real  acadenha  de  la  historia. 

ideas  ciertas  no  puede  darse  un  paso  adelante.  Este  es  el  gran 
servicio  que  lia  prestado  el  manuscrito  de  Landa,  presentándonos 
los  caracteres  fonéticos  de  los  antiguos  mayas  y  enseñándonos 
la  manera  de  usarlos,,  y  al  mismo  tiempo  diciéndonos  que  tenían 
también  caracteres  figurativos  é  ideográficos. 

Hay  un  pasaje  en  Landa,  en  que  no  se  lian  fijado  los  que  se 
han  ocupado  en  su  alfabeto,  pasaje  que  demuestra  con  brevísi- 
mas palabras  los  tres  elementos  que  componían  su  escritura.  Dice 
así  el  celoso  misionero  español:  Usavan  también  esta  gente  (los 
yucatecos)  de  ciertos  caracteres  ó  letras  con  las  quales  escrihian 
en  sus  libros  sus  cosas  antiguas^  y  sus  sciencias,  y  con  ellas  y 
FIGURAS  y  ALGUNAS  SEÑALES  en  Itts  figuras,  entendían  sus  cosas  y  las 
daban  á  entender  y  enseñaban.  Vemos  pues  que  tenían  caracteres 
figurativos  (y  figurasj,  caracteres  ideográficos  fy  algunas  señales 
en  las  figuras)^  y  caracteres  fonéticos  (ciertos  caracteres  ó  letras). 
No  puede  darse  mayor  claridad  en  la  enunciación  del  sistema  de 
escritura  de  los  antiguos  yucatecos.  Constaba,  pues,  de  los  mis- 
mos tres  elementos  que  consta  la  escritura  egipcia,  y  todo  el  se- 
creto está  en  comprender  la  manera  con  que  combinaban  estos 
tres  elementos.  Teniendo  presente  este  importante  pasaje  del  ma- 
nuscrito de  Landa,  desaparece  la  extrañeza  que  al  mismo  M.  de 
Rosny  produce  el  no  encontrar  en  los  códices  yucatecos,  que  po- 
seemos, palabras  que  puedan  leerse  solo  fonéticamente  ó  mejor 
dicho  alfabéticamente,  porque  en  la  com])i nación  de  los  tres  ele- 
mentos de  su  escritura  está  el  misterio,  que  todavía  por  desgracia 
no  hemos  podido  descubrir  por  completo.  Acaso  la  aplicación  del 
fonetismo  ó  alfabetismo  puro  lo  empleasen  solo  para  las  palabras 
que  representan  ideas  abstractas,  y  que  por  lo  tanto  no  pueden 
fácilmente  expresarse  por  medio  de  signos  figurativos  directos 
ni  aun  convencionales  ó  ideográficos.  Asi  vemos  que  el  ejemplo 
citado  por  Landa,  escrito  con  caracteres  fonéticos 

ma  in  ka  ti, 

expresa  una  idea  que  de  otro  modo  no  hu])iera  podido  fácilmente 
representarse:  la  ic'.ea  de  negación,  puesto  que  equivalía  á  decir 
«no  quiero.»  En  cambio  para  la  expresión  de  palabras  que  repre- 


ESCRITüIlA   MAYA.  l',|;) 

sentaban  ideas  directas,  se  valdrían  de  signos  figurativos  también 
directos  ó  modificados  con  algunas  seriales  en  la  escritura.  En  el 
manuscrito  azteca  que  acompaño,  las  palabras  que  están  expresa- 
das con  jeroglíficos  son  las  que  representan  directamente  el  nom- 
bre de  la  población  Halampa  (brazo),  el  templo,  el  número  de  las 
personas  que  de  61  cuidaban,  los  cantores,  los  señores  principales, 
las  autoridades  y  los  jefes,  empleando  para  las  demás  ideas  los 
caracteres  alfabéticos  españoles;  aungue  en  el  idioma  azteca  del 
país,  bien  porque  (como  parece  averiguado)  no  conocieran  los  me- 
jicanos el  alfabetismo,  bien  porque  los  españoles  quisieron  ir  in- 
troduciendo su  escritura  en  sustitución  de  la  escritura  indígena. 

Estas  no  son  más  que  indicaciones,  las  cuales  acaso  puedan 
encontrar  confirmación  en  descubrimientos  posteriores;  pero  lo 
que  no  puede  ponerse  en  duda,  según  el  testimonio  del  P.  Lau- 
da, es  que  su  escritura  constaba  de  los  tres  elementos  inducidos: 
figurativo,  ideográfico  y  fonético;  por  lo  cual  igualmente  se  equi- 
vocan, en  mi  sentir,  los  que  quieren  traducir  los  escasos  códices 
yucatecas  que  poseemos,  interpretándolos  como  simples  rehiis,  ó 
sea  como  escritura  figurativa,  ó  á  lo  más  ideográfica,  que  los  que 
quieren  buscar  en  ellos  sólo  palabras  escritas  con  los  signos  al- 
fabéticos de  Landa. 

A  la  interpretación  de  la  escritura  bierática  del  Yucatán  sólo 
puede  llegarse  por  el  camino  emprendido  con  grande  acierto  por 
M.  Rosny,  en  la  importante  obra  que  he  tenido  la  fortuna  de 
trasladar  á  la  hermosa  habla  castellana.  Hay  que  ir  fijando  jalo- 
nes en  cada  trazo  de  camino  que  se  logre  abrir,  y  después  reco- 
rrerlo con  pausada  marcha,  para  llegar  al  término  importante  de 
la  interpretación  que  se  desea.  M.  Rosny  ha  puesto  las  primeras 
piedras,  con  la  seguridad  de  un  verdadero  sabio,  de  éste  que  ha 
de  ser  gloriosísimo  edificio,  y  estamos  seguros  de  que  habrá  de 
terminarlo ;  y  aunque  no  le  conceda  tanta  ventura  la  Providen- 
cia, siempre  tendrá  la  gloria  de  haber  encauzado  estos  estudios 
por  el  único  sendero  que  pueden  recorrer.  Verdad  es  que  el  ca- 
mino por  él  emprendido  no  satisface  por  el  momento  á  la  curio- 
sidad, pero  satisface  á  la  crítica  científica,  y  esto  es  lo  serio,  lo 
verdadero  y  justo.  Alardear  de  traducciones  á  priori,  sin  plan 
preconcebido,  sin  penetrar  en  el  estudio  de  la  naturaleza  consti- 


200  BOLETÍN    DE   LA    REAL    ACADEML4.    DE    LA    HISTORIA. 

tutiva  de  la  escritura  que  se  trata  de  interpretar,  es  tarea  fácil; 
pero  que  á  nada  conduce  más  que  al  desprestigio  de  la  ciencia  y 
al  alejamiento  de  la  verdad. 

Dije  en  el  Congreso  anterior  que  para  la  interpretación  que  anhe- 
lamos el  manuscrito  de  Landa  era  de  grandísima  importancia;  y 
continúo  creyéndolo,  aun  en  contra  de  lo  sustentado  por  el  mismo 
M.  Rosny.  Nada  importa  que  en  los  manuscritos  yucatecas  que 
poseemos  no  haya  podido  leerse  una  sola  palabra  aplicando  el 
alfabeto  que  nos  ha  dado  á  conocer  el  célebre  misionero;  pero 
consiste  en  que  no  se  ha  tenido  presente  que  él  no  dice  que  sólo 
se  escribiera  por  los  mayas  con  solo  aquellos  caracteres,  sino 
que,  como  ya  hemos  repetido,  empleaban  también  el  elemento 
iio-urativo  é  ideográfico  (figuras  y  algunas  señales  en  ellas),  todo 
lo  cual  se  ve  por  el  examen  de  los  manuscritos  katúnicos  que  po- 
seemos. Lo  que  falta  que  encontrar  es  la  manera  de  combinar 
estos  elementos:  si  ohedecía  á  reglas  constantes  ó  si  se  hacía  ad 
libitum,  según  los  casos;  y  la  falta  de  datos  acerca  de  esto  es  lo 
que  impide  que  obténganlos  tan  pronto  como  se  deseara  resulta- 
dos prácticos  en  la  interpretación.  Landa  nos  da  el  alfabeto  y  el 
mecanismo  de  su  combinación  para  escribir  las  palabras  alfabé- 
ticamente. Le  faltó  el  decirnos  cómo  combinaban  este  elemento 
con  el  figurativo  ideográfico,  ó  sea  el  de  las  figuras  y  algunas  se- 
ñales en  las  figuras;  pero  estamos  seguros  de  que  por  el  camino 
profundamente  científico  seguido  por  Rosny,  habremos  de  llegar 
á  descubrirlo. 

Lo  que  no  puede  sostenerse,  ni  por  un  momento,  es  que  este 
alfabeto  no  sea  el  de  los  mayas,  sino  otro  inventado  por  los  mi- 
sioneros para  entenderse  con  los  indios,  tomándole  de  sus  anti- 
guos jeroglíficos.  A  tan  gratuito  aserto  se  opone  terminante- 
mente el  texto  mismo  del  manuscrito,  cuando  dice  que  usaban 
también  estas  gentes  de  ciertos  caracteres  ó  letras  con  las  cuales 
escribiati  en  sus  libros  sus  cosas  antiguas  é  sciencias,  pues  si  las 
usaban  ya  á  la  llegada  de  los  misioneros,  no  pudieron  ser  inven- 
tadas por  estos.  Además,  en  otro  pasaje,  en  el  que  apenas  han 
hecho  alto  los  que  se  han  ocupado  de  este  importante  manuscrito, 
dice  Landa,  habb.ndo  de  los  importantísimos  y  civilizadores  tra- 
bajos de  los  padres  misioneros,  «que  aprendieron  á  leer  y  escri- 


KSr.RITTTRA    MAYA.  -JO  I 

bir  en  la  lengua  de  los  indios,  la  cual  se  redujo  tanto  á  arte,  que 
se  estudiaba  como  la  latina,  y  que  se  halló  que  no  usaban  de  seis 
letras  nuestras,  que  son:  D.  F.  G.  Q.  R.  S. ,  que  para  cosa  nin- 
guna las  han  menester,  pero  tienen  necesidad  de  doblar  otras 
para  entender  las  muchas  significaciones  de  algunos  vocablos, 
porque  Pa  quiere  decir  abrir,  y  Paa,  apretando  mucho  los  labios, 
quiere  decir  quebrar,  y  Tan  es  cal  ó  ceniza,  y  Tan,  dicho  recio, 
entre  la  lengua  y  los  dientes  altos,  quiere  decir  palabra  (3  hablar, 
y  así  en  otras  dicciones,  y  puesto  que  ellos  para  estas  cosas  te- 
nían diferentes  caracteres,  no  fué  menester  inventar  nvevas  figu- 
ras de  letras.y)  Creemos  que  después  de  tan  terminante  declara- 
ción no  podrá  haber  quien  sostenga  que  el  alfabeto  de  Landa 
fué  arreglado  por  los  misioneros,  sino  el  que  usaban  los  mayas 
en  sus  documentos  escritos. 

Acaso  estoy  abusando  de  vuestra  benevolencia ;  pero  antes  de 
concluir,  deseo  dar  al  Congreso  una  grata  nueva  que  también  he 
consignado  en  las  notas  de  mi  traducción.  Cuando  salvé  para  mi 
querido  Museo  el  manuscrito  que  ha  dado  en  llamarse  Cortesia- 
nus,  creí  que  era  la  continuación  ó  complemento  del  Codejc  Troa- 
us,  y  el  examen  minucioso  que  de  uno  y  otro  hizo  M,  Rosny  y 
yo  mismo  á  su  lado,  nos  demostró  de  una  manera  incuestiona- 
ble, que  eran  uno  mismo,  y  que  en  época  acaso  no  muy  lejana 
había  sido  separado  en  dos  por  alguno  de  sus  anteriores  posee- 
dores. Reunido,  forma  el  códice  mayor  y  completo  que  existe  de 
los  antiguos  mayas,  y  en  breve  podrán  así  estudiarlo  los  aman- 
tes de  estos  importantísimos  estudios,  porque  el  Museo  que  re- 
presento ha  conseguido  del  Sr.  D.  Luis  de  Tro  la  cesión  del  céle- 
bre códice  á  que  dio  nombre  su  ilustrado  padre,  á  fin  de  unir  lo 
que  nunca  debió  separarse,  y  que,  reunido,  ha  dado  yn  el  impor- 
tantísimo resultado  de  hacer  comprensibles  páginas  que  antes  no 
lo  eran,  y  poder  descubrir  que  en  estos  códices,  que  forman  nno 
solo,  se  encuentra  la  notación  del  gran  ciclo  yucateco,  confir- 
mando los  datos  que  sobre  el  mismo  interesante  punto  nos  ofrece 
el  manuscrito  de  Paris. 

Pero  al  llegar  á  este  punto  de  mi  informe,  noto  que  acaso  me 
he  excedido  molestando  vuestra  atención  con  estas  indicaciones, 
y  voy  á  terminar  ya  que  estoy  en  el  uso  de  la  palabra,  con  una 

TOMO    III.  14 


202       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

indicación  de  índole  diversa  que  las  expuestas;  pero  que  no  creo 
debo  omitir.  Acaso  antes  que  yo  se  hayan  fijado  en  ella  los  sa- 
bios americanistas  que  me  escuchan;  pero  no  por  eso  debo  omi- 
tirla. El  héroe  legendario  y  casi  divinizado  de  las  tradiciones  es- 
candinavas Odin,  es  llamado  también  en  algunos  autores  Votan; 
y  Votan  es  el  nombre  de  un  personaje  mítico  divinizado  del  Yu- 
catán, que  reunió  en  su  persona  las  cualidades  de  soberano, 
de  legislador,  de  institutor  y  de  sacerdote;  Votan  y  Kukulcan, 
con  el  cual  se  le  identifica  también,  presentan  los  mismos  carac- 
teres exteriores;  color  blanco,  barba  abundante,  largos  vestidos; 
y  desaparecen  misteriosamente  sin  que  nadie  volviera  á  saber 
de  ellos.  Según  Gogolludo,  la  partida  de  Kukulkan  no  iría  más 
allá  del  siglo  xii;  y  según  Herrera  precedería  sólo  en  560  años  á 
la  llegada  de  los  españoles,  pues  bien,  de  los  siglos  xr  y  xii  son 
los  principales  descubrimientos  en  la  América  por  los  escandina- 
vos. Serán  coincidencias,  si  se  quiere,  y  nada  más  que  coinci- 
dencias; pero  deben  apuntarse  por  si  nuevos  descubrimientos 
viniesen  á  confirmarlas,  y  para  que  la  crítica  sagaz  de  los  ver- 
daderos sabios  profundice  en  estos  problemas. 


ESCRITURAS  INÉDITAS  DE  LOS  SIGLOS  XI  Y  XIV. 


EL  MONASTERIO  DE  VARRIA  (SAN  AGUSTÍN   DE  ECHEVARRÍA,    TKRMINO 
DE  ELORRIO)  EN  1053. 

Su  acta  de  fundación  encierra  no  corto  interés,  así  para  la 
historia  particular  de  Vizcaya  y  general  de  España  como  para  el 
estudio  del  vascuence.  Del  instrumento  original,  escrito  en  letra 
gótica,  que  hubo  de  ver,  mas  no  piililicó  Garibay  (i),  citan  Florez 

(1)    Compendio  fiistwial  de  Expa'ia,  L  xxn,  cap.  3\ 


ESCRITURAS    INÉDITAS.  203 

y  Risco  (1)  algunos  fragmentos;  prometió  darlo  á  luz  líeiiao  (2), 
pero  tampoco  se  logró;  y,  en  fin,  Iturriza  (3)  y  Llórenle  ('»),  que 
copiaron  la  traducción  castellana,  no  lograron  hacerse  con  el 
texto  latino,  y  deploraron  su  pérdida.  Afortunadamente ,  si  bien 
el  pergamino  original  ha  desaparecido,  quédanos  el  facsimüe 
que  el  Sr.  Echaguibel,  abogado  y  propietario  de  Elorrio,  facilitó, 
lio  ha  muchos  días,  al  R.  P.  José  Eugenio  de  Uriarte,  sabio  je- 
suíta, á  cuya  diligencia  soy  deudor  de  esmerada  copia.  El  fac- 
símile, papel  manuscrito  del  siglo  xvi,  lleva  este  encabeza- 
miento: «gííe,  in  membrana  vetustissima,  scripta  reperi,  hec  ad 
verbum  et  iisdem  characteribiis  transcripsi. »  Probablemente  su 
autor  debió  de  ser  cura  párroco,  ó  beneficiado,  de  la  iglesia  de 
Echevarría;  pues  cuentan  que  este  facsímile  se  salvó,  como  por 
milagro,  del  incendio  que,  un  siglo  há,  redujo  á  pavesas  lodo  el 
archivo. 

Dice  así: 

«(5)  In  nomine  doniiiii  noslri  Ihesu  christi  siib  sánete  trinitatis 
et  individué,  patris  et  filii  et  spirilus  sancti,  Amen.  Ego  munio 
sancic  comité,  et  uxor  mea  comitissa  domna.  leguntia,  posuimus 
ccclesia  quod  dicitur  monasterio  narria,  que  habitent  in  ea  mo- 
ñacos, et  fratres  vel  sórores,  et  non  habeant  ibi  partem  nostros 
filios  et  filias  ñeque  nostra  generatio,  set  moñacos  et  fratres  vel 
sórores,  et  quod  orent  pro  animabus  nostris  et  pro  omnium  fide- 
lium  christianorum.  Et  dedimus  hereditates,  térras  et  mancana- 
res,  agros  et  campos,  sive  montes  et  fontes  et  pasturas  et  térmi- 
nos. Id  sa  (6)  de  olabee  cahar  usque  ad  illumpontum  quod  dicitur 
marcocubi;  et  quomodo  currit  riguum  quod  dicitur  cumelegui 
usque  ad  monasterium  quod  dicitur  memaia,  et  ad  ilum  riguum 
quod  descendit  iuxta  harhegui;  et  de  alia  parte  de  legeriano  usque 


(1)  España  Sagrada,  xxvi,  188;  xxxiii,  244. 

(2)  Antigüedades  de  Cantabria,  1.  i,  c.  7  (t.  i,  pág.  39).  Salamanca,  1689. 

(3)  Historia  general  de  Vizcaya  (Berriz,  1785),  ms.  de  la  R.  Acad.  de  la  Historia,  pá- 
gina 596. 

(4)  Noticias  kistnricas  de  las  Provincias  Vascongadas:  t.  iii,  pág.  388,  Madrid,  1807. 

(5)  Lugar  del  crismón. 

(6)  ¿Vascuence  da  (latin  estjf  La  gramática  vizcaína,  escrita  por  el  Dr.  Micoleta  en 
1653,  tratando  del  pretérito  del  verbo  ser,  dice  que  sa  es  la  tercera  persona  del  singular. 


204  ÜÜLETIN    DE    LA    KEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

ad  riguLim  quod  dicitur  iturlax  omnia  ipsa  valle;  etiam  post  mor- 
tem  coniux  meam,  cui  sit  requies  ia  perenne  vite,  Amen.  Ego, 
comitissa  domna  leguntia,  venit  mici  voluntatem,  pro  amorem 
sánete  trinitatis  donavi  a  illum  monasterium  in  villa,  quod  dici- 
tur garaio,  duas  sernas,  unum  de  dextra  parte  de  ecclesia  nova, 
et  alia  ad  sinistra  parte;  et  quatuor  bustos  de  vakas :  unum  ex 
ipsis  bustis  misit  sénior  lupe  ahoctarric  pro  animam  suam ;  et  al- 
baro  albaror  darroita  omnia  sua  hereditate;  et  similter  muño 
ossandoz  de  arroita  posuit  omnia  hereditate;  et  nunnuto  miotaco 
ad  una  cum  uxor  sua  urrana  vitacoc  omnia  hereditate,  et  sancio 
lelluc  de  olhahehe  caliar  quinta  parte  et  media  de  sua  hereditate; 
et  suum  filium  munio  sancic  posuit  suum  rationem.  Et  ego  co- 
mité munio  sancic  ad  una  cum  uxor  mea  comitissa  domna  legun- 
tia ct  ad  una  quantos  sunt  rovorata  in  ista  scedula  donavimus  ad 
illos  sanctos  qui  ibidem  sunt  recondite,  id  sa  sancti  iohannis  apos- 
toli  et  sancti  tome  apostoli  vel  sancti  agustini  episcopi,  et  in  alia 
ecclesia  deorssum  sunt  recondite,  id  sa,  sánete  marie  virginis  et 
sánete  mikael  arcangeli  sive  sancta  marina  virginis,  et  quod  ibi 
fuerint  omni  hora  conlocatum,  in  illos  sanctos  moñacos,  aut  fra- 
tres  vel  sórores,  pro  amore  christi  ita  donavimus  tota  ista  dona. 
Et  posuit  de  unum  molinum  demedia  parte  sénior  munio  sancic, 
quod  vocatur  ¿ncomentio,  pro  sua' anima. 

Gundesalbu  albaroz  et  suo  filio  fidiatores. 

Lope  gaif  ¡5  contirniat. 

Eneco  lup¡9  de  lafjkanu  conf . 

GomÍ9  fortunif.  áe  formaiqtegui  conf. 

Nunuso  narriatec  de  lohinac^  conf. 

Acenari  mome9  de  aqubaiTO  conf. 

Et  8U0  germano  gideri  momez  de  anhelo  conf. 

San^i  nnnusoo,  de  aberanka  conf. 

Gellu  nunu80Í9  de  arratia  conf. 

Acenari  san90Í9  de  ivarra  conf. 

Acenari  Ban90Í9  de  herrio  conf. 

Et  si  aliquid  lioc  mandatum  in  iustitia  voluerit  defenderé  aut 
disrumpcrc,  habcat  'cautum  a  parto  rcgis  quinqué  libras  auri,  et 
a  parte  monastcrii  dupplatum  vel  melioratum.  Et  si  fuerit  ali- 


ESCUITURAS    INÉDITAS.  ;'0n 

quid  homo,  fortiter  facial  supra  iioc  testamentum,  aut  ro^c,  aut 
cpiscopus,  aut  abbas  seu  presbiter,  sive  séniores,  vel  (juis  livel 
homo,  ista  sit  comuiiicalio  ilHus  bacuata,  ct  diabolo  sit  suum 
minister,  et  participatio  iUius  sit  cum  iudas  traditore  in  inferno; 
el  oratio  eius  sit  semper  in  pecatum,  et  non  habeat  aliquid  nul- 
la  ratio  de  illa  oratio;  íiant  dies  eius  pauci  et  episcopatura  eius 
accipiat  alter,  sicut  psalmista  narravit  (1).  Fiant  íilii  eius  orfani 
et  uxor  eius  vidua,  fiant  anui  eius  pauci  in  interitu,  in  una  ge- 
ueratione  deleátur  nomen  eius.  Et  non  habeat  partcm  cum  chris- 
to,  sed  cum  antichristo;  et  sit  condemnatus  de  collegium  angelo- 
rum,  sive  sanctorum  martirum ,  virginum,  confessorum;  et  in 
presentí  seculi  excomunicatus  pcrmaneat  ab  omni  congrcgatio- 
ne  christianorum ,  qui  hoc  iustitia  voluerit  defenderé.  Semper 
valeat  illum  cum  antichristo,  cum  socio  suo.  Amen,  Amen, 
Amen. 

Regnante  domino  nostro  ihesu  christo  et  sub  eius  imperio 
leionensem  fredinandus  rex,  Garsia  rex  in  nagera  et  in  castella 
vetula,  Ranimirus  rex  in  aragona  et  superarvi  et  in  ripa  curca, 
Comessanus  episcopus  vurgensis,  Gomessanus  episcopus  naga- 
rensis,  Santius  episcopus  rector  ecclesie  navarrensium ,  Garsia 
episcopus  alavensis  sive  in  uiskahia,  comité  Munio  sancic  in  Tu- 
ranko,  Fata  carta  in  era  ílx"  et  unum;  e  confirmata  in  kalendis 
februariis,  Regnante  ego  garsia  rex  in  pampilona  et  in  ala- 
va,  frenandus  rex  in  legione,  garsia  episcope  in  alava,  San- 
cius  episcope  in  paupilona ,  gomessanus  in  nagera.  —  j^  Sig. 
rex.» 

La  fecha  del  año  1053  (era  1091)  es  indubitable.  Reinaban  los 
tres  hijos  de  Sancho  el  Mayor;  regían  las  diócesis  de  Burgos, 
Nájera,  Pamplona  y  Armentia  los  obispos  que  el  documento  ex- 
presa; y  era  conde  del  Duranguesado  (Turanko)  Munio  Sanchiz. 
Dos  años  antes  (30  Enero,  1051),  y  probablemente  en  Cortes  de 
los  Estados  sometidos  á  D.  García,  expedía  este  monarca  la  cons- 
titución que  publicó  Moret  (2),  tomándola  del  archivo  de  la  cate- 
dral de  Calahorra  (caf.  Í2,  n°  1): 


(1)  Salmo  cviii. 

(2)  Investigaciones  históricas  de  las  antigüedades  del  reino  de  Navarra^  11,  c.  2, 


206       UOLETIN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

«In  Dei  nomine  et  individué  Trinitatis  ego  Garsea  rex  et  uxor  mea  Ste- 
phania  regina,  una  pariter  cum  Episcopis  subnominatis,  Garsea  episcopo, 
Sancio  episcopo,  Gomesano  episcopo  et  Comités  mei  qui  sunt  in  mea  térra. 
Placuit  nobis  simul  et  Comili  Ennego  Lopiz,  qui  est  Dux  in  illa  patria 
que  vocatur  Vizcaia  et  Durango,  et  consenserunt  omnes  milites  mei  ut  in- 
genuasem  illos  omnes  monasterios,  qui  sunt  in  illa  térra,  ut  non  habeant 
super  eos  potestatem  in  aliqua  servitute,  nec  Comités,  neo  potestates.  Si 
tamen  in  unoquoque  monasterio  si  migraverit  unus  Abbas,  perquirant 
fratres  Episcopum,  cui  decet  regere  patriam,  et  inter  semetipsos  eligant 
Abbatem,  qui  dignus  sit  regere  fratres,  Et  de  alio,  quod  usuale  habebant 
illi  Comités  et  sui  milites  in  illis  monasteriis  mittere  suos  canes  et  suos  ho- 
mines  ad  gubernandum :  et  ego  Garsea  rex  et  uxor  mea  cum  Comitibus  et 
militibus  meis  contestor  ut  nuUns  homo  sedeat  aptus  pertemptare  banc 
rem.  Facta  carta,  noto  die  iii  kal.  februarias,  Era  m.lxxxix,  regnante  ego 
Garsea  rex  in  Pampilona  et  in  Álava  et  in  Vizcaia,  Fredenandus  rex  in  Le- 
gione.  Garsea  episcopus  in  Álava,  Sancius  episcopus  in  Pampilona,  Gomes- 
sanuB  in  Naxera. » 


Modelóse  esta  constitución  por  los  nomocánones  II  y  III  de 
las  Cortes,  ó  concilio  nacional  de  Goyanza  (1050),  al  que  asistie- 
ron entre  otros  ijrelados  Gómez  de  Burgos  (Occensis)  Gómez  de 
"N áiera.  f  Kalagiirritanensis)  y  Juan  coadjutor  de  Sancho  de  Pam- 
plona. Sujetándose  á  ella,  y  en  el  mismo  día  de  su  fecha  (30  Ene- 
ro, 1051)  los  Condes  de  Vizcaya  D.  Iñigo  López  y  doña  Toda  pac- 
taron (1)  con  el  obispo  de  Armentia,  D.  García,  sobre  la  iglesia 
de  Axpee  (2)  en  la  merindad  de  Busturia  sobre  la  ría  de  Monda- 
ca.  Firmaron  la  escritura  el  obispo  y  los  condes  de  Vizcaya,  sien- 
do testigos  los  abades,  ó  párrocos  de  Munguía  (MunchiensisJ  Mo- 
linar  fMoliniharrensis),  y  Abadiano  (AhadieiisisJ,  los  señores  de 
Arratia  (ArrathiensisJ ,  Baracaldo  fBaracaldensisJ ^  Berango  (Áhe- 
racanensis),  y  la  señora  de  Echevarría  (domna  Leguncia  Esceher^ 
riensisj,  que  opino  fué  la  condesa  de  Durango,  esposa  de  Munio 
Sanchiz.  El  condado  Duranguós  se  distinguía  del  de  Vizcaya;  lo 
que  no  impedía  al  poseedor  de  este  último  título  el  ser  Duque  de 


(1)  El  documento  se  sacó  del  becerro  ííótico  del  archivo  de  Sau  Milliin.  Véase  en  Lló- 
rente, op.  cit.,  t.  ni,  pág.  3~7-879. 

(2)  «Monasterium  iuxta  maris,  cui  vocabulum  est  sánete  Mavie  de  Izpea,  subtus 
penna,  in  territorio  Bustw ri.»  Lleva  Izpea  consigo  la  traducción  en  «subtus  peuna, » 
habiéndose  mudado  be  (debajo  de)  en  pe,  por  virtud  de  una  ley  fonológica  común  á  to- 
dos los  dialectos  del  vascuence. 


ESCRITURAS  INÉDITAS.  JOT 

ambos  distritos  (comiti  Ennego  Lopiz,  qxii  est  ditx  in  illa  patria 
que  vocatnr  Vizcaia  et  Duranr/o)  con  arreglo  tal  vez  á  domarca- 
cioiics  corrientes  en  los  períodos  visigodo  y  romano. 


ir. 

VENTA  DE  UNA  ESCLAVA  MORA  POR  UN  JUDÍO  EN  1313. 

Del  archivo  de  la  catedral  de  Toledo  han  venido  al  Histórico 
Nacional  varias  escrituras,  relativas  á  los  hebreos  de  aquella  ciu- 
dad y  divididas  en  sección  rabínica  y  castellana.  El  pergamino, 
cuyo  facsímile  reducido  á  dos  tercios  del  original  presento,  es  el 
primero  de  la  última  sección. 

Sepan  quantos  esta  carta  vieren  commo  yo  don  abrahen,  fijo  de  don 
mayr  al  levi,  judio  de  toledo  otorgo  e  connosco  que  vendo  a  vos  marina 
alfonso,  fija  de  don  alfonso  garcia  de  soto  mayor,  una  mora  blanca  man- 
ceba quel  disen  mariem,  fija  de  mahomad  almacaz  (1)  de  lubreyr  (2)  por 
seys  cientos  maravedis  de  la  moneda  blanca  de  diez  dineros  el  maravedí, 
que  rregabi  de  vos  e  passaron  a  mi  poder  todos  bien  e  complida  mientre. 
Et  rrenun9Ío  que  non  pueda  desir  que  los  non  rre9ebi,  e  si  lo  dixiere  que 
me  non  vala  por  ninguna  manera;  e  apodero  vos  la  diclia  mora  con  esta 
carta  e  del  dia  de  su  era  que  sea  vuestra  para  faser  della  lo  que  quisiere- 
des,  e  fio  vos  la  de  furto  e  de  rabina,  e  lo  al  de  sus  tachas  a  vuestra  ven- 
tura; e  esta  vendida  vos  fago  al  fuero  de  toledo  con  mari  aderae  (3);  e 
por  todo  esto  conplir,  segund  dicho  es,  obligo  todos  mis  bienes,  los  que 
oy  dia  e,  e  abre  cabadelante.  Fecha  la  carta,  veynte  e  un  dia  de  junio,  era 
de  mili  6  ccc°^  e  §inquenta  e  un  anno. 

Yo  don  9ag,  fijo  de  don  todros  al  levi,  so  testigo,  ^j  ii^}^  DTnTC  13  pnV^ 
— Yo  don  9ag,  fijo  de  don  mayr  aben  nahman,  so  testigo.  -|ixa  12  pni" 
"tSD  TDnJ  n — ^^  ^'^y  peres,  escrivano  en  toledo,  escrevi  esta  carta,  e  so 


(1)  w5'jLd.3l    (el  molinero). 

(2)  ¿Lobreiro  (prov.  de  la  Coruña,  part.  jud.  de  Negreira)? 

(3)  *^¿5^  jJ!  í  =1  »J  (bari  adderak).  Estipulación  de  no  sanear  la  cosa  vendida;  6  de 
que  ésta,  una  vez  adquirida,  corre  á  riesgo  y  ventura  del  comprador.  Previene  aquí  los 
efectos  establecidos  eu  el  código  de  Alfonso  X  (part.  v,  tit.  v.  ley  Gí',  habiendo  arriba 
declarado  el  objeto  de  la  misma  estipulación:  é  finws  lo  al  de  sus  tachas  á  tucstra  ven- 
twa.  La  obligación  de  los  bienes  recae  sobre  el  titulo  esencial  de  la  venta. 


208  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

testigo.  ^^J^   ^-2 J  —  ^*  y^  Alfonso  fernandes,  escrivano  en  toledo, 
80  testigo.  í  ^M^  ij^J.' 


El  tipo  cursivo  hebreo  de  las  primeras  firmas  no  ha  caido  en 
desuso ;  pues  lo  emplean  aún  los  judíos  de  Turquía  oriundos  de 
España. 

MRflrid,  9.',  (le  .Julio,  1H«:{.  FiDEL   FiTA. 


BOLETÍN 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  III.  Octubre,  1883.  cuaderno  iv 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

La  Academia  ha  reanudado  sus  sesiones  el  viernes  28  del  pró- 
ximo pasado  mes. 


El  académico  Sr.  Fabié  habiendo  ido  á  Florencia  con  objeto  de 
estudiar  en  la  Biblioteca  Laurenciana  el  texto  en  mejicano  del 
P.  Sahagún ,  del  que  habló  en  el  Congreso  de  Americanistas  re- 
unido en  Copenhague,  ha  visto  al  pasar  por  Venecia  la  inapre- 
ciable colección  de  los  despachos  originales,  que  sin  interrupción 
desde  el  año  1554,  y  anteriormente  á  la  presente  centuria,  envia- 
ron á  la  poderosa  Piepüblica  del  Adriático  sus  embajadores  acre- 
ditados cerca  de  la  corte  de  España. 


Se  ha  descubierto  últimamente  en  Tarragona  un  miliario  del 
tiempo  de  Augusto ,  gemelo  del  ya  conocido  y  publicado  por  La- 
borde  ,  que  se  halla  en  la  ermita  de  la  Aldea ,  sobre  la  margen 
izquierda  del  Ebro,  frente  de  Amposta.  De  este  último  ha  presen- 
todo  una  copia  fotográfica  el  Sr.  Fita,  que  ha  sido  comisionado 
para  informar  sobre  ambos  monumentos  itinerarios. 


15 


210  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Notable  ha  sido  el  descubrimiento  de  inscripciones  ibéricas  en 
estampillas  de  cerámica  que  ha  hecho  el  Sr.  D.  Emilio  Burges  en 
el  término  de  Olietes,  y  en  el  punto  nombrado  Solana  Emilia,  á 
dos  kilómetros  de  la  margen  izquierda  del  río  Martín,  cerca  del 
alto  cerro  que  llaman  Torreón  de  las  Brujas  ó  Venta  de  San  Pe- 
dro. Fué  este  ultimo  sitio  lugar  fortificado,  como  lo  demuestran 
los  enormes  pedruscos  que  forman  la  cerca  de  un  arruinado  cas- 
tillo de  estructura  ciclópica.  El  Sr.  Burges,  que  ha  presentado 
inprontas  de  las  inscripciones  y  depositado  los  originales  en  la 
Exposición  de  Minería,  establecida  en  el  Buen  Retiro  de  esta  ca- 
pital, se  propone  seguir  con  actividad  las  excavaciones  en  aquel 
terreno  de  su  propiedad.  El  sitio  del  hallazgo  fué  de  seguro  ede- 
tano;  y  no  parece  que  distase  mucho  de  allí  la  antigua  Damania^ 
cuyas  monedas,  así  como  las  atribuidas  á  Olite,  están  marcadas 
con  caracteres  gráficos,  que  ofrecen  bastante  analogía  con  las  ins- 
cripciones descubiertas. 


El  Sr.  Flores  Laguna  ha  publicado  en  la  Correspondencia  mu- 
sical (números  del  1 1  de  Agosto  al  8  de  Setiembre)  las  eruditas  con- 
sideraciones que,  á  su  entender,  justifican  la  interpretación  que 
dio  á  las  piezas  musicales  del  famoso  Códice  de  Calixto. 


Ha  recibido  la  Academia  con  vivo  agradecimiento  el  regalo  de 
200  monedas  americanas,  que  le  ha  enviado  desdóla  isla  de  Cuba 
la  viuda  del  Sr.  Aríñiga,  como  manda  testamentaria  de  su  difun- 
to esposo. 

Nuestro  corresponsal  el  Dr.  Wenlworth  Webster  ha  merecido 
bien  de  nuestro  Cuerpo  literario,  ofreciéndole  en  donativo  y  pre- 
ciosamente encuadernada  la  segunda  edición  de  su  libro,  titulado 
Basque  legends. 


El  académico  Sr.  Codera  ha  terminado  la  edición  del  códice 
arábigo  de  Aben  Pasqual. 


INFORMES. 


SANTIAGO,  JERUSALÉN,  ROMA 
POR  LOS  SRES.  FERNÁNDEZ  SÁNCHEZ  Y  FREIRÉ  BARREIRO. 


Cumpliendo  el  encargo  que  el  Sr.  Director  se  ha  servido  con- 
íiarme  de  proponer  á  la  Acadepiia  el  informe  que  ¿i  mi  juicio 
debe  darse  para  los  efectos  del  Real  decreto  de  12  de  Marzo  de 
1875  sobre  la  obra  escrita  por  los  Sres.  D.  José  María  Fernández 
Sánchez  y  D.  Francisco  Freiré  Barreiro,  titulada  Santiago^  Jeru- 
salén,  Roma;  Diario  de  una  peregrinación  á  estos  y  otros  lugares 
de  España,  Francia,  Egipto,  Palestina,  Siria  é  Italia  en  el  año 
de  iSlo,  tengo  el  honor  de  someter  á  la  aprobación  de  este  ilus- 
trado cuerpo  el  siguiente: 

Basta  dar  una  ojeada  á  la  parte  material  de  la  obra  de  los  seño- 
res Fernández  Sánchez  y  Freiré  Barreiro  para  comprender  que 
no  es  fruto  de  un  trabajo  ligero  ó  superficial  sobre  la  materia  que 
constituye  su  objeto. 

Compónese  hasta  ahora  de  dos  gruesos  tomos  en  4."  mayor, 
uno  de  xvi  y  728,  y  otro  de  1.0G4  páginas  á  dos  columnas,  y  falta 
aún  publicar  un  tomo  tercero  de  igual  extensión  y  volumen.  Sus 
autores,  catedráticos  de  la  Universidad  de  Santiago,  parten  de 
esta  ciudad  para  su  peregrinación ,  pero  antes  de  abandonarla  se 
proponen  darla  á  conocer;  y  para  ello  describen  minuciosamente 
su  famosa  Catedral,  sus  edificios  más  notables  y  sus  principales 
templos  con  un  breve  resumen  de  sus  vicisitudes  y  su  historia 


212  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

desde  los  tiempos  más  remotos.  La  mitad  próximamente  del  tomo 
primero  no  trata  sino  de  Santiago.  Siguen  después  su  viaje  por 
Pontevedra  y  Tuy,  entran  en  Portugal,  visitan  las  ciudades  de 
Oporto  y  Coimbra,  vuelven  á  atravesar  la  frontera  por  Badajoz, 
atraviesan  la  Extremadura  y  la  Mancha  y  llegan  á  Madrid,  dando 
noticias  oportunas  de  las  ciudades  y  monumentos  que  encuen- 
tran á  su  paso.  Esto  mismo  hacen  cuando  se  dirigen  desde  Ma- 
drid por  Zaragoza  á  Barcelona,  donde  se  embarcan  para  Marsella. 
Allí  toman  pasaje  para  Egipto,  y  desembarcan  en  Alejandría. 
Visitan  y  describen  cuidadosamente  todo  lo  antiguo  y  lo  mo- 
derno que  ofrece  de  interesante  esta  famosísima  ciudad;  hacen 
otro  tanto  en  el  Cairo,  dando  noticias  bastante  completas,  no  sólo 
de  todos  los  principales  monumentos  que  encierra  el  Egipto,  sino 
también  de  las  razas  que  lo  pueblan;  de  sus  instituciones  políti- 
cas y  administrativas,  de  su  organización  social ,  de  su  historia 
contemporíínea  y  de  sus  usos  y  costumbres.  Aquí  concluye  el 
tomo  primero;  y  con  él  esta  que  puede  considerarse  como  la 
primera  parte  de  las  tres  en  que  (^ivideu  la  peregrinación. 

Desde  la  tierra  de  los  faraones  pasan  nuestros  peregrinos  á 
Jafa  y  entran  llenos  de  alborozo  en  la  Tierra  Santa,  que  fué  tea- 
tro de  nuestra  redención.  Allí  visitan  y  describen  todos  los  luga- 
res en  que  ocurrieron  los  hechos  principales  de  la  Historia  Sa- 
grada, donde  primero  se  anunció  al  mundo  la  nueva  doctrina  de 
Jesús  y  donde  tuvieron  lugar  los  principales  misterios  de  su 
santa  religión.  Betania,  Jerusalén,  Getsemaní,  el  Monte  de  las 
Olivas,  Emaús,  las  orillas  del  Jordán  y  del  Mar  muerto;  el  Valle 
de  Jericó,  Belén,  Rámala,  Nazaret,  el  Tabor,  el  Carmelo,  San 
Juan  de  Acre,  la  antigua  Fenicia,  Beirut,  Damasco  y  el  Líbano, 
descritos  con  exactitud  escrupulosa  y  exornados  con  abundantes 
noticias  religiosas,  históricas  y  arqueológicas  forman  la  segunda 
parte  y  el  tomo  segundo  de  la  obra.  Roma  y  otras  ciudades  de 
Italia  serán  el  asunto  del  tercero  que  aún  no  ha  visto  la  luz  pú- 
blica. 

Si  se  desea  saber  cómo  está  desempeñado  este  extenso  trabajo, 
la  Academia  no  debe  vacilar  en  decir  que  con  prolijo  y  concien- 
zudo esmero.  La  narración  de  todo  el  viaje  es  íil  parecer,  fidelí- 
sima y  por  demás  circunstanciada.  Píntase  en  ella  con  sencillo 


SANTIAGO,  JERUSALÉN,  ROMA.  213 

estilo  y  á  veces  con  vivos  colores,  el  estado  actual  de  cada  pueblo, 
de  cada  edificio  histórico  ó  artístico,  de  cada  paraje  famoso  y  de 
cada  monumento  más  ó  menos  célebre.  Luego  se  refieren  sus 
principales  vicisitudes  y  su  reciente  historia,  y  por  último  se  dan 
á  conocer  los  usos  y  costumbres  del  país  que  están  en  relación 
con  ellos.  Para  hacerlos  aún  más  perceptibles  acompañan  al 
texto  numerosos  grabados  en  madera  y  algunos  mapas  geográ- 
ficos. Dan  igualmente  vivísimo  interés  á  estas  descripciones, 
particularmente  á  las  de  Tierra  Santa,  la  reproducción  de  los 
textos  de  las  Sagradas  Letras  que  hacen  mención  de  los  lugares 
descritos  y  de  los  sucesos  que  tuvieron  lugar  en  ellos. 

Escrita  la  obra  por  peregrinos  católicos  y  con  ocasión  del  Jubi- 
leo universal  de  1875,  predominan  naturalmente  en  toda  ella  la 
idea  religiosa  y  el  propósito  de  venerar  los  Santos  Lugares  y  los 
interesantes  monumentos  que  dan  testimonio  de  los  orígenes  del 
cristianismo.  Mas  no  por  eso  dejan  sus  autores  de  visitar  y  des- 
cribir todas  las  reliquias  de  la  antigua  civilización  pagana,  que 
hallan  el  paso,  así  en  las  orillas  del  Nilo,  como  en  las  demás  tie- 
rras dominadas  por  el  Islamismo.  No  desconocen  tampoco  los 
descubrimientos  de  la  ciencia  moderna  en  Egipto,  Nínive  y  Ba- 
bilonia, que  tanto  han  iluminado  la  historia  del  antiguo  Oriente; 
antes  al  contrario  se  ajustan  á  ello  en  sus  breves  reseñas  históri- 
cas. Ni  omiten  siquiera  las  tradiciones  y  leyendas  más  ó  menos 
justificadas  que  suelen  acompañar  á  la  historia  verdadera  de  los 
Santos  Lugares.  Aunque  la  crítica  racional  tuviera  datos  bastan- 
tes para  distinguir  entre  estas  noticias  las  auténticas  de  las  no 
comprobadas,  en  cuanto  se  hallan  fuera  del  dominio  de  la  fe,  los 
Sres.  Fernández  y  Freiré  se  abstienen  con  razón  de  intentarlo, 
por  no  ser  tal  el  objeto  de  su  obra,  más  descriptiva  que  crítica 
como  corresponde  á  un  Diario  de  viajes,  y  se  limitan  á  referirlas 
como  creencias  populares,  y  por  lo  tanto,  hechos  que  no  deben 
escaparse  á  la  observación  del  viajero. 

Se  ha  escrito  tanto  sobre  la  Tierra  Santa,  sus  antigüedades  y 
sus  monumentos;  son  tan  numerosos  los  viajeros  que  nos  han  co- 
municado sus  noticias,  sus  impresiones  y  sus  juicios  de  aquellos 
países,  que  sería  temerario  empeño  exigir  de  un  escritor  contem- 
poráneo relaciones  de  hechos  peregrinos  ó  descripciones  de  mo- 


214  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl\, 

numentos  hasta  ahora  ignorados.  Ni  tampoco  obraría  cuerda- 
mente quien  para  escribir  hoy  de  los  Santos  Lugares,  prescin- 
diera de  cuanto  han  dicho  sobre  ellos  los  que  le  precedieran  en 
esta  tarea.  Los  autores  de  Una  peregrinación  se  valen,  por  tanto, 
de  las  investigaciones  de  los  muchos  viajeros  que  han  escrito  so- 
bre el  mismo  asunto,  desde  San  Jerónimo  y  Adamasco  hasta  Ge- 
ramb  é  Izaguirre,  y  así  dan  mejor  á  conocer,  no  srjlo  el  estado 
actual  de  los  lugares  y  monu.ncntos  que  describen ,  sino  el  que 
han  tenido  muchos  de  ellos  en  las  pasadas  edades  y  el  de  otros 
que  fueron  y  ya  han  desaparecido.  Así  también  logran  compro- 
bar, con  su  propio  testimonio,  las  observaciones  de  otros  explo- 
radores, no  sin  añadir  á  veces  las  suyas  propias,  sobre  todo  en 
puntos  controvertidos. 

Tenemos  en  castellano  multitud  de  relaciones  de  viajes  á  la 
Tierra  Santa,  verificados  desde  el  siglo  xvr  hasta  el  presente. 
Fr.  Antonio  Miranda  en  1550,  Mandavila  en  1526,  Fr.  Antonio  de 
Medina  en  1583,  Aveiro  en  1600,  Selle  en  1019,  Adricomio  Del- 
pho  en  1G30,  Castillo  en  su  Devoto  Peregrino  de  1656,  Encina  en 
1733,  San  Juan  del  Puerto  en  1724,  sin  contar  otros  muchos,  die- 
ron ya  bastante  á  conocer  los  Santos  Lugares  en  sus  épocas  res- 
pectivas; pero  una  narración  tan  extensa  y  circunstanciada  de 
ellos,  como  la  que  ofrece  la  presente  obra,  no  existe  en  nuestro 
idioma.  Mezclando  con  noticias  ya  conocidas  la  de  las  alteracio- 
nes que  han  sufrido  los  mismos  monumentos  en  el  transcurso  del 
tiempo,  la  de  los  hechos  que  los  autores  presenciaron  y  sus  pro- 
pias impresiones,  ha  resultado  un  libro  interesante,  instructivo 
y  ameno,  con  todas  las  condiciones  que  requiere  el  Real  decreto 
de  12  de  Marzo  de  1875  y  la  Real  orden  de  23  de  Junio  de  1876, 
para  optar  á  la  subvención  del  Estado. 

Lo  dicho  basta  para  justificar  la  originalidad  del  libro,  que  es 
la  primera  de  aquellas  condiciones ;  casi  todo  lo  (jue  sus  autores 
reseñan  y  describen,  ha  sido  examinado  por  ellos,  y  cuando  in- 
vocan el  testimonio  de  oti'os  viíijeros,  es  para  comprobar  ó  expli- 
f^ar  lo  mismo  de  que  dan  noticia.  Reunir  en  dos  gruesos  volúme- 
nes descripciones  tan  prolijas  y  completas  de  las  ciudades  y  mo- 
numentos más  notalSles  que  se  encuentran  en  el  largo  itinerario 
desde  Santiago  hasta  Ismailia,  pasando  por  Alejandría  y  el  Cairo 


SANTIAGO,  JERUSALÉX,  ROMA.  215 

y  en  las  extensas  regiones  de  la  Tierra  Santa,  sería  siempre  obra 
meritoria  en  quien  la  hiciese  bien,  sin  salir  de  su  gabinete;  pero 
ejecutarla  después  de  haber  visitado  pcrsoníilmente  todos  los  lu- 
gares que  se  mencionan,  es  obra  de  mérito  relevante,  que  es  la 
segunda  condición  que  de])en  tener  los  libros  que  aspiren  al  fa- 
vor del  Estado.  Por  üllimo,  la  de  que  se  trata,  merecería  propa- 
garse, no  solamente  por  ser  su  lectura  instructiva  y  amena,  sino 
también  porque,  escrita  con  espíritu  verdaderamente  religioso, 
puede  contribuir  á  mantener  y  fortalecer  en  el  pueblo  la  fe  cris- 
tiana. Así  viene  también  á  cumplirse  el  último  requisito  necesa- 
rio para  optar  á  la  subvención  que  se  pretende,  ó  sea  la  de  ser 
útil  la  obra  para  las  bibliotecas  públicas. 

Por  todas  estas  consideraciones  opinará  esta  Real  Academia  que 
la  publicación  de  que  se  trata  merece  la  protección  que  sus  auto- 
res solicitan,  mediante  la  adquisición  por  el  Estado  de  un  número 
de  ejemplares  que  el  Gobierno  estime  posible  y  conveniente. 

Francisco  de  Cárdenas. 


11. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV. 

Dos  escrituras  formarán  el  cuerpo  de  mi  cuadro  analítico.  La  pri- 
mera, inédita,  está  registrada  con  el  número  2  entre  las  hebreas 
(sección  castellana)  que  vinieron  del  archivo  de  la  Catedral  de  To- 
ledo al  Histórico  Nacional,  y  merece  figurar  al  lado  de  la  que 
publicó  Amador  de  los  Rios  (1),  donde  va  expuesta  la  «distribución 
de  los  tributos  que  pagaban  las  aljamas  de  los  judíos  de  Castilla 
en  1291.»  La  que  nos  ocupa  es  un  cuaderno  de  papel  ceblí,  cinco 


(1)    Historia  social,  poliilcay  religiosa  de  los  judíos  de  EspaTia  y  Portugal,  1.  ii,  apea- 
dice  n.  II. 


216  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA  DE   LA   HISTORL\. 

pliegos  en  folio,  que  se  escribió  de  1294 ,  y  lleva  por  título  Cuenta 
de  Juan  Mateo  Farradar  (1),  cobrador  ó  alfardero  alavés,  natural 
délos  Güetos,  Ayuntamiento  de  Mendoza.  aEsto,  dice,  es  lo  que 
montaron  los  derechos  de  toda  la  frontera  por  un  año  que  comen- 
có  primero  dia  de  Dezienihre  de  la  era  de  mili  e  cea  e  treynta  e  un 
año;  e  se  acabó  postrimero  dia  de  Noviembre  de  la  era  de  mili  e 
cea  e  treinta  e  dos  años,  segund  que  aquí  será  dicho. ^^  Comprende 
las  partidas  del  cobro  de  las  rentas  reales  en  el  arzobispado  de 
Sevilla  y  en  los  obispados  de  Córdoba  y  de  Jaén;  é  interesa  al 
examen  del  movimiento  comercial  de  aquella  época,  y  en  particu- 
lar al  de  los  pechos,  ó  contribuciones,  que  gravitaban  sobre  las 
aljamas  de  mudejares  y  hebreos.  Estos  últimos  pagaban  en  Sevi- 
lla 115.333  maravedises;  en  Niebla,  7.000;  en  Jerez,  5.000;  en 
Écija,  5.000;  en  Córdoba,  38,333;  en  Andújar,  1.500  y  finalmente 
en  Jaén,  Úbeda  y  Baeza  reunidas,  25.000.  Pero  más  importante 
que  todos  los  precedentes  es  el  último  folio  del  cuaderno,  que  pue- 
de servir  así  de  complemento  á  las  Cortes  de  Haro  ó  Villabona 
celebradas  en  Julio  de  1288,  como  de  ilustración  á  la  geografía  y 
estadística  de  la  provincia  de  Álava.  La  cuota  ó  rendimiento  de 
cada  lugar  demuestra  proporcionalmente  su  población  y  riqueza; 
los  nombres  allí  apuntados  suenan  como  extendidos  entre  los 
que  hoy  son  de  uso  corriente  alaveses  y  los  que  harto  se  han  he- 
cho conocer  por  el  Becerro  del  Monasterio  de  San  Millán  en 
precioso  cuadro  geográfico  del  año  1025  (2);  por  manera  que 
cotejándolos  y  aplicándoles  el  análisis  filológico,  podremos  lle- 
gar con  cierta  seguridad  á  la  determinación  de  algunos  puntos 
ó  leyes  fundamentales,  que  tiendan  á  desvanecer  no  pocas  pre- 
ocupaciones todavía  reinantes  y  despejar  más  y  más  la  fisonomía 
arcana  del  antiguo  vascuence.  Sin  hechos  no  hay  razón  científi- 
ca. Entre  los  nombres  de  color  y  de  estructura  vascongada,  muy 
raros  por  desgracia,  que  en  la  región  alavesa  ofrece  el  período  ro- 
mano con  sus  lápidas  y  textos  geográficos  por  un  lado,  y  los 
nombres  que  por  otro  lado  nos  pone  á  la  vista  el  mapa  sabiamente 


(1)  Cogedor  de  la  alfarda  [i^  yij\]  en  el  sentido  propio  de  tasa,  ó  tributo  impuesto 
para  el  servicio  de  la  nación,  que  tiene  el  vocablo  árabe. 

(2)  Llórente,  Noticias  históricas  de  las  tres  provincias  vascongadas,  t.  ui.  pág.  342-31Ci. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV 


!17 


trazado  por  el  Sr.  Goello,  media  la  distancia  enorme  de  quince 
siglos.  Los  nombres  antiquísimos  han  podido  sufrir  transfor- 
maciones ó  caer  totalmente  en  el  olvido  suplantados  por  otros; 
y  por  lo  tanto  urge  que  entablemos  discusión  sobre  monumentos 
intermedios  y  hábiles  para  cortar  la  duda  imprudente  en  ciertos 
casos  y  suscitarla  prudentemente  en  otros.  Así,  por  ejemplo,  no 
atino  á  creer  que  sea  norma  indeficiente  para  investigar  los 
límites  geográficos  el  atribuir  á  la  sílaba  inicial  ar  la  significa- 
ción de  piedra,  mojón  ó  ara;  toda  vez  que  con  idea  diversa  pudo 
entrar  en  Arana,  Ardngiiiz,  Argomániz,  /Irmeníia,  Arroyave, 
Artaza,  etc.  Ni  creo  tampoco  que  por  parecerse  fonológicamente 
á  otro  moderno  un  nombre  de  la  época  romana,  como  ^o-jírrá^iov 
á  Znazo,  haya  derecho  para  inferir  al  punto  que  son  idénticos 
per  su  radical  y  significado. 
Veamos  el  primer  documento. 


«En  Madrit  xxvii  días  de  Febrero,  era  de  mil  ccc.xxxiii  annos  vino  a 
cuenta  Johan  velez  de  Hueto  de  los  c  mil  maravedís,  que  diz  que  cogió  de 
los  pueblos  dalava,  que  prometieron  al  Rey  para  la  ayuda  de  la  cerca  de 
Tarifa  el  anno  de  xxx  annos;  e  lo  que  dixo  que  recibieron,  es  esto  con  los  di- 
neros que  diz. 


De  arvaxa 330 

De  Harriola 523 

De  Cordoua iOO 

DeBicuña  (I) i95 

De  sancta  Pia 90 

De  udala 75 

De  llano 203 

DeNarana 240 

DeHelguea 240 

De  jauregue 230 

De  Enguereño 600 

De  Hollivarre 350 

De  A9ÍIU 37 

De  Año 900 

De  ga9aeta 1200 


De  Garona 80 

De  axona 60O 

De  ygueleta 400 

De  Dulance 210 

De  harrarayn 300 

De  larraza 467 

De  Olga 25 

De  herencliyon 344- 

De  laraharra 240 

De  ayala 673 


De  harrieta.. , 
De  Guevara. , 
De  heztura.. 
De  maturana 
De  andicana. , 


200 
380 
220 
60O 
320 


(1)    Dejó  la  ñ  como  en  el  original,  sin  prejuzgar  si  sonaba  como  dos  enes. 


218 


'BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMLA.   DE    LA    HISTORLA.. 


De  andozqueta 36o;  3  dineros 

De  argomaniz iOO 

De  quilcliano ■^30 

De  ma  anchona '26 

De  mendixur 800 

De  lanclarcs  de  gamboa 800 

De  Mojo 400 

Decaafu 900 

De  afua 790 

DdOreñiyn COO 

De  liurifar -60 

De  Garayo 500 

De  Marieta 90 

DeOtaga iOO 

De  hollivarrigamboa 300 

De  Ciriano 200 

De  Geriiica 400 

De  Mefiano  mayor 868 

De  Meñano  menor 389 

De  liuUivariaraca 500 

Da  Mendiguren 374 

De  Lupidana 900 

De  yhurre 150 

De  Letona 316 

De  {;:ahytagin 100 

DeMurua 240 

DeMuradehe 200 

Dalarrinua 500 

De  Gopeliegui 337 

De  Iloüdategui 280 

De  Berricano 440 

De  Eciiagoyeii 260 

De  Buruaga 360 

De  Ilereydee 194 

De  Mendarozqueta 523 

De  Echaverre  de  viña 930 

De  Helossua 200 

De  nafarrato 1 87 

Dü  II u maga ' 400 

De  uaoziallo 230 


De  Sarricuri 300 

DeHota^u 300 

De  haverasturi 500 

De  buriarte 200 

De  arcaya 1000 

300 
100 
400 
100 
353 

De  Monasterio  guren 640 

670 
400 
273 
300 
900 
250 
300 
2o0 


De  Ollivarri  de  los  olleros.. 

De  Ollivarri  menor 

De  BoUivar 

De  gamiz 

De  Meana , 


De  luviano 

De  holiaraga 

De  arcaut 

De  Betriquez 

De  ylarra9  la    

De  Cario 

De  mataucu 

De  ania 

DeOretia 1100 

De  arbulu 340 

De  Ollivarri  doypa 500 

DeDurana 200 

De  anteyana 700 

De  Guereña 563 

De  Mautoyana . . . . .' 230 

De  Legarda 430 

De  artafaa 270 

De  apodaca 300 

De  hueto  de  yuso 1000 

De  bueto  de  suso 690 

De  burrialdo 300 

De  bullivarri  de  viña 800 

De  Suvijana 500 

De  lanclarcs 1 1 00 

De  liaztoguieta 600 

De  Otayáa 300 

De  Cumelfu 500 

De  Gumecba 800 

Dellareniz 800 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SICLO  XIV 


•:i!) 


De  Margarita., 500 

De  lennanda 220 

De  Ilollavarri 6U0 

De  Berrozteguieta iOO 

De  armentia  e  de  gaztlieta. . .  250 

De  heztarrona 430 

De  Cua^u 600 

De  villodas 800 

De  Traspuentes 840 

De  Goveyo 70 

De  crispijana 1 82 

De  Legartagutia 400 

De  Ciiartango 1528 

De  Man9anos 1 50 


De  Curaufion 712 

De  higahegui 1 40 

De  raoliniella 400 

De  cayzedo  de  yuso 497 

De  vasconi  ellaa 210 

DeEreña 261 

De  Meliedes 200 

De  villavezana 290 

De  villalnenga 1 22 

De  autecana 412 

De  Leziniana 300 

De  f  rezneda 1 50 

De  Cárcamo 162 


La  serie  de  los  pueblos  sigue  en  general  la  dirección  del  nordeste  al  sud- 
oeste desde  Narvaja,  donde  está  una  de  las  fuentes  del  Zadorra.  La  suma 
de  maravedises  (57,928),  que  escasamente  pasa  de  la  mitad  de  los  cieii  mily 
acusa  la  pérdida  ó  extravío  de  otro  cuaderno,  el  cual  unido  al  anterior,  ha- 
bría completado  el  parangón  á  que  se  presta  el  documento  del  año  102o,  co- 
nocido bajo  el  nombre  de  reja  de  San  llillcin.  De  esté  lie  solicitado  esmera- 
da copia,  que  espero  hará  sobre  el  Becerro  gótico  original  (1)  el  R.  Padre 
Fr.  Toribio  Minguella  de  la  Merced, 

«De  ferro  de  Álava. — lo  era  millesinia  sexagésima  tercia,  deca- 
no de  sancti  Emiliani  sicut  colligebat  ferro  per  Álava  (2),  ita 
scribimus, 

Ubarrundia. — Gamarra  maior,  duas  regas.  Hamarra  minor, 
una  rega.  Erretana,  una  rega,  Hamarita,  unarega.  Mengano,  una 
rega.  Hurribarri,  una  rega,  Menganogoien,  una  rega.  Gernica, 
una  rega,  Zeriano,  una  rega.  Betellogaha,  duas  regas.  Nafarrate 
et  Elhosu,  una  rega.  Hurnaga  una  rega.  Urbina  et  Angellu,  una 


(1)  No  cita  Llórente  el  folio.  La  publicación,  que  hizo,  se  ajustó  á  un  traslado  sacado 
directa  é  inmediatamente  de  ambos  Becerros,  que  el  célebre  ex-monasterio  posee. 

(2)  La  escritura  de  los  Votos  de  San  Millán  consigna  felizmente  el  número  de  ve- 
ciaos,  que  representa  cada  reja,  ó  barra,  de  hierro:  «Álava  cum  suis  villis  ad  suas  al- 
focas  pertinentibus,  id  est,  de  Losa  et  de  Ruradon  usque  Eznate,  ferrum  per  omnes 
villas  Ínter  domns  decemx\\i^ve\&.t>'E\  tributo  era  de  un  buey  por  cada  alfoz  en  toda 
Vizc&yK  (derivo  de  (JaUíarraga:  usque  iii  /fumen  Deva)  y  en  toda  Guipúzcoa  (de  ipsa 
Deva  iisque  ad  sanctnm  SeMstianum  Dernani). 


220  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

rega.  Lucu  et  Arzamendi,  una  rega.  Goihaen,  una  rega.  Bagoeta, 
una  rega. 

Gamboa. — Lehete,  una  rega.  Essavarri,  Argillana  et  Arina,  tres 
regas.  Lángara  et  Moio,  tres  regas.  Azoraa,  una  rega.  Zuhazu, 
una  rega.  Mariheta,  una  rega.  Hazua,  dúos  regas.  Hurizahar  et 
Orengoin,  una  rega.  Mendissur,  una  rega.  Maturana,  tres  re- 
gas, una  de  cubito  in  longo,  et  duas  minores.  Essavarri,  una 
rega. 

Harhazua. — Durana,  duas  regas.  Arzubiaga,  una  rega.  Zurba- 
no,  duas  regas.  Hillarrazaha,  duas  regas.  Zerio  una  rega.  Oretia 
et  Matauco,  tres  regas.  Ania  et  Junquitu,  tres  regas.  Argumaniz, 
tres  regas.  Arbuslu,  duas  regas.  Luviano,  duas  regas.  Hurribarri, 
una  rega.  Doipa,  duas  regas.  Sansoheta  una  rega.  Arroiaha  et 
Retia,  una  rega.  Meudivil,  una  rega. 

Harhazua  II. — Betoniu,  duas  regas.  Elhorriaga,  una  rega.  Ar- 
cahia,  una  rega.  Sarricohuri,  una  rega.  Otazu,  una  rega.  Gamiz, 
una  rega.  Borinivar,  una  rega.  Hurribarri,  una  rega.  Haberas- 
luri  et  Huriarte,  Argendonia,  Betriquiz,  Hascarzaha  et  Sancti 
Romani,  tres  regas. 

Malizhaeza. — Abendangu,  una  rega.  Armentehi,  tres  regas. 
Ehari,  una  rega.  Gazaeta,  una  rega.  Berroztegieta,  duas  regas. 
Lasarte,  tres  regas.  Harizaballeta  et  Gardellihi,  tres  regas.  Gaz- 
tellu  et  Meiana,  tres  regas.  Mendiolha,  Hollarruizu  et  Adurzaha, 
tres  regas.  Gastehiz,  tres  regas.  Arriaga,  una  rega. 

Hiruzhaeza. — Igelhegieta,  tres  regas.  Iscona,  tres  regas.  Tro- 
coniz,  duas  regas.  Burgellu  et  Garonna,  duas  regas;  in  alio  anno, 
nna  rega.  Hararihini,  una  rega.  Aialha,  duas  regas.  Larrahara, 
una  rega.  Dullanzi,  una  rega.  Aniu,  una  rega.  Larraza  et  Al- 
bergoieu  in  dúos  anuos,  tres  regas.  Hereinzguhin  et  Habaunza, 
tres  regas. 

Hegiraz. — Hansamio,  una  rega.  líarrahia,  una  rega.  Haiztara, 
una  rega.  Zalduhondo,  duas  regas.  Mizquina,  una  rega.  Pater- 
niana,  una  rega.  Ilagurahin  et  Salurtegui,  una  rega.  Ocariz  et 
Padura  et  Opaucu,  una  rega.  Munniahin,  una  rega.  Pinguu- 
na,  una  rega.  Harrizaballaga,  llegilior  et  Abulanga,  tres  regas 
in  auno. 

Septem  alfoces. — Ilcguiraz  et  Sancti  Romani  et  llurabagin  et 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIGLO  XIV.  221 

Albiniz  et  Hamezaha,  uno  andosco  (1).  Hilardui  et  Arzanhegi  et 
Ibarguren  et  Anduiahin,  Ileinhu,  uno  andosco.  Zornoztegi,  Irros- 
sona,  Horibarri,  Udalha,  uno  andosco. 

Barrandiz. — Galharreta,  una  rcga.  Gordua,  una  rcga,  Arrio- 
Iha,  duas  regas.  Narbaiza,  duas  rcgas.  Larrea,  una  rega.  Ilazpu- 
rua  et  Ilurdgurrenna  et  Zuhazulha,  una  rega.  Ermua,  una  rega. 
Audicaua,  una  rega.  Algio,  una  rega.  Deredia,  una  rega.  An- 
dozqueta,  una  rega.  Kirku,  una  rega.  Helkeguren,  una  rega. 
Zuhazu,  una  rega.  Uhulla,  una  rega.  Erdongana,  una  rega. 

Langrares. — Transponte,  uno  carnero  (2).  Mendil,  una  rega. 
Harrieta,  una  rega  in  anno.  Gurtupiano,  una  rega  in  alio  anno. 
Adanna,  una  rega.  Mendoza,  una  rega.  Eztarrona,  una  rega. 
Otazaha,  una  rega.  Haztegieta,  una  rega.  Gobeio,  una  rega.  Zu- 
hazu, una  rega.  Lermanda,  una  rega.  Margarita,  duas  regas. 
Gomega,  una  rega.  Ariniz,  una  rega.  Zumelzu,  una  rega.  Benea, 
una  rega.  Subillana,  una  rega.  Elhenivilla,  una  rega.  Lupero, 
una  rega.  Quintaniella  de  Sursum  Zaballa,  una  rega.  Billodas, 
tres  regas.  Langrares,  tres  regas. 

Murielles. — Gersalzaha,  una  rega.  Olhabarri,  una  rega.  líuer- 
zas,  una  rega.  Mandaita,  una  rega.  Murielles,  una  rega.  Urbilla- 
ua,  una  rega.  Haizcoeta,  una  rega.  Artazaha,  una  rega.  Barhoa, 
una  rega.  Kinea,  una  rega.  Garcamu,  una  rega.  Frasceneta,  una 
rega. 

Ossinganin. — Pabes,  una  rega.  Arbigano,  una  rega.  Bascon- 
guelas,  una  rega.  Erennua,  una  rega.  Gassicedo,  una  rega.  Cas- 
tellu,  una  rega.  Padul,  una  rega.  Villoria,  una  rega.  Arreio,  una 
rega.  Lagus,  una  rega.  Gassicedo,  una  rega.  Lecingana,  una 
rega.  Gassicedo,  una  rega.  Antepardo,  una  rega.  Moliniella,  una 
rega.  Olibani,  una  rega.  Moscatuero,  una  rega.  Gomungoni,  una 
rega.  Torreciella,  una  rega.  Arcillana,  una  rega.  Villavizana, 
una  rega.  Lunantu,  una  rega.  Ripa,  una  rega.  Torrissu,  una  rega. 
Garasta,  una  rega.  Zuhiabarrutia,  novem  regas.  In  Quartango, 
duodecim  regas.  In  Urca ,  octo  regas.  Revendeca ,  una  rega. 
Olhaerrea,  una  rega.  Bardauri,  una  rega. 


(1)  ¿Res  de  ganado  menor  que  tiene  dos  años? 

(2)  En  labortano  akari.  La  raíz  es  muy  problemática. 


222  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMLA   DE   LA    HISTORLA. 

Alfoce  de  Fornello. —'Evcima,  una  rega.  Anuzquita,  ima  rega. 
Villaluenga,  una  rega.  Lunivilla,  una  rega.  Taiu,  una  rega. 
Sancti  Juliani,  una  rega.  Ripa  Martini,  una  rega.  Lizinganiella, 
una  rega.  Antezana,  una  rega.  Mázanos,  una  rega.  Ripa  Orta, 
una  rega.  Melietes,  una  rega.  Quintaniella,  una  rega.  Igahigi, 
una  rega.  Ripa  Vellosa,  una  rega.  Aramingon,  una  rega.  Ripa 
Acuta,  una  rega.  Logrozana,  una  rega.  Baia,  una  rega. 

Rivo  de  Ivita. — Prango  et  Prango,  duas  ragas.  Armendihi,  una 
rega.  Atazabal,  una  rega.  Betruz,  una  rega.  Argote,  una  rega. 
Sancti  Meiani,  una  rega.  Torre,  una  rega.  Sancti  Martini,  una 
rega.  Galbari,  una  rega.  Cimeutu,  una  rega.  Barolha,  una  rega. 
Loza,  una  rega.  Alma,  una  rega.  Paldu,  una  rega,  Mesanza,  una 
rega,  Sebastian,  una  rega.  Bergilgona,  una  rega.  Langu,  una 
rega.  Guzkiano  de  Yuso,  una  rega.  Bustia,  una  rega.  Gogate, 
una  rega.  Agellu,  una  rega.  Pudio,  una  rega.  Barizahaga,  una 
rega.  Sagassaheta,  una  rega.  Orzalzan,  una  rega.  Uarte,  una 
rega.  Marquina  de  Yuso,  una  rega.  Carrelucca,  una  rega.  Mar- 
quina  de  Suso,  una  rega.  Bassahuri,  una  rega.  Hobbecori,  una 
rega.  Hassarte,  una  rega. 

Ilarrahia. — Sancta  Pia,  duas  regas.  Atahuri  de  Suso,  dúo  re- 
gas.  Atahuri  de  Yuso,  dúo  regas.  Okerruri,  dúo  regas.  Sabando 
de  Suso,  dúo  regas.  Sabando  de  Yuso,  dúo  regas.  Ebisate,  dúo 
regas.  Donnas,  dúo  regas,  Mussitu,  dúo  regas.  Kerriauu,  dúo 
regas.  Haizpilleta,  dúo  regas.  Erroeta,  dúo  regas.  Allegga,  dúo 
regas.  Gekungano,  dúo  regas.  Elhorzahea,  dúo  regas.  Bahaeztu, 
dúo  regas.  Kessalla,  dúo  regas.  In  his  villis  predictis,  ubi  bacca 
occidcrint,  dúo  regas  donant.  Oquina,  una  rega.  Izarza,  una 
rega.  Azazaheta,  una  rega.  Birgara  de  Suso  et  Birgara  de  Yuso, 
dúo  regas.  Apinganiz,  una  rega.  Gesalua,  una  rega.  Bahanezta, 
una  rega.  Bcrrozihavi,  una  rega. 

Divina. — Oto  et  Oto,  tres  regas.  Huribarri  et  Uribaldo,  tres 
regas.  Mandoiana,  una  rega.  Gerenga,  una  rega.  Legarda,  una 
rega.  Artazaha,  dúo  regas.  Apodaca,  dúo  regas.  Mendiguren, 
una  rega.  Arangiz,  una  rega.  Avoggoca,  una  rega.  Ihurre  et 
Lopeggana,  tres  regas.  Audicana  et  Oronda,  tres  regas.  Zuffia  de 
Suso,  tredccim  regaij.  ZufTuí  de  Yuso,  novem  regas.» 

Tracemos  ahora  el  cuadro  comparativo. 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTRniOIl  AL  SIGLO  XIV.  233 

1 .  Narbaiza,  A  rvaxa.  Narvaja.— En  escritura  (Llórente,  49] 
del  año  lOüO  Narbaza;  en  otra  de  1071  (Llor.  55)  Narvaiza; 
y  en  113't  (Llor.  103)  Larhasa.  ¿De  navatzar  (navazo,  navajo)? 

1.  Harriolha,  Harriola,  Arrióla.— Confina  al  O.  con  Nar- 
vaja y  al  S.  con  Górdoa.— //arri  (piedra,  roca)  se  pronnnciaba  con 
aspiración,  qiio  ha  perdido,  lo  mismo  que  olha  (taller,  oficina, 
habitación). 

3.  Gordua,  Cordoua,  Górdoa.— La  final  a  representa  el  ar- 
tículo pospuesto  á  corche  6  gordu,  vocablo  afine  del  lalin  horlus 
(huerto)  y  del  bajo-latín  curtís  (corte,  corral.) 

4.  Pingunna,  Bicuña,  Vicuña.— En  1200  (Llor.  193)  Vicu- 
nia.  ¿Bahildu  (arrebañar)?  La  «junta  ó  concejo  de  personas,» 
que  Larraraendi  llama  hilcuma,  se  dice  en  suletín  hükhurra. 

5.  Sancta  Pia,  Santa  Pia,  Santa  Pia. —  El  monasterio 
con  este  nombre,  dependía  de  San  Veremundo,  abad  de  Irache, 
en  1085  (Llor.  G8). 

G.  Udalha,  Udala,  Udala.— Despoblado  entre  Lnzuriaga  y 
Zuazo.  —  ¿De  udare  (peral,  peredal? 

7.  ¿Langu?  Llano,  ¿Laño? 

8.  Narana,  Arana. — En  1089  (Llor.,  75)  firmó  la  donación  del 
patronato  de  San  Andrés  de  Bolívar  «sennior  Garsia  Beiliz  de 
Arana.»  El  catiilogo  de  1294  puso  Narana  en  vez  de  At-ana,  y 
viceversa  ^ í'uaxa  en  vez  de  Narvaxa.  De  la  ?i,  ya  cadente,  ó  bien 
expletiva,  ya  sustituyendo  á  la  Z,  hay  varios  ejemplos  en  vas- 
cuence, que  demuestran  el  genio  dental  del  idioma.  Arana  (valle) 
quizá  es  vocablo  aune  del  griego  aOxriv ,  con  cuyo  nombre  designó 
Estrabón  (1)  los  valles  pirenaicos  de  la  frontera  francesa  (2). 

9.  ¿Helkeguren?  Helguea,  Elguea. — En  1085  (Llor.  70),  su 
señor  Sancho  Sánchez  dio  á  San  Juan  de  la  Peña  «unum  mo- 
nasterium,  quod  dicitur  sancti  Laurentii  de  Iraza  cum  sua  me- 
dia villa,  que  apellatur  Elkea. »  Significa  elgue ,  lo  que  el  labor- 
tano  elhi  y  guipuzcoano  ele  (ganado,  rebaño),  y  además  ganade- 
ría por  contracción  de  el-egui  (corral  de  ganado)  (3).  En  sule- 


(1)'  111,4,  11. 

(2)  Entre  ellos  el  valle  de  Aran,  que  suena  con  este  nombre  en  documentos  del 
siglo  IX,  y  presenta  en  sus  lápidas  romanas  claros  vestigios  del  vascuence. 

(3)  Diccionario  de  Larramendi,  art.  Ganado. 


224  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

tín  (1)  elgiie  vale  tanto  como  campo  cultivado  ó  pradera.  La  raíz 
es  el  ó  eldu  (ganar).  Guren  es  genitivo  de  gur  (arriba). 

10.  Jaiiregue,  Jáuregui. — Brotó  de  Jau[na]r[en]egui  (casa  del 
señor,  palacio). 

11.  Enguereño,  Guereño. — Confina  con  Jáuregui  y  Ullibarri- 
Jáuregui.  En,  antepuesto  á  Guereño^  me  parece  ser  el  artículo 
castellano  el;  lo  que  explicaría  perfectamente  la  razón  de  N'arana 
(aló  ía  Arana).  Guereño,  en  dialecto  navarro,  vale  tanto  como 
garaño  (garañón)  en  guipuzcoano  y  labortano.  El  vocablo,  con 
significación  de  caballo  bayo,  era  vulgar  en  España  á  fines  del 
siglo  VI,  cuando  escribió  San  Isidoro  (2):  «Cervinus  est  quem 
vulgo  gauranem  dicunt.  Aeranem  idem  vulgus  vocat,  quod  in 
modum  aerei  sit  colorís. »  Sin  embargo,  no  debemos  olvidar  el 
bajo-latín  garaúna  ó  garenna  (dehesa) ,  ni  el  vasco  herengo  (tercio). 

12.  Horivarri,  Hollivarre,  Ullibarri-Jáuregui. — Hori  va 
con  el  vizcaíno  uri  (mansión,  villa),  al  paso  que  en  guipuzcoano, 
navarro  y  labortano  la  primera  vocal  se  hace  menos  oscura:  iri, 
hiri.  Esta  preferencia  de  la  vocal  grave  por  los  dialectos  del 
Oeste,  se  puede  notar  asimismo  en  varri  ó  harri  (nuevo),  verri  y 
herri.  En  el  Duranguesado,  país  intermedio,  hemos  visto  (3)  el 
monasterio  Varria  (el  nuevo),  Echevarría  (la  casa  nueva),  «dom- 
na  Legoutia  Esceherriensis.y) 

13.  Acilu,  Acilu. — ¿De  azi-l[ek]u  (lugar  de  sembradura)? 

14.  Anio,  ^ño,  Hcnayo. — En  1138  (Llor,  \12) '  Annio.  ¿Del 
latín  castro  Annio?  Tiene  ruinas  romanas. 

lo.  Gazaheta,  Gameta,  Gaceta, — ¿De  Sagarzaeta  (manza- 
nar)? Sagassaheta,  del  año  1025,  era  en  1085  (Llor.  79j  Sa- 
garzaeta. Gaza,  no  obstante,  forma  vizcaína  de  gruesa  (dulce)  en 
los  demás  dialectos,  pudo  alternar  con  sagar  (manzana),  emer- 
gente del  latín  saccharum  (azúcar).  La  manzana  misma  es  el  'po- 


(1)  Géze,  Eléments  de  grammaire  lasque,  dialccte  soítlctin,  suivis  d'v.n  vocahulairc 
hasque-franrais  et  franrais-hasqv.e;  Baj-ona,  1873.  El  dialecto  labortano  tiene  además  el 
verbo  alha  (pacer,  pastorear),  del  que  lia  formado  alhapide  (camino  de  pasto).  v?Wí  sig- 
nifica propiamente  «ganado  mayor,»  tal  vez  afine  del  árabe  r"^'  faWfía,  uros  ó  toros 
salvajes). 

(2)  Etymol.,  xii,  1. 

(3)  DoLETÍN,  t.  ni,  pág.  2G2-207, 


EL  VASCUENC1-;   M.AVKS  ANTEIilOH  AL  SICLO  \1V,  ^C"» 

mum  massia^mm  del  que  habla  Plinio;  '^uy.i  raíz  aria  (sánscrito 
tnadlni)  significa  «dulce.» 

16.  Garonna,  Cmrona,  Gaun.— En  el  año  871  Llor.  12) 
Ganna,  y  en  1138  (Llor.  11  Oi  (¡aonna.  ¿Del  latín  ganea  icabaña)? 
La  inserci(3n  de  r  suave  es  característica  de  la  conjugación  nava- 
rra (1)  cuyo  influjo  se  dejó  sentir  en  la  vizcaina  (2).  Durante  el 
espacio  de  mil  años  las  formas  de  un  mismo  vocablo  en  tierra  ala- 
vesa han  dado  las  variantes: 

871.  Ganna  (pronunciando  Gaña?) 
1025.  Garonna. 
1138.  Gaonna. 
1294.  Garona. 
1871.  Gaiina,  Gaun. 

No  hay  pues  necesidad,  si  bien  siento,  de  explicar  con  mu- 
danza de  radical  las  variaciones  dialécticas  que  se  ofrecen  en 
la  conjugación  de  los  auxiliares ,  donde  viéremos  intercalada 
la  r.  Así,  por  ejemplo,  en  vizcaíno  d-cm-t  (lo  he  yo)  pudo  salir 
de  d-aro-at;  pero  también  viceversa,  como  el  castellano  eres  del 
latín  es  pasando  por  la  forma  hipotética  ees  (3'.  Faltan  hoy  por 
hoy  términos  hábiles  para  decidir  tamaña  cuesliíjn,  cuya  trans- 
cendencia nadie  ignora;  mas  entretanto,  el  estudio  de  unos  mis- 
mos vocablos  en  determinada  región  vascongada,  combinado  con 
la  Historia  y  la  Geografía,  podrá  no  mal  esclarecer  los  pasos  de 
la  Crítica,  hasta  que  se  descubran  textos  auténticos  de  la  antigüe- 
dad, en  los  que  resuelle  el, alma  del  idioma,  ó  el  verbo. 

17.  Iscona,  Axona,  Igona. — En  1138  (Lor.  112)  Assono. 

18.  Igelhegieta,  Igueleta,  Eguileta. — La  raíz  fué  tal  vez 
igel  ó  iguel  (ranal,  de  suerte  que  Jgueleta,  traducido  en  latín  se 
habría  dicho  Raneto,  que  aparece  en  e.scritura  (Llor.  24)  del 
año  952.  Hegi,  pronunciada  hegni,  ó  egui,  es  un  sufijo  local,  y 


(1)  Van  Eys,  Etude  sitr  Vorigine  et  la  formatton  (les  'certesauxiliaires  lasquiS,  pági- 
na 38-66;  París,  1875. 

(2)  El  idioma  de  Álava  es  subdialecto  del  vizcaino.  La  influencia  del  navarro  dismi- 
nuyó sin  duda  después  de  la  sentencia  arbitral,  dictada  en  1177  por  Enriviue  II  de  In- 
^rlaterra.  En  Arratia  la  >•,  asi  interpuesta,  es  vocal  como  la  ri  sánscrita. 

(31    Así  también  hemos  sacado  '<liombre»  de  /tor/iiin]e,  «lumbre»  de  {»»¡¡/«>,  etc. 

TOMO  ni.  IG 


226  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORIA. 

á  veces  aumentativo:  andi-egui  (demasiarlo  grande;.  Higelhe- 
gieta  vale  pues  tanto  como  decir  «lugar  de  muchas  ranas.» 

19.  Dullanci,  Dulance,  villa  de  alegría. — En  los  fueros  de 
población  que  le  dio  Alfonso  XI  (20  Octubre,  1337)  dice  el  mo- 
narca: «É  por  que  la  dicha  villa  sea  mejor  poblada...  tenemos  por 
bien  que  haya  nombre  Alegría  de  Dulanci.»  Vinieron  á  formar 
parte  de  su  vecindad  las  aldeas  de  Igueleta,  Heuayo,  Larraza, 
Oiga,  Larrara  y  Ayala.  Su  nombre  debió  de  ser  el  del  montecito, 
próximo  á  su  oriente,  coronado  por  el  castillo  de  Henayo,  donde 
en  1799  se  mostró  la  inscripción  (Hübner,  2939): 

S'SEVER 
TVLLONIO 
V  •  S  •  L  •  Al 

Las  millas  del  Itinerario  Antoniniano  parecen  fijar  algo  más 
lejos,  al  O.  ó  cerca  de  Escarza  el  sitio  de  la  mansión  tvllonio  (1). 
Bien  pudo  referirse  á  Dullanci,  como  término  del  distrito  regio- 
nal á  que  se  extendía  la  ciudad  várdula;  puesto  que  no  raras  ve- 
ces las  mansiones,  ó  paradas,  así  como  las  estaciones  de  nuestros 
caminos  de  hierro,  estíiban  á  cierta  distancia  de  la  población, 
cuyo  nombre  tenían.  Si  fué  Dullanci,  en  realidad  el  várdulo 
TVLLONIO  (ToüXwv/jy  de  Ptolcmeo) ,  la  derivación  indica  otra  forma 
intermedia:  Dullaunci,  que  corresponde  á  la  más  antigua  Tul- 
launci  como  Durango  á  Turanko  (2).  En  vizcaíno  hay  las  dos 
formas  de  un  mismo  adjetivo  aundi  6  andi  (grande);  el  cual  tal 
vez  entró  en  la  composición  de  Dullanci  ó  Dulanci,  como  asimis- 
mo en  la  de  Irunia  (iri-aundia,  la  ciudad  grande),  nombre  vas- 
congado y  común  á  pómpelo  (Pamplona)  y  á  la  despoblada  sves- 
.SATio  (Iruña  de  Álava). 

20.  Harrarahini,  Harrarayn,  Arrarain  (despoblado  en  el 
Ayuntamiento  de  Elburgo). — ¿Sinónimo  del  labortano  harroin 
(pilar)?  El  sufijo  ahini,  forma  alavesa  del  siglo  xi,  es  muy  nota- 


(1)    Véase  Boletín,  iii,  21. 

12]    Idid.  205.-Duranc¡  en  lOTS  (I.Ior.  58). 


VA.  VASCUENCE  AI.AVKS  ANTErUOH   AL  SIGLO  XIV.  •>27 

ble.  Enlaza  el  in  de  Arrarañi,  Andoain,  etc.  del  país  vasco-espa- 
ñol con  el  enía  del  vasco-franccs  en  Bechienia  {\) ,  Mahatse- 
nia  (2),  etc.  Probablemente  dimanó  de  la  partícula  locativa,  que 
significa  lo  mismo  que  la  inglesa  on  (encima,  en  incumbencia  de), 
y  abora  se  dice  en  labortano  gain,  guipuzcoano  gañ  y  vizcaíno 
gan.  Pide  genitivo;  y  así,  harrar-áldni,  que  brotó  de  harriaren- 
gáhi7ii  (encima  de  la  roca)  obedece  á  las  mismas  leyes  de  con- 
tracción que  hemos  visto  en  jáuregui,  formado  dojaimaren-egui. 
Otro  tanto  hace  el  sufijo  labortano  haitan,  contracción  quizá  de 
[g]ai[ne]ia7i,  por  ejemplo:  cataren  haitan  (en  casa  del  padre). 

21.  Larraza ,  Larraza,  Ilarraza.— De  ilharr-aza  (haza  de  ar- 
vejas). En  escritura  del  año  1138  (Llor.  112)  se  presenta  como 
fiador,  «García  Sanz  de  lllarraza.n 

22.  Olga  (despoblado  de  Alegría).— ¿Variante  de  olha  (herre- 
ría)? Olga,  en  1085  (Llor.  69),  se  decía  el  río  que  dio  su  nombre 
á  la  Rioja. 

23.  Hereinzguhin,  Herenchoyn,  Herenchún. — Hereinz 
(tercio?),  va  determinado  por  guhin,  como  en  escritura  del 
año  1027  (3),  Aez  (peña)  lo  estuvo  por  coien,  correspondiente  al 
moderno  goyen.  En  vez  de  Herenchún,  el  dialecto  navarro  habría 
dicho  Irurzün. 

24.  Larrahara,  Laraharra,  ermita  de  Larrar  en  el  término 
de  Alegría. — De  larra[r]-á  (el  prado). 

25.  Aialha,  Ayala^  Ayala. — ¿Sinónimo  del  labortano  y  bajo- 
navarro  eihara  (el  molino)?  La  mudanza  de  eiJir  en  aihl  justifí- 
case así  por  los  derivados  de  iharr-a  (el  valle),  por  ejemplo,  Ayhar 
en  Navarra,  Eyhar,  en  Guipúzcoa,  como  por  otras  localidades, 
expresadas  en  nuestra  lista  del  año  1025:  Hegiraz  (Eguílaz), 
Ehari  (Alí) .  El  mismo  «Álava»  se  ha  pronunciado  Araba. 

26.  Harrieta,  Harrieta,  Arricia. — Significa  pedregal.  En 
composición  la  consonante  de  harri  (piedra)  podía  suavizarse: 
Harrizabállaga  (Arrízala),  Harizabálleta  (Arcc/iavaleta), 
frecuentativos  de  arri-zabal  (piedra  ancha,  lat.  Petralata).  El  acen- 


(1)  Casa  de  Sare,  donde  reside  el  eminente  vascófllo  Mr.  Wentwortli  Webster. 

(2)  Alqüeria  de  Guétary. 

(3)  «In  Aezcoien  (Peralta),  villa  que  dicitur  Abarzuza.»  Llor.  33. 


228  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

to  hacía  doblar  la  I  de  zahal;  y  la  aspiración  de  la  r,  al  perderse^ 
trocaba  en  ch  la  z,  como  lo  demuestran  ambos  ejemplos.  Tan  cier- 
to es  que  el  vascuence  no  ha  de  colocarse  entre  las  lenguas  pu- 
ramente aglutinativas,  y  que  el  cambio,  ó  síntesis  de  sus  letras, 
anda  muy  lejos  de  ser  totalmente  reconocido. 

27.  Guevara,  Guevara. — Es  la  Tí.3áXx  de  Tolomeo  (1).  El  vas- 
cuence tiende  á  transformarla  I  en  r  entre  dos  vocales:  ainguero 
del  latín  «angelo,»  oro  (todo)  del  griego  í'xjí.»  Después  de  TijSxXa. 
vemos  á  TspáXonm  en  la  Vardulia  de  Tolomeo.  Conjeturo  que  el 
tipo  nominal,  indígena  de  la  primera  ciudad  fué  Zahala,  y  el  de 
la  segunda  Zahaleta,  pronunciándose  la  z  inicial  de  la  raíz,  como- 
en  Arec/iavaleta. 

28.  Haiztara  (2),  Heztura,  Etura. — ¿De  aitz-ur  (agua  de  pe- 
ña)? La  mudanza  de  aiz  en  ez  halla  su  intermedia  en  Aezcoien  (3), 
del  año  1027  (Llor.  33),  dialecto  navarro.  La  muy  antigua  aspira- 
ción y  la  z  del  radical  se  han  perdido  en  Etura. 

29.  Maturana,  Maturana,  Maturana  (4).— Concierta  con  el 
sustantivo  latino  villa  (aldea,  quinta,  caserío)  que  se  sobreentien- 
de. Todo  el  país  alavés  eétá  sembrado  de  restos  de  población  ro- 
mana. Crispijana  fCrispimanaJ,  Leciñana  (LicinianaJ,  Paterni- 
na  (Paterniana),  etc. 

30.  Audicana,  Andicana,  Audicana. — Hacia  el  año  104Q 
salió  por  íiador  de  una  donación  (Llor.  35),  al  monasterio  de  San 
Juan  de  la  Peña  «sénior  Sancio  Lopiz  de  Audicana.»  ¿De  al- 
deco  (aldehuela)? 

31.  Andozketa,  Andozqueta,  Andosqueta,  ermita  en  el  lu- 
gar de  Ileredia. — En  1086  (Llor.  71)  Antozketa.  Daedánóeda- 
tú  (beber)  ha  formado  el  vascuence  edoski  (mamar  el  animal)  y 
eredoski  ó  eradoski  (dar  á  mamar,  ordeñar).  Con  esta  raíz  paré- 
cerne  se  aviene  andosko^  res  distinta  del  carnero,  que  pagaba 
el  lugar  de  Trespuentes.  El  diccionario  de  la  Academia  deüne  ac- 
tualmente andosco  «res  de  ganado  menor,  que  tiene  dos  años;» 


(1)  Boletín,  t.  iii,  pñ?.  30. 

(2)  ¿Haiztura  en  el  original?  La  a  de  la  escritura  gótica  es  tan  abierta  que  se  pare- 
ce á  la  u.  En  labortano  :.aitura  es  «cerdo  de  tres  á  doce  meses.» 

(8)    Su  nombre  castellano  es  Peralta,  latino  Petralta  ó  Pet/a  alta. 

(1)    En  escritura  del  año  955  (Llor.  2-5)  leemos  «doinna  Justa  de  Matn.mnd.» 


EL  VASCUENCt:  ALAVÉS  ANTERIOII  AL  SIGLO  XIV.  22!) 

í^ero  la  edición  del  año  1770,  que  faé  la  primera  en  proponer  el 
vocablo,  nos  dice  que  es  ares  lanar  que  lionc  dos  años.»  No  cita  la 
Real  Academia  ninguna  autoridad;  y  es  verosímil  que  no  tuviese 
á  la  vista  otro  documento  que  el  nuestro  del  año  1025,  fijándose 
para  dar  la  definición  en  la  segunda  sílaba  de  andosco.  Tam- 
poco trae  autoridad  en  su  diccionario  el  P.  Estéijun  Terreros, 
para  quien  andosco  es  el  carnero  de  tres  años.  Semejante  sistema 
desdice  del  método  científico.  Andosco,  por  lo  mismo  que  aparece 
•como  contribución  de  pueblos  alaveses,  y  so  ve  entrañado  en  la 
nomenclatura  geográfica  de  este  país,  pudo  tener  origen  del  vas- 
cuence, ó  bien  de  una  palabra  latina,  modificada  en  su  pronun- 
ciación conforme  á  las  leyes  fonológicas  de  aquel  idioma.  Así  de 
villüso  (velloso),  pronunciado  á  la  latina  (vil-loso),  nace  regular- 
mente hildots  ó  hildoch  (cordero  borro,  ó  no  recental).  El  vascuen- 
ce rehuye  en  el  radical  el  choque  de  la  Z,  así  como  el  de  n,  con 
■otra;  y  transforma  la  segunda  en  d:  latín  caballo,  francés  clieval, 
vascuence  zaldi;  latín  mannus ,  catalán  macho,  vascuence  man- 
do; latín  sanus ,  vascuence  sendo  (sano),  pasando  por  senno  del 
francés  sain.  Así  que,  nada  se  opone  á  que  en  teoría  deduzcamos 
andosco  del  bajo-latín  annolio  ó  annoso,  fuente  del  castellano 
<iñojo  (becerro  de  un  año  cumplido).  Obsta,  sin  embargo,  que  el 
vocablo  es  antiquísimo  en  el  tesoro  de  la  euskara,  y  se  repite  con 
sobrada  frecuencia,  en  las  inscripciones  romanas  de  la  Vasconia 
francesa,  como  bien  lo  repara  M.  Luchaire  (1).  Tales  son  los  no- 
minativos  ANDVS,    ANDOSS,    ANDOXVS,   y  loS  CaSOS  ObliCUOS   ANDOS 

TENNO  ANDOSi  ffiUo),  ANDOSso,  ANDOSsic,  nombrcs  propios  de  va- 
rón, que  del  latín  ciertamente  no  se  tomaron.  Si  la  raíz  es  vas- 
congada, el  nombre  pudo  significar  toda  cría  de  ganado  menor  ó 
mayor,  de  lana  ó  de  cerda;  y  al  antojo  del  uso,  supremo  juez  y 
arbitro  de  los  idiomas,  incumbió  el  aplicar  (si  en  realidad  así  fué) 
<xñojo  al  becerro  y  andosco  al  cordero  borro  ó  borrego. 

32.  Argumaniz,  Argomaniz,  Argomániz. — Quizá  de  arku- 
3we,  compuesto  de  ardi-liume  (recental  de  oveja,  cordero). 

33.  .  Quilchano,   despoblado  de   Elburgo.  —  En  el  año  1095 


(1)    Etvdes  sur  les  idiomes  Pyrénéens  de  la  región  franraise,  pág.  67,  "(i,  TT;  Pa- 
rís, 1879. 


230  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Kexana  (Llor.  80],  ¿Del  vizcaíno  g azta i  {queso ,  latín  caseiisj? 

34.  Jlaranchona,  Maranchón,  monte  y  fortaleza  antigua  de  la 
Berrueza. — No  la  nombra  el  primer  documento  por  ser  entonces 
propia  de  Navarra.  En  el  privilegio  de  los  votos  (Llor.  18)  Ma- 
rangone;  en  lOíO  (Llor.  34)  Maragnione;  en  1057  (Llor.  46) 
«monte  de  Maranione.»  El  dialecto  labortano  conserva  herho 
ó  herrho  (brezal,  maraña).  La  m  en  vascuence  reemplaza  á  menu- 
do la  t;  ó  í^  inicial :  wagfiíina,  m.akilla,  del  latín  vagina  (vaina). 
haculus  (bastón);  mentura  (ventura),  merchika  (albérchigo).  Lo 
mismo  hace  el  castellano:  amimbre,  del  latín  vimine.y>  El  radical 
de  Maranchona  debió  de  ser  variedad  eufónica  del  de  Berrueza 
(Berrogi). 

35.  Mendissur,  Mendixiir,  Mendíjur. — En  1060  (Llor.  49) 
Mentisur.  ¿De  mendi-clmri  (monte  blanco]? 

30.  Lángara,  Landares'de  Gamboa,  Nanclares. — En  1071 
(Llor.  54)  Langarica;  en  1075  (Llor.  57)  Langreiz;  en  1113 
(Llor.  89)  Langlares.  La  terminación  es  de  Langlares  provino 
de  Langarica,  que  ya  empezaba  á  contraerse  en  Langreiz. 
La  mudanza  de  la  g  en  c,  de  la  r  en  Z,  y  de  í  en  n  dimanó  de  la 
influencia  castellana.  La  raíz  del  vocablo  ya  se  nos  mostró  en 
Langu  (Laño).  Me  inclino  á  creer  que  fué  romana,  reforzada 
por  el  empeño  de  los  reyes  visigodos  en  llamarse  Flavios.  En 
efecto;  Lain,  Laño,  Lainez,  brotaron  de  Flavino ,  Flaino.  Con 
todo,  la  ibérica  Lancia,  asaz  frecuente  en  todo  el  norte  de  la  Pe- 
nínsula, como  indicio  de  castro,  ó  castillo  fuerte,  antes  que  los 
abatiesen  las  legiones  romanas,  landa  y  otras  reclaman  también 
su  parte.  En  punto  á  etimologías  no  se  puede  andar  con  sobrado 
tiento. 

37.  Molo,  Moio,  Menoyo.— En  1114  (Llor.  91)  se  escribía 
Menoio. 

38.  Zuhazu,  Cuaco,  Zuazo  de  Gamboa.' — De  zuaitz,  que  de- 
nota propiamente  el  roble,  del  que  se  saca  tabla,  ó  madera.  Está 
formado  de  zur-árilza  (roble  de  tabla);  pues  viceversa  se  dice  la 
tabla  de  roble  aritz-zulá.  Posteriormente,  sin  perder  el  primer 
ú  originario  sentido^  ha  significado  «¿írbol  grande  ó  arboleda,» 
como  en  labortano  zuhaitz,  suletín  zuhaütze.  El  roble,  ó  famoso 
árbol  de  Guernica,  es  de  esta  especie.  Cada  junta  de  concejo,  ó 


EL  YASt:LENCH  ALAVIÍS  ANTKIUOR  AL  SIGLO  XIV.  y.]\ 

comunidad  (batzarra)  vascongada,  se  tenía  probablemente  desdo 
la  más  remota  antigüedad  bajo  uno  de  estos  árI)olcs.  Por  ello  son 
tan  frecuentes  en  Álava  los  Zuazos:  y  así  me  explico  la  razón  no- 
minal de  2;v£77ácr/:v  en  Tolomeo,  y  de  svkssatio  en  el  Itinerario 
de  Antonino,  que  también  se  lee  svissatio.  La  mansión  ha  deja- 
do su  nombre  en  Ziiazo,  que  está  entre  Armentia  y  el  gran  des- 
poblado de  Iruña. 

39.  HaQua,  Eania,  Azua.— En  el  año  952  (Llor.  24)  Areze 
en  988  (Llor.  20)  Arce  y  brotaron  del  teutónico  Arcemiro.  En 
Navarra  es  conocido  el  río  y  valle  de  Areso.  ¿Do  arte-su  (en- 
cinar)? 

40.  Orengoin,  Oreñayn^  Orenín. — En  el  año  952  (Llor.  24) 
Orango,  y  en  1085  (Llor.  70]  Aurangi.  De  gora[n]go-in  (en 
lo  alto).  Orenín,  desde  la  cima  del  monte  en  que  se  asienta,  do- 
mina una  extensa  llanura. 

41.  Hurizahar,  Huricar,  Urízar. — De  uri-zar  (villa  vieja). 

42.  Garayo,  Garayo. — En  1087  (Llor.  74)  Garagio,  y  en  1136 
(Llor.  112)  Garachio.  En  1114  (Llor.  91)  cítase  Mejioio  entre  Me- 
nagaray  y  Mnnica.  De  garaiko  (cumbre). 

43.  Mariheta,  Marieta,  Marieta.— En  1095  (Llor.  80)  Mar- 
rieka.  Si  viene  de  madari  (pera),  equivale  á  madariaga  (peral, 
peraleda). 

44.  Otazaha,  Otaga^  Otaza. — De  ote  (argoma). 

45.  Hurribarri,  Hollivarrigamhoa,  Ullibarri  Gamboa. — 
De  uri  harri  (villa  nncva^.  La  r,  sencilla,  de  Hurizahar,  con- 
trapuesta á  la  doble  de  Hurribarri,  me  hace  pensar  que  el  an- 
tiguo vascuence  extendía  á  las  consonantes  la  regla  de  armonía 
vocal,  que  le  ha  valido  en  la  clasificación  de  las  lenguas  un  grado 
notable  de  semejanza  con  los  idiomas  magyar  ó  húngaro,  turco, 
mongólico  y  demás  úralo-altaicos.  Esta  ley,  (jue  podríamos  lla- 
mar de  consonancia  atractiva,  se  ve  también  observada  en  Hi- 
ruzhaeza,  hoy  Iruráiz  (tres  picos). 

46.  Zeriano,  Ciriano,  Ciriano.— En  1200  (Llor.  193)  Ce- 
riano. 

47.  Gernica,  Gernica,  Guernica. — Hoy  despoblada  en  el  tér- 
mino de  Meñano  menor.  La  de  Vizcaya,  Guernika  en  1051 
(Llor.  42).  ¿De  guerri  (lomo,  loma)? 


íS'v'  boletín  de  la  real  aoademlv  de  la  historia. 

48.  Mengano  goien,  Meñano  mayor,  Miñano  menor.  Goien 
significa  propiamente  «superior,»  de  goi  (alto). 

49.  Mengano,  Meñano  menor.  Miñano  menor. — Del  bajo- 
latín  mediano.  En  108U  (Llor.  72|  Mediano;  en  1179  (Llor.  132) 
Mennano. 

50.  Hurribarri,  Hullivarriaraca,  Ullibarri,  despoblado  del 
monte  Aiaca  entre  los  dos  Miñanos. — En  1179  (Llor.  132)  Urri- 
harri  (villa  nueval. 

51.  Mendiguren,  Mendiguren,  Mendigaren. — El  adjetivo 
no  puede  confundirse  con  el  de  Mendixur.  Aquí  es  churri 
(blanco),  allí  guren  (el  más  alto)  que  hemos  visto  en  Helkegu- 
ren;  y  se  verá  en  Monesterioguren. 

52.  Lopeggana,  Lupidana,  Lopidana. — De  Lope-echana 
(casa  de  Lope^ . 

53.  Yhurre,  Yhurre,  Yurre. — De  hi-xir-urren  (inmediato  á 
dos  aguas).  En  1057  (Llor.  4Gi  decíase  Biurco  la  villa  de  Yé- 
cora.  El  Zallas  y  el  Zadorra  bañan  el  término  occidental  de  Yurre. 
De  Yurreta,  lugar  vizcaíno,  hay  memoria  en  1072  (Llor.  56): 
«monasterium  unum  in  confinio  Duranci,  cum  decania  partís 
Vizcahie,  nomine  lurreta,  reliquias  sancli,  Martini  ferens.» 

54.  Letpna,  Letona. — En  871  (Llor,  12)  Letonu;  1093  (Llor,  79) 
Letona,  y  en  1173  (Llor,  149)  también  Letona.  ¿De  Celedonius? 
La  derivación  no  es  imposible;  y  se  nos  hará  menos  extraña  si 
recordamos  que  hace  más  de  mil  años  tuvieron  no  lejos  de  allí  san- 
tuarios los  mártires  Celedonio  y  Emeterio,  y  que  de  sánelo  Eme- 
terio  se  ha  formado  el  nombre  de  la  ciudad  cántabra  Santander. 

55.  Caliitagin,  Záitegui. — De  zain-tegui  (mansión  del  guarda). 
Fueron  alcaides  de  su  famoso  castillo  en  1192  «Furtado  de  Álava» 
y  en  1196  «Enego  Lopiz  de  Mendoza»  (Llor.  180,  188).  En  ambas 
escrituras  suena  Zííiíeí/ui.  Cítalo  D.  Rodrigo  Jiménez  de  Rada  (i), 
entre  las  fortalezas  que  conquistó  Alonso  YIII.  El  códice  tole- 
dano que  sirvió  para  la  edición  de  Lorenzana,  escribe  Zegui' 
tagui,  y  el  Complutense  Zeguitaguin,  aproximándose  á  Cahg- 
tagin,  que  prevaleció  por  lo  visto  á  fines  del  mismo  siglo  xiii. 
La  n  final  ¿representa  la  inserción  de  tegv.i  en  zai-n?  El  nombre 

(1)    De  relius  Hispauiac,  I.  vii,  cap.  '.i2. 


EL  VASGLENCE  ALAVÉS   ANTEHIOlt  AL  Slf.LO  XIV.  '2X\ 

OtOStellaiio  de  Záitegiñ,  esto  es,  La  Guardia,  lo  tenemos  eu  l;i 
Irontera  de  Álava,  guardando  el  paso  del  Ebro. 
50.     Miirua,  Múrua.— Significa  «el  muro.» 

57.  Miiradehe,  Murabe. — Despoblado  vecino  á  Murua.  En  1088 
(Llor.  70)  Moreta.  ¿De  Muruátegui  (aldea  de  Miíma)? 

58.  Larrinoa^  Larrinoa.  — En  vizcaíno  larrañ  significa  «era 
donde  se  trilla,»  y  en  labortano  larrain  «llanura,  valle,»  de  larre 
(llano,  prado).  La  primera  raíz  es  latina:  área  (era),  de  la  que  se 
lormó  el  vocablo  gallego  leyra. 

59.  Gopehegui,  Gopegui. — De  gor-pe-tegui  (casa  debajo  de  lo 
alio). 

60.  Hondategxá^  Ondátegui. — ¿De  ondar  (fondo)?  El  mayor  de 
sus  riachuelos  atraviesa  el  fondo  de  una  peña,  á  la  que  está  ado- 
sada la  población. 

61.  Berricano,  Berrícano. — ¿De  he-erri-gan  (en  tierra  baja)? 

62.  jEc/ia^foj/en,  Echagoyen  (1). — Be  eche-goyeti  (casa  de  arri- 
ba). Opóuese  á  su  colindante  por  el  Oriente,  es  decir,  al  pueblo 
de  Groroztiza,  que  en  1040  (Llor.  35)  se  decia  Eskerecocia,  y 
en  1071  (Llor.  55)  Escherecoza,  y  se  halla  al  ina  del  monte 
Oqueta  con  dos  fuentes  ferruginoí?as.  Cocia  y  coza  hoy  se  di- 
rían gutia  ó  guchia  (el  pequeño). 

63.  Buruaga,  Buruaga.— En  1087  (Llor.  74)  Buruaga.  De 
buru  I  cabeza). 

64.  Hereidehe,  Erive. — La  sílaba  ñnal  he  me  parece  residuo 
de  hehe  (bajo),  como  lo  indica  la  forma  actual  «Erive,»  pues  ya 
se  ha  visto  que  Murabe  lo  es  de  Muradehe.  ¿De  ereiten  (sembrar' 
ó  ereite  (sembradío)? 

65.  Mendarozqueta  ,■  Mendarozqueta.  —  De  mendi  (monte)  y 
arotz  (herrero).  Aunque  no  esté  incluido  en  los  diccionarios,  aroz- 
queta  pudo  significar  «grande  herrería.» 

66.  Echaverre  de  viña,  Echavarri  de  Yiña. —  De  eche-varri 
casa  nueva).  El  territorio  de  Viña  fué  quizá  el  de  los  vennenses, 

ó  vENUEsi,  que  cita  Plinio  (2). 

67.  Elhosu,  Helossua,  Elosu.— El  diccionario  geográfico  por 


(1)  También  se  llama  por  contracción  Echaguen. 

(2)  Véase  Boletín  iii,  pág.  3't. 


234  ÜOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    D-E    LA    HIST0RL4. 

la  Real  Academia  de  la  Historia  quiere  que  eu  el  documento  del 
año  1025,  tantas  veces  citado,  se  puso  Elohosu;  pero  Llórente, 
á  quien  sigo,  Elhosu.  Su  término  septentrional  es  frontera  de 
Vizcaya,  sobre  la  margen  izquierda  del  rio  de  Santa  Engracia,  y 
en  el  centro  del  distrito  de  Villareal,  que  fertilizan,  además  de 
aquel  rio  el  Iharhalz  (corriente  negra)  y  el  Bostihayeta  (cinco 
raudales).  En  1333,  con  las  aldeas  de  Nafarrate,  Urrünaga,  An- 
gelu,  Gojain,  y  Urbina,  fué  agregada  por  Alfonso  XI  á  Villareal 
(((]ue  tenemos  por  bien  de  mandar  poblar  en  el  lugar  que  dicen 
Legutinno  (1'.»  Llámala  el  Rey  en  este  documento  Losu.  Quizá 
se  formó  del  vocablo  vizcaíno  erlaiitz  (colmena),  con  el  sufijo  sii^ 
que  le  da  la  idea  de  «colmenar.» 

68.  Nafarrate,  Nafarrate,  Nafarrate.— En  1179  (Llor.  132} 
Navarrete;  de  nava-erri  ^tierra  de  la  nava,  ó  de  la  vega)  contra- 
puesta á  goi-erri  (tierra  de  la  montaña). 

69.  Hurnaga,  Hurnaga,  Urrünaga. — Sinónimo  de  Urrutia 
(lejana);  de  urrün  (lejos).  En  el  año  052  Diego  Beilaz  dio  al  mo- 
nasterio de  San  Millán  (2)  un  solariego  de  Urrünaga:  «In  Hur- 
na,  Musca  Telluz,»  documento  (Llor.  24)  muy  digno  de  aten- 
ción y  estudio.  Por  él  consta  con  certidumbre  que  los  solariegos 
del  lugar  de  Lekete  (3)  se  apellidaban  «Tellu  Vinquentize,  Beila 
Lequentize,  etc.»  Los  patronímicos  e.stán  compuestos  del  pospo- 
sitivo ze,  primera  sílaba  de  zeme  (hijo)  y  de  los  genitivos  latinos 
de  Vincentius  y  Decentius;  esto  es  Vincenti,  Decenl'iy  pronuncia- 
dos por  boca  vascongada.  Ya  Moret  observó  que  varios  apellidos 
navarros  de  la  primera  época  anadian  íntegro  al  genitivo  latino 
el  nombre  xeme  (hijo),  que  á  su  vez  resulla  de  xemen  (4). 

70.  Angellu,  Nanziello,  Angelu. — ¿Del  latín  angelliis  (reco- 
do), diminutivo  de  angulus?  En  952  (Llor.  24)  Anguellu;  en  117^ 
(Llor.  132)  Anguello,  y  en  1200  (Llor.  193)  Angello.  Al  norte  de  Viz- 
caya, cerca  del  cabo  Ogaño,  está  la  población  marítima  Iharran- 
guélua,  compuesta  de  dos  parroquias  ó  barrios  antiquísimos.  De 


(1)  ¿De  ZeAíí-^íííífl  (lUijar  pequeño,  lu<.'arcillo,? 

l"2)  '<A(1  alrium  ganoti  Einiliani  preshiteri,  qui  est  in  monasterio  nergeijio  » 

(3)  Lehete  en  \0'2U.  Despoblado  de  Ullibarri-Oainboa. 

(4)  Jii/ieiio.  ¿tíe  latín  semen.'' 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOU   AL  SIGLO  XIV.  -^.já 

uno  y  otro  hay  recuerdo  en  las  firmas  del  documento  del  año  Ki.jl , 
cuyo  texto  latino  he  dado  ;t  conocer  (1):  «Acenari  sancoic  de 
ivarra;  Gideri  memez  de  ankelu.r, 

71.  Sarricohuri,  Sarricuñ,  Sarricuri  despoblado  de  Elo- 
rriaga.— En  1338  (Llor.  1121  Sarochio;  pero  antes,  en  1087  (Ll.  75) 
Villa  Porkera.  Basarrico  (porquera)  y/mW  (villa).  Van  Eys  (2) 
no  registra  sino  las  formas  navarra,  labortana  y  guipuzcoana  del 
animal;  es  decir,  cherri,  y  la  guipuzcoana  y  vizcaína  charri.  La 
pronunciación  de  la  ch  radical  es  menos  áspera  en  el  vascuence 
francés.  Antiguamente  se  acercaría  todavía  más  á  la  de  nuestra  s. 
Los  Cerretanos^  limítrofes  del  valle  de  Aran,  eran  célebres  por 
la  cria  (sin  perdón  sea  dicho)  del  cerdo. 

72.  Otazu,  Hotaeu,  Otazu. — Sinónimo  de  otadi  (argomal). 

73.  Haberasturi,  Haberastiiri ,  Aberásturi. — De  aheratz- 
uri  (villa  de  ganado). 

74.  Hurlarte,  Hurtarte,  Uriarte,  despoblado  en  el  término 
do  Aberásturi.— En  1056  (Llor.  45)  Huart,  y  en  1082  Uharthe 
(Llor.  66),  que  es  Ugarte  de  Müjica  en  Vizcaya,  manifestaban 
una  ley  de  flexión,  ó  derivación,  que  impide  identificar  su  pri- 
mera raíz  con  \^  üq  Huriarte  que  en  1114  (Llor.  91)  era  Uliarte.  La 
de  este  vocablo  es  /iwn,  y  unida  al  adjetivo  arte  produce  el  signi- 
ficado de  villa  mediana.  La  de  aquellos  es  wr  (agua),  y  se  unió  al 
sufijo  arte  (entre),  anticuado  harthe;  y  trocando  la  aspiración  en 
g,  produjo  «ligarte»  con  sentido  de  «entre  agua.»  presa  de  moli- 
no, islilla. 

75.  Arcahia,  Arcaya,  Arcaya. — ¿De  arkaitz  (berrocal)  ó  arri- 
gai  (cantera)?  El  sufijo  gai  (de  eguin,  hacer)  indica  habilidad  para 
realizar  lo  que  significa  el  nombre  al  que  se  pospone.  Las  letras 
h,  cí,  g  (suave),  siguiendo  inmediatas  á  la  r  final  de  sílaba,  suelen 
mudarse  en  fuertes.  Por  esta  razón  de  ar[ri]gai  vino  Arcaya,  y 
tal  vez  arkaitz. 

76.  Ollivarri  de  los  olleros,  Ullibarri  de  los  olleros. 

77.  Ollivarri  menor,  UUibarriguchi.  La  reja  de  San  Millán 
coloca  á  Hurribarri  entre  Bolívar  y  Aberásturi,  de  suerte  que 


(1)  Boletín  ni,  302-305. 

(2)  Dictionn.  basco-franjáis,  art.  charri. 


23G  BOLETÍN    DE    LA    REAL    AGADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

corresponde  sin  iluJa  alguna  á  Ollivarri  de  los  Olleros.  El  cambio 
de  Hurri  en  Olli,  tiene  por  base  una  ley  de  transformación,  que 
ya  he  notado  en  el  núm.  12  de  este  Ensayo  analítico,  artículo 
Horivarri  =  //o/¿it'arre.  Merece  además  notarse  cómo  en  boca 
del  pueblo  se  ha  conservado  el  adjetivo  «guchi»  (pequeña),  que  el 
catálogo  de  1294  traduce  por  «menor.» 

78.  Borinivar,  BoUivar,  Bolívar. — Dio  su  nombre  á  un  ape- 
lUdo  sobrado  célebre  en  los  f¿istos  americanos  de  la  presente  cen- 
turia. En  1087  (Llor,  75)  Bonivar.  No  debe  confundirse  con  la 
segunda  parroquia  de  la  vizcaína  Cenarruza,  que  en  1051  (Llor.  42) 
regía  «Ligoarius  molinibarriensis  abba.»  El  vocablo  se  ori- 
ginó de  harri  (nuevo),  aplicado  al  latín  molendino  (molino),  bajo- 
latín  molinio,  y  transformado  sucesivamente  en  molini,  horini, 
honi,  bolli,  huli,  afine  este  último  al  catalán  molí. 

79.  Gamiz,  Gamiz^  Gamiz. — Patronímico,  derivado  como 
Gómez,  Mameiz,  Momeiz,  del  árabe  --ysr-'. 

80.  Meana,  Meana. — Del  bajo-latín  mediana. 

81.  Monesterio  guren.,  Monasterioguren. —  Guren  (superior). 

82.  Luviano,  Luviano,  Luviano. — ¿Del  bajo-latín  liibia  6 
labia  (pórtico,  ándito,  corredor)?  En  ¡Santiago  de  Gompostela  es 
famoso  el  hospital  antiquísimo  de  San  Félix  de  Llovió,  que  hace 
mil  años  hizo  construir  el  obispo  Sisnando  I,  según  lo  refiere  el 
Cronicón  Iriense  (1):  «ct  lovium  ad  susceptionem  pauperum, 
ubi  nunc  est  ecclesia  sancti  Martini.»  Florez  (2),  atendiendo  á 
que  lovio  en  gallego  es  lo  mismo  que  «parra,»  dio  en  decir  que 
por  «alguna  antigua  y  notable»  llamarían  así  á  la  iglesia  de  San 
Félix.  Mas  el  texto  solamente  afirma  que  Sisnando  construyó  el 
hospicio  donde  estaba  tres  siglos  después,  ó  cuando  se  escribió  el 
Cronicón,  la  iglesia  de  San  Félix. 

83.  Elhorriaga,  Ifoliaraga,  Elorriaga. — Significa  «espinar.» 
En  1087  (Llor.  75)  firmó  «sennior  Albaro  Gonsalvez  de  Elhor- 


(1)  España  Sagrada,  xs,G03. 

(2)  Esp.  Sag.,  xix,  lOG.— Suele  explicarse  lovium,  voz  de  origen  teutónico  por  la  idea 
de  follaje  (alemán  laub),  que  t'.aba  en  los  patios  animación  á  semejantes  albergues.  La 
de  «parral  de  poca  altura,»  que  tiene  lobio,  según  el  diccionario  gallego  de  Cuveiro 
Piñijl,  ¿provino  del  idioma  suevo? 


EL  VASCLENCK  ANAVKS  ANTKHIOR   AI.  SIGLO  \IV.  "iS? 

riaga.))  El  nombre  y  su  Imilucción  ascienden  ámás  de  mil  años 
de  antigüedad,  toda  vez  que  en  fi7l  (Llor.  1-2)  se  descril)e  entre 
las  posesiones  otorgadas  al  monasterio  de  Acosta  (Ocoizta)  por 
el  obispo  Yívere  y  su  familia:  «Sancti  Romani  cum  sua  perti- 
nentia,  id  cst,  ubi  iniciat  via,  Zaiiga  (1)  sub  defesa  (2)  Ercihcli 
usque  via  de  Olleros  (3)  et  do  Spino  abbate  (i)  de  Elorriaga.» 

84.  Arcaut,  Arcante.— ¿De  argal-di  (terreno  pobre)? 

85.  Betriquiz,  Betriqnez,  Betriquiz,  despoblado  en  el  Icr- 
mino  de  Arcaute. — En  1138  (Llor.  \\i]  Betriquez.  Patronímico  de 
Pedro  en  vizcaíno  antiguo. 

86.  Hillarrazaba,  llarracaa,  Ilarraza. — La  primera  forma 
añade  claramente  el  artículo  al  sustantivo  lúllar-azaxi  (arvcjal). 
Azau  ya  no  se  usa,  si  no  es  en  sentido  de  «haz  ó  gavilla;»  pero 
en  su  origen  debió  de  significar  «colección.» 

87.  Zerio,  Cerio^  Cerio. — ¿De  azeri  (raposa)?  Arriba  (núme- 
ro 46),  hemos  visto  Zeriano. 

88.  Matauco,  Mataucu,  Matauco. — De  mahats-gokhoac  (ra- 
cimos, viñedo);  ó  tal  vez  de  ana  (población  judiega). 

89.  Ania,  Ania,  Ania,  despoblado  en  el  término  de  Junquitu, 
muy  cerca  del  de  Matauco. — Hoy  sólo  existe  su  ermita  do  San 
Martín. 

90.  Oretio,  Oretia,  Oreitia. — De  orein-di  (sitio  de  ciervosi. 

91.  Arbuslu,  Arhulii,  Arbulo. — ¿De  arri-busti-leku  (lugar 
de  piedra  mojada)? 

92.  Hurribarri,  Ollivarri,  Ullibarride  Arrazua. 

93.  Doipa,  Doypa,  Doipa. — De  Don-ípan  (San  Juan).  La  er- 
mita de  San  Juan  es  lo  único  que  ha  quedado  en  este  lugar, 
arruinado  casi  dos  siglos  há  en  el  término  de  Ullibarri-Arrazua. 
El  uso  de  Don  (latín  doninus)  por  San  aún  está  en  vigor:  Donos- 
lid  (San  Sebastián) ;  y  lo  atestigua  para  el  siglo  xrr  el  códice  de 
Calixto  (5):  «Deum  vocant,  urda;  Dei  genitricem,  andrea  Maria; 


(1)  Záitegui  (Zegititagui,  del  siglo  mu).  :¿Es  la  Qí^r.-y/.'j.  de  Ptolemeo? 

(2)  Dehesa. 

(3)  Ulibarri  de  los  Olleros. 

(4)  Abadía,  monasterio.    ■ 

(5)  Recueráos  de  un  cioje  é  Santiago  de  Galicia,  pág.  58;  Madrid,  1880. 


238  BOLETÍN    DE   LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA   HISTORIA. 

panem,  orgui;  vinum,  ardiim;  carnem.  aragiii;  piscem,  araign: 
domum,  echea;  dominum  domus  iaona;  dominara,  andrea;  eccle- 
siam,  elicera;  presbyterum,  belaterra,  quod  iiiterpretatur  pulcra 
torra;  triticum,  gari;  aquam,  wWcyrcgem,  e?'egfi«a;  saiictum  iaco- 
bum  iaona  DOMNE  iacue.y 

94.  Durana,  Durana,  Durana. — En  1089  (Llor.  77)  firmó 
como  fiador  «Lope  de  Durana.»  Los  pueblos,  con  los  cuales  lin- 
da, salen  nombrados  en  1025  por  el  documento  de  San  Millán: 
Gamarra  maior  (Gamarra  mayor),  Erretana  (Retana), 
Mendivil  (Mendivil)  y  Betoniu  (Betonio).  La  desinencia  pro- 
viene del  latín,  pues  concierta  con  «villa;»  pero  su  tipo  vascon- 
gado sería,  á  lo  que  estimo,  Iturrain  (üiir-raño,  hacia  la  fuente), 
cuyo  nombre  permanece  en  un  despoblado  vecino.  Desde  el  monte 
pintoresco,  donde  se  halla  Durana^  se  ven  24  pueblos.  Su  raíz 
nada  ó  muy  poco  debió  diferir  de  la  de  Durango. 

95-99.  Andicana,  Antecana;  Guerenga,  Guereña;  Man- 
toiana,  Mandoiana  (de  mando,  mulo?);  Le^aroía,  Legarda;  y  Ar- 
tazaha,  Artacaa. 

100.  Apodaca,  Apodaca,  Apodaca. — Sinónimo  de  Apozaga 
en  Guipúzcoa.  La  explicación  de  ambos  nombres  la  encuentro  en 
apoteaga,  colectivo  de  apote  (verraco).  En  1089  (Llor.  77)  firmaron 
como  testigos  «Fortun  Gonsalvez  et  Garsca  Beilaz  de  Apodaca;» 
y  en  1173  (Llor,  149)  persistía  invariable  la  misma  forma. 

101-102.  Oto,  Huelo  de  yuso,  Hueto  de  suso,  Los  Güetos. — 
¿Del  latía  alto?  En  castellano  antiguo  díjose  auter,  autero  (otero), 
también  de  alto. 

103.  üribaldo,  Ilurrialdo,  Urrialdo. — Despoblado  en  la  her- 
mandad de  los  Güetos.  Hoy  queda  su  hermita.  La  b  Üribaldo 
es  eufónica  y  concertada  con  la  r  suave  que  la  precede.  En  Na- 
varra dicen  ürraul.  Raices  uri-aldeco  (villar). 

104.  Huribarri,  Hullibarri  de  viña,  Ullibarride  Viña. — La 
repetición  frecuente  de  este  nombre  permite  apreciar  las  diferen- 
cias locales  de  pronunciación  en  cada  subdialecto. 

105.  Subillana,  Suvijana,  Subijana.— En  1087  (Llor.  74) 
Subillana,  y  en  1113  (Llor.  89)  Suhilana.  De  subi-aldean  (al 
lado  del  puente).  Lo  .tiene  sobre  el  Zadorra,  como  la  otra  Subi- 
jana de  Álava  sobre  el  rio  Bayas.  En  el  documento  de  la  funda- 


EL  VASCL'EN'CE  AL.WÉS  ANTEIUOR  AL  SIGLO  XIV.  2;U> 

ción  del  monasterio  de  Varria,  (jue  di  á  la  luz  pública,  se  indica 
la  situación  del  «pontuní  (¡uod  dicitur  riiarco(:ubi,y>  el  cual  perse- 
vera aún  hoy  día  en  Elorrio  con  el  mismo  nombre,  perpetuando 
la  memoria  de  su  constructor  Marcos.  Zubi  ipuenle),  lo  propio 
que  eüiorri  ¡espino)  pertenece  al  tesoro  antiguo  del  genuino  vas- 
cuence. 

lOG.  Langrares,  Lanclares,  Nanclares  déla  Oca. — En  1113 
(Llor.  89)  firmó  «Lope  Alvarez  de  Laudares. ^^ 

107.  Haztegiata,  Ilazteguieta .,  Asteguieta. — ¿De  astigar 
{tilo)?  En  Guipúzcoa  suenan  Astigarraga,  Astigarrela,  y  en  Viz- 
caya Astigarrivia.  Esta  última  localidad  se  escribía  (Llor.  85)  As- 
tigar ribia  en  1081. 

108.  Otazaha,  Otaraa^  Otaza. — Dcoíe  (argoma).  Con  el  tiem- 
po anduvo  limándose  el  artículo  ha  pospositivo,  que  fácilmente 
pudo  ser  ba  en  Hillarrazaba. 

109.  Zumelzu,  Cumelcu,  Zumelzu. — De  ziim{ar  h]dz  (álamo 
negro,  chopo).  La  construcción  es  menos  fuerte  en  Zumbelz  del 
navarro  valle  de  Yerri;  pero  se  usaba  en  Vizcaya,  puesto  que  en 
1051  y  en  el  subdialecto  durangués  (alameda  de  chopos)  se  lla- 
maba un  arroyo  lindero  de  Echevarría  (1):  «riguum  quod  dicitur 
rumelegui.i)  Este  último  nombre,  frecuentativo  de  zumel-,  es  si- 
nónimo de  zumelz-zu  (alameda  de  chopos).  La  contracción  de  zu- 
mar  en  zum  se  observa  en  composición  con  el  adjetivo  zuri,  ó 
churi  (blanco).  En  labortano  chum-churi  significa  «álamo  blanco," 
ó  simplemente  «álamo.» 

110.  Gomega,  Gumedia,  Gomecha.— Está  en  la  mitad  del 
camino  desde  Armen tia  á  Zumelzu,  y  confina  al  Oeste  con  Ari- 
ñez.— ¿De  Gomeedie  (casa  de  Gómez)? 

111.  Ariniz,  Hareniz,  Ariñez.— En  1106  (Llor.  85)  Harreiz, 
y  en  1151  (Llor.  372)  Ariniz.— Be  arguin  (cantero).  En  su  distrito 
€Stá  el  famoso  Inglesmendi  (monte  del  Inglés),  en  cuyo  recuesto 
y  en  el  año  13G7,  fueron  derrotados  por  las  tropas  del  rey  Don 
Pedro  los  ingleses  y  gascones,  puestos  al  servicio  del  bastardo 
Enrique  de  Trastamara. 


(l)    Boletín- III,  203. 


■240  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HlSTORLi. 

112.  Margarita,  Margarita,  Margarita. — En  1087  (Llor.  73í 
Margarita.  Romano  fué  tal  vez  el  nombre,  y  lo  acredita  la 
bella  inscripción,  empotrada  en  la  capilla  de  su  pila  bautismal 
(Hübner,  2928): 

M.  O  OCTAVIVS 
SABINI  ©  F  O  QJV 
I  R   O   CARICVS 

Marco  Octavio  Cárico,  de  la  tribu  Quirina,  hijo  de  Sabino. 

Sin  embargo,  la  inscripción  pudo  venir  y  extraerse  de  la  cer- 
cana svESSATio  (Iruña);  y  de  consiguiente,  no  demuestra  que  la 
población  de  Margarita  hubiese  existido  durante  la  época  romana. 
En  Galicia  y  en  Cataluña  subsisten  varios  lugares  de  la  misma 
denominación:  Margarita,  Margarit,  Margaride.  El  portugués 
tiene  almargem;  el  inglés,  moor,  y  el  francés,  marais,  rnarécage, 
sinónimo  del  castellano  marjal  ó  almarjal,  oriundo  del  persa  por 
medio  del  árabe  -^j^.  La  raíz  es  aria,  y  se  adapta  perfectamente  á 
los  marjales  que  forma  el  Zadorra  en  torno  áe  Margarita. 

113.  Lermandi  ,  Lermanda,  Lermanda. — ¿La  misma  raíz 
que  en  Armentia?  Los  habitantes  del  país,  según  rae  ha  dicho 
uno  de  ellos,  pronuncian  Laermandia.  Por  lo  menos,  seguro  es 
que  la  i  no  fallaba  el  año  1025. 

ll'i.  Hollarruizu,  Olharizu  en  1258,  Hollavarri,  Ollabarre. 
— Tuijo  linda  al  Sur  con  Ollabarre.  ¿Está  incluido  su  nombre  cu 
Hollarruizu? 

115.  Berroztegieta,  Berrozteguieta ,  Berrosteguieta.  —  En 
vizcaíno  hay  bior  (yegua),  y  en  los  demás  dialectos  higor,  heor. 
hehor.  De  ahí  salió  berrotz  (yegua  de  cría);  como  de  urde  (cerdo), 
ordotz  (verraco).  Es,  pues,  herróztegui,  cuadra  de  yeguas  madres. 
Y  que  así  fué,  bastante  lo  insinúa  un  instrumento  del  año  1105 
(Llor.  85):  «comparavi  uno  solare  cum  sua  divisa  in  villa,  quedi- 
citur  Berrozteguieta,  in  uno  caballo  et  in  uno  mulo.y> 

110.  Armentehi,  Armentia^  Armentia.— En  1776,  al  reedi- 
ficarse su  antigua  ig-esia  episcopal,  fué  descubierto  el  epitafio  ro- 
mano (llübncr,  2938)  consogrado  por  Pompeya  á  los  manes  de  su 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SICLO  XIV.  241 

anciano  esposo  Domicio  Attio.  No  veo  difícil  de  suponer  que,  así 
en  Lermanda  como  en  Armentia,  á  cuyos  pies  corría  la  vía  ro- 
mana que  bajaba  de  Iruña,  se  hubiesen  levantado  montones  de 
piedras  (acervi  lapidum),  arrojadas  por  los  viandantes  en  honor 
de  Mercurio.  Su  nombre  vascongado  ar-mendi,  de  arri-mendi, 
halla  eco  en  Aramendia  de  Navarra  y  en  su  siiKjiiimo  Aramingon 
ó  Armiñón  (montón  de  piedras).  El  sitio  poblado  junto  á  esto 
lugar,  se  habría  dicho  armendi-tegiii,  y  por  contracción  armen - 
tehi.  La  otra  Armentia,  ahora  castellana,  del  ayuntamionlo  do 
Treviño,  se  llamaba  en  1087  (Llor.  73)  Ermendica;  en  1083 
(Llor.  67)  Armendeca,  y  en  1025  (reja  de  San  Millán)  Ar- 
mendihi. 

117.  Gasteiz,  Gaztheta,  primer  recinto  fortificado  ó  «villa  de 
Suso»  en  la  ciudad  de  Vitoria. — En  1089.  (Llor.  77)  Gasteiz. 
Del  latín  castello,  pasando  por  casteldo  y  castelz. 

118.  Eztarrona,  Heztarrona,  Estarrona. — Bq  altzá  (aliso), 
(jue  también  se  dice  ostarro.  No  debe  confundirse  la  raíz  con  la 
de  Heztura  (Etura),  cuya  r  es  dulce. 

119.  Zuhazu,  Cuacu,  Zuazo. — En  1106  (Llor.  85)  Zuazo. 
Retiene  el  nombre,  y  quizá  el  sitio,  de  la  no  lejana  estación 

SVESSATIO. 

120.  Billodas,  FiZíodas,  Villodas. — Del  latín  villa.  En  el  año 
862  (Llor.  9)  existía  dentro  del  valle  de  Losa  la  heredad  «in  loco 
qui  dicitur  Villota  et  Villateca.» 

12Í.  Transponte,  Traspieeníes,  Trespuentes. — TranssGha. 
mudado  en  «Tres»  por  el  intermedio  Tras.  En  rcíilidad  su  primer 
nombre  se  refiere  al  puente  sobre  el  Zadorra,  que  la  separa  de 
Iruña.  Mas  como  la  despoblada  ciudad  se  halla  ceñida  por  el 
gran  río  de  Álava,  á  la  manera  que  lo  está  por  el  Tajo  la  ciudad 
de  Toledo,  no  faltaron  otros  puentes  en  las  inmediaciones,  como 
el  de  Villodas  y  el  que  enlaza  á  Mendoza  con  Margarita.  Así  que 
el  sitio  ha  ido  llamándose  con  toda  propiedad,  primero  Trans- 
ponte, luego  Traspiiejites,  y  ahora  Trespuentes.  Entre  tantas  y 
tan  importantes  inscripciones  de  svessatio  que  en  Iruña  existen, 
ó  se  han  transportado  á  los  pueblos  vecinos,  hay  dos  militares 
(Hübn.,  2926,  2927);  con  lo  cual  fácil  es  argüir  que  tuvo  guarni- 
ción romana. 

TOMO  III.  n 


242  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

122.  Goveio,  Goveyo,  Gobeo. — ¿De  go-hehe  (bajo  el  alto)? 

123.  Crispijana,  Grispijana. — Del  latín  Crispiniana. 

124.  Legartagutia,  Legar taguchia. — Despoblado  en  el  térmi- 
no de  Lermanda.  Pronunciábase  gutia  (la  pequeña)  guzia. 

125.  Quartango,  Cuartango^  Cuartango. — En  el  año  950 
(Llor.  23)  Quartango.  Del  bajo-latín  quartanico.  En  la  merin- 
dad  de  OrduñaliayTertanga,  derivado  quizá  de  «villa  íeríiajiica.» 

120.  Mázanos,  Máncanos,  Manzanos. — La  primera  forma 
confirma  la  derivación  que  se  da  al  castellano  «manzano,»  como 
.sacado  del  latín  massianum. 

127.  Comungoni,  Cumuñon,  Comunión. 

128.  Higahegui^  Ig^y. — ¿De  ibay-tegui?  Está  al  lado  del  río 
Bayas. 

129.  Moliniella,  Moliniella,  Molenilla. 

130.  Cassicedo,  Caycedo  de  yuso,  Caicedo  yuso. — En  1087 
(Llor.  73)  Casicedo. 

131.  Basconguelas,  Vasconietlas,  Basquiñuelas. — ¿Beha- 
sokoguela  (celda  ó  ermita  del  bosque)?  Está  el  pueblo  en  la  falda 
de  un  cerro  alto. 

132.  Erennua,  Ereña,  Hereña. — Del  castellano  herrén,  que 
á  su  vez  desciende  del  latín  farragine. 

133.  Melietes,  Meliedes,  INÍelledes. — Del  latín  medietas.  El 
sinónimo  vascongado  aparece  en  Ertanga  iLlor.  55)  del  año  1075. 

134.  Villavizana,  Fiííauecajia,  Villamezana  ó' Villabezana. 

135.  Villaluenga,  Vülaluenga,  Villaluenga. 

13G.  Antezana,  Antecana,  Antezaua  de  la  Ribera. — ¿Del  la- 
tín ANTISTLVXA? 

137.  Lecingana,  Lezíniana,  Leciñana  de  la  Oca. — Del  latín 
LiciNiANA.  En  1087  (Llor.  73)  Liciniana. 

138.  Frasceneta,  Frezneda,  Fresneda. — Del  latín  fraxi- 
ncto;  sinónimo  del  vascuence  lizarza,  lizarreta,  lizárraga. 

139.  Carcamu,  Cárcamo,  Cárcamo. 

Del  análisis  que  acabo  de  hacer,  infiero  que  hay  sobrade  teme- 
ridad y  ñuta  de  método,  cuando  el  problema  ibérico  se  plantea 
con  las  bases  que  le  han  señalado  Humboldt,  Phillips  y  Astarloa. 
El  vascuence,  vivo  organismo  de  la  palabra,  no  ha  estado  jamás 
inmóvil.  Con  el  tiempo  ha  ido  germinando  y  desechando  formas, 


EL  VASCUENCE  ALAVÉS  ANTERIOR  AL  SIOLO  XIV.  243 

que  trascienden  á  ocultar  y  modifícar  la  primitiva  raíz  nominal, 
é  involucrarla  con  sufijos  y  prefijos  gramaticales,  sujetos  á  leyes 
eufónicas;  de  los  cuales  no  pocos,  muertos  ya,  parecen  como  re- 
sucitar del  fondo  de  algún  valle  aislado  ó  del  polvo  de  los  archi- 
vos, para  poner  en  confusión  á  los  sabios.  Con  lodo,  si  bien  se  es- 
tudian, compaginándolos  y  clasificándolos  como  lo  hace  con  los 
sujetos  de  sus  tres  reinos  la  Historia  natural,  no  tardaremos  cu 
conocer  las  verdaderas  fuentes  del  óuskaro;  y  con  ellas  á  la  vista 
sabremos  juzgar  si  conviene  ó  no  aplicarlo  á  la  interpretación  de 
los  caracteres  ibéricos  y  de  las  lenguas  que  hablaron  los  habitan- 
tes indígenas  de  todo  nuestro  suelo  antes  de  la  invasión  céltica  y 
de  la  dominación  romana. 

Al  cerrar  esta  breve  discusión,  pláceme  insistir  acerca  de  un 
punto  de  alta  importancia  histórica ,  que  tocó  en  la'  íiltima  se- 
sión (1)  nuestro  doctísimo  compañero,  el  Sr.  Fernández  y  Gonzá- 
lez, dando  cuenta  de  sus  investigaciones  prolijas  sobre  los  ma- 
nuscritos rabínicos  de  la  Biblioteca  Escurialense.  Casi  todos  los 
ramos  del  saber  en  la  España  de  la  Edad  Media  están  vinculados 
al  progreso  científico  de  los  hijos  de  Israel.  ¿Quién  había  de  ima- 
ginar que  la  marcha  histórica  del  vascuence  no  estaba  excluida 
del  teorema?  Y,  sin  embargo,  del  fondo  geográfico,  sometido  á  la 
sagacidad  rentística  de  D.  Abrahén  Barchilón,  almojarife  mayor 
del  Rey  D.  Sancho  IV,  procede  la  escritura  que  ha  servido  de 
base  á  nuestra  investigación  filológica.  Álava,  Rioja  y  Xavarrn. 
no  menos  que  León  y  Galicia,  abrieron  cauce  hondísimo  á  la  ('fi- 
niente hebrea  (2). 

Fidel  Fita. 

Madrid,  9  Octubre  1883. 


(1)  5  Octubre. 

(2)  «Rex  vero  Aldefonsus  ponit  in  fidelitatem  Nag-araní  castellum  christianorum,  et 
Or  caste lli'jn  jiídeomm,  et  Arneáo  castellum  christianorum  ei  Cellorigo  castellum  ;,"- 
deorum.  Similiter  Saucius,  rex  Navarre  in  hac  fidelitate  ponit  Estellam,  quod  Petrus 
Rode"rici  tenet,  et  castellum  judeorum»  {Llor.  C2.)— ((Monasterio,  quod  dicitur  sancti 
Michaelis  de  Biurco  cum  sua  decania  sancti  Andree  de  monte  de  Maranione,  cum  suos 
molinos  et  cum  sua  casa  de  Biurco,  quod  fiiit  de  illo  iudeo.»  (Llor.  16.)  La  primera  es- 
critura es  del  año  1170,  y  la  segunda  de  1057.  Recuérdese  el  Jiidizniendi  de  Vitoria. 


VARIEDADES. 


III. 

MEMOEIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA    Y     ECONÓMICA     DE     LA     PROVINCIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS  *. 

(Contimiacion.j 

Deserción   de       102.    Del  fiboiTecimíento  cíue  los  vndios  tienen  a 

lo  5  yndios. 

la  comunidad,  de  la  corta  asistencia  que  tienen  de 
esta,  y  de  las  vejaciones  que  reciven  de  sus  Gorrcxi- 
dores  -  y  Gavildos,  resulta  la  mayor  parte  de  la  discr- 
cion  ^  que  se  experimenta  en  los  pueblos;  la  que  es 
tanta,  que  se  puede  computar  que  en  el  dia  están  fuera 
de  sus  pueblos  *  quando  menos  la  octava  parte  de  los 
naturales  que  existen.  Estos  están  dispersos  en  la  ju- 
risdicion  *  de  Buenos  Ayres,  Montevideo,  Santa  Fee, 
Bajada,  Gualeguay,  Arroyo  de  la  China,  terrenos  de 
Yapeyü,  Corrientes,  y  Paraguay,  cuyos  parajes  ase- 
guran todos  están  llenos  de  yndios  Tapes;  y  muchos 
de  los  prófugos  do  los  pueblos  permanecen  en  esta 
provincia  de  Misiones,  pasados  de  unos  pueblos  a 
otros,  en  los  que  los  tienen  ocultos  en  las  chácaras  ^ 
los  mismos  yndios. 


1  Véase  el  cuaderno  VI  del  tomo  II. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  los  corregidores. 

3  Asi  en  el  m?.:  en  la  edic.  de  Ángelis:  de  la  deserción. 

*  En  la  e,dic.  de  Ángelis:  está  fuera  de  sus  pueblos. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  las  jurisdicciones, 
o  En  la  edic.  de  .\ngelis:  en  sus  chacras. 


MISIONES    Dt:    INDIOS    GUARANÍ».  245 

103.  Los  perjuicios  que  se  ocasionan  de  estas  di-   Perjuicios  que 

,  ,  ,  -     ,  ocasiona    la 

serciones  son  muchos,  y  algunos  de  la  mayor  con-  deserción, 
sideración.  De  los  Reales  tributos  se  hace  imbcriíica- 
ble  la  recaudación;  la  decadencia  de  los  pueblos,  asi 
6n  la  populación,  que  se  disminuye,  como  la  falta  de 
ellos  * ,  y  de  su  posteridad,  como  en  la  de  sus  bienes, 
pribandose  del  trabajo  dolos  desertores,  es  considera- 
ble; pero  lo  mas  doloroso  es  el  daño  espiritual  que  se 
experimenta  en  ellos,  y  que  pide  se  solicite  remedio. 

104.  Los  yndios  que  se  desertan  llevan  general-   üs  causa  de  la 

.        1  j  •  1  ruina  de  mu- 

mente  alguna  yndia  que  no  es  su  muger,  con  la  que  ciias  almas, 
vive  ^  como  si  lo  fuera;  y,  ya  salga  de  la  provincia,  ó 
se  quede  en  ella,  en  todas  partes  pasan  por  casados, 
porque  aquellos  a  que  se  agregan,  sean  yndios  ó  es- 
pañoles, solo  cuidan  de  disfrutar  de  su  trabajo,  sin 
reparar  en  que  vivan  como  christianos,  o  no;  y  asi,  ni 
procuran  que  oygan  Misa,  niel  que  se  confiesen,  ni 
que  exerciten  ningún  acto  de  cristianos;  pues  saven 
que,  si  los  quieren  obligar  a  ello,  se  van  a  ofra  parte 
y  los  dejan:  con  que,  por  no  privarse  del  servicio  que 
les  hacen,  los  dejan  vivir  como  ynfieles. 

105.  Los  que  se  van  solos  abandonando  a  sus  mu- 
geres  y  familias,  y  lo  mismo  las  yndias  que  también 
se  huyen  solas,  en  quales  quiera  parte  que  se  estable- 
cen procuran,  si  pueden,  casarse  luego.  Es  mui  creí- 
ble *  que  este  desorden  haya  sido  mas  frecuente  en  los 
años  anteriores,  por  poco  cuidado  délos  Guras  de  es- 
pañoles en  las  informaciones,  o  por  testigos  falsos  que 
afirman  la  soltura.  En  los  mismos  pueblos  se  havisto 
también  este  desorden.  El  sr.  Malvar  en  su  general 

1  Asi  en  el  ms.:  en  la  edic.  de  Angelis:  de  estas  deserciones. 

2  Asi  en  el  ms.:  más  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  que  se  dismi- 
nuye con  la  falta  de  ellos. 

3  Asi  .se  lee  también  impreso  en  la  edic.  de  Áng-elis.  Estaría  más  co- 
rrecto de  esta  manera:  con  la  que  viven  como  si  lo  fuera;  y,  ya  salgan 
de  la  provincia,  ó  se  queden  en  ella. 

4  En  la  edic.  de  Angelis:  procuran,  si  pueden,  casarse;  luego  es  muy 
creíble. 


24G      boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

visita  uejó  proveydo  en  forma  de  auto  a  todos  los  Cu- 
ras de  españoles,  no  pudiesen  casar  a  ningún  yndio 
sin  dar  primeramente  parte  a  sus  propios  Curas.  De 
esta  acertada  providencia  se  puede  inferir  que  en  el 
dia  no  seríí  tanto  el  exceso;  pero,  quando  esto  no  su- 
ceda, sucede  el  que  el  yndio  que  se  ausenta,  dejando 
a  su  muger,  o  la  yndia  que  deja  a  su  marido,  el  que 
permanece  en  el  pueblo,  queda  sin  que  jamas  pueda 
tomar  estado,  aunr|uehaya  enviudado;  porque,  como 
se  ignora  donde  se  halla  el  fugitibo,  se  ignora  también 
si  es  vivo  o  muerto,  y  asi  no  pueden  pasar  a  segun- 
das nuncias  ' ;  de  que  resulta  el  vivir  siempre  en  con- 
tinuo amancebamiento,  en  ruina  de  sus  almas  ocasio- 
na de  estas  desordenes  ^. 

Casan  negras  y  106.  Teugo  uoticia  quo  CU  Santa  Fee  y  Corrientes, 
?i"  val  con  y  aun  dcutro  de  los  mismos  pueblos  está  sucediendo 
^"  '°^'  que  los  Curas  han  casado  yndios  con  negras,  y  mula- 

tas esclavas;  y,  como  las  leyes  previenen  que  la  muger 
del  yndio  y  sus  hijos  sean  del  pueblo  de  el,  y  por  otra 
parte  la  esclava  deve  seguir  a  su  amo,  y  los  hijos  son 
esclavos,  no  so  como  pueda  componerse  esto:  al  mismo 
tiempo  el  yndio  abrá  de  seguir  a  la  muger,  y  enton- 
ces se  perjudican  los  Reales  tributos,  y  el  pueblo  con 
su  falta  y  la  de  la  posteridad;  y  me  parece  que  este  es 
un  punto  que  pide  remedio. 

107.     Este  es  el  estado  presente  de  estos  pueblos  en 
lo  general,  y  al  que  viven  reducidos  estos  naturales. 

Lo  que  ?.>iui  se       108.    Ya  que  he  manifestado  a  Vm.  lo  que  han  sido 

refiere  es  re-  ,        .  ,  , 

lativo  al  de-  y  sou  CU  general  estos  pueblos,  y  su  govierno,  quiero 
de  Cande?a-  dccir  algo  CU  particular  de  los  del  departamento  de 
mi  cargo;  con  la  satis facion  de  que  hablo  con  quien 
los  ha  visto,  y  comparado  con  el  resto  de  los  demás 
pueblos  de  esta  provincia,  y  que  puedo  confirmar 

*    Asi  en  el  ms.:  en  la  edic.  de  Angelis:  á  segundas  nupcias. 

-  Asi  en" el  ms.,  menos  correcto  que  la  edic.  de  Angelis:  de  lo  que 
resulta  vivir  siempre  en  continuo  amancebamiento,  con  ruina  de  sus 
almas,  ocasionada.de  estas  deserciones. 


na. 


MISIONES    DK    INDIOS    CUAHANIS.  Í47 

(juanto  digei-e  con  la  autoridad  del  señor  D.  Pedro 
Meló  de  Portugal,  Governador  Yntendenle  y  Capitán 
General  de  la  provincia  del  Paraguay  que  también  las 
visto  ';  cuya  narración  podrá  servir  de  confirmación 
de  quanto  llevo  expuesto  ",  y  de  anticijiacion  para  lo 
que  digere,  quando  trate  de  los  medios  que  me  pare- 
cen oportunos  para  mejorar  el  govierno  de  estos  pue- 
blos, aumento  del  Real  Horario,  y  felicidad  de  estos 
naturales,  a  quienes  les  deseo  ^la  mayor  prosperidad. 

109.  A  medeados  *  del  año  pasado  de  ochenta  y  se  componía 
uno  '  me  encargué  del  mando  de  este  departamento,  bíos!'^°^"^" 
que  se  componía  de  ocho  pueblos,  incluso  el  de  Nues- 
tra de  Candelaria  ^,  que  ahora  se  ha  separado  por  per- 
tenecer al  obispado  del  Paraguay,  y  por  consiguiente 
a  su  Govierno  e  Yntendencia;  quedándome  ahora  los 
de  San  Carlos,  San  Josef,  Apostóles,  Concepción, 
Santos  Mártires,  Santa  Maria  la  Mayor,  y  San  Fran- 
cisco Xavier.  Estos  pueblos  por  su  situación  son  los  son  ios  déme - 

,  .  TI.,  nos  pi-opor- 

de  menos  proporción  para  sus  adelantamientos  :  no  cienes, 
tienen  yervales  silbestres,  campos  parabaquerias,  ni 
como  extraer  maderas;  porque  por  lo  peligroso  del 
Uruguay,  sobre  cuya  costa  están  sus  montes,  nunca 
se  ha  intentado  embiar  a  Buenos  Ayres:  con  que  solo 
la  agricultura,  e  industria  los  han  de  producir  su  sub- 
sistencia. Ademas  desto,  son  todos  ellos  de  muy  corto  Tienen  pocos 

,  .      ,  ,      _      ,  ,  a  yndios. 

numero  de  avitauores:  el  ano  de  ochenta  y  uno  ^  te- 
nían ocho  mil  setecientos  cinquenta  y  dos  almas,  y 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  deesa  provincLa  del  Paraguay, que  tain bien 
los  ha  visto. 

2  En  la  edic.  de  Angelis:  de  cuanto  llevo  dicho. 

3  En  la  edic.  de  Angelis:  á  quienes  deseo. 

4  Asi  en  el  ms. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  á  mediados  del  año  de  1781. 

''  Asi  en  el  MS.:  en  la  edic.  de  Angelis:  incluso  el  de  Nuestra  Señora 
de  Candelaria. 

■J  En  la  edic.  de  Angelis:  de  menos  proporciones  para  su  adelanta- 
miento. 

**    En  la  edic.  de  Angelis:  el  año  de  1*81. 


tablecerlos. 


248         BOLETÍN  DE  LA  REAL  AGADEMLA  DE  LA  HISTORIA. 

mil  ocho  cientos  veinte  y  dos  tributarios,  según  los 
padrones  que  formcj  mi  antecesor,  el  Theniente  de  dra- 
gones D.  Juan  Valiente. 

Estubieron  HO-  Por  los  aiios  de setcuta  v  tres  Y  setenta  y  qua- 
muy  pobres.-  ^^.^  i  gst^^jigi-Qn  estos  pueblos  CU  la  ultima  miseria: 
solo  el  pueblo  de  la  Concepción  tenia  algún  ganado 
en  sus  estancias;  en  las  de  los  demás  era  muy  poco  el 
que  havia.  Los'  almacenes  de  todos  estaban  vacios;  el 
chacarero  ■  arruinado,  sin  algodonales  ni  cosa  que  les 

Se  solicitó  res-  pudiera  producir  para  su  subsistencia.  Pero  la  solici- 
tud de  dicho  mi  antecesor  les  proporcionó  el  bolver  a 
poblar  sus  estancias;  hizo  plantar  algodonales,  y  puso 
en  un  regular  estado  todos  los  pueblos  a  el  encomen- 
dados; de  modo  que  a  mi  ingreso  tenian  las  estancias 
de  los  ocho  pueblos  mas  de  cien  mil  cavezas  de  gana- 
do bacuno,  y  de  cavalLar,  y  demás  especies  en  buen 
estado,  y  el  chacarerio  y  algodonales  bastante  adelan- 
tados: vien  es  que  estaban  empeñados  ^  en  mas  de  no- 
venta mil  pesos  de  comercio,  resto  del  importe  de  los 
ganados  acopiados  para  poblar  las  estancias.  En  lo 
demás  estavan  bastante  atrasados:  sus  almacenes  en- 
teramente vacios;  las  casas,  asi  las  principales  nom- 
bradas Colojios,  como  las  particulares  de  los  yndios, 
caldas,  ó  mui  detrioradas;  *  mucha  desnudez,  ningu- 
na civilidad;  en  ñn,  en  sus  costumbres,  y  preocupa- 
ciones convenían  con  los  demás  pueblos,  en  los  tér- 
minos que  queda  dicho. 

111.  Al  principio  apliqué  todo  mi  cuidado  en  gran- 
gearme  la  boluutad,  y  confianza  detodoslos  yndios  del 
departamento,  *  no  tan  solamente  de  los  yndios,  sino 
también  de  los  Guras,  y  Administradores;  y  lo  logré 


'    En  la  edic.  de  Ángelis:  Por  los  años  de  17*3  y  74. 
-    En  la  edic.  de  Ángelis:  el  chacarerio. 
3    En  la  edic.  de  Ángelis:  bien  que  estaban  empeñados. 
*    Asi  en,;l  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  muy  deterioradas. 
^    Asi  en  el  srs  :  más  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  de  todos  los  in- 
dividuos del  departamento. 


MISIONES    DE    INÜIOS   GUARANIS.  249 

tan  cumplidamente,  que  hasta  el  presente  nadie  m'e 
ha  ocasionado  quebranto  de  consideración:  todos  de- 
sean complacerme,  y  asi  consigo  quanto  deseo. 

112.  Conociendo  que  de  las  enemistades  de  Guras  Sc  ha  logrado 
y  Administradores,  resultava  parte  de  la  ruina  de  los  todos  cu  par' 
pueblos,  o  estorbava  su  adelantamiento,  procuré  ante 

todas  las  cosas  arrancar  de  raiz  el  espíritu  de  discor- 
dia, estableciendo  con  algunos  reglamentos  una  paz 
solida,  que  cada  dia  se  ha  asegurado  mas,  y  mas.  Es 
verdad  que  alguna  u  otra  vez  ha  ávido  algunos  dis- 
gustos entre  Guras  y  Administradores;  pero  estos  han 
sido  de  poca  consideración,  y  que  con  facilidad*  se 
han  disipado,  sin  que  haya  sido  menester  dar  parte  a 
la  superioridad,  a  donde  antes  era  preciso  .acudir  a 
menudo. 

1 13.  Procuré  también  que  a  los  Correxidores  y  Ga-  a  ios  Correxi- 

■  ^  ^  o  11  •  dores  y  Ca- 

viiaos  se  trataran  -  con  aquella  atención  que  encargan  viidos  se  íes 
las  leyes,  y  que  ninguna  persona  de  ninguna  calidad  atención, 
se  atreviese  a  faltar  al  respeto  devido  a  ninguno  de  los 
yndividuos;  haciéndoles  conocer  a  estos  el  modo  con 
que  devian  portarse  para  no  desmerecer  las  honras  y 
distinciones  devidas  a  sus  empleos,  y  que  yo  queria 
se  les  guardasen,  como  lo  manda  Su  Mag**.  ^ 

114.  Establecí  reglas  para  que  entre  el  Cavildo  y  AnéyUseu 

.    ,      .     .  ,  ,         .  .         ,       ,.  ,.  ,  distiibucioii 

Administrador  no  huviesc  motivo  de  discordia  en  la     de  f^nas,  y 

.  modo  de  cas- 

distribuciou  de  las  faenas  de  comunidad,  y  su  verifi-  tigar. 
cacion,  con  otros  varios  puntos,  concernientes  al  buen 
govierno  del  pueblo ;  y  particularmente  para  evitar 
las  vejaciones  que  padecían  los  yndios  por  los  Gorre- 
xidores  y  Gavildos,  que  muchas  veces  los  castigaban 
por  sus  fines  particulares,  aunque  con  protesto  de  otras 
faltas.  Para  remediar  esto  mandé  que  en  el  Gavildo 
haya  un  libro  en  que  se  escriban  todos  los  castigos 


En  laedic.  de  Angrelis:  y  con  facilidad. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  se  les  tratara. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  como  lo  manda  el  Rey. 


250         boletín  de  la  real  academia  de  la  HI3T0RL\. 

que  s6  executan,  en  esta  forma:  «A  fulano  de  tal  se  le 
dieron  tal  dia  tantos  azotes  por  tal  delito,  por  manda- 
do de  tal  Juez  que  entendió  en  su  causa:»  y  al  fin  del 
raes  han  de  firmar,  y  autorizar  todos  los  de  Cavildo  ' 
esta  relación,  y  el  Administrador  ha  de  certificar  a 
continuación  constarle  no  haverse  hecho  mas  casti- 
gos que  los  que  alli  se  refieren,  y  si  se  han  dejado  *  ó 
no  de  castigar  a  otros  que  lo  han  merecido,  con  todo 
lo  demás  que  le  parezca  digno  de  mi  noticia;  y,  sa- 
cando del  libro  una  copia,  me  la  embian  mensualmen- 
te.  Con  esta  providencia  he  atajado,  quando  no  todas, 
mucha  parte  de  las  injusticias  que  hacian,  y  he  dado 
una  regular  forma  al  govierno  económico  de  los  pue- 
blos, y  a  la  buena  armonía  '  que  deve  haver  entre  el 
Correxidor  y  Cavildo  *  y  Administrador  de  cada  esta- 
blecimiento. 

115.  Apliqué  todo  mi  cuidado  ^  a  promover  la 
agricultura  y  la  industria ,  animándolos  con  mis  ex- 
hortaciones, y  consejos;  y,  para  que  se  aplicasen  con 
mas  empeño ,  acrecenté  la  ración  de  carne  que  se  les 
dava  en  un  tercio  mas:  y  asi  he  conseguido  sin  rigor 
el  que  se  apliquen  al  trabajo,  y  el  ver  pagadas  todas 
las  deudas,  y  aumentado  el  ganado  bacuno  en  las  es- 
tancias, que  al  presente  tienen  cerca  de  ochenta  mil 
cavezas  mas  de  las  que  tenian  a  mi  ingreso;  y  a  pro- 
porción es  el  aumento  de  las  boyadas,  yeguas,  potros, 
caballos,  muías  y  ovejas;  no  siendo  menor  la  ventaja 
que  se  conoce  en  el  chacarerio.  Se  han  aumentado  los 
algodonales,  plantado  cañaverales  ,  reparado  los  yer- 
vales,  y  mejorado  todos  los  ramos  de  agricultura: 
también  he  procurado  se  construyan  casas  nuevas  en 
todos  los  pueblos  ,  y  que  se  reparasen  las  que  hayia; 


1  En  la  edic.  de  ADyelis:  lodos  los  del  cabildo. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  y  si  se  ha  dejado. 

5  En  la  edic.  de  Ani,'elis:  y  á  la  armonía. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  entre  el  corregidor,  cabildo. 

*»  En  la  edic.  de  Ang-elis:  todo  mi  conato. 


MISIONES    DE    INDIOS   GUAÜANIS.  251 

como  asi  mismo  las  yglesias  ,  y  casas  principales. 
Aunque  en  esto  no  se  ha  adelantado  tanto  como  yo 
quisiera,  porque  la  falta  de  albañiles  lo  ha  impedido, 
aunque  no  ha  sido  tan  poco  lo  que  se  ha  hecho  '  que 
no  se  conozca  bastante  diferencia  de  aora  a  como  es- 
taban antes.  Pero,  para  haber  conseguido  estos  adelan- 
tamientos, me  ha  sido  preciso  recorrer  a  lo  menos  cada 
dos  meses  todos  los  pueblos,  ver  sus  obrajes ,  y  cha- 
carerio  ^,  mejorar  lo  que  no  estava  según  devia,  esta- 
blecer lo  que  considcrava  útil,  arrimar  '  a  los  yndios^ 
y  no  perdonar  diligencia,  ni  fatiga,  como  la  conside- 
rase oportuna  al  logro  del  adelantamiento.  Hasta  las 
mismas  estancias  he  visitado ,  sin  eml^argo  de  estar 
muy  separadas  de  los  pueblos,  (algunas  distan  mas  de 
quarcnta  leguas);  he  reconocido  todos  sus  terrenos, 
poblaciones,  puestos,  rodeos ,  corrales,  estados  de  sus 
ganados  *,  aperos  de  los  peones;  y,  en  fin,  quanto 
puede  conducir  al  conocimiento  practico  de  ellas  ;  re- 
mediando muchos  abusos  ,  y  otras  faltas  que  encon-  • 
tré ,  dejando  establecido  con  consejo  de  dos  capataces 
ahiles,  y  de  experiencia  quanto  consideré  podia  ser 
útil  al  aumento  y  buen  estado  de  los  ganados  :  y  el 
éxito  ha  correspondido  conforme  a  mis  deseos. 

116.    Viendo  que  una  de  las  principales  cavezas  ^   se  aumenu  la 

.     r,     .  1      -I        •      •  •     •  1  policía  y  ci- 

que  influía  para  el  abatimiento  en  que  vivían  estos     viudad. 
naturales,  era  la  indecencia  y  desaseo  con  que  se  tra- 
taban en  sus  casas,  procure  que  á  los  Gorrexidores  se 
les  dispusieran  avitaciones  decentes,  dándoles  a  en- 


1  En  la  edic.  de  Angelis  está  escrito  este  período  de  una  manera  más 
correcta  :  Aunque  en  esto  no  se  ha  adelantado  tanto  como  yo  quisiera, 
porque  la  falta  de  albañiles  lo  ha  impedido ,  no  lia  sido  tan  poco  lo  que 
se  ha  hecho. 

2  Eq  la  edic.  de  Ángelis:  y  chacarerios. 

3  Así  en  el  ms.,  y  es  fácil  conocer  que  es  errata.  En  la  edic.  de  An- 
gelis: animar. 

■»    En  la  edic.  de  Ángelis:  estado  de  sus  ganados. 
5    Así  en  el  ms.,  y  es  errata.  Én  la  edic.  de  Ángelis:  que  una  de  las 
principales  causas. 


¿o2      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

tender  lo  que  me  agradaría  el  encontrarlos  a  ellos,  y 
a  sus  mugeres  '  con  decencia  siempre  que  yo  los  vi- 
sitase, que  seria  a  menudo.  Después  establecí  que 
cada  año  aseasen  y  reparasen  sus  casas  interior,  y 
csteriormente  todos  los  de  Gavildo;  y  asi  se  van  me- 
jorando los  pueblos,  y  acostumbrando  a  vivir  con 
decencia. 

1 17.  Para  que  al  aseo  de  sus  casas  correspondiese 
el  de  sus  personas,  les  procuré  persuadir  quan  grato 
me  seria  el  ver  que  en  lugar  de  tipoy  de  que  vsaban  sus 
mugeres,  vistiesen  camisas,  polleras,  o  enaguas,  aun- 
que fuesen  *  de  lienzo  de  algodón,  y  corpinos,  o  ajus- 
tadores que  ciñeran  sus  cuerpos  ^  y  ocultaran  los  pe- 
chos; y  que  las  que  se  presentasen  con  mas  aseo  serian 
tratadas  por  mi,  y  haria  lo  fnescn  por  todos  con  mas 
distinción.  En  este  punto  huvo  algo  que  vencer  por 
que,  preocupados  los  yndios  con  la  igualdad  en  que 
los  havian  criado,  no  permitieran  que  la  una  sobre- 
saliese de  la  otra  *;  pero  al  fin  se  les  ha  desinpresio- 
nado  ^  deste  error,  y  el  aseo  se  ha  introducido  con  no 
pequeños  adelantamientos. 

118.  Como  las  cosas  que  se  intentan  no  se  consi- 
guen con  el  éxito  que  se  desea,  si  al  mandarlas  o  per- 
suadirlas no  se  acompañan  con  la  practica  de  algu- 
nos actos,  en  que  por  la  esperiencia  se  conozcan  los 
favorables  efectos,  y  conveniencias  que  se  les  pro- 
pone ",  para  que  desdo  luego  conocieran  estos  natu- 
rales lo  que  se  les  havia  de  seguir  del  aseo,  dispuse 
el  que  en  las  casas  principales,  en  la  del  Gorrexidor, 
o  en  las  do  otros  yndios  principales,  no  se  les  impi- 
diese el  juntarse  a  tener  sus  diversiones   caseras. 


'  En  \n  eriic.  de  Áng-elis:  á  ellos  y  sus  mugieres. 

-  En  la  edic.  de  Ángrelis:  ó  enaguas,  aunque  fueran. 

^  En  la  edic.  de  Ánf^elis:  que  ciñeran  su  cuerpo. 

*  En  l'.i  edic.  de  Áng^elis:  de  las  otras. 

•■'  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  les  ha  desimpresionado. 

^  En  la  edic.  de  Ang-elis:  que  se  le  propone. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUAIIANIS.  253 

(|uanclo  huvicra  uii  razonable  motivo,  y  coa  la  decen- 
cia y  orden  regular;  a  las  que  no  pocas  veces  asisto 
yo  '  con  mi  muger,  y  a  mi  ex-cmi)lo  asisten  siempre 
los  Administradores  y  sus  mugeres:  con  lo  que  he 
conseguido  desterrar  la  odiosa  separación  que  havia 
entre  españoles  e  yndios,  estableciendo  el  trato,  y  co- 
municación mutua,  no  tan  solamente  en  estas  ocasio- 
nes, sino  también  en  todos  los  dias  del  año  que  mu- 
tuamente se  visitan  con  los  españoles  y  españolas 
todas  las  familias  en  quien  resplandece  el  aseo:  y  este 
es  un  poderoso  estimulo  para  animarlos  mas  y  mas 
cada  dia,  como  se  va  experimentando. 

119.  Considerando  las  pocas  proporciones  que  tie-  se  íes  propur- 
nen  estos  naturales  para  conseguir  algunos  adelanta-  aLTsurra.- 
mientos,  por  faltarles  los  medios  de  veneñccncia  por  kres!^'^''*^"' 
medio  de  la  venta  los  frutos  que  pueden  adquirir  con 

su  trabajo;  y  que  de  no  proporcionarles  este  benefi- 
cio, serian  inútiles  mis  esfuerzos  y  providencias,  he 
dispuesto  que  todos  los  frutos  que  recojan  en  sus  cha- 
caras  particulares  *,  y  quieran  venderlos  a  la  Comu- 
nidad, se  los  han  de  comprar  precisamente,  pagándo- 
les de  contado  su  balor  en  aquellos  frutos  o  efectos 
que  ellos  quieran,  o  el  pueblo  tenga;  haciéndoles  re- 
servar lo  preciso  para  el  alimento  de  aquel  año.  Así 
mismo  deben  comprarlos  por  su  justo  precio  quales- 
quiera  cosa  que  con  su  industria  hayan  adquirido  ', 
por  los  precios  que  señalé  en  un  aranccel  que  formé 
para  el  efecto. 

120.  Esta    providencia  ha  tenido   tan  favorables 
efectos  *  que  en  solo  dos  años  que  se  practica  han  ad- 


í    En  la  edic.  de  Ángelis:  asistí  yo. 

'-    En  la  edic.  de  Angelis:  en  sus  chacras  particulares. 

3  En  la  edic.  de  .Vng'elis:  cualquiera  íosa  que  con  su  industria  ha- 
yan adquirido. 

■»  Más  correcto  el  jis.  que  la  édic.  de  Angelis,  donde  se  imprimió: 
ha  tenido  favorables  efectos. 


254    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

quirido  '  muchos  yndios  unas  regulares  convenien- 
cias; sellan  aseado  muchas  familias;  y  ya  aseadas, 
no  se  avergüenzan  de  parecer  delante  de  toda  clase  de 
gentes,  con  cuyo  trato  se  van  haciendo  sociables,  y 
adquiriendo  una  perfecta  avilidad  -,  reynando  en  todos 
la  abundancia,  y  cada  dia  va  a  mas;  pues  el  cxemplo 
de  unos  sirve  de  estimulo  a  otros.  Vm.  lo  ha  visto,  y 
también  lo  ha  visto  el  Sr.  Gobernador  Intendente  de 
esta  provincia;  y  asi  no  me  queda  recelo  de  que  le 
parezca  a  Vra.  encarecimiento  nacido  de  amor 
propio  ^ 
La.iesidiay       1-1-     Auuquc  BU  la  opiuion  coiTiun  son   tenidos 

abandono  de         ,  ,  ,  .  i  i      i 

los  yndios  no  cstos  naturales  por  perezosos,  c  incapaces  de  poderles 
infundir  deseos  de  salir  ^  de  la  miseria,  y  aborreci- 
miento ^  en  que  se  hallan;  pareciendoles  a  los  que 
asi  opinan  que  es  natural  en  ellos  este  abandono.  Yo 
nunca  me  he  podido  persuadir  de  esta  opinión.  No 
negaré  que  el  temperamento  y  alimentos  pueden  in- 
fluir algo  en  la  robustez,  y  disposición  del  cuerpo,  y 
hacerlos  mas  o  menos  *"',  según  sus  cualidades;  y  mu- 
cho mas  puede  influir  en  mi  concepto  la  educación, 
por  la  cual  se  imprimen  en  el  animo  las  ideas  que 
determinan  sus  operaciones;  pero  negaré  siempre  que 
estos  sean  unos  estorbos  incapaces  de  vencerlos,  como 
muchos  piensan.  Convendré  sí  en  que  costar¿'i  tra- 
bajo; pero  no  en  que  es  imposible. 
Los  yndios       122.     Por  reiteradas  csperiencias  tengo  conocido 

Guarnnis  no  ,  i  •        ,-> 

son  perezo-  quc  los  yudios  Guarauís  no  son  tan  perezosos  como 
los  suponen;  ni  aun  se  les  devc  notar  de  perezosos. 


>    Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Áng'elis:  han  adquirldc. 

2  Así  en  el  ms.:  más  correcta  la  edic.  de  .Vng'elis:  una  perfecta  civi- 
lidad. 

'    En  la  edic.  de  .Vngelis:  del  amor  proi)io. 

*    Eq  la  edic.  de  An^-elis:  deseo  de  salir. 

5  Asi  en  el  ms.,  y  es  errata:  más  corréelo  en  la  edic.  de  Angelis:  y 
al)atimier,*-o. 

^  En  la  edic.  de  Angelis:  mas  6  menos  activo,  En  la  copia  mf.  se 
omitió  esta  última  palabra. 


MISIONES   DE    INDIOS   GUARANIS.  255 

Del  pueblo  de  Candelaria  destinó  a  trabajar  al  de 
Santa  Maria  la  Mayor  a  cuatro  indios  aserradores, 
por  no  haver  yndios  de  este  oficio  en  Santa  Maria:  a 
estos  se  les  señaló  de  jornal  a  dos  reales  *  cada  dia, 
el  uno  para  la  comunidad  de  sn  pueblo,  y  el  otro  para 
ellos:  en  dicho  pueblo  trabajaban  de  sol  a  sol  muy 
gustosos  por  el  jornal  que  savian  que  estaban  ga- 
nando. Llegó  el  caso  de  haver  de  despedir  dos  de 
ellos,  por  haver  aprendido  *  ya  a  serrar  otros  de  Santa 
Maria:  ninguno  de  los  cuatro  queria  ser  despedido; 
todos  querían  continuar,  sin  acobardarse  del  fuerte 
trabajo  da  la  sierra,  y  les  causó  mucho  sentimiento 
cuando  los  despidieron.  Lo  mismo  ha  sucedido  con 
los  que  han  trabajado  de  calafates  en  los  barcos  de 
San  Josef;  y,  en  fin,  cuantos  se  emplean  en  estos  tér- 
minos, trabajan  con  gusto  y  empeño. 

123.  Todos  los  españoles  empleados  en  los  pue- 
blos tienen  uno,  ó  mas  yndios  que  los  sirven,  sin 
darles  mas  ¡jornal  que  la  comida,  el  vestido  y  algún 
corto  regalillo:  y  con  solo  esto  son  mui  puntuales,  y 
eficaces  sirvientes,  sin  que  jamas  se  escusen  a  lo  que 
se  les  manda,  aunque  sea  trabajosísima  la  execucion; 
y  el  mayor  castigo  que  puede  dárseles  a  estos  sirvien- 
tes, es  el  despedirlos,  por  que  es  cosa  que  les  cuesta 
mucho  sentimiento. 

124.  A  qualesquiera  yndio  que  se  le  ofrezca  '  un 
corto  interés,  está  pronto  a  todo  cuanto  quieran  man- 
darle, ofreciéndose  ellos  mismos  \  y  procurando  ser 
preferidos  a  los  otros:  con  que  estos  no  son  procedi- 
mientos de  perezosos;  por  que,  sí  lo  fueran,  ningún 
interés  les  moviera  a  trabajar. 

125.  En  todas  partes  en  que  los  yndios  Tapes  los 


'  En  la  edic.  de  Angelis:  de  jornal  dos  reales. 

-  En  la  edic.  de  Angrelis:  por  haber  ya  aprendido. 

^  En  la  edic.  de  Angelis:  Cualquier  indio  á  quien  se  ofrezca. 

■*  En  la  edic.  de  Ángelis:  brindándose  ellos  mismos 


25G      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

ocupan  pagándoles  jornal,  son  muy  buenos  peones; 
como  se  experimenta  en  la  ciudad  de  Buenos  Aires, 
y  en  todas  las  de  españoles,  que  los  prefieren  a  otros 
peones:  conque  al  no  ser  aquí  aplicados  es  por  que 
les  falta  el  estimulo  de  la  paga. 

sonnotadosde  12G.  También  sou  uotados  do  ladroucs:  y  es  ver- 
a  roñes.  ^^^  ^^^^  robau  quanto  pueden;  pero  a  ello  les  obliga 
la  necesidad:  ellos  apetecen  cuanto  ven,  y  mucho  más 
lo  que  no  hay  dentro  de  los  pueblos;  y,  como  lo  de- 
sean y  no  tienen  como  comprarlo;  y,  aunque  tubie- 
ran,  no  hallarían  quien  se  lo  vendiera,  no  cono- 
ciendo otro  modo  de  adquerirlo  \  roban  si  hallan 
ocasión.  Vien  es  que  ya  no  es  tan  general  este  vicio, 
en  el  que  no  conciven  infamia;  pues  tal  vez  al  que 
este  año  lo  castigaron  por  ladrón,  al  siguiente  lo  ha- 
cen alcalde.  Yo  en  este  vicio  descubro  en  los  yndios 
vna  buena  disposición  para  civilizarlos,  y  hacerlos 
laboriosos;  pues  una  vez  que  codician  lo  brillante,  se 
les  proporciona  poderlo  adquerir  "  a  costa  de  su  tra- 
bajo, se  aplican  •''  con  empeño;  lo  que  no  sucedería, 
si  mirasen  las  cosas  con  indiferencia. 

Govierno  par-       127.    Para  Completar  esta  relación,  quiero  referir 

ticularde  ca-  .  ,  .  •       i         i    i  .  ^^  .■ 

.la  pueblo,  aqui  lo  mas  particular  del  govierno  político  y  econó- 
mico de  estos  naturales,  según  la  generalidad  con  que 
k)  practican  en  estos  pueblos*,  para  que  Vm.  venga 
mas  conocimiento  *  de  las  luces,  genio  y  costumbres  * 
de  todos  ellos. 

/"Se  contiiuiai'á.j 


'    En  esta  forma  se  repite  varias  veces  en  la  copia  ms.  En  la  edic. 
de  Angelis:  de  adquirirlo. 
2    En  la  edic.  de  Angelis:  si  se  les  proporciona  poderlo  adquirir. 
^    En  la  edic.  de  Ángelis:  se  aplicarán. 

■*    Así  en  el  sis.  En  la  edic.  de  Ángelis:  venga  mas  en  conocimiento. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  costumbre. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  III.  Noviembre,  1883.  cuaderno  v. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

El  Si-.  Director  ele  ki  Academia  ha  hecho  á  esta  el  donativo  de 
su  notable  obra  en  dos  volúmenes  titulada  El  Solitario,  en  que 
describe  la  vida  y  méritos  literarios  del  Sr.  Estébanez  Calderón. 
Por  la  parte  que  se  refiere  á  la  historia  contemporánea,  sólo  dire- 
mos que  difícilmente  se  encontrará  un  cuadro  de  ella  que  mejor 
dé  á  conocer  su  curso  y  sus  tendencias.  El  Sr.  Cánovas  ha  hecho 
asimismo  el  regalo  de  un  ejemplar  de  su  obra  ;l  cada  uno  de  los 
individuos  de  la  Academia. 


La  Academia  ha  recibido  con  agradecimiento  la  comunicación 
•le  D.  Juan  Ochoa  de  Alaiza,  cura  párroco  dé  Tres  Puentes  (Álava)^ 
en  que  da  noticia  del  estado  actual  del  despoblado  de  Iruña  [Sues- 
^atio)  incluido  dentro  del  término  de  aquella  parroquia.  El  cas- 
tillo que  fué  de  la  orden  de  San  Juan  y  su  próximo  santuario  do 
Dónela,  que  contenía  preciosas  lápidas  romanas,  yacen  en  la 
mayor  desolación;  pero,  gracias  al  celo  inteligente  del  Sr.  Ochoa 
de  Alaiza,  muchos  epígrafes  no  se  han  destruido;  y  de  ellos  en- 
viará improntas  que  rectifiquen  ó  confirmen  los  ya  publicados,  ó 
au mienten  sa  número. 


18 


258  noLETÍN  DI-:  la  rkal  academia  de  la  HISTORLA. 

El  Académico  Sr.  Colmciro  ha  presentado  impreso  el  primer 
volumen  de  su  Introducción  á  las  Cortes  de  los  antigaos  reinos 
de  León  y  de  Castilla.  El  segundo  volumen,  que  la  Academia  ha 
visto  y  aprobado,  se  dará  <á  luz  en  breve  término. 


La  Comisión  que  entiende  en  la  edición  de  las  Cortes  propias 
de  los  estados  de  Aragón  ha  acordado,  con  beneplácito  de  la  Aca- 
demia, dar  el  testo  puro  latino  ó  vulgar  de  las  actas  auténticas, 
sin  traducción  al  castellano,  reservando  para  el  fin  de  cada  volu- 
men y  para  la  introducción  general  los  comentarios  é  ilustraciones 
que  considera  oportunos. 


El  Sr.  Académico  D.  Eduardo  Saavedra  ha  presentado  copia  de 
una  inscripción  romana,  recien  hallada  en  Tarragona  mientras 
se  derribaba  una  casa  en  la  plaza  del  Payo!,  que  ha  sido  recogida 
por  él  Sr.  Fernández  Sanahuja,  conservador  del  Museo  de  aquella 
capital. 

D     •     M 

P  •  COR  •  SECim 

D\SO  •  CORne 

LLA.-BARVCINA 

MARITO    he 

NEMEREN// 

En  Cabeza  del  Griego  [Ilübner  3097)  dedicó  una  lápida  votiv;t 
Cornelia  Bessuca;  y  en  Sahélices  (Hübn.  3130^  apareció  la  memoria 
sepulcral  de  Cecilia  Panfila,  erigida  por  su  esposo  Cecilio  BarsO' 
wis.  Tanto  este  último  nombre  como  el  de  Barucina.  inclinan  el 
ánimo  á  pensar  que  representan  origen  ó  procedencia  de  familia 
oriental  y  de  estirpe  tal  vez  hebrea  ó  siriaca. 


La  Introduccit'iK  que  [)0r  encargo  de  la  Academia  ha  escrito  su 
sabio  individuo  el  Sr.  Colmciro,  sintetiza  con  claro  método  y  adc- 


ACUIiUDOS    Y    DISC.L'SIO.NICS    1)1-;    LA    ACADKMIA.  2")',) 

<-üada  exposiciíjii  tudo  lo  que  encierran  los  cuatro  voliínieiies  do 
Cortes  de  León  y  Castilla  ya  piildicaili)^.  Divúli'se  en  dos  partes. 
La  primera,  o  sea  Historia  de  las  Cortes  de  León  y  Castilla,  llega 
hasta  la  página  108;  la  segunda,  mucho  más  extensa  y  consagra - 
■da  al  Examen  de  los  cuadernos  de  Cortes ,  llega  en  el  primer  vo- 
lumen hasta  el  lin  del  reinado  do  I).  .Juan  II. 


La  x\cademia  oyó  con  sentimiento  la  noticia  de  haber  fallecido 
■en  Bai'celona  el  día  5  de  Octubre  último,  su  doctísimo  correspon- 
diente D.  Andrés  Balaguer  y  Merino. 


Ha  sido  elegido  correspondiente  extranjero  el  sabio  literato 
alemán  Dr.  D.  Godofredo  Baist,  autor  de  muchos  y  muy  notables 
trabajos  críticos. sobre  el  texto  de  los  más  preciados  autores  espa- 
ñoles y  extranjeros  de  la  Edad  Media  que  abrillantaron  el  florido 
vergel  de  nuestra  historia  y  literatura. 


El  Académico  de  número  Sr,  Fernández  y  (ionzález  ha  coii- 
menzado  á  leer,  siendo  escuchado  con  gran  placer  por  este  Cuer- 
po literario,  la  serie  de  sus  notables  ostudios  acerca  de  los  nombre^ 
geográficos  y  memorias  recónditas  del  antiguo  Madrid  y  sus  al- 
rededores. 


El  Sr.  Fabié  en  luminoso  escrito  ha  dado  cuenta  de  los  recientes 
descubrimientos  de  antigüedades  egipcias  que  han  resultado  do 
las  excavaciones  mandadas  practicar  por  la  municipalidad  do 
Eoma  en  el  sitio  donde  estuvo  el  famoso  templo  de  Isis. 


El  Académico  honorario,  D.  Augusto  Pécoul,  ha  encontrado  en 
Paris  y  adquirido  para  nuestra  Biblioteca,  la  voluminosa  obra 
Specimen  Bibliotliecae  Hispano-AIaynnsianae ,  apostillada  de  puño 
V  letra  del  mismo  Mayans. 


260  COLETiX    DE    LA    REAL    ACADENHA    DE    LA    HISTORIA. 

El  Sr.  Barros  Silvelo,  antiguo  correspondiente  de  la  Academia 
en  la  provincia  de  la  Corana,  expuso  verbalraente  en  la  sesión 
del  2G  de  Octubre  el  resultado  de  sus  últimas  investigaciones  ar- 
queológicas sobre  el  terreno  que  ocupan  las  minas  de  San  Martín 
de  Mean.  Presentó  una  hacha  de  cobre,  una  lámpara  romana  con 
la  inscripción 

OFF  • c  • 

y  una  moneda  de  oro  con  el  busto  y  letrero  del  Rey  Egica,  acu- 
ñada en  Gerona  (gervnda  pivs),  la  cual  recuerda  tal  vez  algún 
acto  de  munificencia,  análogo  á  los  de  Recaredo  y  Wamba  en  fa- 
vor de  la  basílica  de  San  Félix  de  aquella  ciudad. 


El  Sr.  Fuentes,  nuestro  corresponsal  en  Murcia,  solicitó  de 
nuestra  Academia  luz  y  apoyo  para  averiguar  el  paradero  de  los 
restos  mortales  del  ínclito  murciano  D.  Diego  de  Saavcdra  Fa- 
jardo, que  es  sabido  fueron  trasladados  desde  el  demolido  con- 
vento de  Recoletos  al  templo  de  San  Isidro  el  Real  de  esta  corte. 


En  29  de  Octubre  lütimo,  monseñor  Isbert,  presidente  de  la 
iglesia  de  San  Isidro,  descubrió  los  restos  de  Saavedra  Fajardo, 
y  el  Sr.  Director  de  la  Academia  se  presentó  inmediatamente  des- 
pués del  hallazgo.  El  Sr.  Marqués  de  Molins  ha  sido  encargado 
para  ilustrar  la  Academia  sobre  este  punto. 


lia  encontrado  D.  Pr(3culo  Garrachón,  rico  propietario  de  Yi- 
llasirga,  un  gran  mosaico  romano  dentro  de  su  heredad,  vecina 
al  trayecto  de  la  vía  romana,  que  pasaba  por  aquella  villa  diri- 
giéndose á  la  próxima  lacorriga  (Carrión  de  los  Condes).  El  mo- 
saico será  probablemente  cedido  en  venta  por  el  Sr.  Garrachón 
al  Museo  anjucológico  nacional. 


INFORMES. 


CARTULARIO  DE  LAS  ABADLAS   DK  LA  COUTURE  Y  DE  SOLKSMES. 


Una  pequeña  colonia  de  monjes  benedictinos  franceses,  expul- 
sados de  su  país  nalal,  ha  venido  á  ocupar  el  célebre  y  abandonado 
monasterio  de  Silos,  cuyo  nombre  suena  siempre  con  gusto  en 
los  oídos  de  todos  los  que  se  dedican  alcultivo.de  la  historia  patria 
y  de  la  literatura.  Conservadores  de  los  restos  del  saber  antiguo, 
cultivadores  de  casi  todos  los  conocimientos  del  saber  humano, 
agricultores  laboriosos  é  inteligentes,  al  par  que  escritores  con- 
cienzudos y  eruditos,  investigadores  infatigables,  críticos  avisa- 
dos y  discretos,  austeros  siu  grosería,  piadosos  ú  la  par  que  cor- 
teses, hospitalarios  y  caballerosos,  Jos  benedictinos  han  llegado 
hasta  nuestros  días  con  cierta  aureola  y  reputación  envidiable  de 
«aber  y  de  virtud,  que  les  ha  proporcionado  el  respeto  y  simpatías 
de  todos  los  sabios,  hasta  el  punto  de  que  para  calificar  un  tra- 
bajo literario  de  paciente  y  laboriosa  investigación,  y  de  erudi- 
ción sólida  y  profunda,  sea  costumbre  el  decir  es  un  trabajo  de 
benediclmos. 

Desde  el  Sileuse,  que  nos  lega  una  de  nuestras  más  antiguas  y 
preciadas  crónicas,  hasta  los  PP.  Sarmiento  y  Feijóo,  y  nuestro 
correspondiente  el  P.  Abad  y  Lasierra,  nuestra  historia  literaria 
€ueñta  con  un  gran  caudal  de  sabios  que  han  ilustrado  la  histo- 
ria, y  los  nombres  de  Berganza,  Sota,  Briz  Martínez,  Pérez,  Saez 
y  otros  que  sería  prolijo  enumerar,  figuran  en  el  ciclo  literario 


•202  ÜOLETIX    DE    LA    BEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

de  nuesta  historia  al  lado  do  los  Mabillon,  Ruiíiart  y  otros  céle- 
bres benedictinos  extranjeros. 

A  pedir  modestamente  una  limosna  de  libros  llegó  á  las  puer- 
tas de  nuestra  Academia,  el  moderno  Prior  de  Silos  Dom  A.  P. 
Guepiu,  procedente  de  la  célebre  abadía  de  Solesmes,  ilustrada  re- 
cientemente con  los  nombres  del  abad  Don  Gueranguer,  carde- 
nal Pitra  y  el  renombrado  obispo  de  Poitiers  Mons'.  Pie.  Y  los  li- 
bros que  pedía,  y  que  la  Academia  con  su  habitual  generosidad  ha 
tenido  á bien  conceder  al  restaurado  monasterio  de  Silos,  no  doi- 
mirán  en  los  estantes  de  su  librería,  como  eu  ciertas  llamadas 
Ijibliotecas  de  asociaciones  civiles,  donde  sólo  sirven  de  adorno, 
sin  que  nadie  se  tome  la  molestia  de  abrirlos,  cuanto  menos  ma- 
nejarlos. La  Academia  puede  tener  la  seguridad  y  convicción  de- 
que sus  libros  no  yacerán  en  Silos  ni  muertos  ni  aun  dormidos^ 
sino  que  tendrán  ese  movimiento,  (¡ue  viene  á  ser  la  vida  de  los 
.seres  inanimados;  y  sobre  todo  de  los  libros  ,  que  con  esa  vitali- 
dad honrosa  adquieren  también  vejez  honrada. 

Mas  no  fué  eso  tan  sólo,  sino  que  el  P.  Guepin,  antes  de  recibir- 
los libros,  tuvo  á  bien  regalar  á  la  Academia  el  precioso  cartulario 
de  las  Abadías  de  San  Pedro  de  la  Gouture  y  de  Solesmes,  que 
motiva  este  informe,  porque  la  Academia  lo  ha  creído  de  tal 
mérito  é  importancia,  que  determinó  nombrar  comisión  que  lo 
examinara  é  informase  acerca  de  él.  Tal- es  el  motivo  que  obliga  á 
los  que  suscriben  á  molestar  por  breves  momentos  la  atención  de 
la  Academia. 

El  cartulario  de  las  Abadías  de  Saint  Pierre  de  la  Gouture  y 
de  Saint  Pierre  de  Solesmes  ha  sido  publicado  en  Mans,  el  año 
de  1881,  por  los  benedictinos  de  Solesmes,  á  expensas  y  bajo  Ios- 
auspicios  de  su  iioIjIc  y  dignísimo  protector  el  duque  de  Ghaulnes, 
cuya  reciente  pérdida  lloran  las  letras  y  las  artes  al  par  del  cato- 
licismo, ilel  cual  era  uno  de  los  más  ilustres  paladines. 

El  cartulario  forma,  un  enorme  tomo  en  folio  de  540  páginas, 
mas  un  pliego  de  foliación  preliminar,  que  podría  dar  unos  ocha 
toinilos  de  nuestra  literatura  de  bolsillo.  De  esta  obra  sólo  se  han 
lirado  300  ejemplares  numerados.  «El  de  la  Academia  lleva  el  nú- 
mero 1)5,  motivo  demás  para  agradecer  el  obsequio. 

Acompañan  al  texto  curiosas  láminas  grabadas  con  vistas  de 


CARTUI-AlUO  D1-;  LAS  AHADIAS  DE  LA  COCTL'HE  Y  DE  SOLESMES.       '2*'wj 

sepulcros,  edilicios,  sellos,  y  lodo  lo  que  constituyo  cu  esta  clase 
de  obras  una  verdadera  ilustración,  á  gusto  do  los  saÍ3Íos  y  de 
las  personas  inteligentes,  que  en  esto  buscan  la  utilidad  y  no  el 
mero  recreo  de  la  vista. 

El  ilustre  Mecenas  deseaba  ilustrar  el  cartulario  con  m¿ignífi- 
fos  grabados  de  exquisito  gusto,  y  decorar  el  libro  con  lindísimas 
fotografías  y  grabados  en  acero,  para  lo  cual  hizo  grandes  gastos 
con  escaso  fruto,  habiendo  llegado  al  extremo  de  hacer  iluminar  la 
iglesia  con  luz  eléctrica,  áfin  de  obtener  fotografías  de  los  bajo-re- 
lieves colocados  en  parajef]  oscuros,  sin  obtener  el  resultado  ape- 
tecido. La  máxima  del  duijue  de  que  para  no  hacer  bien  las  cosas 
valía  más  no  hacerlas,  ha  sido  funesta  en  esta  ocasión  como  en 
otras  muchas.  Nuestro  axioma  dice  con  razón,  que  lo  mejor  es  ;í 
veces  enemigo  de  lo  bueno. 

Ni  aun  quería  reproducir  los  dibujos,  los  sellos  y  otros  objetos 
antiguos  de  San  Pedro  de  la  Gouture,  y  eso  que,  destruido  el  mo- 
nasterio, ya  no  había  más  que  esos  grabados,  y  por  tanto  era  im- 
posible mejorarlos  sin  falsearlos  y  faltar  á  la  verdad  arqueológica. 
Por  imestra  parte  estamos  muy  lejos  de  pensar  así,  y,  entre  esa 
exageración  del  idealismo  estético,  y  la  opuesta  de  la  tosquedad 
de  un  grabado  antiguo,  parece  que  debe  haber,  corao  en  todo,  un 
término  medio  regular  y  prudente. 

Entre  estas  reproducciones  de  los  antiguos  toscos  grabados  de 
San  Pedro  de  la  Gouture  son  notables  la  planta  del  destruido 
monasterio  tomada  á  vista  de  pájaro,  como  otras  muchas  que 
se  ven  en  las  obras  del  siglo  xvii,  tal  como  en  el  Acta  Sanctoriim , 
la  del  sepulcro  del  obispo  Goselin  (Gosselimis)  de  Mans,  que  los 
franceses  convierten  en  Ganzoliéne ,  el  del  Gonde  Ilého ,  la  gran 
plancha  de  bronce  sobre  el  sepulcro  del  obispo  Pascual  de  Huge- 
not,  que  estaba  en  el  coro,  y  otros  varios  de  abades  de  los  si- 
glos XIV  y  w,  hasta  el  de  Miguel  Bureau,  que  murió  en  1518,  y 
cuyo  sepulcro,  de  distinto  género  y  con  estatua  yacente,  marca  ya 
la  transición  del  gótico  al  plateresco.  Doce  son  las  láminas  que 
representan  sepulcros  ó  lápidas  sepulcrales  hasta  esta  fecha: 
cuatro  planos  y  vistas  de  las  Abadías  de  la  Gouture  y  Solesmes, 
y  además  36  sellos  y  escudos  heráldicos  grabados  é  intercalados 
en  el  texto  y  las  portadas. 


26i  boletín   de    la.   real   academia    de    la    HIST0RL4. 

Precede  á  este  medio  centenar  de  grab¿idos,  verdadero  modelo 
de  ilustraciones  arqueológicas  é  historiales,  el  precioso  retrato  en 
acero  del  abad  Don  Gueranguer,  dibujado  y  grabado  por  Faillard 
con  la  mayor  delicadeza,  y  con  tal  propiedad,  que  desde  luego  es 
de  aquellos  de  los  cuales  suele  decirse,  que  no  les  falta  más  que 
hablar.  Muestra  este  precioso  grabado,  distinto  de  todos  los  otros 
por  su  finura,  á  diferencia  de  las  reproducciones  de  los  toscos  gra- 
bados del  siglo  XVI,  lo  que  deseaba  el  duque  de  Ghaulnes,  y  á  lo 
que  a.spiraba  y  no  pudo  alcanzar. 

Tal  es  el  cartulario  de  Solesmes  en  lo  que  podemos  llamar  su 
parte  exterior:  tiempo  es  ya  de  que,  dejando  de  ver  el  monaste- 
rio y  su  libro,  como  quien  dice  por  fuera,  nos  tomemos  la  li- 
bertad de  entrar  por  sus  puertas  y  examuiar  su  interior,  ó  como 
dicen,  su  historia  interna. 

En  las  afueras  de  la  ciudad  de  Mans,  en  latín  Cenomanensis 
urhs,  Cenomanensis  ecclesia,  construyó  el  obispo  D.  Beltrán,  que 
lo  era  de  a(|uella  iglesia,  un  monasterio,  á  fines  del  siglo  vi,  pues 
se  hace  remontar  su  anligüodad  al  año  595,  en  tiempo  del  Rey 
Glptario.  El  cpiscopologio  Genomancnse  le  llama  al  fundador 
Beatus  Bertchranmis,  y  dice  que  rigió  el  obispado  durante  37  años. 

Una  antigua  leyenda  suponía,  que  estando  en  oración  el  obispo 
D.  Beltrán  se  le  apareció  San  Miguel,  mandándole  de  parte  de 
Dios  que  edificase  un  monasterio  en  el  paraje  que  antes  se  lla- 
maba Vivereiis,  al  cual  se  le  había  de  llamar  de  Cultura  Dei,  pues 
cultivo  y  cultura  significa  la  palabra  francesa  couture,  siquiera 
nosotros  al  referir  esta  palabra  á  la  Divinidad  le  demos  más  bien 
el  nombre  de  culto.  Pero  el  testamento  del  obis[io  Beltrán  acre- 
dita, que  en  unión  de  otros  obispos  consagró  la  basílica  de  su  mo- 
nasterio en  honor  de  los  Apóstoles  San  Pedro  y  San  Pablo,  po- 
niendo en  ella  reli(¡uias  de  pilos;  así  que  se  rechaza  la  tradición 
del  mandato  angélico,  como  cosa  legendaria.  El  obispo  D.  Beltrán 
tuvo  culto  en  ella  más  adelante,  y  su  cuerpo  fué  depositado  en  un 
arca  de  plata,  el  año  1512,  colocando  la  ca])cza  en  otro  relicario 
del  mismo  metal. 

El  testamento  de  San  Beltrán  lleva  la  fecha  de  27  de  Marzo  de 
015,  y  exprosa  las  granjas  (cillas)  que  con  dinero  del  Rey  Glotario 
bahía  adijuirido  en  tierra  de  Burdeos,  Elampes  y  Gahors. 


CAUTULARIO  DE  LAS  ABADÍAS  DE  LA  COUTIRE  Y  DE  SOLESMES.       ■265 

Este  documenlo  es  el  segundo  que  exhibe  el  Cartulario  junta- 
mente con  un  fragmento  de  las  actas  ó  gesta  de  los  obispos  de 
Mans,  que  le  precede.  Sigue  como  tercer  documento  otro  frag- 
mento de  un  testamento  del  año  G'r2,  otorgado  á  favor  del  monas- 
terio por  San  lladoindo  (Hadoind).  De  aquí  pasa  al  í^iglo  x,  lo  cual 
manifiesta  que  la  suerte  del  monasterio  no  fué  muy  próspera  en 
los  tristes  siglos  viii,  ix  y  x,  pues  el  quinto  documenlo  del  Car- 
tulario es  una  donación  del  conde  Hugo  de  Mans  á  fines  de  aquel 
siglo  (990). 

Veinte  años  después  aparece  la  fundación  de  la  iglesia  de  San 
Pedro  de  Solesmes,  dada  al  monasterio  de  Cultura,  por  el  conde 
Gofredo  de  Sabol  (Gaufridus  de  Sabolio),  en  que  además  cede 
varios  cortijos  (vicos)  y  alodios,  con  otros  derechos  señoriales  ó 
feudales  que  en  ellos  tenía.  Pero  Solesmes  no  fué  entonces  má? 
que  un  modesto  priorato,  dependiente  de  la  Abadía  benedictina 
de  Cultura,  ó  Couture,  como  otros  muchos. 

Esta  acreció  mucho  en  el  siglo  xii,  no  sólo  de  adquisiciones, 
sino  también  de  privilegios  pontificios  y  reales.  Honorio  III, 
Gregorio  IX  y  otros  pontífices  hasta  Adriano  YI  inclusive,  le 
concedieron  exenciones,  inmunidades  y  derechos  parroquiales, 
juntamente  con  uso' de  pontificales,  báculo,  anillo  y  mitra. 

No  le  fallaron  tampoco  algunas  averías.  En  1180  se  quemó  el 
monasterio:  ardió  otra  vez  en  130G.  En  14-21  le  pegaron  fuego  los 
ingleses,  demoliéndolo  en  gran  parle,  y  finalmente,  en  15G2  lo 
saquearon  los  hugonotes,  profanando  las  reliquias,  violando  los 
sepulcros,  y  destrozando  la  biblioteca,  llena  de  ricos  y  antiquísi- 
mos códices.  Al  saqueo  siguió  el  incendio.  Y  aún  no  fué  eso  lo 
peor,  sino  que  á  estos  males  materiales  siguieron,  en  la  general 
disipación  del  siglo  xvii,  otros  morales,  y  la  relajación  de  la  disci- 
plina monástica,  hasta  el  punto  de  que,  habiendo  traído  el  prín- 
cipe Mauricio  Eugenio  de  Saboya  monjes  de  la  Congregación  de 
San  Mauro  para  la  reforma  del  monasterio,  los  del  monasterio  de 
Cultura  les  cerraron  las  puertas. 

Tenía  el  monasterio  á  su  cargo  100  parroquias,  26  capellanías 
y  50  prioratos,  alguno  de  ellos  en  España.  Cuál  fuera  éste  no  se 
sabe,  pues  un  Buxedo,  que  allí  suena,  parece  ser  Bouessay. 

También  padeció  nuicho  en  el  monasterio  de  Solesmes  la  dis- 


CGG  boletín  de  La  real  academia  de  la  hístorla. 

ciplina  monástic¿i  por  la  rapacidad  y  molicie  de  los  abades  co- 
mcníiatarios,  que  fueron  la  polilla  de  los  monasterios  opulentos 
de  Francia  en  el  siglo  xvir,  como  lo  habian  sido  en  España  en 
el  XVI,  y  causa  funesta  de  la  ruina  de  muchos  y  de  la  decadencia 
de  otros. 

El  priorato,  ahora  Abadía  de  Solesmes,  fundado  á  principios  del 
siglo  XI,  como  queda  dicho,  está  situado  á  la  ribera  del  Sarta,  á 
media  legua  de  !¿abol;  su  iglesia  estaba  dedicada  á  San  Pedro  y 
San  Pablo  como  la  de  Cultura.  El  abad  de  este  monasterio  en- 
vinba  á  Solesmcs  un  prior,  para  regir  el  monasterio  bajóla  regla 
de  San  Benito.  Creció  mucho  en  importancia  el  priorato  desde  fines 
del  siglo  XV.  Distinguióse  en  el  adorno  de  la  fábrica  de  la  iglesia 
Guillermo  Cheminal  que  construyó  el  altar  de  Nuestra  Señora  de 
la  Piedad  y  el  sepulcro  del  Señor,  y  tamliién  un  hermoso  campa- 
nario de  200  pies  de  altura,  que  derribó  un  huracán  el  año  l(i82. 
En  1532  el  maestro  Juan  Bougler  construyó  también  una  mag- 
nífica capilla  colateral,  al  lado  del  Evangelio  en  honor  de  la  San- 
tísima Virgen,  con  cinco  altares  llenos  de  hermosas  figuras  de 
piedra  blanca,  representando  varios  pasajes  de  la  vida  de  aquella, 
que  aun  hoy  día  llaman  mucho  la  atención  do  los  inteligentes  y 
aiin  más  de  las  personas  piadosas;  como  también  las  bellas  vi- 
drieras de  colores  costeadas  por  entonces.  Estas  bellezas  artísti- 
cas eran  las  que  principalmente  quería  reproducir  el  duque  de 
Cbaulnes  en  ricas  láminas  en  acero. 

Consérvase  también  una  espina  de  la  Corona  del  Señor,  que 
trajo  Raúl  ó  Radolfo,  señor  do  Saból,  el  cual  fué  á  la  Cruzada  con 
Gofredo  de  Bullón.  Tuvo  la  suerte  este  monasterio,  el  año  16Gi, 
de  que  Dios  tocase  el  corazón  del  illtimo  abad  comendatario  don 
Gabriel  de  Courses  de  Beauregard  para  que  cediera  el  monasterio 
decadente  á  la  Congregación  de  San  Mauro,  permitiendo  á  los 
monjes  nombrar  prior  libremente,  renunciando  la  encomienda 
prioral,  no  sin  quedarse  con  algunos  gajes. 

No  fué  gran  cosa  lo  que  ganó;  pues  al  enviarle  noticias  á  Ma- 
billon  cu  1702  (pág.  396)  se  le  decía,  que  el  monasterio  se  hallaba 
desolado  y  em[)oI)recido  por  un  falso  hermano  litular  de  él.  Tam- 
poco mejoró  gran  cosa  durante  el  siglo  pasado,  y  la  revolución 
vino  á  poner  término  á  los  abusos  do  aijuella  aristocracia  dege- 


CAflTULARIO  DK   LAS  ABADÍAS  DK   LA   C.OLTI'HE   Y  DE  SOLKSMKS.       2()1 

nerad;i,  que  gastaha  en  orgías  los  liieues  y  rentas  do  ,m;i.n  parlo 
de  los  monasterios  de  Francia. 

Quinientos  son  los  documentos  corrospondientes  ¡I  la  Abadía 
de  Gonture  y  priora'o  de  Solesmes,  (jiio  contieno  este  precioso 
Cartoral.  La  mayor  [¡arte  de  ellos  son  de  la  Abadía  de  Cultura: 
de  Solesmes  apenas  un  medio  ciento.  Los  cuatro  íiltimos  de  este 
siglo  son  muy  notables. 

El  41)7  es  un  decreto  de  Napoleón  dado  en  Wiina  el  año  181?. 
prohibiendo  se  saquen  do  la  iglesia  de  Solesmes  las  estatuas  do 
piedra  que  la  Prefectura  quería  ruttseizar  (1). 
.  Por  el  498  Gregorio  XVI,  en  1337,  erige  el  priorato  de  Solesmes 
en  Abadía,  y  cabeza  de  Congregación.  AI  par  de  este  documento 
y  al  frente  de  la  pág.  402  se  echa  de  ver  la  plantado  la  Abadía  dr- 
Solesmes  después  de  su  restauración.  Por  primer  abad  y  restau- 
rador fue  nombrado  el  célebre  Dom  Luis  Pascual  Gueranguei-, 
solicitándolo  así,  no  solamente  el  obispo  de  Mans,  sino  también 
los  arzobispos  de  Tours  y  de  Pnris. 

Los  dos  últimos  documentos  son  del  Papa  Pió  IX,  dados  en 
1875,  confirmando  por  segundo  abad  de  Solesmes  al  P.  Dom  León 
Bastido,  y  el  último  contiene  un  hermoso  elogio  del  abad  an- 
terior. 

Tal  es  el  curioso  cartulario  que  la  Academia  nos  ha  encai-gado 
revisar,  obra  preciosa,  por  los  documentos,  por  sus  grabados  ó 
ilustraciones  y  por  su  excelente  desempeño,  que  la  hace  modelo 
de  las  de  su  clase,  y  obra  propiamente  de  benedictinos  en  lodo  el 
i'igor  de  la  palabra. 

Madrid,  -22  Junio  188:^. 

Vicente  de  la  Fuente.         Cesáreo  Fernández  Duro. 


(1)  Palabra  no  admitida  en  el  Diccionario,  que  significa  hoy  dia  entre  los  literatos 
la  torpeza  de  destrozar  monumentos  antiguos  para  sacar  objetos  arqueológicos  á  fin 
de  llevarlos  á  los  museos  sin  motivo  racional. 


2G8  liOLETÍ.N    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTURIA. 


II. 


LA  CATEDRAL  DE  MURCIA  EN  1291. 


Señores  Académicos. 

La  carta  original  del  Rey  D.  Sancho  IV,  fechada  en  -26  de  Mayo 
de  1291,  que  nuestro  docto  correspondiente,  D.  Félix  Martínez 
Espinosa,  arcediano  de  Murcia,  ha  encontrado  recientemente  en 
el  archivo  de  aquella  Santa  Iglesia,  dice  así: 

«Don  Sancho,  p[ojr  la  gracia  de  dios  Rey  de  Castiella,  de 
[Toljedo,  de  León,  de  Gallicia,  d[e]  Sevilla,  de  Gordova,  de  Mar- 
[cia],  de  Jahen  e  del  Algarbe,  [a  vo]s  don  Diego,  por  essa  misma 
gracia  Obispo  de  Cartagena,  S[a]lud  commo  a  aquello  que  quiero 
bien  e  en  que  fio. 

í>Vi  vuestras  cartas,  que  me  enviastes  con  Pero  guillem  com- 
pannero  de  vuestra  Eglesia  en  rracon  de  la  translación  de  la  Egle- 
sia  de  Garta[gen]a  a  Murcia,  e  que  deriades  que  el  papa  avia  en- 
viados sos  del[egado]s  alia  sobre  esta  rracon,  e  que  me  pidiades 
mercet  que  lo  toviesse  p[or  bie]n.  Et  pues  el  papa  lo  quiere,  e  yo 
veo  que  es  servicio  de  [dios]  e  mío,  e  pro  e  onrra  daquel  lugar, 
plaze  me  e  [lo  ten]  go  por  bien.  Et  sobresto  escrivo  mi?  cartas  alos 
de  Cartagena  e  alos  de  Murcia,  en  que  les  mando  que  les  plega  e 
lo  tengan  p[or]  bien,  e  que  vos  ayuden  en  todo  lo  que  fuere  y 
mester  en  guisa  que  [es] te  fecho  venga  a  acabamiento.  Empero 
ruego  vos  (¡ue  toda  via  guisedes  commo  tinquen  algunos  com- 
panneros  de  la  Eglesia  en  Cartagena  por  onrra  daquella  Eglesia 
c  del  logar;  e  en  esto  fazer  medes  servicio,  e  yo  gradecer  vos  lo 
e,  et  fazer  vos  e  siempre  Ijien  e  mercet  por  ello. 

«Olrossi,  a  lo  que  me  enviastes  pedir  mercet  con  Pero  Guíllcm 
vuestro  mensagero,  en  que  deciades  que  vuestra  Eglesia  se  derri- 
bava  e  eslava  mal  parada,  e  que  vos  mandasse  fazer  alguna  ayuda 
para  vuestra  [Egjlcsia  de  la  madera  que  acábeselo  en  Guarda- 
mar  e  en  Alicante  e  en  essos  otros  logares,  (jue  la  truxo  la  for- 
tuna de  tierra  de  Valencia,   tengo  por  bien  [q]ue  vos  den  ende 


LA    CATEDRAL    DE    MURCL\    E.\    Vi'M .  ÍO'.) 

(|UÍnieulos  maderos.  Et  sobresto  envió  mi  carta  a  Jolian  sanche/. 
adelantado,  que  vos  la  faga  luego  dar. 

))Dada  en  Burgos  xxvi  dias  dií  Mayo,  Era  de  mili. cr.n.xxix. an- 
uos. Alfonso  peres  la  mando  fazcr  por  mandato  del  Rey.  Yo  Mar- 
tin Alfonso  la  fis  cscrcvir.  Alfonso  peres.  Es[idroj  gonsales. — Vi- 
dit  Garsia  ferrandes.« 

Tres  días  después,  cumpliendo  su  promesa,  escribía  el  Rey  il): 

«Don  Sancbo  por  la  gracia  de  Dios,  Rey  de  Gasliella,  de  Tole- 
do, de  León,  de  Gallicia,  de  Sevilla,  de  Gordova,  de  Murcia,  do 
Jaben  e  del  Algarbe,  al  Goncexo  e  a  los  Alcaldes  e  Algnazil  do 
Murcia  salud  e  gracia. 

«Bien  savedes  en  como  el  Olñspo  c  el  Gabillo  de  Gartagena  tra- 
baxaron  tiempo  lia,  e  Irabaxan  por  mudar  la  Sey  y  en  la  villa  do 
Murcia;  et  esto  tengo  que  es  mío  grande  servicio  e  pro  ct  honrra 
de  todos  vos,  que  por  que  la  villa  sea  mas  lionrada  e  mas  precia- 
da por  ello.  Por  que  vos  ruego  e  vos  mando  que  vos  que  les  aiu- 
dedes  en  quanto  pudieredes  en  ello,  e  que  les  dedes  vuestras  car- 
tas aquellas  que  obieren  menester  sobrestá  razón,  en  guisa  por 
que  este  fecho  venga  en  acabamiento,  e  yo  grasdecer  (2)  vos  lobo 
mucbo,  e  fazervosbe  siempre  bien  e  merced  por  ello.  Dada  en  Bur- 
gos veinte  y  nueve  dias  de  maio,  Era  de  mil  e  trescientos  o  veinte 
e  nueve  años.  Alfonso  peres  lo  mandó  faser  por  mandado  del  Rey. 
Yo  Martin  Alfonso  la  fis  escrevir.  Alfonso  Pérez.  Esidro  Gonza- 
les  (3).  V,'  Garci  Ferrandes.» 

Guánto  tiempo,  por  qué  motivos  y  en  qué  trabajos  anduvieron 
el  Obispo  y  Gabildo  de  Gartagena  con  la  solicitud  que  indica  el 
Rey,  nos  lo  bará  ver  la  bula  de  Nicolao  IV,  fechada  en  Rieli  do 


(1)  A  falta  del  original  que  busqué,  mas  no  encontré,  doy  el  texto  copiado  por  don 
Asensio  de  Morales  en  el  libro  de  Privilegios  reales.  Bulas  y  otros  instrementos  ii/tpor- 
tantes  (fol.  "4  vuelto,  Tó  recto),  compilado  en  1751  para  el  archivo  de  la  Santa  Iglesia  de 
Murcia.  La  fuente  del  trasunto,  hecho  por  Morales,  fué  otra  copia  extendida  en  el  Li- 
hro  autliorizaár.  del  mismo  archivo,  qu3  no  sube  más  allá  del  siglo  xv. 

("2)  Morales,  ó  su  amanuense:  «grasdezoa  vos  lo  he  mucho. >> — La  errata  se  ha  desli- 
zado en  la  impresión  quede  la  carta  ha  hecho  el  Sr.  Fuentes  en  la  página  61  de  las 
Fechas  Murcianas  Murcia.  1882).  No  ha  muchos  días  he  recibido  de  este  docto  escritor 
la  hoja  volante,  impresa,  ([ue  rectifica,  con  arreglo  al  original  recién  descubierto,  la 
primera  edición  (Fechas  Murcianas,  pág.  ."JS  y  59)  de  la  regia  carta  al  Obispo. 

(3)    Morales  «Gomes:»  pero  se  opone  el  original  de  la  carta  anterior. 


"270  boletín  de  i. a  üeai.  academia   de  la  historia. 

Xápoles,  H  13  de  Setiembre  de  lv!89.  La  estimo  inédita,  pues  no  la 
consigna  Potlhast  en  su  preciosa  obra  Regesta  Romanorum  Pon- 
tificum,  continuación  de  la  de  Jalí'é.  Un  traslado  aiUéntico  vino 
directamente  á  la  catedral  de  Murcia  en  1772,  y  lo  he  visto  y  co- 
piado al  pié  de  la  letra: 

(dn  nomine  Domini,  Amen.  Hoc  est  exeinplar  autiienticum  quarumdam 
Litfceranim  apostolicarum  fe!,  rec.  Nicolai  PP.  IV  teuoris  sequentis  vi- 
delicet. 

«Xicolaus  cpiscopus,  servus  scrvorum  Dei,  dilectis  filiis...  (11, 
Abbali  de  Benifacani  Cisterciensis  et...  (2)  Priori  de  Porta  Geli 
Gartusiensis  ordinum  monasteriorum,  Dertusensis  el  Yalentine 
diocesium,  salutcm  et  aposlolicam  benedictionem. 

)i Accedí t-Matris  Ecclesie  sinceris  aíTectibus  ut  íMeles  suos  in 
viam  pacis  dirigat  et  mentis  tranquillitate  custodiat,  curet  ipsos 
a  qaibuslibet  perversitatibus  preservare.  Sane  vcnerabilis  frater 
noster...  p]piscopus  ct  dilecti  íilii  Gapitulum  ecclesie  Carlhaginen- 
sis  nobis  e.vponere  curaverunt  quod,  eis  olim  significantibus  feli- 
€is  recordationis.  Nicolao  papae  IH  Predecessori  nostro  |3i,quod 
civitas  Garthaginensis  in  loco  sita  dinoscitur  propter  mare  medi- 
terraneum  fretum  iníidelium  feritati  vicino,  a  christiano  quoque 
incolatu  semoto,  quod  ipsi  et  cives  Gartliaginenses  Agarenorum 
et  aliorum  etiam,  qui  sub  velamine  tituli  christiani  laxantad  in- 
jurias manus  suas,  vexati  insultibus,  ingressum  et  regressum  ad 
civitafem  ipsam  liberos  non  habentes,  plerumque  gravia  dampna 
in  pcrsonis  et  rebns  incurrunt;  populus  quoque  Garthaginensis 
diócesis  similiter  propter  viarnm  discrimina,  que  ex  inepta  pre- 
l'ali  loci  dispositionc  crebrius  suscita ntur,  nequáquam  iiisi  forsan 
gressu  interdum  clandestino,  vel  cum  ducatu  comitum  competen- 
ti,  adire  civitaiem  eaiidem  prosumunt:  undeex  hiis  et  alus  variis 
incomodorum  arliculis  prediclc  civilatis  habitatio  fidelianí  quieli 
adco  redditur  onerosa,  (]uo<l  ibidem  ])rcvis  habelur  numerus  in- 


(1)  Según  el  catálogo  (jiie  trae  Villamieva  (Viaje  litei-ario,  i\,\G\)  comenzó  é.  ser 
abad  de  Benifaaá  en  1263  Berenguer  de  Concabella,  en  128:j  (iuillem,  en  1"289  Pedro  Vi- 
Inrnau  y  en  12!IJ  Ramón  Bernat.  El  primero  de  los  deleg-ados  i)on,tiflcios,  á  quien  se  re- 
fiere la  carta  del  Uej-,  fué,  de  consiguiente,  Pedro  Vilarnau. 

(3)    ¿Raimundo  de  Bañuts? 

(:i)    Fu»'  coronado  á  '2G  de  Diciemlirc  de  \T,~,  un  mes  desinu'-s  d<-  su  elección. 


LA    CATKDIíaL   1)K    mi  liiWA    V.S    lví?l  .  271 

colaniin,  ot  prediclus  populus  lurbalur  veheineutcr  ct  rcdJilur 
Carlhaginensi  Ecclcsie  indcvotus.  Unde  prefati  EpiscopusetCapi- 
tiilnni  asserenlos  quod  castrum  Murlie,  iii  cadem  diócesi  consti- 
liiluin,  est  locus  honorabilis  et  insigiiis,  ac  aptas  iii  hac  parte  vo- 
lis  popüli  mcmorali,  eidcín  Predecessori  humiliier  supplicarunl 
lít  scdein  Carlliaginensein  adcaslruin  ipsiim  traiisrurtíndi  liheraní 
cis  coiicoderet  facaltalem.  Ídem  vero  PreJecessor,  cupicns  iiislrui 
et  plcniíis  iiiforinari  aii  preniissa  verilale  clarercnt,  an  hujnsmo- 
di  postulatio  Clero  el  po[)ulo  prcfalis  votiva  exislcrct  ac  saluti  ct 
ulililali  expediret  eorum,  el  au  in  chrisliaue  professionis  reduu- 
<laret  honorem,  si  ejus  professorcs  fugereiit  a  facie  inimici,  et  an 
eliain  ex  hoc  Christicolis  illarum  parlium  materia  scandali  pa- 
rarelur,  Venerabili  fralii  nostro...  (1)  Episcopo  Dertuseiisi  ac 
tibi  (2),  fili  abbas,  per  suas  sub  certa  forma  dedil  litteras  iii  man- 
datis  ut  super  hüs  et  alus  circunstantiis,  quas  hujusmodi  ncgolii 
desideraret  condilio,  inijuircretis  diligentias  veiúlatcm,  et  de- 
mum  que  iiiveniretis  per  veslras  litlcras,  cariimdem  litlerarum 
ipsius  Prcdecessoris  seriem  continentes,  sibi  intimare  fideliter 
ruraretis  ut,  veslris  inslructionibus  informatus,  in  eis  proulipso- 
rum  exigeret  qualilas  tute  posset  procedíu'é  ac  consulte. 

«Verum  quia,  sicut  iidem  Episcopus  et  Gapitulum  Carlliagi- 
nenses  nobis  exponere  curaverunt,  dictus  Episcopus  Dertusensis 
et  tu,  Abbas  predicte,  per  ipsius  Prcdecessoris  litteras,  quarum 
¡íucloritas,  re  adhnc  existente  integra,  per  ipsius  obitnm  (3i  expira- 
i'al,  procederé  non  curastis,  iidem  Episcopus  et  CapiLulum  Gailha- 
ginenses  itéralo  ad  Apostolicac  Sedis  providcntiam  recurrerunt. 
Nos  itaque,  prcdictorum  Episcopi  et  Gapiluli  Garthagínensiuin 
supplicationibus  inclinati,  cupientes  eos  optatis  desideriis  conso- 
iari,  discretioni  vcstre,  de  qua  plenam  in  Domino  fiduciam  obli- 
uemus,  cum  prefatus  episcopus  Dertusensis  in  remotis  agat  ad 


(1)  Arnaldo  de  Jardino.  Lo  que  refiere  ¡a  bula  se  debe  ag-rqgar  á  las  breves  noticias 
acerca  de  este  Trelado  que  recoj^ió  Viltanueva.  (  Viaje  Ut.,  v,  ítl,  92.) 

['i)  La  bula,  como  lo  ha  hecho  arriba  tratando  del  obispo  de  Cartagena,  se  fija  inme- 
diatamente en  la  dignidad:  y  por  ésta  en  la  persona  individual,  que  puede  ser  con  el 
tiempo  diversa  ó  sucesiva. 

(:<)    Murió  Nicolao  III  el  dia  "22  de  Agosto  de  12-<i). 


272  boletín    de    la    real    academia    de    la    HISTOnLi. 

presens  il),  per  Apostólica  scripta  niandamus  quatenusiiihujus- 
modi  inquisitionis  negotio  procedatis  juxta  predictarum  ipsius 
Predecessoris  ad  eundem  Episcopam  Dertusensem  ct  te,  predicte 
abbas,  directaram  super  hoc  coiitiiientiam  littoranira,  et  demum 
que  inveneritis  per  vestras  litteras,  harum  seriem  continentes, 
nobis  studeatis  fideliter  intimare.  Non  obstante  indulgentia,  sí 
qiia  vobis  et  ordinibns  vestris  ab  Apostólica  Sededicitur  essecon- 
cessum  quod  non  teneamini  vos  intromittere  de  quibuscumque 
iiegotiis,  que  vobis  a  Sede  committuntur  eadem. 
»Dad.  Reate,  Idibus  Sept.  Pontif,  nostri  Anno  secundo. 

))De9cr¡ptum  et  recognitum  ex  Regesto  Litterarum  Apostolicarum  Nico- 
lai  PP.  IV.  quod  asservatur  in  Archivo  Secreto  apostólico  Vaticano  An.  II 
ep.  o09.  cum  quo  coUatum  concordat.  salvo  etc.  In  quorum  fidem  hic  me 
subscripsi  et  sólito  sigillo  signavi. 

i)Dabíim  ex  Archivo  prefato  Cal.  Febr.  Anno  Domini  1772.  Ind.  V,  Pon- 
tificatus  Sanctissimi  in  Christo  Patris  et  Domini  nostri,  Domini  Clementis 
Divina  providentia  PP.  XIV.  Anno  III. 

D(Lugar  del  sello.)  Joseph  Garansius  Archivo  predicto  Praefectus.» 

Está  este  ejemplar  auténtico  en  tres  pliegos  de  papel,  cosido?^ 
con  hilos  de  seda,  color  verde  y  rosa.  El  ejemplar  de  la  Bula  ori- 
ginal, á  mediados  del  siglo  pasado  existía  en  el  archivo  catedral 
de  Murcia.  Morales,  quien  allí  lo  vio  y  no  sin  erratas  lo  transcri- 
bió (2),  lo  describe  en  esta  manera:  'íEs  original,  escripia  de  letra 
antigua  en  pergamino.  Le  falta  el  sello  que  parece  haver  tenido 
pendiente  de  un  cordoncillo  de  ctiñamo,  que  le  permanece  atado  á 
su  pié  en  la  forma  acostunibrada.y)  Nadie  me  ha  sabido  enterar  de 
su  paradero  \'¿\. 

(1)  No  firmó  entre  los  Prelados  que  asistieron  á  las  Cortes  generales  de  Cataluña 
(25  Diciembre  1291  ^ 23  Marzo  1292;;  pero  si  en  el  concilio  coetáneo  de  Tarragona  (sá- 
bado, lo  Marzo  de  1292). 

(2)  Privilegios,  Bulas,  Donaciones  y  Confirmaciones  j-  otras  escrituras  que  so  liallan 
originales  en  el  Archivo  y  Tumbo  délas  santas  iglesias  de  Murcia,  Cartagena,  Muía  y 
Jumilla;  fol.  713  recto-715  recto.  Códice  ms.  en  la  biV.lioteca  de  la  Real  Academia  de  !n 
W'iatoT'iSi,  esíante'25,  ffrada  ].',  C,  miTa.  12. — Morales  encabezó  su  transcripción  con  el 
titulo  anacrónico  y  relativamente  moderno,  que  probablemente  sacó  del  dorso  del  per- 
gamino original:  «fínla  (leí  Papa  Xicolao  ÍT  sohrcla  translation  de  la  S.^^Iffl.'  ieCart.'"' 
i'r  Murcia.» 

(3)  Se  me  liabló  de  un  rimero  de  bulas  viejas,  que  á  nadie  se  dejan  ver:  especie  ridi- 
cula é  incongruente  á  la  notoria  ilustración  del  Cabildo. 


LA    CATEDnAT-    DR    MURCIA    EN    1-291.  27.3 

La  traslación  déla  Sede  á  Murcia,  si  bien  conservando  el  lílnlo 
de  Cartagena,  debió  de  hacerse  en  1291.  Pruébanlo  en  primer  la- 
gar las  palabras  del  Rey  en  Mayo  de  1291 ,  tanto  de  por  sí,  como 
confrontadas  con  las  de  la  l)ula  que  acabáis  de  oir,  fechada  en 
13  de  Setiembre  de  1?8!).  Los  delegados  apostólicos  tuvieron  su- 
ficiente espacio  para  cumplir  su  comisión  y  dar  lugar  á  la  expre- 
sión favorabledel  asentimiento  de  la  Santa  Sede  que  uolilicó  el 
Obispo  al  Rey,  y  este  consignó  en  su  respuesta:  "é  pues  el  Papa 
lo  quiere,  ct  yo  veo  ques  servicio  de  Dios  ó  mió,  ó  pro  ó  honra  de 
aquel  logar,  6  lo  tengo  por  bien.»  En  segundo  lugar  lo  indican 
las  actas  de  convocación  al  concilio  de  Valladolid,  que  publi- 
qué (1),  en  su  parte  relativa  á  la  escena,  harto  curiosa,  de  que  fué 
teatro  la  catedral  murciana  el  27  de  Febrero  de  1292.  No  estará 
de  más  reproducir  aquí  este  notabilísimo  documento: 

«Veinte  siete  dias  de  febrero,  Era  de  mili  ccc  et  treynta  .iños,  ante  San- 
cho de  LnQano  Arcidiano  de  Cartagena  et  Guillem  Reuion  arcidiano  de 
Lorca  et  Pasqual  Pérez  Cliantre  de  la  Eglesia  de  Cartagena  et  Johau  Pérez 
Canónigo  de  la  dicha  Eglesia,  et  Pedro  Guillem  et  Gun9alo  Pérez  rracionc- 
ros  de  la  dicha  Eglesia,  en  presencia  de  los  Notarios  de  iuso  escriptos,  com- 
parecieron Johan  Perez  et  Pedro  Garcia  clérigos  del  Ar9obispo  de  Toledo 
en  el  choro  de  la  Eglesia  de  Santa  Maria  la  mayor  de  Murcia  con  una  carta 
(íHcripta  en  pergamino  de  cuero  et  seellada  con  el  seello  colgado  de  Don 
Gor9alo  por  la  gracia  de  Dios  Arcobispo  de  Toledo  que  dice  asi :  Gundi- 
salvHS  Dei  gratin,  etc.,  venerabili  io  Christo  patri,  Domino  Didaco  episcopo 
Carthaginensi,  etc.  Data  apud  Alcalam  VIIF  idus  Januarii,  anno  Domini 
millesiino  cc°  nonagésimo  primo. 

))La  qual  carta  el  dicho  Pedro  Garcia  comeiig ó  á  leer;  et  los  dichoa  Arci- 
diano et  Chantre  et  canónigo  et  racioneros  dixieron  que  si  los  dichos  Johan 
Pérez  et  Pedro  Garcia  trayian  alguna  carta  del  obispo  de  Cartliagena  que  ge 
la  oydrian,  mas  otra  carta  nol  consintirian,  nil  dexarian  leer;  ca  non  era 
tiempo  uin  razón,  porque  estaban  diziendo  sus  oras;  et  que  atendiesen  fata 
que  las  oras  fuessen  dichas.  Et  ante  que  las  oras  fuesscn  acabadas,  los  so- 
bredichos Arcidianos  et  Chantre  et  canónigo  et  Racioneros  fuéronse.  Et  los 
dichos  Johan  Pérez  et  Pedro  Garcia  atendieron  fata  que  fueron  dichas  las 
oras,  et  dixieron  que  leerien  la  carta  si  oviessen  a  quien. 


(1)    Actas  íne'ffitns  de  siete  rancilios  espaTio'i:s.  ^celebrados  rJesdr  i-l  aTio  r2fí"2  /ias!a  el  de 
1311.  pág-.  1S3-19:!:  Madrid,  188-2. 

•Ycv.c  i:r.  l'J 


•274  DOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

»Etdesto  que  sobredicho  es,  et  en  como  pasó,  los  diclios  Johan  Pérez  et 
Pedro  García  pidieron  á  Loren9o  García  et  Bondiico  Forés  et  Per  Andrés 
Notarios  públicos  do  Murcia  que  les  diesen  ende  este  instrumento,  signado 
con  sus  signos  en  testimonio.» 

Pruébalo,  en  fin,  la  muy  fidedigna  aseveración  del  obispo  don 
Diego  de  Comontes,  quien  ;1  mediados  del  siglo  xv  dejó  manus- 
crita la  historia  de  sus  predecesores  en  el  libro,  titulado  Funda- 
mentum  ecclesiae  Cartliaginensis  (1).  Bien  es  verdad  que  la  bula 
de  traslación  no  aparece,  aunque  de  un  siglo  á  esta  parte  se  han 
hecho  esfuerzos  repetidas  veces  para  descubrirla  en  el  archivo 
capitular  y  episcopal  de  Murcia,  o  para  recabar  su  copia  auténli- 
ca  del  Vaticano.  Mas  una  larga  experiencia  de  trabajos  críticos  de 
esta  índole  os  ha  demostrado ,  señores ,  que  las  catedrales  de  Es- 
paña han  atravesado,  ya  por  incendios  ú  otros  percances  de  for- 
tuna, ya  por  violentas  ó  descuidadas  miras,  tal  menoscabo  en  sus 
papeles  y  manuscritos  antiguos,  que  de  ninguno  de  ellos,  á  me- 
nos que  se  pruebe  con  evidencia  que  está  completamente  perdido, 
hay  que  desesperar  el  recobro.  La  bula  de  Nicolao  IV,  creando 
nuevos  delegados  para  el  informe  previo  á  la  traslación  de  la  Sede, 
existía  original  en  el  archivo  de  la  catedral  murciana,  como  lo 
testifica  Morales.  ¿Dónde  se  halla  actualmente?  Tal  vez  oculta,  de 
donde  salga  á  lo  mejor  cuando  menos  se  cate,  como  la  bula  de 
traslación.  La  carta  original  del  Rey  D.  Sancho  al  obispo  D.  Die- 
go de  Magaz,  no  la  vio  ni  copió  Morales,  á  quien  le  bastó  el  trans- 
mitirnos la  copia  del  Libro  authorizado;  y,  sin  embargo,  ha  lo- 
grado encontrarla  nuestro  dignísimo  correspondiente  D.  Félix 
Martínez  Espinosa  ;  y  apoyado  y  excitado  por  el  sabio  Cabildo 
de  Murcia  y  del  venerable  Prelado  do  aquella  gloriosa  diócesis, 
nos  ha  hecho  agasajo  de  la  fotografía,  que  veis  ahí,  de  tamaño  na- 
tural, gemela  de  otra  y  otras  destinadas  á  prevenir  los  efectos  de 
luicva  desaparición,  y  á  plantear  ancha  base  de  operaciones  en  la 
contienda  pacífica  del  ingenio.  ¿Qué  más  diré?  Dos  bulas  de  Lio- 
cencio  IV,  originales,  fechadas  respectivamente  en  los  días  5  y  6 
de  Agosto  de  1-250,  que  interesaban  en  altísimo  grado  á  la  Santa 

(l)    Ví'ase  en  el  Informe  siguiente. 


LA    CATEUU.VL    ÜE    MURCIA    EX    1291.  27;') 

Iglesia  (le  Cartagena,  ya  no  comparecen.  La  primera  lleva  el  nú- 
mero JO  y  la  segunda  el  7  en  el  gran  Códice,  titulado:  a  Libro  1,  en 
que  están  compulsadas  las  bulas  y  otros  instrumentos  importan- 
tes, que  se  Judiaron  en  el  archivo  de  la  sancta  Iglesia  Catedral  de 
Cartagena,  el  presente  año  de  1751;  formado  á  pedimento  de  los 
Tilmos,  señores  Dean  y  Cavildo,  al  tiempo  del  reconocimiento  que 
de  orden  del  Reí/  nuestro  Señor  (1)  se  executú  de  él  por  el  S.''  D."  As- 
censio  de  Morales,  del  Concexo  de  su  Mag.^,  su  Oydor  de  la  Real 
Audiencia  de  Sev.",  y  Juez  delegado  para  Rexistro  de  los  Arcliiv.^ 
de  Cast.^  y  Andal.^  (2).»  Potthast  (3),  bajo  el  nüm.  14.032,  cita  la 
segunda  |G  Agosto),  que  publicó  Sbaralea;  mas  la  primera  (5  Agos- 
to), ni  siquiera  la  menciona.  Cierro,  pues,  con  ella  mi  breve  In- 
forme. 

«Innocentius  episcopus,  servus  servorum  Dei,  venerabili  fra- 
tri...  (4)  Episcopo  Carthaginensi  salutcm  et  apostolicam  benedic- 
•tionem. 

«Meritis  tue  devotionis  induciraur  ut  te  speciali  gratia  prose- 
quamur.  Hinc  est  quod  nos,  tuis  supplicationibus  annuentes,  tibi 
-auctoritate  presentium  indulgemus  ut  ad  receptionem  in  Ecclesia 
■Carthaginensi,  seu  provisionem  alicujus  in  pensionibus  vel  be- 
neficiis  ecclesiasticis  per  litteras  apostolice  Sedis,  aut  Legatorum 
-ejus,  de  cetero  compelli  non  possis  nisi  plenaní  et  expressam  de 
•indulgentia  hujusmodi  feceriat  mentionem. 

»Nulli  ergo  omnino  hominum  liceat  hanc  paginara  nostre  con- 
cessionis  infringere,  vel  ei  ausu  temerario  contrarié.  Si  quis  au- 
tem  hoc  atemptare  presumpserit,  indignationem  omnipotentis 
Dei  et  beatorum  Petri  et  Pauli  apostolorum  ejus  senoveritiiicur- 
■surum. 

»Dat.  Lugduni,  nonis  Augusti,  pontificatus  nostri  anuo  oc- 
tavo.» 

Madrid  ,  12  Octubre  1883. 

Fidel  Fita. 


(1)    Fernando  VI. 

(•2)    Folio  mayor  de  1.122  páginas. 

(3)  Regesta  Poiitificuní  Romanonun,  inde  ab  anuo  post  C/rristuiu  nation  mcxcviii  ad 
a.  Mccciv;  Berlin,  1875. 

(4)  Pedro  Gallego. 


276  BOLETÍN'    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HIsTOIUA. 

III. 

BOSQUEJO    HISTÓRICO   DE   LA    SEDE    CARTAGINENSE- 
POR  EL  OBIíPO  D.  DIEGO  DE  COMONTES. 


Es'inédito.  El  ejemplai-  más  precioso,  U\l  vez  autógrafo  del  au- 
tor, era  el  Códice,  que  en  el  suyo  propio  (1)  vio  y  describió  don 
Ascensio  de  Morales:  «Assimisrao  cerlifico  que  en  el  referido  Ar- 
chivo (2)  se  halla  un  libro  antiguo,  el  qual  tiene  por  [ii\i\o  Funda- 
mentum  Ecclesie  Carthaginensis;  el  qual  parece  fue  formado  por 
la  Era  (3)  de  mili  quatrocientos  y  quarenta  y  siete,  por  el  Obispo 
D."  Diego  de  Gommontes,  y  trassumptado  en  forma  jurídica  de 
el  antiguo  por  el  año  de  mil  seiscientos  y  dos,  mediante  á  hallar- 
se el  Original  mui  maltratado;  en  cuio  libro  se  halla  apuulado  el 
origen  de  la  Iglesia  de  Cartagena,  sus  costumbres  y  estarutos  an- 
tiguos, y  al  folio  [18  hasta  el  29  inclusive]  (í)  se  refiere  la  erec- 
ción y  fundación  de  la  Iglesia  por  el  referido  Obispo. «  No,  ha- 
bieudo  encontrado  el  ejemplar  en  la  catedral  de  Muic.ia,  me  de- 
beré contentar  con  el  traslado  que  hizo  Morales,  y-que  obra  en 
nuestra  Biblioteca  (5),  anotándolo  brevísimamente  y  restituyén- 
dolo, cuanto  se  me  alcanzare,  á  su  pureza  nativa  con  arreglo  á  los 
principios  de  una  Crítica  sana  y  sobria.  Da  gozo  ver  cómo  desde 
San  Isidoro  y  el  Biclarense,  los  Prelados  españoles  han  escrito  y 
recogido  páginas  que  sirven  al  historiador  de  modelo  y  de  espejo 
constante  á  la  Historia.  Hace  un  siglo,  la  obra  del  sucesor  de  don 
Pablo  de  Cartagena  se  citaba  con  harta  ligereza  y  como  perdi- 

(1)  Real  Academia  de  !a  Historia.  Colección  de  privileg-ios  y  escrituras  de  las  igle- 
sias de  España,  lomo  xii  (est.  2.",  grada  1.*,  C\  Ibl.  'Adl  recto. 

(2)  Catedral  de  Murcia. 

(3)  Entiéndase  año  de  la  era  cristiana,  quinto  del  episcopado  del  autor. 
(1)    Morales  dejó  en  blanco  el  número  del  folio. 

ir.)    Cod.cit,M.~:\-2T.-~\\r. 


BOSQUEJO    HISTÚltlCO    DK   L.V   SEDK    CAIíTAGINENSE.  277 

'da  (!'.  De  hoy  en  aJel.iutc  no  se  le  ha  de  negar,  así  lo  ospei'o,  el 
pucslo  que  le  corresponde  en  la  Hispania  illnstrata. 

«Didacus  de  Conionlos,  niiscralione  divina  episcopnsGarthagi- 
iiensis,  universis  et  singulis  libelli  praesentis  seriem  inspecturis 
iitriusque  hominis  sospitatem  et  paccm. 

Quia  de  singulis  dubitare  non  est  inutile  secundum  Aristote- 
Icm,  ut  nolat  gloss;i,  inlalione  Nenio,  capite  de  suvima  Trini- 
tate  (2),  etiamsi  de  iis  supor  (|uibus  dubilatnr  aliqualis  habeatur 
notio;  naní,  nt  dicit  Lex  (."))  «nihil  inter  homincs  tam  indnbitaturn 
€St  qnin  rccipiat  quamdaní  sollicitam  dubilationeni,»  in  aulhcii- 
tica  de  Tabellionibus  circa  médium,  colialiono  iin,  ut  eliam  no- 
latur  de  ea  constitutione,  inlationc  i,  in  glossa«eí  ita  qnoque-.i) 

ITinc  ergo  est  quod  Nos,  quamquam  antea  dum  in  ea  maioris 
Archidiaconalus  fungeremur  ofñcio  de  substantia  Ecclesiae  Gar- 
thaginensis  aliqualem  haberemus  notionem,  ex  quo  lamen  ad 
illius  pontificalis  dignitatis  apicem  gratia  su  [Tragante  divina  fui- 
mus  assumpti,  dubitare  neo  immerito  coepimus  et  mente  gerere 
quae  qualis  et  quanta  Erxlesia  ipsa  Garthaginensis  esset,  cui 
praeeramus,  undeque  et  a  quo  orlum  habeat  et  progressum,  ac 
quae  ratio  causave  fuerit  quod  illius  Sedes,  apud  tam  nobilem  et 
famosam  tamque  adeo  insignem  civitalem,  ut  est  Murcia,  locata, 
•Garthaginensis  nuncupetur  et  non  potius  Murciensis,  Guias  du-. 
bitalionis  tollendae  causa,  dum  intra  Gothorum  gesta  et  ipsius 
Hispaniae,  cui  praerant,  veteres  studiose  legeremus  anuales, 
scriplum  reperimus  quod  tempore  illo,  quo  Vandali  eamdem  Ilis- 
paniam  obtinobanl,  civitas  nosira  Garthaginensis,  tune  Garthago 
vSpartarea  nuncupata,  quae  ut  cernitur  ad  meridianum  latus  ip- 
sius Hispaniae  supra  meditei-raneum  mare  sita  est,  supra  alias 
eiusdem  climatis  pro  tunn  eminens,  valde  celebris  habebatur  et 


(1)  «D.  Diego  Comentes  era  Obispo  de  Cartagena  año  143S.  Este,  dice  Marieta,  que 
escrivió  una  historia  de  los  Obispos  de  Cartagena  sus  antecesores:  gozó  de  la  Silla 
Episcopal  21  aüos,  haviendo  sido,  seis,  Obispo  de  Badajoz.  Murió  en  Murcia;  y  su 
cuerpo  fue  depositado  en  su  Capilla,  que  oy  llaman  de  los  Capellanes  de  Numero. >> 
■Cáscales,  Discursos  Jiistóricos  de  la  ciudad  de  Marcia; '2J*  impresión,  Murcia,  1773;  pá- 
gina 519. 

(2)  Códice  de  Justiniano,  1. 1,  tít.  i,  4. 

(3)  Novelas  ó  auténticas  constituciones,  (loXzció'a.  IX,  tít.  xxiii,  1. 


278  boletín  de  la  t.eal  academia  de  la  HISTOIíLA. 

famosa.  Apud  quam  proptcrca,  vcrisimiliter  creditur  quod  eo 
tempore  esset  Ecclesia  cathedralis,  sicut  erat  sedes  regia  (1);  licet 
¡jostea  Sedes  ipsa,  destriicta  Carlhagiiie  a  Gunderico  (2),  ab  inde 
sicut  legitur  translata  exstilit  ad  Toletum.  Sed  heu,  proh  dolor! 
post  haec  Gothoram  témpora,  videlicet  regis  Roderici  et  perver- 
sissimi  comitis  Juliani,  peccatis  exigenlibus,  si(;ut  historia  nostra 
lamentabililer  refert,  ipsa  fere  Híspanla  tota,  quam  praetnlimus, 
a  perfidis  Agarenis,  Christi  nominis  inimicis  occupatafuitethos- 
tiliter  vastafa  ac  sectae  spurcissimi  Mahoraeti  miserabiliter  su- 
bacta,  eliminatis  ab  inde  ómnibus  Christi  ecclesiis;  inter  quas^ 
•sicuti  credimus,  non  minorem  locum  tenere  debeat  Ecclesia  ipsa 
Garthaginensis;  quae  tamen,  aut  qualis,  aut  quanta,  aut  si  Me- 
tropolitica,  vel  cathedralis,  pro  I  une  erat,  et  (si  talis)  quae  digni- 
tates  et  beneficia  ibi  inerant,  scriptum  minime  reperitur.  Unde 
jam  de  iis  vesligia  aliqualia  apparent,  quorum  causa  fuisse  cre- 
ditur diuturnitas  tam  longa  temporis  (3),  quo  subsequenter  eadem 
Hispania  ab  ipsis  Agarenis  detenta  et  miserabiliter  conculcata 
exstitit,  ut  praefertur.  Diuturnitas  enim  tanti  temporis  omnia 
vastavit,  et  quae  memoria  digna  erant  oblivioni  commisit;  nec 
Jam  quicquara  de  iis  quae  inquirimus  invenitur  nisi  quod,  Deo 
gralias,  moderna  nobis  témpora  protulerunL 

Post  has  namque  vastitates  hostiles,  quas  ulterius  enarrare 
longum  csset,  succedcntibus  tempoiibus  bonis  ut  permisit  Altis- 
simus,  cxpiatis  piaculis  ob  quae  tanta  mala  evenerunt,  jam  His- 
pania ipsa  a  Christi  hostibus  liberata  est.  Placuit  enim  divinae 
maiestati,  et  ita  scriptum  authentice  reperitur,  quod  post  tanto- 
rum  curricula  temporum  victoriosissimi  Principes  cssent  qui  reg- 
num  acquisierunt  Murciae  et  dotarunt  ecclesiam.  Et  dominus 
Domnus  Alfonsus,  clarae  memoriae,  Domni  Fernandi  Castellao 
et  Legionis  regis  tune  regnantis  et  dominae  reginac  Beatricis 


(1)  Capital  de  provincia  romana. 

(2)  La  copia  de  Morales  pone  «Cipione;»  pero  tamaña  incongruencia  sobre  la  trasla- 
ción á  Toledo  de  la  Sede  metropolitana  desdice  del  pensamiento  del  autor,  á  quien  era 
conocido  el  texto  de  la  historia  Vandálica  pnr  Pan  Isidoro:  «Deinde,  Cartilágine  Spar- 
taria  eversa,  cum  ómnibus  Vandalis  ad  Baeticam  (Gundericus)  transit.» 

(:})  Délos  cuales  vestigios,  para  que  á  tanta  escasez  Ueg-asen,  créese  que  la  causa 
fué  una  extensión  de  tiempo  tan  prolongada. 


iíOsouE.10  in3T<')R)r.o  ijE  la  SED1-:  gautaginknsií:.  279 

eiiis  consorLis  filias  primogenitu.s,  et  habcns  ciini  Del  adiulorio 
■Ínter  alia  totum  rogiium  Murciae,  iii  quo  civitas  ipsa  nosti-aCar- 
Ihagincnsis  sita  consistit,  amanibus  Sarracenorumpracdictoruin 
polenter  eripuit.  Et  eo  sic  orccto,  apud  dictain  civitatorn  Garllia- 
gincnsem  c  novo  ecclesiain  cathedralem  ad  Dei  laudein  gioriam 
et  lionorem  sub  vocabulo  suae  gloriosae  geaitricis  et  virgiiiis  Ma- 
riae  erigi,  ac  lili  sic  erectae,  bonae  mcmoriae  dominuní  fratrem 
Petrum  Gallaccum,  ordinis  fratram  Miiiorum  professorem,  iii 
episcopum  et  pastorem  praefici  procuravít  (1)  ct  fecit  per  Domi- 
iium  Papam  Innocentium  IV;  qui  etiain  apud  Lugduiiimi  cum 
sua  curia  moram  teneos  cumdem  episcopum  consecravit  pridie 
kalendas  Augusli  era  m.gc.lxxxv.iii.,  lioc  est,  auno  Domini  m"  ce" 
(¡uinquagesimo,  ad  petitionem  Principis  memorati  (2). 

Q)ui  postea,  post  mortem  videlicet  pjatris,  rex  eflectus  eam  do- 
tavit  locis  hic-scriptis  ecclesiam;  ac  illi  pro  territorio  Garthagi- 
iiensis  episcopatus  in  términos  dedit  ea  quae  sequuntur  (3).  Et 
primo,  la  villa  de  Alicante  con  su  término,  assi  como  parte  con  la 
tierra  del  señor  Rey  de  Aragón;  é  mas  Petrel,  Saix,  é  Villena,  é 
la  tierra  de  Don  Juan  Manuel  su  hermano  como  imrte  con  la  tier- 
ra del  diclio  señor  Rey  de  Aragón;  é  mas  la  valle  de  Ayora  fasta 
Confluentes^  como  otrossi  j^urte  con  la  tierra  Aragón.  ítem  mas, 
Jorquera  con  su  termino  é  con  la  tierra  de  Goncalo  Roiz  de  Atien- 
za;  é  mas  Chinchilla  con  su  termino  con  las  Quexolas;  é  otrossi  las 
Peñas  de  Sant  Pedro  con  su  termino,  é  Letur,  Calasparra  é  Cara- 
vaca  con  sus  términos;  Celia  é  horca  con  sus  términos,  Ogalte  con 
los  otros  castillos  [de  Don  Juan  García  con  sus  términos,  é  los 


(1)  Las  cinco  bulas  de  Inocencio  IV,  concernientes  á  esta  materia  (Pottliast,  13.144- 
13.148),  tales  como  Wadingo  las  dio  á  luz,  carecen  desgraciadamente  de  nota  cronoló- 
grica,  mas  no  de  indicación  de  lug-ar,  que  demuestra  que  no  son  anteriores  al  mes  de 
Diciembre  de  1244. 

(2)  31  Julio  1250.  Con  este  dato  podemos  ya  circunscribir  el  tiempo  de  la  bula  13.148, 
que  mal  coloca  Potthast  entre  los  años  1247  y  1248,  y  describe  así:  «Decano  et  Capitulo 
Cartbaginensibus  intimat  se  fratrem  P(etrura)  Carthag-inensi  ecclesiae  providisse  in 
pastorem,  eique  munus  consecrationis  manPjus  proprüs  impendisse.  Hortatur  eos  ut 
istius  mandatis  efficaciter  impendant.» 

(3)  Expidióse  el  instrumento  en  Sevilla  á  11  de  Diciembre  de  1266,  otorgando  al 
Obispo  y  Cabildo  de  Cartagena  «que  baya  este  Obispado  sobredicho  estos  términos, 
assí  como  los  havie  antes  que  la  guerra  de  los  moros  comenzasse,  que  movió  contra 
nos  el  rey  de  fTranada.>> 


280  150LETIN    DE    LA   REAL    AGADEMLA.    DE   LA    Í'ISTORIA. 

castillos  (1)]  de  Don  Ferrant  Pérez  de  Pina  fasta  Penáguila  con 
ms  términos  é  con  toda  la  otra  tierra  que  se  encierra  en  estos  lii-  ' 
yares  susodiclios.  Los  guales  lugares  é  los  nombres  de  los  seño- 
res Je  ellos  nombramos  é  designamos  aguí,  como  los  f¿ülamos 
nombrados  é  designados  en  la  letra  real  de  la  asignación  é  limi- 
tación por  estonces  fecha;  en  posesión  de  lo  qual  todo  fallamos  de 
estonces  acá  ser  estada  continué  fasta  agora  é  estar  la  dicha  Egle- 
sia  de  Cartagena  sin  contradicion  alguna,  de  qua  nohis  constet. 

Fallamos  mas  como,  después  de  assí  fecha  la  dicha  limitación 
de  términos  del  dicho  nuevo  Obispado,  el  rey  Don  Sancho  (2)  fijo 
e  sucesor  del  dicho  rey  Don  x\lonso,  dio  á  la  dicha  Eglesia  de  Gar- 
Ihagena,  para  acrescentamienlo  del  dicho  su  Obispado,  los  luga- 
res de  Oria  y  Gantoria,  Mojácar  é  la  val  de  Porcheua,  ó  los  Veli- 
ces, que  eran  é  son  aun  agora  de  Moros,  para  que  los  oviese  é  aya 
en  propiedad,  cuando  Dios  quisiere  que  sean  de  christianos,  assi 
como  las  aguas  que  vierten  de  la  sierra  de  Segura,  según  los  so- 
lian  aver  otro  tiempo,  según  dís  se  cuenta  en  la.  Concordia  vieja  (3i, 
La  letra  é  provisión  del  qual  acresccntamiento,  según  que  aquí 
se  contiene  fué  dado  en  Yalladolid,  qiiarta  mensis  Octobris,  era 
M.ccc.xxxi,  hoc  est,  anuo  Domini  m.cc.xciii.  Según  lo  cual  todo, 
é  según  testifica  el  dicho  rey  Don  Sancho  contenerse  en  la  dicha 
Concordia  vieja,  tiene  el  orden  de  Sanctiago,  ó  tiene  la  Eglesia  de 
Garthagená  por  indubitado  ser  infra  los  términos  del  dicho  su 
Obispado  toda  la  valle  de  Segura  é  los  lugares  dé  aquella,  ó  la 
villa  de  Huesca  con  sus  aldeas  é  términos  de  ellas.  Enpossessibu 
de  las  quales,  assí  como  lugares  de  su  Obispado,  ha  seido  á  está 
la  dicha  Eglesia  después  acá  que  son  de  christianos.  Et  ita  repe- 
rit^r. 

Per  praedicta  ergo  apparet  undc  et  a  quo  habuit  ortum  eccle- 
sia  Carlhaginensis;  et  quis  eam  erexit  in  calhcdralem;  quam  sic 
erectam  ct  dotatam  praefatus  dominus,  frater  Petrus  Gallaccus, 
eius  novus  episcopus  poslca  orJinavit,  ad  instar  seu  iuxta  formam 


(1)  Omitido  en  la  copia  de  Morales. 

(2)  La  copia  de  este  privilegio  rodado,  que  existia  original  en  el  arcliivo  de  la  cate- 
dral de  Murcia,  se  halla  integra  en  Morales  (fol.  591  recto-59t  verso).  A  la  fecha  añade: 
«en  el  a'io  qat  el  sobredicho  /•«,/  Don  Sancho  heredó  Molina.» 

(3)  Con  la  Orden  de  Santiago. 


nosni;i;,io  histórico  di-:  la  skde  caiítaginexsk.  281 

el  modiiin  digiiilatiun  et  lieueficiorum,  quo  or.liiiala  fiicral  occle- 
sia  Coi'dabeiisis;  (juamvis  ordinalio  ipsa  iiniovata  seu  malata  fue- 
rit  peí"  domimiin  opiscopum  Joliauíiem  eius  suocessorem,  ut  iu- 
fra  dicetur. 

Post  quaní  quidein  ei'cctionem ,  seu  Ecclesiac  ordinalionein, 
lempore  iii  meliiis  siiccedenlc,  cum  super  eudeni  Ecclesia  inter 
dóminos  Tolctaniim  et  Tarraconoiisem  archicpiscopos  de  et  supcr 
jure  suae  primatiae,  cui  videlicot  eorum  Ecclesia  ipsa  jure  metro- 
politico  subjici  deberct  lis  et  dissenssionis  malitiaesset  exoi-ta  (1)^ 
pvaefatus  dominus  lunocentius  quartus,  ul  sic  lites  et  disseiisio- 
«es  hujusmodi  amputaret,  ecclcsiam  ipsam  Carlhagiaenscm  sibi 
et  Sedi  Apostolicae  reservando  subjocit;  et  sic  eam  exemptam  fe- 
cit  per  suas  patentes  litteras  apostólicas,  tcnoroin  qui  scqnilurte- 
nentes. 

Innocentius  episcopus.  servus  servorum  Dei,  vencrabili  fratri 
episcopo  Garthagiuensi  salutem  el  apostolicam  bencdiclionem. 

Novella  planlatio  Garthaginensis  ecclesiae,  quam  pietas  Gon- 
<litoris  ad  sui  nominis  gloriara  eripuit  de  manibus  paganoruní, 
aposlolicae  rore  gratiae  est  opporlunis  irriganda  temporibus; 
quod  el  vigore  proficiat,  el  in  fructuuní  prOduclione  votiva  Dco 
et  horainibus  grata  et  amabilis  habeatur.  Gum  itaque  super sub- 
iectione.  ipsius  Ecclesiae  inter  vicinos  metropolitanos  confcntiq 
multiplex  sit  exorta,  de  qua  sibi  grave  potest  imminere  dispon^ 
dium,  nisi  conservationis  optatac  sibi  proveniat  fulcimentum. 
Nos  circa  dictara  Ecclesiam  aíFectum  paternae  bcnevolentiae  di- 
rigentes, ipsam  sub  beati  Pelri  et  nostra  protectione  suscipimiis, 
et  praesentisscripti  patrocinio  communimus,statuenles  nteadem 
Ecclesia  nulli  tamquam  mefroiiolilano,  seu  primati,  practerquam' 
Romano  Pontiñci  responderé  de  aliijuo  teneatur,  quousque  prae- 
dicta  contentio  penilus  sopita  fuerit,  et  liquide  pateat  cui  saepe- 
dicta  Ecclesia  de  jure  debeat  esse  subiecta. 

Xulli  ergo   omnino.  horainum   liceat  .hanc  paginara  nostrao 


(1)  Fué  muy  corto  el  tiempo  que  medió  rlcsde  la  dotación  (1.°  Marzo  i'2dO)  y  restau- 
racióu  de  la  Sede  con  la  consagracii'm  del  Obispo  (31  Julio  1250)  hasta  la  decisión  emer- 
gente de  la  Sede  apostólica  (6  Agosto  del  mismo  año).  La  constitución  que  dio  á  su 
iglesia  D.  Pedro  Gallego,  no  parece  fuese  anterior,  sino  posterior  al  acto  de  la  exención 
que  obtuvo  de  Inocencio  IV. ' 


•28-3  boletín  de  la  real  academla  de  la  historla. 

protectionis  et  constitulionis  infringerc,  vel  ei  ausu  temerario 
contrarié.  Si  quis  autem  hoc  attemptare  praesumpserit,  indigua- 
tionem  omnipotentis  Dei  et  beatorum  Petri  et  Pauli  apostolorum- 
eius  se  noverit  incursurura.  Dat.  Lugduni  octavo  idus  Augusti, 
pontificatus  nostri  anno  octavo.» 

Guiíismodi  exemplionis  ídem  dominus  Innocentius  daré  vo- 
luit  exeijuutores,  seu  conservatores  cum  plenissima  potestate,  do- 
minos  Astoricensem  et  Zamorensem  ac  Salamanticensem  episco- 
pos,  ut  etiam  apparet  per  alias  suas  patentes  lilteras  sub  eadeni 
data  consertas  (1).  A  quo  tempore  citra  usque  in  praeseus  non 
constaf,  ñeque  reperilur,  nec  etiam  auditur  quod  reservatio  seu 
exemptio  huiusmodi  in  aliquo  infracta  fuerit,  vel  impugnata,  aut 
perturbata,  seu  quod  ecclesia  ipsa  Garthaginensis  usa  non  fuerit 
privilegia  et  gratiam  praemissae  suae  cxemptionis;  semper  enim 
ab  ea,  ut  ab^exempta,  et  soli  Sedi  Apostolicae  immediate  subiecta, 
ad  eamdem  Sedem  solum  consuevit  appellari;  etinhacpossessio- 
ne  exemptionis  eam  fuise  et  esse  hactenus  reperimus,  et  conti- 
nuare conservare  et  defenderé  intendimus,  Domino  conceden  te. 

Praemissa  omnia  comperimus  in  esse  fuisse  deducta  tempore 
praefati  domini  fratris  Petri  Gallaeci,  primi  episcopi  Garthagi- 
nensis. Qui  vixit  in  episcopatu  xvii  annis  (2);  et  tándem,  cum 
esset  jam  septuagenarius  et  ultra  ^3),  die  Mercurii  quae  compu- 
tabatur  xvi*  mensis  Novembris  arripuit  eum  febris,  et  die  Sab- 


(1)  Según  Morales,  quien  la  copió  (fol.  SOS),  existía  original  en  el  archivo  catedral  de 
Murcia,  y  como  quiera  que  Potthast  no  la  disting-ue  de  la  precedente,  ó  confunde  las 
dos  en  un  mismo  número,  razón  será  exhibir  su  parte  peculiar  y  propia: 

«Innocentius  episcopus,  servus  servorum  Dei  venerabililus  fratribus  Astoricensi, 
Zamorensi  et  Salamanticensi  episcopis  salutem  et  apostolicam  benedictionem.  Novella 
plantatio  etc.,  debeat  esse  suliiecta.  Quocirca,  Fraternitati  vestrae  per  apostólica  scrip- 
ta  mandamus  quatenus  dictam  ecclesiam  non  permittatis,  super  liiis  contra  protectio- 
nis et  constitutionis  nostre  tenorera  ab  aliquibus  indebite  molestari;  molestatores 
huiusmodi  auctoritate  nostra,  appellationc  postposita,  compescendo.  Non  obstante 
constitutione  de  duabus  dietis,  edita  in  concilio  generali.  Quod  si  non  omnes  hiis  exse- 
quendis  potueritis  interesse,  dúo  vestrum  ea  nihilominus  exsequantur.  Dat.  Lugdu- 
ni, VIH  idus  Augusti,  pontiflcatus  nostri  anno  octavo.» 

La  constitución  del  concilio  Lateranense  IV,  dednalus  f?¿aeW5,  está  registrada  por  las 
Decretales  de  Gregorio  IX,  1. 1,  tít.  iii,  c.  2S. 

(2)  Desde  el  31  de  Julio'de  1250. 

(3;    Nació,  de  consiguiente,  á  fines  del  siglo  xii. 


BOSOL'IvIO    HlSTüIiir.O    DE    I-A    SEDE    CAnXAGINKNSE.  OS:? 

])ati  sequcnli,  de  mane,  suum  Domino  traJidit  spiritum  (1)  er;i 
millesima  tricentésima  quinta,  hoc  est  anno  Domini  m.cc.lx.vh. 
Requiescit  scpultus  Murciae,  in  Ecclesia  maiori,  in  capella  claiis- 
tri  ad  manum  dextcram  altaris,  ad  quam  fuit  translatus. 

[2  (2).]  Post  istias  3)  obilum  fuit  electus  in  cpiscopum  G-ir- 
thaginensem  dominas  Garda  Martini,  dccanus  eiusdem  Eccle- 
siae  (4'i;  non  tamen  fuit  consecratus  morle  praeventus.  Et  quia 
non  fuit  consecratus,  inter  episcopos  non  numeratur. 

[3  (5).]  Gui  inmediate  successil  in  episcopatu  dominus  Dida- 
cus  de  Magas,  qui  fuit  secundus  (G)  episcopus  Garthaginensis. 
Guius  tempore  cum,  exeuntibus  ct  redeuntibus  de  Murcia,  Orio- 
la,  Lorca  et  alus  locis  dioecesis  ad  civitatcm  Garthaginensem, 
ubi  pro  tune  Sedes  episcopalis  localiter  erat,  mulli  periclitaren- 
tur,  mullique  captivarentur  a  Sarracenis  in  via,  quae  ducit  illuc 
per  Cíimpum  (Ti,  ad  bis  et  alus  periculis  obviandum,  procurante 
domino  rege  Sancio  supradicti  domini  Alfonsi  regis  filio,  ad  sup- 
IDlicem  instantiam  eiusdem  domini  Didaci  episcopi  Í8)  et  eius  ca- 
pituli  ac  cleri  ct  populi  Murciae  et  aliorum  locorum  praedicto- 
rum,  auctoritate  Apostólica,  ecclesia  ipsa  Garthaginensis,  ut  est 
collectio  episcopi,  decani  et  capituli,  seu  personarum  capitula- 
rium  ad  unum  tendentium,  qui  ecclesiam  ipsam  vivam  faciunt, 
ab  eadem  civitate  Garthaginensi  realiter  translata  fuit  ad  praedic- 
tam  civitatcm  Murciae.  suae  dioecesis.  Ubi  ex  tune  in  antea  (9) 


(1)  En  Sábado,  IS)  de  Noviembre  de  1267.  Obstan,  no  obstante,  dos  documentos  (Me- 
morial hnt&ñco  espa7iol\  Madrid,  1851, 1. 1,  p5g.  210  y  244)  fechados  respectivamente  en 
viernes  27  Enero  y  lunes  .30  Julio  1268,  donde  firma  (¿error  de  copia?)  el  Obispo  Fray 
Pedro. 

(2)  Moral.  3. 

(3)  Morales  añade  «Martini»)  con  evidente  anacronismo. 

(4)  Tenia  esta  dignidad  en  1.°  de  Ahril  de  12(5?.  Sus  memorias,  con  el  titulo  de  «deán 
é  electo  de  Cartagena.»  alcanzan  desde  el  18  Abril  1272  liasta  el  8  Agosto  1278  en  el 
Memorial  histórico  español,  1. 1,  pág.  27.3-329. 

(5)  Moral.  5. 

^6)    Moral.  c<quartus.>) 

(7)  Vega  de  Murcia. 

(8)  La  primera  instancia  se  hizo,  mientras  ocupaba  la  Silla  apostólica  Nicolao  III 
(2G-Diciembre  1277-22  Agosto  1280).  La  Sede  Cartaginense  vacaba  el  día  11  de  Noviem- 
bre de  1279:  mas  ya  la  poseia  Don  Diego  de  Magaz  en  15  de  Diciembre  del  mismo  año, 
según  aparece  del  Mehiorial  histórico  espa'i.ol,  tomo  ii,  pág.  10  y  14. 

(9)  De  allí  en  adelante. 


284  BOLETÍN    U1-;    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Ídem  dominas  episcopus.  decanus  et  capilulum,  sic  translati  el 
ecclesiam  cathedralera  Garthagiaeiiscm  facicntes,  apud  ecclosiain 
bealac  Mariac  maiorem  ipsias  civitatis  Murciae  capitulariter  lo- 
cati  et  localiter  cathedrati,  rematiserant  et  pcrmaiicnt  de  praesen- 
ti,  vocem  et  nomen  scmper  retinentes  ecclesiae  Garthaginensis. 
Qiiam  translaliouem  faclam  esse  reperimus  cum  huiusinodi  vo- 
cabuli  reteiitioiie  anuo  Domini  m.cc.xci.  Post  qune  (1),  idem  do- 
miiuis  Didacus  inibi  defiinctus  exstitit  (21;  et  apud  eandem  e'ccle- 
siam  maiorem  Murciae  sepultus  in  medio  planae  quae  est  inter 
chorum  et  altare  maius  ecclesiae  eiusdem. 

[4  (3).]  Cui  succcssit  immediate  dominus  Martiiius  qui  fuit 
tertius  (4)  episcopus  Garthaginensis.  Ilic  fuit  vir  strenuus;  cuius 
tcmpore,  vigente  guerra  Sarracenorum  (5),  ipse  Dei  et  cleri  sui 
adiutorio  íronlariam  istam  regni  Granatae  ingressus,  castrum  de 
Lubrin  manu  forti  comperimus  et  a  manibus  paganorum  eri- 
puisse  (6).  Loco  cuius  postmodum  (7)  data  fuerunt  ecclesiae  Gar- 
thaginénsi  loca  de  Alguazas  et  de  Alcantarilla  con  el  Real  de 
Monte  Agudo,  é  las  casas  de  Murcia  que  son  agora  obispales,  con 


(1)  Morales,  ineptamente  «postquam.»  El  original  diría  «post  q.» 

(2)  Sábado,  23  de  Febrero  de  1292,  hallándose  en  Orihuela  protestó  la  convocatoria 
del  Arzobispo  de  Toledo.  Lo  demostré  en  las  Actas  inéditas  de  siete  concilios  esjia'ioks, 
pág-.  189.  En  la  Colección  dijilómatica  del  Rey  D.  Fernando  IV,  arreglada  y  anotada  por 
el  Sr.  Benavides  (Madrid,  1860),  está  la  demostración  de  que  D.  Diego  de  Magaz  seguía 
rigiendo  la  diócesis  de  Cartagena  el  día  5  de  .lulio  de  ISH. 

(3)  Morales,  2. 

(4)  Morales  «3ecundus.^> 

(5)  Guerra  de  Granada,  emprendida  por  los  Rej'es  de  Castilla  y  de  Aragón  en  1300. 
(G)    Por  ello  le  felicitó  D.  Jaime  II,  Rey  de  Aragón,  prometiéndole  (Sál)ado,  2  Agosto 

1309)  que  al  día  siguiente  saldrían  sus  tropas  de  desembarque,  y  llegarían  á  Lorca  el 
Miércoles  próximo  para  socorrer  la  fortaleza.  No  le  nombra  equivocadamente  «Pedro 
Martínez»  como  algunos  pretenden;  toda  vez  que,  sin  duda  alguna,  la  inscripción  de 
la  carta,  que  vició  el  copista,  estaba  concebida  en  estos  términos:  «Jacobus  etc.  vene-, 
rabili  in  Christo  patri  Martino,  divina  providentla  Carthaginensi  episnopo.»  Por  su_ 
parte  el  Rey  de  Castilla,  que  estaba  sobre  la  cerca  de  Algeciras,  le  escribió  (3  Agosto): 
«Por  facer  bien  é  merced  á  vos,  don  Martino  obispo  de  Cartagena,  é  por  mucho  servi- 
cio que  me  ficiesles,  é  facedes  señaladamientre  en  la  guerra  que  he  contra  el  rey  de 
Granada,  en  que  tomástedes  el  castiello  que  los  moros  dicen  Lobrar,  á  que  vos  pusiés- 
tedfs  nombre  Sant  Pedro,  el  qual  castiello  es  entre  Vera  é  Almería;  do  vos  este  cas- 
tiello con  su  villa  é  con  todas  .§us  pertenencias,  etc.» 

(~j  Toda  la  documentació.-.  relativa  á  este  asunto,  el  cual  se  terminó  á  28  de  Diciem- 
bre de  1321,  puede  verse  en  el  Códice  de  Morales,  fol  611-G'2. 


IIOSQUKJO    lIISTÓniCO    DE    I.A    SKDE    CARTAGINENSE.  28.") 

el  Baño,  el  Real,  ó  cosas  otras  que  atjora  possee  aquí  en  paz  la  di- 
cha Eglesia.  Islc  vixit  glorióse  (i;;  el  tándem  defiuictus  est,  et  ut 
audiviaius  reípiiescit  sepultas  ¿i[)iid  Tadohitn  de  Xavarra. 

15  (2).]  Gui  successisse  repei-itur  domiiius  Joaunes;  et  fuit 
(juartus  (3)  episcopus  Garthagineiisis.  Iliciimovavitordiiialionem 
dictae  Ecclesiae,  sicut  per  praefatam  dominara  fratrem  Petrum, 
primum  episcopum,  faciam;  volens  ct  statuens  quod  de  caetero 
essent  in  ipsa  ccclesia  Garthagincnsi  sex  dignitates,  et  octo  cano- 
nicatus  scu  canonici,  et  dnodccim  portionarii,  prout  habetar  in 
eadein  ordinatioue,  (]aao  fuit  acta  Oriolae  eir.sdom  dioece^is,  idi- 
bus  Madii  anno  Domini  m.ccc.xv;  licet  postea  por  dominam 
episcopum  Xicolaum  immutata  fuerit,  ut  infra  suo  loco  dicetnr. 
Post  quae  tandera  viam  cxstitit  uuivcrsae  carnis  iugressus  (i),  et 
sepultus  apud  Galagut-ram,  et  ibi  corpas  eius  requiescit  (5). 

[6  (6).]  Quo  qaidem  defuncto,  illico  eífectus  exstitit  episcopus 
Garthaginensis  dominas  Petras  Barrosas,  quintus  (7)  in  ordinc. 
Hic  fuit  postea  Gardinalis  (8).  Qui  tándem,  defunctus  in  Curia 
romana,  sepultus  est  Avinione,  in  ecclesia  Dominae  Nostrao,  do- 
mas quae  est  cathedralis  ubi  requiescit. 

'7.]  Cui  subsequenter  successit  dominas  Potras  de  Penna- 
randa;  et  fuit  episcopus  sextus  in  numero.  Fuerat  antea  thesau- 
rarius  regias  (9);  et  eífectus  episcopus  fecit  ecclesiam  maiorem 

(1)  De  la  Coleccivii  diplOMÚtica,  ilustrada  por  el  Sr.  Benavides,  resulta  que  la  Sede 
Cartaginesa,  que  se  dice  vacante  los  días  11  de  Enero  y  15  de  Jlayo  de  1303,  estaba  eu 
poder  de  D.  Martin  á  G  de  Febrero  de  1301.  Las  últimas  memorias  de  su  episcopado 
llegan  hasta  el  2.t  de  Mayo  de  1311. 

(•2)    Morales,  6. 

(3)    Mor.  «quintus.» 

^1)  La  Sede  vacaba  por  muerte  de  D.  Martía  en  17  de  Mayo  de  1312;  masen  20  de 
Abril  del  mismo  aóo  ya  era  Gb'spo  D.  Juan.  Los  diplomas  regios  que  transcribe  Mora- 
les (fol.  613-673  ,  y  otro  fOLxxvii)  que  ha  recopilado  el  Sr.  Benavides,  evidencian  que 
en  28  de  Julio  de  132G  ceñía  todavía  D.  Juan  la  mitra  de  Cartagena. 

(5)  Trasladado  á  Calahorra,  falleció  el  día  21  de  Enero  de  1316. 

(6)  Morales,  4. 

(7)  Mor.  «tertius.>.> 

(8)  Con  el  título  de  Santa  Práxedes  en  12  de  Diciembre  de  1327.  Hasta  el  8  de  Julio 
de  1333,  varios  diplomas  atestiguan  su  permanencia  en  el  nombre  y  honor  de  la  Sede 
de  Cartagena,  que  dejó  pira  recibir  el  de  Cardenal  obispo  de  Sabina,  con  cuyo  título 
falleció  á  II  de  Julio  de  131^.. 

,9)    «:;tra  provisión  del  mismo  señor  Rey  (AU'jnso  aI)  en  que  manda  á  los  alcaldes 


280  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

Murciae,  et  chorum  (ubi  iiunc  Capitiilum ,  hactenus  mezquita), 
•cum  antea  mezquitam  pro  ecclesia  haberent  (1).  Fecit  eliam  cam- 
paiiile  et  claustrum  ecclesiae  eiusdem  cum  capella  capitulad;  in 
qua  postea  duas  capellanias  instituit  et  dotavit  sub  invocalione 
beati  Johannis  apostoli  et  evangelistae ;  licet  una  earuní  dicatur 
inslituta  per  eius  nepotem.  Fertur  etiam  quod  fecerit  turrim  de 
las  Alguazas  usque  ad  médium,  et  unam  aliam  turrim  in  campo 
de  Lorcu  versus  Sarracenos,  aliaque  multa  bona  fecit  Ecclesiae. 
Et  tándem  plenus  dierum  defunctus  est  (2);  et  in  dicta  Ecclesia 
sepultas  jacet  in  dicto  choro  coram  cathedra  episcopali. 

[8.]  liuic  successit  dominus  Alfonsus  de  Vargas;  et  fuit  epis- 
copus  seplimus.  Qui  demum,  impletus  dicbus  sui  incolatus,  de^ 
íunctus  est  et  sepultus  [postquamexstitit  (3)],  in  civitale  Abulensi 
et  ab  inde  postmodum  translatus  ad  Gordubam,  ubi  requiescit. 

[9.]  Gui  quidem  domino  Alfonso  episcopo  successit  dominus 
Nicolaus  de  Aguilar  (4);  et  f uit  episcopus  octavus.  Hic  innovavit 
ordinationem  Ecclesiae  antea,  ut  praemiltitur,  factam  per  supra- 
dictum  dominum  cpiscopum  Joliannem;  volens  et  ordinans  (5) 
quod  in  eadem  ecclesia  Carthaginensi  cssent  supra  expressae  sex 
dignitates,  velpersonatus,  scilitetdecanatus,  archidiaconatusGar- 


y  alguaciles  de  Murcia,  á  instancia  de  Don  Pedro  electo  de  Cartagena,  notario  mayor 
del  reino  de  Toledo  ^  chanciller  mayor  de  la  reina  D.*  Constanza  su  mujer  (en  primeros 
desposorios)  no  impidan  al  vicario  de  este  el  uso  de  su  jurisdicción,  como  le  hablan 
tisado  los  demás  vicarios  antecesores.  En  Sevilla,  á  8  <?<?  Mayo,  era  de  1375,  que  corres- 
ponde al  año  i;{37.»  Morales,  fol.  47,  vuelto. 

(1)  El  sentido,  un  tanto  embrollado,  se  reduce  á  decir:  que  la  mezquita  purificada  y 
convertida  en  iglesia  mayor,  la  trocó  en  coro  el  Obispo  que  hizo  labrar  la  nueva  ca- 
tedral. Este  coro  servia  de  capitulo  en  tiempo  del  autor,  ó  mientras  trazaba  estos  apun- 
tes históricos  D.  Diego  de  Comontes. 

(2)  Antes  del  l.j  de  Febrero  de  1353,  en  cuyo  dia  (Morales,  fol.  49)  atendió  el  Rej- 
D.  Pedro  á  la  queja  del  Obispo  I).  .-Vlfonso  de  Vargas. 

(3)  Palabras  omitidas  por  Morales  y  reclamadas  por  el  sentido  general  de  la  frase.  A 
Córdoba  fué  trasladado  en  D  de  Abril  de  1373.  El  episcopologio  de  Ávila,  trazado  por 
el  P.  Gams,  asienta  un  Alfonso  II  de  duración  incierta  hacia  136Í).  Por  otro  lado  Cásca- 
les (pág.  150)  exhibe  un  diploma  regio,  dirigido  á  Don  Xicolás  obispo  de  Cartagena  en 
29  de  Abril  de  13(J7. 

(4)  Según  aparece  del  cuerpo  de  la  ordenación  que  luego  se  cita,  era  hijo  de  D.  Fer- 
nando Yauez  y  de  Dona  .luana  Gutiérrez;  y  sobrino  del  Arzobispo  de  Toledo  (1310-13'2I . 
ü.  Gonzalo  Gutiérrez. 

(5)  La  ordenación  se  hizo  de  común  acuerdo  del  Obispo  y  del  Cabildo.  Tráela  Mora- 
les, fol.  718  vuelto-732  recto,  tomándola  del  Lihen  finidamenli. 


nosQi'i'jo  msTímicü  de  la  sede  c.vui'aginense.  287 

thagincnsis,  el  archidiaconalus  Lorcensis,  ac  cantoria,  thesaura- 
ria  el  scholastria  (1),  quac  omiics  ad  collatioiiem  domini  episcopi 
Carthagiiiensis,  pro  tcmpore  exisleiilis,  iu  solidum  pertincrc  de- 
bcreiit,  practcr  decaiiatum  ad  (juem  quis  nonnisi  per  communem 
«lectionem  eiusdem  domini  Episcopi  el  Gapituli  Garlhaginensis 
simul  faeiendam  debet  assumi.  Esscnt  quoque  practer  haec  inibi 
ocio  canonicatus  el  tolideiii  praebendae,  necnoii  ocio  integrae  el 
octo  dimidiae  portiones,  ac  uuus  diacoaatus  el  unus  subdiacona- 
tus.  Quorum  quidem  canonicatuum  el  praebendarum  ac  portio- 
íium,  necnoii  diaconatus  et  subdiaconatus  huiusmodi  collationes 
ad  eorumdem  duorum,  Episcopi  ac — Dccani  et  Gapituli, — Gartha- 
g"inenpium  coniunctim  pertinorent;  prouthaec  et  alia,  formam  et 
subsfantiam  eiusmodi  Gapituli  et  Ecclesiae  conceruentia,  latius 
contineutur  in  Gonstitutionc  ipsius  domini  Nicolai  episcopi  super 
inde  edita  (2);  cui  statur,  el  quae,  ul  comperimus,  ex  tune  in  an- 
tea inconcusse  obsérvala  exstitit  omni  tempore. 

Mic  etiam,  accersitis  sibi  dominis  Decano  et  Gapitulo,  voca- 
tisque  ad  id  vicariis  suis  ruralibus  et  clero,  necnon  de  Segura, 
•de  Veas,  de  Yeste,  de  Ferres,  de  Socovo,  de  Garavaca  et  de  Ri- 
cote  et  alus  universis  et  singulis  praeceptoribus  villarum  castro- 
rum  et  locorum  aliorum  ordinum  militariuní  infradioecesin  Gar- 
4.liaginensem  consistentium,  et  de  corum  omninm  volúntate  et 
iissensu  per  certos  ad  id  deputatos  taxari  fecit  et  taxavit  episco- 
palem  et  capitularen!  mensas,  necnon  dictas  de  Segura,  de  Veas, 
-de  Yeste,  de  Ferez,  de  Socovos,  de  Garavaca  et  alias  praeceptorias 
ac  beneficia  alia  omnia,  clericis  saecularibus  assignari  consueta 
.totius  Garthaginensis  dioecesis.  Quo  pronunciante  et  decernente 
ut  inde  secundum  taxationem  huiusmodi  in  ómnibus  et  singulis 
subsidiis  tam  principalibus  (3)  quam  alus,  in  quibus  tales  perso- 


(1)  No  es  para  olvidado  en  la  historia  de  la  cultura  literaria  en  España  el  párrafo 
del  instrumento  acerca  de  la  obligación  que  incumbía  á  la  Dignidad  de  Maestrescuela 
(fol.  719,  recto):  «Debet  etiam  Scholasticus  tenere  magistrum  sufflcientem  in  gramma- 
ticalibus  et  ¡ogicis  artibus,  qui  pueros  et  juvenes  ecclesiae  et  pojiiili  instruat  in 
■eisdem.» 

(2)  En  el  dia  1."  de  Febrero  de  1360. 

(3)  Subsidios  que  se  reparten  y  piden  por  el  Principe.,  ó  Rej',  á  las  iglesias  y  al  esta- 
do eclesiástico. 


288  liOLETÍN    DE    LA    l'.EAL    ACADEMIA    DE    LA    IIISTÜRLA. 

nae  ratione  praeceptoriarum  otbeneficiorum  eoruní,  infra  dictam 
dioecesin  cousistentium,  contribuere  deberent  ac  realilcr  exsol- 
vere tenereníur:  hanc  taxarionem  nediim  clerici  saeculares,  sed 
et  omnes  praeceptores  dictarum  praeceptoriarum,  tamquam  prae- 
c'optores  infra  Gartagineosem  dioecesin  conslituti,  humiliter  re- 
ceperunt:  ct  seciindum  eamin  sollicitudinibiissabsidiorum  prin- 
cipalium  cum  Episcopo  et  Capitulo  Carthaginensibus  ac  benefi- 
ciatis  eiusdem  dioecesis.  ex  tune  in  antea,  hactenus  contribuerunl 
usque  in  praesens. 

Postque  tándem,  sic  debituní  n.alurae  solvens  dominas  Nico- 
laus  episcopus,  defunclus  est ,  apud  dictam  maiorem  ecclesiam 
Murciae  sepultus,  ubi  jacet  in  capella  capilnlari  clauslri  ad  ma- 
num  sinistram  altaris  (1), 

[10.]  Gui  successisse  comperitur  in  ipsa  Garthaginensi  eccle- 
sia  dominus  Gnillermus  de  Simel,  gallicus;  et  fuit  episcopus  no- 
nus.  Qui  vocatus  ad  Gnriam  Romanam,  tune  Avinionc  consisten- 
tem,  cum  exspectaret  capellum  Gardinalatus,  ibi  Avinione  de- 
functus  est,  et  sepultus  in  domo  fratrum  Minorum. 

[11.]  Gui  etiam  illico  dominus  Fernandas  de  Pedresa  Gordu- 
bensis  ^2),  famosas  in  sacra  nagina  magister:  et  fuit  episcopus 
decimus.  Ilic,  nt  comperimns,  inchoavit  opus  novum  aulae  ip- 
sius  ecclesiae  maioris  IVIurciae,  qnae  de  novo  ad  latas  antiquae 
miro  opere  lapídeo,  ut  cernitur,  fabricatur.  In  quo,  at  fertur, 
appositus  fuit  priams  lapis  die  vigésima  secunda  Januarii,  auno 
Bomini  m°.gcc°.xciiii°  (3).  Ilic  vixit  inultissime  Iribulatus  propter 


(1)  En  la  sobredicha  constitución  del  1."  Febrero  13t]G  le  prometieron  los  canónigo» 
celebrar  por  él,  cuamiu  fuese  difunto,  todos  los  viernes  un  aniversario,  yendo  proce- 
sionalmente  á  su  sepulcro  <■•/»  capella  saucti  Joamiis  enaitgelistae,  vbi  Capitiiluní  celebra- 
tur,  juxta  altare  ad  manuní  sinisíra/ii  cum  intratur.»  Citan  á  este  propósito  un  rescripto 
que  le  hubia  ding'ido  el  romano  Pontífice  Martin  V  (13ij'2-lb~0).  D.  ííicolás  era,  pues, 
(Jbispo  en  13(:.5.  Éralo  también  á  12  de  Setiembre  de  lo~l,  fecha  de  un  diploma  ijue  ob- 
tuvo en  las  Cortes  de  Toro  (Morales,  fol.  OSO),  otras  escrituras  (Morales,  fol.  .')•!)  le  dan 
sucesor  en  7).  Oiíillen  desde  el  l;i  Setiembre  VA^O  hasta  2:1  Diciembre  138:1.  Con  D.  Gui- 
llen, frailee.'^,  se  relaciona  el  artículo  2i;  en  el  ordenamiento  de  las  Cortes  de  Burgos- 
de  i:n9. 

{2)  Una  constitución,  fechada  en  Murcia  á  1  de  Febrero  de  ]'.]^ó,  hizo  con  su  Cabildo 
sobre  las  distribuciones  y  modo  de  servir  de  los  capellanes  (Morales,  fol.  £5,  recto). 

(D  Morales  «scviii.x— La  verdadera  fecha,  y«eroí,  22  de  Enero  de  i:ini,  resulta  de 
tres  comprobantes:  el  día  de  la  semann,  el  reinado  di;  Enrique  III  (]3í)í!.-ll(.6)  y  el  pon- 


BOSQUEJO    lUSTÓniCO    DE    LA    SEDE    CARTAGINENSE.  289 

bandositates  (1)  pro  tune  urgentes,  quibus  se  immiscere  voluil, 
ambulans  extra  Ecclesiam  per  témpora  multa  rjuasi  exul.  Et  tán- 
dem íq  suo  regressu  dcfunctus  est  et  sepultus  hic  Murciae  in 
dicto  opere  novo,  in  capaila  quam  in  capite  ipsius  operis,  sub  in- 
vocatione  beati  Hieronymi,  incoepcrat,  et  semistructam  relique- 
rat.  Ubi,  in  térra  plana,  jacet  hnmiliter  tumulatus. 

[12.]  Post  cuius  obitum,  ad  supplicationem  serenissimi  do- 
mini  regis  Henrici  eílectus  fuit  episcopus  Garthaginensis  domi- 
nus  Paulus  de  sancta  Maria,  natione  Burgensis  (2);  et  fuit  in 
ordiue  undecimus.  Hic,  tempore  suo,  de  etsuper  jurisdictioneac 
cura  et  jure  episcopali,  quam  et  quod  ecclesia  Garthaginensis  in 
praeceptoriis  et  tota  valle  de  Segura  habet,  diutius  in  Romana 
curia  litigans,  unam  pro  se  adiudicatoriam  et  ^ontra  Priorem  de 
Ucles  ordinis  Militiae  sancti  Jacobi  de  Spatha  sententiam  repor- 
lavit,  quae  etiam  in  rem  transivit  judicatam.  Hic  etiam  de  novo 
creavit  in  dicta  Ecclesia  qualuor  dimidias  portiones  sacerdotales; 
et  eas  octo  alus  dimidiis  portionibus  primaevis,  quae  ibi  erant, 
associavit.  Quorum  praetextu  et  ne  propterea  mensa  Gapitularis 
gravaretur,  summam  ducentorum  florenorum  de  Aragonia,  de 
praestimoniis  officialatus  Murciae,  eidem  mensae  quoad  potuit 
univit;  licet  unió  ipsa  nondum  sortita  fuerit  eíFectum.  Qui  post 
ea,  successu  temporis,  ab  ipsa  Garthaginensi  ecclesia  ad  Burgen- 
sem  translatus  exstitit  (3),  it  inibi  defunctus;  ac  tándem  apud 
ecclesiam  sancti  Pauli,  ordinis  Praedicatorum^  quam  de  novo 
construí  feceral,  sepultus;  ubi  honoriñce  requiescit. 

[13.]  Post  quam  quidem  translationem  sic  de  persona  ipsius 
domini  Pauli  factam  ad  Burgensem  ecclesiam,  illico  et  immedia- 


tificado  del  nntipapa  Clemente  VII  (1378-26  Setiembre  1394);  los  cuales  especifica  la 
cláusula  del  Libro  autorizado  (Morales,  fol.  373,  vuelto¡:  «Feria  quarta,  in  festo  sancti 
Vincentii  martyris,  in  die  vicésima  secunda  mensis  Januarii,  anno  a  Nativitate  Domini 
nostri  Jesu  Christi  millesimo  trecentesimo  octogésimo  octavo  'corr.  nonagésimo  quar- 
to.]»  Los  números  LXXXXIIII  ó  XCIIIl  del  más  antiguo  original  fueron,  sin  reparar 
en  el  anacronismo,  sucesivamente  transformados  en  LXXXVIIIy  XCVIII. 

(1)  De  Fajardos  y  Manueles.  Dirigiósele  un  despacho  real  (Morales,  fol.  56)  del  30  de 
Setiembre  de  139S. 

(2)  «En  el  año  de  1402,  en  que  D.  Pablo  contaba  el  52  de  su  edad.^j  España  Sagrada, 
t.  XXVI,  377. 

(3)  En  1415.  Falleció  veinte  años  después,  el  día  29  de  Agosto. 

TOMO  ni.  20 


290  boletín  de  la  keal  academia  de  la  historia. 

te  eíFectus  fuit  cpiscopus  Gartliaginensis ,  seu  de  ecclesia  Paceiisi 
Cüi  tune  praeeral  (1)  translatus,  reverendissimus  iii  Ghristo  pa- 
ter,  dominus  frater  Didacus  de  Mayorga ,  nalivus  patruus  iios- 
ter  (2)  carissimus;  et  fuit  Garthaginensis  episcopus  iii  ordine  duo- 
decimus.  Homo  magnae  scientiae  et  virtutis  per  cuius  industriam 
circumspectam  opus  novum  praedictae  ecclesiae  Jjealae  Mariae 
maioris  Murciae ,  ut  ipsa  nostra  Garthaginensis  ecclesia  sicut 
praemittitur  translata  consistit,  multimodum  recepisse  dignosci- 
tur  incrementum.  Gum  enim  tune,  temporc  videlicet  adventus 
ipsius  domini  Episcopi  (3),  ecclesia  ipsa  in  redditibus  fabricae  dc- 
putatis  paenes  nihil  haberet  pro  illius  tam  sumptuosa  construc- 
tione  praeter  unum  per  unum  terlioliim  (4)  sicut  habebat  unaquae- 
que  parochialis  ecclesia  eiusdem  civitatis,  et  sic  opus  ipsum  tam 
magnum  vix  assurgi  poterat  a  fundamentis,  ipse  Dominus,  de- 
fectui  tanti  operis  providens,  de  consilio  volúntate  et  assensu  do- 
minorum  Decani  et  Gapituli  ac  cleri  universi  suae  dioecesis  syno- 
daliter  congregati^  pie  statuit  et  ordinavit  ut  annis  singulis  ex 
fructibus  decimalibus,  ecclesiae  et  dioecesis  Garthaginensis  ad 
eosdem  dóminos  Episcopum,  Decauum  et  Gapitulum  ac  clerum 
et  ecclesias  suas  parochiales  spectantibus  videlicet  pro  qualibet 
parochia  ipsius  dioecesis,  omnes  fructus  decimales  quinti  deci- 
matoris,  seu  quos  quolibet  anuo  quintus  decimator  illius  paro- 
chiae  daré  deberet,  integre  habeat;  sicut  hahet  fabrica  ipsius 
ecclesiae  Gathedralis  perpetuo  pro  illius  constructione  et  alus  ne- 
cessitatibus  suis.  Qua  ex  causa,  ex  tune  iu  antea  dictumopus  con- 
tinuatum  exstitit;  ac  votivum,  ut  supra  meminimus,  habuit  in- 
crementum. In  quo  etiam  idein  Dominus  capellam  unam,  sanc- 
torum  Francisci  et  Antonii  de  Padua  invocationibus  inslituit 
et  dotavit. 

Ilic  etiam  tempore  suo  consuetam^  sive  regulam  divinorum 


(1)  Le  sucedió  en  la  mitra  de  Badajoz  Fraj-  Juan  de  Morales. 

(2)  Nuestro  tío  carnal.— Kra  franciscano.  Suelea  llamarle  los  historiadores  Fray 
Diegro  de  Bedán,  probablemente  en  razón  de  su  apellido;  pero  el  nombre  de  su  patria 
seria,  por  lo  visto,  Mayorga  de  Campos,  villa  no  muy  distante  de  Valencia  de  Dou 
Juan,  en  cuyo  distrito  está  la  dehesa  y  solar  de  Conwntes. 

(:J)    En  lim. 

(4;    Uno  iior  uno,  ó  un  tercio  de  la  décima  por  cada  parroquiano. 


BOSQUEJO  msTÓiur.o  dh  la  seüií  cartaginense.  291 

officiorum  iii  eadcni  Ecclesia  reperlam  iiiuovavit,  et  quasi  e  novo 
edidit;  et  juxta  illam  novuin  missalo,  complelum  oíiicium  conü- 
nens  quale  antea  secundum  regulam  istam  Garthagiiieiisem  coiis- 
«riptum  non  fncrat,  e  novo  romposuit  et  Ecclesiae  legenduiu 
dedil. 

Quo  tándem  post  multa  (I)  ila  ad  decrepitalomdeducto  nt  jani. 
in  lecticulo  suo  coalinue  jaceiis,  quicquid  de  bis  quae  pontifica- 
lis  officii  sunt  exercere  nequirel,  dominus  papa  Eugenias  IV,  vo- 
iens  indemnitati  ipsius  Ecclesiae  praecavere,  eum  a  vinculo  quo 
ipsi  Garthaginensi  ecclesiae  tenebatur  absolvens,  ipsum  ab  ea  ad 
ecclesiam  Gaesariensem  transtulit;  ac  de  persona  nostra  eidem 
Cartbaginensi  ecclesiae,  sic  per  huiusmodi  absolutionem  vacanti, 
providit;  nosque  ipsum  illi,  Deo  gratias,  in  episcopum  praeficere 
voluit  et  pastorem. 

Post  quam  translationem,  paucis  cvolutis  diebus,  idem  domi- 
nus frater  Didacus,  sic  archiepiscopus  eífectus,  apud  jam  dictam 
civita,tem  Murciae,  die  Martis,  quaecomputabatur  xxii  Maii,  anni 
Domini  millcsimi  quadringentesimi  quadragesimi  secundi  (2)  in 
nocte  obiit;  et  requiescit  sepultus  ad  praesens  in  praedicta  eccle- 
sia beatae  Mariae  maiore,  quam  ibi  fecerat  ut  praefertur. 

[14.]  Unde  Nos  Didacus  de  Gomontes,  Garthaginensis  epis- 
copus  jam  dictus,  per  justam  viam  translationis  (3)  successisse 
dignoscimur  eidem  patruo  nostro;  et  per  consequens  ómnibus 
alus  Carthaginensibus  episcopis  praedecessoribus  suis;  qui,  ut 
praemisimus,  in  eadem  successive  fuerant  usque  ad  eum.  Qui 
omnes  et  singuli  suis  temporibus  usque  in  praesens  omnia  et 
singula  villas  et  loca  supra  designata  eum  suis  territoriis,  quae 


[\)  Morales  (fol.  682  recto-684)  inserta  una  bula  de  Eugenio  IV,  expedida  el  11  de 
Marzo  de  1431,  año  primero  de  su  pontificado,  por  la  que  delega  al  Oficial,  ó  Vicario 
del  Obispo  de  Cuenca,  para  que  proceda,  previa  información,  á  la  ejecución  de  la  vo- 
luntad de  Martino  V  (7  Marzo  1428)  en  favor  del  Obispo  de  Cartagena  Fray  Diego  y  de 
su  Cabildo  contra  los  servidores  de  la  Catedral  que  obtenían  ó  pretextaban  dispensas 
de  residencia  sin  notificarlas  en  sazón  oportuna. 

(2)  Morales  «quadringentesimo  séptimo»  cjn  error  evidente.  Murió  Fray  Diego  du- 
rante el  pontificado  de  Ev.genio  I V,  pocos  días  después  de  su  traslación  á  la  silla  metro- 
politana de  Cesárea.  Esta  circunstancia  y  la  de  ser  martes  el  22  de  Mayo  de  1442,  fijan 
la  corrección  por  hacer. 

(3)  De  su  tío  al  arzobispado  de  Cesárea. 


292  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

pro  terminis  episcopatus  ecclesiae  Garthaginensis  a  principio  sibi 
data  et  assignata  fuerant  ut  scripsimus  supra,  ac  civitates,  villas, 
castra,  térras  et  loca  alia,  quae  intra  illa  claaduntur,  seu  ab  ipsis 
designatis  circumcincta  consistunt,  eteoruní  territoriahabuerunt 
tenuerunt  et  possederant  paciñce  et  quiete  terminis  et  territorio 
ipsius  episcopatus;  et  in  hac  possessione  eamdem  Gartaginensem 
ecclesiam  per  eos  hactenus  fuisse  et  esse  reperimus,  nec  est  qui 
contrarium  viderit  umquam.  Quam  quidem  dioecesin,  sive  epis- 
copatum,  etsi  unum,  distinctum  fuisse  et  esse  comperimus  per 
membra.  Sicut  esse  conspicimus  in  Ecclesia  universali  quae,  11- 
cet  sit  una,  est  tamen  in  plura  singularia  membra  per  orbem  ter- 
rarum  diíl'usa,  ad  instar  cuius  etiam  ipsa  membra  per  submera- 
bra  quamplura  subdistincta  sunt  et  ordinata;  ita  etiam  apparet 
in  hac  ipsa  nostra  ecclesia  Garthaginensi  et  eius  jam  dicto  epis- 
copatu.  Qui,  quamquam  sit  unus  ut  praemisiinus,  est  tamen  dis- 
tinctus  in  plura  membra;  in  plure^í  videlicet  officialatus  atque  ar- 
cliipresbyteratus  et  vicariatus,  qui  ut  comperimus  noscuntur  esse 
sequéntes,  scilicet,  etc.» 

Hasta  aquí  la  copia  de  Morales.  Omite  el  cuadro  estadístico  de- 
toda  la  diócesis  que  oportunamente  daba  remate  al  histórico^ 
Merece  la  obra  de  D.  Diego  de  Comontes  un  estudio  crítico,  mu- 
cho más  detenido  que  el  que  acabo  de  hacer,  limitándome  á  cum- 
plir los  deseos  expresados  por  el  doctísimo  P.  Gams  (1)  y  por 
nuestro  sabio  compañero  el  Sr.  La  Fuente  (2)  ó  á  restituir  la  serie 
de  los  Obispos  de  Gartagena  á  la  realidad  cronológica,  no  sin 
devolver  á  su  lugar  los  períodos  del  Bosquejo  dislocados  por 
mano,  cuando  no  temeraria,  incauta.  El  sabio  y  prudente  autor 
alcanzo  los  azarosos  días  del  cisma  de  Basilea,  que  acarreó  el  es- 
trago y  pérdida  do  Gonslantinopla;  y  fué  mantenido  en  sus  dere- 
chos por  Eugenio  IV  y  Nicolao  V  contra  his  pretensiones  del  Rey 
de  Aragón  Alfonso  V,  y  las  de  aquella  turbulenta  Asamblea  con- 
vertida en  conciliábulo,  que  se  propasaron  nada  menos  que  á  eri- 
gir la  iglesia  de  Orihuela  en  catedral  independiente  de  la  de 


(1)  S'ci-ies  episcopofum  EcclesUe  CathoUcae;  Ratisbona,  187U,  pág:.  25. 

(2)  Historia  eclesiástica  de  España^  2.*  edición,  Madrid,  18'3;  tomo  iv,  pág.  487. 


BOSQUEJO    HISTÓRICO    DE    LA    SEDE    CARTAGINENSE.  293 

Murcia.  La  bula  Exposcit  desuper,  de  Nicolao  V,  copiada  por  Mo- 
rales (1),  fechada  eu  14  de  Julio  de  1451,  cerró  el  debate;  y  en- 
tonces, á  mi  ver,  libre  ya  de  carga  tan  molesta  como  absorbente, 
se  aplicó  D.  Diego  á  perfeccionar  su  trabajo  histórico.  Murió,  di- 
cen, á  G  de  Marzo  de  1458.  El  fin  de  su  episcopado  viene  señalado 
por  una  carta  de  Enrique  IV,  que  notifica  la  promoción  del  sucesor 
y  que  Morales  (fol.  132  vuelto)  describe  así:  ^(Carta  del  mismo 
jS."''  Rey  D."  Enrique  en  que  da  cuenta  como  Su  Santidad  lia  pro- 
visto de  este  Obispado  á  D.°  Lope  de  Rivas^  Prior  de  Osma^  Oydor 
del  Consejo  de  S.  M.  y  Capellán  Mayor  de  la  Reina^  la  qual  [pro- 
visión Su  Santidad]  ha  executado  á  petición  de  Sus  Magestades. 
[Fecha  en]  Soria,  16  Mayo  Í45y.» 


Madrid,  12  Octubre,  1883. 


Fidel  Fita. 


IV. 

'COMPENDIO  DE  LA  HISTORIA  DE  BURGOS ,  POR  D.   ANTONIO   BUITRAGO. 


En  cumplimiento  del  encargo  que  se  ha  servido  darle  el  señor 
Director  de  la  Academia  para  informarla  acerca  de  la  obra  de  don 
Antonio  Buitrago  y  Romero,  titulada  Compendio  de  la  Historia 
-de  Burgos,  remitida  por  la  Dirección  general  de  Instrucción  pú- 
blica para  los  efectos  del  Real  decreto  de  J 2  de  Marzo  de  1875,  el 
que  suscribe  entiende  que  dicha  obra  no  se  encuentra  compren- 
dida con  todo  rigor  en  el  caso  del  art.  3."  de  aquella  disposición, 
el  cual  exige  la  condición  de  relevante  mérito  para  su  propia  y 
estricta  aplicación;  pues  aunque  revele  en  su  autor  buenas  con- 
diciones de  estudio  y  conocimientos  bastantemente  bien  aprove- 

(1)    Folio  681  vuelto-692  recto. 


29i  BOLETÍN    DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

chados  de  nuestros  historiadores  modernos  y  de  las  crónicas  cas- 
tellanas por  ellos  publicadas,  no  es  el  resultado  de  prolijas  inves- 
tigaciones sobre  los  documentos  originales. 

Escrito,  como  confiesa  paladinamente  su  autor,  sin  ánimo  de 
emprender  la  ardua  tarea  de  formar  una  verdadera  Historia  de 
Burgos,  la  cual  sintetizase  y  compilase  lo  mucho  que  se  ha  im- 
preso en  tal  materia,  porque  ni  su  suficiencia,  como  dice  con  lau- 
dable modestia,  podría  atreverse  coa  obra  tan  superior  á  ella,  ni 
las  condiciones  del  certamen  á  que  se  presentaba,  convocado  por 
aquel  Ayuntamiento,  hacían  presumir  que  fuera  ésto  su  deseo; 
es  el  trabajo  de  que  se  trata,  un  compendio  para  uso  de  las  es- 
cuelas, dividido  en  capítulos  y  lecciones  arregladas  al  tenor  de 
los  primeros  en  la  forma  de  preguntas  y  respuestas  para  la  en- 
señanza de  los  niños,  disposición  adecuada  á  su  objeto,  pero  que 
demuestran  cuáles  fueron  las  primeras  pretensiones ,  cuyo  éxito 
favorable  ha  alentado  después  otras  más  elevadas. 

No  es  tampoco  haber  heclio  una  historia  lata,  para  luego  com- 
pendiarla, como  se  necesitaría  indudablemente,  si  se  quiere  darle 
el  carácter  de  originalidad  que  también  exige  el  artículo  citado, 
sino  haber  extractado  los  sucesos  principales  en  que  funda  su 
gloria  aquella  nobilísima  ciudad,  lo  que  declara  haberse  propues- 
to el  Sr.  Buitrago  y  exponerlos  en  un  lenguaje  comprensible  para 
los  niños,  dando  cuenta  de  los  conocidos  por  la  generalidad,  con 
tal  de  hallarse  comprobados  por  documentos  y  autgres  de  reco- 
nocido crédito.  En  el  desempeño  de  este  propósito  ha  llenado  cum- 
plidamente, en  mi  juicio,  los  loables  anhelos  de  la  indicada  Cor- 
poración municipal  y  las  condiciones  del  certamen  celebrada 
bajo  los  auspicios  de  ésta  en  aquella  ciudad,  al  que  ganoso  de 
honra  acudió  entonces  el  propio  señor,  viendo  justamente  lau- 
reada su  obra  con  el  primer  premio,  regalo  de  S.  M.  el  Rey;  pero 
por  lo  mismo  ha  sido  suficientemente  recompensado  en  el  verda- 
dero y  determinado  punto  á  que  limitaba  sus  legítimas  aspira- 
ciones. 

Ahora  las  extiende  á  recibir  nuevo  galardón,  solicitando  la  pro- 
tección y  auxilio  del  Gobierno  con  la  compra  de  ejemplares  que 
se  destinen  á  las  Bibliotecas  píiblicas;  para  lo  cual,  téngase  en 
cuenta  que  el  níimero  de  las  oficiales  de  esta  clase  no  llega  á  30 


COMPEiNDIO    DE    LA    HISTORIA    DE    BURGOS.  -295 

en  todií  la  Península,  y  mejor  que  en  ellas  podrá  prestar  utilidad 
en  las  llamadas  Bibliotecas  populares  la  obra  en  cue5li(3n,  [iorquc 
su  interés  no  os  el  de  los  trabajos  de  crítica  especial,  y  como  resu- 
raen  está  localizado  en  la  ciudad  á  que  se  refiero,  no  alcanzando 
alas  otras,  sino  con  relación  á  los  sucesos  generales  consignados 
en  las  demás  historias  y  compendios  de  la  do  España. 

En  atención  á  ello,  el  informante  cree  de  su  deber  manifestar 
que  el  caso  no  es  en  su  concepto  el  de  la  aplicación  delart.  3.",  sino 
sólo  del  1.°  del  Real  decreto  mencionado,  bastando  á  satisfacer  el 
mérito  ya  ciertamente  premiado  sin  usura  en  este  libro,  y  el  fin 
de  que  se  distribuya  entre  varias  Bibliotecas,  la  compra  de40  ejem- 
plares, que  al  precio  de  G  pesetas  no  excede  de  las  250  señaladas 
por  dicho  art,  1." 

La  Academia,  no  obstante,  resolverá,  como  siempre,  lo  más 
acertado. 

Madrid  25  de  Mayo  de  1883. 

Manuel  Oliver  y  íIurtado. 


V. 


MONUMENTOS  ANTIGUOS  DE  LA  IGLESIA  COMPOSTELANA. 


Por  encargo  de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  he  examinado 
con  atención  la  obra  intitulada  Monumentos  antiguos  de  la  Igle- 
sia Compostelana.  Sus  autores,  D.  Antonio  López  Ferreiro  y  el 
R.  P.  Fidel  Fita,  S.  J.  (individuos  los  dos  de  esta  Academia,  el 
primero  en  la  clase  de  correspondientes  y  el  segundo  en  la  de 
numerarios),  gozan  ya  bien  ganada  fama  de  investigadores  histó- 
ricos en  las  cuestiones  relativas  á  Santiago  y  su  Iglesia,  y  el 
presente  libro  viene  á  acrecentarla  y  confirmarla. 

Cualquiera  que  sea  la  opinión  que  se  forme  acerca  de  los  mo- 


290  boletín  de  la  real  agademl^  de  la  historla. 

demos  descubrimientos  relativos  á  la  sepultura  del  Apóstol,  siem- 
pre teudrá  que  reconocerse  que  han  sido  de  influencia  eficacísi- 
ma en  el  desarrollo  de  la  historiografía  corapostelana,  como  lo 
acreditan,  entre  otros  documento?,  el  viaje  arqueológico  de  los  se- 
ñores Fernández  Guerra  y  Fita,  los  numerosos  escritos  del  Sr.  Fe- 
rreiro,  y  el  libro  á  cuya  recomendación  más  que  censura  van  di- 
rigidas estas  líneas. 

Gompónese  de  varias  monografías,  cuyos  asuntos  son  muy  di- 
versos, y  aun  independientes,  algunos,  de  la  Iglesia  de  Santiago, 
aunque  convengan  todas  ellas  en  estar  fundadas  en  documentos 
de  aquel  archivo.  Las  recorreremos  rápidamente,  fijándonos  con 
especial  ahinco  en  las  noticias  nuevas  que  contienen. 

Dase  noticia  en  el  primer  artículo  de  un  solitario  códice  del 
Palacio  arzobispal  dQ  Compostela,  que  los  g-uardaba  antes  precio- 
sísimos. Este  códice  es  un  Tumbo  del  siglo  xv  en  vitela,  copia  de 
otro  que  los  Canónigos  de  Santiago  presentaron  eu  1457  al  Arzo- 
bispo D.  Rodrigo  de  Luna.  Este  Tumbo,  escrito  en'gallego,  pre- 
senta especial  interés  lingüístico,  topográfico,  y  aun  de  costum- 
bres, pudiendo  recogerse  en  sus  páginas  desconocidas  enseñan- 
zas sobre  el  estado  de  la  propiedad  rural  en  Galicia,  en  los  tiem- 
pos en  que  se  hizo  este  apeo  y  deslinde  por  encargo  del  cabildo 
iriense.  De  Juan  Rodríguez  del  Padrón  y  de  su  hacienda,  encuén- 
trase en  este  códice,  mención,  no  inútil  para  concordar  los  datos 
de  su  vida,  que  va  poniendo  en  claro  el  P.  Fita.  Encierra  además 
este  artículo,  un  texto  del  Fuero  del  Padrón,  que  sería  bien  cote- 
jar con  el  impreso;  y  una  escritura  deD.  Diego  Gelmirez,  de  rui- 
dosa memoria,  en  la  cual,  aquel  prelado  hace  referencia  á  las  in- 
vasiones de  los  normandos,  y  á  sus  tentativas  de  profanación  del 
lugar  apostólico,  explicando  luego,  á  su  modo,  cómo  para  salvar 
el  cuerpo  del  Apóstol,  hubo  de  impetrar  el  Rey  de  León  por  me- 
dio de  sus  embajadores  en  la  curia  romana,  la  traslación  de  la 
sede  iriense  á  Compostela.  Lo  más  curioso  que  este  documento 
(artificioso  y  amañado  como  todas  las  cosas  de  Gelmirez),  contie- 
ne, es,  sin  duda,  la  memoria  de  las  concesiones  hechas  por  el 
obispo  Sisnando  á  la  gente  de  guerra  para  defender  el  país  de  la 
invasión  de  los  normandos,  y  las  donaciones  sucesivas  del  obispo 
Crescónio  al  cabildo  de  Iria,  para  resarcirle  de  las  pérdidas  á  que 


MONUMENTOS    ANTIGUOS    DE    LA    IGLESIA  COMPOSTELANA.         207 

la  liberalidad  de  su  antecesor  le  había  expuesto.  Todo  esto  parece 
de  autoridad  histórica  no  controvertible  y  viene  á  derramar  ines- 
perada luz  sobre  la  restauración  de  la  canónica  iriense  hecha  por 
Gelmirez  en  1134,  y  tan  de  mala  fe  embrollada  por  los  autores 
de  la  Historia  Compostelana.  Con  este  motivo  se  aclaran  muy  cu- 
riosos particulares  geográficos  respecto  de  los  puntos  de  Galicia 
terriblemente  visitados  por  los  normandos. 

Si  es  lícito  poner  algún  reparo  á  trabajo  tan  bien  concebido 
como  lo  es  esta  primera  monografía,  quizá  podrá  notar  alguien 
que,  encariñados  los  autores  con  el  esplendor  de  la  Iglesia  com- 
postelana, lleguen  á  insinuar,  aunque  de  pasada,  indicaciones  fa- 
vorables al  llamado  Voto  de  Santiago,  dando  así  fuerza  al  espíri- 
tu de  reacción  que  hoy  se  despierta  en  nuestros  historiógrafos 
locales,  y  que  á  la  larga  puede  llevarnos  á  consecuencias  aún  más 
funestas  que  las  del  espíritu  escéptico.  Y  tampoco  se  ha  de  omi- 
tir que  quizá  los  autores  conceden  demasiada  importancia  al  con- 
cilio compostelano  de  987,  y  á  la  elección  que,  fundados  no  sabe- 
mos en  qué  ley  canónica,  hicieron  aquellos  prelados  de  arzobispo 
de  Tarragona  á  favor  del  abad  Cesáreo,  que  ahincadamente  lo  co- 
licitaba. Pues  aunque  este  hecho  sirva  para  demostrar  el  gran 
crédito  de  que  en  toda  España  gozaba  la  sede  de  Gompostela,  hasta 
el  punto  de  que  los  ambiciosos  hiciesen  servir  la  sombra  de  su 
autoridad  para  sus  entremetimientos;  también  lo  es  que  el  Papa 
anuló  semejante  elección,  viniendo  á  negar  implícitamente  la  au- 
toridad de  los  prelados  gallegos  y  leoneses  que  la  hicieron. 

En  la  segunda  monografía  se  da  cuenta  de  las  iglesias  que  per- 
tenecieron á  la  sede  iriense  antes  del  año  631,  conforme  á  un  có- 
dice del  archivo  capitular  de  Santiago,  que  lleva  por  título  Con- 
cordias con  esta  ciudad,  privilegios  y  constituciones.  Este  manus- 
crito, que  como  se  ve,  consta  todo  de  copias,  abarca  el  texto  del 
Concilio  de  Lugo  de  569,  ya  publicado  por  el  P.  Risco,  é  ilustra- 
do por  nuestros  autores  con  enmiendas  útiles,  y  unos  apunta- 
mientos inéditos  de  gran  interés  para  la  geografía  gallega.  Pa- 
recen fragmentos  de  algunas  actas  conciliares. 

En  el  tercer  artículo  reconoce  lealmente  el  P.  Fita,  con  la  since- 
ridad propia  del  verdadero  mérito,  que  seis  de  los  concilios  pu- 
blicados por  él  como  inéditos  en  1882,  estaban  ya  impresos  en  el 


■208  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLl    DE   LA    HISTORLA. 

Último  apéndice  de  la  colección  del  Sr.  Tejada;  y  tomando  pié  de 
aquí,  procede  á  la  publicación  de  otras  actas  realmente  nuevas,  es 
ú  saber:  las  de  los  tres  concilios  de  Santiago  de  17  de  Agosto  de 
1289,  27  de  Mayo  de  1309  y  3  de  Setiembre  de  1313,  dando,  ante 
todo,  erudita  noticia  de  sus  fnentes,  que  son  varios  códices,  to- 
dos del  archivo  de  la  Iglesia  compostelana. 

En  la  memoria  núm.  4  se  describe  un  nuevo  Tumbo  compos- 
telano,  marcado  con  la  letra  A  é  ilnstrado  con  retratos  curiosísi- 
mos, de  que  ya  se  dio  alguna  muestra  en  el  viaje  de  los  Sres.  Fer- 
nández Guerra  y  Fita. 

¡Lástima  que  hayan  perecido  los  demás  códices  compañeros  de 
este  Tumbo,  que  debieron  ser  cinco  por  lo  menos,  y  formar  en 
conjunto  una  serie  diplomática  curiosísima,  ordenada  por  el  ar- 
chivero D.  Bernardo,  en  tiempo  del  Emperador  Alfonso  VII! 

De  los  28  obispos  santos  sepultados  en  la  Iglesia  de  Iria  se  da 
razón  en  el  capítulo  5.°,  con  motivo  de  una  frase  del  Arzobispo 
Gelmirez  en  el  acta  de  restauración  de  la  canónica  iriense.  Los  se- 
ñores Ferreiro  y  Fita  apuntan,  no  más  que  como  conjetura,  que 
algunos  de  estos  obispos  pudieron  padecer  martirio  en  alguna 
persecución  suscitada  por  los  reyes  suevos  contra  el  catolicismo. 

Sobre  el  códice  calixtino  de  celebridad  tan  notoria,  y  cuya  ín- 
tegra publicación  deberán  pronto  los  doctos  al  celo  de  esta  Aca- 
demia ,  versa  la  monografía  sexta ,  donde  el  P.  Fita  reproduce  y  co- 
menta de  nuevo  el  prólogo  que  Arnaldo  del  Monte,  monje  de 
Ripoll,  puso  al  frente  de  sus  extractos  de  aquel  famoso  y  contro- 
vertido monumento.  Tan  á  continuación  el  himno  de  Aimerico 
Picaud  y  el  de  los  Peregrinos  flamencos,  que,  interesante  como 
poesía,  lo  será  todavía  más  como  música,  cuando  los  doctos  ati- 
nen con  la  clave  de  sus  signos  arcanos ,  y  acierten  á  leerlos. 

Completan  este  volumen  varios  documentos  relativos  á  la  so- 
lemnidad de  la  Inmaculada  Concepción ,  y  al  modo  de  celebrarla 
en  Santiago  durante  el  siglo  siv  í  por  donde  se  ve  que  aquella  Igle- 
sia se  adelantó  á  la  misma  de  Cantorbery,  cuyo  decreto  de  1329 
se  citaba  hasta  ahora  como  el  más  antiguo  de  los  que  ordenaron 
aquella  solemnidad).  Todavía  ilustran  más  esta  materia  un  rezo 
antiguo  de  la  Inmaculada  transcrito  ala  letra  y  lleno  de  fragmen- 
tos poéticos  curiosos,  la  misa  y  el  rezo  de  la  fiesta  de  la  Santifica- 


MONUMKNTOS    ANTIGi  OS    DK    L.V    IGLESIA  COMPOSTELANA.         209 

(ñóii  de  Nuestra  Señora,  tal  como  se  celebraba  eu  Gerona  en  1330, 
muy  diverso  del  que  publicaron  los  PP.  Merino  y  La  Canal  en 
el  tomo  XLiv  de  la  España  Sagrada,  cuyo  texto  enmienda  el 
P.  Fita  con  presencia  de  un  hermoso  misal  del  archivo  gerun- 
dense,  y  finalmente  el  bellísimo  oficio  de  la  Virgen,  compuesto  á 
ruegos  de  Alfonso  el  Sabio,  por  Egidio  ó  Gil  de  Zamora,  pieza  la 
más  curiosa  para  el  estudio  do  la  poesía  himuologica,  entre  todas 
las  coleccionadas  por  el  P.  Fita,  el  cual  narra  además  con  exqui- 
sita novedad  las  vicisitudes  de  la  fiesta  de  la  Santificación  hasta 
la  época  del  Concilio  de  Basilea,  y  trata  de  restaurar  la  verdadera 
lección  del  oficio  compostelano,  con  ayuda  délos  de  Toledo,  León, 
Badajoz  y  Braga. 

No  basta  tan  sumario  extracto  para  dar  idea  de  todos  los  des- 
cubrimientos paleográficos  y  arqueológicos  contenidos  en  estas 
190  páginas.  La  Academia  dará,  sin  duda,  la  estimación  debida 
á  esta  obra  que  no  es  de  las  que  pueden  esperar  el  aplauso  del 
vulgo,  pero  sí  de  las  que  el  juicio  de  los  doctos  debe  proteger  y 
galardonar,  facilitando  y  estimulando  así  las  laboriosas  pesqui- 
sas de  sus  autores. 

La  Academia  resolverá,  como  siempre,  16  más  oportuno. 

Madrid,  Octubre  de  1883. 

Marcelino  Menéndez  y  Pelayo. 


VL 

MALAGA  MUSULMANA,  POR  D.  FRANCISCO  GUILLEN  Y  ROBLES. 


Excmo.  Sr.:  Culto  á  la  verdad,  amor  á  la  patria,  son  los  lemas 
que  ha  estampado  nuestro  correspondiente  D.  Francisco  Guillen 
y  Robles  al  frente  del  libro ,  lleno  de  erudición  y  dotado  de  vivo 
interés,  que  se  tiliúa,  Málaga  Musulmana.  Más  que  en  parte  al- 


300  BOLETÍX   DE    LA    REAL    ACADEMLA.    DE    LA    HIST0RL4. 

guna  necesita  la  historia  salir  cu  España  del  angosto  cauce  de  los 
moldes  convencioaales  en  que  la  tenía  encerrada  la  tradición  de 
las  escuelas  retóricas,  más  dadas  á  considerarla  como  campo 
donde  lucir  las  galas  del  ingenio,  que  como  asunto  de  pacientes 
pesquisas  y  serias  meditaciones;  y  para  alcanzar  tan  indispensa- 
ble resultado,  no  hay  otro  camino  que  multiplicar  los  estudios 
parciales  y  las  monografías  ó  historias  particulares,  y  llegar, 
por  la  suma  y  comparación  de  las  partes,  A  la  creación  ordenada 
y  sólida  del  conjunto  á  que  aspira  la  crítica  moderna. 

Málaga  Musulmana  es  obra  de  aquel  género;  pues  se  concreta, 
no  sólo  ú  la  historia  de  una  ciudad,  sino  á  limitado  período  his- 
tórico, el  de  la  dominación  árabe,  tan  menospreciado  por  nues- 
tros clásicos  como  exageradamente  encomiado  por  los  primeros 
renovadores  de  estos  estudios,  y  que  hoy  empieza  á  verse  con 
aspecto  de  verdad  y  medida  de  justicia,  gracias  á  las  numero- 
sas publicaciones  de  textos  bien  compulsados. 

La  consumada  pericia  del  autor  en  letras  orientales  le  ha  per- 
mitido aumentar  con  rico  caudal  lo  que  hasta  ahora  se  sabía  de 
aquellos  revueltos  tiempos,  y  su  lozana  imaginación  andaluza  da 
á  la  verdad  de  los  hechos  tan  vivo  colorido ,  que  impide  dejar  el 
libro  de  las  manos,  una  vez  empezada  la  lectura  de  cualquier  ca- 
pítulo. De  los  más  importantes,  por  su  extensión  y  novedad,  son 
los  que  contienen  la  larga  historia  de  la  dinastía  hamudí,  pre- 
ciada de  nobilísima  ascendencia,  tenaz  en  su  empeño  de  ocupar 
en  Córdoba  un  trono  que  hubo  al  fin  de  asentar  en  Málaga.  El 
verdadero  concepto  de  las  costumbres  de  aquellas  edades  resulta 
bien  claro  cuando  trae  á  la  vista  la  caballeresca  bizarría  de  la  fa- 
milia de  Esquirol  ó  Escallola,  de  pura  sangre  indígena,  como 
tantas  otras,  procedentes  de  la  gran  masa  de  españoles  islamiza- 
dos y  progenitura  ésta,  por  línea  femenina,  de  la  brillante  casa 
real,  en  cuyas  manos  acabó  el  poder  musulmán  en  España.  Con 
la  justa  severidad  propia  de  quien  ejerce  el  augusto  ministerio 
de  la  historia,  lanza  el  Sr.  Guillen  merecida  censura ,  aun  á  costa 
de  aminorar  en  mucho  su  tradicional  aureola,  sobre  aquella  gente 
nazarita,  cuyas  pasiones  raheces  precipitaron  la  catástrofe  que 
lloran  todavía  los  nieíos  de  los  desterrados.  Preparación  y  anun- 
cio de  este  último  paso  de  la  épica  reconquista  fué  el  asedio  y  ex- 


MÁLAGA    MUSULMANA.  301 

pugnación  de  Málaga;  ocasión  de  insignes  proezas  y  crueles  des- 
venturas, campó  donde  la  codicia  de  unos  y  la  flaqueza  de  otros 
empañaron  el  lustro  que  por  igual  alcanzaran  para  todos  el  ho- 
nor, el  ardimiento,  la  obstinación  y  el  amor  de  la  patria.  La  con- 
quista de  Málaga  fué  de  las  últimas  en  que,  conforme  á  las  cos- 
tumbres antiguas,  una  población  entera,  desposeída  de  todos  sus 
bienes,  muebles  y  alhajas,  era  arrancada  de  cuajo  do  sus  hogares 
y  condenada  á  la  servidumbre  ó  al  destierro;  y  el  corazón  gene- 
roso del  autor,  movido  por  tanta  lástima,  marca  con  duro  estigma 
la  crueldad  de  los  vencedores  al  cargar  de  cadenas  al  constante  y 
valeroso  Zegrí,  indomable  caudillo  de  la  defensa,  no  menos  que 
su  avaricia,  no  saciada  con  cuantas  ropas,  joyas  y  dineros  poseía 
la  mísera  y  extenuada  población  civil,  obligada  á  mendigar  sin 
fruto  en  Granada  el  complemento  de  un  rescate,  que  en  tiempos 
más  felices  recibieran  todos  los  cautivos  muslimes  de  la  pródiga 
mano  de  los  malagueños. 
No  basta  hoy  la  investigación  atenta  de  los  sucesos  políticos  y 
*  militares  para  dar  por  acabado  un  trabajo  histórico;  el  lector 
entendido  quiere  conocer  la  sociedad  en  su  vida  interna,  con  sus 
costumbres,  sus  obras,  sus  instituciones  y  sus  ideales.  Persua- 
dido de  esto  nuestro  docto  correspondiente,  dedica  la  mitad  del 
volumen  á  cuanto  saberse  puede  acercado  arqueología  y  letras  de 
la  Edad  Media.  Una  de  las  cosas  en  que  ha  puesto  mayor  diligen- 
cia es  en  estudiar  la  topografía  de  la  ciudad  y  sus  contornos,  y 
consultando  relaciones  antiguas,  noticias  geográficas,  mapas  y 
planos,  inéditos  muchos,  y  sobre  todo,  estudiando  y  comparando 
vestigios  que  quedan  aún  en  algunos  parajes,  levanta  de  nuevo  á 
los  ojos  del  lector  atento  la  activa  cuanto  estrecha  factoría  fenicia, 
el  ostentoso  municipio  romano  y  la  rica,  populosa  é  inquieta  ciu- 
dad árabe,  transformada,  por  obra  de  las  armas,  en  colonia  de 
caballeros  cristianos  procedentes  de  todos  los  reinos  de  la  penín- 
sula. La  cerámica,  la  indumentaria,  la  arquitectura,  y  muy  espe- 
cialmente la  numismática,  nada  dejan  que- desear  en  este  libro, 
donde  el  número  de  láminas,  de  grabados  y  hasta  de  trozos  de 
difícil  composición  en  caracteres  arábigos,  demuestra  que  no  so 
ha  perdonado  dispendio  ni  fatiga  para  llegar  dignamente  al  fin 
deseado. 


,")02  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Xo  menos  atención  que  á  las  obras  de  manos  se  dedica  en  esta 
monografía  á  las  del  ingenio,  dando  á  conocer  la  vida  y  escritos 
de  los  literatos  malagueños,  especialmente  desde  el  tiempo  en  que 
la  disolución  del  califato  llevó  ¿i  la  hermosa  ciudad  del  Medite- 
rráneo un  centro  político  importante.  Entre  multitud  de  teólogos 
y  poetas  descuella  la  simpática  figura  del  infortunado  filósofo  y 
poeta  hebreo  Aben  Chebirol,  con  la  despreciable  del  desatentado 
cortesano  de  D.  Juan  I  de  Castilla,  Garci-Fernández  de  Gerena, 
cristiano  y  moro,  casado  y  ermitaño,  renegado  y  penitente;  ocu- 
pan digno  puesto  las  memorias  del  docto  naturalista  Ebn  Albéi- 
tar,  cuyas  obras  se  pueden  ya  disfrutar  por  la  perseverante  labo- 
liosidad  de  la  erudición  alemana;  y  sobre  este  campo  de  atildados 
prosistas,  sutiles  jurisconsultos,  delicados  rimadores  y  sabios 
austeros,  brillan  como  luciente  constelación  dos  poetisas  insig- 
ues, cuyas  composiciones  hacen  ¡jensar  que,  si  las  españolas  ma- 
nejaron la  pluma  con  mayor  frecuencia  relativa  que  las  demás 
mahometanas,  consiste  en  que  la  mujer  mantuvo  en  nuestra  tie- 
rra la  dignidad  del  puesto  á  que  la  había  levantado  la  ley  evan- 
gélica, con  lo  cual  se  ve  cómo  la  buena  semilla  ,  si  ha  arraigado 
con  vigor  y  lozanía,  no  se  deja  extirpar  del  todo  por  la  cizaña. 

Las  consideraciones  precedentes,  en  que  la  afición  á  los  estu- 
dios orientales  no  ha  sido  parte  para  exagerar  por  estilo  alguno 
el  mérito  del  nuevo  libro,  muestran  sobradamente  que  es  acree- 
dor, como  pocos,  á  la  protección  del  Gobierno,  y  que  merece  una 
declaración  explícita  de  hallarse  comprendido  en  la  letra  y  en  el 
espíritu  del  Real  decreto  de  12  de  Marzo  de  1875. 

La  Academia  resolverá,  como  siempre,  lo  más  acertado. 

Madrid,  27  Abril  ISSIJ. 

Eduardo  Saavedra. 


VARIEDADES 


EL  MUSEO  ARQUEOLÓGICO  DE  CONSTANTINOPLA. 


Gonslruida  por  Coiifitautino  el  Grande,  en  los  principios  de  la 
€uarta  centuria;  arruinada  después  por  un  incendio  en  tiempo  do 
Justiniano;  reedificada  por  este  Emperador;  destruida  de  nuevo 
por  un  terremoto  en  el  siglo  viir,  y  levantada  otra  vez  por  León 
ísáurico,  la  iglesia  de  Santa  Irene  en  Gonstantinopla,  parece  ha- 
J)er  conservado  su  primitiva  planta  después  de  tantas  vicisitudes, 
aunque  se  sospecha  con  fundamento  que  la  primera,  edificada 
por  Constantino,  fué  más  pequeña.  No  es  la  actual  la  única  igle- 
sia que  hubo  en  Gonstantinopla  dedicada  á  Santa  Irene:  Mai-cia- 
no  levantó  otra  á  la  entrada  del  Cuerno  de  Oro  ^  y  otra  había  en 
un  paraje  llamado  Sw'a  (higuera) ;  pero  de  todas  ellas,  la  más  im- 
portante fué  la  que  ahora  estudiamos,  dentro  de  cuyas  naves  tuvo 
lugar  un  concilio  célebre.  Esta  iglesia  se  encuentra  cerca  de  la 
coca  real  ó  casa  de  moneda,  y  se  halla  convertida  en  armería,  y 
sus  edificaciones  adjuntas  en  Museo  arqueológico. 

Por  rara  excepción ,  la  iglesia  cristiana  de  Santa  Irene  nunca 
■estuvo  convertida  en  mezquita,  sirviendo,  desde  hace  mucho 
tiempo,  para  el  uso  á  que  está  destinada,  de  parque  ó  depósito  de 
íirmas. 

La  planta  de  esta  notable  iglesia  bizantina  es  un  rectángulo 
prolongado,  con  orientación  de  Ocaso  á  Oriente,  dividido  el  inte- 
rior en  nave  central  y  laterales  mucho  más  bajas,  todas  ellas  ce- 
rradas con  bóveda  y  sostenidas  por  pilares  de  planta  rectangular. 


304  boletín  de  la  real  academlv  de  la  historla. 

Tiene  dos  cúpulas  de  14,50  m.  de  diámetro;  pero  la  que  podernos 
llamar  principal  ó  de  crucero,  es  circular,  y  oblonga  la  que  se 
halla  hacia  los  pies  de  la  iglesia,  en  la  misma  nave  central,  sepa- 
rándolas un  gran  arco,  así  como  otro  de  más  anchura  continúa 
la  nave  hasta  la  capilla  mayor;  de  modo,  que  la  nave  central  está 
formada,  después  del  narteh^  primero  por  una  cúpula  elíptica,  que 
tiene  su  eje  mayor  en  el  sentido  de  la  anchura  de  la  nave ,  des- 
pués por  un  gran  arco,  que  apoya  sobre  gruesos  pilares,  luego 
por  la  gran  cúpula  circular,  mucho  más  elevada  que  la  anterior^ 
y  después  por  otro  gran  arco,  tras  del  cual  se  encuentra  el  casca- 
rón del  ábside  ó  capilla  mayor.  La  gran  cúpula  se  levanta  sobre 
un  tambor  circular,  y  aparece  completamente  diáfana,  con  20  ven- 
tanas de  arco  semicircular,  ventanas  cuyos  pilares  ó  macizos  van 
reforzados  á  la  parle  exterior  por  contrafuertes,  que  llegan  hasta 
el  arranque  de  sus  arcos.  Sobre  las  bajas  naves  laterales  se  levan- 
tan las  tribunas  del  gineceo  ó  sitio  destinado  á  las  mujeres.  Los 
lados  Sur  y  Norte  del  rectángulo  general  que  forma  la  planta, 
están  formados  por  dos  grandes  arcos,  unidos  mejor  que  cerrados 
por  muros,  pues  estos  se  presentan  casi  diáfanos,  abiertos  en  tres 
(jrdenes  de  ventanas,  disposición  que  explica  el  origen  de  análogo 
cerramiento  en  los  templos  ojivales.  En  la  actualidad,  y  temiendo 
acaso  por  la  conservación  del  edificio^  gran  parte  de  estas  venta- 
nas están  cerradas;  pero  puede  formarse  idea  del  aspecto  de  atre- 
vimiento y  ligereza  que  tendría  esta  iglesia,  en  la  q-ue  aparecen 
suprimidos  los  muros  continuos,  sustituyéndolos  con  órdenes  de 
ventanas  sobrepuestas.  La  construcción  de  los  muros  exteriores 
es  de  hiladas  de  mármol  y  ladrillo  alternadas,  y  ofrece  la  parti- 
cularidad de  que  las  uniones  ó  lecho  de  la  argamasa,  principal- 
mente en  las  de  ladrillo,  tienen  un  espesor  de  4  á  5  centímetro?, 
y  llevan  un  relieve  moldeado  en  forma,  ya  de  greca  angulosa  ó  ya 
de  meandro.  Las  cubiertas  están  resguardadas  con  plomo  y  los 
frontones  con  tejas. 

El  interior  de  este  templo,  en  su  decorado,  es  tan  sencillo  como 
majestuoso.  Solamente  le  adornan  algunas  molduras  de  mármol 
blanco  fuertemente  perfiladas,  y  las  bóvedas  conservan  todavía, 
en  parte,  la  rica  decoración  de  mosaicos  á  la  manera  bizantina,  que 
las  enriquecían.  Los  antepechos  del  gineceo  faltan  hoy,  y  no  puc- 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTIXOPLA.  305 

Je  conjeturarse  cómo  estarían  formaJos.  El  narteh  (vápír^j,  ó  ves- 
tíbulo, tiene  también  su  piso  superior  á  la  misma  línea  que  las 
tribunas  del  gincceo,  piso  terminado,  en  los  extremos  laterales, 
por  un  arco,  cuyo  vano  lo  constituye  una  ventana  con  un  zócalo, 
sobre  el.  que  se  levantan  dos  columnas  sosteniendo  un  friso,  y  en- 
cima otras  dos  columnas  más  pequeñas,  cuyos  capiteles  tocan  al 
arco,  composición  que  también  explica  los  orígenes  de  los  grandes 
ventanales  del  estilo  ojival. 

El  vestíbulo  conduce  á  una  construcción  más  reciente,  donde  se 
ha  establecido  el  Museo  arqueológico,  de  que  en  breve  hablare- 
mos, y  el  interior  de  la  iglesia  está  lleno  completamente  de  armas 
modernas  simétricamente  colocadas,  y  que  nada  ofrecen  de  par- 
ticular al  viajero,  sino  el  triste  convencimiento  de  que  lo  único 
que  se  encuentra  siempre  más  adelantado  en  todos  los  pueblos, 
es  cuanto  se  refiere  á  los  medios  de  destrucción  y  de  destrozarse 
la  humanidad  en  fratricidas  é  inútiles  luchas,  que  cada  vez  la 
apartan  más  y  más  de  su  anhelado  perfeccionamiento.  ¡Cuándo 
llegará  el  día  en  que  el  hombre  comprenda  que  el  único  medio  de 
realizar  su  misión  en  la  tierra,  es  enlazarse. con  sus  semejantes 
por  el  amor  fraternal  de  su  común  origen,  y  acercarse  á  Dios  por 
las  conquistas  siempre  fecundas  de  la  inteligencia! 

En  el  fondo  del  ábside  encuéntranse  también  armas  que  ofre- 
cen recuerdos  históricos.  Allí  está  el  temido  alfanje  de  Maho- 
met  II,  un  brazal  de  Tamerlán,  cascos  circasianos,  estandartes 
rojos  y  verdes,  de  los  cuales  uno,  llamado  la  bandera  de  Alí,  lleva 
en  el  centro  tres  espadas  sobre  fondo  rojo;  cotas  de  malla,  llaves 
de  muchas  ciudades  conquistadas,  y  otros  objetos  análogos,  de 
interés  para  los  turcos,  por  recordarles  sus  pasadas  glorias.  En  el 
vestíbulo  encuéntranse  también  los  timbales  y  las  célebres  mar- 
mitas de  los  genízaros,  grupos  de  antiguas  alabardas ,  un  arco  de 
metal,  persa,  antiguos  cañones  y  culebrinas,  y  formando  extraño 
contraste  con  tan  bélico  aparato,  la  antigua  campana  de  Santa 
Sofía. 

En  la  parte  alta  ó  galería  del  vestíbulo  hallábase  colocado ,  cuan- 
do nosotros  visitamos  aquella  artística  iglesia,  el  célebre  Museo  de 
los  genízaros  ó  Elbicél-Ateka,  frase  que,  lileralmenle  traducida, 
quiere  decir  trajes  antiguos;  museo  interesante  hoy,  que  van  es- 

TOMO  III.  21 


306  BOLETÍN'    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

tos  desapareciendo,  viéndose  sustituidos  por  el  uniforme  nizan. 
En  aquella  colección  indumentaria,  de  más  de  300  maniquís,  se 
encuentran  los  principales  funcionarios  de  los  antiguos  Sultanes, 
desde  el  visir  y  los  ministros  superiores,  hasta  los  eunucos  negros 
y  blancos,  y  los  oficiales  y  soldados  de  los  genízaros,  trajes  todos 
llenos  de  variedad,  y  cuya  descripción  necesitaría  un  extenso  vo- 
lumen. 

El  Museo  de  antigüedades  á  que  hace  poco  nos  referimos,  pue- 
de considerarse  todavía  en  formación,  á  pesar  de  los  esfuerzos  de 
su  director,  Garabella  Effendi,  con  cuya  amistad  me  honro,  y  en 
cuya  compañía  pasé  no  pocas  horas  estudiando  aquellos  restos  de 
las  pasadas  edades.  Se  fundó  este  Museo  en  1869,  siendo  gran  vi- 
sir Alí  Pacha,  y  es  digno  de  ser  conocido  el  breve,  pero  bien  pen- 
sado reglamento  que  para  ello  se  dio,  pues  habla  muy  alto  en  fa- 
vor de  la  cultura  de  ciertos  personajes  turcos,  demostrcándonos 
hasta  dónde  podrían  llegar  en  el  camino  de  los  modernos  adelan- 
tos, si  no  tuvieran  que  luchar  á  cada  instante  con  la  remora  de 
los  tradicionalistas,  que  no  se  toman  ni  el  trabajo  de  estudiar  lo 
moderno,  sólo  porque  lo  es. 

Dice  así  el  preámbulo  de  este  notable  documento: 

«Xadie  ignora  la  alta  importancia  que  tienen  las  colecciones 
de  objetos  antiguos,  tanto  bajo  el  punto  de  vista  de  los  conoci- 
mientos históricos,  como  respecto  á  las  ventajas  especiales  que  pro- 
ducen; siendo  estos  los  móviles  que  han  decidido  á  casi  todos  los 
países  á  fundar  esos  espléndidos  Museos,  donde  semejantes  obje- 
tos, expuestos  convenientemente,  atraen  con  justo  motivo  la  ad- 
miración de  los  conocedores  en  tales  materias. 

»Así,  el  Gobierno  del  Sultán,  considerando  á  su  vez  la  utilidad 
de  tal  institución,  particularmente  en  las  vastas  posesiones  oto- 
manas, conocidas  por  su  riqueza  en  antigüedades,  como  lo  de- 
muestran preciosos  descubrimientos  hechos  en  el  país,  había, 
hace  tiempo,  concebido  el  proyecto  de  fundar  en  Constantinopla 
un  Museo,  adoptando,  entre  otras  medidas  encaminadas  al  pro- 
pósito, la  de  imponer  á  los  que  buscan  antigüedades,  la  obliga- 
ción de  ceder  al  Estado,  siempre  que  descubriesen  dos  ejemplares 
de  un  mismo  objeto^  uno  de  ellos.  La  experiencia ,  sin  embargo, 
ha  demostrado  cuan  raro  es  encontrar  más  de  una  pieza  de  un 


EL    NÍCSEO    AlinUEOLÓr.ICO    DE    CONSTANTINOPLA.  307 

mismo  ohjelo  antiguo,  y  lo  poco  que  se  de.scul)ría  ora- además  fá- 
cilmente sustraído  á  la  vigilancia  de  la  Administración.  Portales 
causas,  todas  las  medidas  adoptadas  no  han  respondido  al  objeto 
propuesto,  y  el  Musco  en  cuestiíjn  quedaba  siempre  cu  estado  de 
proyecto.  El  Gobierno  de  S.  M.  I.,  no  queriendo  continúe  así  por 
más  tiempo  obra  de  tal  importancia,  ha  encargado,  por  medio  de 
un  Iradé  Imperial  al  ministro  de  Instrucción  publica,  la  redac- 
ción de  un  reglamento  más  completo  para  la  búsqueda  de  anti- 
güedades, y  proceder  al  mismo  tiempo  á  la  formación  del  Museo 
antedicho.  Conforme  á  esta  orden  imperial,  aquel  depirtamenlo 
tiene  el  encargo  de  ocuparse  en  lodo  lo  que  se  refiera,  así  á  la 
clasificación,  como  á  la  conservación  de  las  antigüedades  reuni- 
das ó  por  reunir  en  este  Museo,  y  á  subvenir  á  sus  gastos  me- 
diante un  capítulo  especial  de  su  presupuesto.» 

Véanse  ahora  sus  artículos: 

«Artículo  1.°  Toda  petición  de  autorización  para  hacer  exca- 
vaciones en  los  Estados  de  S.  M.  I.  el  Sultán,  debe  ser  previa- 
mente dirigida  al  Ministerio  de  Instrucción  pública,  y  en  parte 
alguna  podrán  llevarse  á  cabo  sin  autorización  oficial. 

»Art.  2.°  Queda  expresamente  prohibido,  á  las  personas  que 
hagan  excavaciones  en  el  Imperio  con  autorización  del  Gobierno, 
en  los  parajes  donde  no  existan  inconvenientes  para  ello,  expor- 
tar al  extranjero  los  objetos  antiguos  que  puedan  descubrir.  Pue- 
den, sin  embargo,  venderlos  dentro  del  Imperio,  ya  sea  á  parti- 
culares, ya  al  Estado  si  los  pidiese. 

»Art.  3.°  Todo  objeto  antiguo  descubierto  en  projíiedad  parti- 
cular, corresponde  al  dueño  del  terreno. 

»Art.  4.°  Las  monedas  antiguas,  de  toda  especie,  están  excep- 
tuadas de  la  prohibición  de  exportación,  prescrita  por  el  artícu- 
lo 2.° 

»Art.  5.°  Toda  autorización  para  hacer  excavaciones,  se  en- 
tiende que  es  para  los  objetos  que  puedan  existir  bajo  el  suelo. 
No  será  permitido  á  nadie,  fuere  quien  fuere,  tocar  ni  causar  des- 
perfectos en  los  monumentos  antiguos  de  cualquiera  clase  que 
sean,  y  lo  mismo  en  sus  accesorios  que  estén  sobre  la  superficie 
de  la  tierra.  Los  contraventores  á  esta  regla  serán  castigados  con 
arreglo  á  la  lev. 


308  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    IIISTORLA. 

«Art.  8."  La  resolución  acerca  de  las  peticiones  que,  en  mate- 
ria de  anligüedades,  dirijan  las  potencias  extranjeras,  será  objeto- 
de  un  Iradé  Imperial  especialmente  dado,  á  propósito  de  la  pe- 
tición. 

»Art.  7.°  Las  personas  que  posean  conocimientos  especiales 
para  la  investigación  y  descubrimiento  de  antigüedades,  podrán 
demostrarlo  en  el  departamento  de  Instrucción  pública,  y  ser  en- 
cargadas de  hacer  excavaciones  por  cuenta  del  Estado,  obtenien- 
do con  tal  objeto  misiones  especiales  del  Gobierno  imperial.  Los 
que  se  encuentren  en  tal  caso  están,  por  lo  tanto,  invitados  á  di- 
rigirse al  Ministerio  de  Instrucción  pública.» 

No  son  muy  abundantes  todavía  los  objetos  que  encierra  aquel 
Museo,  ni  están  organizados,  como  nosotros  deseáramos,  en  un 
orden  científico,  á  pesar  de  tener  todos  ellos  su  numeración  co- 
rrespondiente, y  de  haber  publicado  el  ya  citado  Sr.  Garabellaun 
ensayo  de  Catálogo  con  algunos  de  los  objetos  que  juzgó  más  imr 
portantes,  impreso  en  Gonstantinopla  poco  después  de  haber  re- 
gresado de  mi  viaje,  parte  de  cuyos  trabajos  tuvo  la  lleudad  de- 
enseñarme  antes  de  que  viesen  la  luz  pública,  haciéndome  el  ho- 
nor de  preguntarme  mi  opinión  acerca  de  ellos  y  sobre  algunos 
puntos  que  consideraba  dudosos  en  determinados  monumentos. 
La  mayor  parte  pertenecen  al  arte  escultural ,  y  hay  también  al- 
gunos de  artes  industriales  y  mixtas;  y  precisamente  el  más  no- 
table de  todos  los  objetos  que  el  Museo  de  Gonstantinopla  encie- 
rra, pertenece  á  las  últimas,  siendo  por  su  antigüedad,  por  su 
simbolismo,  por  la  civilización  y  el  pueblo  que  representa  y  por 
sus  condiciones  técnicas,  monumento  de  inestimable  valor,  y  que 
puede  asegurarse  es,  en  su  género,  ilnico  en  los  Museos  de 
Europa. 

Gonsiste  en  un  gran  disco  ó  medallón  de  plata  pura,  que  mido 
un  diámetro  de  44  centímetros,  y  (juc  tiene  representada  en  su 
centro,  en  relieve  de  una  alturade  0,25  m.,  á  la  diosa  de  la  teogonia 
fenicia,  Astarté.  Lleva  collar  de  oro,  tocado  de  lo  mismo,  con  dos 
cuernos  de  2  centímetros  y  3  milímetros  de  altura,  armillas  ó  bra- 
zaletes del  mismo  metal  en  los  brazos  y  en  las  muñecas,  manto 
también  de  oro,  suJGto  al  hombro  izquierdo,  cubierto  de  estrellas, 
y  sandalias  del  mismo  metal.  Aparece  graciosamente  sentada  so- 


EL    MUSEO    AIIQI.EOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  309 

brc  áureo  sitial,  sostenido  por  cuatro  colmillos  de  elefante  cruza- 
<Ios;  y  tiene  ;í  un  lado  el  loro  mitológico  de  la  India  y  al  otro  el  ave 
mítica  de  Shinyala  ó  Geylan  fGallus  ecaicdatus  de  Temminck, 
Stridliio  Casuarius  de  Linneo),  y  debajo  del  x)lauoeuque  descan- 
san los  pies  de  la  divinidad,  dos  Métoros,  vestidos  y  tocados  tam- 
Í3ica  de  oro  como  la  diosa,  sostienen  con  cuerdas  doradas  un  ti- 
gre y  un  leopardo.  El  diámetro  del  cíiculo  en  el  cual  está  sentada 
Astarté,  es  de  3G  centímetros;  y  está  inscrito  en  otro  de  40,  divi- 
diéndose la  zona  comprendida  entre  ambos  por  cuatro  medallones 
de  oro  de  0,1  m.  de  diámetro,  llevando  un  pequeño  busto  de  ¿Ado- 
nis? y  todo  lo  demás  cubierto  de  menuda  labor,  en  cada  una  de 
las  cuatro  secciones  diferentes,  formando  digno  marco  para  tan 
notable  composición.  El  tocado  de  la  divinidad  lo  forma  una  espe- 
cie de  turbante,  sobre  el  que  sobresalen  ios  cuernos  simbólicos, 
yol  cabello  cae  en  bucles  de  diferente,  pero  simétrica  longitud, 
iiasta  los  hombros,  formando  una  línea  mucho  más  corta  sobre 
la  frente.  En  la  mano  izquierda  lleva  el  arco,  y  tiene  la  diestra 
levantada  mostrando  la  palma,  en  actitud  hierática.  Las  carnes 
todas,  excepción  hecha  de  una  pequeña  parte- del  antebrazo  iz- 
•quierdo  en  que  falta,  están  formadas  de  esmalte  verde.  A  los  la- 
dos del  trono  ó  asiento  de  la  diosa,  se  ven  dos  ¿leonas?  también 
■de  oro,  con  collares. 

Para  comprender  esta  notable  obra  de  la  orfebrería  fenicia,  cuya 
exacta  copia,  debida  al  inteligente  pincel  del  Sr.  Velázquez,  hecha 
directamente  del  original  por  vez  primera,  he  publicado  en  mi 
Viaje  á  OWeníe,  lícito  ha  de  sernos  recordar  algunas  nociones 
de  la  teogonia  india,  de  la  cual  derivaron,  modificándose  en  su 
marcha  bacia  el  Occidente,  todas  las  del  Asia  central,  de  la  Feni- 
cia, del  Egipto,  del  África,  de  la  Grecia  y  de  la  Europa,  así  sep- 
tentrional, como  central  y  meridional. 

En  el  origen  de  aquella  teogonia  encontramos  el  gran  principio 
de  la  unidad;  aunque  desgraciadamente  y  como  resultado  de  en- 
carnaciones alegóricas  y  sucesivas,  debidas  á  la  intencionada  fan- 
tasía de  la  casta  sacerdotal,  cayó  bien  pronto  en  las  nebulosida- 
des de  la  Triada. 

En  el  principio,  Brahma,  ser  eterno  y  necesario,  era  el  único 
dios  conocido  y  adorado  por  el  indio;  pero  después  de  mil  años, 


310  BOLETÍX   DE    LA    REAL   ACADEMIA    DE   LA   IIISTORLV. 

según  l¿x  leyenda  religiosa ,  una  encarnación  engendró  á  Siva ,  y 
produjo  la  adoración  del  lingam.  Nueva  encarnación  produjo  en 
seguida  á  Vichnu,  y  del  acuerdo  de  estas  tres  divinidades  provino 
la  trimurti  de  Brahma,  Vichnu  y  Siva. 

Pero  esta  triada  masculina  estaba  incompleta  sin  otra  triada  fe- 
menina, y  bien  pronto  la  formaron  Parasacti  ó  Sarasvati,  mujer 
de  Brahma,  Parvati  de  Siva,  y  Lacmi,  ó  la  hermosa,  de  Vichnu. 

Emblema  de  la  producción,  llevaba  ésta  en  la  frente  el  Lingam, 
y  nacida  de  la  espuma  del  mar,  dio  vida  á  Varas,  que  como  el 
Eros  griego  y  el  Cupido  romano,  montó  sobre  un  león,  llevando 
el  arco  en  la  mano  y  á  la  espalda  un  carcax  con  cinco  flechas,  en 
número  ignal  á  los  sentidos  corporales.  Su  madre  le  acompañó 
llevada  por  un  loro,  como  la  Venus  griega,  de  ella  derivada,  era 
conducida  por  palomas. 

Esta  última  personificación  de  la  triada  femenina,  aparece  en 
Fenicia  al  lado  de  Melkarte,  el  gran  dios  de  los  descubrimientos 
y  de  la  fuerza  humana,  el  Hércules  de  las  tradiciones  fenicias,  y 
toma  el  nombre  de  Astaroth  ó  Astarté. 

Siguiendo  en  su  fantástico,  pero  profundo  simbolismo,  la  le- 
yenda sacerdotal  dice  que  la  diosa,  deseando  recorrer  la  tierra,  se 
puso  una  cabeza  de  toro  á  fin  de  no  ser  reconocida,  y  consagró  en 
Tiro  una  estrella  caida  del  cielo,  mito  astronómico  como  todos  los 
déla  religión  védica,  que  indica  la  conjunción  del  planeta  Ve- 
nus con  la  luna  en  el  signo  de  Taurus. 

Astarté  amó  á  Adonis  (Adón,  Adod ,  Adad,  el  Señor);  pero  ca- 
zando éste  en  el  Líbano,  fue  muerto  por  un  jabalí,  y  sus  servido- 
res, con  los  ciervos  y  animales  monteses  que  su  dueño  había  do- 
mado, y  con  sus  fieles  perros,  buscaron  á  la  diosa  en  su  templo 
de  Byblos  y  la  noticiaron  el  triste  fin  de  su  infortunado  amante. 

Cuando  en  los  primei'os  días  de  Junio  el  río  Adonis  (hoy  Ibra- 
him  Nehr,  Sandjiak  de  Trípoli),  corría,  como  corre  ahora  y  co- 
rrer;! siempre,  mientras  tenga  ácido  de  hierro  en  su  cauce,  de  co- 
lor rojizo,  decíase  (jue  iba  enrojecido  por  la  sangre  de  Adonis,  y 
ofrecíanse  en  su  honor  sacrificios  fúnebres,  que  dieron  origen  á 
festividades  religiosas,  convertidas  bien  pronto  en  verdaderas  or- 
gías y  escenas  de  lúbrica  prostitución.  Este  culto  pasó  á  Antio- 
quía,  á  Chipre,  á  Atenas,  á  Argos,  á  todos  los  pueblos  de  la  anti- 


EL    MUSEO    AnQUEOLÓGir.O    DE    CONSTANTIN'OPLA.  311 

güedad,  que  sigaicrou  en  diversos  desenvolviiniciitos  la  religión 
védica,  y  duró  hasta  el  siglo  iv  después  de  Jesucristo. 

Los  cuernos  que  lleva  en  el  artístico  medallón  que  nos  ocupa 
la  figura  do  Astartc,  así  se  refieren  al  Lingam,  como  también  á 
la  caza,  pues  parecen  de  ciervo,  caza  de  que  era  protectora  aque- 
lla divinidad,  tanto  por  sus  amores  con  Adonis,  como  por  repre- 
sentar también  á  la  diosa,  que  después  llamaron  los  romanos, 
Diana  cazadora.  A  lo  mismo  aluden  las  fieras  que  sujetan  los  Me- 
teros, fieras  que  simbolizan  al  mismo  tiempo  los  viajes  victorio- 
sos del  Dionisios  indio,  ó  sea  la  lucha  del  hombre  con  la  natura- 
leza, y  el  triunfo  del  primero.  El  ave  mítica  de  Shingala  al  lado 
de  Astarté,  aparece  como  emblema  de  la  producción  y  de  la  fe- 
cundidad. 

Anterior  probablemente  al  monumento  que  acabamos  de  des- 
cribir, hállase  otro,  producto  también  de  un  arte  oriental,  el  asi- 
rlo, monumento  que  consiste  en  un  trozo  rectangular  de  mármol, 
de  0,71  m.  de  alto  por  0,47  m.  de  ancho,  dividido  en  dos  com- 
partimientos, superior  é  inferior.  Esta  antigüedad  babilónica,  do 
procedencia,  por  desgracia,  desconocida,  está  muy  bien  conser- 
vada, y  en  la  parte  superior  se  ve  á  un  rey  asirlo  sentado  sobre 
su  trono,  con  la  espada  desnuda  en  la  mano  derecha,  y  ante  él  un 
hombre  y  una  mujer  en  actitud  suplicante;  escena  que  así  puede 
representar  una  petición  dirigida  al  soberano,  como  una  imposi- 
ción de  pena  hecha  por  el  mismo.  En  el  compartimiento  inferior 
se  hallan  sentados  una  mujer  y  un  hombre,  ante  los  cuales  otro 
se  inclina  en  ademán  de  ruego.  En  el  marco  de  este  curioso  már- 
mol se  encuentran  inscripciones  en  caracteres  cuneiformes,  cuya 
traducción  no  estaba  hecha,  ni  nos  permitían  hacer  nuestros  es- 
casos estudios  en  la  materia,  aun  siéndonos  conocidos  los  admi- 
rables trabajos  de  Grotefend  y  de  Burnouf.  Estando  hoy,  gracias 
á  las  investigaciones  de  estos  sabios  orientalistas,  claramente  de- 
mostrado que  en  la  escritura  cuneiforme  hay  tres  sistemas  diver- 
sos, empleados  casi  siempre  á  la  vez  en  los  monumentos,  el  babi- 
lónico ó  asirlo,  el  medo,  y  el  persa,  siendo  este  último  el  menos 
antiguo  y  más  sencillo,  sistema  que  emplea  casi  en  iguales  pro- 
porciones los  trazos  verticales  y  los  horizontales,  mientras  en  el 
medo,  los  trazos  verticales  son  más  raros  y  el  uso  del  ángulo  mu- 


312  boletín  de  la  eeal  academlv  de  la  historia. 

dio  más  frecuente,  y  el  babilónico  se  distingue  por  su  mayor 
complicación,  y  los  trazos  con  inclinaciones  varias  y  aun  cruzán- 
dose los  unos  con  los  otros;  y  en  cuanto  al  idioma  á  que  respon- 
den aquellos  caracteres,  hallándose  también  marcadas  diferencias, 
pues  mientras  las  inscripciones  persas  se  refieren  á  una  lengua 
derivada  del  Zendico,  que  se  hablaba  en  Persia  cinco  siglos  antes 
de  Jesucristo,  la  lengua  asirio-babilónica  se  cree  relacionada  y 
formando  parte  de  la  misma  familia  del  hebreo,  el  siriaco  y  el 
árabe,  es  decir,  de  las  lenguas  semíticas,  es  indispensable  un  es- 
tudio profundo  y  especial  de  tan  complicado  ramo  de  la  arqueo- 
logía, para  poder  atreverse  á  intentar  siquiera  la  interpretación 
de  cualquier  epígrafe  cuneiforme,  por  sencillo  que  parezca. 

Además  de  estos  importantísimos  monumentos,  encuéntranse 
en  el  Museo  de  Constantinopla  estatuas  y  bajo-relieves  arcaicos 
y  de  la  mejor  época  griega.  Pertenecen  al  primer  grupo  dos  esta- 
tuas de  mujer  casi  completas,  pues  están  rotas  por  debajo  de  las 
rodillas,  que  recuerdan  por  su  estilo  la  estela  que  se  conserva 
en  el  templo  de  Teseo  en  Atenas,  conocida  con  el  nombre  de  Sol- 
dado de  Maratón^  estela  que  he  dado  á  conocer  extensamente  en 
la  citada  obra  y  que  ilustró  con  doctísima  monografía  en  el  Mu- 
seo Español  de  Antigüedades,  nuestro  sabio  y  respetado  amigo 
D.  Pedro  de  Madrazo.  Las  dos  estatuas  visten  una  simple  túnica 
muy  amplia,  adornan  el  cuello  de  cada  una  de  ellas  cuatro  colla- 
res, y  su  cabeza  un  tocado  especial,  á  manera  de  los,que  se  en- 
cuentran en  figuras  chipriotas,  con  las  cuales  tienen  estas  esta- 
tuas muchos  puntos  de  contacto,  sin  embargo  de  haber  sido  en- 
contradas en  Rodosto  (Rumelia),  así  como  otras  dos  cabezas,  una 
de  hombre  y  otra  de  mujer,  con  los  mismos  caracteres  artísticos, 
estando  unas  y  oirás  esculpidas,  no  en  mármol,  sino  en  una  cal- 
cárea fácil  de  labrar,  lo  mismo  que  las  de  Chipre;  y  ofreciendo 
también  grandes  analogías  con  las  del  Cerro  de  los  Sanios,  en 
nuestra  patria. 

Entre  las  esculturas  griegas  del  siglo  de  oro  de  aquel  gran  pue- 
blo ocupa  preferente  lugar  en  el  Museo  de  Constantinopla  un  bajo- 
relieve,  procedente  de  Budrün,  en  Halicarnaso,  encontrado  cerca 
de  las  ruinas  de  Mausoleo,  y  que  representa  una  joven  que  re- 
cuerda la   fál)ula  do  las  amazonas,  pues  aparece  en  actitud  de 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  313 

correr,  sujetándose  con  la  izquierda  mano  los  últimos  pliegues 
de  su  traje  flotante,  y  levantando  sobre  su  cabeza  con  la  derecha 
un  hacha,  en  actitud  de  combatir.  Tan  hermosa  escultura,  que 
mide  0,55  m.  de  altura  por  0,'íO  m.  de  anchura,  encuéntrase 
desgraciadamente  cubierta  por  una  especie  de  patina  verde  con 
que  la  humedad  constante  del  sitio  en  que  estuvo  soterrada  du- 
rante muchos  siglos,  ha  sustituido  al  hermoso  color  del  mármol 
en  que  está  esculpida. 

Otra  de  las  notables  obras  de  la  antigüedad  griega  que  allí  se 
conservan,  es  un  relieve  sobre  fondo  circular  rebajado  en  la  forma 
llamada  en  términos  de  arquitecnología  cartucho  ,  abierto  en 
la  superficie  de  un  fragmento  arquitectcjnico  de  mármol  que 
mide  0,54  m.  de  altura  por  0,48  m.  de  ancho,  cuyo  relieve  repre- 
senta á  Cleómenes,  rey  de  Esparta,  que  vivió  520  años  antes  de 
Jesucristo;  objeto  de  gran  valor  que  se  halla  en  perfecto  estado 
de  conservación,  y  que,  encontrado  en  Gyzico  (Bal-Kis)^  fué  lle- 
vado al  Museo  Imperial  por  su  conservador  M.  Goold  en  18G9. 

También  pertenece  al  mismo  brillante  período  del  arte  antiguo 
una  estatua  de  mármol,  representando  á  Hestia,  divinidad  de 
donde  provino  la  Vesta  romana.  Esta  estatua,  de  la  misma  pro- 
cedencia que  el  anterior  relieve,  mide  0,8G  m.  de  altura,  y  es  no- 
table ijor  el  estudio  de  pliegues  que  en  el  traje  de  la  diosa  se  en- 
cuentra. 

No  menos  importante  es  otra  estatua,  también  de  mármol, 
de  1,7  m.  de  altura,  hallada  en  Mytilene  (MidillíJ,  y  que  representa 
á  una  hermosa  joven  de  Lesbos,  apoyado  el  brazo  derecho  en  un 
pedestal  y  el  izquierdo  sobre  la  cadera.  El  admirable  estudio  del 
natural  que  acusa,  así  en  el  desnudo  como  en  los  paños,  la  finura 
de  ejecución,  la  sobriedad  y  firmeza  al  mismo  tiempo  del  dibujo, 
están  revelando  en  esta  notable  estatua  uno  de  los  mejores  perío- 
dos del  arte  antiguo,  al  que  también  pertenecen  algunas  otras 
obras  esculturales  que  allí  se  conservan,  y  de  las  que  no  creemos 
inoportuno  dar  noticia  á  nuestros  lectores. 

Un  fragmento  de  bajo-relieve  en  mármol  de  Frigia  (1)  (Syn- 


(1)    Tuvo  entre  los  antiguos  gran  celebridad  el  mármol  de  Sjnnada,  capital  de  la  an- 
tigua Phrygia  Salutañs,  llamada  en  más  remota  época  Mygdonia,  de  donde  fué  desig- 


314      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORL\. 

nada  Mygdonienses,  Eski  Kara  Hisar),  de  0,87  m.  de  altura 
por  0,54  m.  de  longitud,  de  procedencia  desconocida,  represen- 
tando la  muerte  de  Alcibiades. 

Cabeza  en  mármol  con  corona  mural,  simbolizando  en  una 
hermosa  doncella  la  ciudad  de  Heraclea,  situada  en  la  costa  asi¿i- 
tica  del  mar  Negro. 

Fragmento  marmóreo  de  relieve,  representando  el  combate  de 
Teseo  contra  los  Lápitas,  según  la  tradición  legendaria  griega, 
monumento  de  procedencia  desconocida,  pero  de  remota  anti- 
güedad. 

Otro  fragmento,  también  de  mármol,  en  que  se  ve  á  Eros  ó  el 
Amor,  llevando  al  hombro  la  maciza  clava  de  Hércules,  símbolo 
de  la  fuerza  vencida  por  el  amor.  Procede  de  Heracha  en  el  mar 
de  Mármara,  la  antigua  Perintho. 

Hermosa  tabla  de  mármol  de  0,60  m.  de  longitud  por  0,50  m, 
de  altura  representando  en  relieve  muy  bajo,  indicio  seguro  de  su 


nada  con  el  nombre  de  Synnada  Migdoniensis.  En  la  época  romana  hicieron  tan  fre- 
cuente uso  de  él  los  ricos  patricios  de  la  ciudad  del  Tiber,  que  los  poetas  citaron  el 
mármol  frigio  como  emblema  del  lujo  y  de  la  riqueza  (Horacio,  lib.  ni,  od.  2.— Ovidio,, 
epístola  XV.— Tibulo,  elegía  3,  libro  xiii.)  De  este  mármol  está  fabricado  en  Roma  el 
Panteón  de  Agripa,  yerno  de  Augusto,  primer  emperador  romano.  Del  mismo  son  tam- 
bién las  hermosas  columnas  de  la  basílica  de  San  Pablo, /;íon /««rt,  que  estuvieron 
antes  en  la  tumba  de  Adriano. 

Pablo  el  silencioso,  secretario  de  Justiniano  I,  en  su  historia  de  Santa  Sofía,  dice  que 
la  tinta  general  de  este  mármol  era  un  blanco  lúcido,  con  manchas  casi  circulares  de 
color  rosa  y  violeta. 

Según  entraba  ( Ac;t!u.iov  )  una  variedad  de  esta  roca,  da,  en  cantidad  considerable, 
mármol  de  un  blanco  amarillento  de  grano  fino  y  muy  cristalizado,  que  sin  embargo  no 
ofrece  resistencia  á  la  labra,  respondiendo  á  todas  las  necesidades  que  se  exigen  para  el 
mármol  de  construcción.  Este  mármol  blanco  generalmente  se  encuentra  en  la  super- 
ficie de  la  cantera,  y  al  penetrar  en  sus  capas  interiores  se  le  halla  veteado  ó  manchado 
de  azul,  lila  y  violeta.  En  Europa  apenas  es  conocida  esta  calcárea  compacta  sacaroide 
que  lleva  grandes  ventajas  á  muchos  de  los  mármoles  estatuarios  y  de  construcción 
más  renombrados. 

En  la  antigüedad,  según  el  testimonio  de  Pausanias  (Ática,  lib.  i  cap.  18),  se  empleaba 
frecuentemente  este  hermoso  mármol  para  las  estatuas  policromas. 

La  pequeña  aldea  Seid-el-ar  (antigua  Docimia)  está  situada  en  la  entrada  de  estas  can- 
teras á  distancia  de  2  kilómetros  de  Eski  Kara-Hissar. 

Destruidos  los  antiguos  caminos  en  el  Asia  Menor  es  muy  difícil  designar  el  punto 
de  la  costa  donde  se  embarcarían  los  prodigiosos  monolitos  que  de  aquellas  canteras  se 
sacaban  para  fustes  de  columnas,  y  aquellas  tablas  de  tan  sorprendente  belleza  y  di- 
mensiones, y  que  tanto  admiraban  á  Strabon  (xii,  p.  577). 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    CONSTANTINOPLA.  315 

antigüedad,  a  Asclepios  o  Esculapio,  sentado,  teniendo  á  su  de- 
recha igualmente  sentada  á  Hygia,  que  con  una  copa  en  la  mano 
presenta  un  brebaje  á  una  serpiente.  Asclepios  so  apoya  en  una 
rama  de  árbol. 

Aunque  ya  de  la  época  romana,  pero  de  cincel  griego,  atrae  po- 
derosamente la  atención  del  viajero  y  del  artista,  en  aquel  na- 
ciente Museo,  otro  bajo-relieve  igualmente  de  mármol,  de  1,80  m. 
de  altura,  que  formaba  parte  de  un  grupo  perlenecieate  al  anti- 
guo arco  de  triunfo  elevado  por  Augusto  en  Tesalónica,  en  uno 
de  cuyos  lados  el  escultor  había  representado  la  genealogía  de 
Julio  César,  descendiente  de  Ascanio,  hijo  de  Eneas,  hijo  de  Ve- 
nus, al  decir  de  Virgilio  (JEneid,  i,  28G--288): 

Nascetur  pulclira  Trojanus  origine  Caesar. 
Imperium  Océano,  famam  qui  terrainet  a:ítris 
JuliuSj  a  Magno  demissum  nomen  Julo. 

Y  en  Otro  paraje  (Mn.  i,  267,  268): 

At  puer  Ascanius,  cui  nunc  cognomen  lulo 
Additur  (Ilns  erat,  dum  res  stetit  Ilia  regno.) 

Pasajes  por  donde  se  ve,  que  Ascanio  llevó  también  el  sobre- 
nombre de  Julo  llamándose  lio,  cuando  Ilion  y  su  gloria  fueron, 
de  cuyo  nombre  tomó  César  el  suyo,  como  nacido  de  la  sangre 
más  ilustre  de  los  troyanos. 

Este  Julo,  que  fué  considerado  como  el  fundador  de  Alba  Lon- 
ga,  el  padre  de  la  raza  romana,  el  antecesor  de  Rómulo,  el  tronco 
de  la  Gens  Julia,  de  donde  nació  Julio  César,  es  el  que,  en  los  ri- 
sueños años  de  su  adolescencia,  está  representado  en  el  hermoso 
relieve  de  puro  estilo  griego  que  nos  ocupa. 

El  joven  troyano,  todavía  imberbe,  está  de  pie,  desnudo,  la  ca- 
beza de  perfil,  vuelta  á  la  derecha,  y  el  cuerpo  más  vuelto  hacia 
adelante,  tres  cuartos  de  frente,  revelando  en  el  trazo  delicado  de 
sus  contornos  graciosos  y  simétricos  aquel  conjunto  de  finura, 
facilidad  y  energía,  cuyo  secreto  monopolizó  el  arte  griego  en  la 
antigüedad.  De  fisonomía  dulce  y  tranquila,  cubierta  la  cabeza 


316  nOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA.. 

con  el  sencillo  y  verdadero  gorro  frigio,  lleva  una  ligera  clámide 
echada  descuidadamente  sobre  el  hombro  izquierdo,  cuyo  brazo 
cae  á  lo  largo  del  torso,  sosteniendo  una  javelina,  que  apoya  en 
tierra  por  la  parte  del  hierro,  y  deja  ver  la  extremidad  de  un  aci- 
naces  dentro  de  su  vaina,  mientras  la  mano  derecha  se  apoya 
sobre  un  ovalado  escudo.  Nada  más  sencillo  que  esta  figura;  pero 
pocas  obras  del  arte  antiguo  reunirán  á  tanta  sencillez  mayor 
encanto. 

También  es  digno  de  especial  mención  un  relieve  marmóreo  de 
ios  llamados  hí^rj  (heróon) ,  ó  monumento  funerario,  enferma 
de  pequeño  templo  ó  xdicula,  que  lleva  un  cuadro  compuesto  de 
un  hombre  vestido,  una  mujer  con  velo  y  un  niño,  los  tres  de 
muy  poco  relieve.  Sobre  un  triclinium  ó  canapé  de  los  usados  por 
griegos  y  romanos  para  las  comidas,  está  recostado  el  primero, 
elevando  el  brazo  derecho  en  señal  de  invocación  ó  dedicatoria  al 
difunto,  en  cuyo  honor  se  celebra  el  banquete  fúnebre.  Sobre  un 
taburete  de  tres  pies  está  sentada  la  mujer,  envuelta  en  su  velo, 
demostrando  en  su  actitud  profundo  dolor,  y  en  una  mesa  tripo- 
diana  que  se  levanta  en  el  centro  se  ven  varios  platos,  algunos 
con  frutas,  á  las  cuales  tiende  la  mano  el  niño,  indiferente  al 
dolor  de  sus  padres. 

Los  monumentos  de  esta  clase  tuvieron  sn  origen  entre  los 
griegos,  y  sólo  se  labraron  en  un  principio  en  honor  de  sus  hé- 
roes deificados;  pero  después  se  usaron  también  por  lt)s  particu- 
lares, como  puede  deducirse  de  la  abundancia  con  que  se  encuen- 
tran tales  escenas,  no  sólo  en  los  monumentos  funerarios,  sino 
también  en  los  vasos  pintados. 

A  la  época  greco-romana  corresponde  una  notable  y  colosal  es- 
tatua de  marmol,  de  2,81  m.,  representando  á  Quinto  Cecilio  Mé- 
telo, llamado  CVeíjcus,  aquel  cónsul  romano  que  en  calidad  de  pro- 
cónsul clavó  las  enseñas  del  Lacio  por  vez  primera  en  la  tierra 
hasta  entonces  libre  é  independiente  de  Greta,  la  antigua  Aeria, 
así  llamada  tal  vez  por  los  Pelasgos  ó  Filisteos  de  raza  arya,  que 
la  poblaron.  Corría  el  año  686  de  la  fundación  de  Roma,  68  antes 
(juc  Jesucristo,  cuando  acudió  Mételo  á  vengarla  derrota  y  muerte 
del  pretor  Marco  Anlo-iio,  que  en  vano  intentó  impedir  que  los 
cretenses  ayudasen  con  sus  escuadras  á  los  piratas  que  infestaban 


EL    MUSEO    ARQUlíOLüGICO    DE    COXSTAN'TINOPLA.  317 

los  mares,  aniquilaban  el  comercio,  y  llevaban  la  desolación  y  l;i 
muerte  á  las  costas  de  Italia,  de  Sicilia  y  de  Egipto. 

Las  principales  poblaciones  de  Greta,  tales  como  Gortyna,  Knos- 
sos  y  Kydonia,  quisieron  oponerse  al  paso  del  inflexivc  descen- 
diente de  aquellos  Mételos  que  habían  conquistado  la  Sicilia  y 
vencido  á  los  cartagineses,  sojuzgado  la  Macedonia  y  sometido  .í 
Yugurta;  pero  batidos  completamente,  tomadas  sus  ciudades  una 
tras  otra,  á  pesar  de  la  heroica  resistencia  de  sus  defensores,  vie- 
ron por  último  caer  también,  al  empuje  do  las  invencibles  legio- 
nes romanas,  el  último  baluarte  de  su  independencia,  la  plaza 
fuerte  de  Hiérapytna,  en  el  centro  de  cuya  plaza  fué  erigida  la 
estatua  altiva  del  vencedor,  como  perenne  recuerdo  de  su  triunfo 
y  amenaza  permanente  de  la  nación  triunfante.  Esta  estatua  es  la 
misma  que  se  conserva  en  el  Museo  deConstantinopla,  habiendo 
sido  enviada  á  aquel  notable  depósito  arqueológico  por  Costaki 
Pacha  Adossides,  Mutessarif  de  Lassythi  en  la  isla  de  Greta,  un 
año  escaso  antes  de  nuestro  viaje. 

Encuéntrase  en  muy  buen  estado  de  conservación,  faltándole 
sólo  el  brazo  derecho,  que  probablemente  sostendría,  apoyándose 
en  ella,  á  juzgar  por  el  movimiento  general  de  la  figura,  una 
lanza.  Llévala  cabeza  ceñida  con  la  corona  de  laurel  y  la  fálera 
en  su  centro,  distinción  obtenida  por  su  importante  victoria,  que 
le  valió  el  renombre  de  Creticus.  Viste  el  guerrero  traje  de  su 
época,  sin  que  falte  ninguna  de  sus  piezas,  el  tJwracomachiim,  el 
pectoral,  enriquecido  con  figuras  que  representan  victorias  aladas 
coronando  á  Roma,  sostenida  por  la  loba  legendaria  de  Rómulo 
y  Remo,  y  la  lamina  aenea,  siendo  notables  los  ricos  y  adorna- 
dos coturnos  de  guerra  que  calzan  sus  pies,  bajo  uno  de  los  cuales 
tiene  sujeto  á  un  joven  cretense.  Esta  estatua,  para  mayor  igno- 
minia de  los  vencidos,  fué  costeada  por  ellos  mismos,  cumpliendo 
la  orden  ineludible  del  vencedor. 

Monumento  también  de  estilo  greco-romano,  aunque  de  la  época 
que  pudiéramos  llamar  del  renacimiento  del  arte  en  Roma,  el  pe- 
ríodo de  los  Antoninos,  consérvase  también  en  el  Musco  que  nos 
ocupa  un  sarcófago  con  altos  relieves,  á  cuya  composición  sirvo 
de  asunto  la  historia  de  Fcdra  y  de  Hipólito.  El  espacio  ocupado 
por  las  figuras  está  dividido  en  dos  compartimientos,  viéndose  en 


318  boletíx  de  la  real  academia  de  la  historla. 

uno  de  ellos  á  una  mujer  hermosa  sentada,  que  se  vuelve  hacia 
una  joven  colocada  detrás  de  ella;  en  un  ara  se  ve  á  Afrodita  con 
un  genio  alado.  Eros  ó  el  Amor  apunta  con  su  arco  á  Fedra,  mien- 
tras habla  con  olra  tercera  mujer;  y  en  el  otro  compartimiento  de 
la  derecha  hay  un  joven  sentado,  con  la  lanza  en  la  mano,  que 
mira  á  una  esclava,  la  cual  se  ocupa  en  colgar  en  un  templo  las 
astas  de  un  ciervo.  Todavía  se  ven  otra  figura  de  un  esclavo  con 
un  jabalí,  y  un  caballo  bebiendo  en  una  pila  cerca  de  un  i'iltimo 
personaje  desnudo.  Por  cima  de  toda  esta  composición  corre  una 
cornisa  jónica  sostenida  por  dos  cariátides,  que  se  apoyan  en  dos 
pedestales  con  un  perro  y  una  liebre.  En  el  otro  frente  del  sarcó- 
fago se  ve  á  una  mujer  dormida  y  un  héroe  en  el  acto  de  embar- 
carse, representando  acaso  á  Teseo  y  Ariadna,  y  en  los  laterales 
un  águila  y  una  esfinge. 

Algunas  otras  esculturas  de  bronce  consérvanse  también  en 
aquel  Museo  dignas  d3  estimación,  entre  las  cuales  figura  sobre 
todas  la  célebre  cabeza  de  la  Columna  Serpentina,  que  adornaba  el 
renombrado  Hipódromo;  una  estatua  de  bronce  (0,31  m.  de  altura) 
representando  á  Mermes,  el  Mercurio  de  los  romanos,  en  el  mo- 
mento de  lanzarse  al  espacio  con  un  pie  sobre  un  globo,  el  cadu- 
ceo en  la  mano  y  la  antorcha,  actitud  en  que  también  se  conser- 
van figuras  de  la  misma  divinidad  en  otros  museos;  otra  muy  no- 
table (altura  0,72  m.)  de  Hércules,  con  la  piel  del  león  Ñemeo  en 
el  brazo  izquierdo  y  la  clava  en  la  diestra,  procedentes  ambas  es- 
tatuas de  Monastir,  y  varias  figuras  grotescas  representando  á  Si- 
leno,  ó  bien  sátiros  y  faunos. 

De  artes  industriales  y  mixtas  hállanse  pocos  objetos;  la  cerá- 
mica está  representada  por  algunos  vasos  chipriotas,  iguales  á 
los  que  después  adquirí  en  Lernaca,  y  otros  griegos  pintados  de 
figuras  rojas  sobre  fondo  negro,  que  aunque  importantes,  como 
todos  los  de  su  clase,  no  ofrecen  motivo  de  especial  descripción. 

Consérvanse  también,  de  la  época  griega,  un  sello  de  bronce  y 
fragmentos  de  otros,  tan  sencillos  en  su  adorno  como  de  buen 
gusto;  espejos  lisos;  fragmentos  de  hojas  de  oro,  que  en  su  mayor 
parte  de])ieron  servir  para  diademas  ó  adornos  de  cabeza,  todos 
con  dibujos  y  aun  co',i  figuras  de  escaso  relieve,  repujadas;  y  cu- 
Ijiertas  de  urnas  cinerarias  de  bronce,  algún  tiempo  dorado. 


EL    MUSEO    ARQUEOLÓGICO    DE    COXSTANTINOPLA.  319 

Entre  los  objetos  arqueológicos  y  artísticos  que  en  aquel  Mu- 
«eo  se  coascrvan  de  la  época  bizantina,  son  notables,  un  busto  de 
hombre;  el  monumento  del  célebre  actor  Porfirios,  que  algún 
tiempo  estuvo  en  el  Hipódromo,  cuya  escultura,  de  tiempo  de 
Justino  II,  lleva  en  sus  cuatros  frentes  el  retrato  del  afortunado 
artista,  y  la  representación  de  la  salida  de  las  cuadrigas,  de  la 
carrera  y  del  triunfo  del  auriga  vencedor,  todo  lo  cual,  aunque 
ejecutado  de  una  manera  verdaderamente  bárbara  y  con  total 
olvido  de  las  buenas  tradiciones  artísticas^  es  importante  en  lo 
concerniente  á  su  relación  arqueológica,  pues  reproduce  fiel- 
mente cuadros  de  una  de  las  costumbres  más  características  de  la 
•época  á  que  se  refiere,  lo  mismo  que  otro  bajo  relieve  represen- 
tando juegos  del  circo,  de  peor  dibujo  todavía  que  el  anterior 
monumento  ,  conservado  también  en  aquel  depósito  de  anti- 
güedades; y  un  hajo  relieve  que  se  cree  representa  á  Cons- 
tante II,  en  el  que  se  ve  con  efecto  á  un  personaje  que  recuerda 
los  bustos  y  las  figuras  que  se  hallan  en  las  monedas  de  aquel 
■emperador. 

Del  mismo  estilo  bizantino  consérvanse  en  aquel  Museo,  dos 
grandes  sarcófagos  de  pórfido,  uno  de  ellos  completo  y  otro  más 
pequeño,  de  verde  cmtico;  otro  sarcófago  completo  de  pórfido;  dos 
■de  la  misma  materia,  sin  sus  respectivas  cubiertas;  una  de  estas 
•sola  sin  su  correspondiente  sarcófago;  un  fragmento  esculpido  de 
■otro,  en  el  que  se  ven  representados  genios  celebrando  las  ven- 
dimias sagradas;  y  un  obelisco  también  de  pórfido.  Excepción 
hecha  de  éste,  todos  los  demás  llevan,  por  solo  adorno,  una  ó 
muchas  cruces  bizantinas,  estrecha  y  sencilla  bordura,  y  el 
monograma  de  Cristo.  El  uno  de  ellos  es  de  forma  oval  y  los 
otros  rectangulares,  midiendo  más  de  2  m.  de  largo  por  IX  de 
alto;  y  las  cubiertas  en  sus  dos  caras  laterales,  y  por  lo  tanto  más 
estrechas,  figuran  frontones  de  templos  dóricos. 

Estos  monumentos,  de  gran  valor  por  la  materia  en  que  están 
labrados,  proceden  de  la  iglesia  de  los  Santos  Apóstoles,  fundada 
por  Constantino  el  Grande  para  panteón  imperial,  en  el  mismo 
«itio  que  ocupa  actualmente  la  mezquita  de  Mahomet  II,  y  se 
cree  sirvieron  de  sepulcros  á  Constantino  1,  y  Constancio  II, 
Juliano  el  Apóstata,  Teodosio  el  Grande,  Arcadio ,  Marciano  y 


320  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORLA. 

Pulquería,  y  que  el  obelisco  perteneció  á  la  tumba  de  Constantino 
el  Grande. 

Además  de  los  monumentos  y  objetos  citados,  hay  en  el  grupo 
bizantino  varias  inscripciones  y  epitafios  cristianos,  ya  griegos, 
ya  latinos,  y  abundantes  y  curiosos  ladrillos,  con  monogramas 
de  los  emperadores  reinantes  en  la  época  de  su  fabricación. 

Por  la  noticia  que  hemos  dado  de  los  objetos  m;is  notables  del 
Museo  de  Constantinopla,  se  ve,  que  si  bien  no  m.uy  considera- 
bles en  número,  los  hay  en  ól  de  la  mayor  importancia  para  la 
historia  de  la  antigüedad,  y  algunos  que  pueden  interesar  al  es- 
tudio histórico  del  arte  de  Bizauzio  en  España.  ¡Ojalá  se  cumplie- 
ran los  deseos  de  M.  Dumont,  y  se  quitase  de  Santa  Irene  el  de- 
pósito de  armas  que  ocupa  la  iglesia,  estableciendo  en  su  lugar 
un  verdadero  Museo  científicamente  organizado!  Ningún  edificio 
convendría  mejor  para  ello  que  aquel  templo,  único  resto  de  la 
antigua  y  opulenta  residencia  imperial  que  coronaba  en  mejores 
días  la  primera  colina  de  la  nueva  Roma,  y  una  de  las  obras  más 
perfectas  y  mejor  conservadas  del  prinútivo  arte  bizantino. 

J.  DE  Dios  de  la  Rada  y  Delgado. 


boletín 


DE   LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  iii.  Diciembre,  1883.  cuaderno  vi. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

En  la  catedral  de  Murcia,  nuestro  sabio  correspondiente,  Don 
Félix  Martínez  Espinosa,  ha  encontrado  la  bula  original  de  Ni- 
colao IV,  fechada  en  Rieti  á  13  de  Setiembre  de  1289,  cuyo 
traslado  auténtico,  del  año  1772,  procedente  del  archivo  del 
Vaticano  ha  visto  la  luz  pública  en  el  número  anterior  de  este 
Boletín  (1). 


D.  Javier  Fuentes  y  Ponte  ha  enviado  á  nuestra  Academia,  de 
la  que  es  correspondiente,  el  folleto  que  acaba  de  publicar  titulado 
Sumario  del  descubrimiento  de  los  restos  de  D.  Diego  Saavedra 
Fajardo.  En  este  opúsculo  se  hace  constar  que  el  hallazgo  tuvo 
lugar  el  27  (no  29)  de  Octubre  último;  y  que  fué  debido  princi- 
palmente á  la  actividad  y  buena  fortuna  del  autor. 


En  la  sesión  del  2  de  Noviembre  se  leyó  la  solicitud  que  las 
autoridades  de  la  diócesis,  provincia  y  ciudad  de  Murcia  hablan 
dirigido  al  Excmo.  Sr.  Director  de  la  Academia: 

«Excmo  Sr.:  Los  que  abajo  firman,  por  sí  y  en  representación 


(1)    Páginas  270-272. 

TOMO  111.  22 


322  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

de  la  diócesis  y  su  cabildo,  de  la  provincia  y  municipio  de 
Murcia,  con  motivo  del  hallazgo  de  los  restos  del  insigne  mur- 
ciano D.  Diego  Saavedra  Fajardo,  acuden  atentamente  á  esa  Real 
Academia  de  la  Historia,  manifestando  que  si  á  ella,  en  183(1,  se 
debió  que  se  salvasen  entonces  algunos  de  aquellos,  cuyo  lugav^ 
de  reposo  en  la  Real  Iglesia  de  San  Isidro,  de  esa  corte,  se  ha 
venido  ignorando  hasta  el  día  27  del  actual,  y  á  ella  se  debe 
también  su  identificación;  haría  ese  alto  é  ilustrado  Cuerpo  un 
honor  á  este  antiguo  reino,  cuna  de  aquel  distinguido  hombre  de 
Estado,  si  de  nuevo,  encargándose  de  los  predichos  restos,  inter- 
pusiera su  poderoso  valimiento  cerca  de  la  superioridad,  íi  ñn  de 
que  ésta  concediese  su  licencia  para  que  fuesen  trasladados  al 
templo  catedral  de  Murcia. 

Esta  es  la  súplica  que  se  permiten  dirigir  á  V.  E.,  sin  que 
duden  del  éxito  favorable,  por  lo  que  tributan  anticipadamente 
á  ese  alto  é  ilustrado  Cuerpo  el  testimonio  de  su  gratitud. —  Dios 
guarde  á  V.  E.  muchos  años. —  Murcia  31  de  Octubre  de  1883. — 
Diego  Mariano,  Obispo  de  Cartagena. — José  María  Díaz,  Gober- 
nador civil. — Andrés  Barrio,  Dean. — José  Esteve,  Presidente 
de  la  Exorna.  Diputación  provincial. — Eduardo  Riquelme,  Alcalde 
constitucional  de  Murcia. — Javier  Fuentes  y  Ponte,  iniciador 
del  centenario  y  de  la  traslación  de  los  restos.» 


El  Sr.  Marqués  de  Molins  ha  presentado  y  leido  con  gran 
satisfacción  de  la  Academia  el  extenso  informe  que  por  encargo 
de  la  misma  ha  hecho  acerca  de  lo  que  piden  las  autoridades 
de  Murcia. 


El  Sr.  Fuentes  y  Ponte  ha  puesto  á  disposición  de  la  Academia, 
para  que  se  conserven  en  su  archivo,  dos  documentos  originales 
manuscritos  de  alta  importancia  histórica.  Uno  es  la  memoria 
escrita  por  el  conde  de  Florida-blanca  con  este  encabezamiento 
autógrafo:  Puntos  principales  sobre  mi  conducta  ministerial.  El 
otro  documento  es  la  fe  de  mortuorio  de  aquel  gran  repúblico, 
único  ejemplar  que  queda  do  los  dos  que  se  hicieron,  ó  acta 


ACUERDOS    Y    DISCUSIONES    DE    LA   ACADEMIA.  32.'} 

duplicada  de  la  exposición  de  su  cadáver,  extendida  por  el  escri- 
bano público  de  Sevilla  D.  Antonio  Hermoso  Míguez  y  legalizada 
en  forma. 


,  La  Academia  ha  visto  con  agrado  dos  dibujos  del  mosaico  de 
Villasirga  que  mide  16  pies  en  cuadro  y  ofrece  muchos  puntos 
de  semejanza  con  el  que  fué  encontrado  debajo  del  altar  mayor 
de  la  catedral  compostelana  y  cuyo  diseño  han  publicado  los 
Sres.  Fita  y  Fernández-Guerra  en  su  libro  intitulado  fíecwercíos  de 
un  viaje  á  Santiago  de  Galicia,  pág.  71.  Uno  de  los  dibujos  sen- 
cillo y  exacto  ha  sido  ejecutado  por  la  Srta.  Doña  Guadalupe 
Martínez;  el  otro  iluminado  y  bellísimo,  lo  ha  remitido  el  pro- 
pietario del  mosaico  D.  Próculo  Garrachón. 


El  Diario  de  Tarragona  en  su  número  del  18  de  Noviembre  da 
la  noticia  de  haberse  encontrado  algunos  días  antes  la  lápida 
romana  de  mármol  jaspeado  del  país  que  lleva  el  número  4408 
en  la  colección  de  Hübner.  Esta  lápida  que  se  halla  en  ^1  mejor 
estado  de  conservación  se  trasladó  inmediatamente  al  Museo 
Arqueológico. 


Han  sido  remitidas  á  la  Academia  copias  de  nuevas  lápidas 
encontradas  en  el  despoblado  de  Iruña  y  copiadas  por  el  ilustrado 
párroco  de  Trespuentes  D.  Juan  Ochoa  de  Alaiza.  Asimismo  se 
han  enviado  por  sus  respectivos  autores  dos  folletos  interesantes 
á  la  historia  y  literatura  de  Galicia  y  de  las  Provincias  Vascon- 
gadas: Las  tradiciones  populares  acerca  del  sepulcro  del  apóstol 
Santiago,  por  D.  Antonio  López  Ferreiro;  Ensayo  acerca  de  las 
leyes  fonéticas  de  la  lengua  euskara^  por  D.  Arturo  Campión. 


Han  sido  nombrados  socios  honorarios  por  voto  unánime  de  la 
Academia  los  eminentes  filólogos  el  Príncipe  Luis  Luciano  Bona- 
parte  M.  Antoine  d'Abbadie,  miembro  del  Instituto  de  Francia, 
y  el  Dr.  A.  H.  Sayce,  catedrático  de  la  Universidad  de  Oxford. 


INFORMES. 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA. 


Acaso  en  el  largo  tiempo  que  pesa  sobre  mí  el  cargo  de  Anti- 
cuario de  esta  Real  Academia,  no  he  sentido  la  impresión  penosa 
que  ahora  me  causa  el  tener  qne  hablar  de  una  nueva  pérdida  y 
ruina  en  el  caudal  de  los  monumentos  arquitectónicos  que  otras 
edades  nos  legaron,  unidos  á  gloriosos  recuerdos.  No  pueden 
menos  de  entristecer  el  ánimo  los  documentos  sobre  que  el  se- 
ñor Director  se  ha  servido  pedirme  informe. 

Los  esenciales  son:  Exposición  del  Ayuntamiento  de  la  ciudad 
de  Zamora,  remitida  por  conducto  del  Gobernador  de  la  provin- 
cia, encareciendo  la  conveniencia  de  continuar  el  derribo  de  la 
puerta  de  Santa  Clara  y  del  cubo  á  ella  contiguo,  é  Informe  de 
la  Comisión  de  monumentos  históricos  y  artísticos  de  la  misma 
provincia  con  notas  y  diseños.  Y  á  reserva  de  pesar  las  razones 
de  cada  uno,  citando  oportunamente  los  de  ajena  procedencia 
que  á  la  comprobación  y  juicio  me  sirvan,  en  resumen  dicen  lo 
que  apunto: 

Para  dar  mayor  facilidad  al  tráfico,  y  doble  paso  álos  carruajes 
por  la  calle  de  Santa  Clara,  que  es  de  las  principales  de  la  ciudad, 
acordó  el  Ayuntamiento  el  derribo  de  la  puerta  de  la  muralla  con 
el  lienzo  de  esta  y  cubo  ó  torreón  contiguo,  publicando  subasta  y 
señalando  día  para  empezar  la  demolición,  en  la  inteligencia  de 
obrar  con  arreglo  á  las  atribuciones  de  la  ley  municipal.  Se  reu- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        325 

nió  con  este  motivo  la  Gomisióa  de  monumentos  presidida  por  el 
Gobernador,  acordó  á  su  vez  poner  el  caso  en  conocimiento  de 
las  Academias  de  la  Historia  y  de  San  Fernando ,  como  su  re- 
glamento preceptúa,  y  lo  comunicó  á  la  Corporación  concejil 
rogando  que  suspendiera  el  derribo  en  tanto  recaía  i-esolución  su- 
perior; pero  por  contestación  expuso  el  Ayuntamiento,  que  no  tra- 
tándose de  edificio  artístico  ó  histórico,  no  reconocía  en  la  Comi- 
sión competencia  para  mediar  en  el  asunto.  Reiteró  ésta  la  ges- 
tión con  sensatas  razones  en  pro  de  una  demora  que  no  prejuz- 
gaba en  modo  alguno  la  cuestión  de  atribuciones  ni  tenía  otro 
fin  que  el  de  consultar  á  las  Corporaciones  académicas,  cuya  de- 
claración creía  convenir  al  buen  concepto  de  la  ciudad;  y  como 
sirviera  este  acto  de  móvil  para  acelerar  la  obra  de  destrucción 
ya  comenzada,  la  Comisión  repitió  el  aviso  por  telégrafo  á  las 
Academias,  y  como  tuviese  en  cuenta  ser  época  de  vacaciones,  dio 
también  parte  al  Sr.  Director  de  Instrucción  pública,  el  cual  ce- 
losamente ordenó  la  suspensión. 

Entonces  redactó  el  Ayuntamiento  la  exposición  referida  con 
explicaciones  de  lo  ocurrido  y  defensa  de  su  acuerdo,  que  rogaba 
se  le  consintiera  ejecutar.  Procedió  esta  Academia  á  la  tramita- 
ción del  expediente,  encargando  á  la  Comisión  provincial  que  re- 
mitiese fotografías,  y  en  su  defecto  dibujos  y  planos,  acompaña- 
dos de  las  explicaciones  necesarias.  Pero  entre  tanto,  sin  esperar 
el  resultado  de  la  repetida  exposición ,  sin  que  orden  superior, 
que  conste,  revocara  la  existente,  el  Ayuntamiento  por  sí  dispuso 
continuar  el  derribo  del  torreón,  para  lo  que  esta  vez  se  emplea- 
ron barrenos  de  pólvora  como  medio  más  rápido,  según  nos  dice 
la  Comisión  de  monumentos.  , 

Hace  al  propio  tiempo  la  Comisión  una  advertencia  que  es  de 
consignar  aquí,  á  saber:  que  ni  en  la  presente  ocasión  ni  en  otra 
alguna,  se  ha  opuesto  por  sistema  á  mejoras  locales  que  no  afec- 
ten á  edificios  de  carácter  verdaderamente  monumental;  y  no  ha 
hecho  ahora  objeción  al  derribo  de  la  puerta  y  muralla  de 
Santa  Clara  en  la  extensión  que  se  considerara  necesaria  á  la 
amplitud  de  la  vía  pública ,  y  sí  sólo  al  del  torreón  que  sin  in- 
conveniente alguno  podía  conservarse  como  recuerdo  el  más 
digno  de  respeto. 


326  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Consultando  antecedentes  históricos,  encuentra  que  desde  la 
remota  fecha  en  que  Zamora  fué  blanco  en  el  deseo  de  moros  y 
cristianos,  como  paso  obligado  del  Duero;  desde  que  Alfonso  III 
logró  fijar  la  frontera  en  este  río ,  se  debieron  levantar  y  se  le- 
vantaron sin  duda  fortificaciones  en  el  lugar  que  ocupa  el  torreón, 
Tínico  sitio  de  acceso  llano  y  fácil  al  que  sirve  de  asiento  á  la  ciu- 
dad, y  padecieron  las  obras  defensivas  las  vicisitudes  consiguien- 
tes á  las  acometidas  y  triunfos  alternativamente  conseguidos.  La 
trasformación  última  del  llamado  cubo  de  Santa  Clara,  según  los 
que  informan,  data  del  tiempo  en  que  se  llevaron  á  cabo  las 
obras  de  restauración  general  emprendidas  por  D.  Fernando  el 
Magno  en  la  postrera  mitad  del  siglo  xi ;  y  esto  se  acredita  por 
no  haber  en  los  recintos  sucesivos,  flanqueados  por  gran  número 
de  torreones  de  planta  cuadrada  ó  circular,  más  que  dos  de  espe- 
cial fábrica,  notablemente  distintos  en  su  forma,  en  su  altura  y 
aun  en  la  disposición  de  los  sillares:  el  uno,  ya  modificado,  que 
se  halla  en  la  extremidad  meridional  de  la  ciudad ,  dentro  de  la 
cindadela  ó  castillo;  el  otro,  en  la  opuesta  del  Norte,  que  es  el  de 
que  se  trata  y  que  por  mantenerse  intacto,  por  único  en  la  belleza 
artística,  unida  al  venerando  recuerdo  de  tan  codiciado  baluarte 
de  la  cristiandad,  amparaba  la  Comisión  en  sus  recomendaciones 
al  Ayuntamiento. 

No  es  menester  tan  extenso  resumen  para  que  la  idea  que  im- 
pulsó á  la  Corporación  municipal  sea  conocida;  "basta  el  siguiente 
párrafo  de  su  exposición : 

«Todo  el  mundo  sabe  que  en  España  no  hay  restos  de  castillo, 
de  torre  ni  de  muro,  que  no  represente  los  heroicos  esfuerzos  de 
nuestros  padres  durante  la  gloriosa  época  de  la  reconquista;  y 
sin  embargo,  aquellos  monumentos  han  desaparecido,  no  por 
incuria  ni  por  afán  de  destruir,  sino  porque  lo  han  exigido  las 
necesidades  de  los  pueblos,  que  para  extenderse  han  tenido  que 
ocupar  los  solares  de  los  castillos  y  de  las  fortalezas;  y  porque  los 
hechos  gloriosos  que  unos  y  otros  representaban,  consignados 
están  en  la  historia,  que  es  un  recuerdo  vivo  é  imperecedero, 
bastante  por  sí  solo  para  mantener  inextinguible  el  fuego  sagrado 
del  orgullo  nacional...  ¿Qué  queda  de  los  castillos  de  Peñausende 
de  Caslrotorafe,  de  Fermoselle,  de  Torrefrades  y  otros  cien  pun- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        327 

tos  de  esta  provincia?  Grandes  montones  de  piedra  que  los  veci- 
nos de  los  pueblos  inmediatos  utilizan  para  construir  sus  vivien- 
das, sin  que  por  eso  se  olviden,  porque  la  historia  se  lo  enseña, 
que  fueron  un  día  la  linea  de  defensa  de  las  fronteras  del  reino 
de  León,  y  que  en  ellos  se  estrell(3  más  de  una  vez  el  furor  de  las 
huestes  agarenas.»  * 

Por  otro  lado,  opina  que  «si  las  murallas,  en  tesis  general,  aho- 
gan á  las  poblaciones,  las  de  la  puerta  de  Santa  Clara  con  el 
cubo,  supuesta  fábrica  de  Fernando  el  Magno,  cuando  en  reali- 
dad es  construcción  de  principios  del  siglo  xviii,  cortando  las 
corrientes  del  aire  del  Norte  y  de  Levante,  reconocidas  como  las 
más  puras,  son  perjudiciales  al  saneamiento  de  los  edificios  habi- 
tados; y  el  Ayuntamiento  puede  economizarse  la  molestia  de 
justificar  una  medida  higiénica  y  de  salubridad  general  del 
pueblo...» 

Es  de  advertir  que  tanto  la  Corporación  popular  como  la  Co- 
misión de  monumentos,  cada  cual  apoya  sus  opiniones  encontra- 
das, en  datos  ó  deducciones  de  la  obra  que  recientemente  ha  pu- 
blicado nuestro  diligente  y  sabio  colega  el  Sr.  D.  Cesáreo  Fer- 
nández Duro  con  el  título  de  Memorias  históricas  de  Zamora,  y 
la  disparidad  me  ha  obligado  á  repasarla  antes  de  emitir  juicio 
propio. 

El  historiador  zamorano  recoge  en  las  antiguas  crónicas  cuanto 
se  sabe  de  los  sucesos  concernientes  á  la  reconquista.  A  partir  de 
la  destrucción  de  la  ciudad  por  Almanzor,  cuenta  cómo  empezó 
á  restaurarla  Alfonso  V;  el  incremento  que  á  la  edificación  dio 
Fernando  I;  y  cómo  después  de  conquistada  Toledo,  ensancha- 
das las  fronteras  del  reino  y  necesitada  de  expansión  la  gente, 
crecieron  las  pueblas  exteriores  de  Zamora,  viniendo  á  ser  el 
reinado  del  emperador  Alfonso  VII  el  más  fecundo  en  beneficios 
materiales,  como  ni  más  ni  menos  el  de  Alfonso  IX,  príncipe 
que  nacido  en  esta  ciudad,  las^aumentó,  y  cuya  época  debe 
considerarse  como  término  del  período  monumental  zamorano. 
Con  patente  amor  al  pueblo  que  le  dio  cuna  va  el  Sr.  Fernández 
Duro  señalando  la  época  y  el  mérito  de  los  edificios  notables,  y 
advierte  que  ya  D.  José  Caveda,  de  grata  y  respetada  memoria 
para  la  Academia ,  calificó  los  muros  de  Zamora  en  el  Ensayo 


328  BOLETÍN   DE    LA.   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

sobre  los  diversos  géneros  de  arquitectura  de  España,  como  de  las 
construcciones  del  estilo  romano-bizantino  más  estimables  del 
siglo  XI.  No  aventura  nuestro  compañero  opinión  que  no  tenga 
apoyo  en  documentos  de  los  muchos  inéditos  é  interesantes  que 
ha  conseguido  reunir,  y  no  faltan  en  su  colección  algunos  que 
ofrezcan  indicios  claros  de  la  antiquísima  existencia  del  Torreón 
de  Santa  Clara.  Abarcando  el  sitio  que  ocupa,  se  extendieron  por 
un  lado,  la  puebla  del  Valle,  con  fuero  especial  que  confirmó  el 
conde  D.  Ramón  ó  Raimundo  el  año  1094;  por  otro,  la  puebla  de 
San  Torcaz,  de  cuyo  concejo,  también  independiente,  y  del  mo- 
nasterio del  mismo  nombre  se  trata  en  donaciones  del  año  1139. 
Entre  los  términos  de  ambas  pueblas  ó  burgos,  avanzado  centi- 
nela de  ellas,  se  alza  precisamente  aquella  histórica  fortaleza, 
muy  de  cuenta  en  su  tiempo. 

El  correspondiente  de  nuestra  Academia  D,  Tomás  María  Gar- 
nacho,  defendiendo  las  murallas  contra  arremetidas  anteriores, 
de  estas  modernas,  más  destructoras  que  las  cavas  de  D.  Sancho 
el  Fuerte,  indicó  en  su  libro  la  hermosura  del  soberbio  torreón 
almenado  de  la  puerta  de  Santa  Clara,  entre  los  restos  de  anti- 
güedades notables  que  Zamora  posee,  como  excepción  recomen- 
dada al  implacable  ejercicio  de  la  piqueta;  y  discurrió  con  razo- 
nable criterio  sobre  lo  que  sería  aquel  pueblo  si,  dejando  al  des- 
cubierto el  pobre  caserío,  se  echaran  por  tierra  además  las  nobles 
edificaciones  interiores,  á  cuya  contemplación  acuden  todavía  los 
amantes  de  las  bellas  artes. 

Los  excelentes  dibujos  enviados  por  la  Comisión  de  monumen- 
tos completan  la  ilustración  de  los  antecedentes. 

El  torreón  que  motivó  el  informe,  se  representa  mirado  desde 
el  norte,  ó  sea  desde  la  parte  exterior  de  la  muralla,  que  es  desde 
donde  se  descubren  en  toda  la  altura  sus  bellas  proporciones.  La 
planta  es  un  octógono  regular,  y  forman  las  caras  del  prisma  si- 
llares bien  labrados,  en  perfecta,  conservación  por  aquella  parte  y 
no  tan  bien  en  la  opuesta,  batida  por  las  aguas  y  vientos  predo- 
minantes en  el  invierno.  Atraviesa  al  torreón,  de  lado  á  lado,  una 
galería  con  bóveda  de  arco  ligeramente  apuntado,  como  el  de  las 
•dos  puertas  en  que  termina  (ejemplar  que  se  repite  en  otra  torre 
-antigua  de  las  de  Zamora) ,  y  remata,  ó  más  bien  remataba  hasta 


PUERTA  Y  CUCO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.       329 


Torreón  y  puerta  de  Santa  Clara  en  Zamora. 


330  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

ahora,  en  lo  alto,  con  almenas  puntiagudas,  sin  labor  ó  adorno  de 
ninguna  especie.  Reúne  la  fábrica  las  condiciones  de  fortaleza, 
severidad  y  elegancia  que  tan  hábilmente  supieron  armonizar 
los  alarifes  mudejares  toledanos,  cuya  presencia  en  la  restaura- 
ción de  Zamora  comprueban  las  investigaciones  de  los  académi- 
cos, nuestros  compañeros,  Sres.  Fernández  y  González,  Codera  y 
Fernández  Duro;  bien  que  sin  ellas  parezca  descubrirse  la  mano 
de  aquellos  operarios,  en  la  sección  poligonal  del  edificio,  seme- 
jante á  la  de  la  torre  del  Oro  de  Sevilla,  en  el  arco  de  la  galería  y 
en  el  poético  almenaje,  que  marcan  la  obra  con  el  sello  peculiar 
de  aquella  arquitectura.  Los  límites  de  la  erección  pueden  conje- 
turarse entre  mediados  del  siglo  xi  y  mediados  del  siguiente,  por 
el  dato  importante  que  suministra  el  restablecimiento  de  la  Sede 
zamorana.  Sabido  es  que  el  primer  obispo ,  D.  Bernardo,  trajo 
de  Claraval  con  los  monjes  y  los  macones  franceses  un  gusto 
nuevo,  y  echó  á  un  lado  las  tradiciones  del  arte  con  los  mode- 
los á  que  se  ajustaron  la  Catedral,  la  Magdalena  y  otros  edificios 
no  menos  conocidos,  desde  el  año  11-24  en  que  empezó  su  pon- 
tificado. 

He  tenido  á  la  vista  el  plano  de  la  ciudad  y  sus  alrededores, 
donde  el  torreón  de  Santa  Clara  ocupa  el  vértice  de  un  ángulo 
próximamente  recto  que  forman  la  calle  principal  del  mismo 
nombre  y  la  ronda  ó  carretera  exterior;  de  manera  que  ni  para 
el  ensanche  de  la  entrada,  ni  para  la  prolongación  de  la  vía,  ni 
para  la  edificación  en  cualquier  sentido  ofrecía  obstáculo,  y  por 
el  contrario  se  había  de  apreciar  por  ornato  no  común.  Este  co- 
nocimiento me  obliga,  bien  á  pesar  mío,  á  deducir  que  el  Ayun- 
tamiento de  Zamora,  deliberada  y  caprichosamente ,  ha  desoido 
las  atinadas  indicaciones  que  á  tiempo  se  le  hicieron  por  quien 
podía  y  debía  presentarlas;  ha  infringido  el  Real  decreto  vigente 
de  16  de  Diciembre  de  1873;  y  ha  menospreciado  la  orden  que  re- 
cibió do  suspender  los  trabajos  de  demolición,  al  derribar  un  mo- 
numento estimable  así  en  el  concepto  artístico  como  en  el  his- 
tórico. 

¿Tanta  era  la  urgencia  del  caso  que  no  consentía  prolongar 
algunos  meses  la  exi.itcncia  secular  de  la  torre?  ¿Tan  ligera  pa- 
recía á  los  concejales  la  responsabilidad  en  que  habían  de  incu- 


PUERTA  Y  CUBO  DE  SANTA  CLARA  DE  ZAMORA.        33 1 

rrir  no  llenando  los  trámites  y  requisitos  legales  para  dar  Ijuena 
cuenta  de  los  intereses  que  administran? 

La  singular  afirmación  de  bastar  las  páginas  de  la  historia  á 
mantener  vivo  el  recuerdo  de  nuestras  glorias,  responde,  expli- 
cando de  paso  por  qué  no  existen  ya  en  la  provincia  los  castillos 
que  se  mencionan,  los  monasterios  y  otros  edificios  que  se  dejan 
de  mencionar,  y  que  generaciones  sensatas  se  habrían  apresu- 
rado á  conservar  costase  lo  que  costase. 

Páginas  vivas  de  la  historia  son  esas,  despreciadas  por  la  igno» 
rancia  ó  falta  de  patriotismo,  obras  de  otras  generaciones,  que 
dicen  á  los  sentidos  y  al  alma  lo  que  en  ausencia  suya  no  ex- 
presarán nunca  las  páginas  escritas;  hojas  en  que  leen  el  igno- 
rante y  el  sabio;  que  engrandecen  el  espíritu  popular;  que  inspi- 
ran y  completan  la  lección  del  romance  y  el  drama;  que  herma- 
nan las  sublimes  concepciones  de  las  artes  bellas;  que  ofrecen, 
en  fin,  demostración  evidente  de  la  cultura  de  los  pueblos  no 
atenidos  á  la  grosera  materialidad.  Que  haya  quien  no  las  com- 
prenda ni  las  estime  ¿quién  lo  duda?  Para  los  ciegos  no  alumbra 
el  sol.  Hablando  ásu  alcance,  habría  que  explicarles  que  los  mo- 
numentos son  en  ciertas  poblaciones  lo  que  los  grabados  en  el 
libro  impreso  en  lengua  desconocida:  si  el  volumen  cae  en  manos 
de  niño  travieso  y  mal  educado  que  arranca  las  láminas ,  el  libro 
es  inútil. 

Dura  es  la  necesidad  de  hacer  notoria  la  censura  que  merece 
el  Ayuntamiento  de  Zamora;  pero  ante  el  riesgo  que  corren 
otras  antigüedades,  con  vista  de  la  repetición  frecuente  de  haza- 
ñas semejantes,  en  otras  poblaciones,  alentados  por  la  indiferencia 
y  la  impunidad  los  que  tal  hacen,  y  guiados  á  veces  por  miras  bas- 
tardas, cumple  á  mi  juicio  que  la  Academia  deje  oir  su  voz  au- 
torizada y  denuncie  al  Gobierno  de  S.  M.  el  peligro  que  amaga 
al  concepto  nacional,  y  pida  como  corrección  y  ejemplar  prove- 
choso que  se  cumplan  sin  contemplación  ni  miramiento  ninguno 
las  prescripciones  del  citado  Real  decreto  de  16  de  Diciembre 
de  1873.  Y  que  en  virtud  de  él,  se  proceda  desde  luego  á  restaurar 
el  torreón  de  Santa  Clara  hasta  dejarlo  en  el  estado  y  forma  que 
tenía,  con  arreglo  al  exacto  dibujo  con  tanta  previsión  formado 
por  la  Comisión  provincial  de  Monumentos. 


o'3'2  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Pienso  que  al  propio  fin  ejemplar  y  al  del  general  interés,  con- 
vendrá que  se  publique  lo  ocurrido  en  Zamora,  y  se  acompañe 
grabado  de  la  torre.  Adoptada  que  sea  esta  resolución  urgente, 
la  Academia  debiera  meditar  si  es  llegada  la  oportunidad  de  ins- 
tar por  un  proyecto  de  ley  que,  á  semejanza  de  la  que  adoptó  el 
Senado  y  Pueblo  romano  y  de  las  que  otras  naciones  tienen, 
afiance  la  conservación  de  los  monumentos  artísticos  é  históri- 
cos. También  la  Academia  verá  si  importa  manifestar  al  Go- 
bierno la  conveniencia  de  vulgarizar  una  cartilla  ó  prontuario 
arqueológicos,  destinados  á  formar  en  los  Institutos,  en  los  Semi- 
narios y  demás  centros  de  pública  enseñanza  el  gusto  de  la  ju- 
ventud y  á  infundirle  el  respeto  á  los  monumentos ,  que  son  or- 
namento, lustre  y  realce  de  la  patria. 

En  algún  modo  suaviza  lo  desagradable  del  encargo  que  des- 
empeño, el  justo  reconocimiento  que  se  debe  á  la  prudencia, 
ilustración  y  celo  con  que  la  Comisión  provincial  de  Monumen- 
tos de  Zamora,  para  honra  suya  y  de  la  ciudad  en  que  reside,  ha 
procedido.  Mucho  me  complace  reconocerlos,  al  someter  mis  ob- 
servaciones á  la  sabiduría  de  la  Academia. 

Madrid  2  de  Octubre  de  1883. 

AURELIANO    FeRNÁNDEZ-GuERRA. 


II. 

LA  C.^.LAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA. 


Cuentan  en  el  Escorial,  que  cuando  estuvo  allí  M.  Thiers  y 
subió  al  cimborrio,  para  dominar  desde  aquel  paraje,  no  sola- 
mente el  conjunto  del  edificio,  sino  también  el  panorama  que  des- 
de allí  se  descubre,  hi:bo  de  lanzar  alguna  frase  de  vilipendio  sobre 
la  incuria  de  España,  al  observar  las  ruinas  de  la  casa  de  la  ba- 


LA  CALAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA.  333 

llestería  y  otras  de  las  que  rodean  el  edificio.  El  ciego  Cornelio, 
que  le  servía  de  Cicerone,  como  á  casi  todos  los  viajeros  y  tou- 
ristas,  le  dijo  con  tono  socarrón: — «Esas  son  las  gangas  que  nos 
dejaron  por  aquí  los  soldados  de  Napoleón,  paisanos  de  V.»  No 
sé  hasta  qué  punto  será  cierta  la  anecdo lilla,  que  en  letras  de 
molde  la  he  leido:  si  non  é  vero,  e  ben  trovato. 

Y  en  efecto ,  como  decía  en  aquella  misma  iglesia  el  respetable 
P.  Guadalupe,  cuando  con  su  habitual  parsimonia  enseñaba  las 
reliquias,  «los  franceses  (omito  un  adjetivo)  nos  llevaron  el  oro  y 
la  plata,  pero  afortunadamente  nos  dejaron  el  hierro  de  la  parrilla 
en  que  fué  martirizado  el  bendito  San  Lorenzo.» 

No  en  todas  las  iglesias  se  podría  decir  lo  mismo,  ü  otro  tanto, 
pues  profanaron  muchas  reliquias  y  destruyeron  no  pocas:  ade- 
más, lo  que  no  era  plata  ú  oro  lo  destrozaban,  y,  no  contentos  con 
asesinar  vivos,  se  dieron  á  maltratar  muertos.  Se  comprende  que 
tuvieran  ojeriza  al  antipapa  Pedro  de  Luna,  á  quien  los  mayores 
de  ellos  hicieron  Papa ,  y  luego  persiguieron  cuando  le  hallaron 
poco  dócil  á  sus  insinuaciones;  y  que,  al  llegar  al  castillo  feudal 
de  Yllueca,  propiedad  de  la  casa  de  Luna  y  condes  de  Morata,  y 
hallar  allí  su  momia  íntegra  y  bien  conservada,  la  tirasen  por 
un  balcón,  la  arrastraran  por  las  calles  y  le  cortasen  la  cabeza  á 
cercén,  cabeza  que  hoy  se  conserva  en  el  palacio  de  los  condes  de 
Argillo  en  Sabiñán.  Compréndese  también  que  tuviesen  ojeriza 
al  duque  de  Alba,  que  dio  también  malos  ratos  á  los  antiguos 
guerreros  franceses;  y,  que,  por  tanto,  le  desenterrasen  de  su 
sepulcro  en  la  gran  iglesia  de  de  San  Esteban  de  Salamanca  y 
destrozasen  sus  restos,  robaran  su  espada,  y  arrastrasen  su  ca- 
dáver y  el  del  cardenal  Toledo ,  fundador  de  la  iglesia  y  los  de 
otros  personajes  de  la  familia,  que,  si  [dieron  que  hacer  en  vida 
á  los  franceses,  allí  reposaban  pacíficamente. 

Y  no  seguiré  enumerando  el  largo  catálogo  de  otras  iguales 
profanaciones  de  restos  mortales  de  personajes  célebres,  santos 
obispos,  guerreros  célebres,  incluso  el  Cid,  políticos  discretos  y 
afamados ,  sino  que  me  concretaré  al  del  célebre  D.  Iñigo  López 
de  Mendoza,  primer  conde  de  Tendilla,  uno  de  los  más  ilustres 
personajes  que  intervinieron  en  la  conquista  de  Granada. 

Al  otorgar  testamento,  mandó  este  buen  conde,  el  primero  de 


334  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

SU  título,  que  se  trajesen  sus  restos  mortales  á  su  monasterio  de 
Santa  Ana,  patronato  suyo  y  de  su  casa  por  fundación  y  dotación. 
Con  su  manto  de  caballero  de  Santiago  se  le  enterró  en  rico  y 
fuerte  ataúd,  en  una  alhacena  al  lado  del  Evangelio  junto  al 
altar  mayor.  Cerraban  la  alhacena  fuertes  puertas  y  tenían  las 
dos  llaves  de  ellas  y  del  ataúd  los  condes,  sus  descendientes  y 
el  prior  del  monasterio  de  Jerónimos.  Allí  se  colocaron  además, 
las  estatuas  yacentes  de  él  y  de  su  mujer,  sobre  ricos  túmulos 
góticos,  teniendo  él  á  sus  pies  un  paje  que  parecía  velar  su  sueño 
eterno,  y  ella  una  dueña  en  actitud  doliente. 

Guando  á  fines  del  siglo  pasado  vino  á  Tendilla  el  marqués 
de  Bélgida,  su  descendiente  y  sucesor  en  los  títulos,  vínculos  y 
derechos  del  condado  de  Tendilla,  se  procedió,  reunidas  las  dos 
llaves,  á  la  apertura  de  la  alhacena,  y  sacando  el  ataúd  con  re- 
ligioso aparato  se  le  colocó  en  medio  de  la  iglesia,  donde  le 
pudo  ver  despacio  todo  el  pueblo,  observando  todavía  sus  fac- 
ciones acartonadas  ó  momificadas ,  y  viendo  el  esqueleto  con  el 
manto  de  caballero  de  Santiago,  el  cual  conservaba  sus  cordo- 
nes y  borlas,  distinguiéndose  aún  las  franjas  y  bordados  de  su 
vestido. 

Pocos  años  después  en  la  noche  del  15  de  Enero  de  1809,  inva- 
dieron el  pueblo  las  tropas  francesas,  saquearon  el  monasterio  y 
la  iglesia  y  violentaron  las  puertas  de  la  alhacena,  creyendo  quiz;í 
encontrar  algún  tesoro;  mas  hallando  solo  el  ataúd,  lo  rompieron, 
destrozaron  el  cadáver,  y,  poniendo  en  la  calavera  un  cabo  de 
vela,  hicieron  con  ella  una  ridicula  procesión,  remedando  los 
cánticos  fúnebres  de  la  iglesia  ,  que  oía  con  indignación  mal 
comprimida  el  aterrado  y  maltratado  vecindario  de  Tendilla, 
cuyas  casas  habían  saqueado  á  mansalva,  pues  ninguna  resisten- 
cia se  les  había  hecho. 

Y  como  si  no  fueran  bastantes  tanta  impiedad  y  tan  feroz  y  sal- 
vaje profanación  de  los  invasores,  siguió  á  ella  la  habitual  incu- 
ria de  los  españoles,  y,  ni  la  casa  de  Bélgida,  ni  los  monjes  se 
cuidaron  de  recoger  y  conservar  los  restos  en  un  ataúd,  por 
modesto  que  fuese,  ni  volverlos  á  la  alhacena,  y  á  reponer  las 
llaves,  sino  que,  cogjendo  la  calavera  y  los  restos  que  por  allí  se 
hallaron,  los  pusieron  debajo  de  la  mesa  del  altar  mayor,  donde 


LA    CALAVERA    DEL    GONCE   DE    TENDILLA.  335 

no  debían  estar  según  las  reglas  litúrgicas,  no  siendo  reliquias 
de  ningún  santo. 

Los  que  utilizaban  las  rentas  que  él  les  dejara,  ¿no  podían  entre 
todos  reunir  la  enorme  cantidad  de  unos  cien  reales  para  hacer 
una  caja  de  pino  con  dos  cerraduras,  y  arreglar  las  puertas  de  la 
alhacena,  y  volver  á  su  sitio  los  restos  mortales  del  honrado  y 
generoso  primer  conde  de  Tendilla?  La  impp,rcialidad  exige  que 
al  censurar  la  brutalidad  de  los  invasores,  acusemos  también 
acerbamente  la  incuria  de  los  nuestros. 

No  se  diga  que  estas  cosas  se  debeu  callar:  no  se  diga  que  se 
tenga  compasión  con  la  memoria  de  los  que  no  lo  hicieron,  bus- 
cando atenuaciones  en  la  penuria,  en  la  inadvertencia,  y  en  la 
urgencia  de  mayores  apuros.  Ese  olvido,  ese  descuido,  esa  inad- 
vertencia, esa  nueva  profanación,  son  actos  de  ingratitud,  y,  como 
de  ingratitud,  vituperables  y  punibles.  Para  esos  castigos  sirve  la 
Historia,  la  cual,  semejante  al  tribunal  de  Minos  que  fingió  la  fá- 
bula, tiene  la  misión  de  residenciar  á  los  muertos,  y  no  como 
quiera  á  los  individuos,  sino  á  las  colectividades,  cualesquiera 
que  sean,  y,  al  flagelar  con  su  crítica  imparcial,  pero  inexorable, 
los  vicios,  la  incuria,  los  errores,  las  profanaciones,  las  ingrati- 
tudes de  los  pueblos  y  de  las  corporaciones ,  como  también  las  de 
los  individuos  que  ya  dieron  cuenta  particular  á  Dios  verdadero 
ante  su  tribunal  eterno,  omnipotente  y  justo,  enseña  á  los  vivos 
y  á  las  corporaciones  y  á  los  pueblos  y  á  los  gobiernos,  lo  que  les 
aguarda  para  en  su  día ,  y  lo  que  se  hará  con  ellos  acusándolos 
ante  las  generaciones  venideras,  cuando  la  historiado  entonces 
venga  á  decir  lo  que  ahora  quizá ,  ó  se  calla  por  respeto,  ó  no  se 
puede  acusar  sin  lastimar  altas  consideraciones. 

Y  en  efecto,  aun  con  relación  á  la  malparada,  abandonada  y  ol- 
vidada calavera  del  conde  de  Tendilla  se  vino  á  descubrir  su 
paradero,  cuando  menos  se  podría  esperar.  Los  monjes,  que  ha- 
bían vuelto  á  Tendilla  en  1814,  fueron  expulsados  en  1822.  Vol- 
vieron en  18:25  y  fueron  otra  vez  expulsados  en  1835.  En  este  si- 
glo duran  las  cosas  en  España  diez  años  á  todo  rabiar,  y  es  muy 
oportuna  la  frase,  pues  se  pasan  entre  tanto  algunas  temporadas 
rabiando ,  aunque  sin  hidrofobia,  por  misericordia  especial. 

Diez  años  después,  en  1845,  la  Comisión  de  Monumentos  de 


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Guadalajara,  cumpliendo  con  su  deber,  quiso  averiguar  el  para- 
dero de  los  restos  mortales  de  D.  íñigo  López  de  Mendoza,  uno 
de  los  opulentos  magnates  de  aquella  célebre. casa,  cuyas  glorias 
van  estrechamente  unidas  á  las  de  la  ciudad  y  aun  á  las  de  la 
provincia  en  gran  parte. 

A  fines  de  Octubre  de  dicho  año  pasó  á  Tendilla  el  secretario 
de  la  Comisión  de  Monumentos  de  aquella  provincia,  D.  Fernando 
Ahumada,  por  encargo  y  comisión  de  la  misma,  á  investigar  el 
paradero  de  los  restos  mortales  de  aquel  personaje  y  el  estado  de 
su  sepulcro.  El  convento  se  había  vendido,  la  iglesia  estaba  sin 
culto:  el  secretario  hubo  de  impetrar  permiso  del  dueño  del  con- 
vento para  entrar  en  la  iglesia  á  cumplir  su  cometido.  Allí  no 
había  ya  ni  altares,  ni  epitafios,  ni  vestigios  de  tal  cosa:  una  fá- 
brica de  mampostería  indicaba  solamente  donde  había  estado  el 
altar  mayor. 

El  dueño  del  convento,  D.  Pedro  Díaz  de  Yela,  abogado  de 
Tendilla,  proporcionó  tres  trabajadores  para  que  se  hicieran  ex- 
cavaciones donde  fuera  necesario.  Los  ancianos  que  acompañaban 
al  Sr.  Ahumada  recordaban,  no  solamente  el  paraje  donde  había 
sido  enterrado,  sino  también  el  estado  del  cadáver  cuando  se  le 
expuso  al  público  á  fines  del  siglo  pasado,  y  las  horribles  escenas 
de  la  funesta  noche  del  15  de  Enero  de  1809.  Se  cavó  en  varios 
parajes  del  presbiterio,  se  picó  en  las  paredes  contiguas,  pero  nada 
se  pudo  hallar.  Por  algún  indicio  que  sé  tenía  de  que  se  habían 
metido  algunos  restos  del  cadáver  debajo  del  altar  mayor,  se  hizo 
que  uno  de  los  trabajadores  entrase  allí  para  reconocer  lo  que 
hubiese.  «A  corto  tiempo  de  entrar  y  tantear,  dice  la  declaración 
«que  se  tomó  ante  el  Alcalde  y  Escribano,  manifestó  que  tocaba 
»una  calavera,  la  cual  extrajo,  y  examinada  por  dicho  Sr.  Secre- 
starlo y  Sr.  D.  Pedro  y  los  declarantes,  vieron  tener  algunas 
^cuchilladas  en  la  parte  alta  y  posterior  del  cráneo,  y  notando  que 
«sonaba  dentro  alguna  cosa,  se  sacó,  y  era  un  cabito  de  vela  de 
»cera.  Después  entró  con  mucho  trabajo  el  mismo  Sr.  Secretario 
»con  una  luz  en  el  hueco  mencionado,  é  indicándole  desde  fuera 
«el  A.  (el  trabajador)  el  sitio  donde  había  estado  la  calavera,  los 
«declarantes  vieron  ser  un  nicho  pequeñito  formado  en  el  rincón 
»que  resultaba  de  la  mesa  del  altar  y  un  tabique  que  se  conocía 


LA  CALAVERA  DEL  CONDE  DE  TENDILLA.  337 

»había  para  dividir  esta  por  la  mitad.  El  dicho  Sr.  Secretario 
«extrajo  del  nicho,  según  vieron  los  que  declaran,  algunos  huesos 
«como  de  manos  y  pies,  otro  del  pecho  y  canillas,  todo  de  perso- 
»na  humana,  que  con  el  mayor  esmero  hizo  el  referido  Sr.  Se- 
«cretario  que  condujesen  los  declarantes.» 

Entre  las  declaraciones  que  se  tomaron  es  la  más  curiosa  la  del 
licenciado  D.  Casimiro  José  Olivera,  de  edad  de  70  años,  que  dice 
así:  «Que  le  consta,  lá  no  dudarlo,  que  D.  Iñigo  López  de  Mendoza, 
«Conde  de  Tendilla,  Fundador  del  convento  de  Jerónimos  de  Santa 
«Ana,  extra-muros  de  esta  villa  (de  Tendilla),  estaba  enterrado 
»en  una  caja  con  dos  llaves,  que  una  tenía  el  Sr.  Conde,  y  otra 
«el  Prior  del  enunciado  Monasterio,  y  colocada  en  un  nicho  al 
j)lado  del  Evangelio  de  la  iglesia  del  dicho  Monasterio,  debajo  del 
«sepulcro  artístico  que  hay  en  su  pared,  y  el  nicho  estaba  cerrado 
«con  dos  puertas,  y  encima  de  ellas  el  epltaño  de  su  cadáver  (1), 
«el  cual  estaba  embalsamado,  cubierto  con  el  hábito  de  la  orden 
»de  Santiago;  lo  que  sabe  el  declarante  por  haberlo  visto  en  oca- 
«sión  de  haber  venido  el  Sr.  Conde  (2j,  á  fines  del  siglo  pasado, 
«haberse  sacado  la  caja  al  cuerpo  de  la  iglesia^  y  abierto  para  la 
«exposición  pública,  y  advirtió  también  que  el  cadáver  se  hallaba 
«acartonado.» 

«Que  asimismo  le  consta,  que  en  la  noche  del  quince  de  Enero 
»de  mil  ochocientos  nueve,  se  alojaron  en  el  Monasterio  unas 
«compañías  de  tropas  francesas,  quebrantaron  las  puertas  y  caja, 
«sacando  el  cuerpo  acartonado,  le  destrozaron  y  anduvieron  con 
«sus  huesos  por  el  Monasterio,  cantando  entre  otras  cosas  la  Le- 
» tañía,  pues  se  oía  en  el  pueblo.  Que  luego  que  marcharon  las 
«tropas,  subió  el  testigo,  y  vio  el  destrozo  del  cadáver,  hallando 
«huesos  por  la  iglesia,  los  claustros  y  el  corral,  y  lo  que  había 
«sido  carne  se  hallaba  convertido  en  un  polvo  como  de  tabaco  y 


(1)  Así  dice. 

(2)  El  Presbítero  D.  Raymundo  Olivera,  hermano  ó  pariente  del  declaraníe,  y  de  edad 
de- 67  años,  dice  que  vio  el  cadáver  con  motivo  de  encontrarse  en  esta  villa  el  Excelen- 
tísimo Sr.  Marqués  de  Bélgida,  Conde  de  este  pueblo,  que  estaba  (el  cadáver)  cubierto 
con  hábito  blanco,  como  de  seda,  con  franjas  y  cordones  dorados,  al  parecer  de  caba- 
llero de  algunas  órdenes  militares. 

TOMO  ni,  23 


338  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

«serrín,  y  además  se  veían  algunas  partes  de  piel  cuartonada.  Que 
»los  huesos  que  vio  y  más  le  llamaron  la  atención  fueron  los  de 
«las  piernas  y  brazos,  y  habiendo  visto  en  la  noche  del  diez  y 
»ocho  del  que  concluye,  los  que  de  aquellas  partes  recogió  el  se- 
«ñor  secretario  de  la  Comisión,  le  parece  son  los  mismos;  tanto 
»más  forma  este  juicio  y  presuncióu  quanto  que  después  que  los 
nmouges  colocaron  los  huesos,  oyó  decir  lo  habían  hecho  en  el 
«Altar  Mayor,  que  comunmente  se  llama  el  presbiterio,  que  es 
«donde  se  han  hallado.  Por  todo  lo  cual  cree,  si  no  por  una  evi- 
«dencia  física,  al  menos  moral,  que  los  referidos  huesos  son  del 
»Sr.  Conde  de  Tendilla  D.  Iñigo  López  de  Mendoza;  corrobo- 
»rando  este  juicio  por  la  señal  que  tiene  la  calavera  de  haberla 
j)dado  un  golpe  con  sable,  ú  otro  instrumento  cortante,  en  la 
«occipital,  con  el  ñn  tal  vez  de  destrozarla,  como  lo  hicieron 
«las  tropas  francesas  con  las  demás  partes  del  cuerpo  de  dicho 
«Señor.» 

El  presbítero  Olivera  añade,  que  oyó  á  diferentes  gentes  de  esta 
población,  que  en  la  referida  noche  las  tropas  francesas  llevaban 
en  procesión  la  calavera  del  Sr.  Conde,  con  una  luz  dentro  de  ella, 
cantando  lo  que  no  entendían.  Lo  mismo  dice  otro  vecino  de 
edad  de  75  años. 

Añade  el  clérigo  que  «le  consta  que  los  monjes  recogieron  la 
calavera  y  huesos  que  quedaron  de  aquel  cadáver,  que  noticiaron 
lo  ocurrido  al  Excmo.  Sr.  Marqués  de  Bélgida,  quien  les  mandó 
los  depositaran  en  su  iglesia,  pero  que  ignora  el  declarante  el  si- 
tio en  que  los  pusieron,  aunque  infiere  sería  en  lugar  distinguido 
é  inmediato  adonde  estuvo  colocado.» 

Omitimos  la  descripción  de  los  preciosos  mausoleos  de  mármol 
con  las  estatuas  yacentes  del  buen  Conde  y  su  esposa  Doña  El- 
vira, que  fueron  trasladados  de  Tendilla  á  Guadalajara,  y  se  ha- 
llan colocados  en  la  antigua  iglesia  de  Santo  Domingo,  actual 
parroquia  de  San  Ginés,  los  cuales  pueden  verse  á  la  página  liv 
del  tomo  ii  de  la  magnífica  obra  de  nuestro  compañero  D,  Va- 
lentín Carderera,  titulada  Iconografía  Española,  y  una  precio- 
sa lámina  en  que  se  hallan  exactamente  dibujados  ambos  se- 
pulcros. 

El  Sr.  Carderera  tributa  con  ese  motivo  un  merecido  elogio  á  la 


LA   CALAVERA    DEL    CONDE   DE    TENDILLA.  339 

Comisión  de  Monumentos,  y  lo  merece  igualmente  la  Diputación, 
que  costeó  la  traslación  y  restauración  de  aquellos  monumentos, 
los  cuales  hoy  honran  la  capital  de  la  Alcarria. 

Madrid,  Febrero  de  1S81. 

Vicente  de  la  Fuente. 


IIL 


ASSILAH  DE  ABEN  PASCUAL  (1). 


n. 


Al  terminar  la  reseña  que  del  contenido  del  segundo  cuaderno 
de  la  Assilah  de  Aben  Pascual,  tuve  el  honor  de  leer  ante  la 
Academia,  adelanté  la  idea  de  que  en  las  primeras  páginas  del 
tercer  cuaderno  se  resolvía  una  cuestión  cronológica,  que  me 
proponía  tratar  cuando  hubiera  de  dar  noticia  de  la  última 
parte  del  primer  volumen  de  dicha  obra. 

La  historia  de  Córdoba  en  el  decenio  comprendido  entre  los 
años  480  y  470  de  la  hégiraes  tan  obscura  por  los  pocos  y  contra- 
dictorios datos  encontrados  hasta  ahora  en  los  autores  árabes, 
que  nuestro  sabio  correspondiente  M.  Dozy,  después  de  prolijas 
investigaciones,  sólo  pudo  fijar  de  un  modo  aproximado  las  fe- 
chas de  la  toma  de  esta  ciudad,  primero  por  Almotamid  de  Sevi- 
lla,—  después  por  Aben  Occaxah,  partidario  de  Almamun  de  To- 
ledo, —  y  nuevamente  por  Almotamid,  que  la  arranca  del  poder 
de  Aben  Occaxah. 


(1)    Véase  Boletín,  t.  ii,  pág.  1G4. 


340  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

Las  fechas  respectivas  de  estos  sucesos,  son,  según  la  opinión 
de  M.  Dozy  hacia  fines  de  462,  467  y  471  (1). 

Con  el  testimonio  de  monedas  perfectamente  conservadas,  creo 
haber  probado  (2)  que  la  proclamación  de  Almotamid  en  Córdoba, 
después  de  haber  auxiliado  á  Abdelmélic  ben  Ghawar  contra  Al- 
mamun  de  Toledo,  se  llevó  á  cabo  en  el  año  461  como  dice  Aben 
Aljathib,  no  en  462  como  creyó  M.  Dozy  siguiendo  á  Aben 
Bassam. 

De  la  fecha  de  la  toma  de  Córdoba  por  Aben  Occaxali  nada 
pude  decir  en  virtud  de  monumentos  numismáticos,  pues  enton- 
ces no  conocía  monedas  acuñadas  en  Córdoba  por  Almamun  de 
Toledo. 

Respecto  á  la  fecha  en  que  Almotamid  pudo  recobrar  la  antigua 
capital  del  Califato,  entre  las  dos  fechas ,  469  que  nos  da  Aben 
Aljathib,  y  la  de  471  que  se  encuentra  en  Abdelwahid,  y  que  seguía 
M.  Dozy,  hubimos  de  aceptar  laprimera,  en  virtud  de  haber  visto  un 
diñar  acuñado  en  Córdoba  en  el  año  469,  con  los  nombres  de  Al- 
motamid y  do  su  hijo  Adhido-d-Daulah,  que  á  la  muerte  de  su 
hermano  Abbad  fliracho-d-Daulah,  vino  á  ocupar  el  lugar  de 
Príncipe  heredero,  y  por  ende  á  figurar  lo  mismo  en  las  mone- 
das acuñadas  por  su  padre  en  Sevilla,  que  en  las  acuñadas  en< 
Córdoba:  con  esta  moneda,  si  se  probaba  que  no  era  exacta  la 
fecha  471  que  nos  da  Abdelwahid,  no  se  probaba  que  fuese  ver- 
dadera la  versión  de  Aben  Aljathib,  aunque  se  acercase  más  á  la 
verdad:  nosotros  aceptamos  sin  reserva  esta  última,  si  bien  en  ri- 
gor debiéramos  haber  advertido  que  solo  la  aceptábamos  provi- 
sionalmente. 

En  dos  pasajes  de  Ahen  Pascual  (páginas  G7y  184)  encontramos 
indicado  el  hecho  de  que  Almamun  de  Toledo  era  rey  de  Córdoba 
en  el  año  467;  pero  en  ninguno  de  ellos  encontramos  menciona- 
do el  mes. 

En  468  era  rey  de  Córdoba  Almotamid  de  Sevilla,  pues  Aben 


(1)  Ilistoire  des  mvsulmans  d'Esjjagnejusqn'ci  la  conqucte  de  l'Aiidalousie  par  ler 
almorávides  par  R.  Dozy,  Leyde,  1861,  tomo  IV,  pág.  156  y  sig. 

(2)  Estudio  histor ico-crítico  sobre  las  monedas  de  los  Ahhadies  de  Sevilla,  publicada 
en  el  Museo  espaTiol  de  Anügiiedades,  tomo  VI,  pág.  115  á  \Z^i— Cecas  arábijo  esjjañolaSf 
pág.  10. 


ASSILAH    DE   ABEN   PASCUAL.  341    ■ 

Pascual,  hablando  de  Obaid-Allah  ben  Moliammad  ben  Adliam, 
dice  (pág.  298)  que  Alniotamid-ála-AUah  Mohammad  ben  Abbadle 
nombró  kadhí  de  la  aljamah  de  Córdoba  el  jueves,  cinco  (noches) 
faltando  del  mes  de  safar  del  año  4G8. 

Combinado  este  texto  de  Aben  Pascual  con  lo  que  dice  Abdel- 
wahid  (1)  «que  el  apoderarse  Almotamid  de  Córdoba  y  el  hacer 
salir  de  ella  á  Aben  Occaxah  fué  en  martes,  siete  (noches)  faltando 
del  mes  de  safar  del  año  471»,  nos  induce  á  suponer  que  este  tex- 
to sería  exacto  sustituyendo  la  fecha  471  por  468;  pues  el  22  de 
safar  del  año  471  no  era  martes  sino  lunes;  de  los  años  inmediatos, 
sólo  en  el  468  se  da  la  circunstancia  de  que  el  22  de  safar  sea  mar- 
tes; como  Almotamid  nombró  kadhí  de  la  aljamah  á  Obaid- 
Allah  ben  Mohammad  ben  Adham  el  24,  jueves  del  mismo  mes, 
podemos  suponer  que  efectivamente  se  había  apoderado  de  Córdo- 
ba dos  dias  antes  y  que  Abdelwahid  equivocó  el  año,  como  equi- 
vocó el  nombre  del  Príncipe,  á  quien  Almotamid  dio  el  mando  de 
Córdoba  al  regresar  á  Sevilla;  pues  le  llama  Abbad  Almamun, 
siendo  así  que  Abbad  (Qiracho-d-Daulah)  había  sido  muerto  por 
Aben  Occaxah  al  apoderarse  de  Córdoba  en  467,  y  el  hijo  de  Almo- 
tamid, que  después  tomó  el  título  sultánico  Almamun  y  quedó 
de  gobernador  de  Córdoba,  se  llamaba  Alfatah  (2). 

A  la  cronología  que  con  estos  datos  establecemos,  pudiera  opo- 
nerse que  Aben  Pascual,  pocas  páginas  después,  cita  á  Aben  Occa- 
xah como  alcaide  de  Calatrava  cerca  del  año  480,  lo  cual  no  pare- 
ce convenir  con  lo  expuesto;  pues  es  sabido  que  fué  muerto  al 
ser  recobrada  Córdoba  por  Almotamid  ;  pero  la  palabra  ce^xa  es 
tan  vaga,  que  lo  mismo  puede  ser  verdad  con  aplicación  al  año 
468  que  al  480. 

Pasando  ya  á  dar  un  resumen  general  del  contenido  del  tercer 
cuaderno  de  Aben  Pascual,  diremos  que  van  impresas  408  pági- 
nas, en  las  que  se  comprenden  888  biografías,  de  las  cuales  al  ter- 
cer cuaderno  corresponden  283. 


(U  T/ie  hislonj  of  the  almohades...  by  Abdo-1-Waliid  Al-Marrekoshi...  edited  by 
E.  Dozy,  second  edition,  Leyden,  1881,  pág-.  90. 

(2)  Véase  nuestro  folleto,  Títulos  y  notnWes propios  en  las  monedas  arábigo-españo- 
las, pág-.  44. 


342  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

De  estas  biografías,  93  pertenecen  á  personajes  de  Córdoba;  3! 
son  de  Toledo,  18  de  Sevilla,  11  de  Zaragoza,  7  de  Almería,  6  de 
Játiva,  Guadalajara  y  Murcia,  5  de  Badajoz,  4  de  Málaga,  Valen- 
cia y  Baena,  3  de  Talavera,  2  deEvora,  MallorcayRayyah,y  una 
de  cada  una  de  las  poblaciones  siguientes,  Denia,  Tudela,  Saltis, 
Riela,  Algeciras,  Alpuente,  Uclés,  Balagiier,  Tortosa,  Madrid, 
Xomontan,  Sidonia,  Daroca,  Segura,  Medinaceli,  Osuna,  y  El- 
vira, aparte  de  algunos  personajes  de  cuyo  pueblo  natal  no  da 
noticias  el  autor  ó  no  es  fácil  determinar. 

El  catálogo  de  los  escritores  árabes  españoles  se  aumenta  con- 
siderablemente, pues  Aben  Pascual  cita  34  escritores  que  no  cons- 
tan en  el  Diccionario  hibliográfico  de  Hachi  Jalifa^  siendo  solo  7 
los  citados  por  ambos  autores. 

El  número  de  los  que  hicieron  la  peregrinación  á  la  Meca,  as- 
ciende á  29,  y  á  34  el  de  los  que  viajaron  por  Oriente;  con  la  par- 
ticularidad de  que  el  autor  dice  de  algunos  que  viajaron  por 
Oriente,  sin  decir  que  hicieran  la  peregrinación,  como  á  su  vez 
no  considera  como  viajeros  á  los  que  se  limitaban  á  cumplir  con 
el  precepto  koránico. 

Son  tantas  las  noticias  de  carácter  administrativo  que  como  de 
paso  se  encuentran  en  Aben  Pascual,  que  ellas  solas  debieran 
dar  lugar  á  un  concienzudo  estudio  sobre  la  administración  de 
los  árabes  españoles:  me  limitaré  aquí  á  traducir  casi  literalmente 
lo  que  dice  de  algunos  personajes  que  ejercieron  cargos,  que  me 
parecen  nuevos. 

Hablando  de  Abderrahman  ben  Ahmed  ben  Obaid-Allah,  el 
Roainí,  natural  de  Córdoba,  dice  entre  otras  cosas  «mandó  el  Con- 
sejo en  tiempo  del  kadhí  Abu  Bequer  ben  Zarab,  y  Aben  Abu 
Amir  (Almanzor)  le  encargó  de  los  juicios  de  la  guardia  (ó  poli- 
cía) y  la  inspección  de  los  contratos  (ó  registros  notariales)  del 
sultán,  dándole  al  mismo  tiempo  el  cadiazgo  de  Ecija,  Osuna, 
Carmona,  Morón  y  Tecorona,  todos  juntos:  después  le  trasladó 
de  ellos,  y  le  dio  el  mando  de  los  juicios  de  contabilidad,  que  en- 
tre nosotros  se  llama  waliazgo  del  mercado :  luego  fue  kadhí  de 
Jaén,  y  después  de  Valencia  y  sus  distritos;  el  mismo  Almanzor 
le  invistió  del  cargt  de  ordenar  la  historia  de  su  tiempo,  en  cuyo 
cargo  reunió  su  admirable  libro,  que  hizo  perecer  el  saqueo  en 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  343 

la  desgracia  de  la  familia  do  Abu  Amir  (Almaiizor),  intei-rumpicu- 
düse  su  institución  y  desapareciendo  su  propósito  (pág.  301): 
aquí  tenemos  mencionada  la  institución  del  oficio  de  cronista,  que 
desapareció  al  poco  tiempo  á  consecuencia  de  las  turbulencias 
que  siguieron  á  la  muerte  de  Almanzor. 

En  las  biografías  correspondientes  á  los  números  786  y  805  se 
hace  mención  de  un  cargo  que  conferia  el  kadhí  de  Córdoba: 
Abdel-Aziz  ben  Macud,  el  de  Evora  y  Abdclsámid  ben  Alfatah  el 
Abdarí  estuvieron  encargados  de  anotar  ó  registrar  los  fallos 
dictados  por  el  kadhí,  cuyo  cargo  parece  era  compatible  con  el 
de  ¿Abogado  ó  Consultor  de  número  en  Córdoba?,  pues  de  Abdel- 
Aziz  dice  el  autor  á  continuación  que  «estaba  en  el  número  do 
los  consultados  (M.  Dozy  da  á,  esta  palabra  la  acepción  de  juris- 
consulto á  quien  se  pide  decisiones  y  las  da)  en  Córdoba:  de  otras 
muchas  particularidades  referentes  á  cargos  administrativos  pu- 
diera tratar,  pero  las  omito  en  gracia  á  la  brevedad. 

He  hablado  alguna  vez  de  musulmanes  españoles  colectores  de 
libros:  en  la  biografía  núm.  679  se  trata  de  Abderrahman  ben 
Mohammad  ben  lea  ben  Fothais,  natural  de  Córdoba,  cuya  manía 
bibliófila  era  tal,  que  en  cuanto  tenía  noticia  de  algún  libro  bue- 
no que  él  no  tuviera,  proponía  á  su  dueño  la  venta,  y  si  no  podía 
adquirirlo,  lo  copiaba  y  devolvía:  sin  duda  no  hacían  todos  lo 
mismo;  pues  con  referencia  á  un  nieto  suyo  dice  nuestro  autor  que 
Abderrahman  bajo  ningún  pretexto  dejaba  sus  libros,  si  bien, 
cuando  alguien  se  los  pedía  con  insistencia,  los  daba  á  uno  de  sus 
copistas,  quien  lo  copiaba,  y  después  de  cotejar  la  copia,  la  entre- 
gaba al  postulante,  y  si  la  devolvía,  (bien),  y  si  no,  le  dejaba  (en 
paz):  el  número  de  los  libros  que  llegó  á  reunir  fué  tan  conside- 
rable, que  según  contaron  al  autor  varios  de  la  familia  de  Abde- 
rrahman, la  gente  de  Córdoba  acudió  á  la  venta  de  los  libros  que 
se  efectuaba  en  su  mezquita  (en  la  mezquita  de  su  ¿parroquia?),  du- 
rante un  año  entero,  y  de  su  precio  se  reunieron  40000  dinares 
kacemies,  suma  que  por  su  valor  intrínseco  equivalía  á  más  de 
100.000  duros  de  nuestra  moneda:  los  cargos  que  ejerció  y  los  li- 
bros que  escribió  fueron  muchos,  y  de  ellos  da  noticia  Aben  Pas- 
cual y  también  le  menciona  Hachí  Jalifa  en  su  gran  Diccionario 
bibliográfico. 


344  BOLETÍN   DE    LA.   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

Discípulo  del  anterior  fué  Ornar  ben  Obaid-Allah  ben  luQuf , 
natural  también  de  Córdoba,  gran  colector  de  libros,  á  quien  los 
bereberes  robaron  8  cargas  de  estos  que  había  encerrado  en  su 
casa  en  el  arrabal  occidental,  con  objeto  de  llevarlos  á  otra  parte. 

Habiendo  entre  los  árabes  españoles  tantos  bibliófilos,  natural- 
mente debía  haber  muchos  y  buenos  copistas;  así,  de  Abde- 
r-Rahmau  ben  Mohammad  ben  Fothais,  mencionado  antes, 
dice  el  autor,  que  tenía  seis  libreros  (ó  copistas),  y  que  por  no 
prestar  los  originales,  hacía  sacar  copias  para  poderlas  prestar: 
de  muchos  de  los  literatos  dice  que  tenían  buena  forma  de  letra, 
y  es  notable  lo  que  asegura  (pág.  324)  de  Abderrahman  ben  Mo- 
hammad ben  Abbac  ben  Ghauxac,  natural  de  Toledo,  quien  en 
un  día  copiaba  y  cotejaba  la  obra  titulada  Mojtasar  de  Aben  Obaid 
y  sin  tomar  tinta  escribía  15  líneas. 

Muchos  eran  los  entierros  á  los  cuales  asistía  un  gran  acompa- 
ñamiento: á  mitad  de  xaában  del  año  422  de  la  hégira  moría  en 
Córdoba  Abde-r-Rahman  ben  Ahmed...  ben  García  (pcág.  321), 
kadhí  que  había  sido  de  la  aljama  durante  el  califato  de  los  Ham- 
mudies  en  Córdoba,  y  que  depuesto  á  fines  de  419  por  Hixem  III, 
que  le  odiaba,  éste  asistió  á  su  entierro,  manifestándose  en  su  cara 
la  alegría;  pero  corto  fué  el  fruto  que  de  esto  sacó  en  esta  vida 
después  de  él,  añade  el  autor,  y  efectivamente  no  debió  durarle 
mucho  la  alegría,  pues  á  los  pocos  meses  fué  destronado,  y  gra- 
cias que  pudo  evadirse  del  castillo  en  que  le  tuvieron  detenido  y 
refugiarse  en  Lérida,  donde  murió  algunos  años  después  casi 
completamente  ignorado. 

De  otro  entierro  presidido  también  por  un  Sultán  (así  le  llama), 
y  no  con  tan  malas  disposiciones,  nos  da  noticia  Aben  Pascual: 
á  mitad  del  mes  de  xawal  del  año  444  moría  en  Denia  Otsman 
ben  Qalá,  natural  de  Córdoba,  gran  viajero  y  escritor:  en  su  entie- 
rro y  delante  del  cadáver  iba  á  pie  el  Sultán,  de  quien  no  dice  el 
autor  cómo  se  llamaba,  aunque  no  hubiera  estado  demás,  pues 
ni  entonces,  ni  ahora  tendrían  todos  á  mano  un  libro  donde  poder 
averiguar  que  el  rey  de  Donia  en  este  año  se  llamaba  Alí  Ikba- 
lo-d-Daulah. 

Pocas  veces  menciona  Aben  Pascual  á  los  príncipes  españoles; 
pues  de  ordinario  solo  se  acuerda  de  ellos  cuando  asisten  á  algún 


ASSH.AII    DE    AÜEN    PASCUAL.  345 

enlierro  ó  coiiíiercn  algún  cargo;  pero  en  esle  cuaderno  los  men- 
ciona varias  veces  para  reprocharles  por  sus  iniquidades:  ya 
hemos  vislo  la  poco  lisonjera  mención  de  Hixem  III:  á  Almota- 
dhid  de  Sevilla  le  menciona  al  hablar  de  Ornar  bcn  Alhacan  ben 
Ornar  el  Hanzani,  á  quien  aquel  dio  muerte  en  el  alcázar  de  Sevi- 
lla, enterrándole  dentro  del  mismo  alcázar  con  sus  vestidos,  en  la 
noche  del  sábado  á  15  de  rebia  postrero  del  año  460,  sin  lavar  su 
cadáver  y  sin  oración;  «Allah  le  haya  perdonado»:  añade  el  autor, 
Allah  es  el  que  pedirá  cuenta  de  su  sangre,  pues  no  hay  Dios  sino 
él  (pág.  394):  en  la  página  siguiente  menciona  también  la  muerte 
dada  en  Almodóbar  á  Ornar  ben  llayyan  hen  Jálaf  ben  ííayyan 
por  un  nieto  de  Almotadhid,  llamado  Almamun  Alfatah,  hijo  de 
Almotamid:  de  esta  muerte  sólo  añade  «que  se  hizo  proverbial.» 

En  la  pág.  3G0,  el  autor  da  la  biografía  de  su  padre  Abdel-Me- 
lic  ben  Macñd  ben  Muca  ben  Pascual,  y  entre  otras  cosas  dice, 
que  leia  el  Coran  día  y  noche,  y  en  verdad  que  no  se  necesitaba 
menos  para  leerlo  todo  en  un  dia  como  asegura:  de  Ali  ben  Muca 
hen  Ibrahim,  natural  deTalavera,  dice  (pag.405)  que  lo  leía  todo 
en  tres  noches;  de  otros  asegura  respecto  al  número  de  veces  que 
leyeron  esta  ó  la  otra  obra  piadosa  ó  literaria,  cosas  que  nos  pare- 
cerían imposibles,  si  no  tuviéramos  en  cuéntala  paciencia  verda- 
daderamente  admirable  de  que  dan  pruebas  los  semitas. 

Entre  las  mezquitas  y  cementerios  nuevos,  sólo  haremos  men- 
ción de  la  mezquita  de  Yucuf  hen  Bacil^  situada  en  la  plaza  de 
Aben  Dirhamain'  (el  hijo  de  los  dos  dirhemes):  es  probable  que  la 
mezquita  tomase  el  nombre  del  fundador,  que  parece  ser  el  hijo 
de  un  renegado:  quizá  el  Bacil  que  ñgura  en  monedas  de  Abde-r- 
Rahman  II,  y  Yucuf  ben  Badl  será  el  que  ñgura  como  prefecto 
á  la  muerte  del  mismo  Abde-Rahman. 

Pudieran  citarse  casos  curiosos  de  personajes  nombrados  para 
cargos  importantes,  que  no  hubo  medio  dehacerles  aceptar,  y  otras 
muchas  particularidades;  pero  esto  me  llevaría  muy  lejos  y  no 
quiero  molestar  por  más  tiempo  la  atención  délos  Sres.  Académi- 
cos, tanto  menos  cuanto  estas  reseñas  deberán  repetirse  con  fre- 
cuencia, gracias  á  la  rapidez  con  que  llevan  á  cabo  la  composición 
del  texto  árabe  los  alumnos  que  me  ayudan  en  esta  enojosa  tarea. 

Madrid,  3  de  Abril  de  1883. 


346      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


III. 


Creo  que  la  Academia  oirá  con  satisfacción  que  el  texto  de  la 
Assilah  de  Aben  Pascual  está  ya  impreso  todo,  y  que  pronto  po- 
drán los  eruditos  aprovechar  las  muchas  noticias  que  en  dicha 
obra  se  hallan  esparcidas. 

Mil  cuatrocientas  cuarenta  son  las  biografías  contenidas  en  esta 
obra;  los  tres  primeros  cuadernos,  como  tuve  ocasión  de  infor- 
mar á  la  Academia,  comprenden  las  887  primeras:  cúmpleme 
ahora  decir  algo  de  lo  contenido  en  los  cuadernos  iv  y  v. 

De  las  553  biografías  incluidas  en  ellos,  como  siempre,  obtie- 
nen la  supremacía  los  individuos  de  Córdoba ,  patria  del  autor, 
quien,  como  es  consiguiente,  conocía  mejor  á  sus  paisanos  que  á 
los  naturales  de  otras  poblaciones,  siquiera  las  hubiera  visitado. 
Ciento  treinta  y  nueve  son  los  individuos  de  esta  ciudad,  cuyas 
biografías  pueden  leerse  en  los  dos  últimos  cuadernos  de  Aben 
Pascual:  Toledo  figura  con  54  ,  Sevilla  con  3?  ,  Almería  y  Zara- 
goza con  17,  Granada  con  10,  Badajoz  y  Xátiva  con  9,  Murcia, 
Málaga  y  Guadalajara  con  8,  con  7  Huesca  y  Jaén,  con  6  Denia 
y  Pechina,  con  5  Talavera,  con  -4  Medinaceli,  Tudela  y  Mallorca, 
con  3  Valencia  y  Madrid  y  con  1  ó  2  Tortosa,  Lebla,  Elvira,  Uclés, 
Vélez,  Calatrava,  Castalia,  Santarén,  Béjar,  Osuna,  Zurita,  Al- 
puente,  Quesada,  Santamaría  de  Algarbe,  Santamaría  (de  Aben 
Bazin?),  Silves,  Cuenca,  Maqueda,  Écija,  Orihuela,  Cádiz,  Si- 
donia,  Baeza,  Alcira,  Lisboa  ,  Onda,  Calatayud  y  Barbastro,  y 
cuatro  ó  seis  poblaciones  más,  cuya  correspondencia  no  es  fácil 
determinar. 

El  contingente  de  autores  españoles  no  citados  por  Hachi  Jalifa 
en  su  gran  Diccionario  bibliográfico ,  se  aumenta  con  treinta 
nombres  nuevos,  siendo  sólo  cinco  los  que  citados  por  Aben  Pas- 
cual aparecen  también  en  aquél. 

Sólo  por  seguir  la  marcha  iniciada  al  dar  cuenta  de  los  cuader- 
nos anteriores,  diré  que  95  de  los  personajes  biografiados  hicie- 
ron largos  viajes,  generalmente  á  Oriente,  y  para  cumplir  el  pre- 
cepto koránico  de  la  peregrinación,  si  bien  sólo  de  45  dice  de  un 
modo  expreso  que  lo  hicieran. 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  347 

Noticias  curiosas  consignadas  por  Aben  Pascual  en  estas  bio- 
grafías podrían  indicarse  muchas,  pero  sólo  haré  mención  de 
algunas  que  tienen  interés  cronológico  ú  ofrecen  mayor  novedad. 

En  la  biografía  1190,  hablando  de  Abu  Bequer  Mohammad 
ben  lea  ben  Zauba,  kadhí  de  Ceuta,  su  patria ,  nombrado  por  Al- 
muthaíTar,  hijo  de  Almanzor,  dice  que  cuando  Aben  Hammud 
(Alí  ben  Hammud)  llamó  á  la  rebelión  contra  los  Omeyyahs,  le 
mató  en  401  ó  402,  por  sospechas  en  favor  de  ellos:  esta  noticia, 
que  parece  de  poca  importancia  ,  puede  aclarar  un  punto  oscuro 
de  nuestra  historia :  Alí  ben  Hammud  y  su  hermano  Alkáccm 
fueron  nombrados  gobernadores  de  Ceuta  y  Algeciras  el  primero, 
y  de  Tánger  el  segundo  por  Quleimán  Almoctain:  por  las  pocas 
noticias  que  en  los  autores  encontramos,  parecía  inferirse  que 
este  nombramiento  fué  posterior  al  año  403,  fecha  del  segundo 
reinado  del  intruso  Quleimán,  y  de  la  desaparición  de  Hixem  II. 
Por  la  existencia  de  una  moneda  del  año  402,  acuñada  por  Alí  en 
Ceuta  á  nombre  de  (^uleimán ,  di  por  hecho  que  el  nombramiento 
de  Alí  para  gobernador  de  Ceuta  debió  de  tener  lugar  en  el  año 
400,  en  el  primer  reinado  de  ^Aileimán  (1).  Hubo  de  tratar  de 
nuevo  de  esta  cuestión  el  Sr.  Guillen  Robles  en  su  Málaga  Mu- 
sulmana, y  no  pareciéndole  prueba  bastante  para  alterar  la  cro- 
nología recibida  la  existencia  de  una  moneda,  que  yo  confesaba 
no  haber  visto,  me  propuso  la  sospechado  si  en  el  original  diría 
«-jj^  y  no  (.r:>'^1-  Examinada  de  nuevo  la  lámina  de  donde  yo 
h¿ibia  tomado  el  dato,  me  pareció  casi  seguro  que  el  grabador 
había  alterado  algún  tanto  los  trazos  ,  tomando  uno  por  otro,  y 
como  el  Sr.  Guillen  había  tenido  la  suerte  de  adquirir  una  mo- 
neda igual  del  año  405,  dio  por  sentado  que  no  existía  tal  dato,  y 
por  tanto  que  no  había  motivo  para  alterar  la  cronología:  así  lo 
creí  yo  también;  pero  en  virtud  de  lo  que  dice  Aben  Pascual, 
hay  que  abrir  de  nuevo  el  proceso.  Al  llamar  Alí  ben  Hammud  á 
la  rebelión,  ¿contra  quién  se  rebelaba?  Si  el  llamamiento  tenía 
lugar  en  el  año  401 ,  ó  402,  como  dice  ó  indica  Aben  Pascual,  se 
rebelaba  contra  Hixem  II ,  y  lo  hacía  probablemente  en  apoyo  de 


(1)    Estudio  crítico  solre  la  historia  y  monedas  de  los  Hammudtes  de  Málaga  y  Al- 
geciras: publicada  en  el  Museo  Español  de  Antigüedades,  tomo  vm. 


348  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

las  pretensiones  de  Culeimán,  que  trataba  de  destronar  de  nuevo 
al  legítimo  Califa  Hixem  II.  ¿Habrá  equivocado  Aben  Pascual  las 
fechas,  diciendo  que  Aben  Hammud  se  rebeló  contra  los  Omey- 
yahs  en  401  ó  402,  en  vez  de  decir  404  ó  405,  en  cuya  fecha  es  se- 
guro que  se  rebeló  contra  su  protector  (Culeimán,  tan  Omeyyah 
como  Hixem,  como  nietos  ambos  de  Abde-r-Rahman  III?  Podrá 
ser,  pues  no  le  creemos  infalible;  pero  en  buena  crítica  no  creo 
que  pueda  admitirse  una  equivocación  en  un  autor ,  sólo  porque 
su  aserto  no  se  aviene  con  la  inteligencia  que  se  ha  dado  á  otros 
textos  ,  ni  abundantes  ni  explícitos. 

Posteriormente  á  la  publicación  de  la  memoria  sobre  los  Ham- 
mudies  de  Málaga  y  Algeciras  y  aun  á  la  publicación  de  la  Mála- 
laga  Musulmana  de  nuestro  correspondiente  Sr.  Guillen  Robles, 
he  visto,  ya  que  no  la  moneda  en  cuestión,  una  impronta  sacada 
al  parecer  por  el  Sr.  D.  Antonio  Delgado.  Hállase  entre  los  Estu- 
dios inéditos  ])ara  la  obra  sobre  las  monedas  arábigo-hispanas, 
paquete  núm.  1,  papeles  existentes  en  nuestra  Biblioteca:  de  la 
impronta  retocada  con  tinta  por  el  Sr.  Delgado,  resulta  que  la 
moneda  no  estaba  bien  conservada:  el  Sr.  Delgado  leía  año  ^--^j'í 
(dos),  y  así  hay  que  leer,  á  no  admitir  que  vio  cosa  muy  dife- 
rente de  la  que  había  :  por  tanto  con  el  dato  que  nos  suministra 
la  moneda  que  posee  el  Sr.  Guillen,  resultaría  que  Alí  ben  Ham- 
mud acuñó,  reconociendo  á  Culeimán,  desde  402  á  405  y  que  en 
este  año,  y  no  antes,  se  rebeló  contra  el  misiuo  Omeyyah  á  quien 
había  ayudado  en  su  rebelión  contra  el  legítimo  Califa  Hixem  II: 
y  como  Alí  ben  Hammud  llamó  á  la  rebelión  contra  Hixem  en 
401  ó  402,  debe  inferirse  que  nombrado  por  (Culeimán  en  el  año 
400,  al  ser  destronado  éste  por  Mohammad  Almahdi  ,  ó  al  ser 
reslablecido  en  el  trono  Hixem  II,  Alí,  gobernador  de  Ceuta,  puso 
esta  ciudad  bajo  la  obediencia  del  segundo  usurpador,  ó  más  bien 
bajo  la  del  legítimo  Califa. 

Por  otra  parte,  la  misma  existencia  de  las  monedas  en  que  Alí 
ben  Hammud  reconoce  á  (^luleimán  antes  de  que  aparezcan  las 
que  dan  testimonio  de  su  rebelión  contra  éste,  aun  admitiendo 
que  las  dos  conocidas  fuesen  del  año  405,  no  probarían  que  Alí 
era  algo  más  que  un  simple  ivali  recien  nombrado  después  del 
nuevo  triunfo  del  usurpador?  Nótese  que  entre  las  muchas  va- 


ASSILAH    DK    AHEN    PASCUAL.  349 

piedades  de  monedas  acuñadas  por  Culeimán,  S(31o  estas  tienen  el 
nombre  de  la  caca  de  nn  modo  concreto,  pues  en  las  otras  se 
lee  ^*JjJ^lj  (e7i  Alcmdahis). 

La  moneda  que  ha  motivado  esta  digresión  hist(5rica,perteneci(), 
según  las  notas  del  Sr.  Delgado,  al  Sr.  Brigadier  Piñeiro,  y  antes 
al  Duque  de  la  Victoria. 

Entre  los  reyes  independientes  de  Toledo  se  cita  como  el  prime- 
ro ;í  Yaíx.ben  Mohammad  ben  Yaíx,  de  cuyo  reinado  se  sabe  tan 
poco,  que  M.  Dozy  le  supone  desde  100  ?  á  427.  Aben  Pascual  nos 
da  su  biografía,  pero  con  tan  pocos  datos  bajo  el  punto  do  vista 
que  hoy  más  nos  interesaría,  que  sólo  dice,  después  de  hablar  de 
sus  estudios,  «desempeñó  el  cargo  de  los  juicios  en  su  país;  des- 
pués llegó  á  él  la  administración  del  principado  en  él,  con  lo  cual 
Allah  aprovechó  á  la  gente  de  Toledo,  de  donde  fué  echado  luego, 
marchándose  á  Galatayud,  donde  murió  en  el  año  418;  así  lo  dice 
Aben  Mothahir;  pero  Aben  Hayyan  dice  que  murió  en  el  mes  de 
safar  del  año  19»:  de  modo  que  según  esto,  el  reinado  de  Icmail, 
sucesor  de  Yaíx,  debió  de  comenzar  lo  menos  diez  años  antes  de 
lo  que  se  había  creido,  terminando  también  bastante  después  de 
la  fecha  429  que  indica  Aben  Jaldun ;  pues  reinó  hasta  el  435 
según  resulta  de  Aben  Al-Atsir  (1)  y  Annowairí. 

Si  por  el  estudio  de  las  monedas  acuñadas  en  Córdoba  (2)  por 
Almotamid  de  Sevilla  no  hubiéramos  podido  rectificar  la  fecha 
en  que  se  apoderó  de  Córdoba,  echando  pérfidamente  de  ella  á  su 
protegido  Abdel-Melicben  Mohammadben  Ghahwar,  podría  creer- 
se que  en  la  biografía  de  su  padre  íbamos  á  encontrar  resuelta  la 
cuestión  con  todos  sus  detalles;  pero  nada,  más  lejos  de  la  mente 
de  Aben  Pascual;  nada  nos  dice  de  la  vida  política  del  que  llama 
Arráez  de  Córdoba,  y  gracias  si  al  indicarnos  su  muerte,  nos  dice 
que  murió  en  Xaltis,  desterrado  por  Almotamid:  por  casualidad 
en  la  biografía  anterior,  al  dar  noticia  de  la  muerte  de  Moham- 
med  ben  Atab,  acaecida  á  19  del  mes  de  safar  del  462 ,  nos  dice 


(1)  M.  Dozy  nos  indicó  esta  corrección  á  la  cronologia  que  liabiamos  seguido  en 
nuestro  Tratado  de  Numismática  Arábigo-española.  Apéndice  xi. 

(2)  Estudio  historico-critico  sobre  las  monedas  de  los  Alhadies  de  Sevilla,  tomo  vi 
del  Museo  Español  de  Anligüedades,  pág.  128. 


350  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

que  Almotamid  presidió  el  entierro  á  pié,  de  donde  resultaría,  si 
ya  lio  lo  supiéramos,  que  se  apodero  de  esta  ciudad  antes  de  ñn 
de  año  como  creyó  M.  Dozy ,  bien  que  las  monedas  nos  le  mues- 
tran en  Córdoba  ya  en  461;  por  la  asistencia  á  otro  entierro  re- 
sulta casi  lo  mismo,  aunque  no  dice  el  mes,  pág.  67. 

Muchos  son  los  ejemplos  que  cita  Aben  Pascual  de  personajes 
que  rehusaron  aceptar  los  cargos  más  distinguidos:  de  varios  que 
pudieran  aquí  citarse,  anotaré  sólo  el  de  Muza  ben  Iludzail,  na- 
tural de  Córdoba,  á  quien  siendo  ¿asesor  ?  en  los  juicios,  quiso 
nombrar  khadí  de  Córdoba  Mohammed  ben  Ghahwar  :  Muza 
pidió  ocho  días  de  plazo  para  pedir  á  Allali  (el  acierto) :  concedido 
como  era  de  esperar,  quedó  ciego  en  estos  días,  y  la  gente  creyó 
que  él  mismo  había  pedido  esto. 

Y  no  es  extraño  que  el  pueblo  creyera  que  Muza  ben  Hudzail 
había  conseguido  lo  que  había  pedido  por  verse  libre  de  un  cargo, 
que  sin  duda  aborrecía;  pues  Aben  Pascual  dice  de  muchos  de 
sus  biografiados ,  quo  su  intercesión  ú  oración  en  provecho  de 
otros  era  muy  atendida  ?_ai_01  w^'-f^  ^^^.  Véanse  las  biografías 
1262,  1285  y  1384. 

Algún  ejemplo  he  citado  en  trabajos  anteriores  de  prodigiosa 
memoria  deque  ofrecen  muchos  ejemplos  los  pueblos  semitas:  sin 
contar  los  muchos  que  sabían  de  memoria  el  Koran,  pues  parece 
que  eso  al  menos  se  necesitaba  para  que  uno  llevara  el  título 
de  iiiU.  (hafiUi)  y  lo  llevaban  muchos,  Aben  Pascual  nos  dice 
de  Mohammad  el  Haximi,  natural  do  Zaragoza,  que  sabía  de 
memoria  la  Almowatha,  el  libido  de  Albojarí,  y  otros,  entre  los 
cuales  naturalmente  debe  comprenderse  el  Koran:  de  Farech  el 
Yahsobi,  natural  de  Toledo,  dice  que  sabía  muy  bien  ImAlmoclaj- 
rachah  grande:  y  téngase  en  cuenta,  que  si  siempre  prueba  mu- 
cha memoria  el  saber  retener  un  libro  tal  como  estií  escrito,  si 
este  es  de  tradiciones  árabes,  la  prueba  es  mucho  mayor,  por  el 
desorden  é  inconexión  que  al  menos  para  nosotros  presentan  ta- 
les libros;  tanto  ó  menos  valdría  aprenderse  de  memoria  uno  de 
nuestros  Diccionarios;  bien  que  la  paciencia  de  los  árabes  es  tal, 
que  cita  quién  había  leido  la  Sahih  de  Albojarí  700  veces,  como 
de  üalib  el  Maharabi  asegura  Aben  Pascual,  ó  leía  todo  los  días 
todo  el  Koráii,  como  dice  de  alguno,  aunque  parece  imposible: 


ASSILAH    DE    ABEN    PASCUAL.  351 

también  necesitaba  paciencia  quien,  como  Abdallah  ben  Mo- 
hammad  ben  lea  ben  Walid  (vid.  pág.  255),  leía  el  libro  de  Qi- 
bawaihi  (1)  cada  quince  días. 

Varias  veces  dice  Aben  Pascual  que  éste  ó  el  otro  personaje 
fué  enterrado  en  el  sepulcro  de  sus  antepasados  ó  con  su  familia: 
á  este  espíritu  obedecei'ía  sin  duda  el  hecho  de  que  varios  indivi- 
duos fuesen  trasladados  á  enterrar  de  un  punto  á  otro  no  poco 
distante,  como  de  Córdoba  ó  Marruecos  á  Sevilla,  ó  de  Valencia  á 
Murcia,  cuyos  hechos  se  consignan  en  las  biografías  1143,  llGl 
y  1140. 

Entre  muslimes,  como  entre  cristianos,  era  frecuente  dedicarse 
como  ejercicio  piadoso  á  la  guerra  contra  cristianos  ó  muslimes 
respectivamente,  haciendo  profesión  de  establecerse  en  alguna 
fortaleza  fronteriza:  al  castillo  de  Alfamín  en  tierra  de  Toledo  es 
adonde  con  preferencia  se  dirigían  los  piadosos  muslimes:  va- 
rias veces  se  le  cita  con  este  motivo ;  así  del  hachch  Hixem  beu 
Mohammad  el  Keici,  después  de  indicar  los  muchos  maestros  á 
quienes  oyó  en  España  ó  trató  en  su  peregrinación,  dice  que  ayu- 
naba el  mes  de  ramadhán  en  Alfamín,  celebrando  allí  la  fiesta  de 
la  ruptura  del  ayuno,  dando  una  abundante  comida  á  la  gente  del 
castillo  y  á  cuantos  fronteros  se  encontraban  allí,  gastando  en 
esto  sus  muchas  riquezas,  mientras  él,  vestido  toscamente,  estaba 
dedicado  á  la  guerra  de  las  fronteras. 

Si  de  muchos  de  los  biografiados,  dice  Aben  Pascual  que  te- 
nían buena  letra,  ó  que  su  conducta,  siendo  kadhíes  había  sido 
alabada,  no  faltan  casos  en  que  diga  lo  contrario,  como  de  Mo- 
hammad ben  Culeiman  el  Nafazabí,  cuya  letra  era  mala,  ó  de 
Mohammad  ben  Ibrahim  el  Gacaní,  quien  después  de  haber  sido 
consejero  en  Almería,  fué  nombrado  kadhi  de  Murcia,  en  cuya 
población  no  sabemos  si  su  conducta  fué  mala,  sólo  sí,  que  no 
fué  alabada. 

Innumerables  son  los  casos  citados  por  Aben  Pascual  de  nom- 


(1)  Nuestro  amigo,  el  sabio  orientalista,  Mr.  Hartwig  Derenbourg,  profesor  de 
árabe  ea  la  Escuela  especial  de  Lenguas  orientales  de  París,  está  publicaudo  esta  inte- 
resante y  voluminosa  obra,  conforme  á  los  manuscritos  del  Cairo,  del  Escorial,  de  Ox- 
ford, de  Paris  y  de  Viena.' 


352  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

bramientos  para  cargos  administrativos;  he  indicado  y  creo  fir- 
memente que  merecen  un  estudio  especial,  en  el  que  se  fijase  la 
naturaleza  de  los  diferentes  cargos  en  cuanto  pudiera  hacerse; 
cuáles  eran  compatibles,  cuáles  de  más  categoría;  quiénes  hacían 
los  nombramientos,  si  era  limitado  ó  no  su  número,  etc.,  apro- 
vechando cuantas  indicaciones  nos  ofrece  Aben  Pascual;  indica- 
ciones que  de  seguro  completarán  más  ó  menos  los  autores  que 
nos  proponemos  publicar:  así,  respecto  al  número  de  los  mufhíes, 
si  era  indefinido,  ó  de  ejercicio  libre,  como  parece  ser  por  ejemplo 
el  de  notarios,  encontramos  la  indicación  de  que  Yahya  ben  Ha- 
cam  el  Amili,  natural  de  Córdoba,  era  del  número  de  los  mufhíes 
en  esta  ciudad  por  nombramiento  de  Aben  Zarbi  (el  kadhi?):  si  el 
número  no  era  limitado,  al  menos  no  era  profesión  libre,  pues 
se  necesitaba  nombramiento. 

Son  tantas  las  cosas  que  pudieran  anotarse  de  las  noticias  que 
da  nuestro  autor,  y  que  de  seguro,  si  no  aprovechaban  á  unos, 
aprovecharían  á  otros,  que  sería  interminable  si  hubiera  de  hacer 
uso  de  las  papeletas  que  había  separado  para  redactar  esta  noticia 
de  lo  contenido  en  los  cuadernos  iv  y  v  del  texto;  pero  reconozco 
mi  impericia  para  hacerlo  sin  molestar  mucho  á  los  Sres.  Acadé- 
micos, de  cuya  benevolencia  he  abusado  ya  bastante  y  por  tanto 
doy  por  terminado  mi  propósito. 

Madrid  ItJ  de  Noviembre  1883. 

Francisco  Codera. 


LA   REJA   DE   SAN   MILLÁN.  353 


TV. 


LA  REJA  DE  SAN  MILLAN. 


El  texto  de  la  Reja  de  San  Millán,  que  reproduje  en  nuestro 
Boletín  (1)  toraíüidolo  de  Llórente,  ha  sido  al  fin  cotejado  por  el 
docto  P.  Minguella  con  las  fuentes  más  antiguas,  si  no  primeras, 
que  todavía  subsisten  en  la  biblioteca  del  célebre  ex-monasterio 
Emilianense,  y  son  el  Becerro  gótico  (fol.  61)  y  el  galicano  (folios 
189  y  190).  Anotaré  las  pocas  variantes  ó  erratas  que  arroja  este 
último,  no  desatendibles;  y  en  punto  á  las  de  Llórente,  prevengo 
una  vez  por  todas,  que  omitió  las  sumas  de  las  rejas  correspon- 
dientes á  cada  uno  de  los  diez  y  seis  distritos  (2). 

«In  era  millesima  sesagesima  tertia  decano  sancti  Emiliani, 
sicut  colligebat  ferro  per  Álava,  ita  describimus  (3). 

Ubarrundia  xviii  reggas. 

Gamarra  maior  duas  reggas.  Gamarra  (4)  minor  una  regga. 
Erretana  una  reg.  Hamarita  una  rg.  Mengano  i*  rg.  H[ur]riba- 
ri  (5)  I*  rg.  Menganogoien  una  reg.  Gernica  i  rg.  Zeriano  i  rg. 
Betellogaha  ii"«  rgs.  Nafarrate  et  Elhossu  (6)  i  rg.  Hurnaga  i  rg. 
Urbina  et  Angellu  i  rg.  Lucu  et  Arzamendi  i  rg.  Goiahen  i  rg. 
Bagoeta  i  rg. 


(1)  Tomo  III,  pág.  219-222. 

(2)  El  encabezamiento  «De  ferro  de  Álava.  Ubarrundia»  no  existe  en  el  Becerro 
fótico. 

.  (3J  Gal.,  Llor.  «scribimus.» 

(4)  Llor.  «Hamarra.» 

(5)  Gal.  «Hurriuari«;  Llor.  «Hurribarri.» 

(6)  Llor.  «Elhosu.» 

TOMO  III.  21 


354  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 


Camhoa  (1)  xx  rgs. 

Lehete  i  rg.  Essavarri  Argillana  et  Arina  (2)  iii  rgs.  Lángara 
et  Moio  III  rgs.  Aroma  (3)  i  rg.  Mariaeta  (4)  i  rg.  Hazua  ii  rgs. 
Hurizahar  et  Orengohin  (5)  i  rg.  Menisur  (6)  i  rg.  Maturana 
III  rgs.,  uno  (7)  de  cubito  in  longo  et  dúos  (8)  minores.  Essa- 
varri I  rg. 

Harhazua  xxvii  rgs. 

Durana  ii  rgs.  Arzubiana  (9)  i  rg.  Zurbano  ii  rgs.  Hillarra- 
zaha  II  rgs.  Zerio  i  rg.  Oretia  et  Matauco  iii  rgs.  Ania  et  Jungi- 
tu  (10)  III  rgs.  Argumaniz  iii  rgs.  Arbuslu  ii  rgs.  Lubiano  (11) 
II  rgs.  Huribarri  (12)  i  rg.  Doipa  ii  rgs.  Sansoheta  i  rg.  Arroiaha 
etRetia(13)  i  rg.  Mendivil  i  rg. 

Harhazua  xii  rgs.  (14) 

Betonia  ii  rgs^.  Elgorriaga  (15)  i  rg.  Arcaia(16)  i  rg.  Sarricohuri 
I  rg.  Otazu  I  rg.  Gamiz  i  rg.  Borinibar  (17)  i  rg.  Huribarri  (18)  i  rg. 


(1)  Llor.  «Gamboa.» 

(2)  GaL  «Aroma.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Azoma.» 

(4)  Llor.  «Mariheta.» 

(5)  Llor.  «Oreugoin.» 

<6)  Gal.,  Llor.  «Meudissur.» 

<~)  Llor.  c<una.» 

(8)  Llor.  «duas.»    ' 

(9)  Gal.,  Llor.  «Arzubiaga.» 
<10)  Gal.,  Llor.  «Junguitu.» 

(11)  Gal.,  Llor.  «Luviano.» 

(12)  Gal.,  Llor.  «Hurribarri.» 

(13)  Gal.  «Reztia.» 

(14)  Gal.,  no  sin  error,  xxii  rg-s. 

(15)  Gal.,  Llor.  «Slhorriaga.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Arcahia.» 

(17)  Gal.,  Llor.  «Borinivar!» 
<jl8}  Llor.  <^Hurribarri.» 


LA    REJA    DE    SAN    MILLAN.  ,<0.t 

iraberasluri  et  Iluriarte,  Argeudonia  Betrikiz  ( 1 )  Ascarzaha  el 
eancli  Roiiiani  iii  rg¿. 

Maliszhaeza  (2)  xxii  rgs. 

Abeiidagu  (3)  i  rg.  Ai-inenli  (4)  i  rg.  (5).  Echari  (6)  i  r^. 
Gazaheta  i  rg.  Berroztegieta  ii  rgs.  Lassarte  (7)  iii  rgs^  Hariza- 
iaalleta  et  Gardellihi  iii  rgs.  Gaztellu  et  Meiana  iii  rgs.  Meii- 
diolha  HollarruizLi  et  Adurzaha  in  rgs.  Gastehiz  ni  rgs.  Arria- 
•ga  I  rg. 

Hiraszaeza  (  8  )  xxii  rgs. 

Gelegieta  (0)  iii  rgs.  Iscona  iii  rgs.  Troconiz  ir  rg?.  Burgelki 
■et  Garonna  ii  rgs.  Hararihin  (10)  i  rg.  Aíalha  ii  i-gs".  Larrahara 
i  rg.  Dullanzi  ii  (1 1)  rgs.  Aniu  i  rg.  Larraza  et  Arbelgoien  (12)  in 
■dúos  anuos  iii  rgs.  Hereinzguin  (13)  et  Abaunza  (14)  iii  rgs. 

Regir az  xiin  rgs. 

Hamamio(15)  i  rg.  Harhaia  (16)  i  rg.  Haktara  i  rg.  Zalduoa- 
do  (17)  II  rgs.  Mizkina  i  rg.  Paterniana  i  rg.  Hagurahin  et  Salur- 


(1)  Gal.,  Llor.  «Betriquiz.» 

(2)  Gal.,  Llor.  «Malizhaeza.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Abendangu.i> 

(4)  Gal.  «Armentei»;  Llor.  í<Arraentelii.>> 

(5)  Gal.,  Llor.  otres  regas.» 

(0)  Gal.,  Llor.  «Ehari.» 

(1)  Gal.,  Llor.  «Lasarte. >> 
(8)  Llor.  <<Hirnzhaeza.» 

19)  Gal.  «Gelliegieta»;  Llor.  «Igelliegieta.» 

(10)  Gal.,  Llor.  «Hararihini.» 

(11)  Llor.  «I»;  pero  hay  que  mantener  el  «ii»  textual  si  se  computan  bien  las  rejas 
■de  Arbelgoihen. 

(12)  Gal.,  Lor.  «Albergoihen.» 

(13)  Gal.,  Llor.  «Hereinzguhin.» 

(14)  Gal.,  Llor.  «Habaunza.» 

(15)  Gal.,  Llor.  «Hansamio.» 

(16)  Gal.  «Harhahia»;  Llor.  «Harrahia.>> 

(17)  Gal.,  Llor.  «Zalduhondo.» 


356  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    H[STORL\. 

tegiz  (1)  I  rg.  Munniahin  i  rg.  Pingunna  i  rg.  Ocariz  et  Padura 
et  Opaucu  i  rg.  Harrizavallaga  (2)  Heguilior  (3)  et  Abulanga 
III  rgs.  (4). 


Septem  Alfoces. 

Hegiraz  (5)  et  sanctí  Romani  et  Hurabagin  et  Halbiniz  (6)  et 
Hamezaba  uno  andosco.  Hillardui  (7)  et  Arzanhegi,  Ibargureii 
Antuiahin  et  Heinhu  (8)  uno  andosco.  Zonotegi  (9)  Irossona  (10) 
Horibarri  (11)  et  (12)  Udalha  uno  andosco. 

Barrundiz  (13)  xxii  (14)  rgs. 

Galharreta  i  rg.  Gordoua  (15)  i  rg.  Harriolha  ii  rgs.  Narbaiza 
II  rgs.  Larrea  i  rg.  Hazpurba  (16)  Hurigurenna  (17)  et  Zuhazulba 
i  rg.  Ermua  i  rg.  Audicana  i  rg.  Algio  i  rg.  Deredia  i  rg.  Andoz- 
keta  i  rg.  Kircu  (18)  i  rg.  Helkeguren  i  rg.  Zuazu  (19)  i  rg.  Uhu- 
11a  II  (20)  rgs.  Erdongana  i  rg. 


(1)  Gal,  «Salurtegi»;  Llor.  f-Salurtegui.» 

(2)  GaL,  Llor.  «Harrizaballaga  » 

(3)  Gal.,  Llor.  «Hegilior.» 

(4)  Gal.,  Llor.  añaden  «in  anno.» 
(ü)  Gal.,  Llor.  «Heguiraz.y 

(6)  Gal,,  Llor.  «Albiniz.» 

Ci)  Gal.,  Llor.  «Hilarrlui.» 

(8)  Gal.,  Llor.  «et  Ibarg-uren  et  Anduiahin,  Heinbu.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Zornoztegi.» 

(10)  Llor.  «Irrossona.» 

(11)  Gal,  «Horiuarri.» 

(12)  Gal,,  Llor.  omiten  «et.» 

(13)  Gal.,  Llor.  «Barrandiz.» 

(14)  Gal.  «xx\.v  Computando  por  una  reja  cada  andosco  de  los  siete  alfoct'S.  se  llena 
efectivamente  el  número  xxii,  que  el  Becerro  g-ótico  exhibe. 

(15)  Llor.  «Gordua.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Hazpurua.» 
(H)  Llor.  «Hurrigurrena.» 

(18)  Llor.  «Kirku.» 

(19)  Gal.,  Llor.  «Zuhazu'.» 
(20J  Llor.  «una.» 


LA   REJA   DE   SAN   MILLÁN.  357 


Langrares  xxiv  rgs.    (1). 

Transponte  uno.  carnero  Mendihil  (2)  i  rg.  Harrieta  i  rg.  (3). 
Eurtupiana  (4)  i  rg,  (5).  Adanna  i  rg.  Mendoza  r  rg.  Eztarro- 
na  I  rg.  Otazaha  i  rg.  Ilaztcgieta  i  rg.  Gobeio  i  rg.  Zuahaza  (6) 
I  rg.  Lernianda  i  rg.  Margarita  ii  rgs.  Gomegga  (7)  i  rg.  Ari- 
niz  I  rg.  Zumelzu  i  rg.  Benea  i  rg.  Suvillana  (8)  r  rg.  Elheni 
villa  (9)  I  rg.  Luperho  (10)  i  rg.  Quintaniella  de  sursiim  Zaballa 
I  rg.  Billodas  iii  rgs.  Langrares  iii  rgs. 

De  (11)  Murilles  (12)  xiii  y-gs. 

Gersalzaha  i  rg.  Olhabarri  (13)  i  rg.  Huerzas  i  rg.  Mandaita 
I  rg.  Subillana  (14)  i  rg.  Murielles  i  rg.  Urbillana  (15)  i  rg.  Haiz- 
coeta  I  rg.  Artazaha  i  rg.  Baroha  i  rg.  Kincia  (16)  i  rg.  Garcamu 
I  rg.  Frasceueta  i  rg. 

Ossingani  (17)  xxii  (18)  rgs. 
Pavés  I  rg.  Arbigano  i  rg.  Basconguelas  i  rg.  Erenna  (19)  i  rg. 

(1)  Gal.  añade  «van  alfoces.^ — La  suma  total  es  de  xxvii,  que  fácilmente  se  defor- 
mó en  xxiiii. 

(2)  Llor.c<Mendil.» 

(3)  Gal.,  Llor.  añaden  <<in  anno.>> 
(i)    Llor.  <'Curtupiano.>> 

(5)  Gal.  añade  c<in  auno  alio^;  Llor.  «in  alio  anno.v  < 

(6)  Gal.,  Llor.  «Zuhazu.» 

(7)  Llor.  «Gomegra.» 
l8)  Llor.  «Subillana.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Ellienivilla.» 

(10)  Llor.  «Lupero.>> 

(U)  Suprimida  en  Llórente. 

^12)  Gal.,  Llor.  «Murielles. w 

(13)  Gal.  «Olhauarri.» 

(14)  Gal.  «Suvillana.» 

(15)  Gal.  «Urvillana.» 

(16)  Llor.  «Kinea.» 

(17)  Llor.  «Ossiuganin.» 

(18)  La  suma  en  realidad  es  lii.  No  corrige  el  Becerro  galicano  la  equivocación,  pues 
pone  XXV,  sin  duda  por  tener  en  cuenta  las  rejas,  de  que  no  hace  mención  el  gótico. 

(19)  Llor.  «Erennua.»    ■ 


358      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Cassicedo  i  rg.  (1).  Licingana  (2)  i  rg.  Gassicedo  i  rg.  AntepardO' 
I  rg-.  Moliniella  i  rg.  Olivani  (3)  una  regga.  Gomungoni  (4)  i  rg. 
Torreciella  i  rg.  Arcillaría  i  rg.  Villavizana  i  rg.  Lunantu  i  rg, 
Garasta  i  rg.  Ripa  i  rg.  Torissu  (5)  i  rg.  (6).  Zuhiabarrueta  (7) 
novem  rgs.  in  Quartango  duodecim  rgs.  in  Urca  octo  rgs.  Bo- 
cara  i  rg.  Irzu  i  rg.  (8).  Revendeca  i  rg.  Olhaerrera  (9)  i  rg, 
Bardahurri  (10)  i  rg. 


Alfoce  de  Fornello  xx  rgs.  (11). 

Erenna  i  rg.  Anuzquita  i  rg.  Villaluenga(12)  i  rg.  Forniello  (13) 
I  rg.  Luni  villa  (14)  irg.  Tui'u  i  rg.  Sancti  Juliani  i  rg.  Rivamar- 
Lin(15)  i  rg.  Licinganiella  (16)  i  rg.  Antezana  i  rg.  Mazanes  (17) 
i  rg.  Ripaota(18)  i  rg.  Mclietes  i  rg.  (19).  Ripacuta  (20)  i  rg.  Logra- 
zona  (21)  I  rg.  Baia  i  rg. 


(1)  Desde  el  primer  Caicedo  hasta  Leciñana,  el  Becerro  galicano  intercala:  «Caste- 
Uu  unarega.  Padul  una  rega.  Billoriaunarega.  Arreio  una  rega.  Lagus  una  rega.  Cas- 
sicedo una  rega.»  Debió  de  pertenecer  al  texto  primitivo,  anterior  al  del  Becerro  gó- 
tico; y  la  omisión  fácilmente  se  explica  en  razón  de  haberse  distraído  y  ofuscado  el  ojo 
del  copiante,  confundiendo  el  primer  «Cassicedo»  con  el  segundo. 

(2)  Llor.  «Lecingana.» 

(3)  Gal.,  Llor.  «Olibani.» 

(4)  Gal.  «Moscatuero  una  rega.  Conmungoni.» 

(5)  Llor.  «Torrissu.» 

(6)  Gal.,  Llor.  trasladan  &  este  punto  «Carasta.» 

(7)  Gal.,  Llor.  «Zuhiabarrutia.» 

(8)  En  Llor.  no  comparecen  Socara  é  Irzu. 

(9)  Gal.,  Llor.  'lOlhaerrea.» 

(10)  Gal. ,  Llor.  «Bardauri.» 

(11)  En  efecto,  eran  veinte;  pero  el  Becerro  gótico  se  dejó  en  el  tintero  cuatro. 
(r2)    Gal.  «Billa  luenga.» 

(13)  No  lo  nombra  Llórente. 

(14)  Gal.,  Llor.  «Lunivilla.» 

(15)  Gal.,  Llor:  «Ripa  Marlini.» 

(16)  Gal.,  Llor.  «Lizinganiella.» 

(17)  Gal.,  Llor.  «Mázanos.» 

(18)  Gal.,  Llor.  «Ripa  Orta.» 

(19)  Gal.,  Llor.  añaden:  «Quintaniella  una  rega.  Igahigi  una  rega.  Ripavellosa  una 
rega.  Aramingon  una  rega.» 

(20)  Gal.,  Llor.  «Ripa  Acu.'a.» 

(21)  Gal.  «Logrozona»;  Llor.  «Logrozana.» 


LA  REJA   DE   SAN   iMILLÁN.  359 


Rivo  de  Ibita  (1)  xxxii  rgs.  (2). 

Prango  et  Praiigo  ii  rgs.  Armendihi  i  rg.  Artazabal  (3)  i  rg. 
Betruz  i  rg.  Argote  i  rg.  Sancti  Meiano  (4)  i  rg.  Torro  i  rg.  Sancti 
Martini  i  rg.  Gabbari  (5)  i  rg.  Gimcntu  i  rg.  Barola  (6)  i  rg. 
Loza  I  rg.  Alma  i  rg.  Paldu  i  rg.  Mcsanza  i  rg.  Sebastian  ( 7 ) 
I  rg.  Bergilgona  i  rg.  Langu  i  rg.    Guzquiano  ( 8 )  i  rg.  Bustia 

I  rg.  Gogate  i  rg.  Agellu  i  rg.  Pudio  i  rg.  Barizahaga  i  rg.  Saga- 
saheta  (9)  i  rg.  Orzalzan  i  rg.  Uarte  i  rg.  Marquina  de  iuso  i  rg. 
Carrelucea  i  rg.  Marquina  de  suso  i  rg.  Basahuri  (10)  i  rg.  Ho- 
becori  (11)  i  rg.  Hasarte  (12)  i  rg. 

Harrahia  siii  rgs.  (13). 

Sancta  Pia  ii  rgs.  Atahuri  de  suso  ii  rgs.  Atahuri  de  iuso  ii  rgs. 
Okerhuri  (14)  ii  rgs.  Sabando  de  suso  ii  rgs.  Sabando  de  iuso 

II  rgs.  Ebissate  (15)  ii  rgs.  Donnas  ii  rgs.  Mussitu  ii  rgs.  Kerria- 
nu  II  rgs.  Haizpilleta  ii  rgs.  Erroheta  (16)  ii  rgs.  Allegga  ii  rgs. 
Zekungau  (17)  ii  rgs.  Elhorzahea  ii  rgs.  Bahaeztu  ii  rgs.  Kessalla 
II  rgs.  In  his  villis  predictis  obi  (18)  bacca  occiderint  duas  reggas 


(1)  Gal.,  Llor.  «Mta.» 

(2)  Gal.  «XXX  reg.»  en  vez  xxxv,  que  estimo  ser  el  número  verdadero. 

(3)  Gal.  «Atazaval»;  Llor.  «Atazabal.» 

(4)  Llor.  «Meiani.» 

(5)  Gal.,  Llor.  «Galbari.» 

(6)  Gal.,  Llor.  «Barolha.» 

H)  Gal.  «Sevastian»;  Llor.  «Sabastian.>> 

(8)  Gal.  «Guzliiano  i  rg.  Guzkiano  de  Suso  i  r'g.»;  Llor.  «Guzkiano  de  Yuso  una 
rega.» 

(9)  Gal.,  Llor.  «Sagassaheta.» 

(10)  Gal,,  Llor.  «Bassaliuri.»> 

(11)  Llor.  «Hobbecori.» 

(12)  Gal.,  Llor.  «Hassarte.» 

(13)  En  realidad  son  xLiii,  que  marcaba  el  rabillo  de  la  x  original. 

(14)  Llor.  «Okerrhuri.» 

(15)  Gal.,  Llor.  «Ebisate.» 

(16)  Llor.  «Erroeta.» 

(17)  «Gal.  Cekungau»;  Llor.  «Cekungano. 

(18)  Gal.,  Llor.  «ubi.»— 0¿¿  indica  el  tránsito  al  antiguo  castellano  é  italiano  ove^ 
francés  ou. 


360  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

donant.  Okina  (1)  i  vg.  Izarza  i  rg.  Azazaheta  i  rg.  Sirgara  de 
suso  et  Birgara  de  iuso  ii  rgs.  Apiíigaiiiz  i  rg.  Gessalba  (2)  i  rg. 
Bahanezta  i  rg.  Beerrocihabi  (3)  i  rg. 


Divina  xxii  rgs.  (4). 

Oto  et  Oto  iii  rgs.  Huribarri  (5)  et  Urrialdo  (6)  iii  rgs.  Maii- 
doiana  i  rg.  Gerenga  i  Fg.  (7).  Aboggako  (8)  i  rg.  Ihurre  et  Lo- 
peggana  iii  rgs.  Apodaka  ii  rgs.  Mendiguen  i  rg.  Arangiz  i  rg. 
Andiggaua  (9)  et  Oronda  iii  rgs.  Quina  (10)  de  suso  et  Quífia  de 
iuso  novem  reggas.» 


Anda  extraviado,  si  por  desdicha  no  pareció,  el  instrumento 
original  de  la  Reja  de  San  Ilillán,  escrito  en  1025.  Sirvió,  no 
mucho  después,  de  tipo  ejemplar  al  Becerro  gótico,  y  algo  más 
tarde  al  galicano.  Este  códice  acertó  á  suplir  varias  omisiones  en 
que  aquel  incurrió;  pero  tampoco  se  halla  exento  de  errores,  que 
importa  rectificar,  en  atención  á  que  el  documento  es  fundamen- 
tal, como  lingüístico  y  como  geográfico,  de  amplios  y  trascenden- 
tales estudios. 

Igual  desgracia  han  sufrido  no  pocas  lápidas  romanas  que, 
arrancadas  de  Iruña,  perecieron,  sin  valerles  el  celo  protector  de 


(1)    Gal.,  Llor.  «Oquina.» 

12)    GaL  «Gessalua»;  Llor.  «Gesalua.» 

(3)    Gal.,  Llor.  «Berroziliavi.» 

(i)  La  suma  efectiva  asciende  á  28,  que  originalmente  se  notaría  xxiix,  ó  tal  vez 
á30  (xxx),  yendo  comprendidas  las  poblaciones  de  Legarda  y  Artaza,  que  el  códice 
galicano  expresa. 

(5)    Gal.  «Huriuarri.» 

(G)    Llor.  «Uribaldo.» 

O)  Gal.,  Llor.  interponen  aqui:  «Legarda  una  rega.  Artazaha  dúo  regas.  Apodaca 
dúo  regas.  Mendiguren  una  rega.  Arangiz  una  rega.>.> 

(8)  Gal.,  Llor.  «Avoggoco.» 

(9)  Gal.  «.\ndigana»;  Llor,  «Audicana.» 
<10)    GaL,  Llor.  «Zuffla.» 


LA   REJA   DE    SAN    MILLÁN.  361 

sociedad  benemérita.  Una  de  ellas  (Ilübner,  2929)  ofrecía  el  Upo 
éuiico  de  los  Eushaldúnac  y  el  radical  de  la  Euskara: 

Al  •  P  o  R  C  I  V  S 
A  V  S  C  I  •  F 
Q_  V  I  R  .  T  O  N  I 
VS  •  AN  •  LXXV 
H    •    S    •    E 

Marco  Poncio  Toqío,  hijo  de  Auscio,  de  la  tribu  Quirina,  de  15  años  de  edad,  aquí  yace. 
Madrid,  7  Noviembre,  1883. 

Fidel  Fita. 


LOS    SAAVEDRAS. 

Preclarísimo  linaje  y  glorioso  nombre  es  el  de  Saavedra  para 
la  honra  de  España;  él  aparece  una  y  otra  y  otra  vez  brillando  en 
nuestra  historia  literaria  é  irradia  su  fulgor  en  épocas  y  genera- 
ciones diversas. 

Séame  permitida  ó  perdonada  á  lo  menos  esta  enunciación  que 
me  asaltó  al  evacuar  el  informe  con  cuyo  encargo  me  honró  el  Pre- 
sidente de  nuestra  Academia,  referente  al  insigne  escritor  Saave- 
dra Fíijardo.  Ni  creo  que  sean  estas  noticias  de  familia  impertinen- 
tes al  asunto,  ni  impropias  de  la  Academia  de  la  Historia.  Porque 
¿qué  cosa  es  la  historia  de  un  país  sino  la  narración  exacta  de 
los  hechos  realizados  por  el  pueblo  que  lo  habita?  Y  ¿qué  es  pue- 
blo en  este  sentido  sino  el  conjunto  de  gentes  ó  razas  que  viven 
en  un  territorio?  Y  ¿qué  es,  en  ñn,  raza  sino  una  agiomeracióu 
de  familias  de  un  mismo  origea  más  ó  menos  remoto? 

Y  siendo  esto  así,  séame  de  nuevo  lícito  admirarme  y  llamar 


3G2      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA  DE  LA  HISTORIA. 

vuestra  atenci(5n  hacia  esta  familia  de  Saavedra,  que  eu  épocas 
distintas  ha  dado  tan  esplendente  brillo  á  nuestra  fama  literaria, 
y  que  aún  hoy  día  nos  envía  un  valeroso  combatiente  á  este  pa- 
lenque de  nuestras  glorias  históricas. 

Los  Saavedras,  oriundos  del  reino  de  Galicia  y  ricos-hombres 
de  tiempo  inmemorial,  bajan  con  los  Reyes  Conquistadores,  to- 
mando gloriosa  parte  en  la  restauración  de  nuestro  territorio. 

D.  Alonso  Fernández  de  Saavedra,  vigésimo  primero  Señor  de 
esta  Gasa  y  Gaballero  de  Santiago,  Comendador  de  Aledo  y  Ade- 
lantado de  Murcia  por  D.  Alfonso  XI  en  1330  (1),  asistió  á  la  sen- 
tencia arbitral  que  dio  D.  Dionís  de  Portugal  sobre  las  fronteras 
de  los  reinos  do  Valencia  y  Murcia. 

En  este  caballero,  dejando  aparte  el  antiguo  y  primitivo  patri- 
monio de  Galicia,  que  heredó  su  hijo  D.  Gonzalo,  se  dividieron 
otras  dos  ramas,  la  andaluza  y  la  murciana. 

En  la  primera  encontramos  á  Juan  García  de  Saavedra,  vigé- 
simo segundo  Señor  de  la  Gasa  de  Saavedra,  que  toma  parte  eu 
la  batalla  del  Salado  ^a). 

A  su  hijo  Fernán  Yañez  de  Saavedra,  doncel  del  Rey  D.  Pedro, 
luego  fiel  partidario  de  Enrique  II  y  camarero  de  Enrique  III  (h). 

Al  hijo  de  éste,  Fernán  Arias  de  Saavedra,  llamado  el  Bueno  [c], 
primer  Señor  del  Castellar  y  del  Viso  de  Alcor,  que  se  distinguió 
en  la  conquista  de  la  primera  de  estas  villas. 

Y,  en  ñn,  á  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  segundo  Señor  del 
Castellar  (d). 

Este  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  segundo  Señor  del  Castellar 
y  del  Viso,  justamente  llamado  el  Famoso,  allá  por  los  tiempos 
de  D.  Juan  II,  tuvo  en  su  mujer  Doña  Juana  de  Abellaneda, 
entre  otros  hijos,  á  dos  que  nos  conviene  nombrar.  Doña  Juana 
de  Saavedra  y  D.  Hernando  Arias  de  Saavedra  (2). 

(1)  Cáscales,  discurso  19,— Pellicer,  Memorial  de  la  Casa  de  á'aavedra,  núm.  xxi,  pá- 
gina 35  vuelta. 

{a)  PeWicer  y  Toxar,  Mei>iO)-ial  de  la  Casa  ¡/ servicios  de  D.  José f  de  Saavedra,  f."  45, 
número  xxii. 

(i)    ídem  id.,  núm.  xxni,  f.°  48 -vuelto. 

(c)    ídem  id.,  núm.  xxiv,  pág.  51. 

(rf)    ídem  id.,  núm.  xxv,  ^ág.  55. 

(•2)    Navarrete,  Vida  de  Cervantes,  documentos,  pág.  2:37. 


LOS    SAAVEDRAS.  3G3 

La  Doña  Juana  casó  con  Diego  de  Cervantes,  Comendador  de 
la  Orden  de  Santiago,  y  los  descendientes  de  este  matrimonio 
juntaron  en  uno  los  dos  apellidos,  llamándose  desde  entonces 
Cervantes  Saavedra.  Hijo  de  ambos  fué  Jnau  de  Cervantes  Saa- 
vedra,  Corregidor  de  Osuna,  que  tuvo  á  Rodrigo  de  Cervantes, 
casado  con  Doña  Leonor  de  Cortinas,  dichosísimos  padres  del  in- 
mortal autor  del  Quijote. 

Volvamos  ahora  á  a(jucl  Alfonso  Fernández  de  Saavedra,  rico- 
hombre de  D.  Alfonso  Xí,  cuantiosamente  heredado  en  las  tierras 
de  Andalucía,  pero  Comendador  de  Aledo  en  Murcia  y  Adelan- 
tado de  aquella  frontera. 

De  él  descienden  á  la  vez,  como  prueba  Cáscales,  y  como  refie- 
ren en  la  parte  que  les  concierne  los  nobiliarios  andakices,  las 
dos  ramas,  la  una  murciana,  que  pasando  por  D.  Gonzalo  de  Saa- 
vedra, Comendador  de  Calasparra  en  la  Orden  de  San  Juan,  fundó 
la  capilla  de  los  Saavedras  en  la  parroquia  de  San  Pedro  de  Mur- 
cia, y  que  fué  heredada  en  aquella  fértilísima  vega,  con  casa  en 
la  ciudad,  hoy  poseída  á  lo  que  creo,  ó  si  acaso  recientemente  ena- 
jenada por  los  Barones  de  Albalat,  Condes  de  Alcudia,  con  una 
granja  además  en  la  vecina  villa  de  iVljezares;  familia  que  estaba 
representada  á  fines  del  siglo  xvr  por  D.  Pedro  de  Saavedra,  es- 
poso de  Doña  Fabiana  Fajardo,  la  cual  en  la  humilde  villa  citada 
dio  á  luz  en  6  de  Mayo  de  1584  al  tercero  de  sus  hijos  varones,  á 
quien  por  el  nombre  mismo  del  respetable  sacerdote  que  le  bau- 
tizó se  puso  por  nombre  Diego  (a). 

La  rama  andaluza  necesitaba  aún  más  tiempo  para  crecer  y 
producir  su  mejor  fruto. 

Retrocediendo,  pues,  á  aquel  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  se- 
gundo Señor  del  Castellar  y  del  Viso  de  Alcor,  hallamos  el  otro 
hijo  llamado  D.  Hernando  (6),  tercero  de  este  título,  que  le  cambió 
en  condado  en  favor  de  su  hijo  D.  Juan  Arias  de  Saavedra,  cuarto 
Señor  y  primer  Conde  del  Castellar  en  tiempo  del  Emperador 
Carlos  V. 

A  la  quinta  generación,  D.  José  Ramírez  de  Saavedra  y  Ulloa, 


{a)     Pellicer,  Memorial,  f.°  11  vuelto. 

(l>)    ídem  id.,  núm.  xxviipág.  59  vuelta. 


364  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl^. 

segundo  de  su  Gasa,  dejando  al  primero  D.  Fernando  el  condado 
del  Castellar,  que  hoy  ha  ingresado  en  la  Gasa  de  Medinaceli, 
obtuvo  de  Felipe  IV  en  1637  el  título  de  Marqués  de  Rivas. 

Otras  cinco  generaciones  más  adelante  este  marquesado  fué  ele- 
vado á  la  dignidad  ducal  y  á  la  grandeza  de  España  en  favor  de 
D.  Juan  Martín  Pérez  de  Saavedra,  sexto  Marqués  y  primer 
Duque  de  Rivas,  padre  del  insigne  escritor  D.  Ángel,  predecesor 
nuestro  en  esta  Real  Academia,  y  cien  veces  justamente  laureado 
autor  de  D.  Alvaro^  del  Moro  Expósito^  de  los  romances  y  leyen- 
das históricas,  y  de  la  Historia  de  la  sublevación  de  Másamelo. 

¡No  os  parece,  señores,  coincidencia  notable  que  pertenezcan 
estos  tres  grandes  ingenios  á  una  misma  familia  como  (sin  pre- 
tenderlo) lo  prueban  Züñiga  y  Argote,  Cáscales,  Pellicer  y  Na- 
varrete!  De  mi  sé  decir  que  me  ha  llamado  la  atención  ver  usar 
del  mismo  apellido  al  sin  par  ingenio  que  desterró  los  libros  de 
caballería  que  influían  dañosamente  en  la  literatura,  en  las  cos- 
tumbres y  hasta  en  la  política  de  nuestros  antepasados;  al  cris- 
tiano erudito  y  profundo  filósofo  que  supo  reducir  á  pictóricas 
empresas  y  eruditísimos  artículos  los  preceptos  del  difícil  oficio 
de  reinar,  y  en  fin,  al  insigne  dramaturgo  que  en  nuestros  días 
hizo  revivir  la  escena  española  desmayada  ó  adormecida  por  los 
preceptistas  franceses,  y  volverla  á  la  vigorosa  vida  de  Rojas  y  de 
Calderón,  elevando  al  mismo  tiempo  un  diqueque  nos  preservase 
del  descabellado  romanticismo  y  del  vulgar  naturalismo  que  de 
allende  el  Pirineo  nos  invade:  inspirado  y  patriótico  poeta  ade- 
más que  con  populares  romances  dio  á  un  tiempo  vigor  á  tradi- 
ciones gloriosas,  y  al  género  de  poesía  pura  y  exclusivamente  es- 
pañola. 

Ni  se  limita  al  nombre  la  analogía  que  existe  entre  estos  dos 
varones  insignes.  Hijos  ambos  de  muy  ilustre  familia,  pero  no 
llamados  por  las  leyes  de  vinculación  á  heredar  sus  riquezas,  son 
uno  y  oti'o  nobles  segundones;  los  mayorazgos  de  Murcia  los  ha- 
bía de  heredar  D.  Pedro  de  Saavedra,  los  de  Córdoba  tocaban  á 
D.  Juan  Remigio.  Sin  embargo,  ni  D.  Diego,  ni  D.  Ángel  se  re- 
signan ;í  vivir  ociosos  á  expensas  de  una  pensión  alimenticia,  ni 
á  l)uscar  una  rica  heredera  que  les  dore  el  escudo  de  armas.  As- 
piran ambos  á  ilustrar  con  sus  propios  hechos  el  nombre  de  sus 


LOS    SAAVEDRAS.  365 

mayores;  así  que  si  el  satírico  Quevedo  huhicra  querido  censurar 
á  su  contemporáneo  D.  Diego  de  Saavedra  no  hubiese  dicho: 

¿  Qué  cosa  es  ver  a  iin  infanzón  de  España 
abreviado  en  la  silla  á  la  jineta, 
y  gastar  un  caballo  en  una  caña? 

Y  eso  que  en  verdad  la  nobleza  murciana  y  más  aún  la  gente 
popular  de  Aljezares  se  precia  de  caballista  y  gusta  de  aventuras, 
quizá  más  de  lo  necesario  y  plausible.  El  Sr.  de  la  Torro  de  Juan 
Abad  hubiese  hallado  al  caballero  murciano  en  las  aulas  de  Sala- 
manca ó  en  empleos  de  harta  ciencia  y  no  poco  trabajo.  Siglos 
adelante  el  gran  patricio  Jovellanos  exclamaba  criticando  los  vi- 
cios de  los  nobles  de  su  tiempo: 

¿Y  es  esta  la  nobleza  de  Castilla? 
¿Es  este  el  brazo  un  día  tan  temido 
en  quien  libraba  el  castellano  pueblo 
su  libertad  ? - 

¡Ah!  vuelve  fiero,  berberisco  vuelve, 
y  otra  vez  corre  desde  Calpe  al  Deba 
que  ya  Pelayos  no  hallarás  ni  Alfonsos, 
que  te  resistan. 

Pero  tampoco  estas  bellísimas  apostrofes  podrán  dirigirse  al 
denodado  y  entusiasta  D.  Ángel  de  Saavedra,  á  quien  casi  en  aque- 
llos mismos  días,  sino  el  fiero  berberisco,  el  invasor  francés ,  de- 
jaba exangüe  en  los  campos  de  Ocaña. 

Con  once  heridas  mortales 
hech'a  pedazos  la  espada, 
su  caballo  medio  muerto 
y  perdida  la  batalla. 

Con  el  estudio  de  los  cánones  y  leyes  D.  Diego,  con  el  manejo 
de  las  armas  D.  Ángel,  procuraban  defender  los  derechos  de  la 
patria,  hacerse  dignos  del  apellido  heredado,  y  que  el  hábito  de 
Santiago  que  llevaba  el  uno  y  el  de  San  Juan  que  vestía  el  otro, 
fuesen  tan  honrados  en  sus  pechos  como  en  los  de  Lope  ó  Cal- 
derón. 

Sin  embargo,  ni  el  clero  ni  la  milicia  eran  la  verdadera  voca- 


3G6  boletín  de  la  real  academia  de  la  HISTORLí^. 

ción  de  uno  y  otro  Saavedra:  el  espíritu  observador,  el  genio  ame- 
no, la  natural  elocuencia  de  uno  y  otro  los  llamaban  por  otros 
senderos,  y  así  ambos,  dejada  la  primera  carrera,  brillaron  luego 
en  la  diplomacia,  en  las  embajadas,  en  los  Congresos.  Los  proto- 
colos de  Munster  en  el  siglo  xvii,  y  los  de  Gaeta  en  el  nuestro 
guardan  elocuente  testimonio  de  su  habilidad  y  de  su  patriotismo. 
Guando,  más  que  la  edad,  los  trabajos,  los  rindieron,  ambos  vi- 
nieron á  ilustrar  con  las  laces  do  su  experiencia  los  consejos  de  la 
corona. 

En  el  primer  período  uno  y  otro  habían  cumplido  como  buenos 
y  pagado  generosamente  la  deuda  que  tenían  con  su  propio  lina- 
je, D.  Diego  llegó  joven  aún  al  interior  de  dos  cónclaves,  D.  Án- 
gel esmaltó  con  su  sangre  su  nobleza  en  los  campos  de  batalla, 
¿qué  más  pudieran  pedirles  sus  insignes  antepasados? 

En  el  segundo  período  de  su  vida  uno  y  otro  por  el  propio  rum- 
bo hicieron  altísimos  servicios  al  Rey  y  ala  patria,  los  cuales, 
bien  ó  mal  pagados,  fueron  públicamente  reconocidos  y  procla- 
mados. 

Pero  donde  adquirieron  indadablemente  mayor  gloria  y  más 
duradera  fama  es,  sin  duda,  en  la  carrera  literaria:  la  pluma  era, 
á  no  dudarlo,  el  poderoso  instrumento  de  ambos:  ni  el  murciano 
ni  el  cordobés  la  dejaron  de  la  mano,  ni  en  los  estudios  y  pasio- 
nes de  la  juventud,  ni  en  medio  de  sus  largos  y  trabajosos  viajes, 
ni  en  la  final  elevación  de  altísimos  empleos. 

Por  ella  más  que  por  cosa  alguna  vivirán  admirados  en  las 
generaciones  venideras. 

Demos  una  ligera  ojeada  á  las  obras  de  cada  uno  en  tales  pe- 
ríodos. 

La  República  literaria  es  el  primer  parto  del  ingenio  de  Saave- 
dra Fajardo,  según  él  mismo  escribe  en  su  dedicatoria  al  hijo 
natural  del  Conde  Duque ,  y  aunque  así  no  lo  declarase,  bien  lo 
dan  á  entender  de  una  parte  el  desenfado  juvenil  con  que  está 
escrito,  y  de  otra  el  respeto  imitativo  á  libros  que  en  aquel  pe- 
ríodo corrían  en  gran  voga,  como  El  viaje  al  Parnaso  de  Cervan- 
tes, El  Laurel  de  Apolo  de  Lope,  y  otros  extranjeros. 

Joven  era  también  I}.  Ángel  cuando  dio  á  la  estampa  la  Oda 
á  la  batalla  de  Bailen,  El  Paso  hom^oso,  Florinda  y  Laniiza^  y 


LOS    SAAVEDRAS.  367 

¿quién  no  ve  entre  aquellos  clásicos  versos  el  fogoso  patriotismo 
del  joven  oficial  y  la  respetuosa  imitación  del  admirador  de 
Quintana  y  Gallego? 

Pero  siendo  esta  exuberancia  juvenil  en  el  estilo,  este  español 
patriotismo  en  el  pensamiento,  y  este  respeto  á  los  modelos  en  el 
gusto,  cualidades  comunes  á  ambos  escritos  ¡cómo  se  marca  ya 
la  diferencia  entre  los  autores!  ¡cómo  se  percibe  la  profundidad 
filosófica  del  canonista  murciano  y  el  brillante  pincel  del  oficial 
andaluz! 

El  servicio  del  Rey  llevó  pronto  al  tonsurado  D.  Diego  á  la 
corle  y  á  Roma,  allí,  ve,  estudia,  medita  y  más  independiente  y 
más  espontáneo  y  profundo,  escribe  las  Introducciones  á  la  Polí- 
tica, y  Razón  de  Estado  del  Rey  Católico  D.  Fernando. 

También  las  vicisitudes  políticas  y  no  ya  el  servicio  sino  la 
sentencia  del  Rey  sacan  á  D.  Ángel  del  hogar  amado  y  lo  llevan 
lejos  de  España;  y  asimismo  más  independiente,  más  resuelto, 
más  Él^  escribe  ya  el  Faro  de  Malta.,  y  comienza  aquella  serie  de 
romances  históricos,  una  de  las  obras  que  más  le  caracterizan  y 
una  de  las  más  preciíidas  joyas  del  parnaso  español, 

Pero  sigamos  en  su  marcha  á  estos  dos  ingenios  que  á  pesar 
del  vasto  espacio  á  que  se  extienden  en  sus  escritos  y  del  largo 
transcurso  de  dos  siglos,  no  se  encuentran  nunca;  pero  que  como 
dos  líneas  paralelas,  siguen  la  misma  dirección  y  como  que  se 
encaminan  al  mismo  norte...  y  así  es  en  verdad;  al  norte  del  bien 
moral  y  al  engrandecimiento  de  su  patria. 

Saavedra  Fajardo  dejada  Italia  y  tomando  á  su  cargo  las  múlti- 
ples negociaciones  de  Alemania,  como  embajador  ora  cerca  del 
Duque  de  Baviera,  ora  en  el  Círculo  de  Borgoña,  en  la  dieta 
de  Ratisbona,  en  la  Confederación  Helvética,  en  Paris,  en  Yiena 
trata  íntimamente  con  los  profundos  pensadores  de  aquellas  na- 
ciones con  los  hábiles  estadistas  y  grandes  capitanes  de  aquella 
época,  bien  que  puesto  siempre  el  corazón  en  su  amada  patria  y 
fijo  su  pensamiento,  no  tanto  en  Felipe  IV,  perezoso  en  el  oficio 
de  Rey  y  entregado  á  sus  validos,  cuanto  en  el  joven  D,  Balta- 
sar Garlos  objeto  del  público  amor  y  fundamento  (presto  malo- 
grado) de  grandes  esperanzas.  No  emplea  su  ingenio  en  novelas 
picarescas  ó  viajes  más  ó  menos  ciertos  y  entretenidos.  «Sino  que 


368  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMIA   DE   LA   HISTORIA. 

»en  la  ociosidad  (así  la  llama),  de  sus  continuos  viajes  por  Ale- 
T)mania  y  por  otras  provincias,  piensa  en  las  cien  empresas  que 
»forman  la  idea  de  un  Príncipe  cristiano,  y  escribiendo  en  las 
«posadas  lo  que  entre  sí  había  discurrido  por  el  camino,»  remata 
aquella  admirable  obra  traducida  en  vida  de  su  autor  á  todas  las 
lenguas,  código  ingenioso  y  elocuente  de  moral,  de  justicia,  de 
religiosidad  y  á  veces  de  administración  y  de  milicia,  de  cuanto 
en  ñn  constituye  lo  que  él  llama  la  ciencia  de  reinar. 

Vicisitudes  políticas  también  sacan  á  D.  Ángel  del  hospitalario 
suelo  de  Malta,  cruza  con  fruto  por  Inglaterra,  llega  á  Francia, 
se  establece  en  Tours,  visita  frecuentemente  á  Paris,  y  así  como  la 
culta  sociedad  inglesa  le  había  inspirado  el  amorá  Shakespeare  y 
á  Byron,  en  la  Francia  del  año  treinta  se  pone  al  tanto  del  mo- 
vimiento que  Lamartine,  Hugo,  Nodier,  Delavigno,  Mériméc, 
Dumas  y  otros  muchos  habían  impreso  á  todo  género  de  litera- 
tura; madura  él  más  y  más  el  pensamiento  que  ya  tenía  de  dar 
á  semejante  evolución  intelectual,  el  carácter  castizamente  espa- 
ñol, emancipando  las  letras  patrias  del  falso  clasicismo  francés  y 
restaurando  en  ellas  el  espíritu  de  nuestros  antiguos  romanceros 
y  autores  dramáticos. 

El  Moro  expósito  que  tenía  muy  adelantado  desde  Malta,  es 
continuado  con  calor  y  rematado  con  éxito;  D.  Alvaro  concebido 
allá  donde  se  hablaba  la  lengua  de  Byron,  es  discutido  larga- 
mente con  su  amigo  Galiano  y  puesto  en.  fácil  prosa  y  armonio- 
sos versos,  en  las  márgenes  del  Loire. 

Admirable  colección  de  caracteres,  galería  perfectísima  de  cua- 
dros de  costumbres,  de  personajes,  de  sucesos  españoles  todos, 
pero  que  afectan,  retratan  y  enseñan  á  la  humanidad  entera  sin 
que  su  estilo  peque  en  el  conceptismo  de  los  autores  antiguos  ni 
llegue  al  realismo  que  afectan  los  modernos. 

En  el  Moj'o  expósito  hay  trozos  tan  grandilocuentes  como  en 
las  Naves  de  Cortés  y  como  en  los  mejores  cantos  del  Bernardo-^ 
parajes  tan  fáciles  y  llanos  como  en  la  Gatoniaquia. 

En  cuanto  al  drama,  diremos  que  mientras  Moratín  y  el  mismo 
D.  Ramón  de  la  Cruz  no  desdeñarían  las  escenas  del  Mesón  de 
JIornachnelos  y  el  carácter  de  Fr.  Melitón:  Calderón  y  Rojas 
suscribirían  las  décimas  de  D.  Alvaro  ó  el  proyecto  de  fuga  con 


LOS    SAAVEDRAS.  369 

SU  amada  Leonor:  obras  son  ambas  admirables  que  enseñan 
también  la  ciencia  de  reinar  en  la  epopeya  y  en  el  drama. 

Otras  dos  escribieron  los  Saavedras  que  nos  reclaman  mayor 
atención,  La  Corona  Gótica  del  uno  y  La  Sublevación  de  Ñapóles 
del  otro.  Ambas  caen  más  directamente  bajo  la  jurisdicción  de  la 
Academia  por  ser  historiales;  pero  eso  mismo  me  impide  hablar 
de  ellas  dado  que  esta  sabia  Corporación  ha  colocado  á  Saavedra 
Fajardo  al  lado  de  los  Melos  y  Moneadas  y  que  dio  alto  asiento  al 
Duque  de  Rivas  encargándole  llevar  la  voz  de  la  Academia  para 
laurear  á  sus  premiados.  Pero  no  puedo  ni  debo  dejar  de  tomar 
en  cuenta  la  semejanza  entre  ambos  autores,  que  llegados  al  pos- 
trer escalón  de  su  carrera  diplomática,  embajadores  arabos, 
emplean  su  pluma  en  trabajos  históricos  y  desde  remotas  tierras, 
entre  extranjeras  gentes,  vuelven  la  vista  á  la  amada  patria  y 
ponen  la  pluma  en  asuntos  que  conciernen  á  su  historia  y  á  sus 
Clerechos. 

¿  Son  estas  dos  obras  las  más  importantes  de  los  insignes  escri- 
tores? Hay  quien  así  lo  piensa. 

La  fama  popular  no  lo  sanciona  cuando  llama  al  uno  el  autor 
de  las  Empresas  Políticas  y  al  otro  el  autor  de  Don  Alvaro. 

En  mi  humflde  opinión  y  según  escribe  el  autor  antiguo  y  oí 
yo  mismo  decir  al  poeta  contemporáneo  no  son  estas  las  que  con 
mayor  trabajo  y  diligencia  compusieron. 

Otras  no  tan  aplaudidas  son  sin  duda  las  que  acreditan  mayo- 
res tareas,  más  concienzudos  estudios  históricos  y  más  sostenida 
inspiración  á  saber:  El  Moro  expósito  de  D.  Ángel  y  La  Corona 
Gótica  de  D.  Diego. 

Propusiéronse  además  los  autores  fines  trascendentales  y  en 
cierto  modo  parecidos, 

D.  Ángel  eligió  un  asunto  de  la  historia  de  España  de  los  siglos 
medios^  y  sus  héroes,  leyes,  ritos  y  costumbres  están  tratados  con 
tan  bizarro  y  animado  estilo,  con  tan  varia  versificación  y  por  tan 
libre  manera,  que  el  lector  no  sólo  halla  entero  conocimiento  de 
todo  sino  también  practicadas  máximas  literarias  apropiadas  á 
nuestra  época. 

D.  Diego  intentó  reducir  en  breve  volumen  las  historias  de  los 
Reyes  Godos  de  tal  suerte  dispuestas,  que  no  solo  hallase  el  Prín~ 

TOMO  III.  25 


370  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

cipe  (D.  Baltasar  Carlos)  entero  conocimiento  de  ellas,  sino  tam- 
bién advertidas  máximas  políticas,  pero  con  inoderación;  porque 
el  oficio  de  historiador  no  es  de  enseñar  refiriendo  sino  de  referir 
enseñando. 

Notables  diferencias  median  entre  ambos  libros  ó  por  mejor 
decir  en  las  condiciones  y  circunstancias  en  que  sus  respectivos 
autores  se  encontraban.  Las  fechas  de  sus  dedicatorias  bastan  á 
explicarlas. 

La  de  El  Moro  expósito  dice  así:  A.  Mr.  John  H.  Frere. — Paris. 
1."  Diciembre  1833.  Es  decir  cuan  lo  el  autor  contaba  cuarenta 
años,  lo  había  pues  escrito  reposadamente  en  la  flor  de  su  vida,  en 
el  mayor  vigor  de  su  ingenio  en  las  risueñas  márgenes  del  Loire 
(Tours,  Mayo  1833)  y  estaba  rodeado  de  su  familia  que  le  idola- 
traba, de  amigos  (como  Galiano)  que  le  hacían  justicia,  lo  rema- 
taba y  daba  á  la  estampa  en  el  brillante  y  bullicioso  Paris,  cuando 
le  estaban  tras  larga  emigración  abiertas  las  puertas  de  la  patria, 
cuando  ya  amanecía  en  ella  una  aurora  de  libertad  y  ventura  con 
el  reinado  de  Isabel  II  y  la  regencia  de  María  Cristina,  cuando 
en  fin  su  esposa  y  sus  hijos  precursores  de  su  regreso  le  anuncia- 
ban desde  Madrid  cariñosos  abrazos  y  populares  triunfos. 

Del  todo  opuestas  eran  las  circunstancias  que  rodeaban  al 
embajador  Saavedra  Fajardo  y  que  se  compendian  en  la  cabeza  y 
pié  de  su  dedicatoria  de  La  Corona  Gótica  que  dice: 

Al  Príncipe  Nuestro  Señor. — Munster  8  de  Setiembre  1645. 
En  efecto,  no  contaba  ya  cuarenta  años  como  el  autor  de  El  Moro 
expósito,  sino  que  tenía  bien  cumplidos  sesenta  y  uno,  no  depar- 
tía como  aquel  con  su  familia  y  sus  amigos  por  las  verdes  colinas 
de  la  Turena  ó  por  los  alegres  boulevares  de  Paris,  sino  que  con- 
finado por  su  oficio  en  las  heladas  llanuras  de  Westfalia  cubierto 
por  las  nieblas  otoñales  con  que  el  mezquino  Aa  envuelve  los 
monótonos  campos  de  Munster,  solitario  allí  y  preso  además  por 
la  convalecencia  de  una  enfermedad  que  en  Bruselas  le  había 
puesto  á  las  puertas  de  la  muerte;  más  afligido  aún  moralmente 
por  lo  que  le  escribían  de  la  corte  y  porque  su  experiencia  de  las 
cosas  internacionales  le  hacían  preveer  claramente  el  triste  desen- 
lace que  tuvieron  las  negociaciones  que  seguía  y  la  decadencia 
de  la  monarquía  que  era  su  ídolo.  Inquieto,  atormentado  en  fin 


LOS    SAAVEDRAS.  371 

por  las  dificultados  y  dilaciones  que  hallaba  ¿1  tratado  de  la  paz 
universal,  negocio  tan  grande,  dice,  de  que  pende  el  remedio  de 
los  mayores  peligros  y  calamidades  que  jamás  ha  padecido  la 
cristiandad. 

¿Qué  mucho  que  mientras  el  desterrado,  iluminado  por  la 
aurora  de  sus  esperanzas  componía  un  poema  por  todo  extremo 
deleitable,  el  embajador,  al  triste  anochecer  de  sus  desengaños 
escribiese  la  grave  y  severa  historia  dedicada  al  primogénito  del 
distraído  ó  imprudente  Felipe  IV  y  termine  así  su  libro: 

«Lo  que  conviene,  es  que  la  virtud,  la  prudencia  y  la  atención 
»do  los  Reyes  hagan  durables  sus  reinos,  porque  si  bien  son 
«inmutables  los  decretos  de  la  divina  Providencia  en  las  mudan- 
Bzas  de  las  coronas...  es  verdad  infalible  que  la  duración  de  los 
))Ceptros  es  premio  de  la  virtud  y  que  por  el  vicio,  la  impruden- 
»cia,  el  engaño  y  la  injusticia  muda  Dios  los  reinos  de  unas  gen- 
» tes  en  otras.» 

Hemos  dicho  que  la  obra  fué  dedicada  por  el  negociador  de 
Munster  al  Principe  del  Reino  en  8  de  Setiembre  de  1645. 

Parece  fatalidad:  el  Príncipe  D.  Baltasar  Garlos  murió  poco 
después;  el  negociador  no  vio  la  conclusión  de  su  tratado;  y  el  día 
mismo  en  que  escribía  su  dedicatoria  (como  en  presagio)  moría 
en  España  el  escritor  político  de  más  nota  de  nuestra  patria, 
•Quevedo. 

Volvamos  al  paralelo  de  los  dos  Saavedras.  Ambos  terminaron 
su  carrera  pública  en  los  Consejos  supremos. 

D.  Diego  en  la  Cámara  del  de  Indias,  D.  Ángel  en  la  Presidencia 
del  de  Estado;  pero  ni  los  vaivenes  de  la  política,  ni  los  achaques 
de  la  ancianidad,  ni  los  desengaños  de  la  vida  los  respetaron  allí. 

Ambos  buscaron  el  refugio  que  á  cada  cual  consentían  los 
tiempos:  nuestro  procer  cordobés  en  los  cuidados  y  cariño  de 
su  numerosa  familia,  de  su  primogénito  á  quien  legaba  con  la 
dignidad  nobiliaria  su  lira  más  bella  y  gloriosa  todavía:  viendo 
asi  acercarse  su  fin  en  la  casa  que  la  habían  legado  sus  antepasa- 
dos, y  junto  al  templo  mismo  de  la  Concepción  Jerónima  en  que 
aquellos  reposaban.  Guando  el  22  de  Junio  de  1805  sonó  la  hora 
de  su  eterno  sueño  á  los  74  años  de  su  edad,  fué  sepultado  en 
el  convento  de  Rivas  de  su  patronato. 


372  BOLETÍN   DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA   HISTORIA. 

El  historiador  murciano  que  no  tenía  hijos  hizo  de  la  familia 
agustiniana  la  suya  propia,  construyó  una  celda  en  el  convento 
de  Recoletos  cerca  de  donde  hoy  está  la  fábrica  de  moneda,  y 
preparó  allí  su  postrer  descanso  que  logró  el  24  de  Agosto  de  1648 
á  los  64  años  de  su  edad.  Aquella  comunidad  amiga  y  respetuosa 
en  vida,  y  agradecida  en  muerte  le  erigió  digno  sepulcro  en  la 
capilla  inmediata  al  coro  y  le  dedicó  sufragios  hasta  la  época  de 
su  extinción. 

He  terminado  este  impertinente  paralelo,  no  por  encargo  vues- 
tro, sino  por  espontánea  y  quizá  senil  inclinación  mía  escrito,  é 
inspirado  por  un  nombre  cuatro  veces  respetado  ó  querido  en  esta 
Academia. 

El  primero  que  he  nombrado,  nacido  en  el  siglo  xvi,  de  las 
glorias  militares  y  de  las  tiránicas  demasías,  sentó  plaza  de  sol- 
dado y  se  vio  cautivo. 

El  segundo,  tloreciendo  en  el  siglo  en  que  las  guerras  i-eligio- 
sas  producían  su  amargo  fruto  y  España  confiaba  á  la  diplomacia 
la  defensa  de  su  poder  espirante,  fué  clérigo  y  diplomático. 

El  tercero,  que  alcanzó  la  epopeya  de  nuestra  independencia  y 
el  renacimiento  de  nuestras  Cortes,  fué  guerrero  y  orador  parla- 
mentario. 

El  que  felizmente  nos  acompaña,  perteneciente  ala  edad  en  que 
el  ferrocarril  horada  las  montañas  y  allana  los  valles,  en  que  la 
electricidad  comunica  los  hemisferios  y  la  industria  junta  los  ma- 
res, es  ingeniero. 

Las  cenizas  del  primero,  Cervantes  Saavedra,  no  se  han  hallado 
ni  so  pueden  hallar;  tan  modesta  fué  su  sepultura;  pero  aún  están 
en  pie  los  muros  que  le  guardan,  y  aiín  resuenan  las  oraciones 
que  le  bendicen. 

Al  revés  acontece  con  los  restos  del  segundo,  Saavedra  Fajardo; 
se  ha  perdido  el  magnífico  epitafio,  derribado  el  templo,  allanada 
y  desfigurado  el  terreno  en  que  descansaron. 

Pero  ellos  se  han  salvado  merced  á  la  Academia,  y  aún  ha  po- 
dido en  nuestros  días  el  hombre  de  ciencia  tomar  en  su  niano  el 
cráneo,  sede  otro  tiempo  de  tan  profundos  pensamientos,  y  aún 
podrá  el  sacerdote  rociar  con  el  agua  santa  los  huesos  del  que  fué 
tan  piadoso  como  elocuente. 


LOS    SAAVEDRAS.  373 

Del  tercero  todo  ha  sido  hasta  ahora  respetado,  sus.  despojos  y 
su  sepulcro;  aüu  sejuntau  alrededor  de  su  tumba,  bajo  la  bóveda 
consagrada,  sus  hijos  y  sus  admiradores. 

El  cuarto,  felizmente,  vive;  nos  edifica  con  su  laboriosidad,  y, 
gracias  á  Dios,  esperamos  que  largo  tiempo  nos  instruya  y  honre 
con  sus  trabajos. 

Porque  es  lo  cierto  que  todos  cuatro,  en  el  trascurso  de  otros 
tantos  siglos,  han  comprendido  que  la  religión  y  la  patria  deben 
ser  el  primer  objeto  de  nuestro  amor,  y  que  las  obras  intelectua- 
les son  el  mejor  medio  de  prestarles  defensa  y  culto. 

Pido  de  nuevo  humildemente  perdón  por  este  escrito,  por  de- 
cirlo así,  intruso  y  advenedizo,  y  paso  á  cumplir  más  concreta- 
mente el  encargo  de  la  Academia. 


LOS   RESTOS    DE    SAAVEDRA    FAJARDO. 

En  los  primeros  meses  del  año  1836  vivía  en  Madrid  el  sabio 
académico  D.  José  Musso  y  Valiente,  varón  de  vastísima  y  general 
erudición,  contrariado  por  tan  gran  modestia  que  apenas  ha  de- 
jado público  testimonio  de  su  saber  sino  en  las  actas  académicas; 
de  piedad  cristiana  tierna  y  ferviente,  lo  cual  le  ponía  en  aquellas 
circunstancias  en  íntimo  contacto  con  dignos  eclesiásticos  regu- 
lares, perseguidos  á  la  sazón;  de  patriotismo  además  tan  sincero 
y  cordial,  que  confundía  en  un  mismo  amor  las  épocas  todas  de 
nuestras  glorias  nacionales,  y  que  extendía  el  cariño  que  profe- 
saba á  su  familia  á  toda  la  provincia  de  Murcia,  en  que  de  ilustre 
y  antiguo  linaje  había  nacido,  como  si  toda  aquella  fértilísima 
comarca  fuera  su  hogar  y  todos  aquellos  moradores,  grandes  y 
pequeños,  antiguos  y  contemporáneos,  fuesen  sus  padres,  sus 
hermanos  ó  sus  hijos. 

Debo  añadir  (para  dar  autoridad  á  lo  que  he  de  referir)  que 
tenía  conmigo  algunas  relaciones  de  parentesco,  y  más  aún  de 
amistad  que  pudiera  llamar  paternal,  si  su  edad  ya  entonces  ma- 
dura y  su  vastísimo  saber  no  le  dieran  para  mí  autoridad  y  ca- 
rácter de  padre  y  de  maestro. 

Lecciones  eran  y  muy  sabrosas  é  instructivas  los  paseos  que 


374  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

casi  todos  los  días  dábamos  juntos:  recuerdo  que  uno,  justamente 
el  de  su  santo,  discurriendo  por  la  entonces  estrecha  alameda  de 
Recoletos,  y  contemplando  la  elegante  puerta  ó  arco  de  triunfo 
que  aún  llevaba  tal  nombre ,  comenzamos  á  razonar  sobre  los 
derribos  que  entonces  airadamente  se  hacían,  algunas  veces  con 
daño  de  las  artes  y  otras  con  ofensa  de  gloriosos  recuerdos.  «Jus- 
«tamente,  dijo  Musso,  ahora  ando  yo  á  caza  de  los  huesos  de  nues- 
»tro  Saavedra  Fajardo,  que  aún  han  de  estar  ahí  (y  se  paró,  se- 
«ñalando  lo  que  era  á  la  sazón  taller  de  coches  de  D.  Mariano 
«Garsi,  y  Galería  topográfica  pintoresca);  pero  en  donde  se  con- 
»servaba,  hacia  la  derecha  de  la  abandonada  iglesia  y  al  extremo 
«del  edificio  del  convento,  una  especie  de  pabellón  de  arquitectura 
«diversa,  que  remataba  en  lo  alto  en  una  galería  ó  soleadero  coa 
«cinco  arcos  al  Mediodía. — Aquella  (añadió  Musso),  era  la  celda 
«que  para  su  retiro,  hizo  fabricar  nuestro  autor,  ni  más  ni  menos 
«que  Floridabhmca,  en  el  convento  de  San  Francisco  de  Murcia. 
«Su  sepulcro  está  en  la  capilla  de  junto  al  coro  y  su  epitafio 
dice...»  y  me  lo  recitó  entero,  mostrando  aquella  prodigiosa  me- 
moria que  celebraba  Lista  por  lo  extensa  y  que  Gallego,  por  lo 
pronta  en  retener,  llamaba  memoria  á  lo  Stanhop. 

Roguéle  que  me  pusiese  al  corriente  de  lo  que  en  el  particular 
averiguase  ó  consiguiese,  y  me  dijo  que  había  el  día  antes  hecho 
conversación  de  todo  en  la  Academia  de  la  Historia  (a)  para  que 
tomase  parte  en  el  asunto;  que  la  Academia,  sin  que  constase  nada 
en  actas  para  no  sufrir  desaire  ó  desengaño,  había  acordado  diri- 
girse confidencial  y  verbalmente  al  Gobernador  civil  para  ver  de 
salvar  los  restos  del  insigne  escritor,  y  que  en  efecto  había  tomado 
este  encargo  el  Sr.  Baranda,  que  como  eclesiástico  y  como  íntimo 
amigo  de  Olózaga  podía  satisfactoriamente  desempeñarlo. 

Y  acertó  en  la  elección  la  Academia;  porque  en  el  acta  del 
viernes  25  de  Marzo  de  1836,  (es  decir  en  la  sesión  siguiente), 
leemos:  «El  Sr.  Baranda  manifestó  que  había  conferenciado  con 
»el  Sr.  Gobernador  civil  sobre  la  conservación  de  los  restos  mor- 


ía) En  la  sesión  de  18  de  Marzo,  á  la  cual,  como  á  otras  de  que  lueg'o  hago  men- 
ción, asistió  D.  Juan  Roca  lie  Togores,  mi  padre  político,  que  vivía  conmigo,  y  que 
me  refirió  muchos  detalles. 


LOS    SAAVEDRAS.  375 

» tales  del  célebre  D.  Diego  de  Saavedra  Fajardo  que  se  hallaban 
«hace  poco  tiempo  en  el  convento  de  Recoletos;  y  que  aquella 
«autoridad  se  había  mostrado  pronta  y  dispuesta  á  coadyuvar  á 
»ello ;  pareciéndole  al  Sr.  Baranda  sería  oportuno  que  por  parte 
»de  la  Academia  se  le  hiciese  alguna  recomendación  sobre  el  mis- 
»mo  objeto.»  Así  lo  acordó  laAcademia. 

A  lo  que  vagamente  recuerdo  y  no  aseguro,  el  Gobernador  so- 
lícito en  complacer  á  la  Academia ,  como  aquel  que  desea  con- 
traer méritos,  aprovechó  la  próxima  semana  santa  y  sin  aguardar 
la  comunicación  escrita  comenzó  á  dar  pasos  en  el  asunto. 

Lo  que  sí  sé  de  cierto  es  que  llamó  con  urgencia  ásu  despacho 
al  último  prior  y  aun  á  otros  religiosos  del  extinguido  convento, 
causándoles  no  leve  susto;  porque  el  Sr.  Olózaga,  no  tenía  fama 
de  llamar  á  los  frailes  para  convidarlos  á  chocolate  ó  para  darles 
limosnas  de  misas.  El  hecho  es  que  los  infelices  poco  enterados  ó 
poco  tranquilos,  no  acertaron  á  decir  sino  que  en  efecto  «D.  Diego 
había  sido  sepultado  en  la  iglesia,  que  se  habían  cumplido  sus 
píos  legados  hasta  la  exclaustración,  que  el  sepulcro  estaba  en  la 
capilla  próxima  al  coro  y  que  había  sido  violado  en  tiempo  de  los 
franceses.» 

Bastaron  estas  noticias  para  que  el  activo  Gobernador  enviase 
allá  agentes  y  operarios  y  mandase  sacar  de  la  sepultura  y  traer 
al  Gobierno  civil  los  deseados  huesos.  ¡  Cuál  fué  su  sorpresa 
cuando  vio  que  sobraban  algunos  y  faltaban  otros,  entre  ellos 
nada  menos  que  el  cráneo! 

Algo  se  trasluce  de  esto  en  el  siguiente  párrafo  del  acta  del 
viernes  15  de  Abril  de  1836. 

«Di  cuenta  asimismo  de  un  oficio  del  Gobernador  civil  de  esta 
«provincia  de  13  del  corriente,  en  el  cual  manifiesta  que  á  conse- 
«cuencia  del  que  se  le  dirigió  con  fecha  del  7,  había  practicado 
»las  oportunas  diligencias  para  averiguar  el  paradero  de  los  restos 
«mortalesde  D.  Diego  de  Saavedra  Fajardo  y  conseguido  tenerles 
»á  su  disposición.  Pero  que  como  han  sido  trasladados  del  sitio 
«varias  veces  desde  su  extracción  del  sepulcro  en  la  guerra  de  la 
«Independencia,  que  para  afianzar  más  su  identidad,  sería  indis- 
wpensable  continuar  la  indagación  de  lo  ocurrido  y  recoger  todas 
«las  noticias  que  los  moradores  de  aquel  convento  ú  otras  perso- 


376      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLA. 

«ñas  pudieran  suministrar :  que  si  la  Academia  era  del  mismo 
«parecer,  podía  servirse  nombrar  una  comisión  de  su  seno,  que 
«entendiese  en  ello  por  sí  misma  ó  en  unión  con  dicho  Goberna- 
«dor  civil  en  la  seguridad  de  que  emplearía  para  llevar  á  su  tér- 
«minoeste  negocio,  cuantos  medios  pendiesen  de  su  autoridad. 
»La  Academia  en  vista  de  esta  apreciable  indicación,  acordó  nom- 
«brar  á  los  Sres.  Musso  y  Baraoda,  para  que  en  unión  con  dicho 
«Gobernador  civil  entiendan  en  este  negocio,  hasta  terminarlo 
«debidamente.» 

Los  comisionados  siguieron  otro  método  que  el  Gobernador.  Vi- 
sitaron amistosamente  á  los  exclaustrados;  tranquilizándolos  so- 
bre el  asunto  de  que  se  trataba,  y  confidencialmente  averiguaron 
que  en  efecto  no  sabían  más  que  lo  que  habían  dicho  á  Olózaga; 
pero  por  su  medio  entablaron  relaciones  con  cierto  fraile  lego 
que  había  entrado  de  monaguillo  en  el  convento  á  fines  del  siglo 
pasado ,  y  que,  profeso  ya,  era  sacristán  cuando  la  invasión 
francesa. 

¿Era  este  uno  de  ios  moradores  de  aquel  convento  á  quienes 
aludía  Olózaga  en  su  oficio?  Lo  ignoramos. 

En  todo  caso  por  él  supieron  que  los  gabachos  creyendo  que  la 
comunidad  habría  escondido  sus  alhajas  y  las  de  sus  bienhecho- 
res en  los  sepulcros,  los  profanaron  todos,  entre  ellos  el  de  Saa- 
vedra,  rompieron  ó  se  llevaron  la  lápida,  sacaron  el  ataúd,  aún 
estaba  el  cuerpo  entero ,  y  tenía  pedazos  del  manto  de  Santiago; 
pero  no  hallando  los  gabachos  (siempre  los  nombraba  así),  tesoro 
ni  alhajas  ni  siquiera  espada  ó  venera  lo  dejaron  todo  tirado.  El 
piadoso  lego  volvió  á  meter  como  pudo  el  ataúd  en  el  sepulcro 
pero  no  la  lápida  que  había  desaparecido. 

Al  regreso  de  la  camunidad  sn  prior  quiso  examinar  lo  ocurri- 
do y  al  abrir  de  nuevo  el  ataúd  se  encontró  el  esqueleto  deshe- 
cho y  mezclados  confusamente  los  huesos. 

O  por  esta  causa,  ó  por  que  se  hubiesen  de  hacer  reparaciones 
en  la  capilla,  ó  por  otra  razón,  tales  huesos  reunidos  en  una 
arquilla  preciosa,  se  depositaron  en  un  armario  de  la  sacristía. 

Estando  allí  acaeció  un  suceso  que  merece  referirse;  vino  á 
Madrid,  según  relación  del  lego  un  lord  inglés.  (En  concepto  del 
pueblo  todo  viajero  es  inglés,  y  lodo  inglés  es  lord) ;  sin  embar- 


LOS    SAAVIÍDRAS.  377 

go,  no  sería  raro  en  aquella  época  que  fuese  exacta  la  relación, 
y  aún  puede  convenir  al  célebre  Lord  llolland  ó  á  su  hermano 
el  general  Fox,  que  viajaba  á  la  sazón  por  España  en  compañía 
de  su  hijo  y  que  era  gran  conocedor  de  nuestra  literatura:  pues 
bien,  diz  que  este  lord,  ponieudo  en  las  manos  de  su  hijo  la  cala- 
vera de  Saavedra,  dicen  que  dijo:  «Toma,  para  que  digas  que  has 
«tocado  con  tus  propias  manos  el  cnuieo  del  primer  político  de 
»esta  nación  y  de  uno  de  los  mayores  ingenios  de  su  siglo.» 

Copio  estas  palabras  del  artículo  que  yo  mismo  escribí  en  aque- 
llos días  casi  al  dictado  de  Musso,  y  que  se  publicó  eu  el  núm.  G 
del  Semanario  jñntoresco  de  8  de  Mayo  de  1836,  pág.  55.  Y  una 
vez  citado  aquel  articulejo  humorístico,  pero  veraz,  (|ue  recuerda 
hechos  que  ya  había  olvidado,  séame  lícito  reproducir  algunos 
renglones  más  que  precisan  otros. 

«El  dicho  de  aquel  inglés  hubo  de  dar  en  qué  pensar  al  pre- 
lado, que  entonces  había  en  el  monasterio,  averigua  que  su  ante- 
cesor había  confundido  las  reliquias  de  un  sabio  con  las  de  los 
santos,  y  quiere  enderezar  el  entuerto.» 

Su  proceder  no  sólo  era  ortodoxo  sino  asimismo  razonable:  ve- 
remos ahora  documeutalmente  los  resultados. 

En  el  expediente  que  sobre  este  negocio  existe  en  la  Academia 
y  en  la  minuta  del  oficio  que  ya  hemos  dicho  se  pasó  al  Goberna- 
dor civil,  se  encuentra  esta  noticia  importante.  «...  que  V.  S.  (dice) 
«tómelas  disposiciones  más  oportunas  pai-a  que  se  averigüe  el 
p paradero  de  los  enunciados  despojos  que  recientemente,  esto  es, 
«poco  tiempo  antes  de  la  supresión  de  dicha  comunidad  se  halla- 
shan  en  una  arquita  en  la  celda  del  P.  Provincial,  etc.» 

Esto  consta  por  una  parte,  por  otra  hemos  visto  consignar  que 
el  Gobernador  civil  no  se  atrevía  á  reconocer  por  sí  solo  la  iden- 
tidad de  aquellos  despojos,  y  en  efecto,  cuando  los  comisionados 
de  la  Academia  los  vieron,  la  arquita  preciosa  había  desaparecido, 
los  huesos  estaban  en  un  cajón  mezclados  con  otros  muchos,  en- 
tre ellos  cuatro  tibias  y  ningún  cráneo.  Merced,  pues,  á  la  dili- 
gente habilidad  de  Musso  y  Baranda,  se  pudo  averiguar,  por  con- 
fesión del  mismo  lego,  que  desde  niño  los  había  (por  decirlo  así) 
seguido,  que  él  siendo  sacristán  había  obtenido  del  prelado  que 
el  bello  cráneo  (hasta  en  las  calaveras  hay  estética)  y  los  fémures 


378  BOLETÍN    DE    LA    REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

se  extrajesen  de  la  citada  arquita  cada  vez  que  hubiera  de  cele- 
brarse algún  funeral,  para  coronar  el  túmulo  mortuorio. 

Confesó  más  el  buen  lego,  que  á  la  supresión  y  venta  del  con- 
vento, él  había  prestado  ó  cedido  aquel  fúnebre  y  precioso  adorno 
al  dueño  de  la  llamada  Galería  Topográfica  y  Pintoresca,  para 
colocar  la  calavera  en  la  mano  de  una  Magdalena,  que  más  ó  me- 
nos vestida,  acompañaba  á  una  Venus  del  todo  desnuda,  y  al  fa- 
moso torero  Montes  con  su  traje,  su  espada  y  su  muleta. 

Cierto  que  al  ver  tales  despojos  de  tal  varón  y  en  tal  empleo  es 
forzoso  repetir  el  lema  de  su  última  empresa: 

LUDIBRIA    MOR  TI  S. 

De  esos  ludibrios  procuraron  sacarlo  nuestros  mayores,  y  lo  lo- 
graron por  el  tacto  y  diligencia  de  los  Sres.  Musso  y  Baranda  que 
lo  participaron,  no  por  escrito  sino  verbalmente  (é  hicieron  bien) 
á  la  Academia  en  sesión  del  viernes  22  de  Abril  de  1836,  cuya  acta 
dice: 

«Los  Sres.  Musso  y  Baranda  participaron  ala  Academia,  que  en 
desempeño  de  la  comisión  que  se  había  servido  confiarles  habían 
concurrido  con  el  Secretario  del  Gobierno  civil  de  esta  provincia 
á  practicar  las  diligencias  oportunas  para  asegurarse  de  la  iden- 
tidad de  los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo  que 
habían  estado  depositados  en  el  convento  de  Agustinos  Recoletos 
de  esta  capital,  de  cuyas  diligencias  sólo  había  resultado  hasta 
ahora  el  recoger  la  calavera  y  fémures  que  indudablemente  fueron 
del  dicho  D.  Diego  Saavedra;  pero  que  aún  se  continuaban  las 
indagaciones  en  busca  del  resto  del  cadáver. )> 

Tales  indagaciones  no  produjeron  resultado  alguno  por  las  cau- 
sas que  quedan  apuntadas;  y  aunque  las  actas  de  nuestras  juntas 
no  vuelven  á  hacer  mención  de  este  asunto,  bien  claro  lo  demues- 
tra el  señor  director  D.  Martín  Navarrete  en  su  discurso  leido  en 
junta  de  24  de  Noviembre  de  1837,  donde  dice  en  su  párrafo  20, 
página  36,  que  la  Academia  noticiosa  de  que  en  el  convento  de 
Agustinos  Recoletos  estaban  á  punto  de  perecer  los  pocos  huesos 
(que  en  la  guerra  de  la  Independencia  lograron  salvarse)  del  dis- 
tinguido literato  y  profundo  político  D.  Diego  de  Saavedra  Fajar- 


LOS    SAAVEDRAS.  379 

do,  acudió  al  señor  Gobernador  civil  y  comisionó  á  los  Sres.  Musso 
y  Baranda,  que  puestos  de  acuerdo  con  S.  S.  recogieron  su  ca- 
lavera y  ambos  fémures,  y  los  depositaron  en  la  Iglesia  de  San 
Isidro. 

Allí  en  la  capilla  de  la  Virgen  del  Buen  Gousejoon  un  compar- 
timiento de  la  cajonería  de  una  sacristía,  mas  como  utensilio  de 
culto  que  como  restos  de  un  varón  insigne  permanecían ,  de  mu- 
chos desconocidos;  para  otros  pasando  falsamente  por  ser  de  Cer- 
vantes; engañados  por  el  apellido  de  Sabedha,  que  mal  escrito  de 
letra  quizá  del  lego  de  Recoletos  se  lee  en  la  calavera;  por  los  más 
en  fin  ignorados  á  pesar  de  lo  que  dice  y  explica  Mesonero  en  su 
Antiguo  Madrid,  hasta  que  poco  hace,  el  activo  académico  corres- 
pondiente y  vecino  de  Murcia  D.  Javier  Fuentes  y  Ponte  ha  in- 
tentado trasladarlos  á  aquella  catedral  con  ocasión  del  centenario 
del  natalicio  del  insigne  escritor,  y  con  este  fin  y  en  unión  con 
el  Reverendo  Obispo  y  demás  autoridades  de  aquella  provincia, 
solicitan  de  la  Academia  que  sea  su  mediadora  para  que  el  Gobier- 
no de  S.  M.  obtempere  con  sus  deseos  y  permita  la  traslación  de 
los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo  á  la  ciudad  que 
fué,  por  decirlo  así,  su  cuna. 

¿Debe  ó  no  nuestra  Academia  condescender  con  esta  súplica? 

En  mi  entender  no,  si  los  restos  se  hallasen  en  el  sitio  y  sepul- 
cro que  Saavedra  eligió,  encomendado  á  la  memoria  y  oraciones 
de  aquellos  que  designó  por  guardadores  desús  cenizas.  Pero  esto 
no  sucede. 

Sería  todavía  dudoso  si  hubiese  siquiera  remota  probabilidad 
de  que  se  le  dedicase  monumento  digno...  pero  la  verdad  es  que 
están  sus  despojos  desconocidos  y  colocados  menos  dignamente 
que  otros  que  allí  yacen,  como  los  de  Laíilez,  Rivadeneyra,  Nie- 
remberg  y  Esquilache,  y  aun  los  modernos  Melendez,  Moratín  y 
Valdegamas,  los  cuales  al  menos  no  están  manoseados  por  la  cu- 
riosidad de  los  viajeros  ó  la  travesura  de  los  infantillos 

LUDIBRIA   MORTIS. 

En  el  caso  presente,  y  en  la  realidad  de  los  hechos,  mi  opinión 
es  que  Saavedra  (si  me  es  lícito  hablar  así)  ganará  mucho;  que  la 


380  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

corte  no  perderá  nada  y  que  la  Academia,  accediendo  á  los  deseos 
de  los  demandantes,  concluirá  la  piadosa  obra  de  reparación  y 
patriotismo  que  comenzó  en  1837.  Si  así  lo  estima,  pienso  yo  que 
no  sólo  debe  recomendar  al  Gobierno  de  S.  M.  la  solicitud  de  las 
autoridades  de  Murcia,  sino  que  fuera  bien  nombrar  una  comisión 
que  autorizase  la  entrega  de  los  restos  que  ella  salvó  hace  cua- 
renta y  seis  años  y  presenciase  su  colocación  definitiva  en  el  templo 
mismo  en  que  yacen  en  monumental  capilla  los  Fajardos,  ante- 
pasados del  iasigne  escritor;  para  que,  como  escribe  el  mismo 
(Empresa  ci) ,  en  la  contemplación  del  sepulcro  halle  el  alma  el 
verdadero  tesoro  de  la  quietud  eterna. 

Si  así  lo  acordase  la  Academia,  podría  dirigir  al  Gobierno  una 
solicitud  que  poco  más  ó  menos  dijese: 

«Excmo.  Sr.:  Los  restos  mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajar- 
do, el  célebre  autor  de  las  Empresas  politicas,  de  la  Corona  gótica 
y  de  la  República  literaria^  que  yacían  en  la  iglesia  de  Padres 
Agustinos  Recoletos  desde  1648,  fueron  en  1836  recogidos  por  esta 
Real  Academia  y  depositados  de  orden  del  Gobierno  en  la  Real 
iglesia  de  San  Isidro. 

«Allí  estaban  arrinconados,  quizá  desconocidos,  y  tal  vez  pronto 
hubieran  sido,  como  otros,  perdidos;  porque  la  Academia  al  recla- 
marlos no  se  propuso  erigirles  monumento  digno  y  vistoso,  em- 
presa que  si  con  todos  los  que  se  hallan  en  el  caso  del  ilustre  es- 
critor se  hubiera  de  llevar  á  cabo,  excedería  con  mucho  á  los  es- 
casos recursos  de  esta  Corporación.  Atendió  en  1836  sólo  á  lo  que 
se  consiguió,  á  saber:  salvar  de  la  profanación  y  del  olvido  tan 
preciosos  despojos. 

»A1  presente,  noticioso  de  lo  referido  el  celoso  corresponsal  de 
esta  Academia  D.  Javier  Fuentes  y  Ponte,  sabedores  del  caso  el 
prelado  y  las  autoridades  de  Murcia,  se  han  propuesto  trasladar 
á  aquella  ciudad  y  depositar  en  su  catedral,  en  monumento  digno, 
los  restos  del  que  fué  gloria  de  aquella  provincia,  honra  de  España, 
sujeto  respetado  en  naciones  extrañas  y  aun  enemigas,  y  aman- 
lísimo  servidor  de  su  Rey  y  de  su  patria. 

»Gon  semejante  intento  se  han  dirigido  á  esta  Academia  pi- 
diéndola que  sea  su  medianera  con  el  Gobierno  de  S.  M.  para  la 
consecución  de  tan  piadoso  como  patriótico  propósito. 


LOS    SAAVEDRAS.  381 

«Siesta  Corporación  creyese  posible  elevar  en  la  capital  de  Es- 
paña monumentos  á  los  varones  ilustres  que  en  ella  están  sepul- 
tados, vacilaría  en  prohijar  el  proyecto  de  los  patricios  de  Murcia, 
porque  no  está  resuelto  si  es  ó  no  conveniente  esa  centralización 
absoluta  aún  de  los  recuerdos  gloriosos,  Pero  lo  ocioso  de  tal 
cuestión  y  lo  irrealizable  de  semejantes  monumentos  se  demues- 
tra con  sólo  decir  que  en  las  mismas  bóvedas  de  San  Isidro,  aun 
descontando  los  Laínez,  Rivadeneyras  y  Nieremberg,  yacen 
arrinconados  Esquiladle,  Melcndez  Valdós,  Moratín  y  Valdc- 
gamas. 

»Ni  hay  tampoco  en  el  intento  de  los  murcianos  el  menor  asomo 
de  egoismo  provincial  ó  do  demostración  ruidosa  de  espíritu  de 
localidad,  sino  el  piadoso  deseo  de  honrar  la  memoria  y  salvar 
las  cenizas  de  quien  fué  ejemplo  de  buenos  ciudadanos  como  de 
clásicos  escritores,  y  estimular  así  el  estudio  y  la  imitación  de  los 
venideros, 

>)Por  estas  causas  la  Academia  espera  que  el  Gobierno  do  S.  M. 
accederá  á  la  súplica  de  esta  Corporación,  y  que,  de  acuerdo  con 
la  autoridad  eclesiástica,  dispondrá  le  sean  devueltos  los  restos 
mortales  de  D.  Diego  Saavedra  Fajardo,  que  la  misma  Academia 
depositó  en  1836  en  la  Real  iglesia  de  San  Isidro^  autorizando  á 
la  misma  Academia  á  que  los  entregue  á  las  autoridades  de  Murcia 
para  ser  allí  honrosa  y  definitivamente  sepultados.» 

La  Academia,  en  vista  de  todo,  resolverá,  como  siempre,  lo 
más  acertado. 

Madrid  16  de  Noviembre  de  1883. 

El  Marqués  de  Molins. 


BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 


VI. 


LÁPIDAS  ROMANAS  DE  IRUNA  Y  LEÓN, 


D.  Juan  Ochoa  de  Alayza,  digno  é  ilustrado  párroco  de  Tres- 
puentes,  contestando  á  mi  solicitud  acerca  de  los  epígrafes  roma- 
nos que  se  han  descubierto  recientemente  en  Iruña,  me  dice  que 
en  la  primera  mitad  del  año  pasado,  como  arase  un  labrador  en 
el  campo  contiguo  á  la  puerta  casi  derruida  de  la  que  fué  muralla 
del  Norte,  sacó  á  flor  de  tierra  cinco  lápidas,  cuyo  rápido  bosquejo 
me  envía,  y  son  las  siguientes: 

1)  ELANVSV 

R  A  E  S  A  M  I 
F  I  C  S  I 
TEST 

Elanus  Uraesamif(iliusj  ic  sitfusj  esl. 
Elano,  hijo  de  Urésamo,  aquí  j-ace. 

Ilustra  esta  inscripción  las  de  Valladolid  (H.  2726)  y  Contrasta 
(2956),  donde  suenan  Uraesamu  Cantabri  ffiliusj  y  Saeliá  Elani 
mater. 

La  segunda  letra  de  la  línea  segunda  tiene  la  forma  ibérica  de 
la  sílaba  ka  (A),  según  el  sistema  del  Sr.  Zóbel  (1);  y  si  se  le  da 
este  valor,  resultaría  que  el  padre  de  Elano  se  llamó  Urkaesamo. 
Corroboran  esta  interpretación  dos  razones.  En  primer  lugar, 
porque  dentro  de  la  misma  línea  y  en  la  anterior,  es  diferente  la 
forma  indubitable  de  la  A,  dispuesta  en  ángulo  recto  y  sin  tra- 
vesano; en  segundo  lugar,  porque,  fuera  de  la  inscripción  de 
Contrasta,  cuyo  tipo  exacto  no  conocemos,  todos  los  demás  ejem- 
plos de  la  raíz  de  ese  nombre  indígena  incluyen  la  gutural  con 

(i)    Estudio  histórico  de  la  moneda  antijua  española^  i.  i,  pág:.  179;  Madrid,  ISIO. 


LÁPIDAS   ROMANAS    DE    IRUÑA    Y    LEÓN.  383 

aspiración  ó  sin  ella.  Tales  son  (11.  2057,  2087,  2800,  2818,  2967): 
Urcestar  Tascasecéris,  Urcliail  A  ti  tía,  Urcaliociis,  Urcico,  Ur- 
chatetellus.  La  raíz  puede  aproximarse  del  latín  ursus,  griego 
oíipKToi;,  címrico  a7-Ui,  vascuence  arcaico  Jiarsus  (oso),  origen  de  ape- 
llidos vascongados,  como  lo  ha  demostrado  M.  Liychaire  (1).  Tam- 
poco será  inútil  conjeturar,  que  el  segundo  factor  de  JJrkaesamus, 
ó  Uraesamiis,  estoes,  samiís,  corresponde  al  moderno  éuscaro  seme 
ó  semen  (hijo),  que  ha  producido  los  apellidos  patronímicos  ter- 
minados en  z,  como  Ximenez,  conforme  nos  lo  ha  mostrado  el  es- 
tudio comparativo  de  la  degradación  por  apócope  en  el  antiquísi- 
mo vascuence  (2). 

Elanus  sonaba  Elonus  (3)  al  otro  lado  de  la  frontera  francesa, 
y  demuestra  que  no  es  forzada  la  asonancia  que  establecí  entre 
Dullanci  (Alegría)  y  Tullonio. 

2)  S  I  L  A  N 

F  VS  C VS 
E  V  I  L  I  F 


Silamis  Fuscus  Evili  ffiliusj. 


Evili  está  por  Avili,  genitivo  de  Avilius  ^  y  se  amolda  á  una  re- 
gla, por  lo  visto  muy  antigua,  de  la  fonética  vascongada,  que  ex- 
pone D.  Arturo  Gampión  en  la  preciosa  Monografía  (4)  que  en  su 
nombre  os  presento. 


3)  

A  N  L  X    V  I  I 

H  o   S   O   E 

An(noriimj  LX  Vil  hficj  sfitusj  efstj. 


(1)  Eludes  sur  les  idiomes  Pyrcnéens,  pág.  84,  85;  París,  18~P. 

(2)  Véase  Boletín,  t.  ni,  pá;?,  234. 

(3)  Barry,  Inscriptions  inéditos  des  Pyre'ne'es,  18G3;  pág.  21. 

(4)  Ensayo  acerca  de  las  ley  es  fonéticas  de  la  lengua  eiiskara:  Sau  Selastián,  1883,  pá- 
rina  27. 


384  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

Completa  este  fragmento  el  sentido  del  anterior;  si  bien  care- 
ciendo de  calcos  y  datos  suficientes,  no  me  atrevo  á  decidir  que 
fuesen  los  dos  de  una  misma  lápida. 


4) 


V  I 

N  I   V  S 

I  I  T  I  L  I  V  S 

SANNXXXV 

H     I  I     S 


Vinius  Etilitis  s(enusj  annCorumj  XXXV  JificJ  efstj  s(itusj. 
Aquí  yace  Vinio  Etilio,  siervo,  de  edad  de  35  años. 


Esta  inscripción  es  importantísima.  Gomo  algunas  cantábricas, 
que  ha  examinado  y  descifrado  el  Sr.  Fernández-Guerra,  ofrece 
la  especialidad  de  estar  escrita  de  abajo  arriba,  y  las  líneas  en 
dirección  de  izquierda  á  derecha.  En  Etiliusse  reproduce  la  apli- 
cación de  la  ley  fonética  del  vascuence,  que  hemos  visto  en 
Evilius.  Vinius  quizá  dimanó  de  un  nombre  geográfico  poco  le- 
jano; por  ejemplo,  el  de  los  Vennenses,  que  cita  Plinio,  y  parece 
traslucirse  en  Bénea,  que  la  Reja  de  San  Millán  atribuye  á  la  co- 
marca septentrional  de  Iruña,  donde  se  alzan  Ullibarri  de  Viña 
y  Echavarri  de  Viña. 

La  íiltima,  ó  5.'  inscripción  que  se  ha  descubierto,,  es  aún  más 
importante: 

T  V  T  3.  A  E 

S  A  C 

—    •    V  a  L  E  K    '    E  D 

FLAMDIVIAV 

P 

Tiitelae  sac(rumj  [?  va]lerfiíisj  eáfilisj fiam.{enj  divi  Aiti'gusHJ pfQsriitJ. 

Consagrado  á  la  diosa  Tutela.  Púsolo  (Cayo?)  Valerio  edil,  flamea  del  divo  Augusto. 

Es,  en  efecto,  esta  lápida,  la  primera  y  única  de  Iruña  que  nos 
brinda  el  nombre  de  una  deidad,  y  la  única  y  primera  también 


LÁPIDAS    ROMANAS    DE    IRüÑA    Y   LEÓN.  385 

que  nos  hace  reconocer  que  allí  existió  municipio  romano  con  sus 
ediles  y  ílámines  del  divo  Augusto. 

La  inscripción  se  ha  trasladado  al  Musco  provincial  de  Vitoria. 

No  se  ha  contentado  el  digno  párroco  de  Trespuentes  con  ha- 
ber buscado  y  recogido  estos  monumentos.  Coi\  la  lista  en  la 
mano  de  los  que  no  dice  Hübner  que  hayan  salido  de  Irnña  y  de 
su  comarca,  me  certifica  que  faltan  los  que  el  doctor  alemán  re- 
seña con  los  números  2927,  2032,  2935  y  2937.  Los  demás  perma- 
necen sin  haberse  movido  del  sitio  exactamente  indicado  por  el 
Corpus  inscriptionwn  latinarían.  Una  rectificación,  que  afecta  al 
sentido,  hay  que  hacer  en  la  inscripción  293G,  que  existe  en  Tres- 
puentes  «en  el  quicio  de  la  puerta  de  entrada  á  la  casa  de  D.  Juan 
López.»  Jjéese  claramente  con  todas  sus  letras  y  con  su  forma 
arcaica : 

RHODANVS 
AÍLI'   F    •   SERVO. S 

A  N     •      í. 

TICHIA'VXOR 

í'ZZVNA'SOCRA 

I     •     E 

BhndaniíS  A  HUffilUi-tj  sercos  anf'norum)  L  TyrJria  vrmr  \  JU?'  vva  .fncra.  TfcJ  fístj. 
Aqui  j'aee  Ródano,  siervo,  hijo  de  Atilio,  de  50  años  de  edad.  Pusiéronle  esta  memo- 
ria su  mujer  Tiquia  y  su  suegra  Illuna. 

Padre  de  Ródano  fué  probablemente  Vinio  Atilio,  cuya  lápida 
sepulcral  se  nos  ha  descubierto.  Fácil  se  hace  suponer  que  la  raíz 
de  Tichia  sea  rv^-n  (fortuna).  Desgraciadamente  están  cortadas  por 
la  mitad  inferior  las  tres  primeras  letras  del  nombre  que  encabeza 
la  última  línea,  pudiéndose  leer  iil  ó  ill,  y  resultando  el  nombre 
Eluna,  ó  mejor  Illuna,  cuyo  radical  aparece  con  frecuencia  en 
inscripciones  de  la  región  pirenaica  (1):  Iluni  deo,  Herculi  Ilunno 
Andose,  Uriaxe  Ilunnosi  filia,  Astoiliinno  deo.  ¿Sería  el  adjetivo 
éuscaro,  correspondiente  al  latín  fitscíís,  que  cabalmente  en  viz- 

(I)    Luchaire,  Op.  cit.,  pág-,  50,  55,  58. 

TOMO  III.  "26 


386  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

caino  y  guipuzcoauo  se  dice  illún  y  en  labortano  y  hajo-navarro 
ilhún?  Así  lo  pienso;  tanto  más,  cuanto  que  en  Iruña  fué  sepul- 
tado «Silanus  Fuscus  Evili  filius.»  Socra,  finalmente,  está  por 
socrus,  demostrando  no  ser  poco  antigua  la  forma  romanceada, 
de  laque  ha  salido  inmediatamente  la  castellana  suegra.  Ni  de- 
jaré de  observar,  que  así  como  el  vascuence  se  acerca  por  su 
artz  (oso)  del  griego  ¿px-s?,  así  también  del  griego  ixvfí,  pare- 
ce haber  sacado  guiarrá  (suegra) ;  confirmándose  de  esta  manera 
la  conocida  expresión  de  San  Jerónimo  (1):  «Máxime  quum  Aqui- 
tania  graeca  se  jactet  origine;  et  Galatae,  non  de  illa  parte  terra- 
rum,  sed  de  ferocioribus  Gallis  sint  profecti.» 

Las  relaciones  de  España  con  el  Oriente  durante  la  Edad  Ro- 
mana y  las  influencias  del  griego  en  nuestro  romance,  se  dejarán 
más  y  más  apreciar  conforme  vaya  creciendo  el  estadio  de  la 
Epigrafía,  Ya  lo  hice  ver,  al  imprimir  y  comentar  ampliamente 
la  inscripción  del  ara  leonesa  de  Tito  Vitrasio  Pollón  en  el  tomo  ii 
de  la  revista  La  Academia  (2)  y  en  el  tomo  xi  del  Museo  españ  ol 
de  antigüedades  (3).  A  este  último  estudio  mío,  cuyas  ideas 
é  investigaciones  se  apropia  nuestro  aprovechado  correspon- 
diente el  Sr.  Gaslrillón  {\),  sólo  añade  que  el  ara  es  de  mármol 
blanco,  simulando  una  pilastra  con  plinto,  cornisa  y  frontón,  y 
midiendo  1,29  m.  de  alto  por  0,54  ra.  de  ancho  y  0,49  m.  de  grue- 
so; y  que  hallada  en  la  escalera  que  conducía  al  sótano  de  la  casa 
número  4  de  la  calle  de  la  Escalerilla,  contigua  al  lienzo  meridio- 
nal de  la  antigua  muralla  de  la  ciudad,  ha  sido  cedida  por  el  pro- 
pietario, D,  José  Lorenzana,  al  Museo  arqueológico  provincial, 
sito  en  los  claustros  del  monumonfal  edificio  de  San  Marcos. 

Fidel  Fita. 


(1 )    Comentarios  á  la  epístola  de  San  Pablo  á  los  Gálatas,  lib.  n,  prólogo. 

{2J  Pá?.  G6;  Madrid,  1877.— De  aqui  pasó,  con  sucinto  comentario  de  Hiibner,  á  la 
EpJtenieris  epigraphira,  vol.  iv,  pág.  17;  Herlin,  1^7'^. 

(í!)    Pág.  3^8-nílO. 

(1)  Rfvista  de  Arr/nvos,  fíihliotecas  y  3/í'.?ío.<í  (segunda  época,  ano  ix,  núm.  11);  Ma- 
drid, ms;j;|,ág.  3!)S-101. 


índice  del  tomo  III. 


Acuerdos  y  discusiones  de  la  Academia.  (  Noticias) 5 

informes: 

I.     Escritura  hierática  de  la  Ainérica  Central. — E.  Saavedra, 

A.  Fabié,  F.  Fita - 

II.     Biografía  de  tres  ilustres  misioneros  en  América  y  África. — 

A.  Fabié 9 

III.     Rudimentos  de  árahe  vulgar. — F.  Fernández  y  González. ...        13 
IV.    El  río  Salom  de  la  Crónica  del  moro  Rasis. — F,  Fernández 

y  González 17 

V.     Objetos  romanos  ¡j  árabes  hallados  cerca  de  la  ciudad  de  Mur- 
cia.— A.  Fernández-Guerra 20 

VI.     Geografía  romana  de  la  provincia  de  Álava. — A.  Fernández- 
Guerra. 22 

VIL     Correspondencia  autógrafa  de  Carlos  VI  de  Austria. — P.  de 

Gayangos 33 

VIII.     Cartas  de  Carlos  VI  de  Austria  al  Barón  de  Freisheim. — 

J.  de  la  Pezuela 36 

IX.     Tratado  elemental  de  derecho  internacional  marítimo. -Iñ..  Col- 

meiro 37 

X.     Historia  eclesiástica  y  civil  de   Nueva  Granada. — V.  de  la 

Fuente 41 

XI.     Inscripción  arábiga  de  Castellón  de   la  Plana. —  P.  de  Ga- 
yangos         48 

■  XI.     Declaración  de  una  coluna  del  Emperador  Adriano,  Obra  (re- 
impresa) del  Dr.  D.  Agustín  Sales. — F.  Fita 51 


-188  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Paps. 


Noticias c .  c 65 

informes: 

I,    Monedas  inéditas  de  tipo  ibérico. — C.  Pujol  y  Camps 67 

II.    Historia  de  Valladolid. — F.  Fernández  y  González 77 

III.  Última  campaña  del  Marqués  del  Duero. — J.  Gómez  de 

Arteche 83 

IV.  La  catedral  del  Pmj  y  la  de  Gerona. — V.  de  la  Fuente. ...  87 
V.     Historia  de  la  instrucción  pública  en  Portugal. — V.  de  la 

Fuente 97 

VI.     Templo  de  Sérapis  en  Ampurias. — F.  Fita 124 

VIL     Inscripciones  romanas  de  los  valles  de  Saii  Millán  y  de  Aran. 

— F.  Fita 1 30 


Noticias 1 37 

informes: 

I.     Altahiskarco  Cantuá. — Wentwoith  Webster 1 39 

II.     Antigüedades  prehistóricas  del  partido  de  Molina  de  Aragón, 

— R.  Andrés  de  la  Pastora 154 

III.     Expedición  científica  y  artística  á  la  Sierra  de  Francia.,  pro- 
vincia de  Salamanca^  en  el  mes  de  Julio  de  1857. — V.  de 

la  Fuente 1 59 

variedades: 

Discursos  pronunciados  por  el  Sr.  Rada  y  Delgado  en  el  último  Con- 
greso de  americanistas  de  Copenhague 190 

Escrituras  inéditas  de  los  siglos  xi  y  xiv. — F.  Fita 202 


Noticias 209 

informes: 

I.     Santiago^  Jerusalén,  liorna. — F.  de  Cárdenas 21 1 

II.     El  vascuence  alavés  anterior  al  siglo  xiv. — F.  Fita 215 

variedades: 

Misiones  de  indios  guaranis.  (Continuación) . .  244 


Noticias 257 

informes: 

I.     Cartulario  de  las  abadías  de  la  Couturey  de  Solesmes. — V.  de 

la  Fuente,  C.  Fernández  Duro 26 1 


ÍNDICE.  389 

PáffS. 

ir.     La  Catedral  de  Murcia  en  1 29 1 .— F.  Fita 268 

III.    Bosquejo  histórico  de  la  Sede  Cartaginense. — F.  Fita 276 

IV.     Compendio  de  la  historia  de  Burgos. — M.  Oliver  y  Hurtado.  293 
V.     Monumentos  antiguos  de  la  Iglesia  Comjwstelana. — M.  Menen- 

dez  Pelay o 295 

VI.    Málaga  musulmana. — E.  Saavedra 299 

VAIUEDADES: 

El  Museo  Arqueológico  de  Constantinopla. — J.  de  la  Rada 303 


Noticias 321 

INFORMES  : 

I.     Puerta  y  cubo  de  Santa  Clara  de  Zamora. — A.  Fernández- 
Guerra 324 

II.     La  calavera  del  Conde  de  Tendilla. — V.  de  la  Fuente 332 

III.     Assilah  de  Aben  Pascual. — F.  Codera 339 

IV.     La  reja  de  San  3lillún.— F.  Fita, 353 

V.     Los  Saavedras. — El  Marqués  de  Molina 361 

VI.     Lápidas  romanas  de  Iruña  y  León. — F.  Fita 382 


ÍNDICE  DE  LOS  GRABADOS  CONTENIDOS  EN  ESTE  VOLUMEN. 


Pñffs. 

Inscripción  arábiga  de  Castellón  de  la  Plana 49 

Monedas  ibéricas  (lámina  \.^) 68 

—                 —      2.")  [\) 76 

Inscripción  de  Sérapis  en  Ampurias  (tamaño  natural) 127 

Inscripción  vasco-romana  del  valle  de  Aran 1 36 

Facsímile  de  escritura  cursiva  hebreo-toledana  (siglo  xiv) 208 

Torreón  y  puerta  de  Santa  Clara  (Zamora) 329 


(1)    Se  distribuirá  en  el  próximo  número  del  Boletín. 


EI^I^J^T^S. 


PÁGINA. 

LÍNEA. 

DICK. 

DEBE  DECIR. 

134 

2 

OBIONESIS 

OEFONES 

» 

29 

tierra   yerma  ó  de 

páramo 

Tilla  (le  Herramel  ó  Villa-Ramiel 

204 

18 

sánete 

sancti 

» 

2Í» 

ankeJo 

ankelv- 

i> 

30 

Sanri 

Sancio 

205 

Última. 

11 

1.  ni 

206 

5 

Durango 

Duranco 

» 

13 

aptus 

ausus 

239 

9 

Haztegiata 

Haztegiata 

» 

31 

recuesto 

1 

í  recuesto,  al  decir  de  Madoz  (Dic- 
\      cionario,  art.  ariñkz) 

260 

19 

29 

27 

LAM  ?  II 


frl^'^íis 


^^-^  17 


i5 


\C  ;. 


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'V. 


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S:%0V    V^'-nS 


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18 


„'  V-.  J  ..;!'?»'£««. '•■'í-'''5''«íí'  '^^'* 


boletín 


REAL    ACA.DEMIA    DE    LA    HISTORIA 


í 


BOLETÍN 


DE  LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA 


TOMO    IV 


MADRID 

IMTEENTA   DE   FORTANET 

CALLE  DE  LA  LIBERTAD ,  NÚM.  23 
■1  8  8  '¿^ 


«En  las  obras  que  la  Academia  adopte  y  publio^ue ,  cada  autor  será  responsable  de 
sus  asertos  y  opiniones ;  el  Cuerpo  lo  será  solamente  de  que  las  obras  sean  acreedoras 
;í  la  luz  p'''i'Vi 

Eatot'i'o  XXV. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  IV.  Enero,  1884.  cuaderno  i. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

En  la  sesión  del  14  de  Diciembre  fueron  reelegidos  Censor  y 
Tesorero  los  Sres.  Golmeiro  y  Saavedra,  y  elegido  Bibliotecario 
perpetuo  el  Sr.  Oliver  Hurtado. 


En  la  misma  sesión  dio  parte  ú  la  Academia  el  Sr.  Rada  y  Del- 
gado de  haberse  comenzado  á  proceder,  por  acuerdo  municipal, 
al  derribo  de  la  muralla  pelásgica  de  Tarragona.  La  Academia,  re- 
cordando un  hecho  análogo  acontecido  recientemente  en  la  ciudad 
de  Zamora  (1),  no  pudo  menos  de  lamentar  tamaños  excesos;  y 
dictó  las  medidas  convenientes  á  impedir  que  desaparezca  un 
monumento  tan  glorioso  para  España.  Es  nacional;  no  pudo  ni 
puede  estar  á  disposición  del  Municipio;  y  es  además  de  no  escasa 
valía  para  la  historia  universal  del  linaje  humano. 


En  la  sesión  del  21  de  Diciembre  expuso  á  la  Academia  su  be- 
nemériio  Director  el  feliz  éxito  de  las  diligencias  que  en  nombre 
de  la  misma  había  practicado  cerca  del  Gobierno  de  S.  M.,  de 
suerte  que  no  hay  temor  pase  adelante  el  derribo  de  la  muralla 

(I)    Véase  Boletín,  t.  iii,-  pág"-  *24-33-2. 


G  BOLETÍN    DE    LA    P.EAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL'i. 

pelásgica.  Propuso  y  se  acordó  un  oñcio  de  gracias  al  Excelentí- 
simo Sr.  Marqués  de  Sardoal  Ministro  de  Fomento  y  al  señor 
Director  de  Instrucción  pública,  por  el  ilustrado  interés  y  expe- 
ditiva eficacia  con  que  habían  acogido  al  momento  las  represen- 
taciones de  la  Academia. 


Los  Sres.  Fabié,  Balaguer  y  Fernández-Duro,  han  sido  nom- 
brados para  formar  la  Comisión  que  fije  el  precio,  procure  la  ex- 
pendición  y  entienda  en  todo  lo  referente  al  curso  de  los  libros 
que  publique  este  centro. 


Los  Sres.  Académicos  Excmo.  Sr.  Marqués  de  Molinséllustrí- 
simo  Sr.  Rada  y  Delgado,  son  designados  para  representarla  en 
el  acto  solemne  de  trasladar  á  Murcia  los  restos  mortales  del  exi- 
mio D.  Diego  Saavedra  Fajardo. 


La  Academia  vio  con  satisfacción  tres  lujosos  tomos  de  la  His- 
toria general  de  España,  escrita  por  Lafuente  (D.  Emilio)  y  con- 
tinuada por  D.  Juan  Valera  hasta  nuestros  días.  Sobre  ellos  la 
Academia  dará  dictamen  á  propuesta  de  la  Dirección  de  Instruc- 
ción pública. 


El  Académico  Sr.  Arteche  ha  de  informar  acerca  del  libro  Gue- 
rra de  anexión  de  Portugal,  escrito  por  nuestro  correspondiente 
el  Sr.  Suarez  Incláu.  A  cargo  del  Sr.  Fita  corren  los  informes  so- 
bre las  obras  de  los  Sres.  D.  Antonio  López  Ferreiro  y  D.  Arturo 
Gampión,  que  anunciamos  en  otro  número  (1). 


El  Sr.  Fernández  Duro  presentó  una  Memoria,  escrita  por  don 
Saturnino  .limenez,  sobre  las  ruinas  del  municipio  romano   Vo- 


(l)    Torno  iii,  pág.  ;K3. 


ACUERDOS  Y   DISCUSIONES    DE   LA   ACADEMIA.  7 

luhilianum,  que  se  encuentran  al  Norte  de  Mequinez  en  el  im- 
perio de  Marruecos.  Los  diseños  de  los  monumentos  arquitectó- 
nicos y  la  copia  de  varios  fragmentos  epigráficos,  uno  de  ellos  con 
el  nombre  del  municipio,  realzan  el  valor  de  esta  Memoria. 


En  el  Boletín  de  la  Institución  libre  de  enseñanza ,  número  del 
15  de  Diciembre,  ha  comenzado  á  ver  la  luz  el  trabajo  crítico  que 
nuestro  sabio  correspondiente,  el  Dr.  Wentworth  Webster,  ha 
hecho  acerca  de  la  Influencia  de  los  Fueros  pirenaicos  en  la  Cons- 
titución inglesa. 


Ha  dado  parte  á  la  Academia  el  Sr.  Fita  de  haber  encontrado  y 
copiado  el  texto  de  las  Cortes  celebradas  en  Barcelona  por  D.  Ra- 
món Berenguer  III,  conformándose  á  lo  dispuesto  por  el  Papa 
en  el  concilio  de  Glermont  (1130),  Las  apunta  nuestro  Catálogo  (1) 
bajo  el  año  1125.  El  texto,  inédito  aún,  es  el  mismo  que  vio  Dia- 
go  (2),  sobre  cuya  autoridad  descansa  la  de  Feliu  (3).  Se  escribió 
durante  la  primera  mitad  del  siglo  xiii,  alterando  la  fecha  de  las 
Cortes  que,  en  sentir  de  dicho  Sr.  Académico,  es  la  de  10  de 
Marzo  de  1131. 


Han  sido  muy  considerables  los  donativos  de  objetos  arqueo- 
lógicos y  de  obras  impresas  y  manuscritas  que  varios  señores 
correspondientes  acaban  de  poner  á  disposición  de  la  Academia. 
Veráse  esto  por  el  catálogo  de  obras  y  objetos  recibidos,  que  sal- 
drá en  el  Boletín  de  Febrero. 


fl)    Colección  de  Cortes  délos  antiguos  veinos  de  EspaTm,  por  Jo  lieol  Academia  de  f-a 
Historia.  Catálogo.  Madrid,  1855;  pág.  131. 

(2)  Anales  de  Cataluña,  1.  x,  c.  12. 

(3)  Historia  de  los victoriosissimos  Condes  de  Bflrrelona:'Bí\rco\on».  Ifi03.  fol.  l"<o. 


INFORMES. 


ANTIGÜEDADES  SORIANAS  POR  D.  ANTONIO  PÉREZ  KIOJA. 


Excmo.  Sr.:  Terminada  con  la  unificación  de  la  monarquía  la 
inquieta  actividad  municipal  de  nuestras  antiguas  ciudades  en  la 
Edad  Media,  casi  todas  buscaron  refugio  en  el  recuerdo  de  pasa- 
das glorias  para  distraer  la  acompasada  regularidad  de  su  nueva 
vida;  y  fija  la  atención  en  los  ideales  propios  de  la  época,  no  sa- 
lieron del  círculo  de  la  historia  romana,  ya  que  de  la  posterior 
no  apreciaron  otra  cosa  que  las  relaciones  de  la  Leyenda  sa- 
grada, ó  la  tradición  que  de  sus  santos  é  imágenes  conservaba 
cada  localidad  piadosamente.  No  valió  á  Soria  para  escapar  á  la 
regla  común  el  significativo  mote  de  sus  armas ,  que  por  ser  ca- 
pital de  comarca  fronteriza,  así  de  moros  como  de  aragoneses,  la 
llama  cabeza  de  Extremadura  ^  ni  despertó  la  curiosidad  de  sus 
cronistas  la  multitud  de  hermosos  edificios  románicos  que  cubren 
su  suelo,  entre  los  cuales  descuellan,  al  lado  de  la  Colegiata  de 
San  Pedro,  con  la  magnífica  arquería  de  su  claustro,  los  bien 
conservados  ingresos  á  la  Sala  Capitular  primitiva  y  tal  cual  resto 
de  viejas  pinturas,  la  iglesia  medio  arruinada  y  singularísima  de 
San  Juan  de  Duero,  análoga  algún  tanto  á  la  Magdalena  do  Za- 
mora ,  y  las  parroquias  de  Santo  Tomé ,  de  San  Juan  y  de  San 
Nicolás,  sin  contar  no  pocos  templos  de  Agreda,  Almazán,  Garray, 
Huerta  y  otros  muchos  pueblos  de  la  provincia. 

Siguiendo  tal  criterio,  los  antiguos  escritores  sorianos  no  re- 


ANTIGÜEDADES   SORIANAS.  O 

putabaii  como  cosas  memorables  siiio  el  íloro  lieiuismo  de  Xa- 
maiicia  ó  el  dulce  y  celestial  heroísmo  de  San  Saturio.  Si  por 
acaso  descendían  á  tratar  de  tiempos  más  cercanos,  era  para  bus- 
car origen  y  fundamento  á  los  piivilcgios  del  estado  noble,  i-e- 
parlido  en  los  Doce  Linajes,  sin  pararse  á  apuntar  hechos  tan 
famosos  como  la  convocatoria  de  las  huestes  de  Alfonso  VII  en 
Almazán  para  combatir  íi  su  padre  político,  ó  el  campo  que  asentó 
en  Galtojar  Don  Alvaro  de  Luna  después  de  haber  rechazado  sin 
lidia  á  los  reyes  de  Aragón  y  de  Navarra  confederados,  ó  el  real 
de  Don  Juan  II  en  Velamazán ,  donde  prendió  y  aseguró  en  su 
propio  alfaneque  al  Duque  de  Arjona.  Gompláceuse  muchas  veces 
en  describir  menudamente  las  tradicionales  fiestas  de  San  Juan, 
sin  ver  en  ellas  viva  todavía  la  organización  militar  y  política  del 
estado  llano  de  la  villa  y  tierra;  y  si  ponderan  la  pasada  prospe- 
ridad de  las  cabanas  de  ganado  merino ,  no  advierten  que  ya  las 
señaló  en  sus  versos  el  festivo  Arcipreste  de  Hita. 

No  cabe  negar  que  Loperraez  dio  notable  impulso  al  estudio  de 
las  antigüedades  romanas  y  de  la  historia  eclesiástica  de  una 
parte  considerable  de  la  provincia,  y  que  varias  de  sus  tradicio- 
nes se  han  vulgarizado  embellecidas  por  la  pluma  de  un  poeta 
tan  dado  á  todo  lo  que  sabía  á  romántico  como  Gustavo  Adolfo 
Becquer.  Pero  el  cuadro  completo  de  los  recuerdos  de  pasadas 
edades  que  el  suelo  soriano  encierra,  aprovechando  los  numero- 
sos datos  que  suministran,  por  una  parte  los  campos  y  los  mo- 
numentos y  por  otra  los  documentos  y  los  libros,  todo  examinado 
y  discutido  conforme  á  las  exigencias  de  la  crítica  moderna,  es- 
taba todavía  por  hacer,  y  es  la  tarea  que  ha  emprendido  Don 
Antonio  Pérez  Rioja,  ya  conocido  en  la  reptiblica  de  las  letras  por 
su  Romancero  de  Numancia  y  su  Crónica  de  la  provincia  de  Soria. 

El  libro  cuya  publicación  emprende  ahora  se  titula  Antigüeda- 
des Sorianas,  y  de  él  nos  ha  remitido  el  Gobierno  los  ocho  pri- 
meros pliegos  para  pedirnos  parecer  sobre  su  contenido,  á  causa 
de  la  solicitud  de  auxilio  que  su  autor  ha  elevado  al  Ministerio  de 
Fomento.  En  estos  pliegos  hay  una  descripción  de  los  principales 
rnonumentos  arquitectónicos  de  la  provincia,  noticia  de  los  restos 
de  antiguas  ciudades,  datos  biográficos  relativos  á  sus  hijos  céle- 
bres, y  lo  que  es  más  importante,  se  da  principio  á  la  pública- 


10  boletín-  de  la  real  acadenha  de  la  historia. 

ción  de  documentos  curiosos  con  la  reimpresión  del  Fuero  de  So- 
ria. Como  no  es  dudoso  que  entre  otros  de  notoria  utilidad  habrá 
de  ver  la  luz  en  esta  obra  el  padrón  de  la  villa  y  aldeas  formado 
en  tiempo  de  Alfonso  el  Sabio,  así  como  las  escrituras  de  la  al- 
jama morisca  de  Agreda,  cuyos  restos  se  conservan  en  la  Biblio- 
teca Nacional,  el  que  suscribe  tiene  la  honra  de  proponer  á  la 
Academia  que  informe  favorablemente  la  petición  del  autor  en 
vista  del  mérito,  originalidad  y  utilidad  de  su  libro. 
La  Academia,  como  siempre,  resolverá  lo  más  acertado. 

Eduardo  Saavedra. 

Madrid  29  de  Noviembre  de  1883. 


II. 


L.\PIDAS  ROMANAS  DEL  VALLE  DE  SAN  MILLAN,  VALLADA. 
TERNILS  Y  DENIA. 


1.    Valle  de  San  Millán  (1). 

Tengo  el  honor  de  presentar  los  calcos  que  ha  sacado  por  su 
propia  mano  el  R.  P.  Minguella.  Rectifican  é  ilustran  la  copia  de 
aml)as  inscripciones,  hecha  al  lápiz,  que  se  nos  había  remitido. 
Las  dos  son  votivas. 

SE&O  N  TIVS 
OBIONESA.M 

Segonthís  Obione  s(olmt)  a(nimo)  ¡(ibens)  ínferito). 

Á  Obiona  cumplió  Segoncio  gustosa  y  merecidamente  su  voto. 

La  piedra  no  está  rota  debajo  de  la  línea  segunda,  antes  bienpre- 


(1)    V6ase  Boletín,  t.  ii:,  pág.  133, 134. 


LÁPIDAS    IlOMANAS    DEL    VALLE    DE    SAN    MILLÁN.  11 

senta  una  cara  lisa,  que  nunca  se  escribió.  Huelga,  por  lo  tanto, 
la  conjetura  que  hice  sobre  el  destino  sepulcral  del  .epígrafe.  El 
nombre  de  la  diosa,  ligeramente  modiíicado,  vuelve  á  comparecer 
en  otra  inscripción  votiva  (1)  que  se  halló  en  la  ribera  del  Ebro, 
dentro  del  término  de  la  antigua  Colonia  victrix  Julia  Celsa,  hoy 
Velilla: 

PRO  .  S  A  L  V 
TE' ET- REDITv 
A  B  V  R  I  •  eres 
C  e  N  T  I  S  •  L  V 
LORVS • OBA 
N  AE- V«  S  •  L  «M 

Gomo  Elanus  á  Elonus,  así  Obana  (Obiana?)  es  á  Obiona  (2). 
Quizá  se  deban  estimar  variedades  dialécticas  de  Epona,  diosa  de 
los  pesebres,  á  quien  se  puso  en  Sigüenza  (3)  notable  ex-voto: 

EPON^ 
S  •  S  EC 
VNDVS 

V»  S  -M 

La  segunda  inscripción  del  valle  de  San  Millán,  que  del  monte 
Castillo  se  ha  bajado  al  pueblo  de  San  Andrés,  dice  así: 

DERCETIO 

S  A M  * 

■    MA S 

...S AC 

L«M 

Dercetio  safcntjm.  M(a;-ceUvs?}  A[ureUu?]s  [pro?]  s{al(v,tej  sua?]  ac  [sv.orv.m?]  [víotumj 
síolvitj]  l(iJ)ens)  mferitoj. 

Ex-voto  que  Marcelo  Aurelio  consagra  piadosamente  á  Dercecio. 


■(1)    Hübner,  Ephemens  e'pigrapMca  (Berlín,  1872),  1. 1,  pág.  47. 

(2)  Véase  Boletín,  t.  iii,  pág.  383. 

(3)  Fernández-Guerra,  Cantabria,  pág.  47. 


J2  boletín  de  la  real  academl\  de  la  HISTORL-^. 

Para  suplir  ó  (mejor  dicho)  conjeturar  ei  nombre  del  dedicante 
me  sirven  otras  dos  lápidas:  la  de  Lara  de  los  Infantes  (llübner. 
2870),  cuyo  epígrafe 

MARCELO  •  AVRELIO 

corre  debajo  de  la  efigie  de  este  personaje;  y  la  tercera,  del  valle 
de  San  Millán,  dedicada  á  los  Manes  del  legionario  Aurelio.  El  cual 
probablemente  estuvo  de  guarnición  en  la  fortaleza,  de  cuyas  rui- 
nas, que  todavía  existen,  ha  tomado  nombre  el  monte  Castillo. 

2.  Vallada,  partido  judicial  de  Enguera,  provincia 
de  Valencia. 

Dentro  del  término  de  esta  villa,  en  la  partida  que  llaman  Ta- 
rrassos,  terreno  de  su  propiedad,  ha  descubierto  D.  Francisco 
Belda  y  Pérez  una  muy  preciosa  laja  de  fino  mármol,  cuadran- 
gular,  que  mide  57  centímetros  de  alto  por  79  de  ancho  y  llévala 
inscripción 

CAECILIA   •    &   • F 

FESTA 
M- VALERIVS'M'F 
GAL    •    VERANVS 
AN'LXXXV'H-S'S 

Caecilia  QfaiJ  ffiliaj  Festa,  M(arcusj  Valerius  Mfarci/  /(iUusj  Qülferiaj  Veradus 
an(noruM)  lxxxv,  hficj  sfiti)  s(unt). 

Cecilia  Festa,  hija  de  Cayo;  Marco  Valerio  Verano,  de  la  tribu  Galería,  liijo  de 
Marco,  de  85  auos  de  edad,  aquí  yacen. 

A  la  noticia  del  descubrimiento  nos  acompaña  el  Sr.  Belda  Pé- 
rez la  impronta  ñel  de  la  inscripción,  cuyo  [razado  es  del  siglo 
Augusteo,  mas  no  del  mismo  año;  pues,  con  efecto,  alguna  va- 
riedad de  estilo  caligráfico  menos  puro  caracteriza  las  tres  líneas 
últimas.  Mucho  antes  que  Valerio  debió  de  fallecer  Cecilia;  y  el 
epitafio  no  se  remató  sino  cuando  el  anciano  consorte  fué  á  jun- 
tarse con  ella  en  el  regazo  de  un  solo  sepulcro  y  bajo  una  misma 
losa.  De  la  familia  de  ambos  se  hacen  eco  las  lápidas  de  la  vecina 
Játiva  (Iliibn.,  3(i29,  3617),  que  mencionan  á  otros  dos  persona- 
jes, también  afiliados  á  la  Iribú  Galería:  Lucio  Cecilio  Marcio  y 


I.ÁPIUAS    nOMANAS    DK    TERNILS.  13 

Valerio  Miiriano,  Itijo  de  Marco.  Conviene  además  notar  sobre  el 
mérito  del  epígrafe  recien  descnbierto  en  Vallada,  que  no  es  in- 
diferente para  los  adelantos  de  la  geografía.  Es  e*l  primer  monu- 
mento que  se  nos  brinda  para  comprobar  la  existencia  de  pobla- 
ción romana  cerca  de  Mogenfe  (1),  distanto  diez  y  seis  millas  ni 
occidente  de  saetabi,  y  punto  donde  nuestro  sa])io  compañero, 
D.  Aureliano  Fernández-Guerra,  justamente  ba  colocado  el  sitio 
de  la  mansión  ad  statvas  (2). 

3.  Ternils  (despoblado  de  Carcagente).  partido  ju- 
dicial de  Alcira. 

Simétrica  de  Vallada  con  respecto  á  Játiva,  y  á  la  derecha  del 
.h'icar,  está  la  deliciosa  villa  de  Carcagente  con  un  ramal  de  tran- 
vía, que  desprendiéndose  de  la  estación  del  ferrocarril,  sigue  la 
dirección  del  itinerario  que  fué  insinuado,  por  el  Ravenate  (3),  y 
bajando  hacia  la  costa  del  mar  discurría  entre  Celeret  (Cullera)  y 
Dionio  (Denia).  La  interesante  inscripción  de  la  ermita  ó  antigua 
parroquia  de  San  Roque  de  Ternils,  persevera  en  el  mismo  sitio 
donde  la  citó,  sin  haberla  visto,  Villanueva  (4).  La  copia  que  han 
enviado  desde  allí  al  Sr.  Codera,  si  bien  adolece  del  vicio  de  no 
transcribir  la  parte  inferior,  inédita,  de  la  piedra  que  el  suelo 
oculta,  merece  no  obstante  consideración,  porque  rectifica,  aun- 
que ligeramente,  el  texto  fundamental,  ó  clásico  (digámoslo  así), 
que  adoptó  el  esclarecido  Hübner  (3652).  Leo,  pues: 

F  A  B  I  A  E 

L     •     F 

F    A    B    V    L    L  .íí: 
P    •    L  I  C  I  N  I  tí  S 

l  i  c  i  n  i  a  n  v  s 
matrI'pIssim.íT: 


(1/    Villa  contérmina  de  Vallada. 

(2)  Discurso  de  contestación  al  de  ingreso  del  Sr.  Rada  en  nuestra  Academia,  pá- 
i-'ina  124. 

(3)  «Hildum,  Turres.  Edelle.  Celeret,  Dionio.-» 

(1)    «Es  un  pedestal  pegado  á  la  pared,  indicando  iiaber  servido  de  base  á  la  pila 


14  boletín  de  la  beal  academia  de  la  historia. 

Tres  lápidas  manchegas  (3230,  3232,  3237),  al  paso  que  mani- 
fiestan la  alta  graduación  militar  de  Publio  Licinio  Liciniano, 
hijo  de  Fabia  Fábula,  nos  dan  á  conocer  el  nombre  de  su  herma- 
no Máximo  y  el  de  su  hija  ó  sobrina  Licinia  Avita.  La  cual  fué 
probablemente  hermana  de  Licinia  Materna,  casada  con  Lucio 
Fabio  Fabulo  y  domiciliada  con  él  en  la  Edetania  ^30 18).  De  este 
matrimonio  hubo  de  nacer  una  hija  que  se  llamó  Fabia  Fábula, 
como  su  bisabuela;  y  se  desposó  con  su  primo,  hijo  de  Licinia 
Avita.  Así,  por  medio  de  la  epigrafía,  van  esclareciéndose  más  y 
más  y  deslindándose  los  vastagos  de  las  familias  romanas  que 
arraigaron  en  España,  y  aun  las  obras  de  los  poetas  latinos ;  por 
ejemplo,  Marcial  (i,  xlix,  3): 

«Videbis  altam,  Liciniane,  Bilbilim;» 

y  Catulo(i,  14-17): 

«Nam  sudaría  Saetaba  ex  Hiberis 
Miserunt  mihi  muneri  Fahullus 
Et  Veranius;  haec  amem  necesse  est 
Ut  Veraniolum  meum  et  Fabullum.') 

4.     Denia. 

Acerca  de  las  inscripciones  romanas  de  esta  ciudad  lamenta 
Hiibner  (1)  la  desaparición  del  códice  Palan,  que  extractó  Nicolás 
Antonio.  Cuatro  copias  manuscritas  del  siglo  xviii  existen,  délas 
que  ha  dado  noticia  el  Sr.  Cbabás,  nuestro  digno  correspondiente. 
Conocéis  su  erudita  obra  (2),  no  exenta  de  algún  lunar,  porque 
estriba  demasiado  en  la  de  Palau  (3)  é  ignora  la  de  Hübner;  pero 
si  bien  no  siempre  le  ha  salido  exacta  la  transcripción  de  las  lá- 
pidas auténticas  (4),  avaloran  con  todo  grandemente  el  conjunto, 


bautismal.  La  copia  solo  es  de  lo  que  se  descubre  sobre  el  pavimento,  quedando  ente- 
rrada parte  de  ella,  que  no  pudo  descubrir  el  que  la  copió.»  Viaje  Ut.,  i,  8;  cf.  17. 

(1)  Corpus  inscriptionum  latinarum,  vol.  ii,  pág.  484. 

(2)  Historia  de  la  ciudad  de  Denia;  Denia,  1. 1, 1874;  t.  ii,  1876. 

(3)  Exhibe  (t.  i,  pág.  41-89)  como  srenuinas  las  apócrifas  IGl'  y  364*.  Tampoco  se 
pone  en  guardia  contra  los  sur'.ementos  bastardos  que  añadió  Palau  á  la  3595;  y  atri- 
buye á  Denia  la  1^05,  que  es  de  Málaga. 

(4)  3r,«o,  ;5.-3S3,  .35»!,  3.jS5.  S.'SS,  3590,  3593. 


LÁPIDAS   ROMANAS    DK    DENIA.  15 

nuevos  y  preciosos  datos  que  aprovechai-é  en  el  decurso  de  esta 
Reseña.  La  divido  en  dos  secciones,  deslinando  la  segunda  á  los 
epígrafes  no  registrados  por  Hübner. 

1 .  Fragmento  de  mármol  blanco,  delgado  y  lino,  como  lo  ei-an 
los  de  la  inscripción  3581.  Lo  vi  eu  casa  y  en  poder  de  D.  José 
Morand,  cuando  por  Febrero  de  1870  visitó  á  Denia: 


El  tipo  de  las  letras  es  de  principios  del  siglo  ii,  como  lo  pa- 
tentizan las  inscripciones  453G-4548,  y  otra  que  descubrí  y  publi- 
qué (1)  en  Barcelona.  Sobre  este  fragmento,  mal  comprendido,  y 
otro  más  pequeño*  que  no  comparece  en  Denia,  fabricó  Palau  y 
adornó  á  su  manera  la  inscripción  3595,  que  debe  relegarse  entre 
las  espurias.  La  transcribe  Chabás  (í)  en  esta  manera: 

C  E  L     •     T  RyiT  lAN  V  S 
AELJO     •     ADR  I  AN  Ó 
TR  AJ  AN I  •  NE  P  OT  J 
AMICO 

En  realidad,  es  preciosísimo  resto  de  la  inscripción  3581,  que 
en  vista  de  los  indicios  suministrados  por  Palau,  cabe  restituir  al 
año  105  de  nuestra  era  (3). 

¿mp  •  caesari  •  nervae  •  traiano 
augusto  •  gerniANlCo  •  dacico  •  pont 
máximo    •    trih    •    POTestate    •    uini 

IMP  •  iiii  •  eos  •  u  •  p  '  p 

res  •  publica  •  dianensitim 

El  fragmento  que  el  Sr.  Morand  me  enseñó,  tiene  16  centí me- 


cí)   Revista  histórica;  Barcelona,  1870,  pág.  129. 

(2)  Tomo  I,  pág.  9G. 

(3)  Hübner,  Co'rpxís  inscript.  lat..,  vol.  vn,  llí'l. 


If)  BOLETÍN    OE    LA    líEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

Iros  de  ancho  por  13  do  alto.  Ha  x^erdido  el  cabo  inferior,  cuyas 
letras  (imp)  transformó  en  amí  el  autor  de  la  Diana  desenterrada. 
2.  (Hübn.,  358G:  Ghabás,  t.  i,  pág.  100,  101.)  La  vi  empotrada 
en  lo  alto  de  la  torre,  al  Oeste  del  castillo,  mirando  al  campo  que 
se  tiende  al  pié  de  la  fortaleza,  y  del  cual  se  sacó.  A  su  vista,  y 
con  ayuda  de  un  calco,  facilitado  por  el  Sr.  Ghabás,  puedo  ofre- 
cer una  copia  y  suplementos  exactos,  f^as  letras,  separados  los 
vocablos  por  puntos  triangulares,  son  del  mismo  estilo  y  tiempo 
que  las  de  la  inscripción  358G;  de  manera  que  se  hace  fácil  sos- 
pechar fuese  dedicada  á  Tito  Junio  Severo: 

quod  ^■A'\BRrBVS•  PER  «LOCA 
rf¿#ICILIA«  AM^íZlSSimO 
SMMPTV  •  INDVcTlS  •  MOX 
<7r-a  V  I  S  S  1  M  A  •  A  N  N  O  N  A 
frv.MEKTO  •  PRAEBITO 
?«  «<  N  I  C  I  P  I  B  V  S  •  S  V  I  S 

SVBVEMSSET 
f/ecRETo    •    DECVRIOXVAI 

DIANENPIVM 

En  la  primera  línea  no  hay  duda  que  la  leyenda  genuina  es 
hiihrihus.  Únicamente  debo  advertir  que  la  primera  letra  visi- 
]tle,  ó  M,  está  cortada  de  arriba  abajo  por  la  mitad;  y  otro  tanto 
acontece  en  las  líneas  tercera,  cuarta,  quinta  y  sexta. 

Sección  ii. — Inscripciones  no  registradas  porllübner. 

Un  asterisco  notará  las  que  estimo  inéditas. 

*  1.  En  poder  de  D.  José  Morand.  Se  halló  en  1872  en  el  cam- 
po, ó  dehesa  de  su  propiedad:  la  cual  encierra  una  porción  del 
que  fué  vastísimo  cementerio  romano,  tendido  cabe  el  mar  entre 
el  barranco  de  la  Murta  y  la  falda  occidental  del  promontorio  co- 
ronado por  la  alcazaba  ó  villa  vieja  de  Denia.  Es  una  laja  de  már- 
mol blanco,  descantilladTpor  el  lado  derecho,  que  mide  39  cen- 
tímetros de  alto  por  28  de  anr-ho.  T.o?  puntos  son  triangulare?. 


LÁPIDAS  ROMANAS   DE    DENIA.  17 

C  •  IVL  •  Hermadio 

SIBI   ET   comeliae 

S  P  H  R  lagidianaefl 
VXOri 

VOTO    SVM    COA1POS    SVPE 

COxMV&IS    VT    VOLVÍ    SVM 


€(aius)  JiilfixsJ  Hermadio  sibi  ct  Comeliae  Spliragidianae  uxori. 
Voto  sum  campos.  Supe  Trest  mihi  cara  sepulcro] 
Coniugis,  ni  voliii,  Síí/H^maque  et  alta  quiesj. 

Restituyo,  por  vía  de  conjetura,  lo  que  falta  al  dístico  (1).  Ju- 
lio Hermadióu  dejó  en  Tarragona  rastro  de  agradecida  piedad, 
erigiendo  monumento  fúnebre  (Hübn.,  4155)  á  su  patrono  Gayo 
Julio  Comato. 

2.  (Ghabás,  t.  r,  pág.  101.) — Hallóse  en  el  mismo  año  y  sitio 
que  la  precedente;  y  la  vi  en  casa  de  D.  José  Mdrand: 

L    •    DOMlTIVs    •     EQJ/ES 

AX • XXXV 
SE  M  PRO  nía    «L'F 
CA  Al  PANA    «VXOR 
PRIOR  •  AN  •  XVIII  •  H  •  S  •  S 

Lucio  Domicio  Eques,  de  edad  de  35  años,  y  su  primera  roujer  Sempronia  Campana, 
¡bija  de  Lucio,  de  18  años  de  edad,  aquí  yacen. 

Cuatro  Sempronios,  dos  de  ellos  de  la  tribu  Galería,  habitaron 
en  Denla  (Hübn.,  3583,  3590,  3592,  3598). 

3.  «En  las  excavaciones  practicadas  cerca  del  lugar  del  tem- 
plo, en  1872.»  (Ghabás,  101.) — La  vi  tendida  al  lado  de  la  noria 
que  riega  la  propiedad  del  Sr.  Morand,  á  pocos  pasos  del  sitio  en 
que  se  había  descubierto.  Es  de  piedra  blanquizca,  alta  1  metro, 
ancha  0,37  m.  y  gruesa  0,11  m.  Letras  hermosas,  casi  cuadradas; 
p-untos  triangulares. 

(1)    La  misma  idea  se  repite  en  otra  inscripción  (3596)  de  Ondara. 

TOMO  IV.  2 


18  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACAIjEMIA    DE    LA    HISTORLA.. 

Q^  •   GRANIO  •  QL  •   F 

GAL  •  CLEMElSri 
O  Al  ^^  B   •    H  O  N  O  R I B 
LM     •     REPVBLICA  SUa 

FvxcTo  oIViM 

FESTVSOET  •  SEVERVS 

AVVNCV  lo 

Á  su  tío  materno  Quinto  Granio  Clemente,  hijo  de  Quinto,  de  la  tribu  Galería,  que 
ha  desempeñado  todos  los  cargos  honrosos  del  municipio,  levantaron  este  monumento 
Junio  Festo  y  Junio  Severo. 

El  segundo  de  los  dedicantes,  Tito  Junio  Severo,  nos  muestra 
todos  sus  títulos  en  otra  inscripción  de  Denia  (Hübn.,  3583),  que 
no  se  ha  movido  del  centro  de  la  fachada  de  las  Casas  consisto- 
riales. 

T   •   IVNIO    •    T  •  F 
GAL     •     SEVERO 

DIANENSl 
OMNIBVS  •  HONO 
RIBVS*  INREP'SVA 
FVN'CTO  •  PRAEF 
COHORTIS  •  iTTi 
D  A  L  M  A  T  A  R  V  M 
TRIBVNO*  LEG'XX 
VALERIAE-VICTklC 
L  •  SEMPRONIVS 
ENIPEVS     •    AMIGO 

ÓPTIMO  ;e 

El  punto  final,  ó  decorativo  de  óptimo^  tiene  figura  de  palma. 

Consta  por  esta  inscripción  que  la  patria  de  Tito  Junio  Severo, 

ó  el  municipio  de  Denia,  estuvo  afiliado  á  la  tribu  Galería,  como 

el  de  J;itiva.  Del  otro  hcriüano.  Junio  Festo,  por  ventura  quedci 

memoria  en  el  fragmento  lapidario  (Flübn.,  3591): 


LÁPIDAS   ROMANAS    DE    DENIA.  19 


FESTVS 
PATRI 


*  4.    En  casa  Morand,  descubierto  en  el  mismo  lugar.  Frag- 
mento marmóreo  de  0,23  m.  ancho  por  0,13  de  altura: 


ANN    •    LX   •   H  •   S   •   E 

mVNATIA  •  RESTlTVTa 

0ONT»ÍERNALI 

POSVIT 


de  edad  de  60  años,  aquí  yace.  Munacia  Eestituta  puso  este  monumento  á  su 

consorte)  contubernal. 

*  O.  La  descubrí  empotrada  en  lo  alto  de  la  alcazaba,  cerca  de 
la  garita  del  ángulo  septentrional  en  la  muralla  que  llaman  del 
Vergeret.  Fragmento  de  piedra  común,  cuyas  medidas  son  22  por 
13  centímetros: 


o  ISE  s  I  M  o 
L  .  S  A  E  ]>í  V  S 
POSVIT    •    P 


Onesimo  {anfnorumj ]  LfuciusJ  Saenius  [LfíiciiJ  Ifibertus//]  posv.it  ^[atn 

indídgentissimo?] 

Á  su  padre  bondadisimo  Onésimo,  ha  puesto  este  monumento  Lucio  Senio,  liberto 
de  Lucio. 

El  nombre  del  patrono,  nacido  tal  vez  ó  domiciliado  en  Denia, 
ha  sido  conservado  por  una  lápida  (Hübn.,  4243)  de  Tarragona: 

L.SAENIO.L.F 

GAL   •   IVSTO 
FLAJ\1    •    ROMAE 
DIVOR    •   ET    •    AV&VS 
PROVIXC  •  KISP  •  CITER 

P  o  H  O  C 


20  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

Los  sobrenombres  de  origen  griego,  tales  como  Sphrfagidia- 
nafj,  Onesimus,  Pammony  Doryphoris  que  luego  veremos,  Lem- 
naeus  y  otros  ya  conocidos  debían  abundar  en  la  ciudad  de  Ár- 
temis,  fundada  sobre  nuestras  playas  por  la  pujante  Marsella. 

6.  En  poder  de  D.  Roque  Chabás.  —Se  halló  empotrada  en 
el  lavadero  de  la  cocina  de  la  casa  de  D.  Antonio  Bordehore,  calle 
de  Caballeros.  Tiene  la  piedra  39  centímetros  de  alto  por  25  de 
ancho.  Encima  de  la  inscripción  aparece  esculpida  la  figura  del 
dios  egipcio  Ammón  en  figura  de  carnero. 

P   •  STATILIVS   •   ÁFRICA  N2ÍS  •    an 
XIIII«M'n'D'XIII-P'S¿aa7¿MS 
PAMMON'PATER^Eí  ...... 

MATER  •FILI«DVLCISS¿WU'  •  [^JOS?] 


PCvMiusj  Statilius  Africanv.s  an(norumJ  XIIII,  mfensium)  II,  díierumj  XIII.  P(v- 
blñisj Statilius  Pammon pater  et mater  flli/ij  dulcissimi  2^osfuerv.ntJ. 

Aquí  yace  PublioStatilio  Africano,  fallecido  ala  edad  de  14  años,  2  mesesy  13  días. 

Pusiéronle  recuerdo  fúnebre  Publio  Statilio  Pammon  y padre  y  madre  de  este  hijo 

dulcísimo. 


Sobre  el  culto  de  los  dioses  egipcios  en  toda  esta  costa  del  Me- 
diterráneo, desde  el  cabo  de  Greus  hasta  el  de  San  Antonio,  no 
tengo  para  qué  repetir  lo  que  llevo  apuntado  en  el  Boletín,  t.  iii, 
pág.  125-127.  ¿Es  de  extrañar  que  en  el  Cerro  de  los  Santos  hayan 
aparecido  vestigios  escultóricos  de  ese  culto  ya  degenerado  y  en 
el  último  período  del  decadente  imperio?  Lo  extraño  es  que  haya 
quien  se  empeñe,  ó  en  negar  en  globo  la  autenticidad  de  todos 
los  objetos  del  famoso  Cerro  sin  excepción  de  ninguna  especie,  ó 
en  atrasarlos  á  una  antigüedad  remotísima.  Por  varios  canales, 
durante  la  época  romana,  vinieron  y  se  difundieron  latamente  en 
toda  nuestra  Península,  las  divinidados  del  Nilo; '  y  (si  mal  no 
imagino)  no  fué  ajena  á  este  movimiento  la  Mauritania,  gober- 
nada por  Juba  II,  patrono  de  Cádiz  y  Cartagena  (1). 


(1)    Véase  Müller,  Les  monnaies  de  la  Numidie  et  de  la  Maurítanie;  Copenhague,  1862, 
pág.  120-124. 


LÁPIDAS   ROMANAS   DE    DENIA.  21 

Pammon  salió  do  uáuaw,  nombre  griego  citado  por  Homero  y 
Heródoto. 

Han  publicado  el  dibujo  de  este  monumento  las  Memorias  de 
la  Sociedad  arqueológica  valenciana,  Valencia,  1877,  lámina  3/ 

*  7.  La  descubrimos  el  Sr.  Chabás  y  yo,  haciendo  excavar  el 
terreno,  junto  á  la  noria  sobredicha,  el  día  10  de  Febrero  de  1876. 
Es  de  piedra  pesadísima;  0,92  m.  y  0,G0  ra.  en  cuadro  por  0,45  ra. 
de  profundidad.  Sendos  losanges  adornan  los  lados  del  epígrafe: 

T  E  R  E  N"  •  D  o 
RYPHORIDI  •  SEX 
FU^IAE  •  AEMILIA 
SCINTILLA  •  FIL 
PIENTISSIMAE 
ET  •  SEX  •  TEREN 
TIVS  •  LEMNAE 
V  S    •    S  O  R  O  R  I 

TerentfiaeJ  DorypJioricU:  SexftiisJ  flliae,  Aemilia  Scintilla  fll(iae)  pientissimae,  et 
Sex(tus)  Terentius  Lemnaeus  sorori. 

Á  Terencia  Doriforis:  Sexto  á  su  hija;  Emilia  Escintila  á  su  bija  piadosísima;  y 
Sexto  Terencio  Lemnéo  á  su  hermana  consagraron  el  monumento. 

Felizmente  ha  venido  esta  inscripción  á  ilustrar  los  datos  his- 
tóricos ofrecidos  por  otra  (Hübn.,  3597),  que  sin  duda  salió  del 
mismo  cementerio  y  se  trasladó  al  vecino  pueblo  de  Ondara.  En 
balde  la  busqué.  Decía: 

SEX  •  TERENTIO 
LEMNAEo  .  HoN 
ORE    •    FVNCTO 

SEVIRATVS 
SEX  •  TERENTIVS 
LEAINAEVS  •  FI 
L  I  V  S  •  E  T  •  AE 
MIL  •  SCINTIL 
L  A  •  M  A  R  I  T  O 
D  I  G  N  I  S  S  I  :vl  O 


22  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMLA   DE    LA    HISTORIA. 

Otro  seviro  augusta!,  Gneo  Octavio  Floro,  suena  en  la  inscrip- 
ción 3580. 

*  8.  Fragmento  marmóreo:  0,18  m,  por  0,15  m.  En  poder  del 
Sr.  Morand.  Tres  letras  del  siglo  augusteo,  altas  casi  un  decímo- 
tro;  recortadas  las  dos  primeras  por  la  .extremidad  superior,  y  la 
última  por  la  inferior: 

L     '     D 

S 

*  9.  Fragmento  bocelado  de  piedra  común.  Procede,  como  el 
anterior,  del  campo  sobredicho: 

.  .  .  N  V  .  .  . 
.  .  .  A  V  .  .  . 

*  10.  Fragmento  de  ladrillo;  con  sollo  íntegro,  largo  de  85  mi- 
límetros: . 


M 


Cfenturiae)  Mfarci?)  Ifuni?) 
De  la  centuria  de  Marco  Junio. 


¿Sería  Junio  Fasto?  Su  hermano,  Tito  Junio  Severo,  era  mili- 
tar de  alta  graduación,  según  hemos  visto  arriba.  Gomo  quiera, 
el  ladrillo  demuestra  ostensiblemente  que  Denia  tenía  guarni- 
ción romana.  Lo  propio  se  infiere  de  la  inscripción  3588. 

11.  «En  un  campo  de  las  inmediaciones  de  Denia  se  encontró 
un  trozo  de  teja  que  obra  en  mi  poder,  en  que  está  grabado  y  se- 
llado el  nombre  de  su  fabricante, 


L    •    S  V  L  P  I  c  I 
S  A  B  I  N  I 


y  al  nombre  va  adherido  en  la  segunda  línea  un  ramito,  que  sea 
tal  vez  la  señal  déla  fábrica  de  este  sujeto.»  Boix,  Memorias  de 
Sagunto,  1865,  pág.  122. 


LÁPIDAS   ROMANAS    DE    DENIA.  23 

12.  Mosaico  «descubierto  á  IG  de  Diciembre  de  1878.  Brinda 
con  labores,  fojas  y  compartimientos,  diciéiidonossu  inscripción 

S  E  V  E  R  I  N  A 
r    I    X    I    T      A    N 

nos  X  X  X  X 
reC  ES  S !T  1  N 
iJACE  TERTI 
V  I  D  V  S      F  E  B 

haber  muerto  en  la  paz.  del  Señor  á  11  de  Febrero  y  edad  de  cua- 
renta años  Severina.  D.  Roque  Ghabás,  correspondiente  de  la 
Real  Academia  de  la  Historia,  ha  publicado  en  el  folleto  de  El 
Porvenir  una  erudita  monografía  sobre  este  monumento  cristia- 
no, que  creemos  del  siglo  iv.»  Recuerdos  de  un  viaje  á  Santiago 
de  Galicia,  pág.  72;  Madrid,  1880. 

El  mosaico  se  mostró  al  pié  del  sepulcro,  que  cobijaba  el  esque- 
leto entero  de  Severina. 

La  colocación  de  esta  memoria  funeraria  sobre  el  que  fué  ce- 
menterio idolátrico  no  debe  causar  extrañeza  de  ningún  género. 
En  la  misma  circunstancia  se  hallan  los  antiguos  cementerios 
cristianos  de  Tréveris,  el  famosísimo  de  Saint-Pierre-l'Estrier  en 
la  ciudad  de  Autun  (1),  y  tal  vez  el  de  Talavera  de  la  Reina  (2). 
Denia,  indudablemente,  no  estuvo  exenta  de  las  horribles  devas- 
taciones de  los  bárbaros  que  lamenta  Paulo  Osorio  (3),  é  insinúa 
el  poeta  Avieno  (4): 

€ Hemeroscopium  quoque 

Habitata  pridem  Me  civitas,  uuuc  jam  solum 
Vacuum  iucolarum,  lánguido  staguo  madet. » 

Así  que,  no  es  lícito  en  buena  crítica  suscribir  á  la  de  Cortés 


(1)  Le  Blant,  I/iscrÍ2>tions  chrétitnnes  de  la  Qaule,  t,  i,  pág.  9  y  380. 

(2)  Boletín,  t.  in,  pág.  301. 

(3)  L.  vil,  cap.  22  y  41. 

(4)  Ora  marit,  476478.    ■ 


24  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

sobre  este  pasaje,  oponiendo  á  la  recta  inteligencia  de  Vosio  la. 
especie  de  que  «Denia  jamás  ha  desaparecido,  ni  dejado  de  estar 
habitada.  ¿Qué  documentos,  ó  monumentos,  pudo  alegar  en  prue- 
ba? Hasta  nuestros  días  los  romanos  no  alcanzaban  con  certi- 
dumbre más  acá  del  siglo  ii,  ni  los  visigodos  más  allá  del  vi i  (1). 
Por  otro  lado,  Avieno  está  terminante :  habla  de  una  ciudad  si- 
tuada al  occidente  del  Jilear  sobre  la  costa  del  golfo  de  Valencia, 
y  alude  visiblemente  al  texto  (2)  donde  Es  trabón  explica  la  razón 
de  haberse  dado  á  Himeroscopio  el  nombre  de  Dianio. 

Un  fragmento  lapídeo,  inédito^  trazado  con  caracteres  de  fines 
del  siglo  VI  se  halló  en  1874  muy  cerca  del  sitio  donde,  cuatro 
años  después,  apareció  el  mosaico  de  Severina.  Lo  recogió  y  le 
posee  D.  Roque  Ghabás,  en  cuya  casa  lo  copié: 


.    .    R    E   L    I   C¿?í¿ae 
s~c~0  A   E   P   O  s  i  t  a  e 

s  C  I  V   I  T   yX   L  ¿  s 
.   .   .   .   V  S  T  ¿  .   .    . 


[  t  /«  nfomijne  Díomijni  lúe  smit?]  reli(¡f[uiae]  sfanjc(tjo{TumJ  depofsitaej:  sfanjcftji 
Vital[is\  [Fa?]  icst[i\ 

El  fragmento  que  falta  y  que  debía  contener  el  nombre  del 
Obispo  consagrante  del  ara  y  de  la  basílica,  si  (como  no  es  difí- 
cil) se  llega  á  encontrar,  derramará  por  ventura  gran  claridad  so- 
bre la  historia  eclesiástica  de  la  provincia  bizantina  y  visigoda  de 
Cartagena,  que  tiene  pendientes  aún  cuestiones  de  interés  muy 
grave  y  sumidas  en  oscuridad  profundísima. 

Fidel  Fita. 

Madrid,  14  Diciembre  1883. 

(1)  Florez,  España  Sagrada,  vii,  203-210. 

(2)  MsTa^u  uiv  ciiv  ~QV  Soúxijwyjg  v.(>.i  t«5  KapxnS'óyís  rpía  7roXí'x;v'a 
IMaCcraXico  rwy  ezViV  ov  ttoXv  cÍTroúev  rov  Trorafíov  •  tcCtuv  B^sctI  yvuoi/iÚTarov 
To  'HafpO(7xci7r£íoy,  í'yjy  im  j^  ¿'xoa  toj  ^E^íViat;  ApTÍ/íiBos  hfov  Céó^^oc 
TifíiifjLívoj...  y.aXíiíTOLi  ^¿  Aíavíiv,  ohy  ' A^tíu.í7i:j.  ni,  4,  6. 


LES    MARIAGES    ESPAGXOLS.  25 


III. 


LES  MARIAGES  ESPAGNOLS  SO  US  LA  BEGXE  DE  HENRl  IV 
ET  LA  RE6EXCE  DE  MARIE  DE  MEDICIS. 


.  Tal  es  el  título  de  la  ol^ra  escrita  en  francés  por  M.  J.  T.  Pc- 
rrens ,  y  confiada  tiempo  há  por  la  Academia  á  informe  del  qne 
suscribe.  Ocupaciones  apremiantes  en  azarosa  época,  la  escasí- 
sima trascendencia  de  mi  dictamen,  y  sobre  todo,  lo  reacia  que 
se  hace  la  obligación  cuando  ha  de  censurar,  han  motivado  la  de- 
mora en  el  cumplimiento  de  encargo  tan  honroso.  Ruego,  pues, 
á  la  xVcademia  que  acepte  dichas  causas  como  legítima  excusa  por 
el  tiempo  trascurrido. 

La  obra  do  M.  J.  T.  Perrens  divídese  en  dos  partes.  Comprende 
la  primera  desde  el  origen  de  las  negociaciones  mediadas  entro 
ambas  cortes  para  los  enlaces  de  los  hijos  del  tercer  Felipe  de 
Austria,  especialmente  los  de  Doña  Ana  Mauricia  con  el  Delfín, 
y  Príncipe  D.  Felipe  con  Madame  Isabel,  hasta  el  abandono  de 
aquellas  y  muerte  del  Rey  de  Francia.  La  segunda  comienza  en  la 
reanudación  de  las  notas,  durante  la  regencia  de  María  de  Módi- 
cis,  y  termina  con  la  realización  de  los  matrimonios. 

Las  relaciones  de  los  embajadores  de  Venecia  cerca  de  ambas 
coronas,  los  despachos  do  los  del  Rey  de  Francia  en  Madrid  y 
Roma,  y  los  remitidos  al  Pontífice  por  sus  nuncios  en  Paris,  con 
especialidad  los  extensos  de  Ubaldini,  principal  negociador  de  es- 
tos enlaces,  sirven  á  M.  Perrens  como  pilares  de  su  obra:  algunos 
trozos  de  la  correspondencia  entre  Enrique  IV  y  su  ministro  Vil- 
leroy,  y  entre  este  y  el  presidente  Janin  ó  embajadores,  trae  con 
frecuencia  para  verificar  el  texto,  y  procura  reforzarlo,  cuando 
conviene  á  su  propósito,  con  insertos  ó  citas  de  varias  obras,  en- 
tre ellas  las  Econo^nies  royales  de  Sully,  la  historia  titulada  de  la 
Mere  et  du  fils,  atribuida  á  Richelieu,  la  de  Francia,  de  Martin, 
Memorias  históricas,  de  d'Artigni,  Historia  del  pojitificado  de 
Paulo  y,  por  Gouget,  la  de  Los  siete  años  de  paz^  por  Mathieu, 


26  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE   LA   HISTORIA. 

el  periódico  coetáneo  Le  Mercure,  y  otras  producciones  que  sería 
difuso  enumerar;  de  tal  modo,  que  si  la  profusión  de  citas  é  in- 
sertos, sin  discernir  la  congruencia  y  oportunidad  de  unas  y  otros, 
constituyese  la  excelencia  de  una  obra,  pocas  podrían  disputar  el 
lauro  á  la  que  motiva  este  informe. 

En  medio  de  tal  concurso  de  autores  y  documentos  franceses 
para  veriñcar  hechos  que  sólo  por  mitad  atañen  á  Francia,  se  ven 
como  prisioneros  en  extranjera  tierra,  cuatro  ó  cinco  dictámenes 
del  Consejo  de  Estado  de  España,  alguno  poco  pertinente,  sin  fe- 
cha todos,  y  tan  estropeados,  que  causarían  lástima  al  más  des- 
piadado de  sus  lectores,  y  parecen  recusar  la  corapeiencia  de  quien 
allí  los  puso. 

¡Tal  vez  no  encontraría  M.  Perrens  ningún  historiador,  ó  cro- 
nista, ó  autor  de  relaciones  é  historias  particulares  en  el  siglo  de 
oro  de  la  literatura  española  con  que  enriquecer  sus  citas!  que 
casi  esto  se  desprende  de  alguno  de  sus  comentarios;  pero  creo 
que  para  salir  airoso  en  su  ensayo  de  crítica,  valiérale  más  haber 
escogido  asunto  que  no  se  desarrollase  en  el  periodo  de  los  Gari- 
hay,  Sandoval,  Mariana,  Moneada,  Molo,  Perreras,  Antonio  Ni- 
colás, Miñana,  Gil  Dávila,  Pujados,  Herrera  y  otros,  cuya  me- 
moria no  reportará  mucho  daño  por  no  haberlos  conocido  el  autor 
de  la  obra  que  cuidadosa  ó  descuidadamente  los  omite. 

Verdad  es  que  de  otro  modo  no  hubiera  entrado  en  el  palenque 
rompiendo  lanzas,  contra  la  corte  del  tercer  Felipe  y  su  Consejo 
de  Estado,  contra  sus  diplomáticos  y  políticos,  contra  las  costum- 
bres, carácter  é  inclinaciones  de  nuestros  antepasados,  y  lo  que 
es  más  sensible,  contra  la  verdad  histórica,  desfigurada  á  veces 
en  la  narración  y  frecuentemente  en  el  comentario.  Pero  ¡qué 
mucho!  ¡si  en  su  afán  de  batallar  las  rompe  contra  sí  propio,  cual 
acontecía  al  célebre  hidalgo  en  el  pasaje  de  los  cueros  de  vino! 
¡  Tales  son  sus  contradicciones ! 

De  España  hace  una  especie  de  estafermo  donde  topa  su  airada 
pluma,  revolviéndola  á  diestra  ó  siniestra,  según  le  impulsa  el 
liumor  ó  cuadra  á  su  propósito.  No  quiero  decir  que  nunca  acierte 
en  el  blanco,  ¿ni  cómo,  siendo  el  blanco  tan  grande  y  tan  repeti- 
dos los  golpes?  Y  al  hacer  esta  confesión  comprenderá  la  Acade- 
mia (¡ue,  antes  de  tomar  la  pluma,  he  procurado  posponer  toda 


LES    MARIAGES    KSPAGNOLS.  27 

idea  de  amor  patrio  al  esclarecimiento  de  la  verdad,  revistiéndome 
así  del  espíritu  de  imparcialidad  que  exige  cualquier  trabajo  his- 
tórico. Si  al  mismo  proceder  se  hubiera  ajustado  el  autor  de  la 
obra  que  nos  ocupa ,  ahorraríase  la  Academia  la  molestia  que  ha 
de  producirle  este  despergeñado  escrito ;  pero  su  criterio ,  sea  por 
convicción  ó  por  naturaleza,  sigue  camino  opuesto. 

El  irritante  orgullo  español,  lastimosamente  confundido  por  el 
en  muchos  puntos  con  la  dignidad,  la  insidia  de  los  españoles,  la 
falsía  del  Consejo  de  Estado,  la  ignorancia,  doblez,  presunción  y 
perfidia  españolas:  no  hay  en  suma  mala  cualidad  ni  vejatoria 
condición  que  no  naturalice  en  este  suelo,  sin  discurrir  que,  vin- 
cular en  un  vasto  territorio  todo  lo  malo  sin  concederlo  nada  bue- 
no, es  tan  absurdo  como  suponer  en  el  orden  material  sombra  sin 
luz ,  ó  en  el  moral  vicio  sin  virtud  alguna. 

Lo  más  donoso  es  que  regalando  á  este  país  un  epíteto  por  cada 
suceso ,  y  deduciéndose  en  el  curso  de  la  narración  idéntico  pro- 
ceder por  pai'le  de  los  suyos,  se  abstiene  de  calificarlos,  cuando 
no  les  encuentre  una  disculpa  que,  retorciendo  el  discurso,  echa 
á  la  postre  sobre  España:  por  tan  ingeniosa  manera  la  hace  tam- 
bién reo  de  ajenos  delitos,  causa  de  todas  las  faltas,  origen  de  to- 
das las  torpezas  cometidas  por  los  franceses,  no  como  franceses, 
que  dudo  que  el  autor  asintiera  á  esta  aveyíturadísima  hipótesis, 
sino  como  hombres  constreñidos  por  su  mala  fortuna  á  tratar  con 
una  tan  desventurada  nación. 

j  Cualquiera  diría  que  el  tercer  Felipe  había  mendigado  estos 
enlaces  á  costa,  no  ya  del  decoro,  sino  de  la  dignidad  de  España! 
Y  así  ni  m¿'is  ni  menos  se  asevera  en  la  obra  de  M.  Perrens,  y  en 
algunos  documentos  que  cita  ó  inserta,  por  mucho  que  de  otros 
se  deduzca  lo  contrario,  y  terminantemente  se  compruebe  esta 
segunda  lección  con  los  escasísimos,  por  desdicha,  que  aquí  po- 
seemos de  buen  origen. 

El  autor  siguiendo  la  correspondencia  particular  del  Secretario 
de  Estado  del  cuarto  Enrique  de  Francia,  con  un  tal  Regnault, 
aventurero  que  durante  el  mes  de  Junio  de  1G02  viajaba  por  Cas- 
tilla, supone  vivos  deseos  en  el  duque  de  Lerma  de  dar  satisfac- 
ción al  Bearnés  por  el  ultraje  inferido  años  atrás  á  su  embajador 
en  esta  corte  M.  de  la  Fiochepot,  renovando  por  ello  continua- 


28  boletín  de  la  real  academia  de  la  histopja. 

mente  sus  escusas  al  Encargado  de  Negocios,  único  representante 
á  la  sazón  del  Rey  de  Francia,  para  que  de  nuevo  viniese  á  Ma- 
drid un  embajador,  y  llevando  su  afán  de  estrechar  las  relaciones 
basta  el  punto  de  manifestar  al  Nuncio  del  Papa  que  «no  parecía 
sino  que  Dios  babía  permitido  que  en  el  propio  mes  y  año  nacie- 
ran dos  príncipes  de  ambas  Gasas,  varón  y  hembra,  para  que  el 
matrimonio  de  ellos  fuese  lazo  de  unión  entre  ambas  coronas.» 

El  Nuncio  por  indiscreción  calculada  y  proba])Icmente  conve- 
nida, añade,  trasladó  la  plática  al  encargado  de  Negocios,  el  cual 
la  trasmitió  al  rey  sin  que  en  el  principio  obtuviese  respuesta  por 
ver  Enrique  IV  la  mano  de  España  en  la  conspiración  reciente 
del  mariscal  Byron,  Pero  el  duque  de  Lerma  no  parecía  inquie- 
tarse de  ello,  ni  aun  darse  por  ofendido  de  otras  violentas  recri- 
minaciones; antes  bien,  haciendo  caso  omiso  de  tales  fundamen- 
tos de  discordia,  volvía  sobre  el  asunto,  auni|ue  siempre  por 
medio  de  tercero.  El  encargado  de  Negocios  de  Francia  notició  á 
su  amo  una  plática  habida  sobre  la  propia  cuestión  entre  Lerma  y 
principales  señores  de  la  corte  en  la  cámara  de  la  infanta  parvu- 
lita;  mas  los  políticos  franceses  no  creían  en  la  buena  fe  del  Rey 
católico;  el  embajador  de  Francia  en  Roma  Bethunes,  suponía  en 
los  españoles  el  doble  juego  de  sugerir  al  Papa  la  idea  de  estos 
matrimonios  sin  ánimo  de  verificarlos,  y  Enrique  al  contestar  á 
su  encargado  en  Madrid,  Brunault,  decíale,  que  se  abusaba  del 
Nuncio,  pues  no  creía  sincero  el  designio  de  España  respecto  á 
los  enlaces,  sino  que  por  tal  modo  solamente  pretendían  vivir  en 
paz  con  él. 

A  pesar  de  esto,  nombraba  su  embajador  en  Madrid  á  M.  Bar- 
rault,  encargándole  tratara  confidencialmente  con  el  Nuncio  so- 
bre estas  declaraciones,  pero  con  discreción  y  en  tórmmos  gene- 
rales; «cosa,  añade  M.  Perrens,  que  le  fué  muy  difícil,  porque 
desde  las  primeras  audiencias  prodigáronle  demostraciones  muy 
expresivas  á  fin  de  que  se  franqueara.»  Inserta  un  despacho  en 
que  este  refiere  menudamente  á  su  rey  la  entrevista  con  el  de  Es- 
paña, y  la  complacencia  de  la  corte  al  ver  que  la  infantita  le 
echaba  los  brazos;  tanta  fué,  que  Lerma,  aludiendo  al  accidente, 
le  dijo  al  oido ,  esto  es  c?4  hiien  augurio  para  ambas  coronas.  El 
embajador  deduce,  por  último,  que  todos  los  principales  señores 


LES    MARIAC.KS    ESPAGNOL?.  '29 

de  la  corle  de  Felipe  deseaban  el  matrimonio  con  Francia ,  á  ex- 
cepción del  Condestable  de  Castilla,  y  algunos  más,  de  dictamen 
contrario,  por  ser  la  infanta  hija  ünica  y  por  tanto  heredera  de 
estos  reinos,  sin  que  la  generalidad  aprobase  esta  razón.  El  autor 
fundado,  no  se  sabe  si  en  Brunault  ó  Barrauil,  expone  que  Lerma 
era  el  único  ministro  que  no  tenía  como  los  demás  resolución  do 
envolver  ¿'i  Francia  en  guerra  civil,  usando  de  toda  suerte  de  arti- 
ficios, y  favorecer  á  uno  de  sus  partidos  logrado  aquel  propósito. 
Gomo  prueba,  añade  que  se  acercó  al  duque  un  hombre  ruin, 
proponiéndole  cosas  perjudiciales  al  cristianísimo  Rey,  y  que 
Lerma,  después  de  reprocharle  sus  aviesas  intenciones,  lo  arrojó 
por  una  ventana.  De  aquí  que  el  embajador  pensase  aprovechar 
el  momento  en  que  el  duque  acompañaba  al  rey  cá  misa,  para  ma- 
nifestarle su  gratitud. 

Extráñame  en  este  punto  que  el  minucioso  Cabrera  de  Córdoba 
omita  en  su  Relación  de  las  cosas  de  la  corte,  un  suceso  tan  gra- 
ve, y  no  menos  que  la  gratitud  del  embajador  francés  quedara 
encerrada  en  su  pensamiento,  lo  cual  induce  á  la  sospecha  de  si 
la  ventana  á  que  el  autor  alude  sería  de  las  que  por  dar  salida  á 
la  calle  se  llaman  aquí  puertas. 

Como  quiera  que  fuese,  prosigue  exponiendo  que  el  duque  al 
fin  rompió  la  reserva  diciendo  al  embajador:  «Preciso  es  creer 
que  las  hijas  de  la  corona  de  España  no  pueden  contraer  ])uen 
enlace  sino  con  hijos  de  la  de  Francia,»  á  lo  que  sólo  repuso  el 
diplomático,  «que  verdaderamente  eran  las  dos  Casas  mejores  de 
la  cristiandad.»  El  Cardenal  arzobispo  de  Toledo  y  demás  señores 
presentes  añadieron ,  que  esperaban  ver  algún  día  realizado  este 
matrimonio,  concretándose  Barrault  á  contestar:  «Será  lo  que 
Dios  quiera.» 

En  verdad  que  hasta  ahora  no  tiene  el  autor  motivo  para  que- 
jarse del  orgullo  español,  tan  insufrible  é  irritante  como  en  algu- 
nas páginas  después  expone.  Lejos  de  ello,  nos  va  pintando  la 
corte  del  tercer  Felipe  de  tal  modo,  que  su  ministro  y  privado 
más  que  arrogante  señor,  parece  cortesano  humilde  del  embaja- 
dor de  Francia;  y  digo  así,  esquivando  la  palabra  que  vendría  de 
molde  al  oficio  que  le  hace  representar. 

En  la  sistemática  frialdad  del  francés,  tenía  sobrado  motivo 


JU        DOLETIN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

para  desistir  del  papel  nada  decoroso  que  había  tomado  á  su  cargo. 
A  pesar  de  ello,  prosigue  el  autor,  «la  reserva  era  tan  obstinada 
por  una  parte,  como  persistentes  las  insinuaciones  por  la  otra,  y 
si  esto  no  desanimó  completamente  á  Lerma,  inspiróle  recelos 
sobre  sus  designios.  Por  tal  causa,  añade,  sin  abandonarlos  del 
todo,  formó  el  de  proponer  la  infanta  parvulita  al  Rey  de  Ingla- 
terra, no  obstante  la  diversidad  de  religión  y  de  intereses.» 

El  autor  supone  que  tal  fué  la  misión  que  el  Condestable  llevó 
á  Inglaterra,  y  de  aquí  toma  pié  para  aseverar  que  el  hííbil  mi- 
nistro Rosny,  tenía  un  motivo  más  de  prevención  contra  la  per- 
fidia española. 

Lástima  que  Cabrera  de  Córdoba  en  sus  minuciosas  relaciones, 
Vivanco  en  su  prolija  historia,  y  la  misma  jornada  del  Con- 
destable impresa  pocos  años  después,  omitan  este  punto  impor- 
tantísimo de  la  embajada,  y  mayor  aún,  que  ni  en  el  archivo  de 
Simancas ,  ni  en  el  de  esta  Academia ,  se  encuentren  documentos 
que  comprueben  la  aseveración;  pero  aun  suponiéndola  cierta, 
¿qué  motivo  hay  para  calificar  de  pérfido  aquel  acto  del  Gobierno 
del  tercer  Felipe,  y  á  mayor  causa  teniéndose  presente  los  desai- 
res que  supone  inferidos  por  el  Bearnés?  Aunque  lo  hubiese, 
¿cómo  se  amplía  la  calificación  de  un  hecho  aislado,  no  ya  á  la 
política  de  una  nación,  sino  al  carácter  nacional,  que  no  otra 
cosa  se  desprende  de  la  frase?  Sobre  todo,  ¿qué  concepto  merece 
un  historiador  que ,  narrando  de  su  país  la  propia  falta ,  no  sólo 
se  abstiene  de  calificarla,  sino  que  la  atenúa  parcialísimamente? 

Rosny  había  ido  á  Inglaterra  para  análogo  fin  respecto  á  su 
Rey,  que  el  supuesto  por  el  autor  en  el  Condestable  de  Castilla, 
sin  embargo  de  haber  dicho  el  embajador  del  de  Francia  en  Ma- 
drid á  Lerma  que  su  majestad  cristianísima  estaba  dispuesto  á 
ohrar  en  este  asunto  cual  cumple  á  un  rey  cristiano^  y  animado 
de  muy  buena  fe  para  conservar  la  paz  entre  ambas  coronas  con 
ventaja  de  las  dos  y  'provecho  de  la  cristiandad.  Y  es  de  advertir 
que  los  planes  del  Rey  de  Francia  debían  quedar  en  el  mayor  se- 
creto hasta  su  ejecución;  lo  que  implica  la  aceptación  de  proposi- 
ciones do  otras  potencias,  si  así  conviniera- á  sus  intereses. 

Se  ve,  pues,  que  la  pa^.tíica  del  Bearnés  era  mucho  más  preca- 
vida y  astuta  que  la  de  Lerma:  no  obstante,  guárdase  mucho  de 


LES    M.vniAGES   ESPAGNOLS.  31 

caliílcarla  como  á  la  cspañoia;  antes  bien,  en  su  propósito  de  mi- 
rar nuestros  asuntos  con  diverso  criterio,  escribe  que  «el  Consejo 
de  Madrid,  supongo  aludirá  al  de  Estado,  empleaba  un  refina- 
miento de  hipocresía  de  que  no  era  capaz  el  carácter  abierto  de 
Enrique,  aunque  para  ello  esforzase  su  deseo.» 

Cierto  que  muchos  atribuyen  tal  condición  al  hijo  de  Juana 
d'Albret;  pero  si  en  vez  de  informe  fuese  este  escrito  refatación, 
alreveríame  á  negarle  la  cualidad  que  le  regalan  los  que,  fiján- 
dose en  apariencias  y  no  en  hechos,  han  confundido  la  franqueza, 
compañera  de  la  lealtad,  con  la  astucia  que  dimana  de  interesa- 
bles miras.  Con  esto,  lejos  de  amenguar,  se  acrecen  sus  grandes 
condiciones  de  rey  en  su  época,  y  no  es  difícil  deducir  que  la  más 
provechosa  para  su  política  fué  la  habilidad  que  desplegó  para 
desorientar  á  la  diplomacia  sobre  sus  planes  más  importantes, 
con  una  franqueza,  en  ocasiones  ruda,  para  que  fuese  mejor  si- 
mulada. 

¿No  comenzó  por  disimular  su  religión,  dado  que  tuviese  al- 
guna, vistiéndose  de  católico  sin  perjuicio  de  seguir  subrepticia- 
mente favoreciendo  á  sus  antiguos  correligionarios?  ¿No  usó  de 
doblez  al  firmar  lascivo  contrato  con  la  marquesa  de  Verneuill? 
¿No  la  tuvo  para  embaucar  á  Gabriela?  ¿No  la  desplegó  al  tender 
sus  redes  á  los  de  la  liga  que  conceptuaba  cómplices  de  Byron? 
¿No  la  refino  en  sus  notas  sobre  la  ruptura  entre  el  Pontífice  y 
Venecia,  yendo  contra  el  primero  cuanto  pudo,  sin  perjuicio  de 
jactarse  á  la  terminación  de  haber  salvado  á  la  Santa  Sede,  dis- 
putando tal  éxito  al  Rey  de  España?  ¿No  la  puso  en  juego  hasta 
la  indignación,  favoreciendo  á  los  rebeldes  de  Flandes?  ¿No  la 
demostró  como  nunca,  precisamente  en  la  cuestión  de  los  matri- 
monios españoles  ? 

Pues  sin  embargo  de  narrar  el  autor  lo  expuesto,  y  mucho  más 
que  sobra  para  deducir  el  doble  juego  de  Enrique  y  su  política 
artera,  tiene  su  criterio  la  elasticidad  de  regalar  al  Consejo  de 
Madrid  la  calificación  que  en  sana  crítica  cuadra  mejor  al  gran 
Rey.  Tal  vez  la  distancia  entre  las  páginas  le  haría  olvidar  al 
escribir  el  capítulo  II  lo  que  había  consignado  en  el  I ,  ¡ó  quien 
sabe  si  llamará  franqueza  á  la  cínica  declaración  de  que  (.(■Paris 
hien  valía  la  pena  de  una  misa.y>  En  todo  caso  será  la  única  que 


32  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

para  desgracia  de  la  memoria  del  héroe  le  podrá  reivindicar,  y 
aun  así  tendría  que  exponer  el  disimulo  que  para  el  éxito  hizo  de 
sus  creencias  religiosas,  dado,  repito,  que  tuviese  alguna. 

Pero  lo  más  donoso  en  este  punto  es  la  candidez  del  autor  en  la 
siguiente  frase:  «Rosny  estaba  en  lo  cierto  al  reprochar  á  los  es- 
pañoles de  profanar  lo  que  hay  de  más  sagrado  en  religión  y  de 
abusar  del  nombre  de  matrimonio.»  Conócese  que  al  trascribir 
algunas  frases  de  las  Economies  royales  quedó  su  mente  supedi- 
tada por  el  estigma  que  SuUy  lanzaba  á  nuestros  antepasados. 
«El  artificio,  dice  este  aludiendo  al  doble  juego  de  las  proposicio- 
nes, parece  tan  malicioso  como  grosero:  podria  tratarse  alguna 
cosa  huena  si  los  españoles  fuesen  Mancos  en  lealtad  como  ángeles, 
y  no  tiznados  de  perfidia  como  los  demonios. ^^ 

Y  como  al  célebre  ministro,  á  pesar  de  los  tratos  de  Rosny,  no 
se  le  ocurrió  objetar  lo  mismo  de  la  política  francesa  ni  de  su  rey, 
es  posible  que  el  autor  considerase  que  a  él  tampoco  se  le  debía 
ocurrir  nada,  ni  siquiera  que  tal  profanación  era  más  imputable 
al  cristianísimo  que  al  católico  rey;  puesto  que  la  del  primero, 
aunque  sin  comentario ,  nos  la  da  por  averiguada ,  mientras  que 
la  del  segundo,  que  nos  reprocha,  puédese  poner  en  tela  de  juicio  ■ 
de  no  presentar  mejores  documentos.  Y  si  los  antecedentes  valen, 
es  seguro  que  en  cuanto  á  profanaciones  no  ha  de  salir  mejor  li- 
brado el  que  apostataba  de  su  religión  por  una  corona,  que  el  que 
subordinaba  la  suya  á  los  intereses  del  Catolicismo;  el  que  vendía 
sus  creencias  por  poseer  la  capital  de  un  reino ,  que  el  que  mani- 
festaba con  fervor  que  saldría  de  la  del  suyo  de  rodillas  hasta  la 
del  orbe  católico,  por  conseguir  que  se  declarase  punto  del  dogma 
la  Concepción  inmaculada  de  la  Madre  de  Dios;  el  despreocupado 
en  materias  religiosas  que  visiblemente  protege  á  los  calvinistas, 
que  el  que  por  motivos  de  religión  llevados  al  extremo ,  más  que 
por  razones  políticas,  expulsa  de  su  país  á  los  brazos  que  consti- 
tuían su  más  positiva  riqueza.  Por  último,  ¿no  era  más  lógico 
suponer  asentimiento  al  abuso  del  nombre  de  matrimonio  en  el 
marido  amante  de  muchas  mujeres,  que  en  el  esposo  modelo  de 
amor  y  de  fidelidad  conyugal?  Nada  de  lo  anterior  obsta  á  que, 
visto  por  otro  prisma,  aparezca  el  primero  gran  Rey  y  el  segundo 
un  príncipe  poco  dado  á  la  gobernación  de  sus  pueblos.  Cierto 


LES    MAR  I  AGES   ESPAGNOLS.  33 

que  el  autor  dirige  el  reproche  íi  los  españoles;  mas  como  alude 
á  las  proposiciones  dirií?idas,  según  él,  y  no  comprobadas,  al 
Príncipe  de  Gales,  he  debido  entender  que  por  reflexión  iba  contra 
el  Rey,  sin  cuyo  asentimiento  no  puede  suponerse  que  se  diera 
un  paso  respecto  á  su  hija,  aunque  la  dirección  de  la  política  la 
tuviese  de  hecho  su  favorito. 

Si  se  debiera  tomar  la  frase  en  su  sentido  recto,  le  diría  que 
más  fácil  era  que  abusaran  de  un  sacramento  los  calvinistas  y 
aun  católicos  que  estaban  en  roce  continuo  con  los  sectarios  del 
reformador  que  por  bastardos  fines  autorizó  al  Príncipe  marido 
de  Cristina  de  Sajonia  á  contraer  dobles  nupcias  con  Margarita  de 
Saal,  que  los  que  á  todo  trance  quisieron  y  formaron  la  unidad 
católica. 

Conócese,  repito,  que  el  autor  ni  ha  querido  molestarse  en  dis- 
currir, ni  tampoco  en  leer  el  período  de  nuestra  historia  que 
pretende  historiar. 

En  su  obra  sostiene  que  la  iniciativa  en  el  asunto  de  los  matri- 
monios era  de  España,  contrastando  el  gran  deseo  que  aquí  había 
de  realizarlos,  con  la  frialdad  con  que  el  Rey  cristianísimo  oía  las 
proposiciones,  y  el  desdén  que  demostraba  en  el  asunto.  Esto, 
empero,  no  es  óbice  para  que  á  vuelta  de  hoja  asegure  qlie  el  car- 
denal Aldobrandini,  sobrino  y  secretario  de  Estado  de  Clemen- 
te VIII,  afirmaba  en  alta  voz  que  se  había  de  llevar  á  cabo  la 
alianza  de  las  dos  coronas ,  y  que  se  haría  por  decidir  á  ella  al 
Rey  de  España  de  cualquier  modo  que  fuese. 

Más  adelante  expone,  que  tan  creido  estaba  el  nuevo  nuncio 
del  Pontífice  Ubaldini,  que  la  idea  é  iniciativa  de  los  matrimonios 
había  partido  de  Enrique  IV,  que  se  lo  confesó  así  en  la  primera 
audiencia,  á  lo  cual  contestóle  enojado  el  Rey  cristianísimo:  <.<No 
es  costumbre  que  un  padre  ofrezca  sus  hijas;»  pero  en  seguida  es- 
cribió á  su  embajador  en  Roma,  asegurándole  que  las  proposi- 
ciones habían  partido  del  nuncio  Barberini  y  del  embajador  en 
Madrid  M.  Barrault,  á  nombre  del  duque  de  Lerma ;  insistiendo 
en  todas  sus  cartas  hasta  lograr  que  el  Pontífice  y  Barberini  re- 
conociesen que  ellos  habían  dado  el  primer  paso.  Lo  que  temía, 
añade  el  autor,  al  dejar  creer  que  había  él  tomado  la  iniciativa, 
era  verse  obligado  á  aceptar  otras  condiciones  que  las  suyas,  si  la 

TOMO  IV.  3 


34  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

política  Ití  constriñese  á  concluir  estos  matrimonios;  pero  salvados 
su  amor  propio  como  padre  y  sus  intereses  como  soberano,  lejos 
de  rehusar  el  debate  sobre  este  asunto,  se  quejó  al  Pontífice,  por 
medio  de  su  embajador  en  Roma  de  que  Barberini  no  le  hubiese 
escrito  nada  acerca  de  los  enlaces  en  el  espacio  de  seis  meses. 

También  confiesa  M.  Perrens  que  el  Rey  de  Francia  recibió  con 
júbilo  al  padre  provincial  de  los  jesuítas  de  Flandes,  á  fin  de  que 
instara  al  de  España  sobre  la  realización  de  los  matrimonios;  y 
atribuye  al  primero  las  siguientes  palabras:  v-Lo  mucho  que  deseo 
el  hien  común  de  la  cristiandad  me  lia  hecho  olvidar  la  costumbre 
que  no  autoriza  á  un  padre  á  ofrecer  á  sus  hijas,  sino  que  le  manda 
aguardar  á  que  sean  pedidas. n  Luego  expone  haber  ordenado  al 
Delfín,  no  obstante  de  hallarse  aún  entre  el  regazo  de  las  damas, 
que  escribiese  á  la  infantita  española  una  carta,  la  cual  entregó 
al  P.  la  Bastida  con  encargo  de  decir  al  tercer  Felipe,  que  el  Rey 
cristianísimo  deseaba  ser  su  compadre  y  servidor,  y  estrechar 
más  y  más  las  relaciones  entre  ambas  coronas,  con  tan  sólida 
amistad,  que  se  trasmitiese  y  perpetuase  en  los  hijos  respec- 
tivos. 

Inserta  además  una  carta  de  Breves,  embajador  de  Enrique  en 
Roma,  donde  dice  á  su  soberano;  «He  hecho  saber  á  Su  Santidad 
que  todas  las  cosas  van  bien  encaminadas  hacia  los  españoles. 
V.  M.  reconoce  que  no  es  posible  realizar  matrimonios  más  hon- 
rosos y  útiles  que  los  de  España,  siempre  que  sean  propuestos 
por  aquel  Rey,  etc.,  etc. 

Pues  si  tal  cosa  confiesa,  ¿por  qué  asegura  y  sigue  aseverando 
que  las  proposiciones  partieron  de  España;  que  aquí  había  gran 
deseo  de  que  se  realizaran  los  matrimonios,  no  obstante  el  desdén 
del  Rey  de  Francia,  y  supone  al  país  sufriendo  humillaciones  en 
pro  de  tal  manía,  sin  perjuicio  de  tildarle  de  orgulloso  y  altivo 
hasta  la  irritación? 

No  pretendo  con  esto  negar  la  justicia  de  la  calificación  en  mu- 
chos casos;  pero  en  este  creo  que  España  estuvo  digna,  y  de  nin- 
guna manera  tuvo  que  sufrir  humillaciones  por  cosa  en  que  Fran- 
cia estaba  mucho  más  interesada.  La'contradicción,  sobro  todo, 
es  evidente,  y  repito  que  si  el  autor  no  incurriese  en  casi  tantas 
como  páginas  tiene  su  libro,  daría  á  sospechar  sa  inocente  con- 


LES    MARIAGES   ESPAGiNOLS.  35 

fianza  de  que  el  lector  habría  de  olvidarse  en  un  capítulo  de  lo 
«scrito  en  el  anterior,  sin  tenerlo  tampoco  en  cuenta  para  el  si- 
guiente. 

Por  ejemplo;  sin  recordar  tal  vez  que  en  la  pág.  26  ha  dicho 
que  el  Consejo  de  Madrid  desplegaba  en  este  asunto  un  refina- 
miento de  hipocresía,  de  que  era  incapaz  el  carácter  abierto  de 
Enrique  IV,  aunque  esforzase  su  voluntad,  dice  en  la  69:  «Enri- 
que titubeaba  aún  en  romper  con  los  protestantes  para  aproxi- 
marse á  la  política  de  España.  De  aquí  la  doblez  con  que  ocultaba 
su  perplejidad.  Gonfesalia  <'i  sus  cortesanos  íntimos  que  la  nece- 
sidad, que  es  la  ley  del  tiempo,  le  hacía  decir  ahora  una  cosa, 
ahora  otra;  y  nadie  lo  encontraba  censurable,  porque  tal  era  en- 
tonces en  todos  los  países  la  regla  de  la  política.» 

Y  entonces,  ¿por  qué  censura  al  Consejo  de  Estado  de  Madrid, 
y  en  general  á  la  política  española  por  la  doblez  de  que  la  supo- 
nía animada? 

Prosigue  M.  Perrens  en  estos  términos:  «Si  por  haberla  prac- 
ticado lo  censuramos  nosotros,  es  porque  él  la  creía  deshonrosa, 
vanagloriándose  de  jugar  siempre  á  cartas  vistas.  Negociaba  la 
tregua  con  los  holandeses,  y  decía  áD.  Pedro  de  Toledo,  por  con- 
ducto de  Ubaldini,  que  sólo  por  artificio  les  proponía  buenas  con- 
diciones, á  fin  de  decidirlos  á  reanudar  una  guerra  para  la  que  no 
estaban  bien  preparados.  El  único  medio  de  perderlos,  añadía, 
consiste  en  dicho  tratado.  Si  tales  palabras  eran  verídicas,  de- 
muestran que  hacía  traición  á  los  holandeses;  si  mendaces,  que 
engañaba  á  España.  Ignoraba  y  temía,  por  consecuencia,  el  re- 
sultado de  las  decisiones  tomadas,  ó  que  pensaba  tomar.  Los  que 
Je  rodeaban  perdíanse  en  conjeturas  sobre  sus  designios.» 

Pues  si  tal  conocía  el  autor  en  la  pág.  170,  ¿por  qué  en  las  an- 
teriores regala  al  Bearnés  tanta  sinceridad,  y  sigue  suponiéndo- 
sela en  muchas  de  las  posteriores? 

Más  adelante  escribe:  «En  Setiembre  de  1G08  penetraba  bien  el 
P.  Coiton  los  pensamientos  de  su  real  penitente,  y  sin  querer  con- 
tradecía Ubaldini  sus  propias  acusaciones,  reconociendo  que  En- 
rique IV  hacía  depender  los  matrimonios  de  la  conclusión  de  la 
tregua,  á  la  cual,  después  de  haberse  opuesto,  sólo  se  prestaba 
para  casar  á  sus  hijos. r> 


36  boletín  de  la  real  academl4.  de  la  historlv. 

¿Dónde  está,  pues,  la  repugnancia  de  dicho  Rey  á  los  matri- 
monios, tantas  veces  expuesta  por  el  autor? 

A  mayor  abundamiento  dice  en  la  pág.  95:  «Así,  pues,  mien- 
tras que  Enrique  IV  quería  los  matrimonios  para  consentir  en  la 
guerra  (contra  las  provincias  unidas),  Felipe  III  quería  la  guerra 
para  consentir  en  los  matrimonios.» 

Mayores  contradicciones  aún  se  notan  en  los  siguientes  pá- 
rrafos: 

Pág.  173.  «Trasmitidas  por  D.  Pedro  do  Toledo  al  Consejo  do 
Madrid  estas  palabras  (alude  al  reconocimiento  que  hacía  Francia 
de  la  razón  que  á  España  asistía  en  la  cuestión  con  los  holande- 
ses, y  la  proposición  hecha  por  la  primera  de  que  modificase  sus 
condiciones),  fueron  tomadas  en  él  por  signo  de  debilidad  y  se 
aumentó  la  arrogancia  española.» 

Pág.  17  í.  «España,  por  medio  de  su  embajador,  humillóse 
hasta  ofrecer  prendas  de  su  sinceridad  y  de  su  palabra,  confesando 
así,  en  cierto  modo,  que  había  razón  para  no  darle  crédito.» 

Al  hablar  del  embajador  del  tercer  Felipe,  D.  Pedro  de  Toledo 
le  concede  verdadero  talento,  por  lo  menos  en  la  pág.  111;  pera 
esta  cualidad  y  la  de  su  parentesco  con  María  de  Médicis  hallá- 
banse contrarestadas  por  otras  de  mucha  cuantía,  éntrelas  cuales 
descollaba  su  intolerante  orgullo;  y  añade:  «Tales  defectos,  uni- 
dos á  los  del  carácter  nacional,  le  hacían  poco,  á  propósito  para 
una  misión  conciliadora.» 

Censura  el  retardo  del  viaje  del  embajador  que  tanto  contras- 
taba con  la  vivacidad  francesa  (sic),  suponiéndole  calculado  para 
mortificar  á  Francia:  en  lo  cual  manifiesta  no  haber  leído  la  Re- 
lación de  Cabrera  de  Córdoba^  tan  indispensable  para  el  asunto; 
juzga  con  sañudo  y  parcialísimo  criterio  á  todos  y  á  cada  uno  de 
los  consejeros  de  Estado  de  Castilla,  tachándolos  de  orgullosos  y 
sumamente  ignorantes,  con  lo  que  falsea  las  mismas  citas  de  las 
Relaciones  de  los  Embajadores  venecianos  en  que  se  funda,  por 
hacer  estas  excepciones  honrosas  de  algunos;  y  severamente  cri- 
tica las  contestaciones  de  D.  Pedro  de  Toledo  al  Rey  Enrique  en 
sus  primeras  entrevistas,  cuyas  frases  califica,  en  su  mayor  nú- 
mero, de  inconvenientes,  de  irreverentes  otras,  y  alguna  de 
brutal. 


LES    MARIAGES   ESPAGNOLS.  37 

«La  primera  muestra  de  dignidad  que  dio  D.  Pedro,  dice  en 
sentido  irónico,  fué  hacerse  esperar  mucho,  exagerando  aún  la 
lentitud  española,  en  lo  que  la  vivacidad  francesa  veía  un  inso- 
lente desdén...  Su  calculado  retardo  debía  provocar  vivo  disgusto 
en.  la  corte  de  Francia.» 

Repito  que  el  autor,  con  vivacidad  suma,  da  por  cierto  lo  que 
sólo  está  en  su  mente,  pues  que  el  retardo  de  D.  Pedro,  según  la 
relación  mencionada,  cuya  existencia  debe  ignorar  M.  Perrens, 
consistió  en  la  falta  de  recursos  para  el  anticipo  de  gastos  del  via- 
je, que  al  íln  consiguió,  merced  á  la  usura  de  un  prestamista  (1). 

Hablando  de  su  entrada  en  Paris,  prosigue,  que  chocó  desde  el 
primer  momento  su  actitud  altanera  y  arrogante,  y  traslada  el 
siguiente  párrafo  del  Lestoiee:  «Los  que  han  visto  á  este  señor, 
»dicen  que  tiene  talento  y  que  sus  discursos  son  sentenciosos, 
«aunque  siempre  acompañados  de  presunción  española.» 

M.  Perrens,  conforme  con  esta  calificación  en  las  páginas  111 
y  119,  parece  contradecirlas  en  la  120  al  reseñar  en  estos  térmi- 
nos la  primera  audiencia  con  Enrique  IV:  «Queriendo  el  Rey, 
«dice,  desde  el  primer  momento  significarle  su  bienvenida,  le 
«dijo;  «Temo,  caballero,  que  no  se  os  haya  recibido  tan  bien  como 
»merecéis.»  «A  estas  graciosas  palabras  no  supo  responder  D.  Pe- 
»dro  sino  con  una  amenaza  brutal:  «Señor,  replicó,  lo  he  sido  de 
» tal  modo,  que  estoy  pesaroso  de  tantas  inconveniencias  como 
«veo,  las  cuales  podrían  obligarme  á  volver  con  un  ejército,  y 
«hacer  que  yo  no  fuese  tan  deseado.»  «VeHíre  Saint-gris,  repuso 
«vivamente  el  Rey:  venid  cuando  plazca  á  vuestro  amo,  que  no 
«por  ello  dejaría  de  ser  bien  recibida  vuestra  persona;  y  en  cuanto 
«al  hecho  de  que  me  habláis,  vuestro  amo  mismo,  con  todas  sus 
«fuerzas,  se  encontraría  bastante  embarazado  desde  la  frontera, 
»la  cual  es  posible  que  no  le  diera  yo  el  gusto  de  ver.» 

«Lección  merecida,  añade  el  autor,  que  no  aprovechó  al  espa- 
pañol  arrogante.»  Y  en  verdad  que  si  hubieran  pasado  así  las 
cosas  sería  merecida  la  lección  del  Rey,  y  no  podríamos  quejar- 
nos; pero  ¿se  concibe  tal  contestación  en  una  persona  á  quien  se 
supone  verdadero  talento  y  sentenciosa  palabra,  sin  que  mediase 

(1)    Véase  la  pág.  359  de  la  Relacióii  de  Cabrera  de  Córdoba. 


o8  boletín  de  la  real  academla  de  la  historl^. 

algún  antecedente,  si  no  para  justificarla,  para  atenuar  al  menos 
su  aspereza?  (1), 

No  diré  lo  mismo  de  las  demás  que  el  autor  tanto  le  censura,  á 
saber:  la  que  dio  á  la  Reina  al  enviarle  persona  que  le  cumpli- 
mentara y  le  recordara  los  lazos  de  parentesco  que  le  unían  á 
ella:  «Los  Reyes  y  Reinas  no  tienen  parientes,  sino  subditos.» 
«Palabras,  dice  el  autor,  que  aunque  entrañen  verdad,  la  más^ 
simple  conveniencia  hubiera  debido  retener  en  sus  labios.» 

¡Lo  que  es  la  diversidad  de  criterios!  Yo  hubiera  vuelto  la  frase 
del  revés,  exclamando:  Palabras  que,  aunque  no  entrañan  ver- 
dad, la  más  simple  conveniencia  las  aconsejaba  entonces  como 
deferentes  y  oportunas. 

Al  hablar  más  adelante  del  duque  de  Pastrana,  á  quien  llama 
D.  íñigo  de  Selva,  le  reprueba  el  haberse  atrevido  á  bailar  con  la 
prometida  esposa  de  su  Rey,  contrariando  el  uso  de  su  país.  Si 
hubiera  rehusado,  ¿no  puede  i'-:ferirse  que  por  ello  merecería 
igual  censura?  No  sale  mejor  librado  D.  íñigo  de  Cárdenas,  de 
quien  dice  que  era  mal  cortesano  porque  ofendía  á  la  Reina  con 
galanterías  demasiado  libres,  como  D.  Pedro  de  Toledo  había 
irritado  al  difunto  Rey  con  sus  insolencias.  Sin  embargo,  cuando 
estos  embajadores  defendían  puntos  en  que  por  cualquier  motivo 
halagaban  á  la  nación  francesa,  eran  hombres  razonables;  y  hasta 
de  verdadero  talento  si  el  halago  era  sostenido,  cesando,  empero, 
estas  cualidades  al  terminar  la  lisonja.  Así  que  no  es  de  extrañar 
que  D.  íñigo,  tan  mal  parado  en  su  primera  calificación,  mere- 
ciese en  páginas  posteriores  estas  líneas :  «Tenía  todo  el  espíritu 
de  conciliación  que  es  permiiido  á  una  cabeza  castellana;»  ni  quo 
dijese  estas  otras  del  embajador  de  España  en  Roma:  «El  emba- 
jador de  España  en  Roma,  que  pertenecía  á  la  ilustre  casa  de 
Moneada,  tenía  el  mérito,  raro  en  su  nación,  de  estar  exento  de 


(1)  Tal  vez  se  infiera  algo  de  las  siguientes  palabras  de  Cabrera  de  Córdoba,  que 
86  leen  en  su  carta,  fechada  en  Madrid  á  10  de  Octubre  de  1G08.  (Página  351  de  las  He- 
lacio'.ies  J 

«De  Paris  ha  s-enido  el  marqués  de  Tabara,  que  fué  cort  D.  Pedro  de  Toledo,  el  cual 
■viene  con  mucho  descontento  de  allá,  por  no  haber  hecho  el  acogimiento  que  se  acos- 
tumbra en  las  cortes  do  los  príncipes  á  los  caballeros  que  van  á  ellas,  y  más  enviados 
por  S.  M.;  publica  que  D.  Pedro  de  Toledo  verná  mal  despachado,  etc.,  etc.» 


LES    MARI.VGES    ESPAGNOLS.  39 

vanidad,  y  aparte  de  la  fidelidad  á  su  Rey,  no  había  nada  que  no 
hiciera  en  servicio  del  de  Francia.»  Y  se  me  ocurre:  ¿tendría 
aquella  cualidad  sin  esta  última  condici(3n?  Tal  es  el  criterio  que 
preside  a  toda  la  obra;  Francia  so])re  todo  y  antes  que  todo,  in- 
clusas la  justicia  y  la  verdad;  y  esto  aun  cuando  se  atropello  las 
autoridades  que  ciía  en  el  texto.  En  todo  hace  á  su  nación  supe- 
rior á  España,  hasta  en  la  extensión  de  dominios,  que  no  de  otro 
modo  se  consideraba  entonces  la  grandeza  de  los  Estados. 

En  este  como  en  otros  puntos  pudiera  citársele  á  M.  Perrens 
los  mismos  autores  en  quien  se  apoya  para  deprimir  á  los  espa- 
ñoles. 

Simón  Gontarini  dice  en  su  Relación  correspondiente  al  año 
de  1605:  «El  Rey  de  quien  vengo  á  tratar  es  tan  grande,  que 
abraza  del  mundo  lo  que  hasta  hoy  nadie  ha  poseído,  o 

Girolano  Soranzo,  en  la  suya  de  los  años  IG08  y  1611,  pág.  477, 
confirma  lo  anterior  con  estas  palabras:  «Es  cosa  indudable  que 
*la  mayor  parte  del  mundo  está  dividida  entre  el  Rey  de  España 
y  el  gran  Turco.» 

Pietro  Gritti,  en  la  de  su  embajada  de  1616  á  1620  se  expresa 
de  este  modo:  «S.  M.,  alude  al  tercer  Felipe,  posee  un  imperio  el 
más  vasto  y  rico  que  desde  la  decadencia  del  imperio  romano  ha 
poseído  príncipe  alguno;  porque  extendiéndose^  según  el  cómputo 
de  los  cosmógrafos,  en  un  espacio  de  veinte  mil  millas,  se  esparce 
por  las  cuatro  partes  de  la  tierra  y  circunda  todo  el  mundo.» 

Tales  párrafos  que  el  autor  debe  haber  leído,  puesto  que  cita 
estas  relaciones  y  aún  inserta  los  trozos  desfavorables  para  Es- 
paña, no  le  impiden  anteponer  á  su  país,  al  expresar  que  B'rancia 
y  España  eran  las  dos  naciones  más  grandes  del  mundo;  si  bien 
la  segunda  había  perdido  considerablemente  desde  la  paz  de 
Vervins. 

No  le  negaré  lo  último:  España  había  perdido  ante  la  opinión, 
pero  no  de  su  territorio,  que  es  de  lo  que  se  trata:  aún  en  este 
caso  aventajaría  á  Francia,  y  nunca  podía  considerar  á  su  nación 
ni  tan  pujante  ni  tan  extensa  como  el  imperio  del  gran  Turco, 
del  cual  hace  caso  omiso.  Tampoco  debe  ignorar  que  los  embaja- 
dores citados  escribieron  años  después  de  la  paz  de  Vervins,  ni 
mucho  menos  que  el  mencionado  Soranzo  termina  su  relación 


40  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 

diciendo,  que  (¡.España  estaba  llena  de  hombres  doctísimos  en  to- 
das letras  y  facultades,  particularmente  en  literatura  y  leyes,  co^a 
digna  de  alabanza  y  aplauso  que  deseaba  para  otras  provincias. n 
Y  sin  embargo,  el  autor  no  tiene  por  conveniente  seguirle  en  este 
punto;  antes  moteja  á  esta  misma  nación  de  ignorante,  precisa- 
mente en  el  siglo  de  oro  de  una  literatura  afamada  en^l  mundo, 
y  aún  estudiada  hoy  por  las  gentes  que  más  presumen  de  erudi- 
tas, aunque  el  autor  no  tenga  noticia  de  ello,  que  esto  no  es  de- 
lito, ó  procure  cuidadosamente  velar  una  noticia  que  saben  los 
estudiantes  de  cualquier  mediana  Universidad. 

Largo  y  harto  enojoso  sería  el  reseñar  todas  las  contradicciones 
en  que  incurre,  y  aunque  no  lo  es  menos  el  ocuparse  de  los  erro- 
res que  comete,  debo  añadir  algunos  que  por  completo  desfiguran 
la  historia.  Consiste  uno  en  atribuir  al  Rey  de  Francia  el  arreglo 
de  las  diferencias  trascendentales  habidas  entre  la  Santa  Sede  y 
la  República  de  Yenecia,  censurando  al  de  España  que  se  atribu- 
yera el  éxito,  y  no  menos  al  Pontífice  por  reconocerlo  así;  y  aña-- 
de:  «Los  españoles  no  habían  visto  sin  celos  á  Enrique  lY  arre- 
glar las  diferencias  entre  Yenecia  y  la  Santa  Sede.» 

La  Academia  sabe  los  esfuerzos  hechos  por  el  Gobierno  del  ter- 
cer Felipe  para  el  arreglo  de  tan  espinosa  cuestión ;  las  tropas  re- 
unidas en  Italia  á  dicho  fin;  lo  que  la  diplomacia  española  tuvo 
que  trabajar;  por  último,  lo  que  instó  al  Rey  de  Francia  para  que, 
dejando  su  fría  y  más  que  reservada  indiferente  actitud,  hiciera 
ver  al  Pontífice  que  su  conversión  al  catolicismo  no  era  objeto  de 
interesables  miras,  levantando  algunas  tropas,  siquiera  hasta  el 
número  de  5.000  hombres,  que  aun  cuando  fuera  aparentemente 
auxiliaran  á  los  30.000  empleados  por  España  para  llegar  al  arre- 
glo. En  esto  convienen  todos  los  historiadores;  y  si  se  consulta  al 
minucioso  Vivanco,  nos  dirá  en  su  obra  inédita  que  exclusiva- 
mente á  España  se  debió  el  buen  resultado  de  este  difícil  y  tras- 
cendental suceso. 

Aunque  de  tal  modo  no  constase  en  documentos  fehacientes, 
¿cómo  no  inferirlo  de  un  príncipe  tan  desapegado  al  gobierno  de 
su  país,  como  celoso  en  todo  lo  que  tendía  al  bien  del  catolicis- 
mo, y  deferente  en  extremo  á  la  corte  de  Roma?  Este  fué  el  punto 
primordial  y  único  de  su  política,  en  el  cual  obraba  personal- 


LES   MA.RIAGES   ESPAGNOLS.  41 

mente,  y  de  viva  voz  dictaba  sus  disposiciones,  dejando  lo  demás 
á  la  inspiración  ó  capricho  de  Lerma;  y  á  dicho  ün  subordinó  por 
completo  la  cuestión  de  matrimonios,  como  puede  verse  en  las 
cartas  que  por  apéndice  inserto  íntegras  unas,  y  extractadas 
otras. 

Si  el  autor  las  hubiera  visto,  como  parecía  de  rigor,  tratándose 
de  un  asunto  de  España  que  detalladamente  pretende  historiar, 
es  posible,  aunque  no  seguro,  que  hubiese  rectificado  muchas  pá- 
ginas, y  entre  ellas  las  126  y  siguientes  hasta  la  131,  en  las  que 
expone  que  Yilleroy  estuvo  acertado  al  creer  que  la  verdadera 
misión  de  D.  Pedro  de  Toledo  consistía  en  proponer  los  matrimo- 
nios con  cierta  diplomacia.  «No  debía  esperarse,  dice,  que  el  Rey 
de  Francia  abandonase  la  alianza  con  los  holandeses  para  obtener 
la  de  España  por  medio  de  matrimonios  que  él  no  había  jamás 
solicitado,  ni  hecho  que  los  solicitara  persona  alguna.» 

Sin  embargo,  su  propia  narración  nos  enseña  que  Enrique  IV 
introdujo  la  cuestión  de  los  matrimonios  en  la  primera  audiencia 
de  D.  Pedro,  el  cual  le  contestó  que  antes  de  pasar  á  otra  cosa  se 
debía  resolver  á  abandonar  á  los  holandeses,  añadiendo  secamenle 
y  con  altanería,  que  él  no  tenía  encargo  de  proponer  ningún  ma- 
trimonio. 

Así  era  verdad,  si  se  juzga  por  las  cartas  mencionadas;  pero  el 
autor  establece  la  siguiente  disyuntiva:  «Si  era  verdad,  no  había 
nada  que  más  en  lo  profundo  pudiera  herir  á  Enrique,  porque  él 
sabía  por  los  despachos  de  su  embajador  en  España,  como  por  los 
de  Ubaldini,  que  el  Soberano  Pontiñce  había  propuesto  los  ma- 
trimonios á  S.  M.  Católica.))  Cúmpleme  notar,  por  vía  de  parén- 
tesis, la  contradicción  cometida  en  este  punto  respecto  á  otros  en 
que  asegura  que  la  proposición  de  matrimonios  partió  de  España, 
pudiendo  inferirse  de  las  líneas  acabadas  de  leer,  que  el  autor 
reconoce  que  el  Rey  sabia  lo  que  él  en  otras  páginas  ha  tenido 
por  conveniente  ignorar. 

Siguiendo  el  párrafo,  continúa:  «Si  el  castellano  mentía,  y  po- 
día creerse  así.»  Mas,  ¿por  qué?  ¿Ha  visto  el  autor  las  instruccio- 
nes ni  ningún  otro  papel  de  España  de  donde  pueda  inferirlo? 
Lejos  de  ello,  el  único  que  inserta  es  el  estropeado  de  que  á  la  le- 
tra tomo  la  parte  congruente  y  más  clara:  «Y  habiendo  pasado  á 


42  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

Otras  pláticas  y  asegurado  D.  Pedro  que  no  tenía  comisión  ni  po- 
der para  tratar  casamientos  se  (por  sí)  bien  avia  daño  (por  dado) 
grata  audiencia  en  España  á  los  propuestos  por  el  Papa  y  el  va- 
ron  (sic)  de  Barrault  se  despidió  del  Rey,  etc.,  etc.» 

Este  inserto,  cuya  procedencia  no  se  indica  más  que  por  pape- 
les de  España,  prueban  precisamente  lo  contrario  de  lo  que  el  au- 
tor dice.  Si  son  relaciones  del  Consejo  de  Estado,  como  parece 
desprenderse  de  la  conclusión,  ¿no  es  más  lógico  suponer  que  el 
autor  está  en  mal  terreno  al  sentar  gratuitamente  aquella  hipó- 
tesis? Infiérese  que  la  funda  en  una  carta  de  Villeroy  á  Janin; 
pero,  ¿por  qué  dar  más  crédito  á  una  carta,  donde  á  lo  sumo  no 
se  ve  más  que  una  sospecha,  que  al  dictamen  de  un  Consejo,  en 
que  para  nada  tenía  que  jugar  la  diplomacia,  por  no  deber  salir 
de  la  nación? 

Prosigue  el  autor  que  el  Rey  replicó  á  D.  Pedro  con  palabras 
tan  duras,  que  si  éste  hubiera  dado  cuenta  de  ellas  á  su  amo,  po- 
drían ocasionar  un  rompimiento,  según  se  lee  en  un  despacho  de 
Ubaldini. 

Y  hé  aquí,  digo  yo,  un  Rey  irritado  porque  no  le  hablaban  de 
lo  que  él  quería,  sin  embargo  del  desdén  que  aparentaba.  ¿Cómo 
aquel  embajador  tan  grosero  y  adusto,  tan  altivo  é  imprudente, 
segiín  lo  califica  M.  Perrens,  tuvo  más  sensatez  y  comedimiento 
que  el  franco,  amable  y  conciliador  Monarca? 

Conociendo  el  autor  que  estuvo  muy  inconveniente,  y  no  que- 
riendo este  papel  para  el  Rey  de  un  país  donde  dos  centurias  más 
tarde  habría  él  de  nacer,  se  apresura  á  escribir;  «Estas  palabras 
imprudentes  que  no  se  hallan  en  ninguna  parte,  y  que  Enrique 
las  sentiría  sin  duda.r> 

Pues  si  en  ninguna  parte  se  hallan,  ¿á  qué  hacer  mención  de 
ellas?  Y  si  estampa  literalmente  el  despacho  de  Ubaldini  que  asi 
lo  expresa,  ¿qué  importa  el  ignorar  las  pala])ras,  puesto  que  exis- 
tieron y  han  merecido  aquella  calificación?  JNo  es,  sin  embargo, 
la  ambigüedad  lo  más  donoso  del  caso,  sino  que  el  autor  se  iden- 
tifica con  el  personaje  historiado  por  él,  y  tal  cariño  le  toma,  que 
responde  de  sus  intenciones  en  el  hecho  de  suponer  que  el  Rey 
sentiría  sin  duda  el  hab^flas  dicho,  por  omitirlas  en  la  relación 
que  hizo  á  Breves  de  esta  entrevista.  ¡No  podría  haberlo  dis- 


LES   JÍARIAGES  ESPAGNOLS.  43 

culpado  con  mejor  intención  el  más  adicto  de  sus  cortesanos! 

En  realidad,  continua,  D.  Pedro  debía  obtener  de  Enrique  que 
sin  dilación  abandonase  la  alianza  de  los  holandeses  para  merecer 
la  de  España.  La  de  España,  dice;  pero  en  el  documento  en  que 
se  apoya  se  lee:  «para  merecer  los  matrimomos;f>  lo  cual  es  muy 
distinto,  porque  echa  por  tierra  cuanto  el  autor  ha  aseverado  so- 
bre la  iniciativa  y  afán  de  la  corte  española  en  la  cuestión,  así  como 
el  desdén  del  Rey  de  Francia,  y  presta  veracidad  á  las  palabras 
de  D.  Pedro,  dando  por  el  pié  á  la  sospecha  de  Yilleroy  y  á  la 
gratuita  afirmación  del  mismo  que  inserta  el  documento, 

Al  hablar  de  la  entrada  en  Madrid  del  duque  de  Mayenne,  em- 
bajador extraordinario  de  María  de  Mediéis  para  la  realización  de 
los  matrimonios,  expone  la  miseria  y  la  parsimonia  de  España, 
ya  en  los  presentes  que  le  hicieron,  ya  en  la  mezquindad  del 
mantenimiento  y  pobreza  de  los  trajes  españoles,  «que  tan  humi- 
llados se  veían  en  todo  y  por  todo  al  compararse  con  los  bravos, 
ricos  y  apuestos  caballeros  franceses  del  séquito  del  embajador.» 
Viendo,  dice,  la  suntuosidad  de  los  franceses,  que  en  un  mes  ha- 
bían cambiado  por  tres  ocasiones  las  libreas  do  sus  lacayoS;  y  pro- 
digaban el  dinero  en  su  camino,  tuvieron  los  españoles  vergüenza 
de  su  vergüenza,  se  ruborizaron  de  sus  viejos  atavíos,  y  ni  aun 
á  los  criados  de  Mayenne  osaron  dar  las  cadenas  que  habían  re- 
cibido para  este  fin,  porque  conocieron  que  los  franceses  eran 
gente  demasiado  lucida  y  sagaz  para  hacer  caso  de  tales  regalos. 
iiPor  miseria  y  vanidad  aparecieron,  pues,  más  estúpidos  é  indo- 
loites  de  lo  que  eran.» 

Varias  de  estas  frases  las  escribe  entrecomadas  citando  las  car- 
tas de  Vaneólas  á  Villeroy:  y  motiva  la  última  el  retraimiento 
que  la  grandeza  mostró  respecto  al  embajador  francés. 

Extráñame  que  tantas  ocasiones  aproveche  para  tildar  á  esta 
nación  de  mezquina,  el  mismo  autor  que  inserta  un  trozo  de 
carta  de  Vaneólas  á  Puysieux,  donde  consta  que  D.  Iñigo  de 
Cárdenas  entregó  en  nombre  del  tercer  Felipe  á  Madarae  Elisa- 
beth,  una  joya  con  los  retratos  de  ésta  y  del  príncipe  español, 
que  tenía  engarzado  un  brillante,  la  cnal  se  estimaba  en  100.000 
escudos. 

Verdad  es  que  siguiendo  su  sistema  de  prevención  céntralo  que 


44  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

pudiera  favorecer  á  España,  añade:  «Si  no  hay  exageración  en  el 
precio,  preciso  es  confesar  que  en  esta  ocasión  aohubo  mucho  es- 
tímulo por  parte  de  Francia.»  Así  dice  porque  el  regalo  del  Delfín 
á  la  infanta  de  España  era  un  brazalete  que  no  valía  más  de 
15.000  escudos. 

Seguramente  que  al  hablar  de  la  miseria  y  mezquindad  de  los 
españoles  en  trajes  y  en  todo,  no  recuerda  que  él  mismo  ha  es- 
crito en  la  pág.  389,  á  propósito  de  los  festejos  celebrados  en  Pa- 
rís á  la  publicación  de  los  matrimonios,  «que  se  hicieron  enormes 
gastos,  ó  como  suele  decirse,  que  se  quiso  echar  el  resto^  reci- 
biendo orden  los  encargados  de  sobrepujar  aún  el  fausto  de  los 
españoles.» 

¡Vea  la  Academia  la  escasa  memoria  del  autor!  Tan  poca  es, 
que  en  la  misma  página  en  que  censúrala  mezquindad  española, 
inserta  una  relación  del  recibimiento  al  duque  de  Mayenne  en 
el  castillo  de  Lerma,  donde  después  de  ponderar  las  viandas  y 
aparato  con  que  se  las  presentaron,  exclama  en  tono  festivo:  (íFiié 
aquello  wi  verdadero  triunfo  sobre  la  cuaresma,  ó  más  bien  una 
de  las  ¡procesiones  que  los  gastrónomos  de  Ravalais  hacen  á  su  dios 
ventri-jjotcnte.-»  Cosa  análoga  dice  acerca  de  los  perfumes  y  lujo 
de  las  habitaciones. 

A  pesar  de  todo,  y  contra  el  inserto  que  estampa  de  carta  del 
embajador,  supone  que  se  fué  disgustado  de  Madrid,  si  bien  su- 
mamente complacido  de  las  señoras,  tanto,  que  según  relación  de 
Puysieux,  su  hombre  de  negocios,  llegaron  á  producirle  una  in- 
disposición de  estómago.  <s.Los  mensajes,  añade,  que  diariamente 
recibía,  debidos  al  atrevimiento,  avaricia  y  lujuria  de  las  señoras 
del  país,  le  empeñaron  al  combate  de  tal  manera,  que  yo  no  sé 
cómo  se  habrá  podido  zafar. y> 

El  autor,  por  su  parte,  dice:  «Las  señoras  j)araban  sus  carrua- 
jes delante  de  la  morada  del  embajador,  le  llamaban  á  las  venta- 
nas, le  daban  música  por  sí  mismas,  enviábanle  guantes,  perfu- 
mes, aguas  olorosas,  dulces  y  toda  clase  de  regalos;  y  en  alta  voz 
publicaban  que  nunca  habían  visto  hombre,  ni  más  galante,  ni 
tan  buen  mozo.  Admiraban  su  librea,  su  vajilla  de  piala,  etc., 
asistían  á  sus  comidas,  ypor  tales  modos  le  provocaban  á  galan- 
terías de  que  no  se  podía  abstener.» 


LES    MARUGES   ESPAGNOLS.  45 

¡Dichoso  mortal  que,  sin  sor  mahometano,  gozó  en  vida  del  pa- 
raíso prometido  por  el  profeta  á  los  que  mueren  fieles  á  su  ley! 

¿Pero  no  sería  posihle  que  el  autor  hubiese  cometido  alguna 
inexactitud,  quiz;i  por  inspirarse  para  escribir  sobre  este  punto  de 
la  época  de  Felipe  III,  en  un  libro  contemporáneo  de  un  compa- 
triota suyo,  donde  dice  éste,  que  las  damas  españolas  acostum- 
braban llevar  una  navaja  en  la  liga?  Deduciría,  no  sin  funda- 
mento que  tales  damas  debían  ser  zafadotas^  y  teniendo  en  cuenta 
que  el  carácter  y  costumbres  de  los  pueblos  no  varían  tan  fácil- 
mente, podía  inferir  que  las  abuelas  de  las  visabuelas  de  dichas 
damas  legaron  á  las  actuales  aquella  condicicju,  y  de  aquí  que  un 
mozo  del  garbo,  donaire  y  atavío  del  du(]ue  de  Mayenne,  ó  de 
Uména,  como  en  Madrid  se  le  llamaba,  habría  de  dar  al  traste 
con  el  resto  de  simulado  pudor  de  las  señoras  de  la  corte  del  ter- 
cer Felipe. 

No  es  esto  negar  la  esencia  del  hecho;  ¡ni  cómo,  siendo  Ma- 
yenne tan  rumboso  y  rico!  sino  inferir  que  las  que  le  importuna- 
ban con  tantas  citas  y  piropos,  debían  ser  las  legítimas  ascendien- 
tes de  las  que  hoy,  por  tales  hábitos,  llamamos  de  navaja  en  liga, 
aunque  no  usen  ninguna  de  estas  prendas.   ' 

Nada  tendría  que  oponer  si  se  concretase  á  decir  que  la  gallar- 
día, donaire  y  gentileza  del  embajador  fué  celebrada  por  las  da- 
mas de  la  corte,  hasta  el  punto  de  tenerle  por  el  más  galán  y  me- 
jor parecido  de  todos  los  de  su  acompañamiento.  Así,  poco  más  ó 
menos,  se  lee  en  la  verídica  y  detalladísima  relación  de  Cabrera 
de  Córdoba,  y  no  ya  el  criterio,  sino  el  buen  sentido,  basta  para 
rechazar  todo  lo  que  de  esto  pasase. 

Que  el  autor  inserta  la  carta  de  un  testigo  como  Puysienx, 
cierto;  ¿pero  para  qué  sirve  el  criterio?  ¿Qué  diría  si  un  autor  es- 
pañol, reüriéndose  á  Francia  espusiese,  apoyado  en  la  relación 
de  un  viajero,  que  las  señoras  francesas  acostumbraban  asediar 
á  los  españoles  en  las  principales  calles  y  cafés,  usando  de  expre- 
siones y  modales  algo  libres;  ó  que  solían  bailar  danzas  en  pos- 
turas algo  más  que  descompuestas?  Diría,  con  mucha  razón,  que 
tal  viajero  no  había  salido  de  los  que  en  Paris  llaman  houlevares, 
ni  asistido  á  otros  bailes  que  los  celebrados  en  Mahille  ó  Chateau- 
roiige,  y  que  tal  autor  había  cometido  la  ligereza  de  apoyar  su 


46  uoletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

historia,  sin  el  menor  discernimiento,  en  lo  narrado  por  un  cual- 
quier transeunle,  y  la  mayor  aún  de,  con  tales  datos,  ó  ampliando 
alguna  aventura,  calificar  al  núcleo  de  las  señoras  de  una  nación- 
Y  no  es  mucho  que  de  aquí  se  deduzca  culpa  de  ligereza  contra 
el  autor  y  contra  Puysieux.  ¿No  conocemos  lodos  al  del  libro  an- 
tes mencionado  sobre  costumbres  de  España?  ¿No  sabemos  tam- 
bién de  otro,  y  de  ilustre  apellido,  que  desde  alta  mar,  como  pa- 
sajero de  un  buque  en  viaje  de  circunnavegación,  decía  que  con 
sus  anteojos  liabia  podido  ver  á  las  bellas  catalanas  paseándose 
en  la  Rambla  de  Barcelona  del  brazo  de  sus  jóvenes  é  indulgentes 
confesores,  lo  cual,  aparte  de  lo  raro  de  la  visión,  es  algo  menos 
verosímil  que  distinguir  desde  el  Manzanares  una  cosa  situada  en 
la  Puerta  del  Sol  nunca  vista  por  los  habitantes  de  Madrid?  (1) 
¿No  habló  otro  renombrado  autor  con  ligereza  sobre  las  Canarias, 
aunque  nunca  tan  desatinadamente  como  el  del  mencionado 
viaje? 

Lo  extraño  es  que  al  hablar  M.  Perrens  de  la  miseria  española, 
perjudica  mucho  á  su  habilidad  la  circunstancia  de  insertar  es- 
critos que  lo  contradicen,  y  de  añadir:  «Tal  gasto,  por  desigual 
que  fuese  (respecto  al  de  Francia),  acabó  de  arruinar  á  los  espa- 
ñoles. Para  cubrirlo  tuvieron  que  echar  mano  de  pequeñas  sumas 
destinadas  á  los  infantes  y  á  las  viudas  de  los  antiguos  servidores 
de  Carlos  Y  y  de  Felipe  II. 

»Despu6s  de  la  partida  de  Mayenne  encarecieron  en  algunos 
maravedís  la  libra  de  carne,  como  único  recurso  de  volver  á  lle- 
nar su  exhausto  tesoro.» 

Si  se  tiene  en  cuenta  la  carne  y  demás  comestibles  regalados 
diariamente  á  la  embajada  de  Francia,  cuya  relación,  que  el  autor 
no  debe  conocer,  detalla  Cabrera  de  Córdoba,  no  es  extraño  que 
aquel  artículo  alcanzase  mayor  precio  en  razón  al  excesivo  con- 


(l)  M.  Arago  i  Stiiitiag-o),  en  su  Viaje  alrededor  del  mnndo,  escribe  la  frase,  sin  haber 
siquiera  fondeado  en  la  rada  su  buque;  pero  aun  cuando  así  fuese,  no  se  podía  ver  la 
Rambla  desde  aquella,  ni  aun  desde  el  mismo  puerto,  ni  en  la  época  á  que  alude  ni 
en  otra  posterior,  hasta  estos  últimos  años  en  que  se  derribaron  las  Atarazanas. 

Mayores  ligerezas  expone  sobre  las  Canarias,  que  fueron  refutadas  por  uu  exce- 
lente escrito,  tan  bien  razonado  camo  sentido,  del  publicista  de  marina  D.  Ignacio  de 
Nfgrín. 


LES    MARIAGES   ESPAGNOLS.  47 

sumo;  pero  subir  la  carne  para  volver  alienar  un  tesoro  exhausto, 
presupone  en  primer  lugar  la  idea  de  que  el  tesoro  estaba  reidcto, 
en  segundo,  la  de  que  todo  él  se  invirtió  en  la  recepción  mezquina 
á  que  el  autor  alude,  y  en  tercero,  la  de  que  unos  cuantos  mara- 
vedís bastaban  para  repletar  el  tesaro  de  la  nación  cuyos  domi- 
nios eran,  materialmente  por  lo  menos,  los  más  ricos  y  extensos 
de  ambos  mundos  (1). 
Oigamos  á  Cabrera  de  Córdoba  en  este  punto: 

«Por  la  calle  del  Sordo  (dice  en  la  pá|,'.  486),  que  es  detrás  del  hospital 
de  los  Italianos,  hay  en  esta  calle,  á  donde  sale,  una  puerta  que  á  las  tres 
de  la  tarde  se  abre,  y  tiene  una  llave  tni  criado  del  Duque  de  XJména  que 
abriendo  entra  á  tomarla  viíuula  que  hoy  lueten  para  mañana,  y  esto  sin 
verse  el  que  lo  deja  allí,  que  es  un  guarda  mangel,  que  se  llama  Felipe  de 
Ardíanos;  en  metiendo  la  vianila  cierra  y  se  va  hasta  otro  día  á  las  tres. 

Día  de  carne  es  esto. 

Ocho  pavos. — Veinte  y  seis  capones  cebados  de  leche. — Setenta  galli- 
nas.— Cien  pares  de  pichones.— Cien  pares  de  tórtolas.— Cien  conejos  y 
liebres. — Veinte  y  cuatro  carneros. — Dos  cuartos  traseros  de  vaca. — Cua- 
renta libras  de  cañas  de  vaca. — Dos  terneras. — Doce  lenguas. — Doce  libras 
de  chorizos. — Doce  pemiles  de  Garrovillas. — Tres  tocinos. — Una  tinajuela 
de  cuatro  arrobas  de  manteca  de  puerco. — Cuatro  fanegas  de  panecillos 
de  boca. — Ocho  arrobas  de  fruta;  cuatro  frutas  á  dos  arrobas  de  cada  gé- 
nero.— Seis  cueros  de  vino  de  cinco  arrobas  cada  cuero  y  cada  cuero  dife- 
rente. 

DÍA  DE   PESCADO. 

Cien  libras  de  truchas. — Cincuenta  de  anguilas. — Cincuenta  de  otro 
pescado  fresco. — Cien  libras  de  barbos. — Cien  de  peces. — Cuatro  modos 
de  escabeches  de  pescados,  y  de  cada  género  cincuenta  libras. — Cincuenta 
libras  de  atún. — Cien  de  sardinillas  en  escabeche. — Cien  libras  de  pescado 
cecial  muy  bueno. — Mil  huevos. — Veinticuatro  empanadas  de  pescados 
diferentes. — Cien  libras  de  manteca  fresca. — Un  cuero  de  aceite. ^Fruta, 


(1)  iSo  quiero  decir  que  la  nación  fuese  inmensamente  rica;  lejos  de  ello,  en  otro 
libro  procuro  demostrar  que  la  miseria  del  oro  había  muerto  aquí  á  la  riqueza  del 
trabajo,  y  que  España  sucumbía  por  la  pesadumbre  de  su  grandeza.  Solamente  noto 
la  contradicción  entre  la  mezquindad  aseverada  y  la  ruina  de  un  tesoro  for  los  gas- 
tos verificados  para  el  recibimiento. 


48  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTÜRL4. 

vino,  pan  y  otros  regalos  extraordinarios,  como  en  el  día  de  carne  se  dice. 

Esto  es  cada  día,  sin  otras  cosas  extraordinarias  de  regalos  más  órnenos. 

Para  esto  hay  dedicadas  cuatro  acémilas  con  sus  cajones  que  traen  este 
recado,  y  lo  ponen  en  el  aposento  sobre  imas  mesas  y  cierran,  y  no  parece 
otro  día  sino  las  cestas  vacías,  y  no  quien  las  vacia. » 

En  resumen,  por  cálculo  nada  exagerado,  resulta  que  el  emba- 
jador y  su  comitiva  consumían  diariamente  unas  tres  mil  seis- 
cientas libras  de  carne,  que  casi  montan  á  dos  toneladas  desleidas 
en  treinta  arrobas  de  vino,  acompañadas  de  cuatro  fanegas  de  pa- 
necillos de  boca,  y  endulzadas  con  ocho  arrobas  de  fruta  (1). 

Otra  de  las  inexactil;udes  que  comete,  es  asegurar  que  el  Rey 
de  España  consideraba  ligereza  muy  reprochable  que  su  hija,  ya 
reina  de  Francia,  adoptase  algunas  modas  francesas,  y  sobre  todo 
que  bailara. 

Permítame  la  Academia  que  en  este  punto  le  recuerde  algunos 
trozos  de  las  cartas  del  tercer  Felipe  á  su  hija,  por  ser  la  mejor 
refutación  contra  lo  que  asevera  M.  Perrens. 

En  una  que  lleva  la  fecha  de  G  de  Junio  de  1618  le  dice...:  «Me 
hubiera  holgado  de  ver  el  bailete  que  hicistcs,  que  todos  los  que 
le  vieron  escrevieron  maravillas  del,  y  de  quan  linda  salistes,  y 
quan  bien  danzastes:  acá  también  se  hizo  la  mascara.»  En  otra 
de  3  de  Abril  del  mismo  año:  «Me  holgué  mucho  con  las  nuevas 
que  truxo  el  último  correo,  aunque  sin  carta  vuestra;  pero  yo  le 
doy  por  bien  á  trueco  de  que  no  os  cansasedes  en  escrevirme  pues 
lo  estaredes  desde  el  bailete  y  todos  escriven  quan  bueno  fué,  y 
quan  bien  lo  hicisteis  vos:  hasta  envidia  tuve  á  los  que  lo  vieron, 
y  mas  á  vos  que  diz  que  estabades  muy  linda,  y  esto  debe  de  ser 
cada  dia  mas,  según  habéis  embarnecido  y  crecido,  etc.,  etc.» 

Ignoro,  pues,  el  fundamento  que  haya  tenido  el  autor  para  su- 
poner que  el  tercer  Felipe  reprochaba  duramente  á  su  hija  el  baile, 
como  no  sea  una  de  las  peregrinas  invenciones  del  Mercurio,  de 


(1)  «Dicen  que  todo  el  tiempo  ([ue  el  duque  se  detuviere  aquí,  se  le  proveerá  de  la 
misma  manera  este  regalo,  y  si  se  entendiese  que  fuese  necesario  proveer  con  más 
larga  mano,  se  haría  de  la  misma  manera,  según  es  grande  la  voluntad  con  que  se 
hace.»  (Cabrera  de  Córdoba,  pi'v"  182.)  Véase  lo  que  contrasta  esta  buena  voluntad 
con  lo  que  el  autor  dice. 


Ll;S   MARIAGES   ESPAGNOLS.  49 

cuyo  pajicl  hace  un  documento  fehacieute  para  su  historia.  Si 
hubiese  consultado  estas  cartas,  quizá  no  incurriría  en  este  ni  en 
otros  muchos  errores ,  y  digo  quizá  por  ser  también  posible  que 
rehusase  la  prueba  en  vista  de  no  decir  en  ellas  baile  sino  bailete. 

Respecto  al  otro  extremo,  pudiera  trascribir  muchos  trozos  de 
otras  cartas  anteriores  en  que  siempre  le  recomienda  la  obedien- 
cia á  su  marido,  en  gracia  á  la  buena  armonía  que  debe  existir 
en  los  matrimonios.  Todas  rebosan  en  paternal  solicitud,  y  tanto 
que  á  veces  descienden  á  preguntas  un  tanto  enojosas  y  de  difícil 
contestación  para  una  niña,  no  obstante  su  cambio  de  estado. 

«cMe  he  holgado  mucho,  dice  en  una  de  16  de  Enero  de  1016, 
por  saber  que  quedabades  buena,  y  el  Rey  mejor  del  mal  que  ha- 
bía tenido,  de  que  os  podemos  dar  la  enhorabuena  como  rauger 
tan  bien  casada;  y  me  ha  parescido  muy  bien  lo  que  me  decís  de 
las  visitas  que  le  habéis  hecho  y  lo  que  habéis  madrugado  á  las 
purgas  y  sangrías,  etc.,  etc.,  me  ha  dado  cuydado  el  decirme 
que  no  tenéis  buenos  los  ojos:  espero  en  Dios  que  lo  estarán 
presto  y  ya  querría  que  acabasedes  de  ser  muger,  que  para  esso 
y  para  que  me  diessedes  presto  un  nieto  podría  servir;  y  respon- 
ded á  lo  que  otras  veces  os  he  preguntado  de  si  el  Rey  quando 
está  bueno  duerme  siempre  en  vuestro  aposento  ó  algunas  veces, 
y  no  os  corráis  de  decirlo  á  un  padre  que  os  quiere  tanto  como 
sabéis,  etc.» 

Sigue  congratulándose  de  la  buena  armonía  que  existe  entre 
ella,  el  Rey  y  la  Reina  madre ,  y  continúa: 

«El  bailete  que  hicisteis  debió  de  ser  muy  bueno ,  y  yo  holgara 
harto  de  veros,  que  la  de  la  Torre  me  escríve  maravillas  de  como 
ibades.» 

Sigue  hablando  de  que  le  envía  un  chapín  de  seis  dedos  más 
de  largo  como  le  pedía,  y  concluye:  «Os  confieso  que  quisiera, 
aunque  os  pongáis  colorada,  que  como  el  Rey  está  muchos  ratos 
del  día  en  vuestro  aposento  estuviera  algunos  de  noche.» 

En  casi  todas  sus  cartas  le  habla  de  bailes ,  y  lejos  de  repro- 
barlos, envidia  á  los  que  la  vieron.  ¿Y  cómo  no,  si  aquel  príncipe 
tan  buen  padre  y  esposo  como  rey  deslucido,  despuntaba  precisa- 
mente en  él  baile  hasta  merecer  el  dictado  de  primer  bailarín  de 
su  corte? 

TOMO   IV.  4 


50  BOLETÍN'    DE   LA   REAL   ACADEMLA   DE   LA    HISTORIA. 

Quizá  M.  Perrens  ignore  también  este  particular  por  no  haber 
tenido  á  la  vista  ni  la  crónica,  ni  ninguna  de  las  historias  parti- 
culares, ni  las  relaciones  que  corren  impresas  sobre  este  reinado. 
Y  en  verdad  que  es  omisión  de  alguna  monta  en  quien  narra 
asuntos  que  lo  abarcan  de  lleno. 

Pues  error  más  de  bulto  contienen  las  siguientes  líneas:  «La 
corte  de  España  creía  tan  próximo  el  éxito  (habla  de  los  matri- 
monios) que  desde  los  primeros  días  de  Diciembre  de  1613  anun- 
ció su  designio  de  establecerse  en  Valladolid.» 

¡Véase  cómo  al  fin  se  descubren  todos  los  secretos!  Así  excla- 
marán seguramente,  si  pudiéramos  oírles,  Cabrera  de  Córdoba, 
Yivanco,  León  Pinedo  y  demás  autores  de  relaciones,  cronistas  ó 
historiadores  de  aquella  época,  y  testigos  oculares  de  los  suce- 
sos ,  al  leer  en  esta  singular  historia  uno  que  todos  ellos  vieron 
realizado  por  motivos  muy  diferente  en  fecha  anterior,  y  es  se- 
guro que  no  menos  había  de  sorprender  la  noticia  al  tercer  Fe- 
lipe, á  Lerma,  al  Consejo  de  Estado  y  á  los  alcaldes  de  Vallado- 
lid  en  aquel  tiempo. 

Durante  mucho  he  molestado  la  atención  de  la  Academia  expo- 
niendo todas  las  contradicciones  que  se  notan  en  este  libro;  pero 
no  puedo  menos  de  cerrar  el  examen  con  una,  como  norma  del 
criterio  que  ha  presidido  á  su  redacción. 

Dicho  está  que  la  corte  de  Madrid  usaba  de  doblez  y  perfidia  al 
proponer  subrepticiamente  al  rey  de  Inglaterra  la  infanta  es])a- 
ñola  al  príncipe  de  Gales ,  á  fin  de  precaverse  contra  la  derrota 
que,  á  juzgar  por  el  desdén  de  Enrique  IV,  iba  á  sufrir  en  las 
presentadas  á  Francia.  Pues  vea  la  Academia  lo  que  en  la  pág.  451 
hablando  del  doble  juego  de  la  corte  de  María  de  Médicis,  sobre 
el  matrimonio  de  Madame  Ghretiene  con  el  mismo  príncipe  de 
Gales,  dice  de  Villerroy,  autor  de  las  negociaciones: 

«Así,  pues,  con  una  habilidad  que  no  puede  desconocerse  en- 
tretenía Villeroy  el  matrimonio  con  el  Inglés,  y  contaba  utili- 
zarlo para  reparar  la  derrota  que  había  sufrido  en  el  terreno  de 
los  enlaces  españoles.» 

Lo  cual  enseña,  a  trovóme  á  añadir,  que  la  perfidia  tratándose 
de  España  es  habilidad  cuando  á  Francia  se  refiere. 
De  propósito  he  dejado  para  fin  de  fiesta  la  traducción  de  un 


LES   >rARlAGES   ESP.VGXOLS.  51 

escrito  anónimo  que  insería  el  autor,  pul  ilicado  en  Paris  al  arribo 
de  la  embajada  de  D.  Pedro  de  Toledo.  Dice  así:  «Asomaos  á 
las  ventanas  y  mirad  cual  vienen  los  galantes.  En  primer  término, 
se  ven  los  bagajes  del  modo  que  sigue:  tres  carros  tirados  por 
búfalos  y  cargados  de  patrañas  cultivadas  y  cogidas  en  el  jardín 
del  Escorial:  oíros  Ircs  por  dromedarios  cargados  de  galimatías: 
tres  más  por  mulos  de  Auvergne:  otros  tres  por  ¡)écoras  arcádi- 
cos  (1)  cargados  de  eléboros  y  de  gomorra  extractada  en  Ñapóles 
hasta  la  (juíiiluple  esencia:  tres  amadrinados  en  parejas,  tirados 
por  diez  y  ocho  elefantes,  llevando  la  carta  de  los  Países  Bajos 
pintada  en  claro  oscuro,  sobre  un  lienzo  de  veinte  y  cinco  toesas: 
un  carromato  soberbiamente  atalajado  con  doce  africanos  tigres, 
conduciendo  en  un  tiesto  roto  de  tierra  de  Navarra,  el  contrato 
matrimonial  entre  el  Señor  Delfín  y  la  infanta  española,  exten- 
dido en  romance  sobre  pergamino  de  cordero  nonnato ,  y  escrito 
proféticamentc  por  el  buen  patriarca  Ignacio  de  Loyola,  según  la 
revelación  en  sueño  que,  tres  días  después  de  su  muerte,  le  habia 
hecho  Santiago  de  Galicia;  todo  él  en  cai-actéres  tan  diminutos, 
que  se  necesitaba  buena  vista  para  poderlo  leer.  Veíase  luego  so- 
])re  dos  angarillas  llevadas  á  espaldas  de  dos  esclavos  como  la  caza 
de  Santa  Genoveva ,  una  almohada  de  terciopelo  carmesí ;  sopor- 
tando la  gorgnera  de  Don  Pedro  que  medía  en  redondo  catorce 
varas  y  media,  y  media  cuarta  (2).  Después  marchaban  sus  pajes, 
caballeros  en  animales  de  piel  gris  y  largas  orejas  parecidas  á  IíJB 
burros,  toda  gente  joven  con  barbas  canas,  cantando  á  la  entrada 
de  la  corte  acompañados  de  las  melodiosas  voces  de  sus  cabalga- 


(1)  Quizá  aluda  á  los  guardias  del  rey  por  el  epíteto  que  se  dio  durante  el  bajo  im- 
perio á  los  del  emperador  Arcadio. 

(2)  En  carta  fecha  en  Madrid  á  19  de  Enero  de  1608  dice  Cabrera  do  Córdoba  (pá- 
gina 323). 

«Antes  de  Pascua  mandó  S.  M.  que  se  guardase  la  premática  do  las  lechuguillas 
pareciéndole  que  habia  de  tener  su  mandamiento  para  la  ejecución  más  fuerza  que  el 
rigor  de  los  alguaciles;  y  sobre  la  medida  se  replicó  por  los  de  su  Cámara,  y  ha  que- 
dado en  sétima  de  vara;  y  conforme  á  esto  toda  la  corte  ha  reformado  los  cuellos  y  obe- 
decido á  la  voluntad  de  S.  M.;  por  ser  demasiado  el  exceso  que  en  esto  habia.» 

Don  Pedro  de  Toledo  salió  para  su  embajada  algunos  meses  después.  Si  obedeció  la 
pragmática  debía  ser  su  gorguera  de  cuatro  y  media  pulgadas  próximamente.  Sin 
embargo  es  muy  cierto  que  en  esto  de  vestir  había  mucha  exageración.  ¡Pluguiera 
Dios  que  todos  los  defectos  de  vuestros  mayores  fuesen  tan  criminales! 


52  boletín  de  la  real  academla  de  la  historl\. 

duras.  Seguían  los  oficiales  de  la  casa  de  Don  Pedro  con  toda 
clase  de  utensilios  de  caza:  el  primero  con  la  marmita,  el  segundo 
con  las  parrillas,  el  tercero  con  la  cadena  del  caldero  y  así  con- 
secutivamente los  demás  con  lo  restante  de  la  cocina.  Más  atrás 
el  Mayordomo  en  noble  arreo  llevando  por  peto  una  cazuela,  un 
tarro  de  manteca  por  casco,  una  pringosa  rodilla  á  guisa  de  bandfi 
y  empuñando  un  largo  asador.  Después  la  sumillería  con  tazas, 
cubiletes,  potes,  viandas,  botellas  y  cuarenta  mulos  cargados  de 
nieve,  que  no  derretía  el  sol  por  hallarse  polvoreada  de  catoli- 
cón (1)  castellano.  Seguían  los  gentiles  hombres  de  su  casa  mon- 
tados en  mulos,  vestidos  de  tela  vieja  de  cáñamo,  botas  de  perga- 
mino, en  una  palabra,  con  traje  acomodado  á  la  estación,  es  de- 
cir, camisolas  de  escarlata,  justillos  de  terciopelo  negro,  á  causa 
del  polvo,  sobre  otros  jubones  de  la  misma  tela  y  color,  cinchados 
como  mulos  por  el  vientre,  apretados  de  tal  modo  que  sacaban 
medio  pió  de  lengua ,  mitrados  cual  obispos  de  Calcuta ,  con  gor- 
gueras  de  pió  y  medio  que  no  habían  olido  el  almidón  desde  la 
salida  de  España,  golillas  de  terliz  blanco,  tan  tiesas  que  pare- 
cían de  porcelana,  rasuradas  las  cabezas  á  lo  monge,  los  bigotes 
como  colas  de  mulos ,  y  con  mucha  gravidad  (sic)  van  tocando  la 
guitarrita  y  cantando  á  coro,  cada  uno  diferente  canción,  todo 
ello  por  supuesto  muy  católicamente.» 

«Se  ve  detrás  una  carroza  de  figura  de  pentágono  á  semejanza 
de  la  ciudad  de  Amberes,  hecha  de  cartón  fino  y  papel  de  estraza 
y  uncidos  á  ella  diez  y  ocho  toros  de  Granada.  Van  dentro  tres 
marqueses  y  tres  condes  levando  un  palio  á  la  alemana,  tara- 
reando un  nuevo  aire  en  honor  de  la  infantita ,  y  tocando  todos 
un  manicordio  sin  cigüeñal.  Don  Pedro  de  Toledo  venia  el  último 
como  un  cura  de  regreso  de  precisión,  conservando  la  gravedad 
de  un  vendedor  de  pajuelas,  dentro  de  un  aparador  de  tela  ence- 
rada bien  cerrado  para  evitar  las  moscas,  tirado  por  dos  caballos 
indios,  y  con  traje  de  abrigo  cual  requería  la  grandeza  de  su 
casa.» 

«A  la  mañana  siguiente  tuvo  lugar  la  audiencia.  En  la  antecá- 
mara, donde  se  preparaban  para  presentarse  al  Rey  más  grande 
— « 

(1)    Especie  de  electuario  purgante,  compuesto  de  sen  y  ruibarbo. 


LES   MARIAGES   ESPAGNOLS.  53 

del  mundo,  cepilláronse  muluamente,  por  caridad,  lodo  el  polvo 
recogido  en  el  camino  desde  su  entrada  en  territorio  francés ,  de 
tal  manera  que  oscureciendo  la  cámara  obligaron  á  salir  al  aire 
libre  á  los  gentiles  hombres  y  demás  de  la  nobleza  que  en  orden 
gerárquico  hallábanse  en  ella  apostados.  Pasaron  en  seguida  á 
otra  llena  de  marqueses,  nobles  y  plebeyos,  hicieron  segunda  pa- 
rada, comenzando  á  alechugarse,  á  despiojarse  unos  á  otros,  y 
unos  á  otros  á  sonarse  las  narices  por  caridad,  cosa  que  cada  uno 
por  sí  no  hubiera  podido  verificar  sin  estropear  sus  gorgneras ,  y 
esponerse  á  volver  á  España  para  lavarlas;  pues  no  se  hubieran 
atrevido  á  darlas  en  Francia,  temerosos  de  que  cayendo  en  ma- 
nos heréticas  incurriesen  en  excomunión  mayor,  ó  lo  que  peor 
seria,  en  las  reclamaciones  del  Santo  Oficio  de  la  Inquisición.» 

«Mondos  ya  y  lindamente  zurrados,  diéronse  á  marchar  con 
tanta  furia,  y  á  echar  con  tal  brío  los  pies  por  el  aire,  que  hubie- 
ran dejado  tuerto,  ó  roto  los  dientes  á  alguno,  si  á  los  primeros 
pasos  no  les  hubiese  dicho  un  ugier  que  olió  como  á  queso  de 
Auvergne, — Señores,  no  levantéis  tanto  los  pies  que  al  Rey  no 
agrada  este  olor. — Así,  pues  moderándolos,  acercáronse  hasta 
arrodillarse  ante  S.  M.;  dijéronle  en  cifra  su  embajada,  se  les 
contestó  en  solfa,  hablaron  en  español  corrompido  y  se  les  dio 
respuesta  en  buen  francés  (1). 

«Bajo  esta  forma  ligera,  añade  el  autor,  se  demuestra  la  anti- 
patía y  desconfianza  que  inspiraban  los  españoles.» 

No  trato  ni  de  afirmar,  ni  de  refutar  esta  antipatía,  aunque 
pudiera  encontrar  en  la  misma  obra  muchos  otros  insertos  que 
contradicen  al  anterior;  pero  ¿se  podrá  ocultar  á  M.  Perrens  que 
el  sabor  calvinista  del  escrito  es  lo  que  manifiesta  antipatía,  no 
ya  entre  franceses  y  españoles,  sino  entre  reformados  y  católicos? 
¿No  ha  reparado  que  el  artificio  del  papel  burlesco ,  consiste  en 
involucrar  la  diferencia  de  religiones  con  la  de  nacionalidades? 
Y  aún  así,  no  creo  yo  que  el  autor  ó  autores  anónimos  consi- 
guieran sus  fines.  Movería  el  escrito  ciertamente  á  risa,  pero  risa 
trivial  que,  pasados  los  primeros  instantes,  despierta  por  lo  me- 


(1)    Recueil  d'ambassade  et  de  plusieurs  lettres  misives  concernant  les  aflfaires  de 
l'Etat  de  France  depuis  1525  júsqu'á  en  1606.  Bib.  Imp.  ms.  fr.  núin.  -291. 


54  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORL\. 

nos  indiferencia,  cuando  no  desdén,  contra  el  libelista,  no  sólo 
en  los  católicos,  sino  aun  en  los  de  su  misma  secta,  y  después 
únicamente  podrán  utilizarlo  los  representantes  de  farsas  ó  entre- 
meses de  corral ,  como  medio  de  sacar  algunas  monedas  de  cobre 
al  vulgo  rústico  y  sencillo,  que  en  su  ignorancia  propende  á  ri- 
diculizar y  deprimir  todo  lo  que  pertenece  al  extranjero. 

He  procurado  exponer  el  espíritu  de  parcialidad  que  de  relieve 
sale  en  la  obra.  Quizá  sea  ajeno  á  la  voluntad  de  su  autor,  ó  tal 
vez  reconociendo  en  él  tal  propensión  irresistible ,  y  no  ocultán- 
dosele que  constituía  un  defectillo  para  tratar  de  historia,  creyó 
cohonestarlo  con  la  siguiente  protesta  estampada  en  su  prólogo: 

«Debo  notar  con  qué  escrúpulo  me  abstengo  de  conjeturas  y 
aserciones  aventuradas,  como  asimismo  de  reproducir  algunos 
despachos  verdaderamente  picantes  que  escribían  nuestros  diplo- 
máticos menos  conocidos,  en  desaliñado  é  incorrecto  lenguaje, 
pero  vivo  y  ya  muy  francés,  en  los  cuales  la  originalidad  eclipsa 
á  veces  las  de  las  cartas  tan  bellas  y  ponderadas  del  cardenal 
D'Ossat.» 

Tal  promete  el  autor,  pero  la  Academia  discernirá  hasta  el 
punto  que  lo  ha  cumplido.  En  cuanto  á  que  el  público  note  los 
despachos  que  dice  se  abstiene  de  reproducir,  paréceme  asunto 
imposible,  y  expresado  de  tal  modo  que  todas  las  palabras  huel- 
gan en  la  frase,  á  no  ser  que  se  dirija  á  una- pequeñísima  parte 
del  público  que  fué  en  la  época  historiada,  ó  sea  á  las  gentes  na- 
cidas dos  siglos  antes  que  el  autor.  Todo  pudiera  ser  según  el 
criterio  de  los  espiritistas. 

M.  Perrens,  por  último,  dirige  su  obra  con  una  carta  en  que 
después  de  manifestar  modestamente  la  gran  aprobación  que 
aquella  ha  obtenido,  y  el  honor  que  ha  merecido  de  ser  insertada 
íntegra  en  el  Diario  de  Sesiones  y  trabajos  de  la  Academia  de 
Ciencias  Morales  y  Políticas  de  su  nación,  expresa  el  deseo  de 
que  esta,  á  quien  se  dirige,  y  califica  de  una  de  las  más  célebres 
y  respetables  de  Europa,  le  asocie  con  cualquier  título  á  su  com- 
pañía, para  significarle  así  la  satisfacción  con  que  veía  un  tra- 
bajo, que  llena  una  laguna  en  la  historia  de  ambos  países. 

Si  en  vez  de  convertirla  en  pantano  la  hubiera  saneado  con  los 
instrumentos  que  la  verdad,  madre  de  la  historia,  proporciona, 


LES   MARIAÜES   ESPAONOLS.  00 

entiendo  que  sería  pertinente  la  petición  que  dirige  á  la  xVcade- 
mia  guardadora  de  ¡aquella,  molestara  poco  ó  mucho  al  espíritu 
de  patria.  Sin  embargo,  siendo  la  Academia  el  único  juez  para 
decidir  con  el  criterio  levantado  ó  imparcial  que  corresponde,  re- 
solveni  en  este  caso  lo  más  oportuno ,  si  bien  el  autor  debe  darse 
por  satisfecho  con  que  haya  tocado  este  informe  al  menos  auto- 
rizado y  perspicaz  de  sus  individuos. 

Javier  de  Salas. 
Madrid,  24  Febrero  1871. 


DOCUMENTOS. 


I. 

CdTtd  del  Rey  al  Marqués  de  Aitona,  en  San  Lorenzo, 
6  de  Airil  de  1608. 

^Archivo  general  de  Simancas.— Estado.— Legajo  núm.  1860 ) 

«Por  una  carta  vuestra  de  los  5  de  Febrero  próximo  pasado  se  lia 
entendido  que  el  Papa  os  babia  dicbo  que  el  Key  de  Francia  deseaba 
el  casamiento  del  Principe  mi  bijo  con  su  bija  mayor  y  que  se  le  diese 
á  la  infanta  Doña  María  mi  segunda  bija  para  el  Delfín  su  bijo  y  que 
también  os  babia  dicbo  Su  Santidad  que  el  mismo  Eey  dijo  al  Provin- 
cial de  los  Jesuítas  de  FLandes  para  que  él  lo  dijese  al  Embajador  del 
Archiduque  mi  tio  residente  en  París  que  haciéndose  el  casamiento  del 
infante  D.  Carlos  mi  segundo  hijo  con  su  segunda  bija  y  dándole  yo 
los  Paises-Bajos  en  dote  para  él  y  para  los  que  deste  matrimonio  des- 
cendieren después  de  los  días  de  la  Infanta  Doña  Isabel  mi  hermana 
pues  no  tiene  hijos,  se  ofrece  de  hacer  que  aquellas  Provincias  queden 
sujetas  al  Archiduque  mi  tio  como  los  Países  ovedientes,  y  que  se  es- 
tablezca en  ellos  la  religión  católica.  Esto  mismo  me  ha  dicbo  el  Nun- 
cio que  aquí  reside  de  parte  de  Su  Santidad  y  lo  ha  acordado  segunda 
y  tercera  vez  y  últimamente  lo  ha  hecho  en  virtud  de  cartas  que  dice 
ha  tenido  del  mes  pasado  de  Marzo  haciendo  mucha  instancia  sobre  la 
resolución  y  es  bien  que  sepáis  que  há  muchos  días  que  el  Barón  de 
Barrault  que  aquí  reside  por  Embajador  del  Rey  de  Francia  movió  la 


56  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA   HISTORIA. 

plática  de  los  casamientos  del  Príncipe  mi  hijo  con  la  Infanta  mayor  de 
Francia  y  de  la  Infanta  Doña  María  con  el  Delfín  de  Francia  y  des- 
pués acá  lia  hablado  diversas  veces  al  Duque  de  Lerma  mostrando  mu- 
chos deseos  de  que  estos  casamientos  se  concluyesen  y  se  estrechase 
mas  la  amistad  y  hermandad  entre  las  dos  coronas,  y  también  deveis 
saver  como  el  Key  de  Francia  ha  procurado  que  de  nuestra  parte  le 
metiesen  en  el  tratado  de  la  paz  con  los  rebeldes,  ofreciendo  hacer  muy 
buenos  ofizios  para  facilitar  la  conclusión  della  y  en  particular  ayudar 
mucho  al  establecimiento  de  la  religión  católica  y  de  que  mi  tio  hize 
ofizio  con  él  en  esta  conformidad  y  yo  lo  aprové ;  pues  estando  las  co- 
sas en  éste  estado  y  habiendo  el  Duque  de  Lerma  respondido  al  Em- 
bajador de  Francia  lo  mucho  que  yo  deseaba  estrecharme  en  deudo  y 
amistad  con  su  Eey  y  que  para  tratar  desto  era  necesario  que  él  se 
apartase  de  socorrer  y  ayudar  á  mis  rebeldes  como  lo  habia  hecho  por 
lo  pasado,  se  ha  entendido  que  en  lugar  de  corresponder  á  lo  que  ha- 
bia prometido  en  beneficio  y  aumento  de  nuestra  santa  fé,  procurando 
que  las  Provincias  rebeldes  se  redujesen  á  recevirla  y  consentir  el  ejer- 
cicio público  della  no  solamente  no  lo  ha  hecho  pero  ha  concluido  con 
ellos  la  liga  cuya  copia  se  os  embia  con  esta ;  y  lo  que  es  peor  es  que 
no  falta  quien  dice  que  há  persuadido  á  los  rebeldes  que  no  admitan  la 
religión  católica  porque  haciéndolo  á  instancia  mia  y  de  mis  hermanos 
irán  creciendo  los  católicos  y  estando  á  nuestra  devoción  como  obliga- 
dos al  beneficio  que  habrán  recevido  por  nuestro  medio,  podremos  ha- 
cer después  lo  que  quisiéremos  sin  que  lo  puedan  remediar,  de  todo  lo 
cual  he  querido  avisaros  para  que  lo  representéis  al  Papa  y  le  digáis 
la  novedad  y  sentimiento  que  me  ha  causado  entender  que  al  mismo 
tiempo  que  el  Eey  de  Francia  se  ofreció  por  medianero  de  aquella  paz 
y  de  apoyar  mucho  la  causa  católica  y  metió  á  Su  Santidad  en  pláticas 
de  casamientos  para  estrecharle  mas  conmigo  aya  salido  con  cosas  tan 
derechamente  contrarias,  en  que  no  es  menor  el  tiro  que  hace  á  Su 
Beatitud  que  á  mí  por  el  poco  respeto  que  muestra  á  su  Santa  persona 
y  al  lugar  que  tiene  aviendole  puesto  por  medianero,  y  no  es  la  menor 
causa  de  mi  sentimiento  ver  que  por  este  camino  se  me  quitan  los  me- 
dios de  poder  acudir  á  Su  Santidad  como  lo  hice  la  vez  pasada  pues  si 
se  vuelve  á  la  guerra  con  los  rebeldes  será  cosa  imposible  poderlo  ha- 
cer, que  yo  me  he  conmovido  de  esta  sin  razón,  que  ano  estar  Su  San- 
tidad de  por  medio  pasara  mucho  mas  adelante;  pero  con  todo  eso  como 
quiera  que  mi  intención  ha  sido,  és  y  siempre  será  de  preferir  el  bien 
público  y  universal  de  la  cristiandad  y  augmento  de  nuestra  santa  fé  al 
particular  mió,  no  he  podido  acabar  conmigo  de  dejar  de  embiar  perso- 
na al  rey  de  Francia  que  se  resienta  de  este  agravio  ni  tampoco  sus- 
pender la  ida  hasta  tener  respuesta  de  Su  Santidad,  mas  por  el  respeto 


LES   MARI  AGES   ESPAGNOLS,  ,  57 

que  le  tengo  se  lo  he  querido  hacer  saber  al  mismo  tiempo  para  que 
todo  corra  á  un  paso.  Representareis  á  Su  Beatitud  que  á  no  estar  Su 
Santidad  de  por  medio  fuera  de  diferente  forma  el  resentimiento  que 
embio  ú  hacer  con  el  Rey  de  Francia  pero  atento  el  respeto  que  yo  ten- 
go á  su  Santidad  se  le  dirá  solamente  cuan  maravillado  me  tiene  el 
aviso  de  ésta  liga,  y  que  apenas  la  puedo  creer  por  más  que  se  califique 
por  ser  acción  tan  indigna  de  Rey  cristianísimo  que  le  pido  me  haga 
saber  lo  que  en  esto  ha  pasado  y  si  lo  piensa  remediar,  pues  se  halla  á 
tiempo  si  quiere,  atento  que  aun  no  esta  prendado  pues  la  liga  presu- 
pone que  es  para  la  observancia  de  la  paz  y  ésta  no  está  hecha  y  avien- 
do  el  mismo  pedido  le  tomen  por  medianero  y  teniendo  tanta  mano, 
como  dice,  con  Olandescs,  de  la  demostración  que  hubiere  se  conocerá 
si  quiere  mas  mi  amistad  que  la  suya. 

Y  aclarando  á  su  Santidad  mi  pecho  como  es  justo  le  diréis  que  mi 
intento  es  apurar  esta  verdad,  porque  si  el  Rey  cristianísimo  hace  en 
esto  lo  que  pide  la  razón  no  solo  holgaré  de  tener  y  conservar  con  él 
buena  amistad  y  hermandad  pero  de  estrecharla  mas  si  á  su  Santidad 
asi  pareciere,  mas  si  debajo  de  decir  que  es  mi  amigo  me  ha  de  hacer 
obras  tan  contrarias,  mejor  me  será  saber  que  es  mi  enemigo  declarado 
que  no  que  debajo  de  capa  de  amigo  me  haga  obras  de  enemistad. 

Diréis  mas  á  Su  Santidad  que  la  persona  que  embio  á  Francia  lle- 
vará orden  de  comunicar  con  el  nuncio  de  Su  Santidad  en  aquella  Corte 
la  comisión  que  lleva  y  todo  lo  que  hiciere  confidente  y  llanamente,  que 
si  su  Beatitud  quisiere  ordenar  algo  á  su  nuncio  xi  este  propósito  lo  po- 
drá mandar  hacer  luego,  aunque  lo  que  principalmente  deseo  que  le 
ordene  es  que  penetre  la  intención  de  aquel  Rey  y  le  haga  hacer  la 
prueba  del) a  en  lo  que  se  trata  con  olandeses  pues  tal  podria  ser  el 
efecto  que  en  ello  hiciese  en  beneficio  de  la  religión,  que  es  lo  que  yo 
principalmente  deseo,  y  en  los  demás  requisitos  de  la  paz  que  fuese 
justo  admitirse  y  estrecharse  mas  su  amistad  por  los  medios  y  pláticas 
de  casamientos  movida  por  su  Santidad  y  por  el  mismo  Rey ;  pero  no 
procediendo  ésto  su  Santidad  verá  claro  que  él  seria  el  que  cerraría  la 
puerta  á  lo  que  tanto  ha  mostrado  desear,  pues  en  tal  caso  si  por  una 
parte  lo  ha  pedido  por  otra  desobligaría  dello.  Añadiréis  alo  dicho  que 
su  Santidad  y  yo  somos  igualmente  interesados  en  no  dejarnos  enga- 
ñar debajo  de  tantos  artificios  como  el  Rey  de  Francia  usa  con  quiebra 
de  nuestra  reputación  y  dando  que  decir  á  las  gentes,  y  que  así  le  su- 
plico ordene  á  su  nuncio  diga  claro  lo  cierto  de  lo  que  siente  de  la  in- 
tención del  dicho  Rey  á  la  persona  que  embio,  para  que  con  la  verdad 
que  apurase  de  verdadera  amistad  ó  falta  della,  pueda  yo  luego  tomar 
la  resolución  que  mas  convendrá  á  mis  cosas. 

Y  por  que  la  persona  que  embio  lleva  como  queda  dicho  orden  de 


o8  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

comunicar  con  él  nuncio  de  su  Santidad  su  comisión  y  lo  demás  que  en 
estos  negocios  se  ofreciere  y  tener  con  él  muy  particular  conformidad  y 
buena  correspondencia,  sera  bien  que  su  Santidad  le  ordene  que  baga 
lo  mismo  con  él  y  procurareis  que  el  despacbo  que  le  hubiere  de  embiar 
sea  luego  sin  perder  hora  de  tiempo  para  que  habiendo  hecho  los  ofi- 
zios  que  ha  de  hacer  con  el  Rey  de  Francia,  pueda  cuando  llegue  la 
persona  que  de  acá  va,  que  partirá  luego,  advertirle  muy  en  particular 
de  lo  que  se  ofreciere  para  que  tanto  mejor  pueda  cumplir  con  lo  que 
lleva  á  cargo,  y  ireisme  dando  cuenta  de  lo  que  en  todo  se  hiciere.» 

II. 

mi  Marqués  de  Aitona  al  Rey  Feli])e  III  en  5  de  Julio  de  1608. 

(Archivo  general  de  Simancas.— Estado.— Legajo  988.) 

Extracto.  «Que  ha  sabido  por  resolución  cierta  que  el  Rey  de  Fran- 
cia espera  con  mucho  gusto  á  D.  Pedro  de  Toledo  y  desea  el  efecto  de 
los  parentescos;  que  decia  Villeroy  su  gran  privado  que  si  quisiera  el 
Rey  de  Francia  ha  tenido  ocasiones  grandes  para  intentar  novedades: 
que  el  mismo  Villeroy  dijo  que  no  hay  que  apartar  al  Duque  de  Saboya 
de  V.  M,  por  lo  que  está  interesado  y  por  la  mucha  merced  que  V.  M. 
le  hace  pero  que  estaria  cauto  sin  inclinarse  mas  á  la  una  parte  que  á 
la  otra.  Que  el  Rey  aunque  desea  mucho  los  parentescos  quiere  dar  á 
entender  que  es  mas  el  interés  de  España  que  el  de  Francia;  con  el 
propósito  sin  duda  de  tratar  este  asunto  con  mayores  ventajas;  y  dice 
«que  faltando  su  hija  segunda  la  que  querría  casar  con  el  Sr.  Infante 
después  de  algunos  años  de  concertado  el  casamiento  quedaría  V.  M. 
con  los  estados  de  Flandes  pacíficos  por  lo  que  él  ayudará  á  ello  y  que 
el  no  tendría  entonces  ningún  interés  sino  á  V.  M.  mas  poderoso  con- 
tra él,  y  dice  que  á  V.  M.  le  están  mejor  estos  casamientos  por  que 
teniendo  los  dichos  Estados  de  Flandes  pacíficos  se  ahorrará  V.  M.  todo 
lo  que  gasta  en  la  guerra.  El  encarece  que  á  V.  M.  le  está  bien  por 
asegurar  mas  lo  que  desea  que  és  dejar  á  su  hijo  de  tan  poca  edad,  en 
muy  estrecha  amistad  con  V.  M.  y  á  V.  M.  obligado  á  hacérsela.» 

El  Marqués  de  Aitona  en  27  Abril  acusó  á  su  Magestad  el  recibo 
del  despacho  de  6  del  mismo  (1608),  en  que  se  le  mandaba  representar 
al  Papa  el  sentimiento  contra  el  Rey  de  Francia  por  que  al  mismo 
tiempo  que  se  ofrecía  por  medianero  de  la  paz  y  pedia  para  estrechar 
las  relaciones  los  casamientos  por  conducto  del  mismo  Papa,  favorecía 
en  causa  de  olandeses  haciendo  ^liga  con  ellos.  Que  habia  mostrado  el 
Papa  sentir  este  proceder  del  Rey  de  Francia  y  se  manifestaba  cansado 


LES   MARIAGES   ESPAC.NOLS.  59 

de  SU  conducta  en  esto  y  en  otias  muchas  mas  cosas.  Que  el  correo  con 
orden  del  Papa  para  que  el  nuncio  trate  con  la  persona  que  iva  á  Pa- 
rís á  penetrar  la  inteligencia  del  Rey  partirla  inmediatamente. 

El  Obispo  de  Montepulchiano  nuncio  de  su  Santidad  en  Francia  es- 
cribió al  Papa  en  28  de  Mayo  de  1608  la  conferencia  que  liabia  tenido 
con  Villeroy  sobre  los  asuntos  de  España.  Dice  que  por  haber  estado 
el  Rey  en  Fontenebló,  á  caza,  no  habia  podido  tener  audiencia  de  su 
Magestad  pero  que  habia  cont'erenciado  con  Villeroy  en  lo  de  la  liga 
con  olandeses,  liga  celebrada  sin  conocimiento  del  Rey  de  España 
á  lo  que  contestó  Villeroy  que  el  Rey  de  España  hizo  la  paz  y  se  acor- 
dó con  él  de  Inglaterra  sin  dar  parte  de  ello  al  de  Francia,  que  la  liga 
habia  sido  en  palabra  con  los  olandeses  y  que  el  oficio  fué  de  ceremo- 
nia, pero  que  si  los  españoles  caminaban  con  serenidad  y  están  resuel- 
tos a  estrecharse  con  Francia  no  debian  tener  sombras  desta  materia, 
pues  las  sospechas  entre  los  dos  reyes  cuando  sean  unidos  con  paren- 
tescos y  separada  Flandes  de  España  no  tendría  su  Majestad  cristia- 
nísima que  desear  otra  cosa  que  ver  unido  á  la  obediencia  de  la  hija  y 
del  hierno  á  los  olandeses. 

Que  la  querella  de  los  españoles  no  pedia  argumentar  sino  tibieza  de 
inclinación  á  ésta  plática,  la  cual  le  obligaba  á  creerlo  tanto  mas  no 
viendo  llegar  á  la  persona  de  España  según  la  promesa  que  él  Sr.  Du- 
que de  Lerma  habia  hecho  al  embajador  de  su.  Magestad  cristianísima. 
Respondió  el  nimcio  que  de  los  españoles  se  podia  argumentar  buena 
disposición  pues  decian  libremente  sus  dudas  y  que  todavía  trataban  de 
enviar  persona  á  Francia  donde  sino  era  llegada  procedía  del  maduro 
consejo  que  se  acostumbra  tomar  en  cosas  tan  graves. 

Que  habiéndole  obligado  á  dar  alguna  respuesta  al  Papa  le  dijo  que 
escribiese  al  Papa  que  su  Magestad  estaba  dispuesto  y  pronto  á  hacer 
el  uno  ú  el  otro  parentesco  con  la  investidura  de  Flandes,  pues  el  Rey 
se  inchnaba  mas  por  el  Rey  de  España  que  por  olandeses  cuando  serán 
parientes  y  se  tratará  del  interés  de  su  hierno.  Que  Toly  y  el  canciller 
participantes  y  sabidores  havian  podido  colegir  que  eran  de  una  misma 
voluntad  como  verdaderamente  los  ha  hallado. 

Que  el  Embajador  de  Flandes  le  ha  dicho  haberle  sido  comunicado 
en  confianza  por  el  Sr.  Zametto  que  el  Rey  le  ha  hablado  en  esta  ma- 
teria con  mucha  alegría  como  de  cosa  casi  hecha,  y  que  habiendo  de 
embiar  á  criar  la  hija  á  manos  del  Archiduque  y  de  la  Sra.  Infanta  ten- 
dría gusto  de  llegarse  la  vuelta  de  Cales  y  pasar  alguna  vez  disfrazado 
á  Bruselas. 

Y  añade: 

Che  per  lettere  particolari  di  Spagna  si  intende  che  D."  Pietro  di 
Toledo  será  la  persona  che  andará  in  Francia  in  compagniadi  D."  Bal- 


60  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLA   DE    LA    HISTORIA. 

dasai-e  di  Zuñiga.  Ma  ne  rAmbasatore  di  Spagua  ne  di  Jiandraue  san- 
no  cosa  alcuna  per  ria  di  Corte,  clie  andando  egli  trattará  con  essi  con 
la  sólita  confidenza  che  tratta  con  l'Auíbassatore  de  Fiandra,  il  quale 
ha  ordine  dall'  Arciduca  di  communicar  seco  con  gran  liberta  et  procu- 
rará che  da  ttitte  le  parti  si  parti  con  ogni  chiarezza  et  sinceritá.» 


III. 

Carta  del  Rey  al  Marqués  de  Aitona. —  De  Madrid  d  22  de 
Novieml)re  1608. 

(Archivo  general  de  Simancas. — Estado.— Legajo  núm.  1860.) 

Por  vuestra  carta  de  los  26  de  Agosto  queda  entendido  lo  que  os 
dijo  el  Papa  de  lo  que  deseaba  el  Rey  de  Francia  tubiesen  efecto  los 
casamientos  que  se  han  puesto  en  platica  y  que  habiéndole  de  tener  por 
su  mano  como  lo  pide  el  mismo  Rey  no  puede  ser  sino  cometiéndolo 
ahí  á  quien  lo  trate  con  su  Santidad  con  todo  lo  demás  que  acerca  desto 
apuntáis,  y  lo  que  se  os  puede  responder  es  que  tuvistes  harto  buena 
ocasión  para  representar  á  su  Santidad  que  el  embiar  yo  á  D."  Pedro 
de  Toledo  á  Francia  nació  de  haberme  hecho  decir  por  medio  de  su 
nuncio  la  proposición  que  á  su  Santidad  se  le  habia  hecho  de  parte  de 
aquel  Rey  en  materias  de  casamientos,  y  qiie  al  mismo  tiempo  que 
trataba  desto  hizo  liga  con  los  rebeldes,  cosa  tan  contraria  que  me 
obligó  á  embiar  á  D."  Pedro  á  resentirme  con  el  dicho  Rey  y  que 
supiese  las  causas  que  le  habia  movido  á  una  resolución  tan  contraria 
á  lo  que  habia  propuesto  á  su  Beatitud,  pues  no  le  habia  yo  dado  nin- 
guna como  vos  lo  habéis  visto  por  la  copia  que  os  emhio  de  la  comisión 
de  D.°  Pedro  (1)  el  cual  cuando  haya  apurado  lo  que  á  esto  toca,  y 
visto  lo  que  responde  el  Rey  de  Francia  responderé  á  lo  que  agora  me 
proponéis  de  parte  de  su  Santidad  sobre  la  misma  materia,  y  pues  por 
lo  que  D."  Pedro  os  ha  avisado  habéis  visto  que  aquel  Rey  ha  negado 
lo  que  primero  habia  dicho  á  el  nuncio  de  su  Santidad  fuera  bien  que 
se  lo  representaredes  y  a  lo  que  ésta  manera  de  proceder  le  obligaba  y 
que  no  debía  su  Beatitud  dejarse  engañar  de  hombre  que  lo  que  dice 
un  dia  niega  otro,  y  cuando  os  hablaren  en  estas  materias  justificando 
mi  causa  descubriréis  á  su  Santidad  las  marañas  del  Francés  para  que 
vea  lo  poco  que  se  puede  fiar  de  su  modo  de  proceder,  que  en  esto  os 


(1)    Tso  está. 


LES   MARIAC.ES   ESPAGNOLS.  (Jl 

pudierades  haber  alargado  mas  estando  enterado  de  cuan  doblado  es, 
y  avisareisme  de  todo  lo  demás  que  acerca  destas  pláticas  pasaredes  con 
su  Santidad.» 


IV. 

Estado.— Legajo  1860. 

Por  otra  carta  del  Rey  al  Marqués  de  Aitona  de  igual  feclia  que  la 
anterior  se  le  dice  «que  el  Marqués  D.  Pedro  de  Toledo  habia  escrito 
diciendo  que  allá  (en  Francia)  se  niega  haber  ofrecido  el  Rey  que  si  se 
concluyese  el  casamiento  del  Infante  D.  Carlos  con  su  hija  segunda  ce- 
diéndole los  Estados  de  Flandes,  él  haria  que  los  rebeldes  se  redujesen 
á  la  obediencia  de  nuestra  santa  madre  Iglesia  y  de  sus  Príncipes.  Que 
conforme  estas  noticias  con  las  indicadas  por  el  nuncio  combenia  que 
apurase  esta  verdad  hasta  saber  de  positivo  lo  que  el  dicho  Rey  ofreció 
acerca  desto.  Que  advirtiese  á  su  Santidad  que  ¡a  ida  de  D.  Pedro  á 
Francia  se  fundó  eu  lo  que  su  Beatitud  dijo  por  medio  de  su  nuncio  y 
que  caminando  en  esta  plática  en  conformidad  de  lo  que  el  Rey  de  Fran- 
cia oíreció  de  religión  y  obediencia  por  el  casamiento  y  cesión  de  los 
dichos  estados  holgaría  que  se  haga  y  daría  la  seguridad  que  conviniere 
de  sxi  parte  para  el  cumplimiento  de  ello,  como  también  el  Rey  de 
Francia  debia  dar  la  suya;  y  que  para  ello  procurase  con  la  instancia 
que  el  caso  pide  que  el  Papa  lleve  adelante  lo  que  en  esta  materia  co- 
menzó avisando  de  lo  que  hubiere  y  á  D.  Pedro  de  Toledo.» 


Archivo  general  de  Simancas.— Estado.— Legajo  1860, 

Én  despacho  del  Rey  Felipe  III  al  Marqués  de  Aitona,  embajador 
en  Roma  de  16  de  Noviembre  de  1608  hay  el  párrafo  siguiente: — 
«También  he  visto  lo  que  el  Papa  os  dijo  de  que  con  todo  lo  que  él  di- 
cho Rey  (el  de  Francia)  ha  negado  á  D.  Pedro  de  Toledo,  en  materia 
de  casamientos  le  habia  asegurado  su  embajador  que  su  amo  ayudaría 
las  paces  de  Flandes  con  veras  y  que  deseaba  mucho  los  casamientos, 
y  con  ésta  ocasión  fuera  justo  que  le  respondierades,  pues  sabiades  todo 
lo  que  habia  pasado,  que  la  habia  tenido  su  Santidad  muy  buena  para 
resentirse  de  que  habiéndole  puesto  el  Rey  de  Francia  por  medianero 
para  tratar  de  matrimonios  entre  mis  hijos  y  los  suyos,  negase  después 
todo  lo  que  habia  dicho  mostrando  en  ésto,  como  lo  habia  hecho  en 
otras  cosas,  el  poco  respeto  que  le  tiene,  y  así  será  bien  se  lo  digáis  y 


62  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

le  advirtáis  que  al  mismo  tiempo  que  su  embajador  le  habló  en  ésto 
estaba  embiando  gente  escogida  á  los  rebeldes  (como  se  os  avisa  en 
otra)  para  que  vea  lo  que  se  puede  fiar  de  tal  modo  de  proceder,  que 
pues  su  Santidad  lo  disimula  y  sufre  no  es  mucho  que  se  le  atreva.» 


VI. 


Estado. — Inglaterra.  — Legajo  ntím.  2513. 

El  Embajador  de  Inglaterra,  D.  Pedro  de  Zúñiga  en  30  de  Julio 
de  1608  decía  al  Rey  Felipe  III  «que  había  entendido  las  platicas  y 
juntas  que  el  Embajador  de  Francia  que  allí  residía  tubo  con  el  para 
manifestarle  que  su  amo  le  encargaba  diese  cuenta  al  Rey  de  Inglaterra 
de  la  embajada  que  había  llevado  D.  Pedro  de  Toledo  para  tratar  de 
casamientos  de  sus  hijos  que  aunque  le  podían  estar  bien,  todavía  de- 
seaba correr  su  fortuna  con  él,  y  saber  sí  se  podía  asegurar  de  que  en 
Inglaterra  ayudarían  vivamente  á  los  rebeldes  de  manera  que  con  es- 
fuerzo pudiesen  volver  á  las  armas  y  lioJgara  de  tratar  allí  de  casamien- 
tos de  sus  hijos  ¡jara  cuando  tengan  edad  y  que  convenia  luego  dalle 
respuesta  para  poderla  el  dar  á  D.  Pedro  de  Toledo,  y  á  este  propósito 
dice  que  aquel  Rey  hizo  poca  instancia  en  ello.  El  consejo  fué  de  pa- 
recer que  se  escribiese  á  D.  Pedro  de  Zúñiga  que  podía  responder  que 
D.  Pedro  de  Toledo  no  llevó  orden  de  tratar  de  casamientos  sino  en  caso 
que  le  hablaran  de  ellos  por  haberse  movido  ésta  filática  de  parte  del 
Rey  de  Francia  por  medio  del  Papa  aunque  agora  lo  niega  por  que  va 
en  todo  sobre  falso  y  con  intento  de  engañar.» 

En  otra  de  17  de  Diciembre  de  1609  D.  Pedro  de  Zúñiga  manifiesta 
al  Rey  Felipe  III  «que  el  Embajador  de  Inglaterra  residente  en  Fran- 
cia al  despedirse  de  aquel  Rey  le  pidió  le  dijese  lo  que  había  en  mate- 
ria de  casamientos  para  decirlo  a  su  amo,  porque  había  rumor  de  que 
se  trataba  uno  con  España  y  otro  con  Saboya.  Que  el  Rey  le  respon- 
dió que  era  verdad  que  en  esta  materia  se  tenían  discursos,  pero,  sin 
conclusión  alguna;  que  confesaba  que  estaba  su  corazón  muy  inclinado 
á  estos  parentescos  por  ser  los  mas  honrados  y  poderosos  de  toda  la 
cristiandad  y  que  el  que  pudiera  hacer  con  Inglaterra  no  había  lugar 
por  qué  su  amo  con  este  nuevo  lihro  (1)  había  desviado  mucho  de  si  los 
corazones  de  todos  los  Príncipes  católicos  y  que  aunque  él  por  el  amor 


(1)    L'n  libro  que  publicú  contra  el  Papa  Uamúudole  el  ante-cristo. 


LES  MaRIAGES  espagxols.  G3 

que  le  tenia,  había  procurado  mitigar  el  ánimo  del  Papa,  liabian  llega- 
do las  cosas  á  tal  término  que  ni  el  ni  otros  podian  continuar  estos 
oficios  (1).» 

VII. 

Las  emlaxadas  célebres  de  los  Duques  de  Hwnena,  y  de  Pastra- 
oía,  para  la  condv.sion  de  los  casamientos  del  Rey  de  Francia 
Luys  XIII  y  del  Principe  de  Espafia  Felipe  IV. 

(Códice  H.  50  Ms.  de  la  Biblioteca  Nacional,  pág.  51.) 

Tratado  etc. 

Para  este  dia  (22  Agosto  segunda  Audiencia)  dexo  el  duelo  la  Corte 
de  España  (fuera  del  Rey)  hazieüdo  lo  mismo  el  de  Humena,  y  les  de 
su  compañía. 

Entre  los  acuerdos  se  expressaua:  Que  la  Infanta  renunciaua  peder 
suceder  ni  sus  hijos,  ni  descendientes  en  ningún  Estado  de  España,  sino 
en  dos  casos  solamente:  quedando  ella  viuda  de  Luys  XIII  boluiendo 
á  España,  y  también  si  por  razón  de  Estado,  por  el  bien  público  de  los 
Reynos  de  España,  y  por  justas  consideraciones  se  cassase  con  voluntad 
del  Católico  Rey  su  Padre,  ó  del  Principe  su  hermano.  Finalmente  con- 
cluydo  el  acto,  y  pedida  licencia  en  otra  audiencia,  se  partió  el  Duque 
para  Francia  muy  acariciado  y  los  suyos  con  lamagnificencia  del  Rey: 
y  el  agrado  de  la  mucha  cortesía  y  benevolencia  de  España.  Escriuió 
el  Príncipe  á  Madama  Isabel,  y  el  secretario  dé  la  primera  carta  fué 
Don  Juan  Idiaquez,  que  dize  assí:  Señora  embidia  tengo  á  Don  Iñigo 
de  Cárdenas,  y  que  á  de  ver  á  V.  Alteza  primero  que  yo:  pagúemelo 
en  tenerme  muy  en  su  memoria,  que  selo  meresco  por  tenerla  á  V.  Al- 
teza en  la  mia.  Espero  en  Dios,  muy  breue  se  certificara  ú  V.  Alteza 
deste  amor,  y  verdad  mia,  yo  deseo  que  sea  luego. 

Hizo  su  vistosa  entrada  (Pastrana)  por  la  puerta  de  San  Jaques  con 
este  orden,  los  clarines  españoles  con  cotas  de  armas  de  tela  de  oro,  y 
encarnado  con  las  armas  del  Duque  Embaxador;  ochenta  y  ocho  aze- 
milas  con  reposteros  de  tapizeria,  y  armas  del  Duque  y  las  de  su  com- 
pañía: los  Caualleros  y  criados  costosissimamente  vestidos,  siete  azemi- 


(1)  Debo  estos  documentos  con  sus  extractos  á  la  diligencia  é  ilustración  de  mi  dis- 
tinguido amigo  D.  Francisco  Díaz,  archivero  interino  del  general  de  Simancas.  Con 
las  anteriores  cartas  paréceme  que  queda  clara  la  cuestión  de  matrimonios  y  doblez 
de  Enrique  IV,  así  como  que  de  él  partieron  las  proposiciones  de  matrimonios.  Tam- 
bién cae  por  tierra  lo  aseverado  por  M.  Perrens  sobre  las  instrucciones  de  D.  Pedro 
de  Toledo  y  sobre  otras  muchas  cosas  expuestas  por  dicho  autor  hasta  el  punto  de 
constituir  por  sí  solas  la  mejor  refutación  de  su  libro. 


64  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

las  con  reposteros  de  terciopelo  carmesí,  bordados  de  oro  y  plata;  diez 
correos,  treinta  y  oclio  azemilas  con  los  guarda  joyas,  sesenta  y  ocho 
personas  con  los  oficios  de  sa  cámara  en  postas;  luego  en  su  segui- 
miento dos  clarines,  y  catorce  pages  del  Duque  de  Neuers  en  cauallos 
españoles,  y  la  librea  española,  después  doze  clarines  del  Rey  con  ca- 
sacas de  terciopelo  blanco,  veinte  caualleros  españoles,  vestidos  de  tela 
de  oro  y  plata,  cada  vno  en  medio  de  dos  Señores  Franceses,  y  los 
principales  eran  los  dos  hermanos  del  de  Pastrana,  Don  Francisco,  y 
Don  Diego  de  Silua,  el  Conde  de  Galue,  dos  Marqueses,  dos  deudos 
del  Duque  Don  Antonio  y  Don  Pedro  de  Silua,  Don  Sancho  de  Leyuas 
Don  JiTan  Maldonado,  Don  Antonio  del  Águila,  el  adelantado  del  Rio 
de  la  Plata,  Don  Manuel  de  Meneses,  Don  Rodrigo  Herrera,  Don 
Alonso  de  Luna,  Don  Gabriel  de  Chañes,  y  Don  Fernando  de  Leiua, 
y  otros  Caiialleros.  Después  el  Duque  de  Pastrana  brillante  de  oro  y 
pedrería  sobre  vn  brioso  y  bien  enjaezado  cauallo,  y  el  Duque  de  Xeuers 
á  mano  izquierda.  Con  esta  Magestad  entró  en  Paris,  y  fué  hospedado 
en  la  Rúa  de  San  Antonio  en  la  casa  de  Rochelaura. 


VIII. 

La  Embaxadcb  que  lazo  a  Francia  el  Duque  de  Pastrana  para  la 
conclusión  del  casamiento  del  Principe  de  España  Felipe  IV. 

(Códice  H.  Ms.  de  la  Biblioteca  Nacional,  pág.  55.) 

Tres  dias  antes  que  llegasse  a  Paris  el  Duque  de  Pastrana,  fue  la 
Reyna  aner  la  composición,  y  aderezo  de  la  casa  de  Rochelaura.  La 
misma  tarde  que  llegó  ala  posada,  visito  al  Duque  de 'parte  del  Rey 
Mos  el  Grande  (que  es  cauallerizo  mayor)  acompañado  de  mucha  No- 
bleza, y  cantidad  de  hachas  blancas  por  ser  de  noche.  El  Jueues  a  16 
de  Agosto  alas  dos  después  de  medio  dia  embio  Mos  el  Grande  de  parte 
de  sus  Magestades  al  de  Pastrana  treinta  cauallos  con  gualdrapas  de 
terciopelo  negro,  y  seis  carrozas,  las  dos  a  seis  cauallos,  las  otras  dos  a 
quatro,  y  las  vltimas  a  dos.  Después  salió  a  acompañar  al  de  Pastrana 
el  Duque  de  Guisa  con  sus  dos  hermanos  el  Principe  de  Zoinville,  y  el 
cauallero  de  Guisa,  su  primo  el  Duque  de  Elbeuf,  los  Marqueses  de 
Nermoustier,  de  Nesle,  y  de  la  Valeta,  los  Señores  de  Crequi,  de  San 
Luc,  de  Bassompicrre,  y  de  Termes,  y  mucha  Nobleza,  todos  con  cos- 
tossisimas  galas.  Halló  al  de  Pastrana  con  la  Nobleza  Española,  todos 
acanallo,  y  mucha  vizarría,  y  con  gallardo  orden  llegaron  a  Loure,  lle- 
nando el  de  Guisa  la  mano  izquierda.  Estañan  en  la  puerta  del  Palacio 
con  buen  orden  el  Capitán  de  la  Guardia  con  sus  Archeros  en  dos  lu- 


T,KS   MAniAf.ES   ESPAf.NOLS.  ÜO 

leras,  el  gran  Preuoste,  sus  Lugartenientes  con  los  demás  Arclieros,  y 
la  compañía  ordinaria  de  los  Suyzos.  En  la  gran  Sala  liizieron  la  misma 
assistencia  el  Capitán  de  las  Guardias,  sus  Tenientes  y  Arclieros  y  fue 
receñido  el  Duque  del  Conde  de  Suison?,  estando  los  pages  de  la  pe- 
queña, y  grande  cauallcría  tendido  a  lo  largo  de  aquella  sala  con  ha- 
chas de  cera  blanca  encendidas:  y  entro  por  la  Cámara  del  liey  en  la 
Galería,  en  donde  la  esperaua.  En  los  dos  lados  desta  Galería  auia  vn 
palenque  vestido  de  alfombras  y  por  el  contorno  los  pages  de  los  Reyes 
también  con  hachas  encendidas.  De  frente  auia  una  tarima  l)ien  leuan- 
tada,  cubierta  de  una  alfombra  de  terciopelo  violado,  sembrado  de  flor 
de  lises  de  oro  y  vn  dosel  de  la  misma  forma,  y  arrimadas  dos  sillas,  la 
del  Rey  de  terciopelo,  azul,  y  la  de  la  Reyna  de  terciopelo  negro,  á  mano 
izquierda  con  muchas  Princesas  y  Damas.  Estando  el  Duque  en  la  Ga- 
lería, y  los  suyos  arrimados  alos  Palenques  con  placa  para  los  Caua- 
lleros,  se  detuuo  vn  poco  hasta  que  el  Mariscal  de  Boís  Daufin  le  hizo 
passar  adelante.  Hechas  sus  cortesías  presentó  al  Rey  vna  carta,  d¡- 
zíendole:  Que  el  Rey  su  Señor  le  auia  embiado  para  assegurar  a  su 
Magestad  de  su  afición  y  estimación  que  hazia  de  la  suya.  Entonces  el 
Rey  le  abraco  y  le  respondió:  Yo  agradesco  al  Rey  de  España  mi  her- 
mano su  buena  voluntad,  la  mía  estava  siempre  dispuesta  a  honrrarle 
como  a  padre  y  amarle  como  a  hermano.  Puede  assegurarse  bien  la  in- 
fanta de  mí  entera  afición  a  su  seruicio,  y  de  que  la  amare  perfecta- 
mente. Y  también  se  assegure  Mos  el  Principe  de  España  que  le  tengo 
de  amar  con  toda  afición  como  a  hermano  proprío.  Haziendo  el  Duque 
vna  cortes  reuerencia,  boluiose  ala  Reyna,  y  con  grandes  sumissiones 
le  presentó  otra  carta.  Después  de  muchas  razones  y  cortesías  pidió  el 
Duque  licencia  para  besar  la  mano  a  Madama  la  infanta.  Llenóle  el  de 
Guisa  por  otra  Galería  ala  antecámara,  donde  le  reciuieron  los  quatro 
Mayordomos,  y  le  acompañaron  hasta  donde  estaña  Madama  assentada 
en  vna  silla  baxa  debajo  de  vn  dozel  de  terciopelo  carmesí,  con  franjas 
de  oro,  vestida  con  ropa  encarnada,  bordada  de  oro,  y  mucha  pedrería, 
pendiente  al  pecho  vna  cruz  de  inestimable  valor,  con  vna  sarta  de  per- 
las griiessas,  con  el  adereco  de  la  cabera  vistoso  y  rico,  dando  estima- 
ción a  todo  esto  su  rara  hermosura.  Haziendo  el  Duque  tres  reuerencias 
la  besó  la  mano,  y  entretanto  que  hazían  lo  mismo  los  Caballeros  Es- 
pañoles, hizo  vna  cumplida  visita  á  su  hermano  y  hermanas,  y  acabados 
los  cumplimientos  se  boluíó  asn  casa  con  el  mismo  acompañamiento  que 
salió  della. 

El  sábado  á  25  de  Agosto  dia  de  San  Luys  Rey  de  Francia  le  seña- 
laron al  Duque  para  darle  la  segunda  audiencia,  en  que  se  auia  de  leer 
y  firmar  el  contrato  del  Matrimonio.  Tomó  á  su  cargo  el  Príncipe  de 
Conty  acompañar  al  Duque  á  Palacio,  y  assi  alas  cinco  de  la  tarde  fue 


86  boletín  de  La  real  academia  de  la  historl\. 

por  el,  y  dentro  de  la  carroza  del  Rey  y  el  Embaxador  ordinario  con 
Mos  de  Bonneuil  liizieron  su  camino,  siguiéndoles  veinte  y  cinco  carro- 
zas llenas  de  Caualleros  Españoles  y  Franceses,  todos  con  nueuas  y 
vistosas  galas  y  quarenta  pages  del  Duque,  todos  con  libreas  costosis- 
simas.  Llegando  á  Loure,  entró  en  la  galena,  donde  le  esperauan  el 
Rey  con  la  Reyna  su  madre,  la  Reyna  Margarita,  Roberto  Obispo  de 
Montepulciano,  Nuncio  de  su  Santidad,  el  Marques  de  Boti  Embaxador 
de  Florencia,  los  Príncipes  déla  Sangre,  y  otros  Señores  con  las  Da- 
mas déla  Corte.  Después  de  auer  liecho  el  Duque  sus  reverencias,  y 
tomado  su  puesto,  mandó  la  Reyna  á  Villeroy  leyesse  los  acuerdos  del 
casamiento  de  Isabel  con  el  Principe  de  España,  firmados  por  el  Roy, 
el  Duque  de  Pastrana  y  la  Reyna  madre,  recibió  al  acto  el  Señor  de 
Seaux  Secretario  de  Estado;  bohiiendolo  á  entregar  al  Señor  de  Ville- 
roy; y  con  esto  se  boluió  el  Duque  á  su  casa  con  el  mismo  acompaña- 
miento. Al  otro  dia  Domingo  á  26  de  Agosto  celebró  el  sarao  la  Reyna 
Margarita  Real  y  magestuosamonte  assistiendo  a  el  sus  Magestades, 
Madama  Isabel,  las  Princesas  y  Grandes  del  Reyno.  Los  primeros  que 
danjaron  fue  el  Rey  con  su  hermana  Isabel,  después  el  Cauallero  de 
Luisa  con  la  Duquesa  de  Vendosme.  Madama  Isabel  dancó  vn  canario 
con  el  Duque  de  Elbeuf.  Mos  de  Bressieux  la  gallarda  con  la  Duquesa 
de  Aumalla:  y  con  la  misma  el  Duque  de  Pastrana:  y  el  después  con  la 
Princesa  de  Conty,  y  la  Princesa  con  el  segundo  hermano  del  Duque: 
este  con  la  Duquesa  de  Guisa,  y  su  Excelencia  con  el  otro  hermano,  q\ie 
dancó  después  con  la  de  Vendosme,  y  su  Excelencia  con  el  caballero  de 
Guisa.  Y  la  Reyna  madre  mandó  al  Duque  de  Pastrana  sacasse  á  dan- 
par  á  Madama  la  Princesa  de  España,  que  se  reuzó,  diciendo:  que  en 
España  no  acostumbraban  los  Grandes  y  Señores  dancar  con  las  Prin- 
cesas, e  Infantas:  y  la  Reyna  madre,  por  escusar  porfías,  mandó  ala 
Princesa  sacasse  al  Duque,  como  lo  hizo.  Y  finalmente  se  acabó  el  dan- 
zar con  vna  folia,  en  la  qual  entraron  Madama  Isabel,  el  de  Pastrana, 
la  condesa  de  Soissons,  el  Principe  de  Jonuille,  y  los  demás  con  las  de- 
mas  Princesas.  Diose  remate  al  sarao  con  vna  colación  esplendidissima. 
Boluiendo  las  visitas  el  de  Pastraua,  y  haziendo  otras  cumplidas  alas 
Princesas,  despidióse  délos  Reyes,  de  Madama  Isabel,  y  de  sus  herma- 
nos: y  después  auiendo  embiado  delante  la  mayor  parte  de  su  compañía 
a  Orleans,  se  partió  de  París  con  quatro  carrozas  del  Rey.  Comió  en 
Corbéil,  y  durmió  en  Fontaineblau,  passo  por  Orleans  á  25  de  Setiem- 
bre llego  a  Burdeos,  donde  hallo  al  Duque  de  Humena,  que  se  visita- 
ron. Al  otro  dia  de  mañana  se  partió  el  de  Pastrana  para  la  corte  de 
su  Rey,  y  el  do  Humena  tomó  la  posta  para  Paris  á  donde  llegó  pri- 
mero de  Octubre  y  fue  recibido  de  todos  los  de  la  casa  de  Lorena  y  otros 
Principes  con  mucha  alegría.- 


LES   MARIAGES   ESI'AGNOLS.  67 


IX. 


Relación  del  Des2)osorio  que  se  celeh'ó  en  la  ciudad  de  Burgos  en- 
tre la  Serenísima  Princessa  de  España  DoHa  A  na  y  el  Chris- 
tianissimo  Princí2)e  Luis  de  Francia. 

fCódice  H.  50.  Ms.  de  la  Biblioteca  Nacional,  pág.  385.) 

Domingo  día  de  San  Luciis  18  de  Octubre  de  1615  años  a  las  once 
del  dia  salieron  de  su  Palacio  que  es  la  cassa  del  Condestable  de  Cas- 
tilla tiene  en  la  Ciudad  de  Burgos.  Iba  la  Real  Magestad  del  Rey  Don 
Phelipe  3.°  acompañado  de  sus  hijos,  y  Príncipes,  y  Grandes  de  su  Corte 
en.  esta  manera.  Toda  la  guarda  española,  y  Alemanes  con  sus  capita- 
nes, que  eran  el  de  Camarassa,  y  el  de  siete  Iglesias  y  sus  Tinientes  Al- 
férez y  demás  ministros  y  todos  con  libreas  nueuas  y  muy  ricamente 
aderezados,  y  acabada  la  guardia  yban  los  Atabales  trompetas,  y  menes- 
triles,  y  luego  4  Reyes  de  Armas.  Tras  ellos  comenzaron  los  Caualle- 
j'os  Duques,  Condes,  y  Marqueses  y  embajadores  que  serian  en  todo 
hasta  ciento  ricamente  aderezados  sus  personas,  y  cauallos  con  vesti- 
dos vordados,  y  llenos  de  muy  ricas  joyas,  y  pedrería,  de  tal  manera  que 
algunos  señores  como  era  el  Almirante  de  Castilla,  el  de  Velada,  Sal- 
daña,  Peñafiel,  el  de  los  Arcos,  el  de  Mirabel,  y  otros,  era  necesario  yr- 
les  ayudando  a  tiempos  a  leuantarles  las  capas  por  el  mucho  peso  que 
tenian.  Los  cauallos  yban  con  sus  gualdrapas  cabezadas  y  colas  borda- 
das sobre  terciopelo  negro  de  la  mesma  manera  que  las  capas  y  muy 
largas  y  cumplidas  las  gualdrapas,  y  demás  aderezo  que  parecía  que  los 
cauallos  tenian  harto  que  licuarlos  con  sus  dueños  enzima,  y  los  que 
yban  en  esta  forma  serian  hasta  24.  Sin  los  demás  que  yban  ricamente 
aderezados,  que  por  todos  serian  los  ciento  que  esta  dicho. 

Todos  estos  señores  Ueuauan  a  ocho,  y  a  doce  Paxes,  y  otros  tantos 
lacayos  con  muy  ricas  libreas  de  diferentes  sedas  y  colores,  con  mucho 
oro  y  bordadas  algunas  y  con  cadenas,  y  otros  aderezos  de  oro  que  huuo 
mucho  que  ver.  Estos  Señores  yban  por  su  orden  hasta  llegar  a  la  Car- 
roza de  la  Reyna,  tras  ellos  yba  la  Catholica  Real  Magestad  del  Rey 
Don  Phelipe  en  vn  cauallo  ricamente  aderezado,  yba  vestido  calza,  y 
coleto  de  Rasso  blanco,  y  capa  de  terciopelo  negro  guarnecida  con  vo- 
tones  de  oro  y  lo  mismo  la  gorra  con  su  tusón  al  cuello,  y  a  sus  lados 
jimto  a  los  estribos  sus  cuatro  cauallerizos.  Y  luego  yba  vna  carroza 
muy  rica  de  brocado  i)or  dentro,  y  fuera  bordada  con  grande  pedrería, 
y  clauos,  y  ruedas,  y  toda  la  madera  por  dentro,  y  fuera  bordada  muy 


68  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

ricamente,  la  qual  lleuauan  seis  cauallos  alazanes  Napolitanos  muy 
grandes  con  ricos  aderezos  bordados,  de  terciopelo  carmesí  sobro  que 
estaua  lo  bordado:  esta  carroza  lleuaua  dos  cocheros,  y  dos  mozos  de 
coclie  vestidos  de  terciopelo  carmesí  bordado  de  oro  muy  cumplida- 
mente, Kn  ella  yba  el  Serenísimo  Principe  Don  Plielipe  4  y  su  hermana 
la  Princesa  Doña  Ana  Reyna  de  Francia  a  la  cabecera  y  enfrente  los 
Infantes  Don  Carlos,  y  Don  Fernando,  y  en  medio  la  Infanta  Doña 
Margarita  ricamente  aderezados,  como  para  tal  ocasión. 

Su  Magestad  de  la  Reina  yba  vestida  de  nacarado  vordado  y  lo  mis- 
mo el  Principe  y  Infantes  junto  a  esta  carroza,  yba  el  Marques  de  Ve- 
lada mayordomo  mayor  y  el  Duque  de  Uceda,  ayo  del  Principe  y  al- 
derredor della  muchos  caualleros,  y  Señores  y  quatro  maceros  con  ce- 
tros Reales.  Luego  el  Embajador  de  Francia  ricamente  aderezado  en  vn 
cauallo  muy  galán  como  los  grandes. 

Luego  yba  el  Duque  de  Lerma  en  vna  silla  muy  ricamente  aderezada 
y  era  de  brocado  bordada  por  dentro  y  fuera  acompañado  de  muchos 
caualleros  a  pie,  y  a  cauallo,  yba  por  esta  forma  por  estar  indispuesto 
de  tercianas.  Luego  yba  la  camarera  mayor  de  la  Reyna,  y  la  muger 
del  Embajador  de  Francia.  Tras  esto  yba  en  vna  carroza  el  Padre  Con- 
fesor de  Su  Magestad  y  sus  compañeros.  Y  otras  carrozas  de  Damas  y 
mugeres  de  Grandes,  ricamente  aderezadas  que  serian  hasta  doce  co- 
ches, y  en  cada  vna  dellas  dos  y  quatro  señores  de  titulo  ricamente  ade- 
rezados como  los  de  adelante. 

Con  este  acompañamiento  y  fauorecidos  del  buen  dia  que  les  hizo 
llegaron  Sus  Magestades  a  la  Sancta  Iglesia  metropolitana  de  la  Ciu- 
dad de  Burgos  donde  estaua  el  Arzobispo  y  Nuncio,  y  el  Cabildo,  y 
Capellán  Real  y  Capellanes  de  la  Capilla  Real  y  otros  muchos  señores 
esperando  sus  personas  Reales,  fueron  con  mucha  música  a  la  Capilla 
mayor  adonde  estaua  hecho  vn  taltlado  muy  grande  que  tomaua  toda 
la  Capilla  donde  estaua  la  cortina,  como  suele  ponerse.  Sentóse  el  Rey 
el  primero  en  su  silla,  y  luego  la  Reyna,  y  luego  el  Principe  y  los  In- 
fantes y  Infantas  en  Almoadas  de  terciopelo.  Dijo  el  Arzobispo  la  mis- 
sa,  y  acabada  celebraron  los  despossorios  entre  el  Duque  de  Lerma  en 
nombre  del  christianissimo  rey  de  Francia  con  la  serenissima  Princessa 
de  España. 

El  Arzobispo  fue  el  Cura,  y  acabados  y  auiendose  cantado  mucho,  y 
hecho  muchos  regocijos  por  los  músicos  se  salieron  todos,  y  se  pusieron 
en  sus  cauallos  y  carrozas,  como  auian  venido.  Su  Magestad  honró  mu- 
cho al  Arzobispo  porque  al  salir  de  la  Iglesia,  le  echó  los  brazos,  y  se 
rió  con  el  con  mucho  gusto  mostrando  el  mucho  que  tenia  en  esta  oca- 
sión. Bolbieron  por  las  mismab  calles  por  do  so  auian  ydo  que  son  la 
Plaza,  y  Cerrajería,  y  Saomental,  las  quales  estaban  muy  ricamente 


LES   MARIAGES   ESPAGNOLS.  69 

aderezadas  con  grandes  colgaduras  de  grande  valor,  como  para  seme- 
jante ocasión. 

Comió  Su  Magestad  en  público  con  la  Reyna,  y  el  Príncipe  gustando 
muclio  de  que  la  gente  le  viesse,  y  con  auer  alguna  licencia  en  las 
Puertas,  entraron  mas  de  600  personas  averíos,  sin  los  Grandes,  y  de- 
mas  señores  que  seruian  ala  mesa.  Las  Damas  estañan  á  la  mano  de- 
recha, todas  en  pie  arrimadas  ala  pared,  y  con  ellas  algunos  señores 
hablando.  El  Arzobispo  hecho  la  bendición  ala  messa,  el  qual,  y  el 
Nuncio,  y  el  Embajador  de  Francia,  y  todos  los  Grandes  estuuieron  en 
pie  mientras  duró  la  comida  y  el  de  Velada,  como  mayordomo  mayor 
estaua  junto  ala  silla  del  Rey,  y  el  de  Uceda  como  ayo  junto  ala  del 
Príncipe  arrimados  ala  pared  debaxo  del  dosel  de  los  Reyes  auia  qua- 
tro  músicos.  Menestriles,  Cantores,  Vigüelas  de  arco,  Vigüelas  guitar- 
ras, Rabeles,  y  arpas,  y  cantauan  algunas  letras  muy  buenas  en  ala- 
banza de  la  Reyna  que  parecía  cosa  del  cielo. 

A  la  tarde  huuo  sarao  publico  que  fue  mucho  de  ver,  ala  noche  lu- 
minarias y  muchas  inuenciones  de  fuego.  El  sábado  antes  auia  anido 
vna  mascara  de  treinta  y^seis  caualleros  todos  de  Burgos  con  ricas  li- 
breas bordadas  de  tela  de  oro  y  con  gran  música  corrieron  delante  de 
Palacio  y  del  Embajador  de  Francia,  y  otras  partes,  yban  en  quatro 
quadrillas  vestidos  la  vna  Española,  y  otra  francesa,  y  otra  Alemana, 
y  otra  Portuguesa,  y  todos  muy  al  proprio  como  si  de  las  naciones  di- 
chas fueran.  Lunes  huuo  toros,  y  juego  de  cañas  con  capa,  y  gorra  muy 
bien  corridas,  que  las  fiestas  Reales  se  guardaron  para  la  vuelta. 


IV. 


HEBREOS  DE  BARCELONA  EN  EL  SIGLO  IX. 

El  Cali  (Snp)  antiquísimo,  ó  aljama  y  barrio  hebreo  de  Barce- 
lona, estaba  dentro  de  los  muros  romanos;  y  adherido  á  ellos  en- 
tre las  puertas  del  Oeste  y  del  Norte,  dominaba  la  rarribla  (Ü-*^) 
del  Monjuí  (monte  judaico).  Esto  explica  la  acción  que  apuntan 
los  Anales  Bertinianos  sobre  el  año  852:  «MauriBarcinonam,  ju- 
daeis  prodentihus .,  capiunt;  interfcctisque  pene  ómnibus  chri- 
stianis  et  urbe  vastata,  impune  redeunt.» 


70  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Del  mismo  siglo  y  del  imperio  de  Garlos  el  Calvo  (25  Diciembre 
875-6  Octubre  877),  cuando  fué  consagrado  Frodoino  obispo  de 
Barcelona  y  reparaba  su  Catedral,  es  el  diploma  que  trac  el  Liher 
cartarum  Sedis  Barchinonensis  (1),  y  mal  copió  Diago  de  quien 
pasó  á  Florez  (2).  El  original  dice  así: 

(íLiftere  sunt  karoli  regís  /rancie,  qui  laudavit  fidelítatem  harclúnonen- 
sium  civiiim  et  niisit pecuniam  acl  reficiendam  ccdesiani. 

In  nomine  sánete  et  individué  trinitatis  karolus  eiusdem  dei  omnipo- 
tentis  in  ecclesia  imperator  augustus.  Ómnibus  barcliiuonensibus ,  pecu- 
liaribus  nostris,  salutem. 

Sciatis  quoniam  superno  muñere  congrua  prosperitate  valemus.  Apud 
vos  quoque  ut  et  id  ipsum  maueat  valde  desideramus.  Plurimas  autem 
vobis  grates  referinuis,  eo  quod  in  nostram  fidelitatem  semper  omnimodis 
tenditis.  Venit  denique  Judas  hebreus,  fidelis  uoster,  ad  nos;  et  de  vestra 
fldelitate  multa  nobis  designavit;  unde  vestre  fidelitati  condignam  remu- 
nerationem  et  decens  premium  referre  parati  sumus.  De  nostre  igitur  fide- 
litatis  assiduitate  nuUomodo  retardetis;  set  in  ea,  prout  melius  scitis  et 
potestis ,  in  ómnibus  tendentes  permaneatis,  sicuti  bactenus  f actum  habé 
tis.  Válete  et  sciatis  vos  quia  per  fldelem  meum  Juda  cot  (3)  dirigo  ad  fro- 
doynum  episcopum  libras  X  de  argento  ad  suam  ecclesiam  reparare.  > 

Tal  vez  Jada  el  catalán  fué  platero  ú  orífice.  En  otra  escritura 
(462)  del  Líber  cartarum,  fechada  en  el  año  1073,  suena  «  Bonus 
ysaach,  cuius  pater  dudum  vocitatus  fuit  Bonus  Ysaach,  cuius 
pater  nuncupatus  fuit  ioseph  aurifex.»  Con  éste  se  ilustra  el 
texto  de  la  inscripción  leonesa  del  año  1100  (4),  donde  aparece 
^lliM  WJ  p  =1D1i  José,  ¡lijo  del  platero  Aziz. 

Fidel  Fita. 

Madrid,  1  Enero  1881. 


(1)  Folio  IX,  escritura  Ki.  Códice  manuscrito  do  la  primera  mitad  del  siplo  xui. 
Existe  manuscrito  en  el  archiTO  capitular  de  la  Catedral,  y  allí  lo  acabo  de  Tcr. 

(2)  Espa'ia  Sagrada.,  t.  xxix  (2."  edición),  pág-.  lM.5. 

(3)  De  la  Marca  gótica,  catalán,  godo,  'C'p'  ^~^»  ^n  contraposición  de  francés. 
En  el  nombre  de  Cataluña  persiste  «'"Bonido  árabe  de  la  Gotia,  ó  Gothland  de  los  reyes 
de  Francia. 

(1)    Boletín,  t.  ii ,  páy.  20o. 


MOVIMIENTO  DEL  PERSONAL  ACADÉMICO 

DURANTK  EL  SEGUNDO  SEMESTRE  DE  1883. 


ELECCIONES. 

Señores  Académicos  Honorarios. 

Sr.  Príncipe  ÍAiis  Luciano  Donaparte,  en  Londrea. 
Sr.  Antonio  d'Abbadie,  en  Paris. 
Sr.  Dr.  A.  H.  Sayce,  en  Oxford. 

Correspondientes  nacionales. 

Sr.  D.  Federico  Baraibar,  en  Vitoria. 
Sr.  D.  Antonio  Rubio  y  Lluch,  en  Barcelona. 
Sr.  D.  Rafael  Bocanegra  y  González,  en  ídem. 
Sr.  D.  José  Ramos  López,  en  Graciada. 
Sr.  D.  Julián  Suarez  Inclán,  en  Madrid. 

Sr.  D.  Francisco  Romero  de  Castilla  y  Perosso,  en  Alcalá  de  He- 
nares. 
Sr.  D.  Adolfo  Herrera,  en  Cartagena. 

Correspondientes  extranjeros. 

R.  P.  Serváis  Dirks,  en  Saint -Trond  (Bélgica). 
Sr.  Dr.  Godofredo  Baist,  en  Mvnich. 
Sr.  A.  Germond  de  Lavigne,  en  Paris. 
R.  P.  Garlos  Smedt,  en  Bruselas. 
Sr.  Anatolio  Bamps,  en  idem. 


72       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Académicos  fallecidos  (1). 

Correspondientes : 

Sr.  D.  Ramón  Ortíz  de  Zarate,  en  Vitoria. 

Sr.  D.  Francisco  Miguel  y  Badía,  en  Barcelona. 

Sr.  D,  Andrés  Balaguer  y  Merino,  en  idem. 

Sr.  D.  Domingo  de  Porlefaix,  en  Córdoba. 

Sr.  D.  Pedro  Tercero  Urqiiiano,  en  Calahorra. 

Sr.  D.  Manuel  Mamerto  de  las  Heras,  en  Madrid. 

Sr.  D.  José  María  Escudero  de  la  Peña,  en  Alcalá  de  Henares,  el 

16  de  Setiembre  de  1883. 
Sr.  D.  Agustín  Juan  Maurandi,  en  Ma-arrón,  cl  20  de  Mayo 

de  1883. 
Sr.  D.  Zacarías  Acosta  y  Lozano,  en  Madrid   (2),  el  10  de  Abril 

de  1883. 
Sr.  D.  Gabino  Abadía,  en  Panvplona. 
Sr.  D.  Nicolás  Taboada  y  Leal,  en  Vigo. 
Sr.  D.  Ramón  Depret,  en  Segovla. 
Sr.  D.  Hipólito  Estatuet,  en  idem. 
Sr.  D.  Nicolás  Sancho,  en  Alcahir. 
Sr.  D.  Paulino  Álvarez  Aguíñiga,  en  La  Habana. 


(1)    So  anotan  íilg'imos  fallecidos  antes  (iel  seg-undo  semestre  del  año  último:  pero 
que  no  se  tenía  noticia  de  ello  en  la  Academia. 
(2;    Residió  antes  en  Murcia. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  IV.  Febrero,  1884.       cuaderno  ir. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS, 

Dos  Académicos  de  número,  los  Excmos.  Sres.  D.  Antonio  Ro- 
mero Ortiz  y  D.  Antonio  Benavides  y  Navarrete,  fallecieron  con 
piedad  cristiana  en  los  días  18  y  23  del  próximo  pasado  Enero. 
La  Academia  ha  sentido  ^n-andemente  su  pérdida  y  acordado 
dignos  elogios  y  honores  fnnehres  á  la  memoria  del  que  fué  lar- 
gos años  su  hcnemérito  Director,  y  del  que  ilustró  la  historia  li- 
teraria de  Portugal  y  la  legislativa  de  Aragón. 


Por  acuerdo  y  con  apoyo  del  Señorío  de  Vizcaya  se  han  dado 
á  luz  en  Bilhao  los  «Discursos  fllosóñcos  sobre  la  lengua  primi- 
tiva, ó  Gramática  y  análisis  razonada  de  la  Euskara  ó  Bascuen- 
ce,»  que  dejó  manuscritos  su  autor  D.  Pablo  Pedro  de  Astarloa, 
y  cedió  al  Señorío  el  Sr.  D.  Maleo  de  Erro.  A  esta  obra  se  refiere 
á  menudo  Astarloa  en  su  «Apología  de  la  lengua  bascongada.«  La 
edición,  salida  de  la  imprenta  de  D.  Pedro  Velasco,  consta  de 
792  páginas  en  4.",  y  va  precedida  de  una  breve  Lürodiicción  por 
el  editor  D.  Pedro  de  Merladet. 


La  Academia  ha  visto  con  agrado  y  pasado  á  informe  las  si- 
guientes obras,  regaladas  á  su  Biblioteca  por  los  autores,  socios 

TOMO  IV.  6 


74  BOLETÍN    DE    LA   REAL   AGADEML\    DE    LA    HíSTOniA. 

correspondientes  en  el  extranjero:  Folk-lore  du  paijs  Basque^  par 
Julien  Yinson;  Zur  Diplomatik  Silvesters  77,  von  Paul  Ewald; 
Les  pierres  gravees  de  la  Haute  Asie:  Recherches  sur  la  glyptique 
oriéntale,  par  M.  Joachim  Menant;  Al-Batalyo{(sÍ  (extracto  de  la 
llevue  desÉtudesjuives,  Octubre-Diciembre  de  1883),  por  M.  Harl- 
wig  Derenbourg;  Codex  Cortesianus  (manuscrito  yucateca,  foto- 
grabado y  explicado),  por  M.  Léou  de  Rosny.  También  ha  reci- 
bido de  su  ilustre  socio  honorario,  Mr.  Julio  Oppert,  Monografías 
que  interesan  al  estudio  de  la  Numismática  española  en  razón 
del  tipo  ponderal  babilonio.  Ni  menos  importan  al  estudio  del 
vascuence  la  obra  que  ha  dado  á  luz  (1)  el  académico  honoraiio 
Mr.  Sayce.  con  el  título  The  cuneiform  inscriptions  of  Van  deci- 
phered  and  translated.  La  lengua  ibérica  oriental  ó  georgiana,  tal 
como  se  hablaba  nueve  siglos  antes  de  Jesucristo  en  la  región 
caucásica,  se  ha  descubierto  por  medio  de  numerosas  inscripcio- 
nes talladas  en  la  piedra  con  caracteres  cuneiformes  por  los  mo- 
narcas indígenas  del  lago  de  Van.  Su  estudio  comparativo  ofrece 
nuevos  y  cuantiosos  datos  acerca  de  las  emigraciones  hacia  el  oc- 
cidente de  Europa,  determinadas  por  la  invasión  de  la  raza  arya, 
que  al  abrirse  dichos  epígrafes  no  había  todavía  sojuzgado  la 
Armenia. 


La  Academia  acordó  insertar  en  su  tomo  dé  Memorias  que  está 
imprimiéndose,  la  del  Sr.  Fernández  Duro,  que  tiene  por  objeto 
documentar  con  amplitud  la  biografía  del  célebre  Duque  do  Al- 
burquerque,  y  vindicar  su  honroso  comportamiento  en  la  batalla 
deRocroi  (19  Mayo,  1643). 


El  Excmo.  Sr.  D.  Víctor  Balaguer  ha  hecho  presente  á  la  Aca- 
demia del  tomo  iv  de  su  historia  de  los  Trovadores  (2."  edición); 
Barcelona,  1883. 


El  catálogo  de  obras  y  objetos  recibidos,  que  debía  enriquecer 
este  número  del  Boletín,  saldrá  en  el  mes  de  Julio,  á  fin  de  no 
retrasar  otras  publicaciones  más  perentorias. 

(1)    Journal  of  the  Royal  Society  of  Great  Britaiu  and  Irelund,  voL  xiv,  part.  '3,  í. 


INFORMES. 


CORTES  DE  BARCELONA  (10  MARZO,  1131).  TEXTO  INÉDITO. 


Asistieron  á  ellas  San  Olaguer,  arzobispo  de  Tarragona  (1118- 
1137],  Ramón  Gaufredo,  obispo  de  Tich  (1109-114G),  Bcrenguer 
Dalmau,  obispo  de  Gerona  (1114-1147),  abades  y  magnates  en 
grandísimo  número,  presidiéndolas  el  Conde  de  Barcelona  Don 
Ramón  Berenguer  III  (1)  con  su  bijo  Raimundo,  asociado  desde 
la  infancia  al  gobierno  supremo  (2).  Celebráronse  con  toda  so- 
lemnidad en  el  palacio  condal  de  Barcelona  el  día  10  de  Marzo 
del  año  de  la  Encarnación  1130,  que  corresponde  al  1131  de  la 
<ira  vulgar.  Así  lo  testifica  el  ejemplar  original,  que  vio  y  copió 
Yillanueva  en  el  archivo  del  monasterio  benedictino  de  San  Pe- 
dro de  Roda,  cuyas  ruinas  mirando  al  mar  descuellan  ahora 
tristemente  sobre  el  cabo  de  Creus,  mezcladas  acaso  con  las  del 
templo  antiquísimo  de  Venus  Pirenéa.  Recordáis  á  este  propó- 
sito lo  que  escribió  el  sabio  autor  del  Viaje  literario  (3) :  «A  este 
mismo  año  1130  (de  la  Encarnación) ,  pertenece  la  Junta  de  con- 
des y  obispos  en  Barcelona,  que  Florez  adelantó  al  1125.  Al  año 
que  digo  lo  pone  el  original  que  vi  en  San  Pedro  de  Roda,  donde 
lo  copié  para  mi  colección.  Y  es  de  notar,  que  las  palabras  que 


(1)    Falleció  á  lít  de  Julio  de  1131. 

(•2)    BofaruU,  Los  Condes  de  Barcelona  vindicados,  t.  ii.,  pág-.  1C3;  Barcelona,  1835. 

(3)    VI,  227. 


76  boletín  de  la  real  academl\  de  la  historla. 

Florez  copió  para  honrar  la  Sede  de  Vique  ( I ) ,  en  el  mió  hon- 
ran la  de  Barcelona.  Y  es  que  debieron  escribirse  varios  ejem- 
plares, según  la  variedad  de  los  obispos  que  asistieron;  á  cada 
uno  de  los  cuales  en  su  distrito  hicieron  juez  de  los  malhecho- 
res que  allí  se  quisieron  castigar.» 

Desgraciadamente  no  he  podido  hallar  el  ejemplar  original 
que  manejó  Villanueva,  ni  la  copia  que  de  él  sacó.  Diez  años  ha, 
me  [detuve  en  las  poblaciones  de  Llansá  y  de  Figueras,  donde 
quedan  restos  del  archivo  de  San  Pedro  de  Roda,  que  examiné.  La 
pesquisa  fué  en  balde.  Tampoco  nuestra  Real  Academia  posee, 
ni  recibió  el  traslado  en  cuestión  entre  los  documentos  y  papeles 
correspondientes  al  viaje  literario  á  las  iglesias  de  España  del 
P.  Fr.  Jayme  Villamteva  ^  que  había  heredado  el  presbítero  Don 
Ignacio  Herrera  y  nos  entregó  D.  Miguel  Aparici  y  Ortiz  en  vir- 
tud de  real  orden  expedida  por  el  Ministerio  de  Fomento  (2).  En 
el  tomo  XV  del  Viaje,  pág.  36-56,  discurre  largamente  el  autor  so- 
bre el  ai-chivo  de  aquel  monasterio;  pero  del  documento  que  bus- 
camos, con  ser  de  tanta  importancia  como  lo  dejó  advertido  en  el 
tomo  VI,  ni  siquiera  hace  mención.  ¿Por  qué?  ¿Se  le  habría  ex- 
traviado la  copia?  Así  lo  pienso. 

Forzoso  me  ha  sido,  pues,  si  había  de  recobrar  el  texto,  acudir 
á  la  fuente  única,  que  vio,  mas  no  publicó  Diago.  En  el  archivo,. 
dice  (3),  de  la  Catedral  de  Barcelona ,  en  el  primer  libro  de  las 


(1)  «Establecieron  la  inmunidad  de  las  iglesias  por  sus  treinta  pasos  con  pena  de 
COO  ¡sueldos  y  excomunión  contra  los  violadores:  y  liaj*  la  especialidad  de  señalar  por 
jueces  sobre  la  materia  al  obispo  Diocesano,  ó  la  Sede  de  Vique  en  caso  de  inobedien- 
cia: Si  auteni  il!i pftpdones ,  ant  f tires prtecejito  Fpiscopi  ant  Canonicormn  Vicensis  Seáis-- 
Jnslitiam  faceré  noluerint,  aut  distiilerint,  tune  auctoritate  pradictíc  Sedis  Episcopi  et 

Canonicorum,  haheatur  illa  Ecclesia  absque  mnnitione.  Alargaron  la  inmunidad  á  los 
clérigos  monjes  y  monjas,  que  no  lleven  armas,  y  á  los  bienes  de  sus  comunidades, 
prohibiendo  hurtos,  incendios  ó  hacer  mal  á  las  caballerías  del  viajante,  de!  que  va 
al  molino,  del  que  labra  los  campos;  y  el  Conde  con  su  hijo,  y  los  señores  dejaron 
en  mano  de  los  prelados  lo  que  pretendían  sobre  las  iglesias,  cementerios  y  rentas, 
según  consta  en  el  libro  i  de  las  Antigüedades  del  Cabildo  de  Barcelona,  citado  por 
Diago;  donde  prueba  que  esto  no  fué  en  el  año  1115,  allí  escrito,  ni  en  el  de  1135  sino- 
en  el  de  1125.»  EspaTia  Sagrada,  t.  xxm,  pág.  197  y  IS'íí. 

(2)  Noticia  de  las  actas  de  la  Real  Academia  de  la  Historia  leida  en  Junta  pública  del 
1  de  Junio  de  18C8  por  D.  Pedro  Sabaí',  académico  de  número  y  secretario:  Madrid  ,  18C8,. 
P-'igina  7.  ' 

(3)  Historia  de  los  victoriosísimos  Condes  de  Barcelona;  Barcelona,  1GÜ3,  fol.  ISn. 


CORTES    DE    BARCELONA.  77 

Antigüedades,  fol.  cv  (1),  donde  vi  todo  esto  ^  se  Italia  que  fué  ello 
■ordenado  en  diez  de  Marzo  de  mil  ciento  y  quinze.  No  le  ñiltó  á 
Diago  cierta  dosis  de  sano  criterio:  rechazó  la  fecha  del  año  pro- 
puesta ó  viciada  por  el  códice  manuscrito;  sentó  que  la  genuina 
■dehe  colocarse  entre  el  principio  del  arzobispado  de  San  Olaguer 
(1118)  y  la  muerte  del  Conde  D.  Ramón  Berenguer  iii  (11311; 
imaginó  que  el  error  del  número  xv  dimanaba  de  la  omisión  de 
una  x;  y  conociendo  perfectamente  el  estilo  catalán  de  calendar 
los  años  de  la  Encarnación  añadió:  «moxxv,  ó  por  mejor  dezir, 
sejjún  los  años  de  aova,  que  son  los  del  nacimiento  de  Christo  el 
de  veijnte  y  seys,  siendo  verdad,  como  lo  es,  que  las  Cortes  se  ce- 
lebraron en  diez  de  Marco  del  dicho  año  de  la  Encarnación  de 
Christo.» 

No  es  cierto ,  ni  es  verdad ,  que  las  Cortes  se  celebrasen  el  año 
1125  de  la  Encarnación.  ¿Pues  qué?  Por  ventura  ¿no  puede  el 
amanuense  del  Códice  mudar  una  cifra  por  otra,  tan  bien  como 
suprimirla? 

La  afirmación  de  Diago,  que  acogió  sin  examen  Feliu,  ha  sido 
perjudicial  al  catálogo  de  Cortes,  trazado  é  impreso  por  nuestra 
Real  Academia  (2): 

«1125.  Feliu,  Anales  de  Cataluña,  tomo  i,  pág.  333,  dice  que  en  estas 
Cortes  se  dio  forma  al  gobierno,  y  se  mandaron  devolver  á  la  Iglesia  los 
bienes  usurpados  por  los  seglares.» 

Acogióla  asimismo  Florez;  é  hizo  arma  de  ella  para  reducir  á 
límites  de  tiempo  escasísimos  el  viaje  de  San  Olaguer  á  Levante. 
Citaré  sus  palabras  (3): 

«Tratáronle  con  honor  los  prelados  del  Oriente,  en  especial  el  obispo  de 
Trípoli  y  el  patriarca  de  Antioquia;  y  (el  biógrafo  del  Santo)  dice  que  vol- 
vió á  Barcelona  en  el  año  :\[cxx[i;  pero  debe  leerse  xxv,  como  prueba  lo  re- 
ferido hasta  aquí  (4).  Entonces,  añade,  compuso  muchas  disensiones,  y  se 
dedicó  á  obras  pías  y  útiles  al  público,  recobrando  para  su  iglesia  de  Barce- 


(1)  En  realidad  es  ex. 

(2)  Colección  de  Cortes  de  los  antigvos  reinos  de  España.  Catálogo,  pág.  133;  Ma- 
drid, 1855. 

(3)  Bsp.  Sagr.,  t.  xx:x  (2.*  edición),  páginas  265  y  266. 

(4)  Escrituras  flrmadaspor  San  Olaguer,  del  24  de  Abril  de  1123  y  9  Julio  1121. 


78  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

lona  la  décima  de  la  moneda,  y  moviendo  al  Conde  á  buenas  leyes  y  concor- 
dia con  los  genoveses.  De  esto  hay  las  pruebas  siguientes: 

Arnaldo  Guillen  tenía  usurpados  los  diezmos  de  San  Saturnino  de  Collsa- 
ladell,  pero  el  santo  le  obligó  á  volverlos  en  7  de  Noviembre  del  año  18  del 
Rey  Luís,  que  fué  el  año  11 25  de  Cristo;  y  así  sabemos  que  había  vuelto  á 
Cataluña  en  aquel  año. 

Pero  otra  escritura  anticipa  meses,  refiriendo  en  6  de  los  idus  de  Marzo 
la  gran  Junta  de  prelados  y  señores  tenida  en  el  palacio  de  Barcelona,  con 
asistencia  del  santo  arzobispo,  de  los  prelados  R.  de  Viquey  B.  de  Gerona^ 
según  prevenimos  en  el  tomo  precedente  de  Vique  sobre  el  año  112o,  y  do 
ella  trata  Diago  sobre  aquel  año  (I),  Las  iglesias  lograron  muchas  ventajas 
en  sus  bienes  é  inmunidades,  lo  que  sin  duda  provendría  de  la  eficaz  inter- 
vención y  valimiento  de  San  Olegario,  que  como  refiere  aquel  autor,  iutluyó 
también  en  componer  las  diferencias  que  había  entre  el  Conde  de  Barcelona 
y  la  república  de  Genova. 

Otra  escritura  del  libro  i  de  Antigüedades,  folio  200,  nombra  al  santo  con- 
firmando la  donación  que  el  deán  Arnal  hizo  al  sepulcro  de  Santa  Eulalia, 
dotando  una  lámpara  para  siempre.  Fecha  en  13  de  Febrero,  an.  Incarna- 
iionis  Domini  mcxxv,  sin  año  del  Rey;  según  cuyos  documentos  no  gastó  el 
santo  en  el  viaje  á  Jerusalen  más  que  el  tiempo  preciso,  para  menor  ausen- 
cia de  su  iglesia.» 


Ni  esta  üllima  escritura,  ni  mucho  menos,  la  de  las  Cortes  an- 
ticipan meses  al  7  de  Noviembre  de  1125  para  el  regreso  de  San 
Olaguer  desde  Jerusíilón  á  Barcelona;  pues,  como  llevo  dicho  y 
no  negaréis,  el  año  de  la  Encarnación,  usado  en  Cataluña  y  eii 
toda  España,  anda  una  unidad  rezagado  del  nuestro  común,  ó 
vulgar,  desde  el  dia  1,'  de  Enero,  y  no  le  alcanza  hasta  el  25  de 
Marzo. 

Sobre  la  cuestión  i¡ue  nos  ocupa,  nadie  (que  yo  sepa),  á  excep- 
ción de  Vilianueva,  ha  hecho  adelantar  un  solo  paso  á  la  critica. 
Peor  que  eso,  Florez  la  empujó  hacia  ativis  tomando  de  Diago  lo 
malo,  y  suprimiendo  en  parte  lo  bueno. 

Si  tuviésemos  á  nuestra  disposición  el  ejemplar  original  que 
poseían  los  monjes  de  San  Pedro  de  Roda ,  esto  nos  bastaría. 
para  dirimir  la  contienda.  ¿Cómo  no  preferirlo  a  una  copia  escrita 
más  de  un  siglo  después  y  que  lleva  en  su  propia  frente,  ó  en  la 
fecha  que  señala,  el  torpe  rastro  de  amanuense  imperito? 


(4)    Diago,  seg-ún  se  ha  visto,  entieniJe  que  elaño  en  cuestión  es  el  112G  de  la  era  vul- 
gar, ó  1125  de  la  Encarnación,  á  10  de  Marzo.  No  debía  callarlo  Florez. 


CORTES   di:   RAKCELONA.  /9 

El  códice,  que  Di¿igo  y  Florcz  llarnau  TAhro  I  de  las  Juligüedct' 
des  y  lie  compulsado  no  lia  muchos  días  alentamenle,  es  un  enor- 
me Cartulario  de  pergamino  en  folio  mayor,  rayado  á  punziui 
y  á  dos  columnas,  encuadernado  con  planchas  de  madera,  forra- 
das de  cuero  rojo  y  asitlas  por  abrazaderas  de  cobre.  En  el  dorso 
brilla  dorada  la  inscripción:  LÍBER  I  ANTÍQVITATVM.  Con- 
tiene más  de  ochocientas  páginas,  donde  se  desarrollan  1.131  do- 
cumentos,  6  escrituras  de  un  mismo  carácter  paleográfico,  que 
alcanzan  hasta  mediados  del  siglo  xiii,  si  bien  están  numeradas 
de  cifra  moderna  al  margen.  El  verdadero  título  de  todo  el  Có- 
dice viene  expresado  por  la  rúbrica  inicial:  «Incipit  liber  carta- 
rum  sedisharchinonensis,  primo  continens  privilegia  regum  fran- 
corum.  Secundario,  privilegia  barchinonensium  comituin  et  prin- 
cipum.  Tercio,  privilegia  romanornm  pontificum  et  decreta.  Quar- 
to,  comissiones.  Deinde  continet  cartas  et  testamenta  donacio- 
num,  venditionum,  commutationum,  laxationum,  impignoratio- 
num,  infra  muros  et  extra,  et  de  territorio.  Postea  de  parochiis  (1) 
per  ordinem.» 

El  documento  que  buscamos,  aparece  registrado  en  e\  folio  105^ 
escritura  256.  Lo  transcribo,  marcando  entre  iniciales,  ó  por  vía 
de  nota,  las  correcciones  oportunas.  Para  mayor  claridad  y  dis- 
tinción numero  las  leyes  ó  capítulos. 

«  Hec  sunt  securitates  ecclesiarum,  clericorum, 
monachorum  et  feriarum,  mercatorum ,  aratorum, 
constitute  ab  episcopis  et  comité  (2). » 

Annodominiceincarnationis  C.°  xv°  [corríjase  xxx^]  post  M,  vi 
idus  marcii,  convenerunt  O.  tarragonensis  archiepiscopus,  et 
R.  Ausonensis  et  B.  gerundensis  episcopi,  et  abbates  terre,  et, 
magnates  quamplurimi,  in  palatio  barchinoncnsi  in  presencia 
domni  Raimundi  barchinonensis  comitis  et  marchionis  (3),  et  filii 
eius  Raimundi,  ad  tractandum  de  comuni  utilitate  ipsius  terre. 

1.    Constituerunt  namque  predicti  episcopi  cum  ceteris  mag- 


(1)    Esta  parte  de  las  parroquias  llena  otros  tres  volúmenes. 
(2J    Epígrafe  de  tinta  encarnada. 
(3)    Marqués  de  Provenza. 


80  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORLA. 

iiatibus  ut  ab  ipsa  die  et  deinceps  ullus  utriusrjue  sexus  eccle- 
siam,  aut  mansiones  que  in  circuita  ecclesie  sunt  aut  erunt,  us- 
que  ad.  xxx.  passus  non  invadat,  aut  infringat,  iiisi  episcopi  aut 
canonici,  quibus  illa  ecclesia  subiecta  fuerit,  propter  suum  cen- 
suní  aut  propter  hominem  bine  eicienduní  excommunicatum, 
Ecclesias  autcm  illas  in  bac  defensione  non  posuerunt,  in  quibus 
castella  constructa  sunt.  Eas  vero  ecclesias,  in  quibus  raptores 
vel  fures  predaní  vel  furto  (1)  congregaverint,  vel  malefaciendo 
exierint,  aut  illic  redierint,  tam  diu  salvas  esse  jubemus  doñee 
querimonia  raale  facti  aut  proprium  episcopura  aut  ad  sedem 
[vicensem  (íj]  prius  perveniat.  Si  autem  illi  predones  aut  fures 
precepto  episcopi  et  canonicarum  [viccnsis]  sedis  justitiam  faceré 
noluerint  aut  distulerint,  tune  auctoritate  prcdicte  sedis  episcopi 
et  canonicorum  habeatur  illa  ecclesia  absque  [imjmunitione.  Ule 
autem  homo,  qui  aliter  ecclesiam  invaserit,  aut  que  in  circuitu 
eius  sunt  usque  ad  xxx*  passus  irruperit,  summam  sexcentorum 
solidorum  pro  sacrilegii  compositione  emendet,  et  tam  diu  ex- 
communicetur  quousque  digne  satisfaciat.  Siquis  tamen  intra  ip- 
suní  cimiterium  alodium  proprium  habuerit,  et  eo  pacto  illud  ec- 
clesie dederit  ut  habeat  inde  ecclesia  annuum  censuní  pro  salvi- 
tate  in  qua  cpiscopus  eum  posuit  resérvala  sibi  proprietate,  pote- 
rit  ipse  homo  in  ipso  suo  alodio  distringere  hominem  suum  vel 
feminam  de  sua  iuslilia,  cum  opus  fuerit. 

2.  ítem  placuit  ut  clericos  qui  arma  non  portaverint,  aut 
monachos  seu  sanctimoniales,  sive  celeras  mulleres  aut  eos  qui 
cura  eis  ierint  aut  fuerint,  si  arma  non  tulerint,  ullus  homo  non 
invadat  nec  aliquam  eis  injuriara  faceré  presumat.  Gomunia  vero 
canonicorum  vel  monachorum  ullus  homo  non  infringat,  aut 
inde  non  ali(]uid  diripiat. 

3.  Similiter  confirmavcrunt  predicli  episcopi  et  principes  ut 
ullus  homo  in  islo  episcopatu  predam  non  faciat  de  equabus  vel 
pullis  earum;  et  ut  omnes  negociadores,  qui  causa  mercandi 


(1)  Mantengo  el  solecismo.  Furto  es  palabra  técnica  del  idioma  legislativo  que  se 
introduce  en  el  texto  latino  con  tanta  propiedad  como  aguayt,  aliscara,  engan,  ttvaga, 
en  el  Código  de  los  Usajes  de  Barcelona. 

(2)  En  el  original  de  San  Pedro  de  '?oda  <íbarchinonensem;»  y  más  abajo  <^<barchino- 
nensis.» 


CORTES    DE    BARCELONA.  81 

vaduut  per  terram  vel  ad  forura,  et  omnos  qui  vaJiint  ad  moleii- 
dinum  causa  molendi,  cum  ómnibus  suis  rebus  in  hac  pacis 
securitate  cum  ipsis  bestiis  et  houoribus  suis  constiluerunt. 
Boves  autem  et  omncs  alias  bestias  aregas  cum  loto  suo  apere  et 
cum  ipso  aratore ,  qui  inde  araverit,  vel  pascuis  cas  duxcrit, 
vel  custodierit,  cum  ipso  sementé  (1),  iu  eadem  pace  nichilomi- 
nus  posuerunt. 

4.  Nullus  liomo  audeat  incendere  domum  vel  res  alterius, 
nisi  sicut  sci'iptnm  est  pro  necessitate  iusticie  cum  consilio  ipsius 
episcopi.  Quod  si  aliter  presumpserit,  sententiam  ,  que  super  boc 
a  romano  pontifica  (2)  promúlgala  est,  subeat;  et  doñee  boc 
facial,  sit  excommunicatus  et  abhominatus  ab  ómnibus  fidelibus. 

5.  Quicunque  hanc  pacem  quam  prediximus  infregerit,  et 
lili  cui  eam  infregerit  infra.  xv.  dies  in  simplum  non  emendave- 
rit;  si  dies.  xv.  transierint,  in  duplo  componat.  Quam  duplatio- 
nem  habeat  episcopus  ipse  qui  eam  redirigere  fecerit. 

6.  Predictus  quoque  venerabilis  comes  cum  filio  suo  Rai- 
mundo cum  consensu  et  aclamatione  magnatum  et  nobilium 
virorum  ,  ipsi  et  omnes  qui  in  ecclesiis  aliquid  requirebant 
dimiserunt  in  potestate  archiepiscopi  et  predictorum  episcoporum 
omnes  ecclesias  cum  alodiis  et  oblalionibus  et  defunctionibus 
suis,  que  modo  habent,  vel  habere  debent,  vel  in  antea  eis  iuste 
coQcessa  fuerint;  clericos  quoque  et  eorura  bona  et  capellanias 
et  omnem  donationem  ecclesiarum  ,  ut  ipse  archiepiscopus  et 
episcopi  babean t  ea  omnia  libere  et  disponan t  ea  in  beneplácito 
suo  secundum  cañones  ad  honorem  Dei  et  ipsius  ecclesie.  Gimi- 
teria  quoque  dimiserunt  eis  libera,  excepto  hoc  quod  supra  scrip- 
tum  est,  si  forte  aliquis  habuerit  ibi  alodium  suum  proprium, 
quod  non  erit  in  ipsa  salvitate  nisi  annuum  censum  ipsi  red- 
dierit  (3)  ecclesie.  In  parte  autem  decimarum  ,  quam  ecclesie 
habent,  ipsi  clerici  ponan t  homines  suos,  qui  requirant  et  acci- 
piant  ipsam  partem  liberam  ad  opus  ecclesie,  sicut  et  decimarum 
laicorum  accipiunt  suas.  Pro  illis  autem  decimis ,   quas  laici 


(1)  El  ms.  añade  «qui». 

(2)  Inocencio  II. 

(3)  En  lugar  de  «reddiderit»*. 


o2  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

adhuc  sibi  relinent,  faci¿int  ómnibus  per.  sxx.  dies  super  sarra- 
cenos quecunque  suus  episcopus  eis  mandaverit. 

7.  Si  clericus  tenuerit  aliqua  alodia  scrvicialia  a  laico,  et 
ipse  laicus  voluerit  ainicabiliter  dimittere,  habeat  ea;  sin  autem, 
recuperet  sibi,  dummodo  ut  laica  persona  nullatenus  habeat 
aliquam  dominationem  super  ecclesiaslicam  personara  vel  cctera 
bona  eiüs. 

Hasta  aquí  el  Cartulario.  Su  lipo  dimanó  de  un  ejemplar  pro- 
cedente de  la  diócesis  de  Vich,  como  lo  pruelja  el  primer  artículo 
de  las  Cortes;  y  por  curiosa  coincidencia  el  original  que  vio  Yí- 
llanueva  en  San  Pedro  de  Roda,  monasterio  enclavado  en  la 
diócesis  de  Gerona,  pasó  allá  desde  Barcelona. 

Todas  las  leyes,  ó  Constituciones,  son  eco  vivo  y  claro  espejo 
de  dos  concilios  á  los  que  asistió  San  Olaguer:  el  primer  ecumé- 
nico de  Letrán  (27  Marzo  1123),  que  reunió  Calixto  II;  y  el  de 
Clcrmont  (18  Noviembre  1130)  presidido  por  Inocencio  II ,  cuyo 
canon  xni  no  figura  en  el  de  Letrán  y  le  fué  añadido. 

Este  canon  célebre  (1),  que  las  Cortes  mandaron  guardar  y 
cumplir  fsententiam ,  qicae  super  hoc  a  romano  pontífice  promid- 
<jata  est,  suheatj  decide  completamente  nuestra  cuestión  cronoló- 
gica. Propuesto  asimismo  en  los  concilios  de  Reims  (18  Octu- 
bre 1131)  y  ir  ecuménico  de  Letrán  (8  Abril  1 139)  se  insertó  por 
el  provincial  de  Lérida  (6  Febrero  1173)  en  los  siguientes  tér- 
minos: 

«Horrendam  quidem  incendii  malitiatn ,  taraquam  pestem  prae  caeteris 
depopulatricetn,  et  Dei  populo  damnosam ,  et  uon  6olum  corporibua  sed 
aniíiiabus  perniciosam,  auctoritate  Dei  et  beatorum.apostoloruin  Petri  et 
Pauli  orunino  detestamur  et  interdiciraus.  Quisquís  igitur  post  prohibitionis 
iiostrae  promulgationem  malo  studio,  sive  pro  odio  sive  pro  vindicta,  ignera 
apposuerit,  vel  apponi  ftcerit,  vel  appositoribus  consiliuiu  et  auxilium 
scienter  tribuerit,  excornniunicationi  subiaceat,  doñee  damnum  ei  cui 
intulerit  eecundum  facultatem  suam  resarcierit,  et  tale  scelus  nequáquam 
86  perpetraturuní  iuraverit;  alioquia,  si  mortuus  fuerit,  ecclesiastica  sepul- 
tura careat.  Poenitentia  ei   detur  a  Jerosolymis;  vel  in  Hispanias  (2)  in 

(1)  Tejada,  Colección,  de  cánones  y  de  todos  los  concilios  de  las  Iglesias  de  España,, 
tomo  III,  pá^'.  28t;.  Madrid,  1801.— Sainz  de  Baranda,  España  Sagrada,  t,  xi.viii, 
piií,-.  30"J.  Madrid,  18'!2. 

(2)  Ocupadas  jtor  los  sarracenos. 


CORTES    DE    BARCIÍLONA.  83 

servitio  Dei  per  annura  integrum  serviat.  S¡  quis  episcopus  hoc  relaxavent, 
damnum  restituat  et  per  annuru  ab  oíTicia  pontificali  se  abstincat.  Sane 
regibus  et  principibus  faciendae  justitiae ,  consultis  archiepiscopis  et 
episcopis,  facultatem  non  denegaiuue.» 

La  fecha  de  las  Corles  no  es  dudosa.  El  día  íO  de  Marzo,  poste- 
rior al  del  concilio  de  Glermont  (18  Noviembre  1130),  y  anterior 
al  del  fallecimiento  del  Conde  D.  Ramón  Berenger  III  (19  Julio 
1131),  no  puede  convenir  sin'o  al  año  designado  por  el  ejemplar 
de  San  Pedro  de  Roda,  el  cual  por  lo  visto,  era  autentico. 

El  carácter  legislativo  de  tan  notable  Asamblea,  su  tiempo  apro- 
ximado y  la  gran  parte  que  en  ella  cupo  á  San  Olaguer,  son  cir- 
cunstancias que  menciona  expresamente  (1)  la  Biografía  del 
Santo  escrita  en  1324  y  publicada  por  Florez. 

Cumque  Cathaloniam  pervenisset,  coepit  dirutam  Tarraconensem  civita- 
tem  et  templa  reaedificare.  Tune  vocatus  a  Calixto  adiit  Lateranense  conci- 
lium,  in  quo  multa  consilia  praeetitit  salutaria  et  ad  erigendas  sacras  san- 
ctiones.  Cumque  tantam  esset  Pontifex  intuitussapientiam,  in  Hispaniarum 
regnis  suum  a  latere  constituit  legatum.  Cumque  Legati  officio  fungeretur, 
adstitit  Comiti  Dertosara  et  Ilerdam  oppugnanti;  quid  vero  in  illis  praeliis 
prüficeret,  militiam  consolando  et  sacramentaliter  ¡líos  confitendo,  dixitbel- 
li  fortunatus  eventus  et  militantium  ablali  abusas.  Ejus  autem  adventas 
ínter  Berengarium  Guillelmum  et  Capitulum  Barchinonense  pacera  pepe- 
rit  (2\  dura  a  bello  revertitur,  Post  haec  Jerosolymara,  Urbani  pontificis 
auxilio  restauratam,  et  locasantta  invisendi  amere  accenditur;  sicque,  Bar- 
cbinona  relicta,  illuc  proficiscitur:  uta  solisortu  usque  ad  occasum  magna- 
lia  Oldegarii  annut-ciarentur,  et  per  extrema  terrae  verbum  resonaret  illius. 
Ivit,  locaque  sancta  invisit  lacrymabiliter,  et  ad  reaedificandum  divinum 
templum  animarum  multum  profecit.  Magno  cura  honore  ab  ómnibus  fuit 
reoeptus  episcopis,  a  patriarcha  praesertim  Antiocheno,  cum  quo  aliquos 
conversatus  est  dies.  Postea  vero  a  Tripolensi  episcopo  magni  habitus,  Bár- 
chinonam  revertitur  anno  mcxxu  [^corr.  mcxxv];  ubi  multas  sedavit  contro- 
versias et  pia  loca  construxit;  et  suo  consilio  decima  monetae  restituía  est 
Ecclesiae  Barchiuonensi  (3) ;  et  leges  sánelas  curavit  Comilem  per  genérale 
Consilium  er¿gere.y> 

Las  Cortes  (genérale  Consilium)  no  se  inspiraron  solamente  de 
lo  decretado  fuera  de  España  por  los  Papas  Calixto  II  é  Inocen- 


(1)  ^íí;.^í7^í-.,  XXIX, -198. 

(2)  Por  sentencia  del  9  de  Julio,  1124. 

(3)  En  1131. 


84  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

cío  II.  Alma  de  ellas,  San  Olaguer  había  hecho,  un  año  antes, 
oir  su  voz  en  el  concilio  de  Garrión  de  los  Condes  (4  Febrero 
1130),  cuya  parte  principal  ó  leader  fué,  como  cuenta  la  Historia 
Compostelana  (1).  Nada  nos  falta  en  este  concilio  de  Garrión  para 
que  podamos  llamarle  nacional  y  Gortes  del  Reino  (2):  «In  Kar- 
rionensi  concilio  a  Romanae  Sedis  Legato  Gardinali  presbytero 
Domno  Humberto,  archiepiscopis,  episcopis  atque  abbatibus  His- 
paniae  in  unum  convocatis,  Adefonso  etiam  Hispaniaruin  rege  et 
multis  comitibus  aliisque  potestatibus  praesentibus.»  Legislaron, 
como  las  de  Falencia  (1129),  en  virtud  de  facultades  atributivas 
al  poder  real  (3):  «Qui  falsam  monetam  fecerint  excommunicentur, 
et  a  Rege  eíTosionem  oculorum  patiantur.»  Mas  como  quiera  que 
por  su  tenor  y  espíritu  no  puedan  menos  de  asemejarse  á  las  de 
Barcelona,  casi  coetáneas;  todavía  entre  aquellas  y  estas  media  y 
se  deja  sentir  cierta  distancia.  Estas  son  posteriores  y  aquellas 
anteriores  al  dia  (18  Noviembre  1130),  en  que  Inocencio  II  desde 
Clermont,  y  de  acuerdo  con  San  Olaguer  (4),  lanzaba  contra  los 
incendiarios  el  rayo  del  anatema. 

Fidel  Fita. 

Madrid  4  de  Enero  de  1884. 


(1)  ''<Postridie  res  Adefonsus  et  ipse  Compostellanus  cuna  Romano  Gardinali  et  Le- 
gato et  cum  Tarraconensi  archiepiscopo  quamdam  secretara  domum  ingressi  sunt,  ubi 
quid  in  concilio  essent  stabilituri  etsancituri  studiose  providerunt  et  pertractaverunt. 
Quibus  praevisis  et  pertractatis,  Fratribus  in  unum  convenientiBus,  Concilium  in 
monasterio  santi  Zoyli,  II  nonas  Februarii,  celebraverunt,  in  quo  multa  ad  honorem 
et  utilitatem  sanctae  Ecclesiae  et  Hispani  regni  pertinentia  stabilierunt  et  conflrma- 
verunt.v  Esji.  Sagr.  xx,  49~,  498. 

í)    Ihid.,  499. 

(3)  Cortes  de  los  antiguos  reinos  de  León'y  de  Castilla,  publicados  por  la  Real  Academia 
de  la  Historia;  t.  i,  pág.  33;  Madrid  18(51. 

(4)  «Vocatus  tándem  a  pontífice  Inuocentio  in  illo  inclementi  saeculo,  in  quo  prin- 
ceps Ecclesiae,  Christi  vicarius,  in  carcerem  est  traditus  a  pessimo  Guillelmo  Cala- 
briae  duce,  Leoque  ferocissimus  civis  romanus,  sub  divi  Anacleti  nomine,  Romae  an- 
tipapa est  factus,  et  sanctas  invadens  ecclesias  raptor  earum  est  factus  qui  earum 
inipie  caput  vocabatur{parebant  et  multi  itali,  praesertim  Berengarius  Siciliae  Comes; 
cumque  familiaris  esset  Rogerius,  imo  sanguiue  sociatus  Comiti  nostro;  et  ^lioc]  non 
obstante,  amicilia  qua  semper  Gotalani  familiares  filii  Ecclesiae  sanctae  fuerunt,  neo 
noster  Comes  impedivit  Oldegarjum,  nec  pessimis  illis  viris  voluit  umquam  auxilium 
praestare):  convenit  iste  soliis  Hispanus  ad  sanctum  Claromontanum  concilium;  quem 
gratitudinis  causa  et  gratanfer  rece|Jit  eum  Innocentius  et  honoribus  cumulatum  di- 
mibit.y  Esp.  Sagr.,  xxix,  498-499.  Cf.  xx,  509-522. 


CÓDIGO    DE    LOS   USAJES    DE    BARCELONA.  85 


n. 


CüDIOÜ  DE  LOS  USAJES  DE  BARCELONA. 
ESTUDIO  CRÍTICO. 


Antiquiores  Bardiinonensmm  leges,  qxias  vrdgus  Usaticos  ap- 
pellat:  T¿il  es  el  título  que  dieron  á  este  Código  consuetudinario, 
el  más  antiguo  de  Occidente  (1),  los  célebres  jurisconsultos  Jaime 
de  Montjuich,  Jaime  y  Guillermo  de  A'allseca  y  Jaime  Galicio, 
cuya  edición,  nutrida  de  copiosos  comentarios,  se  publicó  en 
Barcelona  el  7  de  Abril  de  1544,  en  el  establecimiento  tipográfico 
del  impresor  provenzal  Garlos  Amorós,  á  expensas  de  Rafael 
Dauder  y  Jaime  Laceras,  libreros  de  Barcelona.  Los  eruditos  y 
voluminosos  comentarios  del  insigne  Jaime  Marquilles,  el  fa- 
moso jurisconsulto  barcelonés,  vicecanciller  del  Rey  D.  Martín, 
el  Humano,  habían  visto  la  luz  treinta  y  nueve  años  antes  en  la 
magnifica  edición  gótica  que  termina  con  estas  líneas:  Insigne 
hoc  atque  preciarían  opus,  commentariura  Jacohi  de  Marquilles 
preshyteri  super  Usaticis  barchinone  vigilante  cura  et  diligentia 
emendahim  ,  revisiimqiie  iussu  et  impensis  magnifici  JoJiannis 
andree  Riquer  legum  doctoris  et  Judiéis  Regie  curie  et  de  Regio 
consilio:  Impressuní  harchinone  per  JoJiannem  luschner  alama- 
niim  felici  numini  Expliciturn  est.  Anno  domini  M°.  d.  quinto, 
séptima  die  Mensis  septemhris. 

Además  de  estas  colecciones,  que  gozan  la  reputación  de  clási- 
cas, tanto  por  la  escrupulosa  corrección  de  los  textos  legales  como 
por  el  gran  valor  jurídico  de  sus  comentarios,  he  tenido  ala  vista 
para  depurar  el  texto  del  Código  varios  ejemplares  manuscritos 
que  se  conservan  en  el  Real  y  General  Archivo  de  la  Corona  de 


(1)  Los  benedictinos  de  la  congregación  de  Saint-Maur,  en  su  Art  (le  vérifier  les  da- 
tes, lo  encomian  diciendo  que  es  «!a  compilación  sistemática  íntegra  de  usos  más  anti- 
gua y  auténtica  que  se  conoce.» 


86  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Aragón.  Procede  el  uno  del  archivo  de  la  Antigua  Generalidad  ó 
Diputación  de  Cataluña:  y  los  otros  de  la  biblioteca  riquísima 
del  ex-monasterio  de  Ripoll. 

Descuella  entre  lodos  ellos,  así  por  el  valor  y  precio  de  su  an- 
tigüedad como  por  la  corrección  del  texto,  el  códice  señalado  con 
el  número  38.  Es  de  pergamino,  en  folio  mayor,  á  dos  columnas. 
Encabézalo  una  viñeta  que  representa  al  conde  Ramón  Beren- 
guer  el  Viejo,  sentado  en  troiio  de  majestad,  ciñendo  la  corona, 
empuñando  con  la  diestra  el  cetro,  y  manteniendo  con  la  izquier- 
da una  espada,  que  pasando perpendicularmente  por  entre  ambas 
rodillas  se  apoya  en  el  suelo.  Hácele  sombra  un  dosel,  donde 
campea  el  escudo  de  Cataluña;  y  al  uno  y  al  otro  lado  del  legis- 
lador se  apiñan  prelados  y  magnates,  armados  estos  de  punta  en 
blanco  y  más  cerca  del  ceiro.  En  la  viñeta,  por  cierto  muy  tosca, 
brillan  los  colores  encarnado,  azul  y  amarillo  claro.  Floreada  so 
muestra  la  letra  maijúscula  capital,  y  de  mayor  tamaño  que  las 
dos  siguientes,  en  tanto  que  las  restantes  iniciales  del  códice  son 
sencillísimas.  Debajo  de  la  orla  inferior  de  esta  primera  página, 
destácase  de  color  amarillo  un  escudo  sostenido  por  dos  grifos 
alados,  con  la  divisa,  ó  salulición  angélica,  repartida  en  tres  tar- 
jas, ó  cartelas:  Avemaria  gratia 'plena.  Dominiistecum.  Benedicta 
tu  in  mulieribus  (I). 

Este  códice  en  su  origen,  sólo  debió  conslar.de  95  folios  escri- 
tos; los  cuales  comprenden  el  código  de  los  Usajes  desde  el  folio  1 .° 
al  II  vuelto.  En  el  12  empiezan  las  constituciones  de  paz  y  tregua, 
leyéndose  en  la  parte  superior  de  la  página  una  nota  escrita  con 
letra  del  siglo  pasado,  que  dice:  aFins  asi  son  continuáis  J.'^s  Usal- 
f/es  de  Barcelona,  qui  son  los  matexos  que  son  commentais  per  Ja^- 
me  de  Monjuicli,  Jaume  y  Guillem  de  Vallseca  y  Jaume  Callicio, 
que  son  impresos  ea  un  volumen  ab  titol  de  ANTIQüIORES  BAR- 
ClNONENSlüM  LEGES.y>  En  el  folio  20  empiezan  las  Costum- 
bres llamadas  de  Pedro  Albert,  que  terminan  en  el  32,  donde  so- 
breviene un  tratado  acerca  de  los  desafíos,  que  concluye  en  el  35 
vuelto;  siguiendo  luego  una  copia  del  famoso  privilegio  titulado 


(l)    Dalmaciode  Cartellá,  de  cuya- noble  familia  es  la  divisa,  fué  abad  de  Ripoll  á 
principios  del  siglo  xv. 


CÓDIGO    ÜE    LOS    USAJES    DE    BARCELONA.  87 

Rocognoverunt  proceres;  y  (iiuilincute,  desde  ol  folio  41  ;il  95,  una 
serie  de  Gonsülucioiics  de  paz  y  tregua. 

De  esle  Villimo  en  adelante,  ya  desmerece  mucho  el  códice,  no- 
tándose muy  marcada  inferioridad  en  el  pergamino  y  mayor  des- 
cuido en  la  letra,  cuyas  iniciales,  no  obstante,  están  escritas  con 
tinta  encarnada.  Al  llegar  al  folio  117  encuéntrase  una  línea  que 
dice:  Finito  libro,  sit  laus,  rjloria^  christo.i> 

La  detenida  inspección  de  este  códice,  manifiesta  que  primero 
se  escribió  hasta  el  folio  95;  pocos  años  después  del  95  al  117  y 
posteriormente  de  este  al  121.  Van  añadidas,  ó  interpoladas  va- 
rias constituciones,  que  al  cabo  de  algún  tiempo  debieron  aña- 
dirse aprovechando  los  folios  que  habían  quedado  en  blanco.  Des- 
pués del  último  documento,  el  cual  es  la  copia  en  latín,  dictada 
por  Fernando  de  Antequera  en  1413,  léese:  aFinitolyhro  syt  Imts 
et  gloria  Christo.  Amen  dyco  hohys.y> 

Examinado  este  códice  atentamente,  resulta  pertenecer,  en 
cuanto  al  fragmento  comprendido  entre  el  folio  1.°  y  el  117  al  si- 
glo xiv;  del  folio  117  al  121  á  últimos  del  mismo  siglo  y  lo  res- 
tante que  está  sin  foliar  al  primer  tercio   del  siglo  xv. 

Muchos  han  sido  los  jurisconsultos  catalanes  que  en  diferentes 
siglos  han  escrito  comentarios  á  los  Usajes  de  Barcelona.  Los  más 
ilustres  son:  Vidal  de  Ganyelles,  Pedro  Albert  y  Guillermo  Botet 
en  el  siglo  xiii;  Jaime  de  Montjuich,  Jaime  y  Guillermo  de  Vall- 
seca,  Narciso  de  San  Dionís,  Pedro  Despens,  Pedro  Terré,  Ber- 
nardo de  Geva,  Guillermo  Domenech ,  Jaime  Monells ,  Jaime 
Cardó,  Jaime  Matheu,  Jaime  Calvet,  Raimundo  de  Área,  Beren- 
gucr  Vives  y  Bernardo  de  Montjuich,  en  el  siglo  xiv;  Jaime  Ca- 
llís,  Guillermo  Prepósito  ó  Despaborde,  Juan  de  Socarráis,  Bc- 
renguer  de  Monrabá,  Tomás  Mieres,  Jaime  Marquilles  y  Espera 
en  Dios  Cardona,  en  el  siglo  xv;  Luís  de  Peguera,  Antonio  Oliva, 
Berenguer  Gualbes  y  Jerónimo  Dalmau,  en  el  siglo  xvi;  Juan 
Pedro  Fontanella,  Felipe  Vinyes,  Antonio  Vilaplana,  en  el  si- 
glo xvii;  Pedro  Vives  y  Bienvenido  Oliver,  en  el  xix. 


88  BOLETÍN    HE    LA    REAL    ACADENHA    DE    LA    HISTORL\. 

Usaje  Cum  Dominus. 

Constitait  et  misil  iisaticos. 

Si  se  examinan  las  ordenaciones  contenidas  en  el  Código  de  los 
Usajes,  échase  de  ver  que  concurrieron  á  su  formación  varios  y 
muy  diversos  elementos,  pues  al  paso  que  algunos  se  reducen  á 
una  mera  sanción  de  los  más  antiguos  usos  y  costumbres  del 
territorio,  otros  recuerdan  la  jurisprudencia  establecida  por  los 
tribunales;  otros  copian  la  legislación  visigoda,  aunque  sea  mo- 
dificándola algún  tanto  para  atenuar  su  rigor,  como  aconteció 
con  los  usajes  S¿  qiiis  se  mi^erit  en  agitayt,  Si  quis  cdiquem  per- 
cusserit  etc.;  y  textualmente  lo  declara  el  titulado  Judicia  enrice; 
otros  la  legislación  canónica,  por  ejemplo,  el  usaje  Una  quceque 
gens,  copiado  de  los  cánones  Mos,  Consuetudo,  con  su  párrafo 
postrero  tomado  del  canon  Privilegia ,  el  usaje  Nnlliis  iinquam 
sacado  del  canon  Nullus,  el  usaje  Per  scripUiram^  trascripción 
del  canon  Priescripta,  el  usaje  Accusatores,  simple  reproducción 
del  canon  del  mismo  titulo,  etc.;  otros,  por  último,  recuerdan 
las  prescripciones  del  Derecho  romano,  como  el  ya  citado  que 
empieza  con  las  palabras  Una  quceque  gens,  trascrito  del  §  6  del 
título  II,  libro  I  de  las  Instituciones  de  Justiniano. 

Sin  embargo,  dióse  á  estas  leyes  el  nombre  de  Usatges  porque 
la  mayor  parte  de  ellas  se  habían  sacado  de  los  usos  y  costumbres 
del  territorio.  Llamáronse  Usatges  de  Barcelona^  ya  por  titularse 
así  el  condado,  ya  por  ser  la  ciudad  metrópoli  del  mismo. 

Tanto  en  las  leyes  de  orden  político  como  en  las  concernientes 
al  derecho  civil  privado  se  tenía  muy  en  cuenta  el  elemento  ju- 
rídico consuetudinario.  Las  antiguas  Consiteludines  tan  frecuen- 
temente invocadas  por  las  corporaciones  políticas  y  administrati- 
vas y  por  los  jurisconsultos  del  Principado,  sacáronse  casi  todas 
de  los  Usajes;  y  son  una  aclaración  de  los  mismos,  formando  por 
consiguiente  un  cuerpo  de  doctrina  importantísimo  para  fijar  la 
interpretación  que  se  les  dio  en  la  prííctica.  De  ellas  hay  14  ti- 
tuladas simplemente  Costximhres  de  Cataluña  y  43  tituladas: 
Costumbres  generales  de  Cataluña  entre  los  señores  y  los  vasallos, 
recopiladas  á  mediados  del  siglo  xiii  ¡lor  Pedro  Albert,  canónigo 


CÓDKIO  DE  LOS  USAJES  DE  BARCELONA.  89 

de  Barcelona  y  sabiamente  comentadas  por  el  celebro  jnriscon- 
sullo  Juan  Socari-ats,  cuya  ol)ra  lleva  el  mismo  título  y  es  precio- 
sísimo tratado  de  derecho  feudal.  Otras  nueve  escribió  Pedro 
Albcrt,  alusivo  A  los  casos  en  los  cuales  no  estaba  obligado  el 
señor  á  devolver  á  su  vasallo  el  castillo  ó  feudo  del  cual  hubiese 
tomado  posesión.  Ignórase  el  origen  de  estas  costumbres;  pero  es 
lo  probalde  que  esta  incertidumbrc  nazca  precisamente  de  su 
carácter  especial;  pues  se  requiere  una  pr¿íctica  larga  y  asidua  ;í 
la  vez,  una  prolongada  serie  de  hechos  uniformes,  una  constante 
igualdad  de  criterio  jurídico  para  que  la  costumbre,  formando  ju- 
risprudencia, llegue  á  tener  fuerza  legislativa  en  la  forma  que  ex- 
presan las  leyes  si  de  interpretatione  (37  ff.  de  legih.]  y  qxtod  si 
nolit,  (31,  §  qiiia  assidna,  ff.  de  ccdil.  edict.)  Y  que  las  menciona- 
das Costumbres  se  hallan  en  este  caso  es  indudable ,  desde  que 
Juan  II  en  las  Cortes  de  Monzón  de  1470  declaró  que  en  Cata- 
luña se  guarda])a  estas  Costumbres  por  observación  y  práctica 
antigua  é  inconcusa. 

Existían  además  otras  muchas  costumbres ,  dotadas  de  fuerza 
legal  en  varias  comarcas ,  ciudades  y  villas-  de  Cataluña ,  como 
las  reunidas  en  la  famosa  compilación  titulada:  Recognovenmt 
proceres.  Estas  son  las  primeras  palabras  escritas  en  ,el  privilegio 
que  Pedro  el  Grande  otorgó  á  Barcelona,  aprobando  y  sancio- 
nando sus  más  antiguas  costumbres  jurídicas,  á  tenor  de  la  enu- 
meración que  de  ellas  le  hicieron  los  proceres  ó  prohombres  de  la 
capital  del  condado. 

Usaje  Haec  sunt  usualia. 

Assencione  et  exclcanatione  illorum  terre  magnat\im. 

En  el  tercer  usaje,  que  es  el  titulado  Cum  Dominus,  se  expli- 
can las  razones  que  impulsaron  á  D.  Ramón  Berenguer  el  Viejo 
á  hacer  esta  compilación;  y  en  el  siguiente,  que  empieza  con  las 
palabras  Haec  sunt  usualia ,  se  declara  cómo  el  Conde  y  su  es- 
posa Almodis  dictaron  estas  leyes  con  el  consentimiento  y  acuerdo 
de  los  magnates  de  su  corte,  entre  los  cuales  sólo  se  contaban  los 
vizcondes,  valvasores,  barones  y  otros  nobles  hasta  los  simples 
caballeros  exclusive.  Así  lo  entienden  Guillermo  de  Vallseca  y 


í)0  ijoletín  de  la  heal  academia  de  la  historia. 

Galicio  sobre  este  usaje,  y  en  los  titulados:  Si  a  vicecomitihus  y 
Ex  Magnatihus.  Y  á  la  verdad,  no  parece  que  en  aquella  asam- 
blea de  proceres  interviniesen  los  prelados,  ni  los  represeniantes 
de  las  comunidades  religiosas,  ni  los  síndicos  de  las  ciudades  y 
villas.  Por  esta  razón,  ya  hizo  notar  Vallseca  en  sus  comentarios 
al  usaje  Judicium  in  Curia  datum,  que  hablando  con  propiedad 
no  puede  decirse  que  hubiese  entonces  Cortes  catalanas.  Sin 
embargo,  claro  está  que  ese  aristocrcático  Parlamento  fué  el  pre- 
cedente histórico,  el  esbozo  y  el  fundamento  de  la  grande  insti- 
tución política,  que,  más  adelante,  debía  tener  una  influencia 
trascendentalísima  en  los  asuntos  políticos  y  en  el  carácter  jurí- 
dico y  social  del  antiguo  Principado.  En  el  proemio  de  la  cons- 
lilución  de  Paz  y  Tregua  titulada:  De  las  divináis,  dictada  por 
Alfonso  I  el  Casto,  cu  Fontdaldara,  en  1173,  léese  que  el  monarca 
tuvo  allí  consejo  y  deliberación  con  varios  y  muy  distinguidos 
representantes  del  brazo  militar  y  eclesiástico.  En  1218,  Jaime 
el  Conquistador  dictó  en  Yilafranca  otra  constitución  de  Paz  y 
Tregua,  que  empieza  con  las  palabras:  Á  honor  de  Deu  omnipo- 
tent;  de  cuyo  texto  resulla  que  se  formó  con  deliberación  y  con- 
sejo de  varios  magnates  que  allí  se  citan  «y  de  muchos  otros  no- 
bles de  Aragón  y  Cataluña  y  de  ciudades  y  villas. »  Desde 
entonces  siempre  estuvo  representado  el  brazo  real  ó  popular  en 
las  asambleas  políticas  de  Cataluña;  pues  cesó  la  ficción  legal 
que  atrilmía  al  Trono  la  representación  de  las  villas  y  ciudades 
de  realengo,  y  que  no  quedó  subsistente  sino  para  las  que  se 
hallaban  sujetas  al  dominio  feudal,  por  cuanto  éste  era  el  que 
confería  á  sus  respectivos  señores  jurisdiccionales  el  derecho  á 
sentarse  en  los  escaños  de  la  Asamblea.  Finalmente,  Pedro  el 
Grande,  hijo  é  inmediato  sucesor  de  Jaime  I,  otorgó  solemne- 
mente á  sus  pueblos  el  derecho  de  asistir  á  las  Cortes  y  tomar 
parte  en  sus  deliberaciones  y  acuerdos,  dictando  en  las  de  Bar- 
celona de  1283  la  famosa  Constitución  Uxa  vedada  lo  any;  con  la 
que  se  obligó  por  sí  y  por  sus  sucesores  á  celebrar  una  vez  al 
año  en  Cataluña  Cortes  generales,  en  las  cuales  con  asistencia  de 
los  prelados,  religiosos,  baj'ones,  caballeros,  ciudadanos  y  hom- 
bres de  villax.  debía  tratarse  del  buen  estado  y  reformarion  de  la 
tierra. 


CÜDUiO  DE  LOS  USAJKS  DE  BAHCELONA.  91 

Eli  la  remota  época  délos  Usajes  no  se  había  fijado  aún  ninguna 
forma  de  legislación  ni  cuándo  debían  reunirse  los  representan- 
tes de  la  nación  para  tratar  con  el  Trono  de  los  altos  intereses 
■confiados  á  su  poder  soberano. 

Usaje  Cives  autem. 

Cives  autem   et   hurgenses. 

Entendíase  por  ciudadano,  según  el  derecho  foral  de  Cataluña, 
cil  que  había  nacido  en  la  misma  ciudad,  con  la  particularidad 
de  que  el  que  hal)ía  nacido  fuera  de  ella,  do  padres  barceloneses, 
se  consideraba  también  ciudadano  de  Barcelona.  Si  una  mujer 
del  cani[)0  alumbraba  en  esta  ciudad  y  bautizaba  en  ella  á  su 
hijo,  este  no  disfrutaba  por  ello  de  la  consideración  y  prerogati- 
vas  de  ciudadano,  mientras  que  el  forastero  que  entraba  en  un 
convento  situado  intra-muros  se  hacía  ciudadano  por  adopción. 
Llamábase  propiamente  de  este  modo  á  los  que  habitaban  siem- 
pre la  misma  ciudad;  y  burgueses,  de  la  voz  latina  hurgus,  á  los 
que  moraban  en  los  ai-rabales  inmediatos  á  la  misma,  llevando 
vida  militar  y  honorable.  Estos  gozaban  de  los  mismos  privile- 
gios que  los  primeros.  Por  el  derecho  de  los  Usajes  el  ciudadano 
se  diferenciaba  del  caballero  en  que  no  podía  tener  feudo;  pero 
érale  lícito  entrar  en  la  milicia,  sin  que  por  esto  perdiese  sus 
derechos  y  prerogativas  de  ciudadano,  con  tal  que  no  tuviese 
arriba  de  30  años  y  que  se  hallase  con  vigor  bastante  para  ir  á 
iiuestes  y  cabalgadas,  conforme  lo  previene  el  usaje  Miles. 

Es  sabido  que  entre  estos  ciudadanos  había  algunos  que  se  de- 
signaban con  el  especial  epíteto  de  honrados.'En  su  acepción  propia 
y  característica  el  ciudadano  honrado,  civis  honoratus,  era  el  que 
poseía  honores,  es  decir,  no  precisamente  distinciones  nobilia- 
rias, sino  propiedades  inmuebles  ,  como  lo  definía  el  derecho 
feudal.  Eran  los  hijos  del  trabajo  intelectual,  industrioso  y  lu- 
crativo, que  no  habiendo  podido  ennoblecerse  por  causa  de  la 
misma  profesión  en  la  cual  se  habían  señalado,  se  distinguían 
por  su  opulencia,  á  título  de  propietarios,  tanto  ó  m.ás  que  los 
hombres  de  ilustre  prosapia,  pero  sin  escudo  de  armas  ni  ascen- 
dencia militar. 


92  boletín  de  la.  real  acade.ml\  de  la  historia. 

Todos  los  ciudadanos  y  burgueses  se  dividían  en  tres  órdenes:- 
los  mayores,  que  eran  los  que  no  ejercían  artes  mecánicas,  sien- 
do por  este  motivo  los  más  estimados;  los  medianos,  que  eran  los 
que  vivian  dedicados  al  comercio,  y  los  menores,  que  eran  los 
menestrales.  Pues  bien,  los  mayores  eran  los  que  tenían  el  tí- 
tulo de  honrados,  extensivo  también  á  los  burgueses  de  las  villas. 
Las  diferencias  que  había  entre  ellos  locante  á  sus  prerogativas^ 
procedían  naturalmente  de  las  que  pudiese  haber  éntrelos  varios 
privilegios  concedidos  á  las  respectivas  localidades.  Por  lo  demás, 
no  existía  entre  ellos  distinción  ni  privilegio  de  ninguna  clase,, 
gozando  todos  por  igual,  no  solamente  de  los  privilegios  milita- 
res contenidos  en  los  usajes,  menos  el  de  votar  en  las  Cortes  con 
el  brazo  militar,  sino  también- de  los  que  más  adelante  les  fueron 
concediendo  los  príncipes,  para  lo  cual  les  bastaba  tener  su  do- 
micilio en  la  población  á  cuyas  exenciones  ó  prerogativas  preten- 
dían tener  derecho. 

Usaje  De  rustico  interfecto. 

RllStiCKS. 

Los  villanos  se  llamaban  así  porque  vivían  adscritos  á  la  villa 
ó  predio  rústico,  sujetos  á  una  condición  vil  y  servil,  y  entrando- 
en  el  comercio  como  parte  integrante  del  fundo.  Del  mismo  modo- 
so habían  formado  las  palabras  rusticus  y  page)isis  de  las  voces 
latinas  mts  y  pagus,  así  como  de  campo  se  dijo  campesino  y  de 
aldea  aldeano.  Alarias  eran  sus  clases,  y  su  condición,  más  ó  me- 
nos dura  según  los  lugares.  Llamábanse  en  Galaluña  liomhres  de 
remensa,  de  la  voz  rcdimentia  con  la  cual  se  designaba  en  el  bajo 
latín  de  la  época  un  tributo  anual  que  pagaban  los  hombres  de- 
condición inferior  á  los  poderosos  por  la  tutela  y  protección  que- 
les  otorgaban.  El  hombre  libre  podía  constituirse  adscripticio  por 
estipulación  prestando  homenaje  á  algún  noble,  el  cual  se  com- 
prometía  por  su  parte  á  ayudarle  y  guardarle  de  sus  enemigos  y 
en  cuanto  pnidiese  defenderle  en  derecho,  como  es  de  ver  en  la 
Costumbre  33.^  de  P.  Albert.  Si  el  padre  que  se  constituía  hom- 
bre sólido  de  un  noble  porque  le  dio  en  feudo  alguna  cosa  y  con 
la  mira  de  que  le  defendiese  y  prolegiese  era  caballero,  los  hijos- 


CÚDIOO  DE  LOS  rSAJKS  DE  BARnELONA.  93 

110  estaban  obligados  á  prestar  homenaje,  ni  eran  hombres  do 
aquel  magnate,  ;í  menos  ijue  tuviesen  hi  heredad  paterna.  Si  el 
padre  era  rústico  y  pertenecía  á  la  antigua  Cataluña,  como  se  de- 
nominó míís  adelante  el  territorio  compuesto  de  todo  el  obispado 
-de  Gerona  y  casi  la  mitad  del  de  Barcelona,  que  era  la  parte  de 
oriente  del  río  Llobregat  y  la  mayor  parte  del  obispado  de  Vich, 
estaba  tan  estrechamente  obligado  ;í  su  señor  que  sus  hijos  eran 
hombres  de  éste;  de  manera  que  no  podían  contraer  matrimonio 
ni  salir  de  los  mansos  sin  redimirse,  teniendo  les  señores  en  el 
primer  caso  la  cuarta  parte  del  laudemio  de  esponsalicio,  y  en  el 
segundo  el  derecho  de  exigirles  por  un  año  y  un  día  la  redención. 
Pero  en  la  Nueva  Cataluña,  que  era  la  situada  al  occidente  del 
I.lobregat,  ni  los  hijos  de  caballero  ni  los  hijos  de  labrador  eran 
hombres  de  los  magnates  de  sus  padres,  sino  en  el  caso  de  haber 
-aceptado  la  herencia  feudal,  pudiendo  todos  emigrar  cuando  qui- 
siesen, dejando  las  heredades.  fCost.  35  de  Albert.) 

La  remensa  personal  y  los  demás  titulados  malos  usos  que  de 
ella  derivaron  fueron  totalmente  abolidos  por  la  sentencia  arbi- 
tral que  dictó  en  Guadalupe  en  el  año  1486  el  rey  D.  Fernando  11 
de  Aragón,  V  de  Castilla. 

Usaje  Captus  a  curia. 

Curia, 

En  Cataluña  usaban  los  legisladores  y  los  juristas  la  palabra 
■Curia  en  muchas  y  muy  distintas  acepciones,  pues  así  denotaba 
el  tribunal  de  juez  ordinario,  como  la  audiencia  ó  Corte  suprema 
del  Príncipe,  ó  las  Cortes  generales  de  Cataluña  que  nunca  se  de- 
signaban en  plural  por  los  documentos  catalanes  de  aquellos 
siglos  y  no  rara  vez  con  el  dictado  de  Consilium  genérale. 

Por  esto  al  comentar  Montjuich,  G.  de  Vallseca  y  Calicio  el 
usaje  jwcíicúím  in  curia  datum  dicen  que  la  palabra  Curia  debe 
en  él  tomarse  en  la  acepción  de  tribunal,  significando  el  consejo 
de  personas  sabias  y  esclarecidas,  con  cuya  ilustrada  coopera- 
ción solía  el  Príncipe  dictar  sus  sentencias,  las  cuales  eran  en 
tales  casos  inapelables. 


94  boletín    de    la    HEAL    ACADEMrA    DE    LA    HISTORIA. 

Usaje  Magnates. 

Magnates. 

Designábase  solamente  con  este  nombre  á  los  vizcondes,  valva- 
sores, barones  y  otros  nobles  basta  los  simples  caballeros  exclu- 
sive. Así  lo  declaran  Guillermo  de  Yallseca  y  Galicio  en  los  usa- 
jes Haec  sunt  usiialia^  Si  a  Vice-coniitibus  y  Ex  Magnatibus. 

,  Apprehenderint  potestatem. 

Para  que  el  vasallo  entregase  la  potestad,  había  de  sacar  todas 
sus  cosas  del  castillo  y  su  término,  dejándolo  libre  á  su  señor 
.sin  retención  ni  contradicción  alguna,  entrando  luego  éste  ó  un 
apoderado  sayo  en  la  fortaleza,  los  cuales  hacían  subir  á  lo  alto 
de  la  torre  á  algunos  hombres  de  armas  que  pronunciaban  gri- 
tando en  todas  direcciones  el  nombre  del  señor.  Hecha  este  cere- 
monia no  podía  el  vasallo  permanecer  en  el  término  del  castilla 
sin  la  anuencia  del  señor,  incurriendo  de  lo  contrario  en  el  cri- 
men de  felonía  (1)  que  las  leyes  feudales  de  la  tierra  denomina- 
ban hausía.  Una  vez  recibida  la  potestad,  el  señor  podía  poner 
en  el  castillo  los  guardas  que  juzgase  necesarios,  en  la  inteligen- 
cia de  que  si  el  vasallo  ú  otro  en  su  nombre  trataban  de  impe- 
dirlo ó  de  mudarlo  dentro  de  los  diez  días  no  podia  decirse  que 
se  hubiese  entregado  plena  potestad,  en  cuyo  caso  empezaba  tan 
sólo  á  correr  dicho  término  cuando  hubiese  cesado  la  opo- 
sición (2). 

Lo  mismo  acontecía  cuando  teniendo  el  señor  la  potestad,  su 
vasallo  ó  alguno  de  su  familia,  con  armas  ó  sin  ellas,  estaban  ó 
entraban  en  el  término  del  castillo  sin  anuencia  del  señor,  ó  si 
alguno  de  ellos  tomaba  alguna  cosa  de  las  rentas  del  castillo  6 
aceptaba  algún  servicio  gratuito  ó  forzado  de  los  hombres  del 
mismo  (3).  El  vasallo  debía  reintegrar  todos  los  gastos  hechos  por 


(1)    Cosdmbi-c  i.»  de  1'.  Albert. 
{'2)    Cosí.  3.'  id. 
(3)    Cost.  8.»  id. 


CÓDIGO  DE  LOS  USAJKS  DE  n.vnin; LONA.  95 

el  sei'or  en  la  toma  de  la  poleslad,  pudieiido  éste  i-echimai-  su  re- 
sarcimiento antes  de  restituir  el  castillo,  á  no  ser  «¡ue  so  los  hu- 
biese cobrado  con  los  bienes  muebles  del  vasallo  mientras  se  ha- 
lló en  la  fortaleza.  En  caso  do  discusión  tocante  á  la  cuantía  y 
procedencia  de  estos  gastos,  se  estimaban  arbitralmente  (l)..Diez 
días  después  de  recibida  la  plena  potestad,  debía  el  señor  resti- 
tuir el  castillo  al  vasallo  si  éste  le  requería  al  efecto;  pero  antes 
podía  exigir  de  él  que  le  prestase  homenaje  si  aún  no  lo  había 
hecho,  que  le  diese  la  seguridad  de  que  ni  él  ni  los  suyos  habían 
de  ofender  á  sus  guardas  y  que  le  firmase  de  derecho,  abonándo- 
le en  cambio  todos  los  daños  que  con  su  gente  hubiese  tal  vez 
causado  en  el  castillo  ó  en  su  término  [2].  Guando  el  señor  einpu- 
raba  un  feudo  ó  tomaba  potestad  de  un  castillo  por  falta  fie  servi- 
cio y  deueg¿ición  de  estar  á  derecho,  no  estaba  obligado  á  la  res- 
titución ni  á  devolver  los  frutos  que  hubiese  percibido  hasta  (]ue 
el  vasallo  hubiese  resarcido  duplicado  el  daño  y  las  costas  hechas 
por  el  señor  á  consecuencia  de  su  relieldía  (3). 

Vel  emparaoerint  eis  suuní  fevum. 

Jaime  de  Montjuictíen  sus  comentarios  sobre  este  Usaje,  dis- 
tingue en  el  código  de  Cataluña  dos  clases  de  empava^  llamada 
real  la  una  y  verbal  la  otra.  La  primera  producía  el  efecto  de  pri- 
var completamente  al  poseedor  de  la  finca  feudal,  confiscándola 
el  señor  en  su  provecho;  y  á  ella  se  refieren  este  Usaje  y  el  titu- 
lado Si  quis  suum  feíidum.  Por  la  segunda  sólo  se  privaba  al  po- 
seedor de  sacar  objeto  alguno  de  la  finca,  mas  sin  impedirle  que 
entrase  en  ella  ó  saliese  de  la  misma  cuando  bien  le  pareciese, 
que  es  el  caso  á  que  se  refiere  el  Usaje  Rusticus  si  desempara- 
verit. 

Staticani. 

Galicio  dice  aquí  que  había  en  Cataluña  muchos  castillos,  en 
los  cuales,  el  castellano  ó  carian  tenía  el  derecho  de  estancia  en 


(1)  Cost.  9.'  id. 

(2)  Cosí.  7.»  id. 

(3)  Cost.  de  Cat.  la  2.' 


96  boletín  de  la  real  acade.mla  de  la  historia. 

sus  edificios  y  en  su  torre;  y  el  señor  gozaba  también  del  mismo 
derecho  en  la  torre  y  eii  los  edificios  del  castillo. 

Usaje  Gastlani. 

Castlani. 

Hablase  muy  á  menudo  en  los  Usajes  y  en  las  Costumbres  de 
Cataluña  de  los  castlanes  ó  carlanes]  acerca  délos  cuales,  bastará 
decir,  que  estos  títulos  eran  meramente  feudales ,  de  modo  que 
sólo  se  obtenían  por  ellos  los  privilegios  derivados  de  los  honores 
ó  propiedades  que  poseían;  pero  no  las  preeminencias  y  preroga- 
tivas  de  la  clase  militar,  en  atención  á  que  el  ejercicio  de  tales 
cargos  no  era  más  que  un  acto  de  vasallaje.  En  resolución,  el  car- 
lán  no  era  sino  un  vasallo  que  tenía  el  castillo  en  feudo  de  otro 
señor.  Todo  carian,  dice  Socarrats,  era  vasallo;  pero  no  todo  va- 
sallo ei-a  carian. 

Usaje  Qui  fallierit. 

Hostes  vel  cavalcatas.  _ 

Hueste  [hostis]  en  nuestras  leyes  feudales  era  el  ayuda  que 
debian  prestar  los  vasallos  á  sus  señores  cuando  la  Potestad,  esto 
es,  el  Príncipe  los  llamaba  á  la  guerra,  de  conformidad  con  lo  es- 
tablecido en  los  Usajes  Alium  namque  y  Princeps  namque.  La 
cabalgada  tenía  lugar  ,  según  los  antiguos  escritores  catalanes  , 
cuando  la  Potestad  ú  otros  señores  inferiores,  no  habiendo  aque- 
lla convocado  hueste  general,  pedían  ayuda  á  sus  vasallos  para 
un  caso  de  guerra  particular  y  determinado,  v.  gr.,  para  redu- 
cir á  la  obediencia  á  un  feudatario  rebelde.  Distinguíase,  pues, 
la  hueste  de  la  cabalgada,  en  dos  atribuciones.  La  primera  solo 
podía  convocarla  el  jefe  del  Estado,  al  paso  que  todo  señor  podía 
llamar  para  la  segunda  á  sus  vasallos.  La  hueste  se  convocaba 
para  un  hecho  y  un  tiempo  indeterminados,  mientras  que  la  ca- 
balgada se  reunía  siempre  para  día  cierto  y  con  limitación  de 
tiempo. 

En  Francia  también  se  conocía  esta  diferencia  entre  la  hueste 
y  la  cabalgada,  que  llamaban  allí  Iloust  y  chevauchie. 


CÓDIGO    Dli    LOS    USAJES    DE    BAIlCELON.V.  97 

Usaje  Qui  viderit. 

Deiieficiion. 

Dicen  los  comentadores  del  derecho  feudal,  que  antes  de  con- 
cederse los  terrenos  en  plena  propiedad  en  recompensa  de  servi- 
•cios  militares  se  habían  otorgado  por  título  precario  y  luego  en 
mero  usufructo,  y  que  estas  concesiones  se  denominaban  benefi- 
cios, como  debidos  exclusivamente  á  la  liberalidad  del  Príncipe. 
Después  se  llamaron  también  feudos,  del  juramento  de  fidelidad 
que  al  señor  se  prestaba;  mas  no  desapareció  completamente  por 
esto  su  antigua  denominación. 

Usaje  Qui  solidus. 

Solidus. 

Llamábase  vasallaje  la  profesión  de  fidelidad  y  homenaje  que 
prestaba  el  vasallo  al  señor,  y  también  la  servidumbre,  depen- 
dencia ó  sujeción  que  aquel  debía  á  éste;  de  modo,  que  vasallo 
tanto  vale  como  feudatario  ó  subdito,  esto  es,  el  que  está  ligado 
con  vínculo  de  sujeción  legal  á  otro  por  razón  del  feudo.  El  feudo 
se  ha  definido:  «El  derecho  á  un  predio  ajeno  en  cuya  virtud  se 
puede  usufructuar  perpetuamente,  concedido  como  beneficio  por 
el  señor,  á  condición  de  que  el  que  lo  recibe  le  preste  fidelidad, 
servicio  militar  y  otros»  (1);  ó,  como  ha  dicho  D.  Alonso  el  Sabio: 
^Bienfecho  que  da  el  señor  á  algunt  home  porque  se  torna  su  va- 
sallo et  le  face  horaenage  de  serle  leal:  et  tomó  este  nombre  de  fe 
que  debe  siempre  guardar  el  vasallo  al  señor»  (2). 

Significaba,  pues,  la  palabra  feudo  el  servicio  feudal  que  se 
prestaba  en  razón  de  beneficio,  y  también  el  mismo  predio  conce- 
dido en  esta  manera. 

Encuéntrase  con  frecuencia  en  las  leyes  feudales  la  palabra 
hombre,  que  genéricamente  designaba  al  que  por  cualquiera  ra- 
zón estaba  sujeto  al  dominio  de  otro;  como  los  vasallos  que  por 


(1)  Cuyacio  en  el  libr.  i  de  los  Feudos,  tít.  i. 

(2)  Códiffo  de  las  Siete  Partidas,  ley  1.»,  tit.  xxvi,  part.  1.» 


08  nOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

razón  de  sus  feudos  debían  A  sus  señores  fidelidad  y  servicios, 
prometidos  especialmente  en  el  acto  que  por  la  misma  razón  se 
llamaba  homenaje. 

Este  podía  ser  de  dos  maneras,  á  saber:  sólido  y  no  sólido.  El 
primero  era  de  tal  naturaleza,  que  no  exceptuaba  á  nadie,  bien 
(|ue  siempre  se  entendía  exceptuado  el  que  tenía  la  jurisdicción 
general,  de  lo  cual  se  deduce  que  no  podía  prestarse  á  dos  seño- 
res á  un  tiempo.  El  segundo  tenía  lugar  cuando  aquel  que  lo  pro- 
metía exceptuaba  á  alguno,  ya  por  haberlo  prestado  anterior- 
mente ;i  otro  como  hombre  sólido,  ya  por  reservarse  el  derecho 
de  elegir  otro  señor  ó  por  no  querer  encontrarse  en  el  caso  de 
hacer  armas  contra  una  persona  determinada  (1).  Estos  hombres 
sólidos  se  llamaban  también  ligios. 

Usaje  Si  quis  in  Curia. 

Bausia. 

Socarrats,  en  sus  comentarios  á  la  Gost.  i.''  de  Pedro  Albert, 
dice,  que  la  palabra  hausia  se  deriva  de  hcnisio  i\  ósculo,  porque 
el  señor  y  el  vasallo,  en  el  acto  de  pi-estar  éste  fidelidad  y  home- 
naje, se  besan  recíprocamente.  Este  crimen  se  castigaba  según  su 
gravedad  con  diferentes  penas,  como  es  de  ver  en  los  mismos 
Usajes.  Era  sinónimo  de  traición;  mas  no  totalmente.  Esta  era 
el  género  y  aquel  la  especie;  porque  si  bien  toda'  bausia  era 
traición,  en  cambio  sólo  ciertas  y  determinadas  traiciones  se  ca- 
lificaban de  ]:)ausías,  siendo  estas  las  felonías  que  cometía  el  va- 
sallo en  detrimento  del  señor. 

Usaje  Cunctum  malum. 

Sine  fatigatione  de  directo  et  sine  acuydamento. 

Dice  el  Diccionario  de  la  Real  Academia  Española,  que  desafiar 
es  retar  ó  provocar  á  pelea  ó  batalla  y  también  romper  la  fe  y 
amistad  que  se  tiene  con  otro.  En  ambas  acepciones  se  usaba  esta 
palabra  en  el  derecho  feudal  de  Cataluña  y  del  reino  de  Aragón; 

(1)    Cosí.  30  de  P.  Albert. 


CODir.O    DK    LOS    USAJES    DK    I!Ar!CEI,ONA.  Oí) 

pues  según  los  Usajes,  las  Constituciones,  las  Grónicns  y  otros 
documentos  do  aquella  época,  no  era  lícito  romper  las  hostilida- 
des con  el  par  ó  igual,  ni  con  el  señor  á  quien  se  debía  vasallaje, 
sin  que  antes  se  declarase  en  toda  forma  la  guerra,  manifestando 
en  este  último  caso  el  vasallo  que  en  virtud  de  los  agravios  que  el 
señor  le  había  inferido  se  consideraba  desligado  del  juramento 
de  fidelidad,  acto  que  tenía  el  nombro  de  desnaturalización,  por 
llamarse  naturaleza  las  relaciones  de  fidelidad  que  mediaban  en- 
tre el  señor  y  el  vasallo. 

G.  de  Vallseca,  en  sus  comentarios  á  este  Usaje,  dice  que  aquel 
que  se  creía  perjudicado  pedía  que  se  le  hiciese  justicia,  y  si  fa- 
ticaverit,  esto  es,  si  se  le  denegaba  ó  retardaba,  podía  declarar 
que  le  haría  la  guerra;  declaración  que  se  llamaba  acu^cíare  ó  /«- 
cere  acuydamentum. 

De  todo  ello  trata  extensamente  el  Código  de  las  Siete  Parti- 
das en  su  part.  iv,  tít.  xxiv.  Por  otra  parte,  en  el  lib.  i,  tít.  v,  del 
Fuero  Viejo  de  Castilla,  también  se  prohibe  matar,  herir  ó  des- 
honrar á  otro  sin  desafiarle  previamente  en  la  forma  establecid¿\ 
en  las  Cortes  de  Nájera,  que,  como  es  sabido,  se  celebraron 
en  1138  con  el  objeto  de  fijar  los  derechos  y  los  deberes  de  lo& 
fijo-dalgos,  ya  entre  sí,  ya  respecto  á  los  monarcas  ó  con  rela- 
ción á  sus  propios  vasallos. 

Usaje  Sacramenta  rustici. 

Bacalarii. 

Du  Cange,  citando  precisamente  este  Usaje,  dice  que  se  desig- 
naba con  este  nombre  á  los  rústicos  que  cultivaban  los  haccalaria, 
ó  feudos  de  los  vasallos  inferiores,  sujetos,  si  no  á  prestaciones 
personales  y  serviles,  á  algunas  otras  cargas,  como  por  ejemplo^ 
á  un  censo  determinado.  Du  Cange  hace  á  haccalaría  sinónimo 
de  vasseleria. 

Mieres,  al  comentar  el  cap.  xxii  de  las  Cortes  de  Gerona  de  1321 , 
dice  que  horderius,  según  algunos,  es  lo  mismo  que  hacallariiis, 
quasi  minor  riisticus,  en  lo  cual  coincide  con  la  interpretación  de 
Du  Cange;  pero  no  así  en  lo  que  respecta  á  la  etimología  de  la 
palabra,  pues  dice:  «rusticus  est  magister  agriculturae:  sedbor- 
derius  est  bacallarius,  quasi  minor  magister,  sive  repetitor.» 


100  BOLKTÍX    de    la    real    academia    de    la    HISTOrUA. 

Usaje  Camini. 

Pedites. 

Llamábase  hombres  de  ú  pié  á  los  plebeyos  en  contraposición  á 
los  caballeros,  como  puede  verse  en  muchísimos  documentos  ca- 
lalaues  de  la  Edad  Media. 

Usaje  Stratae  et  viae. 

Alodium. 

Alodio  —  en  catalán  alou  —  es  lo  mismo  que  predio,  esto  es,  po- 
sesión ó  herencia  que  podía  venderse  y  donarse  como  cosa  pro- 
pia, ó  en  otros  términos,  era  una  herencia  ó  propiedad  completa; 
de  modo  que  en  muchos  documentos  se  loe:  '■udodium,  sive  haere- 
ditatem.i)  Decir  que  una  finca  es  alodial  vale  tanto  como  decir 
(jue  es  inmune  de  toda  carga  y  prestación,  así  como  de  todo  ser- 
vicio real  y  personal.  Sin  embargo,  a  veces  se  usaba  esta  palabra 
como  sinónima  de  predio  en  su  acepción  más  lata  y  genérica,  de 
donde  provino  aquella  fórmula  vulgar:  de  libre  y  franco  alodio; 
por  lo  cual  se  llamaban  alodiarios,  tanto  los  propietarios  que  de 
este  modo  poseían  sus  tierras,  como  los  que  las  tenían  por  un 
señor  á  quien  dcljían  una  prestación  como  vasallos,  ó  en  calidad 
de  censatarios.  Esto  no  obstante,  no  hay  que  echar  en  olvido  que 
las  más  de  las  veces  se  toma  la  palabra  alodiario  en  su  acepción 
concreta  para  significar  la  persona  que  posee  libremenie  su  predio 
sin  depender  sino  de  Dios,  como  dicen  los  doctores,  on  contrapo- 
sición al  vas;illo  ó  feudatario,  que  por  razón  del  feudo  que  posee 
se  halla  sujeto  á  su  señor  con  arreglo  á  los  pactos  de  la  inves- 
tidura. 

Usaje  ítem  statuerunt. 

Pacem  et  Ireugam. 

En  Cataluña  deíhiían  los  autores  la  paz  y  tregua  diciendo  que 
era  «la  protección  y  defensa  úada  por  el  Príncipe,  y  según  las 
leyes  de  la  [ierra,  á  todas  las  personas  y  á  todas  sus  cosas  posei- 


CÓDir.O    DE    LOS    USAJES    DE    BARCELONA.  10 1 

das  dentro  del  Principado.  »  Tres  eran  las  clases  de  tregua  vigen- 
tes en  Cataluña:  la  que  se  acaba  de  definir,  que  era  la  legal;  la 
llamada  tregua  del  Señor ^  coniiín  á  todos  los  pueblos  cristianos  de 
la  Edad  Media,  y  la  convencional^  en  cuya  virtud  se  reconcilia- 
ban dos  enemigos,  compromelióndose  por  medio  de  contrato  á  no 
dañarse  durante  cierto  tiempo,  bajo  algunas  penas  que  se  estipu- 
laban . 

En  cumplimiento  de  este  Usaje,  todos  los  Príncipes  fueron  con- 
firmando las  constituciones  de  paz  y  tregua,  quehacian  entonces 
las  veces  de  verdaderas  leyes  de  orden  público. 

Excluy(3se  de  esta  general  garantía  á  varias  personas  y  Ingai-es 
de  Cataluña,  á  saber:  las  iglesias  en  las  cuales  hubiese  fortalezas, 
baluartes  ú  otras  obras  en  forma  de  castillo,  y  las  que  sirviesen 
de  refugio  á  ladrones  y  salteadores,  siempre  que  después  del  re- 
querimiento del  obispo  no  se  enmendasen  estos  excesos;  los  la- 
bradores que  labrasen  ó  cultivasen  tierras  puestas  en  litigio  des- 
pués de  amonestados  tres  veces  por  uno  de  los  litigantes,  mas 
quedando  salvos  los  bueyes  y  los  aperos  de  labranza,  exceptuados 
siempre  por  el  legislador  en  atención  á  la  nobleza  y  utilidad  de 
la  agricultura;  los  que  habiendo  hecho  traición  á  sus  señores  no 
se  presentasen  á  sincerarse  de  su  inocencia,-  y  también  sus  cóm- 
plices y  encubridores;  los  raptores  y  los  que  encubriesen  el  rapto, 
si  no  enmendaban  el  daño  ni  querían  estar  á  derecho;  los  que 
hubiesen  quebrantado  la  tregua  del  Señor  ó  la  tregua  general 
dictada  por  el  Príncipe.  No  gozaban  tampoco  de  la  inviolabilidad 
asegurada  por  estas  leyes  los  clérigos,  monjes,  pupilos  y  viudas 
que  ayudasen  á  cometer  algún  exceso  á  mano  armada,  pues  este 
delito  los  hacía  indignos  del  privilegio  de  protección  que  les  otor- 
gaba el  legislador;  los  labradores  y  familiares  de  los  señores  feu- 
dales que  se  encontrasen  con  estos  en  cabalgadas,  en  guerras 
particulares  ó  cometiendo  algún  delito,  y  a  fortiori  los  mismos 
barones  y  sus  hijos  mayores  de  21  años,  que  era  la  edad  en 
la  cual  los  jóvenes  de  la  nobleza  catalana  entraban  en  el  pleno 
goce  de  sus  derechos  políticos.  Otras  excepciones  señalaban  ge- 
neralmente estas  leyes,  como  v.  gr.,  los  incendiarios,  los  que  co- 
brasen de  los  pueblos  contribuciones  indebidas,  los  reos  de  baupía, 
los  herejes  manifiestos  y  otros  infractores  de  las  leyes  catalanas. 


102  boletín  de  La  real  academia  de  la  histoiua. 

Todas  las  demás  personas,  sin  distinción  de  clases  ni  catego- 
rías, y  todos  los  lugares  no  incluidos  en  las  excepciones  ya  indi- 
cadas, y  muy  singularmente  los  caminos,  estaban  bajo  la  espe- 
cial protección  de  la  garantía  política  llamada  paz  y  tregua,  es- 
tando obligados  á  jurarla  todos  los  catalanes  mayores  de  14  años 
si  la  potestad  les  requería  para  ello  (1). 

Usaje  Mariti  uxores. 

Avaganter. 

Generalmente  se  encuentra  avagant;  mas,  sea  como  fuere,  no 
€xplican  los  comentadores  el  significado  de  esta  palabra,  si  bien 
se  dtídnce  de  las  costumbres  de  la  época  y  de  aquellas  palabras 
del  mismo  Usnje:  et  malum  de  ipso  hntayer^  que  quiere  decir 
campeón:  ¿Quién  debía  ser  este?  ¿Érale  dado  á  cualquiera  luchar 
en  el  palenque  en  defensa  de  la  acusada?  Aquí  podrían  hacerse 
jjrolijas  investigaciones;  pero  en  el  códice  de  RipoU  hay  una  nota 
que  dice:  «alias  concuhinum^y)  lo  cual  aclara  de  una  manera  pre- 
ciosa esta  duda,  sentando  el  principio  de  que  el  campeón  debía 
ser  el  mismo  adúltero. 

Usaje  Veré  iudex. 
Per  iudiciwn  aqne  frigide  sive  calide. 

En  lo  primero  de  los  Usajes  ya  se  hace  mención  de  este  bárba- 
ro juicio. 

Guillermo  de  Vallseca,  comentando  este  Usaje — veré  judex — 
explica  cómo  se  practicaba  q\1\V\x\^^o  judicium  aquae  frigidae. 
Lleuíxbase  de  agua  extremadameute  fria,  casi  helada,  nn  gran  re- 
ceptáculo, en  el  cual  podía  cal)er  cómodamente  un  hombre,  é  in- 
troducíase en  él  al  acusado,  haciendo  que  el  agua  le  llegase  hasta 
la  boca  y  soltándolo  de  improviso,  en  la  inteligencia  de  que  si  se 
hundía  se  le  consideraba  culpaljle  y  si  ílotaba  en  el  líquido  se  le 


(1)  Calicio,  Directorhtm  pacis  ct  treii^d.  Qiiiiifiim  c/ubiu»i  principalis:  Mieres,  Aj'pa- 
raltís,  coL  2.*,  cap.  x\iv,  j'  coL  1.*,  cap.  i,  Cortes  de  Gerona  de  1321;  Fontanella,  De 
paclis,  claus.  iv,  glos.  xv,  vjas  Const.  dií  Cat.,  lib.  x,  lít.  xi,  voL  L" 


CÓDinO  DE  LOS  USAJES  DE  BARCELONA.  103 

reputaba  inocente,  quedando  absuelto  de  la  acusación.  El  juicio 
pe7'  aquam  calídam^  no  necesita  explicación. 

Todos  los  comentadores  han  condenado  estos  juicios,  recordan- 
do los  preceptos  del  derecho  canónico  y  las  palaljras  del  Evange- 
lio: No  íe)itarás  al  Señor  tu  Dios. 

Usaje  In  Bajulia. 

Stacame7%tum . 

Guillermo  de  Yallscca  y  Marquillcs,  dicen  que  esta  palabra  sig- 
nifica la  simple  jurisdicción,  explicando  el  segundo  de  estos  co- 
mentadores, que  el  stacamentum  consistía  en  poder  exigir  cier- 
tas multas,  en  la  facultad  de  castigar  y  encarcelar  á  los  reos  de 
delitos  leves,  en  la  de  iK'ender  á  los  reos  de  crímenes  mayores, 
entregándolos  al  que  tuviese  el  mero  imperio,  en  la  de  castigar 
con  penas  leves  á  los  contumaces  y  negarles  audiencia,  pudiendo 
asimismo  condenar  á  la  restitución  de  gastos,  dar  por  confeso  al 
que  no  respondiese,  deferir  el  juramente  in  litem ,  procediendo 
siempre  sumariamente  y  sin  escritos. 

Adempramentum. 

Marquilles  añade  que  esta  voz  indica  los  frutos  y  emolumentos 
del  castillo  en  general,  y  singularmente  el  uso  y  habitación  de  sus 
casas  y  fortaleza,  ó  bien  los  réditos  y  frutos  del  mismo  castillo, 
opinando  que  aquí  debe  tomarse  en  su  primer  acepción  (1). 

Usaje  Aliura  namque. 

Pallias. 

Interpretando  esta  palabra  Guillermo  de  Vallseca,  dice  que 
significa  tributos  que  el  Conde  de  Barcelona  cobraba  de  los  reyes 
sarracenos  á  quienes  subyugaba. 

A  Marquilles  no  le  desagrada  la  interpretación;  pero  le  parece 
mejor  aún  la  de  los  que  tradujeron  el  vocablo  tomándolo  como 

(1)    VéjDse  sus  comentarios  al  Usaje  Oiiiues  /toiuiíics,  el  1." 


104         boletín  de  la  real  academla  de  la  historla. 

sinónimo  de  vestidos  y  ornamentos  personales  que  la  largueza 
de  los  condes  solia  destinar  á  sus  asiduos  servidores. 

Usaje  Statuerunt  etiam  quod  si  párenles. 

Manihus  propriis  commendati. 

La  Cosiumhre  33/  de  P.  Albert  explica  esta  fórmula  con  toda 
claridad.  Citaré  sus  palabras: 

«Aunque  el  hombre  libre,  según  el  Derecho  romano,  no  puede 
hacerse  siervo  de  otro  por  simple  pacto,  ni  aun  por  confesión  he- 
cha en  derecho,  á  todos  les  es  lícito  gravar  por  pacto  su  condi- 
ción, pues  interviniendo  escritura  puede  el  hombre  liJDre  consti- 
tuirse adscripticio,  y  así  por  convención,  esto  es,  por  estipula- 
ción, hacerse  hombre  de  algún  noble  y  prestarle  homenaje.  En 
el  acto  de  hacerse  esta  estipulación ,  de  constituirse  hombre  de 
algún  noble  el  que  es  de  condición  libre,  interviene  un  beso  por 
costumbre  general  de  Cataluña,  de  este  modo;  El  señor  tiene  en- 
tre sus  manos  las  de  aquel  que  presta  homenaje,  quien  lo  hace 
por  estipulación,  postrado  de  hinojos  y  prometiendo  lealtad  al  se- 
ñor; y  este  le  besa  en  señal  de  que  también  le  será  fiel.  Porque  el 
señor  debe  guardar  la  misma  fidelidad  á  su  vasallo  que  este  á 
él  (1).« 

José  Coroleu. 

Correspondiente  de  la  Real  Academia  de  la  Historia. 


(1)    Refiérese  igualmente  á  este  homenaje  la  CosL  30  de  P.  Albert.  Véanse  á  propó- 
sito de  entrambas  los  comentarios  de  Socarráis. 


MOSAICO    ROMANO    DE    BELMONTE.  105 


III. 


MOSAICO  ROMANO  DE  BELMONTE. 


Tengo  el  honor  Je  prcsenUir  á  hi  llcal  Academia  de  la  Historia 
el  adjunto  dibujo  de  viu  mosaico,  descubierto  el  día  12  de  Mayo 
de  1881  á  las  inmediaciones  del  pueblo  de  Belmonte,  distante  dos 
leguas  de  Galatayud,  y  de  las  ruinas  de  la  antigua  Bílbilis. 

El  mosaico  se  halla  en  una  iinca  del  Escmo.  Sr.  Conde  de  Sa- 
mitier,  denominada  EL  Plano  y  ruinas  de  Duran;  y  aparece  bas- 
tante regularmente  conservado.  Dicho  mosaico  sólo  presenta  al- 
gunas sencillas  combinaciones  geométricas,  de  modo  que  ofrece 
])Oco  interés  para  los  estudios  históricos,  epigráficos  ó  artísticos, 
pues  ni  tiene  inscripciones,  ni  figuras  ó  alusiones  mitológicas. 
Pero  lo  tiene  por  otro  concepto  para  fijar  allí  y  en  aquellas  rui- 
nas la  existencia  de  una  población  romana. 

Aun  el  mismo  nombre  del  paraje  llamado  Durón  ,  hizo  creer  al 
erudito  Sr.  Monterde,  nuestro  correspondiente,  que  fuera  el 
paraje  aludido  por  Marcial  en  su  célebre  epigrama  geográfico 
descriptivo  de  la  Celtiberia: 

«Et  sacrura  Duratonis  ilicetuui«  ; 
/ 

pareciendo  en  este  caso  la  palabra  Durón  contraída  de  la  de  Du- 
ratóu;  siquiera  no  todos  admitan  la  lectura  de  esa  palabra  (1)  y 
pueda  oponerse  un  hecho  que  nos  recuerda  el  Sr.  Pujol  y  Camps, 
nuestro  sabio  correspondiente,  esto  es,  que  de  Belmonte  han 
salido  con  mayor  abundancia  que  en  otro  cualquier  paraje  las 
monedas  autónomas  de  Segisa. 


(1)  Baraáonisó  P'ti/'a<íort¡5,  esla  que  corre  y  se  acepta  peneralmente.  En  el  t.  slix 
de  la  España  Sagrada,  pág.  54,  me  incliné  á  fijar  el  sitio  en  los  llanos  de  Veratón  al  pit- 
ílel  Moncayo. 

TOilO  IV.  8 


IOr>  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

Por  lo  demás,  el  pueblo  de  Belmonte,  á  las  orillas  del  río  de 
Miedes,  tiene  Hombradía  eii  nuestra  historia  literaria,  por  haber 
sido  patria  del  célebre  jesuíta  Baltasar  Gracián,  autor  del  Criti- 
cón y  de  la  Agudeza  y  Arte  de  ingenio ,  que  si  no  acreditan  el 
buen  gusto  en  todo,  prueban  que  no  escaseaba  de  talento,  ingenio 
y  agudeza. 

El  retumbante  epigrama,  más  que  epitafio,  que  aún  existe  al 
pié  de  su  retrato,  que  copió  Latasa  (1),  lo  expresa  así  diciendo: 

Qui,  ut  in  ómnibus  clarus  esset, 

in  Bellomonte  natus  est  prope  Bilbilirn , 

affinis    Martialis   patria^    7^''^'^^'""'^    ingenio. 

Vigente  de  la  Fuente. 

Madrid  18  de  Enero  de  18S4, 


IV. 

DESCRIPCIÓN  HISTÓRICA  DEL  PARAGUAY. 

Cumpliendo  con  el  encargo  del  Sr.  Director,  he  examinado  coa 
detenimiento  la  Descripción  histórica  d:i  la  antigua  provincia  de 
Paraguay,  por  D.  Mariano  Antonio  Molas,  publicada  en  18G8  en 
Buenos- Aires,  en  un  lomo  en  8.°  de  388  páginas. 

El  libro  del  Sr.  Molas  es  muy  inferior  en  orden,  ingenio  y  co- 
rrección á  la  Historia  del  Paragnay  que  pul)licó  én  ISIO  el  doc- 
tor D.  Gregorio  Funes,  Dean  de  la  Catedral  de  Tucumán;  po^o 
puede  considerarse  como  una  pequeña  colección  que  completa  las 
noticias  de  aquel  autor,  tanto  más,  cuanto  que  se  expresa  en  el 
mismo  estilo  apasionado  contra  España.  Buenas  son  siempre, 
para  esclarecer  la  venlad,  las  noticias  históricas,  cualquiera  que 
su  origen  sea;  y  bueno,  bajo  este  concepto,  que  se  conserve  en 
nuestra  Biblioteca  este  ejemplar  de  la  Descripción  del  Sr.  Molas. 

Jacoijo  de  LA  Pezuela. 

Madrid,  5  de  Mayo  de  is^l. 

(1)  Estaba  on  el  Real  Seminai»o  d^  Nobles  que  tenia  la  Compañía  de  Jesús  en  Cala- 
tayud,  y  lo  rescató  y  conserva  ia  familia  de  Larrea. 


VARIEDADES. 


MEMORIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA     Y     ECONÓMICA     DE     LA     PnOVIN'CIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANTS  '. 

(Continitadon.) 

128.  Cada  pue])lo  fiene  un  Cavildo  compuesto  de 
1111  Correxidor,  dos  Alcaldes  ^,  rjiiatro  Regidores,  uii 
Alcalde  de  la  Hermandad,  un  Alguacil  mayor,  un 
Mayordomo,  y  un  Secretario;  los  rjue  se  eligen  el  día 
de  año  nuevo,  según  lo  prevenido  en  las  leyes,  a  ex- 
cepción del  Correxidor  y  Teniente,  que  no  tienen 
tiempo  determinado.  Las  elecciones  las  practican  iun-  Elecciones  de 
tandose  ocho  o  mas  dias  antes,  y  cada  capitular  pro- 
pone un  yndiopara  que  ocupe  el  empleo  que  el exerce, 
consultando  antes  la  voluntad  del  Correxidor,  y  la  del 
Administrador,  que  son  los  exes  principales  ^  en  que 
rueda  esta  maquina;  y,  estando  todos  acordes,  le  lle- 
van la  lista  *  de  los  que  piensan  nombrar  al  Admi- 
nistrador, el  que,  si  les  parece  vien,  les  dicen  que  lo 
hagan  asi;  y,  si  algunos  de  los  señalados  tiene  alguna, 
tacha,  o  no  es  del  gusto  del  Administrador,  les  dice 
que  aquel  no  conviene,  y  que  señalen  otro,  que  tal 


•  Véase  el  cuaderno  IV  del  tomo  III. 

2    En  la  edic.  de  Ángrelis:  compuesto  de  un  correjidor,  teniente  de 
«orrejidor,  dos  alcaldes. 

5    En  la  edic.  de  Ángelis:  que  son  los  principales. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  Estando  todos  acorde?,  llevan  la  lista. 


108         BOLETÍX  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

vez  el  Administrador  les  indica,  o  lo  insinúa  priva- 
damente al  Gorrexidor;  y  asi  se  hace.  Ademas  de  los 
Empleos  mili-  cmpleos  do  Gavildantcs,  se  nombran  para  el  año  en- 
trante '  todos  los  em[)leos  militares,  los  cuidadores 
de  las  faenas  ^,  y  maestros  principales  de  todos  los 
oficios  y  artes;  de  modo  que  en  cada  pueblo  pasan  de 
ochenta,  y  aun  ciento,  los  que  se  les  dá  oficio  ^;  y  si 
el  pueblo  es  corto,  todos  se  buelven  mandarines,  y 
pocos  ^  á  quien  mandar.  Estos  ullimos  empleos  toca  al 
Gorrexidor  privativamente  el  nombrarlos;  pero  siem- 
pre lo  hace  con  acuerdo  del  Administrador,  particu- 
larmente aquellos  que  su  ocupación  pertenece  a  el 
cuidado  ^  de  los  bienes  de  comunidad. 

129.  Dispuestas  las  listas  acordadas,  lodos  se  jun- 
tan el  dia  de  año  nuevo  ",  de  mañana  temprano,  y  a 
toque  fle  caja  ban  publicando  en  las  puertas  de  la 
Gasa  de  Gavildo  los  nombrados;  a  cuyo  acto  asista 
toda  la  gente  del  pueblo,  unos  por  curiosidad,  y  otros 
por  recivirse  de  sus  empleos  '',  de  que  al  instanle  to- 
man posesión ,  sin  aguardar  la  confirmación  del  Go- 
vierno.  Alli  entregan  las  varas  y  bastones  á  los  Alcal- 
des, y  demás  Gavildantes  nuevamente  nombrados,  y  a 
los  Oficiales  militares  las  insignias  correspondientes; 
desde  alli  van  a  Misa,  y  después  a  casa  del  Adminis- 
trador a  hacerse  presentes  ^,  el  que  les  encarga  el 
cumplimiento  de  su  obligación;  y,  si  no  está  ya  es- 
tendido el  acuerdo  de  las  elecciones,  lo  estiende,  y 
firmado  de  los  electores,  que  dicen  siempre  que  todos, 
unánimes,  y  a  pluralidad  de  votos  han  elejido,  y 


'  En  la  Pflic.  de  Ánn-elis:  se  nombran  el  año  entrante. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  los  de  los  cuidadores  de  las  faenas, 

s  En  la  edic.  de  Angelis:  los  que  ocupan  oficios. 

•♦  En  la  edic.  de  Angelis:  y  quedan  pocos. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  aquellos  cuya  ocupación  es  el  cuidado. 

6  En  la  edic.  de  Ángelis:  dispuestas  las  listas  y  acordes  todos,  se 
juntan  el  dia  de  año  nuevo. 

'  En  la  edic.  de  Angelis:  para  recibirse  de  sus  empleos, 

s  En  la  edic.  de  Angelis:  á  hacerse  presente. 


MISIONES    DE    INDIOS   GL^AIíANIS.  109 

nombrado  a  los  contenidos,  se  remile  al  Govcrnador  . 
■de  la  provincia  [tara  su  aprohaciou;  y  para  los  demás 
empleos  '  que  no  son  de  Gavildo  basta  el  de  Tlienieiitc 
Govcrnador  -  del  departamento. 

130.  Todos  los  dias  del  año  al  amanecer  ya  están  Todas  las  im- 
j untos  todos  los  Gavildantes  a  la  puerta  del  Gorrexi-  taeicaviuli 
■dor,  eu  cuyos  corredores  tienen  un  banco  o  escaño  en 
que  se  sientan  entre  tanto  es  ora  de  oir  Misa^,  que 
siempre  es  temprano.  Los  Alcaldes  llevan  sus  varas, 
y  los  Rexidores  sus  bastones,  que  rara  vez  las  suel- 
tan *  de  las  manos;  y,  acavada  la  Misa,  es  la  primera 
diligencia  ir  a  la  puerta  de  la  avitaciou  del  Gura,  sa- 
ludarlo^, y  tomar  las  gracias;  y  desde  alli  pasan  a  la 
del  Administrador,  el  que  les  previene  lo  que  han  de 
hacer  aquel  dia:  y,  despedidos,  se  van  juntos  á  la  casa 
-del  Gorrexidor,  y  a  su  puerta  determinan  el  reparto 
de  la  gente,  y  demás  que  corresponde  a  las  faenas:  y, 
entre  tanto  ®  llega  la  hora  de  ir  a  los  trabajos,  que 
siempre  es  tarde,  oyen  las  quejas  y  demandas  que 
hay,  que  quasi  siempre  ^  son  faltas  al  trabajo,  hurtos, 
amancebamientos  y  chismes  de  unos  con  otroi?.  Si  el 
pensador  es  Gavildante,  o  tiene  a  su  cargo  el  cuidado 
de  alguna  cosa,  hacen  traer  preso  al  yndio,  o  yndia 
acusado,  y  con  muy  poco  examen  la  mandan  azotar, 
según  les  parece.  Yien  es  que  nunca  pueden  pasar 
sus  castigos  de  cincuenta  azotes  que  este  Govierno  les 
permite;  reservándose  los  castigos  de  los  delitos  ma- 
yores, para  entender  en  sus  causas,  y  sentencias;  a 
excepción  de  las  capitales,  o  que  merecen  pena  a  otros 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  para  los  demás  empleos.  Omite:  y. 

"*  Ea  la  edic.  de  Ángelis:  del  Teniente  gobernador. 

3  En  la  ediccion  de  Angelis:  es  hora  de  ir  á  misa. 

4  Ea  la  edic.  de  Ángelis:  los  sueltan. 

5  Así  en  el  ms.  Eq  la  edic.  de  Augelis:  es  la  primera  diligeacia  el  ir 
ala  puerta  de  la  habitación  del  cura,  á  saludarlo. 

6  En  la  edic.  de  Angelis:  Entretanto.  Omite:  y. 
■^  En  la  edic.  de  Angelis:  casi  siempre. 


1  10         BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA   DE  LA   HISTOI\IA. 

que  a  los  reos,  se  despachen  *  a  Buenos  Ayres  con  las 
sumarias.  A  los  exccutores  de  las  prisiones,  y  casti- 
gos llaman  Sargentos,  y  estos  nunca  dejan  de  la  mana 
la  alaliarda,  y  el  azote  lo  traen  ceñido  al  cuerpo  para 
estar  prontos  al  instante  que  so  lo  manden.  Regular- 
mente entienden  en  las  causas  todos  los  Gavildantes, 
juntos  con  el  Gorrexidor,  y  Alcaldes;  pero,  en  las  fae- 
nas y  trabajos,  qualquiere  del  Cavildo  *,  aunque  na 
sea  sino  Regidor,  manda  azotar  a  el  que  falta  a  el  '^ 
o  comete  otro  defecto. 

Eicasügadoda  131.  Dcsde  el  tiempo  de  los  Jesuítas  tienen  por  eos- 
míen  tos  ai  tumbre,  y  observan  toda  via  puntualísimamente,  el 
'«istigar.  que,  en  acabando  de  azotar  a  los  delinquen  tes,  se  han 
de  lebantar  del  suelo  donde  los  hacen  tender,  y  con 
mucha  humildad  van  delante  del  que  los  mandó  casti- 
gar, y  le  dan  los  agradecimientos  de  ha  verlos  corre- 
gido sus  defectos.  Si  alguno  omite  este  requisito  le 
hacen  cargo  de  ello ;  y,  teniéndolo  por  prueva  de  so- 
bervia,  lo  huelven  a  mandar  azotar  para  que  se  hu- 
mille, quiera  o  no  quiera. 

No  se  detienen  132.  Siempre  quo  en  las  cárceles  *  no  se  detengan 
tes  cMxeies!  presos,  siuo  aqucllos  procesados  por  delitos  capitales, 
o  á  los  (juc  se  desertan  con  frequencia,  y  a  los  demás 
se  les  aplica  la  pena  luego  que  se  justifica  el  delito,  y 
se  ponen  en  libertad;  por  que  las  cárceles  son  poca 
seguras,  y  los  que  las  tienen  a  su  cargo  muy  descui- 
dados; y  asi  se  les  van  a  menudo  los  presos  sin  que 
baste  el  castigo  '  a  los  cuidadores.  Ellos  los  dejan  salii- 
solos  a  sus  necesidades,  los  llevan  a  oir  Misa,  aun  a 
los  homicidas;  de  modo  que  no  se  va  el  que  no  quiere. 

Los  diasciasi-       133.    Todos  los  dlas  clasicos  y  de  función  se  visten 

eos  se  visten 

de  gala. 

1    En  la  edic.  de  Ángelis:  que  se  despachan. 
-    En  la  edic.  de  Ángelis:  cuahiuiera  del  cabildo. 
'    En  la  edic.  de  Ang'elis:  al  que  le  falta. 

*    Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Angelis;  Siempre  se  procura  que  en 
las  cárceles. 
5    En  la  edic.  de  .Angelis:  el  castignr. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUARA  NIS. 


111 


(le  gala  coa  los  que  lienc  el  pueblo  '  para  oslas  fun- 
ciones. Visten  laml)ien  *  los  Oílciales  Militares  con 
los  suyos,  y  otros  innclios  se  visten  y  forman  acom- 
pañamiento: entre  estos  vestidos  hay  algunos  costo- 
sos; pero  mas  les  sirve  de  rediculizarlos'  que  de  ador- 
narlos. En  el  pueblo  que  asiste*  elGovernador  o  algnn 
ThenienteGovernador,  concurren  todos  a  su  avitacion, 
lo  acompañan  de  yda  y  buoltaá  la  igle:-ia  en  toda  ce- 
remonia; pero  estando  solos  guardan  poca  formali- 
dad. Siempre  van  juntos  ',  van  en  pelotón,  o  mas  vien 
en  hilera:  el  Gorrexidor  delante,  al  que  sigue  el  Tlie- 
niente,  y  Alcaldes,  y  por  su  orden  los  demás,  siendo 
el  ultimo  el  menos  graduado.  En  la  iglesia  se  sientan 
en  escaños:  regularmente  se  dividen  en  las  dos  van- 
das,  aunque  en  algunos  pueblos  se  sientan  todos  los 
de  Gavildo  en  un  solo  escaño,  y  el  Theniente  Gorre- 
xidor "  con  los  Oficiales  Militares  ocupan  el  opuesto  '; 
pero  los  caciques,  que  devian  ser  preferidos,  no  tie- 
nen ningún  lugar  señalado,  ni  cosa  que  los  distinga; 
sino  es  que,  por  tener  empleo,  ocupan  el  lugar  que 
por  el  les  toca. 

134.  Al  Gobernador  de  los  pueblos  ponen  *  en  la 
iglesia  silla,  tapete,  y  almoada,  y  se  le  guardan  por  los 
Guras  todas  las  preeminencias  que  disponen  las  leyes 
se  guarden  a  los  Governadores  los  dias  de  funciones 
clasicas,  y  que  asisten  religiones  de  otros  pueblos': 
le  da  la  paz  un  sacerdote  con  estola,  y  en  los  demás 
festivos  un  Acolito  con  banda  aseada:  lo  mismo  se 


Acompañan  ni 
trovernador  y 
tlieniente. 


Al  Governador 
ponen  silla, 
tapete  y  al- 
moada en  la 
iglesia;  y  lo 
mismo  á  los 
thenientes. 


•  Aií  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  con  los  vestidos  que  tiene  el 
pueblo. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  Vístense  también. 
3  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  ridiculizarlos. 
■*  En  la  edic.  de  Ángelis:  donde  asiste. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  siempre  que  van  juntos. 

•    f  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  el  teniente  de  corregidor. 

'  En  la  edic.  de  Ángelis:  ocupan  el  puesto.  Es  mejor  el  texto  del  ms. 

s  En  la  edic.  de  Ángelis:  le  ponen. 

^  En  la  ed'c.  de  Ángelis:  y  en  que  asisten  religiosos  de  otros  pueblos. 


112      boletín  de  la  real  academia  de  la  historlv. 

observa  con  los  Thenientes  Governadores,  quando  no 
está  presente  el  Governador,  por  disposición  del  Ex- 
celentísimo Sr.  D.  Francisco  de  Paula  Bucarely  *: 
aunque  los  Governadores  por  condescendencia  han 
permitido  que  al  Theniente  se  le  ponga  otra  silla  in- 
mediata á  la  suya,  quando  se  halla  algún  Theniente 
en  donde  el  está.  Supongo  será  esto  por  que,  como 
los  yndios  son  tan  rudos ,  no  piensen  es  desayre  que 
se  le  hace  *;  o  que  ei  Theniente  en  ausencia  del  Go- 
vernador le  usurpa  aquel  honor.  En  íin  ello  así  se 
practica.  A  los  Gavildos  de  la  paz  un  Acolito,  y  el 
Gura  les  da  el  agua  bendita  a  la  puerta  de  la  iglesia 
los  dias  mas  clasicos,  pero  al  Governador  y  Thenien- 
tes todos  los  festibos  '. 
Celebran  los  135.  Los  dias  de  cumplc  años  del  Rey,  los  de  su 
diasdeiRey.  jíq^x  nouibre,  y  todos  aquellos  en  que  se  festeje*  al- 
guna felicidad  de  la  Monarquía,  ó  de  la  Real  Fami- 
lia, desde  la  víspera  de  mañana  se  pone  el  Gavildo  en 
ceremonia:  sacan  de  las  casas  de  Gavildo  ias  qualro 
banderas  que  tiene  cada  pueblo,  dos  con  las  armas 
Reales,  y  dos  con  cruz  de  Vegoña  *,  y  las  demás  yn- 
signias  militares,  que  son  quatro  picas  largas  de  cinco 
o  seis  varas,*'  y  muy  delgadas,  con  mojaras  peque- 
ñas ''  en  las  puntas,  y  algunos  pequeños  plumajes  de 
colores,  puestos  con  orden,  y  distribución  en  algunas 
partes  de  ellas  qualro  ginetas  a  la  usanza  antigua,  y 
algunos  bastones,  unos  en  la  forma  común,  y  otros 
con  escudetes*  de  metal,  o  acero  por  puños.  Desde 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  D.  Francisco  Bucareli. 

2  En  la  edic.  de  Ánfrelis:  que  se  les  hace. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  pero  al  gobernador  todos  los  festivos.  Omite: 
y  Thenientes. 

*    En  la  edic.  de  Ángelis:  en  que  se  festeja. 

í*    Asi  en  el  ms.  Es  mas  correcto  el  te.xto  de  la  edic.  de  Ángelis:  y  dos 
con  armas  de  Borgoña. 
■  G    En  la  edic.  de  Ángelis:  de  á  cinco  ó  seis  varas. 
'    En  la  edic.  de  Ángilis:  con  mojarras  pequeñas. 
**    En  la  edic.  de  .\ngeli?:  con  escudete. 


MISIONES    DE    INUIOS    CUAK.WIS.  113 

las  diez  del  dia  comienzan  a  dar  varias  bucltas,  con 
orden  a  loqne  o  ruido  de  cajas,  por  la  plaza,  unos  a 
pie,  y  oíros  a  cavallo,  que  arman  '  varias  escaramu- 
zas, y  torneos,  hasla  las  doce;  a  cuya  ora  se  anuncia 
la  festividad  con  rcpiíjue  de  campanas  -,  y  algunos 
tiros  de  camaretas:  á  cuya  señal  concurren  todos  los 
del  pueblo  a  la  puerta  de  la  iglesia,  en  cuyo  pórtico 
<'Slá  colocado  el  Real  Retrato  en  el  lado  correspon-  Real  Retrato, 
diente  al  Evangelio,  cu  un  cajón,  con  sus  puertas,  y 
cortinas  interiores,  y  al  lado  opuesto  están  las  Armas 
Reales  pintadas  en  la  pared,  o  lienzo  '.  Juntos  todos, 
con  la  música  completa,  se  abre  el  cajón  y  descubre 
el  Real  Retrato,  repitiendo  varias  vezes  Viva  el  Rey 
Nuestro  Señor  *  D.  Garlos  Tercero,  y  se  pone 
una  guardia  con  las  vanderas,  y  dos  centinelas  efec- 
tivas delante  del  Real  R.etrato.  A  la  tarde  se  cantan 
vísperas  con  mucha  solemnidad,  esmerándose  en  esto 
no  poco  los  Relijiosos  Guras;  y  después  buelven  a  las 
<»scaramuzas  ^,  entre  tanto  disponen  algunos  bayles,  Danzas, 
o  danzas  de  muchachos:  que  maravilla  el  orden  y 
compás  que  guardan,  aunque  sean  de  tan  corta  hedad 
que  no  lleguen  a  ocho  años.  Los  bayles  que  usan  son 
antiguos,  o  extrangeros.  Yo  no  he  visto  en  España 
dantas  semejantes,  ni  en  las  diversiones  publicas  de 
algunos  pueblos,  ni  en  los  que  se  usan "  en  el  dia,  y 
octava  do  Gorpus.  Aora  modernamente  van  intro- 
duciendo algunas  contradanzas  ynglesas,  danzas  va- 
lencianas, y  otros  bayles  que  usan  los  españoles. 
A  estos  muchachos  danzantes  los  adornan  con  vestidos. 
a  proposito,  con  coronas,  y  guirnaldas  que  hacen  vis- 
tosas las  danzas:  que  algunas  se  componen  de  veinte 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  en  que  arman. 

-  En  la  edic.  de  Angelis:  con  repiques  de  campanas. 

3  En  la  edic.  de  Áng-elis:  ó  en  lienzo. 

''  En  la  edic.  de  .Vngeli.s:  Muestro  Señor. 

5  En  la  edic.  de  Ang:elis:  las  escaramuzas. 

*"'  En  la  edic.  de  Angelis:  ni  en  las  que  se  usan. 


114    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADE-NHA  DE  LA  HISTOIUA. 

y  quatro  danzantes  *,  que  forman  varios  enlazes ,  y 
aun  letras  que  componen  el  nombre  que  quieren^. 

Entremeses.  136.     Entre  dauza,  y  danza  hncen  juegos  o  entre- 

meses, que  en  su  ydioma  llaman  Menguas,  com- 
puestos de  su  inbencion  algunos  de  ellos  ^  que  pare- 
cen de  bástanle  artificio  y  gracia  a  los  principios,  pero 
no  saven  *  concluirlos  con  propiedad:  los  mas  los  aca- 
van  a  golpes,  y  azotes;  lo  que  celebran  con  mucha 
risa  los  circunstantes. 

137.  Al  ponerse  el  sol  se  reserva  el  Real  Retrato 
con  las  ceremonias,  y  Víctores  con  que  se  descubre,  y 
a  la  noche  se  ponen  luminarias,  y  se  arman  fogones 
en  la  plaza,  y  se  repiten  los  baylcs  como  a  la  tarde. 
Al  dia  siguiente,  al  salir  el  sol,  se  buelve  a  descubrir 
el  Real  Retrato  en  la  forma  dicha,  el  que  permanece 
descubierto  todo  el  dia.  A  la  ora  acostumbrada,  y  de 
todos  los  repiques  de  campanas  ^  se  junta  torla  la 

Misa  y  Te  gente  en  la  iglesia,  en  la  que  se  canta  la  Misa  y  Te 
Deum  con  mucha  solemnidad,  y  después  se  prosi- 
guen en  la  plaza  las  carreras  de  caballos  en  contorno; 
•  en  las  que,  divididos  en  quatro  quadrillas,  los  yndios 
hacen  muchas  evoluciones,  o  figuras  a  la  usanza  an- 
tigua, todo  a  toque  de  muchas  caxasy  clarines,  ó  con 
grande  algazara  ^,  y  ruiílo  do  casca!)eles  grandes,  de 
que  llevan  cubiertos  los  petrales  '' ,  y  cavezadas  de  los 
caballos;  lo  que  tienen  por  adorno  y  grandeza. 

íSe  continuará.) 


' .  En  la  edic.  de  Ángelis:  hay  algunas  que  se  componen  de  21  dan- 
zantes. 

*    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  aun  letras,  con  el  nombre  que  quieren. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  que  en  su  idioma  llaman  menguas,  todos 
de  su  invención,  y  algunos  de  ellos. 

■*    En  la  edic.  de  Ángelis:  pero  que  no  saben. 

8  Asi  en  el  m?.:  más  correcto  en  la  edic-de  Ángelis:  y  dados  los  re- 
piques de  cam  panas. 

''    En  la  edic.  de  Ángblis:  y  con  grande  algazara. 

''    En  la  edic.  de  Ángelis:  los  pretales. 


ANTIC.Ü EDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  11; 


II. 


TURIAE   MARMOR  |1  NUPER   EFFOSUM  :  1|  SIYE  ¡|  DIS- 
SERTATIO  II  CRITICA  ||  DE  ||  VALENTINO  SODALIGIO  || 
VERNARUM  COLENTIUM  |¡  ISIDEM.  ||  AUCTORE  ||  AUGUS- 
TINO  SALESIO,  ||  Sac.  Theol.  Doctore,  Sacerdote  Valentino,  \\ 
Urhis,  Regnique  Hisioriographo.  \\  YALENTIAE.  ¡|  Apud  Jose- 
phum  Thomam  Lucas,  in  platea  ||  Comocdiar.  Ann.  m.dcg.lx  (1). 

*  Ceterum  accusator  fatetur...  ut  Pompejus  in  Eispaniam  venerit...  acerri-    'Pás.  2. 
mis  illis  proeliis,  et  maximis  Sucronensi  et  DURIENSI  inierfuisse.  (Cicero, 

pro  L,  Cornelio  Balbo  Gaditano.) 

ínter  laeva  moenium  et  dextrum  flumem  TURIAM,  quod  Valemiam  parvo 
intervallo praeterfluit...  Proelium  apud  flumem  DÜRIUM,  et  Dux  hostium 
C.  Herennius  cuín  Urbe  Valentia  et  Exercitu  dcleti,  satis  clara  vohis  sunt. 
(Sallustius  ia  fracm.  lib.  ii  et  iii.) 

Regio  Aedetana  amoeno  j^^'Cíetenderite  se  stagno  ad  Celtiberos  recechns,  Va- 
lentía COLONIA,  iii.M  j?ass  a  mari  remota:  flumem  DURIaS.  (Pliu.  His- 
lor.  lib.  iii,  cap.  iii.)  Eruditiadimus  Andreas  Straneus  in  laboriosissimis 
Aunotationibus  ad  Plinium  apud  celeberrimum  Majausium,  et  in  Biblio- 
theca  Colle^ii  Corporis  Christi,  ita  scripsit:  Durias,  forte  tvria.  Decepit 
Lihrarium  in  eadem  Hispania  flamen  Durias  Lusitaniae. 

Floribus,  et  roséis  formosus  TÜRIA  rijñs.  (Ciaudian.  de  laúd.  Serensé.) 

*  Excelleutissimo  Domino,  D.  Leopoldo  Gregorio  Marchioni  in   *PaK.  8. 
Squilacio,  cet.  Summi  castroram  Ducis  Vicario  honorario;  Ca- 
tholici  Hispaniarum  Regis  publicis  Rationibus  Praefecto,  Ipsi  a 
Secretis,  intimisque  Status  Consiliis;  Supremacquc  Curiae  Re- 

giae  Administro,  cet.  cet.  Augustinus  Salesius,  Sac.  Theolog. 
Doctor,  et  Saccrdos  Valen linus,  Urbis,  Regnique  Ilistoriogra- 
phus  S.  P.  D. 


(1)  En  8.°,  -18  páginas.  Ha  encontrado  el  ejemplar  rarísimo  y  me  lo  ha  enviado 
D.  José  María  Settier,  correspondiendo  al  ruego  y  expectati-va  que  formulé  en  el  Bole- 
tín, t.  III,  pág.  64.  Lo  presento  brevemente  anotado.— F.  F. 


116  nOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

Ignoro,  Marcliio  Excellenlissime,  cur  Dissertationes  meas  Gri- 
Licas  pro  Venerahili  Joanne  Ribera,  circa  res   omnium  gravissi- 

'Piíg.  1.  *nrds\  de Hispaniae  Valentinis2yrcieserti')nConciliisnondum  editis; 
de  Ducatu  Valentino,  cet.  Roma  doctissima  magnopere  extaleril, 
atqueeliam  Lutclia  Parisioram,  alias,  denostri  Regni  Inscriptio- 
nibits  ineditis  (1),  quas  urgente  Excellentissimo  Cailncio  liujus 
Regni  summo  Duce,  non  itapridem  extinelo,  diligenler  confecc- 
raní;  cum  lamen  paucissimi  nosliñm  hoc  disserendi  genus,  nempe 
critican! et  eruditionemprofiteantur,caeleris  acerbeinsullantibus. 
Vercor  ne  sil,  propterea  quod  vetustatis  perscrulationem  vulgus 
non  capiat,  quaestuariis  solis  litteris  (quaeinprelio  sunt)  et  pro- 
piia secta  contentura;  aut  quod  utilitate  et  lucro  studia  metiens 
inanes  putei  artes  (ut  sunt  eruditae)  quae  in  hac  Urbe  provenía 
carent.  Quod  profecto  máxime  dolendumessel:  nam  Mariana  vir 
insignis,  qui  lamen  fuit  Garpetaniae  regionis,  hoc  tulit  de  gente 
nosíra  tcslinionium:  Valentinis prae  caeteris  lUspaniae populis  in- 

i'áii.  5.  ye¡LÍam  acre  et  vi^vidum  coelo  datiim  agnoscimus.  Sed  quantum 
intersit  Gritices  etantiquilatis  studiafovere  sat  nosli,  Excellenlis- 
sime Marchio,  cum  quod  in  medio  Latió  lanti  videris  haec  facta 
siudia,  uli  Raphaclis  Fabretti,  Philippi  a  Turre,  Muratorii  alio- 
rumque  commentaria  produnt,  tnm  quod,  te  impeliente,  Gl.  Au- 
tonius  Franciscus  Gorius,  Basilicae  Florentinae  Praeposilus  et 
Lycei  Florentinae  Hisloriae  Professor,  aliiquc  viri  eruditissimi 
Hercidani  ruderibus ,  quae  auno  mdocxlviji  apparueriint ,  ex 
praescripto  sapicntissimi  Rogis  nostri  Garoli  III  lanlum  lucis  et 
s[)lendoris  altulerint  et  complore  poi'gant. 

Iccirco,  cum  Isidis  marmor  ellbsum  fueril,  quo  die  Rex  uoster 
invictus  riíspaniam  suam  tcnnit;  illuslratum  a  me,  qui  sinepro- 
venlu,  genio  indulgcns  ct  publico  muneri,  scverioribus  lilteris 
incumbo,  hoc  Gommcntarium,  Marchio  nobilissime  et  ornatissi- 
me,  ad  te  mi  itere  constitui  hisce  sludiis  addictum,  qui  cum  Rege 

■Pág.  c.  nostro,*PotenlissimojuxtaacGlementissimo,  go-udia socians, iter 
in  Hispaniam,  cujus  adventum  pralulamur,  una  exequutus  es. 
Kxiguuní  hoc  munus.  Non  difliteor.  Sed  illud  pulchcri'imuní  et 

(1)  Falla  la  menciÓQ  de  estas  y  de  las  sobredichas  á  los  diccionarios  biliográficos  de 
Ximeno  y  Fuster.  Sobre  la  muerte  y  retmplazo  del  Duque  de  Cailús,  <(Capitaa  Gene- 
ral del  Exercito  y  Ueyno  de  Valencia,»;  véise  la  Gaceta  de  Madrid,  11  Diciembre  [~59. 


ANTIGÜKDADES    ROMANAS    DH    VALENCIA.  117 

humaiiissimum  censendiim  est,  quod  Principes,  proal  Ta,  acu- 
tissimi  supra  caplum  ingenii,  qui  summis  geiieribus  natas  es, 
totque  discipliuis  e.xcultus,  munificeiitiam,  non  oblatac  rei  pretio 
el  dignitate,  sed  oírercnlis  aflecLu  et  facúltate  metiantar.  Neo 
vero  par  erat  diútius  te  morari,  qui  aniniam  adeo  occupas  in 
stadiis  publicis,  quae  Hispanici  Imperii  inajestateni  coaccrnunt, 
ut  jure  possiin  Tercalianam  ilhul  tibí  aptare: 

deniqne 
Nullum  reiTiittis  teinpus,  ñeque  te  respicis. 

Accipe  ergo,  Marchio  Exccllentissiine,  iianc  meae  erga  Te  ob- 
servantiae  et  gratulationis  tesseram,  facque  tao  auspicio  ut  res 
publica  et  litteraria  in  optimum  statum  vcrtat;  insignisque  no- 
*stra  Academia,  dummodo  Magni  Ludovici  Vives  sai,  qui  Scho- 
lam  componens  disciplinas  tradidit  et  causas  corruptariim  artium 
designavit]  Griticcs  praeceptis  insistat,  honoro  gloria  et  fulgore 
niteat. 

Valentiae  Edetanorum,  vi  Galend.  Februar.  anni  mdgclx. 


*Gregorii  Majansii,  Generosi  Yalentiui,  censura  ex  delegatione   -Pá?.  8. 
Ordinarii  Ecclesiastici. 

Augustini  Salesii,  Doctoris  Theologi,  Urbis  Valentiae  Regni- 
que  líistorici  Dissertationem  Criticatn  de  Valentino  Sodalicio 
Vernaruní  colentium  Isidem,  libenti  animo  Icgi.  Argumentum  cst 
eximium;  rerum  varíelas,  et  amoenitas,  grata;  eruditio,  multi- 
plex:  uno  verbo,  opus,  diguuní,  quod  luce  publica  frualur.  Ita 
censeo  Olivao,  vii  Gal.  Fcbruarias.  Anni  mdcclx. 

Greg.  Majansius,  Generosiis  Valentinus. 

iHS.  Imprim. 

Dr.  Albornoz,  Vic.  Gen. 


*DISSERTATIO  ü  CRITIGA,  i|  DE  VALENTINO  SODALI-    Pág.  9. 
GIO  1¡  VERNARUM  GOLENTIUM  ISIDEM. 

Ferdinando  VI  Borbonio,  piissimo  Hispaniarum  Regesnblato, 
Carolas  III  Borbonius,  frater,  Neapolis  et  Siciliae  Rcx,  hosliuní 


118  BOLETÍX    de    la    real    academia    de    la    HISTOUrA. 

domitor  sompcr  invictus,  suffecto  iii  ejus  locum  Ferdiuando  ñlio, 
ad  obtincndura  regnum,  qaod  ei  jure  haereditario  obtigerat,  pa- 
rata instractissinia  classe,  Hispaniam  cogitavit.  Quo  die  Barci- 
nonem  appulit  xvt  Kal.  Novembr.  labenlis  jam  anni  mdcglix, 
Isis  navigatiünibns  praeposita  quae,  ut  veteres  fabulaa!,ur,  veli- 
ñcia  primum  invenit,  rateque  velificavit  dum  filiura  suum  Har- 
pocratem  quaereret,  Valentinos  monere  visa  est  (fas  sit  prae  gan- 
dío insanirc)  Regem  nostrum  Sapientem  ot  Magnanimura  inco- 
^Páfe-.  iii  *lumem  pervcnisse.  Namquc  ipso  die,  e  formosi  Turiae  visceribus, 
immanis  lapis  ater,  solidissiinas  is  qaideni,  ex  lapidicinis,  ut  fe- 
runt,  quae  non  procnl  Sagunto  exstant,  repertus  est,  longitudinis 
palmorum  scplem,  altitudinis  trinm,  cum  lapicidae  soliiis  ferra- 
montis  parva  quaedam  rudera  forme  attrita,  quaeamnis,  omnium 
amoenitatum  parentis,  fluenta  et  ripam  intcrsunt,  eíToderent. 
Inventum  est  marmor,  quamvis  non  dubitem  quin  olini  similis 
generis  apud  nos  erutum,  fere  intra  quartam  pilam  moenium, 
<inibus  flumen  includitar,  ct  quam  invenias  si  ex  cymba  lapídea 
noviter  exstructa  per  sinistrum  cornu  Urbem  versus  recta  pro- 
grediarís.  Ncc  mérito  suo  frandandu?  est  Emmanucl  Gomezius 
sacerdos  Valenlinns,  sacrae  Theologiao  Doctor,  vir  doctus,  quí 
iapidem  erutum  primas  inspexit,  requiescens,  cura  satis  essct 
deambulaíum;  et  per  Ignatium  Bellidum  sacrae  Theologiae  Doc- 
toren!, sodalem  me  admonuit.  Insignis  ergo  inscriptio,  Idibus 
Novembr.  seu  postridie,  a  me  accurato  transcripta,  haec  est: 

SODALICI  V>  .  . 

VERNARVM 

COL  EN  Tes    isid  .  .  .  . 

Inscriptio  quidem  lepídíssima  est;  veramquo  servat  orthogra- 
phiam,  quae  nisiexcipias  [anumGruterum  BibliothecaePalatinac 
'Pá-.  u  Pracfcctum  (Ins*cript.  pag.  35.  n.  5,  pa<j.  lil.  n.  IO,pag.  624. 
nwn.  S),  ct  unnm  aut  alterum.  fere  omnos  Auctores  hucus- 
quc  laluit.  Est  etiam  perfectissima,  si  sensum  et  grammaticam 
spectes;  ct  Sodalicium  colentes  vcnuslus  est  atque  clegantissinuis 
[«r  syllepsím  loqucndi  modus.  Exompla,  hinc  indo  congesta,  viri 
sapienlissimi,  Brocensis,  Sci'opius  ct  Vossius  prodidcrunt. 


ANTir.ÜKÜADKS    ROMANAS    Dlí    VALEN'GIA,  110 

Quarii  olluse  nnimiis  meas  exultavciil  novo  hoc  velustatis  the- 
sauto,  vix  exprimere  possum.  Illud  scio,  incilatum  me  antiqui- 
tatis  amore,  el  iiescio  qiia  pcrfusum  dulcedine,  inci-edibili  dili- 
gciitia  ad  domum  perrexisse  lllustris  Yiri  Joaunis  Rato,  Caiionici 
Valentiiii.  Arcliidiacoiii  Saguntini  et  hujiis  regni  Gancellarii, 
qui  fabricae  inurorum  et  cloacanim  praefectus  eral.  Haic  igitur, 
ciijiis  proplci-ea  inlerer.it,  et  scriplo  et  verbis  rem  omnem  aperui, 
siinulqne  obsccravi,  ut  diguaretur  projectiiin  marmor,  fatuisqai- 
buscinnque  objecium,  iude  extralierc  et  iii  tuto  locare,  uc  taiitum 
autiquitatis  lumen  upupae  ictibus,  quibus  jam  duas  litteras  cor- 
raseraut  et  ultimam  expunxerant,  perpetua  oblivíone  deperiret. 
Nam  marmor,  frustratim  diseclum,  redolabant  barbari,  ne  hilo 
quidem  pendentes,  capsellis  illis  incrustandis,  quae  incorrupto 
servant  herbae  .pulvcrem,  qui  a  Tabaci  ínsula  usurpat  nomeu, 
quique  cerebrum  roborat  per  moatus  narium  illatus.  Simul  spo- 
pondi  ei  explicare  Inscriptio*nis  mysteria.  Annuit  vir  prudcns  et  *Pd8-.  i-? 
antiquilatis  amanlissimus.  Eamque  couclusit  in  villam  Semina- 
rii  Valentini  Societatis  Jesu,  in  quo  clari  tirones  et  ex  Senatus 
consulto  juventus  a  sacri  hujus  Instituti  homnibus  et  littcris  et 
moribus  instruuntur.  Atque  ita,  mea  curatione,  iiiscriplio  hidis 
iisdem  Idibus  Novembris,  inumbrante  vespera,  de  stultorum 
feriis  Iriumphavit,  neo  procul  a  fluminis  moenibus  constituta. 

Nunc  jam,  quo  fides  firmior  sit,  servare  promissa  debeo,  atque 
stiidio  parendi  clarissimo  illi  Viro,  tantae  autiquitatis  conserva- 
tori,  in  médium  proferam  quicquid  ad  illustrandam  Inscriptio- 
nem  ad  miraculum  celeberrimam  pertinere  mihi  videtur.  Pro- 
fecto  in  ea  sum  sententia  Turiae,  deliciarum  beatissimae  urliis 
nostrae  parenli,  lantum  gloriae  accesissc  ob  /¿'ídís  iuscriptionem, 
quantum  dignitatis,  ob  Sertorii  pugnam  acerrimam  adversus 
Metellum  et  Pompejum;  et  celebritatis,  obmentionem  quamejus 
habuerunt  Cicero,  Sallustius,  Plutarchus,  Plinius,  Glaudianus. 
Jam  quae  ad  rem  attingunt. 

Isidis  igitur  simulacrum  muliebre  est,  bubulis  praeditum  cor- 
nibus,  quemadmodum  lo  Graeci  describunt.  Est  autcm  Isis  quae 
graeca  lingun  dicilur  :ír.:j.ñTn^,  id  est,  Ceres.  Apollinem  et  Dianam 
ajunt  Aegypiii,  Dionysi  et  Isidis  filios  esse;  et  Apollo  aegyp*liace  *Pág-.  13 
Orus  dicitur.  Cei'es  autem  Isis.   Diana  vero  Bubastis.   lu  urbe 


120  boletÍxN  dií  la  ke.íl  academia  de  la   HISTORLA. 

líiisiri  máximum  erat  templum  Isidis ,  ipsa  in  medio  Dellae 
Aegypli  sila,  quemadmodum  supponit  Herodolus  (lib.  2.  Euterp  ); 
(jui  insuper  addit,  Cyrenacas  foeminas  Isidi,  qiiae  eratiii  Aegyp- 
to,  jejunia  et  dies  festuá  sua  lempcstate  sLudio¿.e  egisse  ^liJj.  iv, 
Melpom.). 

In  Bibliotheca  sua  histórica,  uberius  rem  nostram  Diodorus 
Siculus  declaravit,  cum  scribit,  vetustissimos  in  Aegypto  morta- 
les mundum  supra  se  contémplalos,  et  non  sine  stupore  demira- 
tos  universi  naturam,  dúos  esse  déos  existimasse  aetei-nos  et  pri- 
mos, Solem  quippe  et  Lunam,  quorum  istum  Osiridem^  hanc 
hldern  appellarint;  quorum  Eumolpus  in  Bacchicis  carminibns 
meminit: 

Sidereum  DIonysum  igni  radiante  coruscum. 

hidem  vero  interpretatum  fuisse  antiquam,  quod  nomen  ab 
aeterna  et  antiqua  generatione  est  ei  impositum.  Cornuaque  ei 
addunt,  qiiia  talis  lunae  aspectus  est  quandc,  falcis  imagine, 
crescit  et  decrescit,  et  quia  bovem  apud  Aegyptios  consecratam 
habet.  Hos  itaque  déos  mundum  universum  gubernare  statuunt, 
nutrientes  et  augentes  omnia  (utpote  his  térra)  tripartitis  anni 
tomporibus,  veré  aestate  autumno.  Ideoque  totum  naturae  corpus 
solé,  qui  spiritus  est  et  ignis,  lunaque,  quae  humor  est  et  (torra) 
•páK.  II  siccitas,  consummari.  Tnsuper  Osi*ridem  Bacchum  significare, 
interdum  Serapin  (apud  Phoenices  sive  Ghananacos  est  Baal); 
hidem  quamproxime  Cererem.  Epigraphem  Isidis  columellae 
sacris  lilteris  insculptam  Nysae  Arabiae  oppido,  ad  qnam  pleri- 
•]ue  hnjusce  deae  sepulchrum  transtulerunt,  jam  suhjicio  (I): 
«Ego  Isis  sum  regina  hujus  regionis,  a  Mercurio  erudita.  Quae 
lege  per  me  sancita  sunt  nemo  solvere  potcst.  Ego  Saturni,  no- 
vissimi  dei,  filia  sum  natu  máxima.  Ego  sum  Osidiris  regis  uxor 
et  sóror.  Ego  sum  illa  quae  prima  fruges  mortalibus  reperit.  Ego 
i-egis  Hori  mater  sum.  Ego  sum  quae  in  Canis  sidere  exoritur. 
Mihi  Bul)astis  urbs  aedificata.  Vale,  gaude,  Acgypte,  mea  nu- 
Irii:.))  (Diodorus,  1.  i.  cap.  xi.   xxiv.  xxvii.)  Primo  el  ultimo  In- 

(1)    Con  letra  versalitii  iuclinada. 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  121 

scriptionis  hujus  verborum  ambitui  respoudit  sic  canens  Papi- 
nius  Statius  (Sylvar.  1.  3.  v.  102): 

Nunc  regina  Phari,  numenriue  Orientis  anlieli. 

Isis  cadem  ita  loqiiitur  apud  Apulejum  (Melamorph.  lib.  ii): 
«Ego  siim  rerum  natura  parens,  elemeiitorum  omoiuin  domina, 
saecalorum  progenies  initialis,  suinma  numiimrn,  regina  Ma- 
ninm,  prima  Goelitum  doornm  dearuinquc,  facics  uniformis, 
quae  cocli  luminosa  culmina,  maris  salubria  ílamina,  inferum 
deplórala  sileutia  nutibus  *  meis  dispenso.  Gujus  numen  unicum  tpág.  15 
multiforme  Lipecie,  ritu  vario,  nomine  multijugo  totus  veneratur 
orbis.  lude  primigenii  Phryges  Pessinunticam  nominant  deúm 
Matrem,  bine  authoctones  Attici  Gaocropejam  Minervam,  illinc 
fluctuantes  Gyprii  Paphiam  Venerem,  Gretes  sagittiferi  Dictyn- 
nam  Dianam,  Siculi  trilingües  Stygiam  Proserpinam,  Eleusini  i 
vetustam  deam  Gererem,  Jnnonem  alii,  alii  Bellonam,  alii  lie- 
caten,  Rhamnusiam  alii;  et  qui  nascenti  diei  Solis  inchoantibus 
illustrantur  radiis,  Aethiopes  Ariique  priscaque  doctrina  pollen- 
tes  Aegyptii,  caeremoniis  me  propriis  percolentes,  appellant  vero 
nomine  reginam  Isidem.» 

Omitto  quae  Plutarchus  attulit  in  suo  de  Iside  ét  Osiride,  cum 
perspicua  sint  et  clara  ómnibus.  At  non  est  praetermittendus 
M.  Terentius  Varro,  cam  ajens  quae  in  Aegypto  Isis  apud  Phoe- 
nicas  vocari  Astarthe  (de  ling.  lat.  1.  iv).  Et  prefecto  Lucianus  in 
dea  Sijria  et  líei'odianus  in  Heliogabalo  (lib.  v.)  Astbartem,  Lu- 
nam  existimarunt:  cujusfiguram  Sanchoniaton  deduxit,  sic  apud 
Eusebium  expressit:  Imposuit  autem  Astarthe  capiti  suo  regale 
insigne,  tauri  caput.  (Praepar.  Evang.  1.  i,  cap.  vi  et  vii).  Eam- 
dem  Astarthem  capite  bovino  una  et  cornuto  super  indutam, 
tamquam  regium  insigne,  cornua  lunae  exhiben tem  descripsit 
Porphyrius:  quo  pariter  capitis  ornamento  decoratam  vidimus 
deam  Isidem  apud*  Herodotum.  Astarthem  igitur,  plurali  numero  *pág.  1 
Astarotli,  deam  Sidoniorum  coluit,  et  infatuatus  adoravit  rex  Sa- 
lomón (3.  Reg.  II,  V.  5,  33;  et  4.  Reg.  23,  v.  13).  Rursumque,  ut 
divinne  Scripturae  profi-tentur,  Judaoi,  omnipotenti  Numini  ple- 
rumquG  facti  abominabiles,  servientes  Baalimet  Astaroth.  Garent 
illi  peculiari  nomine  ad  deam  significandam ;  cura  vero  Isis  pin- 

TOXIO  IV,  9 


122  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORLA. 

gatiir  cnpite  vel  coriiibas  boviiiis,  proniim  est  judicare,  Vituli 
uiirei  occullalam  nomine  Hebraeo?,  annuente  Aarone,  Isidem 
adorasse  (Exod.  cap.  32).  De  dea  ista,  nbi  de  diis  quae  siinl  iu 
Acgypto,  tractavit  Leo  (scribil  Clemens  Alexandrinus),  dicitque 
Isidem  a  Graecis  vocari  Cererem,  quae  fuit  tempore  Lijncei^  un- 
décima generatione  post  Mosen.  (Stromatum  lib.  r,  c.  x,  num.  30.) 
Ciceronis  aelate,  ut  reor,  nondum  Tsilis  cultiis  Romain  illatus 
fuerat:  cuín  ita,  quin  lamen  Isidem  nominaverit,  depinxerit  iDe 
nalur.  deor.  1-  2),  quae  eadem  prefecto  suiít,  LunamCereremque: 
uMullaqiie  ab  ea  (Luna)  manaiU  et  fluunt,  quibus  eí,  animantes 
alanlur,  augescantque  et  pubescant,  matui-itatemque  assequau- 
tur  quae  oriuntur  a  térra.  Máxime  vero  sunt  admirabiles  rnotus 
earum  quinqué  stellarum,  quae  falso  vocantur  errantes;  nihil 
cnim  errat,  quod  in  omni  aeternitate  couservat  progressus  et  re- 
■Pág.  r,  grcssus.»  Pergit  disserere  de  sideribus  ac  mullitudine  *  nec  ces- 
santium  deorum,  et  subjungit:  «Multae  autem  aliae  naturae  deo- 
rum  ex  magnis  lieneficiis  eorum  non  sine  causa  et  a  Graeciae  sa- 
pientibus  et  a  mnjoribus  nostris  constitiitae  nominataeque  sunt. 
Quidquid  magnam  utilitatem  goneri  elíerret  bumano,  id  non  siue 
divina  bonitale  erga  homines  fieri  arbitrabantur.  Itaque  tum 
illud  quod  erat  a  deo  natum  nomine  ipsius  dei  nuncupabanf:  ut 
cum  fruges  Cererem  appellamus,  viuum  autem  Liherum;  ex  quo 
illud  Terentii 

Sine  Cerere  et  Libero  friget  Veauss.» 

Suspicor  Isidem  a  Cicerone  praetermissam  quod  aetate  sua, 
anno  Urbis  couditae  dcxgv,  L.  Calpurnio  Pisone  et  A.  Gabinio 
consulibus,  curia  deorum  una  cum  Scrapide  et  ílarpocrale  cum 
suo  Cynocephalo  pulsa  fuerit  et  prohibita  Capitolio  iuferri,  ut 
loquitur  Tertullianus  (Apolog.  advers.  Gentes,  cap.  vi).  Sicigitur 
ubi  dii  selecti  alte  insederant,  peregrini  rejecli  et  explosi.  Quod 
autem  illi  cocpcrunt  aris  dictorum  deorum  eversis,  perfectum 
videtur  anno  Urbis  conditac  dcciii,  consulibus  L.  Aemilio  P¿iulo 
ot  C.  Claudio  Marcello,  ipso  viventeCicerone.  «li.  Aemilius  Pau- 
las cónsul,  inquit  Vaíarius  Maximus,  cum  Señalas  Isidis  et  Sé- 
rapis  fana  dirucnda  censuisset,  eaque  nemo  opilicum  atlingere 


ANTIGÜKÜADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  123 

audcrct,  posita  practoxLa  securim  arripuit,  templiquc  ejus  foribus 
inflixit.  (L.  i  de  Peregr.  Relig.  rejecta,  cap.  3.) 

Sed  et  Augusti  tomporibas  Isis  Romae*  restituía  est.  Sacra  ejus  *pág.  is 
observabauíur  dccetn  continuis  diebus,  contineulia  rite  sérvala, 
capitis  dolores  focminis  fingentibus  si  viri  urgerent.  Iccirco  Ovi- 
dius  conqueslus  est,  sic  canens  do  Árnica:  (Amor.  1.  \,  Elcg.  vin.) 

Saepe  nega  noctes;  capitis  modo  finge  dolorem; 
Et  modo,  quae  causas  praebeat,  Isis  erit. 

Eamdem  solemnitatem,  ad  Cyiithiam  scribens,  maledictis  pros- 
ciudil  Propertius  (lib.  ii). 

Tristia  jam  redeunt  iterum  solemnia  nobis, 

Cyrithia  jain  noctes  est  operata  decera. 
Atque  utinam  Nilo  pereat  quae  sacra  tepente 

Misit  matronis  Inachis  Ausoniis. 

Tiberio  postea  imperante,  cum  Romae  in  sacris  Isidis  in  illus- 
Iri  Paulina,  deae  liujus  cultui  veliemenler  addicta,  summa  tur- 
pitudo  deprehensa  esset,  sacrifici  in  crucera  acti  sunt;  dirutoque 
templo  statua  Isidis^  Principis  jussu,  in  Tiberim  mersa  est,  uti 
narrat  Josephus.  (Antiq.  Judaic.  lib.  xviii,  cap.  iv.)  Sicque,  ex- 
ternas cerimonias,  Aegyptios  ritus  Tiberius  compescuit,  coaclis 
qui  superstitione  ea  tenebantur  religiosas  vestes  cum  instrumento 
omni  comburore,  ut  scribit  Suetonius  (in  Tiberio,  cap   xxxvi). 

Nihilominus  sacra  haec  eadem  restaúrala  jam  erant  Neronis 
tcmpore,  cum  ea  ita  expresserit  Lucanus  (lib.  viii)  de  Aegypto  lo- 
queas, Pompejique  fata  plangens: 

*Nos  in  templa  tuara  Romana  accepiraus  Isin,  *Pág'.  19 

Semideosque  canes  et  sistra  jubentia  luctus, 
Et  quem  tu  plangens  liominem  testaris  Osirim. 

Ollio  quoque  imperator  sacra  haec  Isidis  saepe  in  linlca  religio- 
saque  veste  propalara  celebrabat,  testante  in  ejus  vita  Suetonio. 
Atque  ita  adeo  cultus  ejus  dilatatus  est,  ut  Vespasiani  aetate  Har- 
pocratem  staluasque  Aegyplioram  numinura  in  digitis  viri  quo- 
que portare  incoeperint,  ut  Plinius  loquilur;  (Histor.  natur. 
1.  xxx.)  et  Domitianus  latere  non  crubuerit  Isiaci  celatus  habita 
dura  in  Gapitolium  irrum.pcrent  Yitelliani.  (Sueton.  in  Domit. 


124      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

c.  I.)  Commodus  eiiam  Antoninus  sacra  hidis  coluit,  ut  et  capuí 
raderet  et  Anubini  portaret,  uti  Aelius  Lampridius  litteris  con- 
signavit.  Sed  et  Antoninus  Garacalla  sacra  Isidis  Romam  depor- 
tavit  et  templa  ubique  magnifice  eidem  deae  fecit,  ut  prodit  Spar-^ 
tianus;  non  lamen  quod  celebritatera  primus  invexerit,  sed  quod 
eidem  plura  addiderit.  Tertulliani  demum  aetate,  Libero,  Sera- 
pidi,  Isidi,  Harpocrati  silentii  numini,  cum  suo  Cynocephalo  ca- 
niiii  capilis  deo,  qui  ipse  erat  latrator  Anubis,  Romani  summam 
contuleranc  majestatem.  (Apologet.  cap,  vi.) 

Quibus  tamen  temporibus  Isis  coepta  fuerit  apud  Hispanos 
adorari;  siculi  vix  dicere  ausim,  ita  credo  cum  Romanorum  ar- 
'Pág.  20  mis  victricibus,  *poiissimam  Augusti  temporibus,  post  omnino 
receptas  Hispanias  cultum  Romae  restitutum  per  Imperii  provin- 
cias coepisse  propagari.  Id  nos  ex  Gallia,  Hispaniae  contermina 
provincia  didicimus;  quae,  cum  Julii  Gaesaris  aetate  déos  coleret 
Mercurium,  Apollinem,  Martem,  Jovem  et  Minervam,  ut  ipse- 
met  retulit  de  Bello  gcdlico;  (lib.  vi,  cap.  xvii.)  non  multo  post^ 
si  Morello  Gallo  ñdes  sit  adhibenda,  quod  tamen  suspicor,isif?em 
induxit.  Qaare  ergo  iisdcm  temporibus  Isidis  cultum  non  jara 
apud  nostrates  inductum?  Praesertim,  cum  nostrae  Inscriptionis 
laconismus,  qui  verbis  paucissimis  plura  complectitur,  necnoii 
vetustissimi  ejusdem  litterarum  ápices  referant  Augusti  aetatem. 
Suadent  quoque  veteres  Inscriptiones.  ,In  urbe  Tarraconensi^ 
quae  a  G.  Gaesare  Golonia  videtur  deducta,  quae  nummos  avgvsto 
DEO  consecravit,  quaeque,  Melae  aetate,  urbs  erat  in  Hispaniae 
Mediterraneis  oris  maritimarum  opulentissima,  hanc  (1)  sacravit 
Clodia  Osiana: 

I    S    I   D    l  A    V    G 

S  A  C  R  V  M 
IN       HONOREM 
ET      i\lEMORIAM 
IVLIAE     SABINAE 
CLOD'OSIANA 

M  A  T  E  R 

(1)    Hilbner,  Inscript.  Hisp.  Latinae,  4080. 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  125 

Basim  staluae  Isid'is  puerperae,  seu  lo,  posl*quam  Epaphum  pe-  •Pá?.2i 
perit,  quam  Hispali  accurale  diligcnterque  delincaiidam  curave- 
rat  celeberriinus  Emmaiiuel  Martinus,  Alonensis  Decaiuis,  misit 
hic  Gl.  Vir  ad  Beriiardum  Moat-fauconiíim,  unacum  inscriptione 
Isidis  lepidissima.  Iii  illa  habemus  Anubidis  bine  simulacrum 
novo  gestamine,  nempe  clava,  atque  ibidem  illam  TroXMxXnrov. 
Iiide  vero,  sive  Osiridem,  sive  numen  aliud  Niloticurn  cum  sub- 
jecto  Apido.  Basis  haec  tamen  cum  inscriptione  (1)  Acci  olim  ad-  ^ 
veda  fuit.  Ecce  inilium: 

I  s  I  D  I       P  V  E  I 

IVSSV    •    DEI    •    NE 

PABIA   •  L  •  F    •   FABIANA  •  AVIA 

IN    HONOREM     AVTIAE     NEPTIS 

PIISSIMAE     EXARG  •  P  •  CXIIS.... 

etc. 

Aliam  quidem,  nec  minus  iusignem  (2),  eidem  deae  Accitani  sa- 
crarunt,  quam  inventara  in  agro  Accitano,  sic  damus  ab  erudito 
Thoraa  Legiouensi,  Jesuitarum  sodali  transcriptam. 

LIVIA  CHALCEDONICA 
ISIDI  DEAE  D  • 
H  •  S  •  E 
ORNATA  VT  POTVIT 
IN  COLLO  H  MONILE 
GEMMEVM'IN  DIGITIS 
SMARAGD  •  XX-DEXTR 

*Quin  tamen  praetereamus  Isidis  quoque  cultura  apud  Bracaren-  *pág.22 
ses  in  Lusitania  (3)  juxta  Gruteriauara  inscriptionera  (Inscrip. 
pag.  83,  num.  7)  invaluisse. 


(1)  Hübn.,  3286. 

(2)  Hübn.,  3287. 

(3)  Hübn.,  2416. 


126  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACaDEMLA    DE    LA    HISTORLV, 

Hisce  ergo  temporibus  pulaverim  a  Romanis  deae  Isidis  cul- 
tum  Valentiam  illatum;  antea  vero  apud  Hispanos  cuitara  mini- 
me  crediderim,  quantumvis  contra  sentiat  Henricus  Floretius. 
Namque  numismata  muuicipioram  et  coloniarum,  Acinipo,  Asi- 
do, Ambae,  Bailo,  Gaurae,  Cartejae,  Garbalae,  Gades,  Ilipae, 
Itucci,  Obulco,  Orippo,  Romulae,  Saetabis,  Uliae,  Urso,  insigne 
licet  Lunae  praetulerint,  antequam  Romani  (quod  falsum  arbi- 
^  tror)  Hispania  potirentur;  idem  signum  observamus  in  Sagunti- 
nis,  in  quibus  non  Isidem^  sed  Dianam  durataxat  denotan,  dedu- 
cás ex  Plinio,  ita  scribente:  «In  Hispania  Saguntiajunt  templuní 
Dianae  a  Zacyntho  advectae  cum  conditoribus,  annis  ducentis 
ante  excidium  Trojae,  ut  auctor  est  Bocchus;  infraque  oppidum 
ipsum  id  haberi.  Gui  pepercit  religione  inductus  Annibal,  juni- 
peri  trabibus  etiam  nunc  durantibus  (lib.  xvi,  cap.  xl).  Templi 
hujus,  infra  oppidum,  sacrarii  pavimentum  musaico  opere  in- 
signe, eíFosum  est  mense  Majo  ann.  mdccxlv,  et  a  me  explanatura 
oculato  teste:  Regi  nostro  potentissimo  Philippo  V  explanatio 
tradita  fuit,  quamvis  honores  alius  (1)  tulerit.  Favent  quae  Scho- 
-pis- 23  lani  aeta*te  inscriptiones  Dianae  supererant;  nunc  una  tantum  (2), 
quam  cum  litteris  lepidissimis  Baroni  Schombergio  misit  Glar. 
Gregorius  Majans,  omnium  disciplinarum  peritissimus,  Musa- 
rum  et  Hispanorurn  gloria  (lib,  iii,  Epistol.  xxv,  pag.  148).  Prae- 
terea  observatur  in  Gaesarum  monetis,  Marciae  Otaciliac,  Salo- 
ninae  et  Severinae  Augustarum  ejusdem  Lunae  insigne,  quin 
Isidem  unquam  referant;  quod  jure  a  Floretio  non  erat  praetcr* 
miltendum. 

Atquc  haec  de  hide  pro  illustranda  nostra  Inscriptione,  caete- 
ris,  ut  rcor,  Hispaniae  antiquiore;  ex  qua  novimus,  quin  aliud 
supersit  monumentum,  hanc  deam  a  Yalcntinis,  Romanae  su- 
perstitionis  temporibus,  cultam  fuisse. 

At  quo  dcmum  ritu?  Explicare  jam  conor  ut  tándem  quid  a 
vcrnis  praestaretur  palam  fiat. 


(1)  Miguel  Eugenio  Muñoz,  Disertación  sobre  el  pavimento  descubierto  en  la  villa  de 
Murtiedro  junto  al  arrabal  de  San  Sebastián  en  19  de  Abril  de  1745,  reconocido  de  orden 
de  S.  ¡I.  Ms.  (E.  179,  fol.  1-119)  en  la  biblioteca  de  nuestra  Keal  Academia. 

12)    Hübn.,  SS'W.— Los  dos  tomos  de  Escolano  salieron  á  luz  en  1610  y  1611. 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  127 

Aegyptii  hanc  deam,  ut  ante  pracdiximus,  summa  vencratione 
coluerunt,  eique  máximum  festum  celebrabant.  Ritus  hujusmodi. 
Postea  qiiam  jcjuiiaverant  pridie  diei  fcsti,  atque  obdormierant, 
bovem  immolahant  eamquo  corio  cxuebaiit  et  alvo  tota  vacaa- 
baiil.  Intestina  iiilra  vcntrem  adipeniquc  linqucnles,  crura  trun- 
ca hant  et  extremos  lumbos  armosquc  ac  cervicem.  líis  actis,  reli- 
quum  bovis  corpus  stipabaut  panibus  puris,  et  melle,  et  uva 
passa,  et  fiéis,  et  thure,  et  myrrba  aliisque  odoribus.  Ubi  hace 
infarserunt,  adolebant,  multum  vini  *  oleique  infundentes;  jejuni  *Pág.  n 
tamen,  priusquam  sacriflcarent.  Dum  ardebat  sacñficium,  verbe- 
rabanlur  omnes,  cuncti  et  cunctae,  multa  sane  hominum  millia; 
post,  dapes  ex  sacriflcii  reliquiis  proponebantur.  Boves  quidcm 
mares,  eosdemque  mundos,  ac  vítulos  inmolabant  Aegyptii;  at 
foeminas  immolare  non  licebat,  utpole  Isidi  consécralas;  cujus 
simulacrum  muliebre,  bubulis  cornibus  praeditum,  eratque  cor- 
nuta  vacca.  (Herodot.  lestis,  lib.  i,  Euterp.)  Alia  insuper  solem- 
nitate  hanc  deam  distinxerunt  ob  frugesab  ea  inventas.  Namque 
pro  testimonio  inventarum  frugum,  messis  tempore  oblatis  spi- 
carum  primitiis,  incolae  juxta  manipulos  plangebant,  IsidemquQ 
invocabant  sistris,  reor,  jubentibus  luctus.  In  pompa,  tritici  et 
hordei  vascula  circumferebant  ad  primitus  deae  industria  reper- 
torum  memoriam  (Diodor.  Sicul.  Biblioth.  1,  i,  cap.  xiii);  et  ob 
medicinam  ferme  ab  eadem  inventam  totius  orbis  fama  celebra- 
batur.  (Ibid.  cap.  xv.)  Ex  Orphei  et  Pythagorae  disciplina,  qui 
hmea  omnia  in  rebus  divinis  ut  impura  et  prophana  damnabant, 
Isiaci  sacrificuli  lineo  habitu  induebantur;  atque  sic  Domitianus, 
Tácito  scribenle,  scrutantibus  latuit.  Sed  et  Juvenalis  (Satyr.  vi) 
Isiacorum  gregem  linigerum  pariter,  et  ab  amictu,  et  quod  caput 
raderent,  calvum  vocat: 

*Ergo  hic  praecipuum  summurnque  meretur  honorem,  *Pág.  25 

Qui  grege  linigero  circumdatus  et  grege  calvo 
Plangeiitis  populi  currit  derisor  Anubis. 
Ule  petit  veniam,  quotles  non  abatinet  uxor 
Concubitu  sacris  observandisque  diebus. 

Decem  quippe  diebus  sacra  nocturna  in  templo  Tsidis  mulleres 
peragebant,  quin  eo  liceret  viris  accederé.  Haec  causa,  quam 
praediximus,   querelarum  Ovidii  et  Propertii,  et  poenitudinis 


1Í8  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

quam  significant  Lucanus  et  Juvenalis.  GerLus  insuper  quo  Isidis 
navigium  celebrabatur  (1);  quod,  Apulejo  teste  (2),  sacerdotes  sa- 
criücabaiit;  quae  res  docet  non  tranasse  illam  sed  navigasse  (Lac- 
tant.  de  falsa  relig.lib.  i),  quodetiam  admonuit  Gornelius  Tacitus 
de  Germanis  sic  disserens:  «Pars  Suevorum  et  Isidi  sacrifican t. 
Unde  et  causa  et  origo  peregrino  sacro  parumcomperi;  nisiquod 
signum  ipsum,  in  modura  liburnae  ñguratum,  docet  advectam 
religionein.»  Ideo  praeesse  navigationibus  putabatur,  et  cursus 
in  mari  dirigere.  Sic  enim,  Luciano  referente,  Jovis  ad  Mercu- 
rium:  «Ipsam  vero  lun  per  mare  in  Aegyptum  ducito,  et  facito 
Isin;  ac  deinceps  sit  illis  hominibus  numen.  Inducat  ipsa  Nilum, 
ventos  immiltat  et  navigantes  servet.»  De  hoc  praeterea  festo 
Apulejus  (lib.  xi).  Girca  quod  adeundus  est  magnus  meus  et  im- 
*p&g.  26  mortalitate  *  dignissimus  Ludovicus  Vives.  (Gomment.  1.  xviii  de 
Givit.  Dei,  cap.  iii.)  In  sacris  tamen  Isidis  reconditis  et  arcanis 
venerandis  multa  erant  turpissima,  exsecranda,  flagitiorum  et 
scelerum  plena,  quae  ad  iuferna  quoque,'  id  est,  Erebi  arcana, 
sacra  spectabánt.  Multa  impiissima  patrabant;  mox  carmina  fun- 
debant  contra  déos  ipsos,  adversus  quos  sacerdotes  violentas  mi- 
nis  utebantur,  veluti:  Ni  vos  ita  fecerltis,  aut  contra,  coelos  con- 
fringam;  vel  oculta  Isidis  patefaciam;  vel  arcanum  in  abysso 
reconditum  divulgabo;  aut  sistam  navim  quamdam  apud  Aegyp- 
tios  sacram,  etc.  Quae  omnia  refert  Porphyrius  ad  Anabonem 
sacerdotem,  quem  in  Givitate  Dei  beatus  Augustinus  transcrip- 
sit  (lib.  X,  cap.  xi). 

An  vernae  arcanis  illis  sacris  interessent?  Obscurum  est  ex 
TIoratio,  qui  postquam  de  puero  verna,  loquutus  ante  fucrat,  sic 
postea  sermón.  1.  2.  satyr.  vi.  quamdam  describit  coenam: 


liospes 
Continuatque  dapes,  necnon  verniliter  ¡psis 
FuQííitur  officiis. 


(1)  «Quo  igitur  argumento  probari  potest  nec  Europam  in  Tauro  sedisse,  nec  lo 
factam  bovem?  Quod  certus  dies  habetur  in  Fastis,  quo  Isidis  navig-ium  celebratur; 
"luae  res  docet  non  tranasse  illam,  sed  navi¡>asse.>>  Lactancio,  Divi».  institut.  i,  11. 

(2)  «Navem...  summus  sacerdos...  (juam  purissime  purificatam  nuncupavit  dedica- 
\\\.^\Ufi.»  Metamorph .,  xi. 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  129 

Quod  alii  quidem  luxuriose,  alii  pro  adulatorie  exponunt,  qui- 
bus  vivendi  ars  hace  est.  Sed  tamen  de  vernae  signiñcatione, 
quae  dubitationem  non  liabct,  in  eam  plerosque  adduxit,  iit  Per- 
siu3  ait 

Murmura  cum  secum  et  rabiosa  silentia  rodunt. 

Servi  itaque,  domi  nsLÚ*vernae  elvernaculi  diccbantur;  et  proca-  *Pág-. 27 
ciores  plerumque  erant,  quia  scilicot  ipsis  plus  quam  alus  indul- 
gebatur.  Plerisque  tamen  servi  sunt  domi  nati  ex  ancilla  nostra 
aut  servo.  At  ego  rem  islam  medullitus  percepcram,  dum  juveiiis 
Sacrao  Scienliae  laurea  in  Academia  hac  nostra  donandus  essem. 
Tum  enim  Gl.  Félix  Gastón,  acerrimijudicii  vir,  sacraeque  Theo- 
logiae  Doctor,  Professor  et  Gensor,  concessit  mihi  praestantis 
doclrinae  a  se  elaboratum  opus  in  Evc.yyiXLx,  venustissimum  id  qui- 
dem, prout  ejus  omnia.  Inquirens  autem,  quinam  ad  circumci- 
sionem  servi  tenerentur,  sic  praefatur:  «Atque  imprimis  suppo- 
uendum  moneo  servos  alios  fuisse  vernáculos,  qui  nempe  domi 
uascebantur  ex  servis;  alios  empticios,  qui  scilicet  pretio  empli 
vel  in  bello  capti  erant;  alios  mercenarios,  qui^tametsi  liberi,  ta- 
men ex  mercede  accepta  in  Abrahae  domo  serviebant.  Haec  est, 
ut  reor,  penitissima  vernae  et  vernaculi  nomenclatura,' quam 
postea  praeceptorem  sequutus  excepit  vir  insignis  Paschasius 
Sala,  Praepositus  Yalentinus,  Sacrarum  Litterarum  Interpres, 
meusque  in  hac  scientia  Institutor.  Praecipuis  quoque  sacris 
hidis  praecedebat  sacer  apparatus,  tanta  schematum  diversitate 
et  ridiculis  commentis  instructus,  quemadmodum  describit  Apu- 
lejus  (1.  xi):  «Ponipae  magnae;* anteludia  votivis  cujusque  studiis  'Pág-.2f{ 
exórnala;  facibus  mulli  purpuraque  ludebanl;  alii  barbitio  hir- 
cino  philosophum,  plerique  mililem,  venatorem,  foeminam  in- 
cessu  perfluo,  aucupem  mentiebantur,  etc.»  Jam  vero,  an  ista  a 
vernis,  praestarentur?  Anceps  profecto  res  atque  ambigua.  Puta- 
rat  quispiam  a  vernis,  cum  pro  sciirris  eos  usurpaverint  Thomas 
Farnabius,  Vincentius  Gollessus  et  Jacobus  Facciolatus,  qui  om- 
nes  Marlialis  illad  in  Gaecilium:  (Epigr.  lib.  i.  Epigr.  xli.) 


Urbanus  tibi,  Caecili,  videris; 

Non  ep,  crede  mihi.  Quid  ergo?  Terna  es, 


130      BOLETÍN  DE  LA  REAL  AGADEMLA,  DE  LA  EIST0RL4. 

sumpserunt  pro  scurra  impudeiili  et  procaci.  Et  fortassis  non 
abnuit  Martialis  ipse,  (Epigr.  1.  x.  ep.  iii.)  ad  Priscum: 

Vernaculorum  dicta,  sordidum  dentem, 
Et  foeda  linguae  piobra  circulatricis. 

Atque  etiam  Séneca,  dum  ita  scribit  de  cliente  piiero:  «apudpro- 
xinium  circulatorem  resedit,  et  dum  vagas  atque  erro  vernacxiUs 
congregatur  etludit.»  (De  Benefic.  1.  vi.  c,  xr.)  Scenicahaecerant, 
et  Gereri,  quaeipsaest  Jsis,  et  Libero  dicata;  in  quibus  non  rainor 
furor,  turpi tildo  prolixior,  cum  mimus  exponebat  adulteria,  etc. 
(Minuc.  in  Octavio.)  Propterea  sic  gentes  Tertuliianus  carpebat: 
«Dispicite  Lentulbrum  et  Hosliliorum  venustates,  utrum  mimos 

■?ág.  29  an  déos  veslros  in  jocis  et  strophis  ri*dea'is  moechum  Anubin. 
Ita  nihil  est  nobis  dictn  visu  auditu  cum  insania  circi,  impuden- 
tia  theatri,  etc.»  (Apologet.  cap.  xv.)  Post  solemnia  sacrificia, 
spectacula  et  ludos  edere,  choreas  agere  et  convivia  celebrare 
mos  fuit  Isiacorum;  quibus  Hebraei  imitati,  diutinae  Moysis 
absentiae  pertaesi,  idem  in  deserto  feceruut.  (Exod.  xxxii,  6.) 
Profecto  olini  servos  vernas  ad  contumeliosas  argutias  erudiebant. 
Unde  Séneca:  «Cogita  ñliorum  nos  modestia  delectari,  vernula- 
runí  licentia;  illos  disciplina  tristiori  contineri,  horum  ali  auda- 
ciam.  (De  Provid.  cap.  i.)  ídem  pliilosophus  sic  proprius  de  ver- 
nis  seu  mancipiis:  «Eadem  causa  est  cur  nos  mancipioriira  nos- 
Iroi'um  urbanitas  in  Domino  contumeliosa  delectet;  quorum 
audacia,  ita  demum  sibi  in  convivas  jiis  facit,  si  coepit  a  Domino. 
Ut  quisque  contemlissimus  et  ut  máxime  ludibrio  est,  ita  solu- 
lissimae  linguae  est.  Pueros  quidem  in  hoc  mercantur  procaces, 
et  eorum  impudentiam  acuunt,  et  sub  magistro  habent  qui  pro- 
bra  medítate  eíTundant;  nec  has  contumelias  vocamus  sed  argu- 
tias.» (libr.  de  Constant.  Sap.  cap.  xi.)  Yidetur  igitur  in  sacris 
Isidis  vernas  seu  scurras  hísisse,  quod  apud  Virgilium  (Eclog.  vi) 
'  est  choreas  ducere,  et  (Eclog.  i.)  instrumenta  pulsare;  quamvis 
Tertuliianus  (lib.  de  jejun.)  ludere  de  impuritatibus  exponat.  Si 

*pág.  30  namque  mancipia  inslituebantur,  quare  non  m  *  sodaliciis?  De 
iisdem  sic  idem  Séneca:  «Transeo  puerorum  infelicium  greges, 
quos  post  transacta  convivia  aliae  cubiculi  contumeliae  expec- 
tant.»  (Epist.  XGV.)   Quae  forte  conveniunt  cum  reconditis  Tsidis 


ANTIGÜKDADES   ROMANAS   DE   VALENCIA.  131 

arcanis  quibus  Dea  colebatur:  omniaquo  hucusque  deducía  Mar- 
tiali  cohacreiit,  quemadmodum  eum  mcmorati  viriintellcxerunt. 
At  vernas  non  fuisse  scurras  omiiino  putamus;  nec  enim  id 
lapides  silerent,  cum  tamen  iiihil  adícraiit.  Inscriptio  Goloniae 
Patriciae  (1)  hic  sistitur: 

D  •  M  •  s 
M   •    LVCRETIVS 

V  E  R  N  A 
P  ATRIC  I  EN  S  • 

ANN'LV» 
PIVS  •  IN  •  SVOS  • 

H  •  S  •  E  • 
SIT'T'T  •  LEVIS  • 

Ñeque  viri  illi  ornatissimi  aberrassent,  si  super  Martialis  epi- 
gramma  Domitium  Galderiiium  consuluissent,  optimum  illum 
Martialis  interpretem. 

Igitur  quodnam  fuerit  Vernarum  nunus  Sodalicii  Valentini, 
post  sacrificulorum  choreas  inferius  expendam. 

lu  pompis  ergo  Isidis^  choreas  duxisse  sacrificos  prorsus  com- 
pertum  est.  Theletusa  Ovidiana,  sic  loquitur  ad  deae  aram  pro- 
voluta, (ix.  Metamorph.) 

*Te,  dea,  te  quondam,  tuaqiie  haec  insignia  vidi  ^Pág-.  31 

Cunctaque  cognovi,  sonitum  comiteeque  facesque 
Siatrorum. 

Unde  Martialis  quoque: 

Linigeri  f  ugiunt  calvi  sistrataqne  turba. 
Et  Paninius  Statius,  Silvar.  1.  iii.  v.  103: 

Excipe  multisono  puppem  Mareotida  sistro. 

(1)    Hübn.,  2246. 


132      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACaDEMLA.  DE  LA  HISTORIA. 

Aera  vocat  ad  Deliam  Tibullus,  quae  in  castro  Isidis  fucrat: 

Quid  mihi  prosunt 
Illa  tua  toties  aera  repulsa  manu? 

Incedendi  ordinem  colligas  ex  ejusdem  Ovidianae  Theletusae, 
somnii  imagine : 

Cum  medio  noctis  spacio,  sub  imagine  somni, 
Inachis  ante  torum  pompa  comitata  sacrorum 
Aut  stetit,  aut  visa  est.  Inerant  lunaria  f  ronti 
Cornua,  cum  spicis  nitido  flaventibus  auro, 
Et  regale  decus;  cum  qua  lalrator  Anubis, 
Sauctaque  Bubastis,  variisque  coloribus  Apis, 
Quique  premit  vocem  digitoque  eilentiasuadet; 
Sistraque  erant  numquamque  satis  quaesitus  Obiris, 
Plenaque  somuiferis  serpens  peregrina  venenis. 

Quid  omnia  isthaec  significent  habes  in  Plutarcho,  de  Iside  et 
Osiride;  et,  ut  reor,  Exod.  xxii.  Stultum  vulgus,  cum  luminis 
defectuniLuna  pateretur,  laborare  arbitrabatur;  utqae  laboribus 
ejus,  consuleret,  nocte  sub  dio  aeneis  ac  ferréis  vasis  strcpitum 
•pág.  32  máximum  edebant  ne  *  ea,  veneñcorum  carmina  audiret,  quibus 
pati  decebant.  (Plin,  Hist.  variis  loe.) 

Jam  a  sacriüculorum  choréis  ad  vernarum  munus. 

Messium  tempere,  a  priscis  aetalibus  pro  optalis.benedictioni- 
]jus  coloni  grates  referebant  Baccho  et  Isidi,  fruges  lustrantes  et 
agros,  descensum  illis  precautes ,  ut  ex  prioris  numinis  cornibus 
uva  penderet,  Geresque  spicis  témpora  cingeret.  Luce  tune  sacra, 
humus  et  arator  réquiem  capiebant;  opus  cessabat;  jugis  vincla 
solvebant,  et  ad  praesepia  plena  stabant  boves  capite  corónate. 
Turba  gaudio  suíTussa  cernebat  quemadmodum  sacer  agnus  per- 
gebat  ad  fulgentes  aras  sacrificio  offerendus.  Purgabant  agros, 
purgabant  agrestes;  precabantnrque  déos  ut  mala  suis  limitibus 
pellerent,  nevé  segcs  arvis  ñillacibus  messem  eluderet,  neu  agna 
tardior  timeret  céleres  lupos.  Tune  nilidus  rusticus,  jamconfisus, 
plcnis  agris  ingcrebat  ardenli  foco  graudia  ligna;  unaque  turba 
vernarum,  saturo  colono  .bona  signa  lude])at,  cxque  virgis  arte 
compactis  casas  extruebat;  quemadmodum  iisdem  fere  verbis  re- 


ANTIGÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  133 

fert  Tibullus  [lib.  ii.  Eleg.   i.)  cujus  habeo  editionem  insigáis 
Viiicentii  Mariiierii  nostri  maini  notatam  anuo  mdxciv: 


Bacche  veni,  dulcieque  tuis  e  cornibus  uva 

Pendeat,  et  epicis  témpora  ciiige,  Ceres. 
*Tiirbaque  vernarum  saturi  bona  sigua  coloni,  'Pao;  '¿9 

Ludet,  et  ex  virgis  extrutt  arte  focos. 


Raque  priscis  hisce  ritibus  inserviendis  ludendi  hona  signa  ver- 
nae  forte  in  sodaliciis  instiluebantur,  Isidem  ita  colentes;  quod 
etiam  Martialis  e.xpressit ,  loquens  de  villa  Faustini,  lib.  iii. 
Epigr.  Lviii, 

Cingunt  serenum  lactei  focum  vernae, 
Et  larga  festos  lucet  ad  Lares  silva. 

Pressius.  his  est  Ceres.  Coloni  Valentini  aratro  terram  subi- 
gebant  fissione  glebarum;  et  ad  sementem  praeparabant,  adhibita 
servorum,  praeserlira  tamen  vernarum  (qui  servi  prefecto  erant 
inñmae  sortis)  nec  parva  manu;  non  ergo  mirum  si  vernae,  agri- 
colae,  Isidi  reveren tiara  deferrent  in  ipsa  lloren  tissima  Turiae 
crepidine;  quae  ipsa  erat  dea,  si  fidem  Apollodoro  adhibemus, 
quae  cum  Solé,  seu  Libero  Patre,  feriilitatibus  glebae  et  matu- 
randis  frugibus  vel  nocturno  temperamento  vel  diurno  calore 
moderabantur,  ut  Macrobias  loquitur.  (Saturnal,  lib.  i.  c.  xx.) 
lude  Turia  formosus  floribus  et  roséis  ripis,  ut  Claudianus  ceci- 
nit,  nempe  glebae  vel  terrae  fertilitatibus.  Qui  tándem  in//o?iori¿ 
panegyr.,  sic  de  Iside. 

Nilütica  sistris 
Ripa  sonat 

Quid  taradem  si  vernae  sodaliciura  colerent  *  Isidem  conglobalim  pág.  34 
adeuntes?  Quae  cuneta  religione  celebrabatur,  quod  esset  vel  tér- 
ra vel  natura  rerum  suhjacens  Soli,  ut  prosequitur  Macrobius 
(Ib.  c.  XXV.],  ita  conglutinata  vernarum  concordia.  Impediren- 
turne  a  Domiuis?  Imo  sibi  indulgentes  experiebantur.  ínscrip- 
tiones  in  urbe  Roma,  congestae  ab  Eruditiss.  Antonio  Francisco 
Gario  Florentino,  anuo  mdccliii,  hae  sunt: 


134  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA, 

L    •    VI    •    ASIÁTICO     •     vivía     •     ASIA 

VERNAE    •    SVO    •   CARISSIMO   •   FECIT 

VIX    •    ANN    •    II    •    MES    •    III 


DIS    •    M 

C    •    LISSIPVS    •    FECIT   •    SILVANO 

VERNAE'SVO'CARISSIMO 

VIX     •     A  N     •    VI 


DIS     •    M 

C    •    LISIPPVS     •    FECIT    •    APHRODISIO 

VERNAE     •     SVO     •     CARISSIM     •    VIX 

AN    •    1    •    M    •    VIII 


ISAVRICAE  •  VERNACLAE 
S  V  A  E  •  Q_y  AE'VIX'AN-III 
DIEB  •  XXIIII  •  TI  •  CLAVDIVS 
FORTVNATVS     •     FECIT 

■Pág.  35  Adres  istas  obeundas  insLituta  cvaiil  Sodali*cia.  Sodalitates, 
scribit  Cicero,  sub  persona  M.  Catouis,  me  quaestore  coiisLitutae 
suiít,  sacris  Idaeis  Magnae  Matris  acceptis.  (De  Senect.  cap.  45.1 
Haec  Sodalicia,  seu  collegia,  pluriina  erant  ad  varios,  fert  ídem 
Cicero,  deorum  honores.  Sodales  Titii  ab  TiLiisavibus  dicLí  sunL, 
quas  in  auguriis  obscrvabant:  proplerea  extra  ürbem  incolebant, 
et  in  luguriis  certa  aaguria  servabant;  quoniam  ad  id  a  pontiíi- 
cibus  erant  deputati,  ut  innucre  videtur  Varro.  An  proplerea  de- 
l)Ulali  vernae  casas  extrnebant  ut  signa  ol)servarcnt?  Si  Appiano 
praeslaiida  fides,  CoUegium  Corneliorum  fuit  servorum.  Sodales 
Marciani,  Ca[)iLolino  auclorc,  Marci  sacra  curabant;   Capitolino- 


ANTIGÜEDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  135 

rmn  collegium  eorum  sodalium  erat  qui  ludos  Gapitolinos  exer- 
cebant.  Et  Domitianus  imperalor,  referente  Suetonio,  Minervae 
collegium  instituerat,  e\  quo  sorte  ducti  magisterio  fLuigereiiliir, 
redderentque  eximias  venationes  et  scenicos  ludos,  super(|ue  ora- 
lorum  ac  poctarum  certamina.  (la  vita,  cap.  iv.)  De  hisco  sodali- 
ciis  sic  opportune  gravissimus  TertuUianus:  «Sed  Girceasiiiiu 
paulo  pompatior  suggestus,  quibus  proprie  hoc  nomeu  ponii)a 
praecedit...  quanta  practerea  sacra,  quanla  sacrificia  praecedaní, 
intercedaut,  succedant,  qiiot  collegia  quot  sacerdotia  moveantur, 
sciunt  homines  illius  vcrbis  iu  qua  daemoniorum  conveiitus  con- 
sedit.»  (De  spectac.  cap.  vii.  et  xi.)  Mihi  tamen  non  est  cur  tan- 
tope*re  vernarum  sodalicium  extollam;  cum,  Cicerone  auctore,  *Pág-.  :w 
ftCollegia,  non  sokim  qnae  Senatus  talerat  restituía,  sed  innu- 
merabiliaquaedam  ex  omni  faece  Urbis  ac  servitio  concitata,  id- 
que  ad  varios  deorum  honores,  Inde  coUige  Valentini  sodalicii 
antiquitatem,  quain  superius  innuimus. 

Rursum,  ex  Ausonio  Popma  planius  rem  dabo.  Collegia  erant 
majora,  et  artiñcnm  opificumque  omnium  genera  distincta  ha- 
bebant,  ut  collegia  fabrorum,  figulorum,  pistorum,  auriñcum, 
cerdonum,  coriariorum,  fictorum,  viatorum  etsimilium;  in  specie 
aufem  sacerdotum,  praetorum  et  studiosorum.  Sndalicia  erant 
minora,  et  plerumque  in  re  leviori,  non  aliter  ac  sodales,  qui 
ejusmodi  familiares  proprie  denotant,  quibuscum  saepissime  ver- 
samur,  ludimus,  edimus  ac  bibimas.  Hujusmodi  ergo  erant  vcr- 
nae  sodales,  qui  Isidem,  sen  Lunam,  Terram,  ipsamque  naturam 
rernm^  ut  Macrobius  ait,  colebant. 

Longe  majori  caltu  Valentini  Serapin  Aegyptium  numen  pro- 
sequebantur;  quod  ipse  erat  Osiris  rex,  cujas  uxor  et  sóror  Isis. 
Osiris  autem  ipse  Sol,  Bacchus,  Liber  Pater,  Dionysus,  et  Glia- 
nanaeis  Baal.  Juliani  Augusti  numismata  reperiuntur,  in  quibus 
vultum  Imperatoris  observes  cum  inscriptione  Serapidis,  cui  a 
sinistris  effigies  inhaeret;  quibus  imaginibus  apad  Aegyptios  Sol 
atque  Luíia  *  repraesentari  solebant.  Unde  Macrobias:  «Eidem  ^Pág.  m 
Aegypto  adiaccns  civitas,  quae  couditorem  Alexandrura  Macedo- 
ucm  gloriatur,  Sí'rapin  atque  hin  calta  paene  atlonitae  veiiera- 
lionis  observa!;  oinnera  tamen  illam  venerationem  Soli  se  sub 
illius  nomine  teslatur  impenderé...  Ex  his  apparet  Serapis  et  So- 


136  boletín    de    la    IíEAL    academia    de    la    HIST0BL4. 

lis  unamesseet  individúan!  natumm.»  (Saturnal,  lib.  i.  cap.  xx.) 
Huic  numini  aram  Yalentini  sacrariint,  cujus  inscripLio  (1)  pa- 
trum  nostrorum  memoria  in  platea  aediam,  ubi  inclytae  nostrae 
urbis  valetudinarii  et  infirmi  curantur,  adhuc  supererat.  En 
illam: 

s  E  R  A  P  I 
PRO     SALVTE'P 

H  E  R  E  N  X  I  I 

SEBRI&ALLINl 

V  S    •    SER 

De  Serapi  plura  congerere  poteram  ex  Heredólo,  Diodoro,  Ma- 
crobio; praesertim  ex  Panegyrico  Juliani  Gaesaris  in  regem  So- 
lem  ad  Salhidium,  quem  nolis  illustravil  insignis  noster  Vin- 
centius  Marinerius.  Sed  non  javat  amplus  ludere. 

Bacchi  templum  constilulum  eral,  ubi  nunc  aedes  sancti  Bar- 
tholomaei,  in  qua  ecclesia  ego  honesto  sacerdotio  fungor.  Anuo 
.mdclxvii.  dum  térra  effoderetur  ad  templi  amplissimi,  quod  modo 
conspicimus,  fundamenta  jacienda,  anliqua  rudera  inventa  sunt; 
•Páp.  :w  parietcscum  ca*mcra;  altus  puteus  eximiae  virlutis  aquae,  fistulis 
plumbeis  intra  subterráneos  parietes  consistentibusductae.  ínter 
easdem  macerias  inventa  quoque  est  nitidissimi.  marmoris  co- 
lumna confracta,  sed  órnala  hederae  segmenlis:  Bacchi  insigne 
'  cui,  ut  Euslalhius,  hederá  tributa  est.  Insuper  pavimcntum  alris 
quadratisque  lapidibus  stratum,  Quae  omnia  manu  sua  scripta 
reliquit  oculalus  testis  D.  Josephus  Ortinus  el  Moles,  qui  fabri- 
cac  praeerat,  cujus  apud  me  servo  manuscriptum.  Praeterea  mar- 
mor  inventum  est  venustissimum,  paene  confraclum  etattritum, 
in  quo  haec  solum  leguntur  in  exteriori  templi  paricfe  (2); 

D    • 

A\   A   R  C  I  A  .  .  .  .  .  .  . 


(1)  Hübn.,37dl. 

(2)  Hilbn.,  3765. 


ANT1(;ÜEDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  137 

Quac  certe,  templum,  sacriíicia  ot  Bacchuní  referan t,  si  Vitruvio 
el  Julio  Fronlino  de  Aquaeductihus  iusislomlum  sil. 

IlincUrbis  noslrae  digiiitalcm  pci-spicuain  habere  jam  possu- 
mus,  quipqe  quae  temporc  Romaiiac  superstilionis,  dum  Jesu 
Ghristi  Servatoris  nostri  Evcíyyíxiov  nondum  illuxeral,  Aesculapio, 
Fatis,  Herculi,  Serapidi,  Isidi,  Baccho,  Hammoni  (1)  templa  con- 
struxerat,  si  fas  sit  marmoribus  credere.  An  itcni  Dianae?  Mibi 
nondum  comperlum  est. 

Igilur  ofñcio  jam  meo  satis  functus  videor  qui  clegantissimam 
inscriptionem  in  lucem  prolulerim.*  Interea  nos,  ncc  solis  neo  lu-  »páb'.  so 
nao  pulcbritudine  et  utililate  commoti,  ñeque  gonlium  errorc 
decepli,  aeternum  Deum  optimum  máximum  adoramus,  qui  in 
ministerium  et  usum  cunctarum  gentium  quae  sub  coelo  sunt  ea 
sidera  condidit;  ab  eoquc,  ut  Paire  luminum,  bona  cuneta  praes- 
tolamur. 

Celehriores  Türiae,  uhi  inventa  Ismis  inscripUo,  aquanim 
inundationes,  quae  agros  occuparunt,  confuderuntque,  urhique 
Valentiae  ruinam  minitalac  sunt, 

Quae  Romanorum  temporibus  contigerunt,  si  lamen;  prorsus 
latent.  TURIA  tune  inter  laeva  moonium,  dextrum  fíiimen^  Va- 
lentiam  parvo  intervallo  (Sallustii  sunt  verba)  praeterfluebat: 
perqué  forum,  quod  nunc  conspicimus,  rerum  venalium  ductum, 
moenia  vetusta,  nec  procul,  portam  Sucronensem,  inter  meri- 
diem  et  occasum  positam  perstringens;  eádem  Romana  tempos- 
tate  per  dextrum  Urbis  conspectum,  sic  jam  sinistrion  Jlumen, 
nti  modo  cernimus  mare  versus  deduclum  fuit.  Jam  ad  inunda- 
tiones, quarum  ab  Urbis  expugnatione  (2)  memoria  extal:  alia- 
rum  enim,  tametsi  anni  non  constent,  meminere  Privilegia  a 
Jaco*bo  i  Dominicanis  Valenlinis  concessa  xiii  Kal.  Januar.  'Pfig-.  4o 
anni  mcc.lviii.  et  Idib.  Decemb.  ann,  mgc.lxxii. 

I.  An.  Mccc.xxviii. — IV  Kal.  Octobris,  seu  die  xxviii  Septembr. 
Hane  indicat  Marmor  Turris  Sanctae  Gatherinae  juxta  fluminis 
moenia,  quod  cuín  docto  P.  Francisco  Martinezio,  Mercedario- 


(1)  Hübn.,'in29. 

(2)  En  1238. 

TOMO  IV.  10 


X 


138  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

rum  sodali  una  Iranscripsi,  utiiiam  bene  (1),  cuní  hactenus  Lon- 
gobardicos  litterarum  ápices  quibus  illud  constat,  nullus  eruerit: 

Caltan  y  lo  Rm  ü  la  Ciutat  •  die  •  28  Sethre  • 
Lany  de  [  mil  •  trecents  \  28  :  A  diJiuit  da 
Feb  any  •  nou  comensa  a  puja  j  aquesta  Torra  • 
are  ja  AjJellada  Santa  Caterina  M  ^-^e^c:^ 

II.  Auno  M.CGC.XL.  pi'idie  Nonas  Octobris,  hocest,  die  vi.  ejus- 
dem  mensis,  ita  Taña  auctus  post  boram  tertiam  ponieridianam, 
ut  Sacrosanctam  Jesu  Ghristi  Corpus,  et  Sacrum  Lignuin  Grucis 
ab  Ecclesia  Galhedrali  suppliciter  per  vias  publicas  delata  fue- 
rint,  divinae  indignationis  placandae  gratia.  (Tabularium  Urbis, 
el  Adversaria  ex  coaevis,  Francisci  Diagi,  et  Onupbrii  Esquerdo, 
apud  Gl.  Gregorium  Majansium.) 

III.  Anuo  MCGc.LVHi. — XV.  Kal.  Septembris,  hoc  est,  die  xvii. 
'Pág. 41   Augusli  feria  vi.  ita  Humen  auctum  est,  ut  pontos  dejecerit  ct  * 

praeterea  fere  inille  donius.  Perierunt  cccc.  Viri,  atque  mulieres, 
aut  circiter.  Hujus  inundationis  meininit  Privilegium  lxxxviii. 
Pctri  II.  (in  corpore  Privil.  fol.  1"25.)  et  Adver^saria  Diagi  et  Es- 
querdo. 

IV.  Auno  M. cccc. VI. — iii.  Non.  Novembris',  idest,  die  iii.  No- 
vembris,  ita  numen  increvit,  ut  ingressum  fuerit-in  Trinitatis 
Templum,  et  aijua  supra  Altare  asccnderit.  (Anuales  antiqui  Va- 
len tini  mss.  qui  extant  in  Biljliotheca  GI.  Majausii,  quorum  na- 
cius  sum  exemplar.  Adversaria  Diagi  et  Esquerdo,  quibus  addi 
potest  Surita,  Anual,  x.  cap.  lxxxi.  itemque  ejusdem  índices  la- 
lini,  pag  398.) 

V.  Auno  M.ccnc.xxvii.  —  viii.  Kal.  Novembris,  nempe  die 
Sabbati  xxv.  Octobris,  adeo  aucluní  fuitflumen,  ut  everterit  binos 
arcus  pontis  Scrranorum,  ct  juxta  Templariorum  pontem  homi- 
ncm  arripuerit,  qui  supra  lignum  naves  versus  delatus:  eumque 


(1)  Publicó  el  Sr.  Fuster  /"Biblioteca  valenciana,  t.  n,  pá<?.  "2;  Valencia,  ISUO)  el  di- 
seño exacto  (le  la  piedra  con  la  inter'^retación  del  epígrafe:  «En  l'aiiy  de  la  Xaticital  de 
Kostrc  S'fnynr  MCCXC,  á  XIlí  Jnny  fon  comentada  aquesta  tocm,  appellada  Santa  Cata- 
lina.^) Con  razón  excusa  al  Dr.  Sales,  «porque  entonces  (la  lápida)  estaba  colocada  en 
lugar  algo  elevado,  con  un  pretil  delante,  que  hacía  difícil  su  acceso  y  su  lectura.» 


ANTlTiÜlíDADES   ROMANAS    DE    VALENCIA.  139 

vivum  navis  quaedarn  recepit.  (Pracdicti  Annales  Yalentini  mss.) 
VI.  Anuo  M.Dxvii. — V.  Kal.  Ociobr.  nimiruin  xxvii.  Soplcmbr. 
Hujus  mcmiiiit  Inscriplio  quae  cunctis  objicitur  in  ángulo  Sa- 
craruin  Yirgiiium  SS.  Triaitalis,  incisa  S.  G. 


HVCVSQ.    SVPRA    HOAUNVM 
MEA\ORIAM    INVNDANS 
TVRIA    MÁXIMA    VRBI    REGNO 
*     Q..     VALENTIAE    DAAINA    INTVMT  *Pág.  42 

ANN.M.D.XVII 
•Q_yiNTO    K.     OCTOB. 
HORA    POST    MERID.    III 

Hac  inundationo,  omnium  máxima,  aniiquus  pons  juxta  por- 
tam  Urbis  praecipuam,  mediam  inter  duas  praecelsas  tiirres, 
quae  Serranorum,  id  est,  Montanorum  dicuntur,  eversus  esl: 
magnae  strages  contigere,  quae  recensentur  in  Adversariis  Diagi 
et  Esquerdo,  in  Joannis  Timonedae  Memoria  Valentina,  et  in 
Códice  ms.  Rerum  antiquarum  Vulentiae,  quem  miliidedit  lUus- 
tris  Vir  Yicentius  Frigola  et  Brizuela  Ganonicus  et  Archidiaco- 
nus  Yulentinus.  Ilocque  anno  mdxvii.  cum  Senatus  poníem  e 
fundamenlis  ante  portam  extruendum  curaret,  Joannes  a  Gelaya 
Doctor  Theologus  Parisiensis,  et  Yalentinae  Academiae  perpe- 
tuus  Rector,  subrnsficum  suum  et  illiberalem  bonaque  studia 
aversantem  animum  satis  ostendit.  Indigne  enim  ferens  a  Ghria- 
tianis  hominibus  cum  aestimatione  tractari  Romana  marmora, 
horridae  vetuslatis  rubigine  obsita,  eorumque  Inscriptiones  con- 
suli.  Seviris  Yalentinis  suasit  nt  quae  hnjusmodi  monumenta 
prisci  aevi  tota  urbe  reperirentur,  hujus  pontis,  quod  et  obtinuit, 
fundamentis  substernerent:  quod  Yiri  omnes  eruditissimi  aegre 
tulerunt.  (Gaspar  Escolan.  líist.  Vah^nt.  1.  iv.  c.  xii.  col.  773.  Ni- 
*col.  Antón,  t.  i.  Bibl.  nov.  pag.  593.  Gl.  Gregor.  Majansius,  1.  i.  "Pág.  43 
Epistol.  in  calce  Epistol.  xxiii,  aliique).  Inscriptio  post  absolutum 
infra  loculum  Sanctissiniae  Grucis  posita;  eamdem  refert  indig- 
nationcm: 


140  boletín  de  l.\  real  academia  de  la  historia. 

oyvní  ingens  ac  pene  incredib, 
tvriae  invndatio  antiq_vva\ 
pontead  evertisset  hvnc  e  fvn- 
daaient.  extrvendvai  cvrave- 
rvnt.  olf.  a  proxita.  ex  tlero. 
galceran  carrozivs  pardvs  ex 
eqj/it.  a\ichael  rosivs,  ex  cl- 
vib.  operis  a1vrorva\  cv  rato- 
res,    probantibvs.     g.     ph.    crvi- 

LLES.  F.  EGIDIO.  Al.  DOV.  G.  AlARC. 
B.  BERNEGAL.  Al.  BERENGARIO,  VR- 
BIS    DEFENS.     IVRAT. 

HVMANAE    SALVTIS    AN.    A^DXVIII. 

VIL  Auno  M.DXL. — Priilie  Nonas  Octobr.  scilicet  vi.  Octobr. 
(Tabularium  Urbis.) 

VIII.  Anuo  M.DL5XXI.  (Advers.  Esquerdi  ex  coaev.)  Ad  huic 
aliisque  irrupüonibus  obsistendum  Valcntinus  Senalus  poiitem 
Maris,  iiti  vucant,  incboavit. 

IX.  Anno  mdlxxxix.  Plurimae  [nundationes  evcnernnt,  quas 
ex  coaevis  memorat  Josephus  Lupus  in  Statutis  Microrum  Cloa- 

-Pdg.  41  carunique.  (pag.  iOL  iO.").  4011. )  Proptcrea  *  coepluní  Jam  pontein 
Maris  ScnaLus  Vídeuliiius  alisolvit.  InscripLio  iu  poiilis  lóculo: 

S.  P.  Q_.  V. 
QVOD  VETEREAl  PONTE  Al  INVN- 
DANS  SAEPE  TVRIA  INTERRVPISSET, 
HVNC  AB  ALUS  I  A  Al  P  R  I  D  E  Al  IN- 
CHOATVAl,  AD  Al  AI  ORE  Al  E  O  R  V  Al 
QJ/AE  IN  VRBEAl  A  AlARI  COA^POR- 
TANTVR  CO  ÍIAIODITATEAI,  PERFI 
CIENDVAl  CVRARVNT  lACOB.  SAPE- 
NA    CONS.      F.'     BARTHOLOAl.      SERRA- 


ANTIGÜKDADES    ROMANAS    DE    VALE^ÍCIA.  141 

NO  ABBAS  VALDIG.  MOENI.  REFI. 
CVRA.  PRO  ECCLES  .  ORD.  CHRIS- 
TOPHOR.  PÉREZ  DE  ALMAZAN  CONS. 
AMBROS.  ROCA  DE  LA  SERNA  EQVES 
MOENIVM  REFI.  CVR.  PRO  EQVES. 
ORD.  HIERON.  SARZOLA.  LVDOV. 
HONOR.  FORES,  TU  O  Al  AS  THVRV- 
VIO,  MICIIAEL.  lOAN.  CHAMOS  CONS. 
PET.  GRE&OR.  CALAHORRA  PRO 
RE&A.  ORD.  MARCVS  RVIZ  DE  BAR- 
ZENA  RATIO.  VRB.  PRAEF.  JPErc. 
DASSIO.  EQVES  TRIBVN.  PLEB.  AN. 
MDLXXXVI. 

Ob  eamdem  causam  moles  ingens  cum  Inscriptionc  extructa 
est,  iii  Urbis  ipsis  moenibus,  e  regione  iluminis  inter  portaní 
Ti'initatis  et  Templariorum  turrim.  Eccc  Marmor: 

*  TFRIA    DVM    SCISSIS    IRRFMPIT    MOENIBUS  *Pág.  45 

VRBEM  EXTRVIT  HANC  MOLEM  NO  BILIS  IS- 
l'A  COfíORS  .  SIMÓN  ROS  CONS  .  EGI  RODA 
CANONICES  ADMINISTER  .  CLERI  .  PETRVS 
ANTÓN  .  MATTHEF  .  CONS  .  DON  lOAN  .  DE 
VILARAGFD  ADMINISTER  .  ORDIN  .  MILIT  . 
PET .  CONTAN .  DE  SOLER  .  GASPAR  GRANA- 
DA  .  10 AN.  BAP  .  COLOM.M.  ANTÓN  .  GAMIR. 
CONSS  .  FRAN .  GARCÍA  .  I .  C  .  ADMINISTER  . 
ONOPHRIFS  MARTORELL  ¿^UAESTOR  .  PETRAS 
DASSIO    TRIBFN    .    PLEBIS    .    ANNO    MDCII. 

X.  Auno  mdgli.  quo  fames  dominata  est.  Irruptio  ingens  quam 
desci'ipsit  oculatus  testis  Dr.  Vicentius  Maresius,  qui,  ut  prodit, 
Valentiae  tune  ederat.  Hac  inundatione  illatae  sunt  agris  oppi- 
disque  vicinis  innumerabiles  strages,  quae  late  referuntur  in 
yidversariis  Onuphrii  Esquerdo. 

XI.  Auno  mdglxxii.  Similis  inundatio,  quam  idem,  ut  testis, 
Auctor  dcscripsit. 


142  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

XII.  Anno  mdclxxx.— vii.  Kal.  Nov.  sea  xxvi  Octobr.  Hanc 
inundationem  descripsit  ut  teslis  Don  Vincentius  Gazullius, 
J.  Y.  Censor,  ia  Memor.  Valent.  cujus  habeo  mss.  códices. 

XIII.  Anuo  mdccxxxi. — xvi.  Kal.  Octobr.  nempe  xvi.  Sop- 
temljris  hora  post  nieridiem  iii.  inandadonem  celeberrimam  om- 

■Pás.iG  nes  *conspeximus:  ingentia  mala  non  solum  intulit,  agros  con- 
fúndeos et  inniimerabilia  averruncans,  sed  terrorem  inciitiens, 
ciim  omncs  haereremus  attouiti  undarmn  murmura  audientes, 
horrendumque  timeates  aquaruní  fragorcm.  In  ingressu  Atrii 
Franciscanorum  Excalceatorum  extra  Urbem,  memoria  haec  ob- 
servatur: 

Dia  Í6  de  Setiembre  11  ol.  de  o.  á  4.  de  la  tarde^  salió  el  Rio 
de  madre  tan  formidable  qual  nunca  avian  visto  los  nacidos:  fue- 
ron muclws  los  estragos  que  causó  su  furiosa  avenida,  inundó  el 
Convento:  subió  el  agua  á  esta  raya. 

Praeter  auctores  coaevos,  quos  dedimus,  ex  Codicibus  Manua- 
libus  qui  in  publico  Givitatis  Tabularlo  adservantur,  memoratae 
inundationes  constant.  Et  ne  quid  desit  quod  Turiam  referat, 
famnis,  Qui  roseo  cursu  felicem  interluit  oram)  inscriptionem 
subjicio  rccentem,  qua  antiquam  fluminis  redundantiam,  quac 
nullo  nititur  vetusto  monumento,  probare  quidam  at  frustra  sa- 
tagunt.  En  illam  in  lóculo  moenium^  lluminis  ad  laevam,  non 
longe  a  porta  Serranorum,  si  dexteram  versus  pergas. 

'Pág.il  *   s.       P.        Q_.       V. 

SISTE  VIATOR^  ET  TVRIAM  IMI- 
TARE OSCVLA  LIBANTEM  FOELI- 
CI  RIPAE,  Q^VAE  SACRAM  COE- 
LESTIS     SERVATORIS     IMAGINEM, 

salvtiferi  crvoris  in  bery- 
to  vrbe  prodigamj  adverso  . 
telagi^  et  flvminis  álveo  AM- 
rabiliter  'atellentem,  divini 
amoris  pignore  recepit,  anno 
mccl.    posteris    cünsignant 


ANTIcii  EDADES    ROMANAS    DE    VALENCIA.  143 

TAM  SINGVLARIS  BENEFICII  GRA- 
TAM  MEMORIAM  D.  ONVPHRIVS 
VINCENTIVS  DE  IXAR  ,  ET  ESCRI- 
VA^  COMES  ALCVDIAEj  ET  GES- 
TALGAR,  PRIM.  MILITVM  COS.  D. 
GASPAR  GVERAV  DE  ARELLANO, 
CAN.  VAL.  MOENIVM  PRAEFECt'. 
PRO  Br'aCCH.  ECCLES.  VINCEN- 
TIVS FELIZES,  I.  CIVIVM  COS.  D. 
XIMEn'.  PÉREZ  MILLAN  DE  ARA- 
GÓN, MARCH.  ALBAYDAE,  PRO 
MILIT.  BRACCH.  PRAEF.  D.  PHI- 
LIP p\  MARTÍNEZ  DE  LA  RAGA, 
II.  MILIT.  COS.  CHRYSOSTOm'. 
*    PORGAR,     II.     CIV.     COS.     D.    FRANC.*^  Tág. -18 

LLORIS  DE  LA  TORRETA,  CA- 
N0NIC\  FABR.  NOVAE  PRAEF. 
lOAN.  VERDEGVER,  ET  HIERO- 
NYm\  PACHES,  III.  ET  IV.  CIV. 
COSS.  lOANN.  MIQ_yEL  CIVIS,  I. 
V.  D.  PRO  REG.  BRACCH.  PRAEF. 
ALEXIVS  LLOBREGAT,  CIVIS,  RA- 
TION.  PRAEF.  IAC0b\  NICOLa'. 
DEONA^  ET  ONVPHrT.  ES  Q  VER- 
DO  ce.  VRB.  SINDICI.  MICHAEL 
híeronym'.  LOP,  V.  I.  D.  ADVOC. 
VRB.  ET  FABR.  ANNO 
M  D  C  L  X  X  X  V  I  I  I  . 

En  inquam,  ad  firmandam  rem  antiquam,  recentem  praelerili 
labentis'saeculi  Inscriptionem. 
Ex  Bibliotheca  nostra,  pridie  Nonas Dccembris,  Anno  mdcclix. 


14Í  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\.. 

Valencia,  y  Febrero  G.  de  17G0. 

Concédese  licencia  para  imprimir  este  Papel,  con  la  Censura 
de  Don  Gregorio  Mayans. — Caro. 

Ilasla  aquí  la  Disertación  latina  «que  publiqué^  dice  Sales  (1), 
l)or  Febrero  de  1760. n 

El  mármol  Isíaco  fué  sacado  del  Turia  el  día  que  viniendo  de 
Ñapóles,  aportó  en  Barcelona  Carlos  III  (17  Octubre  1759).  Tanto 
Ponz  como  Lumiares,  citados  por  Hübner,  equivocan  la  fecha. 
El  Dr.  Sales,  habiendo  salvado  del  exterminio  tan  preciosa  pie- 
dra, logró  que  al  anochecer  del  13  de  Noviembre  fuese  trashidada 
á  la  granja  (villa)  del  Seminario  de  Nobles.  Terminó  su  Diserta- 
ción el  4  de  Diciembre;  y  sobre  ella  emitió  censurad  ilustre  Ma- 
yans,  tan  acertada  aunque  breve,  que  nos  dispensa  mayor  infor- 
me. Del  día  siguiente  (27  Enero  1760)  es  la  dedicatoria  del  autor 
al  Marqués  de  Esquiladle;  y  del  mismo  año  el  monumento  que 
se  alzó  para  exponer  al  público  la  marmórea  inscripcióu  de  Isis, 
cerca  del  sitio  del  hallazgo.  A  un  kilómetro  del  ángulo  de  la 
muralla  de  la  ciudad  donde  estuvo  la  batería  de  Santa  Catali- 
na, y  en  el  pretil  del  río,  dando  cara  al  camino  del  Azud  o  paseo 
de  la  Pechina,  y  como  trescientos  pasos  antes  de  llegar  ala  escala 
del  barco,  se  destaca  original  la  insigne  lápida,  coronada  por  el 
emblema  romano  de  Valencia  que  vio  Ponz  (2),  y  cuya  composi- 
ción se  inspiró  en  las  Medallas  de  Florez.  Debajo  de  la  Isíaca  ori- 
ginal corre  otra  inscripción,  que  opino  fuese  parto  del  ingenio 
del  Dr.  Sales.  Ofrece  varios  daros,  ó  lagunas,  resultantes  de  las 
pedradas  que  lia  sufrido,  y  suplimos  con  caracteres  inclinados: 

SISTE     ANTIQVITATS      AMATOR 
DIV   SOC//  7N    ÁLVEO    SEPVLTI    LAPIDES 

A.D.MDCCLIX    INVENTI 
SEOVENTI     I  N     PROXIMIOREM 

LOCVM      COMPOSITI 
DIC  VBI    DIC  OVANDO  PRIMVM   ERECT  S{VNT?J 


(1)  Boletín-,  t.  iir,  pág.  .^7. 

(2)  Viaje  de  EsjmTia,  t.  iv,  pág.'HJ;  Madrid,  1771. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  IV.  Marzo,  1884.  cuaderno  iij. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

Para  cubrir  las  vacantes  de  académicos  de  número  causadas 
por  fallecimiento  de  los  Sres.  Rosell,  Benavides  y  Romero  Ortiz, 
han  sido  votados,  en  la  sesión  del  viernes  29  del  pasado  Febrero, 
los  Sres.  D.  Antonio  Sánchez  Moguel,  D.  Manuel  Danvila  y  Don 
Eduardo  Hinojosa. 


Han  sido  nombrados  académicos  correspondientes  españoles 
los  Sres.  D.  Juan  de  Iturralde,  director  de  la  Revista  Éuscara,  y 
el  Excmo.  Sr.  D.  Jaime  Cátala,  obispo  de  Barcelona,  que  ha 
prestado  á  la  Academia  relevantes  servicios  con  los  documentos 
del  archivo  episcopal  y  del  de  la  Catedral. 


Los  restos  de  Saavedra  Fajardo,  facultativamente  reconocidos 
en  la  Sala  de  la  Academia ,  han  sido  trasladados  á  Murcia  y  de- 
positados interinamente  en  la  iglesia  catedral  de  aquella  ciudad, 
donde  permanecerán  hasta  que  sean  colocados  en  el  digno  mau- 
soleo que  se  les  erige,  ceremonia  que  se  verificará  al  cumplirse  el 
segundo  centenario  del  fallecimiento  de  tan  insigne  repiiblico. 


La  Academia  se  complace  en  rectificar  la  noticia  que  se  dio  en 
el  número  último  del  mes  de  Diciembre,  relativa  al  fallecimiento 

TCMO  IV.  J' 


146  liOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

de  D.  Francisco  Miquel  y  Badía,  correspondiente  en  Barcelona, 
que  afortunadamente  sigue  dedicándose  al  curso  de  importantes 
tareas  históricas. 


La  Comisión  de  EspoSia  Sagrada  ha  formulado  un  nuevo  plan 
con  el  objeto  de  activar  y  llevar  pronto  á  cabo  los  estudios  prepa- 
rativos de  los  tomos  destinados  á  trazar  la  historia  de  las  santas 
Iglesias  de  Pamplona,  Huesca  y  Urgel. 


El  Sr.  Fernández  Duro  ha  presentado  el  Elogio  del  Conde  de 
Fuentes,  que  leerá  en  la  sesión  pública  que  ha  de  celebrar  la 
Academia  este  año  conforme  á  sus  Estatutos. 


El  Sr.  Fila  ha  dado  noticia  á  la  Academia  de  varias  y  muy  no- 
tables inscripciones  romanas,  algunas  geográficas,  descubiertas 
en  el  Alto  Aragón  por  el  socio  correspondiente  D.  Mariano  Paño. 


Tomando  en  consideración  los  deseos  de  la  Sociedad  Arqueo- 
lógica de  Tarragona  y  atendiendo  á  razones  de  prudencia  y  jus- 
ticia fáciles  de  comprender,  acordó  la  Academia  solicitar  del  Go- 
bierno de  S.  M.,  que  se  repare  en  debida  forma  el  menoscabo 
recientemente  sufrido  por  la  muralla  ciclópica  de  aquella  ciudad. 


INFORMES. 


GRADUACIONES  NÁUTICAS  DE  LAS  CAfíTAS  BE  INDIAS. 


Logran  privativa  consideración  para  el  conocimiento  reflexivo 
de  nuestra  historia  nacional,  en  cuanto  puede  ser  alcanzado  por 
nosotros,  el  juicio  que  forman  de  los  varios  elementos  de  la  cul- 
tura patria  escritores  extranjeros  coetáneos,  los  cuales  como  li- 
bres de  los  afectos  de  sobrada  parcialidad  que  suelen  inspirar  á 
la  continua  las  solicitaciones  del  amor  propio,  han  de  proceder, 
según  razonable  verosimilitud,  con  estricta  justicia,  cuando  mo- 
tivos de  preocupación,  más  ó  menos  presumibles,  no  les  inclinen 
á  proceder  de  otra  suerte.  Con  suponerse  de  antemano  en  lo 
común,  por  lo  que  toca  á  juicios  dictados  fuera  de  España  so- 
bre negocios  españoles,  espíritu  de  generosa  rectitud  engen- 
drado por  el  amor  á  la  verdad,  es  en  rigor  todavía  indispensable 
que  procuremos  comprobar  por  nosotros  mismos,  si  se  ha  for- 
mado ajustadamente  el  proceso;  cosa  no  nada  fácil  fuera  del  tea- 
tro de  la  acción  y  circunstancias  á  cuyo  resultado  se  atiende,  así 
por  la  escasez  de  datos,  como  por  la  dificultad  de  proporcionarse 
testimonios  verídicos,  que  nunca  sobraron  en  tal  materia  histo- 
rial, aun  tratándose  de  averiguaciones  llevadas  á  cabo  en  nuestro 
propio  suelo.  Menester  es  que  el  escritor  que  falla  como  juez  é 
.informa  como  testigo  de  mayor  excepción  en  los  asuntos  en  que 
interviene,  sea,  no  solamente  ajeno  á  todo  propósito  de  engañar, 
oscurecer  ó  extraviar  á  los  demás  en  lo  que  declara  y  dice  (conato 


148  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

que  no  es  honesto  atribuirle) ,  sino  abonado  en  su  crédito  y  doc- 
trina, en  términos  que  no  aparezca  que  haya  sido  engañado.  Nace 
de  aquí  para  nosotros  un  doble  interés  en  comprobar,  rectificar  y 
dar  á  conocer  equivocaciones  de  los  doctos  extranjeros  sobre  cosas 
pertenecientes  á  nuestro  país,  con  importar  no  poco  al  buen  nom- 
bre español  el  que  no  se  nos  estime  por  peores  y  diferentes  de  lo 
que  somos,  y  cumplir  especialmente  al  provecho  de  nuestros  na- 
clónales  sea  apreciado  puntualmente,  si  los  juicios,  censuras  y 
consejos  de  los  escritores  alienígenas  pueden  ó  no  servirnos  de 
instrucción  y  de  apetecible  enseñanza.  Atentas  estas  razones,  no 
hay  para  qué  encarecer  la  conveniencia  de  seguir  de  cerca  las  dis- 
putas empeñadas  en  el  extranjero  sobre  los  libros  de  nuestros  sa- 
bios, entre  los  cuales  merecen  ocupar  nuestra  atención  muy  parti- 
cularmente las  mantenidas  poco  há  en  Alemania,  acerca  de  los 
escritos  y  publicaciones  geográficas  dadas  á  conocer  recientemente 
por  nuestro  distinguido  compañero  D.  Cesáreo  Fernández  Duro.' 
Comisionado  por  nuestro  ilustre  Director  al  efecto  de  trasladar 
en  lengua  castellana  los  trabajos  publicados  sobre  esta  materia 
en  los  diarios  geográficos  de  Berlín  y  Carlsruhe,  doy  principio  al 
cumplimiento  de  mi  cometido  con  la  traducción  del  último:  do- 
cumento de  extensión  corta,  cuyo  texto,  debido  á  la  docta  plum» 
del  profesor  Dr.  Eugenio  Gelcich,  es  como  sigue  (1): 

«Un  hombre  á  quien  al  par  del  Dr.  Weyerde  Kiel  honramos 
y  respetamos  como  uno  de  los  dos  grandes  historiógrafos  náuti- 
cos de  nuestro  tiempo,  el  Dr.  Breusing,  Director  de  la  Escuela 
de  Navegación  en  Brema,  ha  señalado  con  repetición  y  demos- 
trado minuciosamente  el  error,  que  debía  ocasionar  de  suyo  la 
confusión  de  las  cartas  loxodrómicas  de  los  italianos  con  las  lla- 
madas cartas  planas  (í).  Mientras  fué  costumbre,  como  propio  de 
cartas  hechas  por  loxódromos  poco  científicos,  el  presentar  un 


(1)  Material  para  la  hisloria  de  las  cartas  de  marear,  por  el  profesor  Eugenio  Gelcic/if 
Director  de  la  Escuela  de  Xavegación  en  Lussin  piccolo.  Impresión  aparte,  correspon- 
diente á  un  artículo  de  la  Geogra/ia  científica,  revista  que  ve  la  luz  en  Carlsruhe;  18S3, 
cuaderno  iv. 

(2)  A.  Breusing:  Para  la  historia  de  la  Cartografía.  Diario  para  la  Geografía  Cientí- 
fica, páginas  120,  IRO.— Flavio  Oioja  y  la  a^'uja  de  marear.  Diario  de  la  Sociedad  Berli- 
nesa para  el  conocimiento  de  la  tierra. 


GUAUUACIONES    XÁLTÍCAS    DE    LAS    CARTAS    DE    INDIAS.  149 

campo  de  graduación  de  forma  cónica,  eran  graduadas  las  cartas 
portuguesas  del  Océano  con  meridianos  figurados  por  líneas  rec- 
tas y  por  paralelas  transversales;  es,  á  saber,  cu  la  forma  de  pro- 
yección cilindrica. 

Aún  después  del  descubrimiento  de  América,  en  época  en  que 
se  disponía  ya  de  determinaciones  do  latitud  más  exactas,  conti- 
nuando los  Cartógrafos  españoles  en  la  necesidad  de  verificar  las 
representaciones  con  arreglo  á  loxodromos  defectuosos  todavía, 
se  vieron  forzados  á  ofrecer  una  escala  especial  de  latitud,  para 
las  costas,  al  determinar  la  situación  de  regiones  donde,  con  ser 
grande  la  cantidad  de  error,  la  diferencia  de  latitud  era  muy  os- 
tensible, como  en  las  costas  de  América.  De  esta  segunda  escala 
de  latitudes  hablan  así  Merca tor  en  su  carta  á  Granvolla  (1)  como 
Edward  Wright'en  el  prólogo  á  su  trabajo  Certain  errors  in  Na- 
vegation,  1509.  En  la  carta  de  Pedro  Reinel,  que  Kunstraann  ha 
publicado  en  el  Atlas  parala  historia  del  descubrimiento  de  xVmé- 
rica,  se  ofrece  en  la  costa  de  Neufundland  (nuevo  país  de  minas), 
la  segunda  escala  de  latitud,  convergiendo  con  el  meridiano  cen- 
tral de  la  carta.  Kohl,  en  su  History  of  the  discovery  of  Maine 
Portland,  18G9,  da  una  copia  de  dicho  trazado  en  proporción  re- 
ducida, y  dice  en  sus  observaciones  á  este  propósito.  There  is  one 
indicalion  of  lat'dude  along  a  perpendicular  Une,  running  across 
the  entire  slieet  of  the  chart:  and  another  indicatiou  along  an  ohli- 
que  or  transverse  Une,  ivliich  is  shorter  and  runs  along  tJie  shores 
■of  Northern  America.  Along  the  perpendicular  Une  Cape  Race  has 
the  latitude  of  50)í°  N.  Along  the  obliqíie  Une  it  lias  the  latitude 
of  47"  N.  This  late,  is  nearer  the  truth.  Muéstrase  aquí  evidente- 
mente una  segunda  confusión  del  plano  cónico  con  la  proyección 
cilindrica,  sobre  la  cual  pueden  ver  más  detalles  nuestros  lectores 
en  el  trabajo  del  Dr.  Breusings,  titulado  «La  Coleta  de  Marte- 
lojo»  (2). 

Poco  há,  se  ha  publicado  por  D.  Cesáreo  Fernández  Duro,  in- 
dividuo de  la  Real  Academia  de  la  Historia  y  capitán  de  navio, 


(1)  Dr.  Breusing:  Gerh.  Kremer,  llamado  Mercator.  Memoria  2,  edit.  Duisburg,  1878, 
pág.  15. 

(2)  Diario  para  la  Qeograji-a  Científica,  1881,  pág.  195. 


]50        boletín  de  la  real  academla  de  la  historia. 

en  el  sexto  tomo  de  las  «Disquisiciones  Náuticas»  (1),  de  que  es 
autor,  un  nuevo  documento,  que  deja  conocer  el  estado  de  la  Car- 
tografía en  España  en  la  época  de  los  Descubrimientos.  Es  la  copia 
de  un  diálogo  compuesto  por  Hernando  Colón  sobre  la  doble  es- 
cala de  latitud,  el  cual  tiene  este  título:  Coloquio  sobre  las  dos 
graduaciones  diferentes,  que  las  cartas  de  Indias  tienen,  escrito 
por  Hernando  de  Colón  (2).  Duro  ha  publicado  el  diálogo  sin  una 
palabra  de  explicación,  salvo  esta  advertencia,  puesta  al  frente 
del  trabajo  impreso.  «En  algunas  de  las  primitivas  del  Nuevo 
Mundo  se  observa  que  existen  dos  graduaciones  distintas  de  difí- 
cil explicación,  si  no  viniera  á  darla  la  interesante  crítica,  que 
escribió  el  hijo  del  gran  Almirante,  como  sigue,  etc.»  «Por  lo  que 
atañe  á  lo  que  demanda  de  suyo  la  explicación  de  la  doble  escala 
de  latitudes,  hemos  visto  que  se  ha  dado  largo  tiempo  há.  En 
nuestra  opinión  sería  muy  de  desear  que  pues  han  debido  existir 
muchas  de  estas  cartas  «Primitivas»  poseyéramos  una  descripción 
exacta  de  las  mismas  in  fac  simile,  eu  lo  posible.  Esto,  que  quizá 
es  hacedero,  nos  ayudaría  á  mejorar  nuestros  conocimientos  so- 
bre la  relación  de  la  declinación  magnética,  en  la  época  de  los 
Descubrimientos,  y  quizá  resolver  finalmente  de  una  vez  el  pro- 
blema sobre  el  verdadero  Guanahaní  de  Colón  (3).» 

Volviendo  á  nuestro  documento,  vamos  á  reproducir  los  pasa- 
jes más  interesantes  del  mismo,  añadiendo  algunas  consideracio- 
nes. Ante  todo,  vemos  por  la  introducción  que  Hernando  no  es- 
taba persuadido  de  la  ventaja  de  la  escala  doble,  con  la  cual  se 
declara  poco  el  carácter  de  tales  Cartas.  Los  interlocutores  del 
diálogo  se  llaman  Fulgencio  y  Teodosio. 

«F.  Vengo  de  oir  una  plática  que  se  ha  tratado  cerca  de  los 
yerros  que  dicen  que  hay  en  los  instrumentos  de  la  navegación, 
especialmente  en  las  dos  graduaciones  diferentes  que  las  cartas 
de  Indias  tienen. 

T.    Y  ¿pues  que  se  dice  deso? 


(1)  Afea  de  Noé.  Libro  sexto  de  las  Disq.  náuticas.  Madrid,  1881,  págr.  ?08. 

(2)  Original  en  la  Colección  MuJict,  registrado  con  el  núm.  xnv,  fol.  1." 

(3)  Sin  duda  Imhrá  que  luchar  con  las  defectuosas  determinaciones  de  latitudes  he- 
chas por  el  Almirante,  pero  seria  de'mucho  interés  para  la  historia  de  la  Geografia  el 
conocimiento  exacto  de  aquellas  Cartas. 


GRADUA(UONES    NÁUTICAS    DE    LAS    CARTAS   DK    INDIAS.  151 

F.  Dicesc  qiics  falsedad  c  yerro  grande,  que  contra  el  arte  se 
hace,  mas  el  que  hace  las  cartas  dice  ques  bien  que  se  hagan 
así,  porque  muchos  pilotos  están  usados  á  aquellas,  y  tienen  ya 
imaginación  que  con  aquellas  aciertan  y  que  con  otras  no,  sino 
las  aprenden. 

T.  Siendo  ello  yerrb  en  el  arte,  no  puede  ser  que  con  ello 
acierten,  que  la  verdadera  navegación  no  sufre  yerro  ninguno:  y 
á  la  verdad,  no  aprovechará  en  esto  su  imaginación,  que  aquí  no 
hace  al  caso.)> 

Estas  últimas  palabras  son  muy  significativas.  El  conocimiento 
verdadero  de  la  Náutica  no  admito  errores,  y  cuando  los  pilotos 
creen  llegar  al  lugar  de  su  destino  con  la  doble  escala,  se  equivo- 
can. Sobre  la  construcción  de  las  cartas  dan  explicación  los  luga- 
res siguientes : 

«T.  Sabéis,  señor,  que  el  que  hace  las  cartas  con  que  navegan 
á  las  Indias  de  S.  M.  les  pone  dos  graduaciones  diferentes,  tres 
grados  una  de  otra,  y  en  algunas  más  y  en  otras  menos,  y  dice 
que  esto  hace,  porque  la  falta  del  aguja  (la  mala  designación  de 
la  aguja)  se  enmiende  en  la  carta,  de  manera  que  le  parece  á  el 
que  es  necesario  desconcertar  la  orden  y  concierto  de  la  carta, 
para  enmendar  el  aguja,  y  para  ello  hace  las  dos  graduaciones 
contrarias,  diciendo  que  la  diferencia  que  el  aguja  hace  en  todo 
el  camino  lo  quiere  enmendar  juntamente  en  aquella  segunda 
graduación ,  y  así  quita  los  grados  de  ella  de  su  propio  lugar,  y 
los  pone  diferentes  de  la  primera  graduación  los  dichos  tres  gra- 
dos ó  más.» 

La  diferencia  es,  pues,  en  algunas  cartas  mayor  y  en  otras  me- 
nor que  tres  grados,  de  donde  sacamos  la  presunción  de  que  de 
algún  ejemplar  de  carta  podríamos  comprobar  con  más  precisión 
la  declinación  de  la  aguja  por  entonces-.  Saltamos  algunas  frases 
del  diálogo  que  se  refieren  á  los  abusos  de  los  constructores  de 
cartas,  que  estando  solo  autorizados  á  vender  su  patrón,  desem- 
peñaban puestos  en  la  casa  de  contrat¿ición,  y  no  sometían  las 
cartas  á  comprobación  rigurosa.  Algunas  de  las  observaciones 
que  siguen,  puestas  en  boca  de  los  interlocutores,  pueden  servir 
á  derramar  alguna  luz  sobre  el  estado  de  la  ciencia  náutica  en 
tiempo  de  Hernando  Colón. 


15"2  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORLA. 

«F Volvamos  á  las  cartas,  y  á  lo  que  se  dice  del 

aguja.  Si  esta  diferencia  que  hace,  si  se  sabe  que  tanto  es... 

T.  Ninguna  certinidad  hay,  ni  hasta  agora  se  sabe  la  diferen- 
cia precisa  que  el  aguja  hace,  ni  hay  regla  que  tal  diga,  ni  los 
pilotos  tienen  instrumento  ni  otra  cosa  con  que  lo  puedan  saber. 

F.  Pues  si  es  así  que  no  se  sabe ,  paréceme  á  mí  que  conside- 
rado que  el  arte  de  la  navegación  es  tan  delicada  j  subtil,  que 
aun  de  pocos  minutos  tiene  cuenta,  no  hay  razón  para  usar  de 
cosa  tan  sin  orden  y  tan  sin  cuenta  y  tan  mal  entendida,  como 
esta  es,  ni  que  por  ella  se  quite  la  buena  orden  y  concierto  que 
la  carta  tiene. 

T.  Pues  así  pasa,  que  ni  el  que  hace  las  cartas,  ni  los  pilotos 
que  con  ellas  navegan,  tienen  de  esto  cosa  acierta  á  que  se  aten- 
gcín,  sino  sólo  su  parecer  y  cabeza  de  cada  uno,  y  como  las  cabe- 
zas son  diferentes,  los  sentidos  asi  son,  de  donde  no  pocos  yerros 
suceden.  Pocos  dias  ha  que  viniendo  una  nao  de  Indias  venian 
dentro  tres  pilotos  y  todos  tres  traían  sus  cartas  y  los  otros  ins- 
trumentos hechos  de  la  mano  del  que  aquí  los  hace,  y  todos  jun- 
tamente tomando  el  altura  y  echando  su  punto  cada  uno,  sabidos 
sus  puntos  el  uno  se  hacía  cien  leguas  de  la  tierra  y  otro  cuarenta 
y  cinco,  y  otro  dijo  que  por  su  punto  iba  navegando  por  tierra,  y 
venidos  á  la  verdad  de  lo  que  pareció,  ninguno  acertó,  porque 
solamente  estaban  diez  leguas  de  la  tierra.» 

Bien  se  comprende  que  bajo  tales  circunstancias,  aun  dejadas 
aparte  las  alteraciones  de  la  declinación,  no  pudiera  alcanzarse 
las  más  veces  la  exactitud  que  admiramos  en  las  cartas  italianas. 
Reconocía  Colón  que  los  instrumentos  de  que  se  servían  los  es- 
pañoles eran  aún  bastante  malos;  con  todo,  culpaba  á  los  pilotos 
de  ser  poco  versados  en  el  arte  náutica,  pues  á  la  pregunta  si  los 
errores  de  cálculo  de  los  inencionados  tres  pilotos  debían  atri- 
buirse al  arte  de  marear,  ó  á  la  composición  de  los  instrumentos 
ó  exclusivamente  á  la  ignorancia  de  los  pilotos,  responde  Teodo- 
sio:  «En  el  arte  no,  que  pues  es  arte,  cosa  cierta  es;  así  que,  no 
en  el  arle,  mas  en  los  instrumentos  y  en  los  que  no  saben  usar 
de  ellos.» 

Ni  deja  de  interesar  que  c^'i  este  documento  se  reconozca  abier- 
tamente la  superioridíid  de  los  portugueses  en  el  arte  náutica,  así 


GRADUACIONES   NÁUTICAS    DE    LAS    CARTAS    DE    INDIAS.  153 

como  el  que  se  pongan  de  relieve,  aunque  sea  solo  de  pasada,  las 
ventajas  que  abrazaban  sus  cartas  marítimas. 

Los  enemigos  de  la  escala  doble  alegaban ,  según  las  palabras 
de  Fulgencio,  estas  razones  sobre  la  inutilidad  de  tales  cartas.  En 
primer  término  se  ecban  por  tierra  las  leyes  de  Astrología  ó  Hi- 
drografía, recibiendo  dos  líneas  equinocciales,  cuatro  trópicos  al- 
terándose los  ángulos  de  la  esfera  (los  rombos  fuera  de  su  propia 
cuenta  y  medida).  «La  segunda  razón,  dice,  que  es  porque  siendo 
cosa  tan  antigua  navegar  con  carta  de  una  graduación,  y  tal  fué 
la  primera  que  de  las  Indias  se  hizo ,  cosa  es  fuera  de  razón ,  que 
por  la  opinión  de  un  hombre  que  no  da  razón  ni  cuenta  se  des- 
faga la  orden  y  concierto  que  la  carta  tiene,  para  dar  medida  á 
cosa  que  no  se  sabe  que  tamaña  es,  y  que  ser  esto  gran  desorden, 
que  se  muestra  por  ejemplo,  pues  agora  se  vee  que  en  mayor  na- 
vegación que  la  nuestra,  que  es  la  que  hacen  los  iporlugueses ^  no 
usan  ni  tienen  en  sus  cartas  más  de  una  sola  graduación  ó  dos 
uniformes^  i  con  esta  navegan  cinco  ó  seis  mil  leguas  de  mar 
con  tanta  certidumbre  que  no  les  falta  punto.»  Los  portugueses 
usaban  las  cartas  planas  que,  aunque  inexactas,  á  lo  menos  no 
les  causaban  extravío. — La  razón  de  que  los  portugueses  señala- 
sen mejor  que  los  españoles  el  punto  de  su  dirección  en  las  car- 
tas, ha  de  buscarse  en  el  particular  de  que  la  Astronomía  náutica 
había  hecho  mayores  progresos  entre  ellos,  desde  los  tiempos  de 
Martín  Beaim,  en  que  sus  viajes  por  mar  alcanzaron  una  direc- 
ción más  al  Mediodía.  Hallándose  en  disposición  de  lograr  una 
fijación  considerable,  en  cuanto  á  la  latitud,  merced  á  sus  viajes 
en  dirección  al  Norte  y  al  Mediodía,  debió  resultar  mucho  más 
exacta  la  determinación  de  lugares  hecha  por  ellos  en  la  carta 
plana,  que  si  hubieran  seguido  el  sistema  adoptado  por  los  espa- 
ñoles. La  conclusión  del  diálogo  es  interesente:  Fulgencio  excita 
á  Teodosio  á  que  le  haga  una  declaración  precisa  de  las  opinio- 
nes que  tiene,  respecto  de  las  cartas  de  marear  que  deben  em- 
plearse. Reproducimos  textualmente  la  respuesta,  aunque  algo 
larga. 

«T.  Por  la  obligación  que  tengo  á  vuestro  servicio,  cumpliré 
lo  que,  señor,  mandáis;  diré  lo  que  yo  en  esto  hallo  muy  con- 
forme á  verdad,  y  para  que  mejor  se  entienda,  presupongo  do? 


154  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl\. 

principios  verdaderos,  que  son  estos:  el  primero,  que  en  el  arto 
de  la  navegación  hay  tres  cosas  principales  que  en  ellas  sirven, 
que  son  alturas,  carca  y  aguja.  Por  el  altura  se  sabe  en  cualquier 
lugar  en  que  el  hombre  está,  así  en  la  mar  como  en  la  tierra, 
qué  altura  tiene,  esto  es,  qué  tantos  g]-ados  está  apartado  de  la 
línea  equinocial.  La  carta  enseña  el  camino  ó  rumbo,  por  donde 
se  ha  de  navegar  de  nn  lugar  á  otro  de  aquellos  que  en  ella  están 
señalados,  en  los  cuales  lugares  primero  se  tomó  esta  altura,  y 
conforme  aquella  se  situaron  y  señalaron  en  la  carta.  El  aguja 
señala  el  nombre  de  estos  caminos  ó  vientos  que  la  carta  tiene, 
los  cuales  son  sacados  de  un  principio  ó  punto  cierto  y  en  un  lu- 
gar fijo  que  la  misma  aguja  en  el  horizonle  señala;  así  que  el 
aguja  señala  de  que  parte  del  horizonte  viene  cada  uno  de  los  di- 
chos vientos.  Punto  segundo;  digo  que  la  linea  equinocial  es  un 
circulo,  que  divide  al  mundo  en  dos  partes  iguale?,  la  cual  igual- 
mente se  aparta  de  los  polos,  y  dolía  toma  principio  el  altura  de 
cualquier  lugar;  y  no  en  otro,  se  ha  de  hallar  que  cosa  alguna  no 
le  pueda  de  allí  apartar.  De  aquí  queda  cierto  que  si  yo  voy  en 
demanda  do  un  lugar,  que  está  en  treinta  grados,  de  necesidad  lo 
tengo  de  hallar  en  el  altura  de  los  treinta  grados  donde  él  está,  y 
non  en  otro;  y  que  si  no  llego  á  los  treinta  grados  nunca  llegaré 
al  tal  lugar.  Pues  digo  asi  que  si  uno  parte  de  veinte  grados  y  va 
en  demanda  de  una  tierra  que  está  en  los  mismos  veinte  grados 
ó  más  ó  monos  que  á  este,  aun([ue  la  aguja,  vientos,,  corrientes  ó 
otra  cosa  sabida  ó  no  sal)ida  lo  aparte  del  camino  que  ha  de  lle- 
var, que  el  con  el  altura  se  puede  enmendar  y  volver  á  su  camino 
hasta  llegar  al  término  ó  lugar  donde  va.  Teniendo,  pues,  esto 
así  por  cierto,  como  lo  es,  viniendo  al  caso  digo:  que  la  carta  de 
dos  graduaciones  diferentes  toda  esta  orden  deshace,  como  se 
muestra  por  estu  ejemplo.  Si  uno  va  navegando,  y  tomando  su 
altura  precisa,  se  hallo,  pongo  por  caso,  en  quince  grados  de  la 
primera  graduación  de  la  carta,  y  después  volvió  á  tomar  el  al- 
tura y  se  halló  eu  los  mismos  quince  grados,  y  señaló  su  punto 
en  dercclio  de  los  ([uince  grados  de  la  segunda  graduación,  este 
punto  postrero  no  verná  con  el  primero,  digo  en  igual  distancia 
de  la  equinocial,  aunque  á. la  verdad  ellos  han  de  ser  iguales, 
pues  son  de  una  misma  altura;  mas  estos  puntos  que  este  se- 


GRADUACIONKS    NÁUTICAS    DE    LAS    CARTAS    DE    INDIAS.  153 

ñ;iló  no  serán  iguales,  antes  habnl  diferencia  de  tres  grados  uno 
de  otro,  que  es  la  misma  diferencia  que  las  dos  graduaciones  en- 
tre sí  tienen.  De  donde  claramente  parece  que  la  segunda  gra- 
duación de  la  carta  lo  enseñó,  pues  por  ella  pasó  al  segundo  punto 
fuera  de  su  propio  lugar,  de  donde  se  le  siguiera  que  en  la  der- 
rota, rumbo  ó  camino  que  de  allí  lomase  para  el  lugar  donde  va, 
tanto  será  lo  que  se  apartará  del  tal  lugar,  cuanto  fué  el  aparta- 
miento que  él  tuvo  del  punto  verdadero.  Y  concluyendo,  digo, 
que,  como  por  la  falsedad  de  esta  segunda  graduación  de  la  car- 
ta, los  lugares  de  Indias  no  estarán  puestos  en  su  propio  lugar, 
si  se  fuera  á  buscar  donde  la  carta  los  enseña  no  se  hallarán,  de 
manera  que  los  que  por  tal  carta  se  rigieren,  errarán  en  todo 
aquello  que  por  la  segunda  graduación  se  rigieren,  de  donde  es 
cierto  que  los  pilotos,  que  con  estas  cartas  navegan,  no  por  ellas, 
más  por  el  uso  que  del  camino  tienen,  atinando,  y  con  rodeo  y 
con  pérdida  de  tiempo  llegan  al  lugar  donde  van.  Esto  es  lo  que 
este  caso  me  parece  y  lo  que  en  ello  yo  siento.» 

En  consecuencia,  los  lugares  de  la  superficie  de  la  tierra  deben 
ser  señalados  en  la  carta  con  arreglo  á  su  latitud,  y  como  esta  se 
cuenta  desde  el  ecuador,  se  sigue  de  aquí  "que  todos  los  puntos 
que  tienen  igual  latitud  deben  estar  á  igual  distancia,  sin  que 
pueda  darse  causa  capaz  de  alterar  este  principio.  En  esto  el  autor 
del  diálogo  tiene  ante  los  ojos  única  y  exclusivamente  la  proyec- 
ción cilindrica.  Dice  además  que  la  carta  ofrece  la  dirección  que 
se  tiene  que  tomar  para  ir  de  un  lugar  á  otro,  en  lo  cual  se  equi- 
voca, pues  no  le  es  conocido  aún  naturalmente,  toda  vez  que  en 
la  proyección  cilindrica  no  deben  aparecer  repetidos  los  ángulos 
en  su  magnitud  natural.  Menos  aún  es  lo  que  él  puede  expresar 
acerca  de  la  diferencia  entre  la  dirección  loxodrómica  y  la  orlo- 
drómica.  A  pesar  de  este  defecto,  Hernando  desenvuelve  muy 
ajustadamente  el  modo  y  manera,  con  que  se  debe  proceder  con 
la  carta  plana.  Adviértase,  demás  de  esto,  que  la  ignorancia  de 
las  propiedades  de  la  proyección  elegida  debe  ser  también  tenida 
en  cuenta,  como  un  factor  que  no  se  puede  olvidar  sin  inconve- 
niencia. Si  uno  se  da  á  la  vela,  por  ejemplo,  de  un  puerto  que  se 
halla  á  la  latitud  de  30°  para  otro  cuya  latitud  llega  á  los  40°,  debe 
huscar  el  lugar  de  destino,  en  la  latitud  de  40°;  pero  si  hallándose 


156  BOLETÍN    DE   LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

durante  el  viaje,  por  ejemplo,  en  latitud  de  35°,  abandona  desde 
este  momento  una  escala  para  orientarse  por  la  otra,  llegará  tan- 
tos grados  más  al  N.  ó  al  S.,  cuanta  sea  la  diferencia  de  ambas 
escalas. 

Asimismo,  en  lo  que  atañe  al  cambio  de  la  posición  del  buque, 
á  consecuencia  de  la  declinación  magnética  del  viento,  bajo  el 
cual  es  comprendido  el  temporal  y  la  corriente,  así  como  otros  in- 
n lijos  conocidos  y  desconocidos  fotra  cosa  sabida  ó  no  sabida], 
oljserva  Colón  que  se  puede  tener  siempre  en  cuenta  tal  altera- 
ción, mediante  la  determinación  astronómica  de  ella,  para  auto- 
rizar el  cambio  de  derrotero,  y  esto  indefinidamente  hasta  llegar 
al  punto  de  arribada.  El  aprecia  con  mucha  razón  la  ventaja  de 
determinar  la  latitud  diariamente  ó  con  mucha  frecuencia,  por 
cuanto,  merced  á  este  medio,  no  puede  equivocarse  el  lugar  que 
fija  el  destino. 

Aún  pudiéramos  poner  de  resalto  los  otros  influjos  conocidos  y 
desconocidos,  cosa  sabida  ó  no  sabida,  que  menciona.  ¿Es  que  tal 
vez  ya  que  no  como  encargado  de  aprobar  de  los  diarios  de  viaje, 
en  cuyo  caso  habrá  tenido  gran  número  de  ellos  en  la  mano,  por 
circunstancias  para  este  fin  análogas,  le  ha  llamado  la  atención 
un  cambio  en  la  posición  de  los  buques  manifiesto  para  él,  el 
cual  debía  aparecer  nacido  de  la  diferencia  de  ángulo  en  la  esfera 
y  en  lo  representado  en  la  proyección  cilindrica?  El  que  Her- 
nando Colón  haya  tenido  ocasión  de  ver  muchos  diarios  de  nave- 
gación puede  inferirse,  á  nuestro  parecer,  de  que  fué  ciertamente 
miembro  de  la  junta  que  debía  decidir  sobre  la  pertenencia  de  las 
islas  de  la  Especería.  El  escribió  sobre  estos  tres  tratados,  con 
cuya  ocasión  propuso  verificar  la  determinación  de  la  longitud, 
transportando  relojes  (1). 

Aparece  digno  de  reparo  el  que  mientras  los  portugueses  tenían 
ya  de  largo  tiempo  su  «mancira  de  navegar  por  altura  del  sol.» 
este  arte  no  se  hubiera  naturalizado  aún  en  España.  Inclinados 
nos  vemos  á  creer  que  en  general  el  arte  náutico  había  experi- 


(])  lie  sido  guiado  á  esta  conclusión  por  advertencia,  que  deljo  d  la  amistad  del 
Dr.  HreusiuíTs.  No  entro  más  en  la  exii\jsición  de  este  asunto,  pues  lo  reservo  para  tra- 
turlo  en  otra  ocasión. 


(ÍRADUAGIONES    NAITICAS    DE    LAS    CARTAS    DE    INDIAS.  157 

menlado  eii  tiempo  de  Medina  un  retroceso  en  España.  Para  ase- 
gurar esto  con  rekición  á  la  Cartografía  nos  apoyamos  en  las  obras 
de  Enciso  y  de  Palero  (1).  Martín  Fernández  de  Encíso  publicó  en 
Sevilla  en  1519  su  «Suma  de  Geographía  que  trata  de  todas  las 
partidas  y  provincias  del  mundo:  en  especial  de  las  Indias  et  trata 
lárgamete  del  arte  del  marear:  juntamente  con  la  esphera  en  ro- 
mace:  con  el  regimiüto  del  sol  et  del  norte:  nueuamete  hecha.» 
Con  este  motivo  debe  haber  llegado  Enciso  á  hablar  de  la  inexac- 
titud de  las  cartas  planas.  Francisco  Falcro,  portugués  al  servicio 
de  España,  publicó  diez  y  seis  años  después  su  Tratado  del  es- 
phera. Por  un  lugar,  donde  habla  de  la  magnitud  del  grado,  se 
llega  á  la  presunción  de  que  poseía  mayores  conocimientos  sobre 
la  relación  del  arco  paralelo  á  la  del  arco  del  círculo  meridiano, 
puesto  que  entiende  que  «un  grado  por  cualquiera  meridiano  ó 
círculo  mayor  tiene  IG  leguas  y  dos  tercios  de  legua  como  es  di- 
cho; et  por  paralela  menor  no  se  guarda  esta  proporción  como 
adelante  se  declarará  en  el  presente  capítulo.»  A  pesar  de  esto, 
vuelve  á  confundir  después  la  distancia  meridiana,  en  altas  latitu- 
des, con  la  diferencia  de  longitud.  En  1545  apareció  el  «Arte  de 
Navegar»  de  Medina,  que  cuenta  la  longitud  y  latitud  sobre  el 
fundamento  de  la  exactitud  de  las  Cartas  planas  y  niega  rotun- 
damente la  existencia  de  la  desviación,  después  de  haber  escrito 
Falero  sobre  este  asunto,  con  seguridad  y  bastante  conocimiento 
de  la  materia. 

De  Enciso  á  Medina  los  españoles  han  retrocedido  en  todo  lo 
concerniente  al  Arte  náutica.  Martín  Cortés  habla  de  nuevo  de  la 
inexactitud  de  las  Cartas  «(Breue  compendio  de  la  sphera  y  de  la 
arte  de  nauegar,  Sevilla,  1551),»  y  Analmente  Alonso  de  Santa 
Cruz  presintió  ya  aquella  invención  importante,  que  el  gran  geó- 
grafo Mercator  había  de  realizar  años  depués.  Sería  sobre  manera 
interesante  establecer  con  más  pormenores  como  Enciso,  Cortés 
y  Alonso  de  Santa  Cruz  trataron  la  teoría  de  las  Cartas.  Nosotros 
nada  podemos  decir  sobre  este  asunto,  en  el  momento,  en  que 
hemos  fijado  nuestra  consideración  en  él,  y  comenzamos  la  inves- 


(1)    Discursos  leldcs  ante  la  Real  Academia  de  Ciencias  exactas^  del  Excmo.  Sr.  Don 
Francisco  de  Márquez  y  Rieo.— Madrid,  '[^lü^jmginas  9-14. 


158       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

ligación  que  ú  él  se  refiere.  En  esto,  es  de  temer,  sin  embargo, 
que  el  material  de  fuentes,  no  sea  quizá  muy  Tácil  de  aprovechar 
con  frecuencia,  pues  es  posible  que  la  obra  de  Enciso  solo  se  halle 
en  España.  Podemos  con  todo  dejar  mencionado  un  pasaje  de  la 
Biblioteca  Marítima  Española,  de  Navarrete,  que  se  refiere  á 
Alonso  de  Santa  Cruz.  En  su  «libro  de  las  longitudines,)>  escribió 
sobre  las  Cartas  planas...  de  este  continuo  estudio  y  prolijas  in- 
vestigaciones, resultó  también  el  conocimiento  de  la  imperfección 
de  las  Cnrtas  planas,  y  de  la  necesidad  de  trazar  las  esféricas, 
como  lo  consiguió  con  muchos  años  de  antelación  á  Eduardo 
Wright  ó  á  Gerardor  Mercator,  á  quien  generalmente  se  atribuye 
esta  invención  (Nav.  T.  I.,  pág.  29).  Alejo  de  Yanegas  dice  sobre 
esto  en  sus  obras:  «Diferencias  de  los  libros  que  hay  en  el  Uni- 
verso, 1540,  cap.  IG:...  ora  nuevamente,  Alonso  de  Sta.  Cruz,  á  pe- 
tición del  emperador  nuestro  Señor,  ha  hecho  una  carta  abierta 
por  los  meridianos,  desde  la  equinocial  á  los  polos;  en  la  cual  sa- 
cando por  el  compás  la  distancia  de  los  blancos  que  hay  de  yneri- 
diano  á  meridiano  queda  la  distancia  oerdadera  de  cada  grado, 
reducendo  la  distancia,  que  queda,  á  leguas  de  linea  mayor.» 
Navarrete  pone  aquí  esta  segunda  advertencia:  «Y  aunque  esto 
sea  el  principio  y  los  elementos  de  la  teoría  para  la  construcción 
de  las  cartas  esféricas,  todavía  quedó  incierta  la  proporción,  en 
que  debían  aumentarse  en  la  Carta  los  grados  de  latitud,  según 
que  eran  mayores  las  alturas  y  menor  la  extensión  de  los  parale- 
los; y  Santa  Cruz  habría  coronado  sus  desvelos,  si  llegara  á  cono- 
cer que  esta  proporción,  hallada  después  es  la  del  radio  al  coseno 
de  la  latitud.» 

La  cita  de  Yanegas  debe  dar  que  pensar  mucho  á  todos  los  geó- 
grafos y  no  creemos  decir  demasiado,  al  significar  nuestra  extra- 
ñeza,  porque  este  pasaje  interesante  de  la  Biblioteca  marítima 
no  haya  atraído  la  atención,  antes  de  ahora,  pues  es  lo  cierto  que 
de  él  resulta  con  claridad  que  Alonso  ha  reconocido  la  inexacti- 
tud, en  que  se  incurre,  al  igualar  el  grado  del  arco  de  paralelo 
con  el  de  meridiano.  De  suerte  que  si  él  no  ha  descubierto  la  re- 
lación U:  eos  9  en  esta  forma,  pudo,  sin  emliargo,  haber  construido 
con  círculo  y  medida  proporcional  (escala),  un  mapa,  cuyo  resul- 
tado correspondiera  á  la  exacta  relación  de  una  especie  de  pro- 


GRAürAGIONKS    NAITICAS    DE    LAS    CARTAS    DK    INDIAS.  Í5!> 

ycccióii  equivalente.  Serían  de  deseat-  noticias  más  claras  sobre 
este  punto  en  interés  de  la  historia  de  la  Cartografía.  Con  tal  mo- 
tivo se  ha  constituido  en  relator  del  proceso  un  miembro  do  la 
Real  Academia  de  la  Historia  de  Madrid,  para  el  empeño  de  sacar 
mayores  delalles  de  los  archivos  españoles  ó  de  las  obras  de 
Alonso  o  Yene.íías.» 


Francisco  Fernández  González. 


Madrid,  4  Enero,  18S1. 


II. 

MONEDAS  UE  LA  ILEROECIA  (I). 

Despierta  gran  interés,  siempre  creciente,  el  numerario  ibérico 
de  nuestras  regiones  del  Este,  pues  los  descubrimientos  de  las  va- 
riedades de  sus  monedas  se  suceden  con  frecuencia  tan  afortuna- 
da, que  convidan  constantemente  al  estudio.  Hoy  he  de  ofrecer  á 
la  Academia  una  lámina  con  especies  inéditas  batidas  en  país  iler- 
gético,  que  acompaño  con  una  copia  del  as  de  Lérida  y  otra  de  un 

ejemplar  de  bellísima  fábrica,  con  leyenda  r^AAXl**0 

Describiré  las  monedas,  apuntando  después  algunas  reflexio- 
nes para  conlribuif  á  la  ordenación  cronológica  del  numerario 
ilergete  : 

23.     Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha  y 
rodeada  de  tres  delfines. 
Rev.  Jinete  con  palma  al  hombro  y  clámide  flotante,  co- 
rriendo hacíala  derecha  sobre  una  línea;  encima  de 

ena  rAAXr^'O 

Diám.,  25  milím. 

Col.  del  autor. 

(1)    Véase  tomo  ni  de  este  Boletín,  pág.  67. 


160  BOLETÍN    DE    LA    BEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

24.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha  y 

rodeada  de  tres  delfines  (tipo  emporitano). 
Rev.  Caballo  corriendo  sobre  una  línea;  encima  •  •;  sobre 

la  línea  y  en  letras  diminutas  r^bYO..- 
Diám.,  19  milím. 

D.  Pablo  Gil,  Zaragoza. 

25.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha  y 

rodeada  de  tres  delfines. 
Rev.  Jinete  con  una  palma  al  hombro  y  clámide  flotante, 
corriendo  hacia  la  derecha  sobre  una  línea;  encima 

de  ella  y  en  letras  diminutas  f^AH^^X 
Diám.,  32  milím. 

D.  AdusTÍN  Arbex,  Lérida. 

26.  Anv.  Como  el  anterior. 

Rev.  Caballo  corriendo  hacia  la  derecha  y  en  el  aire;  enci- 
ma media  luna;  debajo  l^bYOX 
Diám.,  23  milím. 

D.  Constantino  Domingo  Bazán,  Barcelona. 

27.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha; 

delante  A 
Rev.  Jinete  con  una  palma  al  hombro  corriendo  hacia  la 
derecha  sobre  una  línea;  encima  de  ella  la  leyenda 
anterior. 

Diám.,  19  milím. 

D.  Agustín  Abbex,  Lérida. 

28.  Anv.  Cabeza  imberbe  con  tor({ues  en  el  cuello,  mirando  ha- 

cia la  derecha,  rodeada  de  una  gráfila  formada  por 
puntos. 
Rec.  Lobo,  con  la  lengua  fuci-a,  corriendo  en  el  aire  sobre 

la  derecha;  encima  f^AH^O...   (fábrica  bárbara). 
Diám.,  20  milím. 

D.  Agustín  Arbex,  Lérida. 


MONEDAS    DE    LA    ILERGECÍA.  j(jl 

29.  Anv.  Gomo  el  anterior,  sin  griífila. 

Bev.  Lobo  en  el  aire,  con  la  lengua  fuera;  encima  A'A  tle- 

bajo  Y<^ 
Diám.,  Í-?  milím. 

D.  Agustín  Arbex,  Lérida. 

30.  Anv.  Como  el  anterior.  ' 
Rev.  Lobo  en  el  aire,  con  la  lengua  fuera;  encima  ••:  de- 
bajo 1^  — 

Diám.,  18  milím. 

D.  Joaquín  Botet,  Gerona. 

31.  Anv.  Cabeza  imberbe,  con  torques  en  el  cuello,  mirando  ha- 

cia la  derecha,  rodeada  de  una  gráfila  formada  por 
puntos. 
Rev.  Lobo  en  el  aire,  con  la  lengua  fuera,  corriendo  hacia 

la  derecha;  encima  f^'bH'  debajo  OX 
Diám.,  20  milím. 

D.  Mariano  La  Hoz,  Calatayiid. 

32.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha. 
Rev.  Lobo  en  el  aire,  con  la  lengua  fuera,  mirando  hacia  la 

derecha.  Sin  leyenda. 
Diám.,  22  milím. 

D.  Mariano  La  Hoz,  Calatayud. 

Al  ordenar  cronológicamente  las  acuñaciones  ilergetes,  alguno 
abrigó  la  creencia  de  que  eran  en  esta  región  las  más  antiguas, 
aquellas  de  sus  monedas  de  fábrica  menos  aventajada,  tomando 
para  ello  como  dibujo  arcaico,  el  que  es  simplemente  producto  de 
fábricas  decadentes  y  después  bárbaras.  Hoy  no  puede  sostenerse 
semejante  opinión;  pues  su  error  es  de  tal  evidencia,  que  ni  si- 
quiera se  necesita,  para  poder  comprobarlo,  acudir  al  estudio  del 
buen  número  de  variedades  del  dinero  ilergete  publicado  en  va- 
rios libros ;  basta  sólo  examinar  la  lámina  que  sigue  á   estos 

TOMO  IV.  12 


162  boletín  de  la.  real  academia  de  la  historia. 

apuntes,  ya  que  el  estilo  áe  las  monedas  en  ella  contenidas,  con- 
cuerda en  un  todo  con  lo  que  expuse  al  tratar  de  la  más  completa 
y  bajo  todos  aspectos  la  más  rica  de  las  series  numismáticas  de  la 
España  antigua;  la  colección  emporitana.  Debo  recordar,  pues, 
que  las  monedas  de  Empurias  son  vivo  testimonio  de  las  civili- 
zaciones que  se  sucedieron  en  la  región  cisibérica  durante  un  es- 
pacio de  tiempo  de  más  de  tres  siglos:  aparecen  las  monedas  con 
estilo  arcaico,  al  cual  paulatinamente  reemplaza  el  arte  helénico, 
hasta  llegar  á  su  edad  de  oro,  decayendo  después  en  las  acuña- 
ciones ibéricas  de  fábrica  romana ,  que  terminan  variando  los  ti- 
pos genuinos  de  las  monedas  y  produciendo  al  fm  especies  bár- 
baras, hijas  legítimas  de  la  civilización  de  hierro  que  acompaña 
á  la  guerra. 

Comparando  las  monedas  ilergefes  con  las  emporitanas,  la  cro- 
nología de  aquellas  se  hace  sola,  y  ahora  con  mayor  holgura, 
puesto  que  podemos  contar  con  la  enseñanza  que  nos  proporcio- 
nan los  ejemplares  nuevamente  descubiertos.  Procuraré  razonarlo 
brevemente. 

Los  importantes  esclarecimientos  que  do  algún  tiempo  á  esta 
parte  ha  obtenido  la  numismática  autónoma  española,  afirman 
que,  entre  los  iberos,  el  uso  de  acuñar  monedas  se  extendió  pro- 
gresivamente desde  la  costa  al  centro  del  país.  En  este  movi- 
miento de  adelanto,  impulsado  en  sus  antiguos  tiempos  por  las 
necesidades  del  comercio,  se  manifiestan  los  primeros  varios  pue- 
blos que  habitaban  el  Este  de  España,  acuñando  la  plata  en  omo- 
nóia  con  Empurias  bajo  la  obediencia  del  pié  monetal  de  la  dracma 
griega  y  emitiendo  después  el  cobre,  asimilado  al  dinero  latino. 
Esta  gradación  la  vemos  aceptada  ya  por  los  estudios  modernos. 
La  época  de  su  comienzo,  es  la  que  ofrece  algunas  dificultades 
respecto  á  la  emisión  ibero-romana,  pero  en  mi  concepto  no  puede 
retrotraerse  al  año  537  (217  a.  J.  C),  ó  sea  después  de  la  llegada 
de  Gneo  Escipión  á  España,  puesto  que  anteriormente  á  dicha 
fecha,  es  seguro  que,  cuando  menos,  se  batían  especies  ibéricas  de 
cobre  en  la  Indigecia,  en  la  Ilergecia  y  en  la  Ausetania. 

Nuevos  hallazgos  no  me  han  impuesto  la  obligación,  á  la  que 
me  sometería  gustoso,  de  rectificar  en  un  solo  punto  lo  que  dije 
al  ocuparme  de  las  primeras  emisiones  de  la  Indike  de  Estéfano  de 


MONEDAS    DE    I-.\    II.ERGECIA.  163 

Bizancio.  Goncrelándomc  iihora  á  las  monedas  ilergetes,  veo  con- 
firmado lo  que  escribí,  pues  el  rarísimo  ejemplar  núm.  24  de  la 
lámina,  présenla  caracteres  de  tan  desusada  antigüedad,  que  quizá 
■esta  sea  superior  á  las  demás  acuñaciones  de  cobre  ibéricas  que 
conocemos. 

Los  que  liayan  examinado  mi  trabajo,  recordarán  que  en  deter- 
minado período,  las  dracmas  de  la  ^inoXti  ofrecen  la  particularidad 
de  tener  escritos  sus  letreros,  con  caracteres  diminutos  y  en  sus 
primeros  tiempos  casi  microscópicos.  Gusto  fur  de  época,  y  tan 
■extendido,  que  obtuvo  boga  en  las  monedas  galo-foceas  de  Massi- 
lia;  imperó  en  Empurias,  de  donde  pasó  á  Rbode  .(Delg.  Rbode 
núm.  4)  y  á  los  iberos  que  acuñaron  dracmas  con  los  tipos  sira- 
«usanos  de  nuestra  ciudad.  (Delg.  Empurias,  números  138,  143, 
146  y  172.)  Esto  acontecía  en  aquel  notabilísimo  período,  que  con 
los  luminosos  criterios  cronológicos  que  arrojó  el  hallazgo  de  las 
Ansias,  pudo  fijarse  inmediatamente  después  de  la  pérdida  de  Si- 
cilia por  los  cartagineses  (513  de  Roma,  241  a.  J.  C).  Ahora  bien; 
todos  los  caracteres  de  la  moneda  que  publico,  me  llevan  á  discu- 
rrir que  su  acuñación  siguió  á  la  de  dracmas  emporitanas  de  la 
buena  época,  y  cuando  aún  se  conservaba  la  tradición  de  los  epí- 
grafes con  letras  diminutas.  Los  tipos  de  este  precioso  ejemplar  co- 
adyuvan á  mis  apreciaciones,  pues  son  copia  bastante  fiel  de  los  que 
campean  en  las  dracmas  de  Emporión:  la  cabeza  del  anverso  está 
inspirada  en  la  Diana  de  las  dracmas,  y  el  caballo  del  reverso,  en 
su  actitud  y  en  sus  formas,  nos  recuerda  al  Pegaso  volando  déla 
moneda  griega.  Otro  detalle  sustancial  ofrece  el  reverso  de  esta 
moneda,  señalando  evidentemente  su  obediencia  á  la  unidad  mo- 
netaria latina.  Me  refiero  á  los  dos  glóbulos  puestos  en  ella  para 
indicar  su  valor  de  semis,  novedad  que  constituye  un  dato  impor- 
tante para  las  investigaciones  metrológicas,  sin  destruir  las  indi- 
caciones que  llevo  apuntadas,  pues  la  introducción  del  denario 
romano  en  España,  es  muy  anterior  á  la  acuñación  de  esta  cu- 
riosa pieza.  Su  aparición  nos  promete  nuevos  hallazgos,  puesto 
que  revela  han  de  existir  sus  congéneres,  no  descubiertos  aún,  ya 
que  es  de  creer  que  la  Lérida  ibérica,  batiría  completa  esta  anti- 
gua emisión,  y  en  ella  no  faltaría  ni  el  as,  ni  las  especies  meno- 
res del  semis  publicado. 


164      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Para  avalorar  dicha?  observaciones  no  debe  dejarse  en  olvido^ 
que  los  ilergetes  acuñaron  dracmas  y  trihemiobolios,  en  omonoia 
con  Empnrias  y  Massilia  (Delg.  Empurias.  nvímeros  130,  131, 
132,  134,  135,  136  y  137?);  no  es,  pues,  de  extrañar,  que  si  de  tan 
antigno  dicho  pueblo  tomó  puesto  en  nuestra  numismática  amo- 
nedando la  plata,  se  adelantara  también  á  los  demás  ibéricos  en 
la  acuñación  del  cobre,  acomodado  en  las  nuevas  monedas  al  di- 
nero latino,  cuya  circulación  se  venía  imponiendo  en  los  merca- 
dos de  las  comarcas  cisibéricas,  desde  el  tratado  de  528  de  Roma. 
(226  a.  J.  C),  en  el  cual,  la  corriente  del  Ebro  era  el  lindero  de  la 
dominación  cartaginesa.  Poco  después  de  este  concierto  político, 
apareció  el  semis  que  he  dado  á  conocer,  ó  sea  por  los  años  de  528 
al  535  (226  á  219  a.  J.  C),  período  en  que  la  plata  do  Empurias 
va  rebajando  paulatinamente  su  peso  primitivo,  hasta  producir 
dracmas  que  son  denarios  disfrazados,  como  muy  oportunamente 
los  llama  nuestro  amigo  el  distinguido  Sr.  Zobel.  Y  así  debía  su- 
ceder: ala  moneda  focea,  imponía  la  asimilación,  el  dinero  de 
aquella  Roma  poderosa  que  vencía  á  Gartago  en  la  primera  gue- 
rra púnica,  reservándose  el  protectorado  de  las  fundaciones  grie- 
gas en  el  litoral  de  Iberia. 

Después  de  la  moneda  objeto  de  las  anteriores  líneas,  sigue  con 
el  nilm,  25  la  copia  de  un  excelente  ejemplar  del  as  de  gran  diá- 
metro, que  figura  en  la  colección  del  Si.  Arbex ,  de  Lérida,  No 
me  ha  parecido  infructuosso  darle  acogida  en  la  hlmina,  ya  que 
es  un  elemento  apreciable  para  la  cronología  del  numerario  iler- 
getc  por  las  formas  paleográficas  de  su  epígrafe,  trazado  con  ca- 
racteres relativamente  pequeños  que  acusan  una  emisión  antigua. 

Los  ejemplares  grabados,  números  del  26  al  32,  son  variedades 
inéditas  de  la  ilergecia  de  la  época  de  la  decadencia  y  del  barba- 
rismo.  La  núm.  30  descuella  entre  ellas,  por  ser  nn  ejemplar  in- 
leresanle  y  único  en  nuestra  noticia,  que  se  conserva  con  gran 
aprecio  en  el  monetario  do  D.  Joaquín  Botet,  de  Gerona.  Esta 
moneda  lleva  estampado  en  su  reverso  la  sigla  |^  y  la  |  tendida, 
vulgar  en  los  cuadrantes  de  Indica,  con  los  tipos  del  león,  leyen- 
da que  era  desconocida  en  monedas  ilergetes  y  que  vuelve  á  po- 
ner sobre  el  tapétela  tan  dabatida  interpretación  de  dichos  signos. 

Cuando  los  estudios  numismáticos  no  contaban  con  la  gran  pu- 


MONEDAS   DE    I.A    ILERGECIA.  165 

Llicacióii  de  monedas  inéditas  de  que  gozamos  ahora,  recuerdo 
que  allá  por  los  años  de  18Gi,  el  insigne  académico  D.  Antonia 
Delgado,  dolado  del  espíritu  investigador  que  universalmente  le 
han  reconocido  lodos  los  arqueólogos,  nos  advertía  á  Mr.  Aloi'ss 
lleiss  y  á  mí,  sus  discípulos,  que  las  siglas  de  los  cobres  empori- 
lanos  representaban  el  valor  de  la  moneda.  Tiempo  después, 
Mr.  lleiss,  publicaba  de  cosecha  propia  en  el  Memorial  niimismú- 
tico  español  (1)  los  tanteos  explicados  por  nuestro  ilustre  maestro, 
y  la  doctrina  se  tuvo  por  corriente,  hasta  que  nosotros,  que  la 
habíamos  también  seguido,  pudimos  refutarla  por  completo  en  el 
libro  del  Sr.  Delgado  y  con  acuerdo  suyo  (2).  Las  anónimas  si- 
glas representaban  una  indicación  éthnica,  la  cual,  relacionán- 
dola después  el  Sr.  Zobcl  con  otras  leyendas  emporitanas  de  la 
última  época  coii  el  tipo  de  toro  y  el  hipocampo,  las  atribuyó  á 
unos  Elhrutlirvetes,  gente  desconocida,  que  por  vía  de  ensayo  co- 
loca cerca  de  Empurias,  en  la  m-hicula  emporitana  de  Strabón,  ó 
sea  en  Rhode,  convertida  en  aquel  entonces  cu  un  suburbio  de  la 
ciudad  ibera  fócense.  Conocíanse  las  siglas  }^\  en  monedas  de 
Sietabis  y  Narbo:  ahora  se  inanifiestan  en  la  Ilergecia  y  el  pro- 
blema éthnico  planteado,  si  no  se  va  oscureciendo  con  la  publica- 
ción de  esta  moneda,  tampoco  nos  proporciona  nuevos  datos  para 
ensayar  una  nueva  explicación  en  tan  controvertido  asunto. 

Terminaré  estas  mal  pergeñadas  apuntaciones,  llamando  la 
atención  acerca  de  la  bella  fábrica  de  lloquitli  niím.  1  de  la  lámi- 
na; as  que  fué  reproducido  incompleto  en  la  obra  Delgado.  Basta 
un  ligero  examen  del  gi-abado,  para  no  abrigar  ningún  género  de 
duda  acerca  de  que  las  monedas  con  dicha  leyenda  (la  cual  hasta 
ahora  no  ha  podido  atribuirse  satisfactoriamente)  fueron  acuña- 
das por  aquel  pueblo  ilergete,  que  antes  de  ser  abatido  por  la 
guerra,  nos  ha  legado  en  sus  monedas  evidentes  muestras  de  su 
cultura;  pueblo  que,  tan  poderoso  como  el  de  los  ausetanos,  com- 
pelía con  él  en  vigor  político,  y  cuya  valía  histórica,  en  fin,  hoy 
se  comprende  con  toda  evidencia,  ya  que  es  conocida  la  impor- 
tancia de  su  posición  geográfica,  conocimiento  que  es  del  domi- 


(1)  Tomo  III,  pág.  214. 

(2)  Delgado;  Nxew  métodode clasiñcacióii,  i.  iii,  pág.  214. 


166  boletín  de  la  real  agademla  de  la  HISTORLA. 

iiio  de  la  Academia,  merced  al  magistral  trabajo  que,  con  el  mo- 
desto título  de  El  arco  de  Bará.  débese  al  concienzudo  estudio  del 
digno  sucesor  de  Delgado,  D.  Aureliano  Fernández  Guerra. 

Celestino  Pl'jol  y  Camps. 

Madrid,  16  Febrero  188:1." 


III. 

LEYENDA  VASCO-HISPANA  DEL  TÁRTARO. 

Basque  Legenda  collected,  cMefly  in  ihe  Lahourd,  by  Rev.  Wentwortb 
Webster,  M.  A.,  Oxon.  With  an  Essay  on  tlie  basque  language  by  M.  Julien 
Vinson  ,  of  the  Revue  de  Linguistique ,  París.  Together  with  appendix: 
Basque  Poelry.  Second  edition,  London,  1S79. — Ea  4.°,  pág.  276. 

Agotada  rápidamente  la  primera  edición  (Londres,  1877)  de 
este  importante  volumen,  y  recibida  la  segunda  con  el  mismo 
favor  por  parte  del  público  ilustrado,  no  necesita  de  mis  enco- 
mios para  hacérseos  grato  el  rico  ejemplar,  que  suscribe  el  au- 
tor, nuestro  corresponsal,  ofreciéndolo  á  vuestra  consideración 
doctísima.  El  apéndice  final,  titulado  Basque  Poetry,  es  acreedor 
á  grande  aprecio  y  estimación  de  la  Crítica  histórica.  Sobre  la 
Poesía  vascongada,  llama  singularmente  la  atención  y  merecerá 
(no  lo  dudo)  la  aprobación  de  los  inteligentes  la  parte  relativa 
á  los  que  han  dado  en  llamarse  fragmentos  épicos  de  las  gue- 
rras de  Augusto  y  de  Carlomagno.  El  canto  de  Lelo  (Leloaren 
canina),  publicado  por  Humboldt  en  1817,  da  Itella  muestra, 
quizá  la  más  antigua  que  poseemos,  del  estro  épico  vascongado; 
pero  esto  no  quiere  decir  que  brotase  antes  del  siglo  xvi,  del  cual 
y  de  cuyo  remate  aparece  ser  el  primer  manuscrito  auténtico. 
Por  lo  que  hace  al  canto  de  Altabiscar  (AUahiskarco  cantuá) 
Mr.  Webster  ha  desarrollado  magistralmente  en  el  tomo  iii  de 
nuestro  Boletín  (1)  las  ideas  de  la  Basque  Poelry^  despejando  de 

(1)    Pág.  139-153, 


LEYENDA    VASCO-HISPANA    DEL    TÁRTARO.  107 

punto  en  punto  el  problema  y  en  toda  su  extensión  resolviéndolo. 

Integran  la  obra  numerosas  leyendas,  contadas  de  viva  voz  y 
por  escrito,  que  Mr.  Webster  ha  ido  recogiendo  en  los  caseríos 
de  la  Vasconia  francesa  y  traduce  exacta  y  fielmente  al  inglés. 
Para  mayor  seguridad  del  lector,  cada  leyenda  va  firmada  por  la 
persona  que  la  contó,  y  la  recibió  como  tradición  del  saber  de  sus 
abuelos,  ó  antepasados.  Mr.  Webster  las  coordina;  señala  con 
austera  prolijidad  sus  variantes;  estudia  su  mutuo  enlace  y  filia- 
ción; y  las  compara  finalmente  con  otras  de  otros  pueblos;  resul- 
tando así  una  serie  de  datos  indiscutibles,  luminosa  y  firme,  que 
al  paso  que  encierra  sólidas  enseñanzas,  invita  á  seguir  adelante 
por  el  camino  de  la  invesligación  positiva.  La  cual,  ni  sienta  le- 
yes á  prioiH  ni  preconcibe  sistemas,  las  más  de  las  veces  imagi- 
narios, sino  que  visa  ante  todo  y  sobre  todo  á  la  determinación 
de  los  hechos;  y  deduce  á  posteriori  las  leyes,  ó  las  relaciones 
históricas  y  etnológicas,  que  de  aquellos  con  mayor  ó  menor  pro- 
babilidad ciertamente  resultan. 

Las  leyendas  van  clasificadas  por  este  orden  (1): 

I.  Leyendas  del  Tártaro,  ó  del  Cíclope. 

II.  El  dragón  de  tres  (heren-suge)  y  el  de  siete  cabezas. 

III.  Los  animales  parlantes. 

IV.  Los  genios  forestales  (Basa-jaun,  hasa-andré,  lamina). 

V.  Los  brujos  fastiak)  y  brujas  (sorguiñak)  de  tipo  vasco. 
YI.    Cuentos  de  hadas;  divididos,  atento  su  origen,  en  sección 

céltica  y  sección  francesa,  subdivididas  á  su  vez  en  otras  de  va- 
rios géneros  y  caracteres. 

VII.  Leyendas  neo-latinas,  morales  ó  cristianas,  con  tinte  su- 
persticioso de  la  Edad  Media. 

imposible  se  me  hace,  Sres.  Académicos,  no  digo  exponer,  mas 
ni  siquiera  enumerar  en  breve  resumen  los  tesoros  de  erudición 
histórica,  que  bajo  un  plan  tan  vasto  acumula  y  desenvuelve  el 
sabio  autor  de  las  Basque  Legends.  Me  ceñiré  al  primer  y  prin- 
cipal aspecto  de  la  leyenda  del  Tártaro,  contada  por  Estefanella 
Ilirigarray  de  Ahetze: 

oUn  joven  príncipe  fué  convertido  por  arte  de  encantamiento 

(1)    Introductioii,  pág.  xn  y  xiii. 


168  BOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

en  Tártaro,  ó  cíclope  monstruoso.  Prometiósele  que  recobraría  su 
figura  normal,  si  lograba  lomar  esposa.  La  primera  á  quien  se 
brindó,  llena  de  horror,  se  apartó  de  él;  mas  luego  incauta  se 
puso  en  el  dedo  anular  la  sortija  nupcial  que  por  mano  de  apuesto 
galán  le  había  enviado  el  monstruo.  No  pudo  evitar  la  persecu- 
ción, porque  el  anillo  chillaba  sin  cesar:  Tú  ahí,  y  yo  aqvi.  El 
monstruo  le  iba  al  alcance,  y  el  anillo  no  había  medio  de  sacarlo 
del  dedo.  Ella  se  lo  corta,  lo  arroja  al  abismo  de  las  aguas;  y  el 
Tártaro,  ciego  por  la  pasión,  se  precipita  y  sumerge.» 

¿Cómo  y  cuándo  penetró  tan  curiosa  leyenda  en  el  país  vascon- 
gado? No  lo  sabemos;  pero  tiene  visos  de  antigua.  Compárala 
Mr.  Webster  á  la  siciliana  de  Acis  y  Calatea,  que  narra  Ovidio. 
Acis  convertido  en  fuente  representa  el  dedo  fatz  en  vascuence) 
cortado  y  echado  á  las  ondas  para  contener  la  persecución  de  Po- 
lifemo;  este  sería  el  Tártaro;  y  Calatea,  la  doncella  tan  perse- 
guida como  desdeñosa.  Mas  la  leyenda  éuscara  se  acerca  mucho 
mejora  la  realidad  del  natural  fenómeno,  que  hubo  de  mostrarse 
bajo  el  trasparente  cristal  de  la  alegoría.  Hay  que  observar,  añade 
Mr.  Webster,  que  el  mito  ciclópico  para  los  griegos  y  los  roma- 
nos no  es  oriental.  La  viga  encendida  que  ciega  el  ojo  del  Cíclope, 
se  refiere  al  caer  de  la  tarde;  es  el  pico  agudo  de  la  montaña,  ó  el 
tronco  de  pintoresco  pino,  visto  de  lejos  hacia  el  ocaso  cuando  el 
sol  muere.  La  narración  sicana  debía  conformarse  con  la  éuscara 
en  su  origen,  y  esta  ser  más  antigua.  Al  decir  de  Eforo  y  de  Tu- 
cídidcs,  los  primeros  pobladores  de  Sicilia  eran  gente  ibera,  y 
según  Ilumboldt,  vascongada. 

Sin  pretenderlo,  al  hacer  semejante  advertencia,  ha  coincidido 
el  sabio  autor  inglés,  con  otra  de  Estrabón,  por  cierto  muy  aten- 
dible. «Homero,  dice  Estrabón  (1),  que  no  solo  fué  gran  poeta, 
sino  que  también  un  ilustre  histórico,  nos  dio  ocasión  para  pen- 
sar que  tampoco  le  fueron  desconocidos  estos  sitios  (2);  antes  bien 
llegó  á  sus  oidos  que  estos  puntos  eran  los  últimos  y  los  más  oc- 
cidentales, en  los  que,  como  añade  el  mismo  poeta  (3),  rueda  in- 
menso el  Océano: 

0)    111,2,12. 

(2)  De  Tarteso  ó  Cádiz. 

(3)  IX,  48r.,  48(5. 


LEYKNDA    VASCO-HISPAXA    DEL    TÁRTARO.  169 

Donde  el  sol  fj^igantesco  linnrle  su  planta, 
y  el  cerco  esconde  de  la  luz  divina, 
y  eu  torno  atrae  de  la  madre  tierra 
la  negra  noche. 

Y  es  cosa  sabida  por  todos  que  la  noche  es  do  mal  agüero;  que 
está  vecina  al  Orco  («'A^ng),  así  como  este  lo  está  al  Tártaro;  por 
cuya  razón  cualquiera  que  oiga  lo  que  se  cuenta  de  Tarteso,  opi- 
nará que  de  aquí  ha  tomado  su  nombre  el  Tártaro^  esto  es,  el  úl- 
timo lugar  de  los  que  hay  debajo  de  la  tierra. «  Hasta  aquí  Es- 
trabón, 

El  Tártaro,  en  concepto  de  líesíodo  (1),  es  el  marido  de  la  Tie- 
rra y  padre  del  gigante  Tifoeo,  que  Jilpiter,  así  como  lo  cantan 
Ovidio  y  Píndaro,  condenó  á  vivir  sepultado  en  las  entrañas  del 
Etna.  El  nombre  clásico  del  Tártaro  no  parece  de  consiguiente 
extraño,  sino  asociado  al  mito  ciclópico.  Los  que  se  resistan  á 
creer  que  sea  afine  á  la  griega  la  leyenda  euscárica,  nacida  y  con- 
servada en  país  aquitano,  no  deben  olvidar  las  palabras  de  San 
Jerónimo  (2):  «máxime  quum  Aquitania  graeca  se  jactet  origine.» 

Un  punto  singular,  no  obstante,  distingue  de  la  sícula  la  na- 
rración aquitánica,  conviene  á  saber,  el  anillo  parlante.  Mr.  Webs- 
ter lo  encuentra  en  la  leyenda  escocesa  Conallcra  Bhuidhe,  que 
enriquece  el  libro  de  Campbell  (3),  y  en  otra  de  la  preciosísima 
colección  de  Grimm,  titulada  el  Bandido  ij  sus  hijos.  Mas  de  ahí 
no  resulta  ciertamente  que  haya  venido  importado  el  episodio  de 
lejanas  tierra  á  la  Vasconia  francesa;  si  no  queremos  convertirla 
por  igual  razón  en  receptáculo  de  leyendas  del  Cíclope  mucho 
más  lejanas;  por  ejemplo,  la  abisina,  que  sacó  á  luz  M.  d'Abba- 
die  alegado  por  Mr.  Webster  (4)  y  la  de  los  Arimaspos  escíti- 
cos (5),  ó  ugrofínicos,  tronco  de  la  de  los  Tártaros  Oghuzes  que 

(1)  Theog..,  822. 

(2)  Comment.  in  epist.  ad  Galatas,  1.  ii,  prol. 

(3)  The  popular  tales  of  the  West  Hif/hlaiids,  vol.  i,  pág.  111. 

(4)  «In  his  communication  of  tlie  Tártaro  legends  to  the  Socie'te'  des  Sciences  de  Ba- 
yonne,  M.  d'Abbadie  relates  how  he  heard  the  tale  told  in  June,  1843,  in  Eastern  África, 
inLat.  N.  9.2,  E.  Lon.  34.48,  by  a  man  wlio  had  never  before  quitted  the  countrj'.» 

.  Pág.  2. 

(5)  Herodoto,  m,  116;  iv,  13,  27.— Ha  dejado  reminiseencias  en  el  golfo  de  Finlandia 
y  en  las  márgenes  del  Danubio:  y  se  corrió  hasta  la  China.  Véase  Sayce,  Introdv.ction 
to  the  science  oflaiigvage,  t.  n,  pág.  265;  Londres,  1880. 


170  boletín  de  la  real  academl\  de  la  historl\. 

me  apuntíi  el  Sr.  Fernández  y  González  (1).  No  faltará  quien 
piense  que  el  ojo  iranio  de  Ahuramazdao  y  el  del  egipcio  Tot  ex- 
pliquen la  creación  emblemática  de  todas  y  cada  una  de  estas  le- 
yendas esparcidas  por  los  cuatro  ángulos  del  orbe  antiguo,  sin 
exceptuar  la  vascongada;  pero  en  medio  de  tanta  oscuridad  no 
queda  más  partido  por  ahora  que  el  de  la  observación,  yendo  á 
raíz  de  los  hechos  pisando  sobre  seguro  al  encuentro  de  la  verdad, 
objeto  único  de  la  ciencia. 

Los  pueblos  ibéricos  poseían  cierta  suma  de  mitos  religiosos, 
cuyo  vago  eco  flota  casi  perdido.  ¿Por  qué  no  podríamos  atri- 
buirles el  episodio  del  mágico  anillo,  que  chilla  cuando  se  pone 
el  sol?  ¿Tan  faltos  nos  hallamos  de  tradiciones  antiguas,  bien 
averiguadas,  que  ninguna  cuadre  al  intento"?  Posidonio,  citado 
por  Estrabón  (2),  hace  sobre  esto  al  caso.  Escribió  ser  en  España 
creencia  vulgar  la  de  que  el  sol,  al  caer  de  la  tarde  cerca  de  nues- 
tras playas  oceánicas,  cobraba  un  bulto  mucho  mayor  (cien  veces 
mayor,  según  Artemidoro),  y  que  movía  grandísimo  estruendo, 
como  si  el  piélago,  que  extinguía  la  hoguera  del  astro,  silbase  ó 
ó  diese  chillidos:  w-avf¡  c-í'^ovtoí  -ou  Tríkóryo-jo,  xará  <j¡ihij  (xírov.  Aña- 
día Posidonio,  de  conformidad  con  Artemidoro,  que  el  paso  del 
día  á  la  noche  era  subitáneo  sin  intervalo  de  crepúsculo  vesper- 
tino (vascuence  arratz);  en  lo  cual  les  reprende  Estrabón  y  tacha 
de  embusteros.  Mas  no  advierte  el  gran  geógriifo  que  toda  men- 
tira es  hija  de  algo, — y  que  el  cuento,  recogido  por  Artemidoro  y 
Posidonio  en  nuestra  costa  oceánica,  cerca  del  promontorio  Sacro, 
ó  cabo  de  San  Vicente,  corresponde,  en  su  fondo  real  y  positivo, 
á  las  regiones  ecuatoriales  de  Sierra  Leona.  Basta  leer  el  periplo 
de  ílannón  (3)  para  imponerse  en  la  verdad  indubitable  que  im- 
portan varios  de  los  doce  hercúleos  trabajos  de  cosecha  fenicia; 
por  ejemplo,  el  del  jardín  de  las  Ilcspérides  ó  islas  de  Cabo  Verde. 
En  la  zona  tórrida,  donde  se  verifica  el  fenómeno,  están  las  raí- 
ces de  la  leyenda  Posidoniana;  y  si  á  esto  allegamos  que  en  la 
vascongada  del  Tártaro^  el  sol  se  exhibe  como  repugnante  é  inso- 


U)    Revue  germanique,  t.  ix,  pág.  589  y  siguientes. 

(2)  III,  1,5. 

(3)  Muller,  QeograpJii  graeci  uñnores,  1. 1,  pág.  1-14;  Paria,  1855. 


LEYKNDA    VASCO-HISPANA    DEL    TÁRTARO.  171 

portable  á  la  tierra,  no  será  difícil  sospechar  si  por  ventura  se 
alargó  hasta  el  golfo  de  Cantabria  llevada  por  los  bajeles  gadita- 
nos. Recordáis  el  pasaje  de  Avieno  (1): 

«Tartessionim  íq  términos  Oestrymnidura 
Negotiandi  vaos  erat,  Carthaginis 
Etiam  colonis;  et  vulgus  ¡nter  Herculis 
Agitana  columnas  haec  adibant  aequora.» 

Las  cohinas  hercúleas,  entro  las  cuales  se  dilataba  el  siniis 
Oestrymnicus  y  se  explayaban  las  islas  Oestrymnides ,  no  eran 
Ábila  y  Calpe;  sino  como  lo  previene  Avieno  (2),  las  boreales  de 
Europa  (duro  perstrepunt  septemtrione):  la  Goruña  con  su  faro 
hercúleo  y  el  Finislerre  ó  península  extrema  de  Gornualles  (haec 
dicta  primo  Oestrymnis).  Este  último  vocablo  consta  de  otros  dos 
antiquísimos.  El  primero  es  ciertamente  el  céltico  ijmnis  (isla), 
que  me  parece  enlazarse  con  la  leyenda  de  las  bacantes  Amnitas 
descrita  por  Dionisio  Periegete  (3).  El  segundo  no  carece  de  se- 
mejanza con  el  céltico  ystaen,  latín  stanmim,  griego  xao-crírípjg. 
sánscrito  kastira. 

Fidel  Fita. 
Madrid,  9  Noviembre  1883. 


(1)  Ora  marit.  UMW. 

(2)  86-112. 

(3)  OrJñs  deso-iptio,  .570-57^. 


172  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 


IV 


RONCESVALLES.  POEMA  HISTÓRICO  DEL  SIGLO  XIII. 


El  original  de  este  bello  poema  existe  inédito  en  el  libro  anti- 
guo de  pergamino,  titulado  Pretiosa,  que  se  guarda  en  el  archivo 
de  Ronces  valles.  Escrito  durante  los  primeros  años  del  siglo  xiii 
á  dos  colunas  sobre  tres  páginas  en  4."  mayor  (fol.  89  v.-90  v.)  il), 
de  él  ha  sacado  y  me  ha  enviado  esmerada  copia  el  actual  Prior 
de  la  colegiata  D.  Francisco  Pólit.  Otra  debo  al  Dr.  Baist,  nuestro 
sabio  correspondiente;  la  cual  ha  tomado  de  un  códice  de  la  Bi- 
blioteca Real  de  Munich,  manuscrito  del  siglo  xiv.  Notaré  sus 
variantes. 

«Domus  venerabilis,  domus  gloriosa, 
Domus  admirabilis,  domus  fructuosa, 
Pireueis  montibus  florct  sicut  rosa, 
Universis  gentibus  valde  gratiosa. 

Eius  beneficia  cupio  (2)  narrare, 
Quam  sincere  teneor  et  semper  amare, 
Eam  multipliciter  potero  laudare, 
Video  materiam  (3)  undique  manare. 

Voló  tamen  laudibus  eam  collaudari, 
Quo  possint  ydoneis  testibus  probari; 
Qui  vult  verum  tempnere,  falsum  venerari  (4), 
Nimis  est  odibilis  celo  terri  mari.  (ó) 

Domus  ista  dicitur  Roscidee  vallis, 
Domus  necessaria,  domus  liospitalis, 


(1)  Cod.  lat.  10547  (O,  216)  He,  5;  fol.  4-7.  El  poema  sirve  como  de  apéndice  á  los 
Proverbios  de  Raimundo  Lull.  Probablemente  se  copió  allí  de  segunda  ó  tercera  mano 
porque  incurre  en  muchos  errores  y  omisiones  propias  de  amanuense  imperito. 

(2)  Cód.  de  Munich  «aspiro. V 

(3)  Cód.  «materiem.» 

(4)  Cód.  «Quisquís  vera  reticens  falsa  studet  farí.» 

(5)  El  cód.  omite  este  verso. 


RONCESVALLES. — POEMA    HISTOIUCO    DEL    SIGLO    XIII. 

Bonis  vaccans  ómnibus,  terga  prebens  malis; 
Suis  hanc  omnipotens  seniper  tegit  alis. 

Fundcns  rorem  gratie  liic  largitnr  dona 
Spiritus  paraclitus  (1),  a  quo  cnncta  bona; 
Sub  (2)  presentí  seculo  cunctis  est  annona  (3), 
Erit  et  fidelibus  in  celis  corona. 

Sancins  episcopus  caput  (4)  huíns  rei 
In  honore  virginis  genitricis  dei 
Ad  radicem  maximi  montis  pireuei 
Hospitale  statuit  qiio  salvantur  rei. 

Nominatus  pontifex  cum  pauípilonensis 
Fuudaret  hospicinm  montibus  immensis; 
Donis  feum  maximis  iuvit  in  (5)  expensis 
Ildefonsus  inclitus  Eex  Aragonensis. 

Videns  vencrabilis  hoc  canonicorum 
Conventns  invigilans  honestati  morum, 
Hospitali  tribuens  plurima  donornm , 
Fecit  se  participem  illius  bononim. 

Post  eram  preteritis  annis  niille  centum, 
Quibns  datis  septies  (6)  decem  ad  angmentum, 
Hospitalis  fieri  cepit  fnndamentum  (7), 
Quod  iter  agentibus  est  operimentum.  (8). 

Locum,  in  quo  situm  est,  rigor  yemalis 
Glacies  perpetua  necnon  nix  annalis 
Fere  semper  aggravant  et  aer  brumalis  (9); 
Sola  est  serenitas  domus  hospitalis. 

Terra  per  circuitum  sterilis  omnino,. 
Habitator  quilibet  eget  pane  vino  ' 
Sicera  et  oleo  et  lana  (10)  et  lino; 
Hospitale  regitur  spiritu  divino. 

In  eodem  aliquis  vina  frigiditatis 


(1)  Cód.  «paracletus.» 

¡2)  Cód.  «sunt.» 

(3)  Cód.  «annono.» 

(4)  Cód.  «capud.»— Sancho  de  Larrosa,  obispo  de  Pamplona  (1121-1142). 

(5)  Cód.  ^<et.» 

(6)  Cód.  <-<species.» 

(T)  Era  ino,  año  1132,  dos  antes  de  la  muerte  de  Alfonso  el  Batallador. 

(8)  Cód.  «Quod  nunc  indigentibus  presta!  fundamentura.» 

(9)  Falta  este  -verso  al  códice;  el  cual,  además,  muda  el  orden  de  la  estrofa  colocán- 
lola  después  de  las  dos  siguientes. 

(10)  Cód.  <'Oleo  lana.» 


174  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEML4.    DE    LA    HISTORL'V. 

Non  sentit,  panperiem  uec  sterilitatis ; 
Manet  enim  iugiter  liic  fons  bonitatis  (1) 
Qui  pellit  iiiediam  omnis  egestatis. 

Bona  norunt  plurimi  liuius  liospitalis; 
Via  requirentibus  est  universalis 
Beatorum  (2)  limina;  non  est  via  talis 
Jacobum  petentibus  (3),  nec  sic  generalis. 

Hospitale  hospites  generosa  fronte 
Omni  die  colligens,  quamvis  sit  in  monte, 
Eos  uecessarüs  consolatur  sponte 
Que  sibi  proveniunt  ex  predicto  fonte. 

Porta  patet  ómnibus,  infirmis  et  sanis, 
Non  solum  catbolicis ,  verum  et  paganis ,  (4) 
Judeis,  hereticis  ociosis  vanis; 
Et,  ut  dicam  breviter,  bouis  et  profanis. 
Hic  fiunt  sex  opera  que  precepit  deus 
Fieri  ab  homine  ne,  cum  iubileus 
Annu3  supervenerit,  iudicetur  reus; 
Et  sic  a  fidelibus  erit  fariseus. 

Huius  domus  bonitas  sic  amplificatur 
Quod  per  eam  dominus  sepius  laudatur, 
Supernorum  civium  cobors  gratulatur 
Et  catherva  demonum  nimis  perturbatur. 

In  bac  domo,  pauperum  pedes  abluuntur, 
Barbe  cum  rasoriis  eis  aufíeruntur, 
Lavatis  capitibus  capilli  tolluntur; 
Non  est  parum  dicere  ea  que  seqimntur. 

Si  vidcres  pauperum  ibi  sotulares 
Resarciri  corio,  tune  deum  laudares; 
Domus  beneficia  vocibus  narrares, 
Eam  totis  viribus  mentis  adamares. 

Quidam  stat  ad  ianuam  pañis  portionem 
Prebens  transeuntibus,  nullam  actionem 
Preter  istam  faciens  et  orationem 
Ut  det  deus  dorauy  consolationem. 

Hic ,  qui  petit ,  accipit  munus  caritatis , 
Repulsam  non  patitur  quis  a  postulatis; 


(li  Alusión  á  la  primera  epístola  de  San  Juan,  iii,  17. 

(■¿)  San  Pedro  y  San  Pablo.  Trata  de  los  romeros  españoles, 

(¡t)  Peregrinos  extranjeros  que  veí  ian  á  Corapostela. 

( I)  Moros  ó  sarracenos. 


ROXCESVAI.LES. — POEMA    IlISTURinO    DEL    SIP.LO    XIII. 

Quod  largitur  ómnibus  domus  ista  gratis 
Non  est  opiis  hominis,  vmo  deitatis. 

Plnres  nutrit  orplianos  hec  materno  more , 
Eos  pie  corrigens  manu  virgis  ore , 
Ut  sic  discant  vivere  manuum  labore 
Ne  cogantur  querere  victum  cum  rubore. 

Domus  ista  providet  egris  summa  cura. 
Preciosa  quelibet  que  producunt  rura 
Eis  ultro  pro[ferens:  ymino  muljta  (1)  plura 
Quam  ea  qu[e  numerat  nobis  hec  scripturaj. 

Mulieres  [splendide  mornm  honéstate,] 
Carent[es  spurcicia  et  deformitate,] 
Eorum  se[rvicio  ibi  deputatc,] 
Egros  [fovent  iugiter  plana  pietate.] 

Due  sunt  aptissime  domus  infirmorum; 
Quarum  una  feminis,  altera  virorum 
Deputatur  usibus,  voluptati  quorum 
Presto  sunt  per  omnia  genera  bonorum. 

Est  in  eis  camera  frnctibus  ornata; 
Ibi  sunt  amígdala  et  mala  granata, 
Ceterorum  fructuLura  genera  probata] 
Que  div[ersis  partibus  mundi  sunt  creata.] 

Infirm[orum  domibus  die  lux  divina,] 
No[cte  splendent  lampados  ut  lux  matutina :  ] 
E'i^st  altare  médium,  in  quo  caíherina] 
V[eneratur  iugiter,  simul  et  marina]  (2), 

In  egris  perficitur  opus  pietatis : 
Requiescunt  mollibus  lectis  et  ornatis. 
Non  recedit  aliquis  nisi  cedat  gratis 
Doñee  quis  accipiat  donum  sanitatis. 

Eis  diversoria  ibi  deputantur, 
Que  circumfluentibus  aquis  emundantur, 
Balnea  petentibus  statim  preparantur 
Horum  ut  corporee  sordes  abluantur.  (3) 

Infirmorum  socii  si  velint  morari, 


(1)  Cód.  «multo.»  Entre  unciales  acompaño  lo  ilegible  del  original  por  roto,  ó  maa- 
chado. 

(2';  De  Santa  Marina  se  guarda  reliquia  actualmente  en  la  iglesia  de  la  Colegiata. 
La  Consueta  no  pasa  en  silencio  las  misas  de  Santa  Catalina  que  debía  celebrar  el  Ra- 
cionero. 

(3j    Cód.  «diluantur.» 


17G      BOLETÍN'  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORL^V. 

lubet  pater  ordinis  eos  venerari, 
Eis  necessaria  diligenter  dari 
Quousque  contigerit  eos  relevar!. 

Dnm  eoriim  aliqíiis  migrat,  sepiiUure 
Datar,  iit  precipiunt  leges  et  scripture ; 
Est  ibi  basílica^  in  qua  qni  natura 
[Sjua  solvunt  debita  sunt  perbenny  ¡ure. 

Mortuorum  carnibus  eo  quod  aptatuv, 
A  carne  cai^narium  recte  nunciipatur; 
Angelorum  agmine  sepe  visitatur. 
Ore  audientium  eos  boc  probatur.  (1) 

Est  huius  basilice  medio  preclarum 
Altare,  contagia  purgans  aniaiarum  ; 
Fit  ibi  misterium  regum  regi  carum ; 
Tenebrarum  principi  nimis  est  amarum. 

Jacobite  iácobum  pie  requirentes, 
Sua  secum  iácobo  muñera  fer entes, 
Sepulture  macliinapa  circunspicientes, 
Laudes  deo  refernnt  genua  flectentes. 

Huius  est  (2)  materia  undique  quadrata, 
Q[uadrature]  sumitas  est  or[biculata,] 
Cuius  [in  pignaculo  est  crucis  parata 
Forma,  per  quam  rabies  bostis  iacet  strata. 

Verum  strenuissimus  [vir],  Rex  navarronim  (3), 
Coustruxit  ecclesiam  hic  peregrinorum ; 
Eis  decem  milium  prebens  solidornm 
Duraturos  (4)  redditus  et  quadringentorum.  (5) 

Huius  (6)  regis  genuit  matrem  (7)  imperator; 
Pater  eius  extitit  (8)  Sancius  bellator, 
Rex  sapientissimus,  tocius  amator 
Probitatis,  bostium  t-rat  et  fugator. 

Domus  dicte  sepius  fratres  et  sórores 


(1)    Cód.  «Pre  audiencium  eos  hoc  probantur.» 
1'2)    Cód.  «Est  huius. V 

(3)  Sancho  el  Fuerte  (1191-12;ij;. 

(4)  Cód.  «duraturus.'í 

(5)  Réditos  perpetuos  de  10.400  sueldos.  La  estrofa  está  manchada  y  corroída  en  el 
original;  pero  de  él  la  sacó  y  hánosla  conservado  Huerta  en  su  historia  (inédita)  de 
Roncesvalles. 

(6)  Cód.  «cuius.» 

O)    Sancha,  hija  del  emperador  Al^'onso  VII  y  esposa  de  Sancho  de  Navarra  el  Sabio. 
(8)    Cód.  «g-enuit.» 


RONCESVALLKS. — POEMA    HISTÓRICO   DEL    SIGLO    XIII,  177 

Predictorum  omnium  sunt  dispensatores, 
Yitam  regulariter  ducunt  atque  (1)  mores, 
Seculum  despiciunt  et  eius  honores. 

Gustos  horum  omnium  dicitur  martinas  (2), 
Vir  vite  laudabilis,  velut  alta  pinas 
Erga  christi  pauperes  late  pandens  sinus; 
Eius  (3)  implet  viscera  spiritus  divinas. 

Servat,  auget  pauperum  liic  possessiones, 
Sibi  pro  panperibus  prebens  passiones ; 
Nam  celestis  patrie  gratulationes 
Habentur  per  máximas  tributationes. 

Dedit  ei  dominas  villicationem, 
Petiturus  siquidem  de  lioc  rationem ; 
Cam  bene  reddiderit  de  iioc  rationem, 
Dignamque  recipiet  retributionem. 

Bona  prestat  plurima  domas  pretaxata. 
Que  presentí  pagina  non  sunt  declarata; 
Nisi  rimi  (4)  series  foret  fini  data  (5), 
xVuditori  tedium  daret  protelata.» 

Á  esta  clase  de  poemas,  ó  prosas,  alude  Gonzalo  de  Berceo  en 
la  primera  estrofa  de  la  Vida  de  Santo  Domingo  de  Silos: 

«Quiero  far  una  prosa  en  rornan  paladino  , 
Eu  qual  suele  el  pueblo  fablar  á  su  vecino, 
Ca  non  so  tan  letrado  por  fer  otro  latino: 
Bien  valdrá,  como  creo,  un  vaso  de  buen  vino.i) 

(1)  Cód.  «adque.» 

(2)  Martin  Guerra.  Consta  el  día  de  su  fallecimiento,  1.°  Diciembre  121.5,  por  el  ca- 
lendario de  la  Preiiosa:  «Kalendis  Decemhñs.  Svb  Era.  m*.  ce',  l*.  ni'.  OMU  Martimis 
Guerra 2)rioi'  ¡jonememorie.  Su  predecesor,  Fortunio  de  Badostaín,  murió  en  31  de  Agosto 
de  1199.  Entre  estas  dos  fechas  está  por  precisión  incluida  la  de  la  composición  del 
poema. 

(3)  Cód.  «cuius.» 

(4)  Vocablo  precioso.  El  Sr.  Menéndez  Pelayo  ha  enriquecido  la  novísima  edición 
del  Diccionario  de  la  Real  Academia  Española,  citando  los  «Proverbios  en  rimo  del  sa- 
bio Salomón,  rey  de  Israel,»  composición  de  Pero  Gómez  inserta  en  el  Cancionero  de 
Fernán  Martínez  de  Burgos.  Denotaba  una  composición  rimada  en  verso,  lo  mismo  que 
rima  (Berceo,  Duelo  de  la  Virgen,  estr.  1.): 

«En  el  nome  precioso  de  la  Virgen  María 
De  qui  nasció  al  mundo  salud  é  melecina. 
Si  ella  me  guiasse  por  la  gracia  divina 
Querría  del  su  duelo  componer  una  riina.'> 
(.■j)    Cód.  «fundata.» 

TOT.ro  IV.  13 


178  liOLIiXi-V    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HÍSTORLV. 

¿Quién  fué  el  poeta,  erudito  en  los  fastos  de  Roncesvnlles,  po- 
seedor de  la  Ciencia  sagrada,  ingenio  claro  y  talento  sólido,  co- 
razr3n  bello  ó  inñamado  de  tiernísima  caridad,  que  así  despertó 
los  ecos  de  la  Musa  histórica  y  nos  ha  legado  esta  pieza  magistral 
del  Parnaso  hispano-latino?  Bien  sentaría  la  composición  á  la 
pluma  del  insigne  D.  Rodrigo  Jiménez  de  Rada,  en  cuya  alma  de 
navarro,  entusiasta  por  las  verdaderas  glorias  de  su  país,  el  ta- 
lento del  historiador  supo  descartar  de  las  leyendas  poéticas  sobre 
Roncesvalles  y  Garlomagno  todo  aquello  que  daba  en  ojos  cá  la 
Crítica  imparcial  y  serena  (1).  Como  el  autor  del  poema,  D.  Ro- 
drigo emplea  el  nombre  de  Roscida  vallis:  y  encarece  y  elogia  la 
bondad  del  paso  en  favor  de  los  peregrinos  ó  romeros  de  San- 
tiago (21.  Su  descripción  del  hospital  de  Burgos,  construido  por 
Alfonso  VIII,  está  concebida  en  términos  paralelos  (31 ;  y  cabal- 
mente regresó  D.  Rodrigo  á  España  desde  París  con  objeto  de  po- 
ner paz  (12061  entre  los  Reyes  de  Castilla,  León  y  Navarra,  al 
propio  tiempo  que  D.  Sancho  el  Fuerte,  tan  munífico,  era  en  pro 
de  Roncesvalles.  como  lo  atestigua  el  poema. 

De  todas  maneras  el  Autor,  coetáneo,  aparece  dotado  de  pren- 
<las  que  hacen  honor  á  aquella  época  precursora  de  la  de  Alfonso 
el  Sabio. 

La  iglesia  de  los  peregrinos,  que  hizo  construir  Sancho  el  Fuer- 
te, asignándole  en  dotación  perpetua  lo  que  el  poeta  especifica, 


(1)  «Nonnulli,  lústrionviii  fahuV'S  inhaerentes,  ferunt  Carolum  civitates  plurimas, 
castra  et  oppida  in  Hispaniis  acquisisse,  multaque  prelia  cum  Arabibus  strenue  per- 
petrasse  et  stratam  publicara  a  Galliis  et  Germania  ad  Sanctum  .lacobum  recto  itinere 
direxisse.  Quod  quicism,  iiuantum  ad  partem  Cathaloniae,  videlicet  Harchinonensis, 
Gerundensis,  Ausonensis,  Urgéllensis  territoria,  satis  constat.»  De  rehus  Hispaniae, 
IV,  10. 

(2)  /Wo!.,  IV,  11. 

(3)  <'(,'onstruxit  etiam  iiospitale  iuxta  monasterium,  aediflciis  et  domibus  mirabili- 
ter  decoratum:  (juod  tantis  divitiis  dilatavit  ut  ómnibus  peregrinis,  nullo  patiente  ve- 
2)i'lsam,  ómnibus  horis  diei  necessaria  ministrentur,  et  ómnibus  voleatibus  pernoctare 
lecti  mirabiles  apparatus  continué  praeparentur.  ínflrrais  autera  usque  ad  mortem, 
vel  restitutionem  pristinae  sanitatis  per  manus  mulieriim  misefkordimn  et  viromm 
omnia  necessaria  erogantur,  adeo  ut  vpera  pietatis  in  eo  in  eodem  hospitali,  quasi  ia 
speculo  possit  quilibet  ccntemplari:  et  qui  in  vita  propter  excollentiam  operum  ab 
omnilms  mernit  coUaudari,  post  mortem  multiplicatis  intercessoribus  raerebitur  a 
Domino  coronari.  Sed.  ue  fascis  chartsmatum,  quae  in  eum  a  Sancto  Spiritu  conflnxe- 
runt,  virlute  ali';na  fraudaretur »  Ihid.,  m!,  31. 


ROXf.KSVALM-S. — POKMA    HISTÓRICO    DEL    SIuLO    XIII.  170 

díceiime  ser  la  auligna  Colegiata,  que  se  arruinó  ea  el  año  IGOO; 
y  el  íemplo,  añade  Sarasa  (1),  «era  tan  esbelto  y  tan  bien  trazado 
como  el  de  la  catedral  de  Pamplona. d  La  próxima  de  SancíiSp¿r¿- 
tus,  en  cuyo  alrededor  hay  un  claustro  «que  desde  tiempos  atnís 
viene  sirviendo  do  cementerio»  (-2),  bien  parece  no  ser  otra  que 
la  cuadrada  hasiUca  con  su  cúpula.  Mucho  holgaría  de  ver  las 
escritnras  ó  diplomas  regios  y  pontificios  concernientes  á  esta  y 
otras  cuestiones  suscitadas  por  el  poema.  Sarasa  (3),  enumerando 
las  piexas  prijicipnles  que  obran  actualmente  en  el  archivo,  cita 
bulas  de  Inocencio  II  (año  1137),  Inocencio  III  y  Honorio  líl 
(cuya  fecha  no  da),  las  cuales  deben  ilustrar  machísimo  el  pro- 
blema. Otro  tanto  se  diga  de  las  donaciones  de  D.  Sancho  el 
Fuerte  ¡4).  Las  piezas  fundamentales,  recopiladas  y  examinadas 
con  atención,  valen  cien  veces  más  que  los  indigestos  infolios  de 
añejas  disertaciones. 

Me  ha  llamado  singularmente  la  atención  una  estrofa  del  poe- 
ma, desfigurada  por  el  códice  de  Munich: 

«Mortuorum  carnibus  eo  quod  aptatnr 
A  carne  carnariwn  recte  nnncnpatnr; 
Angeloriiin  agmine  sepe  visitatnr  . 
Ore  aiidientiiim  eos  lioc  probatur.» 

Estas  apariciones  de  los  ángeles,  dan  á  entender  que  en  el  ar- 
chivo de  la  Colegiata  debía  guardarse  alguna  colección  de  leyen- 
das maravillosas,  que  no  podían  faltar  en  un  santuario  tan  céle- 
bre y  venerado  por  todo  el  orbe.  ¿Qué  se  ha  hecho  esta  colección 
antigua"?  Su  hallazgo  y  publicación  colmaría  el  deseo  de  los  in- 
teligentes que  investigan  los  primeros  orígenes  de  nuestra  litera- 
tura castellana,  siendo  á  la  par  colección  respetabilísima  de  ver- 
daderas leyendas  de  la  Yasconia. 

Todavía  no  se  dirá  que  me  presento  de  todo  punto,  acerca  de 


(1)  Reseña  Jtistórica  de  la  Hea.l  Casa  de  nuestra  SeTiora  de  Roncesxalles y  descripción 
de  Sír  contorno,  pág-.  r22:  Pamplona,  ISTf*. 

(2)  Pág.  123. 

(3)  Pág-.  129,  130. 
(1)    Pág. -2. 


180  boletín  de  la  real  academla.  de  la  HisToraA. 

la  documentación,  con  las  manos  vacías.  El  Sr.  Pólit  no  ha  que- 
rido proporcionarme  la  copia  que  le  pedí  del  poema  escrito  en  la 
Pretiosa,  sin  comunicarme  al  propio  tiempo  las  actas  de  funda- 
ción y  dotación  del  hospital  ,  que  se  leen  en  el  mismo  libro 
(fol.  128  vuclto-131  recto).  Dicen  así: 

«Rubrica  fundationis  et  dotis  Sancii  pampilonensis  episcopi,  doinus  et 
couf  ratrie  Roscide  vallis,  set  non  ecclesie  et  Religionis. 

Sancius,  dei  gracia  pampilonensis  ecclesie  servus,  fidelibus 
christi  salutes. 

ínter  róseos  sanctarum  virtutum  flores  hospitalitem,  que  pro 
christo  fit,  novimus  redoleré  Evangélica  atque  apostólica  aucto- 
ritate.  Dominus  naraque  dicit:  Hospes  fui,  etc.  Et  apostolus:  hos- 
pitalitalem  nolite  oblivisci;  per  hanc  enim  quídam  domino  pía- 
cuerunt.  Suscipientes  christuní  in  persona  pauperum,  ad  quam, 
deo  adiuvante,  adimplendam,  Ego  peccator  Sancius,  non  inanis 
glorie  cupiditate,  non  honoris  huius  mundi  ambilione,  non  pe- 
cuniarum  quarumlibet  aquisitione,  set  desiderabilem  domini  vo- 
ccm  cupiens  audire:  Venite,  benedicti  patris  mci,  et  reliqua, 
Sancti  spiritus  inspirationc  atque  gloriosissimi  domini  mei  Regis 
aragonensis  alfonsi  assidua  exortatione,  ipsius  auxilio  ac  princi- 
pum  suorum  nobiliumque  virorum  ac  feminarum  multorumque 
eciam  utriusque  sexus  sufultus  adiutorio,  facio'  domum  ad  pre- 
sens  unam  ad  receptionem  peregrinorum  sive  quoriimlibet  ho- 
minura  illic  in  necessitate  hospitare  volencium  in  verticem  mon- 
lis,  qui  dicitur  Ronsasvals  iuxta  capellam  carolli  magni  famosis- 
simi  regis  francorum;  in  quo,  ut  incole  testantur  multa  milia  pe- 
regrinorum mortui  sunt,  quídam  suffocati  a  lurbinc  nivium, 
quamplures  viví  devorati  ab  ímpetu  luporum. 

Gonsiituimus  quoque  ibidem  confratriam  pontificum,  abbatum, 
clericorum  sive  laicorum  in  fcstivítate  ciricii  et  iulíce  (I),  que 
est  xvi"  kalendas  julü;  in  qua  confraternítateconlandatum  est  ut 
sint  ibi  ad  minus  dúo  presbíteri,  quiassidue  cantent  missas,  unus 
pro  salute  vivorum  confratrum,  alius  pro  Requie  defunctorum. 
Sacerdotes  quoque  coni'ratres,  ubicumque  missas  cantaverint,  in 

(1)    Fiesta  de  los  santos  mártires  Quirico  y  Julita,  á  16  de  Junio. 


ROXCESVALLES. — POEMA    HISTÓRICO    DEL    SIGLO    XIII.  181 

canone  ulú  fit  memoria  vivorum  dicant:  memento,  domine,  aiü- 
marum  confratrum  )iostrorum.  Glerici  autem  sivo  layci  confra- 
tres,  guando  feceriiit  orationem,  dicant:  domine,  miserere  con- 
fratribus  meis  vi  vis  atque  defunctis;  clerici  vero  lUeratorie,  si 
sciverint;  layci  materna  lingua. 

Quicunque  fuerint  confratres  huius  confraternitatis  ct  veri  in 
christo  confratres,  et  ex  parte  dei  et  beate  marie  et  sanctorum  pe- 
tri  et  pauli,  omniumcjne  sanctorum  participes  eos  facimus  om- 
uium  sacrificiorum,  helemosinarum,  orationum  cunctorumque 
bonorum  que  ibi  fient,  vel  peregrini  illic  hospitantes  undecumque 
fuerint.  Amen. 

Obitus  uniuscuiusque  confratris,  si  fieri  potest,  a  parentibus 
sive  ab  amicis  [deferatur?]  Gapellanis  huius  confraternitatis;  pro 
quo,  oblato  sacrificio,  nomen  eius  (1)  super  altare  scriptura  eter- 
ualiter  habebuut. 

Omnis  confrater,  pro  posse,  semel  in  unoquoque  [annoV]  reficiat 
dúos  pauperes;  unum  pro  salute  vivorum,  alterum  pro  requie 
defunctorum. 

Helemosinarius  huius  loci  omnes  quos  noverit  csse  clericos, 
inde  transeúntes,  exoret  quatenus  pro  absolutionc  confratrum 
vivorum  ac  defunctorum  psalmum  uuLim  decantent. 

Omnes  episcopi  confratres,  completo  synodo,  cum  omni  clero 
defunctos  confralres'absolvat,  et  iniungantunicuique  saccrdotum 
ut  pro  eis  semel  sacrificiuin  deo  oíFeranl. 

Fratres  enim  et  sórores,  pro  amore  dei  hauc  cartulam  legite, 
relegite  et  decies  repetite.  Et  videat  unusquisque  confrater  quan- 
tum et  quam  inestimabile  bonum  apparet  associando  sibi  inter- 
cessores  apud  deum  et  pugnatores  contra  dyabolum.  Siquiscog- 
noscet  se  oíTendisse  dominum  suum,  nonne  plures  convocaret  ut 
placarent  eum?  Si  quis  vellet  debellare  hostem,  uoune  ad  devin- 
cendum  illuin  si  posset  congregaret  multa  milia  amicorum?  Et 
quis  vestrnm  est  qui  non  graviter  oífendit  deum?  Et  si  dyabolus 
deum  temptavit,  quis  vestrum  est  qui  evadere  temptationes  eius 
possit?  Quapropter  conveniamus,  etsi  absentes  corpore,  unánimes 


(1)    Costumbre  muj'  notable  de  que  hacen  fe  varias  mesas  de  altar,  como  la  de  San 
Pedro  de  Tarrasa,  donde  liormig-uean  los  nombres  de  los  cofrades  trazados  á  punzón. 


182  boletín  de  la  keal  acadenha  de  la  historia. 

in  sacrificiis  oralionibus  et  elemosinis,  adiuvanle  chrislo,  debel- 
lemus  eum;  quatenus  victores  coronari  mereamur  ab  illo,  quivi- 
vit  et  regnat  per  omnia  sécula  seculorum,  amen.  Válete  et  pro  me 
vestro  servulo  orate,  xl  dies  relaxaraus. 

Preterea  ad  sustentationem  hospitalium  (1)  liuius  hospicii  atque 
ad  aliquantulam  refectionera  peregrinoram  iiide  transeuncium, 
bonum  ac  deo  placitum  consiliura  couveiiit  inler  me  sancium 
episcopum,  pampiloncnsis  ecclesie  servulum  et  canónicos  eiiis- 
dem  sedis,  favente  rege  garsia  Remiris,  colaudantibus  quoque 
eias  principibus  (2).  Ganonicide  archidiaconatuillorura  dederunt 
ab  integro  predicto  hospicio  oniues  ecclesias  que  sunt  de  ^<arf  (3) 
usque  ad  illud  hospicium  cum  valle  e^terivarr  (4)  et  cum  valle  de 
en'o  et  assze  (5)  et  altera  assie  (6),  excepta  decima,  salvo  in  eis 
jure  episcopali  quod  habet  in  ecclesiis  alus  que  sunt  in  archidia- 
conatu  de  mensa.  Deauxerunt  quoque  ipsi  hospicium  alodium 
totum  quod  habebat  in  lauion  (7)  quod  íuilde  seynor  acnar  lopic; 
partem  eciam  hospicii  panpilonensis  quod  erat  ibi,  necuon  ter- 
ram  ad  faciendum  ortum  que  est  ultra  pontcm  de  cuhiri  (8)  que 
íuit  del  seynor  didac  alharoc  et  uxoris  eius  urache.  Pro  quibus 
Ego  Sancius  concedo  ipsis  canonicis  presentibus  et  futuris  archi- 
diaconatum  de  anoc  cum  ipso  monasterio  (9)  usque  ad  mare,  ex- 
cepta decima,  salvo  in  eo'jurepontiñcali  quod  habet  in  alus  eccle- 
siis que  sunt  in  archidiaconatu  de  mensa;  addeüdo  etiam  predicto 
hospicio  quicquidjuris  est  episcopi,  ac  aeccoa  (lOj  excepta  decima 
et  jure  episcopali  quod  habet  in  alus  ecclesiis  que  sunt  in  archidia- 
conatu de  mensa.  Denique  ab  ómnibus  constitutum  est  ut  hospi- 


U)    Hospitaleros. 

(2)  ¿Reunidos  en  Cortes? 

(3)  lluarte.  El  ms.  añade  <dn<art,a  explicativo  de  la  forma  antigua  con  escritura  re- 
lativamente moderna.  Huarte  (ur-arte,  entre  aguas),  está  bañado  por  el  Arga. 

(4)  Fija  este  nombre  la  significación  de  Esteribar,  compuesto  de  ibarr  (valle), 

(5)  Aos  era  el  punto  de  reunión  que  tenia  el  ayuntamiento  del  valle  de  Lónguida. 
(G)    En  el  valle  de- Arce  está  el  despoblado  de  Adasa,q\ie  fué  tributario  de  Ron- 

cjsvalles. 
(7>    Labiano. 

(8)  Pueblo  (irij  con  puente  (znhi/  solire  el  Arga. 

(9)  Del  monasterio  (iglesia)  de  Ajioz,  cerca  de  Beasoain.  liizo  donación  el  Rey  dott 
fíarcía  VI  á  la  catedral  en  1047. 

(10)  .IcrcoíT  Ha  enriscada). 


RONCESVALLES.  —  POEMA    HISTÓRICO    DEL    SKiLO   XIII.  183 

tale  illuJ  al)  uno  de  canoiiicis  predicte  ecclesie,  altero  succedente 
alten  ibidem  oblinenlc  piinmtam,  in  perpetuuní  regaiit.  Sed  ta- 
meii  ea  lege  et  ralione  in  predicto  hospital!  Canonicus,  quisquis 
ÍLiei'it,  primatum  oblineat  quod  si  ille,  iiocuus  ab  omiii  justicia, 
liber  a  caritate,  desertus  a  divino  timore,  negligens  in  dileccione 
pauperum,  bona  hospitalis  illius  perditioni  sive  destructioni  daré 
voluerit,  atque  eis  tamquam  propriis  abuti,  hoc  nuUatenus  Epis- 
copas  iiec  canonici  iiec  Rex  cum  potestatibus  suis  paciatur.  Si 
vero  Episcopus  aliquis  illud  liospitale  in  aliquo  anichilare  temp- 
laverit,  hoc  tam  a  cauoiiicis  quam  a  Rege  cuín  potestatibus  ab  eo 
iieri  contradicant. 

Omnes  canonici  panpilionensis  ecclesie  oinnia  proscripta  lau- 
damus,  corroboramus,  et  ut  prior  noster  poncianus  pro  ómnibus 
signum  facial  volumus  et  raandamus. 

Signuní  poncii  prioris  7. 

Testes;  Stephanus  archidiaconus,  deusdedit  camerarius,  lupus 
sacrista,  vivianus  elemosinarius  et  eneco  garccys  archidiaconus 
de  sancta  gema.  Magister  geraldus.  Magister  arbeus. — Petrus  pe- 
tragaricensis  Episcopus  7  (1).  Garsie  Remiric  regis  7. 

Post  suprascriptas  donaliones  nostras  et'veslras  iterum  placuit 
mihi  saucio  et  vobis  canonicis  Sánete  marie,  poncio  priori  archi- 
diaconis  ómnibus  omnique  conventui;  et  reddo  vobis  omnes  eccle- 
sias  quas  dederatis  predicto  hospicio  ab  huaí^t  usque  ad  illud  hos- 
picium;  conñrmans  quoque  vobis  archidiaconalum  de  anoc,  sicut 
est  suprascriptum.  Pro  quibíis  ómnibus  vos  datis  hospicio  ilU 
quicquid  vestrum  est  in  alcuca  (2),  quartum  et  pedaticum;  et  quic- 
quid  vestrum  est  de  mutyloa  [et]  de  edialac,  quartum  quoque  et 
pedaticum  ecclesie  de  lauion;  et  pro  hospicio  prioris  suorumque 
predicli  hospicii,  domum  que  fuit  íbrtunii  galine,  excepta  opila- 
rincata  (3). 

Siguum  sancii  episcopi  ■]-.  Signum  poutii  prioris. 


1)    De  este  obispo  de  Perigueux  hay  memorias  (Cíams,  Series  episcoporum  eccl.  ca- 
thol.,  pág,  598)  entre  lósanos  1138  y  U4i. 

(2)  El  ms.  pone  <<.achalar;»  pero  más  abajo  se  corrige.  Alzuza  y  Eclialaz  son  del  va- 
lle de  Egües. 

(3)  Torta  (opil)  y  cántara  de  vino  (arimadaj;  pecha  que  pagaba  el  villano  al  señor, 
y  citan  los  Fueros  de  Navarra  (1.  i,  tít.  2,  2;  ni,  1,  "t). 


184      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEML^  DE  LA  HISTOPJA. 

Nos  panpilonenses  [canonici]  gratia  domini  nostri  Saiicii  epis- 
copi  qui  multa  nobis  dona  contulit,  unánimes .  bonoque  animo, 
faventes  votis  eius  quemadmodum  liosppicio  de  Ronscival  dedi- 
mus  quartum  et  pedaticum  ecclesiarum  videlicet  de  Echalac  de 
mutylo,  de  alcuca  ct  de  lauion.  sic  eciam  concedimus  ipsi  hospi- 
cio quicquid  nostri  juris  est  in  eisdem  ecclesiis;  [et]  hoc  signo 
coiToboramus.  Signum  prioris  adeodati  pro  omni  conveutu.  Sig- 
num  garsie  Remiric  Regis.» 

El  acta  no  es  original  y  encierra  tres  partes,  cada  una  de  las 
cuales,  hubo  de  marcarse  con  fecha  diferente.  Las  dos  últimas 
pertenecen  al  reinado  de  D.  García  Ramírez,  que  comenzó  en  1 134, 
y  al  episcopado  de  D.  Sancho  de  Larrosa,  que  feneció  en  1142. 
Claro  está  que  en  este  documento  ilustre  se  inspiró  el  autor  del 
poema  de  Roncesvalles. 

FmEL  Fita. 
Madrid,  21  Diciembre  1888. 


MONUMENTO  VALENCIANO  DE  ISIS  (I). 


En  el  libro  de  acuerdos  y  documentos  de  la  fábrica  nueva  del 
río,  titulada  Murs  xj  valls,  que  obra  en  el  archivo  municipal  de 
Valencia  y  corresponde  al  año  1760,  folio  4,  se  lee: 

«Andrés  Soler  y  Diego  Cubillas,  maestros  canteros,  peritos 
nombrados  por  los  señores  que  componen  la  ilustre  junta  de  la 
Fálirica  del  río,  cuyo  nombramiento  ha  sido  á  fin  de  que  pasáse- 
mos á  ver  y  justipreciar  un  contorno  ó  adorno  de  iñedra,  que  se 
ha  dispuesto  y  fabricado  encima  de  un  contrafuerte  en  el  pare- 

(1)    Vóase  la  pi'ig.  1 11  de  este  tomo  del  Boletín. 


MONUMENTO    VALEXCIAXO    DE    ISIS.  18.J 

don  del  río  que  va  al  azud  de  Rovella,  para  colocar  en  el  centro 
de  dicho  adorno  tres  lápidas  negras,  de  las  cuales  dos  fueron  ha- 
lladas en  el  cauce  del  río  inmediato  á  dicha  obra;  la  una  con  una 
inscripción  romana  que  contiene  lo  siguiente:  Sodalicium  verna- 
rum  colentes  Isid...\  la  segunda  contiene  una  inscripción,  nueva- 
mente grabada,  del  tenor  siguiente:  Siste  antiqíiitatis  amator,  din 
socii  in  álveo  sepidti  lapides  A.  D.  Mdcclix  inventi^  et  sequenti  in 
hnnc  proximorem  locum  positis,  Dio  quando  primuní  erecti  (1);  y 
la  tercera  lápida,  que  se  halla  en  la  parte  superior  de  dicha  obra, 
es  nueva,  y  se  halla  en  ella  grabada  la  devisa  antigua  de  la  Ciu- 
dad, que  era  una  cornucopia  y  un  manojo  de  saetas,  y  en  su 
torno  una  inscripción  que  dice:  Volentia  Colonia  juris  itcdici;  y 
habiéndonos  constituido  en  el  sitio  donde  se  hallan  dichas  tres 
lápidas  y  adorno-,  y  tomadas  las  dimensiones  de  él,  de  su  alzada, 
vuelos  y  grueso,  hemos  cubicado. por  partes;  y  habiéndolo  calcu- 
lado con  toda  reflexión  y  cuidado,  así  el  valor  de  toda  piedra  de 
dicho  contorno,  como  el  trabajo  que  se  ha  empleado  en  ella  y  su 
colocación,  y  asimismo  todo  el  costo  que  ha  tenido  en  trabajar  y 
pulir  la  primera  y  tercera  lápida  y  su  colocación,  y  asimismo  la 
colocación  de  la  segunda,  y  habiendo  suma-do  todas  estas  parti- 
das, hallamos  que  su  valor  es  el  de  ciento  setenta  libras  (2);  cuya 
declaración  bien  y  fielmente  [hacemos]  por  la  mucha  práctica, 
experiencia  y  manejo  que  tenemos  en  semejantes  obras.  Valen- 
cia, y  Agosto  á  12,  de  1760. — Andrés  Soler,  Diego  Gubillas.» 

Al  folio  41,  está  el  acuerdo  aprobando  esta  declaración,  y  man- 
dando despachar  libramiento  á  favor  de  Bautista  Pons  por  las 
170  libras. 

Al  folio  85,  consta  la  carta  de  pago  expedida  en  la  misma  fecha 
del  acuerdo  (22  de  Agosto,  1760). 

José  María  Settier.  (3) 

Valencia,  1."  de  Marzo  de  1881. 


(1)  Las  copias  de  esta  inscripción  y  de  la  siguiente,  como  hechas  por  maestros  can- 
teros, no  son  exactas. 

(2)  La  libra  valenciana  valía  15  reales  y  2  maravedís. 

■  (3)  Los  documentos,  de  que  hace  mérito  el  Sr.  Settier,  dilucidan  y  resuelven  á  punto 
fijo  la  cuestión  suscitada  por  D.  Antonio  Delgado  en  el  tomo  vin  de  las  Mernoi'itíS  de  la 
Real  Academia  de  la  Historia  (M&A-ciá,  18.52),  p-íg.  91  y  92,— F.  F. 


186  boletín  de  la  real  acadEiMIa  de  la  histora. 


YI. 


INFORME  DADO  AL  GOBIERNO  PROVJSIONAL  SOBRE  EL  ESCUDO  DE  ARMAS 
Y  ATRIBUTOS  DE  LA  MONEDA. 


Excmo.  Señor:  En  el  arlículo  G.°  del  decreto  relativo  al  nuevo 
sistema  monetario,  fecha  19  de  Octubre  último,  se  lee  que 
«todas  las  monedas  cuyo  tamaño  lo  permita  ostentarán  una 
«figura  que  represente  á  España  con  las  armas  y  atributos  pro- 
»pios  de  la  soberanía  nacional,»  y  en  otro  decreto  que  con  la 
misma  fecha  se  dio  para  la  ejecución  del  primero,  dice  el  art.  2.": 
«La  Academia  de  la  Historia  informará  con  igual  brevedad, 
«acerca  del  escudo  de  armas  y  atributos  de  car¿ícter  nacional  que 
«deban  figurar  en  los  nuevos  cuños.» 

Acerca  de  dos  puntos,  en  vista  de  esto,  tiene  que  informar  á  la 
Academia  la  Comisión  nombrada  al  efecto,  á  saber;  sobre  la 
figura  que  represente  á  España,  y  sobre  el  escudo  de  armas  que 
habrá  de  ser  adoptado.  Xo  es  nueva,  ciertamente,  la  idea  de  re- 
presentar en  los  cuños  la  imagen  de  la  Nación  que  los  autoriza; 
muchos  años  hace  que  Inglaterra  ostenta  en  sus  monedas  la  ima- 
gen sentada  de  la  Britannia  con  escudo  al  costado,  el  tridente  en 
una  mano,  la  rama  de  oliva  en  la  otra,  y  la  cabeza  galeada  ó  sim- 
plemente ceñida  de  diadema.  También  Suiza  coloca  en  sus  tro- 
queles más  recientes  una  elegíante  figura  de  la  //eít'eíta, -sentada 
en  los  Alpes  y  extendida  la  diestra  mano  sobre  sus  cumbres,  y 
la  Francia  del  48,  para  simbolizar  la  República,  tomó  una  bellí- 
sima cabeza  de  las  medallas  sicilianas  antiguas.  Siguiendo  en 
parte  este  último  ejemplo,  y  buscando  al  paso  la  mayor  propie- 
dad en  la  representación  pedida,  la  Comisión  ha  principiado  por 
examinar  las  figuras  de  la  Hispania  que  la  numismática  romana 
ofrece  á  nuestra  vista.  No  han  parecido  nada  á  propósito  la  'ca- 
beza velada  de  las  medallas  de  la  familia  Postumia,  ni  la  cabeza 
desnuda,  acompañada  de  dardos  y  espigas  que  decoran  el  anverso 
de  las  medallas  de  Galba:  carece  igualmente  ahora  de  significado 


KSCUüO    DE    AUMAS   Y    ATRIBUTOS    DE    LA    MONEDA.  187 

la  figura  de  pié  con  dardos  y  escudo  que  grabó  eu  sus  cuños  el 
gran  Pompeyo;  pero  no  sucede  lo  mismo  con  la  preciosa  alegoria 
del  reverso  de  algunas  medallas  del  emperador  Adriano.  Es  la 
figura  de  España  en  esas  medallas  una  malrona  ceñida  de  diade- 
ma y  recostada  en  los  montes  Pirineos;  sale  de  entre  los  pies  el 
tradicional  conejillo  y  ocupa  su  diestra  mano  una  rama  de 
oliva.  La  sanción  que  los  siglos  han  prestado  A  la  significación  de 
tan  armonioso  conjunto;  la  tranquila  felicidad  que  al  parecer 
transpira  como  emblema  de  los  días  de  esplendor  procurados  á  su 
patria  por  los  Césares  españoles,  y  el  partido  que  un  artista  há- 
bil puede  sacar  de  todo  para  crear  una  composición  expresiva, 
han  decidido  á  la  Comisión  á  proponer  para  la  figura  de  España 
la  matrona  recostada  en  los  Pirineos,  rodeada  del  Océano,  con  los 
pies  en  el  Estrecho,  la  rama  de  oliva  en  la  mano  y  la  diadema 
en  la  cnbeza,  que  será  el  símbolo  pedido  de  la  soberanía  de 
la  nación.  La  figurilla  del  conejo  no  parece  responder  á  la  digni- 
dad del  asunto  ni  poseer  en  el  día  carácter  especial,  y  por  ello  la 
Comisión  opina  que  debe  omitirse. 

El  segundo  punto  es  relativo  al  escudo  de  armas.  Es  el  blasón 
un  lenguaje  simbólico  que  denota  el  origen  y  enlace  de  ciertas 
familias  ó  la  personalidad  de  entidades  como  la  ciudad  ó  la  cor- 
poración gremial.  Pocos  comprenden  hoy  este  idioma,  nacido  con 
el  feudalismo  y  relegado  eiHre  las  lenguas  muertas  desde  la  caída 
de  los  privilegios  nobiliarios;  pero  el  texto  terminante  del  decreto 
exime  á  la  Comisión  do  la  necesidad  de  discutir  si  conviene  ó  no 
adoptar  símbolos  cuyo  empleo  autorizan,  por  otra  parte,  en  sus 
sellos  y  medallas,  naciones  tan  libres  como.  Bélgica  é  Inglaterra, 
la  República  suiza  y  el  reino  de  Italia.  En  ese  supuesto,  la  Comi- 
sión entiende  que  el  uso  de  un  lenguaje  debe  hacerse  con  arreglo 
á  su  gramática,  y  por  tanto  en  la  segunda  parte  de  su  dictamen 
se  ajustará  á  los  principios  reconocidos  por  universal  convenio 
en  la  ciencia  heráldica.  • 

Las  armas  de  España  han  sido  hasta  ahora  las  de  la  persona 
reinante,  y  si  en  algunos  de  sus  cuarteles  ó  particiones  so 
veían  piezas  ó  figuras  propias  de  los  Estados  que  compusie- 
ron la  nación  española,  era  porque  los  habían  tomado  por  em- 
presa las  familias  de  sus  antiguos  Reyes.  Así  estaba  formado  el 


188  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

grande  y  complicado  escudo,  que  ostentaba  en  el  jefe  ó  hilera  su- 
perior las  armas  de  Aragón,  de  Sicilia,  de  Austria  y  de  Borgoña 
moderna;  en  los  flancos  ó  costados  las  de  Parma  y  de  Toscana,  y 
en  la  punta  6  hilera  inferior  las  de  Borgoña  antigua,  de  Bra- 
bante, de  Flandes  y  del  Tirol;  sobre  el  todo  ó  sea  en  el  centro,  se 
colocaba  el  escudo  contracuartelado  de  Castilla  y  León  con  Gra- 
nada en  el  entado  en  punta ^  y  sobre  dicho  escudo  otro  escusón 
con  la  flores  de  lis  con  bordura  de  Anjou,  que  venía  á  ocupar  el 
lugar  preeminente  entre  todos.  El  nuevo  escudo,  el  blasón  de  la 
nación  española,  como  unidad  política  y  sin  relación  con  las  per- 
sonas que  la  gobiernen,  debe  declarar  la  historia  de  este  gran 
Estado,  tal  como  se  halla  constituido,  formando  con  las  empresas 
de  los  Reinos  independientes  que  sucesivamente  se  fundieron  y 
conquistaron  unas  armas  de  dominio  compuestas  de  las  diversas 
armas  de  comunidad,  con  exclusión  de  toda  idea  de  familia  ó  de 
alianza.  León,  Castilla,  Aragón,  Navarra  y  Granada  son,  con  los 
dominios  de  Ultramar,  los  Estados  componentes  do  este  gran 
todo.  Unidos  desde  el  tercer  Fernando  los  reinos  de  León  y  Cas- 
tilla, conserva  este  último  constantemente  la  preeminencia  en  el 
escudo,  por  la  que  dio  aquel  monarca  al  Estado  que  gobernó  pri- 
mero, y  enlazados  los  príncipes  que  recudieron  después  el  dictado 
de  Católicos,  se  convino  expresamente  en  que  las  armas  del  ara- 
gonés habían  de  ceder  el  puesto  á  las  de  su  consorte  castellana, 
como  lo  cedió  del  todo  más  antiguamente  alas  barras  encarnadas 
de  Cataluña  la  cruz  de  gules  con  cabezas  de  moros  del  Aragón 
prnuitivo.  Iguales  en  derechos  é  importancia  todas  estas  porciones 
de  nuestro  territorio,  no  puede  haber  otro  criterio  para  asignar- 
les colocación  en  el  nuevo  escudo  que  el  determinado  por  la 
práctica  constante  y  el  convenio  mutuo,  y  es  el  que  la  Comisión 
ha  adoptado.  Quedan  por  añadir  los  cuarteles  correspondientes  á 
las  conquistas  de  Granada  y  de  Navarra.  La  primera  viene  ex- 
presada desde  el  siglo  xv  porcina  granada  al  natural  en  el  trián- 
gulo inferior  del  escudo  y  no  parece  procedente  sacarla  de  este 
sitio  por  más  que  sea  la  anexión  de  Navarra  más  moderna,  por- 
que en  materia  tan  convencional  como  la. heráldica  debe  respe- 
tarse lo  que  la  costumbre  y  la  tradición  consagran.  En  cuanto  al 
blasón  de  Navarra,   que  debiera  entrar  después  del  de  Aragón, 


ESCUDO    DE    ARMAS    Y    ATRIDUTOS    DE    LA    .MONEDA.  189 

será  esla  la  vez  primera  que  tüinc  lugar  en  el  escudo  de  España, 
porque  no  habiéndose  enlazado  sus  reyes  con  los  nuestros,  no 
tenía  cabida  en  las  armerías  de  alianza. 

El  escudo  de  armas,  según  esto,  tendrá  que  ser  cuartelado  en 
cruz  con  entado  en  punta;  es  decir,  que  estará  dividido  en  cuatro 
porciones  por  dos  líneas  mutuamente  perpendiculares,  sacando 
en  la  parte  inferior  un  triángulo  curvilíneo.  El  primer  cuartel 
contendrá  el  castillo  de  oro  en  campo  rojo  de  Castilla;  el  se- 
gundo el  león  rojo  en  campo  de  plata,  con  corona,  lengua  y  uñas 
de  oro  de  León;  el  tercero,  debajo  del  castillo,  las  cuatro  barras 
encarnadas  en  campo  de  oro  de  Aragón;  el  cuarto,  debajo  del 
león,  las  cadenas  de  oro  en  campo  rojo  de  Navarra;  y  en  el  trián- 
gulo la  granada  natural  abierta,  con  tallo  y  hojas,  cu  campo  de. 
plata,  de  Granada.  La  acostumbrada  repetición  de  castillos  y  leo- 
nes que  se  ve  en  nuestros  antiguos  escudos  no  debe  tener  lugar; 
porque  esa  duplicación  sólo  proviene,  ó  de  alianzas  consanguí- 
neas, ó  de  la  necesidad  de  proporcionar  el  tamaño  de  los  cuarte- 
les al  de  las  figuras. 

La  forma  del  escudo  varía ,  á  no  dudarlo ,  con  la  moda  y  el  ca- 
pricho; pero  hay  algunas  más  especiales  de  ciertos  países ,  y  así 
como  el  escudo  redondo  es  propio  de  las  arnias  de  Inglaterra  y 
de  muchos  nobles  italianos,  y  el  de  perñl  contorneado  como  cor- 
nucopia de  los  alemanes,  los  españoles  han  usado  el  de  forma 
rectangular  con  los  ángulos  inferiores  redondeados,  de  cinco  par- 
tes de  ancho  por  seis  de  altura,  modelo  que  la  Comisión  reco- 
mienda como  más  propio  y  mejor  proporcionado,  aunque  no  lo 
propone  de  una  manera  exclusiva. 

Costumbre  ha  sido  colocar  á  los  lados  del  escudo  figuras  en 
ademán  de  sostenerlo:  Felipe  I  puso  algún  tiempo  por  soportes 
dos  grifos;  el  emperador  el  águila  esployada;  los  demás  Felipes 
dos  leones,  y  últimamente  se  adoptaron  dos  ángeles.  Ninguno  de 
estos  ornamentos  cabe  cómodamente  en  una  moneda  ni  tendría 
razón  de  ser  en  un  nuevo  escudo,  como  no  fueran  los  leones,  por 
la  regla  general  que  pide  que  los  soportes  sean  sacados  del  campo 
del  mismo  escudo.  Pero  hay  un  ornamento  especial  y  propio  de 
las  armas  de  España,  glorioso  emblema  del  descubrimiento  y 
ocupación  de  las  tierras  ultramarinas:  las  columnas  de  Hércules 


100  boletín    de    L\    RE4L    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

coa  el  plus  ultra  do  Carlos  V,  que  completan  el  significado  de 
dominio  terrilorial,  ya  que  los  países  aludidos  no  pueden  apor- 
tar á  los  cuarteles  interiores  piezas  ni  muebles  propios  de  una 
edad  en  que  no  eran  conocidos  á  los  reyes  de  armas  de  Europa. 

La  rr.ás  grave  dificultad  procede  del  timbre  que  ha  de  coronar 
el  escudo.  No  habiendo  hoy  forma  alguna  de  gobierno  definitivo, 
no  puede  proponer  la  Comisión  símbolo  que  le  corresponda, 
como  la  corona  real  á  la  monarquía.  Pensó  un  momento  que  la 
corona  de  encina,  llamada  por  los  romanos  cívica,  aunque  de  ín- 
dole belicosa,  otorgada  al  que  había  salvado  la  vida  á  un  ciuda- 
dano, podría  corresponder  al  pensamiento  del  Gobierno  provisio- 
nal y  servir  de  airosa  decoración  al  reverso  de  la  moneda,  del 
mismo  modo  que  una.  pequeña  laurea  decoró  algunos  cuños  deci- 
males del  anterior  reinado;  pero  la  sospecha  de  que  por  analogía 
con  otros  países  modernos  se  pudiera  ver  en  ella  una  alusión  re- 
publicana, ha  obligado  á  renunciar  á  esa  idea  para  encerrarse 
en  la  estricta  nculralidad  que  el  estado  de  la  cosa  pública  re- 
clama. Sería  lo  más  oportuno  que  el  artista  compu.siera  su  re- 
verso sin  timbre  de  ninguna  clase,  como  sucede  en  las  monedas 
suizas;  pero  si  esto  no  es  posible,  la  corona  mural,  ú  otro  orna- 
mento menos  significativo,  suministrará  el  complemento  que  ne- 
cesita, sin  que  se  prejuzgue  ninguna  cuestión  política. 

La  misma  consideración  é  igual  escrúpulo,  han  retraído  á  la 
Comisión  de  añadir  el  pabellón  que  cobije  en  sus  pliegues  el  es- 
cudo con  sus  accesorios.  Es  el  pabellón  insignia  de  autoridad  su- 
prema c  independiente,  y  respondería  á  la  idea  de  soberanía  na- 
cional que  en  el  decreto  se  pido:  el  color  morado  que  se  ha  usado 
siempre  en  España  para  este  adorno  proviene  del  atri])uido  co- 
munmente al  pendón  de  Casulla,  y  podría  ser  oportuno  recuerdo  de 
sus  comunidad^'S;  pero  por  lo  pronto,  como  el  lenguaje  heráldico 
no  se  interpreta  ya  por  el  vulgo,  según  queda  apuntado,  el  pú- 
blico creería  ver  en  ese  ornamento  un  manto  real,  y  parecería 
prejuzgada  la  cuestión  de  monarquía  que  el  Gobierno  provisional 
ha  dejado  liasta  ahora  intacta. 

Resumiendo,  pues,  y  traduciendo  al  idioma  técnico  cuanto  va 
expuesto,  la  Comisión  propone  el  siguiente  escudo: 

E>cudo  cuartelado  (mi  cruz:  primero,  de  gules  y  un  castillo  de 


ESCUDO    DD    ai; MAS    Y    ATrtWn'TÜS    DIÍ    LK    MONKDA.  lili 

oro,  almenado  de  Ires  almonas,  y  donjonado  de  tres  lori-cs,  la  del 
medio  mayor;  cada  una  también  con  tres  almenas,  el  todo  de  oro, 
mazonado  de  sable  y  adjurado  de  azur:  segundo,  de  plata  y  uu 
león  de  gules,  coronaao  de  oro,  armado  y  lampasado  de  lo  mis- 
mo: tercero,  de  oro  y  cuatro  palos  de  gules:  cuarto,  de  gules  y 
una  cadena  de  oro  puesta  en  orla,  en  cruz  y  eu  sotuer:  enlacio  en 
punta,  de  plata  y  una  granada  al  natural  mostrando  sus  granos 
de  gules,  sostenida,  tallada  y  hojada  de  dos  hojas  de  sinople. 
Acostadas,  una  á  cada  lado,  las  dos  columnas  de  Hércules,  de 
plata,  con  la  basa  y  el  capitel  de  oro,  liadas  con  una  lista  de  gu- 
les, cargada  con  el  Plus  ultra  de  oro. 

Claro  es  que  si  la  Comisión  entra  en  los  pormenores  de  los  es- 
maltes, no  es  para  el  caso  concreto  de  la  moneda,  sino  porque  un 
tipo  de  blasón  no  es  perfecto  omitiéndolos;  pero  no  será  inopor- 
tuna una  observación  acerca  de  las  figuras  del  escudo ,  dirigida  á 
los  grabadores  que  han  de  componer  el  cuño.  Durante  los  siglos 
medios,  los  animales  y  demás  figuras  heráldicas  tenían  formas 
decididas  y  acentuadas,  conservadas  por  la  tradición  y  propias  del 
arte:  después  se  han  suavizado  los  contornos,  se  ha  imitado  la 
naturaleza,  y  sin  conseguir  aumento  de  bell'eza  al  aproximarse  á 
la  realidad,  se  ha  perdido  el  carácter  por  completo.  Siendo  la  he- 
ráldica un  arte  puramente  convencional,  las  figuras  deben  con- 
servar su  tipo  primitivo,  y  por  tanto  que  el  artista  consultará 
los  mejores  modelos  de  los  siglos  siii,  xiv  y  xv.  tanto  para  los 
castillos  y  leones  como  para  la  granada  abierta,  y  se  conseguirá 
de  este  modo  que  el  nuevo  escudo  de  armas  tenga  fisonomía 
especial  que  recuerde  las  épocas  de  mayor  esplendor  de  la  pa- 
tria, cuando  se  estaba  elaborando  la  grande  obra  de  la  unidad 
política  de  la  Nación . 

Salustiano  DE  Olózaga.         Atheliano  Ferxán'dez-i; 
Cayetano  RpsELL.  Eduardo  Saavedha. 

Madrid  O  de  Noviembre  de  IbGs. 


192  liOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    IIISTORL.». 


VIL 


INFORME  DIRIGIDO  AL  GOBIERNO  DE  LA  REPÚBLICA   SOBRE  EL  ESCUDO 
DE  ARMAS,  LEYENDA  Y  ATRIBUTOS  DE  LA  MONEDA. 


Excmo.  Sr.:  La  Comisión  mista  nombrada  por  las  Academias 
de  la  Historia  y  de  Bellas  Artes  para  evacuar  la  consulta  dirigida 
por  V.  E.  en  16  de  Mayo  último  acerca  del  escudo  de  armas,  le- 
yenda y  atributos  de  carácter  nacional  que  deban  figurar  en  el 
nuevo  cuño  de  la  moneda,  debidamente  autorizada  por  ambas 
Corporaciones,  tiene  la  honra  de  emitir  el  siguiente  dictamen: 

No  es  esta  la  vez  primera  que  se  ha  de  tratar  una  cuestión  de 
esta  naturaleza  por  los  Cuerpos  literarios.  En  12  de  Noviembre 
de  1868,  cuando  la  dinastía  hereditaria  acababa  de  dejar  vacante 
un  trono  que  se  ignoraba  si  sería  ó  no  restablecido  qu  algún 
modo,  la  Academia  de  la  Historia  informó  sobre  los  escudos  de 
armas  y  atributos  de  carácter  nacional  que  deberían  figurar  en  la 
moiíeda,  inmediatamente  adoptados  por  el  Gobierno  provisional 
de  aquella  época.  Al  quedar  vacío  nuevamente  el  trono  que  ocupó 
una  dinastía  electiva,  vuelve  á  suscitarse  en  términos  parecidos 
la  cuestión  de  la  moneda;  pero  en  condiciones  diversas,  porque 
no  hay  ahora  la  indecisión  do  entonces  acerca  de  la  forma  de 
Gobierno,  ni  tampoco  faltan  del  todo  los  antecedentes  para  es- 
tudiar el  asunto.  Pero  lo  hace  más  difícil  la  misma  analogía  de 
circunstancias ,  sobro  todo  si  se  entendiera  que  en  el  pequeño 
campo  de  una  moneda  se  han  de  estampar,  con  el  lenguaje  em- 
blemático de  los  símbolos  y  las  alegorías ,  un  compendio  de  la 
historia  contemporánea,  un  trasunto  del  pensamiento  político  que 
guía  los  poderes  públicos,  un  contraste  definido  é  inequívoco  de 
lo  presente  con  lo  pasado,  siquiera  este  pasado  sea  de  ayer.  Mas  la 
Comisión,  tras  de  estudio  y  discusión  detenidos,  piensa  de  diversa 
manera,  y  no  creyendo  que  se  pueda  exigir  del  lenguaje  de  las 
Bellas  Artes  que  traspase  sus  naturales  y  reducidos  límites,  opina 
que  basta  alterar  el  modelo  de  18G8  en  aquello  solo  que  manifieste 
que  la  forma  de  Gobierno  es-^á  decididamente  proclamada,  y  que 
la  situación  no  es  ya  la  misma  que  entonces,  diferenciando  estos 


ESCUDO  DE  ARMAS,   LEYENDA  Y  ATRIBUTOS  DE  LA  MONEDA.  193 

de  aquellos  cuños  de  modo  que  á  primera  vista  puedan  unos  y 
otros  ser  reconocidos.  Y  antes  de  explicar  cuáles  son  las  figuras 
y  señales  que  propone,  la  Comisión  tiene  qua  facilitar  su  tarea 
dando  á  conocer  cómo  ha  entendido  lo  que  el  Sr.  Ministro  de  Ha- 
cienda desea  ver  realizado  en  los  troqueles  de  la  República. 

La  moneda  de  1868  llevaba  ya  en  sí  caracterizada  la  indepen- 
dencia de  todo  poder  personal  ó  hereditario,  y  tanto  en  la  una 
como  en  la  otra  de  sus  caras  no  aparecía  más  que  la  Nación  es- 
pañola como  dueña  de  sus  destinos.  La  idea  que  ahora  se  ha  aña- 
dido en  la  esfera  del  Gobierno  es  la  de  la  federación,  punto 
principal,  por  consiguiente,  el  que  debe  ser  examinado  y  discu- 
tido, para  ver  qué  alteración  ha  de  producir  en  los  cuños  del  día; 
y  la  Comisión,  al  reflexionar  sobre  esto,  ha  tenido  muy  en  cuenta 
las  explicaciones  que  sobre  tan  difícil  cuestión  han  emitido  en 
públicas  discusiones  los  estadistas  más  autorizados  que  rigen  los 
destinos  de  la  patria.  De  dos  maneras  distintas  puede  entenderse 
la  federación  de  varios  Estados,  Provincias  ó  Cantones:  ó  es  la 
federación  histórica,  por  la  cual  muchas  entidades  políticas  di- 
versas vienen  á  formar  una  totalidad  que  en  su  día  llega  á'ser 
unidad,  ó  es  la  federación  política,  según  la  cual  una  nación,  sin 
descomponerse  ni  subdividirse,  atribuye  á  cada  uno  de  los  miem- 
bros que  la  constituyen  la  plenitud  de  su  derecho  para  gobernarse 
en  lo  que  le  concierne  como  convenga  á  su  particular  modo  de 
ver.  Es  el  primer  sentido  el  procedimiento  por  el  cual  se  han  for- 
mado las  grandes  nacionalidades  modernas,  y  como  tal  es  común 
á  Repúblicas  como  las  de  Suiza  y  Norte-América,  y  á  Monarquías 
como  Alemania  y  Suecia.  El  significado  segundo  es  la  más  amplia 
descentralización  de  funciones,  y  no  depende  del  número,  exten- 
sión ú  origen  de  los  Estados  ó  Cantones,  como  que  no  tiene  otro 
objeto  que  dar  garantías  á  la  libertad  civil  y  política.  La  federa- 
ción histórica  es  la  suma  de  unidades  que  conservan  toda  su  di- 
versidad al  aunarse  en  un  conjunto;  la  federación  política  es  la 
variedad  armónica  dentro  de  la  unidad  total:  la  primera  es  un 
hecho,  la  segunda  es  una  idea,  Al  lado  de  estas  reflexiones,  la 
Comisión  tiene  que  emitir  otras  de  índole  diversa.  Las  represen- 
taciones que  se  hacen  en  las  monedas  y  medallas  son  de  dos  es- 
pecies, á  saber:  símbolos  heráldicos  y  aleg-orías.  Los  primeros 

TOMO  IV.  14 


194  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HIST0RL4. 

forman  los  escudos  de  armas  con  que  so  diferencian  las  naciones, 
y  ocupan,  por  lo  común,  el  reverso  de  las  monedas;  las  segundas 
se  figuran  en  el  anverso,  y  representan  una  deidad  protectora  en 
las  ciudades  antiguas,  el  retrato  del  príncipe  en  las  monarquías 
de  todos  tiempos,  la  imagen  de  la  naci(3n  en  las  repúblicas  mo- 
dernas. Ni  una  ni  otra  especie  de  signos  puede  ser  inventada  á 
capricho  sin  exponerse  á  caer  en  grandísimas  aberraciones  y  fal- 
tas de  sentido  que  conviertan  fácilmente  en  blanco  de  dichos  agu- 
dos tan  preciado  atributo  de  autonomía  nacional  como  la  moneda; 
pero  los  escudos  de  armas  se  hallan  más  especiahiiente  en  ese 
caso,  porque  estando  compuestos  conforme  á  un  arte  secular  y 
propio,  alterar  sus  reglas  equivaldría  á  usar  las  palabras  de  un 
diccionario  sin  querer  sujetarse  á  las  reglas  de  la  sintaxis.  Si  ha 
de  haber  escudos  de  armas,  construyanse  por  los  principios,  y 
mejor  dicho,  costumbres  de  la  Heráldica,  ó  bórrense  del  todo 
reemplazándolos  con  un  mole  ó  letrero  que  diga  claro  y  castellano 
lo  que  se  quiere  esponer. 

Conocidos  los  principios  que  ha  tenido  presentes  la  Comisión, 
pueüe  ya  exponer  la  composición  que  mejor  le  ha  parecido  para 
el  objeto  de  este  informe.  La  primera  pregunta  que  se  ha  hecho 
á  sí  misma  es  si  debe  haber  ó  no  escudo  de  armas  ;  y  aunque  el 
texto  de  la  consulta  lo  da  por  supuesto,  no  está  demás  robustecer 
su  conclusión  afirmativa  con  el  uso  constante  de  todas  las  naciones 
modernas  que  lo  conservan,  cualquiera  que  sea  su  forma  de  go- 
bierno. Ocurre  en  seguida  si  sería  fiel  representación  de  la  Repú- 
blica federal  gral)ar  en  orla  ú  otro  genero  de  enlace  los  escudos  de 
los  diversos  Estados  que  hayan  de  componerla;  pero  la  Comisión 
ha  opinado  resueltamente  en  contra  de  tal  idea,  por  dos  razones 
principales;  la  primera,  fundamental,  porque  la  Nación  no  es  la 
suma  de  los  Estados  diversos  sin  más  unidad  que  una  alianza 
material  de  dispersos  elementos,  sino  que  estos  han  de  ser  miem- 
bros de  un  organismo  único  que  tiene  existencia  propia  y  que  en 
la  moneda  ha  de  verse  reflejada:  la  otra  razón  es  de  dificultad 
práctica;  pues  los  nuevos  Estados,  en  su  mayoría,  carecerán  de  es- 
cudo, por  cuanto  hasta  hoy  no  han  vivido,  por  sí  solos  en  la  his- 
toria; y  buscar  empresas  heráldicas  fuera  de  ella  es  hacer  el  ridí- 
culo papel  de  los  nobles  improvisados  del  antiguo  régimen,  que 


ESCUDO  DE  ARMAS,   LEVENDA  Y  ATRIBUTOS  DE  LA  xMO.N'EDA.  195 

compraban  en  casa  del  rey  de  armas  lo  que  con  más  inotivo  que 
nunca  se  podría  llamar  los  muebles  de  sus  recargados  blasones. 
Verdad  es  que  se  dan  ejemplos  de  escudos  así  dispuestos  en  mo- 
nedas de  las  confederaciones  de  los  Países  Bajos  en  el  siglo  xvi; 
X^ero  contra  ellos  son  decisivos  los  de  las  actuales  Repúblicas  de 
Suiza  y  de  los  Estados-Unidos,  cuyos  emblemas  son  tan  sencillos 
como  una  cruz  ó  un  águila.  El  glorioso  escudo  de  la  Nación  es- 
pañola es,  pues,  lo  que  deberá  ostentar  el  reverso  de  la  moneda, 
y  su  composición  no  tiene  que  variar  en  nada  del  i]ue  propuso  la 
Academia  de  la  Historia  al  Gobierno  de  1868.  Desterróse  enton- 
ces el  blasón  que  la  rama  española  de  los  Borboncs  bcredó  de  sus 
antecesores,  y  se  adoptó  un  escudo  exclusivamente  nacional,  que 
explicase  el  territorio  que  seguía  las  mismas  leyes  y  banderas,  in- 
clusos los  del  otro  lado  de  los  mares,  separando  toda  idea  de  ex- 
traña dominación  ó  personal  vasallaje.  Durante  el  breve  período 
monárquico  que  sucedió  á  aquella  época,  y  á  pesar  de  las  amis- 
tosas advertencias  que  alguno  de  los  firmantes  de  entonces  y  de 
ahora  dirigió  á  los  individuos  del  Gobierno,  dicho  escudo  fué  ex- 
trañamente adornado  con  el  escusón  de  la  familia  reinante,  ppo- 
duciéndose  una  composición  híbrida,  contra  toda  regla  heráldica 
y  fuera  del  sentido  político  que  dicho  escudo  quería  simbolizar. 
Suprímase  ahora  tan  inoportuna  pieza,  y  quedará  como  el  blasón 
más  propio  de  la  República  española  la  enseña  que  el  uso  tiene 
ya  recibida,  y  cuya  descripción  se  omite  por  constar  con  el  por- 
menor debido  en  el  citado  dictamen  de  la  Academia  de  la  Histo- 
ria de  12  de  Noviembre  de  1868,  existente  en  ese  Ministerio. 

No  se  crea  que  tal  escudo  es  ajeno  á  la  idea  federal;  pues  lleva 
escrito  en  sus  cuarteles  la  federación  en  su  sentido  histórico,  que 
es  el  único  apropiado  á  la  Heráldica.  León,  Castilla,  Aragón,  los 
Estados  musulmanes,  Navarra  y  los  países  de  Ultramar,  son  las 
unidades  políticas  que  han  venido  á  fundirse  en  la  gran  unidad 
nacional  existente,  como  los  afluentes  de  primer  orden  de  un  gran 
río,  dentro  de  cuyas  madres  vienen  los  arroyos  y  fuentes  más 
pequeños  á  perder  hasta  la  memoria  de  su  nombre  y  de  sus  cau- 
dales. Esos  símbolos  son  también  los  únicos  que  tienen  verdadera 
significación  propia  y  que  corresponden  á  un  territorio  y  no  á  una 
capital  que  le  da  nombre,  como  sucede  con  las  actuales  provin- 


196  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HIST0RL4. 

cias;  y  si  en  vez  de  colocarlas  dentro  de  un  escudo  se  repartieran 
en  escuditos  aislados,  se  creería  con  razón  que  significaba  la  mo- 
neda el  trastorno  y  quebrantamiento  de  una  patria  despedazada. 

Lo  que  debe  variarse  en  el  reverso  es  el  timbre.  No  existiendo 
ya  el  inconveniente  que  expuso  la  Academia  de  la  Historia,  nin- 
guno mejor  que  la  corona  cívica,  que  lejos  de  denotar  dominación 
ni  desigualdad  de  ningún  género,  ni  traer  con  sus  hojas  dolorosos 
recuerdos  de  sangrientas  batallas  ó  desesperados  asaltos,  repre- 
senta de  una  manera  translaticia  la  conservación  de  la  República 
y  la  salvación  del  Estado,  significada  frecuentemente  en  los  ro- 
manos troqueles  con  la  leyenda  oh  cives  servatos,  que  dentro  de 
su  círculo  ostentaba.  Algo  difícil  podrá  ser  acomodarla  armóni- 
camente en  el  sitio  que  la  vista  del  vulgo  está  habituada  á  ver 
ocupado  por  real  diadema;  pero  el  obstáculo  no  es  de  gran  monta, 
y  sabrá  sin  duda  vencerlo  el  artista  que  se  encargue  de  la  obra. 

La  otra  federación,  la  federación  política,  no  puede  significarse 
sino  en  la  imagen  de  la  Nación,  que  como  dueña  de  sí  misma, 
ocupa  en  el  anverso  el  sitio  destinado  antes  al  busto  del  príncipe. 
Para  la  moneda  de  1868  se  había  propuesto  ya  una  figura  de  la 
España,  de  cuerpo  entero,  en  actitud  reposada,  como  convenía  á 
un  tiempo  de  tregua,  ó  suspensión  en  la  marcha  política  del  país. 
Razones  varias  obligan  hoy  á  mudar  ese  tipo,  y  entre  ellas  es  la 
principal  la  necesidad  de  que  el  cambio  de  tiempo  se  refleje  en  el 
cambio  de  alegorías.  Tan  inútil  como  inventar  un,  nuevo  escudo 
sería  querer  producir  con  el  buril  una  imagen  de  España  fuera  de 
todo  antecedente  histórico  ó  consuetudinario,  pues  sin  un  libreto 
que  la  explicara,  es  seguro  que  nadie  entendería  el  pensamiento 
del  artista.  Un  modelo  apropiado  sólo  puede  buscarse  donde  el 
primero,  en  la  Numismática  antigua,  y  si  de  allí  se  sacó  el  de  Es- 
paña próspera  y  civilizada  del  tiempo  de  Adriano,  podremos  sacar 
también  el  de  la  Nación,  que  ya  unificada  en  sus  naturales  lími- 
tes, es  la  primera  que  se  alza  indignada  y  potente  contra  la  tira- 
nía insensata  del  último  Cesar,  y  merece  después  del  triunfo  ver 
perpetuada  su  memoria  en  los  bronces  y  en  los  áureos  de  Galba, 
aclamado  como  libertador  del  mundo  romano.  La  cabeza  de  la 
Hispania  aparece  en  esos  «•unos  dotada  de  juvenil  atractivo,  to- 
cada airosamente  con  una  corona  de  sus  propios  cabellos  retorci- 


ESCUDO  DE  ARMAS,  LEYENDA  Y  ATRIBUTOS  DE  LA  MONEDA.    197 

dos  y  una  scacilla  laurea,  acom|iañaJa  por  un  lado  de,  dos  dardos 
y  un  escudo,  por  otro  de  dos  granadas  espigas.  Más  rígidamente 
clásica  se  podría  buscar  otra  cabeza  en  griegos  modelos;  no  más 
^graciosa  ni  directamente  alusiva  á  las  circunstancias.  Sobre  la 
figura  de  cuerpo  entero,  el  busto  tiene  la  veníaja  de  llenar  mejor 
el  campo  de  la  moneda;  el  peinado  liso  da  á  la  cabeza  una  redon- 
dez con  cuya  curva  nunca  podrá  luchar  en  noble  belleza  ningún 
artificio  decorativo,  y  los  atributos  que  la  rodean  manifiestan  á 
nuestro  pueblo,  laborioso  en  la  paz  y  heroico  en  la  guerra,  capaz 
de  producir  con  levantado  aliento  é  incansable  constancia  opimos 
frutos  de  sus  afanes,  épicas  hazañas  de  su  valor.  Y  el  pequeño 
escudo  que  como  arma  nacional  se  ostenta,  signo  es  mudo  tam- 
bién de  la  federación  política;  porque  en  antiguos  lienipos,  las 
ciudades  que  por  razón  de  sus  libertades  municipales  se  denomi- 
naban foederatae^  consagraban  en  los  templos  y  estampaban  en 
las  medallas  el  escudo  liso,  simbolizando  la  inmunidad  que  goza- 
ban en  aquel  instrumento  bélico,  cuyo  empleo  era  para  el  res- 
guardo de  la  vida  y  del  honor  del  combatiente,  no  para  la  des- 
trucción del  contrario,  como  sus  leyes  y  privilegios  se  dirigían  á 
defender  de  todo  ataque  interesado  ó  caprichoso  el  bienestar  de 
los  ciudadanos. 

El  influjo  de  la  moda  echará  de  menos  sin  duda  alguna  el  go- 
rro frigio  como  emblema  do  la  libertad.  Desde  luego,  aunque  esa 
insignia  fuera  aceptable,  no  debería  ser  colocada  sobre  la  cabeza 
de  la  España  por  no  corresponder  á  su  composición  originaria, 
y  porque  quedaría  perjudicada  la  belleza  del  conjunto  con  ese 
aditamento,  segiin  ya  antes  se  ha  apuntado.  Pero  el  gorro  frigio 
republicano  no  es  sino  uno  de  tantos  errores  que  se  acreditan  en 
el  vulgo  por  la  ligereza  de  una  erudición  á  medias.  El  gorro  fri- 
gio, en  las  obras  del  arte  antiguo,  no  denotaba  nunca  libertad, 
sino  extranjería,  y  particularmente  procedencia  del  Asia  menor: 
el  gorro  que  entre  los  romanos  recibía  el  esclavo  libertado,  con 
que  la  plebe  se  adornaba  en  las  Saturnales  y  que  en  su  derecha 
mano  mostraba  la  estatua  de  la  Libertad,  era  un  gorro  de  fieltro, 
enteramente  cilindrico  y  sin  tinto  alguno;  adorno  personal  que 
podrá  ser  muy  significativo  si  así  se  quiere,  pero  tan  de  poco 
garbo  y  vistosidad,  que  es  dudoso  que  nadie  quisiera  pasear  con 


198  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

él  las  calles  de  una  ciudad  de  España.  Ni  la  imagen  de  la  Liber- 
tad llevaba  gorro,  ni  cubierta,  ni  adorno  alguno  que  aprisionara 
su  rizada  cabellera,  antes  bien  en  los  anversos  de  la  familia  Cas- 
sia,  su  busto  posee  semejanza  notable  con  el  que  para  España  se 
acaba  de  proponer,  como  si  ya  en  tan  remotos  tiempos  se  hubiera 
sentido  ó  adivinado  cuan  bien  habían  de  parecer  en  la  una  los 
rasgos  y  atributos  de  la  otra  de  estas  dos  alegorías.  Por  otra  parte, 
aunque  no  existiera  ese  error,  propagado  por  los  jacobinos  de  Pa- 
rís al  aceptar  como  enseña  el  birrete  de  los  presidiarios  amnis- 
tiados de  1790,  un  Gobierno  que  desee  conducir  á  la  República 
por  las  vías  de  la  justicia,  del  orden  y  del  progreso,  debe  apartar 
de  sus  sellos  un  símbolo  que  despierta  tristes  memorias  de  terror 
y  de  luto,  y  puede  alentar  esperanzas  de  desorden  y  de  total  ex- 
travío. Aun  en  su  forma  apropiada  y  clásica,  como  en  siniestro 
vaticinio,  aparece  el  gorro  del  liberto  en  las  medallas  de  Bruto  en 
medio  de  dos  puñales  y  con  la  fecha  cruenta  de  los  Idus  de  Marzo 
debajo.  Y  finalmente,  ¿es  acaso  la  libertad  romana  la  que  acla- 
man y  defienden  los  pueblos  modernos?  ¿Es  la  libertad  concedida 
por  generoso  patrono  que  regala  al  siervo  los  arreos  del  ciuda- 
dano, o  la  del  hombre  libro  que  reconoce  su  derecho  y  su  deber 
por  un  acto  de  su  voluntad  propia?  Debe,  pues,  ser  proscrita  esa 
insignia,  falsa  si  á  lo  antiguo  se  mira,  inconveniente  si  se  atiende 
á  lo  moderno. 

En  cuanto  á  las  leyendas,  la  sencillez  es  lo  único  recomenda- 
ble. En  el  anverso  no  debe  decir  más  que  «República  española» 
y  el  año:  en  el  reverso  el  valor,  ley  y  peso  de  la  moneda,  y  los 
signos  de  la  fábrica.  Las  orlas,  gráfilas  y  demás  accidentes  deco- 
rativos deben  quedar  al  prudente  arbitrio  del  artista.  Para  su  ayu- 
da, y  no  como  prescripción,  se  acompañan  modelos  del  tipo  reco- 
mendado en  este  informe  y  ejemplos  de  los  mejores  dibujos  de  las 
piezas  heráldicas  del  escudo  en  mayor  escala ,  todo  como  prueba 
del  deseo  de  acierto  que  ha  animado  á  las  dos  Academias  en  el 
desempeño  del  difícil  encargo  que  V.  E.  se  ha  servido  confiarles. 

José  Amador  de  los  Ríos.       Aureliano  Fernández  Guerra. 
Eduardo  Saavedra.      Ponciano  Ponzano.      Vicente  Palmaroli. 

Medrid  30  de  Julio  de  1873. 


VARIEDADES. 


MEMORIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA     Y     ECONÓMICA     DE     LA     PROVINCIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS  *. 

(Continuación.) 

138.  Para  medio  dia  tienen  *  dispuestas  seis  ii  comida, 
ocho  mesas  de  combite,  que  se  hace  en  casa  del  Gor- 
rexidor,  y  en  las  de  algunos  Caciques  y  Gavildantes; 
para  los  quales  '  se  da  de  los  bienes  de  G.omunidad 
para  cada  mesa  un  toro,  un  poco  de  sal ,  y  un  par  de 
frascos  de  miel;  y  ellos  agregan  délo  suyo,  lo  que 
pueden.  En  cada  casa  de  las  que  hay  combite  *,  dis- 
ponen una  mesa  larga  en  los  corredores,  que  suele 
ser  una  tabla  angosla  sobre  dos  palos,  y  una  mesita 
chica  adornada  a  manera  de  altarito  con  respaldo,  en 
la  que  colocan  alguna  ymagen  o  estampa  de  Santo: 
en  esta  mesita  ponen  las  viandas  mas  ñnas  y  delica- 
das, como  son  aves,  pasteles,  batatas  cocidas,  o  asa- 
das, pan,  etc.  Estas  mesas,  con  mas  algunos  grandes 
pedazos  de  asados,  y  otras  cosas ,  las  traen  a  la  plaza 
cerca  de  la  puerta  del  Golexio  a  las  doce  del  dia,  a  que 
el  Gura  les  heche  la  vendicion;  a  cuya  ceremonia  gus- 


*  Véase  el  cuaderno  II  del  tomo  IV. 

'  En  la  edic.  de  Ang-eüs:  tiene. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  para  las  cuales. 

•*  En  la  edic.  de  Angelis:  En  cada  casa  en  que  hay  convite. 


200    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

tan  los  yndios  el  que  asistan  *  todos  los  españoles 
que  hay  en  el  pueblo,  particularmente  si  está  el  Go- 
vernador  o  Theniente  gobernador:  y  luego  que  el  Gura 
les  vendice  la  comida,  saludan  con  toque  de  cajas,  y 
clarines,  y  baten  las  banderas,  y  la  música  entona 
una  letra  que  tiene  dispuesta  en  su  ydioma  ^  para  dar 
gracias  a  Dios  que  les  dá  de  comer:  y  hecho  esto  se 
retiran  con  las  mesas  a  sus  casas,  y  se  ponen  a  comer 
en  los  corredores;  lo  que  executan  estos  dias  con  toda 
ceremonia.  No  se  sientan  en  aquellas  mesas,  sino  los 
que  son  convidados,  que  deben  tener  oficio,  o  cargo: 
tampoco  se  sienta  ninguna  yndia:  y  en  tomando  ^ 
asiento  los  yndios,  que  todos  dan  la  cara  a  la  plaza, 
vienen  las  mugeres,  o  hijas  de  los  combidados*,cada 
una  con  un  plato  de  barro  grande;  llega ,  y  lo  pone 
debajo  de  la  mesa  a  los  pies  del  padre,  o  marido,  y  se 
retira  un  poco,  manteniéndose  en  pie  frente  de  su 
marido  todo  el  tiempo  que  dura  la  comida;  la  que  van 
sirviendo  algunos  yndios  que  traen  a  cada  combidado 
un  plato  de  buen  porte,  colmado  de  comida,  del  que 
come  un  poco  o  hace  que  come ,  y  luego  lo  desocupa 
en  el  plato  que  tiene  a  sus  pies;  da  el  plato  vacio,  y 
se  lo  buelben  a  traer  lleno  de  otra  cosa,  o  de  la 
misma,  y  hace  lo  mismo  que  con  el  primero;  y  asi 
continúan  hasta  que  concluyen:  de  modo  que  juntas 
en  un  plato  ^  todas  las  sobras  de  cuantas  viandas  les 
han  servido  a  la  mesa;  asta  los  dulces,  si  los  ay,  los 
juntan  con  lo  demás.  Luego  que  han  acabado  de  co- 
mer llegan  las  mugeres  *  y  toman  los  platos  de  las 


*  En  la  edic.  de  Ángelis:  g-ustan  los  yndios  que  asistan. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  baten  las  banderas  y  la  música,  entonan 
una  letra,  que  tienen  dispuesta  en  su  idioma.  Parece  más  correcto  el 
texto  de  la  copia  ms. 

5    En  la  edic.  de  Ángelis:  En  tomando.  Omite:  y. 

*  En  la  Edic.  de  Ángelis:  las  mugeres  é  hijas  de  los  convidados. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  juntan  en  un  plato. 

6  En  la  edic.  de  Án¿elis:  Luego  que  han  acabado  llegan  las  muge- 
res.  Omite:  de  comer. 


MISIONES    DE    INDIOS   C.UARANIS.  201 

sobras,  y  so  los  llevan  a  sus  casas  a  donde  tambiea 
van  los  maridos  con  sus  hijos,  o  amigos ,  comen  lo 
que  ha  sobrado  con  el  combile  *. 

139.  Aunque  los  Gorrexidores  tenian  el  mismo  es-   Combite  de 

Corregidores 

tilo  quando  yo  vine  a  estos  x^ueblos,  lo  han  desterrado 
enteramente  en  sus  particulares;  y  el  combite  que  en 
estas  fiestas,  y  en  la  del  Santo  Patrón  titular  del 
pueblo  tienen  en  su  casa,  lo  hacen  ya  del  mismo 
modo  que  los  españoles.  Dentro  do  su  casa  disponen 
la  mesa  bien  servida,  y  aseada;  en  ella  sientan  las 
mugeres  juntamente  con  sus  maridos  y  se  portan  con 
sobriedad:  los  Guras  *  van  a  casa  de  los  Gorrexidores 
a  vendecirles  la  mesa.  A  la  tarde  corren  sortija  en  la 
plaza,  dando  premios  al  que  la  lleva ,  y  a  la  noche  se 
repiten  los  bayles,  y  menguas. 

140.  De  estas  funciones,  la  que  se  hace  con  mas  Funciones  dei 

Santo  titular 

solennidad  es  la  del  dia  del  Santo  Patrón  del  pue-  del  pueblo, 
blo  ^  Para  ello  disponen  en  la  plaza,  en  la  entrada 
de  la  calle  que  está  en  frente  de  la  puerta  de  la  ygle- 
sia,  vn  castillo  o  andamio  hecho  de  maderos  altos,  en 
el  que  forman  pórticos,  y  balcones  con  ramos  verdes 
que  adornan  con  colgaduras ,  y  bastidores  de  lienzo 
pintados  *:  alli  colocan  en  un  altar  la  ymagen  del 
Santo  titular,  y  delante  al  pie  del  mismo  altar  dejan 
lugar  para  enarbolar  el  Real  Estandarte.  Desde  muy 
temprano,  la  mañana  de  la  víspera,  ya  están  todos 
los  Gavildantes,  Oficiales  Militares  ^  y  demás  em- 
pleados del  pueblo,  vestidos  y  con  caballos  ensillados 


1  En  la  edic.  de  Angelis:  á  donde  también  van  los  maridos,  y  juntos 
con  sus  hijos  ó  amigos,  comen  lo  que  ha  sobrado  en  el  convite. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  los  curas. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  la  del  dia  del  santo  del  patrón  titular  del 
pueblo.  Es  errata  la  repetición  del  artículo  del  antes  de  la  palabra  pa- 
trón, y  hade  corrregirse:  la  del  dia  del  santo  patrón  titular  del  pueblo. 

*    En  la  edic.  de  Ángelis:  con  ramos  verdes,  y  adornan  con  colgadu- 
ras y  bastidores  de  lienzo  pintado. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  oficios  militares. 


202    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEML\  DE  LA  HISTORL\. 

para  salir  a  recivir  al  camino  al  Governador,  a  los 
Theiiientes,  a  los  Curas  ',  Administradores  y  Gavildos 
de  otros  pueblos,  convidados  a  la  fiesta,  y  tienen  pues- 
tas espías  *  en  todos  los  caminos,  y  en  avisando  que 
viene  alguno,  salen  a  medio  quarto  de  legua  a  encon- 
trarlo; allí  lo  saludan,  le  dan  la  vien  venida,  y  le 
acompañan  ^  hasta  su  alojamiento.  En  estos  recivi- 
mientos  pasan  toda  la  mañana,  empleando  los  inter- 
valos de  tiempo  en  correr  a  cavallo  al  rededor  de  la 
plaza;  que  es  la  pasión  mas  dominante  de  los  yndios, 
que  no  cesan  de  correr  los  tres  dias  que  dura  la  fun- 
ción; y  para  ello  tienen  reservados  con  mucho  cuy- 
dado  los  caballos  del  Santo  * :  y  estos  solo  en  faenas 
particulares  sirven,  pero  no  en  el  servicio  diario  de 
las  estancias:  lo  que  también  es  conveniente,  pues  se 
hallan  en  buen  estado  aquellos  caballos,  quando  se 
necesitan. 
Alférez  Real.  141.  En  el  Rexidor  primero  es  en  quien  recae  el 
empleo  de  Alférez  Real;  a  cuya  casa  de  Gavildo  acude 
el  a  las  doce  del  día  *  y  lo  acompañan  a  las  casas  de 
Gavildo  ",  en  donde  le  entregan  la  ynsinia  de  Alférez 
Real,  que  es  un  bastón  alto  que  tiene  sobre  el  puño 
un  escudo  de  plata  del  tamaño  de  una  mano,  en  el 
que  están  gravadas  las  Armas  Reales.  ALAlferez  Real 
acompaña  un  yndiccito  que  le  sirve  de  paje,  y  le  lleva 


•  En  la  edic.  de  Ángelis:  á  los  tenientes  y  á  los  curas. 

2    En  la  edic.  de  Ángelis:  convidados  á  la  fiesta:  tienen  puestas 
espías. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  lo  acompañan. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  reservados  con  mucho  cuidado  los  caballos 
que  han  de  servir  esos  dias,  á  los  que  llaman  los  caballos  del  San- 
to. Se  ve  que  es  más  completo  el  texto  impreso. 

5  Es  más  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  á  cuya  casa  acude  el  Ca- 
bildo á  las  doce  del  dia.  Así  también  se  escribió  primeramente  en  la 
copia  MS.:  a  cuya  casa  acude  el  Cavildo,  en  donde  le  entregan,  etc. 
El  copiante  omitió  aquí  algunas  palabras,  y  al  escribirlas  luego  entre 
renglones,  borró  la  palabra  Cavildo  donde  la  había  escrito,  y  la  tras- 
ladó escribióndola  entre  renglones,  según  se  ha  conservado  en  el  texto. 

*•    En  la  edic.  de  Ángelis:  á  la  casa  de  cabildo. 


MISIONES    DE    INDIOS   GL'ARANIS.  203 

el  bastón  quando  el  lleva  el  Real  Estandarte.  Para 
uno  y  otro  tienen  los  pueblos  vestidos  iguales,  con 
bordados  y  galones  muy  costosos:  pero,  como  están 
cortados  a  la  antigua,  y  no  les  ajusla  a  sus  cuerpos, 
los  hacen  ridículos.  El  Alférez  Real  toma  el  Real  Es- 
tandarte, y  con  todo  el  acompañamiento  lo  lleva  y  co- 
loca en  el  Castillo,  repitiendo  muchas  veces:  Viva  el 
Rey  Nuestro  Señor,  D."  Carlos  Tercero.  Desde 
alli  van  todos  a  la  puerta  de  la  yglesia,  y  descubren 
el  Real  Retrato  '  en  la  forma  que  queda  dicho,  y  des- 
pués'entran  en  la  yglesia  en  donde  se  canta  la  Ma- 
gníficat ',  y  se  retiran  acompañando  hasta  su  casa 
el  Alférez  Real. 

142.     A  la  tarde,  después  de  dados  dos  repiques  de  Paseo  dei  Real 

'-  ■•    ^  Estandarte. 

campanas  para  anunciar  las  Vísperas,  va  el  Cavildo, 
montados,  y  acompañados  de  los  Oficiales  Militares  ' 
y  demás  concurrentes,  a  casa  del  Governador  o  The- 
niente  de  Governador  *,  a  sacarlo  para  el  paseo  del 
Estandarte:  donde  concurren  todos  los  Administrado- 
res y  demás  españolea  concurrentes,  como  asi  mismo 
los  Correxidores,  y  Gavildos  de  otros  pueblos;  y  todos 
montados  van  desde  alli  a  casa  del  Alférez  Real,  al  que 
acompañan  y  llevan  a  que  tome  el  Real  Estandarte,  y 
al  recivirlo  repite  el  Viva  el  Rey  al  son  de  caxas, 
clarines,  campanas  y  varios  tiros  de  camaretas;  y  dis- 
puestos en  buen  orden  dan  buelta  a  la  plaza  ^,  cami- 
nando delante  los  Oficiales  Militares  de  a  pie  con  la 
vandera  ®,  picas,  y  demás  ynsignias,  jugándolas,  y 
batiendo  las  vanderas  de  trecho  a  trecho,  y  repitiendo 
Viva  el  Rey.  Llegan  a  la  puerta  de  la  yglesia,  en  Función  dt 
donde  esperan  los  Curas  y  todos  los  Relijiosos  con- 


En  la  edic.  de  Ang-elis:  y  descubren  el  retrato. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  se  canta  el  magníficat. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  de  los  oficiales  reales. 
En  la  edic.  de  Angelis:  ó  Teniente  Gobernador. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  dan  vuelta  la  plaza. 
En  la  edic.  de  Angelis:  con  las  banderas. 


204      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

curreutes  ';  los  que,  después  de  dada  el  agua  vendita, 
acompañau  hasta  el  presbiterio  al  Real  Estandarte; 
el  que  recive  el  Gura,  o  el  que  ha  de  celebrarla  Misa, 
y  lo  coloca  *  dentro  del  presbiterio  al  lado  del  Evan- 
gelio, en  un  pie  de  madera,  y  al  Alférez  Real  le  ponen 
silla,  tapete  y  almoada,  al  mismo  lado  fuera  del  pues- 
viterio  ',  en  frente  de  la  que  ocupa  el  Governador  ó 
Theniente  governador;  y,  en  acabándose  las  Yisperas, 
buelven  a  retirarse  en  la  misma  forma;  y,  dando  an- 
tes buelta  a  la  plaza,  colocan  el  Real  Estandarte  en  su 
lugar. 

143.  Al  otro  dia  se  repite  el  paseo,  y  se  canta  la 
Misa,  como  la  tarde  antes  las  Visperas,  y  a  las  doce 
del  dia  se  reserva  el  Real  Estandarte:  pero  el  Real 
Retrato  permanece  descubierto  todo  el  dia;  el  que 
ocupan  en  correr  en  la  plaza,  en  bayles,  sortija  a  la 
tarde  y  otras  diversiones.  En  la  forma  dicha  continúan 
lo  mismo  el  dia  siguiente;  en  el  que  suelen  correr  al- 
gunos toros,  cortadas  las  aspas  para  que  no  lastimen 
a  los  toreros,  que  son  muy  torpes,  y  atrevidos.  En  al- 
gunos pueblos  representan  a  las  noches  operas  o  co- 
medias truncadas;  pero,  como  los  representantes  son 
yndios,  y  los  mas  de  ellos  muchachos,  y  no  entien- 
den lo  que  dicen,  ni  pueden  pronunciar  bien  el  caste- 
llano, se  les  entiende  poco,  y  tiene  *  poca  gracia  estas 
representaciones  para  los  españoles  y  para  ellos. 

144.  Al  medio  dia  juntan  las  mesas  en  la  plaza 
para  la  vendicion  en  la  forma  dicha.  Regularmente 
pasan  este  dia  de  veinte  mesas  las  que  se  disponen,  y 
en  algunos  pueblos  ricos  aun  llegan  a  ciento,  y  todas 
muy  abundantes  de  carne;  pues  el  pueblo  mas  econo- 


*  Más  correcta  la  copia  ms.  que  la  edic.  de  Angelis,  cuyo  texto  dice: 
Llegan  ú  la  puerta  de  la  iglesia,  donde  esperan  los  curas  á  todos  los 
religiosos  concurrentes. 

*  Ku  la  edic.  de  Ángelis:  y  coloca. 

3    F.n  la  edic.  de  Angplis:  al  mismo  lado  de  afuera  del  presbiterio. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  tienen. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS.  205 

mico  es  preciso  gaste  este  dia  quando  menos  cinquen- 
ta  toros,  porque  de  los  pueblos  inmediatos  concurre 
mucha  gente,  y  a  todos  dan  de  comer  con  abundancia. 

145.  En  esos  dias  se  reparten,  al  tiempo  de  los 
bayles,  sortija,  y  toros,  varias  menudencias  de  las  que 
se  trabajan  en  los  pueblos,  como  son  rosarios,  vasos, 
cucharas,  peynes  de  aspa,  y  lienzo  de  algodón:  tam- 
bién se  les  dá,  si  ay  en  el  almacén,  agujas,  cintas, 
cuchillos,  y  otras  menudencias  que  ellos  estiman  mu- 
cho. De  esto,  unas  cosas  se  dan  por  premio  a  los  que 
baylan,  o  llevan  la  sortija;  y  otras  se  tiran  a  que  las 
cojan;  que  es  en  lo  que  ellos  tienen  mas  diversión,  y 
se  juntan  todos  a  cogerlas;  y  hasta  los  Cavildantes  ', 
si  cae  alguna  cosa  acia  adonde  *  están  sentados,  olvi- 
dan la  formalidad  con  qne  están,  y  se  arrojan  como 
niños  a  coger  lo  que  pueden;  aunque  ya  en  el  dia  se 
contienen  algo. 

146.  Todo  el  año  trabajan  gustosos,  solo  con  la 
esperanza  de  que  la  tiesta  se  haga  con  grandeza;  y,  si 
se  les  quiere  cercenar  algo,  contestan  queellos  traba- 
jan contentos  solo  con  el  fin  de  gastarlo  ese  dia;  y,  si 
a  pesar  suyo  se  moderan  los  gastos,  se  reconoce  des- 
mayo en  adelante  en  la  aplicación  al  trabajo. 

147.  Aunque  por  la  costumbre  que  tienen  de  acu-  Algunas  parti- 
dir  a  sus  distribuciones,  saben  el  dia  y  hora  de  todo,      deíacostum- 
están  tan  acostumbrados  a  no  hacer  nada  sin  que  se     dios.     ^^' 
lo  manden,  que  para  todo  aguardan  la  señal  del  tam- 
bor, o  la  voz  del  pregonero,  o  publicador:  y  asi  en 

todo  el  dia  se  oyen  repetidos  toques  de  cajas,  y  publi- 
car por  las  calles  lo  que  deven  hacer.  Al  alva,  luego 
que  la  campana  hace  la  señal  ',  corresponden  los 
tambores,  y  se  reparten  por  las  calles  algunos  yndios, 
que  a  voz  alta  les  dicen  se  levanten  a  alabar  a  Dios,  a 


i    En  la  edic.  de  Ángelis:  hasta  los  cabildantes.  Omite:  y. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis:  hacia  donde. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  hace  señal. 


206         BOLEríX  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

disponerse  para  ir  a  la  yglesia  a  oir  Misa,  y  después 
al  trabajo;  y  que  asi  harán  la  voluntad  de  Dios,  se 
proporcionarán  el  sustento,  y  agradarán  a  sus  supe- 
riores. En  todas  las  horas  del  dia  repiten  esta  misma 
diligencia  conforme  lo  que  tienen  que  hacer;  lo  mis- 
mo para  que  acudan  al  Rosario,  sin  embargo  de  que 
la  campana  les  avisa. 

148.  Aviendo  yo  notado  que  en  varias  horas  de  la 
noche  tocaban  las  cajas,  particularmente  a  la  madru- 
gada, me  movió  la  curiosidad  a  preguntar  a  que  fin 
eran  aquellos  toques;  y  me  respondieron  que  siempre 
havian  tenido  aquella  costumbre  de  recordar  toda  la 
gente  en  algunas  oras  de  la  noche,  y  que  por  eso  lo 
hacian.  Apurando  mas  esta  materia,  y  su  origen,  me 
digcron  que  los  Jesuítas,  conociendo  el  genio  perezoso 
de  los  yndios,  y  que,  cansados  del  trabajo  de  todo  el 
dia,  luego  que  llegaban  a  sus  casas,  y  cenaban,  se 
dormían  hasta  el  otro  dia,  que  al  alva  los  hacian  le- 
bantar  '  para  ir  a  la  yglesia,  y  de  alli  a  los  trabajos, 
no  se  llegaban  *  los  maridos  a  susmugeres  en  mucho 
tiempo,  y  se  disminuía  la  populación;  y  que  por  eso 
dispusieron  el  que  en  algunas  oras  de  la  noche  los  re- 
cordaran, para  que  asi  cumplieran  '  con  la  obligación 
de  casados. 

149.  No  se  nota  en  estos  pueblos  aquel  bullicio  que 
ocasionan  las  gentes  en  las  poblaciones  :  cada  uno  en 
su  casa  observa  un  profundo  silencio;  no  se  juntan  a 
conversación  ni  diversión  alguna;  ni,  aunque  estén 
juntos^  se  les  ofrece  que  hablar,  porque  están  faltos 
de  especies;  ni  tienen  juegos,  ni  se  divierten  en  las 
plazas,  ni  calles  *,  como  es  propio  de  su  edad  :  no  se 


1    En  la  etlic.  de  Angelis:  les  hacian  levantar. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  asi,  no  se  llegaban. 

3    En  la  edic.  de  Angeli^:  para  que  cumplieran. 

*  Falta  en  la  copia  ms.,  según  el  testo  iii>preso  de  la  edic.  de  Ange- 
lis,  donde  se  lee:  ni  tienen  juegos  para  pasar  el  tiempo  desocupado,  ni 
aun  los  mudiachos  juegan  ui  se  divierten  en  las  plazas  y  calles. 


MJSIONES   DK    INDIOS   GUARANIS.  207 

oyen  cantares  en  su  ydioma,  ni  en  castellano;  y  asi 
no  se  les  oye  cantar  en  sus  faenas,  ni  ocupaciones, 
como  lo  acostumbran  los  trabajadores  para  aliviar  el 
trabajo;  ni  tampoco  cantan  los  yndios  ',  ni  aun  savcn 
ellos  ni  ellas  hablar  alto.  Desde  chicos  los  criaban  en- 
cogidos *  que,  si  les  mandan  llamar  a  alguno,  aunque 
lo  tengan  a  la  vista,  no  savcn  levantar  la  voz  para  lla- 
marlo, y  van  donde  está,  y  alli  le  dicen  lo  llaman  ': 
tampoco  acostumbi'an ,  ni  les  permiten  *  el  tocar  en 
sus  casas  guitarra,  ni  otro  ynstrumento  ",  y  menos  el 
tener  bayles  caseros:  en  el  dia  se  les  permite,  aunque 
con  bastante  limitación  ®. 

150.  Esto  es  lo  mas  particular  del  govierno  politi- 
co,  y  económico  de  estos  yndios;  cuya  noticia  podrá 
contribuir  a  formar  cabal  concepto  de  lo  que  son,  y 
del  estado  en  que  se  hallan. 

151.  Ya  que  he  referido  a  Vm.  lo  que  me  ha  pa-  Naciones  con- 

finantes, 
recido  mas  particular  de  esta  provincia,  y  sus  natura- 
les, discurro  no  le  ser¿í  desagradable  el  que,  antes  de 
pasar  a  tratar  de  otros  puntos,  le  hable  a  Ym.  algo  de 
las  naciones  de  yndios  ynüeles,  confinantes  con  estos 
pueblos;  asi  por  lo  que  pueden  con  el  tiempo  aumen- 
tar esta  provincia,  como  porque  con  su  noticia  se  po- 
drá formar  mas  caval  concepto  de  todo  lo  dicho,  y  de 
lo  que  después  propusiere  para  los  fines  de  mejorarla, 
Y,  omitiendo  la  nación  de  los  Guaycurus,  que  antes 
molestava  los  pueblos  mas  inmediatos  al  Paraguay, 
porque  ya  en  el  dia  se  considera  distante,  mediante 
las  acertadas  providencias  del  actual  Governador,  el 
gor  jyn  Pedro  Meló  de  Portugal  que,  con  haver  esta- 
blecido las  poblaciones  de  Ñembuá,  y  tomado  otras 


En  la  edic.  de  Ángelis:  las  indias. 

Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  los  crian  tan  encogidos. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  y  alli  le  dicen,  que  lo  llaman. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  ni  les  permitían. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  guitarras  ni  otro  instrumento. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  con  bastante  (así)  limitaciones. 


208        BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

providencias,  ha  sugetado  aquella  nación,  do  modo 
que  no  ha  dejado  ni  el  menor  recelo  de  imbasion  en 
estos  pueblos,  hablaré  solamente  de  los  Guayanás,  los 
Tupiis',  los  Minuanes  y  Charrúas. 
Yndios Guaya-  152.  Yajo  de  la  nominación  de  Guayanás  com- 
prehenden  estos  naturales  a  otras  muchas  naciones 
que  tienen  cierta  relación  entre  si,  y  que  su  genio  ^, 
costumbres,  y  lenguaje  se  diferiencian  poco  ':  este  es 
semejante  al  guaraní,  y  probablemente  tiene  el  mis- 
mo origen;  y,  aunque  alterado  y  disfigurado  *  con 
distinto  acento,  y  pronunciación,  los  entienden  con 
poca  dificultad  los  yndios  de  estos  pueblos. 

fSe  continuará.) 


'  En  la  edic.  de  Áng-elis:  bs  Tupís. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis:  ^  cuyo  genio. 

3  En  la  edic.  de  Angelis:  se  diferencian  poco. 

4  Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Angeli?:  y  desfigurado. 


-.At/i*--  nr. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA, 


TOMO  IV.  Abril,  1884.  cuaderno  iv. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

Acaba  de  encontrar  en  Tarazona,  el  Sr.  Vizconde  de  Alcira, 
D.  Arturo  Bertodano  de  la  Cerda,  una  importante  lápida  romana 
(Hübner,  2986)  sobre  cuya  situación  y  lectura  discrepan  varios 
autores.  Ha  sido  recogida  por  el  Sr.  Vizconde  dentro  de  una 
cerca  contigua  al  paseo  de  Cristina  detrás  de  la  catedral. 


La  Academia  en  sesión  del  L4  de  Marzo  acordó  el  nombra- 
miento de  su  individuo  de  número  el  Sr.  Rada  y  Delgado,  para 
que  la  represente  en  la  solemnidad  del  centenario  de  Saavedra 
Fajardo  que  tendrá  lugar  en  la  ciudad  de  Murcia  en  los  primeros 
y  próximos  días  del  mes  de  Mayo. 


En  Talavera  de  la  Reina,  hacia  el  ;íngulo  exterior  del  muro 
occidental  y  á  corta  distancia  del  Cristo  de  la  Guía,  se  han  des- 
cubierto los  restos  del  cementerio  romano.  Entre  los  objetos  reco- 
gidos al  abrirse  las  sepulturas,  merece  singular  mención  un  ani- 
llo de  oro  macizo  con  camafeo  sigilar  que  representa  un  sátiro,  y 
se  extrajo  del  dedo  anular  del  cadáver.  Este  hallazgo  confirma  lo 

TOMO  IV.  •  15 


210  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMLA.    DE    LA    HISTORIA. 

que  habían  acreditado  las  lápidas  romanas  de  la  ciudad  (H,  esto 
es,  que  el  cerco  de  la  antigua  muralla  corresponde  á  corta  dife- 
rencia con  el  emplazamiento  de  la  lusitana  caesarobriga. 


La  impresión  de  los  cuadernos  de  Cortes  de  Cataluña,  sigue 
sin  interrupción  su  curso,  habiendo  llegado  ya  el  turno  de  publi- 
cación á  los  del  reinado  de  D.  Jaime  II  de  Aragón. 


(1';    Boi  EríN,  tom.  II.  pág.  248-2^8. 


INFORMES. 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  BARBASTRO. 


De  ninguna  inscripción  romana  hace  mérito  el  tomo  xlviii  de 
la  España  Sagrada  (Madrid,  1862),  destinado  á  tratar  de  la  Santa 
Iglesia  de  Barbastro  en  su  estado  antiguo  y  moderno.  Va  prece- 
dido de  un  buen  mapa  de  la  diócesis,  donde  es  fácil  seguir  el 
curso  de  las  observaciones  geográficas  y  de  los  descubrimientos 
epigráficos  que  refiero. 

La  edad  visigótica  nos  ha  legado  un  monumento  de  primer  or- 
den, que  arroja  mucha  luz  sobre  la  división  territorial  de  la  co- 
marca del  alio  Cinca.  Hállase  en  la  Biblia  antigua  de  la  catedral 
de  Huesca,  y  puede  verse  en  el  apéndice  iii  al  tomo  ii  del  Apa- 
rato á  la  historia  eclesiástica  de  Aragón^  escrito  por  D.  Joaquíu 
Traggia  y  publicado  en  1792.  Está  el  documento  fechado  el  día  29 
de  Setiembre  del  año  segundo  del  Rey  Agila  (551)  en  el  monas- 
terio de  Asan,  regido  á  la  sazón  por  San  Victoriano.  La  copia  no 
ha  salido  del  todo  exacta.  Da  margen  á  dificultades  que  deberían 
resolverse  teniendo  á  la  vista  el  original  de  la  Biblia  Oséense,  ó 
la  fotografía  del  instrumento.  Por  de  pronto,  con  lo  publicado 
nos  ha  de  bastar  al  intento  de  restituir  al  mapa  romano  de  la  re- 
gión lo  que  inesperadamente  nos  acaban  de  señalar  los  epígrafes. 

Indica  el  texto  documentarlo  las  posesiones  que  cedió  el  diíí- 
cono  Vicente  de  su  propiedad  en  beneficio  del  Monasterio: 


212    boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

«In  térra  Barhotano,  arcaraimo  (I)  porcionem  meam.  Sub  monte  polena- 
ria  cum  lueariano  porcionem  meam.  In  térra  Laheclosano  (2),  Calasanci  (3), 
cum,  electo,  borgisal  (4)  porcionem  meam,  Berce  (5)  porcionem  meam,  Alta- 
tine  [6)  porcionem  meam,  Mare  mortuum  (7)  porcionem  meam,  Petraro- 
tiinda  (8)  porcionem  meam.  In  térra  Hilardensi,  pinmanico  porcionem 
meam,  Céreo  magno  porcionem  meam,  ad  domum  Eulali  porcionem  meam, 
Semproniano  porcionem  meam,  ad  domum  reciarii  porcionem  meam,  Lacuna 
rupta  (9)  porcionem  meam,  Aaduso  porcionem  meam,  Ause  vero  porcionem 
meam.  Ex  integro,ita  ut  in  monabterium  Lobe,  si  ipsi  jusseritie,  debeat  de- 
serviré. In  térra  Boletano,  senguanis  (10)  porcionem  meam,  segini...  vel 
alias  estrivola  (  H]  ubi  me  porcio  contingit.  la  térra  ccsaraugiistana  ad  no- 
ce (12)  porcionem  meam.  In  trigario  porcionem  meam.» 

Tres  distritos  visigodos,  que  corresponden  próximamente  á  los 
modernos  de  Barbasiro,  Bqltaña  y  Benavarre  se  ven  marcados 
por  la  escritura,  Barhotano,  Boletano  y  Labetolosano.  Resta  en- 
contrarlos en  la  edad  romana. 

I.  Lápidas  del  monte  Cillas,  término  de  Cosco- 
juela  de  Fontoba. 

Dos  leguas  al  septentrión  de  la  ciudad  de  Barbastro,  entre  la 
margen  derecha  del  Ginca  y  la  carretera  que  sube  á  Boltaña,  se 
ve  blanquear  sobre  la  cumbre  del  monte  Cillas  la  ermita  de 
Nuestra  Señora  del  Socorro,  actualmente  en  reparación.  Toda  la 
cima  y  campos  adyacentes  se  hallan  atestados  de  cerámica  ro- 
mana. Esta  iglesia  con  el  nombre  de  Celias  y  las  vecinas  de  Hoz 
(Osea)  y  Goscojuela  (Coscollola)  fueron  asignadas  en  el  año  1099 


(I)  Azara? 

12)    El  original  habrá  dicho  Labetlosano  por  abreviación  de  Labetolosano. 

(3)  Calasanz. 

(4)  Cauín  del  Itinerario  de  Autonino,  Ilche,  Berbegal. 

(ü)    Bierge?  Pertusa,  en  las  variantes  del  Itinerario,  se  escribe  Pertula,  Percala. 
(6)    Odina. 

O)    Vacamcrta  (?)  entre  el  Ésera  y  el  Barranco  grande.  Vaca  pudo  provenir  del  ára- 
be jsr',  (mar). 

(8)  La  Croqueta  (Obarraj? 

(9)  Laguna  rota,  dos  leguas  distante  de  Sariñena. 

(b>)    Señes,  ayuntamiento  de  Serveto,  colindante  con  el  de  Sin,  en  el  distrito  de 
Boltaña. 

(II)  Eripol? 
(12)    Lanuza? 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  UARBASTRO.  213 

por  el  rey  D.  Pedro  I,  como  dotación  de  la  de  Alquézar.  El  di- 
ploma se  halla  continuado  en  el  tomo  iii  de  Manuscritos,  fol.  33, 
que  el  Sr.  Abad  y  La  Sierra,  nuestro  digno  socio  honora- 
rio, nos  legó  al  morir  (1806),  y  posee  nuestra  Biblioteca  (estan- 
te 21,  gr.  3/) 

A  nuestro  Correspondiente,  alcalde  que  ha  sido  de  Monzón, 
D.  Mariano  Paño,  agradecerá  la  Historia  el  que  haya  por  vez  pri- 
mera notificado  al  público  la  existencia  de  preciosas  inscripciones 
en  aquel  foco  de  antigüedades  romanas.  Cuatro  lápidas  dio  á  luz 
en  1879  (1);  mas  como  no  tuviese  á  mano  las  dos  que  acaba  de 
descubrir,  forzosamente  hubo  de  vacilar  y  dejar  en  algunas  de 
Jas  que  dio  á  luz  expuesto  el  sentido  á  la  incertidumbre.  De  unas 
y  de  otras  me  ha  enviado  excelentes  calcos.  Leo  y  suplo. 

4.  En  la  fachada  meridional  de  la  ermita.  Empotrado  casi  á 
ñor  del  suelo,  mide  el  mármol  unos  16  centímetros  en  cuadro. 
Letras  hermosas  del  primero  ó  segundo  siglo. 

C«TVRRANIA 
HER  •  IVSTI 

C(aia)  Turrania  Her(enni?)  Justi. 
Gaya  Turrania  mujer  de  Herennio  Justo. 

Las  cinco  lápidas  siguientes  se  erigieron  al  mismo  tiempo.  Son 
zócalos  de  mármol,  altos  1,5  m.  Helos  aquí: 

2.  A  pocos  pasos  de  la  ermita  de  la  cerca  septentrional  del 
camino  de  Goscojuela. 

P'AEMILIO 

DVCTO'BARB 
PATRl  •  JENi\hlM 
PLACID/E'H'EXT 

P(ublio)  Aemili(o)  \_Pfuhlii)  f(ilio)7^  Ducto  Bar'b(otano?)  patri  yEmilice 
Placidce  h(eres)  ex  t(estamento). 

Á  Pubüo  Emilio  Ducto,  hijo  de  Publio,  natural  de  Barb(astro?)  y  padre 
de  Emilia  Plácida,  púsole  esta  memoria  el  heredero. 

(1)    La  Ciencia  Cristiana  (Revista  madrileña),  vol.  xi,  pág.  187. 


214  boletín  de  la  real  academlí  de  la  historla.. 

3,  Servia  de  poyo  á  la  salida  del  establo,  sito  al  O.  de  la  er- 
mita. 

M  A  R I  ^  •  c  o  .  . 

D'FIL'D' V«MAT 
^,  M  1  L  I  ^  •  P  L  A 
.  .  .D^  •  H  •  EXT 

Mariae  Co'ir']di  fil(ice)  D(ucti)  u(¿cori)  matri  yEmilice  Plalc{]dce  hferes} 
ex  t(estamento). 

Á  Mária,  hija  de  Gordo,  esposa  de  Ducto,  madre  de  Emilia  Plácida,  el 
heredero  por  testamento. 

En  Jerez  y  Montilla  (Hübn.,  1305,  1542)  aparecen  los  sobre- 
nombres Cordus  y  Cordilla.  Rivagorzanos  eran  los  Cordos,  des- 
critos por  Avieno  fOra  marit.  552-557),  gente  pirenaica,  limí- 
trofe de  la  Cerretana. 

4,  A  pocos  pasos  de  la  ermita,  en  el  seto  meridional  del  ca- 
mino de  Goscojuela. 

L« VAL«L-F-&AL 

MATERNO 
BOLET*  H«  EXT 

L(ucio)  Val(erio)  L(ucii)  f(ilio,  Gal(eria)  Materno  Bolet(ano)  hfercs)  ce 
i  (estamento), 

A  Lucio  Valerio  Materno,  hijo  de  Lucio,  de  la  tribu  Galería,  natural  de 
Boltaña,  el  heredero  por  testamento. 

Inéditas. 

5,  A  mano  derecha  del  altar  de  la  ermita. 

^MlLI^' PLACÍ 
DAE  •  MATERNI 
VXORI  •  H  •  EXT 

yKmiluc  Placidae  Materni  uxori  h[eres)  ex  t( estamento). 

k  Emilia  Plácida  mujer  de. Materno.  Hízole  esta  memoria  su  heredero 
testamentario. 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  BARBASTRO.  215 

6.  Á  mano  izquierda  del  aliar. 

L  •  V  A  L  •  G  A  L 
M  A  T  E  R  N  O 
BOLETANO 
M -Cor. POMPE 

'ANS- AMICüOPTI 

..O    OB     AIERITA 

L(ucio)  Val(erio)  Gal(eria)  Materno  Boletano  M(arcus)  Cor(nelius)  Pom- 
peianus  amico  [o^ptimo  oh  ¡nerita. 

A  Lucio  Valerio  Materno  de  la  tribu  Galería,  natural  de  Boltaña,  amigo 
óptimo  y  benemérito.  Enta  memoria  de  gratitud  le  consagra  Marco  Cornelio 
Pompejano. 

7.  Estampilla  de  letra  cursiva  eu  barro  saguntino.  La  reco- 
gió y  posee  el  Sr.  Paño;  otras  muchas  ha  visto  y  se  ha  dejado  en 
las  inmediaciones  de  la  ermita,  mas  no  me  ha  enviado  copia. 

L'AVRI'OF 
Oficina  de  Lucio  Aurelio. 

Dos  ciudades  romanas  han  comparecido  con  estas  lápidas;  y  de 
hoy  más  enriquecerán  nuestro  catálogo  geográfico. 

El  P.  Huesca  acertó  en  decir  (1):  «La  villa  de  Boltaña,  sita  en 
la  ribera  izquierda  del  Ara  es  una  de  las  más  ilustres  y  antiguas 
de  Aragón.»  Mas  no  del  todo  en  añadir:  «Su  primera  memoria 
es  la  vendición  de  un  molino,  hecha  por  Brandilina  al  abad  Egi- 
lano,  que  según  parece  lo  era  del  monasterio  de  S.  Pedro  de 
Arrábaga,  sobre  el  río  Ara.  Su  data  en  el  año»  de  la  encarna- 
ción 941,  reynando  D.  García  Sánchez  desde  Pamplona  hasta  el 
valle  de  Boltaña,  a  Pampilona  usque  ad  valle  Boletanie. 
Se  halla  original  en  el  archivo  de  la  catedral  de  Huesca, 
arm.  1,  n.  941.  Los  Reyes  D.  Ramiro  I,  D.  Sancho  Ramírez,  y 

(1)    Teatro  histórico  de  las  iglesias  del  Reyno  de  Aragón,  t.  ix,  pág.  4;  Zarag-oza,  1807. 


•JIT)  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

SUS  hijos  D.  Pedro  y  D.  Alonso  confiaron  el  gobierno  de  Boltaña 
y  de  su  castillo  á  uno  de  los  Ricos-hombres  del  reyno,  como 
consta  de  sus  diplomas  en  que  mencionan  de  ordinario  los  Sé- 
niores que  dominaban  en  Boltaña.» 

Sin  duda  alguna  Boltaña  es  el  municipium  Boletaniim  afiliado 
á  la  tribu  Galeria.  No  han  salido  á  pública  luz  sus  lápidas,  por- 
que no  se  han  buscado.  Únicamente  Traggia  en  sus  Viajes  eru- 
ditos [i]  cuenta  que  el  13  de  Agosto  de  1788  salió  de  Boltaña  con 
algunas  monedas  roynanas  de  las  mifchas  que  se  han  hallado  en 
aquel  lugar'.  No  dice  cuáles. 

El  testamento  del  diácono  Vicente,  que  nos  ha  conservado  el 
nombre  del  distrito  de  aquella  ciudad  (boletano),  nos  ha])la 
también  del  barbotano.  Este  es  el  de  Barbastro;  y  lo  pruebo 
con  dos  documentos  claros  y  terminantes. 

H)     Sentencia  arbitral  del  rey  D.  Sancho  Rainirez  en  el  año  1U80  (2): 

(dt&rumque  constituit  ut  si,  miseraute  Deo,  fuerit  gens  Ismaelitarum 
a  nostris  finibus  expulsa,  sicuti  ipso  larglente  in  próximo  fr.turuní  esse 
credimus  et  speramus,  omnis  7-egio  Barhutana,  sicuti  descenditur  ex  supra- 
scripta  serra  Arvi,  habens  ex  meridiano  latere  castra 'quae  vocantur  Nabal 
et  Salinas  et  Alchezar,  et  alia  quamplurima,  usque  ad  rivum  qui  dicitur 
Alcanadre,  simili  modo  sit  juris  eccleeiae  Rotensis.)') 

2)     Decreto  del  rey  D.  Pedro  I  de  Aragón  en  1 101  (3). 

«Ipse  (Sancius  rex)  euim  Jaccensi  dedit  Oscham  in  sedem  cum  liberaret 
eam;  Rotensi  vero  Barbastram:  et  posuit  inter  eos  terminara  Archanatre 
fluvium.» 

El  nombre  de  Barbastro  no  suena  todavía  en  monumentos  au- 
ténticos, ó  documentos  anteriores  á  la  Edad  Media;  pero  su  in- 
mejorable posición  como  cabeza  del  distrito,  el  aprecio  en  que  la 
tuvieron  los  árabes,  y  otras  circunstancias  que  sobrado  conocéis, 
todo  concurre  á  txcitar  la  esperanza  de  que  en  breve  sus  vetustos 
recuerdos  de  la  Edad  romana  colmen  con  ventaja  el  claro  que 
han  dejado  abierto  las  lápidas  del  monte  Cillas. 


(1)  Biblioteca  de  la  Real  Academia  de  la  Historia.  Tm^gia  mss.,  tomo  xu,  fol.  84, 
recto. 

(2)  Villanueva,  Viaje  literario,  t.  xv,  págr.  283. 

(3)  Villanueva,  Viaje  Ut.,  xv.  3<i3. 


iNScnipr.iONE:'  ro.iA.NAS  de  la  di  )CEsrs  di:  barbastro. 


3. A 


í^ifsm¥^- 


Inscripcióu  geográfica  recién  hallada  en  la  ermita  del  Socorro  ,  término  de  Co3cojuela 
de  Fontoba,  dos  leguas  al  Norte  de  la  ciudad  de  Barbastro. 


iM8  bolktín  de  la  real  academia  de  la  H1ST0RL\. 

II.  Cerro  del  Calvario,  término  de  la  Puebla  de 
Castro. 

Al  otro  lado  del  Cinca,  casi  enfrente  del  monte  Cillas,  se  ve  la 
Puebla  de  Castro,  cuyo  término  limítrofe  por  el  Sur  con  el  de 
Ülbena  contiene  el  cerro  del  Calvario,  fecundo  en  antigüedades 
romanas  (1). 

Hé  aquí  sus  inscripciones,  hoy  conocidas  (2): 

8.  En  el  olivar,  al  E,  y  en  la  vertiente  del  cerro. 

MVMMIO 

^^  VALENTI 

MVMMIVS 

PRESSVS 

DE    SVO    POSVIT 

Á  Mumniio  Valente.  Mummio  Presso  colocó  este  monumento  á  sus  ex- 
pensas. 

Al  lado  do  esta  existe,  según  el  Sr.  Paño,  otra  ara  sepulcral 
derrumbada  é  ilegible. 

9.  «Sobre  la  cima  del  Calvario.  Es  su  forma  la  de  un  pedestal 
ó  de  una  ara,  que  todavía  conserva,  en  la  parte  menos  expuesta 
;i  la  intemperie,  algo  del  pulimento  que  le  dio  el  artífice  al  la- 
])rarla.  En  torno  de  ella  sólo  quedan  ruinas.  Está  escrita  en  her- 
mosos caracteres  de  fines  del  primer  siglo,  ó  principios  del  se- 
gundo (3).»  El  Sr.  Paño  me  ha  enviado  esmerada  copia,  habién- 
dole estorbado  el  mal  tiempo  trepar  al  cerro  y  sacar  la  impronta 
que  le  pedí.  En  la  1.'  línea  rectifica  su  edición,  privada  de  la  con- 
junción ET.  Las  medidas  del  epígrafe,  á  lo  que  recuerda,  son  pró- 
ximamente «un  metro  de  altura  por  0,80  de  ancho.»  Insiste  y  se 


(1)  Cerca  de  la  villa  en  el  cerro,  llamado  del  Calvario,  existen  vestig-ios  de  antigua 
poMaeión:  en  los  lestos  de  una  ermita  que  hay  en  su  cima,  se  ve  una  losa  sepulcral, 
romana,  y  en  la  vertiente  orientaUleeste  cerro  fragmentos  de  antiquísima  muralla,  pe- 
dazos de  barro  snguntino,  monedas  y  otras  antigüedades.»  Madoz,  Diccionario  geogm- 
/fco-fstafli.itico-  /listóríco,  &Tt.  PUEBLA  DE  CASTRO. 

{2)    Paño,  La  Lectura  católica  .Revist'  madrileña)  1880:  vol.  ii,  pág.  362  y  303. 

(8)    Paño, /V//V^,  pAu.  :}(¡2.  í- y  .  ;i  ■-, 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  RARliASTRO.  219 

raliíica  en  la  lectura  que  dio  del  noml)re  geográfico,  puesta  en  tela 
de  juicio  por  Hübner  (3008)  y  por  Zobel  (1);  y  á  la  verdad  que 
razón  le  sobra. 

M   .    C  LODIO 

M«F«GAL    •    FLACCo 

n     VIRO     BIS-FLA 

M  I  N  I      T  R  I  B  V  N   O 

A\  I  L  1  T  V  M  •   L  E  C-  •   I  H  I 

FLAVl/E  •  VIRO  •  VRJES 

TANTISSIMO   •   ET   •   ClVl 

ÓPTIMO  •  OB  •  PLVRIMA 

ER&A  •  REM.  •  F  •  SVAAl 

MERITA   •   CIVES   •    LABI 

TOLOSANI  •  ET  •  ÍNCOLA 

A  Marco  Clodio  Flacco,  hijo  de  Marco,  de  la  tribu  Galería,  Duumviro, 
dos  veces  Flamen,  tribuno  de  los  soldados  de  la  legión  IV  Flavia,  varóa 
eminentísimo  y  ciudadano  óptimo ;  por  los  muchos  beneficios  que  hizo  á  su 
república,  le  dedican  este  monumento  los  ciudadanos  y  los  habitantes  de 
Labitolosa. 

La  piedra  no  se  ha  movido  del  sitia  donde  se  hallaba"  en 
la  segunda  mitad  del  siglo  xvi.  D.  Antonio  Agustín,  obispo  de 
Lérida  ^1 561-1576)  y  arzobispo  de  Tarragona  (1576-1586),  copia 
la  inscripción  (2),  que  atinadamente  enmendó  (3);  y  cita  el  ori- 


(1)  'Posible  es  que  ios  Sessarienses  sean  la  misma  jente  que  Plinio  (3,  4)  menciona 
"bajo  el  nombre,  quizás  corrompido,  de  Gessorienses,  pues  en  uno  de  los  códices  se  lee 
Sessorienses.  Considero  probable  que  estas  monedas  liayan  sido  batidas  en  Tolosa,  hoy 
Puebla  de  Castro,  donde  se  ba  bailado  una  lápida  de  los  cives  lalitolosani  et  iiicolae,  y 
en  que  Hübner  (Inscriptiones  Hisp.  Lat.,  pág-.  408,  núm.  :iU08)  sospecha  con  razón  de- 
berá l&^rse  flabitolosani  ó  Jfavitolosani,  y  corí&\ñ.tx&v  el  principio  del  nombre  como  un 
agregado  del  tiempo  de  los  emperadores  Eluvios.  Tolous  llama  esta  población  el  Itine- 
rario de  Antonino,  391. «  Eshtdio  ¡iistórico  de  la  monida  antigua  esiianola,  t.  ii,  pág.  6¿ 
y  63;  Madrid,  1880  —El  nombre  étnico  ¿iessaiYe}s  ¿alude  á  la  gente  del  rio  Éseraf 

(2)  Biblioteca  Nacional,  cód.  Q,  87;  fol.  28  recto.— La  mayor  parte  de  este  códice,  ti- 
tulado Inscripciones  y  Memorias  antiguas^  proviene  de  la  diligencia  infatigable  de  aquel 
ilustre  Prelado,  modelo  de  arqueólogos  españoles.  En  el  fol.  58  comienzan  á  correr  las 
Inscriptiones  civitatis  Ali/arum,  que  trascribió  (1557-1561)  siendo  obispo  de  esta  ciudad 
en  el  reino  de  Ñápeles. 

l3)    Con  las  palabras  que  estampa  Hübner. 


220  boletín-    de    la    real    academia    de    la    HIcTORIA. 

ginal  como  existente  ^'in  opido  popule  de  Castro  dioc.  Barhastr. 
in  herimüa  SJ'  Corneln.»  Lo  cual  demuestra  que  la  copia  se 
hizo  después  de  la  erección  (1573)  de  Birbastro  en  Sede  Catedral, 
acordada  por  Felipe  TI  con  San  Pío  V. 

Lahitolosa  era  la  plaza  fuerte  que  defendía  el  paso  donde  mez- 
clan sus  aguas  el  Ginca  y  el  Esera.  Yo  me  inclino  á  situarla  en 
el  Castro,  situado  dos  leguas  al  Sur  de  La  Puebla,  que  me  pro- 
pongo visitar  y  explorar  en  compañía  del  Sr.  Paño.  Dos  leguas 
más  al  Sur  está  Olhena  en  cuyo  nombre  se  traduce  algo  del  pri- 
mitivo. Así  la  verónica  Libia  (Herramélluri  en  la  Piioja)  de  Plinio 
y  del  Itinerario  en  boca  de  los  celto-hispanos  debía  pronunciarse 
'0Aí;3a,  como  lo  escribió  Ptolomeo.  En  la  Mancha  también  aparece 
Libisosona  óLibisosa  (Lezuza).  En  vascuence  lahi  significa  horno; 
y  entra  en  composición  de  varios  nombres  geográficos. 

Aunque  vagas,  los  escritores  árabes  han  conservado  memorias 
de  la  ciudad  Labitolosana.  Razis,  autor  del  siglo  ix,  no  parece 
haberla  echado  en  olvido,  pues  habla  del  castillo  fuerte  de  Albena, 
ñ  Olbena  (iJUi  ^..^ís^),  que  formaba  con  el  de  Muñones  ((j-^^ 
^J^J;^'  v^i^í)  cerca  de  Graus,  el  de  Boltaña  (íJ'Js^j)  y  el  de  Bu- 
baster  (j-^^  Bobastro,  Balbastro,  y-^',y,  Barbastro)  el  formida- 
ble parapeto  de  las  vías  del  alto  Ginca  y  sus  afluentes  (1). 

Aun  ahora  el  Gastro,  en  medio  de  su  desolación,  retiene  al- 
guna sombra  de  su  antigua  grandeza,  «El  templo  es  extenso  y 
magnífico,  de  arquitectura  bizantina.  El  retablo  se  hizo  el  año 
1303.  En  una  de  las  columnas  exteriores  hay  una  inscripción  la- 
tina, donde  se  lee  que  allí  descansa  Andrés  Diácono,  que  murió 
el  año  1002  (2).»  Dícose  que  el  castillo  fué  recobrado  de  los  moros 
por  las  armas  de  Garlomagno;  y  si  bien  el  documento  no  es  tan 
fehaciente,  como  sería  de  desear,  por  lo  menos  consta  que  lo  re- 
cobró el  conde  Bernardo ,  fundador  ó  restaurador  del  monasterio 
de  Obarra:  el  cual,  apoyado  por  Garlos  el  Galvo,  limpió  de  sarra- 
cenos la  Rivagorza  y  llevó  sus  conquistas  hasta  el  castillo  de  Ga- 


(1)  Memorias  de  la  Rfal  Academia  de  la  ílistoria,  t.  viii;  Mem.  del  Sr.  Gaj-angos,  pi- 
írina  13  y  41.  Compúre.se  Yacut,  v,  31;  Ajhar  Marlrmná,  págr.  131,  134,  249. 

(2)  EspaTia  Sagrada,  xlvhi,  128. 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  Dli  LA  DIÓCESIS  UE  BAKBASTRO.  i^l 

lasanz  (1).  El  Códice  Logic iieusc,  citado  por  Traggia  (2),  hace  á 
D.  Bernardo  conde  de  Tolosa,  esto  es,  de  Labilolosa. 

III.     Obarra,  término  de  Calvera. 

Desde  Graos,  la  vía  interior  entre  el  Esera  y  el  Isábena,  que 
sube  á  lecogcr  los  ramales  que  bajan  de  varios  puertos  del  Piri- 
neo, toca  primero  en  Fontoba  (Fonte  Toba)  á  mano  izquierda  de 
Perrarúa  (Petra  rúbea),  y  derecha  de  Roda  (IlotaJ  ciudad  epis- 
copal; y  pronto  nos  lleva,  casi  enfrente  de  Terraza  (TerrraciaJ  y 
de  Yacamorla  f.l/are  mortimm?),  á  Ballábrica  (Valle  aprica),  que 
el  Isábena  flsavana)  separa  del  que  fué  monasterio  celebérrimo 
de  Obarra.  Una  roca,  ó  peña  muy  ardua,  que  llaman  La  Cro- 
queta, defiende  allí  naturalmente  el  paso;  y  estuvo  coronada  por 
el  castro  imponente,  que  contenía  la  basílica  de  San  Pedro,  hoy 
desmantelado  y  totalmente  en  ruinas.  De  este  castillo  se  extrajo  y 
se  bajó  al  templo  de  Obarra  la  inscripción  marmórea  siguiente  (2): 

P  A  AVRELIVS  A  TEMPESTIVOS  a  AV 

RELIO     A    TANNEPAESERI    a 

PATRI   A   ET   A   ASTERDV     íAHi   a 

HER   aDaSaPaFaC 

P(uhlius)  Aurelius  Tempestivos  Aurelio  Tannepaeseri  patri  et  Asterdu 
matri  her(es)   cl(c)   s(ua)  p(ecunia)  f(aciendum)  c(uravit) 

Publio  Aurelio  Tempestivo,  hijo  heredero,  erigió  de  bu  propio  haber  este 
monumento  á  su  padre  Aurelio  Tannepéseris  y  á  su  madre  Asterdu. 


(1)  <.Bernardus  comes  Ripacurcie  habuit  conjuyem  nomine  Totam  fiham  Galmdonis 
comitis  Aragonensis,  ex  qua  genuit  tres  filios  Regimundum  et  Borrellum  et  Mironem. 
In  tempore  hujus  Ripacurtia  et  Pallars  serviebant  mauris;  et  fertur  esse  ex  progenie 
Karoli,cujusvirtute  prefatus  Comes  cum  francis  expulit  ex  supradictis  locis  (et  de 
Suprarbio  quam  terram  acceperat  cum  prefata  uxore  sua}  mauros  usque  Calasanc.» 
Esp.  Sagr.  xlvi,  325. 

(2)  Memorias  de  la  Real  Academia  de  la  Historia,  t.  v,  pág.  320. 

(3)  «En  lo  alto  de  una  colina,  al  poniente  de  dicha  Iglesia,  se  hallan  vestigios  del 
antiguo  Castro  Ripacurcense,  de  que  hablan  sus  escrituras;  y  en  la  Iglesia  sobredicha 
hallé  que  tenian  en  lugar  de  Ara  una  Lapida  con  una  inscripción  Romana,  la  qual  me 
dijeron  havia  estado  sobre  el  portal  del  Castillo.»  Abad  y  La  Sierra,  Mss.,  t.  xxxvi,  fo- 
lio último.-El  Sr.  Abad  y  La  Sierra  estuvo  á  visitar  la  iglesia  de  Obarra  en  1772. 


222  BOLETÍN'    DE    LA   REAL    ACADEML\    DE    LA    HISTORIA. 

El  Sr.  Abad  y  La  Sierra  vio  esta  inscripción  en  el  altar  de  San 
Pablo,  que  fué  destruido  con  el  desplome  del  campanario,  algu- 
nos años  há.  El  ilustrado  párroco,  D.  José  Bravo,  me  escribe  que 
ha  recogido  el  precioso  epígrafe  y  lo  ha  pasado  y  guarda  en  la 
sacristía.  Es  laja  de  blanco  y  ñno  mármol,  que  mide  46  centíme- 
tros de  alto  por  60  de  ancho. 

Su  estudio  interesa  en  primer  lugar  á  la  ciencia  de  los  lengua- 
jes ibéricos.  En  lápidas  edetanas  (1)  hemos  leido  Tannegiscerris, 
Tannegaldunis  y  Tannegadinia;  y  al  otro  lado  del  Pirineo,  no 
lejos  del  pucrlo  de  Benasque  (2),  Dannorigis  y  Dannadinnis.  In- 
termedio entre  ambas  regiones  se  coloca  Tannepaeseris.  Los  idio- 
mas que  produjeron  estos  vocablos,  eran  afines.  El  puro  galo 
domno,  donno,  duhno,  que  se  manifiesta  en  Bumnorix  ó  Dnhno- 
rex  (rey  del  orbe),  ostenta  en  España  la  vocal  a,  de  sonido  claro, 
que  permite  ver  ó  conjeturar  el  influjo  del  vascuence  sobre  el  cél- 
tico para  constituir  en  definitiva  el  celtibérico. 

Asterdu  es  un  dativo  femenino,  que  acaso  esté  por  Asterduni. 
El  sufijo  dun  pertenece  de  fijo  al  vascuence:  enakaldún  (vascon- 
gado), aiirredún  (mujer  en  cinta).  Corresponde  al  participio  latino 
habens,  como  es  sabido;  y  contiene  tres  elementos  de  estructura 
aglutinativa,  ó  amalgama  pospositi^'o:  n  (pronombre  relativo),  y 
dii  que  encierra  no  solamente  la  idea  del  latín  liahet,  sino  tam- 
bién la  determinación  á  régimen  directo  de  tercera  persona.  El 
primer  elemento  áster  pudo  proceder  de  aste  (tiempo,  estación, 
semana);  en  cuyo  caso  Asterdu  no  parece  que  debe  tener  otra 
mejor  traducción  que  Tempestiva. 

El  nombre  Áster,  aparece  como  propio  de  uno  de  los  jueces, 
que  entre  el  20  de  Junio  del  año  87G  y  del  de  877,  siendo  empera- 
dor Garlos  el  Calvo,  fallaron  en  favor  del  monasterio  de  Obarra  (3). 

«In  judicio  Galindoni,  qui  jussus  est  causas  audire,  dixcutere  ut  recte  ju- 
dicare,  seu  et  Judices  qui  in  ipso  judicio  risidevant,  id  est,  Galindo,  Apo, 
Saiizoli,  Ichila,  Egica,  B&uzo,  Áster,  Malaricus,  Gallenius  et  in  presencia 


(1 )  Hübner,  3791,  3796,  4040. 

(2)  I.ucliaire,  litvdes  sur  les  idiomes  Pyi-énées  de  la  región  franraise,  pág.  40,  Paris, 

■•1)    Trogfe'ia,  Msf.,  t.  xii,  foL  ICí»  vuelto-HO  recio. 


INSCRIfCIONES  ROMAXAb  DE  LA  DIÓCE.-IS  DE  HAlíBASTitO.  223 

Malefacto  Presbítero  et  iu  alioruru  multoruia  liorainura  presentía,  testificar  t 
testes  prelati  propter  rímídíum  auíine  illoriun,  qiios  profert  Ennecho  AbV  as 
ad  8U08  Monachos  consistentes  in  domo  S.  Potri  et  S.  Maríe,  Deo  servientes 
in  presentía  Galíndoni.  Nain  testes  lii  sunt:  Juniarani  et  Hymas  juramus 
nos  supra  dictí  testes  in  primis  per  deum  Patrem  oninipotenteru  et  per  Je- 
sum  christinn  filium  ejus,  sanctum  Dei  spirítum  ,  qui  est  ia  Trinitate  unns 
et  verus  Deus,  et  per  reliquias  sancti  Petri  apostoli,  cujus  basílica  fundata 
esse  dinoscitur  in  castro  Ripacorza,  quia  nos  sciinns  et  in  veritato  notnni 
bavomus  quod  isti  Monachi,  consistentes  in  loco  Ubarra  de  teinpue  de 
Domno  Atone  Comité  majori  (I),  vindicaverunl  de  ípso  ponte  de  Calvaría 
de  ista  parte  et  de  illa  parte  ubique  in  Ubarra,  sive  de  Molinos  sive  de  pis- 
catione.  Qui  attentare  presumpserit,  aurí  libras  duas  componere  non  more- 
tur;  símiliter  et  nos  facirnus,  sícut  antecesores  nostri  fecerunt,  ut  ista 
carta  inrumpere  non  permittatur. 

Facta  carta  in  meuse  Junio,  anno  [x]xxvi,  regnante  Carolo  Augusto. 
Signum  Jumarauí;  signum  Iinani  qui  hunc  sacramentum  feciinus.  Sancioni 
signum.  Galíndoni  signum.  Egicaní.  Banzo.  Signum  Gallenius.  Signum  ^s- 
ier.  Signum  Hiclula.  Signum  Malaricus.  Signum  Centullus,  presens  fuit. 
Signum  Galindo.  Signum  Godomarus,  presens  fuit.  Ananias  presbiter  roga- 
tus  scripsit.» 

Lo  más  singular  en  la  inscripción  es  que  Tempestivo,  el  hijo  de 
Tannepaeseris,  y  Asterdu  se  nombra  expresamente  su  heredero; 
circunstancia  que  solo  encuentro  expresada  en  la  Epigrafía 
(Hübn.  2925)  del  país  vascongado. 


D  A^ 

P  E  D  E  R  O  S 
SIT  •  tibí  •  T  •  L 
RECEPTVS'FIL 
H   •    M    •   F    •   C 

D{isJ  M(anihus)  Pederás.  Sit  Ubi  t(erra)  Ifevis,.  Receptus  fil(ius  Jiferes) 
mfonumentumj  /{aciendum)  c(uravit). 

Supuesto  que  los  nombres  de  las  personas  difuntas  no  son  ro- 
manos, sino  indígenas,  nada  impide  suponer  que  en  la  sucesión 
hereditaria  se  les  aplicase  el  fuero  ibérico  todavía  vigente  aun 


(1)    Atón,  hijo  del  famoso  Eudes  de  Aquitaaia,  bisabuelo  del  primer  conde  Bernardo 
y  del  otro  Atún  conde  de  Pallars. 


224  ROLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORLA. 

hoy  dia  en  algunas  partes  del  Pirineo  francés  (1)  y  del  Alto  Ara- 
gón (2);  fuero  de  eslricta  primogenitura  varonil,  ó  mujeril,  anti- 
quísimo, que  no  dejó  de  señalar  Estrabón  en  las  costumbres  cán- 
tabras (3).  Apoyan  mi  conjetúralas  lápidas  de  Cillas,  donde  todo 
el  peso  de  la  herencia  abolenga  parece  gravitar  sobre  Emilia  Plá- 
cida; y  finalmente  la  inscripción  de  Tarazona,  trasladada  al  Mu- 
seo provincial  de  Zaragoza,  que  descifré  en  otro  lugar  (4),  en  la 
que,  según  oportunamente  ha  observado  nuestro  sabio  Correspon- 
diente, D.  Joaquín  Costa,  la  hija  fruto  del  matrimonio  de  una 
mujer  celtíbera  con  un  romano  toma  el  nombre  de  aquella. 

D        •        M        •        s 

VAENICO  •  TYCHE^ 
M  A  R  I  V  S  •  M  Y  R  O  N 
ET-V-TYCHE'Fl-PIE^ 
ÍTEM  •  SIBI  •  ET  •  V 
TYCEN • VCSORI 
F     •     C 

Dfis)  J/fanibus)  la'acrum)'].  Vaenico  Tychen  Marius  Myroii  et  V(aenico) 
Tyche  f(liae)  pievftissimae).  ítem  sihi  et  V(uenico  Tijcen  ucsori  /(aciendum) 
c(uravií). 

Consagrado  á  los  dionea  Jlanes.  jNIario  Jilirón  y  Vómica  Tije  hicieron  la- 
brar ebte  monninento  á  pu  liija  piadosísima  Véiiica  Tije.  ítem  (Mirón)  lo 
mandó  hacer  para  sí  y  para  su  esposa  Vénica  Tije. 

Y  para  que  se  vea  mejor  el  arraigo  de  las  viejas  costumbres  en 
la  enmarca  del  alto  Ribagorza,  tomaré  un  documento  del  archivo 


(1)  Cordier  (Eugéne\  Le  droit  de  famille  aux  Pyrént'es;  ap.  !a  Revue  JiistoriQue  da 
Droit /raneáis  et  etranger,  t.  v;  Paris,  1?59. 

(2)  Costa  (D.  Joaquín),  Derecho  consuetudinario  del  Alto  Araron,  pág.  39-):í;  Madrid, 

\m). 

(3)  Ooy   70  Trapa  rói^   Kavrá;3.'3K   rcv:  olv^juí   ^¡tóvaí    Ta?s   y\jV¡íi^L   Trpííxa 
tÓ    TUi   SjyaT-íJj'.g    K\r]p))buiOjZ    dno}.íÍ7Ti7^oi¡ ,    toi';    ti    d^cX<^cvq    Crro   tovtujj 
¿K^tiojOai  yyjxi^i'}.  111,  4,  18. 

(4)  Restos  de  la  declinación  céltica  y  celtibérica  en  algunas  lápidas  españolas,  pá- 
gina i. 


INSCRIPCIOXKS  nOMAXAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  BARnASTRO.  225 

de  Obarra,  que  ha  venido  á  parar  al  Histórico  Nacional,  contiguo 
á  nuestra  Biblioteca.  Él  pergamino  está  fechado  en  1.°  de  Agosto 
del  año  947.  Al  dorso  lleva  por  signatura  Oharra,  21;  Cax.  10, 
lig.  1",  mim.  3;  y  esta  cláusula  sobrado  lacónica:  Ovarra  puede 
pacer  por  todo  ribagorca.  Tiene  estiva  en  senui. 

<(In  christi  nomine,  ego  Bernardus  (I),  gratia  dei  comee,  et  uxor  mea  tota 
,  cometissa. 

Notum  sit  ómnibus  hominibus  qualis  altercatio  fuit  Ínter  hoinines  de  be- 
nasco  (2)  et  de  valle  singici  (3)  per  ipsam  stivam  (4)  de  ballra,  ita  ut  se 
invicem  interficerent. 

Tune  venerunt  ad  me  proceres  mei ,  et  dixerunt  mihi;  Quare  tu  non  dis- 
cernis  eos  ne  interficiant  se  invicem? 

Et  ego,  pulsatus  eorum  precibus  veni  ad  ipsam  stivam,  et  sortivi  eam. 
Et  post  hec,  unicuique  heredi  dedi  sortem  eorum,  iuxta  auctoritatem,  quam 
antiquitus  habebant. 

Eo  queque  tempere  venit  ad  me  leuila,  abba  de  cenobio  uuarra,  et  dixit 
mihi:  Domine,  nos  in  hac  stiva  sortem  debemus  habere.  Et  omnes,  qui  ade- 
rant,  testimonium  dederunt  quia  ita  erat,  sicut  ille  preferebat.  Et  ego,  ut 
probavi  testimonium  eorum  quod  verum.  erat,  dono  et  confirmo  ad  snpra 
dictum  cenobium  ipsum  cuuile  (o),  que  nuncupatur  lena  (6),  et  est  termi- 
nata  et  circuindata  hoc  modo:  de  oriente  rivo  cúrrente,  et  de  occidente  si- 
militer,  et  per  caput  tenet  usque  ad  ipsas  ñeras  (7),  et  per  f  undus  ubi  ipsi 
rivi  utrinque  se  adiungunt.  Sic  dono  et  corroboro  ipsum  cuuile  ad  iam  su- 
pra  dictum  monasterium  ad  possidendum  et  ad  pascendum  et  ad  laboran- 
dum  usque  in  perpetuum,  bene  terminatum,  ut  non  sit  comes,  vel  vipecomes, 
nec  alia  ulla  persona  in  potestate  constitutus,  qui  ausus  sit  ibi  ullam  pertur- 
bationem  faceré  ad  prefatum  monastei-ium.  Si  quis  autem  hoc  fecerit,  iuxta 
sancionem  legum  xxx*  libras  argenti  sacratissimo  fisco  persolvat;  et  insuper 
hoc  factum  minime  consultura  et  intemeratum  permaneat. 

Et  insuper  aliam  fació  donacionem  ómnibus  cenobiis  meis,  videlicet  asa- 
niensi  cenobio,  et  sancto  petro  tabernensi,  et  sancto  insto  de  auri  gemma(8) 
et  sánete  marie  de  ouaira,  et  sánete  marie  de  alaone,  ut  in  toto  comitatu 
meo,  tam  in  alpihus  quam  in  vallibus,  sive  planiciis  tam  hyemis  quam  es- 


(1)  Bernardo  II. 

(2)  Benasque. 

(3)  Es  el  valle  de  Senuy  en  la  falda  exterior  del  de  Aran,  sobre  la  margen  derecha 
del  rio  Baliera. 

(4)  Pasto  veraniego.  Stiva  brotó  del  latín  aestiva. 

(5)  Cubil,  de  ganado. 

(6)  ¿Del  griego  Xmóg  (concavidad  del  prado),  ó  del  céltico  gleann,  glen  (madriguera)? 
(1)  Nerill,  limítrofe  de  Senuy. 

(8)  Crema,  ó  Urmella  en  el  valle  de  Benasque. 

TOMO  3T.  It» 


226  BOLETÍN'    DE    L.A.   REAL    ACADEMLA.    DE    LA    HISTORIA. 

tatis,  ubi  voluerint  et  potuerint,  eorum  pécora  absque  ullam  perturbatio- 
nem  pascantur.  Et  non  sit  homo,  nec  superior  nec  inferior  persona,  que  eis 
ulla  calunnia  premoveat.  Si  quis  hoc  fecerit,  damna  supra  scripte  legis 
obtineat;  et  insuper,  hoc  factum  meum  firmum  et  corroboratum  permaneat. 
Si  quis  sane,  quod  fieri  minime  credo,  de  heredibus  pro  heredibus  veniena 
contra  hoc  factum  meumadire  temptaverit,  in  primis  in  ira  dei  incurrati 
et  ad  liminibus  sánete  dei  ecclesie  estraneus  efficiatur,  et  cum  datan  et  abi- 
ron  portionem  accipiat,  et  in  indicio  sancti  spiritus  anatematis  vinculo  fe- 
riatur  usque  ad  satisfactionem. 

Facta  carta  donationis  vel  distributionis  die  kalendas  augusti  luna  (1)  x'; 
Era  DCC[cc].LSXX^  v\ 

Signura  -|-  Ego  Bernardus  comes,  qui  hanc  cartam  rogavi  scribere  et 
testes  firmare  ut  sua  signa  facerent. 

Signum  +  Oriolus  de  valle  singici  et  filius  eius  Borrellus.  Signum  -j- 
micharro  de  benasco.  Signum  -j-  apo  de  Calvaría.  Signum  +  durando.  Se- 
gimundus  presbiter  scripsit  hoc ,  die  et  anuo  que  supra, 

Al  primer  traslado  en  vitela,  cuyo  texto,  deslucido  por  la  hue- 
lla del  tiempo  he  seguido,  acompaña  cosido  otro,  mucho  menos 
fiel,  que  rebaja  también  dos  siglos  á  la  era,  y  lee  «dcc'  lxxx*  v*.« 

No  he  de  cerrar  este  informe  sin  ofrecer  á  vuestra  considera- 
ción las  sabias  reflexiones  que  sobre  el  interés  geográfico  de  la 
inscripción  de  Obarra  me  comunica  nuestro  compañero  egregio, 
el  Sr.  Goello,  tan  competente  en  la  materia  y  de  tan  alta  autori- 
dad como  todo  el  mundo  científico  lo  pregona. 

«Creo,  me  dice  en  atenta  carta  (2),  que  por  el  valle  del  Isábena 
iba  una  antigua  comunicación,  muy  importante,  probablemente 
vía  romana  en  su  tiempo.  Lo  demuestran  así  los"  nombres  de 
Roda  y  Puebla  de  Roda;  y  sobre  todo  la  circunstancia  de  haber 
existido  Sede  episcopal  en  el  primer  punto.  Hay  pasos  fáciles 
desde  las  cercanías  del  priorato  de  Obarra  sobre  el  río  Isábena  al 


(1)  El  cielo  (lecemnovenal,  6  áureo  número  fué  17,  y  la  luna  10.  El  primer  traslado 
pone  «luna  xvii^»;  y  el  segundo  «séptima  x*.»  Lo  cualarg'uye  una  primera  tentativade 
rehajar  de  un  siglo  el  año  947,  supuesto  que  eu  S47  la  luna  fué  17;  precursora  de  la  se- 
gunda que  le  cercenó  dos  centurias,  y  ha  sido  torpemente  reproducida  por  ambas  co- 
pias. Las  memorias  del  abad  Levila,  que  he  visto  en  el  archivo  de  Obarra,  comienzan 
por  Abril  del  año  941,  quinto  del  Rey  Luis  el  Ultramarino,  y  se  terminan  en  1.°  do  Di- 
ciembre «ie  9r)7,  en  cuyo  día  fué  consagrada  por  el  obispo  Odisendo.  hijo  de  Bernar- 
do II,  la  catedral  de  Roda:  -<Era  DCCCCiXC]*  V,  áteme  dece-mbrio,  hma  V,  anno  lll 
fgnantr  Uvctario  regí". 

(2)  Del  10  del  mes  actual. 


INSCRIPCIONES  ROMANAS  DE  LA  DIÓCESIS  DE  BARBASTRO.  227 

Noguera  Ribagorzaiia,  ya  pasando  por  Bouansa  al  puente  de 
Suert  en  el  úllimo  río,  ya  más  al  Sur  hacia  Aulet,  donde  se  halla 
el  antiguo  monasterio  de  Sopeira;  y  ya  sabe  V.  que  yo  considero 
la  existencia  de  estos  monasterios,  como  indicio  casi  seguro  de  la 
antigüedad  de  antiguas  comunicaciones.  Aun  hoy  día  es  muy 
frecuentada,  como  lo  ha  sido  siempre,  la  que  por  dicho  pueblo, 
Pont  de  Suert,  va  al  valle  de  Aran  por  el  puerto  de  Viella;  y  debo 
■añadir  que  los  pasos  do  Bonansa,  ó  al  Sur,  han  sido  designados 
por  mí  mismo  y  por  otro  como  ventajosos  para  el  trazado  de  un 
ferrocarril  hacia  el  mismo  valle  de  Aran.  Lo  cual  confirma  nue- 
vamente la  posibilidad  de  antiguas  vías,  pues  en  estas  se  eligie- 
ron admirablemte  los  puntos  más  ventajosos;  lo  que  las  hace 
coincidir  con  los  buscados  por  los  ferrocarriles. 

» Desde  Roda  el  camino  continúa  hacia  el  Sur  descendiendo  por 
la  orilla  del  río  Isábena  hasta  llegar  á  Graus;  punto  cuyo  nombre 
■88  también  indicio  de  paso  de  comunicación  y  que  se  encuentra 
en  la  confluencia  con  el  Esera.  Siguiendo  por  este  río  se  llega  al 
Ginca;  y  aquí  se  empalma  con  las  comunicaciones,  que  también 
debieron  ser  muy  antiguas  hacia  Boltaña  y  orígenes  del  mismo 
Ginca  y  del  Ara;  así  como  subiendo  el  Esera  se  llega  á  Benasque, 
y  á  otro  paso  notable  al  valle  de  Aran.  También  por  el  Sur  enla- 
•zan  comunicaciones  fáciles  hacia  Barbastro  y  Monzón.» 

Fidel  Fita. 

Madrid  29  de  Febrero  de  1884. 


228  BOLETÍN    DE    LA    REAL   ACADEMLA   DE    LA    HISTORIA. 

II. 

COMPENDIO  DE  LA  HISTORIA  DE  MÉXICO. 


Con  muy  atenta  dedicatoria  á  esta  Academia  ha  traído  el  cor- 
reo marítimo  un  libro  nuevo  en  buena  impresión  de  346  pági- 
nas en  4.°  (I),  obra  del  licenciado  D.  Luis  Pérez  Verdía,  profe- 
sor de  Historia  y  Cronología  en  el  Liceo  de  Varones  del  Estado 
de  Jalisco,  escrita  para  uso  de  los  colegios  de  instrucción  supe- 
rior de  la  República,  con  título  de  Compendio  de  la  historia  de 
México  desde  sus  primeros  tiempos  hasta  la  caida  del  segundo 
imperio. 

No  desconoce  el  autor  las  dificultades  que  ofrece  un  resumen 
bien  entendido  de  los  sucesos  que  otros  han  narrado  antes  con 
extensión  y  con  criterio  más  ó  menos  apasionado,  ni  pretende 
vcncerlíis  en  absoluto,  aspirando  tan  solo  á  la  iniciación  déla  ju- 
ventud en  tan  importante  estudio,  escudado  con  la  sentencia  de 
nuestro  colega  Menéndez  y  Pelayo,  «que  si  en  las  obras  de  ín- 
dole estética  no  se  toleran  medianías,  en  las  destinadas  á  un  fin 
útil  caben  los  esfuerzos  de  todo  hombre  investigador  y  laborioso.» 

Dividiendo  la  obra  en  cuatro  partes,  traza  en  la  primera  el 
cuadro  de  la  civilización  de  Anáhuac,  discutiendo  brevemente  las 
opiniones  emitidas  respecto  al  origen  de  los  indios  americanos, 
con  bosquejo  de  la  emigración  de  los  pueblos,  que  uno  tras  otro, 
empujándose,  descendían  de  Norte  á  Sur  dejando  en  edificacio- 
nes colosales  huella  de  su  paso  oscurecido,  hasta  que  sobrepo- 
niéndose los  aztecas  dieron  al  imperio  mejicano  grandeza,  es- 
plendor y  poderío  superiores  á  todas  las  otras  naciones  del  Nuevo 
Continente.  Reduce  á  nuestra  era  las  épocas  controvertidas  délos 
acontecimientos  principales;  desenreda  las  dinastías  y  los  mitos 
del  laberinto  de  los  códices  pintados,  cuya  interpretación  resiste 
así  al  persistente  trabajo  de  los  misioneros  que  como  el  P.  Saha- 

(1)    a uadalajara (México)  1883. 


COMPENDIO   DE    LA    HISTORIA    DE    MÉXICO.  229 

gun  lo  acomelieron,  como  íi  la  tradición  dificultosamente  trascrita 
por  indígenas,  cual  D.  Hernando  Alvarado  Tezozomoc  y  restaura 
los  nombres  de  pesonas  y  lugares  maltratados  en  las  crónicas  es- 
pañolas por  el  embarazo  que  á  nuestra  lengua  presentan  las  pa- 
labras Chalchinhtlanetzin ,  Ixtlicitechaliuac,  l'ellahueliuezquüit- 
zin,  Cuetlaxochitl,  con  tantas  otras  semejantes  que,  sin  conato  de 
estornudo,  apenas  puede  pronunciar. 

En  la  segunda  parte,  que  abraza  el  período  de  la  conquista, 
esboza  las  figuras  de  Colón,  Velazquez,  Hernán  Cortés,  al  frente 
de  Isls  de  Motecuhzoma  (nuestro  Motezuma),  Guahtemoc,  Xico- 
tencatl,  admirando  la  valentía  de  los  mejicanos  heroicamente  re- 
presentada en  el  último  emperador,  en  contraste  de  la  pusilani- 
midad del  que  hallaron  los  descubridores  en  el  trono.  Recono- 
ciendo las  grandes  condiciones  del  caudillo  extremeño  lo  hace 
excepción  el  Sr.  Pérez  Yerdía  en  la  tolerancia  que  preside  por  lo 
general  al  criterio  de  su  libro,  anotando  con  harta  severidad  los 
defectos  que  descubre  en  el  capitán ,  y  haciéndole  inculpaciones 
rechazadas  de  antes  por  los  que  han  profundizado  la  investigación 
de  su  vida  y  hechos;  tales  son  el  asesinato  de  Motezuma,  no  ha- 
biendo muerto  en  su  opinión,  como  se  dice,  de  la  pedrada  que 
recibió  en  la  cabeza,  y  el  parricidio  cometido  en  doña  Catalina 
Xuarez  Marcayda. 

¿No  entrará  por  algo  en  el  juicio  la  idea  preconcebida  de  ha- 
ber sido  una  grande  iniquidad ,  conforme  á  los  principios  absolu- 
tos, la  conquista  de  Méjico?  ¿No  lo  informarán  en  parte  las  pre- 
venciones aprendidas  de  Ramírez,  Bustamante,  Rivera  y  aun  de 
Prescol?  Parece  que  sí;  en  el  momento  de  considerar  la  ruina  de 
un  pueblo  valeroso  y  amante  de  la  independencia,  olvidando  la 
falta  de  respeto  que  por  la  de  los  vecinos  tuvo  y  el  objeto  de  su 
ocupación  normalizada  en  la  guerra  por  el  único  fin  de  conseguir 
prisioneros,  que  con  el  corazón  palpitante  renovaran  la  costra 
sangrienta  del  horrible  ídolo  Huitzilopochtli,  y  con  los  miembros 
proporcionaran  el  manjar  apetecido  de  los  nobles  guerreros ,  la 
simpatía  natural,  el  sentimiento  generoso  del  autor  ofuscan  mo- 
mentáneamente su  clara  razón.  Repuesta  en  breve  le  dicta: 

«La  humanidad  destinada  á  marchar  progresivamente  á  su 
destino ,  no  ha  alcanzado  de  un  golpe  todas  las  verdades  que  de- 


230  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTORIA. 

ben  dirigirla,  sino  que  extraviada  frecuentemente  por  diversas 
causas,  ha  caminado  poco  á  poco,  abandonando  diariamente  lo- 
que hasta  allí  había  tenido  por  bueno. 

«Deaquí  resulta-que  los  hechos  históricos  se  juzguen,  no  solo 
con  arreglo  á  las  verdades  eternas,  sino  también  conforme  á  las 
circunstancias  y  al  espíritu  de  su  época;  de  manera  que  no  póde- 
meos excusarnos  de  tomar  en  cuenta  las  ideas  dominantes  en  el 
siglo  XVI  para  formarnos  un  juicio  exacto  de  la  conquista  de 
nuestra  patria. 

»Así  como  en  la  antigua  Grecia  eran  tenidos  por  bárbaros  todos 
los  pueblos  que  no  pertenecían  á  ella  ni  estaban  por  lo  mismo 
representados  en  el  Congreso  de  los  Anficiones,  de  igual  modo 
en  la  Edad  Media  eran  considerados  todos  aquellos  que  no  pro- 
fesaban la  religión  católica. 

»De  este  error  provino  la  creencia  de  los  monarcas  católicos  de 
que  estaban  autorizados  para  despojar  á  las  naciones  americanas^ 
y  de  este  error  también  nació  el  duro  tratamiento  que  los  con-^ 
quistadores  dieron  á  los  naturales,  pues  suponían  que  todo  les 
era  lícito  tratándose  de  infieles,  y  por  eso  se  ve  con  cuanta  fre- 
cuencia los  engañaban,  los  robaban  y  les  hacían  todo  género  de 
iniquidades...  (1). 

»La  civilización  aztecatl  estaba  destinada  á  perecer  para  ser  sus- 
tituida por  otra  superior,  y  la  Providencia  preparaba  el  camina 
de  su  ruina  (2).» 

Tal  es  realmente  la  opinión  de  la  edad  presente:  los  Congresos 
de  Americanistas  van  descubriendo  con  asombro  que  aquellos 
españoles  subditos  del  Emperador  ó  de  su  hijo  Felipe,  que  en  re- 
laciones amañadas  aparecen  sedientos  de  sangre  y  oro,  sin  buscar 
otra  cosa  por  el  Nuevo  Mundo,  ya  por  entonces  plantearon  y  aun 
resolvieron  problemas  que  el  avance  de  los  conocimientos  huma- 
nos propone  ahora  por  novedad.  Si  algún  escritor  apegado  á  la 
rutina  se  desentiende  de  las  condiciones  de  la  época,  en  que,  cu- 
rando la  medicina  las  dolencias  del  cuerpo  con  los  tormentos  del 
hierro  y  el  fuego,  no  era  fenomenal  que  el  fuego  y  el  hierro  se 


(1}    Pág.  140. 
l2)    Pég.  122, 


COMPENDIO    DE    LA    HISTORIA    DE    MÉXICO.  231 

aplicasen  también  al  remedio  de  los  males  sociales,  ni  que  se  ad- 
mitiera como  recurso  de  prol)anza  judicial  el  tormento,  así  cu 
España  como  en  la  Europa  toda,  que  detrás  de  ella  caminaba 
por  entonces,  la  repetición  de  declamaciones  huecas,  pasadas  de 
modh,  servirán  tan  solo  para  descubrir  su  ignorancia  eii  la  his- 
toria general  y  en  la  especial  americana. 

El  Sr.  Peréz  Verdía  emplea  la  tercera  parte  del  Compendio  en 
reseñar  los  sucesos  del  gobierno  de  los  Tenientes  de  Cortés,  de  las 
dos  Audiencias  primeras  y  de  los  Vireyes  en  serie  completa  de  los 
sesenta  y  cuatro  que  abarca  el  período  de  1524  á  1821.  Conden- 
sando las  ocurrencias  sin  omitir  ninguna  de  las  principales;  apre- 
ciando con  justicia  lo  mismo  el  odioso  proceder  de  Ñuño  de 
Guzman  y  sus  ad-lateres  que  la  integérrima  conducta  de  Lemos; 
la  avaricia  de  algunos  altos  funcionarios,  que  el  desprendimiento 
de  otros;  el  admirable  ejemplo  de  los  primeros  apóstoles  de  la  fe, 
la  síntesis  de  este  trabajo  interesante  se  encierra  en  las  frases 
que  copio: 

«En  la  serie  de  los  Vireyes  que  gobernaron  en  México  se  des- 
cubre el  deseo  de  los  reyes  de  España  de  que  fueran  personas  de 
importancia  que  atendieran  al  bien  del  país,  y  si  hubo  muchos 
que  faltaron  á  esa  confianza  y  extorsionaron  al  pueblo  procurando 
su  propio  interés,  esto  era  indispensable,  atendida  la  condición 
humana;  pero  otros  en  cambio  se  manifestaron  probos  y  entendi- 
dos gobernantes;  así  es  que,  gobierno  que  contó  entre  sus  agentes 
á  los  Mendoza,  Velasco,  Rivera,  Acuña,  Bucareli  y  Güemes  Pa- 
checo, es  acreedor  á  la  gratitud. 

.  »No  significa  esto  que  no  tuviera  el  país  mucho  por  qué  que- 
jarse; la  avidez  de  los  españoles,  la  crueldad  y  dureza  con  que 
trataban  á  los  naturales  esclavizándolos  é  imponiéndoles  durísi- 
mos trabajos  fueron  males  gravísimos  que  aún  acarrearon  la  des- 
trucción de  la  población  indígena,  y  aunque  los  reyes  de  España 
constantemente  dictaron  justas  disposiciones  en  su  favor,  por  no 
haber  tenido  energía  para  hacerlas  cumplir  se  hicieron  responsa- 
bles; pero  hay  que  tener  en  cuenta  que  el  despotismo  y  las  más 
absurdas  ideas  acerca  de  la  majestad  real  eran  entonces  las  do- 
minantes en  España,  como  efectos  de  la  época.  Por  otra  parte, 
atendida  la  deplorable  situación  que  cupo  en  suerte  á  México  de 


232  BOLETÍN    DE   LA   IlEAL   AGADEML\    DE    LA    HISTORIA. 

ser  colonia  de  un  país  extranjero,  no  tuvo  que  sufrir  lo  que  otras 
colonias  en  las  que  sus  metrópolis,  S(51o  han  procurado  explotarlas 
en  cuanto  fuere  posible. 

»Algunas  veces,  en  medio  de  la  exaltación  de  los  partidos,  ha 
llegado  á  suponerse  nociva  para  la  nación  Mexicana  el  haber  sido 
descubierta  y  conquistada  por  España  ;  pero  prescindiendo  de  lo 
inútil  de  tal  cuestión,  España  dio  á  México  lo  que  ella  tenía,  aun 
bajo  el  aspecto  de  la  vanidad;  pues  aquella  nación  era  la  más  po- 
derosa del  siglo  XVI.  Las  afinidades  y  simpatía  de  raza  hicieron 
que  se  verificara  en  parte  entre  la  española  y  la  mexicana  una 
verdadera  fusión,  de  lo  que  resultó  que  no  se  destruyera  la  última, 
como  ha  sucedido  en  otras  colonias  (1).» 

Por  fin  acomete  el  autor  en  la  cuarta  y  última  parte  la  narra- 
ción del  movimiento  revolucionario  de  emancipación,  y  conse- 
guida esta  el  relato  de  tantos  esfuerzos  hechos  desde  1821  á  1867 
con  el  fin  de  consolidar  la  existencia  independieute  de  la  Repú- 
blica en  el  concierto  de  las  naciones;  pasando  ligera  y  penosa- 
mente por  las  escenas  de  sangre  fratricidamente  derramada,  es- 
collo peligroso  que  salva  sin  dar  satisfacción  á  las  pasiones ,  ni 
incienso  ni  baldón  á  las  personas,  guiado  por  el  juicio  recto,  el 
ánimo  sereno,  la  intención  sana  y  el  deseo  de  la  paz  y  la  ventura 
que  Dios  conceda  á  su  país. 

En  cuestiones  de  apreciación  no  son  las  que  antes  he  citado 
úaicas,  en"  que  mi  criterio  difiere  del  de  el  autor;  pero  en  conjunto 
pienso  que  llena  cumplidamente  las  condiciones  del  objeto  que  se 
propuso  y  que  el  libro,  como  obra  manual ,  ha  de  ser  de  utilidad 
en  círculo  más  ancho  que  el  de  los  colegiales,  complaciéndome 
manifestarlo  á  la  Academia. 

Cesáreo  Fernández  Duro. 

Madrid,  6  Marzo  1884. 
(1)    Pág.  22i5. 


CARTAS    DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HiJAS.  233 


III. 


r ARTAS  DE  FELIPE  II  Á  LAS  IXFAXrAS  SUS  HIJAS. 
PUBLICADAS  POR  MR.  GACHARD  Jj. 


El  Sr.  Gacliard,  que  tantos  servicios  iia  prestado  á  nuestra  his- 
toria patria,  y  que  es  uno  de  los  pocos  extranjeros  que  han  trata- 
do de  nuestras  cosas  con  verdadero  conocimiento  y  con  imparcia- 
lidad, como  especialmente  lo  demuestra  su  libro  titulado  D.  Car- 
los y  Felipe  II,  que  ha  destruido  la  fábula  del  Abad  de  Monreal, 
popularizada  por  Alfieri  y  por  Schiller — acaba  de  hacer  otro  nue- 
vo y  no  menor  servicio  á  la  historia  de  nuestro  gran  siglo  con  la 
publicación  de  las  cartas  dirigidas  por  Felipe  II  á  sus  hijas  du- 
rante la  expedición  á  Portugal  de  1581  á  1583. 

No  creemos  exagerado  asegurar  que  estos  documentos  presen- 
tan bajo  un  aspecto  nuevo  al  fundador  del  Escorial,  aunque  ya 
hablando  de  él  nuestro  director  el  Sr.  Cánovas  del  Castillo,  había 
dicho  que  el  personaje  frió,  taciturno  y  cruel  que  nos  pintaban 
la  mayor  parte  de  los  historiadores,  y  del  cual  se  decía  en  su 
tiempo  «de  la  risa  al  cuchillo  del  Rey  no  hay  dos  dedos»,  era  sin 
embargo,  afectuoso  y  familiar  con  los  suyos:  pruebas  existían  de 
estas  cualidades  en  su  proceder  con  su  hija  predilecta  Doña  Isa- 
bel Clara  Eugenia  á  quien  juntamente  con  su  hermana  menor, 
Catalina  van  dirigidas  las  cartas  ahora  publicadas. 

El  Sr.  Gachard  en  un  extenso  y  erudito  prólogo  da  cuenta  de 
las  circunstancias  en  que  estas  cartas  fueron  escritas  y  de  los 
principales  sucesos  de  la  vida  de  las  ilustres  princesas  á  quienes 
se  dirigieron. 

Ambas  infantas  fueron  notables  más  que  por  su  jerarquía  por 
las  virtudes  y  calidades  que  las  adornaron.  Doña  Isabel  Clara 
Eugenia,  estaba  además  dotada  de  una  hermosura  que  celebraron 

(IJ    Paris,  Librairie  Plon;  18S3. 


234  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA   DE   LA    HISTOP.LA. 

las  ijlumas  de  su  tiempo  y  de  que  el  pincel  de  Goello  y  de  Liaño 
nos  ha  conservado  el  fiel  trasunto;  su  padre  la  amó  tiernamente  y 
tuvo  en  su  capacidad  gran  confianza,  dándole  desde  muy  joven 
participación  en  los  negocios  de  Estado  y  confiando  á  su  pruden- 
cia, tanto  como  á  la  de  su  marido  el  archiduque  Alberto,  losgraves 
y  difíciles  de  los  Países  Bajos. 

Menos  noticias  se  tenían  de  las  condiciones  de  Doña  Catalina: 
sabíase  que  no  gozó  del  privilegio  de  la  belleza,  que  como  luego 
veremos,  debieron  destruir  las  viruelas,  pero  aunque  murió 
joven  tuvo  tiempo  para  dar  cumplida  muestra  de  su  virtud  y  de 
su  entendimiento;  lo  que  acerca  de  ambas  cualidades  dice  en  elo- 
gio de  esta  princesa  el  Sr.  Gachard  estáconfirmadopor  lo  que  dijo 
de  ella  el  doctor  Aguilar  de  Terrones  en  el  sermón  de  sus  honras 
predicado  á  Felipe  II  en  su  capilla  el  sábado  20  de  Diciembre  de 
1597  (1).  Al  final  de  esta  curiosa  oración  exclamaba  el  Dr.  Aguilar: 
«No  tengo  para  que  deciros  (pues  lo  sabéis  mejor  que  yo)  las 
«virtudes  heroicas  de  nuestra  serenísima  difunta,  la  igualdad  de 
»  vida  y  suavidad  de  condición  en  la  paz,  el  valor,  ánimo  y  aun 
» consejo  prudentísimo  en  la  guerra  y  en  materias  de  estado,  y  si 
»  acá  no  lo  sabéis,  sabíalo  muy  bien  su  marido,  que  él  comuni- 
»caua  con  su  Alteza  todas  las  materias  de  sus  estados  en  paz  y 
«en  guerra,  y  sacaua  tan  acertadas  respuestas  como  las  pudiera 
^)dar  un  Cornelio  Tácito  en  materias  de  estado. y  un  Catón  en 
«materias  de  prudencia.  Y  ya  que  por  la  angostura  del  tiempo 
»os  dexemos  de  decir  otras  virtudes,  predicando  sics  honras  en 
y>  Sábado  no  es  justo  callaros  que  todos  los  sábados  daua  audien- 
»  cia  pública  á  los  pobres  y  los  despachaua  y  remediaua,  que  col- 
»mado  lo  aura  hallado  alia»  (2). 

Sería  tarea  larga  y  además  inútil  recordar  los  antecedentes  del 
fausto  suceso  de  la  unión  de  Portugal  á  las  demás  coronas  que 
constituyeron,  aunque  por  desgracia  no  de  un  modo  definitivo, 
la  monarquía  peninsular,  que  ejerció,  si  bien  por  breve  espacio  de 


(1)  Cabrera  dice  con  error  evidente  que  fué  el  vierneg  19,  pero  el  texto  del  sermón 
dice  que  se  predicó  en  sábado. 

(2)  Este  sermón  forma  parte  de  un  volumen  de  mi  propiedad  en  que  hay  otros  va- 
rios de  la  t-pocn,  algunos  predicados  en  las  honras  de  Felipe  II,  y  otros  sobre  diversos 
asuntos. 


CARTAS   DE    FELIPE    II    Á   LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  235 

tiempo,  la  hegemonía  de  Europa  ó  como  se  decía  entonces  la  direc- 
ción y  gobierno  de  la  cristiandad,  aunque  no  podamos  ni  deba- 
mos prescindir,  en  nuestra  presente  y  al  parecer  irremediable  de- 
cadencia, del  recuerdo  consolador  de  nuestras  antiguas  glorias. 
Basta  á  nuestro  propósito  consignar  el  incontestable  derecho  de 
Felipe  II,  á  ocupar  el  trono  de  Portugal,  después  de  la  muerte  de 
D.  Sebastián  en  Alcazarquibir  y  de  la  del  cardenal  Enrique,  vic- 
toriosamente demostrado  por  el  famoso  Rodrigo  Vázquez  de  Arce, 
«cá  quien  Themisdió  su  silla»  como  de  él  dice  Rodrigo  Caro,  y  por 
el  doctor  Luís  de  Molina  ante  el  Rey  Cardenal  y  su  corte. 

Con  mucha  anticipación  preparó  el  Rey  los  medios  necesarios 
para  hacer  efectivo  su  derecho,  pues  á  7  de  Setiembre  de  1579,  es- 
cribía ya  desde  San  Lorenzo  al  Licenciado  Antolinez,  Regente  de 
la  Audiencia  de  Galicia,  y  ya  se  reñere  en  esta  á  otras  ante- 
riores sobre  previsiones  y  aprestos  para  el  ejército  y  la  armada  (1} 
que  habían  de  entrar  en  Portugal,  y  en  13  de  Abril  del  año  si- 
guiente, para  seguridad  de  su  conciencia,  daban  á  Felipe  II  pare- 
cer sobre  la  justicia  de  la  guerra,  Fray  Diego  de  Chaves,  Arias 
Montano  y  Cáscales  (2). 

Mayor  interés  ofrecería  la  noticia  de  las  vidas  de  Doña  Isabel 
y  Doña  Catalina,  cuyos  retratos  debidos  al  pincel  de  Pautoja  de 
la  Cruz,  unidos  por  una  guirnalda  de  flores,  pueden  contemplarse 
en  nuestro  Museo  y  preparar  el  ánimo  para  la  lectura  de  estas 
cartas  escritas  á  ambas  princesas  en  la  edad  que  sus  retratos  in- 
dican, probando  ambas  cosas  la  unión  estrecha  y  vida  común 
que  llevaban  por  entonces;  pero  los  sucesos  que  á  una  y  otra  se 
refieren  son  muy  conocidos,  especialmente  aquellos  que  forma- 
ron un  paréntesis,  por  desgracia  harto  breve,  de  paz  y  de  ven- 
tura en  los  Estados  de  Flandes,  bajo  el  gobierno  dulce  y  pru- 
dente de  Doña  Isabel  Clara  Eugenia  y  de  su  esposo  el  Archi- 
duque Alberto,  los  cuales  no  quiso  nuestra  desgracia  que  fueran 
tronco  de  una  dinastía,  que  constituyendo  en  aquellos  países  una 
nación  independiente  y  amiga  de  España,  hubieran  resuelto  en 
paz  lo  que  después  de  tantas  luchas,  aunque  gloriosas,  para  nos- 


(1)  Colección  de  documentos  inéditos,  tomo  i,  página  381. 

(2)  ídem,  tomo  xxxiv,  página  ¿¡72. 


236  BOLETÍN   DE   LA   REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

Otros  funestas,  vino  al  cabo  á  realizarse,  si  bien  no  tan  cumpli- 
damente como  entonces  se  hubiera  logrado. 

Quizá  no  ha  existido  en  el  mundo  ningún  príncipe  ni  persona 
esclarecida,  de  quien  se  hayan  hecho  tantos  retratos  físicos  y  mo- 
rales como  de  Felipe  II:  el  mismo  Sr.  Gachard  publicó  en  1856, 
unos  extractos  de  las  relaciones  presentadas  al  Senado  de  Vene- 
cia  por  sus  embajadores  en  las  cuales  se  contienen  seis  descrip- 
ciones más  ó  menos  minuciosas  de  la  persona  y  condiciones  del 
Rey  empezando  por  la  de  Federico  Badoaro,  una  de  las  más  ex- 
tensas, que  copia  del  modelo  en  la  flor  de  su  vida,  es  decir  á  los 
31  años,  scgiin  manifiesta  el  discreto  diplomático,  que  le  juzga 
con  imparcialidad  y  en  nuestra  opinión  con  acierto,  confirmando 
sus  apreciaciones  los  datos  que  cada  día  se  descubren  y  de  un 
modo  muy  notable  las  cartas  escritas  durante  la  campaña  de  Por- 
tugal, pues  Badoaro  dice  de  él  entre  otras  cosas  lo  siguiente: 

a  Así  como  la  naturaleza  ha  hecho  á  S.  M.  débil  de  cuerpo,  así 
también  lo  ha  hecho  de  ánimo  algo  tímido,  de  lo  cual  se  vieron 
señales,  cuando  se  movió  la  guerra  con  el  Pontífice  y  el  Rey  de 
Francia;  no  es  templado  en  la  calidad  de  los  alimentos  especial- 
mente eu  los  pasteles  y  es  incontinente  en  los  placeres  sexuales, 
divirtiéndose  en  andar  de  máscara  por  las  noches  aun  eu  medio 
de  graves  negocios,  y  le  placen  mucho  diversos  juegos. 

«Muestra  de  ordinario  ser  más  propenso  á  la  mansedumbre  que 
á  la  ira,  y  así  á  los  embajadores,  como  á  cualesquiera  que  con  él 
negocien,  da  señales  de  ánimo  humanísimo,  sufriendo  paciente-, 
mente  las  calidades  de  las  personas  y  las  extrañas  peticiones  que 
se  le  hacen,  satisfaciendo  á  todos  con  las  palabras  y  con  los  actos. 
A  las  veces  usa  expresiones  ingeniosas  y  agudas  y  oye  con 
gusto  gracias  y  donaires;  pero  si  al  comer  le  rodean  los  bufones, 
reprime  su  contento,  mientras  que  en  su  cámara  deja  que  se  ex- 
playe la  risa.» 


«Ama  S.  M.  los  estudios  y  lee  las  historias,  entiende  bastante 
de  geografía,  y  algo  la  estatuaria  y  la  pintura  y  se  deleita  ejerci- 
tándola algunas  veces.  Habla  poco  y  de  ordinario  en  su  lengua; 
la  latina,  como  principo,  la  había  muy  bien,  enliendc  la  italiana 


CARTAS    DE    FELIPE    H    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  237 

y  un  poco  la  francesa.  En  suma  es  un  príncipe  que  tiene  mu- 
chas parles  loables.» 

Miguel  Suriano  que  sucedió  en  el  cargo  de  embajador  de  Ve- 
necia  á  Badoaro  y  que  también  en  su  relación  al  Senado  se  ocupa 
largamente  de  la  persona  y  calidades  de  Felipe  lí,  difiere  mucho 
de  su  predecesor,  siendo  á  nuestro  entender  lo  más  curioso  de  su 
relato  la  comparación  que  hace  entre  el  Emperador  y  su  hijo,  en 
los  siguientes  términos: 

«Aunque  sea  semejante  á  su  padre  en  el  rostro,  en  el  habla,  en 
»la  observancia  de  la  religión,  en  la  bondad  y  en  guardar  la  fe, 
»es  muy  diferente  en  las  demás  partes  que  constituyen  la  gran- 
»  deza  de  los  principes:  porque  el  padre  amaba  las  cosas  de  la  gue- 
»  rra  y  las  entendia  muy  bien,  y  este  rey  ni  las  entiende  ni  le  gus- 
^)  tan;  aquel  acometía  grandes  empresas,  este  las  huye;  aquel  con- 
»  cebía  grandes  cosas  y  las  encaminaba  con  el  tiempo  á  su  prove- 
»cho,  este  no  aspira  tanto  á  su  grandeza  como  á  [evitar  la  de  los 
«otros;  aquel  no  se  movia  á  hacer  nada  por  amenazas  ó  por  te- 
«mor;  este  por  leves  peligros  ha  abandonado  algunos  Estados; 
»  aquel  se  guiaba  en  todo  por  su  opinión  propia,  este  por  !«,  de 
»los  otros.» 

Este  juicio  de  Suriano  se  refiere  al  año  de  1555  y  los  hechos 
anteriores  y  posteriores  de  D.  Felipe  demuestran  que  por  exage- 
rado es  injusto,  pues  aunque  nunca  fué  el  monarca  dado  á  las 
cosas  militares,  esto  se  explica,  porque  su  complexión  delicada  no 
le  consentía  los  ejerciicos  bélicos;  y  además  porque,  hábil  políti- 
con  entendía  que  la  gloria  que  dan  las  armas  no  se  logra  sin  gran- 
des peligros,  y  que  por  lo  mismo  que  rodeaban  tantos  y  tan  gra- 
ves sus  extensísimos  Estados,  no  bastaba  su  persona  para  estar  al 
reparo  de  todos:  por  lo  demás  no  se  ve  el  fundamento  que  tuvie- 
ra Suriano  para  decir  que  por  ligeros  temores  abandonó  sus  Es- 
tados, pues  es  sabido  que  sostuvo  larguísimas  y  costosas  guerras 
para  conservar  los  que  heredó,  ó  para  posesionarse  de  aquellos 
á  que  se  creía  con  derecho  yendo  en  persona  á  conquistarlos,  si 
bien  dejando  la  dirección  y  la  gloria  de  las  armas  á  quien  recono- 
cía que  era  más  apto  para  manejarlas. 

Un  gentil-hombre  de  Antonio  Tieppolo,  que  fué  también  em- 
bajador de  Venecia  en  el  año  de  1572,  cuando  ya  Felipe  II  tenía 


238  boletíx  de  la  real  academia  de  la  historia. 

45  años,  le  juzga  de  modo  muy  diverso  y  sin  duda  con  mayor  im- 
l)arcialidad  y  justicia  que  Suriano  pues  dice  de  él  «que  es  de  jui- 
ncio  admirable  en  todas  las  cosas,  de  felicísima  memoria  y  cono- 
»  ce  á  las  personas  con  sólo  haberlas  visto  una  vez;  con  todo  esto 
»no  se  fía  de  su  juicio  y  no  se  resuelve  á  nada  sin  oir  al  consejo 
»que  tiene  cargo  de  cada  materia;  pero  ninguna  resolución  se 
«ejecuta  sin  que  sea  primero  sabida  y  aprobada  por  S.  M.  añu- 
sque sea  pequeña  y  de  poco  momento.» 

Lo  cual  confirma  lo  que  se  sabe  de  la  prudencia  del  Rey,  á  las 
veces  llevada  á  términos  de  confundirse  esta  virtud  con  la  irreso- 
lución, que  engendra  en  el  gobierno  no  pocos  inconvenientes  y  pe- 
ligros. No  difiere  notablemente  del  anterior  el  juicio  de  Felipe  II 
que  se  contiene  en  una  relación  anónima  del  año  de  1577  y  que 
M.  Gachard  atribuye  al  Embajador  Priuli,  en  ella  se  dice  que 
D.  Felipe  «era  un  príncipe  muy  católico,  amigo  de  la  religión, 
»  notable  por  su  prudencia  y  por  su 'amor  á  la  justicia,  que  no 
»  buscaba  los  placeres  del  espíritu,  pero  sí  la  soledad;  que  se  reti- 
»raba  durante  ocho  ó  diez  meses  del  año  á  Aranjuez,  al  Escorial 
«  ó  al  Pardo  para  gozar  las  delicias  del  campo  con  la  Reina  y  con 
«sus  hijos»  aquella  era  su  última  mujer,  hija  del  Emperador  Ma- 
ximiliano y  el  anónimo  dice  «que  el  Rey  iba  á  su  cuarto  tres  veces 
»al  día,  por  la  mañana  antes  de  la  misa,  luego  antes  de  empezar 
»  el  despacho,  y  por  último  á  la  hora  de  acostarse;  tienen,  dice, 
«dos  lechos  bajos  que  distan  un  palmo;  pero  por  las  cortinas  que 
» los  cubren  parecen  uno  solo.  El  Rey  manifiesta  gran  cariño  á  su 
«mujer,  la  tiene  con  más  frecuencia  encerrada  que  no  de  otro 
«modo,  y  casi  no  la  deja  sin  su  compañía.» 

Después  del  libro  de  M.  Gachard  de  que  hemos  tomado  las  an- 
teriores noticias,  se  han  publicado  nuevos  volúmenes  de  las  rela- 
ciones de  los  embajadores  venecianos,  y  entre  ellas  hay  dos  muy 
interesantes,  las  cuales  en  parte  confirman  y  en  parte  corrigen  las 
que  van  expuestas;  la  primera  en  orden  cronológico,  es  la  de  Leonar- 
do Donato,  extensísima  y  de  interés  para  formar  idea  del  estado 
de  la  inmensa  monarquía  española  en  el  año  de  1573  en  que  la 
rolación  fue  escrita ,  sirviéndole  de  remate  una  enumeración  de 
«algunas  particularidades  propias  del  Rey  de  España;»  no  es  del 
caso  copiarlas  todas,  pero  conviene  reproducir  las  siguientes: 


CARTAS    DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  239 

« El  Rey  prcfiei-e  negociar  por  medio  de  billetes,  porque  no  le 
>' gusta  tratar  con  muchos,  y  porque  escribe  mas  de  prisa  que 
» cualquier  secretario. 

» Ve  todos  sus  asuntos  y  lo  sabe  todo. 

»No  se  encoleriza  ó  muestra  no  encolorizarse  nunca. 

y)  El  Rey  casi  no  habla  con  los  de  su  cámara. 

»En  tantas  audiencias  tenidas  con  el  Rey  en  tiempos  tan  azaro- 
»sos,  con  avisos  de  los  progresos  de  la  armada  turquesca,  de  pér- 
)>didas  de  ciudades,  etc.,  nunca  me  ha  dirigido  S.  M.  una  pregun- 
))ta,  sino  que  solo  oía  y  contestaba  sobriamente  á  las  relaciones. 

» Parece  que  el  Rey  se  ocupa  en  muchas  pequeneces  que  qui- 
)>tan  el  tiempo  para  cosas  mayores. 

«Suele  decir  que  está  cansadísimo  de  ser  Rey. 

»E1  Rey  según  común  sentir  es  muy  suspicaz,  y  sus  propios 
))  servidores  dicen:  De  la  risa  al  cuchillo  del  Rey  no  hay  dos  dedos. 

«Trabaja  con  tanta  asiduidad  sin  tomar  recreación ,  que  no  hay 
o  oficial  alguno  en  el  mundo,  por  asiduo  que  sea,  que  esté  tanto 
«en  su  oficio  como  S.  M.,  asilo  dicen  sus  ministros,  y  parece  que 
»es  cierto. 

«Dicho  del  embajador  de  Francia  sobre  el  disimulo  del  Rey  de 
«España.  El  Rey  es  tal,  que  aunque  tuviese  un  gato  dentro  de  las 
»  bragas ,  no  se  moverla  ni  mostrarla  alteración  alguna. 

» Dicen  sus  ministros  que  su  inteligencia  es  tanta ,  que  no  hay 
»cosa  que  no  sepa  y  que  no  vea.» 

La  relación  de  Juan  Francisco  Morossini  nombrado  embajador 
en  1578,  fué  escrita  en  el  de  81 ,  es  más  interesante  para  el  caso 
présenle  que  todas  las  anteriores  y  posteriores,  porque  como  se 
ve  por  las  citadas  fechas ,  nos  presenta  al  Rey  en  la  época  en  que 
escribió  las  cartas  de  que  nos  ocupamos;  y  el  mismo  embajador 
dice,  que  por  ocurrir  entonces,  trata  con  más  extensión  los  suce- 
sos de  Portugal.  Morossini  da  muchas  noticias  de  las  costumbres 
particulares  del  Rey,  que  no  difieren  de  las  que  generalmente 
conocían  y  sabían  sus  contemporáneos,  pero  termina  su  retrato 
con  estos  juicios  dignos  de  notarse. 

«Es  de  naturaleza  mas  bien  severa,  por  no  decir  cruel,  que  de 
«otra  suerte;  si  bien  cubre  este  afecto  con  profesar  una  justicia 
«inquebrantable,  por  la  cual  no  tuvo  consideración  al  propio  hijo; 


240  boletín  de  la  real  academia  de  la  histora. 

o  no  se  sabe  que  haya  hecho  gracia  á  ningún  condenado  aunque 
»  parezca  propio  de  los  grandes  reyes  usar  en  alguna  ocasión  de 
»  clemencia.  Nomiiestra  ninguna  ternura  á  sus  hijos,  y  en  la  muer- 
» te  de  sus  más  allegados,  no  ha  dado  señales  de  sentimiento. 
»  Tiene  dos  hijos  varones  y  tres  hembras...» 

Las  cartas  escritas  á  sus  hijos  refutan  victoriosamente  estos 
juicios  de  Morossini,  que  además  son  contrarios  en  lo  que  se  re- 
fiere á  las  partes  afectivas  del  Rey,  á  los  que  formaron  otros  que 
le  vieron  y  trataron  en  la  misma  época,  entre  los  cuales  es  digno 
de  citarse  el  P.  Cavarel,  que  fué  á  Lisboa  acompañando  al  abad 
de  San  Vaast,  D.  Juan  Sarrazin,  y  que  dejó  escrita  una  relación 
de  su  viaje,  de  la  que  M.  Gachard  ha  publicado  entre  otras  cosas 
lo  siguiente  que  se  refiere  á  Felipe  II: 

«  \i  en  Lisboa,  dice  Cavarel,  dos  cosas  que  deseaba  mucho  ver 
»y  que  me  dieron  gran  contento.  La  primera,  S.  M.  misma  (deseo 
«natural  nacido  en  nosotros  de  conocer  y  unirnos  á  lo  que  ama- 
amos  i,  en  cuya  persona  admiraba  (porque  podíamos  verle  con 
» frecuencia,  ya  en  palacio,  ya  en  las  parroquias,  ya  en  otras 
i) iglesias,  dándonos  libre  acceso  los  archeros  y  guardias,  que  por 
«ser  de  nuestra  tierra  eran  amigos  nuestros) ,  admiraba,  digo,  una 
«clemencia  y  modestia  natural,  aquella  dulzura  que  resplandecía 
»en  su  rostro,  sus  palabras,  su  gesto,  su  porte  ajenos  de  gran- 
»  deza ,  de  insolencia  y  de  crueldad. »  Sin  duda  que  estas  benévo- 
las y  encomiásticas  palabras  se  explican  por  el  carácter  y  circuns- 
tancias del  monje  que  no  podía  menos  de  admirar  y  respetar  á 
quien  era  en  aquellos  tiempos  de  lucha  religiosa  el  brazo  y  la  es- 
pada de  la  fe  católica;  pero  en  nuestra  opinión  se  aproximan  más 
á  la  verdad  que  las  violentas  y  denigrantes  que  desde  entonces 
emplean  contra  Felipe  TI  los  enemigos  de  ella. 

Como  hemos  indicado  antes,  contradiciendo  á  uno  de  los  em- 
bajadores venecianos,  celoso  el  Rey  de  sus  derechos  y  dispuesto 
á  defenderlos  por  las  armas,  desde  antes  que  muriese  el  Rey  Car- 
denal, I).  Enri(|ue  de  Portugal,  había  empezado  á  hacer  prepara- 
tivos militares  para  que  prevaleciera  el  que  tenía  á  la  corona  de 
este  reino,  y  cuando  aquél  murió,  aceleró  aquellos  preparativos 
formando  un  ejército  proato  á  entrar  en  Portugal.  No  sin  repug- 
nancia confió  el  mando  al  duque  de  Alba,  entonces  en  desgracia. 


CARTAS    DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  241 

el  cual  sin  pasar  por  la  corle  fué  desde  Uceda ,  donde  vivía  como 
desterrado,  en  derechura  á  Badajoz,  cuartel  general  del  ejército., 

El  Rey  salió  de  Madrid  el  4  de  Marzo  de,  1580,  dirigiéndose  con 
gran  lentitud  hacia  la  frontera  portuguesa;  la  Reina  Doña  Ana 
de  Austria,  que  en  14  de  Febrero  de  aquel  mismo  año  había  dado 
á  luz  á  la  Infanta  Doña  María,  se  unió  con  el  ReyenFuensalida, 
iban  también  el  Príncipe  D.  Diego,  las  Infantas  Doña  Isabel  y 
Doña  Catalina  y  el  Archiduque  Alberto,  siguiendo  todos  su  cami- 
no hasta  Guadalupe,  donde  pasaron  la  Semana  Santa.  El  Rey, 
el  16  de  Junio  de  aquel  año,  acompañado  de  la  Reina,  revistó  las 
tropas  reunidas  en  el  campo  de  Gantillana  cerca  deBadajoz. 

El  Cronista  Herrera  describe  esta  solemnidad  militar  en  los 
siguientes  términos: 

«Estando  ya  el  exército  en  campaña,  el  Duque  Dalua le  mandó 
juntar  á  los  13  de  Junio  en  el  campo  de  Cantillana,  á  donde  en  un 
sitio  llano  á  una  legua  de  Ba:dajoz,  se  escogió  un  alojamiento  que 
estaba  guardado  por  la  parte  de  mano  yzquierda  del  río  Xeuora; 
y  por  las  dos  partes  que  mirauan  á  Portugal  se  fortiñcó  con  trin- 
cheas  y  con  un  bosque ;  y  por  las  espaldas  hacia  Castilla  se  guar- 
dó también  con  trincheas.  Hízose  el  alojamiento  para  cada  nación 
de  por  sí,  con  sus  placas  de  armas ,  de  viandas  y  de  mercados ;  y 
en  el  quartel  de  la  infantería  Italiana  se  puso  un  tablado  cubierto 
de  tela  y  rama  para  el  Rey,  que  quiso  ver  entrar  el  ejército  en  el 
alojamiento.  Llegado  el  Rey  con  la  Reyna,  el  Príncipe,  las  Infan- 
tas y  el  Cardenal  Alberto  de  Austria,  hermano  de  la  Reyna  y  toda 
la  Corte;  y  puestos  en  su  lugar,  el  Duq  Dalua  en  dando  la  orden 
al  exército  de  lo  q  auia  de  hazer,  fué  á  donde  estaña  el  Rey  acom- 
pañado del  gran  Prior  Don  Fernando  su  hijo,  de  don  Pedro  de 
Toledo,  Sancho  Dauila,  Luys  Donara,  don  Hernando  de  Toledo, 
y  de  otros  muchos  caualleros.  lua  el  Duque  vestido  de  azul  y 
blanco ,  sombrero  con  plumas  ,  espada  y  daga  de  plata,  que  sobre 
tanta  edad  parezió  muy  bien:  madole  el  Rey  subir  al  tablado, 
adonde  le  pusieron  una  silla  en  que  se  sentó  no  muy  apartado  de 
su  Magostad.  Auia  ya  gran  rato  que  caminaua  el  exército;  y  en- 
tre tato  que  se  áaua  lugar  unos  á  otros ,  se  entendía  en  dar  ar- 
mas á  la  gete  visoña,  para  lo  qual  se  auia  lleuado  allí  las  nece- 
sarias. 

TOMO  IV.  17 


242  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Entraro  primero  los  hobres  de  armas,  y  cauallos  ligeros,  los 
quales  de  tierra  de  Ciudadrodrigo ,  adode  auia  estado  alojados, 
baxaroii  á  Extremadura;  pasó  cada  copaüía  de  por  sí, guiada  de 
su  mismo  Capitán,  todos  riquísimamente  aderecados  co  muy  ga- 
lanes sayetes,  faldones  casacas,  y  penachos,  en  hermosos  caua- 
llos. Siguieró^á  estos  las  siete  vaderas  de  Infantería  Española,  que 
viniei-óde  Sicilia,  y  Mila  á  cargo  de  don  Pedro  Sotomayor ;  y  tras 
ellas  doscientos  ginetes  de  los  de  la  costa  del  rey  no  de  Granada 
y  luego  las  cien  laras  de  los  continos,  co  su  Gapita  do  Aluaro  de 
Luna,  co  sayetes  de  terciopelo  morado,  y  franjas  de  oro  y  seda: 
venía  después  el  tercio  de  do  Luys  Enriquez  de  infantería  Gaste- 
llana,  y  detrás  once  vaderas  de  infantería  Española  del  Reyno  de 
Ñapóles,  que  traia  cargo  do  Pedro  Goncalez  de  Medoca ,  Prior 
de  Ibernia,  de  la  ordo  de  san  Jua:  y  luego  los  tercios  de  Antonio 
Moreno,  y  do"Gabriel  Niño  y  Pedro  de  Ayala,  que  tauien  se  le- 
uanlaron  en  Castilla.  Y  como  yua  llegando,  Jua  Bautista  Anto- 
neli  (el  qual  para  lo  que  tocaua  á  los  alojamientos,  andana  sie- 
pre  con  el  Maestre  de  capo  general)  señalaualas  estadas,  y  quar- 
teles  á  cada  uno.  Entraro  los  hobres  de  armas,  los  cauallos  li- 
geros: y  do  Diego  de  Sadoual  Veedor  general  de  las  guardas  de 
Castilla,  co  sus  tenientes  y  oficiales :  y  el  auditor  y  los  demás , 
los  quales  desde  aquí  se  volvieron  sin  entríir  en  Portugal,  por 
queensaliedo  de  Castilla  cesauan  sus  oficios,  allende  de  que 
poiiia  mucha  confusión  ver  lata  multitud  de  ministros  estando 
proueydo  el  exército  de  Maestre  de  capo  general,  Veedor  general. 
Comisario  general,  auditor  general  y  otros  auditores  y  de  todos 
los  demás  ministros  y  oficiales  necesarios.  Llegó  do  Fraces  de 
Alaua,  Gapita  general  del  artillería  co  tres  tenietes  suyos,  y  el 
capita  Jacobo  Palearo  (dicho  el  Fratin),  ingeniero  militar,  seis 
getiles  hobres,  un  Preuosle  y  un  Aposentador,  los  ingenieros 
de  fuegos  artificiales,  artilleros,  y  todos  los  otros  oficiales  nece- 
sarios para  el  servicio  del  artillería,  co  sus  cabos  y  maestros. 
Traína  don  Francés  seys  cañones  gruesos,  cuatro  medias  culebri- 
nas y  cuatro  medios  cañones  todos  encaualgados,  con  otros  apa- 
rejos y  encaualgamienlos  de  respeto,  deciseys  falconetes  todos  en- 
caualgados, veintisiete  esmeriles  también  encaualgados,  y  tres 
mil  pelotas  para  los  seis  ca'ñones,  con  la  demás  pelotería  necesa- 


CARTAS   DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  243 

ria  para  las  otras  piezas,  con  las  municiones  convenientes  é  inge- 
nios necesarios,  herramienta  para  los  gastadores  y  prouisiones 
para  toda  la  ;i.rtilleria.  Eran  los  gastadores  mil  y  quinientos  con 
sus  armas  en  sus  compañias,  con  sus  Capitanes  y  vanderas.  Tra- 
li.ia  mas  don  Francés  de  Alana  50  Ijarcas  en  carros  para  hacer 
puentes.  luán  lamhien  con  los  mayordomos  del  artillería,  tene- 
dores de  bastimentos,  comisarios  y  otros  oficiales ,  cada  uno  en  su 
lugar:  y  los  carros  y  bagajes  iuan  repartidos  en  escuadras  con 
banderillas  para  ser  conocidos  y  sus  cabos  que  los  guiauan :  la 
demás  artillería  y  municiones  para  ella,  quo  era  otra  tanta,  yua 
ombarcada  en  la  armad.i.  Y  en  guarda  del  artillcria  venian  cuíitro 
vanderas  de  infantería  Alemana.  Y  toda  la  gente  entró  haciendo 
saines  con  el  arcal)uceria.  «Alojado  el  exercito,  se  bajó  el  Rey  del 
tablado,  y  anduvo  á  cauallo  por  las  calles  del  alojamiento,  y 
la  Reyna  ó  Infantas  en  coche  mirándolo  y  considerándolo  todo, 
pareciendole  muy  bien  la  orden  que  se  auia  tenido.  Andauaii 
los  soldados  haciendo  sus  barracas  con  rama  del  bosque.  Y 
la  causa  por  que  estando  este  alojamiento  en  Castilla  se  atrin- 
cheó,  fué,  por  que  no  estaua  á  mas  de  media  legua  de  Por- 
tugal, y  por  proceder  conforme  á  orden  militar;  y  por  que  de- 
mas  de  que  auia  muchos  Portugueses  que  fueron  á  ver  lo  que 
pasaua,  era  bien  que  conociesen  que  aquel  exercito  era  guiado 
por  tal  Capitán.  Hizose  también,  por  que  los  soldados  entendie- 
sen que  iuan  entrando  en  tierras  agenas.  Boluiose  el  Rey  á  Ba- 
dajoz, quedándose  el  Duque  en. el  exercito.  Y  otro  dia  pasaron 
por  aquella  ciudad  el  regimiento  de  Alemanes,  cuyo  coronel  era 
«1  Conde  Gerónimo  de  Lodron,  estando  el  Rey  mirándolos  desde 
una  ventana  de  su  palacio:  y  también  paso  don  Pedro  de  Medi- 
€es  capitán  General  de  la  infantería  Italiana  delante  della  que  eran 
tres  coronelías;  cuyos  coroneles  eran  Próspero  Golona,  que  le- 
uantó  sus  gentes  en  tierras  de  don  Francisco  de  Medices  gran 
Duque  de  Toscana:  Garlo  Espínelo;  y  don  Vicente  Garrafa  Prior 
■de  Ungria,  que  la  hicieron  en  Ñapóles,  desde  donde  se  fueron  al 
alojamiento  de  Cantillana  (1).» 


Xi)    Cinco  libros  de  Antonio  de  Herrera  de  la  Historia  de  Portugal  y  conquista  de  las 
Islas  de  los  Azores  en  losaTtos  de  1582  y  1533. 


244  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

Al  fin  de  aquel  verano  se  extendió  á  Extremadura  la  epidemia 
del  Catarro  que  ya  reinaba  en  Portugal  y  de  ella  estuvo  grave- 
mente enfermo  el  Rey,  aunque  recobró  la  salud;  la  Reina  que 
también  la  padeció,  murió  de  ella  el  26  de  Octubre;  su  cuerpo  se 
trasladó  al  monasterio  del  Escorial.  El  Rey  fué  á  pasar  los  prime- 
ros días  de  luto  á  un  monasterio  á  dos  leguas  de  Badajoz,  donde 
estuvo  retraído  algún  tiempo. 

Las  negociaciones  seguidas  para  lograr  que  los  portugueses  se 
sometiesen  de  grado  al  cetro  de  Felipe  TI  fueron  largas  é  infruc- 
tuosas, habiendo  proclamado  Rey  á  D.  Antonio  en  Lisboa  y  en 
otras  ciudades.  D.  Felipe,  en  vista  de  esto,  dio  orden  al  Duque  de 
Alba  de  entrar  en  Portugal  á  fines  de  Junio,  apoderándose  de 
todo  el  reino  en  una  rápida  y  brillantísima  campaña ,  después  de 
la  cual  el  Rey  salió  de  Badajoz  para  Lisboa  el  5  de  Diciembre 
de  1580  enviando  á  Madrid  á  su  primogénito  el  príncipe  D.  Diego 
y  á  las  Infantas. 


II. 


El  viaje  de  S.  M.  fué  muy  lento ,  en  todas  partes  le  recibieron 
con  honores  reales,  acudiendo  á  rendirle  pleito  homenaje  los  prin- 
cipales magnates  del  reino;  hasta  el  15  de  Marzo  del  año  siguiente 
de  1581  no  llegó  á  Thomar  donde  está  fecha  la  primera  carta  que 
se  conserva  de  las  que  en  aquella  expedición  dirigió  á  sus  hijas 
Doña  Isabel  y  Doña  Catalina,  es  muy  breve,  y  sin  duda  había  es- 
crito antes  otras  en  este  viaje,  pero  toda  ella  respira  el  más  vivo 
afecto  á  su  familia  y  aquella  modestia  natural  y  aquella  dulzura 
de  que  hablaba  el  P.  Gaverel.  Empieza  el  Rey  diciendo  á  sus  hi- 
jos sin  otro  preámbulo:  «Siempre  deseo  responderos  y  nunca  pue- 
»do,  y  menos  agora  que  son  las  once  y  aun  no  he  cenado.»  Y 
después  de  encargarles  que  escriban  á  la  Emperatriz  su  hermana, 
que  estaba  para  llegar  á  España,  les  avisa  que  les  envía  un  sello 
para  las  cartas,  dándoles  instrucciones  de  cómo  habían  de  usarlo, 
añadiendo,  «mas  para  mi  no  selléis  en  lacre  que  rompe  las  cartas,^ 
Dsino  fuere  en  pliego  que  se  ha  de  cortar.  Y  es  el  primer  sella 
•nuevo  en  que  se  han  puesto  las  armas  de  Portugal.» 


I 


CARTAS   DE    FELIPE    II   Á   LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  245 

La  segunda  carta  escrita  también  en  Thomar  el  1,'  de  Mayo 
-de  1581,  es  más  extensa  y  afectuosa  que  la  primera,  y  empieza 
€on  estas  cariñosas  palabras:  « Haceislo  tan*  bien  en  el  cuidado 
«que  tenéis  de  escribirme,  que  no  puedo  dexar  de  pagároslo  en 
»lo  mismo  y  asi  lo  he  querido  hacer  agora  aunque  no  me  sobra 
«mucho  tiempo.»  Les  da  luego  las  gracias  por  la  enhorabuena  que 
le  habían  escrito  por  el  juramento.  Esta  solemnidad  se  hizo  con 
gran  aparato  como  resulta  de  la  siguiente  relación. 

«Gomencaronse  las  Cortes  y  lo  primero  en  que  se  entendió  fué 
el  juramento  del  Rey  en  el  mismo  monasterio  en  que  esfaua 
aposentado.  Para  lo  cual  en  el  primer  patio  que  es  bien  capaz,  se 
hizo  un  tablado  de  ocho  gradas  en  alto ,  aderezado  de  riquísimas 
alfombras,  tapetes,  alcatifas  y  tapicerías,  y  un  dosel  de  brocado; 
debaxo  del  qual  en  un  estrado  alto  se  puso  una  silla  cubierta  con 
un  paño  de  brocado.  Y  el  domingo  á  16  de  Abril  del  mismo  año 
de  81;  entre  las  tres  y  las  cuatro  horas  de  la  tarde  salió  el  Rey 
de  su  aposento  vestido  con  una  ropa  de  tela  de  oro ,  larga  hasta 
en  pies  como  sotana,  y  encima  della  otra  ropa  rozagante  de  bro- 
cado con  mangas  de  punta  largas,  con  falda  que  lleuaua  Francisco 
de  Saá  Conde  de  Matusinos,  Camarero  mayor,  y  del  Consejo  de 
Estado.  Lleuaua  el  Rey  el  collar  grande  de,  la  orden  del  Tusón 
y  gorra  de  terciopelo  negro:  el  estoque  delante  hazia  la  mano 
derecha  del  Rey,  lleuaua  con  vaina  el  Duque  de  Braganca,  como 
Condestable  del  Reino:  á  la  izquierda  lleuaua  el  pendón  cogido 
un  poco  mas  delante  D.  Jorge  de  Meneses  Alférez  mayor;  y  luego 
los  Reyes  de  armas,  Araldos  y  Pasai^antes  con  sus  cotas,  y  de- 
lante dellos  los  porteros  de  cañas  con  las  macas  de  plata:  iuan 
todos  los  Grandes  y  Titulados  de  Portugal  que  se  hallaron  presen- 
tes descubiertos,  y  con  ellos  el  conde  de  Portalegre  haciendo  el 
oficio  de  mayordomo  mayor.  Llegado  el  Rey  al  tablado  comenco 
el  estruendo  de  la  música  de  trompetas  menestriles  y  atabales;  y 
estando  en  su  lugar  el  Camarero  mayor  le  puso  en  la  mano  un 
cetro  de  oro,  que  tuuo  hasta  que  uoluió  á  su  aposento.  El  Con- 
destable estuuo  siempre  con  el  estoque  en  la  mano  descubierto 
en  la  punta  del  estrado;  y  el  Alférez  mayor  con  el  estandarte 
Real  en  la  punta  del  Tablado:  en  el  cual  estuvieron  los  Eclesiás- 
ticos, Grandes  y  Titulados  del  Reyno,  por  que  mandó  el  Rey  que 


246  BOLETÍxV   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA   HISTORIA. 

Otros  no  estuuieseii  allí.  D.  Teodosio  Duque  de  Barcelos  hijo  ma- 
yor del  Duque  de  Bragaiica  estuvo  á  la  mano  derecha;  y  debajo 
de  los  Arzobispos  de  Braga,  Lisboa  y  Endra,  los  Obispos  de  Go- 
mynbra,  Portalegre,  Leyria;  el  Capellán  mayor  Obispo  de  Tri- 
•pol  y  Lismouero  mayor,  y  los  Obispos  de  Eluas ,  Viseo ,  Lamego 
y  Mirada.  Y  de  la  otra  parte  estuuo  el  primero  el  Marqués  de  Villa. 
Real  y  su  hijo  el  Conde  de  Alcontin,  el  Conde  de  Castañera  y  los 
Condes  de  Portalegre,  Matusinos,  Linares,  Vidigueyra.  Los  Re- 
yes de  armas,  Araldos,  Pasauantes  y  Maceres  estuuieron  en  el 
pie  del  estrado;  y  en  el  mismo  lugar  estuuo  Juan  de  Meló  Por- 
tero mayor  y  Martin  Xuares,  que  sirvió  de  maestresala.  Los  del 
Consejo  y  señores  de  lugares,  y  Alcaides  mayores  estuuieron  en 
lo  bajo  fuera  del  estrado  adonde  cada  uno  mejor  se  pudo  acomo- 
dar. Y  aunque  en  estos  autos  ninguno  se  cubre  ni  tiene  esiento, 
fuera  del  tablado  se  pusieron  bancos  á  los  Procuradores  de  los 
pueblos  para  que  mejor  se  pudiera  guardar  la  orden  de  prece- 
dencia entre  ellos.  Los  Prelados  antes  que  el  Rey  llegase  le 
aguardaron  en  su  lugar,  porque  en  el  acompañamiento  no  fueron 
mas  de  los  Grandes  y  Titulados  por  ser  el  espacio  pequeño.  Y 
como  el  Rey  se  asent(3,  el  Obispo  de  Liria  D.  Antonio  Pineyro 
del  Consejo  de  Estado,  insigne  personage  en  letras  y  virtud  muy 
estimado,  desde  la  punta  del  tablado  dijo  con  mucha  elocuencia 
en  hoz  alta  (1).» 

Después  habla  el  Rey  en  esta  carta  de  una  leve  enfermedad  de 
su  sobrino  sobre  lo  cual  dice:  «y  con  haber  sido  poco  el  mal  me 
ha  dado  harto  cuidado.»  Confesión  espontánea  que  demuestra 
que  no  aciertan  los  .que  califican  á  Felipe  II  de  insensible, 
aunque  la  idea  que  tenía  de  su  dignidad  dominaba  sus  afectos  no 
haciendo  ostentosa  muestra  de  ellos.  En  esta  misma  carta  hay  un 
pasaje,  que  no  puede  menos  de  llamar  la  atención,  porque  revela 
cuan  diferente  de  lo  que  de  ordinario  se  cree  era  la  condición  del 
Rey.  tt  Mucha  envidia  (escribe)  tiene  Madalena  á  las  fresas,  y 
»yo  á  los  ruiseñores,  aunque  unos  pocos  se  oyen  algunas  veces 
»de  una  ventana  mia.»  Aparece  aquí  por  vez  primera  el  nombre 
de  esta  Magdalena  que  figura  en  otras  cartas  posteriores  y  que 


(1)    Herrera,  obra  citada. 


CARTAS   DE    FlíLII'E    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  247 

sin  duda  era  una  loca  ó  bufona  de  la  familia,  tan  introducida  en 
ella  que  contra  lo  que  se  pudiera  imaginar,  se  tomaba  gran- 
des libertades,  como  veremos  luego,  con  su  amo  á  quien  nos  ha- 
bían pintado  tan  terrible  y  oseo  con  sus  domésticos.  ¿Y  quién  po- 
dría sospechar  tampoco  el  amor  ;'i  la  naturaleza,  el  placer  que 
sentía  el  Rey  con  el  canto  de  las  aves  que  le  hace  envidiar  en  Tho- 
mar  los  ruiseñores  del  Pardo  ó  de  Aranjuez,  porque  sólo  algunas 
veces  lograba  oirlos  cu  a({uol  pueblo  desde  su  ventana? 

Ya  en  Santarem,  adonde  había  llegado  Felipe  II  el  2  de  Junio, 
escribe  el  5  siguiente  un  billete  de  pocas  líneas  á  su  hija  Catali- 
na, refiriéndose  á  carta  más  extensa  que  en  aquellos  días  había 
escrito  á  Doña  Isabel,  y  que  no  se  ha  encontrado  entre  las  que  se 
conservan  en  Turín.  Pero  estas  breves  palabras  son  dignas  de 
notarse  porqué  prueban  cuan  profundo  era  el  afecto  paternal  del 
Rey.  «Muy  bien  hicistes  (dice)  en  escribirme  pues  los  dottores  os. 
«dieron  licencia  para  ello,  porque  me  quitó  mucho  cuidado  ver 
«carta  vuestra  y  de  tan  buena  letra  que  no  se  parecía  en  ella  el 
» mal.  Y  después  supe  que  estauades  ya  sin  calentura  y  asi  espero 
»que  estaréis  ya  buena  del  todo,  y  yo  estuviera  muy  contento,  si 
»no  supiera  el  mal  de  vuestro  hermano,  que  no  puede  dexar  de 
» darme  mucho  cuidado,  aunque  espero  en  Dios  que  le  dará  salud 
»  y  también  á  la  chiquita.»  Continuaba  el  Rey  su  lento  viaje  yendo 
de  Thomar  á  Villafranca  de  donde  escribió  á  sus  hijas  ell3  de  Ju- 
nio, pero  esta  carta  se  ha  perdido,  no  existiendo  de  ella  más  que 
la  mención  que  hace  en  la  del  2(^  del  mismo  mes,  escrita  ya  desde 
Almada;  infiérese  de  ella  que  se  despachaba  correo  los  lunes,  pues 
empieza  el  Rey  diciendo:  «No  pude  escribiros  el  lunes  pasado  y 
«porque  no  sea  oy  lo  mismo  lo  comienzo  antes  que  las  otras  co- 
«sas,  que  quizá  me  costará  acabarlas  muy  tarde  y  deseaba  escri- 
dbiros  el  lunes  pasado  por  deciros  lo  que  avia  pasado  desde  el 
«otro  que  os  escrivi  en  Villafranca,  que  fué  que  luego  el  otrodia 
«martes  dia  de  San  Antonio  á  13  de  este  mes...»  Sigue  la  carta 
donde  el  Rey  da  extensa  noticia  á  sus  hijas  de  las  expediciones 
que  había  hecho  por  el  Tajo,  de  la  visita  á  las  galeras,  de  su  ida 
secreta  á  Lisboa  para  examinar  las  obras  que  se  ejecutaban  en  Pa- 
lacio para  su  residencia,  haciendo  en  ella  repetida  mención  de  la 
Magdalena  de  que  habló  ya  en  la  carta  anterior  y  diciendo  de  ella: 


248  BOLETÍN   DE    LA   REAL    ACADEMIA   DE    LA    HISTORIA. 

(íMadalena  anda  oy  con  gran  soledad  de  sn  yerno  que  partió  oy 
» para  ay,  aunque  yo  creo  que  lo  haze  por  cumplimiento  y  estuvo 
«muy  enojada  conmigo  porque  le  reñi  algunas  cosas  que  avia  he- 
))cho  en  Belem  y  en  las  galeras  y  con  Luis  estuvo  muy  brava  por 
)>lo  mismo.»  De  estas  palabras  se  infiere  que  al  menos  con  sus  fa- 
miliares no  era  tanto  el  ceño  del  Rey,  y  tal  su  condición,  que 
bastase  una  palabra  suya  para  causarles  tal  impresión  que  oca- 
sionase la  muerte  (1).  En  cuanto  al  cuidado  exquisito  de  lo  que  á 
sus  hijos  se  refería  esta  misma  carta  contiene  nuevas  y  abundan- 
tes pruebas;  y  por  lo  que  toca  á  su  salud  y  desarrollo  son  de  no- 
tar estos  conceptos:  «Muy  bien  es  que  no  traigáis  las  tocas;  y  el 
» saliros  sangre  de  narices  á  vos  la  mayor,  creo  que  dure  hasta  lo 
y>que  parece  que  ya  tarda  y  asi  es  bien  que  dure  hasta  entonces.» 
Tal  vez  habivá  quien  en  la  tardanza  á  que  el  Rey  se  refiere,  encuen- 
tre el  fundamento  de  la  infecundidad  de  Doña  Isabel  Clara  Euge- 
nia, que  según  opinión  de  algunos,  se  tuvo  muy  en  cuenta  para  ce- 
derle en  dote  los  Estados-Bajos,  sabiendo  que  habían  de  volver  á 
la  corona  de  España;  y  más  adelante  veremos  con  circunstancias 
especiales  que  esa  tardanza  continuó  produciendo  nuevas  señales 
de  la  impaciencia  de  D.  Felipe. 

Hizo  el  Rey,  como  es  sabido,  su  entrada  solemne  en  Lisboa  el 
29  de  Junio,  y  ellO  de  Julio  escribió  ya  desde  aquella  ciudad  á 
sus  hijas;  nada  les  dice  en  esta  carta  de  aquella  ceremonia  que 
fué  muy  solemne  y  eu  esta  forma:  «Atravesando  á  Tajo  en  la  Ga- 
»lera  Real  y  sus  Cortesanos  en  las  demás  y  en  otros  muchos  baxe- 
»les,  fué  á  desembarcar  en  una  puente  de  madera  que  estaña  he- 
»cha  de  lindo  artificio;  y  al  punto  del  salir  le  hicieron  una  gran 
»  salve  los  navios  del  Puerto  que  eran  muchos  y  también  el  cas- 
» tillo  y  torre  de  Belem.  Llegaron  los  de  la  Cámara  de  Lisboa  y  el 
«Doctor  Hetor  de  Pina  le  hizo  un  parlamento  significando  el  con- 
»  tentamiento  que  se  auia  recebido  de  su  llegada  y  desculpandose 
«de  no  auerle  antes  obedecido  por  el  impedimento  de  D.  Antonio 
»y  otras  muchas  razones  en  que  mostrauan  la  afición  y  voluntad 
jxjuc  tenían  á  su  servicio.  Y  partiendo  de  allí  á  caballo  debaxo  de 


(1)    «Con  un  mirar  torcido  metió  al¿:unos  en  las  sepulturas»  dice  en  el  sermón  de 
honras  de  Felipe  II  el  Dr.  A  de  Terrones. 


CARTAS   DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS   SUS    HIJAS.  249 

» un  palio  de  brocado  auieiido  dado  una  graciosa  respuesta  ú  la 
» ciudad  aunque  breue,  fué  caminando  acompañado  de  toda  la 
» grandeza  que  yua  á  pié  hasta  la  Iglesia  mayor  á  donde  le  reci- 
» bió  el  Arcobispo  con  las  Dignidades  y  llenándole  en  procesión 
» se  hizo  la  oración:  y  acabada  fué  á  la  casa  del  bienaventurado 
«  San  Antonio  de  Padua  á  donde  otra  vez  hizo  oración:  y  bolviendo 
»  á  caualgar  fué  á  Palacio  auiendo  pasado  por  de])axo  de  muchos 
))muy  ricos  y  artificiosos  arcos  triunfales  con  muchas  figuras  de 
»  bulto  y  de  pintura  con  muy  graciosas  y  doctas  inscripciones  (1).» 
Gomo  siempre,  se  ocupa  el  Rey  en  esta  carta  con  especial  esmero 
de  lo  tocante  á  la  salud  de  sus  hijos  que  la  gozaban  muy  escasa; 
el  primogénito  D.  Diego  había  tenido  tercianas  que  atribuye  al 
calor,  por  lo  cual  esperaba  que  á  todos  sentase  bien  la  mudanza 
del  alcázar,  que  por  estar  cerca  del  río  Manzanares  se  tenía  en  aque- 
lla estación  por  mal  sano,  al  Monasterio  de  las  Descalzas  Reales, 
a  y  con  las  casas  (añade  el  Rey)  que  se  han  de  tomar  creo  que  no 
»  estaréis  tan  apretados  y  que  os  podréis  aprovechar  de  las  plecas 
»que  caen  á  la  huerta  grande,  que  son  muy  buenas  de  verano 
))que  lo  sé  yo  muy  bien  de  algunos  que  estuve  en  ellas.»  El  prin-- 
cipe  D.  Diego  que  murió  á  poco,  fué  siempre  enfermizo,  y  ha- 
blando de  él  dijo  en  aquellos  días  el  embajador  de  Francia  Saint- 
Gouard,  «el  Principe  padece  unas  tercianas  dobles  que  le  tienen 
»  muy  flaco  y  decaido,  y  no  sé  si  tendrá  complexión  para  resistir 
«largo  tiempo  á  tantas  dolencias  como  ha  sufrido  hasta  ahora.» 
El  mismo  embajador  las  atribuye,  así  como  las  que  solían  aque- 
jar á  las  infantas,  ala  manera  de  vivir  que  llevaban  entonces  las 
personas  reales,  sin  duda  por  el  temor  que  el  Conde  de  Barajas, 
á  cuyo  cargo  estaban,  tenía  de  que  les  ocurriese  algún  accidente, 
exceso  de  cuidado  que  suele  ser  funesto  para  el  desarrollo  físico 
de  los  niños,  por  esto  tenía  sin  duda  razón  Saint-Gonard  para 
decir  refiriéndose  á  los  infantes.  «Desde  que  están  de  vuelta  en 
«Madrid  nunca  han  salido  para  tomar  el  aire  atribuyéndose  esto 
«al  Conde  de  Barajas  que  ha  quedado  en  su  guarda  y  creo,  en 
«verdad  que  el  Rey  católico  no  le  ha  encargado  que  los  trate  con 
«este  rigor,  que  pueda  producir  enfermedades  tanto  á  mis  dichas 

U)    Herrera,  obra  citada,  fol.  149  vuelto  y  siguiente. 


250  BOLETÍN    DE   LA    REAL   ACADEML4.   DE    LA    HISTORLA. 

«señoras  como  á  mi  sefior  el  principe  de  España  que  es  tratada 
«de  la  misma  manera.  Y  en  el  palacio  en  que  están  no  hay  jar- 
»din,  do  modo  que  es  menester  que  estén  siempre  en  las  cámaras. 
»En  tiempo  de  la  difunta  reina  iban  á  paseo  con  ella  y  también  á 
«Aranjuez,  al  Escorial  y  al  Pardo,  cuando  el  Rey  iba  á  estos  si- 
»tios.))  Conforme  con  esta  era  la  opinión  del  Cardenal  de  Gran- 
vclla  que  decía  á  la  Duquesa  de  Parma:  «El  principe  mi  Señor  y 
«los  demás  de  la  familia  real  están  muy  buenos  aunque  la  comi- 
»da  que  usan  teniéndolos  tan  encerrados  no  me  parece  muy 
ȇ  proposito  para  la  salud  ni  para  la  vida  que  los  principes 
«cuando  lleguen  á  edad  deben  tener  para  andar  entre  las  gentes, 
» lo  cual  me  da  pena  y  no  dejo  de  decir  con  frecuencia  mi  opinión.» 
El  Rey  tenía,  sin  embargo,  gran  confianza,  así  en  el  Conde  de 
Barajas  como  en  la  Condesa  de  Paredes,  camarera  mayor  de  las 
Infantas,  y  ambos  debían  estar  muy  preocupados  con  su  cargo 
según  se  infiere  de  esta  carta  del  10  de  Julio,  pues  en  ella, 
tratando  como  en  todas  antes  que  de  ningún  otro  asunto  de 
la  salud  de  sus  hijos,  dice  el  Rey:  «También  holgué  mucho 
»de  saber  que  uos  la  menor  estubiesedes  ya  buena,  y  no  de  que 
«estandolo  subiesedes  á  la  tribuna  que  os  pudiera  hazer  mas 
«mal,  y  bien  será  que  entrambas  tengáis  mucho  cuidado  de 
«hacer  lo  que  en  esto  y  en  todo  os  dixere  la  Condesa,  pues  ella 
«le  tiene  tan  grande  de  vuestro  servicio  y  de  lo  que  es  bien  que 
«hagáis  y  asi  os  lo  encomiendo  mucho:  que  con  esto  no  podréis 
«errar  en  nada.  Y  del  mal  del  Conde  estoy  con  cuidado  por  la 
y)  voluntad  con  que  veo  que  os  sirve  á  todos  y  espero  que  tendrá 
«salud  como  es  menester.» 

Siguiendo  su  costumbre,  el  Rey  da  en  esta  carta  noticia  á  sus 
hijas  de  todo  lo  ocurrido  desde  la  anterior,  hablándolas  de  que  el 
día  antes,  esto  es,  el  9  de  Julio,  le  habían  estado  á  visitar  dos  in- 
fantes moros,  tio  y  sobrino,  con  gran  acompañamiento  de  los  su- 
yos á  pie  y  á  caballo.  Estos  príncipes  eran  hermano  y  sobrino  del 
Rey  negro  que  murió  en  la  rota  de  Alcazarquivir,  los  cuales  se 
habían  acogido  á  Portugal  bajo  la  protección  del  Rey  Enrique; 
Dice  luego  el  Rey  (pie  aquella  misma  m.añana  había  salido  del 
puerto  de  Lisboa  una  arma^U  de  14  á  lo  galeones  para  las  islas 
Azores  que  estaban  por  D.   Antonio,  cuya  armada  visitó   por 


CARTAS    DE    FELIPE    11    Á   LAS    INFANTAS   SUS    HIJAS.  251 

la  tarde  Felipe  II,  yendo  en  la  capitana,  donde  U  chusma,  se- 
gún costumbre  usada  todos  los  sábados,  cantó  la  salve  acompa- 
ñando las  voces:  «unos  ministriles  que  son  esclavos  de  la  galera 
»([ue  son  muy  buenos  y  tañen  muy  bien  muchos  instrumentos». 
Termina  la  carta  hablando  de  Magdalena  de  quien  dice:  «fué  oy 
»á  la  galera  después  que  yo,  y  creo  que  anduvo  un  rato  mareada, 
»y  hasta  agora  no  se  usa  desmandar  mucho  por  este  lugar,  creo 
«que  es  por  que  no  le  den  grita  como  les  dan  á  otros  diciendoles 
daca  la  ciierda.n 

La  carta  que  sigue  á  la  anterior  es  de  14  de  Agosto,  siendo  in- 
dudable que  faltan  algunas  intermedias,  más  interesantes  que 
esta  que  es  de  las  más  breves,  aunque  no  menos  curiosa;  siem- 
pre es  el  ¿isunto  principal  la  salud  de  sus  hijos  que  estaban  por 
entonces  restablecidos  de  varias  dolencias,  menos  el  infante  Don 
Felipe  acerca  del  cual  dice  su  padre:  «Bien  creo  que  los  médicos 
«hauran  tenido  el  cviidado  que  decis  y  que  ei  mismo  tendrán 
»hasta  que  esté  bueno  el  chico»;  quéjase  luego  del  calor  que  aque- 
llos días  había  reinado  añadiendo:  «mas  no  tanto  como  en  Bada- 
»joz  con  mucho  y  no  me  querría  acordar  de  tan  mal  lugar».  Ya 
van  dichos  los  motivos  que  tenía  el  Rey  para  hablar  así  de  Ba- 
dajoz donde  murió  su  mujer  y  él  estuvo  á  las  puertas  de  la  muer- 
te. Por  último,  en  esta  carta  y  después  de  escrita  la  fecha  dice: 
«allá  creo  que  tendréis  cuatro  embajadores  de  Veneciaquesehaii 
«despedido  ya  de  mi»,  uno  de  ellos  era  Juan  Francisco  Morossi- 
ni  de  cuya  relación  hablamos  antes,  el  cual  acompañó  á  Lisboa  á 
Vicente  Tron  y  á  Gerónimo  Lippomano,  enviados  por  el  Senado 
de  la  república  para  felicitar  á  Felipe  II,  por  su  exaltación  al  trono 
de  Portugal;  con  ellos  fué  Mateo  Zane,  nombrado  para  sustituir 
á  Morossini  en  su  cargo  cerca  del  Monarca. 

Ofrece  particularidades  muy  curiosas,  la  carta  que  sigue  á  la 
anterior  que  es  del  11  del  mismo  mes  de  Agosto;  muéstrase  el 
Rey  en  ella  muy  satisfecho  de  las  buenas  nuevas  que  las  infan- 
tas le  habían  dado  de  la  salud  de  todos  sus  hijos  y  habla  de  la 
suya  propia  diciendo:  «Estos  dias  he  andado  un  poco  desconcer- 
stado  no  se  si  tiene  la  culpa  de  ello  haber  comido  más  melón  al- 
«gunos  dias  antes,  que  los  había  muy  buenos,  mas  yo  creo  que 
»no  y  aunque  he  quedado  un  poco  cansado,  creo  que  me  ha  he- 


252  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

»cho  provecho».  Má^  adelante  contradiciendo  á  los  que  le  tachan 
de  indiferente  é  insensible  con  los  suyos:  «Con  mucha  verdad 
«podréis  creer  (dice  el  Rey)  que  os  deseo  ver  y  á  vuestros  herma- 
»nos:  placerá  á  Dios  de  ordenarlo  de  modo  que  pueda  ser  presto 
como  lo  espero».  Habla  luego  D.  Felipe  de  la  carta  que  le  había 
escrito  la  abadesa  de  las  Descalzas  Reales  de  Madrid  que  lo  era 
entonces  Sor  Juana  de  la  Cruz,  de  la  que  da  larga  noticia  en  su 
libro  Relación  histórica  de  la  Real  fundación  del  Monasterio  de 
las  Descalzas  Reales  el  Padre  Fray  Juan  Carrillo  (1),  mostrán- 
dose muy  contento  de  que  las  infantas  asistieran  á  las  fiestas 
religiosas  que  se  celebraban  en  el  Monasterio;  y  aprobando  que 
se  abriese  una  puerta  de  comunicación  entre  las  casas  que  la 
Real  familia  ocupaba  y  el  convento;  con  este  motivo  dice:  «Ypa- 
«rece  que  nos  avemos  encontrado  en  ir  en  un  mismo  dia  á  las 
«Descalzas,  vosotras  á  las  de  ay  y  yo  á  las  de  aquique  se  llaman 
»la  Madre  de  Dios,  y  por  estas  creo  que  hizo  mi  hermana  ese  mo- 
nasterio». En  efecto,  así  fué,  según  consta  en  el  libro  antes  citado. 
El  Rey  describe  luego  menudamente  su  visita  al  monasterio 
portugués  haciendo  notar  que  no  había  entrado  en  ningún  conven- 
to de  monjas  hasta  entonces  que  le  rogaron  lo  hiciese,  pues  tenían 
tal  privilegio  los  Reyes.  Concluye  la  carta  en  estos  curiosos  tér- 
minos: «Y  sea  norabuena  aver  cumplido  vos  la  mayor  xv  años 
«que  es  gran  vejez  vos  tener  ya  tantos  años  aunque  con  todo  esto 
ncreo  que  aun  no  sois  mujer  del  todoy>.  Preocupación  ,é  insisten- 
cia respecto  á  lo  que  ya  dice  en  otras  cartas  que  demuestran  la 
atención  y  el  cuidado  que  daba  al  Rey  á  cuanto  se  relacionaba 
con  sus  hijos. 


m. 


Desde  el  21  de  Agosto  hasta  2  de  Octubre  hay  en  la  colección 
de  estas  cartas,  una  laguna  que  á  nuestro  parecer  no  se  puede 
atribuir,  sino  al  extravío  de  varias  de  ellas;  la  de  esta  última  fe- 
cha está  escrita  en  Cintra  y  describe  la  expedición  que  Felipe  II 


(1)    Madrid,  1621. 


CAUTAS    DE    FELIPE    II    Á   LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  253 

había  hecho  á  este  pueblo  y  á  Cascaes  desde  Lisboa,  de  donde  fué 
embarcado,  dando  noticia  á  sus  hijas  del  accidente  que  le  produjo 
haber  metido  una  pierna  en  el  agujero  del  mástil  de  una  nave  des- 
arbolada que,  por  estar  la  mar  baja,  tuvo  que  pasar  para  embar- 
carse; añade  que  porque  el  barco  entró  mar  adentro  él  y  su  so- 
brino se  marearon  algo;  y  luego  da  noticia  de  los  jardines  de 
Cascaes  de  los  que  dice:  «y  son  buenos  y  muchos  y  muy  buenas 
«fuentes  que  las  tomarla  yo  para  allá»,  habla  después  dalos  mo- 
nasterios que  allí  habia,  especialmente  del  que  llamaban:  «Nues- 
»tra  Señora  da  Penna  que  tiene  este  nombre,  porque  está  todo  él 
»sobre  una  peña  muy  alta  de  donde  se  descubre  gran  vista  de  mar 
»y  tierra,  sino  que  hay  tanta  niebla  que  lo  más  del  tiempo  no  se 
»ve.»  Resulta  de  esta  carta  que  se  abrió  la  puerta  que  había  de 
poner  en  comunicación  el  Monasterio  de  las  Descalzas  Reales  de 
Madrid  con  las  casas  que  habitaban  las  infantas,  pues  el  Rey 
escribe:  «Y  he  holgado  de  que  fuerades  á  misa  el  dia  de  San 
«Mateo  por  la  puerta  nueva»,  y  al  hacer  notar  á  sus  hijas  que 
otro  día  que  fueron  al  Monasterio  no  lo  era  de  San  Víctor,  sino 
de  San  Mauricio,  recuerda  que  están  allí  las  reliquias  de  aquel 
Santo  que  fueron  traídas  de  Viena,  y  regaladas  á  aquel  Monas- 
terio por  Ana  de  Austria  cuando  vino  á  casarse  con  Felipe  II  (1). 
El  23  de  este  mismo  mes  de  Octubre  dice  el  Rey  á  sus  hijas: 
«El  lunes  os  escriví  tan  largo  que  tendré  agora  poco  que  decir» 
la  carta  á  que  esta  se  refiere  no  puede  ser  la  del  2  de  que  hemos 
dado  cuenta,  sino  otra  probablemente  del  16  cuya  pérdida  es  tan- 
to más  sensible  cuanto  que  siendo  larga  no  podía  dejar  de  conte- 
ner noticias  curiosas:  en  esta  del  23,  las  da  de  la  salud  del  Archi- 
duque que  padecía  entonces  una  enfermedad  que  llegó  á  tener 
alguna  importancia,  sobre  lo  cual  escribe  el  Rey  «aunque  es 
«poco  el  mal,  me  da  á  mi  harto  cuidado  y  mas  siendo  en  los  días 
que  es»  y  mostrando  el  que  suele  por  sus  hijos  dice  de  D.  Diego: 
«Pues  decis  que  vuestro  hermano  leería  mejor  si  tubiese  mas 
«cuidado,  acordalde  que  le  tenga,  para  que  quando  yo  baya,  pla- 
» ciendo  á  Dios,  sepa  ya  leer  bien  y  escribir  algo  y  decilde  que 
»  para  quando  escriviere  yo  le  enviaré  una  escrivania  de  la  India. 

(1)    Relación  histórica  etc.  de  Fray  Juan  Carrillo,  folio  50. 


254         boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

» Y  muy  de  tarde  en  tardo  me  parece  que  os  veis  pues  decis  que  no 
»es  sino  las  fiestas.»  Curiosísima  es  esta  última  noticia  que  da 
idea  de  las  costumbres  de  la  familia  j-eal,  pero  debe  notarse  que 
al  padre  le  parecía  mal  que  no  se  viesen  y  tratasen  con  frecuen- 
cia los  Jicrmanos.  La  ya  conocida  Magdalena  ocupa  importante 
lugar  en  esta  carta,  avivando  el  deseo  de  saber  quién  fuese  y  qué 
papel  hacía  en  la  familia,  que  desde  luego  se  ve  que  era  impor- 
tante, pues  no  de  otra  manera  se  explica  que  dijese  el  Rey.  «Ma- 
«dalena  está  muy  enojada  con  migo,  después  que  os  escrivió,  por 
»  que  no  reñí  a  Luis  Tristan  por  una  quistion  que  tuvieron  de- 
» jante  de  mi  sobrino,  que  yo  no  la  vi,  y  creo  que  la  comencó 
«ella,  que  ha  dado  en  desonrarle.  Se  ha  ido  muy  enojada  con- 
»  migo  diciendo  que  se  quiere  ir  y  que  le  ha  de  matar:  mas  creo 
«que  mañana  se  la  havrá  ya  olvidado.»  Este  cuadro  de  la  vida  ín- 
tima del  gran  monarca  no  tiene  nada  de  común  con  los  que  nos 
han  pintado  la  mayor  parte  de  los  que  de  él  hablan. 

Aún  más  breve  que  la  anterior  es  la  carta  de  30  de  Octubre; 
casi  no  es  más  que  el  acuse  de  recibo,  como  ahora  se  dice,  de  dos 
que  le  habían  escrito  cada  una  de  sus  hijas,  incluyéndole  otra  de 
la  Emperatriz  su  hermana,  por  la  que  muestra  el  Rey  no  menos 
afecto  que  por  sus  hijas;  en  ella  da  además  noticia  de  que  la  en- 
fermedad de  su  sobrino  el  Archiduque  creció  después  de  su  ante- 
rior, pero  que  ya  iba  mejorando.  Una  ó  dos  cartas  deben  faltar 
entro  esta  y  la  del  20  de  Noviembre  en  la  que  dice  que  «ya  a\ia 
«savido  como  á  vos  la  menor  os  avia  faltado  la  quartana  de  que 
»me  holgué  mucho  y  creo  que  no  lo  debió  ser.»  Habla  luego  de 
estar  ya  bueno  su  sobrino;  y  de  su  hermana  que  suponía  ya  pron- 
ta á  desembarcar  en  Barcelona  y  añade:  «tengo  os  mucha  envidia 
»á  qu3  lo  sabréis  primero  que  yo»  y  por  último  les  avisa  el  envío 
de  cuentas  de  perdones  y  agnus-dei  que  le  había  dado  el  legado 
del  Papa,  Cardenal  Alejandro  Riario,  cuando  estuvo  á  verle  en 
Badajoz  al  despedirse  de  él  en  Elvas. 

Más  do  un  mes  media  entre  esta  y  la  carta  fecha  en  Lisboa  el 
25  de  Diciembre,  la  cual  aunque  corta  es  curiosísima:  «No  pude 
«escriviros  el  lunes  pasado  (dice  el  Rey)  ni  agora  podré  respon- 
ndoros,  por  que  es  tarde  y  no  se  cufre  trasnochar  esta  noche,  por 
»  que  la  pasada  me  acosté  á  las  tres,  por  que  se  acabó  poco  antes 


CARTAS    DE    FEMPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  255 

5) la  misa  del  gallo  que  oi  y  los  iiKiylines...»  ya  se  da  por  enteni- 
do  de  la  llegada  de  su  hermana  £Í  España,  aunque  no  había  reci- 
bido hasta  aquella  misma  nociie  carta  suya  escrita  en  Octubre  al 
día  siguiente  de  su  dcsend^arco. 

La  carta  que  sigue  á  la  anterior  es  del  15  de  Enero  del  82  y  casi 
empieza  por  esta  agudeza  tan  contraria  á  lo  que  se  cree  general- 
mente del  espíritu  tétrico  y  sombrío  del  Rey.  «Y  paréceme  que 
«se  da  mucha  priesa  vuestra  hermanica  en  salirle  los  colmi- 
» líos:  deben  ser  en  lugar  de  dos  que  se  me  andan  por  caer  y  bien 
«creo  que  los  llevaré  menos  quando  baya  ay,  y  con  que  no  sea 
».mas  que  esto  se  podrá  pasar.»  Después  de  dar  noticia  délas  ho- 
ras canónicas  que  rezaban  en  su  capilla  y  que  no  oía  «por  tener 
mucho  que  hacer»  se  muestra  el  Rey  inquieto  por  no  haber  tenido 
noticias  de  su  hermana  desde  las  que  ella  le  dio  al  día  siguiente 
de  desembarcar,  atribuyéndolo  á  que  tal  vez  se  hubiese  abogado 
algún  correo,  por  las  muchas  y  grandes  tempestades  de  agua  y 
truenos  que  habia  por  entonces;  volviendo  á  ocuparse  largamen- 
te de  Magdalana  hace  de  ella  este  retrato  poco  halagüeño:  «Ya 
»creo  que  Madalena  no  está  tan  enojada  con  migo,  pero  ha  dias 
»que  está  mala  y  ase  purgado  y  quedado  de. muy  mal  humor  y 
«ayer  vino  acá  y  está  muy  mal  parada  y  flaca  y  vieja  y  sorda  y 
«medio  caduca  y  croo  que  es  todo  del  bever,  que  por  esto  creo 
«que  huelga  de  estar  sin  el  yerno.»  Luego  avisa  á  sus  hijas 
el  envío  de  un  obsequio  que  demuestra  su  ternura.  «Dieronme 
»  (dice)  el  otro  dia  lo  que  va  en  esa  caja  y  dixéronme  que  era  lima 
«dulce,  y  aunque  no  creo  que  es  sino  limón  os  lo  he  querido  en- 
»  viar,  por  que  si  fuere  lima  dulce  no  he  visto  ninguna  tan  gran- 
»de...  También  van  allí  unas  rosas  y  azahar  por  que  veáis  que  lo 
»  ay  acá;  y  así  es  que  todos  estos  dias  me  trae  el  Galabrés  (1)  rami- 
» lletes  de  lo  uno  y  de  lo  otro  y  muchos  dias  ha  que  los  ay  de 
"Violetas.»  ¿No  es  verdad  que  sorprende  saber  que  Felipe  II  se 
complacía  como  el  hombre  más  sensible  en  rodearse  de  flores  y 
enviarlas  de  regalo  á  sus  hijas,  ocupándose  en  estas  cosas  hasta 
el  punto  de  decirles  que  allí  no  había  junquillos  aunque  había 


(1)    Este  Catabres  según  se  infiere  de  estas  cartas  era  el  jardinero  mayor  del  Rey. 


256  BOLETÍN   DE   LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

Otras  cosas  y  que  según  lo  que  llovía  los  habría  presto  en  Madrid 
«para  quando  mi  hermana  venga  o  poco  después»  según  las  pa- 
labras del  monarca? 

La  carta  de  29  de  Enero  que  sigue  á  la  anterior  entre  las  pu- 
blicadas ,  es  de  las  más  largas  de  la  colección ,  aunque  empieza 
diciendo,  que  por  ser  en  respuesta  de  otra  suya  tendría  poco  que 
contestar  á  las  que  le  escribían  sus  hijas  á  quienes  dice  que  su 
hermana  la  Emperatriz  habría  salido  de  Barcelona  el  22,  si  bien 
él  creía  que  no  había  de  llegar  á  la  corte  hasta  fines  de  Febrero 
ó  principio  de  Marzo  que  lo  era  también  de  la  cuaresma.  Curio- 
sas son  estas  palabras  que  se  leen  en  la  carta  de  que  nos  vamos 
ocupando  hablando  de  su  hermana.  «Lo  que  me  decis,  y  que  nos 
»soliamos  parecer  algo  y  mas  que  todo  en  el  hefo  no  sé  agora  lo 
«que  será.»  Pues  es  sabido  que  todas  las  personas  de  la  casa  de 
Austria  tenían  el  labio  inferior  saliente  y  algo  caido,  porque  la 
mandíbula  superior  entraba  en  la  inferior  contra  lo  que  suele  su- 
ceder de  ordinario.  Partiendo  del  supuesto  de  que  la  Emperatriz 
quería  ir  á  San  Lorenzo,  dice  el  Rey:  «Yo  andaba  por  escribir  á 
«Herrera  á  dar  una  buelfa  á  las  obras  para  que  no  hubiera  falta 
«en  ellas:»  excusado  es  decir  que  aquí  se  trata  del  insigne  arqui- 
tecto que  como  se  ve  no  dirigía  de  continuo  las  obras  del  Esco- 
rial, trazadas  primero  por  Juan  de  Toledo,  las  cuales  corrían 
especialmente  á  cargo  del  P.  Villacastín,  de ,  quién  tan  com- 
pleta noticia  nos  da  el  P.  Sigüenza  en  su  historia  del  monasterio, 
y  á  este  propósito  conviene  advertir  que,  al  decir  Felipe  II  que 
su  hermana  la  Emperatriz  querría  posar  donde  él  solía  cerca  de 
la  iglesia,  no  podía  referirse  á  las  piezas  que  ahora  dan  al  presbi- 
terio del  actual  templo  donde  murió  el  gran  monarca ,  pues  la 
magnífica  fábrica  no  se  acabó  hasta  el  año  de  1586,  sino  ala  igle- 
sia que  sirvió  mientras  la  otra  se  construía,  y  á  las  habitaciones 
que  junto  á  ella  ocupaba  el  Rey,  hasta  que  se  terminaron  las 
obras  de  aquel  grandioso  edificio.  Describe  el  Rey  en  esta  carta 
la  maniobra  de  botar  al  agua  un  galeón  que  con  otros  se  labró 
bajo  las  ventanas  de  su  palacio  de  la  Ribera,  desde  donde  solía 
contemplar,  según  escribía  por  aquel  tiempo  el  embajador  de 
Francia,  las  faenas  de  las  naves.  La  residencia  real  era  el  castillo 
de  San  Jian,  esto  es,  San  Julián,  siendo  esta  también  la  advoca- 


CARTAS    DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  257 

ción  de  la  parroquia  de  la  casa  donde  el  Rey  oyó  misa  el  día  antes, 
que  fué  domingo,  según  escribe  á  sus  hijas. 

Es  de  creer  que  no  hubo  ninguna  intermedia  entre  esta  carta  y 
la  del  19  de  Febrero,  pues  el  Rey  empieza  diciendo:  «No  creo  que 
»os  escrivi  oy  ha  ocho  dias  y  asi  tengo  las  cartas  de  dos  correos;» 
y  la  respuesta  que  á  ellas  da  es  de  una  efusión  de  afecto  á  los 
suyos  que  no  puede  menos  de  sorprender  á  los  que  tienen  de  Fe- 
lipe II  el  concepto  generalmente  admitido;  sería  menester  co- 
piarla toda  para  apreciar  debidamente  su  espíritu;  pero  bastará 
con  estos  períodos:  «Y  por  ser  tarde  no  os  diré  sino  que  os  tengo 
»gran  envidia  de  que  creo  que,  quando  llegue  esta,  haureis  ya 
«visto  á  mi  hermana  o  estaréis  muy  cerca  de  verla.  Y  sino  so  ha 
«detenido  en  el  camino  ya  la  haureis  visto.  Y  escribidme  muchas 
«buenas  nuevas  della  que  asi  espero  que  serán,  y  si  viene  gorda, 
«o  flaca,  y  si  nos  parecemos  agora  algo,  como  creo  que  solíamos; 
»y  bien  creo  que  no  estará  tan  vieja  como  yo.»  Dice  luego  el  R.ey 
á  sus  hijas  que  también  les  tiene  un  poco  de  envidia  de  ir  al  Pardo, 
porque  le  habían  escrito  que  estaba  muy  bueno,  y  después  de 
mostrarse  contento  de  que  le  saliesen  bien  los  segundos  dientes 
al  Príncipe  D.  Diego,  de  hablar  de  las  obras  del  Escorial  y  de  las 
flores  de  Aranjuez,  refiriéndose  á  uno  de  los  obsequios  que  de 
continuo  enviaba  á  las  infantas  desde  Lisboa,  dice:  «Si  los  guan- 
«tes  son  tan  grandes  como  decis  mejor  serán  para  vos  la  mayor 
«para  quien  no  lo  eran,  que  bien  creo  que  para  vuestra  prima  lo 
«serían,  y  escrividme  quien  es  mayor  ella  o  vos  la  menor  y  dadle 
«entrambas  un  recado  de  mi  parte  el  que  á  vosotras  os  pareciere, 
»qúe  bien  creo  puedo  fiar  de  entrambas  que  se  le  sabréis  bien 
))dar.«  Confianza  bien  fundada  del  Rey  en  el  ingenio  y  discreción 
de  sus  hijas  que  tan  relevantes  pruebas  dieron  €on  el  tiempo  de 
poseer  estas  calidades. 

La  carta  siguiente  de  5  de  Marzo  es  toda  alborozo  por  las  bue- 
nas nuevas  que  le  habían  dado  sus  hijas  de  la  familia  y  especial- 
mente de  su  hermana  y  de  la  hija  de  esta  Doña  Margarita,  á 
quienes  se  obsequió  con  cacerías  y  fiestas  de  campo  en  el  Pardo; 
y  hablando  luego  de  lo  que  á  su  persona  se  refería,  no  puédeme- 
nos de  notarse  con  especial  interés  lo  siguiente:  «Por  ser  tarde 
»no  tengo  tiempo  de  deciros  mas  sino  que  ayer  predicó  aqui  en 

TOMO  IV.  18 


258  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

)-la  capilla  Fray  Luis  de  Granada  y  muy  bien  aunque  es  muy 
)'\'iejo  y  sin  dientes.»  En  efecto,  habiendo  nacido  Fray  Luis  en 
el  año  1504,  tenía  en  aquel  de  1582  setenta  y  ocho  años,  y  aunque 
no  murió  sino  seis  después  estaba  ya  muy  enfermo;  su  fama  era 
grandísima  y  merecida  como  escritor  y  como  orador  sagrado,  y 
place  verla  confirmada  por  el  Rey  en  términos  tan  significativos, 
sin  que  le  hiciera  desmerecer  en  su  concepto  el  engaño  di3  que  el 
candoroso  sacerdote  fué  víctima  dando  por  verdadero  cierto  breve 
de  S.  S.  fingido  que  unos  frailes  sus  hermanos  le  presentaron  y 
que  era  muy  desfavorable  á  la  política  de  Felipe  II  y  á  sus  dere- 
chos al  trono  de  Portugal  (1). 

En  la  carta  del  19  de  Marzo  contesta  D.  Felipe  á  las  que  había 
recibido  de  sus  hijas,  dándole  noticias  de  los  obsequios  que  se 
seguían  haciendo  á  su  hermana  la  Emperatriz ,  y  especialmente 
del  viaje  al  Escorial;  sábese  que  en  aquella  ocasión  llegaron  las 
personas  reales  al  monasterio,  aún  no  concluido,  el  27  de  Febre- 
ro, siendo  recibidas  por  los  frailes  gerónimos  con  las  ceremonias 
debidas  á  su  elevada  jerarquía,  esparciéndose  aquellos  días  en  la 
Fregeneda  que  el  Rey  había  comprado  á  diferentes  vecinos  de  Se- 
govia  para  que  sirviera  de  lugar  de  recreo,  juntamente  con  la 
Herrería,  que  como  dice  el  P.  Sigüenza:  «mirada  desde  el  mismo 
«convento  parece  una  mata  de  albaca  en  verano  que  es  gran  ali- 
»vio  de  la  soledad  y  de  la  vista.»  El  texto  de  esta  carta  como  el 
de  las  otras,  tiene  varias  erratas  en  la  edición  del  Sr.  Gachard,  y 
aquí  recaen  en  los  nombres  de  estas  dehesas,  siendo  de  notar  que 
hablando  de  la  última  expresa  el  Rey  conceptos  análogos  á  los 
que  hemos  recordado  del  P.  Sigüenza,  pues  dice  á  sus  hijas:  «y 
»esto  no  me  lo  habéis  escrito  ni  como  estábala  Hesteria  (debe  ser 
j)  Herrería)  aunque  bien  sé  que  pasaste  muy  poco  por  ella  y  por 
«esto  nada  debió  de  echar  de  ver  mi  hermana,  que  qnando  está 
ritoda  verde  ya  sabéis  que  no  hay  mejor  cosa  en  todo  aquello. r> 
Hablando  luego  de  sus  hijos  el  Rey,  escribe  en  estos  términos: 


(1)  Sobre  este  particulnr  véase  el  tomo  34  de  los  Documentos  inéditos:  no  recuerdo 
que  lialiio  de  este  particular  ningún  biógrafo  del  P.  pr ranada,  pero  como  también  fué 
victima  de  otro  encaño,  creyendo  en  los  prodigios  de  Sor  María  de  la  Visitación,  Priora 
de  la  Anunciada  de  Lisboa  infiero,  que  como  en  muchos  grandes  liombres,  el  P.  Ora- 
ñadí»  juntAba  á  su  grranile  entendimiento  y  elocuencia  un  espíritu  candoroso. 


CARTAS    DE   FELIPL    11    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  259 

«De  vosotros  me  dan  todos  muy  buenas  nuevas  y  de  que  eslais 
«muy  grandes.  Según  esto  deveis  de  aver  crecido  mucho,  á  lo 
«menos  la  menor.  Si  tenéis  medidas  avisadme  quanto  habréis 
«crecido  después  que  no  os  vi  y  enviadme  vuestras  medidas  muy 
«bien  tomadas  en  cintas  y  también  la  de  vuestro  hermano  que 
«holgaré  de  verlas  aunque  mas  holgaria  de  veros  á  todos.» 

El  2  de  Abril  dice  el  Rey  á  sus  hijos  que  holgó  mucho  con  sus 
cartas  y  «con  vuestras  medidas,»  añadiendo  que  les  tenía  envi- 
dia por  andar  con  su  hermana  «y  después  por  la  ida  de  Aranjuez 
»y  de  Aceca.»  Les  da  noticias  de  haber  asistido  el  día  antes  á  un 
auto  de  fe,  enviándoles  el  papel  de  su  descripción.  Llevóse  á  cabo 
la  excursión  á  Aranjuez,  según  resulta  de  la  caria  de  16  de  Abril 
en  que  el  Rey  contesta  á  las  de  sus  hijas,  á  las  cuales  dice:  «Mu- 
»  cho  holgué  con  vuestras  cartas  y  con  las  nuevas  que  me  dais  de 
«Aranjuez.  Y  de  lo  que  mas  soledad  he  tenido  es  del  cantar  de 
»los  ruyseñores  que  ogaño  no  los  he  oido  como  esta  casa  es  lejos 
«del  campo.»  La  Emperatriz  había  partido  ya  para  Portugal  y 
D.  Felipe  se  disponía  á  ir  á  su  encuentro  el  18  de  Abril  para  reu- 
nirse con  ella  en  Almeyrin,  pero  después  de  dar  ú  sus  hijas  es- 
tas noticias  vuelve  á  hablarles  de  Aranjuez  y  de  las  cacerías  que 
allí  hubo  en  obsequio  de  su  hermana,  sobre  lo  cual  les  dice:  «muy 
«grandes  vallesteras  creo  que  deveis  estar  entrambas  pues  tam- 
«bien  matastes  los  gamos  y  tantos  conejos.  Y  decisme  vos  la  ma- 
«  yor  que  vuestro  hermano  cobró  mucha  fama  (y  creo  lo  decís  por 
^)  vuestra  hermana  y  es  asi  según  lo  que  decís  adelante  sino  que 
»por  la  a  pusiste  la  o  y  otra  palabra  se  os  olvidó),  creo  que  devis- 
» tes  escribir  la  carta  á  priesa.»  Véase  como  el  Rey  en  medio  de 
las  graves  atenciones  de  su  cargo,  que  nunca  abandonaba,  tratán- 
dose de  sus  hijos  llevaba  su  cuidado  hasta  estas  particularidades; 
habla  después  de  las  tormentas  que,  como  en  Aranjuez,  había  ha- 
bido aquellos  días  en  Lisboa  con  tan  grandes  truenos,  «como  el 
«  del  rayo  de  San  Lorenzo.»  El  Rey  alude  aquí  á  la  tempestad  que 
se  desencadenó  en  el  Escorial  en  la  noche  del  21  al  22  de  Julio  de 
1577,  víspera  de  la  Magdalena,  y  al  incendio  de  la  torre  del  Reloj, 
.  que  produjo  el  rayo  hallándose  en  el  monasterio  Felipe  II  con  la 
Reina  acompañado  del  gran  Duque  de  Alba;  primer  siniestro  de 
esta  especie  entre  los  varios  que  ha  sufrido  aquel  grandioso  edi- 


260  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

ficio,  habiendo  tenido  lugar  por  idéntica  causa  el  último  en  el 
año  de  i871,  después  del  cual  se  han  colocado  en  el  varios  para- 
rayos  para  evitar  que  se  repitan.  Vuelve  el  Rey  á  hablar  en  su 
carta  de  las  obras  de  Aranjuez  y  respecto  á  aquel  real  sitio,  dice 
á  sus  hijos:  «Y  he  miedo  que  deven  de  aver  dado  mano  al  pes- 
»cado  del  estanque  de  Hontigola  pues  no  se  pescó  ninguno.» 

Estaba  la  familia  real  de  luto  por  la  muerte  de  la  Reina,  y  con- 
testando sin  duda  á  una  pregunta  de  sus  hijas  les  dice:  «Bien  po- 
«dreis  poner  oro  con  lo  negro  cuando  se  case  Doña  Nude  (?)  Dietris- 
tan.»  Supone  Gachard,  en  nuestra  opinión  con  fundamento,  que 
esta  señora  debe  ser  la  tercera  hija  del  barou  Adam  de  Dietrichs- 
tein,  que  vino  á  España  acompañando  al  Archiduque  Maximi- 
liano en  1548,  y  cuando  este  fué  Emperador  le  hizo  su  embajador 
en  Madrid,  donde  casó  con  Doña  Margarita  de  Cardona,  apellido 
que  usó  Doña  Ana,  la  cual  formaba  parte  de  la  servidumbre  de 
las  Infantas  hijas  de  Felipe  II.  Según  López  de  Haro  en  su  nobi- 
liario, casó  Doña  Ana  con  D.  Antonio  de  Fonseca,  primer  Conde 
de  Villanucva  de  Cañedo  por  merced  del  católico  Rey  D.  Felipe  II, 
y  sin  duda  á  este  casamiento  se  reñere  en  esta  carta  que  termina 
dando  á  sus  hijas  noticias  de  las  procesiones,  monumentos  y  otras 
fiestas  de  la  semana  santa,  que  había  presenciado  desde  las  ven- 
tanas de  palacio  que  daban  á  la  capilla,  salvo  «al  encerrar  y  des- 
encerrar el  Santísimo  Sacramento  que  bajó  á  ella  por  una  esca- 
lera que  alli  habia.» 

Sigue  en  la  colección  la  carta  de  7  de  Mayo  fecha  en  Almeyrin^ 
en  la  que  el  Rey  da  cuenta  á  sus  hijos  de  haber  recibido  tres  de 
cada  una  de  ellas,  y  aunque  dice  estar  de  prisa ,  es  una  de  las 
más  largas  de  esta  serie,  y  está  casi  toda  consagrada  á  dar  noti- 
cia del  viaje  hecho  para  recibir  á  su  hermana  la  Emperatriz,  re- 
firiendo con  emoción  vivísima  su  primera  entrevista  con  ella,  que 
tuvo  lugar  en  el  camino  adonde  se  adelantó  á  recibirla,  lo  cual 
refiere  en  estos  términos :  «  Y  el  viernes  que  mi  hermana  avia  de 
«venir  á  Maja,  fui  yo  alli,  adonde  se  quedó  Magdalena  á  espe- 
«rarla,  y  llegué  antes  que  mi  hermana,  y  por  que  llovia  mucho 
»pasé  adelante  en  el  carro  hasta  topar  coli  mi  hermana  mas  de 
X  media  legua  de  alli,  y  sali'del  carro  á  prisa  y  la  fui  á  besar  las 
«manos  antes  que  pudiese  salir  del  suyo  en  que  venían  ella  y  m| 


CARTAS    DE    FELIPE    H    Á    LAS    INFANTAS    SUS    líIJAS.  261 

5)  sobrina  de  una  parte ,  y  á  la  otra  la  duquesa  y  otra  que  no  co- 
))UOzco  muy  Lien...  y  lo  que  ella  y  yo  holgariamos  de  vérnoslo 
«podéis  pensar  muy  bien ,  liaciendo  26  años  que  no  nos  hablamos 
«visto,  y  aun  en  3i  años  solas  dos  veces  nos  avernos  visto  y  bien 
y>  pocos  dias  en  ellos.»  Hablando  luego  del  mismo  asunto  y  con 
idéntico  afecto,  dice:  «Mi  hermana  viene  muy  buena,  y  me  dice 
»que  mejor  desde  Guadalupe  acá  que  antes  de  alli,  aunque  oy  la 
»  oí  toser  un  poco. »  Como  en  todas  se  revela  en  esta  caria  su  amor 
paternal,  reprendiendo  dulcemente  á  sus  hijas  en  estos  términos: 
■«Y  bien  os  aveis  callado  la  cayda  que  vos  la  menor,  distesen 
«Aranjuez  y  aun  creo  que  otras  cosas,  y  no  penséis  que  lo  de  la 
» cayda  me  lo  ha  dicho  Tofiño,  que  como  digo  casi  no  le  he  ha- 
í)blado,  mas  el  lacayo  que  se  halló  alli  creo  que  puede  dar  mas 
» nuevas  de  la  cayda  y  assi  se  las  pienso  preguntar. »  Como  asunto 
que  siempre  interesa  á  las  mujeres,  el  Rey  habla  á  sus  hijas  del 
vestido  que  traian  las  que  acompañaban  á  su  hermana,  diciendo- 
Íes:  «No  me  parece  que  traen  tan  grandes  lechuguillas  las  damas, 
"deven  las  de  averias  achicado  después  que  vieron  las  de  ay.  >< 
Ocúpase,  por  último,  délas  obras  que  se  hacían  en  Aranjuez, 
que  ya  comprendía  por  las  nuevas  explicaciones  que  de  ellas  le  . 
habían  dado  sus  hijos. 

Hasta  el  4  de  Junio  siguiente  no  hay  en  la  colección  carta  del 
Rey,  y  la  de  esta  fecha  está  escrita  en  Lisboa  adonde  había  vuelto 
con  su  hermana ;  toda  ella  está  llena  de  noticias  referentes  á  su 
familia,  siendo  de  notar  este  curioso  párrafo:  «Agora  he  visto  la 
»  carta  en  que  me  dices  que  os  avia  ya  escrito  otra  vez  de  las  ven- 
r>  tanas  que  my  hermana  tiene  á  la  capilla  y  también  lo  avia  di- 
»cho  en  esta  carta,  de  manera  que  con  esta  os  le  he  escrito  tres 
»  veces ,  por  aqui  veréis  qual  deve  andar  la  cabeza  con  tantas  cosas 
«como  la  cargan. »  El  Sr.  Gachard,  dice  que  no  ha  entendido  bien 
•el  siguiente  párrafo,  que  para  nosotros  los  españoles  es  tan  claro 
en  sus  alusiones  que  no  necesita  comentarios  que  lo  expliquen. 
«No  se  si  á  vuestra  hermana  la  habrá  vuelto  la  enfermedad,  que 
>).ya  deve  ser  tiempo  y  devese  correr  con  ella,  pues  no  ha  dicho 
»  nada,  y  no  se  si  vos  también  de  que  la  aya  tenido  primero  que  . 
»vos,  y  si  fuera  entonces  la  cayda,  quizá  tuviera  masque  contar 
»el  lacayo  del  conde.»  Las  quejas  de  la  vida  sedentaria  que  lie- 


262  boletín  de  la  beal  acade.aha  de  la  historia. 

vaban  las  Infantas  debieron  producir  su  efecto,  y  sin  duda  por 
eso  dice  el  Rey :  « Y  muy  bien  haréis  en  ir  á  la  huerta  del  Campo 
»y  es  asi  que  no  está  como  solía,  mas  creo  lo  estará,  por  que  en- 
»vic  de  aquí  uno  por  teniente  del  Galabres  que  creo  que  tendrá 
)>  mas  cuenta  con  ella.  »  Hablase  aquí  de  la  actual  Gasa  de  Campo, 
sitio  entonces  como  ahora  de  recreo  y  solaz  de  la  Real  familia,  y 
de  muchos  que  con  facilidad  alcanzan  permiso  para  entrar  en  ella. 

En  29  del  mismo  mes  de  Junio  y  también  desde  Lisboa,  escribe 
el  Rey  á  sus  hijos  dándoles  noticias  de  haber  estado  enfermas  su 
hermana  y  su  sobrina,  y  es  de  notar  que  hablando  de  esta,  dice 
D.  Felipe:  <' Y  esta  tarde  medixo  Valles  queestaua  sin  calentura, 
n  y  quando  el  lo  dice  hien  se  puede  creer. »  Señal  de  la  confianza 
que  le  inspiraba  su  médico,  cuya  fama,  como  es  sabido,  fué  tal, 
que  le  valió  el  renombre  de  divino,  y  aunque  ocupa  tan  alto  lu- 
gar en  la  historia  de  la  medicina  española,  sin  duda  el  Sr.  Ga- 
chard  no  tenía  de  él  noticia,  pues  refiriéndose  á  su  persona,  solo 
dice  que  en  las  nóminas  que  se  conservan  en  Palacio  figura  un 
Antonio  Valles,  cirujano  del  comiin  de  los  horgorio7ies.  Despnés  de 
hablar  de  la  costumbre  alemana  de  regalar  á  los  que  por  primera 
vez  se  sangran,  por  lo  que  uno  le  había  regalado  á  su  sobrina  dos 
pollos  vivos,  y  de  dar  noticia  de  la  procesión  del  Corpus  en  Lis- 
boa, ocupan  el  final  de  esta  carta  Magdalena  y  Morata,  que  en 
aquellos  días  andaba  enfermo,  y  <¡ue  no  cabe  ya  duda,  por  lo  que 
de  él  dice,  que  era  un  bufón  muy  apreciado  de  la  Real  familia  (1). 

A  los  dos  días  de  escrita  esta  carta,  el  Rey  tuvo  un  ataque  de 
gota  en  la  mano  derecha  que  le  produjo  fiebre  y  le  obligó  a  guar- 
dar cama,  pero  sin  duda  se  mejoró  algún  tanto,  pues  en  la  de 
30  de  Julio  habla  de  otra,  que  no  se  conserva,  posterior  á  la  del 
25  de  Junio;  sin  embargo,  la  indisposición  hubo  de  reproducirse 
y  agravarse,  aunque  el  2 i  de  Julio  avisaban  que  ya  estaba  fuera 
de  peligro,  si  bien  todavía  en  cama.  El  Rey  confirma  estas  noti- 
cias, que  por  su  parte  trasmitía  á  la  Reina  de  Francia  Catalina  de 
Mediéis  el  embajador  Saint  Gouard  que  de  Madrid  había  ido  á 
Lisboa  á  dar  explicaciones  que  nunca  fueron  satisfactorias  de  la 
armada  que  se  aprestó  en  los  puertos  de  Francia  para  favorecer  la 

(1)    Véase  más  adelante  en  nota  la  curiosa  carta  del  Sr.  Madrazo. 


CARTAS  DE  FELIPE  H  Á  LAS  INFANTAS  SUS  H  1.1  AS.      26.'> 

causa  de  D.  Antonio,  el  despacho  de  Saint  Gouard  es  de  23  de 
Julio  y  se  conserva  en  la  Biblioteca  Nacional  de  Paris,  y  ya  el 
30  dice  Felipe  II  á  sus  hijas:  «Después  que  os  escribí  el  otro  dia 
»he  ido  siempre  mejorando  aunque  algo  despacio.  De  dos  á  tres 
«dias  á  esta  parte  me  parece  que  es  mas  á  apriesa,  aunque  todavía 
»tomo  xaraves  á  las  mañanas  y  bien  vellacos,  por  que  tienen  ruy- 
«barbo  y  bevo  una  vez  de  dos  que  bevo  agua  de  agrimonia. »  Du- 
rante la  enfermedad  y  por  causa  de  ella,  el  Rey  había  dejado  de 
contestar  á  varias  cartas  de  sus  hijas,  y  dice:  «Por  ser  ya  viejas 
-)  acuerdo  de  no  responder  sino  quemarlas  por  no  cargar  mas  de 
:!)papeles. »  Muchos,  en  efecto,  escribió  Felipe  II  y  se  escribieron 
en  su  tiempo,  pues  á  pesar  del  Iranscurrido  desde  entonces,  se 
conservan  inñnitos  en  los  archivos  públicos  y  en  poder  de  parti- 
culares, siendo  doloroso  que  gran  parle  de  ellos  hayan  ido  á  pa- 
rar en  nuestros  dias  al  extranjero,  y  es  muy  de  temer  que  lleven 
otros  el  mismo  camino,  privándonos  de  los  documentos  fehacien- 
tes de  la  época  más  gloriosa  de  nuestra  historia  nacional.  El  Piey 
avisa  en  esta  carta  á  sus  hijas  de  una  nao  de  la  flota  délas  Indias 
en  la  cual  venía  un  elefante  que  el  Yirey  enviaba  para  el  Prín- 
cipe D.  Diego,  por  lo  cual  escribe:  «Decid  á  vuestro  her- 
»mano  esto  del  elefante  y  que  le  tengo  un  libro  que  enviar  en 
»  Portugués,  para  que  por  él  aprenda  que  muy  bueno  seria  que  lo 
3  supiese  ya  hablar;  que  muy  contento  vino  don  Antonio  de  Cas- 
« tro  de  las  palabras  que  le  dixo  en  portugués  que  fué  muy  bien 
y>  si  asi  fué. »  Los  motivos  políticos  que  para  expresarse  de  este 
modo  tenía  el  Rey  fáciles  son  de  adivinar,  aunque  la  muerte  im- 
pidió que  D.  Diego,  jurado  Príncipe  sucesor  en  las  Cortes  de 
Thomar,  llegara  á  reinar  sobre  los  portugueses. 


IV. 


Otra  laguna  considerable  hay  en  esta  correspondencia,  pues  la 
carta  que  en  ella  sigue  á  la  anterior  es  del  3  de  Setiembre  y  casi 
toda  ella  está  consagrada  á  las  noticias  que  el  Rey  da  á  sus  hijas 
de  la  procesión  que  el  día  antes  había  visto  con  su  hermana  y  sus 
sobrinos  desde  las  ventanas,  que,  pasado  el  aposento  de  aquella, 

■Asbs  abm.  ;> 


264  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEML\   DE   LA    HISTORIA. 

daban  de  palacio  á  la  rúa  Nova.  Esta  procesión,  que  era  solo  de 
la  parrorjuia  de  San  Julián,  fué  de  las  que  aquí  llamamos  de 
minerva  y  debió  ser  magnífica,  porque  según  noticias  del  tiempo 
se  gastaron  en  ella  niíís  de  doce  mil  ducados.  Se  hacía  con  este 
esplendor  cada  siete  años,  pero  entonces  se  anticipó  dos  en 
obsequio  del  Rey.  En  ellas  figuraron  como  era  costumbre  taras- 
cas y  gigantones,  sobre  lo  cual  dice  el  Rey:  «y  cierto  me  ha  pe- 
»sado  mucho  de  que  no  la  viesedes  ni  vuestro  hermano,  aunque 
»hubo  unos  diablos  que  parecían  á  las  pinturas  de  Hieronimo 
»Bosc  (1),  de  que  creo  que  tuviera  miedo.»  El  Rey  concluye  esta 
carta  hablando  de  las  Ilotas  que  se  esperaban  de  las  Indias,  asunto 
de  que  da  mayores  noticias  en  la  de  17  de  Setiembre  que  sigue  á 
esta  y  que  es  de  gran  interés  por  referirse,  aunque  muy  indirec- 
tamente á  las  campañas  navales  del  gran  marqués  de  Santa 
Cruz.  Fueron  estas  entonces  de  la  mayor  importancia  aunque  no 
terminaron  con  la  gloriosa  victoria  alcanzada  por  el  Marqués 
el  26  de  Julio  de  aquel  año,  en  las  costas  de  la  isla  de  San  Mi- 
guel sobre  la  escuadra  al  mando  de  Slrozzi  en  que  iba  el  prior  de 
Ocralo  D.  Antonio,  pretendiente  de  la  corona  de  Portugal,  quien 
huyó  de  la  pelea  aun  antes  de  la  derrota,  por  lo  que  dijo  de  él 
Cabrera  en  su  historia  de  Felipe  11:  «Los  tímidos  no  son  capaces 
j)de  generosas  resoluciones  y  en  compañía  de  valientes  hombres 
»aun  no  ven  el  daño  cuando  débiles  procuran  apartarse  del,  im- 
)) pidiendo  el  salir  con  la  empresa  (2).»  Para  celebrar  esta  gran 
victoria  hubo  fiestas  en  Portugal,  entre  otras  se  corrieron  toros, 
y  sobre  esto  dice  el  Rey:  «Si  los  toros  que  ay  mañana  aqui  de- 
xlante  son  tan  buenos  como  la  procesión  no  habrá  mas  que  pc- 
))dir»  habla  luego  do  los  preparativos  que  hacía  Magdalena  cnga- 
lonando  un  terradillo  que  tenía  sobre  la  plaza,  en  lo  que  andaba 
tan  ocupada,  que  aunque  el  Rey  la  exhortaba  para  que  escribiese 
á  las  Infantas,  contestaba  que  no  podía  acabar  consigo  de  escri- 
bir en  vísperas  de  toros.  Contestando  luego  á  su  hija  mayor  le 

(1)  Consérvanse  aún  eu  el  Museo  del  Prado,  procedentes  del  Escorial,  varios  cuadros 
de  este  pintor,  especialmente  los  que  en  el  catálogo  del  Sr.  Madrazo  tienen  los  nú- 
meros 1170  a  1181. 

(2)  Sobre  esta  ))atalla  naval,  véase  los  cinco  libros  de  Herrera  de  la  Historia  de  Po'-- 
tvgaly  Conqv.ista  de  las  islas  de  los  Aiores:  fol.  IG7  vuelto  y  siguientes. 


CARTAS    DE    FELIPE    11    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  30ü 

dice  que  las  naos  de  la  India  no  habían  llegado  sino  el  día  antes, 
esto  es,  el  IG  de  Setiembre  «y  junto  con  ellas  llegó  el  Marques 
»de  Santa  Cruz  con  la  mayor  parte  de  la  armada»  siendo  de  no- 
tar que  nada  dice  de  la  gran  victoria  que  acababa  de  obtener,  con 
lo  que  se  adelantó  mucho  para  la  quieta  y  pacífica  posesión  del 
reino  de  Portugal  y  de  sus  importantes  colonias  que  el  mismo 
Marqués  logró  al  año  siguiente  con  la  conquista  de  la  Isla  Ter- 
♦  cera.  La  descripción  de  la  batalla  naval  de  26  de  Julio  con 
todos  sus  preliminares  y  consecuencias  sirve  de  materia  al  ca- 
pítulo VIII  del  libro  xiii  de  la  historia  de  P'elipe  II,  de  Luis  Ca- 
brera que  lleva  por  epígrafe:  Lo  que  hicieron  las  armadas  de  Es- 
paña y  Francia,  porque  como  se  sabe,  esta  última  nación  sin  es- 
tar entonces  en  guerra  declarada  y  abierta  con  España,  favorecía 
por  todos  los  medios  á  nuestros  enemigos,  pudiéndose  llamar  con 
propiedad  «armada  de  [Francia,»  la  que  , al  mando  del  italiano 
Strozzi  fué  vencida  por  el  marqués  de  Santa  Cruz,  pues  la  mayor 
parte  de  sus  fuerzas  eran  nobles  aventureros  franceses  reunidos 
bajo  las  banderas  del  prior  de  Crato,  según  se  vio  luego,  con  au- 
torización del  Rey  de  Francia.  El  Sr.  Gachard  ilustra  este  pasaje 
de  la  carta  de  Felipe  II  á  sus  hijas  de  17  de  Setiembre,  con  cu- 
riosas noticias,  una  de  ellas  tomada  de  papeles  de  la  Biblioteca 
de  Paris,  dice:  «La  entrada  del  Marqués  de  Santa  Cruz  en  el 
«puerto  de  Lisboa  fué  muy  solemne.  El  Rey,  la  Emperatriz,  el 
«Archiduque  Alberto  y  la  Archiduquesa  Margarita  la  vieron  desde 
»las  ventanas  de  palacio.  El  mismo  día  D.  Felipe,  su  hermana  y 
«sus  sobrinos  recibieron  al  Marqués  que  besó  sus  manos;  pero  el 
«Rey  no  le  mandó  cubrir  como  él  y  sus  amigos  esperaban.»  Las 
dos  cartas  del  cardenal  Granvella  que  además  de  la  anterior  noti- 
cia publica  el  Sr.  Gachard,  son  también  interesantes,  confirman 
lo  que  en  la  carta  del  Rey  se  indica,  y  cuenta  con  extensión  Ca- 
brera, y  aún  con  más  pormenores  Antonio  de  Herrera  en  los  lu- 
gares citados.  Después  de  esta  batalla  sobrevino  una  gran  tem- 
pestad que  esparció  las  naves  de  vencedores  y  vencidos,  y  alu- 
diendo á  este  suceso,  dice  el  Rey:  «Y  de  aquella  tormenta  que  fué 
»el  mismo  dia  que  aqui  uvo  una  poca  y  se  quemó  ay  la  puerta  de 
«Guadalajara,  digo  la  misma  noche  se  desparcieron  cinco  ó  seis 
«naos  que  no  han  llegado  aun  ni  se  sabe  dellas,  aunque  se  cree 


266  BOLETÍN    DE    LA   REAL    AGaDE.AHA    DE    LA    HISTORIA. 

Dque  habrán  ido  á  algan  otro  puerto.  No  ha  sido  malo  quemarse 
»la  puerta  de  Guadalajara  por  que  autes  embaracaua  allí  aquella 
»torre  y  estari'i  la  calle  muy  buena  sin  ella  mucho  mejor  que  es- 
»laba  antes.»  La  historia  de  este  incendio  es  muy  sabida,  pero 
no  puede  menos  de  llamar  la  atención  que  á  Felipe  II  le  pare- 
ciera bien,  porque  en  efecto  destruida  la  torre  quedaba  franca  y 
expedita  la  calle  que  ahora  llamamos  Mayor  y  que  ha  sido  hasta 
época  reciente  y  desde  entonces  la  principal  y  más  hermosa  de 
la  corte  (1). 

En  el  párrafo  final  de  esta  carta  se  leen  estas  palabras:  «Muy 
«bien  es  que  vuestro  hermano  no  tenga  miedo,  como  decis  vos  la 
imenor  y  no  creo  que  lo  tuviera  de  los  diablos  de  la  procesión 
»por  que  venian  buenos  y  vianse  de  lexos  y  mas  parecían  cosas 
»de  hieromovoces  que  no  diablos.»  El  Sr.  Gachard  dice  que  no  ha 
podido  entender  la  palabra  subrayada,  sin  duda  porque  no  acertó 
á  leerla  en  el  original,  pues  teniendo  en  cuenta  lo  que  dice  el 
Rey  en  su  carta  anterior,  es  claro  que  aquí  hablando  de  los  figu- 
rones de  la  procesión  de  Lisboa  repite  su  idea  diciendo  que  pare- 
cían cosas  de.Hieronimo  Vos,  el 'pintor  fantástico  de  que  ya  nos 
hemos  ocupado. 

Sigue  á  esta  la  carta  de  l.°  de  Octubre,  pero  como  se  verá  luego 
se  ha  extraviado  una  intermedia.  Empieza  el  Rey  según  costum- 
bre ocupándose  de  su  familia  y  mostrándose  muy  complacido  de 
las  buenas  nuevas  que  le  dan  sus  hijas  de  la  salud  de  sus  herma- 
nos, cosa  que  no  era  frecuente  y  que  duró  muy  poco,  pues  Dios 
no  favoreció  á  estos  príncipes  con  el  inestimable  bien  déla  salud. 
Después  de  esto  es  curioso  lo  que  dice  de  las  letras  coloradas  que 
enviaba  por  segunda  vez  al  Príncipe  D.  Diego  para  que  henchién- 
dolas aprendiera  á  escribir,  método  que  hoy  no  se  usa  y  que  con- 
sistía en  pasar  la  pluma  mojada  en  tinta  negra  sobre  las  letras 
coloradas  para  acostumbrar  la  mano  á  formarlas  sin  esa  pauta; 
después  dice  el  Rey:  «De  los  toros  ya  os  escribí  el  otro  dia  quan 


(I)    Sobre  el  incendio  de  la  puerta  de  Guadalajara,  véase  el  Antiguo  Madrid  de 
Mesonero  Romanos,  púg.  70,  y  la  Historia  de  la  Villa  y  Corte  de  Madrid,  tomo  ni,  pá- 
ginas lOü  y  UX!  y  nota  de  esta  en  que  .'.e  copia  la  descripción  del  monumento  ,  hecha 
por  el  Licenciado  López  de  Hoyos  en  su  obra  ReciMmiento  de  la  Reina  doTta  Ana 
Austria. 


CARTAS    DE    FELIPE    11    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  207 

«ruines  fueron  y  asi  no  hay  mas  que  dccii-  dellos».  La  carta  en 
que  daba  esta  noticia  que  probablemente  sería  del  24  de  Setiem- 
bre, es  la  que  indicamos  que  como  otras,  falta  en  esta  colección. 
Sigue  el  Rey  sin  intervalo  escribiendo  en  estos  términos:  «sino 
))de  Madalena  que  después  acá  ha  estíido  con  calentura  y  sangra- 
Bda  dos  veces  y  purgada  una,  mas  ya  está  buena  y  oy  ha  venido 
»acíí,  aunque  muy  Haca  y  do  mala  color  y  dixome  que  no  le  sabia 
»bien  el  vino  que  es  mala  señal  para  ella.  Y  oy  no  tenéis  de  que 
«quexaros  della,  pues  sin  decirnos  nada  ha  escrito  y  quando 
«vino  me  traxo  el  pliego  para  el  Conde  en  que  deben  ir  sus  car- 
»tas.  Y  en  verdad  que  me  ha  parecido  oy  tan  flaca  que  cualquier 
«cosa  la  llevada:  pero  suele  volver  bien  en  si  y  para  esto  sera 
«mucha  parte  una  cadenilla  de  oro  que  le  envió  mi  hermana  y 
»unos  bracaletes  mi  sobrina  por  la  sangría,  como  se  usa  en  Ale- 
»mania».  Aunque  no  todo  lo  que  sería  menester,  al  llegar  á  este 
punto  puedo  dar  algunas  noticias  de  esta  Magdalena  de  que  tanto 
se  ocupa  Felipe  II  en  sus  cartas,  pues  según  el  Catálogo  del  Mu- 
seo de  pinturas  obra  del  Sr.  Madrazo,  en  el  cuadro  que  lleva  el 
número  769,  que  atribuye  á  Teodoro  Felipe  Liaño.  pintor  de  la 
escuela  de  Madrid  y  que  hemos  visto  con  este  motivo  en  la  escalera 
que  conduce  á  los  salones  de  Escuelas  modernas  del  Museo  del  Pra- 
do, está  al  lado  de  Doña  Isabel  Clara  Eugenia  que  tiene  en  la  mano 
un  medallón  con  el  retrato  de  su  padre,  el  de  Magdalena  Ruiz, 
loca  de  la  Infanta  Doña  Juana  de  Portugal  con  un  mico  en  una 
mano  y  una  mona  en  la  otra,  además,  y  del  mismo  Liaño  hay 
otro  cuadro  que  juzga  el  Sr.  Madrazo  que  es  un  estudio  para  el 
anterior  y  representa  el  busto  de  la  misma  Magdalena  Ruiz. 
Ampliando  estas  noticias  y  dando  otras  curiosísimas  sobre  Mora- 
ta,  y  los  bufones  y  truanes  de  aquellos  tiempos,  el  Sr.  Madrazo 
dice  lo  que  podrá  leerse  al  pié  de  esta  página  (1). 


(1)  Exento.  Sr.  D.  Antonio  M.  Fabié. 

Mi  querido  amigo:  Referente  á  la  loca  Magdalena  líidi,  no  encuentro  en  el  inventa- 
rio de  cuadros  fomado  á  la  muerte  de  Felipe  II  sino  este  asiento,  además  del  otro  de 
que  hice  mérito  en  mi  Catálogo  lato  del  Museo  del  Prado:  «Retrato  de  medio  cuerpo 
«de  Magdalena  Ruiz,  loca  de  la  princesa  Doña  Juana,  con  un  abano  en  la  mano  y  una 
«calabaza  y  guantes  en  la  otra.» 

Veo  que  era  costumbre  retratar  á  las  princesas  acompañadas  de  sus  locas  ó  de  las 


268  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

La  apostilla  de  esta  carta  dice  así:  «Y  la  fecha  de  vuestras  car- 
»tas  del  sábado  creo  que  traerá  ya  la  fecha  por  la  queuta  iiueba 
»que  ha  de  ser  extraña  cosa.  Y  no  sé  si  en  todas  partes  se  ha  de 
«acabar  de  entender  y  que  ha  de  haber  yerros  en  ello.  Presto  lo 
«veremos».  Alúdese  aquí  á  la  corrección  del  calendario  llamada 
Gregoriana  por  haber  sido  decretada  por  el  Papa  Gregorio  XIII, 
en  este  año  de  1582;  mediante  ella  se  suprimieron  en  dicho  año 
10  días  del  mes  de  Octubre,  pasando  del  5  al  15  y  por  eso  Feli- 
pe II,  que  escribía  á  sus  hijas  el  lunes  1.°  de  Octubre,  les  decía 
que  las  cartas  que  habían  de  escribir  el  sábado  próximo  tendrían 
la  fecha  de  la  cuenta  nueva,  es  decir,  que  en  vez  del  6  aparece- 
rían fechadas  el  IG  de  Octubre,  por  esta  misma  causa  aunque  la 
carta  que  en  la  colección  sigue  tiene  la  fecha  de  25  de  Octubre, 
no  deja  sino  15  días  de  intervalo  entre  ella  y  la  de  1."  de  Octubre, 


de  su  familia,  poniéadolas  la  mano  sobre  la  cabeza,  como  en  señal  de  protección.  Asi 
estaba  retratada  también  la  princesa  Doña  Juana  de  Portugal,  de  medio  cuerpo,  en  un 
lienzo  que,  entre  otros  muchos,  tenía  en  calidad  de  préstamo  la  Emperatriz  Doña  Ma- 
ría en  su  aposento  de  las  Descalzas.  La  referida  Doña  Juana  estaba  en  él  retratada  coa 
la  mano  sobre  la  cabeza  de  una  negrilla. 

Son  muchos  los  retratos  de  locos  y  locas  patrocinados  por  nuestros  príncipes  que  cons- 
tan en  el  referido  inventario,  pero  todos  se  han  perdido,  á  excepción  del  de  Pejeroii, 
loco  del  conde  de  Benavente,  pintado  por  Antonio  Moro,  que  también  figuraba  en  la 
colección  de  cuadros  de  Felipe  II. 

iJ/í3>*íi/a  era  uno  de  los  muchos  toroí  que  tenia  este  R*^y,  juntamente  con  los  de  su 
hijo  el  PrÍQcipe  D.  Carlos,  l'^ra  sin  duda  compañero  de  Martin  de  Apuas,"  Arnao,  Pablo, 
Cristóbal  Cornelio,  Luis  López,  Estebanillo  Tudesco,  Francisca  de  la  Cruz,  Catalina  la 
portuguesa  y  Magdalena  Ruiz— de  todos  los  cuales  habia  retratos,  que  lastimosamente 
se  han  perdido— en  la  triste  tarea  de  desarrugar  el  ceño  de  S.  M.,  y  le  hallo  á  la  muerte 
del  Rey  retratado  en  el  Guardajoyas  de  Palacio,  y  catalogado  de  esta  manera:  <<Retrato, 
»en  lienzo,  con  lejos  j"  un  árbol  grande,  y  al  pié  del  sentado  Morata,  loco  que  fué  del 
wRey  Nuestro  Señor,  con  unos  antojos  y  un  libro  en  las  manos.» 

El  inventario  de  1637,  reinando  ya  Felipe  IV,  da  más  pormenores  de  este  retrato,  y 
declara  que  es  olira  de  Alonso  Sánchez  Coello.  Le  describe  asi:  «Retrato  al  olio,  muy 
«grande,  de  Morata,  loco,  que  tiene  un  libro  en  la  mano,  y  está  leyendo  en  él,  y  tiene 
»puestos  unos  anteojos  y  está  sentado  en  el  campo  entre  unos  países,  y  á  los  pies  tiene 
>  unos  libros  y  un  conejuelo.  Alto  dos  varas  y  tres  cuartas;  ancho  dos  varas.  De  mano 
de  Alonso  Sanchez>>.  Estaba,  con  otros  retratos  de  truhanes,  en  la  escalera  que  condu- 
cía de  la  galería  del  Ciervo  á  las  bóvedas  ó  habitaciones  de  verano .  Atendida  la  disposi- 
ción de  este  retrato,  según  la  descripción  precedente,  no  parece  sino  que  Velazquez  se 
inspiró  en  ella  cuando  tantos  años  después  pintó  el  del  Primo,  enano  de  Felipe  IV. 

Siento,  mi  ((uerido  D.  Antonio,  no  teñe'-  datos  más  interesantes  que  ofrecer  á  V. 

Mande  siempre  á  su  buen  amigo  y  colega  que  le  quiere  de  veras,— A  de  Madraso. — 
Hoy  11  Febroro  IS'*!. 


CARTAS    DE    FELIPE    II    Á    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  26Í) 

en  la  primera  anuncia  su  vuelta  á  Madrid;  que  sin  embargo,  no 
fué  tan  inmediata  como  suponía  y  torna  á  ocuparse  de  las  tra- 
vacuentas  á  que  daría  lugar  al  principio  la  corrección  gregoriana 
que,  confirmando  lo  que  dice  Cabrera  en  su  historia  de  Felipe  11, 
cree  el  Rey  que  se  conoció  en  Lisboa  antes  que  en  Madrid.  Como 
en  otras  cartas,  anuncia  á  sus  hijas  el  envío  de  regalos,  después  de 
decirles  que  el  Calabres  había  ido  á  Estremoz  ;í  hacer  búcaros 
como  los  que  tenía  para  las  llores  en  el  alcázar  de  Madrid;  y  serán 
curiosas  para  los  aficionados  á  la  cerámica  estas  noticias:  habla  el 
Rey  de  unas  cajas  y  dice.  «Por  que  no  vayan  vacias  embio  en  la 
«una  porcelanas  para  vuestro  servicio  y  de  vuestros  hermanos  y 
«una  hay  dentro  della  con  otras  porcelanas  de  nueva  manera,  á 
))lo  menos  yo  no  las  he  visto  sino  agora,  con  otras  cosas  que  ha 
«juntado  Sanfoyo».  Este  Santoyo  figura  como  gentil-hombre  de 
servicio  en  las  nóminas  que  se  conservan  en  palacio  del  tiempo 
de  Felipe  II,  el  cual,  pone  después  de  la  fecha  de  25  de  Octubre 
de  1582,  estas  palabras:  «y  bien  me  acordaré  yo  de  esta  noche 
aunque  vibiese  mil  años.»  No  hemos  podido  averiguar  la  causa 
de  este  recuerdo  indeleble. 

El  8  de  Noviembre  siguiente,  escribe  el  "Rey  á  sus  hijas  reite- 
rando la  noticia  de  su  viaje  aunque  cree  que  no  será  hasta  cerca 
de  Navidad.  Es  sabido,  que  el  Archiduque  Alberto  quedó  de  go- 
bernador de  Portugal,  y  como  ya  tenía  esta  resolución  D.  Felipe 
escribe  en  esta  carta:  «y  yo  espero  que  mi  sobrino  lo  hará  muy  bien 
«como  vos  la  mayor  lo  decis.»  Después  de  otras  particularidades 
curiosas,  pero  menos  interesantes,  el  Rey  dice  á  sus  hijas:  »Bol- 
» viendo  ayer  á  comer  dada  la  una,  de  Nuestra  Señora  de  Gracia, 
»q'  es  el  monasterio  de  los  Agustinos,  qu'  es  muy  bueno,  por 
«que  voy  estos  domingos  á  los  monasterios  por  despedida,  hallé 
» vuestras  cartas,  en  que  m'  escrives  el  mal  de  vuestro  herma- 
j)no  y  espero  en  Dios  que  no  será  mucho  y  con  que  asi  fue- 
»se  no  me  pesarla  que  fuesen  viruelas  pues  seria  mejor  que  las 
« tuviese  agora  que  no  mas  adelante  siendo  mayor.  Todavía  no 
«podré  dexar  de  estar  con  cuidado  hasta  saver  en  quehavia  para- 
«do  el  mal,  que  creo  se  sabrá  el  miércoles  y  con  el  cuidado  que 
«vosotras  tenéis  d'  el  espero  estara  bueno.»  Esta  esperanza  de  Fe- 
lipe II,  tan  desgraciado  con  sus  hijos,  no  se  cumplió,  pues  el  mal 


270       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

de  D.  Diego  paró  en  su  muerte,  aunque  al  principio  lo  creyeron 
leve  los  módicos,  y  consistió  en  viruelas,  que  como  se  verá  luego, 
se  comunicaron  á  todos  sus  hermanos. 

Según  Cabrera  (1):  "El  Principe  D.  Diego  falleció  a  21  de  No- 
viembre de  aquel  año  de  1582,  domingo  fiesta  de  la  Presentación 
de  Nlra.  Sra.  en  el  templo  y  de  la  suya  podemos  decir  en  el  cielo 
en  compaña  de  los  angeles  en  edad  tan  tierna.  Llevó  su  cuerpo  á 
San  Lorenzo  D.  Juan  Manuel  Obispo  de  Sigüenza  y  el  almirante 
de  Castilla,  y  con  la  solemnidad  que  en  los  demás  entierros  rea- 
les se  habia  hecho,  le  pusieron  en  compañía  de  dos  jurados  prin- 
cipes de  España,  para  que  se  vea  el  engaño  de  la  vida  y  las  grandes 
fuerzas  de  la  muerte.»  El  Rey  aplazó  con  este  motivo  su  vuelta  á 
Castilla  para  que  su  otro  hijo  D.  Felipe  fuese  jurado  como  Prín- 
cipe heredero  de  Portugal. 

Existe  una  interrupción  considerable  en  esta  correspondencia, 
pues  desde  la  carta  de  8  de  Noviembre  de  que  damos  la  anterior 
noticia,  se  pasa  á  la  del  3  de  Enero  del  siguiente  año,  yes  de  sen- 
tir esta  laguna,  pues  en  las  cartas  que  sin  duda  faltan  debía  re- 
ferirse el  Rey  á  la  noticia  de  la  muerte  del  Príncipe  D.Diego  y  á 
la  enfermedad  de  sus  hermanos  que  debió  producirle  por  aquella 
circunstancia  profunda  pena  y  grandísimo  temor;  así  se  deduce 
del  principio  de  la  carta  de  esta  última  fecha  dirigida  solo  á  la 
Infanta  Doña  Catalina,  á  quien  dice:  «Bien  podéis  creer  que  he 
» holgado  mucho  con  vuestra  carta  por  ver  por  ella  que  estáis  ya 
V'Con  la  salud  que  yo  deseara  que  tubiesedes;  y  asi  he  dado  mu- 
))Chas  gracias  á  Nuestro  Señor  por  averosla  dado  y  á  vuestro  her- 
T)mano  y  hermanica  y  por  todo  lo  que  ha  sido  servido.»  El  Rey 
se  muestra  luego  enterado  de  que  no  quedaron  lioi/os  de  las  vi- 
ruelas á  su  hija,  cosa  importante  para  una  mujer,  y  sin  duda  por 
ello  habla  especialmente  el  Rey  del  particular  ásu  hija. 

En  la  caria  siguiente,  que  es  del  17  de  Enero,  vuelve  el  Rey  íí 
ocuparse  de  los  hoyos  de  viruela  de  su  hija  Catalina,  que  aunque 
pocos,  le  quedaron  algunos  con  detrimento  de  su  hermosura  que 
luincí  fué  luego  tan  señalada  como  la  de  su  hermana  doña  Isa- 
bel Clara  Eugenia,  según  aparece  de  sus  retratos  y  de  las  noticias 

(I)    l.ilivo  xiir,  cap.  xii. 


CARTAS    DE    riíLIPC    U    \    LAS    INFANTAS    SUS    HIJAS.  2~  i 

que  do  ambas  dan  los  papeles  del  tiempo,  en  ellos,  singularmcii- 
le  en  cartas  del  Gardeilal  de  Granvillc  que  se  conservan  en  dife- 
rentes archivos,  se  dice,  que  las  viruelas  robustecieron  á  D.  Fe- 
lipe, de  cuyo  juramento  como  heredero  de  Portugal  se  ocupa  el 
Rey  en  esta  carta  anunciando  que  creía  que  sería  presto,  y  que  se 
celebraría  en  una  sala  grande  del  palacio.  En  la  carta  siguiente, 
que  es  de  último  de  Enero,  dice:  «El  juramento  de  vuestro  hermano 
»fuó  ayer,  y  asi  le  podréis  dar  la  norabuena  del  y  otros  escrivirau 
«mas  del  y  yo  no  puedo  ni  quiero  agora  perder  tiempo  en  escri- 
»vir  ni  en  otra  cosa  sino  darme  mucha  prisa  á  la  partida.»  Ni 
Cabrera,  ni  Herrera,  describen  esta  ceremonia  como  la  de  Tho- 
mar;  pero  dicen  que  se  celebró  en  la  indicada  fecha  en  el  palacio 
de  la  Ribera,  donde  se  juntaron  para  ello  los  Estados  de  Portugal 
y  el  primero  da  cuenta  de  lo  que  dijo  el  orador  en  aquella  solem- 
nidad, elogiando  al  Rey  y  consolándole  por  la  muerte  de  D.  Die- 
go. Según  un  papel  de  la  Biblioteca  Nacional  de  Paris,  de  que 
da  noticia  el  Sr.  Gachard,  Felipe  II  hizo  en  esta  ocasión  una  cosa 
que  halagó  mucho  á  los  portugueses,  y  fué,  que  estuviera  senta- 
do el  Duque  de  Braganza  llevando  en  su  lugar  la  espada  como 
condestablo  su  hijo  el  Duque  Barcelos. 

Ya  en  camino  para  Castilla,  escribió  D.  Felipe  á  sus  hijas  desde 
Aldea  Gallega  el  14  de  Febrero,  diciéndoles  que  había  partido  de 
Lisboa  con  su  hermana  el  viernes,  que  fué  dia  once  de  aquel  mis- 
mo mes,  después  de  comer,  yendo  por  agua  en  dos  galeras  hasta 
atravesar  el  río  Tajo.  El  Rey  se  había  sentido  indispuesto  el  día 
después  de  su  llegada  á  Aldea  Gallega,  según  carta  del  Cardenal 
de  Granvella  dirigida  á  la  Duquesa  de  Parma,  por  haberse  ma- 
reado como  otros  que  iban  en  las  galeras,  aunque  lo  disimuló,  y 
esta  indisposición  le  obligó  á  detenerse  en  la  Aldea.  El  Rey  da 
noticia  á  sus  hijas  del  plan  de  su  viaje,  y  de  que  se  separaría  des- 
de allí  de  su  hermana  que  iba  directamente  á  Guadalupe,  mien- 
tras él  iría  á  Setuval  y  á  Ebora.  En  esta  excursión  que  el  Rey 
pensaba  que  solo  duraría  quince  días,  empleó  un  mes ,  pues  el 
15  de  Marzo  escribe  á  sus  hijas  desde  Guadalupe,  donde  había 
llegado  el  mismo  día  á  comer;  esta  carta  es  breve  y  el  Rey  da  la 
razón  de  que  lo  sea  diciendo:  «y  pues  os  veré  presto  que  creo  que 
»  será  de  oy  en  xv  dias  un  dia  mas  o  menos  placiendo  a  Dios  no 


272      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

'5  quiero  responderos  agora  ni  deciros  mas  sino  que  vengo  bueno 
3) y  con  mucho  deseo  de  veros  aunque  primero  pasaré  por  San 
Lorenzo»;  de  donde  en  efecto,  escribió  á  sus  hijas  la  brevísima 
carta  que  es  la  última  de  la  colección,  y  aunque  la  fecha  dice 
martes  por  la  noche,  con  razón  presume  el  Sr,  Gachard  que  el  Rey 
cometió  un  error  al  escribir  este  día  de  la  semana,  porque  en 
efecto  llegó  al  Escorial  el  jueves  24  de  Marzo  y  salió  para  Ma- 
drid el  domingo  siguiente  27,  por  lo  tanto,  no  pasóenaqnel  Real 
sitio  en  aquella  ocasión  ningún  martes.  La  fecha  debe  ser,  pues, 
del  viernes  por  la  noche,  día  en  que  hubo  las  grandes  fiestas  re- 
ligiosas de  que  habla  en  ella  con  motivo  de  ser  la  Anunciación 
de  Nuestra  Señora. 

El  Padre  Sigüenza  da  noticia  de  esta  última  parte  del  viaje  de 
Felipe  II  en  estos  términos: 

«El  Rey  nuestro  fundador  después  de  haber  tomado  posesión 
»del  nuevo  Reino  de  Portugal  tornó  por  Badajoz  y  de  alli  vino  á 
«Nuestra  Sra.  de  Guadalupe,  de  alli  partió  á  San  Jerónimo  de 
»  Guisando,  llegó  á  la  dehesa  de  Quejigar  y  primero  visitó  una 
»  hermita  devota  que  está  escondida  en  aquellas  sierras  de  Avila, 
» llamada  nuestra  Sra.  de  la  Nieve,  también  se  holgó  de  ver  la 
)  viña  que  por  su  mandado  y  orden  se  habia  plantado  en  aquellos 
opinares,  entró  en  la  casa  que  se  iba  edificando,  vio  las  bodegas 
»  y  lagares  que  se  hacían  para  recoger  la  cosecha  tan  grande  y  tan 
»  hermosa  (1):  llegó  aquí  álos  24  de  Marzo,  víspera  de  la  Anuncia- 
))CÍon  de  ntra.  Señora  el  año  1583;  le  salió  á  recibir  un  hermoso 
«escuadrón, de  maestros,  oficiales  y  peones  de  esta  fabrica,  pues- 
»tos  en  orden  con  los  instrumentos  que  usaban  en  ella,  que  no 
DCra  mal  espectáculo  ver  tantas  diferencias.  Llegaron  al  pórtico 
y  principal,  salió  el  Convento  en  procesión  á  recibirle  y  los  niños 
o  del  Seminario  danzando  para  alegrar  la  entrada.  Eldia  siguien- 
» te  entró  á  dar  una  vuelta  por  la  casa,  mostrándosela  el  Obispo 
r>áe  Viseo  Capellán  mayor  de  S.  M.  y  aun  subió  á  ver  lo  alto  del 
j)  cimborrio  que  estaba  ya  desembarazado  de  los  andamios  y  grúas. 
»  Partió  luego  el  domingo  á  27  de  Marzo  para  Madrid  y  pasó  el 


(1 )    Esta  es  la  lieredad  llamada  el  ^aiito  que  hoy  posee  el  señor  marquós  de  la  Vies- 
es, famosa  j'Or  sus  vinos  y  aceites  destinados  al  consumo  del  Monasterio  del  Escorial. 


CARTAS    DE    FELIPE    II    A    LAS    INFANTAS   SUS    HIJAS.  ¿ili 

» puente  que  mando  hacer  en  el  rio  Guadairama  en  nombre  de 
» S.  Lorenzo,  poniéndole  sus  parrillas  que  se  acababan  entonces. 
» Entró  en  Madrid  el  29  donde  se  le  hicieron  fiestas  y  gran  reci- 
bimiento, entrando  en  publico,  ú  que  acudió  infinidad  de  gen- 
»tes»(l). 

Esta  solemnidad  que  recuerda  los  triunfos  de  los  capitanes  y 
emperadores  romanos,  cuando  volvían  victoriosos  á  la  Ciudad 
eterna,  fué  el  punto  culminante  de  la  grandeza  y  de  la  gloria  de 
aquel  reinado  y  también  de  la  monarquía  española,  que  desde 
entonces  sufre  una  lenta  y  continua  decadencia,  cuyo  término 
quisiéramos  ver  inmediato  cuantos  amamos  nuestra  patria,  y  bus- 
camos consuelo  á  las  desdichas  que  la  trabajan  en  el  recuerdo  de 
las  inolvidables  hazañas  de  nuestros  mayores,  que  establecieron 
el  poder  de  España  en  todo  el  mundo. 

Antonio  María  Fabié. 

Madrid,  Marzo  1884. 


(1)    Entrada  de  Felipe  II  en  Madrid  de  vuelta  de  Lisboa. 

Verificó  su  entrada  en  Madrid  el  29  del  mes  de  Marzo  con  gran  pompa  y  aparato, 
llevando  á  su  izquierda  al  Cardenal  Granvela  y  recibiéndole  la  corte  y  el  Ayunta- 
miento y  pueblo  de  Madrid  con  los  honores,  regocijo  y  aplauso  que  tributaba  la  anti- 
güedad á  los  grandes  conquistadores.  Historia  de  la  Villa  y  Corte  de  Madrid  tomo  iii, 
pég.  107. 


19 


VARIEDADES. 


MEMORIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA    Y     ECONÓMICA     DE    LA     PROVINCIA. 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS  *. 

(Continuación.) 

153.  La  nación  Guayaiiá,  junta  con  las  demás  na- 
ciones sus  semejantes,  es  bastante  numerosa:  viven  a 
una  y  otra  banda  del  Paraná,  desde  unas  veinte  le- 
guas mas  arriba  del  Corpus,  hasta  el  Salto  Grande 
de  dicho  Paraná,  y  aun  mas  arriba  *,  estendiendose 
hasta  cerca  del  Uruguay  por  el  rio  Yguazü,  el  de  San 
Antonio,  y  otros.  Su  natural  es  docilisimo,  y  tan  so- 
ciable con  los  yndios  de  estos  pueblos,  que  no  hay  no- 
ticia les  hayan  hecho  el  mas  leve  daiio  en  los  frecuen- 
tes viajes  que  hacen  a  los  yervales:  antes  vien  les 
ayudan  a  trabajar,  les  buscan  '  y  manifiestan  los  pa- 
rajes en  donde  hay  muchos  arboles  de  yerva,  y  aun 
les  socorren  con  alimento  quando  les  escasea;  conten- 


>    Véase  el  cuaderno  Til  del  tomo  IV. 

-  La  relación  Ms.  está  descuidada  é  incorrecta,  por  distracción  del 
escribiente  que  repitió  tres  veces  este  periodo  descriptivo:  desde  unas 
veinte  leguas  mas  arriba  del  Corpus  hasta  el  Salto  Grande  del  dicho 
Paraná,  y  aun  mas  arriba  del  Corpus  hasta  el  Salto  Grande  del  dicho 
Paraná,  y  aun  mas  arriba  del  Corpus  hasta  el  Salto  Grande  del  dicho 
Paraná,  y  aun  mas  arriba,  estendiendose  etc.  Se  ha  borrado  estas  repe- 
ticiones, y  conservado  el  texto  según  la  edic.  de  Ángelis,  donde  se  lee: 
desde  unas  20  leguas  del  Corpus,  hasta  el  Salto  Grande  de  dicho  Pa- 
aná,  y  aun  mas  ajriba. 

'    En  la  edic.  de  Ángrelis:  les  ayudan  ú  trabajarles,  buscan. 


MISIONES   DE   INDIOS   GÜARANIS.  2ió 

tandose  con  alguiKis  frioleras  que  se  les  dá,  como  son 
abalorios,  espejitos,  algunas  achas  chicas,  y  algún 
lienzo  de  algodón. 

154.  Estos  yndios  viven  dispersos  por  los  montes; 
se  alimentan  de  la  caza  que  matan  con  flechas  sin  ve- 
neno, que  no  lo  usan,  ni  conocen;  comen  de  todas  sa- 
bandijas; pero  lo  principal  de  su  alimento  es  la  miel 
de  avejas  de  los  montes.  También  siembran  algunas 
chácaras  *,  pero  no  las  cultivan;  lo  que  hacen  es,  der- 
ramar la  semilla  en  algún  paraje,  y  al  tiempo  que  ya 
l€s  parece  tendrá  fruto,  buelven  por  alli,  y  recogen  lo 
que  hallan.  Las  semillas  que  tienen  son,  porotos  de 
varias  especies,  y  que  algunos  dan  fructo  todo  el  año 
hasta  que  el  frió  consume  las  matas,  el  mayz,  y  cala- 
bazas o  zapallos  de  varias  especies  *,  algunos  de  ex- 
quisito gusto.  .\e(im  5i33  3ano;: 

155.  A  doce  leguas  del  pueblo  de  Corpus  acia  la  Reducción  de 
parte  del  este,  hay  una  pequeña  reduciou  '  de  la  na-  code  Pauíal 
cion  Guayaná,  nombrada  San  Francisco  de  Paula, 

que  está  a  cargo  de  los  Religiosos  Dominicos;  y,  aun- 
que ya  muchos  años  ^  que  se  fundó,  ni  se  aumenta, 
ni  hay  esperanza  pueda  permanecer  con  fruto;  pues, 
aunque  los  yndios  manifiestan  mucha  inclinación  a 
ser  cristianos,  hay  muchos  estorbos  que  dificultan  el 
que  se  consiga  el  establecerlos  a  vida  civil  y  cristiana. 

156.  El  numero  de  personas  cristianas  de  que  se 
compone  la  reducion  '  al  presente,  son  unas  cinqueu- 
ta,  entre  chicos  y  grandes:  pero  estos  no  siempre  asis- 
ten en  la  reducion  ®;  pues,  acostumbrados  a  buscar 
su  alimento  en  los  montes,  se  entran  por  ellos  a  pro- 
curárselo, en  donde  tratan  y  conversan  con  sus  pa- 


*  En  la  edic.  de  Angelis:  chacras. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  sapallos  de  varias  especies. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  reducción. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  ya  hace  muchos  años. 
5  En  la  edic.  de  Angelis:  la  reducción. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  en  la  redacción. 


276   BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

Tientes,  y  amigos  los  ynfieles,  estándose  con  ellos  mu- 
chos meses:  de  lo  que  resulta  el  que  tal  vez  no  buel- 
ben  a  la  reducion  '.  También  los  ynfieles  frequentan 
esta  a  menudo,  particularmente  quando  los  reducidos 
tienen  que  comer:  entonces  se  llena  la  reducion  *  de 
ynfieles;  y,  eti  consumiendo  lo  que  hay,  se  retiran, 
llevándose  consigo  a  muchos  de  los  cristianos  que,  o 
aficionados  del  trato,  o  obligados  de  la  necesidad,  se 
van  con  ellos. 

157.  El  paraje  en  donde  está  situada  la  reducion  ' 
es  una  de  las  mayores  dificultades  que  hay  para  que 
se  aumente:  la  cercanía  y  trato  con  los  suyos  no  les 
deja  olvidar  sus  antiguas  costumbres  e  inclinaciones; 
el  poco  terreno  descubierto  de  bosques  no  les  permite 
estender  sus  chácaras  *,  y  mucho  menos  el  criar  ani- 
males; pues,  ademas  de  la  falta  de  terreno,  abunda 
tanto  de  mosquitos,  tábanos  y  begenes  ^  de  diversas 
especies,  que  ni  aun  pueden  tener  un  caballo  para  el 
servicio  del  Religioso  Doctrinero. 

158,  Por  el  mes  de  octubre  del  año  próximo  pasa- 
do de  ochenta  y  quatro  *,  al  tiempo  que  el  YH.'""  S.""" 
D.°  Fray  Luis  de  Velasco,  Obispo  de  esa  ciudad  del 
Paraguay,  visitava  los  pueblos  de  su  diócesis,  estando 
en  el  de  Corpus,  vajaron  los  yndios  Guayanás  cristia- 
nos a  confirmarse  en  aquel  pueblo.  Con  este  motivo 
tuvo  ocasión  dicho  S."  YH.""  y  la  tube  yo,  de  hablar 
con  ellos,  y  particularmente  con  el  Correjidor  que, 
aunque  de  nación  Guayaníi,  fué  nacido  y  criado  en  el 
pueblo  de  Corpus;  y,  preguntándole  por  las  causas 
que  a  el  le  parecían  motibavan  el  poco  adelantamiento 


En  la  edic.  de  Ángelis:  reducción. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  reducción. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  reducción. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  chacras. 

Asi  en  el  ms.:  cáejor  en  la  edic.  de  Ángelis:  gegenes. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  de  n84. 


MISIONES   DE   INDIOS   GUARANIS.  277 

de  su  reducion  ',  dijo  que  la  cortedad  de  sus  terrenos, 
y  la  inmediación  a  los  montes,  donde  encontraban  lo 
necesario  para  su  alimento,  juntamente  con  no  estar 
havituados  al  trabajo,  eran  los  motivos  que  los  dis- 
traían de  la  reducion  *;  y  que  los  ynficlcs,  aunque 
todos  deseaban  ser  cristianos,  viendo  que  no  tenian 
que  comer  en  la,  reducion,  no  quieren  ^  venir  a  ella, 
y  que  solo  se  acercan  por  alli  quando  saven  que  hay 
que  comer;  y  en  consumiéndolo  se  buelven  a  los  mon- 
tes: y  que,  solamente  que  se  les  diese  terrenos  buenos 
en  otra  parte,  se  conseguirla  el  aumento  de  la  redu- 
cion *.  A  lo  que  les  dijo  el  S."'  Obispo  que  hablasen  a 
sus  parientes  y  amigos,  y  les  persuadiesen  a  salir  de 
los  montes  ";  que  la  piedad  del  Rey  les  concederla 
terrenos,  y  modo  de  subsistir  en  otro  paraje  *  con  las 
comodidades  que  velan  en  los  de  aquel  pueblo,  y  les 
distinarian  ministros  que  los  doctrinasen^  y  ensena- 
sen el  camino  del  cielo:  y  que  esta  diligencia  la  pu- 
siesen en  execucion  luego  que  bolviesen  a  la  redu- 
cion ',  y  que  de  sus  resultas  me  avisasen  a  mi  para  que 
yo  lo  participase  al  S."''  Obispo  y  al  Exc."""  S."  Virrey 
con  el  informe  que  tubiese  por  conveniente:  y,  aun- 
que quedaron  en  hacerlo,  particularmente  el  Correxi- 
dor,  asta  ahora  nada  ha  resultado,  ni  creo  que  re- 
sultará ^  por  lo  que  diré  a  Ym. 

159.    En  el  tiempo  que  el  pueblo  de  la  Candelaria 
eslava  comprehendido  con  los  de  mi  cargo  ^,  tenia 

•    En  la  edic.  de  Ángelis:  de  su  reducción. 

-    En  la  edic.  de  Áng-elis:  eran  los  motivos  que  distraian  de  la  reduc- 
ción á  los  reducidos. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  la  reduceion,  no  querían. 

4  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  la  reducción. 

s    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  los  persuadiesen  á  salir  de  entre  los 
montes. 

6    En  la  edic.  de  Ángelis:  en  otros  parages. 
.    '    En  la  edic.  de  Ángelis:  á  la  reducción. 

s    En  la  edic.  de  Ángelis:  ni  creo  resultará. 

9    En  la  edic.  de  Ángelis:  el  pueblo  de  Candelaria  estaba  comprendi- 
do en  los  de  mi  cargo. 


278        BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

dispuesto  que  aquellos  yndios  frequciitasen  los  viajes 
a  los  yervales  silbestres;  y,  entre  otros  puntos  que  en- 
cargava  para  que  se  governasen  en  aquella  faena,  era 
el  que  conservasen  la  mejor  armonía  con  los  ynfieles 
añcionandolos  al  trato  con  ellos;  y  que ,  siempre  que 
tubieran  oportunidad,  les  persuadiesen  a  ser  christia- 
nos  y  a  salir  de  los  montes,  convidándoles  con  las 
conveniencias  que  ellos  tenían  en  sus  pueblos;  y,  para 
que  les  fuesen  presentes  *,  vieran  si  podían  persuadir 
a  algunos  caciques  a  que  como  de  paso  ■  vinieran  a 
ver  su  pueblo:  y  en  efecto  vino  uno  con  otros  dos  yn- 
dios con  algunos  de  Candelaria,  a  los  que  agasajé  y 
regalé  bastante.  Y  tratándoles  del  asunto  de  su  con- 
versión, y  reducion  ',  me  respondieron  que  asi  ellos, 
como  todos  los  demás  de  aquellos  montes,  deseavan 
ser  christianos;  pero  que  fuesen  allá  los  Religiosos  a 
enseñarlos,  porque  ellos  no  podían  salir  de  allí,  por- 
que si  venían  a  los  pueblos,  se  havian  de  morir;  y  de 
esta  persuasión,  de  que  no  dava  *  ninguna  causa,  no 
les  pude  disuadir  ^  Pero  me  parece  que  no  sería  di- 
ficultoso el  apartarlos  de  ella,  aunque  fuera  poco  a 
poco;  porque,  como  llevo  dicho,  son  mas  dóciles  *:  y^ 
de  querer  juntarlos  en  la  reducion  ''  principiada,  o  a. 
otra  en  aquellos  parajes,  me  parece  que  todos  los  es- 
fuerzos, y  gastos  serian  inútiles;  porque,  aunque  la. 
piedad  del  Rey  les  facilite  algunos  socorros,  al  ins- 
tante que  estos  llegasen  a  la  reducion  vendrán  a  ella  "^ 
quantos  hay  en  los  montes,  y  permanecerán  allí  * 
hasta  que  los  consuman,  o  se  los  escaseen,  y  los  qui- 


En  la  edic.  de  Ángelis:  y  para  que  les  fuesen  patentes. 

En  la  edic.  de  Angelis:  como  de  paseo. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  y  reducción. 

Asi  en  el  Ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  que  no  daban. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  no  los  pude  disuadir. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  son  muy  dóciles. 

En  la  edic.  de  .ingelis:  en  la  reducción. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  á  la  reducción  vendrían  á  ella. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  y  permanecerian  allí. 


MISIONES   DE    INDIOS    GUARANIS,  279 

.sieren  '  obligar  a  trabajar:  lo  que  no  sucedería,  si  los 
trasladasen  a  otra  parte. 

,.  160.  La  prueva  mayor  que  tengo  para  convencer- 
me déla  docilidad,  y  buena  disposición  de  estos  yn- 
dios  es,  que  hace  tres  años  que  se  han  mantenido  sin 
Religioso  que  los  doctrine  y  govierne,  y  en  todo  este 
tiempo,  ni  han  abandonado  la  reducion  *,  ni  han  de- 
jado de  cumplir  en  lo  posible  con  las  obligaciones  de 
cristianos.  Y  lo  mas  es  que,  haviendo  visto  el  S."  Obis- 
po la  desnudez  de  algunos,  determinó  socorrerlos,  y 
en  efecto  lo  hizo;  y,  haciéndoles  cargo  que  porque  no 
trabajaban  en  hilar,  y  tejer  para  vestirse,  dijo  el  Cor- 
rexidor  que  en  aquel  año  havian  recoxido  poco  algo- 
don,  y  que  aquel  poco  lo  havian  hilado,  y  texido,  y 
lo  tenian  guardado  para  tupambre  '  del  Padre,  y 
que  de  modo  ninguno  havian  de  gastarlo  hasta  que 
el  viniera,  y  dispusiera  del  *. 

161.  A  la  vanda  del  Sur  del  Uruguay,  en  los  mon-  indios  Tupis, 
tes  que  principian  desde  el  pueblo  de  San  Francisco 
Xavier,  ha  vi  tala  nación  nombrados  Tupís:  Esta  pa- 
rece no  es  muy  numerosa,  o  andan  mui  dispersos, 
porque  nunca  aparecen  muchos  juntos:  son  caribes,  y 
tan  feroces,  que  ni  aun  los  tigres  les  igualan.  Viven 
siempre  en  los  montes,  desnudos  enteramente;  sus  ar- 
mas son  arcos  y  flechas,  que  asi  aquellos  como  estas 
sonde  mas  de  dos  varas  de  largo:  algunas  veces  se 
dejan  ver  junto  al  dicho  pueblo  de  San  Xavier  a  la 
vanda  opuesta  del  Uruguay;  y,  aunque  siempre  que 
esto  sucede,  se  les  ha  procurado  hablar,  "y  atraerlos, 
ofreciéndoles,  y  mostrándoles  cintas,  abalorios,  gor- 
ros colorados,  maiz  y  otras  cosas,  nunca  han  querido 
llegarse  ni  esperar,  correspondiendo  con  sus  flechas, 


'  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  les  quisieran. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  la  reducción. 
"*  En  la  edic.  de  Ángelis:  tupambae. 

♦  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  él. 


280         BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

con  las  que  han  herido  a  algunos  yndios  quando  han 
visto  que  las  canoas  o  balsas  se  acercara  *  acia  donde 
ellos  están,  retirándose  precipitadamente  al  monte. 

162.  El  pueblo  de  San  Xavier  mantenía  en  aquel 
lado  -  una  estanzuela,  y  por  las  ymvasiones  de  estos 
yndios  les  fue  preciso  abandonarla;  pues,  aunque  no 
acometían  a  las  casas,  buscaban  ocasión  de  encontrar 
algún  yndio  solo  para  acometerle,  y  no  se  podian  per- 
seguir, porque  ganavan  el  monte,  del  que  jamas  se 
apartavan  mucho.  En  tiempo  de  los  Jesuítas  pudie- 
ron los  yndios  de  San  Xavier  aprisionar  uno  de  estos 
yndios,  y  lo  trageron  al  pueblo,  en  el  que  procuraron 
agasajarlo  con  la  suabidad  del  trato;  pero  nada  bastó 
para  que  depusiese  su  ferocidad,  en  la  que  permane- 
ció sin  querer  tomar  alimento  ni  hablar  una  palabra 
hasta  que  murió. 

163.  Estos  mismos  yndios  se  estienden  por  aque- 
llos montes,  hasta  cerca  del  pueblo  de  Santo  Ángel,  y 
por  todos  los  montes  que  median  entre  el  Uruguay  y 
los  pueblos  del  departamento  de  San  Miguel ',  cono- 
cidos por  los  de  la  Vanda  Oriental  del  Uruguay. 
Quando  los  yndios  de  estos  pueblos  van  a  los  montes 
a  beneficiar  la  yerva  nombrada  del  Paraguay,  es  me- 
nester que  vivan  con  la  precaución  de  no  separarse 
uno  solo;  porque  los  Tupís  los  acehan  *  desde  el  mon- 
te a  manera  de  tigres,  y  el  que  ven  solo,  y  retirado  de' 
los  otros,  le  acometen;  y,  sino  puede  escapar,  lo  ma- 
tan, lo  llevan  y  lo  comen. 

164.  De  estos  yndios  cuentan  los  Guaranis  algu- 
nas patrañas,  ocasionadas  del  miedo  que  les  tienen: 
una  de  ellas  es,  que  sus  pies  no  tienen  dedos,  y  que 
en  ellos  tienen  dos  talones,  o  carcañales,  y  que  asi  no 


*  Así  en  el  irs.  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  acercan. 

-    Corregido  en  el  ms.:  primeramente  se  escribió:  en  aquel  tiemi)0. 
I-o  mismo  se  lee  en  la  edic.  de-Ánpelis:  mantenía  en  aquel  lado. 
"•    En  la  edic.  de  An|,-elis:  del  destacamento  de  San  Miguel. 

*  Aai  en  la  copia  vs.  En  la  edic.  de  Ángelis:  los  asechan. 


MISIONES   DE    INDIOS   GUARANIS.  281 

se  puede  conocer  por  las  pisadas,  si  van  o  vienen. 

165.  En  los  campos  que  se  dilatan  a  la  Vanda  Yndios  Minua- 
Oriental  del  Uruguay,  desde  el  Rio  Negro  hasta  el     rua'^. 
Ybicuy,  havitan  las  dos  naciones  de  Charrúas,  y  Mi- 

uuanes:  la  primera  acia  el  lado  del  Rio  Negro,  y  la 
otra  acia  el  Yhicuy,  y  estancias  que  por  allí  tienen  los 
pueblos.  Estas  dos  naciones  son  semejantes  en  su  ge- 
nio, costumbres,  y  modo  de  vestir  ';  y  asi  lo  que  di- 
gere  de  los  Minuanes,  que  son  los  mas  inmediatos  a 
estos  pueblos,  conviene  a  los  Charrúas. 

166.  Los  yndios  Minuanes  viven  en  tolderias,  com- 
puestas de  parcialidades ,  o  cacicazgos ;  aunque  regu- 
larmente conocen  superioridad  en  alguno  de  los  caci- 
ques de  aquellos  territorios,  ya  por  tener  mayor 
numero  de  yndios  de  su  debocion*.  o  por  mas  vale- 
roso y  abil:  aora  el  que  domina  es  el  cacique  Miguel 
Caray.  Estos  yndios  son  bastante  tratables,  guardan 
fee  en  sus  contratos,  castigan  a  los  delinquentes ,  sin 
permitir  se  haga  daño  a  nadie ,  sino  han  recivido  an- 
tes algún  agravio;  y  asi  viven  en  buena  arnionia  con 
todos  los  de  los  pueblos,  menos  con  los  de  Yapeyú; 
que,  por  que  estos  les  han  hecho  algunos  daños,  siem- 
pre que  pueden  se  vengan  de  ellos. 

167.  Estos  yndios  permiten  en  sus  tolderias,  y  en 
todo  el  terreno  en  que  se  estienden,  a  quantos  yndios 
Guaranís  se  desertan  de  sus  pueblos  y  quieren  vivir 
entre  ellos;  pero  han  de  usar  la  política  de  avisarles, 
y  decirles  que  van  a  favorecerse  de  ellos.  Del  mismo 
modo  permiten  Españoles  gauderios  changadores  ". 
que  andan  por  aquellos  campos  matando  toros  para 
aprovecharse  los  cueros;  los  que  extraen  llevándolos 
a  la  ciudad  de  Montevideo,  introduciéndolos  en  ella 
clandestinamente,  entre  los  que  entran  *,  con  permiso , 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  modo  de  vivir. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  indios  á  su  devoción. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  gauderios  y  changadores. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  entre  los  que  extraen. 


282   BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORL'^. 

O  de  Otra  forma;  o  pasándolos  al  Brasil  por  medio  de 
inteligencia  con  los  portugueses  del  Viamon  \  y  Rio 
Pardo,  a  cuyos  parajes*  introducen  los  mismos  gau- 
derios españoles  algunas  porciones  de  ganado  de  los 
mismos  campos.  Pero  es  mucho  mas  lo  que  extraen 
los  mismos  portugueses,  a  los  que  ayudan  y  favore- 
cen mucho  los  Minuanes,  por  que  los  regalan  con  mas 
franquicia  '  dándoles  lo  que  mas  apetecen,  particular- 
mente el  aguardiente,  por  medio  de  lo  qual  consi- 
guen, no  tan  solamente  el  que  les  permitan  matar  y 
extraer  todo  el  ganado  que  quieren,  y  sus  corambres, 
sino  que,  en  caso  de  que  alguna  partida  española  los 
encuentre,  los  favorecen,  no  permitiendo  se  les  haga 
ningún  mal. 

1G8.  Aunque  por  la  buena  fee  que  estos  yndios 
observan  con  los  de  estos  pueblos  se  conserva  la  paz*, 
son  mui  perjudiciales:  lo  primero,  por  el  asilo  que 
dan  a  los  yndios  que  se  desertan  de  estos  pueblos;  lo 
segundo,  por  el  favor  que  prestan  a  los  españoles,  y 
portugueses  changadores  que  destruyen  los  ganados 
de  aquellos  campos;  y  por  último,  porque  siempre  es 
preciso  contemplar  con  ellos,  regalándolos  con  yerva, 
tabaco,  y  otras  cosas,  a  fin  de  que  con  quales  quiera 
pretexto^  no  impidan  las  baquerias,  robando  las  caba- 
lladas, y  haciendo  otras  estorciones  a  los  que  van  a 
ellos  ^ 

169,  El  buen  natural  de  estos  yndios  parece  fran- 
quearla la  entrada  a  su  reducion ',  y  conversión;  pero 
en  nada  menos  piensan  que  en  reducirse:  y,  aunque 


»    En  la  edic.  de  Angelis:  del  Viamont. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  cuyos  parajes. 

-    En  la  edic.  de  Ángelis:  con  mas  frecuencia. 

*  El  texto  de  la  edic.  de  Ang-elis  es  menos  correcto  en  este  pasaje. 
Dice  asi:  Aunque  por  la  buena  fé  que  estos  indios  observanse,  con  los 
de  estos  pueblos,  se  conserva  la  paz. 

5    Asi  en  el  ms.:  En  la  edic.  de  Ángelis:  con  cualquier  pretexto. 

*  En  la  edic.  de  Áúgelis:  á  ellas. 

">    En  la  edic.  de  Ángelis:  á  su  reducción. 


MISIONES   DE    INDIOS   GL'ARANIS.  28o 

no  les  es  repugnante  nuestra  Religión,  les  es  la  suge- 
cion  que  ven  en  los  yndios  reducidos  a  pueblos',  y 
precisados  a  trabajar;  lo  que  a  ellos  no  sucede.  Nadie 
determina  sus  operaciones,  cada  uno  es  dueño  de  las 
sayas:  en  el  campo  tienen  su  sustento  en  el  mucho 
ganado  que  hay  en  el:  ellos  tienen  pocas  luces*  para 
conocer  lo  feliz  de  la  vida  civil,  y  mucha  malicia  para 
no  dejarse  sugetar  al  yugo  de  una  reducion '.  A  mi 
me  parece  que  los  Minuanes  jamas  se  reducen  *  con 
sola  la  persuasión  de  la  predicación  evangélica. 

170.  Réstame  aora  dar  a  Vm.  una  individual  no-  Govíerno  ecie- 

sisLstico  V  cul" 

ticia  del  gobierno  eclesiástico,  y  culto  divino  de  estos  to  dwino. 
pueblos:  pues,  siendo  mi  animo  el  presentar  al  exa- 
men y  consideración  de  Ym.  la  idea  que  me  ha  ocur- 
rido de  mejorar  el  gobierno  temporal  de  esta  provincia, 
será  preciso  mudar  en  parte  el  que  se  observa  en  lo 
eclesiástico;  asi  para  conformarlo  con  el  temporal, 
como  para  que  se  logren,  y  tengan  efecto  las  piadosas 
intenciones  de  S.  M,  y  Prelados  eclesiásticos,  y  que 
estos  naturales  logren  la  asistencia,  doctrina,  y  sufra- 
jios  necesarios  a  la  salvación  de  sus  almas.  En  esta 
narración  tocaré  algo  de  lo  que  alcanzo  con  certeza  del 
tiempo  de  los  expatriados,  y  me  estenderé  en  el  pre- 
sente, como  que  tengo  entera  noticia;  para  que,  con 
conocimiento  de  lo  que  ahora  se  observa,  puedan  co- 
nocerse las  ventajas  de  lo  que  premedito  *. 

171.  En  tiempo  de  los  Jesuítas  havia  en  cada  uno 
de  estos  pueblos  un  Gura  que  presentava  el  Governa- 
dor  de  Buenos  Ayres,  como  vice-patron  ®  de  los  treinta 
pueblos;  al  que  dava  la  colación  y  canónica  ynstruc- 


1  En  la  edic.  de  Ángelis:  que  ven  en  los  indios  de  estos  pueblos  re- 
ducidos á  pueblos, 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  tienen  pocas  luces.  Omite:  ellos. 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  una  reducción. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  reducirán. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  las  ventajas  del  que  premedito, 
c  En  la  edic.  de  Ángelis:  como  vice-patrono. 


284         BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMLA  DE  LA  HISTORLA. 

cion  •  el  Obispo  de  Buenos  Ayres  a  los  de  los  diez  y 
siete  pueblos  del  Uruguay;  y  el  del  Paraguay  a  los 
trece  del  Paraná.  Estos  Curas  tenian  de  sinodo  qna- 
trocientos  setenta  y  seis  pesos,  señalados  en  los  Rea- 
les tributos;  los  que  percivia  su  Religión,  quien  seña- 
lava  los  Compañeros  y  Coadjutores  que  le  parecía, 
poniéndolos  y  quitándolos  a  su  arvitrio,  o  pedimento 
de  los  Curas',  y  a  unos  y  a  otros  '  les  subministrara 
lo  preciso  para  su  comodidad,  y  decencia.  El  Cura  le 
hacia  cargo*,  y cuidava  principalmente  de  las  tempo- 
ralidades, y  da  va  al  Compañero  el  cargo  de  lo  espiri- 
tual, sugetandolo  en  todo  a  sus  disposiciones.  Y,  como 
ya  dejo  dicho  del  modo  que  se  governavan  en  lo  tem- 
poral, diré  lo  que  alcanzo  del  que  practicavan  en  la 
espiritual  ^ 

172.  Lo  primero  que  se  presenta  a  la  vista  son  los 
templos:  estos,  aunque  no  guardan  regularidad  en  su 
arquitectura,  y  son  de  poca  duración,  atendiendo  a  la 
pobreza  de  los  pueblos  y  la  de  sus  naturales,  son  muy 
suntuosos,  y  están  vien  adornados  interiormente  de 
retablos,  los  mas  de  ellos  muy  toscos,  y  todos  dora- 
dos, y  los  bultos  de  los  Santos  ®  que  ocupan  sus  ni- 
chos, pocos  son  los  que  hay  de  buena  escultura.  Las 
pinturas  que  adornan  sus  paredes  son  loscas  y  des- 
proporcionadas. Las  alajas  de  plata  son  muchas,  y 
grandes,  aunque  su  obra  es  poco  pulida,  a  escepcion'^ 
de  alguna  otra  pieza.  Los  vasos  sagrados  son  también 
muchos,  y  de  mejor  obra)  y  algunos  de  ellos  de  oro: 
ygualmente  los  ornamentos  son  muchos,  ricos  y  cos- 


'    Asi  en  el  ms.  Mas  correcto  en  la  edic.  de  Ángelis:  y  canónica  ins- 
titución. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  á  pedimento  de  los  curas. 
5    En  la  edic.  de  Áng-elis:  y  á  unos  y  otros. 

*  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis^El  cura  se  liacia  cargo. 
'    Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Áng'elis:  en  lo  espiritual. 

•*    En  la  edic.  de  Án¿-elis:  y  los  bustos  de  los  santos. 
En  la  edic.  de  Ángelis:  á  excepción. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS.  -!0D 

tosos.  De  modo  que,  aunque  para  el  servicio  De  *  y 
culto  divino  ninguna  riqueza  puede  decirse  que  es 
excesiva,  con  todo,  atendiendo  á  la  pobreza  de  los 
pueblos,  y  sus  naturales,  parece  que  se  excedieron  en 
esto.  Las  torres  o  campanarios  son  de  madera,  forma- 
dos de  quatro  pilares,  oorcones*  gruesos,  y  altos,  con 
dos,  o  tres  entablados  que  hacen  otros  tantos  cuerpos, 
y  su  tejadito.  Estos  campanarios  están  en  los  patios 
de  las  casas  principales,  contiguos  alas  mismas  ygle- 
sias,  y  en  ellos  muchas  campanas  de  varios  tamaños, 
y  algunas  bastante  grandes,  y  de  buenos  sonidos;  las 
mas  son  fundidas  en  estos  pueblos. 

175.  Una  de  las  cosas  en  que  he  reparado  es  que, 
teniendo  las  yglesias  de  estos  pueblos  tantas  alajas  de 
plata,  aun  para  vsos  poco  necesarios,  y  muchas  de 
ellas  duplicadas  en  un  mismo  vso,  no  hayan  empleado 
parte  de  esta  plata  en  coronas  de  las  ymagenes  de  la 
Madre  de  Dios,  resplandores  de  Crucifijos,  y  laureo- 
las de  Santos;  siendo  muy  rara  la  ymagen  que  en  su 
adorno'  hayan  empleado  plata  alguna.  Lo  mismo 
digo  de  los  bultos  de  Jesús  Nazareno  *  en  los  varios 
pasos  de  su  Pasión,  la  de  la  Virgen  *,  y  otros  Santos 
que  sacan  en  las  procesiones  de  Semana  Santa:  todos 
estos  son  unos  trozos  de  madera  mal  labrados,  y  peor 
pintados,  sin  ningún  adorno  en  sus  cuerpos,  ni  en  las 
andas  en  que  los  colocan;  siendo  estas  una  especie  de 
pariguelas  mal  formadas,  y  parece  que  devian  haber 
puesto  en  esto,  mas  que  en  otra  cosa,  su  esmero;  pues, 
siendo  la  representación  de  estos  pasos  quien  nos  trae 
a  la  memoria  la  obra  de  nuestra  redemcion,  es  mas 
combeniente  que  los  bultos  de  Jesús  ^,  la  Virgen,  y 

1  Asi  en  el  MS.:  se  omitió:  Dios.  En  la  edic.  de  Ángelis:  para  el  ser- 
vicio de  Dio?. 

»  En  la  edic.  de  Ángelis:  ú  horcones. 

3  En  la  edic.  de  Angelis:  la  imagen,  en  cuyo  adorno. 

♦  En  la  edic.  de  Angelis:  de  los  bustos  de  Jesús  Nazareno. 

s  Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  el  de  la  Virgen. 

6  En  la  edic.  de  Ángelis:  es  muy  conveniente  que  los  bustos  de  Jesús. 


286    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORL^. 

demás  Santos  sean  vien  formados,  y  adornados;  ma- 
yormente entre  estas  gentes,  que  les  entran  las  espe- 
cies mas  por  la  vista  que  por  el  oydo,  y  pudieran  ha- 
ver  empleado  parte  de  las  ricas  telas  que  emplearon 
en  los  ornamentos,  en  vestidos  decentes  de  estas  yma- 
genes,  y  otros  adornos  de  ellas. 

174.  Las  funciones  de  yglesia  correspondientes  al 
culto  divino  las  hacian  con  mucha  solemnidad;  pero 
no  ponian  tanto  cuidado  en  lo  que  pertenecía  al  bien 
espiritual  de  las  almas  de  sus  feligreses:  pues,  según 
se  esplica  el  S.'"'  D."  Manuel  Antonio  de  la  Torre, 
Obispo  que  fué  de  Buenos  Ayres,  en  el  informe  que 
dio  al  Excmo.  Señor  D."  Francisco  Bucarely,  Gover- 
nador  de  dicha  ciudad,  tratando  del  señalamiento 
de  sínodos  de  los  nuevos  Guras '  que  sustituyeron  a 
los  Jesuítas,  estos  no  aplicaban  ninguna  de  las  Misas 
por  los  difuntos,  ni  las  de  los  dias  de  fiesta  por  el  pue- 
blo, ni  la  que  debían  cantar  los  lunes  por  las  almas 
del  purgatorio,  ni  tampoco  lleva  van  el  Santísimo  Sa- 
cramento a  casa  de  los  enfermos;  pues  a  estos,  quando 
se  les  havia  de  administrar,  los  llevavan  y  ponian  en 
una  capilla  frente  de  la  misma  yglesia,  y  alli  se  los 
administraban,  sucediendo  algunas  veces,  el  que  al 
llevarlos  o  bolverlos  se  morían  algunos  de  frió  en  el 
camino.  Esta  costumbre  permaneció  nlgun  tiempo 
después.  Yo  alcancé  en  algunos  pueblos  de  mi  cargo*; 
lo  que  cesó  a  una  leve  insinuación  mia.  Lo  demás  que 
praclicavan  era  conforme  a  lo  que  espresaré  adelante, 
quando  trate  del  culto  divino  presente.  Pues  en  la 
mayor  parte  los  Guras  actuales  han  seguido  la  cos- 
tumbre que  encontraban ',  según  lo  practicaban  los 
mismos  yndios,  a  excepción  de  tal  qual  cosa  de  poca 


'    En  la  edic.  de  Angelis:  de  sínodo  á  los  nuevos  curas. 
-    En  la  edic.  de  Ángelis:  Ye  {asi:  Yo)  alcancé  todavía  en  dos  de  los 
puel)lo3  de  mi  cargo. 
'    En  la  edic.  de  .Yngelis:  que  encontraron. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS,  287 

consideración  que  han  alterado;  y,  si  tenian  alguna 
otra  particularidad,  lo  ignoro. 

175.  El  lugar  que  ocupaban  los  Jesuítas  fue  sos- 
tenido •  por  Religiosos  de  las  tres  Ordenes,  Santo  Do- 
mingo, San  Francisco  y  La  Merced:  para  cada  pueblo 
fueron  nombrados  dos  Religiosos  con  títulos  de  Gu- 
ra, y  Compañero,  señalado*  a  cada  uno  distinto  si- 
nodo,  como  ya  queda  dicho. 

176.  Para  el  nombramiento  del  Religioso  que  ha 
de  servir  el  empleo  de  Gura  se  guardan  las  formali- 
dades que  previenen  las  leyes  del  Real  Patronato,  ha- 
ciendo la  nominación  el  Provincial,  la  presentación 
el  Vice-Patrono,  y  dándole  la  ynstruccion  el  Dioce- 
sano ';  pero  a  los.Gompañeros  los  nombra  el  Provin- 
cial, y  con  la  aprovacion  y  pase  del  Vice-Patrono 
vienen  a  ocupar  su  destino,  dejando  tomada  razón  en 
los  Tribunales  de  Real  Hacienda  para  el  abono  de  sus 
sínodos. 

177.  Luego  que  el  Gura  se  presenta  al  Governador 
de  la  provincia  o  Theniente  del  departamento  en  cuyo 
distrito  está  el  pueblo  de  su  destino,  vistos  sus  títulos 
despacha  orden  al  Gavildo,  y  Administrador  para  que 
por  su  parte  lo  recivan  y  le  acudan  con  el  sustento, 
según  está  mandado  en  las  Ordenanzas.  Con  esta  or- 
den y  sus  títulos  se  presenta  en  el  pueblo,  y  el  Cura 
que  cesa  le  hace  entrega  formal  del  curato,  libros, 
yglesia,  sacristía,  y  ornamentos,  asistiendo  a  todo  el 
Cabildo,  y  Administrador:  reconocen  si  los  ornamen- 
tos y  alajas  de  la  yglesia  *  están  cabales,  según  el  pri- 
mer ymbentario,  anotan  los  que  se  deven  anotar  *,  y 

•  Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  fué  sostituido. 
-    En  la  edic.  de  Ángelis:  señalando. 

3  Asi  en  el  ns.  Con  mayor  propiedad  y  corrección  en  la  edic.  de  Án- 
gelis: y  dándole  la  institución  el  Diocesano. 

*  En  laedic.de  Ángelis:  sacristía  y  ornamentos.  Asistiendo  á  todo 
«1  cabildo  y  administrador,  reconocen  si  los  ornamentos  y  alhajas  de  la 
iglesia,  etc. 

5    En  la  edic.  de  Ángelis:  anotando  lo  que  deben  anotar. 


288      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

dan  parte  de  la  execucion  al  inmediato  superior:  y  los 
Compañeros  *  se  presentan  con  la  licencia  de  su  Pro- 
vincial, y  orden  del  Vice-Patrono,  y  mediante  ella 
son  admitidos  sin  hacer*  entrega  de  nada. 

fConcluim  en  el  próximo  número.) 


>    En  la  edic.  de  Ángelis:  y  dan  parte  de  la  egecucion  al  inmediato 
superior.  Los  compañeros,  etc. 
*    En  la  edic.  de  Ángelis:  sin  hacerles. 


boletín 


DE    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  IV.  Mayo,   1884.  cuaderno  v. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTICIAS. 

El  tomo  II  de  la  Introducción  á  las  Cortes  de  León  y  Castilla, 
escrita  por  el  académico  Sr.  Colmeiro  ha  llegado  al  pliego  3 1  de 
impresión. 


El  académico  Sr.  Fita  ha  presentado,  copiadas  por  qI  con  toda 
exactitud  en  el  Archivo  de  la  catedral  de  Barcelona,  las  actas  del 
célebre  concilio  de  Clermont  presidido  por  el  papa  Inocencio  II 
(1130),  que  sirve  de  guía  para  rectificar  el  texto  de  las  Cortes  de 
Barcelona  celebradas  un  año  después.  También  ha  ofrecido  cal- 
cos de  inscripciones  romanas  de  la  Puebla  de  Castro  que  comple- 
tan las  ya  publicadas  en  el  número  anterior  de  este  Boletín  y 
confirman  la  opinión  de  que  cerca  de  la  Puebla  debió  de  existir 
Lahitolosa,  ciudad  afiliada  á  la  tribu  Galería. 


El  Sr.  Gobernador  de  la  provincia  de  Álava,  en  nombre  de  la 
Comisión  de  monumentos  históricos  y  artísticos  que  preside,  ha 
enviado  la  reseña  descriptiva  y  los  dibujos  en  cromo  de  varios 
objetos  arqueológicos  recientemente  hallados  en  las  excavaciones 
de  la  villa  de  Suso,  antiguo  emplazamiento  de  Vitoria. 

TOMO  IV.  20 


290  BOLETÍN    DE    LA   REAL   ACADEMIA    DE    LA    HISTORrA. 

Estas  excavaciones  atestiguan  el  incendio  violento  de  que  fué 
víctima  la  ciudad  hacia  ñnes  del  siglo  xii. 


Se  han  recibido  de  parte  de  los  albaceas  de  D.  Benigno  García, 
fallecido  últimamente  en  Alcalá  de  Henares,  los  códices  volumi- 
nosos que  contienen  la  instrucción  del  proceso  de  beatificación 
de  los  ilustres  varones  Fr.  Julián  de  San  Agustín,  Fr.  Juan  Gó- 
mez 01  Hortelano  y  Fr.  Francisco  de  Torres. 


Ha  sido  firmado  el  Real  decreto  que  declara  monumento  nacio- 
nal la  basílica  de  Govadonga, 


La  Academia  acordó  aprobar  la  moción  de  su  individuo  de  nú- 
mero ,  el  Sr.  La  Fuente ,  para  que  sea  elevado  á  la  categoría  de 
monumento  nacional  el  templo  de  Santa  María  de  Galatavud. 


Atendiendo  á  la  solicitud  de  la  Comisión  de  monumentos  de 
Sevilla,  la  Academia  ha  tenido  á  bien  prestar  su  concurso  cerca 
del  Gobierno  de  S.  M. ,  en  demanda  de  subsidio  con  que  reparar 
la  Giralda  famosa ,  lacerada  recientemente  por  una  chispa  eléc- 
trica. 


La  Academia  oyó  con  sentimiento  la  noticia  de  haber  fallecido 
dos  sabios  de  la  nación  vecina:  el  eminente  arqueólogo  P.  Gahier, 
que,  con  el  P.  Martín,  escribió  la  obra  monumental  Les  vitraux 
de  Bourges,  y  el  ilustre  historiador  M.  Mignet,  miembro  de  la 
Academia  Francesa,  y  secretario  perpetuo  de  la  de  Ciencias  Mo- 
rales y  Políticas. 


necrología. 


Dug&t,  Ilistoíre  des  Orientalistes:  Dozy:  Tomo  II.  41.  Goeje,  Biographie  de  ReinJtart 
Dozy\  trad.  Chauvin.  Leide,  1883. 

Si  hubiera  de  referir  la  vida  y  juzgar  las  obras  de  este  autor 
ilustre  con  la  extensión  que  merecen ,  si  hubiera  de  presentarle 
en  el  centro  científico  en  que  trascurrió  su  existencia,  rodeado  de 
sus  maestros ,  de  sus  colegas  y  de  sus  discípulos ,  ciertamente  que 
podría  escribir,  más  bien  que  un  artículo  de  revista,  un  volumi- 
no.so  libro. 

Libro  que  reseñando  en  detallada  monografía,  la  existencia 
de  Dozy  y  sus  relaciones  literarias,  sería  interesantísimo  para 
nosotros  los  españoles;  pues  al  ocuparme  de  él  debía  tratar  de 
algunas  ilustraciones  patrias  ,  y  porque  la  mayor  y  más  principal 
parte  de  sus  obras  abraza  largos  períodos  de  los  más  romancescos 
y  bellos  de  nuestra  historia. 

Cuando  multitud  de  grandes  cualidades  se  reúnen  en  un  hom- 
bre; cuando  vida  laboriosa,  fantasía  brillante,  ingenio  claro  y 
agudo,  sagacidad  que  asombra  por  lo  perspicaz,  critica  profun- 
damente erudita,  y  amor  incontrastable  á  la  exactitud,  á  la  pre- 
cisión y  á  la  verdad,  distinguen  á  un  escritor,  su  nombre  pasará 
seguramente  á  la  posteridad,  como  pasa  el  de  Dozy,  enfi-e  el  res- 
peto y  la  admiración  de  sus  coetáneos,  rodeado  de  gloriosísima 
aureola. 

España  ha  llenado  cuasi  por  entero  su  grandiosa  obra;  como 
nuestro  Florez,  como  Zurita,  ha  iluminado  espacios  bien  oscu- 
ros de  su  historia ;  nos  ha  relatado  memorias  del  tiempo  vie- 


292  BOLETÍN   DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

jo  que  creíamos  desvanecidas  para  siempre;  ha  borrado,  no  ya 
de  la  vulgar  opinión,  mas  del  común  sentir  de  los  sabios,  errores 
de  cuenta,  y  así  como  un  guía,  sacudiendo  su  antorcha  en  esas 
oscuras  cavernas,  alcázares  encantados  de  estalactitas,  descubre 
maravillas  en  lontananza  y  en  torno  del  asombrado  viajero,  así 
su  saber,  agitando  la  antorcha  de  la  inspiración  histórica  ante  el 
oscuro  pasado  de  nuestra  Edad  Media ,  nos  ha  hecho  asistir  á  la 
vida  de  aquellos  tiempos ,  y  nos  ha  indicado  anchos  espacios  á  los 
cuales  dedicar  nuestros  esfuerzos. 

Podrá  decirse  de  él  que  se  mostró  duro  con  los  que  le  precedie- 
ron en  su  camino ;  duro  también  con  muchos  de  sus  coetáneos; 
no  solo  duro,  sino  en  ocasiones  injusto:  podrá  decirse  que  pare- 
cía querer  imponer  á  todos  una  superioridad  evidente,  que 
hubiera  ensalzado  mucho  mejor  la  indulgencia;  que  algo  de  la 
glacial  animadversión  de  Gibbon  á  la  idea  católica  pasó  por  su 
alma;  que  nos  conoció  en  los  libros  más  que  en  la  vida  real; 
podrá  decirse  todo  esto  ,  pero  muchos  de  estos  cargos  se  desvane- 
cen hoy  al  borde  de  su  sepulcro ,  ante  las  grandes  obligaciones  y 
los  considerables  beneficios  que  le  debemos. 

Mtichos  de  estos  cargos  refluyen  también  en  pro  nuestra;  pues 
la  severidad  de  su  crítica  ha  hecho  muy  difíciles  en  España  las 
ligerezas  de  Conde  ó  las  patrañas  de  Faustino  Borbón;  ha  mos- 
trado á  nuestros  arabizantes  cuan  austera  es  la  labor  que  han 
emprendido,  y  les  ha  trazado  ancho  campo  dé  acción  para  sus 
investigaciones.  Dozy  será  siempre  para  los  arabis-tas,  como  es 
Silvestre  de  Sacy,  comoCaussin  de  Perceval,  un  acabado  modelo^ 
con  sus  grandes  cualidades  para  imitarlas,  con  sus  pequeños  de- 
fectos para  huirlos  y  para  olvidarlos. 

Entre  las  más  excelentes  figuras  do  la  historiografía  patria^ 
entre  aquellos  sabios  varones,  que  tanto  contribuyeron  á  la  ilus- 
tración de  nuestros  anales,  Antonio  Agustín,  Mariana,  Alderete, 
Nicolás  Antonio,  Velázquez,  Morales,  en  el  Parnaso  de  nues- 
tros historiadores,  tendrá  lugar  preferente  Reinaldo  Dozy,  á 
quien  sus  trabajos  en  pro  nuestra  conceden  carta  de  ciudadanía 
española.  Muchas  veces  admiró,  muchas  celebró  á  aquellas  auto- 
ridades históricas;  si  ellos  pudieran  haberse  visto  juntos  con  él, 
ciertamente  que  le  recibieron  con  gallarda  cortesanía  española 


NECROLOGÍA.  293 

como  á  par  en  mérito ,  y  que  cual  ú  compatriota  le  consideraran. 
España  debe  á  Dozy  respetuosa  gratitud,  y  es  de  esperar  que 
cuando  la  ciencia  europea  ha  cubierto  de  flores  su  tumba ,  nues- 
tra patria,  siempre  hidalga  en  sus  obligaciones ,  se  adelante  á 
todas  en  la  demostración  de  su  duelo. 


I. 


En  la  última  sesión  del  quinto  Congreso  internacional  de  los 
Orientalistas,  celebrado  en  Berlin  durante  el  mes  de  Setiembre 
de  1881,  al  aprobarse  que  el  siguiente  Congreso  se  verificara  en 
Leyden,  el  que  esto  escribe  preguntó  á  un  ilustre  arabizante 
alemán,  si  Dozy  sería  designado  para  presidirla  nueva  Asamblea. 

— Si  vive,  seguramente  nos  presidirá;  pero  dudo  que  exis- 
ta para  entonces ;  la  enfermedad  que  ha  hecho  presa  en  él,  di- 
fícilmente le  dejará  vivir  tanto  tiempo. 

El  suceso  ha  venido  á  confirmar  esta  triste  previsión;  un  año 
se  adelantó  la  fecha  convenida  para  la  celebración  del  sexto  Con- 
greso; Dozy  había  sido  elegido  Presidente,  y  había  autorizado  con 
su  fírmalas  invitaciones;  pero  la  muerte  se  adelantó  también  al 
cariño  y  al  respeto  de  los  orientalistas  y  enlutó  el  triunfo  que  se 
le  preparaba. 

Reinaldo  Dozy  nació  en  Leyden  en  28  de  P'ebrero  de  1820,  y  en 
Leyden  ha  fallecido  el  29  de  Abril  de  1883;  ha  muerto^  pues,  de 
edad  no  muy  avanzada  para  los  climas  septentrionales.  Los  tra- 
bajos científicos,  aunque  no  lo  parezcan,  son  bien  duros;  pro- 
porcionan goces  indecibles ;  puros  goces ,  cuya  inefable  dulzura 
saborea  sólo  quien  ama  la  ciencia  apasionada  y  desinteresada- 
mente; pero  su  esfuerzo,  como  el  penoso  trabajo  del  minero  en 
las  entrañas  de  la  tierra,  deja  profundas  huellas  en  el  cuerpo ; 
cuasi  siempre  más  profundas  y  dolorosas,  más  gastadoras  de 
vida,  que  el  trabajo  y  las  privaciones  materiales. 

Leyden  ha  sido  hace  largo  tiempo ,  cuna  ó  morada  de  arabistas 
ilustres  :  allí  escribió  su  Gramática  aquel  Erpenio,  á  quien  uno 
de  nuestros  Gobiernos  invitó  á  enseñar  en  España;  allí  publicó 
su  Lexicón  Raphelengius ,  uno  de  los  colaboradores  de  la  Biblia 


294  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORL\. 

de  Anveres  de  1571 ;  allí  coleccionó  Golio  los  elementos  de  su  Dic- 
cionario; allí  escribieron  sus  obras  los  Schultens,  antepasados  de 
Dozy;  allí  catalogó  Reiske  los  manuscritos  de  su  Biblioteca; 
allí  enseñaron  Weijers  y  Hamaker  ;  allí  se  han  formado  insignes 
orientalistas  y  se  han  impreso  tantas  obras  sobre  sus  estudios^, 
que  podrían  formar  una  magnífica  biblioteca. 

En  este  medio  tan  acomodado  á  su  vocación  y  á  su  ingenio, 
nació  y  se  educó  Dozy.  Durante  los  momentos  en  que  se  forma 
un  hombre  de  ciencia,  en  los  albores  de  la  juventud,  en  los  ins- 
tantes de  las  grandes  decisiones,  en  los  que  las  vocaciones  se 
determinan  y  se  marca  la  vía  que  se  ha  de  recorrer  en  la  vida, 
es  una  gran  fortuna  encontrar  un  guía  seguro  y  afectuoso ,  cuyo 
saber  fortifica  y  da  seguridad  en  el  estudio,  fija  los  puntos  de 
vista,  y  ahorra  trabajo  y  tiempo,  evitando  las  incertidumbres  de 
la  inexperiencia.  Dozy  tuvo  esta  gran  fortuna  en  la  enseñanza  de 
su  maestro  Weijers. 

Este  fijó  la  vocación  de  su  discípulo  para  los  estudios  históri- 
cos ,  y  estimuló  su  inclinación  á  los  lexicográficos,  que  en  edad 
bien  temprana  le  hacía  aprenderse  de  memoria  las  notas  críticas 
de  los  Sultanes  Mamelucos  de  Quatremére,  y  que  al  fin  de  su  vida 
le  ha  dictado  su  obra  maestra,  el  Suplemento  d  los  Diccionarios 
árabes.  Weijers  ciñó  su  fantasía,  más  meridional  que  holandesa, 
á  todo  el  rigor  de  la  verdad ,  impidiendo  que  la  imaginación 
exuberante  y  lozana  de  los  pocos  años  hubiera  dominado  en  aquel 
juvenil  ingenio,  viciando  aptitudes  de  mayor  excelencia :  le  mos- 
tró el  verdadero  valor  de  la  civilización  musulmana,  apartándole 
de  ese  filosemitismo  á  outranceqiiQ  en  Francia  distinguió  á  Sedi- 
llot  y  en  España  distingue  á  Gontreras;  inspiróle ,  en  una  pala- 
bra, pasión  sin  fanatismo  por  aquella  cultura,  que  fué  uno  délos 
principales  factores  en  la  Edad  Media ,  popularizando  obras  ilus- 
tres del  mundo  clásico,  estudiando  la  ciencia  y  erigiendo  monu- 
mentos insignes,  cuando  las  sombras  de  la  ignorancia  envolvían 
cuasi  por  completo  al  entendimiento  europeo. 

Dozy  debe  á  Weijers  mucha  parte  de  su  fortuna  científica;  así 
lo  ha  proclamado  frecuentemente  en  sus  libros  ;  así  lo  reconoció 
en  su  sencilla  y  elocuente  dedicatoria  de  la  Historia  Ahhadida- 
ruyn:  Weijersi, proiceptoris  desideratissimi,  piis  Manibus,  sacrum. 


NECROLOGÍA.  295 

A  los  veintitrés  años  dióse  el  joven  arabizantc  á  conocer  con 
una  erudita  Memoria  (1),  el  Diccionario  detallado  de  los  nombres 
de  vesiiihs  entre  los  árabes,  la  cual  obtuvo  el  premio  en  el  certa- 
men internacional  abierto  por  el  Real  Instituto  de  los  Países- 
Bajos  ,  mereciendo  elogios  y  considerable  atención  de  algunos  de 
los  más  autorizados  orientalistas  franceses  (2). 

En  este  punto  comienza  la  no  interrumpida  serie  de  sus  publi- 
caciones y  de  sus  triunfos ,  admirando  á  cuantos  han  seguido  con 
atención  su  persistente  fecundidad,  que  parecía  inagotable. 

En  1."  de  Marzo  de  1844  graduóse  de  Doctor  en  Leyden,  cuando 
la  muerte  se  cernía  sobre  su  ilustre  maestro.  Viajes  posteriores 
por  Alemania  é  Inglaterra,  abrieron  más  ancha  carrera  á  sus 
facultades  ;  anudó  durante  ellos  excelentes  relaciones ,  registró 
importantes  bibliotecas,  y  al  par  que  acumulaba  materiales  y 
notas  para  futuras  producciones  ,  descubría  en  ellas  ignorados  y 
curiosos  documentos  de  la  literatura  holandesa  en  la  Edad 
Media  i3). 

Nombrado  después  conservador  adjunto  de  los  manuscritos 
orientales  que  se  guardan  en  la  Biblioteca  leydense,  concibió  el 
pensamiento  de  publicar  una  colección  de  l/extos  arábigos  ;  pen- 
samiento que,  como  enlode  adelante  diré,  produjo  resultados 
fecundos. 

A  pesar  de  esto,  á  pesar  de  que  Dozy  se  había  granjeado  sin- 
gular respeto  en  los  círculos  científicos  más  elevados  de  Europa, 
permanecía  siempre  en  situación  subalterna,  percibiendo  escaso 
sueldo ;  creían  los  maliciosos  que  así  le  trataba  el  Gobierno  de  su 
patria  por  adversario  de  su  política. 

Estamos  acostumbrados  los  españoles  á  murmurar  constante- 
mente de  nuestro  país,  parangonándole  con  los  extranjeros ;   pa- 


cí) Dictionnaire  détaillé  des  noms  des  vetéments  c7iez  les  amies,  Amsterdam,  Mu- 
11er,  1815. 

(2)  Defremery  trató  críticamente  de  esta  obra  en  el  Journal  Asiatiqv.e  de  Octubre 
1846  y  Agosto  1847 ;  después  en  sus  Mémoires  d'histoire  Oriéntale  reprodujo  estos  ar- 
tículos y  añadió  un  suplemento  al  Diccionario,  También  se  ha  ocupado  de  este  Dugat 
en  el  Journal  Asiatiqíte,  Enero  1856. 

(3)  Comunicó  los  resultados  de  sus  investigaciones  al  profesor  Vries,  en  una  carta 
que  se  publicó  en  las  Verslagen  en  lerigten  intgegeben  door  de  Vereeniging  ter  hevorde- 
ring  der  on  de  Nederlansche  Letterkunde,  1845,  pág.  n3-56. 


296  BOLETÍN   DE    LA   REAL   AGADEMLA   DE    LA    HISTORIA. 

récenos  que  en  estos  todas  son  glorias  ,  que  el  mérito  está  sober- 
biamente recompensado,  que  la  laboriosidad  y  la  ciencia  son  allí 
la  piedra  filosofal,  y  que  sus  naturales  viven  en  el  mejor  de  los 
mundos  posible.  Mas  cuando  se  tocan  de  cerca  las  cosas,  cuando 
se  ven  casos  como  el  de  Dozy,  cuando  se  oyen  en  las  expansiones 
de  la  intimidad  quejas  justísimas,  se  observa  que,  salvo  raras 
excepciones,  lo  mismo  pasa  aquende  que  allende  el  Pirineo  ;  que 
no  todo  obrero  es  retribuido  según  sus  obras,  que  no  siempre  es 
verdad  tanta  belleza,  y  que  en  todas  partes  la  sabiduría  de  las  na- 
ciones concede  á  medianías  bullidoras  y  audaces  los  favores  que 
merecen  ciencia  é  ingenio. 

Un  cambio  político  consiguió  á  Dozy  el  premio  que  correspon- 
día á  sus  servicios.  Al  subir  su  partido,  que  era  el  liberal,  al 
poder,  su  jefe  Thoerbecke  le  nombró  Catedrático  de  Historia  Uni- 
versal en  la  Universidad  leydeuse. 

Las  obligaciones  de  su  nuevo  cargo,  los  estudios  que  debió 
hacer  ó  ampliar,  serios  cual  todos  los  suyos,  dieron  mayor  exten- 
sión á  sus  luces,  mayor  relieve  á  sus  condiciones  de  escritor. 

Guando  se  estudian  períodos  de  la  vida  de  un  pueblo  exclusi- 
vamente, podrá  el  historiador  distinguirse  por  la  corrección,  por 
la  minuciosidad  en  el  relato  de  pormenores ;  pero  si  puede  rela- 
cionar este  relato  con  la  vida  general  de  las  naciones,  podrá  en- 
grandecerlo con  citas  oportunas,  con  paralelos  que  sirvan  como 
de  sombras  en  sus  cuadros,  con  esas  grandes  síntesis  históricas, 
expresión  muchas  veces  de  los  designios  de  la  Providencia  en  la 
existencia  de  los  pueblos.  Puede  decirse  que  el  historiador  ha  de 
tener  la  vista  del  águila,  présbita  de  lejos,  miope  de  cerca;  prés- 
bita para  abarcar  con  toda  su  grandiosidad  el  conjunto  ;  miope 
para  apreciar  la  riqueza  y  variedad  de  los  pormenores. 

La  influencia  de  sus  estudios  profesionales  se  marcan  á  cada 
momento  en  las  obras  de  Dozy.  A  la  continua  una  cita  ingerida 
en  el  asunto,  una  correlación  de  sucesos  entre  pueblos  y  situa- 
ciones diversas,  una  comparación  ó  un  contraste  de  caracteres, 
dan  como  los  toques  de  luz  en  los  cuadros  de  Rembrandt,  mayor 
relieve,  mayor  atractivo,  mayor  grandeza  á  sus  narraciones. 

Mientras  enseñaba  historia,  repetidas  publicaciones  daban  á  su 
apellido  universal  fama;  constantes  muestras  de  respeto  de  sabios 


NECROLOGÍA.  297 

y  corporaciones  y  distinciones  honoríficas,  venían  á  premiar  sus 
esfuerzos:  la  Sociedad  Asiática  parisién  se  honraba  asociándole 
á  sus  trabajos;  el  Instituto  de  Francia  le  abría  sus  puertas  como 
correspondiente;  nuestra  Academia  de  la  Historia  le  concedía  el 
mismo  título,  y  nuestro  Gobierno  le  condecoraba  con  unaComen- 
daduria  de  Garlos  III. 

El  rasgo  más  saliente  de  la  vida  de  Dozy  es  la  laboriosidad;  no 
se  comprende  cómo  en  tan  corta  existencia  se  pueda  estudiar  y 
escribir  tanto. 

Es  el  clima  septentrional  apropiado  para  los  estudios  austeros 
y  para  la  publicación  de  grandes  obras,  pues  en  tantos  meses  de 
fríos  y  nieblas,  cuando  la  nieve,  el  hielo  ó  la  lluvia,  hacen  impo- 
sible la  vida  exterior,  para  las  inteligencias  cultivadas  el  estudio 
es  una  necesidad;  y  ciertamente,  cuando  la  naturaleza  no  ofrece 
durante  la  mayor  parte  del  año  las  distracciones  y  los  encantos  de 
nuestra  vida  meridional,  nada  tiene  de  extraño  que  los  enten- 
dimientos ilustrados  busquen  esos  encantos  en  los  ensueños  de  la 
fantasía  ó  en  las  investigaciones  de  la  verdad. 

Mas  ni  aun  así  puede  explicarse  cómo  ha  podido  el  ilustre  ho- 
landés estudiar,  escribir  y  publicar  tanto.  Muchas  veces  cuando 
oigo  poner  en  duda  las  innumerables  ó  voluminosas  obras  que 
se  asignan  á  varios  escritores  musulmanes,  se  me  vienen  á  las 
mientes  los  trabajos  de  Dozy;  trabajos  de  un  Hércules  del  enten- 
dimiento, que  parecen  obra  de  varios  hombres. 

Poseer  el  holandés,  el  latín,  el  francés,  el  inglés,  el  alemán, 
hasta  el  punto  de  escribirlos  correctamente;  dominar  el  español  y 
el  portugués,  hasta  conocer  los  más  delicados  pormenores  de  sus 
gramáticas  y  diccionarios;  estar  en  gramática  árabe  á  la  altura 
de  Silvestre  de  Sacy  ó  de  Fleischer;  ser  en  lexicografía  arábiga 
una  especie  de  Ghauhari  ó  de  Firuzabadi  cristiano;  conocer  bas- 
tante bien  el  caldeo  y  el  siriaco  para  enseñarlos  en  cátedra;  pu- 
blicar obras,  alguna  de  las  cuales  ocuparían  la  vida  entera  de  otro 
hombre;  colaborar  en  varias  revistas  de  diversas  naciones  en  el 
idioma  de  estas;  escribir  sobre  historia,  geografía  ó  lexicografía, 
con  igual  erudición  y  acierto,  parece  cosa  de  milagro. 

Y  como  si  después  de  estos  trabajos  aún  le  sobrara  tiempo  para 
más,  todavía  tuvo  suficiente  para  explicar  durante  algunos  años 


298  BOLETÍN   DE    LA    REAL   ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

las  cátedras  de  árabe,  caldeo  y  siriaco  de  la  Universidad  de  Ley- 
den,  y  formar  discípulos  de  la  valía  de  Engelmann,  desgraciada- 
mente perdido  para  el  arabismo  ó  como  Goeje,  una  de  las  bue- 
nas ilustraciones  del  orientalismo  europeo. 

En  los  últimos  días  de  su  vida  ha  debido  quedar  satisfecho  de 
su  obra;  si  hubiera  adoptado  por  lema  de  ella  el  tema  de  un  ilus- 
tre emperador  romano  vilahoreyrms,y>  mejor  no  le  hubiera  cumpli- 
do. Todavía  en  medio  de  las  angustias  de  su  terrible  enfermedad 
continuaba  sus  estudios  y  forjaba  proyectos  de  nuevos  trabajos; 
al  fin  debió  abandonarlos;  su  dolencia  podía  con  él  más  que  su 
enérgica  voluntad. 

Pero  puede  decirse  que  ha  caído  para  no  alzarse  más  en  el 
mismo  campo  de  la  ciencia;  que  ha  muerto  sobre  él,  como  morían 
sobre  su  escudo  en  el  campo  de  batalla  aquellos  viejos  guerreros 
castellanos,  que  tantas  veces  pasaron  ante  su  mente,  encanecidos 
en  la  santa  y  secular  guerra  mantenida  para  devolver  á  España 
el  sagrado  territorio  de  la  patria. 


II. 


Hace  unos  cuantos  años,  con  ocasión  de  cierta  breve  polémica 
literaria,  pude  observar  cuan  desconocida  era  entre  n-osotros  la 
valía  de  Dozy.  Hasta  hace  poco  tiempo  también,  no  se  han  tras- 
ladado al  castellano  dos  de  sus  más  importantes  producciones;  y 
solo  los  señores  Simonet  y  Codera  se  han  ocupado  de  ellas  para 
combatir  algunos  de  sus  asertos  y  tendencias. 

Además,  sus  trabajos  no  han  trascendido  cuanto  debieran  á 
nuestros  estudios  históricos;  escritor  hay  que  sigue  todavía  sin 
desconfianza  el  relato  de  Conde;  historiador  laureado  en  público 
certamen  conozco,  que  aún  denomina  á  Idrisi  el  Núblense,  y  obra 
en  que  se  trata  de  los  tristes  días  de  la  invasión  sarracena  y  de 
los  primeros  hechos  de  armas  de  la  Reconquista,  en  la  que  no  se 
sospecha  que  existan  más  fuentes  de  información  que  los  viejos 
cronicones. 

Esta  lamentable  situación  habíame  inclinado  á  popularizar  las 


NEfiROLOGÍA.  299 

obras  del  sabio  holandés;  su  muerte  me  pone  hoy  en  bien  triste 
ocasión  de  realizar  mi  propósito. 

La  suma  de  los  trabajos  de  Dozy  puede  clasificarse  en  dos  sec- 
ciones: los  que  se  refieren  íí  publicaciones  históricas  y  literarias 
que  en  nada  o  en  muy  poco  tocan  á  lo  árabe,  y  aquellas  otras  que 
son  exclusivamente  arábigas. 

Constituyen  las  primeras  principalmente  artículos  de  Revista, 
bien  históricos,  bien  literarios.  lía  tratado  en  ellos,  ya  sobre  al- 
gunos cantares  de  Gesta  de  los  siglos  xi  y  xii;  ya  sobre  la  influen- 
cia que  las  revoluciones  francesas  han  ejercido  en  el  estudio  de 
la  Edad  Media;  bien  acerca  de  la  Historia  de  Bonifacio  VJlí,  de 
Drumann,  ó  de  la  locura  del  Tasso,  con  motivo  del  precioso  libro 
de  Gherbuliez  el  Principe  Vital;  hien  refiriéndose  al /or^e  Forster 
de  Klein,  ó  á  la  Francia  bajo  Luis  XIV  de  Bonnemére;  ora,  en 
fin,  tratando  de  la  historia  y  costumbres  rusas  del  siglo  xviii,  en 
un  artículo  titulado.  Cómo  llegó  Rusia  á  ser  poderosa  (1). 

Entre  cuyos  trabajos  interesan  mucho  á  los  españoles  los  que 
publicó  sobre  la  literatura  castellana  de  la  Edad  Media,  sobre  el 
Viaje  á  España  de  Keller,  una  crítica  de  la  Historia  de  Carlos  UI 
de  Ferrer  del  Río,  la  que  denominó  Austria  y  España  frente  á  la 
revolución  francesa^  motivada  por  las  obras  de  Sybel,  Herrmana 
y  Baumgarten,  en  la  cual  le  sirvieron  de  fuentes  los  despachos 
secretos  é  inéditos  de  Auber,  secretario  de  la  legación  holandesa 
en  Madrid  (2). 

Las  obras  puramente  arábigas  pueden  clasificarse  en  publica- 
ciones y  traducciones  de  textos  árabes,  históricas  y  lexicológicas. 

Aceptada  generalmente  la  necesidad  del  conocimiento  de  aque- 
llos textos,  como  fuentes  históricas,  la  de  salvarlos  del  riesgo  de 
destrucción,  y  la  de  ponerlos  al  alcance  de  los  estudiosos,  su  pu- 
blicación es  una  obra  bien  meritoria.  Mérito  que  sube  de  punto, 
si  se  considera  la  penosa  preparación  y  los  penosísimos  trabajos 
precisos  para  editarlos  á  conciencia;  pues  hay  que  valerse  cuasi 


(1)  Todos  estos  artículos  están  incluidos  por  el  orden  en  que  los  enumero  ^n  el 
GiíJs  1854;  Aúnales  des  Universités;  Athenaumf raneáis.  Dic,  1852;  el  Qids,  1864;  id.,  1863; 
Ídem,  1£65;  idem,  1856. 

(2)  El  Qids,  1848;  idem,  1865;  idem,  1858;  idem,  1861. 


300  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

siempre  de  manuscritos  incorrectos,  en  los  que  continuamente 
surgen  dificultades,  creadas  por  la  ignorancia  ó  la  torpeza  de  los 
amanuenses;  textos  faltos  en  ocasiones  de  los  puntos  diacríticos 
que  distinguen  muchas  letras,  engendrando  graves  incertidum- 
bres,  pues  una  lectura,  aun  puesta  en  razón,  puede  producir 
errores  de  cuenta;  porque  hay  que  cotejar  cuidadosamente  varios 
manuscritos,  cuando  se  tiene  la  fortuna  de  poseer  varios,  hay  que 
mantener  una  atención  constante,  que  adivinar  á  veces,  y  vigilar 
la  corrección  de  pruebas  tan  esmeradamente  como  la  délos  Elze- 
vires ó  la  de  los  Evangelios  de  Bida,  á  fin  de  que  la  impresión 
salga  de  la  prensa,  tal  como  si  el  mismo  autor  la  hubiera  corre- 
gido. Lo  que  Dozy  entendía  por  esta  clase  de  publicaciones  bien 
lo  demostró  en  todas  las  suyas,  y  bien  se  deduce  de  una  de  sus 
más  interesantes  críticas,  de  su  Carta  á  Fleischer  conteniendo  ob- 
servaciones criticas  y  explicativas  sobre  el  texto  de  Almacari  (1). 

A  la  cabeza  de  estas  producciones  puede  colocarse  la  versión 
con  notas  de  la  Historia  de  los  Benu  Ziyan  de  Tremecen  (2).  Si- 
guieron á  esta  unas  excerptas  sobre  los  Abbadies  sevillanos,  di- 
nastía á  la  cual  demostró  siempre  singular  predilección.  Libro  es 
este  profundamente  erudito,  formado  por  multitud  de  dificilísi- 
mos textos,  muchos  traducidos ,  estudiados  lexicológicamente, 
acompañados  de  las  biografías  de  sus  autores  y  de  la  crítica  de 
sus  obras;  en  cuyos  dos  primeros  tomos  hubiera  habido  mucho 
que  corregir  y  añadir,  sino  les  añadiera  un  tercero,  conteniendo 
explicaciones,  correcciones  y  escolios,  que  constituyen  un  tesoro 
de  saber  y  de  crítica  (3). 

Que  esto  de  las  correcciones  á  sus  obras  debía  ser  la  pesadilla 
del  ilustre  arabista,  como  tan  amigo  de  la  precisión  y  de  la  exac- 
titud, pues  muchas  veces  se  apresuró  á  aprovechar  cualquier  oca- 
sión que  se  le  presentara  para  enmendar  sus  yerros  antes  de  que 
otros  los  advirtieran,  como  en  aquel  pasaje  de  su  introducción  al 
Bayán,  en  el  cual  decía :  cette  derniere  opinión  est  erronée;  heu- 


(1)  Lettre  a  Mr.  Fleisclier  contenant  des  remarques  critiques  et  explicatives  sur  le 
texte  (VAl-makkari,  Leyde,  1871  in  8." 

(2)  Journal  Asiatic,  Mayo  y  Junio...l84l. 

(3)  Scriptmm  Arabnm  loci  deAbhadidis,  Leyde,  Brill,  1846-52-63. 


necrología.  301 

reusement  pour  moi,  je  me  siiis  aperen  que  je  in^etais  trompé, 
avant  que  personne  ni'en  et'it  advertí. 

Dejando  á  cualquier  Aristarco  exigente  fijar  su  crítica  en  la  de- 
plorable trascripción  del  alfabeto  árabe  al  europeo,  adoptada  un 
momento  por  Dozy  y  después  abandonada,  considero  á  la  Historia 
Ahbadidarum  como  un  excelente  modelo,  en  cuyo  estudio  pueden 
aprovechar  mucho  los  arabizantes. 

Mientras  publicaba  esta  obra,  atrevióse  á  mayores  empeños,  al 
proponerse,  como  en  Diciembre  de  1845  manifestó  en  un  prospecto, 
la  impresión  de  una  colección  de  textos.  Fué  el  primero  de  estos 
entre  los  publicados  el  Come7itario  histórico  de  Aben  Badrun  al 
poema  de  Aben  Abdun;  obra  por  demás  curiosa,  con  la  cual,  como 
ha  probado  Iloogvliet,  puede  hacerse  un  brillantísimo  estudio  pa- 
recido á  cualquiera  de  los  Rócits  mérovingiens  de  Thierry,  sobre 
una  dinastía  de  Taifa  española,  sobre  los  Benu  Alaftas,  reyezue- 
los de  Badajoz  (1). 

A  esta  siguió  otra  publicación  que  ha  ahorrado  considerable 
trabajo  á  nuestros  arabistas,  pues  al  dar  algunas  noticias  refe- 
rentes á  varios  manuscritos,  imprimió  todo  el  contenido  relativo 
á  España  del  Hollatu-ssiyara,  diccionario  biográfico  de  perso- 
najes y  escritores  musulmanes  del  siglo  ii  al  vii  de  la  Hegira, 
del  IX  al  XIII  de  la  Era  cristiana— obra  del  valenciano  Aben  Alab- 
bar,  uno  de  los  más  célebres  autores  de  la  España  sarracena  (2). 

Más  adelante  dio  á  la  estampa  el  Catálogo  de  los  manuscritos 
orientales  de  la  Biblioteca  leydense,  en  el  cual  empleó  minucioso 
esmero  en  la  descripción  de  las  obras,  y  acertado  conocimiento 
bibliográfico  de  los  manuscritos  orientales  que  encierran  las  bi- 
bliotecas de  Occidente.  Los  españoles  echamos  de  menos  en  este 
trabajo,  que  Dozy  no  haya  dado,  como  Casiri,  en  su  Biblioteca 
arábiga-escurialense ,  estractos  de  algunos  textos,  para  nosotros 
interesantísimos  (3). 


(1)  Commentaire  Jiistoriqne  sur  le  poé'me  d'Ibn  AMoun  par  Ibn  Badroun,  Leyde, 
Brill,  1846-48.  Hoogvliet,  Diversorum  scriptorum  loci  de  regi  ApMasidanim  familia,  et 
fflbn  AMvno  poeta,  Lugduni  Batavorum,  1839. 

(2)  Xotices  sur  qvelques  manuscrits  árabes,  Leyde,  Brill,  1847-51. 

■  (3)    Catalogas  codicum  orieníalium  BibliotJiecae  Academiae  Lvgduno-Batavae ,  Leyde, 
Brill,  1-!51. 


302  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

En  el  período  fecundo  de  estas  publicaciones,  emprendidas  por 
Dozy,  entre  1846  y  1851,  imprimió  dos  producciones,  también 
muy  importantes,  una  la  de  Abdeluahid  el  Marroquí,  autor  del 
sio-lo  VII  de  la  Hegira —  xiii  de  J.  G.  —  que  comprende  mucha 
parte  de  nuestra  Historia,  especialmente  la  relativa  á  la  domina- 
ción almohade  (1),  cuyoestudio  apenas  está  esbozado.  Esla  segunda 
el  Baxjan  Almogrib^  que  abarca  desde  la  invasión  musulmana  en 
España,  hasta  fines  del  sultanazgo  de  Hixem  II  en  Córdoba  (2). 

Al  principio  de  esta  importantísima  obra  puso  Dozy  una  In- 
troducción, no  menos  importante,  pues  en  ella  inicia  cierto  tra- 
bajo que  hace  mucho  tiempo  debía  haberse  escrito,  cual  es  una 
buena  historiografía  hispano-sarracena,  á  la  manera  delD/cciojia- 
no&ibíJo^rá^code  Muñoz  Romero,  quecomprendiera  cuantas  obras 
musulmanas  podían  servirnos  de  fuentes  históricas;  las  que  se 
conocen,  para  saber  donde  existen;  las  que  se  han  perdido,  para 
procurar  su  adquisición. 

En  la  introducción  al  Bayan  se  echa  de  menos  un  estudio  más 
detenido  y  extenso  de  la  obra  editada;  puede  también  hacérsele 
el  cargo,  que  algunos  críticos  hacen  á  Cervantes,  de  haber  inge- 
rido en  su  Quijote  episodios  ajenos  al  asunto  principal;  pero  es- 
tos episodios  de  la  introducción  al  Bayan  son  tan  nuevos  y  be- 
llos, están  tan  admirablemente  tratados,  que,  como  á  Cervantes, 
bien  puede  perdonarse  á  Dozy  su  ingerencia. 

No  se  contentaba  el  sabio  holandés  con  publicar  solo  sus  tex- 
tos; algunos  de  estos  necesitaban  una  existencia- humana  para 
editarlos;  acudió  entonces  al  sistema  de  la  división  del  trabajo,  y 
cual  hoy  se  está  haciendo  con  la  Historia  del  Tahari,  inició  una 
asociación  con  varios  orientalistas  para  publicar  el  Macari,  com- 
pilador musulmán  en  el  siglo  xvii  de  multitud  de  obras  sarrace- 
nas referentes  á  España,  y  en  cuyo  manuscrito,  mina  riquísima 
de  noticias  para  nuestra  Historia,  se  encuentran  grandes  trozos 
de  libros,  cuya  pérdida  deploramos  (3). 


(1)  Abdel-Wahid  el  Marrecoschi ,  History  of  thc  Almohades,  Lej'de,  Lutchmans, 
1847. 

(2)  Al-hayan  Al-mogrib,  Leyde,  Brill,  1848-51 , 

(3)  Analectes  surVhistoire  et  la  littcrature  des  Avahes  cfEspogne,  Leyde,  18")-fil.  La 
parte  de  Do7y  apareció  en  185*^. 


NECROLOGÍA.  303 

Esta  es  una  do  las  principales  obligaciones  que  á  Dozy  debe- 
mos, pues  respecto  de  aquel  inmenso  archivo  de  datos,  cuasi  lo 
principal  está  ya  hecho:  esto  es,  que  poseemos  su  texto  bastante 
correcto;  falta  la  traducción,  que  ciertamente  no  se  hará  mien- 
tras no  se  someta,  como  la  edici()n,  á  una  asociación  de  ara- 
biza  n  tes. 

Todavía  en  ISGG  continuaba  su  tarea  de  publicar  y  traducir 
textos ,  pues  en  el  mismo  año  imprimió  y  tradujo,  con  la  colabo- 
ración de  Goeje,  la  parte  de  la  Geografía  de  África  y  España  del 
Xerif  el  Idrisi ,  que  vino  á  coadyuvar  poderosamente  al  trazado 
del  mapa  de  nuestra  Península  durante  la  Edad  Media. 

El  epigrafista  con  la  interpretación  de  las  inscripciones,  el 
numismático  con  la  clasificación  y  lectura  de  las  monedas,  el 
filólogo  estudiando  lenguas  y  relacionándolas,  reúnen  los  mate- 
riales de  que  se  sirve  el  historiador  para  la  erección  de  sus  obras: 
el  cual  examina  las  decisiones  de  los  arqueólogos ,  funde  en  el 
crisol  de  su  ingenio  aquellos  diversos  materiales,  y  elevándose  á 
las  causas,  desentrañando  los  acontecimientos,  colocándose,  me- 
diante la  inspiración  histórica,  en  el  seno  de  la  sociedad  cuya 
vida  narra,  pule  la  materia,  con  el  esmero  de  nuestro  Juan  de 
Arfe,  y  la  ofrece  animada,  bella  y  verdadera ,  sobre  todo  vivien- 
te, á  la  vista  de  sus  lectores. 

Raro  es  que  se  combinen  en  un  mismo  sujeto  la  erudición  y  la 
fantasía,  como  es  bien  raro  ver  reunidas  en  un  poeta  cualidades 
de  matemático.  La  inspiración  del  filólogo  por  grande  que  sea,  no 
es  la  misma  que  la  del  historiador;  es  imposible  vivir  siempre 
entre  divisiones  y  distinciones  gramaticales,  averiguando  el  sen- 
tido de  las  voces,  determinando  los  matices  de  su  significación  y 
fijándolas  en  la  memoria ;  es  imposible  vivir  perpetuamente  en  la 
aridez  lexicológica,  sin  que  esta  penetre  en  el  entendimiento, 
sin  que  imprima  su  sello  en  el  alma.  Bien  así,  como  afirman  al- 
gunos etnógrafos,  que  las  grandes  llanuras  secas,  monótonas, 
tristes,  y  los  países  montañosos,  accidentados,  ásperos,  abruptos, 
imprimen  algo  de  su  carácter  peculiar  en  el  carácter  de  sus  mo- 
radores. 

En  Dozy  se  compenetraban  ambas  capacidades;  he  tratado  del 
filólogo  y  del  erudito,  cúmpleme  tratar  del  historiadoi-. 


304  boletín  de  la  real  academia  de  la  historla. 

Hay  quien  cree  que  la  obra  maestra  de  Dozy  es  su  Historia  de 
los  musulmanes  de  España;  en  sus  obras  históricas,  ú  lo  que  en- 
tiendo, lleva  á  todas  la  ventaja;  pero  en  la  totalidad  de  sus  pro- 
ducciones, otra,  más  adelante  examinada,  merece  mejor  el  título 
de  obra  maestra.  Habían  precedido  á  aquella  la  Historia  de  la 
Dominación  de  Conde,  la  Historia  de  las  dinastías  mahometa- 
nas de  Gayangos.  Esta  última,  por  estar  escrita  en  una  lengua 
ijo  muy  usada  en  España,  aunque  contenía  verdaderas  revelacio- 
nes, no  ejerció  en  ella  toda  la  gran  influencia  que  merece.  Cada 
vez  que  examino  el  libro  de  Gayangos  no  puedo  menos  de  admi- 
rar la  vocación  incontrastable  de  un  hombre  que,  desprovisto  en 
nuestro  país  de  toda  enseñanza,  sin  contar  en  él  con  protecciones 
eficaces,  á  solas  con  su  esfuerzo,  pudo  prepararse  para  llegar 
hasta  publicar  su  obra;  en  la  cual  dio  á  conocer  manuscritos 
apenas  descritos  ó  completamente  ignorados,  ideas,  noticias  y 
juicios  sobre  estudios,  muchos  de  ellos  apenas  iniciados.  Aun 
después  de  los  grandes  adelantos  del  orientalismo  europeo  toda- 
vía hallamos  mucho  que  aprender  en  sus  notas,  rico  tesoro  de 
indicaciones  para  la  bibliografía,  historia  y  geografía  española. 

Conde  tuvo  mejor  fortuna  que  Gayangos;  en  su  libro  busca- 
ron, y  hasta  hace  poco  buscaban,  españoles  y  extranjeros,  me- 
morias de  nuestros  tiempos  medios.  Su  reputación  se  ha  desva- 
necido hoy,  merced  á  Dozy,  quien  con  esto  nos  hizo  un  gran 
bien,  por  más  que  se  haya  mostrado  duro  siempre,  y  á  veces 
demasiado  duro  con  su  memoria.  Conde  no  tuvo  á  su  disposición 
los  grandes  medios  de  que  gozó  Dozy,  dejó  en  borrones  mucha 
parte  de  su  libro,  pero  sabía  más  de  lo  que  hoy  generalmente  se 
supone,  y  sus  trabajos  no  deben  ser  tratados  con  absoluto  menos- 
precio. 

Una  narración  precisa,  minuciosa,  bellísima  de  los  sucesos 
hispano-musulmanes,  desde  la  invasión  á  los  comienzos  de  la 
dominación  berberisca,  vino  á  sustituir  á  la  narración  de  Conde, 
que  aunque  escrita  en  excelente  castellano  y  con  exposición  cla- 
rísima, estaba  convicta  de  embrollada  en  los  hechos,  errónea  y 
confusa  en  la  cronología,  mendaz  muchas  veces.  Sucesos,  perso- 
najes, costumbres,  fechas  y  razas  se  diseñaron  con  todo  el  brío,- 
con  toda  la  minuciosidad,  con  que  están  esculpidas  las  figuras  de 


nechología.  305 

los  bajo  rolievcs  en  el  palacio  que  Garlos  I  dejó  sin  concluir  eu  la 
Alhanibra. 

En  osa  obra  aparecen  las  ludias  que  ensangrentaron  entonces 
á  España,  entre  hombres,  creencias  é  intereses,  entre  muladícs, 
árabes,  judíos  y  berberiscos,  entre  los  invasores  y  la  Reconquis- 
ta. Alh'  aparecen  vivientes  multitud  de  grandes  figuras;  la  de 
Abderrahman  I  de  Córdoba,  severa  y  melancólica,  atormentada 
por  la  nostalgia  de  su  Siria  y  las  decepciones  del  mando;  la  som- 
bría del  sultán  fratricida  Abdallah  y  la  enérgica  de  su  víctima 
Almondir;  la  de  Ornar  ben  Hafsun,  dominando  durante  cuasi 
medio  siglo  la  escena  histórica  cordobesa,  más  grande  por  el  co- 
razón que  por  la  fortuna;  la  de  aquel  Almanzor,  á  quien  ésla 
trató  cual  á  hijo  predilecto,  par  eu  éxito  y  talento,  guerrero  y 
diplomático,  cortesano  omnipotente,  mezcla  de  todas  las  buenas 
y  malas  condiciones,  que  hacen  capaz  á  un  hombre  de  la  sobera- 
nía; la  deliciosamente  dibujada  de  Almolamid,  el  rey  poeta  sevi- 
llano, las  repugnantes  de  Oppas  y  Hostégesis,  la  entusiasta  y 
dulce  de  Eulogio,  la  severa  de  Samson.  Y  entre  todas  ellas  sur- 
gen hermosas  figuras  de  mujer,  Romaiquia,  las  hijas  de  Almo- 
lamid, la  Zahra  de  Abderrahman  III,  la  sultana  Zobh  de  Alman- 
zor; irguiéndose  sobre  todas  ellas  plácida,  serena,  iluminada  su 
frente  con  la  aureola  del  martirio,  la  angelical  figura  de  la  vir- 
gen Flora. 

Allí  están  estudiadas,  como  estudia  el  anatómico  las  fibras  que 
separa  su  escalpelo,  las  diversas  razas  que  habitaban  en  España, 
con  sus  pasiones ,  vicios  y  virtudes :  el  árabe  altivo,  voluptuoso, 
arrojado,  levantisco;  el  berberí  rapaz  y  tornadizo;  el  musulmán 
español  odiando  perpetuamente  al  musulmán  extranjero  domina- 
dor; el  mozárabe  siempre  generoso  y  nunca  abatido;  el  judío, 
envilecido  por  la  persecución,  demostrando  en  la  filosofía,  en 
la  medicina,  en  la  poesía,  en  la  industria,  hasta  en  el  gobier- 
no, sus  excelentes  aptitudes  ó  las  malas  propensiones  de  su  ge- 
nialidad. 

Allí  se  desenvuelven  ante  el  lector,  como  los  episodios  del 
Claustro  de  las  Batallas  en  el  Escorial,  los  gloriosos  días  del  cali- 
fato Umeya,  los  tristes  instantes  de  su  ruina,  y  están  retratados 
con  pincel  rico  en  dibujo,  luz,  colores  y  ambiente,  con  la  colora- 

TO\fO  :v.  21 


306  boletín  de  la  real  academia  de  la  ihstorl^. 

ción  del  Tiziaiio  y  la  energía  y  verdad  do  Yelázquez.  aquellas 
cortes  de  Taifas,  aquellos  reinos  de  Ivetot,  centro  de  cultura  á 
veces,  centro  generalmente  de  opresión,  barbarie  y  tiranía. 

Todo  esto  hay  en  ese  libro,  escrito  con  la  inspiración  de  un 
poeta,  con  la  erudición  de  un  benedictino,  con  el  encanto  de  una 
novela  de  W.  Scott,  con  la  elevación  y  el  gusto  de  Ganfú  ó  de 
Thierry. 

No  es  una  historia  exclusivamente  crítica,  no.  No  es  una  histo- 
ria, como  la  de  los  árabes  antes  del  islamismo  de  Gaussin  de  Per- 
ceval,  pero  siempre  será  respetada,  siempre  será  leída  con  el  gusto 
con  que  leen  los  ingleses  la  Historia  de  Macaulay.  Es  una  obra  de 
vulgarización  que  puede  leer  y  comprender,  y  con  la  que  puedo 
sentir  todo  el  mundo.  No  es  una  historia  definitiva,  no  ciertamen- 
te; hay  mucho,  mucho  que  hacer  después  de  ella:  pero  ese  libro 
será  la  base  de  los  trabajos  futuros:  y  á  veces  muchos  de  estos, 
mientras  no  aparezcan  textos  nuevos,  no  podrán  tratarse  con  más 
extensión  que  Dozy  lo  ha  hecho.  Buena  prueba  puede  ofrecer  de 
ello  el  que  esto  escribe,  pues  al  ocuparse  de  los  Hammudíes  ma- 
lagueiíos,  poca  cosa  tuvo  que  añadir  ó  rectificar  en  las  páginas 
de  su  libro. 

Es  una  historia  anecdótica  solamente,  se  dice,  es  cierto;  pero 
bien  saben  los  arabizanlcs  que  este  es  el  carácter  general  de  la 
Historia  y  Biografía  arábiga.  Véase  á  Masudi,  léase  á  Aben  Ja- 
likán;  cuando  menos  se  piensa,  cualquier  anécdota  burlesca  vie- 
ne á  poner  una  nota  alegre  en  la  narración;  á  cada  momento 
dánse  á  conocer  por  una  anécdota  los  caracteres  de  tiempos,  cos- 
tumbres y  personajes,  mucho  mejor  que  con  el  relato  más  extenso. 

¡Ah!  si  Dozy  hubiera  venido  á  España,  si  hubiera  buscado 
confirmación  á  su  admirable  instinto  de  la  verdad  en  nuestro 
trato,  en  nuestros  campos,  en  nuestros  muscos,  ante  nuestros 
monumentos,  en  nuestros  castillos  señoriales,  en  los  derruidos 
claustros  de  nuestros  monasterios,  esta  obra  hubiera  poseído  lo 
<jue  más  falla  le  hace;  que  sus  cuadros  se  hul)ieran  pintado  del 
natural  y  no  de  manera;  que  la  hubiera  informado  el  espíritu 
hispano;  que  el  genio  español  hubiera  pasado,  como  un  ardiente 
soplo,  por  sus  páginas,  dándole  la  exactitud  de  los  sentimientos 
y  líi  verdadera  apreciación  i\o  las  creencias. 


NKC.nOLOGiA.  307 

A  mi  entender,  la  verdadera  falta  del  libro  está  en  esto  y  cu  su 
disposición  interior.  Dozy  ha  sido  en  él  uu  arquitecto  que  ha  tra- 
zado bien  el  plano  de  su  edificio,  que  lo  lia  elevado  sólido  y  ma- 
jestuoso, que  lo  ha  adornado  con  gusto  y  delicadeza,  pero  que  lo 
ha  distribuido  mal  iuieriormenlc. 

Como  preparación  p.ira  esta  obra  había  publicado  su  autor  mu- 
cho antes  de  ella  una  compilación  de  investigaciones  acerca  de  la 
historia  y  literatura  de  España  durante  la  Edad  Media;  recopila- 
ción de  la  cual  ha  impreso  tres  ediciones,  considerablemente 
au.mentadas  y  corregidas  (1). 

Historia,  letras,  geografía,  bibliografía,  tradiciones,  perso- 
najes como  el  Cid,  insignes  sucesos  como  la  rola  de  Galatañazoi', 
<icontecimientos  apenas  conocidos,  como  las  incursiones  norman- 
das, aspiraciones  apenas  esbozadas  antes,  cual  las  del  partido 
liispauo-musulmán  ,  ubicacioneft  geográficas,  aíii'maciones,  hipó- 
tesis ,  cuestiones  resuellas  ó  planteadas ,  forman  la  materia  de  sus 
dos  interesantísimos  tomos. 

Podrán  contener  afirmaciones  aventuradas  y  hasta  errores; 
podrá  discutirse  después  de  ellos  sobre  la  siiuación  de  Iliberis  ó 
sobre  la  personalidad  del  Pacense;  podrá  desearse  la  inmediata 
publicación  de  un  libro  acerca  del  Cid ,  que  mejor  que  el  de  Ris- 
co, ponga  al  caudillo,  emblema  de  nuestras  glorias  nacionales, 
en  el  pedestal  que  le  coi-responde;  pero  á  pesar  de  oslo  las  Inves- 
tigaciones de  Dozy  servir;ui  siempre  de  aj'chivo  y  enseñanza  para 
los  que  estudien  nuestra  Edad  Media. 

Otras  dos  obras  histói'icas  ha  puljlicado  que  no  nos  tocan  direc- 
tamente; un  Ensayo  acerca  del  Islamismo,  trabajo  de  vulgariza- 
ción, que  contiene  algunas  ideas  muy  originales,  como  las  que 
apunta  sobre  el  Koran  y  sobre  la  sublevación  Uahabita  (2) ;  otra 
en  que  trata  de  los  israelitas  en  la  Meca,  apenas  nombrada  en 
España,  la  cual  le  ha  valido  muchas  y  acerbas  críticas. 


(l^  Recherches  sur  l'/iistoire  politiqn,'.  et  Utteraire  de  VBspagne  pendant  le  Moyen 
Aoe;  I  eiiición  1849;  II ,  1860;  III.  L-'yde,  Brill,  1881.  Tomándulo  de  esta  obra  ha  pu- 
blicado Dozy  un  libro  titulado  Le  Cid  d'aprés  des  neuveaux  documenls,  Leyde  1860. 

{1)  Essai  sur  l'histoirede  l'islamifím'! ;  i.raduccióa  del  liolaadés  de  Chauvin  ,  Leyde, 
13^9.  Die  Israelitem  zn  Mekka  vnn  DxviCs  Zeit,  Leyde,  1801.  A  todas  estas  puede  agre- 
garse la  que  tituló  Le  calendrier  de  Cordoue  de  l'annee  9G1,  Leyde,  1S73. 


308  boletín  de  la  real  academl\  de  la  historia. 

Raras  son  las  obras  del  sabio  holandés  en  las  que  no  aparez- 
can á  cada  momento  su  amor  y  su  aptitud  para  la  lexicología; 
rara  era  la  que  no  llevaba  acotaciones  y  notas  lexicológicas, 
cuando  no  glosarios:  los  cuales  demostraban  lo  incompleto  de  los 
Diccionarios  arábigos,  desde  Golio  y  Raphelengio  á  Freitag  y 
Kazimirski. 

Tiempo  hacía  que  Dozy  meditaba  llenar  en  lo  posible  esíe 
vacío,  con  ocasión  de  publicar  una  obra,  de  grata  memoria  para 
los  españoles.  Hubo  en  nuestro  episcopado  del  siglo  xvi  un  Pre- 
lado insigne.  Fray  Hernando  de  Talavera,  Arzobispo  granadino, 
ejemplar  de  sacerdotes  y  dechado  de  Obispos.  Cuando  los  odios 
contra  la  vencida  grey  mora  eran  más  terribles,  cuando  aún 
manaban  sangre  las  heridas  de  la  última  guerra  de  la  Recon- 
quista, cuando  la  soberbia  y  aun  la  codicia  de  los  vencedores  era 
prepotenle,  una  voz  desapasionada,  pura,  clamó  por  los  venci- 
dos; una  inteligencia  recta ,  un  corazón  verdaderamente  cristia- 
no, comprendió  que  la  dulzura,  la  justicia  y  la  caridad  produci- 
rían la  voluntaria  sumisión  del  pueblo  alarbe;  que  imponer  vio- 
lentámenfc  el  cristianismo  á  gente  profundamente  lacerada  era 
marcarla  á  fuego,  no  lavar  con  las  redentoras  aguas  del  bautismo 
creencias  que  informaban  toda  su  existencia. 

Firme  en  sus  convicciones,  encomendó  á  la  persuasión  lo  que 
nunca  debió  ser  obra  de  la  fuerza,  y  para  facilitarla  protegió  la  pu- 
blicación de  dos  obras  dadas  á  la  estampa  por  el  P.  Fr.  Pedro 
de  Alcalá,  referente  la  una  á  la  Gramática  y  la  otra  al  Dicciona- 
rio del  idioma  hablado  por  los  musulmanes  españoles.  El  P.  Al- 
calá pretendía  facilitar  con  sus  libros  las  relaciones  entre  cristia- 
nos y  sarracenos,  y  sobre  todo,  la  enseñanza  católica  álos  sacer- 
dotes enviados  como  conversores  ó  párrocos  á  las  poblaciones 
donde  existían  moriscos. 

La  publicación  de  un  vocabulario  latino  arábigo,  el  de  Rai- 
mundo Martin,  escrito  también  por  un  español,  el  examen  de 
otro  en  la  biblioteca  Icydensc,  sobre  cuya  importancia  llamó  Si- 
monet  la  atención  de  Dozy,  las  faltas  de  los  diccionaj'ios  arábi- 
gos,  aun  de  uno  tan  excelente  cual  el  de  Lañe,  la  multitud  de 
notas  que  poseía  ,  dieron  mayores  proporciones  al  pensamiento 
del  a  ral  lista  holandés,  inspirándole  su  obra  maestra  el  Suple- 


NECROLOGÍA.  309 

mentó  á  los  Diccionarios  avahes,  su  mayor  üLulo  de  gloria  (1). 

Fué  recibida  esta  obra  con  verdadero  júbilo  ¡lOr  cuantos  nos 
dedicamos  á  los  difíciles  esludios  arábigos  ;  venía  á  ahorrar  tra- 
bajos penosísimos  y  lai-gas  vigilias;  á  imposibilitar  errores  en  in- 
vestigaciones, donde  el  error  es  tan  fácil,  como  naufragar  nave- 
gando entre  arrecifes  en  medio  de  las  sombras  de  la  nocbe. 

Mil  setecientas  veinte  páginas  en  folio  mayor  constituyen  los  dos 
volúmenes  de  esta  obra,  en  las  cuales  se  encuentran  las  voces  que 
se  echan  de  menos  en  los  otros  Diccionarios,  tomadas  de  multi- 
tud de  libros,  de  las  notas  enviadas  á  Dozy  por  arabistas  enten- 
didos, y  de  los  vocabularios  de  los  viajeros.  Y  no  solo  se  encuen- 
tran estas  voces,  sino  que  la  significación  de  muchas  está  justi- 
ficada por  curiosísimos  textos,  en  gran  parte  inéditos,  ó  explica- 
dos por  los  usos  y  costumbres  sarracenas. 

Para  los  que  pueden  apreciar  la  ciencia  y  esfuerzo  que  esta 
obra  representa,  es  cosa  que  maravilla,  que  un  solo  hombre 
haya  podido  concebirla  y  ejecutarla. 

Que  Dozy  hubiera  escrito  como  en  sus  Oosterlingen  [2]  la  expli- 
cación de  los  vocablos  neerlandeses,  derivados  del  hebreo,  caldeo, 
árabe,  persa  ó  turco  y  que  lo  realizara  "con  su  acostumbrada 
maestría,  es  digno  de  consideración;  pero  mucho  más  digna  es 
de  ser  celebrada  su  obra  Glosario  de  palabras  portuguesas  y  es- 
pañolas derivadas  del  árabe  (3). 

Basada  sobre  cierto  excelente  trabajo  de  Engelmann ,  uno  de 
sus  mejores  discípulos,  Dozy  le  aumentó  y  corrigió  considera- 
blemente. Incompleto  cuales,  como  su  mismo  autor  reconoce, 
este  libro  será  constantemente  consultado  entre  españoles,  mien- 
tras un  arabista  entendido  no  le  complete  con  los  grandes  ele- 
mentos que  hoy  poseemos  para  acabarlo. 

Además  de  todas  estas  publicaciones,  Dozy  ha  impreso  en 
varias  Revistas  algunos  artículos,  ya  juzgando  los  trabajos  de 
sus  colegas  en  aficiones  ó  tratando  puntos  especiales  de  estas. 


(1)  Svppléimnt  avx  Dictionnaires  a>:  Leyde,  1877-81.  Sobre  esta  obra  lia  publicado 
Fleischer  un  estudio  titulado,  Sh'Men  üher  Dozy's  SiippL  av.sr.  Dict.  ar.,  Leipsig,  18S1. 

(2)  Oosterlingen,  1867. 

(HJ    Olossaire  des  mots  espagnols  et  porfugais  derives  de  Varaht,  Leyde,  1869. 


310  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Entre  ellos  se  cuenlan:  un  estudio  sobre  cierto  libro  de  Vetk, 
titulado  Dissertatio  de  instifutis  arahum;  unas  cartas  sobre  ciertas 
voces  arábigas  de  la  crfjnica  catalana  de  En  Ramón  Mu n tañer: 
otra  á  Dofremei'y  sobre  las  palabras  Thaifur  y  Chariha ;  un 
análisis  de  las  noticias  dadas  por  el  mismo  Dofremery  sobre  los 
Emires  Alomara;  unas  consideraciones  sobre  historia  árabe,  con 
motivo  de  la  Historia  de  los  árabes  antes  del  islamismo  ^  ^tov 
Gaussin  de  Perceval;  otras  sobre  la  tesis  De  philosophia  apud 
Syros  y  de  la  obra  Averroes  y  el  Averroismo  por  Renán;  un 
trabajo  sobre  la  edición  y  traducción  de  los  viajes  de  Aben  Batuta 
por  Defremery  y  Sanguinetti ;  otro  muy  extenso  sobre  la  Descrip^ 
ciú)i  del  reyno  de  Granada  por  Simonet;  un  curiosísimo  estudia 
sobre  los  cordobeses  Arib  ben  Said  el  Secretario  y  Rabbi  ben 
Said  el  Obispo;  un  examen  de  la  obra  de  Míiller  acerca  de  la 
historia  de  los  árabes  de  Occidente,  y  otro  acerca  déla  mag- 
nífica traducción  de  los  Prolerjómenos  de  Aben  Jaldun  por 
Slane  (1). 

Esta  existencia  laboriosa  y  noblemente  dedicada  á  la  ciencia, 
que  acabo  de  referir ,  encierra  un  constante  reproche  para 
nosotros. 

En  tierra  española  ingerencias  extranjeras  en  nuestras  cosas,, 
de  antes,  de  ahora  y  de  siempre,  fueron  vistas  con  ceño.  ¿  Cómo 
hemos  dejado  que  se  nos  adelante  un  extranjero,  por  exchisivo 
amor  á  la  ciencia,  en  estudios  que  nos  obligaba  á  hacer  el  pa- 
triotismo? 

En  nuestra  Península  hartas  pruebas  tenemos  para  decir,  sin 
sospecha  de  jactancia,  que  por  falla  de  buenos  ingenios  no  debe- 
mos quejarnos.  ¿Cómo  no  nos  han  ahorrado  nuestros  arabistas 
el  sonrojo  de  ir  á  la  zaga  do  los  extranjeros  en  la  propia  historia? 

Ciertamente,  no  puede  culparse  á  nuestros  arabistas  por  esto: 
los  estudios  orientales  para  su  llorccimiento  necesitan  protección 
constante,  sistemática  ó  ilustrada,  y  en  España  no  la  han  obte- 


(1)  Oids,  \M:^.— Journal  Asiatique.,  \qi\\í  1847.— ídem,,  janvier  1818.— ídem  Nov.— 
Dec.  1«18.— (7íV/í,  \n'X-Joui-nal  Asiatique,  imWci,  ^iS^^'i.—An.  de  Gottimja  fev.  18(^0.— 
Zeitschrift  dfr  deutschen  morgenliindischen  Qesellschaft,  18(Jí.  ídem  1866.— ídem  18GG.— 
Jciirnal  Asiaf.  Aout.— Sept.  lS(jí). 


NlüCnOLOGÍA.  o?l 

nido.  Debíamos  más  que  Francia,  poseer  un  Colegio  de  lewjiias 
orieníaíeü;  nuestro  pasado,  en  el  aue  tanta  iniluencia  tuvieron 
árabes  y  hebreos  ,  nuestras  posesiones,  nuestras  relaciones  cada 
vez  más  importantes  con  África,  la  preponderancia  que  en  esta 
está  España  llamada  á  ejercer,  si  es  que  no  quiere  merecer  el 
menosprecio  de  la  posteridad,  imponen  la  existencia  de  un  Cen- 
tro científico  de  tanta  valía.  En  un  país  donde  se  gastan  millones 
á  veces  en  el  capricho  de  un  momento,  parece  imposible  que  no 
se  haya  pensado  en  emplear  una  cantidad  exigua  para  nuestra 
ilustración  y  para  nuestros  intereses. 

Cuando  esta  protección  abra  camino  á  la  iniciativa  individual, 
la  emulación,  el  amor  al  saber,  el  particular  atractivo  que  hoy 
tienen  estos  estudios,  harán  lo  demás.  Mucho  queda  que  reali- 
zar; hay  trabajo  para  multitud  de  inteligencias;  solo  falta  atraer- 
las, dirigirlas  y  premiarlas. 

Entonces  es  seguro  que  surgirán  de  esas  enseñanzas  ingenios 
(]ue  favorezcan  ,  ilustren  y  honren  á  nuestro  país,  como  Dozy  ha 
honrado  á  Holanda.  La  Biblioteca  arábigo-hispana  de  Codera,  la 
Crestomatía  de  Lerchundi  y  Simonet,  son  prendas  seguras  de  lo 
(jue  sostengo. 

Protejan  nuestros  Gobiernos  estos  estudios;  manténganle  en 
su  buena  voluntad  las  Academias  Española  y  de  la  Historia  á  la 
vez  que  los  dirijan,  y  se  verá  cuan  en  bi'eve  poseemos  una  buena 
Gramática  y  un  Diccionario  arábigo-hispano,  una  colección  de 
textos ,  ediciones  y  traducciones  de  viejos  manuscritos,  una 
epigrafía,  numismática  y  arqueología  hispano-musulmana,  y  un 
conjunto  de  inteligencias  conocedoras  del  Magreb  Alaksá,  para 
cuando  llegue  el  día ,  cada  vez  más  inminente,  de  realizar  en  él 
antiguas  y  nobilísimas  aspiraciones  de  España;  las  nobilísimas 
aspiraciones  del  Gran  Cisneros. 

F.  GuiLLKN  Robles. 

Madrifl  '2  de  Mayo  de  1884. 


INFOEMES. 


TESOKO  1>E  ^tONEDAS  ÁRA.BES  DESCUBIERTO  EN  ZARAQÜZ  V  ( 1), 

Al  publicar  en  1881  una  monografía  dando  cuenta  de  un  tesoro 
de  monedas  árabes  descubierto  en  Zaragoza  en  Abril  de  dicho  año, 
y  estudiando  las  monedas  que  había  podido  examinar,  indicamos 
que  del  número  de  monedas  halladas  y  demás  circunstancias, 
teníamos  pocas  noticias,  á  pesar  de  haber  procurado  adquirirlas. 

Desde  aquella  fecha  he  tenido  ocasión  de  examinar  varias  mo- 
nedas, que  supongo  de  la  misma  procedencia,  y. en  especial  una 
partida  de  unas  doscientas,  entre  las  cuales  había  cinco  de  tipo 
nuevo,  y  varios  ejemplares  de  tipos,  de  los  cuales  solo  había  vis- 
to alguno  que  otro  ejemplar:  no  daré  cuenta  ala  Academia  de 
los  que  adquirí  de  esta  íiltima  clase,  pero  sí  de  los  que  para  mí 
eran  desconocidos,  pues  esto  puede  interesar  á  los  estudios  hislo- 
rico-arqueológicos. 

Ya  que  se  presenta  ocasión  oportuna  de  rectificar  un  error  co- 
metido en  el  primer  trabajo,  lo  haré  con  mucho  gusto  para  que  el 
error  tenga  su  correspondiente  correctivo. 

En  la  primera  de  las  monedas  publicadas  en  dicho  trabajo,  por 
la  coincidencia  de  que  en  el  lugar  de  la  fecha  existe  un  agujero 


(1)    Suplemento  al  tral)ajo  publicado  c".  1881  en  eltoraoxi  del  Museo  lispañol d''  Áv'i- 
pT<  edades. 


TESORO  DE  MONEDAS  ÁRABES  DESCUBIERTO  EN  ZARAGOZA.         I?  1.5 

en  los  dos  ejemplares  que  había  visto,  leí  hU  fí>j\j  w-Jj  tres  y 
cuatro  cientos  en  el  primero  y  ^/>ajij\j  ¡^'^^  dos  y  cuatro  cifentos) 
en  el  segundo,  por  ÍjU  ^ j^j  r,c^^  treinta  y  cuatro  cientos:  contri- 
buyó no  poco  á  la  ilusión  que  padecí  en  la  lectura  de  estas  fechas,  la 
coincidencia  de  que  leidas  de  este  modo,  las  monedas  correspon- 
dían á  Mondzir  I  de  Zaragoza,  de  quien  se  sabía  que  había  llevado 
el  títulode  *íJIj  ,_^.o;^lylímansí<í'6¿í/o/i,queaparcceenlas mismas; 
al  paso  que  aplicadas  á  Mondzir  II,  este  lakba  sultánico  no 
solo  era  desconocido,  con  la  particularidad  de  que  por  las  mone- 
das sabíamos  había  llevado  el  lakba  de  i|^  jJt  .x^  Moizzo-d-Daulah , 
sino  que  parecía  no  hubiera  de  haber  tomado  título  tenido  por  tan 
pretencioso,  quien  no  se  sabía  hubiera  sido  ayudado  por  AUah  on 
batallas  contra  los  cristianos. 

Es  lo  cierto,  sin  embargo,  por  el  examen  de  alguna  otra  mone- 
da igual  que  hemos  visto,  y  por  el  estudio  detenido  de  los  origina- 
les publicados,  que  las  monedas  corresponden  alano  \^s¡j  j\j¡  ^--Íj 

treinta  y  cuatro  cientos,  cayendo  por  su  base  cuantos  razonamien- 
tos hicimos,  partiendo  del  supuesto  de  que  las  monedas  eran 
de  los  años  403  y  402. 

En  cambio,  atribuidas  dichas  monedas  á  Mondzir  II,  resulta  que 
este  príncipe,  después  de  haberse  apellidado  i3jjJ!  j^^  ^^^U^i 
Elháchih  Moizzo-d-Daulah.  en  el  último  año  de  su  reinado,  si  nó 
antes,  se  tituló  Almansnr  hillali. 

Gomo  en  las  monedas  del  año  428,  en  las  de  430  Mondzir  reco- 
noce la  soberanía  espiritual  del  Califa  Abbací  contra  las  preten- 
siones del  llamado  Hixem  II,  á  quien  había  reconocido  por  algíin 
tiempo,  quizá  después  de  la  muerte  de  Hixem  III.  Almotad,  á 
quien  por  lo  que  vemos  en  las  monedas,  es  indudable  que  reco- 
noció como  Imam  durante  algunos  aííos. 

Al  mismo  año  430  á  que  pertenecen  las  monedas  anteriores, 
corresponde  una  que  hemos  adquirido  recientemente,  y  cuya  in- 
terpretación, no  su  lectura,  ofrece  no  pocas  dificultades. 

Dicha  moneda,  en  buen  estado  de  conservación,  tiene  también 
como  las  precedentes  dos  agujeros,  que  indican  había  servido  ya 
para  algún  collar:  es  de  plata  de  muy  baja  ley,  y  de  caracteres 
elegantes,  presentando  en  la  parte  superior  de  la  I.  A.  un  adorno 


314  boletín  de  la  real  academla  de  la  historia. 

muy  parecido  al  que  se  ve  en  las  monedas  anteriores:  en  dicha 
moneda  se  lee  lo  siguiente: 

N.    I. 

I.  A.  ^'!  ¿ ^^  ^      No  (hay)  Dios  sino 

íj_^j  i_l_M      Allali,  solo, 

jJ  ^-:X-J  t— >-  ^      no  (hay)  compañero  para  él. 

En  el  nombre  de  Allali,  fué  acuñado  este  dirhem  en  Zaragoza 
año  treinta  i/  cu(atro  cientos). 

II.  A.  - =.'¿^^  FA  háchib. 

^L;u_ji)  ^L--^'  El  Imam  Hixem 

,.f_v_:_0'  y^_^^  amir  de  los  creyentes 

iii'_j  _\_'j_,J!  Almowayyad  billah. 

cNÜ!  ,\^  Abdallah. 

M.  La  unión  profética  de  Mahoma,  cuyas  últimas  palabras 
están  borrosas. 

¿A  quién  debemos  atribuir  esta  moneda?  No  es  fácil  resolver 
esta  cuestión  sin  estudiar  la  historia  de  los  acontecimientos  de 
que  fué  teatro  Zaragoza  á  fines  del  año  430  y  principios  del  431; 
sucesos  que  en  parte  han  sido  aclarados  por  el  malogrado  orien- 
talista M.  Dozy,  con  los  textos  publicados  en  la  tercera  edición  de 
sus  Recherclies  sur  l'histoire  et  la  líttérature  de  V Espagne  pendant 
le  moyen  age,  Leyde  1881. 

A  principios  del  nUimo  mes  del  año  i30,  ó  sea  hacia  ñn  de 
Agosto  del  año  1039,  entraba  en  palacio  Abd-Allah  ben  Hacam,  ge- 
neral de  Mondzir  y  pariente  suyo,  el  cual,  partidario  acérrimo  del 
verdadero  ó  falso  Ili.xem  II,  estaba  enojado  con  su  rey  y  pariente, 
(\ue  después  de  liaber  reconocido  á  Hixem,  le  había  negado  la  obe- 
diencia, siquiera  fuese  nominal;  quizá  porque  reconociera  la  su- 


TESORO  DE  MONEDAS  ÁRAHUS  DESCUBIERTO  EN  ZARAGOZA,  .ile» 

perchcría  del  rey  de  Sevilla:  Abd-Allahse  dirige  ú  la  ^sala  donde 
Moiidzii",  rodeado  de  algunos  servidores  slavos,  estaba  leyendo,  y 
sin  resistencia  más  que  de  uno  de  los  servidores,  da  muerte  á 
Mondzir,  cortándole  las  venas  yugulares:  aterrados  todos  en  pa- 
lacio, nadie  piensa  en  prender  al  regicida,  que  con  la  mayor 
tranquilidad  corta  la  cabeza  de  su  víctima  y  poniéndola  en  la 
punta  de  una  pica,  la  enseña  al  pueblo  diciendo.  «Ved  el  castigo 
del  que  se  rebeló  contra  el  príncipe  de  los  creyentes  Ilixem  y  re- 
Jiusaba  reconocer  sus  derecbos.»  Luego,  mandó  llamar  al  Kadbi  y 
á  los  nobles,  quienes  le  encontraron  sentado  en  el  sofá  de  Mon° 
dzir,  que  yacía  á  sus  pies:  díjolcs  que  al  dar  muerte  á  Mondzir,  lo 
liabía  hecho  en  bien  de  todos  y  en  bien  del  Estado,  recomendán- 
doles que  tranquilizasen  al  pueblo,  y  él  les  premetió  reconocer  la 
soberanía  de  Culeimán  ben  ílud. 

Éste,  que  se  hallaba  en  Tudela,  al  tener  noticia  de  lo  ocurrido 
en  Zaragoza  se  dirigió  allá,  en  la  esperanza  de  que  Abd-Allah 
cumpliera  su  palabra;  pero  éste  quería  ser  rey  por  cuenta  propia 
y  se  preparó  á  la  defensa  en  su  palacio,  hasta  que  el  pueblo  can- 
sado de  los  males  de  la  guerra,  se  sublevó  contra  el  usurpador, 
quien  como  ya  de  antemano  había  previsto  este  caso,  se  marchó 
á  instalarse  en  el  castillo  de  Rueda,  sin  que  tengamos  de  él  más 
noticias:  en  estos  sucesos  habían  pasado  menos  de  dos  meses, 
pues  ^uleimán  ben  Hud  entró  en  Zaragoza  en  Moharrem  de  't-]! 
ó  sea  en  el  primer  mes  del  año. 

La  moneda  en  cuestión  parece  indicar  que  Abd-Allah  efectiva- 
mente quiso  ser  rey,  en  prueba  de  lo  cual,  se  apresuró  á  mandar 
acuñar  moneda  que  así  lo  proclamase;  pues  las  palabras  Imam 
Hixemamir  almuminin  almuwayyad  &iíZa/i  no  pueden  suponerse 
puestas  de  orden  de  Mondzir,  cuyo  nombre  no  figura  en  la  mone- 
da, al  paso  que  si  la  suponemos  acuñada  por  Abd-Allah,  se  expli- 
can de  un  modo  muy  natural;  y  como  por  otra  parte  el  que  se 
titula  háchih,  se  llama  Abd-Allah,  creemos  que  el  asesino  y  usur- 
pador mandó  acuñar  esta  moneda  en  el  mismo  mes  de  su  usurpa- 
ción: ésta  es  la  única  que  de  Abd-Allah  ben  Hacam  conocemos 
hasta  hoy. 

Entre  las  monedas  que  atribuimos  á  ^uleiman  ben  Hud,  su- 
cesor de  Abd-Allah  ben  Hacam,  hemos  adquirido  dos  ejemplares 


3IG  boletín  de  la.  real  academia  de  la  historia. 

nuevos,  ligera  variante  de  uno  de  los  tipos  que  habíamos  publi- 
cado. 

N.  2.  Moneda  de  oro  de  baja  ley;  buena  conservación:  peso 
1,50  gramos. 

I.  A.  ^\  i- '*  ^      No  (hay)  Dios  sino 

t^ — =s.j  &. .l-J|      Allah,  solo. 

j._^:_i     ^..«'  ^1      Aben  Abii  Nasai\ 

ir.  A.  >_ =..' ái^  Elháchib. 

^L-¿._>    J — *"^  \  El  Imam  Hixem 

áwUL-  j_'^_^JÍ  Almowayyad  billali. 

^jv.1^.  Cideimán. 

Como  esta  moneda  no  difiere  sustancialmente  de  la  publicada 
bajo  el  nüm.  11  en  el  Museo  Español  de  Antigüedades,  no  necesi- 
tamos discutir  su  atribución. 

Entre  las  monedas  de  que  debemos  dar  cuenta,  hay  dos,  cuya 
lectura  no  ofrece  duda,  pero  cuya  atribución  probable  nos  ha 
preocupado,  sin  que  nos  creamos  en  el  caso  de  darla  como  segura. 

N.  3.  Monedita  de  oro  de  baja  ley,  en  buen  estado  de  conser- 
vación, y  caracteres  buenos,  pero  no  tan  elegantes  como  los  de 
la  moneda  anterior:  peso,  1,15  gramos. 

LA.  ^:\  Aben. 

¿>_U!  ^!  J!  ^      No  (hay)  Dios  sino  Allah. 
^^í  Hud. 

ir.  A.  w^.^1^!  Elháchib 

^'_j^_s  J — -^'^l      El  imam  Ilixem. 


Mohammad. 

N.  'i.  Monedita  de  oro  de  baja  ley:  en  mala  conservación,  y  no 
la  liubir-ramos  leido  á  no  tener  á  la  vista  la  anterior,  que  es  igual 
(11  el  fondo:  peso  0,45  gramos. 


TESORO  DK  MONKDAS  ÁRABES  DESCL"HIKI\TO  EN  ZAIIAGOZA.  317 

I.  A.  ^!  A !!  ^  No  (hay)  Dios 

íJ =.j  A_Ul  A  Hall,  solo. 

-".j'    .yA  Aben  llud. 

1.  A.  ^^U!  Kihdchib 

^l_xu_>   ^L--"^''  El  imam  llixem 
\              \ 

A_LJL)  --j_^0'  Almowayyad  billali. 


-^^~ 


Moliammad. 


Para  detei-minar  la  atribución  do  estas  monedas,  tenemos  (]ae 
fijarnos  en  los  datos  que  nos  ofrecen,  y  en  su  comparación  con 
otras  análogas:  por  una  parte  tenemos  <¡ue  están  acuñadas  por  iin 
Iláchib  Mohammad^  y  que  si  él  no  pertenecía  á  la  familia  de  los 
Banu  Hud,  tenía  alguna  conexión  con  ella,  ya  que  en  la  I.  A,  se 
hace  mención  de  Aben  Hud.  bien  para  designar  á  un  individuo, 
bien  para  determinar  al //ác/ízí?  Mohammad,  aunque  su  nombre 
figure  en  otra  área:  falta  ahora  ver  donde  encontramos  un  Iláchib 
Mohammad:  sólo  aparece  en  estos  nombres  en  monedas  de  Al- 
Mofádhid.  de  Sevilla  y  en  las  de  Galatayud:  descartando  la  primera 
atribución,  por  ser  las  monedas  de  Sevilla  completamenfc  diferen- 
tes bajo  todos  conceptos,  aunque  tengan  este  dato  conuín,  veamos 
si  podrán  ser  de  Galatayud. 

De  los  tres  tipos  do  monedas  conocidas  de  esta  población,  en 
dos  aparece  en  la  11.  A.  el  nombre  del  Háchib  Mohammad,  á  quien 
con  seguridad  podemos  aplicar  el  título  de  Adhido-d-Daulah, 
que  se  lee  en  la  I.  A.  de  dichas  monedas,  ya  que  en  la  única  del 
otro  tipo,  y  que  por  cierto  procede  de  este  mismo  tesoro,  en  la 
II.  A.  se  leen  las  palabras  ¿LjJI  |1  J-c^s  Adhldo-d-Baulah,  como  si 
este  fuera  el  sobrenombre  del  rey,  y  en  la  I.  A.  en  la  parte  supe- 
rior se  lee  el  nombre  -^-ysr-*  Mohammad,  autorizándonos  la  varie- 
dad de  tipos  á  que  admitamos  que  el  rey  de  Galatayud  se  llama- 
ba Mohammad,  y  que  se  daba  los  títulos  de  háchib  y  Adhido-d- 
Daidah:  suposiciones  ni  contradichas  ni  confirmadas  por  otros 
datos,  ya  que  del  tal  reino  de  Galatayud  no  tenemos  más  noticias 
que  las  suministradas  por  las  monedas. 


318        boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

El  nombre  Aben  Mud,  que  se  lee  en  las  monedas  descubiertas 
últimamente,  reemplazando  á  las  palabras  ¿Jj-0)  j-^üs  de  otros  ti- 
pos, nos  hace  sospechar  que  el  rey  de  Galatayud  pertenecía  á  la  fa- 
milia de  los  de  Zaragoza,  que  dio  reyes  á  Lérida,  Tudela  y  Denia. 

La  fecha  de  las  nuevas  monedas  puede  determinarse  de  un 
modo  vago,  pudiendo  asegurar  que  son  posterioi-es  al  año  426,  en 
que  parece  se  inicia  la  farsa  de  la  reaparición  de  Hixem  II,  cuyo 
nombre  figura  en  ellas,  y  que  son  anteriores  al  año  448,  última 
fecha  que  encontramos  en  las  monedas  de  este  tesoro;  tanto  más, 
cuanto  que  el  estado  de  deterioro  en  que  se  encuentra  una  de  las 
dos  monedas  hace  suponer  que  había  circulado  bastante  antes  de 
la  fecha  en  que  se  escondió  el  tesoro:  por  otra  parte,  la  ausencia 
del  título  Adhido-d-Daulah  podría  dar  lugar  á  creer  que  estaban 
acuñadas  cuando  sólo  se  titulaba  háchih^  y  que  en  las  monedas 
posteriores,  aquel  título  sustituyó  al  nombre  familiar;  á  no  ser 
que  supongamos  que  se  puso  por  ser  más  corto  y  más  proporcio- 
nado á  monedas  en  las  que  tan  poco  era  lo  que  podía  escribirse. 

X.  5.  Moneda  de  oro  de  baja  ley,  en  no  muy  buena  conser- 
vación, pero  puede  leerse  toda:  podemos  considerarla  como  va- 
riante de  una  que  publicamos  al  describir  por  primera  vez  mo- 
nedas procedentes  del  mismo  tesoro,  ó  más  bien,  de  un  dirhemen 
no  muy  buen  estado,  que  tenemos  en  nuestro  poder  y  nos  fué  re- 
galado por  nuestro  amigo  D.  Agustín  Prim,  de  Lérida:  peso  de  la 
monedita  1,05  gramos. 

I.  A.  ^'!  Ahe.it 

^'  j. jl  ^'  No  (hay)  Dios  sino 

5j___x  ^.  .v_.U'  Allab,  solo. 

.>»*  Iliid. 

^^-  '^-  ^¿1¿J'  Almothaffir 

>' — ^í  J — -"^^  El  imam  Ilixem 

^Ul_-  --.'jJ'  Almovvayyad  billah. 

jJj-J'    >.^*_^.~.  Ceifo-d-Daidali. 


TESOUO  DE  NroXEDAS  ÁUABES  DESCÜllIERTO  EN  ZMWGOZX.  l\l\) 

El  dirheni,  á  que  nos  hemos  referido  antes,  difiere  de  esta  mo- 
iicdila  en  tener  completa  la  profesión  de  fe  en  tres  líneas  como  de 
ordinario,  y  en  haber  tonido  leyendas  circulares,  que  no  se  dis- 
tinguen, como  lio  leíamos  las  palaltras  Jí^»  |i  ^j^  por  muy  bo- 
rrosas. 

La  atribución  de  esta  moneda,  igualmente  que  la  déla  que  pu- 
blicamos en  nuestro  primer  trabajo,  no  ofrece  dificultad:  aunque 
no  tengan  indicación  de  ceca,  puede  asegurarse  que  están  acuña- 
das en  Lérida  por  lucuf  Almothaffir  Ceifo-d-Daulah,  pertene- 
ciente á  la  familia  de  los  Banu  Hud,  como  hijo  de  Culeiman  ben 
líud.  que  le  nombró  para  el  trono  de  Lérida,  dando  á  su  herma- 
no Ahmed  el  trono  de  Zaragoza  y  legando  á  ambos  reinos  una 
guerra,  que  duró  tanto  como  el  reinado  de  ambos  hermanos. 

Las  otras  monedas  que  del  tesoro  de  Zaragoza  hemos  adquiri- 
do últimamente,  pertenecen  á  tipos  ya  descritos,  de  alguno  de  los 
cuales  conocíamos  nn  solo  ejemplar,  y  han  aparecido  otros. 

Resulta  de  lo  expuesto,  que  las  últimas  adquisiciones  no  dejan 
de  tener  cierta  importancia  numismática,  por  haber  aparecido  una 
moneda  del  rey  Abd-Allah  ben  líacam,  que  sólo  reinó  un  mes  en 
Zaragoza  y  dos  probables  del  Rey  de  Galatayud,  cuya  familia  nos 
es  revelada  por  estos  documentos,  á  parto  de  las  otras  varieda- 
des que  nada  nuevo  nos  enseñan. 

Fr-ancísco  Codera.. 

Madrid  1  de  Abril  1881. 


320  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE   LA    HISTORIA. 


TI. 


M(JNEDAS    IBÉRICAS 


III. 


Gonliniiatulo  la  tarea  que  me  impuse  (1),  presento  á  la  Acade- 
mia una  nneva  colección  de  dibujos  de  monedas  ibéricas,  entre 
los  que  figuran  piezas  inéditas  de  importancia. 

He  aquí  los  ejemplares: 

33.    Anv.  Busto  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  izquierda, 
delante  delfín;  detrás  lA 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  hacia  la  derecha  sobre 

una  línea;  encima  de  ella  F^^^^^^ 
Diám.  -24  milím. 

D.  Vicente  de  la  Fuente,  Madrid. 

Notable  es  el  estilo  con  que  está  trazado  el  anverso  de  esta  ra- 
rísima especie  bilbilitana,  constituyendo  una  interesante  variedad 
(luc  no  había  sido  dada  á  la  estampa,  ni  aun  en  la  muy  completa 
colección  de  monedas  autónomas  de  Bilbilis  que  adornan  la  His- 
toria de  Calatayud  (2),  obra  de  un  ilustre  académico. 

Dos  épocas  he  observado,  perfectamente  distintas,  en  las  abun- 
dantes emisiones  del  dinero  bilbilitano.  Singulariza  una  de  ellas 
el  dibujo  rígido  y  bárbaro  las  más  de  las  veces,  que  imprime  ca- 
rácter á  las  acuñaciones  que  se  señalan  por  la  letra  C  de  sus 
anversos,  ó  sea  la  inicial  del  nombre  de  la  población.  Caracteri- 


(1)  Véase  tomo  ui  de  este  Boi.ktín,  pág.  61  y  pág'.  159  de  este  tomo. 

(2)  D.  Vicente  de  la  Fuente.  Historia  \de¡a\  siempre  augusta  |  //  \,fid€l¡sinia  |  ciidad 
de  Calatayud  \  —Calatayud.  Imp.  del  Diario.  1880.— 2  vols.  4.°,  pág.  Hl,  láni.  i. 


íMOíNedas  ibéricas.  321 

zan  la  segunda,  su  fábrica  corriente  y  la  partícula  ÍA  que  inva- 
riablemente aparece  detrás  de  las  cabezas,  ó  mejor  dicho,  bus- 
tos, del  llamado  Hércules  ibérico.  Pertenece  á  esta  clase  el  ejem- 
plar de  que  es  propietario  el  Rr.  La  Fuente,  muy  curioso  por  los 
caracteres  de  su  dibujo,  que  viene  á  proporcionarnos  un  dato  más 
para  fijar  en  definitiva  que  todos  los  de  su  serie  son  copias  más 
ó  menos  afortunadas  del  numerario  celsitano,  como  este  lo  fué  á 
su  vez  del  ilergético. 

34.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando   hacia  la  derecha; 

detrás  A 
Rev.  Jinete  con  palma  sobre  el  hombro  corriendo  hacia  la 

derecha;  debajo  bH^r^YMXfA 
D'iám.  24  milím. 

G.  DominttO  Bazáx,  Barcelona. 

35.  Anv.  Busto  varonil   imberbe  mirando  hacia   la  derecha; 

detrás  /^ 
Rev.  Jinete  con  enseña  militar  en  forma  de  cayado,  sobre 
el  hombro,  marchando  hacia  la  derecha  sobre  una 
línea;  entre  ella  y  otra  inferior  MH^I^H^MXAA 
Diám.  25  mih'm. 

Gol.  Gil,  Zaragoza. 

Al  continuar  la. notabilísima  leyenda  que  llevan  las  dos  prece- 
dentes monedas,  el  Gírenlo  Numismático  Sevillano  al  final  de  la 
obra  de  Delgado,  las  acompañó  con  las  siguientes  líneas:  «El  señor 
Delgado  conservaba  entre  sus  apuntes  los  dibujos  de  las  monedas 
que  acabamos  de  describir  á  continuacióu,  tomados  de  la  obra 
Lorichs.  Nos  recomendó  muchas  veces  que  registrásemos  minu- 
ciosamente los  gabinetes  de  Sevilla,  á  pesar  de  que  lo  había  he- 
cho por  sí,  sobre  todo  en  el  que  perteneció  al  Sr.  Gaballero  In- 
fante, con  el  objeto  de  comprobar  su  existencia.  Nuestras  gestio- 
nes han  sido  ineficaces,  porque  ninguno  de  nuestros  compañeros 
del  Gírenlo  Numismático,  ni  las  demás  personas  á  quienes  hemos 
consultado,  poseen  ejemplares  análogos.  Mas  no  pudiendo  dudar 

TOMO  IV.  22 


3'22  BOLETÍN'    DE    LA    REAL    ACADEMLV    DE    LA    FIIáTOIUA. 

de  la  exactitud  de  los  dibujos  de  Lorichs,  hechos  con  el  mayor 
esmero,  los  reproducimos  bajo  la  fe  del  autor,  para  que  no  falte 
en  nuestras  láminas  un  epígrafe  publicado  anteriormente  (1).)' 

Salvo  rarísimas  excepciones,  bien  disculpables  por  cierto,  con 
recomendable  exactitud  se  hallan  grabadas  las  monedas  que  pu- 
blicó en  sus  Recherclies  numismatiques  el  chambelán  Mr.  de  Lo- 
richs y  sin  riesgo  alguno  pudo  fiar  en  él  el  Círculo  Numismático 
de  Sevilla.  Heiss  da  tamlñén  como  cierta  la  moneda  (lám.  32, 
Lantza  2),  equivocando  empero  la  letra  cuarta  de  su  epígrafe  y 
Zobel  al  enmendar  este  error  (tomo  ii,  niím.  49G),  ofrece  grabar 
en  la  continuación  de  su  obra  un  ejemplar  de  tan  curiosa  especie 
que  halló  en  la  colección  ispalense  del  Sr.  Sánchez  de  la  Gotera. 
No  se  fijaron  dichos  autores  en  que  Boudard  [Num.  Iherienne  lá- 
mina 25-3,  5)  había  publicado  dos  ases  con  esta  leyenda  y  uno  de 
ellos  relevante,  por  llevar  el  jinete  una  palma  al  hombro. 

La  existencia  de  monedas  ibéricas  con  el  transcrito  letrero,  no 
debe  ponerse  en  duda:  acertado  estuvo  Lorichs,  cuya  lectura  ga- 
rantizó atinadamente  la  competencia  de  Zobel;  y  puedo  afirmarlo 
así,  cuando  de  sobra  conozco  la  moneda.  Sin  necesidad  de  tener 
que  acudir  al  monetario  Sánchez  de  la  Gotera,  he  comprobado  el 
epígrafe  en  ocho  ejemplares,  algunos  de  ellos  tan  completos,  como 
los  que  figuran  en  la  lámina  (números  34  y  35).  Además,  pues,  de 
los  arriba  descritos  y  que  forman  parte  de  las  escogidas  coleccio- 
nes ibéricas  de  los  Sres.  Bazán  y  Gil,  tengo  apuntados  seis  más, 
que  existen,  dos  en  la  del  Sr.  Rais,  otro  en  poder  de  D.  José 
Barril,  ambos  de  Zaragoza;  otro  en  el  monetario  Gervera,  de  Ma- 
drid; un  quinto  en  el  de  D.  Germán  Sher  Puy.  de  dicha  vecindad; 
y  el  sexto  lo  conserva  D.  Francisco  Rañoy,  médico  de  artillería 
residente  en  la  actuahdaden  Barcelona. 

Examinadas  cuidadosamente  estas  monedas,  he  adquirido  el 
convencimiento  de  que  el  signo  A  que  siempre  aparece  detrás  de 
la  cabeza  de  sus  anversos,  no  se  repite  en  el  reverso  como  letra 
inicial  del  rótulo  éthnico:  los  ejemplares  de  que  son  respectiva- 
mente propietarios  los  Sres.  Gil,  Barril  y  Rañoy,  presentan  cam- 
po liso  en  el  cospel  antes  del  comienzo  del  epígrafe,  dejando  ver 
'i  üj.  fjis \,,'ir.  IV ^ ■' — 

(1)    Delgado.  Nuevo  ttfftodo,  tomo'iii,  págr.  1:í:<. 


MONEDAS    IIlímiCAS.  o2'A 

claramente  que  la  leyenda  principia  por  h-  Creo  oportuno  adver- 
tirlo, para  salir  al  paso  de  una  errónea  clasificación  que  me  han 
expuesto  algunos  numismáticos,  los  cuales,  influidos  por  el  indi- 
cado supuesto,  opinan  que  estos  ases  son  las  especies  mayores  de 
una  serie  monetal  que  cuenta  como  divisores  los  semises  que  des- 
cribiremos á  continuación,  junto  con  el  cuadrante  exhibido  por 
Lorichs.  [Recherches,  láminas  i,  3.)  Hay  que  abandonar  por  com- 
pleto estas  imaginaciones,  pues  entre  las  monedas  expresadas  no 
existe  la  relación  que  se  ha  sostenido:  ni  la  leyenda  de  los  ases 
empieza  por  A,  ni  la  segunda  letra  de  los  semises  es  r*,  sino  cla- 
ra y  distintamente  una  [^ .  Quedan,  pues,  categóricamente  acla- 
radas todas  las  dudas. 

Fijado  con  seguridad  tan  interesante  epígrafe,  es  preciso  con- 
venir en  que  la  partícula  A  de  los  anversos  se  estampa  en  ellos 
como  indicación  omonóica,  caso  frecuentísimo  cu  el  numerario 
ibérico,  el  cual  se  aconsejó  tantas  veces  de  las  necesidades  del 
comercio  ó  de  la  guerra,  que  muchas  de  sus  emisiones  son  pro- 
ducto de  conciertos  monetales  entre  distintos  pueblos.  Partiendo 
de  estos  fundamentos,  la  determinación  geográfica  de  estas  le- 
yendas parece  resultar  fácil,  y  así  fuera  eii  efecto,  si  el  silencio 
de  los  autores  antiguos  y  de  los  monumentos  litológicos  no  con- 
trastara con  la  abundancia  de  elementos  comparativos  numismá- 
ticos. En  los  primeros,  no  he  sabido  encontrar  los  levitenses  ó  lo- 
vitenses  de  que  nos  habla  la  leyenda,  y  dejan  perplejo  el  seña- 
lar á  las  monedas  un  puesto,  en  los  diversos  distritos  numis- 
máticos en  que  han  sido  clasificadas  las  acuñaciones  ibéricas;  pues 
racionalmente  podríamos  llevarlas  á  una  comarca  limítrofe  al  pue- 
blo á  que  se  refiere  la  indicación  omonóica,  si  esta  no  fuera  el 
signo  silábico  A,  por  el  cual  principian  leyendas  de  diversos 
distritos  del  centro  ó  septentrión  de  Iberia,  como  AP^MAX 
(cascantinos)  en  el  turiasonense;  AÍ^^Al^fr^  (ccesadenses)  en  el 
segobrigense;  A9PA  fCaravacaJ  en  el  cartaginense;  A^^i^l^^ 
fcaravensesj  en  el  numantino,  cuyas  monedas  presentan  concer- 
tados sus  anversos  Ah  (Heiss  lám.  21,1)  con  otras  de  leyenda 
■  A^^X^^*'X^^  (calagurntanos)  cabeza  del  distrito  de  su  nom- 
bre. También  los  semises  de  que  vamos  á  ocuparnos  luego,  lie- 


324  boletín  de  l.v  keal  academia  de  la  historia. 

nen  por  letrero  Af^H  ¿A  qué  pueblo  de  los  dichos  so  refiere 
pues  la  A  omonóica  de  los  ases  en  cuestión?  No  es  posible  deter- 
minarlo si  solo  nos  fijamos  en  la  partícula  que  acusa  el  concierto 
raonetal,  siendo  tantos  los  pueblos  que  cuentan  con  igual  raíz. 

Zobel  que  debió  tropezar  con  estas  dificultades,  propone,  sin 
embargo,  relacionar  estas  monedas  con  las  calagurritanas,  opi- 
nando que  pudieron  sei-  batidas  en  lloréis  ó  Gracurris  (Estudio, 
lomo  II,  75),  atribución  dificultosa  por  hallarse  falta  de  compro- 
bantes. 

En  mi  concepto,  estas  leyendas  pertenecen  á  tierras  numantinas, 
habiendo  sido  batidas  por  un  pueblo  no  lejano  de  Agreda.  Todos 
los  ejemplares  que  de  ellas  conozco  han  pertenecido á coleccionistas 
zaragozanos,  y  este  dato  de  procedencia  viene  íi  corroborarlo  ple- 
namente el  reverso  y  fábrica  de  estos  ases,  que  solo  encuentran 
similares  en  las  más  antiguas  especies  aregradenses,  no  menciona- 
das por  Delgado  y  que  llevan  por  rótulo  P9l^r*'X9PH^XrA  fl). 
La  demostración  resulta  evidente,  comparando  estas  especies  con 
las  délos  lovitenses,  ya  que  nos  ofrecen  caracteres  completamen- 
te semejantes,  alguno  de  los  cuales  es  patrimonio  exclusivo  de 
ambas  clases  de  monedas.  En  ellas  los  ases  son  siempre  de  gran 
módulo;  el  epígrafe,  formado  de  buen  número  de  letras,  se  des- 
plega en  semicírculo  debajo  del  jinete:  no  blando  este  la  lanza, 
pues  esta  arma  aparece  después  en  más  modernas  acuñaciones, 
sino  que  lleva  al  hombro  la  palma  ó  una  enseña  militar  formada 
por  un  asta  que  tuerce  en  su  extremo  superior  á  guisa  de  cayado. 
Tuba?  llama  Zobel  á  este  emblema  y  es  posible  tenga  razón  (2). 


(1)  No  grabo  desde  luego  estas  rarísimas  monedas  con  el  deseo  de  descubrir  ejem- 
plares mejor  conservados,  y  de  consiguiente  más  completos  que  los  que  hasta  ahora  he 
\isto.  En  el  entretanto  pueden  verse  descritas  por  el  Sr.  Zobel  [Estudio,  tomo  ii, 
pág-.  278,  números  529-532),  y  una  que  grabé  en  la  Rev.  de  Ciencias  Jdstórícas,  tomo  ii, 
páp.  551. 

(2)  De  primera  intención  se  ocurre  que  estas  especies  pudieran  ser  acuñadas  por 
los  lol/ttanos;  pero  hay  que  advertir  que  estas  gentes  moraron  al  Sur  de  los  celtiberos 
más  orientales,  ó  sean  los  Insoncs,  que  á  su  vez  se  extendieron  hasta  las  fuentes  del 
Tajo,  según  el  testimonio  de  Estrabon.  Me  limito  á  apuntar  estos  datos  sin  permitir- 
me abundar  en  dicha  atribución  que  rechaza  la  fábrica  de  las  monedas.  Con  mayores 
probabilidades  de  acierto  podrían  copcederse,  por  vía  de  ensaj'O,  al  pueblo  de  Lubia, 
situado  entre  Soria  y  Almazán. 


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Z,rAn,^i:  JlccU.ot 


MONEDAS    lUÉItlGAS.  325 

Píira  completar  estas  observaciones,  publico  con  el  uiun.  3-4  el 
MH'T^r^TrAXM  con  palma  que  mecomunica[cl  Sr.  Bazáa,  en  un 
todo  semejante  al  que  vio  Boudard  en  la  colección  de  M.  Duprat 
(página  227).  Si  este  ejemplar  de  fábrica  relativamente  bella,  de 
evidentes  reminiscencias  belénicas  y  su  jinete  con  [lalma,  hubiese 
sido  el  único  entre  los  de  su  clase  en  salir  de  la  tierra,  de  fijo  se 
le  tendría  como  originario  de  los  distritos  numismáticos  de  la 
región  oriental.  Su  estilo  y  dicha  palma  hnbieran  impuesto  esta 
clasificación,  siguiéndose  en  ella  las  corrientes  más  generalmente 
admitidas  y  á  las  cuales  he  dado  pruebas  de  no  abandonarme  en 
absoluto. 

Sé  bien  que  las  anotaciones  que  estoy  escribiendo  no  propor- 
cionan ocasión  propicia  para  intentar  extensas  explicaciones  acer- 
ca de  la  frecuencia  con  que  se  interrumpe  aquella  regla  fijada  por 
Delgado,  caracterizando  con  los  jinetes  lanza  en  ristre  el  nume- 
rario de  las  comarcas  centrales  españolas,  y  siendo  los  tipos  con 
la  palma,  el  distintivo  de  las  acuñaciones  ibéricas  de  la  región 
oriental.  Las  excepciones  á  esta  norma  se  van  sucediendo  y  ten- 
go para  mí  que  han  de  repetirse  en  mayor  número  á  medida  que 
aparezcan  otras  monedas  raras,  ya  que  abrigo  la  persuasión  de 
que  aquella  regla,  luminosísima  cuando  la  estableció  el  ilustre 
Delgado,  ha  perdido  la  fuerza  absoluta  que  tuvo  en  la  época  en 
que  fué  ideada.  Hoy,  y  particularmente  en  la  región  central,  es 
solo  aplicable  á  determinados  períodos,  los  más  recientes  en  las 
acuñaciones  ibéricas,  ó  sea  cuando  las  cecas  fijan  definitivamen- 
te los  tipos  de  sus  monedas.  Además  de  la  que  acabo  de  publicar, 
dígalo  el  numerario  antiguo  de  AAI^Rf*'^^,  dígalo  el  as  de  gran 
tamaño  de  Aregratcon  palma  y  rótulo  de  letras  arcaicas  (Ppor  F 
9  por  ^)  que  di  á  luz  en  la  Revista  de  Ciencias  Históricas,  etc.  (1). 

Por  de  pronto  basten  las  indicaciones  apuntadas,  pues  lo  que 
importa  de  momento,  es  sacar  de  la  oscuridad  el  mayor  número 
posible  de  piezas  inéditas  y  rectificar  las  publicadas  con  errores 
ó  faltas  de  algún  detalle.  Es  prematuro,  por  consiguiente,  inten- 
tar rectificaciones  en  la  clasificación  general  del  numerario  ibé- 


(1)    Revista  de  Ciencias  Históricas,  Barcelona,  1831,  tomo  ii,  pág.  555. 


326  boletín  de  la  real  academia  de  la  historl\. 

rico,  cuando  el  Boletín  de  la  Academia  no  ha  terminado  aún  la 
publicación  de  nuevos  materiales,  que  ofreciendo  los  debidos 
comprobantes,  vengan  á  completar  en  lo  posible  las  bases  de  es- 
tudio. 

36.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha-,. 

detrás  A 
ñev.  Caballo  suelto  con  brida  volante   corriendo  sobre- 
una  línea;  encima  de  esta  Af^H 
Diám.  \\)  milím. 

Col.  Domingo  Bazán,  Barcelona, 

37.  Anv.  Como  el  anterior. 

Rev.  Caballo  corriendo  en  el  aire;  debajo  AI^H 
Diám.  19  milím. 

D.  José  Bordas,  Barcelona. 

38.  Anv.  Busto  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  A 
Rev.  Caballo  con  brida  volante,  corriendo  en  el  aire  ha- 
cia la  derecha;  debajo  Af^H 
Diám.  18  milím. 

Col.  Cervera,  Madrid. 

Inéditas  de  Delgado  las  tres  monedas  que  anteceden,  había  ci- 
tado ya  las  dos  primeras  en  la  Revista  de  Ciencias  Históricas 
(tomo  III,  pág.  135),  pero  sin  grabarlas,  lo  cual  me  apresuro  á 
realizar  ahora  atendiendo  no  solamente  á  la  rareza*é  importancia 
de  estos  ejemplares,  sino  también  á  que  el  primero  de  ellos  figu- 
ra incompleto  en  Zobel  (tomo  ii,  lám.  3,  4)  que  dispuso  de  la  mo- 
neda Sánchez,  antes  Delgado,  la  cual  no  conserva  todos  las  parti- 
cularidades del  reverso.  Además,  las  dos  piezas  que  la  subsiguen 
son  variedades  de  la  primera. 

Repetiré  en  este  lugar  lo  poco  quepude  adelantar  acerca  de  es'.as 
monedas  en  mi  citada  publicación.  La  leyenda  ibérica,  revela  un 
nombre  desconocido,  del  cuííl,  contando  solamente  con  las  dos 


MONEDAS    IUÉFWCAS.  327 

primeras  silabas,  fuera  inútil  tarea  completarlo  arbitrariamente 
en  busca  de  una  atribución.  Por  los  distintos  métodos  de  lectura, 
el  epígrafe  nos  da  solamente  ClE...enses  CklO. ..enses,  ó  sea  la 
raíz  de  una  denominación  ctbnica  que  no  ha  llegado  basta  nos- 
otros y  que  al  parecer  perteneció  á  uno  de  los  distritos  próximos 
H  la  ceca  de  Tarraco,  ya  que  el  reverso  de  la  núm.  36  figura  el  ca- 
ballo al  paso  y  en  la  misma  disposición  que  se  observa  en  los  se- 
mises  cosetanos.  Pero  esta  determinación  de  lugar  tiende  á  os- 
curecerse, no  habiendo  venido  á  corroborarla  el  grosero  estilo  de 
la  moneda  núm.  38. 

Abandonemos  por  ahora  el  problema  geográfico  que  encierran 
t>stas  monedas,  aguardando  confiadamente  que  algún  día  apare- 
cerán los  ases  de  la  anónima  emisión,  y  en  los  que  es  de  esperar 
que  la  leyenda  no  se  pi-esentará  abreviada,  como  es  común  que 
así  suceda  en  las  fracciones.  Esta  tregua  forzosa  no  es  cosa  nueva 
en  numismática  ibérica,  que  tanto  tiempo  ha  que  aguarda  com- 
pletar, con  la  aparición  de  una  especie  mayor,  el  semis,  en  el  que 
se  lee  IMH^  [Istonium,  Delgado,  lám.  154).  Sobre  la  atribución 
de  la  omonóica  A  de  los  anversos,  nos  referimos  en  un  todo  á  lo 
expuesto  al  tratarse  de  igual  signo  en  las  monedas  anteriores. 

39.  Anv.  Cabeza  diademada  é  imberbe,  mirando  hacia  la  de- 

recha; detrás  león. 
liev.  Caballo  con  brida  volante  galopando  hacia  la  de- 
recha sobre  una  línea;  debajo  H^^l^ 
Diám.  19  milím. 

Vidal  Ramón,  Barcelona. 

Es  la  primera  vez  que  sale  grabado  este  rarísimo  divisor  del 
dinero  oretano,  del  cual  no  conocemos  otro  ejemplar. 

40.  Anv.  Cabeza  varonil,  imberbe  y  diademada,  mirando  ha- 

cia la  derecha. 
Rev.  Caballo  corriendo  hacia  la  derecha  sobre  una  línea; 
encima  corona  abierta  y  sobre  dicha  línea,  en  le- 
tra diminuta,  t'P^t^J^IAit* 
Diám.  18  milim.        -   -•  -- 

Col.  Domingo^  Bazán,  Barcelona. 


328  BOLETÍN    DE    LA   REAL    AGADEMLA.    DE    LA    HISTORIA, 

Zobel  copia  (núiu.  154,  lám.  2,  1)  una  moneda  de  esta  clase  to- 
mada de  la  colección  Cerda.  Sin  perjuicio  de  ello,  damos  á  cono- 
cer el  precioso  ejemplar  del  Sr.  Bazán,  notable  por  su  buena  fá- 
brica, por  la  corona  dibujada  á  estilo  indigete,  de  buena  época  y 
lo  diminuto  de  las  letras  que  componen  el  epígrafe,  circunstan- 
cias todas  que  proporcionan  elementos  no  despreciables  para  es- 
tudios comparativos. 

41.  Anv.  Cabeza  barbuda,  mirando  hacia  la  derecha. 

Rev.  Jinete  lanza  en  ristre  corriendo  en  el  aire  hacia  la 

derecha;  debajo  de  una  línea  H^^^H^ 
Diám.  21  milím. 

Col.  Gir.  Zaragoza. 

Es  única  en  mi  noticia  esta  preciosa  variedad.  Lorichs  pu- 
blicó su  leyenda  (Recherches,  plan,  xxx,  3)  de  un  ejemplar  con 
palma  al  hombro,  el  cual  se  hallaba  falto  de  la  primera  letra  del 
epígrafe.  De  esta  suerte  pasó  por  simple  copia  á  la  obra  Delgado 
(lám.  186 — 5).  Campaner  fué  quien  completó  el  letrero  [Memorial 
numis.  español,  tomo  iv,  lám.  1,3).  Posteriormente  Zobel  grabó 
una  variedad  importanle  de  esta  moneda,  en  la  que  el  jinete  lleva 
un  ramo  en  la  mano  (nüm.  410,  lám.  5,  8)  demostrándosenos 
ahora  lanza  en  ristre,  distintivo  que  sirve  de  ayuda  para  llevar 
estas  especies  á  Turissa,  aun  cuando  esta  atribución  puede  modi- 
ficarse á  favor  de  otras  luces  que  nuevos  hallazgos  proporcionen. 

42.  Anv.  Cabeza  barbuda  mirando  hacia  la  derecha;  delante 

arado;  detrás  delfín. 
Rev.  Jinete  lanza  en  ristre,  corriendo  en  el  aire  hacia  la 
derecha;  detrás  S^  debajo  HTT^I» 
Diám.  20  milím. 

Col.  Ceuvera,  Madrid. 

La  sigla  que  lleva  el  reverso  de  esta  moneda,  que  no  había 
aparecido   hasta   ahora,    puede    relacionarse  con    las  leyendas 


MONEDAS    IbÉIilCAS.  329 

43.  Anv.  Gíibeza  varonil  imberbe  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  delfín. 
Bev.  Porte  anterior  de  un  Pegaso;  encima  ••#  debajo 

Diám.  14  milím. 

Gol.  Vidal  Ramón,  Barcelona. 

Zobel  conoció  este  divisor  copiándolo  incompleto  (lám.  1,4) 
del  ejemplar  carcomido  que  posee  esta  Academia.  Posteriormente 
vio  otro  mejor  conservado  en  la  colección  Bosch,  de  Madrid,  y 
advierte  que  detrás  de  la  cabeza  del  anverso  se  observa  uu  delfín 
(tomo  II,  páginas  238,  191);  pero  deficiente  quedó  la  rectificación, 
puesto  que  no  sonaban  en  ella  los  glóbulos  del  reverso.  Por  todo 
ello  reproduzco  el  quadrante  Vidal  Ramón,  al  que  no  falta  deta- 
lle alguno. 

Termino  esta  ya  muy  pesada  relación,  dando  á  luz  un  curioso 
sextante  cosetano  inédito. 

44.  Anv.  Cabeza  varonil  imberbe,  mirando  hacia  la  derecha; 

detrás  punta  de  lanza. 
Rev.  Delfín  á  la  derecha;  encima  ##;  debajo  K,^}^ 
Diám.  13  milím. 

Gol.  Vidal  Ramón,  Barcelona. 

Madrid  1  de  Marzo  de  1884. 

Celestino  Pluol  y  Gamps. 


VARIEDADES. 


MEÍilOPJA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA     Y     ECONÓMICA     DE     LA     PROVINCIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GÜARANIS  *. 

(Continuacióii.J 

478.  Hase  dudado  y  aun  duda  ^  si  estos  Religiosos 
son  ambos  Guras,  o  a  lo  menos  si  ambos  tienen  igua- 
les cargas.  Esta  duda  nace  de  que,  gozando  iguales  y 
distintos  sinodos,  deven  considerarse  dos  distintos  be- 
neficios, y  por  consiguiente  cada  uno  deve  tener  ane- 
xas sus  cargas  particulares,  o  repartirse  entre  si  todas 
las  comunes  del  curato.  A  que  se  agrega  el  que  ',  si 
solo  el  que  se  nombra  Gura  es  el  obligado  a  cumplir 
las  cargas  del  curato,  y  el  Gompañero  a  lo  que  el  Gura 
le  encargare,  la  certificación  de  este  devia  darla  el 
Gura,  y  la  del  Gura  el  Gavildo  según  resultase  *  la 
asistencia  que  lograva  el  pueblo;  pero  no  es  asi,  por 
(]ue  a  cada  Religioso  separadamente  se  le  da  su  certi- 
ficación, sin  que  el  Gura  pueda  quitar  ni  poner  en  la 
(jue  dan  a  su  Gompañero.  Ademas  de  esto  el  año  de  82, 
por  disposición  Real  publicó  editos '  el  111.""'  8.°''  Obispa 
de  Buenos  Ayres  llamando  a  los  Clérigos  que  quisie- 
ran oponerse  a  los  curatos  de  los  diez  y  siete  pueblos 


Véase  el  cuaderno  IV,  tomo  IV. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  Hace  dudar,  y  aun  dudo. 

En  la  edic.  de  Áng-elis:  A  que  se  agrega  que. 

En  la  edic.  de  Áqgelis:  según  resulta. 

En  la  edic.  de  Ángelis:  edictos. 


MISIONES   Dlí    INDIOS    GUARANIS.  .).'»I 

de  yndios  de  este  obispado,  y  llama  su.  Señoría  111. '"- 
]tara  cada  pueblo  a  dos  yndividuos  para  Guras,  ex- 
presando que  el  sínodo  de  cada  uno  son  doscientos 
pesos  *,  y  añade  S.  S.  111.""*  que  para  el  pueblo  de  Ya- 
peyú  solo  llama  *  a  uno  por  estar  ya  provisto  otro 
Clérigo  en  el.  De  lo  que  se  intiere  que  los  empleos  do 
Gura  y  Gompañero  son  dos  beneficios  distintos,  cada 
uno  con  sus  cargas  anexas,  o  que  todas  las  del  curato 
son  comunes  a  los  dos,  y  deven  dividirlas  entre  si 
igualmente.  Pero  a  esto  se  opone  el  que  solo  el  (¡ue  se 
nombra  Gura  trae  los  títulos  de  tal,  con  todas  las  for- 
malidades devidas;  y  el  Gompañero,  aunque  para  el 
goce  del  sínodo  suficientes  los  que  traen  ',  de  ningún 
modo  pueden  serlo  *  para  la  administración  de  Sacra- 
mentos, a  excepción  del  de  la  confesión;  pues  para  ese 
solo  trae  licencia  del  Obispo,  y  necesita  para  los  de- 
mas  ^  la  del  Gura  del  pueblo  a  que  viene  destinado. 

179.  Aunque  regularmente  suelen  avenirse  bien 
los  Guras  y  Gompañeros  partiendo  entre  si  el  trabajo, 
no  dejan  de  ofrecerse  algunas  disensiones  ®  sobre  esto; 
pretendiendo  algunos  Guras  que  solo  deben  los  Gom- 
pañeros hacer  aquello  que  determinadamente  ellos 
les  mandaren,  y  nada  mas:  otros  por  el  contrario 
quieren  que  los  Gompañeros  tengan  las  mismas  obli- 
gaciones y  cargas  que  ellos,  y  los  Gompañeros  quie- 
ren que  todas  las  Misas  que  deven  aplicarse  a  los  fe- 
ligreses sean  del  cargo  del  Gura:  y  nadie  hay  que  re- 
suelva esta  duda,  ni  la  haya  querido  consultar  a  la 
Superioridad.  Pero  lo  cierto  es,  que  a  los  Gompañe- 
ros no  les  pasan  en  su  Pieligion,  particularmente  a 


»  Asi  en  el  ms.:  En  la  edic.  de  Angelis:  200  pesos. 

s  En  la  edic.  de  Ángelis:  solo  llaman. 

3  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Angelis:  aunque  para  el  goce  del  sí- 
nodo sean  suficientes  los  que  traen. 

•   •«  En  la  edic.  de  Ángelis:  puede  serlo. 

í  En  la  edic.  de  Angelis:  para  lo  demás. 

*>  En  ¡a  edic.  de  Angelis:  disenciones. 


332         BOLETÍN  DE  LA  ELAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLA. 

los  de  Siin  Francisco,  el  tiempo  que  lo  han  sido  para 
su  jubilación,  contándole  '  solo  el  que  han  servido  de 
Curas. 

180.  De  estos  principios  nace  el  que  los  Religiosos 
Compañeros  no  reconocen  superioridad  en  los  Curas, 
ni  estos  se  atreven  a  obligarlos,  y  tratarlos  como  sub- 
ditos; de  modo  que  ni  unos,  ni  otros  conocen  supe- 
rior alguno  dentro  de  esta  provincia:  porque  por  parte 
del  Real  Patronato  el  Governador  y  Thenientes '  so- 
mos solamente  unos  celadores  que  devenios  avisar  al 
Vice-Patrono  lo  que  consideremos  digno  de  su  noti- 
cia, y  nada  mas.  Por  parte  de  los  Prelados  Regulares 
y  Diocesanos,  no  hay  Superior,  ni  Vicario  que  exer- 
za jurisdicion  alguna';  y  asi  no  es  de  maravillar  el 
que  hayan  sucedido  muchos  desordenes  en  estos  pue- 
blos, estando  tan  lejos  los  recursos,  y  tan  enlazadas 
las  tres  jurisdiciones  *,  Real,  Episcopal,  y  Regular,  y 
que  las  mas  vezcs  participan  de  todos  tres  fueros  las 
causas  de  que  se  originan,  a  las  que  dan  cuerpo  ^  y 
fomento  la  mucha  ignorancia  de  todos.  El  Governa- 
dor y  Theniente  somos  legos  y  sin  ningún  conoci- 
miento de  las  leyes  ';  y  así  ni  podemos  vsar  de  ellas, 
ni  aun  formar  con  método  y  formalidad  un  expedien- 
te juridico'.  Los  Religiosos  regularmente  no  saven 
mas  que  alguna  theologia  moral,  y  nada  de  derecho 
civil,  ni  canónico.  Aqui  no  hay  ningún  profesor  de 
derecho:  con  que  unas  vezes  por  no  errar,  y  otras  por 
evitar  mayores  escándalos,  es  preciso  que  los  mas 
prudentes  cedan  el  campo  a  los  orgullosos;  y,  si  por 


*  Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Áng^elis:  contándoles. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  Teniente. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  jurisdicción  alguna. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  jurisdicciones. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  á  las  que  da  cuerpo. 

6  En  este  pasaje  es  menos  correcto  el  texto  de  la  edic.  de  Angelis: 
ElGrjlierna'^lor  y  Tenientes  estamos  lejos  y  sin  ningún  conocimiento  de 
las  leyes. 

'    En  la  edic.  de  Angelis:  un  espediente  jurídica. 


MISIONES    DE    INDIOS    fiUARANIS.  333 

ser  los  desordenes  de  naturaleza  que  no  puedan  tole- 
rarse, se  forma  algún  expediente  ',7  se  da  parte  con 
el  a  la  Superioridad,  va  tan  lleno  de  nulidades,  unas 
por  exceso,  y  otras  por  defecto,  que  los  tribunales  su- 
periores se  ven  embarazados  con  ellos  y  no  pueden 
resolver  nada.  Con  que  a  vista  de  esto  no  es  de  estra- 
ñar  nada  de  lo  sucedido;  antes  es  maravilla  el  que  no 
suceda  mas. 

181.  Quando  sucede  enfermar^  algún  Religioso 
que  está  solo  en  su  pueblo,  y  que  no  puede  atender 
al  cumplimiento  de  su  ministerio,  y  dan  parte  al  Go- 
vernador  o  Theniente  inmediato,  este  no  tiene  otro 
arvitrio  que  el  de  escrivir  una  carta  suplicatoria  a 
otro  Gara  o  Gompañero  de  aquellos  en  cuyos  pueblos 
hay  dos  Religiosos,  manifestándole  la  necesidad;  y, 
si  este  no  quiere  ir  a  suplirla,  no  le  puede  obligar. 
Ya  ha  sucedido  tener  el  Governador  que  escribir  a 
muchos,  sin  hallar  uno  que  quisiera  ir  a  suplir  una 
de  estas  necesidades. 

182.  Aunque  por  los  Goncilios  y  otras  disposicio- 
nes canónicas  está  mandado  que  los  Guras  no  se  au- 
senten de  sus  felegresias  ',  sino  en  los  tiempos  y  con 
los  motivos  que  alli  señalan,  y  con  la  licencia  de  los 
Prelados  y  demás  que  pueden  darlas,  aqui  no  se  ob- 
serva nada  de  esto.  Fuera  de  lasírequentes  ausencias 
que  hacen  los  Guras  y  Gompañeros  dentro  de  la  mis- 
ma provincia,  de  unos  pueblos  a  otros,  con  motivo  de 
funciones  de  yglesia,  y  otros  particulares,  en  que  tal 
vez  dejan  solo  el  pueblo  de  su  cargo  por  algunos  dias, 
hacen  otras  ausencias  fuera  de  la  provincia,  con  mo- 
tivo de  ir  a  Buenos  Ayres  a  cobrar  los  sínodos,  y  a 
Corrientes  y  al  Paraguay,  y  a  ver  sus  parientes*. 


*  En  la  edic.  de  Angelis:  algún  espediente. 

-    En  la  edic.  de  Ángelis:  Cuando  sucede  el  enfermar. 
■  3    Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Angelis:  de  sus  feligresías. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  á  Corrientes  y  el  Paraguay  á  ver  sus  pa- 
rientas. 


XVl  boletín  de  la  real  academia  UE  la  Ht3T0RL\. 

Para  eslas  ausencia?,  que  siempre  son  de  meses,  y  tal 
vez  de  año,  o  años,  lo  que  acostumbran  es,  presen- 
tarse al  GovernadoroTheniente  del  distrito,  pidiendo 
el  pase  para  el  viaje  que  van  a  emprender,  el  que  se 
le  concede  en  quanto  está  de  parte  del  Govierno  secu- 
lar; y  con  este  solo  requisito  se  ponen  en  camino, 
van  a  la  capital,  se  presentan,  negocian  el  cobro  de 
sus  sínodos,  y  demás  a  que  van:  y  ni  por  parte  de  su 
Religión,  ni  por  la  del  Obispo,  se  les  hace  ningún 
cargo.  Supongo  les  tendrán  concedida  tacita  Iicenci;i. 
y  los  Religiosos  vsarán  de  ella,  en  las  ocasiones  que 
la  necesiten;  pues  de  otro  modo,  no  sé  como  podrán 
componerse  con  sus  conciencias. 

183.  Como  en  tiempo  de  los  Jesuitas  lodo  lo  go- 
vcrnavan  los  Curas  en  estos  pueblos,  los  y ndios  acos- 
tumbrados a  llevar  todas  las  causas  a  ellos,  con- 
tinua lo  mismo  después  do  la  expulsión  con  los 
Religiosos  que  ocupan  su  lugar'.  Estos,  unos  por 
ignorancia,  y  otros  por  ampliar  su  jurisdicion,  em- 
pezaron a  disponer  de  las  materias  ';  y  aunque  el 
Govierno  procuró  poner  remedio  y  consiguió  el  se- 
pararlos de  tan  ilícito  y  perjudicial  abuso,  siempre  se 
han  mantenido  fuertes  los  Religiosos  en  querer  enten- 
der en  las  causas  que  por  su  nalnraleza  corresponden 
a  ]os  jueces  eclesiásticos,  y  otras  que  son  de  misto 
fuero  ',  como  son  amancebamientos,  riñas  entre  ca- 
sados, y  otras  semejantes,  sin  que  el  Govierno  haya 
podido  apartarlos  de  estas  pretensiones:  aunque  al 
presente  seles  va  haciendo  conocer  que  la  jni-isdicion 
de  Curas  *  no  so  estionde  al  fuero  externo,  no  te- 
niendo comisión  particular  del  Obispo,  o  Vicario  go- 

.p.-i..7in..:5  ■    '■-    '•■■  'V 

'    En  la  edic.  ríe  Ángelis:  que  ocuparon  su  !uf?ar. 

-  Hay  una  notable  variante  en  este  lugar  del  texto,  se^iun  la  edic.  d? 
Ánpelis:  y  otros  por  ampliar  su  jurisdicción,  se  apoderaban  de  ellas 
como  si  lefritimamente  les  pertenecieran;  y  aunq\ie  el  gobierno,  etc. 

5*    En  la  edic.  de  Angelis:  de  mixto  fuero. 

*    En  la  edic.  de  .Síagelis-.  la  jurisdicción  de  curaí. 


MISIONES    DE    INÍJlOs    CrUAHAMS.  o3."» 

ncral  del  obispado;  y  que  por  lo  mismo '  no  deven  cu- 
tender  en  ninguna  causa  e.xlorno,  ni  imponer  conde- 
naciones, ni  prender  a  yndios ';  y  mucho  menos  ful- 
minar censuras,  como  antes  lo  han  hecho;  pues  lodo 
esto  está  reservado  para  ios  Jueces  Eclesiásticos,  que 
los  Guras  no  lo  son:  pero,  aunque  se  abstienen,  es  con 
grandísima  repugnancia. 

liS4.  En  el  modo  de  celebrar  los  divinos  oficios,  pa- 
rece se  han  conformado  los  Guras  con  la  practica  an- 
tigua que  teniau  los  pueblos,  aprendiéndola  de  los  mis- 
mos yndios;  porqirela  vniformidad  que  en  lo  sul)slau- 
cial  se  observa  en  todos  los  pueblos  lo  manifiesta 
bastante.  Todos  los  domingos,  y  dias  festibos  del  año 
se  anuncia,  la  víspera  a  las  oraciones,  con  repique  de 
campanas,  que  se  repite  al  alva ';  y  al  salir  el  sol,  o 
poco  después,  se  da  el  primer  repique  de  campanas 
para  combocar  la  gente  ala  yglesia  *,  repitiendo  otros 
dos  con  intermisión  de  seis  u  ocho  minutos  entre 
uno  y  otro.  En  cuyo  tiempo  se  junta  toda  la  gente 
del  pueblo  en  la  yglesia:  haciendo  coro  ''  algún  fiscal 
VI  otro  viejo  instruido,  y  algunas  veces  los  mucha- 
chos mas  aviles,  rezan  las  oraciones  de  la  doctrina 
cristiana ",  empleando  algún  poco  de  moral  sobre  el 
mismo  punto,  en  lo  que  regularmente  gasta  media 
hora;  y,  concluido,  avisan  con  la  campana  que  va  a 
comenzarse  la  Misa  mayor,  la  que  celebra  el  Gura,  o 
Compañero  con   bastante   solennidad   '',    porque  la 


•  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  por  1j  mismo. 

-    En  la  edic.  de  Áng-elis:  ni  prender  indios. 

3    En  la  edic.  de  Ángelis:  que  se  repiten  al  alba. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  dá  el  primer  repique  para  convocar  la 
írente  á  la  iglesia. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  se  Junta  toda  la  gente  del  pueblo  en  la 
iglesia,  y  allí  haciendo  coro. 

6  Así  en  el  ms.,  donde  se  advierte  alguna  omisión.  En  la  edic.  de 
Ángelis:  rezan  las  oraciones  de  la  doctrina  cristiana;  después  va  el  cura 
ó  compañero,  y  les  esplica  algún  punto  de  doctrina,  empleando,  etc. 

'    En  la  edic.  de  Ángelis:  con  bastante  solemnidad. 


33ü      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

música  es  numerosa,  y  regularmente  instruidos  los 
músicos.  El  altar  mayor  se  adorna  con  muchas  luces, 
unas  de  cera,  y  otras  de  sebo;  acompañan  en  el  altar 
al  Sacerdote  seis  muchachos  de  diez,  a  doce  años  ves- 
tidos con  sotanillas  encarnadas  los  dias  que  la  yglesia 
viste  de  blanco  o  encarnado,  y  para  los  dias  de  otros 
colores,  las  tienen  de  los  mismos  que  la  yglesia  vsa, 
y  con  roquetes  mas  o  menos  costosos,  y  decentes,  se- 
gún la  festividad  de  el  dia.  Dos  de  estos  muchachos 
sirven  el  ynce»sario,  y  naveta  *,  otros  dos  los  ciriales, 
y  los  dos  restantes  acuden  a  todo  lo  demás  del  altar, 
en  que  están  bastante  diestros,  y  prontos.  Ademas 
destos  muchachos  hay  al  rededor  del  altar  dos  o  mas 
yndios  sacristanes,  pero  sin  ninguna  vestidura  ecle- 
siástica, pero  aseados:  estos  están  allí  para  correr  los 
velos,  poner  fuego  en  los  ynccnsarios,  arrimar  o  po- 
ner sillas,  y  otras  ocupaciones  semejantes.  Al  salir  la 
Misa  lo  anuncian  los  yndios  en  la  puerta  de  la  ygle- 
sia, del  umbral  para  dentro  ',  con  toque  de  cajas  y 
trompetas,  para  lo  que  nunca  faltan  seis  v  ocho  en 
esta  ocupación,  causando  tal  estrepito  que  aturden  a 
quantos  hay  en  la  yglesia,  rej)itiendo  lo  mismo  al 
tiempo  del  Evangelio,  al  San  tus  ',  a  la  elevación  de 
Ostia  y  Cáliz,  a  la  segunda  elevación,  y  al  ultimo 
Evangelio.  Si  algunos  han  confesado,  se4es  da  la  Sa- 
grada Comunión  luego  que  el  Sacerdote  consume,  y 
en  acabando  la  Misa  entonan  los  tiples  de  la  música 
elVendito  y  alabado  en  tono  muy  dulce  y  agra- 
ciado, el  que  repite  todo  el  común  del  pueblo;  y,  en 
acabando,  se  retiran  a  sus  casas. 

185.  En  los  pueblos  que  hay  dos  Religiosos  seria 
lo  mas  combeniente  que  en  los  dias  de  precepto  para 
los  yndios  el  uno  digera  la  Misa  temprano,  para  que 


*  En  la  ertic.  de  Ángelis:  y  navetas.  . 
»  En  la  edic.  de  Angelis:  para  adentro. 
'    En  la  edic.  de  Án^cliP:  al  Sanctus. 


MISIONES    DE    INDIOS    GUAKANIS.  'SM 

los  quG  liencn  enfermos  que  asislir  fuesen  n  oirla^  de- 
jando otros  entre  tanto  que  los  cuidasen,  y  lo  mismo 
aquellos  o  aquellas  que  por  su  desnudez  no  pueden  ir 
a  la  yglesia,  les  prestarían  otros,  y  otras  su  ropa  para 
que  oyeran  Misa:  pero  es  muy  raro  el  pueblo  en  que 
se  practica  esto.  En  los  mas  se  dicen  las  Misas  a  un 
tiempo:  de  modo  que  los  que  tienen  estos,  v  otros  im- 
pedimentos no  pueden  oiría;  como  tampoco  los  que 
el  puehlo  tiene  empleados  en  giianlar  las  chácaras  '; 
que,  como  los  robos  se  recelan  de  noche,  y  la  Misa  se 
dice  temprano,  no  pueden  venir  a  oyrla:  lo  que  po- 
drían hacer,  si  la  Misa  mayor  se  digera  -  a  una  ora 
regular;  que,  aunque  eslubierau  toda  la  noche  en  su 
ocupación,  tenían-  tiempo  desde  que  amanecía  de  ve- 
nir a  Misa  sin  ningún  recelo. 

186.  Todos  los  demás  dias  del  año,  que  iio  son  de 
precepto  para  los  yndios,  aunque  lo  sean  para  los  es- 
pañoles, se  dicen  ambas  Misas  al  salir  el  sol,  o  antes, 
y  en  algunos  pueblos  luego  que  amanece;  de  modo 
que  muchos  se  quedan  sin  oírla,  si  se  descuidan  en 
madrugar:  por  cuya  causa  se  originan  algunas  de  las 
disensiones  ^  entre  Curas  y  Administradores.  En  to- 
dos los  dias,  aunque  la  Misa  sea  rezada,  asiste  la  mu- 
sica  y  cantan  en  el  coro  los  Kiries,  la  Gloria, 
Credo,  y  San  tus,  y  todo  lo  cantarían''  siéndola 
Misa  cantada;  los  tambores  *  tocan  y  hacen  el  mismo 
estrepito  que  en  los  dias  festivos;  y  todas  las  tardes  ^ 
se  reza  el  Rosario  en  la  yglesia  una  ora  antes  que  el  sol 
se  ponga:  en  lo  que  también  hay  alguna  diferiencia  '' 
de  unos  pueblos  a  otros,  según  la  voluntad  del  Cura. 

i  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  guardar  lo  (Asi:  los)  chacarerios. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  se  celebrase. 

^  En  la  edic.  de  Ángelis:  algunas  de  las  disencione.s. 

''  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  sancUis,  y  todo  lo  que  cantarían. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  les  (A.8Í:  y  los)  tambores. 

6  En  la  edic.  de  Ángelis:  que  en  los  dias  festivos.  Todas  las  tar- 
des, etc.  • 

■J    Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis;  alguna  diferencia. 

TOMO  IV,  i-i 


338      boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

187.  Solemnizase  en  el  año  algunas  fiestas  con 
mas  particularidad  que  las  demás,  como  son  las  prin- 
cipales de  Nuestro  Señor  Jesucristo,  y  la  Yirgen,  la 
de  San  Miguel^  Patrón  general  de  la  provincia,  la  del 
Santo  Patriarca  *  de  la  Pieligion  de  los  Guras,  y '  ios 
dias  del  Rey  Nuestro  Señor,  y  su  cumple  años.  Estos 
dias  se  anuncia  su  festividad  con  repique  de  campa- 
nas, los  de  la  víspera  al  medio  día  ',  a  cuya  ora  con- 
curre lo  mas  del  pueblo  a  la  yglesia,  en  donde  el  Gura 
con  la  música  cantan  la  Magniñcat  *;  y  a  la  tarde 
se  cantan  Yisperas  solemnes,  precedidas  de  los  repi- 
ques de  campana,  los  que  repiten  ^  a  las  oraciones,  y 
animas,  como  asi  mismo  al  alva  del  otro  dia,  y  para 
combocar  a  la  Misa  mayor  ^  que  oficia  la  música  con 
mas  solemnidad  que  otros  dias;  y  después  se  execu- 
tan  en  el  pueblo  algunas  diversiones  publicas,  y  se 
dan  algunas  reses,  y  otras  cosillas  extraordinarias, 
como  ya  queda  dicho. 

188.  La  función  que  mas  se  singulariza  entre  to- 
das es  la  del  Santo  Patrón  titular  del  pueblo:  para 
esta  se  convidan  algunos  Religiosos  de  los  pueblos 
inmediatos,  para  que  en  las  Vísperas,  y  Misa  se  vis- 
tan de  diáconos,  y  asistan  otros  a  los  demás  minis- 
terios del  altar:  se  encarga  con  anticipación  el  ser- 
món que  se  predica,  mitad  en  guaraní,  y  mitad  en 
castellano;  cuya  diligencia  corre  a  cargo  del  Gavildo 
y  Administrador,  pero  se  comunica  antes  con  el 
Gura,  el  que  también  concurre  a  convidar  a  los  Reli- 
giosos que  han  de  asistir  a  la  función;  y,  al  tiempo 


1    En  la  edic.  de  Ángelis:    la  de  Snn    Miguel,  la  del  Santo  Pa- 
triarca, etc.  Omite:  Patrón  general  de  la  provincia. 

*  En  la  edic.  de  Angelis  se  omite:  y. 

^    Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ángelis:  con  repique  de  campanas,  la 
víspera  al  medio  dia. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  canta  el  nmgni/icat. 

'    En  la  edic.  de  Angelis:  precedidas  de  los  repiques  de  campanas, 
los  que  se  repiten.    ' 
*^    En  la  edic.  de  Angelis:  á  la  Misa  mayor,  en  que  oficia. 


MISIONES    DE    INDIOS    GIIARANIS.  339 

(]ue  tíslos  van  llegando  al  pueblo  la  víspera  del  dia  de 
la  íiesta,  los  reciven  a  la  puerta  de  la  yglesia  los  Cu-- 
ras  con  repique  de  campanas*,  y  música,  y  lo  mismo 
practican  con  el  Governador  yThcniente  del  departa- 
mento si  concurre;  cuya  ceremonia  solo  puede  escu- 
sarla  de  abuso  el  estar  introducida  desde  el  tiempo 
de  los  Jesuítas  que  asi  lo  practicaban  con  susGur¿is, 
y  que,  de  no  hacerlo  asi  ahora,  lo  eslrañarian  los  yn- 
dios.  Lo  demás  de  estas  funciones  queda  ya  dicho  en 
otra  parte. 

189.  Al  dia  siguiente  se  celebra  en  los  pueblos  de 
este  departamento  por  disposición  mia  un  aniversario 
por  las  almas  de  los  hijos  del  pueblo,  con  Vigilia, 
Misa  y  Responso,  solemne,  y  aplican  todos  los  Reli- 
giosos que  asisten  las  Misas  de  aquel  dia,  pagando  su 
estipendio  del  común  del  pueblo. 

190.  Las  funciones  de  Semana  Santa  se  hacen  con 
bastante  solemnidad  y  devoción,  aunque  con  poca 
decencia  las  procesiones  por  lo  imperfecto  délas  yma- 
genes,  y  ningún  adorno  de  todo  quanto  en  ellas  sirve. 
En  algunos  pueblos  comienzan  las  procesiones  desde 
el  Lunes  Santo,  pero  lo  mas  común  es  desde  él  Miér- 
coles: este  dia  a  la  tarde  se  cantan  en  la  yglesia  las 
Tinieblas  con  toda  la  música,  con  tanta  solemnidad 
como  pudieran  en  una  Colegiata:  en  donde  es  de  ad- 
mirar el  oir  cantar  las  Lamentaciones,  ydemaslecio- 
nes  de  muchachos  de  ocho  a  diez  años  de  edad  *,  aun- 
que no  con  propiedad  latina,  porque  no  entienden  lo 
que  leen,  ni  pueden  pronunciar  vien  el  latin  ni  el 
castellano,  porque  carecen  en  su  ydioma  de  las  le- 
tras F.  L.  y  R.  áspera  ';  pero  muy  corridas  y  ajusta- 
das a  la  música.  Duran  las  Tinieblas  hasta  las  oracio- 


í    En  la  edic.  de  Angelis:  con  repiques  de  campanas. 

-  En  la  edic.  de  Ángelis:  las  lamentaciones  y  demás  lecciones  á  mu- 
chachos de  ocho  ó  diez  años  de  edad. 

3  Más  correcto  en  el  ms.  que  en  la  edic.  de  Ang-elis,  donde  se  lee: 
L,  F  y  K,  ásperas. 


)40      boletín  de  la  real  academl\  de  la  historia. 

lies;  a  cuya  hora,  al  tiempo  del  Miserere  me  y 
De  US,  cerradas  las  puertas,  y  apagadas  las  luces, 
se  azotan  rigurosamente  '  los  yndios;  poco  después 
se  hace  platica  de  Pasión  en  el  ydioma  guaraní,  la 
([ue  activada,  se  dispone  la  procesión  en  esta  forma. 

1  !U .  Dispuestas  las  ymagenes  ^  que  han  de  salir  en 
la  procesión,  y  pronta  la  música  en  medio  de  la  yglesia, 
van  entrando  por  la  puerta  que  sale  al  patio  del  Cole- 
gio va.rios  muchachos,  vestidos  con  sotanillas  y  roque- 
tos  de  los-AcolitoH,  con  los  ynslrumentos  y  signos  de 
la  Pasión  de  Cristo.  Entra  uno  de  estos  con  la  linter- 
na, y  dos  a  sus  lados  con  dos  faroles  heclTos  con  telas 
délas  entrañas  délos  loros,  puestos  cu  la  punta  de  ca- 
nas largas:  se  incan  do  rodillas  delante  de  la  ymagen 
que  está  en  medio  de  la  yglesia,  y  entre  tanto  canta 
la  música  con  motete  ^  y  en  guaraní,  que  expresa  aquel 
paso;  el  que  concluido,  se  lebantan  estos  muchachos, 
y  siguen  a  ponerse  en  orden  en  la  procesión,  y  en- 
tran otros  con  otra  ynsignia:  y  asi  van  siguiendo  has- 
ta que  concluyen  lodos,  que  son  tal  vez  veinte,  o  mas; 
y  las  insignias  que  llevan  tan  toscas,  y  materiales, 
que  la  soga  es  un  lazo  de  enlazar;  el  azots  uno  de  cuero 
de  los  que  ellos  vsan  para  castigar;  la  escalera  la  que 
el  Viernes  Santo  sirve  para  el  Descendimiento,  y  asi 
de  lo  demás. 

192.  Luego  que  acaban  de  pasar,  se  levanta  el 
Cura  y  los  demás  que  han  estado  sentados  entre  tan- 
to, y  sigue  la  procesión,  que  sale  y  anda  al  rededor 
de  Ja  plaza,  que  esul  iluminada,  y  dispuestos  en  las 
quatro  esijuinas  altaros,  para  hacer  paradas.  En  toda 
la  plaza  se  ven  muchos  yndios  disciplinantes,  y  entre 
ellos  algunas  yndias;  que  unos  y  otros  se  azotan  bar- 
baramenle,  haciéndose  punzar  las  espaldas,  y  algu- 


'    En  la  edic.  de  Augelis:  rigorosamente. 

-    En  la  copia  ms.:  las  Ymagenes  las  "Ymagenes.  Asi:  repetida  esta 
palabra.  . 

"•    Asi  en  el  m  í.  En  la  edic.  de  Ángeiis:  un  motete. 


MISIONES    Di:    INDIOS   GUAHANIS.  AU 

nos  los  muslos,  de  donde  corre  con  abundancia  la 
sangre;  otros  cargan  pesadísimas  cruzes  sobre  sus 
hombros,  otros  aspados,  o  puestos  en  cruz,  otros  con 
grillos,  etc.  En  algunos  pueblos  se  executan  en  la  i)la- 
za  los  pasos  del  encuentro  de  la  Verónica,  el  de  la 
Virgen,  y  San  Juan,  como  también  el  del  Descendi- 
miento el  Viernes  Santo:  pero  estos  pasos  parece  han 
sido  introducidos  después  de  la  expulsión,  porque  ni 
son  comunes  en  todos  los  pueldos,  ni  hay  en  todos 
ymageiies  a  proposito  [)ara  ellos,  ni  los  Curas  sirveu 
a  los  yndios  para  exccularlos ',  particularmente  el 
Descendimiento,  sino  de  los  españoles  que  conciurcu 
en  aquellos  dias  alli.  Lo  que  en  tiempo  de  los  .lesui- 
tassepracticava,  eran  algunas  mas  graves  y  disonan- 
tes penitencias,  que  los  Guras  y  Superiores  seculares 
del  tiempo  presente  han  prohivido:  y  sin  embargo 
este  presente  año  se  me  avisó  que  en  uno  de  los  pue- 
blos de  mi  cargo  havian  buelto  a  renovar  algunas  de 
ellas  los  yndios,  de  cuyas  resultas  quedaron  maltra- 
tados algunos  en  la  cara  y  cuerpo,  tanto  que  en  mu- 
chos dias  estubieron  imposibilitados,  por  ser  maltra- 
tados por  agenas  manos:  por  lo  que  he  reprehendido 
a  los  que  lo  dispusieron,  y  previniéndoles^  no  lo 
buelvan  a  hacer. 

193.  El  Jueves  Santo  se  celebra  la  Misa  con  mu- 
cha solemnidad,  en  la  que  regularmente  comulga  el 
Gavildo,  y  después  se  lleva  el  Santísimo  Sacramento 
en  procesión  al  rededor  de  la  yglesia,  y  se  pone  en  el 
Monumento;  el  que,  aunque  de  bastidores  de  lienzo 
mal  pintados,  son  vistosos  '  en  algunos  pueblos,  y  en 
todos  se  adornan  *  con  las  alhajas  de  plata  que  hay, 
con  muchas  luces,  aunque  las  mas  son  velas  de  sebo. 


1  Asi  en  el  ixs.  En  la  edic  de  Angelis:  ni  los  curas  se  sirven  de  los 
indios  para  ejecutarlos. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis;  y  prevenidoles. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  es  vistoso. 

*    En  la  edic.  de  Ángelis:  se  adorna. 


34?        BOJ.ETÍN  DE    LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

194.  Luego  que  se  coloca  el  Sautissimo  en  el  Mo- 
numenlo,  arriman  las  varas,  y  bastones  el  Gorrexi- 
dor,  Alcaldes  y  demás  Justicias  *,  y  en  su  lugar  toman 
cruzes  pequeñas  en  las  manos,  las  que  traen  hasta  el 
Sábado  Santo  después  de  los  oficios,  que  buelben  a  to- 
mar sus  ynsignias  de  justicia. 

195.  El  mismo  dia  a  la  tarde  se  repite  la  función 
del  antecedente,  variando  el  paso  de  la  procesión:  y 
en  el  Viernes,  y  Sábado  Santo  no  hay  nada  de  parti- 
cular; pues  los  oficios  de  la  mañana  son  como  se  prac- 
tican en  todas  partes,  y  las  Tinieblas  y  procesiones 
como  las  de  los  dias  antecedentes  *,  a  excepción  de  los 
pueblos  en  que  se  hace  Descendimiento.  En  todas  es- 
tas procesiones  asisten  los  yndios  con  pequeñas  cru- 
ces en  las  manos,  y  las  yndias  con  cruces  o  bultos 
pequeños  ^  de  qualquiera  Santo  o  bocacion,  algunos'* 
llevan  entre  sus  brazos  dos  o  tres  ^  de  ellos;  pero  to- 
dos asisten  con  mucha  modestia  y  devoción  ^  El  Sá- 
bado, lo  particular  que  hay  es,  que  a  la  puerta  de  la 
yglesia  hacen  una  grande  hoguera  encendida  con  la 
nueva  luz,  de  la  que  cada  uno  lleva  a  su  casa  un  ti- 
zón para  hacer  fuego,  y  también  llevan  agua  de  la 
que  se  vendice  ese  dia. 

1 96.  El  domingo  de  Quasimodo  dan  la  comunión  y 
cumplimiento  de  yglesia  a  los  impedidos;  a  losquales 
juntan  en  la  casa  o  capillita  que  está  frente  de  la 
yglesia  ',  y  alli  se  la  administran:  y,  aunque  no  se 
sigue  detrimento  en  sacar  a  estos  impedidos  de  sus 
casas,  me  parece  seria  de  mas  edificación  el  llevarles 
el  Santissimo  a  ellas. 


'  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  demás  justicia. 

-  En  el  AIS.  se  lee  antentes.  Es  errata  del  escribiente. 

s  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  bustos  pequeños. 

*  En  la  edic.  de  Anííelis:  algunas." 

*  En  la  copia  Ms.:  dos  o  tres  dos  o  tres  de  ellos.  Asi  repetido. 
"  En  la  edic.  de  Árvíelis:  con  jnucha  modestia  y  veneración. 

'  En  la  odie,  do  Angelis:  frente  á  la  iglesia. 


MISIONES    DE    INDIOS    OUARANIS.  'A\'^ 

197.     La  festividad  que  me  adrada  Y  edifica  mucho,    [)¡a  de  coi 

•^  "'  pus. 

esla  del  Corpus  Gliristi:  para  esta  función  disponen 
y  adornan  la  plaza  toda  en  contonio,  formando  calles 
de  arcos,  y  pórticos,  o  tabornívculos  de  ramos  verdes, 
conenlazes,  y  enrrejados  de  canas,  yojas,  muy  visto- 
sos*, y  en  las  rjuatro  esquinas  disponen  altares  para, 
las  paradas  de  la  procesión.  En  los  tabernáculos  y  arcos 
de  todo  el  contorno  de  la  plaza  cuelgan  quantos  anima- 
les y  aves  pueden  coger  muertos  y  vivos  en  el  cam[io, 
y  los  animales  domésticos  que  tienen  los  atan  alli '; 
también  cuelgan  la  ropa  mas  decente  que  tienen,  los 
tejidos,  las  telas  vrdidas,  las  herramientas  de  sus  ofi- 
cios, y  agricultura,  los  lazos,  bolas  y  cencerros  de  sus 
animales^  los  arcos  y  flechas  con  que  cazan,  la  comida 
de  aquel  dia,  y  aun  de  muchos,  siendo  cosa  que  se  pue- 
de guardar:  y  ^  asi  llenan  los  altares  de  tortas  hechas 
de  raiz  de  mandioca  *,  amoldadas  en  moldes  de  varias 
figuras,  vegigas  de  grasa,  pedazos  de  carne  asada,  y 
quantos  comestibles  tienen:  pero  de  lo  que  se  vé  con 
mas  abundancia  es  legumbres  de  todas  especies  en 
canastas  curiosamente  labradas,  las  que  guardan  para 
sembrar,  creyendo  su  fee  que  con  la  presencia  las 
vendice  Nuestro  Señor  Jesuchristo.  En  los  pueblos 
inmediatos  a  rios  ponen  mucho  pescado  vivo  *  en  ca- 
noas pequeñas  con  agua;  y,  en  fln,  quanto  produce  la 
tierra  y  alcanza  su  industria,  todo  sirve  de  adorno  a 
los  arcos  y  altares  de  la  plaza:  de  modo  que  apenas  se 
descubre  lo  verde  de  los  ramos  de  que  son  formados, 
y  dicen  que  a  Dios  que  es  Señor  y  Criador  de  todas 
las  cosas,  se  le  deve  servir  con  todas  ellas. 


1  Corregido  en  la  copia  ms.:  primeramente  se  escribió  vistosas.  En 
la  edic.  de  Angelis:  y  hojas  muy  vistosas. 

2  En  la  edic.  de  Angelis:  y  los  animales  domésticos  que  tienen, 
atan  alli. 

3  En  la  edic.  de  Angelis:  que  se  pueda  guardar. 

i    En  la  edic.  de  Ángelis:  de  tortas  hechas  de  raiz,  mandioca. 
5    En  la  edic.  de  Ángelis:  ponen  mucho  pescado,  alguno  vivo. 


344        nOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORLA. 

198.  El  aparato  de  la  procesión  es  correspondien- 
te a  lo  que  dejo  dicho  de  las  otras  funciones:  buena 
custodia  de  mano,  numerosa  música,  mucho  estruen- 
do de  campanas,  y  tambores,  muchas  danzas  de  mu- 
chachos, y  bástanle  devoción.  Por  el  suelo  hechan, 
en  lugar  de  flores,  granos  de  maiz  lost^do  y  rebenla- 
do;  que  cada  grano  abulta  mas  que  una  abellana,  y 
parecen  flores  blancas,  de  que  llevan  varias  canasti- 
llas; van  rociando  delante  del  Sacerdote  que  lleva  la 
custodia,  y  detras  los  muchachos  lo  recogen  y  comen. 
Y  las  demás  festividades  del  año  no  tienen  cosa  digna 
de  reparo  ':  en  todas  sigue  *  el  ceremonial  de  laygle- 
sia  en  la  forma  ordinaria,  y  en  los  términos  que  ya 
queda  notado. 

199.  En  las  demás  obligaciones  anexas  al  ministe- 
rio de  Párrocos  sucede  aqui  lo  que  en  todas  partes;  que 
unos  son  mas  eficaces  que  otros:  pero  me  es  preciso 
notar  algunas  cosas  que  se  practican  que  me  son  di- 
sonantes ',  y  que  seni  mui  raro  el  que,  sino  en  to- 
dos los  puntos  a  lo  menos  en  algunos,  ha  de  estar  com- 
prehendido,  y  considero  seria  de  mucha  importnncin 
se  eslableciese  otro  método  ajustado  \ 

(Se  concluirá.) 


'    En  la  edic.  de  Ángelis:  En  las  demás  festividades  del  año  no  Imj- 
cosa  digna  de  reparo.  Omite:  Y. 
2    En  la  edic.  de  Ángelis:  se  sigue. 

"'    En  la  edic.  de  Ángelis:  que  se  practican  j-  que  me  son  disonantes. 
*    En  la  edic.  de  Ángelis:  otro  mi''todo  mas  ajustado. 


boletín 


DU    LA 


REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 


TOMO  IV.  Junio,  1884.  cuaderno  vi. 


ACUERDOS  Y  DISCUSIONES  DE  LA  ACADEMIA. 


NOTI  cías. 

La  Academia  ha  acordado  celebrar  sesión  pública  solemne  el 
domingo  15  del  presente,  en  conmemoración  de  la  fundación  de 
este  Instituto.  Después  de  la  lectura  del  resumen  de  los  acuerdos 
y  tareas  de  la  Academia  por  el  Sr.  Secretario  general,  pronun- 
ciará el  académico  de  número  Sr.  D.  Cesáreo  Fernández  Duro  un 
elogie  de  D.  Pedro  Enriquez  de  Acevedo,  conde  de  Fuentes. 


Asimismo  celebrará  junta  pública  el  domingo  22  de  Junio, 
para  dar  posesión  de  su  plaza  de  académico  de  número  al  Ilus- 
trísimo  Sr.  D.  Bienvenido  Oliver  y  Esteller,  quien  leerá  su  dis- 
curso de  recepción,  contestándole  en  nombre  de  la  Academia  el 
Secretario  general  de  la  misma,  Excmo.  Sr.  D.  Pedro  de  Madrazo. 


Ha  llegado  á  feliz  remate  la  impresión  del  tomo  ii  y  liltimo  de 
la  Introducción  histórica  á  las  Cortes  de  León  y  Castilla,  escrita 
por  el  académico  de  número  Excmo.  Sr.  D.  Manuel  Golmeiro  y 
Penido.  La  Academia  acordó  al  autor  un  voto  unánime  de  acción 
de  gracias,  que  sin  duda  compartirán  todos  los  nobles  ingenios,, 
dedicados  al  estudio  y  esclarecimiento  del  ramo  que  mejor  os- 
tenta la  grandeza  del  talento  que  animó  los  consejos  y  floreció 

TOMn  IV-  24 


346  boletín  de  la.  re.al  academia-  de  la  histoiua. 

constantemente  sobre  la  cumbre  altísima  de  la  Legislación  es- 
pañola. 


La  Academia  ha  recibido  con  agrado  el  donativo  que  acaba  de 
hacerle  su  socio  correspondiente  D.  Adolfo  Herrera,  bien  cono- 
cido del  mundo  literario  por  su  obra  titulada  Medallas  de  procla- 
maciones y  juras  de  los  reyes  de  España,  cuya  lujosa  y  esmerada 
publicación  en  folio,  avalorada  con  láminas  en  acero,  ha  llegado 
ya  hasta  el  cuaderno  17.  El  don  á  que  nos  referimos  consiste  en 
la  traducción  de  El  Augusto  de  la  Villa  yeieuíaiía,  monografía  es- 
crita en  italiano  por  el  sabio  arqueólogo  jesuíta  P.  Raf¿iel  Ga- 
rrucci,  donde  con  sólida  erudición  se  explican  los  varios  atribu- 
tos del  augusto  vencedor  de  Occidente  y  del  Oriente,  representa- 
dos por  artístico  mármol  descubierto  hace  veinte  años  en  la  quinta 
de  Livia,  antiguo  pueblo  sitiado  á  D  millas  de  Roma  en  el  campo 
veintano.  Una  de  las  figuras,  esculpidas  sobre  aquel  mármol  que 
más  llama  la  atención,  es  la  de  España  con  sus  armas  é  insig- 
nias que  ilustran  considerablemente  la  porción  selecta  de  nuestra 
Numismática.  El  Sr.  Herrera  ha  prestado  graciosamente  para 
que  sirva  de  provecho  á  este  número  del  Boletín  el  cliché  de  la 
lámina  sobre  la  cual  versa  la  técnica  exposición  y  docto  estudio 
del  arqueólogo  italiano. 


En  la  dehesa  del  Zaratán  (Salamanca),  se  ha  descubierto  un 
hermoso  mosaico  romano  de  cinco  colores.  Mide  30  pies  de  largo 
por  21  de  ancho.  La  Comisión  de  monumentos  de  la  provincia, 
entiende  en  secundar  el  loable  celo  de  los  Sres.  Condes  de  la  Ca- 
bana de  Silva,  que  no  dan  aún  por  terminadas  las  exploraciones 
arqueológicas  en  aquel  sitio  de  su  propiedad. 


INFORMES. 


EXCAVACIONES  EN  CLUNIA. 

E.Ncmo.  Sr. :  D.  Fernando  Álvarez  y  D.  Félix  Verdugo  solicita- 
ron, en  30  de  Abril  de  1883,  autorización  del  señor  ministro  de 
Fomento  para  emprender  en  el  antiguo  sitio  de  Glunia  algunas 
excavaciones,  que  dieran  por  resultado  el  descubrimiento  de  an- 
tigüedades, tan  abundantes  siempre  en  el  desolado  territorio  de 
aquella  capital  y  colonia  romana.  La  Real  Academia  de  San  Fer- 
nando, al  evacuar  el  informe  que  se  pidió  por  la  Dirección  gene- 
ral de  Instrucción  pública,  reseña  las  tentativas,  casi  siempre 
infructuosas,  que  desde  hace  más  de  un  siglo  se  han  dirigido  á 
exhumar  los  preciosos  restos  con  que  brinda  aquel  territorio, 
y  encarece  la  necesidad  de  mirar  con  atención  materia  tan  inte- 
resante para  la  Arqueología  de  nuestra  patria,  concluyendo  por 
aconsejar  que  sea  oída  la  Real  Academia  de  la  Historia,  á  la  cual 
ha  pasado  en  estos  días  el  expediente  la  referida  Dirección  ge- 
neral del  ramo. 

Justo,  legal  y  conveniente  es  que  el  Gobierno  y  las  Academias 
en  su  nombre,  procuren  que  los  restos  de  antigüedad,  respetados 
por  el  tiempo,  lo  sean  también  por  la  mano  del  hombre,  y  que 
ios  objetos  extraídos  de  entre  ellos,  lejos  de  ser  destruidos  por 
bárbara  ignorancia  ó  recelosa  codicia,  pasen  á  enriquecer  nues- 
tros Museos,  donde  sirvan  de  general  enseñanza  para  propios  y 


348  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

extraños.  Pero  es  preciso  no  alimentar  ilusiones  sobre  el  alcance- 
que  en  esta  materia  puede  tener  la  acción  del  Estado.  No  sería 
difícil  organizar  trabajos  de  exploración  en  un  sitio  como  Clunia, 
pero  cuando  hay  tantos  que  reclamarían  con  igual  derecho  y 
mayor  interés  la  atención  del  Gobierno  y  los  recursos  del  presu- 
puesto, cuando  Numancia,  Sagunto,  Mérida,  Itálica  y  Tarragona 
esperan  quien  profundice  sus  cimientos  para  revelar  el  secreto 
de  su  fundación  primitiva,  cuando  todavía  no  han  declarado  su 
nombre  las  ciudades  que  se  alzaron  en  Peñaflor,  Cabeza  del 
Griego  y  Talaverala  Vieja,  no  se  puede  pensar  que  la  Arqueolo- 
gía española  se  cultive  y  explote  exclusivamente  en  la  esfera  ofi- 
cial. Por  otra  parte,  el  línico  modo  de  ahuyentar  la  ignoran- 
cia y  de  encaminar  bien  la  codicia  de  la  gente  rústica,  es  dar 
valor  efectivo  y  circulación  fácil  á  los  objetos  que  desentierren 
por  azar  ó  de  intento,  y  nuestra  mira  debe  ponerse  en  que  las 
antiguallas  se  logren  y  se  conserven,  sin  que  nos  cause  envidia 
verlas  en  manos  de  particulares  ó  en  colecciones  extranjeras.  De 
otro  modo,  lo  único  que  se  consigue,  y  la  experiencia  lo  demues- 
tra, es  que  se  quiebren  las  ánforas,  que  se  derritan  las  monedas; 
y  que  se  labren  las  lápidas  como  sillares. 

Mucho  menos  oportuno  y  nada  edificante  sería  que  la  acción 
pública,  adormecida  y  del  todo  olvidada  de  tales  ó  cuales  ruinas, 
se  acordara  que  le  incumbe  algo  que  hacer  por  sí  sola,  precisa- 
mente en  aquel  sitio  en  que  un  aficionado  se  propone  hacer  alga 
útil  y  contando  con  las  autoridades,  cuando  tan  fácil  le  sería  sa- 
car sin  estorbo  cuanto  quisiera,  con  solo  ponerse  de  acuerdo  con 
unos  pocos  campesinos. 

Mi  conclusión  es,  por  tanto,  que  el  Gobierno  debe  conceder  la 
autorización  que  se  le  pide  para  practicar  excavaciones  en  el  si- 
lio  de  la  antigua  Clunia,  salvos  los  derechos  que  las  leyes  vigen- 
tes aseguran,  ya  á  los  dueños  de  los  terrenos  en  que  se  hagan  las 
excavaciones,  ya  al  Estado,  é  imponiendo  la  condición  de  que  los 
interesados  den  cuenta  de  todo  lo  que  encontraren  y  se  sometan 
á  la  inspección  de  los  delegados  del  Gobierno,  cuando  este  tenga 
por  conveniente  enviarlos.  Estos  delegados  tendrán  por  misión 
examinar  las  operaciones,  dar  cuenta  de  ellas  al  Director  general 
y  hacer  observaciones  á  los  interesados,  pero  sin  derecho  á  estor- 


EXCAVACIONES    EN    Cl^UNIA.  349 

bar  su  acción  ni  imponer  sus  pareceres,  hasta  tanto  que  el  Go- 
bierno les  autorice  para  ello  en  caJa  caso,  y  sin  que  la  ausencia 
de  los  inspectores  sea  motivo  para  no  empezar,  ó  para  suspender 
los  trabajos. 
La  Academia,  sin  embargo,  resolverá  lo  más  acertado. 

Eduardo  Saavedra. 

Madrid,  IC  de  Mayo  de  1881. 


11. 


LAS  RUINAS  DE   VOLU BILIS  EN  MARRUECOS. 

Al  abandonar  el  santuario  de  Muley  Edrís  (sito  al  N.  de  Me 
quinez,  en  un  recodo  de  las  montañas  de  &erhon)  vi  sobre  una 
colina,  en  medio  del  valle,  como  á  1,5  km.  de  distancia,  siluetas 
de  ruinas  que  ya  desde  lejos  no  presentan  ni  mucho  menos  ca- 
rácter moruno,  pues  consisten  en  gruesos  muros  de  sillería,  arcos 
y^columnas  truncadas.  Crucé  por  una  serie  de  huertas,  vadeé  el 
riachuelo  Homana  y  llegué  al  pié  de  la  colina,  en  donde  comencé 
á  hallar  numerosas  piedras  labradas  y  mármoles,  esparcidos  por 
un  bosque  de  olivos  y  de  higueras,  lo  que  me  induce  á  suponer 
que  la  ciudad  de  Volúbilis  debió  extenderse  por  la  colina  y  el  llano 
hasta  la  margen  de  Homana.  Sobre  la  ladera  nótanse  restos  de 
bóveda  subterránea,  al  parecer  acueducto,  y  tan  numerosas  son 
en  aquel  paraje  las  ruinas  que  casi  obstruyen  el  suelo.  El  perí- 
metro de  aquellas,  abarca  algunos  centenares  de  liectáreas.  No 
me  he  cuidado,  por  falta  de  tiempo,  de  adquirir  datos  históricos 
acerca  de  Volúbilis,  que  debió  ser  una  de  las  ciudades  más  nota- 
Wes  de  la  Mauritania  Tingilana;  por  lo  tanto,  estas  noticias  no 
'tienen  más  pretensión  que  la  de  reflejar  mis  observaciones  hechas 
sobre  el  terreno. 


350  boletín  de  la  real  academla.  de  la  historla. 

Dos  monumentos  subsisten  en  parte:  un  templo  y  una  puerta 
abovedada,  que  parece  ser  arco  de  triunfo.  Está  el  templo  al  S. 
de  la  meseta,  orientado  de  N.  á  S.  Quedan  en  pié  dos  muros  pa- 
ralelos y  un  arco  en  el  ángulo  SO.;  y  un  fragmento  de  muralla 
en  el  ángulo  NO.  Los  basamentos  se  conservan  íntegros.  Los  res- 
tos hoy  patentes  acusan  un  edificio,  construido  todo  en  piedra  de 
sillería  y  sin  ninguna  clase  de  argamasa,  elegante,  bien  propor- 
cionado y  de  un  estilo  greco-romano  de  la  buena  época.  Las  co- 
lumnas son  de  orden  corintio,  y  la  parte  superior  de  la  construc- 
ción presenta  un  doble  friso  de  orden  jónico.  Hé  aquí  las  dimen- 
siones esenciales. 

Longitud  (exterior),  N.  á  S.,  metros  41,95;  latitud,  E.  á  O. 
23,44;  altura,  9,60;  altura  de  los  arcos,  5,28;  abertura  de  los  mis- 
mos, 2,50;  altura  de  los  sillares,  0,48;  espesor,  0,85;  diámetro  de 
las  columnas,  0,70. 

En  torno  de  la  meseta  distínguense  perfectamente  vestigios  de 
recinto  fortificado  y  en  el  centro  de  aquella  hay  una  pequeña 
eminencia  que  parece  haber  hecho  el  oficio  de  acrópolis.  Dentro 
del  gran  recinto  y  á  unos  100  metros  del  templo,  hacia  el  N.,  se 
encuentra  la  consabida  puerta  ó  arco,  con  orientación  de  N.  á  O. 
No  presenta  este  monumento  un  estilo  definido;  fórmanlo  gran- 
des piedras  talladas  casi  por  igual,  y  no  carece  de  armonía, 
tanto  por  sus  proporciones  como  por  lo  correcto  del  arco.  Debajo 
de  este,  hacínanse  los  escombros  en  profusión  considerable. 
Véanse  á  continuación  las  dimensiones  de  la  fábrica. 

Altura  desde  la  base  á  la  cornisa  final,  metros  7,50;  profundi- 
dad del  arco,  4,50;  abertura  del  mismo,  5,95,  frente  principal  del 
monumento,  19,47;  sillares,  1,25  X  50;  elevación  del  arco,  6,75. 
El  grueso  del  monumento  está  expresado  por  la  profundidad  del 
arco. 

A  entrambos  lados  de  este  último,  se  ven  dos  cámaras,  algo 
elevadas  sobre  el  nivel  del  suelo,  cada  una  de  ellas  con  puerta  de 
ingreso  del  lado  E.,  de  remate  triangular,  merced  á  dos  piedras 
que  se  unen  por  su  extremidad  superior. 

Entre  las  ruinas  amontonadas  junto  al  arco,  descubrí  dos  tro- 
zos de  inscripción,  que  acaso  correspondan  á  dos  distintas  ins- 
cripciones, colocadas  en  los  cuerpos  laterales  del  monumento. 


LAS    lU  INAS    DK    VOUUIl.lS    EN    MAlíUnccOS.  351 

Una  de  las  piedras  epigráficas,  la  riue  hallé  del  lado  O.,  es  como 
sigue: 

A  X  G 
P  I  A  E 

0,63  m.  X  0,10  m. 

1  B  S  I 

I 

La  otra  inscripción,  la  del  lado  E.,  tiene  los  caracteres  de  idén- 
ticas dimensiones  (0,10  m.)  y  forma. 
Hela  aqui: 

1  C  1  .M  iV 

0,60  m.  X  0,50  m.  E  M  E  I  V  S 

R  C  V  M 
o 

La  primera  consta,  aunque  mal  copiada  en  el  apéndice  L  (1) 
(p;íg.  488)  de  la  obra  que  lleva  por  títnlo:  Journal  of  a  tour  in 
Marocco  and  tlie  Great  Atlas ^  por  Joseph  Dalton  Hooker  y  John 
Ball  (Londres  1878).  Tengo  á  la  segunda  por  inédita. 

La  piedra  que  domina  en  las  ruinas  de  Volúbilis  es  el  granito. 
Las  columnas  del  templo  son  do  mármol,  no  de  muy  buena  cali- 
dad, así  como  también  las  losas  del  pavimento.  De  este  edificio 
provienen  sin  duda  las  numerosas  columnas  que  existen  en  la 
portada  y  vestíbulo  del  Serrallo  de  Mequinez.  Se  me  aseguró  que 
en  la  Sania  de  Muley  Edris  había  piedras  con  inscripciones.  Solo 
para  cerciorarme  de  ello,  me  arriesgué  á  penetrar  en  la  Sauia, 
vestido  de  moro;  más  no  vi  allí  sino  varios  fragmentos  sin  im- 
portancia, extraidos  de  Volúbilis,  los  cuales  no  tienen  el  menor 
rastro  de  inscripción.  Vi  algunas  columnas  de  granito  por  los  al- 
rededores del  templo  y  la  ladera  de  la  colina. 


(1)    Notes  onihe  Román  Remains  known  to  the  Moors  as  the  Castle  of  Sharaoh,  nenr 
Moulft/  Edris  el  Kebir,  Commanicby  Messrs.  A\'.  H.  Richardson  and  A.  B.  Brady. 


352      DOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEML\  DE  LA  HISTORLA. 

El  gran  arco  y  las  piedras  labradas  que  se  ven  entre  los  escom- 
bros al  pié  del  mismo  presentan  cierto  brío  de  ornamentación. 

Uno  de  los  frisos  del  monumento  está  reproducido  en  la  obra 
inglesa  antes  citada,  pero  de  una  manera  perfectamente  errónea. 

Á  pocos  metros  del  templo  hacia  el  O.,  hay  en  el  suelo,  entre 
un  montón  de  piedras,  una  lápida  con  inscripción  latina. — 1,53-' 
X  0,88  y  0,45  de  espesor,  que  se  menciona  en  el  Boletín  de  la 
¡Sociedad  Geográfica  de  Madrid  (T.  iii,  núm.  2,  pág.  188:  Agosto 
1877)  con  referencia  á  las  cartas  dirigidas  por  el  Dr.  Afohr  á  la 
Gaceta  de  Colo7iia,  cuando  el  viaje  de  la  embajada  alemana  á  Fez. 
Dicha  losa  se  halla  rota  por  en  medio,  en  el  sentido  de  su  longi- 
tud; su  parte  inferior  ha  desaparecido;  y  el  Dr.  Mohr  debió  ha- 
llarla en  mucho  mejor  estado,  pues  pudo  trascribir  algo  de  la  se- 
gunda mitad  de  la  inscripción  en  la  que  hoy  es  del  todo  ininteli- 
gible. Paréceme,  que  los  moros,  viendo  que  esta  piedra  llamaba 
la  atención  de  los  europeos,  se  han  complacido  en  romperla  y  mu- 
tilarla, y  es  de  esperar  que  pronto  no  quede  de  dicha  inscripción 
el  menor  vestigio.  La  orla  en  que  esta  se  encierra  ofrece  un  bello 
dibujo. 

Para  que  se  vea  el  relieve  y  la  forma  de  los  caracteres,  incluyo 
un  trozo  de  calco  que  saqué,  y  no  incluyo  el  todo,  porque  más 
que  letras  hube  de  calcar  mulilaciones,  fuera  de  que  la  inscrip- 
ción ha  sido  ya  interpretada  por  Mommseii  en  los  siguientes  tér- 
minos: 

Qfuinto)  Caecilio  Q(uinti)  filio  Domiliano  Glavidia  A^olubi- 
liano,  decurión!  municipii  Volnhiliani  annorum  XX.  Q(uinlus) 
Caeciliiis....  fet)  Antonia  Nfatajlis  filio  piifssimoj  posuerufníy. 

Aclaraciones  á  la  parte  indescifrable  no  se  podrían  hoy  aducir, 
puesto  que  la  inscripción  se  encuentra  mucho  más  deteriorada 
que  antes. 

La  situación  de  la  ciudad  de  Yolúliilis  no  podía  ser  más  agra- 
dable: el  valle  tiene  hermosa  apariencia,  y  por  el  S.  como  por  el 
SE.,  lo  ilanquean  elevadas  montañas  en  cuyas  faldas  brotan  ma- 
nantiales que  dan  origen  á  numerosos  riachuelos.  Sobre  una  ver- 
tiente al  E.  de  Volúbilis,  existe  un  duai\  Todo  aquel  territorio,  y 
no  especialmente  la  Sauia  de  Muley  Edris,  como  suponen  algu- 
nos, so  llama  en  la  actualiaad  Gualili,  evidente  corrupción  del 


LAS   RUINAS    I)K    VOLÚÜILIS    EN    MAIUlUECOS.  353 

nombre  latino.  El  sitio  de  las  minas  denomínase  K'sar  Faraun 
(Castillo  de  Faraón)  no  sé  en  virtud  de  qué  leyenda".  La  colina 
tiene  la  elevación  de  450  m.  sobre  el  nivel  del  mar.  En  el  centro  de 
las  ruinas  los  moros  no  han  cuidado  de  establecer  cultivo  alguno. 
Profesan  verdadera  aversión  á  aquellos  restos,  que  atribuyen  ú 
obra  del  diablo,  y  sobre  las  cuales  han  tejido  multitud  de  conse- 
jas. Las  piedras  del  olivar  que  está  al  boi-de  del  río  ,  parecen  ha- 
ber sido  extraídas  del  suelo  con  posterioridad  á  la  plantación  de 
los  olivos.  Formales  excavaciones  podrían  motivar  en  Yoliíbilis 
el  descubrimiento  de  preciosos  materiales  para  la  historia  de  la 
Mauritania  Tingilana. 

Saturnino  Giménez. 

Madrid,  Ü  Diciembre  .873. 


in. 


UN  REYEZUELO  DE  B.VDAJOZ  DESCONOCIDO  HA.STA    HOY. 

Sabido  es  de  cuantos  se  dedican  al  estudio  de  nuestra  historia 
arábigo-española  que  el  período  comprendido  entre  la  desapari- 
ción del  Califato  de  Córdoba  y  la  conquista  délos  Almorávides  es 
el  menos  conocido,  por  cuanto  las  fuentes  históricas  de  los  mis- 
mos autores  árabes,  que  tratan  de  estos  tiempos,  son  muy  defi- 
cientes y  están  muy  viciadas,  cuando  no  faltan  por  completo. 

En  especial  la  historia  de  los  primeros  años  de  este  período  os 
tan  poco  conocida,  que  aun  de  algunos  de  los  reinos  que  después 
tuvieron  mayor  importancia  ó  duración',  como  los  de  Bada- 
joz, Toledo,  Zaragoza,  Valencia  y  Denia  y  las  Islas,  casi  nada  se 
sabe  respecto  á  los  orígenes  y  primeros  reyes  de  las  dinastías 
respectivas:  las  monedas  acuñadas  por  todos  los  reyezuelos  nos 
darían  mucha  luz,  si  se  hubieran  conservado;  pero  por  desgra- 
cia, han  sido  pocos  los  aficionados  á  este  estudio,  y  de  cada  día 
será  más  difícil  subsanar  este  descuido;  pues  la  destrucción  de  mu- 
chos ejemplares  que  desaparecen  para  siempre  ala  acción  del  cri- 
sol de  plateros  y  broncistas,  quizá  nunca  llegue  á  ser  subsanada. 


354  boletín  de  la  real  academlí  de  la   HISTORLA. 

Éntrelas  monedas  que  hemos  adquirido  úllimamcnle,  hay  una, 
sobre  la  cual  me  propongo  llamar  la  atención  de  la  Academia  por 
breves  momentos. 

No  es  ejemplar  único  el  que  me  propongo  dar  á  conocer:  en  el 
Museo  Arqueológico  existe  otro  parecido,  cuyos  datos  consigné 
en  los  anéndices  N.  II,  V  y  YI  de  mi  Tratado  de  Numismática 
Arábigo-española:  pero  sin  dar  explicaciones,  que  allí  no  cabían, 
pues  hubiera  sido  preciso  hacer  lo  mismo  con  otras  muchas. 

Antes  de  pasar  á  la  discusión  de  los  datos,  fijando  en  lo  posible 
donde  estíín  acuñadas  tales  monedas,  he  de  hacer  la  descripción 
de  los  tres  ejemplares  que  hoy  conozco  y  que  van  reproducidos, 
con  los  números  1,  2  y  3  juntamente  con  otro,  que  parece  perte- 
necer á  la  misma  población. 


N.  J.  Monedita  de  oro  adquirida  hace  algún  tiempo  y  que  hoy 
posee  el  Sr.  D.  Pascual  de  Gayangos;  en  regular  conservación; 
oro  de  muy  buena  ley:  peso  I  gramo. 


I.  A. 


^'  ^ ^^  ^      No  (hay)  Dios  sino 

ij-^j  j._.l_*!      Allah,  solo, 

•^  o^V-j^^io  ^      no  (hay)  compañero  para  él. 


C 


i^c^? 


Mowaffak.  ? 


UN   REYKZUELO    DE    DADAJOZ.  355 

Aunque  parece  que  el  cuño  estaba  hecho  con  leyendas  circula- 
res, el  ser  la  plancha  muy  pequeña  fué  causa  de  que  solo  se  mar- 
casen uno  ó  dos  trazos  en  cada  área. 


ir.  A.  .^^U^!  Elhdchib 

»^Í!j_^   J._-At^  El  imam  Abdallah 

f_;v_jL_-'^.^!  j.-^"'  amir  de  los  creyentes. 

J  .''^  Jálid. 

N.  2.  Dirhem  en  regular,  ó  mejor  dicho,  en  mala  conserva- 
ción: Mus.  Ar.  Na. 

I.  A.     En  el  centro  tiene  la  misma  leyenda  que  la  anterior. 
M,     Comenzando  por  la  parte  inferior. 

->   ^—  *>         o  '  •    ^  J  •   J  \     • 

En  el  nombre  de  AllaJí,  filé  acuñado  este  dirheyn  en  Alanda(las 
año)  uno  1/  trefinta  y  400. 

II.  A.     En  el  centro  lo  mismo  que  en  la  moneda  anterior. 

M.      ^r^jM  (Je  í^J)  ^ái\  ^^p_3  (^-^-^''^  ^^^  ^1  J— j  ^)r^-' 

Mahom(a  es  el  enviado  de  Allah,  envióle  con  la  dirección)  y  religión 
verdadera  (para  hacerla  prevalecer  sobrejla  religión... 

N.  3.  Dirhem  en  regular  conservación:  adquirido  para  el  se- 
ñor D.  Pascual  de  Gayangos:  carácter  más  elegante  que  los  ante- 
riores. 

I.  A.     En  el  centro  la  misma  leyenda  que  en  las  dos  anteriores. 

M.    jl^  ^j^i^'S)  ^-'-^^  *^  ^Jo^'o  ^!r,jJ!  !J^  {^j^  iSí\  ^} 

(En  el  nombre  de  Allah.)  fue  acuñado  este  dirhem  en  Alandalus 
año  uno  (y  trei)nta  y  cua(lro  cientos). 


356  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

11.  A.  Igual  á  la  de  la  moneda  anterior,  distinguiéndose  en 
la  orla,  ¿l-,í  6ÍÍÍ  J^^  -V=^' 

En  las  monedas  descritas  se  lee  en  primer  lugar  el  nombre 

de     wJ./»'ül    ^A  li  ^^    ---i    >U"^'   El  imam  de  Abdallah   amir  de 

i^..  ^.    ^..  •     ^ 

los  creyentes,  lo  que  equivale  á  decir  que  el  reyezuelo  por  quien 
están  acuñadas,  reconocía  la  soberanía  espiritual  del  Califa  de 
Bagdad,  ó  si  se  quiere,  á  un  Imam  nominal;  toda  vez  que  nadie 
encuentra  al  Imam  Abdallah,  reconocido  en  muchas  de  las  mo- 
nedas españolas  de  este  período. 

¿Quién  es  el  rey?  El  que  lleva  en  la  moneda  el  título  de  Jiáchih; 
pues  es  sabido  que  los  llamados  comunmente  reyes  de  taifas, 
de  ordinario  se  titulaban  hachibes,  y  consta  que  pasaban  este 
título  á  alguno  de  sus  hijos,  cuando  ellos,  sin  llamarse  Imames 
Principes  de  los  creyentes,  tomaban  título  sultánico,  como  hi- 
cieron Almotádhid  y  Almotámid  de  Sevilla. 

¿Cómo  se  llamaba  el  rey?  En  mi  sentir  Jálid  jJU.;  pues  estas 
letras  se  ven  casi  con  seguridad,  y  sólo  pudiera  dudarse  si  la  pri- 
mera tenía  ó  no  el  punto,  pero  como  solo  con  éste  resulta  un 
nombre  conocido,  debemos  leerlo  así. 

¿Cuál  es  la  fecha  de  estas  monedas?  En  ninguna  se  lee  ínte- 
gra la  focha  431,  y  la  primera  de  ellas  la  creimos,  [aunque  siem- 
pre con  duda,  del  año  441;  pero  examinadas  ambas  atentamente, 
hoy  no  tememos  asegurar  que  son  del  431:  en  la  primera,  des- 
pués del  numeral  j  -^^  se  ve  j  que  se  revuelve  hacia  arriba  y 
dos  trazos  Íj,  que  solo  corresponden  al  numeral  ¡^--Ij'  30:  el  trazo 
del  j  retorcido  hacia  la  parte  superior  de  la  izquierda,  fué  causa 
de  que  le  creyésemos  el  1  de  ^j:*',j^  40:  en  el  segundo  se  lee  solo 

\^j^j^' -^-^^^  pero  el  poco  espacio  que  media  entre  el  w\  de  J^t 

y  la  terminación  de  la  decena,  hace  que  no  puedan  suponerse  en 
en  él  más  letras  que  iij  <-  —  En  cuanto  á  la  centena,  aunque 
nada  se  conservara,  dados  sus  caracteres  generales,  no  podría  ha- 
ber duda  de  que  eran  del  siglo  v  de  la  hegira. 

¿Quién  es  el  ^V  Mowaffak  que  figura  en  la  parte  inferior  de 
la  [.  A.?  No  lo  sé;  pero  es  evidente,  que  no  puede  identificarse 
con   Mochehid  de  Denia,  uaico  citado  por  Alinakkari  con  esle 


UN    nKYKZÜlíLO    DK    BADAJOZ.  357 

nombre  Ó  sobrenombre,  aunque  con  el  artículo;  pues  Mowaírak  fi- 
gura en  monedas  posteriores  á  Mochehid  de  Denia,  muerto  en  433. 

¿Dónde  están  acuñadas  estas  monedas?  En  Alandalus,  es  de- 
cir, en  la  España  musulmana,  según  se  lee  en  ellas;  pero  esto 
poco  nos  dice:  yo  me  atrevería  á  concretar  más  el  punto,  dicien- 
do que  están  acuñadas  en  Badajoz,  y  que  por  tanto  de  esta  pobla- 
ción fué  rey  Jálid  y  para  ello  me  fundo  en  las  razones  siguientes: 

El  nombre  ^^^y  Mowaffiík  sólo  se  encuentra  en  las  monedas 
de  Yahya  Almanzor  de  Badajoz,  y  en  su  caso  en  otra  dudosa,  pro- 
bablemente del  mismo  punto,  en  la  cual  no  habiendo  más  nombre 
que  el  de  Hixem  II  Imam  amir  de  los  creyentes,  y  el  de  ^j^y 
MowaíTak,  pudiera  creerse  que  éste  era  el  verdadero  rey  y  que 
todas  estas  monedas  en  las  cuales  se  lee  siempre  el  mismo  nom- 
bre, pertenecen, á  la  misma  población. 

Por  otra  parte,  las  monedas  que  pasan  como  de  los  reyes  de 
Badajoz  no  reconocen  como  Imam  á  Hixem  11  (1),  sí  al  anó- 

(1)  Esta  teoría  necesita  alguna  limitación,  ó  admitirse  coQ  reserva,  pues  la  mone- 
dita  áque  antes  me  he  referido  y  va  reproducida  bajo  el  núm.  4,  quizá  sea  de  Badajoz, 
y  sin  embargo  se  lee  en  ella  el  nombre  de  Hixem  II:  es  una  monedita  de  oro,  existente 
en  la  colección  de  Sr.  D.  Pascual  de  Ci-ayangos;  en  regular  conservación:  pesa  8  deci- 
gramos: en  ella  leemos,  aunque  está  escrito  con  mucha  incorrección,  pues  faltan  mu- 
chos trazos. 

N.  4. 
I.  A.  ^.j  Mowa- 

*ii!    "^^    i !^    ^  No   hay)  Dios  sino  Allah, 

i>ÍJ!      'a^i    --<-s'''  Mahoma  (es)  el  enviado  de  AUah. 
^3  ,fak. 

En  la  orla  solo  existen  casi  íntegras  las  letras  -jJ)  'j-í  ■^•j--^ .  .  .  fué  acuña- 
do efte...:  las  otras  están  recortadas;  pero  se  distinguen  trazos  ijue  parece  convienen  al 
nombre    ,    v^-aJJsj    Badajoz. 

T    i  .1 Ju_>     j—-^"^ '        El  imam  Hixem 

I.  A.  ^  ^ 

i \ ,'Lj    J_J  O'         .\lmuv\-ayad  billah 

,_.^ ^■._,iaj)    ^^-1        amir  de  los  creyentes. 

En  la  orla  sucede  lo  mismo  que  en  la  de  la  otra  área,  sólo  se  lee  í>w'  Jj-*-j  -^"r^''* 
distinguiéndose  la  parte  inferior  del  resto  de  la  leyenda. 


358  BOLETiX    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORLA. 

nimo  Ahdallah  en  los  tiempos  en  que  se  daba  como  segura  la 
existencia  de  Hixem;  esta  circunstancia  es  muy  de  notar,  pues 
siendo  estas  monedas  del  año  431,  cuando  se  iniciaba  la  farsa  del 
pretendido  Hixem  II,  es  seguro  que  Jálid  no  pertenecía  al  parti- 
do adicto  á  los  Omeyyas;  pues  de  otro  modo  hubiera  creído  la  no- 
ticia ó  hubiera  hecho  como  que  la  creía. 

Podrá  parecer  aventurado  el  intercalar  uno  ó  varios  reyezuelos 
en  Badajoz,  suponiendo  que  su  historia  debe  estar  deslindada  al 
menos  en  cuanto  á  la  sucesión  de  los  reyes;  pero  son  tan  escasas 
las  noticias  conservadas  en  los  autores  conocidos,  que  M.  Dozy, 
admitiendo  cinco  reyes  de  Badajoz,  Sajmr,  —  Abu  Mohammad 
Ahdallah  ben  Maclamah  Almanzor.—Abu  Bequer  Mohamad  Al 
motJiaffur, —  Yahya  Ahnanzor  11  y  Omai^  Almotawaquil,  solo 
se  atreve  á  fijar  el  fin  del  reinado  del  3/  y  del  5.°  (I),  y  por  cierto 
que  según  resulta  de  las  monedas  que  dejó  grabadas  el  difunto 
Sr.  D.  Antonio  Delgado,  habla  dos  de  Yahya  Almanzor  II  de  los 
años  456  y  457,  anteriores  por  tanto  al  460  en  que  se  supone  la 
muerte  de  su  antecesor  Abu  Bequer  Mohammad  Almothaffar  (2). 

Sapur  que  llevó  el  título  de  háchib,  comenzó  á  reinar  hacia  el 
año  406  y  murió  según  resulta  de  su  inscripción  sepulcral,  en  la 
noche  del  jueves,  nueve  noches  pasadas  del  mes  de  xaában  del 
año  413  (3). 

De  este  rey  Sapur  se  tienen  muy  pocas  noticias:  Aben  Al-Atsir, 
uno  de  los  pocos  autores  que  le  mencionan  ,  dice:  «En  cuanto  á 
Badajoz,  se  alzó  en  ella  el  esclavo  [y-^U )  Sapur,  el  amirí,  llamado 
Ahnanzor»  (edi.  Tornbcrg.  to.  ix,  p.  203).  Aben  Alabbar,  tomán- 
dolo de  Aben  Hay  van  ,  dice  algo  más,  pues  le  llama  cliente  ó  li- 
berto de  Almoclansir,  con  quien  tuvo  mucho  valimiento:  y  aña- 
do que  lleno  de  riquezas  ó  influencia,  se  apoderó  del  mando  (de 
Badajoz);  y  próximo  á  morir,  dejó  el  reino  á  Mohammad  Almo- 


(1)  Histoire des musulmoins  d' Espagne  jusqi'.'a  la  conqufte de  l'Andalov.sie par  les  Al- 
r,wravides  par  R.  Dozy,  t.  iv,  p.  SOíí. 

("2)  Para  los  datos  acerca  de  la  historia  de  los  reyes  de  Badajoz,  véase  Hooguliet. 
Speciraen  e  litteris  orientalibus  exliibens  diversorum  scriptorum  locos  de  Regia  Aphta 
siilarum  familia, 

(ÍJ)  Lápida  en  poder  del  Sr.  D.  Nicolás  Diez  y  Pérez,  y  de  la  cual  hemos  visto  una 
copia  (Abril  de  1831).  . 


UN    REYEZUELO    DE    BADAJOZ.  351) 

Ihafíir  (debió  ser  á  AbJallah  Almansur):  Casiri,  Bihliolheca  Ará- 
bico-Esa  ir  ialensis,  t.  H,  p.  41. 

Aba  MohamiTiiid  Abdallh  beii  Mobamnuid  bou  Madamah,  el 
primero  de  la  familia  de  los  Aftasitas  de  Badajoz',  sucedió  en  el 
mando  á  Sapur,  y  tampoco  conocemos  la  feclia  de  su  muerte 
(martes  19  de  chumada  postrero  del  año  437)  más  que  por  la  ins- 
cripción sepulcral  (1). 

Si  las  monedas  que  han  dado  ocasión  á  este  escrito  son  de  Ba- 
dajoz, y  Jálid  fué  rey  de  esta  población,  su  reinado  envuelve  quiz¿í 
la  idea  de  que  Abu  Mohammad  Abdallah  fuese  privado  del  reino 
al  menos  en  p;irte  del  año  431,  A  que  pertenecen  dichas  monedas. 

FuANCisco  Codera. 

Madrid  20  de  Marzo  de  ]s~!l . 


(1)    No  estando  publicados  los  textos  de  ambas  iascripciones  sepulcrales,  los  pone- 
mos á  continuación:  el  del  primero  dice  así: 


^i 

11   ^-^_; 

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.^\2. 

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,  JÜ  L. 

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J'    ^ 

,.'11. 

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En  el  nombre  de  Allah,  el  clemente,  el  misericordioso  \  éste-  fes)  el  sepvlcro  de  Sapur  el 
hácMb,  compadézcase  de  él  \  Alian:  y  murió  en  la  noche  del  jueves  I  d  diez  noches  pasadas 
de  xaüba  \  n  del  aTio  tres  dieí  y  cv.a  \,  tro  cientos  (113);  y  testificaba  \,  que  no  (hay)  Dios 
sino  Allah.  | 

La  inscripción  sepulcral  del  secundo,  de  la  cual  el  Sr.  D.  Pascual  de  Gayang-os  posee 
copia,  hecha  por  el  Sr.  Saavedra,  dice  asi: 

11^  ^^^  ^>  ^«  ,.^^,^j\  j.  y,.  .,^<  ^.^'  ^M  _, 

|sic)  Ij^"^  I!  ^^"^  i-U  ^''-^  l^--^-^f,'^-  ^  -'  (^'"  *=>■_; j   ^^'  ^^^j  ^^ 

.  .       .joU       =_'     ,L     ,    ^l'o    II     Í2-^.      JC-,      í\¿.^!      ^-'-^^      >j:..^Í.'      áU      'iyX^ 

C_"-^^  ^"  ^  '  v^-  ^         v-^      •         ^ 

En  el  nombre  de  Allah,  el  clemente,  el  misericordioso,  éste  es  el  sipulcro  de  Abnaneor 
Abdallah  ben  Mohammad  ben  [  Mafamah,  apiádese  de  él  Allah,  y  apiádese  de  (j  ni  en  pida 
para  él  su  misericordia:  murió  en  la  noche  del  martes  |.  á  once  noches  por  andar  de  chumada 

postrero  del  aTiosiete  |i  y  treinta  y  cuatro  cientos (No  leo  las  tres  ó  cuatro  palabras 

que  faltan). 


360  BOLETÍN    DE    LA    REAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 


IV. 


ACTAS  DEL  CONCILIO  DE  CLERMONT  (18  NOVIEMBRE  1130] 
REVISIÓN  CRÍTICA. 


Brillante  luz,  ya  lo  vimos  (1),  esparce  este  gran  Concilio  sobi-e 
las  Cortes  generales  de  Cataluña ,  celebradas  por  D.  Ramón  Be- 
renguor  III  (10  Marzo  1131)  en  el  palacio  condal  de  Barcelona. 
Balucio  en  1715  publicó  las  Actas  (2) ,  y  Man  si  las  reimprimió  en 
1759  (3)  y  17G1  (4),  sin  que  hasta  ahora  se  haya  cotejado  el  texto 
con  la  única  fuente  conocida.  La  cual  apunta  Balucio  con  cierta 
vaguedad,  que  corta  ó  dificulta  los  pasos  de  la  estudiosa  crítica: 
ex  archivo  EcclesicB  Barcinonensis,  nnde  illud  habiierat  illustrissi- 
mns  vir  Petrus  de  Marca  Archiepiscopus  Parisiensis.  Las  copias, 
ó  traslados,  que  tuvo  Marca  de  nuestros  archivos  catalanes,  no 
siempre  se  recomiendan  por  su  exactitud;  conforme  lo  ha  demos- 
trado más  de  una  vez  el  diligentísimo  Villauueva  ío).  Acerca  de 
las  Actas  la  desconfianza  sube  de  punto,  leyendo  el  resumen  que 
de  ellas  hizo  Bernardo  Guidón,  y  transcribe  del  P.  Sirmond  el 
mismo  Balucio  ¡6).  Con  efecto,  quien  acudiere  á  confrontar  el 
tipo  del  archivo  barcelonés,  que  he  buscado  y  acabo  de  encontrar, 
verá  que  Bernardo  Guidón,  en  los  vocablos  en  que  difiere  de  la 
copia  Baluciana,  se  ajusta  cabalmente  al  texto  auténtico.  Razón 
será,  pues,  y  de  mucha  ventaja  para  la  Historia  universal,  que  le 
devolvamos  íntegro  un  documento  de  tanta  valía. 

Conliénelo  bnjo  el  número  385,  fol.  cxxx,  recto,  el  códice,  titu- 


(1)  Boletín  de  la  Real  Acadej:ia  de  la  Historia,  t.  iv,  pág.  82. 

(2)  Miscellanea,  t.  vii,  páp.  7J. 

(3)  Conciliorum  amplissima  collectio,  t.  xxi,  col.  437. 

(1)    lialvzii  Miscellanea  'novo  ordiiie  digesta,  t.  n,  pág-.  119. 

(n)     Viaje  literario,  viii,  9P;  x,  ti";  xi,  \Gi;  xii,  41;  xiii,  34;  xvii,  100,  210. 

(6)    «Anno  Domini  iicxxx,  indictione  vin,  mense  Novembri  apud  Clarummontem, 

pftesidcnte  il>idem  Innocentio  Papa  II celebrata  est  sjnodus  in  qua obedientia 

ei  dein  Papa*  Innocentio  adstanti  ^b  universis  est  gratanter  promissa.» 


ACTAS    DEI.    CONCILIO    Dlí    CI.KRMONT.  3l)  I 

lado  Liber  II  Antiquilatnra  Calliedralis  Barcinonensis,  gemelo  y 
contemporáneo  del  Líber  1  (]uc  describí  en  otro  lugar  (1). 

I^as  Actas,  con  su  níbrica ,  que  Balucio  pasó  por  alio,  dicen  de 
esta  manera : 

Privilegium  Domini  pape,  tractans  de  simonía;  de 
cissura  et  colore  vestium;  de  rebus  Episcopi  et  cle- 
rici  mortui;  de  ordinatis  qui  uxores  ducunt;  de  mo- 
nachis  et  Regularibus  qui  leges  et  fisicam  exercent; 
de  laicis  qui  non  teneant  ecclesiam ;  de  securitate  pa- 
cis  et  tregüe;  de  junctis;  de  percussione  clericorum; 
de  coniunctione  consanguinitatis;  de  his  qui  ignem 
mittunt. 

Anno  Dominice  incarnationis  Millesimo.  c."  xxx."  presidente  (2) 
Domino  papa  Innoccncio  cum  episcopis  et  cardinalibus  catholicis 
siquidem  |3)  et  rcligiosis  viris,  ac  R.  (4)  lugdunensi,  W.  bituri- 
censi,  Stephano  vienensi,  A.  narbonensi,  B.  arelatensi,  O.  terra- 
conensi,  G.  auxitano,  F.  aquensi,  P.  tarentassiensi  (5),  archiepis- 
copis,  eorumquc  su íFra ganéis  episcopis  et  ahbatibus  quampluri- 
bus,  Gluniacensi,  Dolensi,  case  Dei,  et  alus  iuris  sedis  apostolice 
cum  prefatis  pontificibus  subicctis,  una  cum  salsiburgensi  archie- 
piscopo  et  monasteriensi  episcopo  ac  abbate  gorgiense,  qui  pro 
lionore  et  salute  ecclesie  pro  teutónico  regno  occurrerant,  assi- 
dente  eliam  (6)  Hu.  (7)  anniciensi  episcopo  cum  innúmera  multi- 
tudine  sapientium  et  bonorum  vivorum  apud  clarum  montem, 
mense  novembrio  í8),  in-diccione  octava,  sinodus  est  in  nomine 
domini  celébrala.  In  (jua  de  ñde  calholica,  et  animarum  edifica- 


(1)  Boletín,  iv,  79. 

(2)  Bal.  «residente.  •.■ 

(3)  Bal.  «simul.» 

(4)  Rainfildo  de  Semur.— Garas  /Señes  epiacopoi-um  ecclesife  cathoUae^  pág\  511)  se- 
ñala prematuramente  su  defunción  á  7  de  Agosto  de  11'29. 

(.5)    Pedro  II.— Su  prelacia  en  la  serie  de  Garas  no  corre  antes  del  año  1132. 
16J    Bal.  «et.» 

j7)    Humberto.— La  Sede  Aniciense.  ñ  del  Puy,  había  sido  no  mucho  antes  declarada 
exenta  por  concesión  de  Pascii;il  II. 
t8)    Bal.  «Xoverabris.» 

TOMO    IV.  í.") 


362  boletín  de  la  real  agademl\.  de  la  historia, 

tione,  ac  morum  honéstate,  malorumque  pullulancium  eradica- 
tionc  Iractafum  est;  et  obedientia  domino  pape  Innocencio  asianli 
ab  universis  est  gratanter  íli  promissa.  Capitula  vero  recítala 
sunt  hec. 

Quoniam  frigescente  caritate  snper  habundavit  iniquitas,  et 
in  novissimis  diebus  instant  témpora  pericnlosa;  sunt  enim  lio- 
mincs  scipsos  amantes,  cupidi,  elati,  superbi,.blasphemi,  paren- 
íjbus  inobedientes,  ingrati,  scelesli,  sine  aíTeetione,  sine  pace, 
criminatores,  incontinentes,  immites,  sine  benignitate,  prodito- 
res, protervi,  turaidi,  voluptatum  amatores  magis  quam  dei,  in- 
vocanda  est  ab  universis  cum  devotione  gratia  sancti  spiritus  ut 
mala  pullulantia  resecet,  et  in  servís  suis  sua  dona  mulliplícet  ac 
témpora  quieta  conservet.  Ad  extirpandas  igitur  vitiorum  pravi- 
tates,  predecessorum  statuta  in  médium  sunt  producta,  et  novita- 
tibus  crescentium  vitiorum  nova  medicamenla  sunt  adhibita. 

[I.]  Statuimus  ut  siquis  symoniace  ordinatus  fuerit,  ab  officio 
omnino  cadat  quod  illicite  usurpavit;  vel  siquis  prebendas  aut 
honorem  vel  promotionem  aliquam  ecclesiasticara,  interveniente 
execrabilis  ardore  avaritie,  per  pecuniam  acquisivit,  honore  male 
adquisito  careat  et  nota  infamie  percellatur. 

[IL]  Precipimus  etiam  quod  tam  episcopi  quam  clerici  in 
statu  mentís,  in  habitu  corporís,  Deo  et  homínibus  placeré  stu- 
deant;  et  nec  in  supei-fluítate,  cissura  (2),  aut  colore  vestium, 
inluenciuní  quorum  forma  et  exemplum  csse  debent  oíTendant 
aspectum;  sed  quod  eorum  dcceat  sanctítatcm. 

[III.]  Illud  autem,quod  in  sacro  calcidonensi  constitutum  est 
concilio,  iiirefragabiliter  conservari  precipimus;  ut  videlicet  de- 
cedenlium  bona  episcoporum  a  nuUo  omnino  hominum  diripian- 
tur;  sed  ad  opus  successoris  sui  in  libera  economi  et  clerícorum 
pcrmaneat  poteslate.  Gesset  igitur  de  cetcro  illa  detostabilis  et 
seva  rapacitas.  Siquis  autem  hoc  amodo  (3)  atemptarc  presump- 
scrít,  excommunicalioni  subiaceat.  Qui  vero  morientium  presbi- 
terorum  vol  clcricorum  bona  rapuerint,  simili  sentencie  subi- 
cianlur. 

(1)  Bal.  «constauter.>.' 

(2)  Ral.  «scissura.» 

(H)    Bal  <-<o:nnino.»  * 


ACTAS  DKL  CONCILIO  DE  CLERMONT.  3ü3 

[IV.]  Dcccnümus  (1)  ul  liii  qui  a  subdiacoiíatu  el  siipra  uxo- 
res  duxerint,  aut  concubinas  habacrinl,  officio  atque  occlesiaslico 
benoñcio  careaut.  Gum  cnim  ipsi  templum  dei,  vasa  domini,  sa- 
crarium  spirilus  sancti  debcant  esse  et  dici,  indignum  est  eos  cii- 
bilibus  et  immunditiis  deserviré. 

[V.]  Prava  autem  consueludo,  prout  acccpimus,  et  delestabilis 
inolevil;  quoniam  monacbi  et  regulares  canonici  post  susceptuní 
liabitum  et  professioiiem  íactam,  sprela  bonorum  magistroruní 
benedicti  ct  Augustini  regula,  leges  temporales  et  mcdicinaní 
gratia  hicri  temporaliíi  addiscunt.  Avarilie  iiamque  flammis 
accensi  se  patronos  causaruní  faciunt.  Et  cum  psalmodie  et  liyni- 
nis  vacare  doberent,  glorióse  vocis  freti  munimine,  allogationuin 
suarum  variolale,  iustum  et  iniustum  fasque  nefasque  confun- 
ílunt.  Atteslanlur  vero  imperiales  constiLutiones  absurdum,  ini- 
mo  et  obprobrium  esse  clcricis  si  peritos  se  velint  disceplationum 
esse  forensium;  huiusmodi  temeratoribus  graviter  feriendis.  Ipsi 
quoque,  ncgiecta  animarum  cura,  ordinis  sui  propositum  nulla- 
tenus  attendentes,  pro  deteslanda  peccunia  sanitatem  pollicentes, 
liumanorum  curatores  se  faciunt  corporum.  Gumque  impúdicas 
oculus  impudici  cordis  sit  nuncius,  illa  de  quibus  loqui  eliam 
erubescit  honestas,  non  debet  religio  pertractare.  Ut  ergo  ordo 
monasticus  et  canonicus ,  deo  placens,  in  san-cto  proposito  invio- 
labiliter  conservetur,  ne  hoc  iiltcrius  presumatur  auctorilate 
apostólica  inlcrdicimus.  Episcopi  autem  abbai.es  et  priores  (2) 
enormitali  consencientes  ct  non  corrigentes  propriis  honoribus 
spolientur. 

[VI.]  Precipimus  etiam  ut  laici,  qui  ecclesias  tenent,  aut  eas 
episcopis  reslituant,  aut  excommunicationi  subiaceant. 

[VIL]  Innovamus  autem  et  precipimus  ut  nuUus  in  arcbidia- 
conum  uisi  diaconus,  nuUus  in  decanum  vel  prepositum  nisi 
presbyter  ordinetur.  Archidiaconi  vero,  decani  vel  prepositi,  qui 
infra  ordincs  prenominatos  existunt,  si  inobedientes  ordinari 
contempserint,  honore  suscepto  priventur. 

[VIH.]     Precipimus  etiam  ut  prcsbyteri,  clcrici  monacbi,  pe- 


(1)    Bal.  «Decrevimus.» 
(2:    Bal.  intercala  «tantse.» 


364  koletín  de  la  real  academia  de  la  iiistorla. 

regrini  ct  mcrcatores  omni  íempore  sint  securi.  Treguam  aulein 
ab  occasu  solis  in  un*  feria  (1)  iisque  ad  ortum  solis  in  secunda 
feria,  et  ab  avenlu  domini  usquc  ad  octavas  epiphanie,  el  a  quin- 
quagesima  usque  ad  octavas  pentecostes,  ab  ómnibus  inviolabili- 
ler  observan  decernimus.  Siquis  autem  treguam  frangere  temp- 
laverit,  post  iii"  commonitionem  si  non  satisfecerit,  episcopus- 
suus  excomunicacionis  in  eura  sentenciam  quisque  conñrmet. 
Siquis  autem  hoc  violare  presumpserit,  ordinis  sui  periculo  sub- 
iacebit.  Et  quoniam  funiculus  triplex  difficile  rumpiíur,  preci- 
Xjimus  ut  episcopi,  ad  solum  deum  et  salutem  populi  habentes 
respeclum,  omni  trepidifate  (2)  seposita,  ad  paccm  ñrmiter  tenen- 
dam  muluum  síIjí  consilium  et  auxilium  prebeant:  ñeque  hoc 
alicuius  amore  aul  odio  pretermitlant.  Quod  siquis  in  hoc  dci 
opere  tepidus  invenlus  fuerit,  dampnum  proprie  dignitatis  in- 
curran I . 

[IX.]  Deteslabiles  aulem  illas  nundinas  vel  ferias,  in  quibus 
milites  ex  condicto  convenire  solent,  et  [ad]  ostentationem  virium 
suarum  pericula  sepe  proveniunt,  omnino  (3)  intcrdicimus.  Quod 
siquis  eorum  ibidcm  mortuus  fuerit,  quamvis  ei  poscenti  peni- 
lentia  el  viaficum  non  ncgelur,  ecclesiastica  tamen  careat  se- 
pultura. 

[X.]  ítem  placuil  ut  siquis,  suadenle  diabolo,  huius  sacrile- 
gii  reatum  incurrerit  quod  in  clericos  vel  monachos  manus  inie- 
cerit,  anathemati  subiaceat,  Quod  qui  fecerit  excomunicetur. 

[XI.]  Indubitatum  est  quoniam  honores  ecclesixistici,  sangui- 
nis,  non  sunt,  sed  meriti;  et  ecclesia  dci  non  hereditario  iure 
aliquem  nec  sccundum  carnem  succcssorem  cxpetit,  sed  ad  sui 
régimen  et  ofñciornm  suorum  dispcnsaliones,  honestas  sapientes- 
ct  religiosas  personas  exposcit.  Eaproptcr  auctoritale  prohibemu& 
apostólica  nequis  ecclesias,  prebendas,  preposituras,  capellanias.. 
aut  aliqua  ecclesiastica  beneficia  hereditario  iure  valeat  vendica- 
rc,  aut  exposlulare  presumal.  Quod  si(]uis  improl)us,  aut  ambi- 
lionis  rcns ,  altemplare  presumpscrit.  doljita  pena  multa])itur  et 
poslulatis  carel)it, 

(1)  Dal.  «solis  quarta  feria.» 

(2)  Bal.  «tepiditate.» 

'H     Ral.  «omnimoile.'>  • 


ACTAS  DEL  CONCILIO  DK  CLEn.MONT.  3G5 

[XII. J  Sane  coiüuiictiones  coiisanguincorum  omiiiuo  íieri 
prohibemus.  llaiusmodi  uanKjue  iiiceslum,  qui  ianí  Tere,  slinm- 
-lanté  liumaiii  gcneris  iniínico,  iu  usum  versos  est,  sanctorum 
•patruin  slatuta  el  sacrosancta  dei  deieslatur  ecclesia.  Loges  eliam 
seculi  de  tali  conliibcrnio  nalos  infames  pronuiiciant  et  ab  here- 
■ditate  rcpellunt. 

[XIII,]  Pessimain  siquidcm  depopulalricein  et  orreiidam  iii- 
-cendiorum  malitiam,  aactorilale  dei  ct  bealorum  apostoloruiu 
Petri  et  Pauli  omniíio  detestamur  et  iiiterdicimus.  Hec  etenim  (li 
pestis,  hec  hoslilis  vastilas  omnes  alias  depredationes  exuperat. 
Que  quantum  dei  populo  sit  dampnosa,  quantumque  detrimeu- 
lum  animabus  et  corporibus  inferal,  nullus  ignorat.  Assurgen- 
dum  est  igitur,  et  omuimodis  laboraiidum  ut  tanta  clades  tanta- 
qiie  pernicies  pro  salute  populi  cradicetur  et  extirpetur.  Siquis 
igitur  post  huius  nostre  prohibitionis  promulgationem  malo  slu- 
dio,  sive  pro  odio  sive  pro  vindicta,  igiies  apposuerit  vel  apponi 
fecerit,  aut  appositoribus  consilium  vel  auxilium  scienter  tribue- 
rit,  excomunicetur.  Et  si  in  hoc  mortuus  fuerit  incendiarius, 
íhristianorum  careat  sepultura;  nec  absolvatur,  nisi  prius,  damp- 
no  cui  intulit  secundum  facultatem  suam  resarcito,  iuret  se  ulte- 
rius  ignem  non  appositurum.  Penitenlia  autem  ei  detur  ut  in 
iherosolimis  aut  in  ispania  in  servitio  dei  per  integrum  annum 
permaneat.  Siquis  aulem  archiepiscopus  (^),  episcopus,  hoc  rela- 
xaverit,  dampnum  rcslituat,  et  per  unum  annum  ab  offlcio  epis- 
copali  abslineat.  Sane  regibus  (3),  principibus,  faciende  iusticie 
facultatem,  consulüs  archiepiscopis,  non  negamus.» 

Las  Actas  exliiben  á  Inocencio  II,  no  residente,  según  estampó 
Balucio,  sino  presidiendo  (presidente)  en  medio  de  los  cardena- 
les católicos,  ó  no  adherentes  al  cisma  del  antipapa  Anacleto. 
Nómbranse  los  arzobispos  Raimundo,  de  Lyon;  Vulgrino,  de 
Bourges;  Esteban,  de  Yiena,  sobre  el  Ródano;  Arnaldo,  de  Nar- 
igona; Bernaldo,  de  Arles;  San  Olaguer,  de  Tarragona;  Guiller- 
mo, de  Auch ;  Fulco,  de  Aix,  en  Provenza;  y  Pedro  II,  de  Taran- 


(1)    BaL  «enim.» 

("2)    Bal.  interpone  «et. ' 

<í3)    Bal.  añade  «et.» 


366  boletín  de  la  real  academl\  de  la  historla. 

ski  ó  Moutiers,  en  Saboya;  rectificííiidose  por  este  medio  algunas 
erratas  ó  inexactitudes  de  que  adolece  la  Series  episcoporum 
Ecclesice  Catholicív,  escrita  por  el  P.  Gams.  Hacen  notar  la  pre» 
scncia  de  los  obispos  sufragáneos  de  aquellas  sedes  metropolita- 
nas; y  por  consiguiente  se  viene  abajo  la  aserción  del  escritor  anó- 
nimo, que  en  133 i  trazó  la  biografía  de  San  Olaguer,  y  no  quiso 
ver  en  el  sínodo  más  Prelados  españoles,  que  el  arzobispo  desig- 
nado por  su  propio  nombre  (I) :  «Gonvenit  iste  sohis  Hispanus  ad 
sanctum  Glaromontanum  concilium;  quem  gratitudinis  causa  et 
gralanter  recepit  eum  Innocentius  et  honoribus  cumulatuní  di- 
niisit. »  Florez  (2)  ha  bosquejado  rápida,  pero  sustanciosamente 
la  parte  que  en  el  concilio  de  Glermont,  contra  los  monjes  de  Ri- 
poll,  cupo  al  santo  arzobispo  de  Tarragona  y  á  Ramón  Gaufredo, 
obispo  de  Vich;  y  con  ella  parece  se  deberían  aumentar,  ó  por  lo 
menos  ilustrar,  las  Actas  señaladísimas,  cuya  fuente  y  revisión 
os  he  presentado. 

Fidel  Fita. 

Madrid  ,  3  de  Mayo  de  1884. 


V. 


SOBRE   UN    TEXTO    DEL    ARZOBISPO    D.    RODRIGO   (3). 

«  Nam  Tarracona  metrópolis  diu  destructa  f  uit  tempore  Bernardi  Toletani 
Priinatip,  sicut  patet  in  regesto  Urbani  Papae  secundi ;  qui  Urbanus  eum- 
dera  Bernardum  de  restauratione  civitatis  et  eccleeiae  6uis  litteris  ani- 
mavit.» 

Tres  son  los  puntos,  de  la  mayor  importancia  histórica  (4)^ 
significados  por  este  pasaje,  que  voy  á  examinar  en  sus  fuentes. 

(1)  España  Sagrada,  xxix,  4'JO. 

(•2)  Esp.  Sagr.,  xxvin,  202,  203. 

13)  De  refjus  f/isponiae,  iv,  11. 

(4)  España  Sagrada,  xxv,  112-115.  ' 


SOimii    UN    TEXTO    DSL    ARZOlilsrO    I).    HUDlUiiO.  .'j()7 


Registro  de  Urbano  II. 

Vn  cartulario  de  pergamino,  escrito  en  el  siglo  xiii,  cuya  signa- 
tura (cajón  42,nüm,  23),  y  título  (Liher  privilegioriim  ecclesie  To- 
letanej  descubren  á  la  legua  el  origen,  ha  venido  á  parar  al  Ar- 
chivo Histórico  Nacional.  Exhibe  los  rescriptos  de  Honorio  III, 
dirigidos  al  arzobispo  D.  Rodrigo  y  al  Cabildo  de  Toledo.  El  res- 
cripto primero  (fol.  86-88)  autentica  siete  bulas  áélregistro  de  Ur- 
bano II,  pero  carece  de  fecha.  La  cual,  si  bien  omitida  por  el  có- 
dice, se  puede  no  obstante  inferir,  así  de  la  naturaleza  del  docu- 
mento (1)  como  de  la  paridad  que  guarda  con  el  otro  rescripto. 
Este  fué  expedido  en  el  palacio  de  Letrán  á  7  de  Enero  de  1218,  é 
incluye  á  su  vez  (fol.  83-85)  y  da  por  auténticas  ocho  bulas  de  Euge- 
nio III;  seis  ya  conocidas  (2)  y  dos  inéditas  (3). 

Ambos  rescriptos  van  encabezados  de  la  misma  manera : 

«Honorius  episcopus,  servus  servorura  Dei,  venerabili  fratri 
Roderico  Archiepiscopo  et  dilectis  filiis  Capitulo  Toletano  salu- 
tem  et  apostolicam  benedictionem. 

Supplicasti  nobis,  frater  Archiepiscope,  "ut  cum  in  regestis 
Romanorum  pontificum  quedam  contineantur  munimenta  eccle- 
sie Toletane,  illa  conscribi  et  tradi  tibi  sub  bulle  nostre  muni- 
mine  facereraus. » 

Semejante  introducción  hace  creer  que  vinieron  rescriptos  en 
mayor  número  y  de  igual  ó  aproximada  fecha.  Con  efecto,  Don 
Rodrigo  no  se  olvidó  de  indicárnoslo,  cuando  copió  una  de  las 
cartas,  extractadas  del  registro  de  Gelasio  II  (4);  y  de  ello  hace  fe 
el  Liher  privilegiorum,  fol.  94. 

(1)  Forma  cuerpo  ó  se  compagina  cou  la  bula  inédita  del  19  Enero  1218  fLib.  pritil., 
f.  100)  y  con  la  del  31  de  Diciembre  de  1217,  publicada  por  D.  Vicente  de  La  Fuente  en 
el  bello  Elogio  del  anohispo  D.  Rodrigo  Jiménez  de  Rada;  Madrid,  1862,  pág.  64. 

(2)  JaiTé,  6150,  6 130,  650  J ,  6505,  6.582,  6585. 

(3)  •  La  5."  y  la  8.*  Aquella  fué  enderezada  (29  Junio,  1150)  al  arzobispo  de  Tarragona; 
y  la  última  al  de  Toledo  (1151-1166)  Juan.  En  esta  el  códice  pasó  por  alto  la  fecha  ver- 
dadera, y  la  suplantó  por  la  del  rescripto  de  Honorio  III  (Laterani,  Vil  idia  januarii, 

•2JontiJicatus  nostri  anuo  II J ,  que  llevo  dicha. 

(4)  «  Qui  scripsit  Toletano  Primati,  sicut  in  ejusdem  Papae  invenitur  regesto,  epis- 
tolam  sub  his  verbis  >>  De  reius  Hispaniae.  vi,  27. 


368  ijoletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

Nuestro  egregio  historiador,  veintiún  años  después,  obtuvo  de 
la  Santidad  de  Gregorio  IX  rescriptos  análogos,  que  pensaba  sin 
duda  hacer  valer  en  la  eventualidad  de  un  próximo  concilio  ecu- 
ménico, ó  siguiera  en  el  pleito  á  que  dieron  pié  sobre  jurisdicción 
de  metrópolis  las  conquistas  de  Valencia  y  de  Murcia.  El  res- 
cripto de  Gregorio  IX  (1) ,  que  autentica  las  bulas  de  Urbano  II, 
firmóse  en  el  palacio  de  Letráu  á  26  de  Mayo  de  1239.  Lo  pu- 
blicó, mas  no  enteramente,  Raynaldi,  continuador  de  los  Anales 
Baronianos.  Aguirre  lo  mutiló,  y  dio  pretexto  á  que  sin  tino  lo 
interpretase,  como  harto  sabéis,  el  primer  autor  de  la  España 
Sagrada.  No  habiendo  reparado  en  que  el  autor  del  rescripto,  de 
que  tratamos  ahora,  se  nombra  desde  el  primer  comienzo  Gre- 
gorio IX  y  habla  con  D.  Rodrigo,  arzobispo  de  Toledo,  achacó 
FIórez  el  documento  á  Pascual  II ;  negó  en  consecuencia  que  to- 
das las  cartas  allí  recopiladas  hubiesen  salido  del  registro  de 
Urbano,  y  propuso  en  resolución  enmiendas  infelicísimas.  No  se 
creería,  si  no  se  viese;  pero  alguna  xez  dormita  el  buen  Homero. 
Dice  FIórez  (2) : 

«Kesta  ver,  si  pudo  ser  en  el  9!,  en  que  se  hallaba  en  España  Ricardo, 
antecessor  de  Raynerio?  Para  esto  es  preciso  suponer  y  disolver  un  grande 
enredo,  que  se  halla  en  Aguirre,  iom.  3  j^^S-  300,  por  una  Carta  (tomada  de 
Ohierico  Raynaldi  en  sus  Anales  al  año  1239,  núm.  52),  que  en  nombre  de 
Urbano  II  se  pone  dirigida  á  Raynerio  Cardenal  Legado  en  España.  Esta, 
según  se  halla  allí,  y  en  Lahhé  (tomo  \  2  de  la  Edición  de  Coleti,  col.  751, 
entre  las  Cartas  de  Urbano  II)  no  es  de  Urbano  II,  sino  un  conjunto  de  di- 
versas cartas,  remitida  la  una  al  expresado  Legado,  y  repetida  en  otra  por 
el  mismo  Raynerio  siendo  ya  Papa:  la  primera  fue  enviada  por  Urbano  II 
al  Rey  D.  Alfonso  VI;  la  otra  (que  es  la  que  se  exhibe  en  los  Autores  cita- 
dos) es  enteramente  de  el  mismo  Raynerio  (siendo  ya  Papa,  con  el  nombre 
de  Pascual  II),  la  qual  fue  dirigida  al  Arzobispo  de  Toledo:  y  assi,  confor- 
me esta  alii,  se  debe  borrar  el  titulo,  que  dice  A  Raynerio  ele,  y  poner  A 
Bernardo  Arzobispo  de  Toledo,  mudándola  del  Registro  de  las  cartas  de  Ur- 
bano II  al  de  Pascual  H.  Consta  esto,  por  quanto  en  exordio  de  la  citada 
epifltola  se  nombra  Urbano  II  como  difunto  5'  predecessor  del  que  escribe: 
In  regeslisfel.  record.  Urbani  H,  prccdccessoris  nosíri  etc.  Luego  esta  carta  es 
del  Bucessor  de  Urbano  II,  que  fué  Pascual  11.» 


(1)  Pottliast,  Kni;».  —  Corri^'e  Pottliast,  sin  dar  de  ello  rnzon,  el  año  del  pontificado 
que  Raynaldi  estampó.  La  bula  del  10  de  Julio  de  12áí>,  (iiie  ha  sacado  á  luz  el  señor 
Lafuenle  resuelve,  si  mal  no  se  me  alcanza,  la  cue.stión. 

(2)  R.'!j,a 7i a  .S¡,g ,ada,\u,:n(\.-^ r, .    * 


SOURK    UN    Ti:XTO    DEl.    ABZOIHSPO    U.    RODRIGO.  361> 

Por  dicha,  lo  (lue  el  Codex  Regius,  que  extractó  Rayiialdi,  nos 
oculta  aún,  eso  mismo  el  Liher  privilegiorum  ecclesie  Toletane^ 
mucho  más  precioso  nos  ha  do  descubrir,  sometiendo  á  nuestra 
desinteresada  apreciación,  el  ejemplar  conlemporáuco  del  rescrip- 
to de  Honorio  III,  acerca  del  registro  de  Urbano,  que  expresa- 
mente alegó  D.  Rodrigo.  He  citado  el  prcíml)ulo  del  rescripto.  En 
el  códice  toledano  prosigue  de  esta  manera: 

«Nos  igitur  tue  solicitudinis  providentiam  comendantes,  prc- 
sencium  signilicalioue  lestamur,  quod  in  Regestis  felicis  recor- 
dationis  Urbani  pape  secundi,  predecessoris  noslri,  scriptum  est 
de  bone  memorie  Bernardo  Toletano  Archiepiscopo  in  hec  verba: 
Hoc  tempore  Toletamis  Archiepiscopus  Bernardus,  Romam  ad  do~ 
¡ninum  Urbaniim  papam  veniens,  ci  p)ro  cpiscoporum  more  iura- 
vit,  et  palleiim  etprivilegium  accepit,  Regnhque  H i spaniarnin  pri- 
mas institutiis  est.  Tum  etiam  in  Gallicia  omnis  diócesis  sancli 
Jacobi  ab  omni  est  officio  excomunicata  divino,  quia  sanctíJacobi 
episcopus  in  Regís  carcere  depositas  fuerat;imdeet  hec  Regi  Ilde- 
fonso epístola  missa  est. 

[1]  ídem  Regi  Ildefonso  Galléele. — Dúo  sunl,  Rex  Ildefon- 
se...  (1). 

[2]  ídem  Terraconensibus  et  ceteris  hyspaniarum  Archiepis- 
copis. — Quisquís  voluntatem  gerit...  (2). 

[3]  ídem  Ugoni  Cluniacensi  Abbali. — Yenerabilem  fratrem 
nostrum  Bernardum...  (3). 

[4]  ídem  Bernardo  Toletano  archiepiscopo. — Postquama  no- 
bis  tua  dilectio...  (4). 

[5]  ídem  Urbanus  B[erengario]  Terracouensi  Archiepiscopo. 
— Novit  dilectio  lúa...  (5). 

[6]  ídem  Rainerio  Gardinali  presbítero. — Quantum  de  tua  re- 
iigione...  (G). 

[7]     Urbanus  episcopus,  servus,  servorum  Dei,  Reverentissi- 


(1)  .laffé,  4.02». 

(•2)  Jaffé,  4.023. 

(3)  Jaffé,  4.024. 

.  (4,^  Inédita. 

(5)  Jaffé,  4.0'7í>. 

(6^  Jaffé,  4.044. 


.■j70  boletín  de  la  real  academl\  de  la  historl\. 

simo  fralri  Berníirdo  Toletaiio  Archiepiscopo  eiusque  succes- 
soribus  iii  perpetaum.  Gunclis  sanclorum  decretales  scienli- 
bus...  (1). 

La  carta  última  se  libró  en  Auagni  á  15  de  Octubre  de  1088;  y 
en  el  mismo  día,  ó  muy  poco  antes  ó  después,  la  1.',  2/  y  3.* 
Todas  ellas  son  conocidas  del  público;  mas  no  así  la  4.*  Esta  se 
expidió  en  1089,  algunos  días  ó  semanas  después  del  día  1.°  de 
Julio;  y  es  anterior  por  orden  de  tiempo  íi  la  6.%  como  esta  á  la 
5."  Dice  así  en  el  códice: 

«Postquam  a  nobis  tua  dilectio  digressa  est,  veniens^ad  nos  et 
de  illa  quam  seis  discordia  satisfaciens  karissimus  frater  noster 
Riccardus,  Cardinalis  ecclesie  Romane  presbiter  et  Massiliensis 
abbas,Terraconensem  provinciamad  Narbonensem  ecclesiam  per- 
tinere  testatus  est.  Post  hec,  Beringarius  auxonensis  episcopus, 
ad  apostolorum  limina  veniens  et  nobiscum  aliquandiu  commo- 
ratus,  predicti  fratris  verba  contraria  prorsus  asseruit;  sue  eliam 
ecclesie  nobis  privilegia  (2)  protulit,  quibus  viceTerraconensis  vi- 
debatur  ecclesie  honorata.  Qua  de  re,  siquid  certi  tua  dilectio  re- 
cognoverit,  tuis  volumus  litteris  informari.  Nosenim  et  Narbonen- 
si  significa vim as  utse  [ad]  huius  rei  responsionem  sedi  apostolice 
representet.  Notum  etiam  tibi  volumus  litteras  (3)  a  nobis  Terraco- 
uensis  provincie  episcopis  et  principibus  destinatas,  quatinus 
restitutioni  ecclesie  Terraconensis  insistan t,  ad  cuius  cíTectum 
operis  tuam  quoijue  prndentian  volumus  insudare.  Si  enim  Ter- 
raconcnsem  provinciam  Narbonensis  antistes  Romano  privilegio 
vendicare  nequiverit,  et  si  annuente  domino  predicta  fuerit  civi- 
tas  restituta  ut  episcopalis  ibi  valeal  cathedra  coUocari,  dignum 
videtur,  et  nostro  jam  ore  promissum  est  (i),  utautique  dignita- 
tis  gloria  Ausonensis  episcopus,  Terraconensis  habendus,  redo- 
netur.  Ad  hec  igitur  omnia  consilium  te  et  auxilium  impenderé 
postulamus.» 

Tal  es  la  carta  famosa,  y  objeto  hasta  hoy  de  interminables  dis- 


(1)  Jaff.',  1.021. 

(2)  Del  papa  Juan  XIH  en  el  año  971  {.Jaffé,  2.871,  -2. 872). 

(3)  Kl  día  I."  de  Julio  de  lOf^O.— Jaffé,  1.035. 
(1)  i:n  dicha  carta  del  1°  de  Julio. 


SOBRE    LN   TKXTO    DliL    ARZOBISPO    D.    RODRIGO,  311 

putas  por  ignorarse  el  texto,  de  la  (|Lie  hizo  D.  Rodrigo  singular 
mención  y  argumento  histórico.  Veamos  de  aprovechar  la  nueva 
luz  que  nos  trae. 


II. 


Examen  de  la  carta  inédita,  citada  por  D.  Rodrigo. 

El  misíiio  día  que  murió  San  Gregorio  VII  ('2.5  Mayo,  1085i, 
eutraba  en  Toledo,  á  guisa  de  emperador  triunfante,  el  rey  don 
Alfonso.  Año  y  medio  más  tarde  (18  Diciembre,  1086),  no  había 
sido  el  obispo  de  Santiago  D.  Diego  Peláiz,  depuesto  de  su  dig- 
nidad, supuesto  que  en  el  propio  día  de  la  elección  de  D.  IJernardo 
para  arzobispo,  firmó  D.  Diego  el  acta  de  dotación  niunificentísi- 
ma  que  el  rey  otorgó  á  la  Catedral,  ó  ex-mezquita  toledana  (1). 
Fue  depuesto  inválida  y  anticanónicamente  el  obispo  de  Santiago 
por  el  Cardenal  Ricardo,  cuando  estaba  este  inhabilitado  para 
funcionar  como  legado  de  la  Sede  apostólica,  conviene  á  saber, 
luego  que  le  excomulgó  el  papa  Víctor  III  .(Agosto,  1087),  y  á 
buena  cuenta  hasta  la  elección  de  Urbano  II  (12  Marzo,  1088), 
quien  ignorando  aquel  desmán,  y  haciendo  gracia  al  Cardenal,  le 
devolvió  el  oficio.  D.  Rodrigo  atribuye  á  semejante  situación  y  al 
deseo  de  salir  á  la  defensa  del  obispo  oprimido,  un  acto  heroico 
de  D.  Bernardo  (2). 

«Qui  (Ricardue),  minus  religiose  officium  peragenp,  coepit  irregulariterse 
habere.  Quod  attendens  Toletanus  electup,  per  maris  et  terrae  pericula  so 
Bomani  Pontificis  conspectui  praesentavit;  et,  Gregorio  séptimo  viara  uni- 
versas carnis  ingresso,  invenit  Urbanum  secundutn  in  Sede  apostólica  con- 
etitntum.  A  quo,  gratanter  et  benigne  susceptus,  consecrationein,  palliumet 
privilegium  obtinuit.» 

D.  Bernardo  no  se  puso  en  marcha  tan  pronto  como,  leyendo 
este  pasaje,  podría  parecer.  El  día  11  de  Marzo  de  1088,  víspera 


(1)    Liber privilegiontm,  ful  1. 
('2)    De  rrbiis  fíispaniae,  vi,  3.5, 


372  IlOLETÍX    DE    LA    REAL    ACADEMLA    DE    LA    HISTORIA. 

de  la  elección  de  Urbano  ÍI,  se  hallaba  el  electo  Toledano  aliado 
del  Rey,  del  mismo  Legado  y  de  varios  obispos:  Raimundo  de  Fa- 
lencia, Gómez  de  Auca  [Bargosl,  Pedro  de  León,  Asmundo  de  As- 
lorga  y  Arias  de  Oviedo.  Obsérvase  en  varios  documentos  (1)  que 
el  Monarca,  agente  principal  de  la  deposición  del  obispo  Gom.pos- 
lelano,  á  quien  retenía  en  dura  cárcel,  trataba  de  halagar  al  Car- 
denal con  darle  en  encomienda,  ó  sujetará  la  jurisdicción  del  mo- 
nasterio de  San  Yictor  de  Marsella,  el  Toledano  opulento  de  San 
Servando.  No  sería,  pues,  de  extrañar  que  á  la  sazón  se  hubiese 
cometido  la  violencia,  contra  la  cual  se  decidió  á  ponerse  en  viaje 
1).  Bernardo,  é  informar  sobre  ella  al  nuevo  Pontífice  para  que 
aplicase  eficaz  remedio.  Conviene,  sin  embargo,  añadir  que  Don 
Rodrigo,  si  bien  sin  fallar  á  la  verdad  sugirió  el  motivo  principal 
de  lo  prematuro  y  expuesto  de  aquel  viaje,  otros  motivos  se  calló 
que  lo  decidieron,  y  están  claramente  manifestados  por  la  bula 
de  15  de  Octubre  (2). 

Esta  bula  forma  época  en  la  evolución  de  la  alta  jerarquía  ecle- 
siástica sobre  nuestro  suelo.  Dispone  que  todos  los  obispos  y  me- 
tropolitanos (poniifices)  de  la  Península  se  sujeten,  como  por  lo 
pasado,  á  la  Primacía  del  arzobispo  de  Toledo;  dando  con  esto 
claramente  á  entender  que  no  circunscribe  el  derecho  del  Pri- 
mado al  territorio  de  una  sola  corona  ó  nacionalidad;  que  tres  en- 
tonces se  contaban  bajo  el  cetro  de  diferentes  Príncipes,  desde  el 
cabo  de  Creus  hasta  el  de  Fiuisterre.  Urbano  además  encomienda 
al  Jnien  celo  y  actividad  del  Primado  el  empeño  de  "procurar  con 
la  mayor  brevedad  posible  la  restauración  de  las  restantes  anti- 
guas Sillas  metropolitanas  en  sus  propias  ciudades  (Tarragona, 
Praga,  Mérida  y  Sevilla) ;  é  ínterin  que  esto  se  logre,  determina 
que  las  sufragáneas  existentes  ó  por  existir,  no  exentas,  que  care- 
cieren de  Metropolitano  propio,  sean  administradas  y  regidas  por 
el  de  Toledo;  «ut,  quoad  sine  propriis  exstiterint  Melropolitanis, 
libi  ul  proprio  debeant  subjacere.» 

Esta  última  disposición,  por  lo  que  se  refería  á  Tarragona,  de- 
jaba en  pié  dos  puntos  litigiosos:  por  una  parte  la  propiedad  de 


(1)    Libe-  priúlegiorum,  foL  O,  33,  50. 

(2;    ¿¡'/"i-privile^ionnii,  f  jI.  9n.—E!.j)aTia  Sagrada,  vi,  347-350. 


SOnRE    ÜN    TEXTO    DEL    ARZOBISPO    D.    RODRIHO.  .'J7:{ 

Primacía  y  de  administración  que  afectaba  el  arzobispo  de  Xar- 
bona,  y  por  otra  los  derechos  mejor  fundados  de  la  mitra  de  Yich. 
De  todas  maneras,  ó  como  quiera,  debía  D.  Bernardo,  en  virtud 
de  su  cargo,  dar  calor  y  atender  á  la  restauración  de  Tarragona, 
Leyóse  la  bula  y  fué  acatada  en  el  concilio  de  Ifusillos  (i),  re- 
unido á  finca  del  mismo  año  ( 1088).  El  mímero  de  los  prelados  y 
abades  que  lo  compusieron;  la  intendencia  del  arzobispo  do  To- 
ledo, que  no  se  nombra  electo  (2),  sino  arzobispo  en  propiedad,  y 
su  preferencia  al  de  Aix;  la  presidencia  del  Legado  Ricardo,  y  la 
presencia,  en  fin,  y  las  acciones  del  Rey,  todo  concurre  á  demos- 
trar que  la  porción  de  actas  sinodales  que  poseemos  (3)  no  es  la 
esencial  ni  la  más  extensa.  Rediícese  ;í  la  demarcación  de  límites 
entre  los  obispados  de  Osma  y  de  Burgos,  afecto  esto  á  la  me- 
trópoli de  Tarragona,  aquel  á  la  de  Toledo.  La  división  fué  san- 
cionada cinco  años  después  (14  Marzo  1005)  por  la  Santa  Sede,  •') 
por  bula  de  Urbano: 

«Parochiarum  etiam  divisiones,  quae  ínter  Burgensem  et  Oxomenseni 
ecclesiam  coram  Sedis  apostolicae  legato  Ricardo  Cardinali  pretbitero.  et 
Massiliensi  abbate  in  synodo  apud  monasterium  de  Fuselis  constitutae  sunt, 
sicut  ex  ejnsdem  confr&tris  nostri  assertione  didicimus,  vim  perpetuarn  ob- 
tinere  maudamus.» 

El  acta  del  acuerdo  sinodal  da  por  precedente  la  disensión  solero 
partición  de  límites  que  el  arzobispo  de  Toledo  y  el  obispo  de 
Burgos  mantenían  viva  y  continuada  hacía  bastante  tiempo: 
«quiajugis  contentio  erat  inter  Bernardum  Toletannm  archie- 
piscopum,  ad  quem  Oxomensis  ecclesia  metropolitano  jure  perli- 
net,  et  Gomizonem  Aucensem  sive  Burgensem  episcopum.»  Auca, 
ó  Burgos,  era  entonces  de  la  metrópoli  tarraconense,  que  estaba, 
en  sentir  del  Cardenal  Ricardo,  exceptuada  de  las  atribuciones 
asignadas  á  la  Primacía  de  D.  Bernardo.  En  la  carta  que  vamos 
comentando  se  nos  descubre  aquel  sentir  del  Legado,  ú  oposición 
por  discordia,  que  retrasó  los  plazos  de  la  sentencia  definitiva: 


(1)  Monasterio  y  pueblo  cercano  á  la  ciudad  de  Falencia. 

(2)  Las  actas  especifican  cuidadosamente  este  dictado  en  la  serie  de  los  obispes  y 
abades. 

(3;    Aguirre,  Collectio  máxima  concih  Ilisp.,  t.  ii,  páginas  307  y  30?;  Roma,  IdOt. 


374       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

«venicns  ad  nos  et  de  illa,quam  seis,  discordia  satisfaciens...  Ri- 
cardus...  Terraconensem  provinciam  ad  Narbonensem  ecclesiam 
perlinerc  testatus  est.  » 

Al  cabo  de  algunos  meses,  contados  desde  la  reunión  del  conci- 
cilio  de  Husillos,  sabemos  ya  que  había  ido  el  Cardenal  á  Italia  y 
comparecido  ante  Urbano.  ¿  Por  qué  razón?  Nos  lo  dirá  la  Histo- 
ria Compostelana  (1). 

«Celebrante  itaque  Ricardo,  sanctae  Romanae  Ecclesiae  Curdinali  atqiie 
Legato  apud  sanctam  Mariara  de  FuselloscDnciliiiiu,  ipse  rex  Ad-fonsua  ad- 
fuit-  et  praedictum  episcopum,  qiiem  diutius  viiiculis  mancipari  fecerat, 
quasi  eolutum  sed  tainen  sub  custodia,  venire  jussit,  videlicet  ut  eum  a  pon- 
tificali  dignitate  dejiceret  (2).  Tune  praedictus  episcopua  metu  regís  et  spe 
liberationis,  perjudiciuiu  ronaani  Gardinalis  passus  est;  et  coram  omni  con- 
cilio se  indignura  episcopatu  proclanaans,  annulum  et  virgam  pastoralem 
Cardinali  reddidit.  Gardinalis  autem  nliutn,  videlicet  P<trnm  nomiiip,  Car- 
dinensem  abbatem,in  pontificalem  ecclesiae  beati  Jacobi  catliedram  inthrc- 
nizandi  licenliam  concessit.  Post  haec,  idein  episcopiis,  quamqtiara  praeju- 
dicio  gravatus,  captioni  tamen  regis  iterum  maucipatiis  est.  Enpropter,  his 
demum  Romae  ventilatis,  praedictuá  Ricardas,  sanctae  Romauat)  Ecclesiae 
Gardinalis  atque  Legatus,  confusionis  atque  ignominias  jaculo  confossua 
est.  Niinirum  PapaUrbanus  atque  sancta  Romana  Ecclesia  [eum]  admodum 
objurgavit  atque  coufudit,  utpote  qui  praediclu'u  Gompostellanensem  epi- 
scopum, captioni  mancipatura,  praejudicio  gravaverat  et  injuste  deposuerat; 
proiodeipse  queque  legatioue,  qua  taüa  praesumpserat,  privatus  est.» 

¿Quién  fué  el  promotor  déla  causa,  ó  acusador  de  Ricardo  anle 
la  Sede  Romana?  Nos  lo  manifestar¿i  D.  Rodrigo  (3): 

aVeruin  quia  Ricardus  legatus  (i)  se  gcrebat  in  aliquibus  minus  cauta, 
religiono  et  auctoiitate  compescuit  (Bernardus)  attentata;  adeo  quod  ille  Ri- 
cardus, legatione  privatus,  fuit  ab  Urbano  pontifice  suiumo  re%'ocatu3... 

Ricardo  itaque  legatione  privato.  Primas  Bernardus  coepit  in  Hispaniis 
ecclesias  ordinaie.» 

Da  razóu  al  historiador  la  carta  de  Urbano  á  D.  Bernardo, 
escrita  no  entre  los  años  lü9G  y  109Í)  como  supone  Jaffé  (4.316), 


(1)  I,  a. 

(2)  Tócase  aquí  el  efecto  de  la  intimación  (Jaffé,  4.022)  del  Papa  al  Rej-.  No  pudiendo 
ser  el  oliispo  canónicamente  destituido,  ui  querien  lo  D.  Alfunso  enviarlo  al  tribunal 
de  la  ?anta  Sede,  echó  mano  de  una  renu.icia  forzosa  y  al  parecer  espontánea. 

(3)  De  rebus  Hixpaniac,  vi,  '25. 

(4)  En  el  concilio  de  Husillos. 


SOnRE  UN  TESTO  DEL  ARZORISPO  D.  RODRIGO.        375 

sino  en  1080,  y  probablemente  al  celebrarse  el  concilio  de  Amalfi 
(11  de  Setiembre)  cuando  más  desencadenada  rugía  la  fracción  del 
antipapa  Guiberlo. 

«Semper  te  meraorem  esae  oportet  bcnedictionis  et  gratiae  excellf  ntis- 
que  liberalitatis,  quaiu  de  Sede  apostólica  accepisti ;  Bemperque  quaiiti 
gerae  culmen  officii ;  et  rebus  ostendere  rivuin  te  a  fonte  Petri  apostoli 
descendisse,  et  ílammam  quam  ab  ejus  camino  eusceptam  foves  semper  in 
altiora  producere.  Nunc  praecipue  frateroitatem  tuam  ampliorem  princi- 
pum  Petri  et  Pauli  disciplinan!  instruere,  tuique  officii  oportet  exliibere 
censuram;  nunc  praecipue,  quum  nullue  in  vestris  partibue  Apostolicae 
Bedis  legatus  existit.  Ricardo  enim  legationem,  quam  hactenus  hahuil,  de- 
negavimus;  nec  alii  cuipiam  vestrarura  partium  legationem  injunximus. 

Te  igitur,  nt  prudentem  ac  religiosum  virum,  liortamur  et  obsecraraus 
in  Domino,  ut  quae  dicta  sunt,  studiose  cxerceaB,  bonos  in  melius  acuas, 
pravos  corrigas,  et  canonicam  in  ómnibus  disciplinam  ad  Romanae  Ecclesiae 
gloriam,  tuique  studü  mercedem,  ferventer  et  indesinenter  observare  pro- 
cures. Adesto,  invigila,  insta  cura  fratribus  nostris  episcopis,  regibus,  prin- 
cipibus  ac  populo,  quatenus  aberrantes  ad  rectum  propoeitum  redeant, 
manentes  in  fidei  veritate  ad  exitum  usque  viriliter  perseverent. 

Id  vero,  praecipue  te  laborare  volumus  et  rogamus  ut  sancti  Jacobi 
episcopus  emancipatus  vinculis  buo  restituatur  officio.  De  que,  quicquid 
auxiliante  Domino  egeris  tuis  nobis  literis  indicabis.  De  ceteris,  et  qnaa 
in  Hispaniarum  regnis  per  nos  disponenda  provideris  (1),  et  cui polissimum 
commiltenda  Sedis  apostolicae  legatio  videatur,  tuis- nos  nunciis  et  apicibas 
informabis. 

Labores  autem  quos  in  membris  euis  apostolorum  Principes  quotidie 
patiuntur,  nolito  uUomodo  oblivisci  ;  sed  eos  semper  in  corde  bajulans  et 
fidelibus  ómnibus  commendana,  solatiorum  vestroruiu  ope  lenire  festina.» 

¿A  quién  propuso  D.  Bernardo  para  sucesor  del  Legado  desti- 
tuido? Lo  calla  la  Historia;  pero  es  de  creer  que  su  voto  impar- 
cial y  oportuno  recayese  en  quien  indican  las  siguientes  instruc- 
ciones, cuya  fecba  (2)  (8  Enero,  1090,  nos  ha  conservado  el  Liher 
privilegiorum^  fol.  87: 

(1)  <-< Reguisque  Hispaniarum    Primas  institutus  est.   Tum  etiam  in  Gallicia 

omnis  diócesis  sancti  .Tacobi  ab  omni  est  officio  excommunicata  divino,  quia  sancti  Ja- 
cobi episcopus  in  Refris  carcere  depositus  fuerat.v  Registro  de  Urbano  II.  Semejante 
disposiciÓQ  no  se  tomó  sino  alguu  tiempo  después  de  escrita  (15  Octubre  lOSi),  la  carta 
del  Papa  al  Rej-. 

(2)  Jaffd  (4.014)  la  deja  incierta  dentro  del  año  1089.  La  cercana,  que  ha  propuesto  el 
■aha.teDaTT!íSf"Histoirefféne,-aIederÉ(/lise,t.-nx\u,j)ñg.  140;  Paris,  13~5;  nació  de  uu 

texto  erróneo  que  transforma,  vi  id.  en  v  /tal. 


376      BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

«ídem  Rainerio  Cardinali  presbítero. 

Quantum  de  tua  religione  confidentes,  qua  fide,  qua  caritate  in  partes 
¡liaste  direxerimus,  ipee  tu,  frater  dilectissime  recognoscis.  Age  ergo  pro 
spe,  quam  de  tua  prudentia  gerimus,  et  negotia,  queque  poteris  domino 
adiuvante,  canonice  diffinire  procura;  ea  máxime  pro  quibus  missus  ee, 
videlicet  que  ínter  Narbonensem  antistitem  (1)  et  Tomeriensem  abbatem 
iactantur.  Veniens  siquidem  ad  nos  cum  Barchinonensi  fratre  nostro,  vene- 
rabili  epiecopo  (2),  reverentissimus  frater  noster  Narbonensis  archíepis- 
copus  ,   quem  íam  dudum  vita  et  religione  spectatura  habemus,  plurima 

adversus  Tomeriensem  Abbatem  conquestus  est ínter  cetera,  preiudi- 

cium  sibi  factum  de  Terraconensiiim  [episcoj^orum  suhiecíione  per  Eomanam 
ecclesiam  suppliciter  intimavit,  cum  eos  Narbonensis  metrópolis,  ^;er  annos 
quadr ingenios  (3)  sine  alterius  reclamatíone  possederit. 

Nostra  igitur  vice  in  illis  partibus  fungens,  Terraconensibus  episcopís 
nostra  auctoritate  piecipito,  ut  interim  Narbonensí  tamquam  proprío  metro- 
politano obediant,  doñee  parante  domino  Terraconensí  restauretur  ecclesia. 
Toletano  autem  sicut  primati  reverentíam  exhíbeant,  doñee  Narbonensis 
Archiepiscopus  se  eorum  primatum  fuisse  certa  possit  auctorite  monstrare. 
Novít  siquidem  tua  f  raternitas  priraatem  a  nobis  Toletanum  sic  institutura, 
ut   salva  sint  metropolitanorum  privilegia  ceterorum.  Abbatem  quoque... 

Quía  vero  Narbonensis  Archiepiscopus  privilegia  de  primatu  ecclesiara 
suam  liabuisse  memoravit,  quae  a  suo  predecesore  (4]  translata,  se  tamen 
sperat  parante  domino  reperturum,  tu  causam  diligenter  inquire,  inquisi- 
tam  ad  nos  referre  procura.  Quod,  si  privilegiorum  nequiverit  axictoritas  inve- 
niri,  tu  cum  princípibus  terre  de  restauratíone  Terraconensis  ecolesie 
stude.  Interim  tamen  Terraconenses  episcopos  eí,  tamquam  metropolitano 
proprío,  obedire  precipito.  Elenensis  quoque  episcopí  (o)  causam  diligenter 
inquirito;  et  ínter  Narbonensem  archiepificopum  et  ipsum  iusto  omnia  iudi- 
cío  deffinito.  ídem  quoque  te  de  Craseensí  cenobio  ínter  Narbonensem 
Archiepiscopum  et  monachos  eíusdem  cenobíí  exercere  precipimus. 

Datum  Lateraní,  vi  idus  Januarii,  pontificatus  nostri  anno  ii.» 


Raynerio,  nueve  años  más  tarde  (13  Agosto  1099),  había  de 
reemplazar  á  Urbano  II  sobre  el  solio  de  los  romanos  pontífices. 
Ahora  (8  Enero  1090),  sucesor  del  cardenal  Ricardo,  como  lega- 
do de  his  Españas,  y  obrando  de  acuerdo  con  el  Primado  se  apres- 
taba á  levantar  la  ciudad  y  metrópoli  Tarraconense  de  la  po^stra- 
ción  en  que  yacía. 


(1)  Dalmacio. 

(■2)  Bertrán. 

(3)  Número  redomlo,  ó  equivocado  como  la  pretensión  siguiente. 

(I)  Guifredo  de  Cerdaña  (años  lOlO-lOlO}.  Fué  varias  veces  excomulgado. 

T»!  Artaldo. 


SOüRE    UN    TEXTO    DEL    AllZOlilSPO    D.    RODRIGO.  377 

Y  lo  pusieron  ambos  pof  obra  cii  el  concilio  de  Tolosa,  que 
describe  D.  Rodrigo  (1)  en  esta  manera, 

Et  Primas  institntns  Hippaniarum  et  per  Tolosam  rediens,  ibidom  cuní 
episcopit!  Gotliicae  Galliae  et  NarbonenHÍ  archiepiscopo  concilium  cele- 
bravit. 

El  concilio  se  celebró  cerca  de  la  Pascua  de  Pentecostés  (9  de 
Junio,  1000);  y  debió  dar  por  nulos  los  alegatos  del  arzobispo  de 
Narbona,  fundados  en  una  bula  espuria  ó  falsa  ("2),  de  Esteban  VI. 
Pretendíase  con  este  documento  apócrifo  nada  menos  que  autori- 
zar con  la  voz  de  la  Santa  Sede  el  soñado  precepto  del  Apóstol  San 
Pablo,  ordenando  que  todas  las  iglesias  de  España  dependiesen 
de  la  narbonense.  Que  el  sínodo  tolosano  entendió  en  los  nego- 
cios eclesiasticos.de  nuestra  Península,  lo  atestigua  Bernoldo, 
autor  contemporáneo  (3). 

Dominus  Papa  Urbanu3  generalera  synodnm  cuín  cpiscopis  diversarura 
provinciaruin  per  Legatos  suos  ¡n  Tolosana  civitate  circa  Pentecostt^ra  col- 
legit;  ibiqne  multa  in  ecclesiasticis  causis,  qnae  corrigenda  erant  correxit. 
Tn  qiia  eynodo  Tolosanus  episcopus  de  illatis  criininibns  canonice  expiir- 
gatur;  et  legatio  pro  restauranda  christianitate  in  Toletana  \_cor7-.  Tarracc- 
nensi]  civitate,  Rege  Hiepaniarum  snpplicante,  destinatur. 

Las  súplicas  del  Rey  de  las  Españas  en  favor  de  la  restaura- 
ción de  Tarragona,  fueron,  no  me  cabe  duda,  obtenidas  por  don 
Bernardo.  Removido  el  óbice  que  el  Papa  le  había  señalado,  par- 
tió el  Legado  Reinerio  á  cumplir  en  Cataluña  lo  que  llevaba  pre- 
venido: «Quod  si  privilegiorum  (pro  archiepiscopo  Narbonensi} 
neqniverit  auctoritas  inveniri,  tu  cum  principibus  terrac  de  res- 
tauratione  Tarraconensis  ecclesiae  stude.» 

De  ello  tenemos  dos  documentos  insignes  que  estampó  (4)  Yi- 
llanueva.  Allí  constan  los  compromisos  solemnes  del  conde  Be- 
rcnguer  Ramón  II  y  de  sus  magnates  en  manos  del  legado  para 
repoblar  á  Tarragona,  habiendo  ya  recaído  en  cabeza  del  obispo 

(1)  Be  rebtis  I/ispaniae,  vi,  25. 

(2)  Jaffé,  cccLii. 

(3)  Migne,  Patrolog.  lat.,  t.  clvih,  col.  I.4>2. 
(1)  Viaje  literario,  vi,  82(3-329. 

TOMO  IV.  2.i 


378       BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

de  Yicli  la  elección  canónica  para  arzolDÍspo  de  Tarragona.  El  pri- 
mer compromiso  importa  que  el  conde  ha  de  entrar  en  la  ciudad 
para  repoblarla  el  próximo  día  de  Todos  Santos  (1."  de  Noviembre 
1090):  «sub  hac  conditione,  ut  ipse  praefatus  Gomes,  hac  immi- 
nenti  fesiivitate  07nnium  sanctorum^  ingrediatur  praelibatam  ui- 
bem  ad  restaura ndum.»  Y  no  es  poco  denotar  que  otros  proceres 
fijan,  como  plazo  de  sus  lehencs,  la  vuelta  del  viajo  que  estalcí 
en  disposición  ó  á  punto  de  hacer  hacia  Castilla  el  arzobispo 
electo:  «Gcrallus  uiillit  hoslaticos  in  potcstate  meniorali  Gomilis 
et  Berengarii  Ausonensis  episcopi,  qiii  est  electus  a  Domino  Papa 
Urbano  tarraconensis  archicpiscopus...  ut  poslijuam  praedictus 
aichicpiscopus  redierit  ab  Hispania.  quaní  mine  vadit,  intra  spa- 
tium  XG  dierum  quod  ipse  mandaveril,  millat  in  poteslate  ejns- 
dem  episcopi  castrum  de  Gélida,  ut  ingrediatur  ad  restaurationem 
praelibatae  ui'bis.»  Ni  es  menos  digno  de  atención  que  el  reparto 
de  la  ciudad  se  estipuló  deber  hacerse  bajo  el  dictamen  del  Conde, 
del  arzobispo  electo,  del  dicho  Geraldo  .Alemany  y  otros.  El  se- 
gando compromiso,  da  por  plazo  üKimo  de  repoblación  el  miér- 
coles de  ceniza  caput  jejunii,  ó  sea  el  13  de  Febrero  de  1091. 

De  estos  docu-mcntos  no  conviene  separar  ei  instrumento  de 
donación  (1)  á  la  sede  apostólica,  que  hizo  el  Conde  de  Barcelona, 
I)OCO  después  de  haher.-c  celebrado  el  concilio  de  Tolosa.  Lo  hizo 
per  consüiwn  et  voluntatcm  Berengarii  arciiiepisco})i  Tarraconen- 
sis... per  manum  domini  Rainerii,  Romanae  Ecíesiae  Cardina- 
lis,  qui  nunc  legattone  fungitiir  in  partibHs  no^iris^ 

El  viaje  del  arzobispo  electo  de  Tarragona  á  España,  del  que 
habla  el  primer  compromiso  «postquam  praedictus  archiepisco- 
pus  redierit  ab  Ilispania  quam  nunc  vadit»,  no  puede  menos  de 
significar  el  deseo,  puesto  por  obra,  de  verse  el  prelado  con  el 
rey  D.  Alfonso  YI  (2).  Ya  nos  dijo  Bernoldo  que  en  el  concilio 
de  Tolosa,  fué  presentada  la  súplica  del  Rey  de  las  Españas  (don 


(1)  Ef;]>.Saffr.\^\,2\-2.-2VJ. 

(2)  Kn  el  códice  de  Calixto  llámase  Ilispania  deutro  de  los  dominios  cristianos  la 
tierra  de  León  y  de  arabas  Castillas,  por  oposición  á  la  de  Arag-ón  y  Navarra,  Otro  tanto 
se  desprende  délos  estatutos  de  la  universidad  de  Lérida  (Villanueva.  Viaje  litera- 
rio, \\\,1\'X):<'0Wine9  de  nationc  Hispanorum  addiffcrentiam  Aragonum  etaliorum  prae- 
dicloruin,  (jui  per  se  faciunt  nationím.» 


SOUr.E    UN    TEXTO    DEL    AllZOIilSPO    D.    RODRIGO.  379 

Alfonso)  á  fin  de  que  el  Legado  Reinerio  pasase  á  entablar  en  Ca- 
taluña lo  convcnicnle  para  la  rcstauracii3ii  de  la  cristiandad,  ó  de 
la  ciudad  y  Sede  metropolitana  de  Tarragona.  Tocábale  pues  al 
electo  no  moslrarse  indir«r'ente  ¡í  la  prolección  y  amistad  del  mo- 
narca, realzar  con  su  presencia  los  funerales  de  D.  García  y  asis- 
tir con  el  mismo  Reinerio  y  con  D.  Bernardo  al  concilio  de  León 
(Enero  ?  1091),  que  afectaba  muy  de  cerca  y  tocaba  muy  al  vivo 
los  intereses  de  su  propia  metrópoli.  La  bula  del  1.°  de  Julio  (1), 
que  otorga  al  electo  el  palio,  siempre  será  firme  argumento  de 
que  no  en  balde  Urbano  11  había  dirigido  sus  letras  apostólicas 
á  D.  Bernardo  (2)  animándole  á  procurar  la  restauración  de  la  ciu- 
dad ó  iglesia  Tarraconense. 


IXI. 


Postración  prolongada  de  Tarragona. 

La  bula,  que  instituyó  al  obií^po  de  Vi:.h,  D.  Berenguer,  arzo- 
bispo de  Tarragona  (1.°  Julio,  1091),  renovando  lo  establecido  por 
las  de  Juan  XIII  (971),  habla  de  la  restauración  y  repoblación  de 
la  ciudad,  en  términos,  que  no  pai-ecía  hubiese  más  que  pedir: 

«Ut  igitur  haec  omnia,  Deo  auctore,  iustituta  permaneant,  nos  anteces- 
sorura  nostrorum  privilegia  sequeutes,  qni  Ausonensera  ecclesiara  tuam 
Tarracouensis  quondam  iustituere  vicariara,  tibi,  o  carissirae  fili  Berengari, 
quia  tuo  potissimum  sttiiio  haec  est  re&titutio  iustituta,  ex  Roinanae  Eccle- 
Biae  liberaiitatis  gratia  palliuin,  totius  Bcilicet  sacerdotalis  digiiitatis  pleni- 
tudiaein,  indulgemus. » 

Tan  buenos  auspicios  se  trocaron  en  días  de  amargo  luto  con 
la  cautividad  del  nuevo  arzobispo.  Llegó  el  momento  en  que, 
descorazonado,  después  de  vejado  y  íieramente  oprimido  por  el 
de  Narbona,  hizo  formal  renuncia  de  su  dignidad  ante  el  concilio 
de  Saint-Gilíes,  célebre  población  situada  20  kilómetros  al  Sur 


(3)    Jafié,  -i  UG7. 
■  (4)    «Ad  haec  igitur  omnia  consiliura  te  et  ausiliun  impenderé  postulamus...  Adesto, 
invig-ila,  insta  cum  fratribus  nostris  episcopis,  regibus,  principibus  ac  populo.» 


380  BOLETÍN    DE    LA    REAL    AGADEMLA    DE    LA    H1ST0RL\. 

(le  Niraes.  El  concilio  se  reunió  durante  la  mitad  de  la  Cuaresma^ 
mediante  Quadragesima  (7-13  Marzo)  del  año  1092,  discurriendo 
el  xxxiir  (1)  del  rey  Felipe  1,  y  la  era  española  1I80.  Presidió 
Gualtero,  Cardenal  obispo  de  Albano  y  Legado  de  la  Santa  Sede; 
y  se  juntaron,  además  de  los  arzobispos  de  Tarragona  y  de  Nar- 
bona,  los  de  Aix  y  Arles,  con  los  sufragáneos  de  cada  una  de  es- 
tas cuatro  metrópolis  y  gran  número  de  Abades.  Lo  que  trat¿iron 
y  acordaron  sobre  la  causa  de  D.  Berenguer,  escribió  el  Legado 
á  los  dos  Condes  correinantes  de  Barcelona  y  á  los  Príncipes  ó 
magnates,  pueblo  y  clero  de  la  Tarraconense  (2) : 

«In  quo  concilio,  quum  de  statu  sanctae  Del  ecclesiae  tractaretur,  Be- 
rengariura  Tarraconensem  archiepiscopum  ostendisse  privilegiuin  viditnu?, 
cujus  auctoritate  a  domino  Papa  Urbano  confirraata  ecclesia  Tarraconae 
restauratur  omui  sua  dignitate,  sicut  probatur,  et  inf  ra  f  uturum  probabitur, 
antiquitus  possedisse.  Quo  privilegio  perlecto  in  conspectu  sancti  concilii, 
judicavit  et  confirmavit  sancta  synodas  privilegii  auctoritatem  et  confirma- 
tionem  deberé  manere  iuconcussam.  Verum,  quoniam  quidem  praefatuá 
Tarraconensis  archiepiecopua  zelo  restauratiouia  Tarraconensis  metropob's 
afralre  Narhonensi  arcJiiepiscopo  in  vinculis  diu  deleniusfuerat,  et  post  ilícitas 
injurias  redimere  eum  f.cerat,  idein  frater  archiepiscopus  projecit  privüe- 
gium  in  conspectu  totius  concilii  ante  pedes  nostros,  volens  dimittere  Tar- 
raconensem arcbiepiscopatum,  eo  quod  inimicitiasindepateretur  a  praeliba- 
to  archiepiscopo  Narbonensi,  qui  sine  aliqua  auctoritate  privilegii  per  ali- 
quod  tenipus  tenuerat  praefatum  arcliiepiscopatum,  quantum  inEestantibus 
barbaria  olim  destructa  fuerat  eadem  metrópolis.  Unde,  quia  a  domino  Papa 
Urbano  jam  acceperat  inde  privilegium  et  pallii  dignitatem,  necnon  in  re- 
staurationem  urbis  et  ecclesiae  Tarraconensis  nimium  insudaverat,  laudavit 
praetaxata  synodus  non  deberé  eum  respuere  auctoritate  Apostólica  eccle- 
8Íam  sibi  per  obedientiam  in  remissionem  peccatorum  suorum  commissam. 

»Deinde  praenominati  archipontifices  eum  suis  suffraganeis  deprecati 
Buut  eum,  ut  dimitteret  arcliiepiscopo  Narbonensi,  gratia  charitatis  rnale- 
volentiam,  quam  erga  eum  habebat  ea  deliberatione,  nt  idem  Narbonensis 
archipraesul  refutaret  sibi  omnem  Tarraconensem  arcbiepiscopatum,  sicut 
antiquitus  cognoscitur  permansisse,  juxta  modum  privilegii  domini  papae 
Uibani.  Quod  et  factum  est  in  conspectu  totius  concilii,  et  laudatum  est  ibi 
atquo  dc'fiíiituní,  ut  eadera  Tarraconensis  ecclesia  propriam  babeat  paro— 
chiam  et  majorem  cttcris  episcopatibus,  eo  quod  mater  sit,  et  antiquis  tem- 
poribus  nobilior  ceteris  metropolitibua  Hispaniarum;  et  ut  suñ'raganei  epi- 


(1)    Contado  desde  el  2J  de  Mayo  de  1  "59.— Véase  Villaiuieva,  Viojc  literario,  vi,  217. 
(2;    EspaTia  Sagrada,  xxv ni,  21)5*297. 


SOBRE  UN  TEXTO  DEL  ARZOniSPO  D.  RODIUOO.        381 

«copi,  facientes  ei  obedientiam  semper  siiit  subjecti,  et  ut  filü  inatrem  jiixta 
suum  posee  adjuvent  eam  restaurari. 

» Igitur  ego  Gualterus  llomanae  Sedis  vicariiis,  praecopto  doiuini  papae 
Urbani,  Tarraconam  et  ejus  territoriuin  videns  concilio  religiosorum  viro- 
rum  archiepiscopatus  termines  designar!,  quanivis  inajorem  terminara  du- 
dum  habuisse  a  n<nnull¡8  existimetiir,  eo  quod  rnater  Ecclesia,  ditior  et 
sublimior  tara  dignitate  quam  poesessiono  temporibus  praiteritis  Iiaberetur 
filiabas  ecclesiae  ejus  ditioui  subjacentibus:  termiuum  ¡taque  praefati  ar- 
chiepiscopatus sic  dono  et  designo  vice  dom'ni  nostri  Papae,  bicut  inferios 
demonstratur.  A  mari  tisque  ad  crucem  conce.ditur  terminus ;  et  inde  perlrari' 
siens  per  montem  qui  vocalur  Portelh;  et  inde  pervenil  usque  ad  casirum  quod 
dicilur  Gélida,  quodfuit  Gerib&rti  ügonia;  dchinc  per  directam  lineam  íran- 
siens,  terminatur  inforamine  31ontis  serrati  (I).  Siquid  amplias  poterit  invc- 
niri  fuisse  autiqíiitus  es  parocliia  Tarraconae  ecclesiae,  vice  et  auctoritate 
domini  nostri  Papae  concedo  atque  confirmo  juri  praefatae  ecclesiae  aeter- 
ualiter  ad  habendum.» 


Mas  ni  cou  eso  logró  la  restauración  de  la  ciudad  llevarse  ;í 
cabo,  ni  levantar  cabeza.  Todos  los  sufragáneos  habían  por  escrito 
firmado  en  el  concilio  de  Saint-Gilíes  la  declaración  de  hallarse 
resueltos  á  contribuir  á  tamaña  obra.  ¡Esfuerzos  inútiles!  Del 
deseo  y  del  dicho  al  hecho  se  interpuso  el  doble  trecho  de  los 
trances  de  fortuna  y  de  crudos  lances  harto  temibles  á  una  política 
previsora.  Aun  sin  contar  con  la  derrota  del  conde  de  Barcelona 
ú  manos  del  Cid  en  Tobar  del  Pinar  y  con  el  creciente  empuje 
del  poder  de  los  almorávides,  muy  precaria  debía  de  ser  la 
rehabilitación  de  Tarragona  y  la  repoblación  de  su  campo, 
mientras  no  existía  una  armada  suficiente  á  contener  el  vuglo  de 
los  bajeles  morunos,  que  desde  Tortosa,  Denia  y  las  Baleares 
infestaban  y  desolaban  la  bella  costa  marítima  comprendida 
entre  el  Llobregat  y  elEbro. 

Hubo  no  obstante  momentos  como  de  tregua  y  de  respiro,  ó 
intervalos  propicios  á  rejuvenecer  las  esperanzas  casi  perdidas. 
Guando  el  Cid  se  apoderó  de  Valencia,  y  las  armas  de  Navarra  y 
de  Aragón  se  aprestaban  á  recobrar  para  el  imperio  de  la  Cruz 
las  plazas  fuertes  de  la  izquierda  del  Ebro  desde  Huesca  hasta 


.(l)  Suple  esta  demarcación  por  lo  que  falta  á  la  vulgar  del  lta.cio  (Esp.  Sogr.  iv, 
-237,  2:>S)  donde  Portella  se  dice  límite  de  los  obispados  de  Egara,  Ictosa  y  Tortosa. 
Merece  confrontarse  y  completarse  con  la  del  año  1118  ;1117  de  la  Encarnación),  á  2:1 
de  Enero,  que  trae  Florez  fEsp..  Sagr.,  xxv,  220.) 


382  boletín  de  la  real  academlv  de  la  histora. 

Monzón,  Urbano  II  nombró  Logado  suyo  en  España  al  Primado 
Toledano  con  el  intento,  por  dem¿is  comprensible,  de  mancomu- 
nar acertadamente  la  acción  de  los  Estados  cristianos  peninsula- 
res contra  los  agarenos  recrecidos  por  la  constante  inmigración 
del  otro  lado  del  Estrecbo  Hercúleo.  Dásenos  á  conocer  aquel 
nombramiento  con  el  acta  de  dotación  y  recomendación  del  mo- 
nasterio Toledano  de  San  Servando,  que  nos  brinda  y  trae  el 
Liher  privüegiorum ,  fol.  6.  Está  fechada  el  acta  en  13  de  Febrero 
de  1095,  y  en  ella  firma  Bernardus  Toletane  Seáis  arcliiepiscopus 
et  romane  eclesie  legatus.  Presumo  que  del  mismo  año  sea  la 
carta  de  Urbano  contenida  bajo  el  número  5  en  el  rescripto  do 
Honorio  1 11. 

«ídem  UibanuB  B.  Terraconeasi  Archiepiscopo. 

Novit  dilectio  tua,  f  rater  in  Christo  venerabiüe,  quo  tenore,  qua  conditiorse- 
palleum  tibi  piivilegiumque  concesserimuF,  quomodonobis  et  tu  in  fide  tua 
et  comprovinciales  primates  (I)  per  scriptura  promiseritis  vos  ia  restiti:— 
tioneui  Terraconensis  eclesie  omnimodis  institutos;  nunc  autem  frequenti 
fama  audinius  vestrara  ilkrn  indu&triam,  vestium  fctudiuní  iam  cessare,  et 
Terraconensis  restitutionem  iam  pene  dtficcre.  Te  igitur  litteris  presentibuB 
admonemus  ut  huius  boni  operis  perfectioni  sedulus  operator  existas.  Me— 
minerie  tamen  ita  te  Archiepiscopum  institutuo),  ut  tam  tu  quam  universe 
provincie  Terraconensis  episcopi  Toletano  tamquam  priraati  debeatis  esse 
Bubiecti.  Sic  enim  a  nobis  in  Toletane  eclesie  privilegio  constitutum  est, 
quod  nos  oranino  ratum  volumuspermanere.  Nunc  autem  multo  ampliuF, 
quoniam  ei  nostre  soUicitudinis  vicesin  hispania  universa  et  in  Narbonensi 
provincia  ministrandas  iniunximu?,  Datum  Vil  kaltndas  Maii.» 

Desde  Placencia  en  Italia,  á  14  de  Marzo  de  1095,  el  Papa  san- 
cionó, como  dije  ya,  el  convenio  del  obispo  de  Burgos  con  el 
arzobispo  de  Toledo  s«bro  límites  de  la  diócesis  de  Osma  con 
arreglo  á  lo  estipulado  en  el  concilio  de  Husillos;  y  se  ocupó  cu 
consolidar  la  traslación  hecha  por  Alfonso  VI  de  la  Sede  Catedral 
Aucensc  á  la  ciudad  de  Burgos,  ratificándole  las  posesiones 
otorgadas  y  reconocidas  por  el  monarca.  Lo  cual  no  pudo  acaecer 
sin  reclamaciones  de  parte  del  arzobispo  de  Tarragona  quien  en 


(1)  Kn  el  concilio  de  Saint-Gilíes,  Marzo  de  1092.— A  este  año  atribuye  Juffé  {4.079) 
las  palabras  de  Urbano ;  mus  clai'j  se  ve  que  el  docto  alemán  no  supo  atar  todos  los 
cabes. 


SOIiRlí    UN    TEXTO    DEL    ARZOHISPO    D.    ROuniÍTO.  383 

manera  alguna  no  había  de  suscribir  á  la  prelonsión  del  Rey  y 
del  Primado,  sobre  que  Burgos,  colocada  en  territorio  ajeno  al 
primitivo  de  Auca,  debía  someterse  á  la  metrópoli  de  Toledo, 
Esta  íi  otras  semejanlos  disensiones,  tal  vez  exacerbadas  por  la 
cuestión  del  monieiilo,  se  dejan  entrever  al  pie  do  la  caria  did 
Papa  al  arzobispo  de  Tarragona,  expedida  el  día  25  de  Abril.  Ni 
hay  que  asombrarse  por  ello.  La  cláusula  de  la  restitución  de  la 
Primacía,  tsalvis  privilegns  inetropolitanorinn»  al  arzobispo  To- 
ledano ha  sido  largos  siglos  y  es  aun  fundamento  y  pretexto  de 
excepción  por  parte  de  las  Sedes  de  Braga  y  de  Tarragona.  La 
resistencia,  aunque  embozada,  asoma  en  el  encomio  (juc  el  con- 
cilio de  SaiiU-Gilles  hizo  (1092),  s'^gún  hemos  visto,  de  la  Metro- 
politana Tarraconense:  aantiquis  teinporibus  nobilior  ceteris  me- 
iropoliühus  Hispaniarian.y>  Compréndese  por  lo  lauto  que,  así 
para  mejor  organizar  los  esfuerzos  de  la  España  cristiana  contra 
los  musulmanes,  como  para  atajar  todo  murmullo  refractario  á 
la  Primacía  por  él  prescrita,  hubiese  querido  el  Papa  justamente 
realzar  la  dignidad  del  arzobispo  de  Toledo  con  el  tí'ulo  amplísimo 
de  Legado,  sobre  el  que  insiste  la  carta  del  "2o  de  Abril  del 
año  ¿1095? 

Al  recibirla  D.  Berenguer  convocó  á  sínodo  provincial  sin  dnr 
previo  aviso  á  D.  Bernardo,  creyendo  sinceramente  y  de  buena 
fe  que  el  paso  estaba  en  sus  atribuciones.  Inhibióselo  el  Primado 
con  autoridad  apostólica  en  virtud  de  la  carta  (1)  que  voy  á  leei: 

«B.  Dei  gratia  Tületanae  eccleeiae  arcliiepiscopus ,  apo&tolicae  sedis  k- 
gatUF,  B.  Terragonenfci  archiepiscopo  salutern. 

Cuín  sancta  et  univer?alis  apostólica  teneat  ecclesia  concilla  celebran  non 
oportere  praeter  senlentiam  Romani  pontificis,  valde  miramvir  super  prae- 
sumptione  tua,  quod  nobis  inconsultip,  ^jos/^'í"^''^  aposfoh'cae  sedis  vices,  tam 
in  tota  Ispania  quam  etiam  ¿n  Narlonensi  proviníia ,  indultas  esse  audivisti, 
Binodum  convocare  praesumpsisti.  Si  vero  licitum  fuit,  legendo  decreta 
Julii  papae  et  auctoritatera  Nicenae  einodi  (2),  reperire  poteris.  Nos  igitur 
non  parura  laetaremur,  si  ratio  pateretur,  vos  conciliura  celebrare  deberé. 
Sed  quia  non  videmus,  dedecus  et  conternptum  Romanae  ecclesiae  dissinm- 
lare  non  audemue.  Ideo  apostólica  auctoritate  ne  concilium  convocare  prac- 


(1)  Villanueva,  Viaje  hit ,  vi,  pág.  325,  .S2(i. 

(2)  Véase  Bouix,  Tractatvs  de  concilio  prcvinciali.  2."  ed  ,  Paris,  1862,  pág.  22G. 


384  boletín  de  la  real  academia  de  la  historia. 

suraatis,  interdicimuf,  et  ut  praesentiam  vestram  nobis  in  festivitate  sancti 
Micliaeüs  (I),  remota  omui  occasione,  ubicumque  fuerimua  in  Ispaniis,  ex- 
Libeatis,  eadem  auctoritate  iuiungimus,  audituius  praeceptum  papae  per 
nos  vobis  directum./> 


El  precepto  reiterado  del  Papa,  que  hemos  visto  en  su  carta  á 
D.  Berenguer,  atañía  bien  claro  á  la  restauración  de  Tarragona; 
para  cuyo  efecto  era  expediente  la  celebración  de  un  concilio, 
mas  no  de  suerte  que  este  prescindiera  de  la  intervención  ó  plá- 
ceme del  Legado.  Lo  cual  acaeció,  no  en  1090,  como  sospecha 
Yillanueva  ("?),  sino  años  después,  como  razona  D.  Rodrigo: 
aNain  Tarracona  metrópolis  DIU  destrncta  fuil  tenipore  Ber— 
nardi  Toletani  Prirnaiis^  sicnt  patet  in  regesto  Urhani  Papae  se- 
cundí. » 

D.  Rodrigo  añade  (3) : 

«Eísdem  ditbus  sanctissimus  Urbanus  Papa  seciindup,  tactus  dolore  cor- 
d¡8  eo  quod  ab  Agarenis  Hierosolymitana  civites  tenebatur,  personaliter 
verbuin  crucis  coepit  praedicare  ómnibus,  sicut  superius  meminiínus  no8 
dixisee  (4).  Ejus  indulgentiis  provocatus  venerabilis  Primas  Beriiardus  de 
clericis  indigenis  Toletanam  ecclesiam  ordiuavit,  et  assumptis  ad  viam  ne- 
cessariis,  crucis  signáculo  insignitus,  recessit  a  pi-opria  civitate,  volena 
cum  exercitu  de  quo  superius  diximus  ad  Syriam  transfretare...  Ipse  vero, 
coepto  itinero  Romam  ivit.  Sed,  cum  ad  Sedem  apostolicam  perrenisset, 
prohibuit  euui  domiuus  Papa  Urbanus  ne  procedertt,  sed  in  tanta  novitate 
ad  Sedem  propriam  remearet,  ne  Pastoris  absentia  novella  plantatio  pe- 
riculo  subjaceret.  Cumque  eura  a  voti  et  crucis  proposito  absolvisset,  ipse 
per  partes  rediit  Galliarum ,  ubi  eligens  de  diversis  locis  viros  honestos  et 
litteratop,  necnon  tt  juvenes  dóciles  quos  habere  potuit,  in  Hispaniam 
secum  duxit.» 

Consigna  el  historiador  que  D.  Rodrigo  pasó  más  allá  de  los 
Alpes  (per  parles  rediens  Galliarum).  Alfonso  YI  no  podía  ver 
de  mal  grado  que  su  hija  Doña  Elvira  tuviese  por  compañero  de 
la  expedición  á  Jerusalén  un  amigo  y  pro  lector  tan  calificado 
como  el  arzobispo  de  Toledo.  Mas,  por  lo  que  parece,  los  dis tur- 


di  29  Setiembre. 

(2)  Viaje  Ulerurio,  vi,  211. 

(3)  VI,  2(!. 

(4)  VI,  20. 


SOURE    UN    TEXTO    DEL    ARZOBISPO    D.    RODRiriO.  385 

bios  que  naciei'on  en  la  catedral  primada,  y  retrasaron  iiolablo- 
rnente  la  marcha  de  su  Prelado,  dispuesto  á  unirse  al  grueso  del 
ejército  capitaneado  por  el  conde  Raimundo  de  Saint-Gilics,  yerno 
del  Rey  de  Castilla,  y  por  el  Legado  apostólico  Adliemar  de  Mon- 
teil,  fueron  parte  para  alterar  la  i-uta  que  en  un  principio  se  ha- 
bía designado,  y  para  que  en  vez  de  echar  por  la  Lombardía  y 
por  el  otro  lado  del  Adriático,  se  encaminase  á  Roma.  Desde  allí 
regresó  probablemenle  enírado  ya  el  año  1097;  y  no  sólo  se 
aplicó  á  recorrer  las  Galias  con  la  mira  de  escoger  un  plantel  de 
jóvenes  y  Uorecientes  ingenios  que  llevar  á  Toledo  para  ocurrir 
á  la  reorganización  y  justo  esplendor  de  las  iglesias  de  Osma, 
Sigüenza,  Segovia,  Palencia,  Braga,  Goimbra,GomposteIa,  y  aun 
la  misma  Valencia,  ya  sometida  al  Gid,  sino  que  además  no  per- 
donó ningún  medio  ni  dejó  piedra  por  mover  á  fin  de  reparar  y 
de  hacer  salir  de  su  postración  el  estado  de  la  metrópoli  Tarra- 
conense. Varios  autores,  sin  otro  fundamento  (jue  el  de  la  espe- 
cie vertida  por  D.  Rodrigo  sobre  la  caria  de  Urbano  II,  que  he 
demostrado  haber  sido  escrita  en  1089  ,  y  (jue  nada  tiene  que  ver 
con  el  propósito  á  que  la  reducen,  han  pretendido  sentar  como 
hecho  histórico  que  el  Papa  Urbano  II,  llevando  á  bien  la  devo- 
ción del  Primado,  pero  absolviéndole  del  voto  que  hiciera  de  ir  á 
Jerusalén ,  le  mandó  invertir  en  la  reparación  de  Tarragona  lo 
que  debiera  gastar  en  la  empresa  ultramarina  de  la  cruzada.  Me- 
jor que  dinero  ,  si  es  que  lo  llevó  á  Roma  ,  empleó  D.  Bernardo 
su  industria  y  su  cuidado  prolijo  en  la  tierra  de  Gataluña  que 
personalmente  visitó  á  fines  de  aquel  año  y  cuyas  iglesias  reani- 
mó, obrando  siempre  de  acuerdo  con  el  arzobispo  de  Tarragona 
y  con  los  prelados,  que  no  una  sola  vez  presidió  congregados  á 
sínodo.  Del  de  Gerona  ( 12  Diciembre  1097)  teníamos  noticia  por 
la  Marca  Hispánica;  mas,  como  dice  el  Sr.  Lafuente,  no  sin  ra- 
zón (1) ,  hay  que  deplorar  que  el  texto  de  sus  actas  haya  perma- 
necido hasta  hoy  completamente  inédito.  Afortunadamente  existe 
la  pieza  auténtica,  cuya  cabal  indicación  ocultó  Balucio.  Trácla 


(1)    His/oria  eclesiástica  de  Es2>a>ia  [2.'  eiHcMsiáviá,  \H7.t  ,  t  iir,  pág.  521,  cf.  511, 


386  BOLETÍN    DK    LA    llEAL    ACADEMIA    DE    LA    HISTORIA. 

el  Liber  III  Antiqxitatum  (nüm.  138,  fol.  48,  verso)  que  acabo  de 
compulsar  cu  el  archivo  de  ki  catedral  de  Barcelona. 

Dice  así  el  texto: 

«Judilium  legati  super  ecclesias  colle  sahatelli,  etc. 

Jucaruationis  domiuice  anuo  post  inillesiuium  xc".  vii".  ii  idus 
deccmbris,  convenientibus  geruude  ad  corroboraudain  ecclesias- 
tice  liberlatis  dignitatem  discretissimo  b.  toletane  sedis  primate 
sancteque  Romane  ecclesie  legato,  necnou  ct  venerahilibus  ter- 
rachouensi  archiepiscopo  b.  et  rotheusi,  sive  barchinouensi  at- 
que  gcrundeusi  ponliñcibus,  ac  non  pauca  abbatum  et  clericoruin 
monachorumque  contione,  barchinouensium  couventus  canoni- 
corum  magnopere  couquestus  est  super  prefato  gcrundeusi  epi- 
scopo,  eo  quod  ipsis  iuste  debitas  tres  cum  suis  parrochiis  et  per- 
linentiis  ecclesias  iniuste  abstulerit  et  hereditario  sibi  jure  dc- 
fenderit,  ipsam  scilicet  de  colle  sahatelli  et  de  senata  et  de  vul- 
peieres.  Unde  prelihatus  memorabilis  legatus  utrohique  causa 
diligenter  examiuata,  hanc  tándem  finilivaui  super  his  canonice 
promulgavit  senteutiam. 

Quoniam  barchinouensium  postulationem  tam  pontificali  con- 
cesione  quam  canónica  seu  legali  astipulatioue  evidentibus  scrip- 
tis  ralam  esse  comperimus,  et  gcrundeusi  ratiotinatiouem  ponti- 
ficis  nullain  scripturarumque  auctorite,  nulla  justicie  ratione  ful- 
tam  esse  perspeximus,  profecto  censemus  ut  jpse  episcopus  pre- 
laxatas  de  quibus  agitur  cum  suis  pertiuentiis  ecclesias  iii  jus  et 
dominationem  canonice  barchiuonensis,  omni  remota  cavillatione 
seu  dilatione  solide  restituat,  et  easdem  sine  diminutione  perpo- 
luo  possidendas  ipsa  sub  ditione  sua  barchiuonensis  canónica 
recipiat.  Ilanc  aulem  canonicam  nostri  dccreti  censuram  siqua, 
quod  absit,  in  crastinum  cuiuscumque  dignitatis  seu  mcdiocrita- 
lis  ecclesiastica  secularisque  persona  temeré  violare  presumpserit 
vel  lanti  mali  fautrix  existere,  secundo  terciove  commonita  nisi 
resipuerit  et  satisfecerit,  excomunicationi  obnoxia  gradus  et  lio- 
noris  sui  pcriculo  subiaceat  et  a  liminibus  ecclesie  seu  christi 
corpore  alienus  existat.  Simili  quoíjue  conditione  excomunioni 
subicimus  eos,  qui  barchinonensi  canonice  ecclesiam  de  linars 
cum  suis  pertiuentiis  diripiunt,  atque  bernardum  raimundi,  quí 
cpiscopalem  feuum  de  galano  petro  dcusdcdit  barchinonensi  ca- 


SOBRK    UN    TKXTO    UEL    AUZOBISPO    D.    ItODIlIGO.  387 

iionico  siiie  ulla  ratione  rapit,  ipsos  raptores  corunKpc  fautores 
et  adjutores,  doñee  resipiscant  c^t  salisfaciant.» 

A  8  de  Marzo  de  1098  presidió  D.  Bernardo  otro  concilio  en 
Vicli,  cuyas  actas  son  á  todos  notorias.  (1)  Largo  tiempo  persis- 
tió D.  Bernardo  en  la  obra  do  consolidar  y  mejorar  el  estado  de 
las  iglesias  catalanas,  pues  medio  año  más  larde  (7  Octubre)  le 
vemos  en  Cardona,  coníirmnndo  una  donación  del  obispo  de  Bar- 
celona, Fulco,  en  presencia  de  Poncio  (jue  lo  era  de  Roda  [i].  La 
fecha  es  segura:  mense  octohri,  feria  quinta,  in  crastinum  po$t 
festum  sánete  fidiíí. 

El  arzobispo  D.  Berenguer  murió  á  1 1  de  Enero  de  1099  (3)  sin 
lograrse  sus  más  ardientes  deseos;  y  bien  pronto  bajó  también  á 
la  tumba  Urbano  IT  (29  Julio).  Al  desaparecer  con  ellos  el  siglo  xii, 
Tarragona  siguió  la  suerte  de  Valencia,  y  no  se  levantó  de  su 
postración  hasta  la  reconquista  de  Zaragoza  (lUB'i.  Lo  insinuó 
D.  Rodrigo:  Tarracona  metrópolis  din  destriicta  fuit  tempore  Ber- 
nardi,  Toletani  Primatis. 

Réstame  apurar  la  discusión  de  tan  grave  argumento,  sacando 
del  Líber  privilegiorum,  fol.  100,  la  bula  inédita  do  Honorio  III 
(19  Enero  1218)  sobre  la  primacía  de  la  iglesia  toledana. 

«ílonorius  episcopus,  servus  servorum  dei,  venerabili  fratri 
R[oderico]  Archiepiscopo,  et  dilectis  filii  Capitulo  toletano,  salu- 
tera  et  apostolicam  benedictionem. 

Cum  tu,  frater  archiepiscope,  ius  primacie  in  Regnis  yspania- 
rum  tibi  vendicare  contendens,  super  hec  coram  felicis  memorie 
I[nnocentio]  Papa  predecessore  nostro  (4)  litem  fuisses  cum  ve- 
nerabili fralre  nostro  [Stephano]  (5)  Bracharensi  archiepiscopo 
sollempniter  contestatus;  demum  causa  coram  nobis  diutius  ven- 
tilata,  tándem  te  ac  eodem  archiepiscopo  in  nostra  presencia  con- 
stitutis,  ñiit  probationibus  et  allegationibus  renunciatum  hinc 
inde  ac  a  partibus  postulatum  instanter  ut  difñnitivam  sentón - 
ciam  proferremus, 


(1)  España  Sagrada,  xxviit,  297-800. 

(2)  Meara  Aispanica,  cccxviii. 

(3)  Villanueva  ( Viaje  literario,  vi,  216-llS)  lo  ha  evidenciado  plenamente. 

(4)  ¿En  el  concilio  iv  ecuménico  de  Letrán  (11-30  Noviembre  1215;'? 
(.■5)  Esteban  Soares  de  Silva  (1213-1228). 


388  BOLETÍN    DE    LA   REAL    ACADEMLA    DE    LA    HIST0RL4. 

Nos  vero,  pensatis  rerura  et  lemporum  circumstaatiis,  de  fra- 
trum  nostroram  consilio  super-sedentes  ad  presens  proccdeiiduin 
non  duximus  ad  sentenciain  proférendam  (1).  Muiiimcnta  vero  et 
acta  omnia  ad  inslancianí  parcium  clausa  siib  bulle  noslre  muni- 
mine  penes  nos  relimiinncs,  eí  tradidimus  etiam  paríifaiíssub  bul- 
la noslra  inclusa.  Quod  auLom  quedam  ex  munimenlis  huius- 
modi  sunt  decisa,  factum  est  de  ulriusque  parlis  assensu;  et  per 
inspectionem  eorum  in  regeslis  cognoverunt  quod  ea  que  omissa 
sunt  ad  hanc  causam  nihil  penitus  faciebant, 

Dat.  Laterani,  xiiii  kalendas  februarii,  Pontificatus  nostri  Anno 
Secundo.» 

D.  Rodrigo  había  pues  visto  por  sus  propios  ojos  los  registros 
epistolares  auténticos  y  originales  de  los  Papas,  que  cita  en  su 
obra  histórica. 

Fidel  Fita. 

Madrid  9  de  Mayo  1881. 


(1)  Obstaiia  tal  vez  Alfonso  IX  malquisto  contra  su  hijo  San  Fernando.  Las  sedes 
episcopales  gallegas  y  asturicense  dependían  entoaces  déla  metropolitana  de  Braga; 
y  no  le  pesarla  al  rey  de  León,  así  como  tampoco  al  de  Portugal,  minar  ó  descal)alar  por 
€se  lado  la  Primacía  de  Toledo. 


VARIEDADES. 


nanza. 


MEMORIA 

HISTÓRICA,     POLÍTICA     Y     ECONÓMICA     DK     LA     PROVINCIA 
DE    MISIONES    DE    INDIOS    GUARANIS  '. 

(Conclusión.) 

200.  Aunque  por  razón  do  Párrocos  tienen  obli-  Misas  no  se  di- 
gacion  estos  Guras  de  aplicar  las  Misas  de  los  dias  dicefaorde^ 
festivos  por  el  pueblo,  cantar  cada  lunes  una  por  las 
almas  de  los  difuntos,  y  aplicar  otra  en  cada  entierro 
de  los  adultos  que  murieren,  como  todo  se  expresa  en 
el  Ynforme  ya  citado  que  dio  el  YH."""  S.'""  Obispo  do 
Buenos  Ayres,  no  tengo  noticia  de  que  algún  Gura 
cumpla  con  todas  estas  cargas;  y  lo  mas  que  sé  es, 
que  unos  cumplen  con  unas  y  otros  con  otras,  según 
la  mayor  o  menor  disonancia  que  le  hace  el  faltar  o 
no  a  ellas.  Y,  aunque  en  conversación  he  significado 
a  algunos  Guras  esta  falta  que  he  notado,  me  han  res- 
pondido que,  quando  el  S.'"'  D."  Manuel  Antonio  de  la 
Torre  expresó  las  cargas  de  los  Guras  en  los  términos 
que  constan  en  las  Ordenanzas,  haciéndose  cargo  de 
ellas,  señaló  trescientos  pesos  de  sínodo  a  cada  Gura,  y 
doscientos  y  cinquenta  al  Gompañero  por  precisa  con- 
grua, atendiendo  a  las  cargas  que  tenían;  y  que,  ha- 


*    Véase  el  cuaderno  V,  tomo  IV. 


390    BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA  DE  LA  HISTORIA. 

viéndoles  rebajado  '  el  sínodo,  no  están  obligados  a 
ellas,  mayormente  pensionándolos  de  ordinario  sus 
Prelados  con  Misas  que  tienen  que  aplicar  por  el  Con- 
vento, y  no  les  queda  lugar  para  todas  las  del  pueblo. 
A  los  Religiosos  de  San  Francisco  los  obligan  regular- 
mente los  Provinciales  a  que  el  trienio*  apliquen  por 
su  intención  cien  misas  los  Curas,  y  ciento  y  cin- 
queuta  los  Compañeros,  fuera  de  las  (]ue  tienen  obli- 
gación de  aplicar  por  los  Religiosos  difuntos.  Sea  lo 
que  fuere,  la  verdad  es  que  estos  naturales  carecen  en 
parte  de  los  beneficios  espirituales  que  la  Silla  Apos- 
tólica les  concede  por  las  obligaciones  que  impone  a 
los  Párrocos;  y  que  la  piedad  de  Nuestro  Soberano 
quiere  se  les  cumplan  señalando  y  pagando  ministros 
para  ello,  en  quienes  descarga  su  conciencia;  y  estos 
pueblos  acuden  con  puntualidad  con  los  alimentos  a 
sus  Curas,  sin  faltarles  en  nada. 
Administra-       201.     En  la  administración  de  los  Santos   Sacra- 

cion  de  Sa-  .  .  .        r<  i        •  i.     -\ 

crameutos.  nientos  sigucu  estos  Curas  el  mismo  método  con  cor- 
ta diferiencia  "  que  el  que  observaban  los  Jesuítas. 
Estos,  en  naciendo  las  criaturas,  si  estaban  de  peli- 
gro, se  las  traian  a  su  cuarto,  y  les  adminislraban  el 
Bautismo  privadamente,  y  el  domingo  bautizaban  so- 
lemnemente a  todas  las  criaturas  que  havian  nacido 
en  toda  la  semana,  y  ponían  los  óleos  a  las  que  ha- 
vian hechado  el  agua  ".  Esto  mismo  se  practica  en  al- 
gunos pue])los;  en  los  mas  no  hay  día  fijo  para  admi- 
nistrar este  Sacramento. 

202.  El  modo  que  se  observava  ^  en  todos  los  pue- 
blos en  la  administración  del  Sacramento  de  la  Peni- 
tencia, meréceme  detenga  un  poco;  porque,  siendo 


>  En  la  eiHc.  ile  Angelis:  y  que  habiéndolos  reb  jado. 

-  En  la  edic.  de  Angelis:  en  el  trienio. 

s  Asi  en  el  m?.  En  la  edic.  de  Ángrelis:  diferencia. 

•*  En  la  edic.  de  Ányrelis:  á  las  (¡ue  les'  liabian  echado  el  agua. 

5  En  la  odio,  de  Áígrelis:  El  modo  que  se  observaba,  y  observa. 


MISIONKS    DE    INDIOS    GUARANIS.  391 

osle  Sacramento  la  puerta '  que  tenemos  para  el  re- 
greso a  la  gracia  perdida,  y  la  tabla  que.  después*  del 
naufragio  de  la  culpa  nos  conduce  a  la  seguridad  del 
puorlo,  me  parece  es  en  donde  devian  los  Cni-as  i)0- 
ner  mayor  cuidado,  asi  para  <jue  se  ronfesasen  vicn, 
como  para  que  llegasen  con  la  disposición  dovida  ^  a 
recivir  la  Sngrada  Comunión,  y  formasen  idea  per- 
fecta de  tan  santos  y  necesarios  Sacramentos.  Pero  es 
mucho  el  descuido  y  abuso  que  hay  en  la  practica 
que  se  observa,  como  manifestaré  a  Vm. 

203.  Los  yndios  no  se  confiesan  por  lo  regular 
sino  una  vez  al  año  para  el  cumplimiento  de  yglesia  *. 
El  modo  con  que  esto  se  verifica  es  el  siguiente:  Desde 
antes  que  éntrela  Quaresma  disponen  los  Curas  que 
ciida  dia  •''  vengan' los  yndios,  o  yndias  de  dos  o  tres 
Casicasgos  *"'  a  examinarse  de  la  Doctrina  Cristiana  a 
la  puerta  de  la  yglesia;  cuyo  examen  lo  executa  uno 
o  mas  yndios  Je  la  confianza  del  Cura,  a  que  asiste  el 
algunas  veces,  tal  vez  siempre,  según  su  mayor  o  me- 
nor eficacia.  Todos  los  que  savcn  la  Doctrina  asatisfa- 
zion  del  Gura'  o  del  que  los  examina,  van  aprobados; 
y  los  que  no  la  saven,  continúan  aprendiéndola  con 
los  que  están  señalados  para  enseñarla;  y,  en  estando 
capaces  ^.  se  les  da  la  api-o])aciou  de  examen.  En  en- 
trando la  Quaresma  cita  el  Cura  para  cada  dia  los  ca- 
sicasgos '■*.  que  lian  de  venir  a  confesarse  a  los  que  las 
Justicias  oljligan  a  que  vayan,  estén  o  no  dispuestos. 


1  En  la  edic.  de  Ángrelis:  siendo  este  la  puerta.  Omite:   Sacramento. 

-  En  la  copia  ws.:  que  después  que  después.  Asi:  repetido. 

3  Menos  correcto  en  la  edic.  de  Agelis:  con  la  disposición  de  vida. 
Así. 

■*  En  la  edic.  de  .4.n8-elis:  para  el  cumplimiento  de  la  ig-lesia. 

•'í  En  la  edic.  de  Ángelis:  que  á  cada  dia. 

íj  En  la  edic.  de  Ángelis:  cacicazgos. 

"  En  lti  edic.  de  Ángelis:  á  satisfacción  d-1  curr. 

■    s  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  estando  cipaces. 

í>  En  la  edic.  de  Ángelis:  los  casicazg-os. 


392         BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADEMIA   DE  LA  HLSTORIA. 

Las  confesiones  se  hacen  a  las  tardes,  y  aun  a  la  no- 
che, y  al  otro  dia  temprano  se  les  da  la  Sagrada  Co- 
munión al  tiempo  de  la  Misa:  y  hasta  la  tarde  no  con- 
fiesan otros,  en  la  que  repiten  lo  mismo,  hasta  que 
concluyen  con  todos:  cuya  practica  merece  algunas 
reílexioncs. 

Los  yndios,  por  la  pocainstrucion  'que  tienen,  ca- 
recen de  un  perfecto  conocimiento  de  la  gravedad  de 
los  pecados,  y  por  consiguiente  no  pueden  ser  movi- 
dos sus  interiores  sentimientos  a  la  detestación  y 
aborrecimiento  de  ellos  con  aquella  viveza,  y  eficacia 
que  es  necesaria  para  disponerse  a  confesarlos,  y  do- 
lerse de  haverlos  cometido:  en  cuya  disposición  no 
piensan,  porque  no  saven  quando  han  de  confesarse; 
y,  en  mandándoselo,  estén  o  no  dispuestos  para  ello 
se  han  de  confesar,  quieran  o  no  quieran,  y  tal  vez  es 
quando  ellos  menos  piensan  en  ello:  sucediendo  a 
menudo  que,  porque  no  han  concurrido  todos  los  ci- 
tados, o  porque  al  Gura  sobra  tiempo,  van  los  fisca- 
les, y  traen  a  los  primeros  que  hallan  para  que  se 
confiesen,  y  ellos  lo  hacen  como  si  estubieran  vien 
preparados,  y  al  otro  dia  comulgan  como  si  se  huvie- 
ran  confesado  vien,  y  no  piensan  en  otra  confesión 
hasta  otro  año:  con  que  vea  Vni.  que  confesiones  tan 
buenas  serán  estas.  Lo  que  sucede  es  que,  estando  a 
los  pies  del  confesor  se  acusan  de  lo  que  primero  les 
ocurre,  sin  examinar  si  lo  han  cometido  o  no:  de  lo 
que  resulta  que,  si  el  confesor  se  detiene  en  exami- 
narlos, los  encuentra  *  en  mil  inconsequencias  impo- 
sibles de  desatar:  lo  que  atribuyen  a  malicia,  y  no  lo 
es;  siendo  solo  la  causa  de  ello  su  mucha  ignorancia, 
y  la  ninguna  disposición  con  (jue  llegan.  Yn  Cura  me 
refirió  que,  estando  confosando  una  tarde   algunos 


'    Asi  en  el  jis.  En  la  edic.  de  Ant^elis:  instrucción. 
*    En  la  edic.  de  /.nüelis:  les  encuentia. 


M!5I0Ni:S    DK    INDIOS    T,  U.\I¡  ANÍS.  3'.").'] 

yndios ',  liavian  traído  para  el  misino  algunas  mu- 
chachas de  edad  suncionlc  para  confesarse*,  las  que 
estando  del  confesionario  ^  tenían  cnlrc  si  mucha  risa, 
y  alboroto,  tanto  que  lo  obligó  a  reñirles,  y  mandar- 
les callar.  Comenzó  a  confesarlas,  y  halló  que  todas 
ellas  se  confesaron  do  unos  mismos  pecados,  en  iiu- 
inero  y  en  especio;  de  lo  que  concivió  que  la  risa  que 
havian  tenido  seria  originada  de  estar  parlando  entro 
si  *  los  pecados  do  que  havian  do  acusarse;  pues  no 
podía  ser  do  otro  modo  el  que  todas  se  confesasen  de 
unos  mismos.  A  otros  Curas  les  he  oydo  muchos  ca- 
sos semejantes,  ya  de  acusarse  de  haver  fallado  al  pre- 
cepto de  la  Misa  mas  voces  que  los  días  a  que  están 
obligados  en  el  año:  otros  en  haver  quebrantado  el 
ayuno  en  mayor  numero  quo  los  oljliga;  y  do  algu- 
nos, que  han  confesado  pecados  (]ue  moralmento  es 
imposible  que  ellos  los  hayan  cometido,  y  que  exa- 
minándolos vien  hallan  ser  mentira  fraguada  para 
(^onfesarse  de  algo,  por  no  tenor  hecho  esamen  o  no 
querer  confesarse  de  lo  que  verdaderamente  han  he- 
cho, y  parecerlos  que  el  Padre  no  los  ha  creer  %  sino 
se  acusan  de  muchos  y  graves  pecados. 

205.  Como  los  mas  de  los  Curas  están  persuadidos 
de  que  les  toca  de  derecho  el  celar  y  corregir  los  peca- 
dos públicos  de  incontinencia,  practican  algunas  ave- 
riguaciones sobre  ello,  en  las  que  los  acusados  suelen 
negar;  y,  quaudo  llega  el  caso  de  confosarse,  callan 
sus  pecados,  porque  antes  los  han  negado:  sin  distin- 
guir que  aquel  es  otro  tribunal,  y  que  por  lo  que  alli 


1  Fn  la  eá\c.  de  Angrelis:  á  alg-unos  ¡ndiep. 

2  En  la  edic.  de  Angalis:  habían  traido  para  el  mismo  efecto  algunas 
muchachas  de  edad  suficientes  para  conft-sarse. 

-  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  .\ng'elis:  las  que  estando  cerca  del 
confesionario. 

■*    En  la  edic.  de  Ánfrelis:  de  estar  propalando  entre  sí. 

5  La  copia  m?.:  no  los  ha  crer.  Kn  la  edic.  de  Ang-elis:  no  los  ha  de 
creer. 

^0^:o  tv.  27 


oí)4       boletín  déla  i'.eal  academia  de  la  historia. 

confesaren  no  han  de  ser  castigados.  Oíros,  porque  el 
Cnra  no  sepa  sus  defectos,  y  los  cele  después,  no  se 
atreven  a  confesarlos;  mayormente  si  saven  que  el 
Cura  los  persigue  por  este  vicio  que  en  ellos  es  mui 
común, 

206.  A  lo  defectuoso  de  estas  confesiones  se  agrega 
el  que,  confesándose  el  dia  antes,  quedan  expuestos 
por  su  rudeza  y  flaqueza,  a  pecar  antes  de  recibir  la 
Comunión:  el  poco  recato  que  tienen  en  sus  casas,  en 
donde  por  lo  regular  viven  distintos  matrimonios,  tal 
vez  sin  ser  parientes,  y  que,  aunque  lesean,  reparan 
poco  en  los  incestos;  lo  dados  que  esl<án  al  vicio  de 
la  incontinencia,  y  el  poco  conocimiento  del  sacrilegio 
que  cometen,  son  motivos  para  creer  que  pocos  llega- 
rán a  la  Comunión  sin  haver  añadido  nuevos  pecados 
a  los  que  dejarían  de  confesar;  principalmente  las  yn- 
dias  que,  si  están  amancebadas  con  español,  o  algún 
mandarin  ',  es  cosa  sentada  que  no  dejará  de  condes- 
cender con  la  voluntad  de  su  mancebo,  por  no  tener 
resolución  para  negarse,  aun  quando  su  voluntad  fue- 
ra el  abstenei'se  siquiera  esa  noche. 

207.  Ya  Vm.  vé,  amigo  mió,  con  quanta  razón 
digo,  merece  este  punto  de  atención,  y  remedio,  prin- 
cipalmente para  que  las  confesiones  se  hagan  en  toda 
la  mañana  desde  el  alva  hasta  el  medio  dia,  dando  de 
hora  la  Sagrada  Comunión*,  y  no  hacer  las  cosas  al 
rebes,  confesando  toda  la  tarde,  y  teniendo  toda  la 
mañana  franca  \ 

208.  A  los  enfermos  los  confiesan  los  Curas,  y  lle- 
van el  Santissimo  por  Viatico  a  sus  casas,  lo  que  se 
cxccuta  con  bastante  decencia;  a  que  siempre  un  buen 


*  En  la  edic.  de  Ángelis:  ó  algiin  indio  mandarin. 

*  Así  en  el  ms.  En  la  edic.  de  .\ngpelis:  dando  de  hora  en  liora  la  sa- 
f-Tada  comunión., 

'    En  la  edic.  de  Ani^-elis:  y  teniendo  la  mañana  toda  franca. 


MlSIONi:S    DK    INDIOS    OKAHAMS.  305 

numero  de  y  odios  músicos  ',  y  oíros  que  no  lo  son. 
Iilev¿in  a  Su  Magestad  debajo  de  palio;  i-cpican  las 
campanas  lodo  el  tiempo  que  lanía  desde  que  sale 
hasta  que  buclvea  la  yglesia;  van  algunos  yndios  con 
tamboriles:  que  estos  nunca  fallan  en  las  funciones,  y 
todo  se  hace  con  bástanle  aparato.  A  la  casa  del  en- 
fermo llevan  con  anticipación  de  la  yglesia  lo  necesa- 
rio para  disponer  un  allarito  decente,  con  sitial,  ara, 
candeleros,  manteles,  y  alfombra;  y,  si  el  enícrmo 
está  muí  de  peligro,  le  ponen  la  Santa  Unción;  y  sino, 
aguardan  a  que  lo  esté,  y  entonces  se  la  administran. 
Todo  esto  se  hace  con  ])asíanle  veneración;  y  si  llueve 
y  las  calles  con  lodo  *,  llevan  al  Sacerdote  en  silla  de 
manos,  o  por  mejor  decir,  de  hombros;  pues  en  ellos 
la  llevan  qualro  o  mas  yndios;  sin  que  por  esto  deje 
de  sacarse  el  palio,  y  demás  decencia  que  queda  ex- 
plicada. 

209.  Para  celebrar  los  malrimonios  parece  tenian 
los  Jesuitas  tiempo  determinado,  y  era  después  de 
Quaresma.  Entonces  se  hacian  traer  lista  de  lodos  los 
muchachos  y  muchachas,  viudos  y  viudas  del  jmoblo, 
capaces  de  casarse,  y  aun  los  hacian  concurrirá  vnos 
y  a  otros  a  la  puerta  de  la  yglesia,  y  alli  examinaban 
si  alguno  o  algunas  '  tenian  tratado  el  casarse,  o  los 
padres  de  los  muchachos  les  tenian  tratado  matrimo- 
nio; y  a  los  que  lo  tenian  tratado  *  (ijue  eran  pocos  o- 
ningunos)  procuraban  se  efectuase,  sino  hallavan  cau- 
sa para  impedirlo;  y  a  los  demás  alli  mismo  les  hacian 
elegir  muger,  o  ellos  se  la  señalaban:  y  guardando 
las  ceremonias  de  proclamas  los  casaban  tal  vez  todos 
€n  un  día,  por  lo  menos  a  muchos  juntos.  Yo  he  vis- 


*  Así  en  el  ms.  Eu  la  eJic.  de  Angelis;  á  que  asiste  siempre  un  buen 
número  de  indios  músicos. 

-    Asi  en  el  ms.:  en  la  edic.  de  Ángelis:  y  si  llueve  ó  las  calles  están 
con  lodo. 

3    En  la  edic.  de  Ang-elis:  si  alg'unos  ó  algunas. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  y  á  los  que  ya  lo  tenian  tratado. 


30(j       boletín  de  la  real  academla  de  la  HISTORLA. 

to  un  cordón  compuesto  de  cuentas,  que  servia  de 
yugo  para  las  velaciones,  con  divisiones  correspon- 
dientes para  veinte  y  seis  pares.  En  el  dia,  aunque 
no  los  estrechan  tanto  los  Guras,  la  costumbre  de 
ellos  les  hace  no  pensar  en  casarse,  sino  después  de 
semana  ':  y  para  ello  es  preciso  que  los  Guras  les 
amonesten  que  procuren  casarse,  para  retirarlos  asi 
de  amancebamientos  *,  que  tienen  tal  vez  con  sus  her- 
manas: y  son  tales  los  yndios,  que  no  piensan  en 
tomar  estado  hasta  que  se  lo  manda  el  Gura  o  sus 
padres;  no  atreviéndose  ellos  a  determinar  por  si  mis- 
mos materia  en  que  tanto  se  interesa  su  vien  en  todo 
el  resto  de  la  vida. 

210.  Los  entierros  de  adultos  y  parbulos  hacen 
los  Guras  de  mañana  después  de  acavada  la  Misa,  o  a 
la  tarde  antes  o  después  del  Rosario,  para  que  la  mu- 
sica  %  y  toda  o  la  mayor  parte  de  la  gente  del  pueblo. 
No  va  el  Gura  con  la  Gruz  a  la  casa  del  difunto  a  traer 
el  cuerpo,  pues  con  anticipación  lo  traen  en  el  féretro 
los  parientes  o  amigos  *,  cubriéndolo  con  un  paño 
negro,  y  amortajado  con  un  saco  de  lienzo  de  algodón 
blanco,  embucho  y  cosido  *  de  modo  que  no  se  le  vé  pie, 
mano  ni  cara,  y  lo  colocan  en  el  patio  de  la  \'^lesia  ^ 
en  frente  de  la  puerta  principal;  halli  sale  el  Gura  con 
capa,  los  acólitos  con  sotanillas  negras  y  roquetes,  y 
con  Gruz  alta.  Canta  la  música  los  Responsos  alli,  y 
en  dos  o  tres  paradas  hasta  llegar  al  cimenterio  ',  que 
se  comunica  por  puerta  que  tiene  la  yglesia  que  cor- 


>    En  la  edic.  de  Ángelis:  no  Ips  hace  pensar  en  casarse  hasta  después 
de  semana  santa. 

*  En  la  edic.  de  Án?elÍF:  de  los  airanceltamientos. 

'    Asi  en  el  ws.:  para  que  la  umsica,  etc.  En  la  edic.  fie  Angelis:  para 
ijue  asista  la  música. 

♦  El  US.:  los  Parientes  o  Migos. 

'    En  la  edic.  de  Angelis:  y  cocido. 

'■    En  la  edic.  deAogelis:  en  el  pórtico  de  la  iglesia. 

■>    En  la  edic.  de  .\ngelis:  al  cementerio. 


MISIONES    DE    INDIOS    C.UAHANIS.  297 

responde  a  aquel  lugar,  eu  donde  lo  eiilien-aii  entre 
tanto  le  cantan  el  oficio  <juc  llaman  ilc  sepulUiia: 
pero  a  muy  pocos  he  visto  les  hayan  cantado  Vigilia, 
y  Misa  de  cuerpo  présenle.  A  los  parljulos  les  hacen 
ííu  entierro  del  mismo  modo,  con  la  diferencia  que 
pide  la  diversidad  de  parhulos  a  adultos  *. 

211.  No  he  visto  que  estos  yndios  conserven  nin- 
guna superticion  *,  ni  rito  de  los  de  la  gentilidad "  con 
sus  muertos:  lo  único  que  hacen  es,  luego  que  espira 
y  en  el  tiempo  que  el  cuerpo  permanece  en  sus  casas 
y  tamhien  en  el  entierro,  se  oye  que  algunas  yndias 
viejas,  parientas  o  cercanas  del  difaulo,  lloran  con 
lina  especie  de  tono  ronco,  y  desagradable,  mezclando 
algunas  palabras  de  sentimiento;  pero  ni  esto  es  co- 
nmn  en  todos  los  que  mueren,  ni  es  tan  ruidoso  que 
merezca  *  la  atención:  y  al  tiempo  de  estarle  echando 
ia  tierra  encima,  se  llegan  algunas  yndias  que  llevan 
calavazas  con  agua  ",  y  van  rociando  la  tierra  vendi- 
ciendola  ';  y  en  estando  ya  llena  del  todo  la  sepultura, 
hechan  agua  bastante  encima  hasta  que  hacen  barro, 
y  la  cubren  toda.  Pero  en  esto  no  concivo  otra  cosa, 
sino  el  impedir  que  quede  la  tierra  movediza,  y  que 
si  es  tiempo  de  seca,  levantarían  mucho  polvo  los 
vientos  sin  esta  precaución.  Encima  de  la  sepultura 
ponen  una  pequeña  Cruz  de  madera,  y  una  lablita 

*  En  la  edic.  de  Áng-elis:  de  párvulos  ó  adultos. 

2  En  la  edic.  de  Ángelis:  no  he  visto  á  estos  indics  conserven  nin- 
guna superstición, 

3  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  los  ele  su  gentilidad. 

*  En  la  edic.  de  .4.ngelis:  que  raeresca. 

s  En  la  edic.  de  Ángelis:  y  al  tiempo  de  estarle  echando  la  tierra, 
se  llegan  algunas  indias  que  llevan  calabazas  con  agua  encima,  y  van 
rociando,  etc. 

G  Asi  en  el  ms-,  donde  se  advierte  que  las  dos  letras,  segunda  y  ter- 
•cera,  en ,  están  retocadas  para  sustituir  con  ellas  y  corregir  otras  que 
primeramente  se  habian  escrito.  Acaso  me:  vmediciendola.  En  la  edic.  de 
Ángelis:  humedeciéndola. 


398       «JBOLETÍN   DE  LA  REAL  ACaDEMLA  DE  LA  HISTOULA. 

con  el  nombre  del  que  alli  está  enterrado,  con  el  dia, 
mes  y  año  de  su  fallecimiento. 

212.  Una  cosa  particular  se  observa  en  los  cemen- 
terios de  los  pueblos  ';  y  es,  que  en  las  sepulturas  se 
consnmen  los  huesos  de  los  difuntos  juntamente  con 
la  carne;  de  modo  que,  quando  la  abren*,  todo  está 
desecho,  sin  encontrar  calaveras,  canillas,  ni  hueso- 
alguno  en  ninguna.  Yo  deseava  saver,  si  esto  sucedía 
solamente  con  los  cadáveres  de  los  yndios,  y  se  me 
cumplió  el  deseo:  pocos  dias  hace  que  en  la  yglesia  de 
este  pueblo  se  abrió  una  sepultura  en  que  fué  enter- 
rado un  español  hace  quairo  años,  y  se  enconli-aron 
todos  los  huesos  enteros,  aunque  comenzados  a  desa- 
cer  por  la  superficie:  de  lo  que  infiero  que  si  hubiera 
estado  mas  tiempo,  también  se  huviesen  desecho  '. 
Atribuyo  la  mayor  facilidad  en  consumirse  ios  hue- 
sos de  los  yndios  a  que  no  comen  sal,  porque  no  la 
tienen:  no  sé  si  erraré  en  el  pensamiento  *. 

213.  En  cada  pueblo  hay  dos  cofradías,  o  congre- 
gaciones, que  asi  les  namal)an  los  Jesuitas;  una  de 
San  Miguel,  Patrón  vniversal  de  toda  esta  provincia, 
y  la  otra  de  la  Santissima  Virgen  Maria,  que  en  unos 
pueljlos  es  con  la  advocación  de  la  Asumpcion,  y  en 
otros  el  de  la  Natividad:  y,  aunque  en  estos  dias  *  se 
celebra  fiesta  particular,  no  veo  que  abpresente  haya 
mucho  esmero  en  promover  esta  devoción.  Son  pocos 
los  cofrades  que  ahora  hay:  estos  están  escritos*"'  sus 
nombres  en  una  tabla  que  arriba  tiene  la  ymagen  de 
la  vocación  do  la  cofradía,  y  al  margen  do  los  nom- 
bres hay  agugeros  con  ylos  y  borlas  de  varios  coloresr 


'  En  la  edic.  de  Angelis:  de  estos  pueblos. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  cuando  las  abren. 

"•  En  la  edic.  de  Ángelis:  también  se  hubieran  desecho. 

*  En  la  edic.  de  Angelis:  no  sé  si  err.aré  el  pensamiento. 

*  En  la  edic.  de  Ángelis:  en  esos  dias. 

•>  En  la  edic.  de  .ingelis:  estos  tienen  escritos. 


íMisiones  de  indios  gl'aranis.  39'J 

qvie  cada  cofrade  conoce  el  suyo.  Estas  labias  las  po- 
nen colgadas  todos  los  dias  do  mañana  y  lai'de  a  la 
puerta  do  la  yglesia,  y  al  entrar  el  cofrade  saca  el  ylo 
que  corresponde  a  su  nombre,  y  asi  se  save  los  que 
asisten  o  faltan  a  la  Misa,  o  Rosario. 

214.  El  cuidado  délas  yglesias,  sacristías,  orna- 
mentos, vasos  sagrados,  alajas  de  piala  y  oro,  y  de- 
más correspondientes  '  al  cullo  divino,  está  a  cargo 
de  los  pueblos  *,  aunque  el  (Gobierno  secular  está  al 
reparo  de  que  estos  no  extraigan,  ni  mcnoscavcn  lo 
que  está  a  su  cuidado,  asi  por  loque  toca  este  cuidado 
al  Real  Patrimonio  ',  como  porque  los  pueblos  so  in- 
teresen en  su  conservación  y  buen  estado;  pues  tiene 
que  costear  todo  lo  que  se  vaya  inutilizando,  o  haga 
falta.  Entregansc  *  a  los  Guras  todo  lo  que  existe  en 
la  yglesia  por  ymbentario,  presenciando  la  entrega  el 
Correxidor,  y  Administrador  ':  lomando  un  tanto  de 
dicho  ymbentario,  firmado  del  Gura  lo  colocan  en  el 
Archivo  para  poderle  hacer  cargo  en  todo  tiempo.  En 
estas  entregas  lia  havido  notable  descuido,  y  poquí- 
sima formalidad:  son  mui  pocos  los  pueblos  en  donde 
el  Gura,  se  haya  recivido  por  peso  de  las  alajas  de 
plata  y  oro  que  se  les  han  entregado  ®;  ni  aun  espre- 
san si  la  alaja  es  chica  o  grande,  si  está  sobre  ma- 
dera, o  maciza;  poniendo  a  bulto,  tantos  candeleros, 
tantas  cruces,  tantos  cálices,  tantas  vinageras,  etc.: 
lo  mismo  de  los  ornamentos  diciendo;  tantas  capas, 
tantas  casullas,  tantas  alvas,  etc.;  siendo  asi  que  estas 
ropas  devian  especificarse  con  individualidad,  porque 
hay  casullas  y  capas  de  riquísimos  tisúes,  y  otras  de 


*  En  la  edic.  de  Angelis:  y  demás  correspondiente. 

2  Asi  en  el  ms.  En  la  edic.  de  Ang-elis:  está  á  carg-o  de  los  curas  de 
los  pueblos. 

3  En  la  edic.  de  Áng-elis:  al  renl  patronato. 

■     *  Asi  en  el  AIS.  En  la  ed;c.  de  Angelis:  Entrégase. 

5  En  la  edic.  de  Angelis:  el  corregidor,  cabildo  y  administrador. 

•»  En  la  edic.  de  Angelis:  que  se  le  lian  entregado. 


4Ü0         BOLKTÍN   DK   la  RKAL  ACADXMJA   D1£  La   KláTORIA, 

telas  de  seda  '  mui  inferiores.  En  la  visita,  que  afines 
del  año  pasado  de  óchenla  y  qualro  *  practicó  el 
YH.""  S.""'  Obispo  de  esa  ciudad  en  los  pueblos  de  su 
disliilo,  y  que  cu  toda  ella  acompañé  a  S.  S.  Yll.'", 
me  impuse  vastante  en  este  punto;  pues,  aun(jue  no 
lo  ignora  va,  no  me  consta  va  cou  tanta  certeza.  Fué 
raro  el  pueblo  eu  que  se  hallasen  con  alguna  forma- 
lidad los  ymbeutarios  de  la  yglesia;  de  modo  (jue 
S.  S.  YH."'"  tuvo  a  vien  formarlos  de  nuevo  con  espe- 
cificación de  todo,  para  que  a  lo  menos  en  adelántese 
observe  alguna  formalidad,  y  cuidado. 

215.  Aunque  los  Guras  se  reciveu  de  las  yglesias, 
y  sus  alojas,  quien  corre  con  ellas,  las  cuida,  y  guar- 
da, son  los  yndios  sacristanes:  de  modo  que  en  algu- 
nos pueblos  es  tanto  el  descuido  de  los  Guras  que  ni 
saven  lo  que  hay,  ni  donde  están  las  cosas,  aun  las  mas 
preciosas,  y  vsuales  '.  Yien  lo  notó  el  YH/^S."""  Obis- 
po de  esa  diócesis  en  su  visita,  en  la  que  dejó  dadas 
las  correspondientes  providencias  para  remediar  el  do- 
loroso abandono  que  advirtió  eu  algunos  pueblos:  sien- 
do maravilla  el  que  cou  tanto  descuido  no  faltasen  ya 
muchas  alajas  de  la  yglesia;  mayormente  sucediendo 
que  a  menudo  suelen  quitar  y  poner  sacristanes,  sin 
que  a  los  entrantes  se  les  entregué  por  cuenta  la  sa- 
christia,  ni  a  los  salientes  se  les  tome  cn-enla:  de  modo 
que,  si  faltase  alguna  cosa,  seria  imposible  el  averi- 
guar quando,  o  en  que  tiempo  havia  faltado:  y  sino 
suceden  frequentcs  extravíos,  o  robos,  es  porque  los 
yndios  tienen  mucha  veneración  a  las  cosas  de  la 
yglesia:  aunque,  si  hubiera  i'iguroso  cotejo  *  de  las 
presentes  existencias  con  las  que  havia  al  tiempo  de 
la  expulsión,  no  dejaría  de  encontrarse  alguna  falla, 


*  En  la  edic.  de  Ángelis:  de  riquísimos  tisús,  y  otras  de  tela  de  seda. 
-    En  la  edic.  de  .\ntíelis:  de  HSt. 

5    Asi  en  el  ms.  y  en  el  texto  impreso.de  la  edic.  de  Ang^elis:  Acaso 
estarla  mejor,  y  tal  parece  ser  el  sentido:  aun  las  mas  precisas  y  usuales. 

*  Eu  la  edic.  de  Atigelis:  rigoroso  cotejo. 


MlSlONliS    UE    INDIOS   GUaRANIS.  401 

a  Ja  que  no  podrían  dar  mas  salida  los  Curas,  sino 
que  se  consumió  con  el  vso. 

21G.  Aunque  las  Librerias  (jue  Icnian  los  Curas 
JesuilaB  en  sus  quartos,  pertenecientes  a  las  Comuni- 
dades por  ser  compradas  con  los  haveres  de  los  pue- 
IjIos,  no  devian  ni  deven  considerarse  por  vienes  de 
la  yglesia,  pareció  conveniente  dejarlas  al  cuidado  de 
los  Guras,  asi  porquepueden  tenerlas  con  mayor  aseo ', 
como  porque'  se  aprovechen  de  la  lectura  de  libros 
útiles  a  su  ministerio:  en  cuyo  poder  permanecen, 
aunijue  algunos  mui  deteriorados  ^  y  de  las  ijac  fal- 
tan muchos  libros  por  la  facilidad  de  prestarlos,  y 
descuido  en  recogerlos;  de  modo  que  rara  de  estas 
Librerias  se  hallará  hoy  en  buen  estado;  porque  el 
polvo,  los  ratones,  y  otras  sabandijas  los  han  menos- 
cavado,  y  muchas  otras  truncadas  *  por  havcrse  per- 
dido parte  de  sus  libros. 

211.  Estas  son  las  noticias  de  estos  pueljlos  que 
me  parece  puede  apetecer  Vm.:  en  las  que  lie  procu- 
rado no  omitir  cosa  alguna  de  su  noticia  ^.  Recivalas 
Ym.  con  la  satisfacion  '^  de  que  todo  quanto  digo,  lo 
sé  por  experiencia,  y  diligencia  propia,  y  que  puedo 
hacerlo  patente  siempre  que  se  ofrezca;  porque  la 
aplicación  de  qualro  años,  el  trato  continuo  con  los 
yndios,  el  oficio  de  Theniente  Gobernador  y  el  havcr 
visto,  y  examinado  todos  los  treinta  pueblos,  y  sus 
terrenos  con  el  mayor  cuidado,  me  han  puesto  en  es- 
lado  de  poder  hablar  con  conocimiento  de  todo,  como 
lo  he  hecho.  En  esta  Memoria  es  regular  encuentre 
Ym.  muchas  cosas  superüuas  para  su  intento,  las  que 


*  En  la  edic.  de  Augelis:  con  mas  aseo. 

-  En  la  edic.  de  Angelis:  para  que. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  aunque  algunas  muy  deterioradas. 

4  En  la  edic.  de  .Vngelis:  las  han  menoscabado,  y  muclias  otras  trun- 
.cadas. 

5  En  la  edic.  de  Ángelis:  cosa  alguna  digna  de  su  noticia. 
«  En  la  edic.  de  Angelis:  con  la  satisfacción. 


402         BOLETÍN  DE  LA  REAL  ACADE^HA  DE  LA  HISTORIA. 

desde  luego  podrá  desechar  como  inútiles:  pero,  por 
malo  que  sea  este  Papel,  no  lo  será  tanto  que  no  ten- 
ga algo  de  bueno:  a  lo  menos  tiene  la  bondad  de  no 
tener  cosa  *  que  no  sea  verdadera,  y  escrita  con  el 
animo  de  complacer  a  Ym.  y  ser  útil  a  estos  natura- 
les y  a  la  Monarquía.  Y  con  estos  deseos  concluyo  la 
primera  parte  de  esta  Memoria,  y  paso  a  formar  la 
secunda. 


*    En  la  edic.  de  Angelis:  tiene  el  mérito  de  no  contener  cosa. 


índice  del  tomo  IV. 


Tágs. 

Acuerdos  y  discusiones  de  la  Academia.  (Noticias) .5 

informes: 

I.     Antigüedades    sorianas,  i^or    D.   Antonio    Pérez    Rioja. — 

E.  Saavedra 8 

II.     Lápidas  romanas  del  Valle  de  San  Millán,  Vallada,  Ternils 

y  Denia.-F.  Fita 16 

III.  £es  Mariages  espagnols  sous  le  regne  de  Ilenri  IV  et  la  ré- 

gence  de  Marie  de  Mediéis. — J.  Salas 25 

IV.  Hebreos  de  Barcelona  en  el  siglo  ix. — F.  Fita 69 

variedades: 

Movimiento  del  personal  académico   durante  el  segundo  semestre 
de  1 883 71 


Noticias 73 

informes: 

I.     Cortes  de  Barcelona  en  1 131. — F.  Fita 75 

II.     Código  de  los  Usajes  de  Barcelona.  Estudio  critico  — J.  Co- 

roleu 85 

III.  Mosaico  romano  de  Belmonte. — V.  de  la  Fuente 105 

IV.  Descripción  histórica  del  Paraguay . — J.  de  la  Pezuela 106 

variedades: 

I,     Memoria  histórica,  política  y  económica  de  la  provincia  de 

misiones  de  indios  guaranis.  (Continuación) 107 

II.     Antigüedades  romanas  de  Valencia 115 


404  BOLETÍN   DE    L.A.    REAL    AGADE.\ÍL\    DE    LA    HISTORIA. 

Páííí. 


Noticias 1^3 

informes: 

I.     Graduaciones  náuticas  de  his  carias  de  Indias. — F.  Fernán- 
dez González 1  i7 

II.     Monedas  de  la  Ilergecia. — C.  Pujol  y  Camps 159 

III.  Leyenda  vasco-hispana  del  l'ártaro. — F.  Fita I  66 

IV,  Roncesvalles;  poema  histórico  del  siglo  xiii. — F.  Fita 172 

V.     Monumento  valenciano  de  Isis. — J.  M.  Settier. 1  8  i 

VI.     Informe  dado  al  Gobierno  provisional  sobre  el  escudo  de  ar- 
mas y  atributas  de  la  moneda. — S.  de  Olózaga. — C.  RoEell. 

— A.  Fernández  Guerra. — E.  Saavedra 186 

VII.  Informe  dirigido  al  Gobierno  de  la  República  sobre  el  escudo 
de  armas,  leyenda  y  atributos  de  la  moneda. — J.  Amador 
de  los  Ríos. — A.  Fernández-Guerra.  — E.  Saavedra. — 
P.  Ponzano. — V.  Palmaroli 192 

variedades: 

Memoria  histórica,  polílica  y  económica  de  la  provincia  de  misiones 

da  indios  guaranis.  (Continuación) 1 99 


Noticias 209 

informes: 

I.     Inscripciones   romanas   de  la  diócesis  de  Barbaslro. — Fidel 

Fita 211 

II.     Compendio  de  la  historia  de  México. — C.  Fernández  Duro.. .     228 
III.     Cartas  de  Felipe  II  á  las  Infantas  sus  hijas. — A,  Maria 

Fabié 233 

variedades: 

Memoria  histórica,  política  y  económica  de  la  provincia  de  misiones 
de  indios  guaranis.  (Continuación) 27  í 


Noticias 289 

necrología: 

Reinhart  Dozy. — Guillen  Robles 291 

informes: 

I.     Tesoro  de  monedas  árabes  descubierto  en  Zarago~.a. — Fran- 
cisco Codera .' 312 


ÍNDICK.  405 

VÁiSS. 

II.     Monedas  ibéricas.— C  Pujol  y  Camps .320 

variedades: 

Memoria  lustórica,  política  y  económica  de  la  provincia  de  mieiones 
de  indios  giiaranis.  (Continuación) .j3(» 


Noticias Sio 

informes: 

I.     Excavaciones  en  Clunia.- — E.  Saavedra 3i7 

II.     Zas  ruinas  de  Volúhilis  en  Marruccoíí. — S.  Giménez .349 

I I I.  Un  reyezuelo  de  Badajoz  desconocido  hasta  hoy. — F.  Codera,     3o3 

IV.  Actas  del  Concilio  de  Clermont  {\S  Noviembre  1130).  Re- 

visión crítica. — F.  Fita 360 

V.     Sobre  un  texto  del  arzobispo  I).  Ro'lritjo. — F.  Fita 3G6 

variedades: 

Memoria  histórica,  política  y  económica  de  la  provincia  de  misiones 
de  indios  guaranis.  (Conclusión) 3S9 


DP  Academia  de  la  Historia, 

1  Madrid 

A35  Boletín 
t.3-^ 


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